Crónica: Z! Live Rock Fest (Viernes 12/6/2026)

Segunda jornada del Z! Live, la más apegada a los sonidos más clásicos, y que contó con nombres tan importantes como Su Ta Gar, Blaze Bayley, Saxon o Coroner.

Nosotros llegamos para cuando los vallisoletanos Xeria están en los últimos compases del set. La banda, a la que habíamos visto hacía apenas una semana como teloneros de Argion (crónica), trajo su metal sinfónico a Zamora y, por lo que pudimos ver, supo conectar con los más madrugadores. Una muy voluntariosa Marina Sweet al micro acertó a despertar al público, allanando el camino a una jornada que se preveía larga e intensa.

Y que continuó con los londinenses Kardinal X. Heavy metal con trazas de Grave Digger, Accept o Iron Maiden y esa voz tan a lo Blaze Bayley del risueño Nick Majluf. Ellos venían presentando su último álbum “Redemption” y parecieron ser del agrado de los más clasicómanos. Divertidos, a ratos me recordaban a mis paisanos de Bestia Negra. El buen oído de Shaun Dunne para los solos atrajo mi atención, pero todo terminó de encajar cuando Majluf soltó unos versos del “Siempre Estás Allí” de nuestros Barón Rojo. Guiño que, huelga decir, encandiló al público. Agradaron.

Burning Witches toman entonces el Silver Stage cara a ofrecernos otra ración de heavy metal. El quinteto de origen suizo venía con el interesante “Inquisition” (2025) bajo el brazo y no perdió la oportunidad de agradar en el Z! Live. Una banda que parece haber encontrado una cierta estabilidad con su actual line-up y que, a tenor de lo visto, enardeció a buena parte del público.

Tuvo gran culpa una muy voluntariosa Laura Guldemond al micro. Y no porque se calzase aquellos cuernos en los primeros estertores del set, aunque también. Al final, todo suma. El registro de la neerlandesa casa y de qué forma con ese heavy metal tan orgánico. Y temas como “Evil Witch” o “Black Widow”, de aquél debut homónimo de 2017, les funcionaron. Reconozco que las disfruté en mayor medida durante sus momentos más trotones. En cualquier caso, creo que dieron buen nivel el pasado día 12.

Luego Su Ta Gar se iban a dar un atracón de nostalgia en el Copper Stage. Los de Éibar trajeron su thrash de tintes heavies (o viceversa) y su compromiso intactos. No son muchas las ocasiones en las que se puede uno cruzar con ellos (recuerdo aquél Derrame Rock de ¡2002!) pero, como diría El Drogas, siempre es “un gusto”. Porque el caso es que siempre atruenan. Una banda no tan reconocida como merecería, dueña de un directo potente, crudo a ratos, y que supo hacerse fuerte frente al calor reinante.

El escenario escupía fuego mientras ellos daban cumplido repaso a su extensa trayectoria, picoteando entre álbumes como “Jainko Hilen Uhartean” (2006) o “Itsasoz Beteriko Mugetan” (2003) o yéndose directamente hasta el debut, cuya portada adornaba el escenario, “Jaiotze Basatia” (1991). Es precisamente ahí, con “Begira”, que Aitor Gorosabel está dejando uno de los mejores solos del set. No faltaron agradecimientos a la organización, algo de fuego pirotécnico y la certeza de que siempre es un gusto encontrárselos. Después de todo, y como reconoció el propio Aitor, resulta de lo más “emocionante” alcanzar “cuarenta años de trayectoria cantando en euskera”. Que sean muchos más y nosotros los veamos.

Llegaba el turno de recibir al bueno de Blaze Bayley, quien para servidor ya casi es uno más de la familia. Después de todo, era esta la tercera vez que cruzábamos nuestros caminos en un lapso de apenas dos años. Con la entrada de Tom Atkinson en guitarras y Luke Appleton pasando ahora al bajo, el de Birmingham dio cumplido repaso a su etapa en Iron Maiden, siguiendo parecido guión al de su paso por Gijón en 2024 (crónica).

Casi parece un sueño que hayan pasado treinta años desde que el bueno de Bayley cantase para la doncella. Todo arranca, de modo sorprendente, guiñando el ojo al “Doctor, Doctor” de UFO, para después reconvenir hacia “Lord Of The Flies”. Armado con su característico micrófono, con el paso del tiempo Blaze Bayley se ha ido confirmando como un verdadero currante del heavy metal. Siempre cumple y en Zamora no iba a ser menos. Todo me funciona, en técnica incluso, pero no es hasta “Sign Of The Cross” que captan mi total atención. Fue de las mejor recibidas del set y desde luego la más coreada. Aunque con “Born As A Stranger” nos recordó que el material propio también le funciona.

The Clansman” resultó otra de mis favoritas. Y a tenor de cómo gritaba la gente a mi alrededor, también del público. Mucha camiseta de la Doncella se dejó ver el viernes por Zamora. Ellos y los demás gritamos hasta las últimas consecuencias en cortes más facilones como “Man On The Edge” o “Futureal”. Un atracón de nostalgia que cierra el bonachón vocalista tras su habitual mensaje motivacional y el siempre pegadizo “The Angel And The Gambler”. Siempre cumplidor.

H.E.A.T. y no se me enfade nadie, son unos auténticos personajes. Cuando “The Heat Is On” de Glenn Frey suena por PA, uno incluso se pregunta hasta qué punto se toman en serio a sí mismos. Pero a nada que “Disaster” procura esa salida en tromba de los chicos, nuestras retinas están fijas en la hiperactividad de un Kenny Leckremo avasallador.

Cuidada puesta en escena, con batería y teclados sobre una plataforma y ese trasunto de HAL 9000 vigilando cual ojo eléctrico desde el electrónico. “Rock Your Body” puede ser uno de sus temas más idiosincráticos, al tiempo que “Dangerous Ground” ofrece la cara más vibrante de la banda. Pero es “Hollywood” la que amalgama uno de sus mejores estribillos junto a un gran solo de Dave Dalone.

Era mi segundo encuentro con ellos y, mediado el set, ya pensaba en que esta banda lo tiene todo para cubrir el hueco de los grandes nombres del pasado. Presencia escénica, uno de los frontman más infatigables de toda la escena hard rock pero sobre todo composiciones funcionales y muy muy pegadizas. En esas estaba cuando aprovechan para guiñar al “War Pigs” de Black Sabbath y recordar al tristemente desaparecido Ozzy Osbourne. Luego “Back To The Rythm” puede ser otra de mis favoritas. El público disfrutó de lo lindo y a mí me quedó la sensación de que, ahora mismo, tienen el mundo a sus pies.

El tiempo parece haberse detenido cuando Byff Byford y sus Saxon toman el Silver Stage. Una banda que apareció por Zamora en plena forma, como demuestra esa salida en tromba de “Hell, Fire & Damnation”. La formación británica, desde 2023 con todo un Brian Tatler (Diamond Head) a bordo, enardeció a un público entusiasta, que supo llevar en volandas a los de Barnsley. “Power & Glory” deja un riff estupendo. Fue ya aquí que comenzó la lluvia de chalecos desde el público. El primero de todos sería exhibido por el propio Byford. A la vejez, riffazos de puro y añejo heavy metal. El propio Tatler está dejando un gran solo en “Dogs Of War”. Y mientras que los distintos discos de la banda iban pasando por el electrónico, Byford se calzaba el chaleco y luego Tatler sentaba cátedra desde su Flying V. Todo iba sobre ruedas (de acero).

Sacrifice” es la cara más heavy de los británicos, valga la redundancia y en “Solid Ball Of RockByford salta y agita el cuello como si no fueran 75 los años que cumplió el pasado mes de enero. Al final se calzarían los chalecos que les fueron tirando desde el público. La sintonía entre unos y otros parecía total. Máxime cuando Saxon la emprenden con la inmortal “Heavy Metal Thunder”, historia viva de la banda en particular y del género en su totalidad. Con “Dallas 1PM” recordamos el magnicidio de Dallas (mostrado de forma explícita en el electrónico) y “Strong Arm Of The Law” ofreció la cara más grave del quinteto.

Tras una pequeña deliberación con el público, éste terminó por elegir “Broken Heroes” en detrimento de “The Eagle Has Landed”. Puede que la banda no escape a las garras de la I.A.. Poco importa cuando arremete con “Motorcycle Man” y Tatlet dibuja otro fantástico solo de guitarra. “Never Surrender”, a la vista está, es pura idiosincrasia Saxon. Pero cuando un avión sobrevuela el recinto y atruena “Strangers In The Night”, todo casa para plantar un gesto de honda satisfacción en nuestros rostros. El rus final del set es, no cabía otra, de verdadera antología. Por lo que contiene pero también por el modo de transmitirlo. A saber: “Wheels Of Steel”, la nota épica que deja “Crusader” y una “Denim And Leather” que no podría describir mejor al género. Finalmente “Princess Of The Night” echa el cierre, con el curioso juego meta referencial que supone con respecto a los titanes Metallica, máxime ahora que Brian Tatler se ha sumado a la banda. No pasan los años por esta gente. El heavy metal es el verdadero secreto de la eterna juventud.

Después iba llegar el turno de recibir a las leyendas suizas del thrash metal técnico Coroner. Nombre de verdadero culto en la escena mundial, la banda no hizo prisioneros de ningún tipo a su paso por el Copper Stage. Ya desde esa “Consequence”, que refiere a su primer álbum en más de treinta años “Dissonance Theory”, sorprende la ruidera que son capaces de montar entre los cuatro. También el buen sonido, en líneas generales, pese al volumen altísimo al que se desarrolló su descarga.

Ni de lejos la banda más activa de cuantas pasaron por Zamora, pero a fe mía que una de las que mejor supo hilvanar la técnica que envuelve sus temas con una traslación al directo salvaje y rotunda. “Sacrificial Lamb”, también de aquél trabajo del pasado octubre, dio fe de ello. Pero cuando vuelven a aquél “Mental Vortex” de 1991 y rescatan “Divine Step (Conspectu Mortis)”, dibujan desarrollos de técnica exquisita y los combinan con un nervio más propio de tiernos mozalbetes, estamos ante otra de las grandes descargas del fin de semana. Me consta que lo contra intuitivo que, a ratos, resulta su thrash metal, echó para atrás a más de uno. Pero cuando miran hacia la década de los 80 y rescatan “Masked Jackal” (“nuestro primer videoclip”) sus fans más acérrimos se relamen frente al Copper Stage.

Mucha, muchísima la cera que repartieron. Con un gran despliegue de Diego Rapacchietti tras los parches, Coroner hicieron honor a su leyenda y supieron llenar ese hueco entre el thrash más avant-garde y la técnica más exquisita. Todo sin desperdiciar absolutamente nada en lo que a pegada se refiere. Fantásticos.

Para el cierre quedaba el folk metal de aires celtas que propusieron los madrileños Ekyrian. Propuesta la suya que casaba con la sacrosanta orden de divertir el cierre. A eso vinieron y eso fue lo que hicieron. Gozando además de buen sonido, no era fácil con una alineación tan numerosa. Pero los madrileños, un poco como Dragony en la víspera, fueron todo pundonor y fiesta.

Un cierre animoso y agradable a otra jornada verdaderamente maratoniana. Quedaba la del sábado.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Z! Live Rock Fest (Jueves 11/6/2026)

Y el templo del metal reabrió sus puertas. Un año más Zamora acogió una de las citas más interesantes de toda la temporada de festivales, reuniendo a un puñado de primeras espadas en un cartel de lo más heterogéneo y atractivo. Buen tiempo y mejor compañía para cruzar el Negrón y entregarnos a tres días de buen tiempo y mejor música. Cita ineludible ya para esta casa, todo arrancó, bajo un sol de justicia allá por el jueves 11 de junio, con la ya clásica división entre stages (Silver a un lado, Copper al otro) y nombres como Bury Tomorrow, Opeth o Emperor ejerciendo de principales reclamos.

Pero antes de que llegara el turno de los Mikael Åkerfeldt, Ihsahn y compañía, a Headon les cayó en gracia la siempre poco agradecida tarea de abrir el evento. Los de Andy Martínez, a lomos de un sonido cada vez más contemporáneo, lidiaron como mejor pudieron con ese papel siempre complicado. Un heavy metal imbricado de rasgos metalcore y mucho groove en cortes de nuevo cuño como la inicial “Memento” o la postrera “Un Nuevo Sol”, para después cerrar, eso sí, con una sorprendente versión / deconstrucción del “Fiesta Pagana” de Mägo de Oz. Un cierre que torció el gesto a más de uno.

Luego los valencianos de Noah Histeria vendrían a poner la nota técnica de la jornada. Era el día de Opeth, después de todo. Ellos engranaron su peculiar modo de entender el rock progresivo sin dejar indiferente a nadie. Un rock orgullosamente heterogéneo, que amalgama desde riffs cercanos al djent a dejes más atmosféricos sin olvidarse de algún pequeño ramalazo a la Tool o incluso un pequeño poso flamenco. Todo bajo la peculiar voz de Doc y su llamativa presencia escénica para uno de los sets más atrevidos de la primera jornada.

El contraste para con los chicos de Serious Black no iba a ser pequeño. Super banda nacida precisamente en España y fundada por Mario Lochert (ex Visions of Atlantis) y Roland Grapow (ex Helloween), arribaban a Zamora presentando aún su “Rise Of Akhenaton” de 2024. Con dos guitarras y sin bajista, el suyo resultó un heavy metal de lo más agradable para la media tarde. Bajo un sol que apretaba lo suyo, Nikola Mijić se desvivió por meterse a la gente en el bolsillo. La gente conectó enseguida con su power melódico. Sería el propio Mijić quien nos comunicara que el bueno de Lochert se había quedado en tierras alemanas debido a un ataque al corazón. Cortes como “Rock With Us Tonight” entraron cual cuchillo en mantequilla y disculpamos el aroma tan Edguy de otros como “Mr. Nightmist”. “Senso Della Vita” puso el guiño transalpino y, al final, todos coreamos el nombre de Mario, a quien desde aquí mandamos nuestros mejores deseos.

Los belgas Evil Invaders le añadirían entonces algo más de picante al cartel. Speed metal hiriente, a mil por hora, descerrajado sobre una audiencia ávida de sensaciones fuertes, que supo vibrar con los de Leopoldsburg como si les fuera todo en el empeño. Como si no quedasen dos días y medio aún por delante. Sin nuevo material desde aquél “Shattering Reflection” de 2022 pero con el ánimo intacto, Joe comandó a los suyos con pulso firme y sin dejarse absolutamente nada. Concisos, precisos, ellos defendían desde las tablas que lo suyo era puro thrash metal. Quién soy yo para llevarles la contraria. Baile de etiquetas al margen, me atrevería a decir que fueron la gran sorpresa de la primera jornada. Verdaderos underdogs, se atrevieron incluso con una versión del “Witching Hour” de Venom. A buen seguro se llevaron unos cuantos nuevos fans debajo del brazo.

Bury Tomorrow vendrían entonces desde Southampton para darle un bocado de metalcore al Z! Live. Lo bueno es que Daniel Winter-Bates apareció por Zamora con su voz, de mil registros, aparentemente intacta. Arrimados a ese metalcore a medio camino entre Parkway Drive o While She Sleeps, pondrían Zamora patas arriba. Muy intensos arriba de las tablas pero risueños, buscando en todo momento el calor del público mientras engrasaban su metalcore intenso y vibrante. Reconozco que no practican el tipo de metal que más acostumbro a escuchar. También que la gente, en especial la más joven, los disfrutó de lo lindo. Máxime cuando tuvo la oportunidad de llevar en volandas, literalmente, al bueno de Winter-Bates. Gran directo.

Llegaba el turno de los padres del black sinfónico. Aún apretaba el sol cuando Emperor tomaban el Copper Stage. Un enorme telón de fondo y dos kits de batería frente a él. “Into The Infinity Of Thoughts” atruena nuestros tímpanos ante la siempre curiosa presencia escénica de un confiado Ihsahn. Siempre al frente tras sus ya inconfundibles gafas de pasta y apoyado por un Trym Torson en plena forma tras los parches. Historia viva del género, prescinden del corpse paint de muchos de sus coetáneos apoyados en teclas por todo un Jørgen Munkeby de los Shining noruegos.

Ihsahn alterna voz rasgada y limpia en “In The Wordless Chamber” y el sonido gana en pegada para magnificar la pegada de “With Strength I Burn”. Hubo vítores aquí para la formación noruega, síntoma éste de lo bien que se estaba dando el set. Acompañaba un ocaso que iba, poco a poco, tiñendo de oscuridad el zurdo de los escenarios. El de “The Loss And Curse Of Reverence” resultó un black metal casi centrífugo, veloz y salvaje, aupado por las teclas de Munkeby y el poso más sinfónico. Y aunque desde luego no la banda más activa arriba de las tablas, Tony “Secthdamon” Ingebrigtsen al margen, sorprende la vitalidad de estos veteranos.

Luego llegó el turno de cambiar el telón, dejar sonar el “Ave Satani” que el grandísimo Jerry Goldsmith compusiera para el clásico de Richard DonnerLa Profecía” y recibir a Mortiis al bajo y un Faust que ocuparía el set colocado a la derecha del escenario. Así, con la formación clásica sobre las tablas, encaran la parte final del set. Esa ocupada en recordar el seminal Ep homónimo de 1993. Este tramo final, “I Am The Black Wizards” mediante, fue fácilmente uno de mis momentos favoritos de todo el festival. Y fíjate que no fueron pocos durante los tres días. En el negocio de la música a veces todo parece posible, pero jamás me imaginé, a estas alturas, viviendo algo así. Y puede que Ihsahn sufriera con su registro limpio en este tramo final. Pero a fe mía que supieron hacer honor a su leyenda. Se fueron, de nuevo con la formación actual, tras “Ye Entrancemperium”, dejando la difícil papeleta a la organización de encontrar una rima similar de cara a la edición de 2027.

La de Opeth era una espinita que llevaba toda una vida queriendo sacarme. La banda del ínclito Mikael Åkerfeldt, auténtico baluarte del metal extremo progresivo, concitó sumo interés a su paso por el Silver Stage. Y la formación pergeñó un setlist a la altura de su leyenda. Presentando una de las escenografías más cuidadas del primer día, con su nombre proyectado en el fondo electrónico, era su primer concierto en tres meses. Åkerfeldt irrumpe en escena sombrero mediante. Y todo lo demás, como suele decirse, es historia.

Una historia que comienza por el principio del final. O lo que es lo mismo, el primero de cuantos parágrafos contiene su último álbum de estudio “The Last Will And Testament”. Decir que Opeth clavan este primer corte es quedarse muy corto. Todo engrana tal y como deseábamos. Hasta el guitarra Fredrik Åkesson brilla en coros. Pero cuando la banda vuelve la vista veinte años atrás y rescata “The Grand Conjuration”, Zamora es un clamor con ellos. Puede que los tonos más graves de Åkerfeldt no tengan la contundencia de antaño. Pero la interpretación es todo lo cuidada y fina que uno espera. A un nivel que, en este mismo recinto, solo recuerdo a unos tales Dream Theater en la pasada edición.

Por supuesto, no sería un concierto de Opeth sin ellas, no faltaron las celebérrimas chanzas de Åkerfeldt. Ni tampoco el saludo a sus casi vecinos de Emperor, quienes contó el vocalista, ayudaron a la banda sueca en sus primeros pasos en la música. Vaya pues desde aquí mi agradecimiento también a Ihsahn y los suyos. Todo encauza hasta el nuevo disco con “§7”. Con su sorna habitual y por aquello del tiempo parados “en casa, jugando al Wolfenstein”, reconoció el vocalista que andaban nerviosos. Desde luego que, si era el caso, tampoco se apreció demasiado.

Con “The Devil’s Orchard”, del denostado “Heritage” de 2011, emergería su cara más setentera. Y yendo aún más atrás, la traslación al vivo de “To Rid The Disease” explora a los Opeth más etéreos y espaciales. El bajista Martín Méndez, de origen uruguayo él, tomó entonces el micro y lanzó unas palabras en nuestro idioma. Todo para introducir el parágrafo número 3 del último álbum, con un gran solo de Åkesson y, aumento de tensión mediante, allanar el camino de cara a una tremenda reinterpretación de “Godhead’s Lament”, con el público coreando el solo incluso.

El sonido que envolvía al set, huelga decirlo, era el de las grandes citas. Me atrevería a decir que de los más redondos del fin de semana. Aquella cara más atmosférica vuelve mientras encaran el prólogo de “The Drapery Falls”, con Åkerfeldt esta vez a cargo del solo. Que en esto no falla el sueco, así cambie veinte veces de guitarra a lo largo de la noche. Presentaciones, apodos mediante, y cierre con “Deliverance”, convertida ya en verdadero himno de la banda y cuyo epílogo, amén de magnificarse en su traslación al vivo, pienso forma parte ya del hipotético panteón del metal progresivo en particular y la buena música en general. Puede que aún no tengan el poso de unos Dream Theater o el arrastre de bandas más clásicas como Accept o Saxon. Pero vinieron a gran nivel, a pesar del tiempo en el dique seco, y dejaron a este humilde fan con una sonrisa para lo que restaba de festival.

Claro que a la jornada del jueves aún le quedaba guerra que dar. Rascaba algo de frío cuando los renovados Delalma hacían suyo el Copper Stage. La banda comandada por Manuel Seoane, y que ahora lideran en voces Ronnie Romero y José Andrëa, mostró otra de las escenografías más cuidadas del primer día. El arco de la parte central, sus habituales luceros, y esas canciones a caballo entre el hard y el heavy metal que les hacen tan peculiares.

Pero como no todo sale siempre tal y como uno espera, a la banda y en especial al propio Seoane le tocó lidiar con algún que otro problema de sonido en el inicio del set. Algo que deslució en gran parte a un buen opener como es “Compaña”. Ronnie Romero, aún no se acostumbra uno a oírle cantar en nuestro idioma, estuvo tan fino al micro como siempre. Él se iría del escenario y su lugar lo ocuparía entonces José Andrëa para que “Néboa” se hiciese carne en Zamora. El vocalista de origen boliviano pronto mostró ese deje tan particular al cantar y que le hace realmente único. Lo que contrasta es la voz del chileno Romero cuando encara la estupenda “Mañana Vuelve A Oscurecer” de aquél debut homónimo de 2023 con Ramón Lage al frente.

Con Andrëa de vuelta en las tablas, la banda y una bailarina en llamas encaran “La Ira Del Mirlo”, con el ex Mägo de Oz ofreciendo su mejor versión de la noche. El Headon Andy Martínez quiso unirse a la fiesta de los mirlos y sumó esfuerzos junto con Romero para “Delalma A Través”, donde Seaone está dibujando uno de sus mejores solos de la jornada. “Con mucho respeto para Ramón (Lage)” afrontaría José AndrëaEl Mirlo”. Para el cierre quedaron dos que dieron no poco rédito: “Cosas Por Decir” y, sobre todo, “Cárcel De Cristal”, verdadero himno de la banda a estas alturas. Un set de menos a más para una banda que, si encuentra un cierto grado de estabilidad, puede dar muchas alegrías a los fans del hard / heavy en nuestra lengua. Marquen mis palabras.

Para el cierre quedaba una de las ofertas más dicharacheras del día: los austríacos Dragony, ya con Maria Nesh como miembro de pleno derecho. Los vieneses venían presentando su “Hic Svnt Dracones” de 2024 y pusieron todo de su parte para cerrar la primera jornada con una buena ración de power metal alegre y juguetón. Casualidades de la vida, era la segunda de las bandas del día con algún ex miembro de Visions Of Atlantis a bordo. El mundo del power es un pañuelo.

Un broche donde sorprende el baile entre registros de la propia Maria Nesh. Había momentos en que, por su forma tan lúdica de entender el género, me recordaban a bandas como Battle Beast o, por extensión, Beast In Black. Con pareja en voces y un sonido que funciona muy bien a la hora de procurar sano y ligero divertimento en jornadas maratonianas como estas. A nosotros nos llegó el turno de recoger bártulos y buscar el obligado descanso. Quedaban aún dos días por delante.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Z! Live Rock Fest 2026: Cambios En El Cartel

Evil Invaders y Dominium toman el relevo de Crematory y Adam And The Metal Hawks (AMH) mientras que Brothers Of Metal pasan a la programación del sábado 13 de junio.

Crematory cancelan su participación en el festival debido a problemas de salud de uno de sus miembros mientras que la causa de Adam And The Metal Hawks (AMH) son complicaciones logísticas en su gira. Los relevos mantienen y elevan el nivel del plantel, Evil Invaders, han labrado una gran reputación gracias a su combinación explosiva de speed, thrash y heavy metal clásico. Dominum han irrumpido con fuerza gracias en la escena con su particular universo conceptual, metal melódico y el power metal se mezclan en una narrativa oscura y cinematográfica inspirada en el imaginario zombie.

Abono completo y todas las modalidades de entradas disponibles a través del siguiente enlace:
https://zliverock.com/entradas/

Z!Live Rock Fest 2026: Distribución Por Días

La 11ª edición del Z!Live Rock Fest que tendrá lugar del 11 al 13 de junio del próximo año en Zamora desvela el reparto de bandas por días y la opción de upgrade a abono.

 

Con más del 50% del aforo vendido, la entrada de día pasa a 90€ + gastos con la opción exclusiva de upgrade a abono por un suplemento de 60€ + gastos. Con la distribución por días de todas las bandas anunciadas hasta el momento quedan pendientes la confirmación del cabeza de cartel para el jueves y una gran banda de metalcore. Para la jornada de viernes se espera el anuncio de un segundo cabeza de cartel y tres bandas más. El sábado, día grande del festival, tiene pendiente la presentación de cuatro bandas más. El abono completo tiene un coste de 130€ + gastos, todas las modalidades de entradas están disponibles a través del siguiente enlace:
https://zliverock.com/entradas/

Z!Live Rock Fest 2026: Fechas Confirmadas Y Preventa De Abonos

La 11ª edición del Z!Live Rock Fest ya tiene fechas confirmadas e inicia la preventa de abonos. Del 11 al 13 de junio de 2026 Zamora volverá a ser el epicentro del metal en España.

La primera emisión de abonos limitada a 2.000 unidades arranca hoy a 90€ + gastos a través de la página web del festival, a partir del 24 de junio pasará a 120€ + gastos. Para facilitar el acceso se habilitará la opción de pago aplazado en 3 meses para compras por PayPal.
https://zliverock.com/entradas/

Crónica: Z! Live Rock Fest (Sábado 14/6/2025)

Tercera y definitiva jornada del décimo Z!Live Rock Fest con la participación de Opensight, Ankhara, Dynazty, Rhapsody Of Fire, Gotthard, Lita Ford, Sepultura, Dark Funeral y Nanowar Of Steel. Un último envite con un leve descenso de la temperatura y en este sentido, el más apacible de todo el festival.

Opensight iban a ser los encargados de iniciar los fastos de la jornada sabatina. Se definen como “cinematic metal”, vienen del Reino Unido y representaron una de las ofertas más curiosas del día. Porque de entrada llaman la atención los atuendos que visten. También lo tendido, a veces elegante, de su propuesta. Un rock / metal alternativo a veces tranquilo, que llamó la atención de un buen puñado de zlivers. Algunos incluso venidos desde allende los mares para verles. Curiosos.

Pero qué duda cabe que los gallegos Ankhara parecieron suscitar un mayor interés entre el público. Si además echan mano de un repertorio eminentemente clásico, como fue el caso, todo parece indicar que supieron entender su lugar dentro del cartel. Vimos muy animado a Pacho Brea, incombustible voz del quinteto. También a un Alberto Marín cuya frugalidad gestual contrastó con la mayor quietud de Cecilio. Entre ambos traman buenos riffs y solos ya desde la inicial “3:40” pero bajo un sonido no del todo óptimo en el Copper Stage.

Un sonido que se iría aclarando casi a la vez que la propia garganta de Pacho Brea. Un set por tanto de menos a más, donde no olvidaron clásicos como “Demasiado Tarde” o “Un Paso Más”. Siempre dentro de su habitual heavy metal de corte clásico y recibiendo no poco calor por parte del público. De manera más que notoria, de hecho, cuando llegó el turno de uno de sus cortes insignia, ese “No Mires Atrás” que les ayudó a establecerse como nombre a tener en cuenta a finales del pasado siglo. Pese a pequeños problemas, Alberto Marín rompería una cuerda de su guitarra, buen arreón de nostalgia a plena tarde.

Le llegaba el turno entonces al combo sueco Dynazty. La banda, liderada en voces por el Amaranthe Nils Molin, acudía a Zamora en defensa de su último largo “Game Of Faces” y las expectativas estaban por las nubes. Ellos se adhieren a esa nueva onda de metal pegadizo y facilón que tantos y tan buenos réditos otorga a bandas como Battle Beast o su derivada Beast In Black.

El sonido que consiguieron fue bueno y el estado de forma de Molin aún mejor. La inicial “Game Of Faces”, del mencionado nuevo álbum, ya deja a las claras que estamos ante una banda muy segura de sí misma. También que esta es otra de esas formaciones que no parece dejar nada al azar. Todo cuanto acontece sobre las tablas resulta pensado al milímetro y, por tanto, un tanto mecánico a ratos, lo que no quita para que el público del Z!Live se divirtiera con ellos. Sea como fuere, “Natural Born Killer” parece añadir algo más de enjundia al quinteto.

Amén de un amplio repaso por toda su discografía, hubo espacio para un pequeño solo de batería. También para descargar la no poco pegadiza (pegajosa incluso) “Heartless Madness”. Es cierto que el juego con el público que Molin llevó a cabo al final del set se nos hizo más largo de la cuenta. Pero con eso y con todo Dynazty parecen una banda destinada a dar muchas alegrías. Ver veremos que decía aquél.

Unos que tocaron la gloria ya desde el inicio de su carrera fueron Rhapsody Of Fire, justo antes de que la formación clásica saltara por los aires al punto de que el teclista Alex Staropoli sea ya el único remanente de esa época dorada.

Los italianos irrumpieron por Zamora con el aura de aquellos primeros álbumes merodeando por el Copper Stage. Sensación que se consolida toda vez arremeten con “Unholy Warcry” para gozo de sus más acérrimos. Que los había y en buen número. El set, no obstante, iba a obedecer en mayor medida a cortes más cercanos en el tiempo. Véase un “Rain Of Fury” de aquél “The Eighth Mountain” de 2019. Giacomo Voli, siempre risueño, ejerció como perfecto maestro de ceremonias. La sombra de Fabio Lione es alargada, pero el de Correggio mostró un registro que le viene como anillo al dedo a la formación transalpina.

Servidor, qué sorpresa, les disfrutó más en los momentos más trotones. También cuando el público se animó con ellos en cortes como “I’ll Be Your Hero” o Voli nos puso a saltar en la más veterana “The March Of The Swordmaster”. Es cierto que las voces pregrabadas en “Challenge The Wind” restan cierta organicidad al set. Nunca ha sido esta la banda más natural del panorama europeo de todas formas. Pero cuando atruena todo un Christopher Lee para “The Magic Of The Wizard’s Dream” no queda otra que transigir. Y mientras que en “Chains Of Destiny” demuestran que aún pueden ser una de las mejores bandas de power metal si se lo proponen, quien más quien menos se preparaba para una (no por esperada menos divertida) dupla final compuesta por, cómo no, “Dawn Of Victory” y “Emeral Sword”. Buques insignia de los italianos y también vehículo para el lucimiento de un muy seguro Roberto De Micheli a las seis cuerdas.

El inevitable “gloria, gloria perpetua” que gritamos en la primera, el modo en que Zamora coreó la segunda, incluso el pequeño wall of death que Voli propuso aquí, quedarán para siempre en nuestro subconsciente. Aún cuando me divertí con ellos, sí que es verdad que eché en falta algún corte más de sus primeros álbumes. Nunca llueve a gusto de todos.

Turno entonces para el siempre elegante hard rock de los suizos de Lugano, Gotthard. Otros que venían defendiendo nuevo álbum, un notable “Stereo Crush” con el que, de hecho, da inicio la descarga.

AI & I” es un buen arranque para ellos. Nic Maeder, la sombra de todo un Steve Lee nunca será pequeña, parece cada vez más mimetizado con la banda. Son casi tres lustros los que lleva al comando de la banda y en Zamora mostró un estado de voz realmente envidiable. “Thunder & Lightning”, que puede ser una de las composiciones más redondas del mencionado nuevo álbum, no faltó en el set. Tampoco el recuerdo al fenomenal “LipService” de la mano de “All We Are”. Ni siquiera su habitual versión del “Hush” de Joe South e inmortalizada por Deep Purple. Un arranque de set que puso nuestras expectativas por las nubes.

Y no quiero decir que aburrieran de ahí al final. No fue el caso. Pero sí tuve la impresión de que el set pasó por ciertas lagunas en las que el público del Z!Live pareció reaccionar solo a ratos. Sea como fuere, la clase y el inmenso carisma que derrochan, puede con todo. Nadie va a descubrir al gran Leo Leoni (guitarra) a estas alturas del cuento y mucho menos yo. “Mountain Mama”, café para los muy cafeteros, nos retrotrae treinta años en el tiempo. Pura nostalgia en forma de hard rock.

No desfallecía Maeder en el tramo final mientras el sonido en el Silver Stage era el de las grandes ocasiones. Para cuando llega el ineludible final con “Lift U Up” hemos visto una muy buena versión de Gotthard en cuanto a técnica y feeling. En su línea siempre elegante y distinguida, que no es poco.

De vuelta al Copper Stage, la legendaria Lita Ford no lo iba a tener tan fácil. De entrada porque el sonido al comienzo del set está muy lejos de ser el óptimo. Tal es así que, por un instante, llegué a pensar que habría paradinha y reinicio. No fue el caso y, finalmente, la nacida en Londres tiró para adelante al tiempo que los técnicos se afanaban en reconducir la situación.

Toda vez el sonido alcanza un cierto equilibrio, lo cierto es que vemos a una gran Ford. Sesenta y seis años contemplan a la nacionalizada estadounidense, que mostró en Zamora un rock orgánico y lleno de actitud. Con todo un Bobby Rock en baterías (como se encargó de recordarnos más de una vez), la versión de Elton JohnThe Bitch Is Back” llegó precedida por la pregunta de Lita sobre cuantas “bitches” había en el recinto. Fue uno de los puntos álgidos pero mentiría si dijera que no fue un setlist algo extraño. Alguna balada que fue recibida con una cierta frialdad en Zamora. Los solos, como el que arrancó el propio Rock, y al que siguieron los propios de Patrick Kennison (guitarra) y Marten Andersson (bajo), quizá se alargaron más de lo que me gustaría. Máxime teniendo en cuenta cómo de ajustado es el tema de los horarios en los festivales.

Pero cuando ella reconduce con nada menos que “Cherry Bomb” (The Runaways), los zlivers vibran en consecuencia. Se descubre entonces a la mejor Lita Ford. Diría que también el tramo más sólido del set con esa revisión del “Black Leather” de los Sex Pistols. Lita, con una llamativa guitarra de doble mástil ahora, pidió que alumbráramos con nuestros móviles e introdujo entonces “Close My Eyes Forever”, aquél dueto de 1988 con un tal Ozzy Osbourne, para finalmente echar el cierre con “Kiss Me Deadly”. Aquí y entre ella y Kennison dejaron uno de los duelos solistas más llamativos de todo este Z!Live. Una descarga con ciertos problemas de inicio, a ratos falta de ritmo pero cerrada con una gran dosis de clase.

El cabeza de cartel de la última jornada, los brasileños Sepultura, no padecerían los mismos problemas de vuelta en el Silver Stage. No solo eso sino que aparecerían por Zamora en un estado de forma tal que cuesta creer que este vaya a ser, de verdad, su último baile.

El arranque con “Beneath The Remains”, desde luego, despeja cualquier posible duda. Atrás, el jovencísimo Greyson Nekrutman (que había cumplido los justo 23 el día antes) comandó con mano firme al cuarteto. Delante, Derrick Green emergía pletórico tanto vocal como físicamente. No habíamos alcanzado el segundo tema del setlist (“Inner Self”) y la gente ya coreaba al combo brasileño. Tal es el cariño que esta tierra les profesa y la furia con la que irrumpieron en el Silver Stage. Pero quedaba aún mucha cera que repartir. Ellos procuraron un repaso lo más extenso posible a su discografía y un Andreas Kisser, por el que parecen no pasar los años, cercenó riffs y solos con precisión de veterano pero ímpetu de colegial. Brilla Nekrutman a las baquetas en la clásica “Desperate Cry” mientras todo Z!Live corea tan lacónico estribillo.

Pero como digo este set iba a hacer un exhaustivo repaso por (casi) toda su trayectoria. Da fe de ello esa “Phantom Self” que vino a destapar su cara más groove y pesada. Algo que afianza una “Attitude” que pone a dar palmas al festival. En este punto, “Means To An End”, del interesante “Quadra” de 2020, quizá pase algo inadvertida. Todo lo contrario que “Kairos”, del álbum homónimo, con un más que esforzado Derrick Green. A su lado, siempre discreto, el bajista Paulo Xisto cimentaba su leyenda de tipo tranquilo y afable. A estas alturas del show, casi me atrevería a decir que el suyo fue el mejor sonido de todas cuantas bandas pasaron por Zamora a lo largo de las tres jornadas. “Propaganda”, por desgracia, sigue tan vigente o más que cuando apareciera en el polémico “Chaos A.D.” allá por 1993.

Kisser tomó entonces el micro para, en perfecto castellano, mandar los debidos agradecimientos primero, enfrentar la clásica, añeja y furibunda “Escape To The Void” después. Dar cera, pulir cera. Sin hacer prisioneros y con Nekrutman volando a los parches. Es increíble tal grado de vitalidad pero sobre todo de entrega en una banda que está como digo a fechas de rubricar su epitafio. Como también lo es el gordor que emana del escenario en los cortes más graves y pesados. “Choke”, con un Green que mantenía alto el pistón, puede ser el mejor de los ejemplos. Así las cosas, “Kaiowas” mediante, la banda se tomaría un pequeño respiro. Y se rodearía de varios invitados. En lejanía pudimos distinguir entre otros a Alberto Marín y Redd Reddington de Opensight aporreando baquetas arriba del escenario.

En lo personal y con “Dead Embryonic Cells” iba a llegar otro de mis momentos favoritos del set en particular y del festival en general. Su breakdown se magnificó en la traslación al directo. Ver a centenares de cabezas agitarse al son que marcaba Kisser con su guitarra fue realmente toda una experiencia. A ellos aún les quedaba cera por dar. Incluso cupo el recuerdo a Lemmy Kilmister que procuró su conocida revisión del “Orgasmatron”. El clásico de Motörhead fue la primera piedra de un tramo final realmente avasallador: “Troops Of Doom”, “Territory”, “Refuse / Resist” (con todo el Z!Live brincando) y nada menos que la brutal “Arise”. Que Nekrutman aquí aún tuviera tiempo de un pequeño solo de batería creo habla y bien de cómo de cargadas tenía las pilas a su paso por Zamora. Un solo que precedió a “Ratamahatta” y esta, a su vez, al obligado final con “Roots Bloody Roots”, donde más de uno se desgañitó hasta las últimas consecuencias. Imparables. De largo uno de los shows más sólidos y potentes de todo el fin de semana. Sepultura do Brasil, porra!

Del thrash mestizo de Sepultura al black metal de Dark Funeral, el cartel iba a dar un giro poco menos que dramático. Como dramática es esa puesta en escena entre fondos y telones. Ellos emergen enfundados en sus habituales armaduras y corpse paint, en un horario mucho más propicio que en mi anterior encuentro con ellos (¡hace veinte años!) en el que algún desalmado decidió colocarles a plena tarde y bajo un sol de justicia. Con una quietud muy llamativa, aparecen en escena y pronto desenfundan su libro de estilo “Unchain My Soul”. Y sin que la cosa deviniese en catastrófica, sí que noté una cierta falta de pegada en su sonido.

Sepultura y el Silver Stage nos malacostumbraron durante cien minutos y al Copper le costó aguantar el ritmo. Especialmente sensible fue toda vez la banda redujo hacia ritmos más a medio gas en “My Funeral”. A Heljarmadr, que desde 2014 pone voz a los suecos, se mostró como un frontman activo y sin mayor tacha. Incluso se atrevió a lanzar un “amigos y amigas” a los muchos zlivers que aún aguantaban el tirón. Después de la pequeña interacción llegó “Nosferatu” y, con ella, la versión más nerviosa y furibunda del combo nórdico.

Tras el cansancio acumulado de los tres días, este fue un show no apto para pusilánimes. Una espinita que tenía ganas de sacarme después de tanto tiempo y una banda que confirmó su estatus ya casi legendario pese a los problemas. Que no pasen otras dos décadas hasta la siguiente.

Qué mejor cierre para un festival como este que los siempre afables y dicharacheros Nanowar Of Steel. Otra de esas formaciones que generan tantas filias como fobias pero que despidió el décimo Z!Live como mejor sabe: montando la madre de todas las bacanales (sonoras).

Nosotros nos retiramos. No teníamos cuerpo para más pero sí una buena tirada por carretera hasta nuestro lugar de descanso. Con eso y con todo fueron tres grandes jornadas con el hard rock y el metal como protagonistas. Un montón de nuevos recuerdos en la memoria, nuevas amistades, mejores momentos y todo bajo una climatología que, al fin, supo y quiso respetar al Z!Live.

Y fue grande porque la organización puso de su parte para que así fuera. La puntualidad de los horarios. El buen sonido del que, en líneas generales y salvo pequeñas excepciones, disfrutaron las bandas presentes. El festival crece pero parece hacerlo con los pies en el suelo. Por ahí que no quiera olvidarme de agradecer a Iuri Carlos, contacto entre organización y medios, su infatigable labor durante los tres días. Trato exquisito y cercano. Así da gusto trabajar, si es que a lo que hacemos desde Heavy Metal Brigade se le puede llamar trabajo.

Del mismo modo, sería torpe por mi parte dejarme a Lago (Piratas De Liberalia). La compañía y las confidencias también hacen festival. Finalmente, enviar un saludo también a las muchas caras conocidas con las que nos cruzamos del jueves al sábado y tocar madera para que, si todo acontece como esperamos, estar ocupado dentro de un año con la crónica de 2026. Nos vemos en Zamora.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz