Nueva venida del cuarteto instrumental El Altar del Holocausto a tierras asturianas, en concreto a la gijonesa sala Acapulco, en una noche en solitario que tenía algo de salto al vacío pero a la que el público asturiano (y nos consta que foráneo también) supo responder como se merecen.

La puesta en escena es tan sobria como acostumbran, con un gran telón de fondo, un par de máquinas de humo y esa batería a la que siempre remata uno de los parches de bombo más bonitos que recuerdo. Y claro, sus ya bien conocidas vestimentas. Música ambiental nos recibe cuando accedemos a la sala prestos a presenciar una nueva homilía de los salmantinos.
El arranque, pasaban veinte de las nueve, vino a poner a prueba los cimientos del recinto. Puede sonar a tópico pero lo cierto es que pocas veces hemos presenciado un volumen tan alto en nuestra querida sala gijonesa. Pero era un volumen descifrable, inteligible, en el que fácilmente podías distinguir cada elemento presente en la muy bien equilibrada mezcla. Nuestros cuerpos palpitaban con cada pedalada de Reaper Model al mencionado bombo de su batería.

La audiencia, la más numerosa que hemos visto allí desde que Battle Beast pisaran tierras asturianas, se entregó en cuerpo y alma al cuarteto. Bailó y disfrutó con los temas más ardientes, sin ir más lejos la inicial “Resurrection…” y supo callar, hasta el más absoluto de los silencios, en varios de sus ya habituales llamados a la más absoluta quietud. Audiencia de prácticamente todas las edades presenció la fuerza y también la precisión con la que desarrollan unas composiciones técnicas, a ratos complejas, al otro casi místicas.
Y es que la dupla Weasel Joe y Reverb Myles en guitarras más Sky Bite al bajo rara vez ofrece dobleces. Realmente su música y la forma en que la interpretan, la curiosa atmósfera que son capaces de crear, ya tendría su mérito con atuendos más formales. Ataviados con sus habituales túnicas, se nos antoja una tarea tirando a ardua por no decir casi titánica.

Pero este Altar va sobrado de tablas y recursos. Porque lo que en cualquier otra situación podría derivar en poco menos que catástrofe, la rotura de la caja de la batería, ellos la solventan con sus habituales llamadas al silencio, al punto de que muchos que no estaban en primera fila dudamos se dieran cuenta siquiera de lo que estaba sucediendo.
“Lucas I, 26-38” provoca la total algarabía con el público presente en la Acapulco dejando en evidencia a más de una “grada de animación”, transitando hacia los estertores de la noche en total comunión con los cuatro músicos sobre el escenario.

Tampoco faltó la habitual bajada de Weasel Joe al foso para un multitudinario wall of death, no sin que antes una distorsionada voz en off agradeciese a los presentes el apoyo a la música en directo. Asturias, Gijón en este caso, volvió a responder a la llamada del cuarteto y éste se entregó en cuerpo y alma a su parroquia. Son varias ya las veces que desde esta página os hemos relatado sus distintas homilías, más algunas que ya arrastrábamos de antes, y lo cierto es que, siempre y cuando los elementos se lo permitan, rara vez fallan.
A fe nuestra una de las bandas más en forma de nuestro territorio. Si además encuentras una muy buena entrada y a un público tan por la labor como el del viernes, el resultado no puede ser otro que uno de los mejores shows de lo que llevamos de año. Que no han sido pocos.

Como viene siendo habitual no queríamos cerrar esta humilde crónica sin agradecer tanto a promotora como a la propia banda todas las facilidades, ni tampoco sin mandar los obligados saludos a Jorge Novales, José Antonio FD, Txeffy, César Veloz, Silvana Cuello, Elma López, Salvador García “Poyo” y al resto de seres humanos con quienes departimos durante la jornada y que mi maltrecho cerebro no acierta ahora a recordar. Nos vemos en el siguiente.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz