Nueva parada en casa para el sexteto post metal ovetenseHonaraen la presentación de su ópera prima «Resemblance». La cita en la que estarán acompañados por la formación metalcore malagueña Eyes Of Paradise y los progresivos sevillanos Testus tendrá lugar el próximo sábado 7 de junio en el Gong Galaxy Club de la capital asturiana.
“The Blackout” es el nombre con el que los metaleros vitorianos Nukore han bautizado a su más reciente obra de estudio. Un total de ocho temas grabados en los SilverStar Studios de IkerBengoa, viejo conocido de la banda. Ellos son Rafa Bataglia (batería), Ander Martínez-Olaskoaga (guitarra y coros), Álvaro Foronda (bajo y coros) y Aitor Asso (voz). El álbum vio la luz vía Revolution Records el quince de noviembre del pasado año.
“Hunger Games” ofrece un inicio más enrevesado y atrevido de lo que uno podría esperarse. Un hardcore / metal de pulso tenso, diversidad en líneas de voz y un riff, pesado y arenoso, con un gancho de mil demonios. La de Biohazard podría ser una rima recurrente aquí. La banda aprovecha para contraponer su cara más atmosférica y uno va poco a poco atisbando la fortísima personalidad que desprenden estas composiciones.
“Hate Is A Burden” prosigue esa senda de hardcore metal pesado y groovie, destacando otro buen riff aquí a cargo de Martínez-Olaskoaga. Desgarro y mucha variedad vocal para alimentar ahora una faceta un tanto más alternativa en estribillos. Efectos varios acuden a las guitarras de Ander y el coro, repetido de forma incesante, acaba por instalarse en el subconsciente sin mayores esfuerzos. El puente viene finalmente a alimentar a esos Nukore aún más oscos y pesados del epílogo. Otro buen corte de metal retorcido y fronterizo.
Tendrá que ser “Pay & Obey” la que venga a añadir algo más de nervio y picante a la mezcla, con una banda ahora en una encarnación más cercana al crossover thrash. Suicidal Tendencies, S.O.D. o ciertos momentos de Anthrax podrían ser rimas recurrentes aquí. El corte de todos modos ve rebajado ese brío inicial para acometer un pulso algo más sureño (ese riff no engaña) y Nukore van así alimentando la amplia gama de registros que manejan para este nuevo trabajo.
“Planet B” viene soportada por dos grandes pilares. Uno es el estupendo riff de las estrofas. De nuevo sin escatimar en gancho ni pegada. El otro es la hábil línea de batería y la forma en que se amolda a los muchos registros que la banda maneja aquí. Tantos, que uno siente la composición algo encorsetada dentro de sus tres minutos y medio (no llega). Sea como fuere y cuando las revoluciones suben, el cuarteto acierta a hibridar thrash y hardcore sin mayores esfuerzos. A buen seguro una que será ineludible en sus directos.
“Lost”, que pasa por ser el corte más extenso de este “The Blackout”, retorna a aquellos Nukore más atmosféricos del comienzo para traer al frente un metal de voces casi rapeadas, atravesadas por un tono ahora más apagado y melancólico. Medio tiempo tejido con todo el cuidado, que no obstante procura no obviar las fuertes señas de identidad del cuarteto vitoriano. Me gustan estos estribillos. También esas voces más rotas y desesperanzadas que irrumpen en el puente. Junto a “This Light Of Mine” el corte más diferente de los ocho y testimonio clave de lo versátil de su propia versatilidad como banda.
Con “Ward Dog” regresan unos Nukore más elementales. Puede que el riff que Martínez-Olaskoaga introduce aquí no me atraiga tanto como otros dentro del disco. Todo lo contrario que unas voces limpias para estribillos que no me podrían recordar más al mejor Christian OldeWolbers (Vio-Lence, ex-Fear Factory). Del mismo modo pienso que el puente central bien merecía algo más de brillo en lo que a técnica se refiere. Un solo que terminase de rematar lo atractivo de su trazo. Por ahí un corte al que encuentro algo desigual.
De las ocho puede ser “This Light Of Mine” la que más brilla en cuanto a sonido y producción se refiere. Desde su caminar apaciguado, en cierta rima con la anterior “Lost”, se deshace no obstante del tono melancólico de aquella, dejando en el aire un cierto aire de revancha. Hay buenos cambios de ritmo, comandados con pulso firme por Bataglia, cara a construir alguna de las estrofas más redondas de todo el largo, con Martínez-Olaskoaga, ahora sí, entregando una interesantísima gama riffera. ¿Lo peor? Esos poco más de tres minutos que marca en el reloj.
Claro que si hablamos de duraciones rácanas, qué decir de la final “Don’t Do It!”. Si parpadeas te la pierdes, que decía aquél. Y no obstante Nukore se las arreglan para componer un corte atractivo por diverso. Bien arreglado y rebosante de personalidad. Un final tan fugaz como el álbum mismo.
… que por duración casi parece un Ep, pero que en cualquier caso entrega ocho temas de fuerte personalidad, bien producidos y en los que cabe casi de todo. La banda parece querer obviar cualquier tipo de relleno y por ahí el disco transita sin grandes errores, si bien pienso que alguno de los temas bien merecía un desarrollo algo más ambicioso. Si llegados a este punto os pica la curiosidad, la banda estará junto con el combo hardcore asturiano JeremíasElBabuino en el Tizón gijonés este próximo viernes 28 de febrero.
Velada en la que confluirán distintas maneras de entender el metal progresivo la que acontecerá el próximo sábado 11 de enero en la ovetense Lata de Zinc, con el combo catalán Santacreu y las bandas asturianas Humo y Honara como protagonistas.
Santacreu, trío nacido en Barcelona compuesto por Eugeni Pulido, Kandro Ruiz y Guillem Bosch desplegaran sus influencias folk, post y prog rock con el catalán como vehículo expresivo. Presentarán su primer álbum «Cançons D’Amor, Dol i Enyorança«, editado en enero del pasado año.
Humo retoman los escenarios para presentar las composiciones que formarán su segundo disco de estudio, que verá la luz muy pronto. Un álbum conceptual sobre la llegada de visitantes del planeta Ummo a nuestro país. Para abrir boca la banda ofrece para descargar su disco debut totalmente gratis a través de bandcamp.
Cierra el cartel la joven formación Honara en que será la segunda fecha promocional de su ópera prima “Resemblance” publicada el 7 de enero (crítica aquí) y que presentaban en la Sala Telva de Langreo el pasado fin de semana (crónicaaquí).
Aún con los ecos de su concierto junto a Narwhale resonando en el subconsciente (crónica) toca volver sobre aquellas canciones y resumir aquí las sensaciones que nos deja este “Resemblance” con que debutan los asturianos Honara. La banda, formada por Antonio Alcaide, Guillermo Villán, Carmen García, Moisés Fernández, Robert Smith y Raúl Fernández entrega nueve temas grabados entre noviembre de 2022 y diciembre de 2023 con producción del propio Alcaide y Nacho Angulo de Treeline Audio como ingeniero de sonido, encargado igualmente de mezcla y master. Con fotos de Frankie Sánchez y diseño artístico de Raúl Fernández, el álbum vio finalmente la luz el pasado siete de enero.
“Threshold” procura una tranquila entrada al álbum. El bajo, como ya me sucediera el pasado sábado, me recuerda al bueno de Justin Chancellor, a la sazón bajista de las luminarias progresivas estadounidenses Tool, y la composición avanza tranquila entre dejes oníricos y un elegante uso de los distintos arreglos. Para cuando las guitarras ganan terreno e irrumpe la voz de Carmen, el disco hace gala de una estupenda producción. Para nada habitual en no pocos debuts que llegan hasta nuestras manos.
El caso es que “Sonar”, con colaboración de José Mora (Totengott, Mad Rovers, Humo), adopta tesituras tranquilas, arrimadas a un progresivo que sigue teniendo cierta querencia por la banda de Maynard James Keenan. La mezcla, que no podría ser más equilibrada, coloca la voz de García muy en primer término, con los coros más rotos y agrios como brusco contrapunto durante estribillos. Brilla ahí la amplia formación astur, arrimándose hacia terrenos más propios del sludge más atmosférico. La comparación con Cult Of Luna es, a ratos, inevitable. Tras atravesar un puente intenso y desatado, con Honara dando su mejor versión, todo culmina en un epílogo retorcido, más próximo al prog, que ya da muestras de las pocas barreras que el sexteto ha puesto en lo que a composición se refiere.
Da buena cuenta de ello el primero de los temas largos del álbum, este “Earthworm”, y no solo porque su prólogo me recuerde a una banda que podríamos denominar como post-Tool, no otros que los suecos Soen. La composición sin embargo, y toda vez supera ese prólogo, vuelve a enfrentar ambos registros vocales, separando sus caminos de la banda de Joel Ekelöf mientras echa mano de riffs ruidosos pero eficaces. Brilla Villán tras baterías. Tanto en las partes más descosidas como en las más tranquilas y atmosféricas. De hecho este remanso de paz que implementan aquí y los dibujos que hace el propio Villán parecen emparentar de manera más o menos directa con los que Gavin Harrison propone para bandas como Porcupine Tree o The Pineapple Thief. Me agrada ese rápido crescendo que devuelve las guitarras más broncas. También el contraste que ejerce ahí la melodiosa voz de Carmen. Ágil epílogo finalmente, con la banda retorciendo riffs primero y enfrentando ambos registros después. Lo dicho: parecen haberse puesto muy pocas barreras a la hora de construir los temas y se nota.
“The Cage”, entrega más extensa de las nueve, arranca de nuevo sobre la versión más intensa y desgarrada del sexteto. Confrontando una vez más ambos registros sobre un metal de fuerte poso atmosférico y otra llamativa línea de batería de Villán. En las partes más calmas hay voces de Carmen que me recuerdan a Gin Barberia (Absalem). Sea como fuere me agradan los distintos contrapuntos que el combo asturiano propone aquí. Sobre todo, por cómo consiguen alcanzar un sonido al que poder llamar propio, en contraste con dejes más marcados e identificables que encuentro en otras composiciones de este debut. Luego el trazo transita hacia territorios más tranquilos, revestido no obstante de una cierta tensión. Surge ahí una interesante sección solista, amén de un interesante juego entre canales, anticipo de una larga trama instrumental que opera siempre en favor de la composición en sí, con la banda más ocupada en tejer buenos riffs que solos masturbatorios y/o ególatras. Carmen sorprende aquí con alguna de las notas más altas de todo el álbum. Justo para que retorne después la calma y “The Cage” fluctúe hacia un prog rock que me recuerda ahora a los primeros álbumes de Steven Wilson en solitario. Finalmente, el cierre habrá de recuperar la versión más encolerizada del sexteto. Que no obstante se maneja siempre dentro de unos márgenes de calculada agresividad. Sin salidas del tiesto ni sobreesfuerzos de cara a la galería. Buque insignia de “Resemblance” y uno de los temas más diversos y atrevidos que haya entregado la escena asturiana desde el confinamiento para acá.
La banda se toma entonces un pequeño respiro a través de la breve “Samatha”. Pequeña instrumental de parajes tranquilos y guitarras amables, donde de nuevo la producción entrega un cuidado juego entre canales, imprescindible escucha con buenos auriculares, y unas cuidadas teclas ejercen de perfecto colchón.
De nuevo con José Mora a bordo, “Coil”, abraza una cierta extrañeza en su prólogo, derivando casi hacia la psicodelia, vuelve a tomar forma a través del cuidado bajo de Alcaide. Llamativos esos sintes que introducen aquí y que vienen a incidir en ese cariz más psicodélico del arranque. Pero si algo me gusta aquí es el riff que irrumpe de pronto, cargado de gancho, y esas voces tan Tool de las primeras estrofas. En cierto modo uno de los temas más enigmáticos del álbum, que lejos de esconder su amor por la banda estadounidense, parece abrazarse a su legado hasta las últimas consecuencias. No es un corte falto de garra. En especial toda vez alcanza su tramo central. Sí que es un tema que, escuchado (y reescuchado) del sábado para acá, deja una de las líneas de batería más cuidadas de todo el largo. Estupendo Villán a los parches. Hay una mayor rotundidad en su tramo final. Guitarras más graves y rotundas para un epílogo pesado, casi monolítico, que no obstante no olvida un cierto poso atmosférico. La de Gojira podría ser una rima fácil, si bien algo lejana. Sin que me desagrade en absoluto, sí pienso que a ratos ciertas influencias pesan algo de más.
“Vipassana”, corte más rácano de los nueve, entrega a Honara en su versión más reposada y tranquila. Carmen se mueve sobre aguas tranquilas, dejando el lado más amable de su cuidado registro. Funciona y de qué modo esa calma a la hora de contrastar con las voces más agrias. Ambos registros enfrentados, que no fundidos, en violentos cambios tonales pero un corte que bien merecía algo más de desarrollo.
Me atrapa la melancolía que emana de “Wanderer”. Honara profundizan aquí en su registro más onírico, con Carmen García muy cómoda en estas primeras estrofas y la banda tomando la senda del progresivo más atmosférico. Bandas como Klone, los Riverside más recientes, incluso ciertos momentos de Anathema, para un corte que va tejiendo un cuidado crescendo hasta desembocar en esa narración del epílogo. Otro de los cortes más diferentes de este hábil debut.
“Covenant”, que presentó “Resemblance” en sociedad hace escasas fechas, arranca sobre la cara más agria y nervuda de Honara, exhibiendo voces rotas a las que contraponen, pienso que de manera más que eficaz, el habitual registro prístino, calmado incluso, de Carmen García. Un cierre poderoso, rotundo incluso, pero que (como adelanto) puede llevar a engaño a quienes piensen que este es el único registro que la banda despliega a lo largo de “Resemblance”. En cualquier caso bien está el gancho que tienen esos riffs del epílogo y la juguetona voz limpia que se desarrolla durante ese tramo final.
Poderoso debut. Aún cuando uno puede detectar ciertos pecados de juventud algo habituales en bandas noveles como esta, sorprende hasta donde han sido capaces de llevar su propuesta, que brilla y de qué forma en lo que a composición se refiere. Sus influencias, o muchas de ellas, están plasmadas aquí sobre una producción impropia de una banda novel. La mezcla es estupenda. También lo es el uso de arreglos. Y aunque mi impresión con respecto a ciertos temas ha cambiado en el paso del directo al estudio, mi impresión general del álbum no podría ser mejor. Empezar una trayectoria con tales grados de seguridad y confianza de ningún modo puede ser mala señal. Qué depara el futuro para una banda como esta aún no lo sabemos. Pero la primera piedra está puesta y difícilmente podría resultar más satisfactoria.
Otro sábado más en Heavy Metal Brigade en el que tocó redoblar esfuerzos. La historia que fue, los veinte años de Mystereo, más la que será, la presentación de “Resemblance”, debut de los post metaleros ovetenses Honara. La cita, con sede en la langreana Sala Telva, contaba además con unos viejos conocidos de esta casa como son los progresivos Narwhale. A apenas un par de paradas de tren y con la incertidumbre de cuánto público podría concitar un evento de estas características en unas fechas tan apuradas y fastidiosas como estas.
Pero hete aquí que, enlazando con aquél fugaz paso de Green Desert Water por Kuivi Almacenes (crónica), para nada es desdeñable la entrada que presenta la Telva cuando, a falta de quince para las nueve, Javi anuncia “Somos Narwhale, gracias a Honara por invitarnos y esperemos que os guste”, para después proceder una noche vez más con esa “Nebulosa Barnard 33” que abre “El Espacio Interior”, segundo álbum de los avilesinos. Y en honor a la verdad cabe decir que la banda pareció mostrarse tan precisa como siempre. Comenté en su día que Aitor Lucena parece haber caído de pie en el seno del cuarteto. Abajo del escenario Ales Sánchez (SoundCrush), a quien Lucena sucede en el puesto, no perdía ripio de las evoluciones de la banda.
Aportando igualmente en coros, Lucena y la formación al completo brilla en “Océanos De Tiempo”, con ese marcado contraste entre la atmósfera inicial y el mayor nervio del último tercio. Javi, con su (a este paso) célebre Rickenbacker de cinco cuerdas, comanda a los remozados Narwhale con una pizca más de mala leche en la voz que en citas anteriores. Algo que salta al oído en una “Los Anillos de Saturno” más desgarrada que nunca. Atrás, Víctor Puente apuntalaba desde el doble bombo una de las partes más vibrantes del set. Aquí cupo una sorpresa, que no fue otra que la traslación al español de “Heart Of The Corpse-Whale”, (en contraste con la más habitual “Glaucus” que nos han dejado otras veces) que se transforma ahora en “El Corazón De La Ballena Cadáver” y deja alguno de mis riffs favoritos de todo el set, amén de una más que interesante y llamativa línea de batería.
El sonido fue bueno en líneas generales, más allá de que, desde mi posición, en un par de ocasiones costase escuchar los solos de Diego Aparicio. “Vamos a tocar “Pantanos de Neptuno”, un tema instrumental, así descansáis un poco de mis barrabasadas” proclamaba irónico JaviFernández. Y puede sonar a perogrullada pero tanto Lucena como Aparicio dieron la impresión de disfrutar de lo lindo aquí. Una noche más, para el final quedó una “Los Rojos Vientos de Marte” que Javi quiso dedicar a todos quienes nos habíamos desplazado para verles. Piel de gallina siempre que tiene uno la suerte de escuchar ese corte en directo. Esperando ya por la siguiente.
El primer problema para Honara iba a ser el de acomodar tan nutrida formación a un escenario de las dimensiones justas. Adelanto mediante (enlace), Honara parecen venir a llenar un hueco en la escena asturiana con su fusión de post metal, progresivo y rock atmosférico. Su debut, por si alguien lo dudaba, se vino para casa, por lo que pronto tendréis cumplida reseña del mismo en estas páginas.
La banda, teclado, dos guitarras, bajo, voz y batería se acomodó como pudo al escenario de la sala y procedió a presentarnos “Resemblance”, si el setlist no me engaña, en idéntico orden al del CD. Así pues, cuando pasan nueve de las diez “Threshold” hace los honores desde una intro de Antonio Alcaide al bajo que no pudo recordarme más a Tool. El propio Alcaide dio la réplica en la voz grave a la más melódica de Carmen García, mostrando ahí un buen equilibrio entre ambos registros. Puede que el sonido no fuera tan nítido como el que habían mostrado Narwhale. Los nervios, a buen seguro y con una sala tan llena, hicieron de las suyas.
Pero la banda se mostró firme y supo sobreponerse a pequeños inconvenientes. De hecho el bombo de la batería de Guillermo Villán, extrañamente inquieto, incordió y de qué manera durante la descarga. Pero nada amilanó a los chicos. “Sonar”, que en su traslación al vivo extrae un mayor nervio de la banda, me recordó a ratos a los Cult Of Luna más enfebrecidos. Una fiebre siempre en contraste con la esforzada voz de Carmen García. Algo que me agradó fue cuan orgánicos estaban sonando. Cosa rara en estos tiempos y llevando el tipo de propuesta que llevan. De igual forma me agradó que la buena gente de Narwhale se quedase a verles y disfrutase de sus evoluciones sobre las tablas en primera fila.
En el debe que, tratándose de una presentación, no habría estado mal que la banda introdujese alguno de los temas. Sea como fuere, por ahí quedó algún pequeño solo de teclado que, oh herejía, a ratos me recordó al legendario Ray Manzarek (The Doors). Y es que al final esta parece una banda que bebe de un amplio abanico de influencias y sabe hacerlas suyas, sonando siempre coherentes y nunca artificiales. Alcaide aprovechó para los obligados agradecimientos. El bajo de Honara había intercambiado su posición con la vocalista en un intento de procurar que el bombo no acabase de paseo por La Pomar. “Coil” mediante, regresaron aquellos aires Tool del comienzo, mientras que “Vipassana” ofreció a continuación la cara más atmosférica del sexteto. Y más agradecimientos. En este caso a sus compañeros de cartel y al técnico de sonido, quien imagino tuvo no poca tarea en la tarde del sábado.
Así las cosas, con un set que iba tocando ya al final, “Wanderer” dejó un prólogo que me recordó a los Porcupine Tree de discos como “Deadwing” o “In Absentia”. La banda sonando más elegante que nunca. Algo que vendría a contrastar con el mayor nervio que desplegaron en una “Covenant” que, tuve la impresión, ganó varios enteros con respecto a su encarnación de estudio. Una buena primera toma de contacto con ellos, una sala con una fantástica entrada y una banda que, ahora mismo, pinta más que interesante.
No me gusta personalizar en las crónicas pero sí quisiera pedir disculpas por lo pronto de mi huida. El último tren del día esperaba. En cualquier caso una buena manera de empezar la turné anual de conciertos descubriendo a unos más que interesantes Honara. Agradecer a ambas bandas el trato dispensado y las facilidades, mandar un abrazo a los habituales de siempre y ya saben: nos vemos en el siguiente.
El sexteto post metal ovetense Honara presenta «Covenant» como anticipo a su próxima ópera prima «Resemblance» que verá la luz el 7 de enero.
La formación compuesta por Guillermo Villán (batería), Antonio Alcaide (bajo), Raúl Fernández, Moisés Fernández, Carmen García (voz) y Robert Smith ha desvelado varios detalles del trabajo. El proceso de mezcla y masterizado ha corrido a cargo de Nacho Angulo (Treeline Audio). La portada es un diseño de Francisco Sánchez (Wildlife Frankie) y han contado con la colaboración de José Mora (Totengott, Mad Rovers, Humo) a las voces.
El próximo sábado día 4 de enero presentarán el tema y el resto de composiciones de su álbum debut en la Sala Telva de La Felguera (Langreo) junto a los progresivos avilesinos Narwhale.
La escena metalera asturiana no para de crecer. El próximo sábado tendrá lugar la puesta de largo de Last Archangel, trio de metal alternativo, en el Gong Galaxy Club donde compartirán escenario con Bouquet y Honara, bandas también de reciente creación.
La formación gijonesa compuesta por Pol como voz y guitarra, Kotard (Nazgash, Burnt To Death) al bajo y José Menéndez a la batería presentarán su ópera prima «Lost Memories» disponible de momento a través de plataformas digitales (Spotify, Apple Music, YouTube Music). Tres temas inspirados en el metal de principios de siglo personificado en grupos como Deftones o System Of A Down.
Bouquet por su parte retoman la actividad en vivo tras su paso por Xagó Surf Co. en el mes de septiembre. Con el stoner rock por bandera el también trio gijonés formado por Álvaro (guitarra), Guillermo (batería) y Carlos (guitarra/bajo y voz) presentará los sencillos publicados hasta el momento y que formarán parte de su disco debut aún sin fecha de publicación. Cierran el cartel Honara, sexteto post rock que vuelve a la Gong casi 2 años después de su debut en la sala ovetense. Con apertura de puertas a las 20:30 horas, la entrada anticipada tiene un precio de 8€ a través del siguiente enlace: https://salagong.com/evento/honara-last-archangel-bouquet/