Llegará acompañado por House Of Dawn, formación southern metal murciana liderada por el tambiénVendetta FMJacob Cámara en su retorno a los escenarios asturianos tras su paso en octubre de 2024 como banda soporte del ex MisfitsMichale Graves (reseña).
“Tales From The Burnt House” se trata del segundo largo de los vigueses Mano De Piedra, banda conformada por Fran Álvarez al bajo, David Durán en baterías y voz principal, Nano Galez en guitarra y voces y Adrián P. Blunier en guitarra y coros. Iago Lorenzo se encargó de producir, grabar y mezclar el álbum, contando con la asistencia de Pancho Suárez De Lis para la grabación de las baterías. Las pistas resultantes serían debidamente masterizadas por Robin Schmidt de 24-96 Mastering para que el trabajo viera finalmente la luz a finales del mes de abril a través de los sellos Hombre Montaña, Quebranta Records, Muerte Matar Records, Noizeland Records y DoomAwaitS.
Me gusta la naturalidad con que da inicio “At The End Of The Hole”. Ese crescendo tan firme y a la vez orgánico. Por ahí incluso se deja notar el fuerte pulso atmosférico que esconden estas composiciones, que se agrandará aún más conforme irrumpan las primeras estrofas. Se produce en ellas el clásico contrapunto melódico y que tan fácilmente puede recordar a los omnipresentes Cult Of Luna como a mis paisanos de Honara. Hay una producción y mezcla muy equilibradas, que otorga el debido peso a cada línea sin desequilibrios ni errores de bulto. En los momentos de mayor entrega técnica, la banda obvia cualquier tipo de floritura fuera de guión y, por ahí, este primer corte hace gala de una solidez tonal muy funcional a la hora de abrir el álbum.
“Young Prometheus”, entrega más corta de las siete, ofrece ahora a unos Mano de Piedra más tensos y vibrantes en un avanzar que, muy especialmente en las primeras estrofas, me suele recordar a los Mastodon más nerviosos. Un corte breve en el que los vigueses no olvidan buenos detalles en cuanto a riffs o melodías y aún mejores cambios de ritmo. Muy firme Durán comandando este metal más acelerado. Mano De Piedra, no obstante, no olvidan luego ese tono más atmosférico que ya entregaba el tema inicial. Pero si algo me agrada sobremanera aquí es el epílogo. Lo diversa que se torna aquí la línea de batería. El desgarro que ofrecen las voces sobre esa mayor pesadez final. Más pequeña, que no por ello peor.
Con “The Beast Inside A Man” irrumpe la más pura calma. Voces prístinas sobre levísimos rasgueos de guitarra para un prólogo tendido y elegante en donde la producción de este “Tales From The Burnt House” brillará en consecuencia. Mano De Piedra sorprenden luego al ofrecer su cara más rota y agresiva. Las voces se tensan y desgarran, las guitarras ofrecen riffs retorcidos y rotundos. Durán cabalga primero y engarza después siempre con buena mano. El de Isis es un nombre que me sobrevuela siempre que la composición alcanza esta mitad más cabrona. Camino del epílogo surge un hábil contrapunto entre voces y melodías de guitarra, previos ambos al buen solo doblado del epílogo. Fácilmente una de las entregas más significativas y a la vez personales de todo el largo.
“The Burnt House” ahorra de nuevo en florituras para desempeñarse sobre la cara más intensa de los gallegos. El trazo quizá algo predecible de esas primeras estrofas contrasta con el pulso atmosférico que habrá de suceder a continuación. Por ahí me agrada el juego entre intensidades que ofrecen. En parte porque la mezcla sigue rayando a gran altura, pero también porque las voces que se cuentan entre las más interesantes de todo el largo. En su tronco central, “The Burnt House” acoge una mayor gravedad, acompañada a su vez de gritos rotundos, casi desesperados. Todo culmina en un pequeño puente al piano. Oasis de calma para el oyente, que esconde para el largo epílogo a los Mano De Piedra más rabiosos y descosidos. Estupenda resolución, llena de guitarras graves, voces tensas y un bajo que ruge como si en ello le fuera la vida. Estupenda.
“Soul Dancing” surge entonces para traer de vuelta a los Mano De Piedra más directos. Sin olvidar el fuerte pulso atmosférico que domina al resto de composiciones pero amarrado a otra estupenda línea de batería por parte de David Durán. La composición va divagando entre la tensión y la calma con total naturalidad. Es algo en lo que la banda parece haber puesto no poco empeño y un terreno en el que parecen moverse más que cómodos. Alguna de estas pequeñas islas de calma despliegan un aire algo alucinado, apenas desconocido dentro del álbum. Cierto que el puente central de esta quinta entrega no me atrapa tal y como lo hacen otros tantos dentro del disco. Ello no quita para que después surjan estupendas líneas de voz y su bien conocido post-metal se magnifique hasta las últimas consecuencias. Siempre sin que la producción se resienta lo más mínimo y dejando claro la banda cargada de personalidad que son.
Otro arranque que parece heredar cierto espíritu Mastodon es el de “Against The Ruins”. Pero Mano De Piedra le insuflan un carácter algo más punk y, por ahí, la que fuera carta de presentación del álbum termina ganando en cuanto a personalidad y fuerza. Fluye nuevamente con naturalidad, sin grandes artificios, atravesado por inteligentes cambios de ritmo y acompañado por una más que notable gama riffera. El tronco central tiene algo que siempre me recuerda a los Tool del “Lateralus”. Vuelve a brillar Durán tras los parches, dando acomodo al que puede ser otro de mis momentos favoritos de todo el largo. Luego la composición acoge una mayor pesadez, incluso diría que la producción otorga de pronto un mayor empaque, y todo confluye en un epílogo roto y desesperanzado. Que un corte tan en cierto modo laberíntico fuese el elegido para adelantar al disco resulta toda una declaración de intenciones.
Para el final queda el corte más extenso, una “Blue Demon” con los Mano De Piedra más atmosféricos confrontando a los más rotundos. Hay guitarras muy graves aquí, contrapuestas a unas llamativas voces limpias, en un cuidado ejercicio de equilibrismo. Estos primeros riffs pueden pecar de cierta sencillez. Y no pasa nada porque van sobrados de gancho. La producción los amplifica y, por ahí, parece colarse la versión más grandilcuente de los gallegos. Me agrada la construcción de su tronco central. Los pequeños detalles melódicos que acoge, la (ahora sí) estupenda gama riffera que lo conforma. Camino del epílogo todo vuelve a magnificarse. Surge de nuevo la cara más atmosférica del cuarteto, acompañada ahora por el mayor poso melódico de las guitarras, conformando un último epílogo elegante y conciso.
Fans de bandas como Isis, Pelican, Cult Of Luna, incluso Neurosis o Tool podrían tener en los gallegos Mano De Piedra una compañía más que agradable. En unas escenas donde las etiquetas resultan cada vez más líquidas, los gallegos emergen como firme y orgullosa banda de género. Por ahí el álbum puede resultar algo predecible a ratos, lo que no quita para que buena parte de estas composiciones resulten de lo más atractivas. Den la impresión, de hecho, de haber sido pensadas y repensadas. Con treinta y ocho minutos de reloj no es desde luego un trabajo extenso, y sin embargo son muchas las influencias que se dejan notar a lo largo del tracklist, dispuestas eso sí lejos de la barrera del plagio o la copia descarada. Un disco que me funciona, en el que encuentro muchas y muy buenas ideas, con una producción a la altura y en donde se vislumbra a un cuarteto con un futuro prometedor. Una agradable sorpresa.
Parada asturiana del tour que ha traído a la península a Michale Graves y en la que rinde tributo a la que fuera su banda, las luminarias del horror punk Misfits. Acompañado para la ocasión por la buena gente de House Of Dawn, no fueron muchos los tickets que quedaron por vender en taquilla pese a tratarse de un martes, lo que viene a hablar muy bien del cariño que aún despierta el legado de la banda americana.
En descargo de House Of Dawn cabe decir que no fue mucho el tiempo del que dispusieron, alrededor de treinta minutos, amén de que el propio estilo de la banda, esa amalgama de rock alternativo con trazas sureñas. O ese metal sureño con reminiscencias grunge, no casaba en gran medida con el cabeza de cartel. En cualquier caso una atractiva amalgama que le sirve a los murcianos para trazar temas interesantes, me gustó ese “Learn The Lesson” de su primer álbum, y en el que la gente fue conectando a cuentagotas.
El interesante juego entre registros de su frontman Jacob Cámara le sienta como un guante a la propuesta de la banda. Un Cámara que no quiso dejar de comentar las ocho fechas que habían llevado a cabo con Graves, mandar los debidos agradecimientos a público y promotores y dejarnos un “Grow” que le sirvió al batería de la banda para dar toda una lección de intensidad y pegada. Nos agradaron y esperamos verles pronto de nuevo por estas latitudes.
El de Michale Graves iba a ser un set arrebatado por la nostalgia y el cariño. Misfits, banda de culto donde las haya, pioneros del horror punk con permiso de The Cramps, es un nombre de gran peso en nuestro imaginario colectivo. De ahí que, pese a no ser del todo nuestro negociado, la ocasión de pasar un martes disfrutando de música en directo venció finalmente al último de los pecados capitales.
El propio Cámara, ahora al bajo, junto con el guitarrista de su propia banda, acompaña en escena a Graves. Éste, enfundado en gorro, guantes, rodilleras de hockey, llamativo chaleco y su particular e inconfundible corpse paint, haría las delicias de la audiencia. El inicio, descosido por parte de la banda pero con un Graves inamovible, casi hierático, provoca ya los primeros pogos en la Gong. Que el sonido fuera algo enmarañado durante los primeros temas pareció no importar. Que el de Dumont (Nueva Jersey, Estados Unidos) apenas abandonase su monolítica posición sobre el escenario, tampoco. La audiencia desfogó y disfrutó como si en el empeño les fuera la vida.
Graves aprovechó para frenar el buen ritmo del show y coger algo de aire mientras nos contaba la intrahistoria de “Dig Up Her Bones”, que aseguró haber compuesto cuando tenía quince años. Con el sonido mejorando a tímidos pasos, huelga decir que sería una de las mejor celebradas de esta parte del set. En “Last Caress”, que algunos conocimos gracias a unos tales Metallica, vimos al vástago de cierto caprino haciendo crowd surfing. No faltó “Mommy, Can I Go Out And Kill Tonight?” y al final las ganas de pasarlo bien se impusieron al estático desempeño de un Graves que aún así sudó hasta casi derretirse sobre el escenario.
Mientras que “Lost In Space” puede pasar algo inadvertida, es “Dust To Dust” la que pone a la sala en coro. Apuraba Graves su último hálito de voz ya a estas alturas. El de New Jersey, al parecer aquejado de un catarro desde hace días, peleó desde su mencionado hieratismo para sacar adelante un set con la nostalgia como principal argumento. En lo personal y sin que se me enfade nadie, he de decir que la parte final del show se me hace un poco cuesta arriba. Es una simple cuestión de hábitos y costumbres. Lo cierto es que Graves, mientras que su guitarrista se afanaba para reemplazar una cuerda rota de su Telecaster, aprovechó para tener un momento de cercanía, casi de intimidad, con el público asturiano. Incluso para hacerse una foto con un fan enmascarado o felicitar el 22 cumpleaños al bueno de Pelayo López.
Todo volvió a los cauces normales con “Die Monster Die” y un Graves esforzado y voluntarioso. “Descending Angel” sería a la postre una de las más celebradas y coreadas de la jornada. El speech que precedió a los bises, sin embargo, dejó cierto sabor a despedida, con el vocalista dejando caer que podría ser aquella su última gira por el viejo continente. Por temas de salud pero quizá también por su de sobras conocido posicionamiento político. “Helena”, si mis notas no me engañan, cerraría un set en el que la nostalgia terminaría triunfando por encima de cualquier otra circunstancia.
Por nuestra parte nada más que agradecer a la gente de Luarca Metal Days por las facilidades, mandar un saludo a los habituales de siempre, no fallan ni en martes y ya saben: nos vemos en el siguiente.