Discos Destacados Del 2025

El compañero José Miguel «Lago» de nuestros queridos Piratas de Libertalia nos ofrece una visión ácida y personal de lo que han sido los mejores lanzamientos discográficos el 2025.

Como viene siendo habitual el pasado 2025 ha sido otro año prolífico en cuanto ediciones de discos se refiere. En este caso voy a centrarme únicamente en grabaciones estatales, porque son muchas, muy buenas y merecedoras de darles una mención, evidentemente, a criterio del que escribe.

Quisiera comenzar en mi Villa del Adelantado con el resurgir de las cenizas de In-Sanity y la edición de «Searching» (reseña aquí), con una más que digna vuelta donde los avilesinos nos deleitan con su mezcla de thrash y heavy clásico.

Sin salir de las orillas de la ría de Avilés, concretamente, en Llaranes viejo, se ha gestado otro de los discos del año, «Metanoia» (reseña) de unos Crudo, en clara línea ascendente y con unas grandes colaboraciones, que hacen rozar el discazo.

Y como final en nuestra comarca, lo siento, no soy nada imparcial con esto, pero Ofensivos lo han vuelto hacer, brillantes ganadores del Perversiones 2024, se han sacado un señor disco con todos los ingredientes ofensivos, sumado a un buen puñado de temas que no dejan indiferente a nadie, siendo una escucha obligada, salvo que seas un ofendidito de esos que se esconden en perfiles anónimos en redes sociales.

Sigo con lanzamientos de nuestra querida y repudiada ( por algunos) escena astur, si, escena astur, conjunto de palabras que chirría a algún unineuronal, por lo que genera, evidentemente, las mofas de otros muchos (ye lo que hay). Deberíamos y debemos de estar muy orgullosos del nivelazo de bandas que tenemos en nuestra región, gustos y amiguismos aparte. Después de esta repunada, al lio. Personalmente destaco el «Flesh & Bone» de Aneuma, otros en clarísima progresión que se han sacado un trabajo sobresaliente.

A Soundcrush con «The Hunt«, permitiéndome destacar su tema «Unprocessed» para deleite de mis oídos pakoncios.

Como no, «Marcados» de Caballo Moldavo, con portadón incluido. Aquí tampoco soy imparcial, verlos crecer y compartir momentos con ellos, para un servidor es un autentico lujo, aparte, el disco mola la ostia, punto.

Y como colofón, el mejor lanzamiento de una banda de hard rock en lustros, si, también se me ven las costuras, pero «The Long Way Home» de November es un disco descomunal y ya en directo deslumbran, mucha calidad hay ahí. Me repito, pero debutaron con la complicidad de los corsarios libertalios en el barrio más glamuroso de Asturies, Las Vegas, y vaya debut (crónica).

Cruzando el sangrante peaje del Negrón quisiera destacar «Maniphesto» de Easy Rider, disco que lleva grabado un tiempo pero que por circunstancias no pudieron editarlo hasta este 2025 ya pasado. Los de Madrid se merecen más de lo que cosechan, un buen puñado de temas junto al más que acierto de tener a Dess Díaz al frente.

Legado De Una Tragedia con «Lovecraft«, quizás baja un poco de su anterior entrega, pero Joaquín Padilla hace magia en cada disco, siempre un acierto.

Dando un giro hacia el doom/death, imprescindible escuchar «A Throne Of Ashes» de los también madrileños Sun Of The Dying, nada que envidiar a ninguna banda europea del estilo, y encima lo que escuchas en el disco lo trasladan de verdad al directo, poca broma.

Un debut a destacar, desde Ceuta, Metalkrüsa con su «Black Dahlia«, un buen puñado de canciones en forma de obra conceptual sobre el asesinato de Elizabeth Short, o mejor conocida como “La Dalia Negra”, que junto a unos riffs poderosos y solos brillantes hacen que el debut sea más que prometedor.

De tierras levantinas destaco otro gran disco, y ya van unos cuantos de Jolly Joker, no inventan nada, pero lo que hacen, lo saben hacer a las mil maravillas, Hard rock de quilates.

Y como no, no puedo dejar pasar la oportunidad de meter power metal, desde Alicante, Cain’s Dinasty nos trajeron este 2025 un revisión de los mejores temas de su trayectoria pero en castellano, «Dinastía De Caín«, soberbio, no es power al uso, le dan unos tintes más modernos y voces guturales de añadido.

Ya nombré en el vídeo de piratas los discos de Patxa y Cano (ex-Centinela), dadle un play. Y ya para terminar solo que me queda nombrar un disco que ha sido grabado este año, pero que todavía no se ha editado, al que los piratas y por ende, esta casa HMB, hemos escuchado en autentica primicia en los Estudios Dynamita. Estad atentos a su salida, porque es un discazo el que se tienen entre manos los Crusade Of Bards, que quede como propósito de este 2026 que comienza.

Foto: Jorge Novales

Seguro que me falta alguno, no he nombrado Ep’s, ni singles editados, que también hay cosas chulas, pero queda como mi humilde resumen del 2025 de esta nuestra querida escena. Aprovechar estas líneas para desearos feliz 2026 a tod@s, en especial a mi socio Txenry, a toda la familia de HMB y en particular a José Ángel y David Naves. Larga vida al rock y metal.

Crónica: José Rubio + Diego Sanjorge (León 29/11/2025)

El pasado sábado 29 de noviembre fui al acogedor pub Black Bourbon de León a ver el concierto de los virtuosos guitarristas Diego Sanjorge y José Rubio. Siendo sincera, esta crónica la escribo yo, que no soy precisamente una experta en técnicas, tácticas y tecnicismos de guitarras eléctricas, más allá de valorar si lo que escucho me gusta más o menos… Y me gustó, mucho, más de lo que podía imaginar. Claro, que los dos únicos participantes en el evento me lo pusieron muy fácil. Cada uno llevaba su portátil con sus bases pregrabadas, y tocaba en directo su guitarra en variados temas instrumentales. Pero lo hicieron con mucha intensidad, mucha pasión y toda su entrega.

Empezó el joven DIEGO SANJORGE, desconocido para mi hasta ese momento. Después, charlando con él amistosamente en el puesto de merchandising, e investigando un poco, supe que había sido alumno precoz del mismo José Rubio (y visto lo visto, alumno aplicado), y miembro de la banda de PACHO BREA, y después de IRON HUNTER y AD LIBITUM. En esta noche lluviosa, este gallego, treintañero pero ya veterano, venía con su proyecto en solitario, y por eso tocó temas de sus discos “Myth” (2017) y “Oneiromancy” (2022). Después de escuchar sus arpegios rapidísimos y sus variaciones melódicas, me cuesta creer que, como dijo, llevaba tres años sin tocar esos temas. Se notó enseguida su virtuosismo, su amplia formación musical, y su extensa experiencia en los escenarios.

En éste de León, él solo con su guitarra Schecter Hellraiser C7 de 7 cuerdas (no soy experta en guitarras, pero investigo) no dudó en saludarnos, presentar sus temas explicando interesantes detalles de cada uno, y se mostró empático y simpático, muy de agradecer. Supo alternar ritmos muy diferentes en cada canción, mezclando escalas más melódicas y alegres con solos más tenebrosos y oscuros, y, para rematar, nos deleitó con alguna balada de aires celtas, con violines y pianos sonando en la base pregrabada que le acompañaba.

Solo estuvo en las tablas una media hora, pero fue suficiente para convencernos de ir al puesto de merchan a comprar sus discos, y de seguirle a partir de ahora mucho más. Nos gustó y nos convenció.

Y sin mucha pausa le tocó al maestro del primero. Ya conocíamos a JOSÉ RUBIO, que a estas alturas ya no necesita presentación (WARCRY, JOSÉ ANDRËA, URÓBOROS, RONNIE ROMERO, NOVA ERA, etc.), y al que ya hemos visto por León en varias ocasiones, incluso en este mismo formato íntimo y en este mismo Black Bourbon. Esta noche nos daba el último concierto en su gira, en la que presenta su último disco instrumental, “Black Rose” (2023). Y de hecho, era su último concierto del año. Y, como es de esos músicos imparables, ya está pensando en entrar a grabar otra vez, lo cual nos alegra.

De nuevo un solo músico en el escenario, en este caso con dos guitarras: su habitual ESP blanca, con la que hizo casi todo el concierto, y una flamante guitarra naranja, según dijo, recién comprada ese mismo día (aquí me falla la investigación, lo siento). Comenzó con aires celtas, con temas de su disco «Celtic Lands» de 2019 (del que, por cierto, una servidora se llevó la última copia disponible en el merchan), llevándonos a Irlanda con «Shamain» y a Escocia con «The Rampages Of Robin Redcap«. Fue muy de agradecer que el cordobés residente en Galicia nos presentara cada tema detalladamente, diciendo de qué disco salía y qué contaba o representaba cada corte. Eso hizo al ofrecernos más adelante sus «Kelpie’s Song» y «Craigh Na Dum«, del ya mencionado disco, los cortes «Lionheart» o la trepidantemente rítmica «Land Of Terror» (la única en la que usó su guitarra recién comprada), ambas del LP «Forbidden Dreams» (2019), y «Releasing The Beast» (de su disco «Sensations» de 2016), a menudo con arranques suaves que remataban en sonidos más rápidos e intensos.

Además de tocar temas propios, nos deleitó con algunas versiones, perfectamente ejecutadas, de grandes guitarristas de fama mundial, como Michael SchenkerInto The Arena«), Joe Satriani Satch Boogie«) y el que, sin duda, es uno de sus guitarristas favoritos (y mío también), Gary Moore, de quien no solo tocó «The Loner«, sino que introdujo su tema propio «The Jacket Over The Grave» (precisamente de su último disco, «Black Rose«, el que motivaba esta interesante gira), contándonos la popular leyenda del hombre que conoce a una joven, la lleva a su casa, después la busca y solo encuentra su vieja tumba, y afirmando que el maestro norirlandés había sido su gran inspiración en este tema. Y sin duda, fue su gran maestro, porque Rubio literalmente la interpretó sin fallar una nota ni perder una pizca de pasión, una maravilla.

Hablando de maestría, nos dejó impresionados con el tremendo solo, ¿a modo de improvisación?, cargado de rapidísimas escalas, vibratos, tappings y demás técnicas de guitarra, casi imposibles de escuchar en directo, salvo que te encuentres con un artista de este calibre. Nos contó otra de sus debilidades, la novela oscura, especialmente la de Edgar Allan Poe, para introducir su tema «The Crow» (también del «Black Rose«). Supuestamente el concierto acababa ahí, pero no íbamos a dejar que se fuera tan rápido. Tras responder a la petición de un fan tarareando el estribillo de «Siempre Estás Allí» de Barón Rojo (el único momento vocal de la noche, sin micrófono), nos deleitó con todo un popurrí de solos de canciones mundialmente conocidas, repasando lo más importante de la historia del rock internacional (perdonadme que no recuerde todos, pero sonaron desde AC/DC hasta el ya inevitable final con el «Parisienne Walkways» de Gary Moore y el «Coast To Coast» de Scorpions, pasando por Iron Maiden, Judas Priest, Deep Purple y varios más). Parecía no tener fin, y nosotros estábamos disfrutando al máximo.

Pero llegó a su fin, y saludar después a ambos maestros virtuosos y compartir unos minutos de camaradería con ellos fue la guinda de este pastel que tanto nos gustó. Por eso, agradezco a ambos artistas que vinieran a León y se entregaran de esa manera, y les pido que vuelvan pronto. Y por supuesto, agradezco al pub Black Bourbon, especialmente a nuestra querida Patry, su acogedor recibimiento y todas las facilidades. Así da gusto.

Texto y Fotos: Mar Fuertes

Crónica: The Mercury Riots (León 13/11/2025)

o de cuando El Gran Café se convirtió por una noche en el Whiskey a Go Go

Día de perros en la capital del viejo reino. La noche estaba más para manta y peli que para tirarse a la calle. Pero llevamos el gusanillo del rock ahí dentro, que le vamos a hacer. Eh! Y que nunca nos falte…

Los angelinos The Mercury Riots recorren Europa de norte a sur en una gira de casi tres meses a la que ya solo le quedan unas pocas fechas por completar. Ya habían visitado nuestra ciudad hace unos años con su anterior formación dejando buen sabor de boca y no podíamos faltar a la cita.

Las circunstancias no presagiaban buena entrada. Llegamos a una sala prácticamente vacía a unos minutos de la hora anunciada de inicio. Se retrasaba el arranque y poco a poco se iba animando la cosa. Finalmente se rondó una media entrada, escasa para lo que se merecía este concierto, pero suficiente para que el ambiente fuera agradable. Aunque cierto es que después de lo visto, daba igual la entrada. El ambiente lo iba a poner la banda llevándolo a unos niveles espectaculares.

A eso de las 10:05 horas Jonny Udell se sienta en su batería y de inmediato se empieza a oír una guitarra sin saber de dónde viene. Aparecen entre el público los otros tres integrantes. La guitarra que suena es la de Felipe Rodrigo atacando el precioso y ambiental inicio de “Make It”. La batería arranca a continuación sonando atronadora. Aquello pintaba muy bien. Cuando revienta la canción empezamos a darnos cuenta de la locura que nos esperaba. Sonido perfecto, actitud, una presencia escénica imponente con Justin Paul Walker, su vocalista, como perfecto maestro de ceremonias, sin parar un momento y mostrando un nivel de voz brutal.

Y se empieza a suceder temazo tras temazo desgranando su hasta ahora único álbum. La base rítmica es demoledora, super compenetrada. No se echó en falta a su bajista titular, Fede Delfino, sustituido en esta gira por el propietario de un precioso Rickenbacker que nos perdonará por no quedarnos con su nombre. El único pero que se le puede achacar fue su presencia escénica. No lo hizo mal en absoluto, pero es que Fede es mucho Fede.

Llamaba la atención la ausencia de amplificadores en el escenario, algo llamativo en estos estilos más “clásicos”, pero que no afectó para nada en que todo sonara muy orgánico, muy auténtico (Lo siento señores “puristas” pero con lo digital también se pueden conseguir ya tonos espectaculares).

La Telecaster del guitarrista uruguayo, que sonaba a gloria, mostraba un desgaste que, o tenía un “relic” muy bien hecho o llevaba más horas de vuelo que el barón Von Richthofen. Preciosa.

Por nuestra cabeza, en modo flash, iban surgiendo los grandes nombres del estilo. Led Zeppelin, por supuesto. Slash y sus Snakepit por aquí, Bad Company por allá, incluso en algún momento rememoré a White Lion o Tesla. Y no pude evitar cantar el estribillo del “Rock Bottom” de UFO sobre el riff principal de “Take Me When You Go”. Explosiva mezcla. Todo ello bien machacado en el almirez de Las Orgías de Mercurio, por supuesto. El nivel de “gozadura” era estratosférico.

Cayeron también dos temas nuevos de lo que será su próximo trabajo que se publicará el próximo mes de marzo. Nos encantaron. Como el resto del disco vaya en esa línea van a dar otro buen salto hacia adelante. Un salto de esos que te alegran por una parte, pero te entristecen por otra porque posiblemente provocará que ya no les disfrutemos tan cerquita de casa.

A destacar también los buenos coros que toda la banda, en mayor o menor medida, aportaba en los pegadizos estribillos que se gastan. Coros de verdad, nada de lata, abundando en lo orgánico del sonido durante todo el concierto. Todo era de verdad, estaba ahí delante. E incluso nosotros mismos éramos parte de ello, sobre todo cuando llegamos al “Save Me A Drink” donde, a petición de Justin, lo dimos todo con nuestras gargantas mientras Felipe se paseaba por la sala con una sonrisa de oreja a oreja. Él y todo El Gran Café.

Ahondar aquí en la puesta en escena de Felipe Rodrigo. Estilazo del más puro rock star. Pero de los de verdad, de los humildes, auténtico, cercano. Hasta el punto de que lo primero que hizo al acabar el concierto fue bajarse del escenario a saludarnos y a charlar con las primeras filas agradeciéndonos estar allí. Insisto, auténtico. Lo lleva muy adentro. Como anécdota, por problemas de aduanas, no disponían de parte del merchan y el tío, ni corto ni perezoso, se puso a pintar camisetas a mano. Por supuesto nos llevamos una a casa, que será de las de no poner, de las de guardar de recuerdo, firmada por los cuatro integrantes. Aprendices de rock star, aquí tenéis alguien de quien tomar ejemplo. Aunque creo que estas cosas no se aprenden. Tienen que venir de serie.

Y ya en la recta final, entrábamos en lo que serían los bises que acometieron sin siquiera bajarse del escenario. Aquí cayeron un par de versiones. La sorprendente “I Saw Her Standing There” de los Beatles, hardroqueada a más no poder y cerrando la noche, un “La Grange” hipervitaminado incluyendo lucimiento individual de los cuatro componentes.

No llegó a hora y media. No hacía falta más. Revivimos lo que, al menos en mi caso, sólo hemos podido disfrutar a través de una pantalla. La calle Cervantes de León se convirtió por un momento en Sunset Strip y El Gran Café bien podría haber sido un Whiskey a Go Go o un Rainbow de hace casi medio siglo. Eso sí, en 2025. Los viejos tiempos ya quedaron atrás, para lo bueno y para lo malo. Lo importante es que la rueda siga girando. Con bandas como The Mercury Riots de momento está garantizado.

Texto: José Triskel
Fotos: Mar Fuertes Magdaleno

Reseña: José Rubio «Black Rose» (Demons Records 2023)

Black Rose”, es el quinto y nuevo trabajo instrumental del guitarrista cordobés José Rubio. Un álbum grabado, mezclado y masterizado por el propio músico en los Meigasound Studios, a excepción hecha de las baterías del ex Saratoga Andy C., que vinieron al mundo en los KV62 de la capital del estado. Junto al mencionado batería completan la nómina de participantes José Rubio Jr. también en baterías, Celso Grande y Zoraida Vidal en teclas y Galilea Rubio al bajo. El álbum vio la luz en noviembre del pasado 2023 vía Demons Records.

La elegante calma que inunda el prólogo de “Black Rose” bien podría funcionar como bienvenida de algún disco de power melódico al uso europeo. Me agrada el crescendo que Rubio plantea aquí. La calma que irrumpe tras el mentado prólogo y ese viraje hacia territorios shred a la vez más potentes y reconocibles. Buenos cambios de ritmo adornan la composición mientras el granadino desarrolla todo su buen hacer a las seis cuerdas. Siempre sin olvidarse de trazar un corte atractivo ya desde el papel. Y es que me agrada la forma en que conjuga las partes más reposadas con las más intensas. Soleando sin abusar y manejándose siempre en el territorio del buen gusto. Los fans del metal más convencional se verán igualmente recompensados como ese pulso más power que emerge en su tercio final. Surge ahí el Rubio más heróico, al tiempo que la producción echa el resto en lo que a pegada se refiere. Un gran arranque.

Pianos para la entrada casi misteriosa de “Ghost In The Shadow”. Rubio acompaña en rasgueos que me recuerdan al Alberto Cereijo más liviano al tiempo que construye un prólogo de nuevo elegante y distinguido. El ex WarCry quiebra después esa calma y reconduce hacia un hard / heavy tan firme como clásico. Por trazo, es verdad, no alcanza a sorprender en la forma en que lo hizo el tema título. No obstante, Rubio está más que inspirado a lo largo de la serie de solos que vendrá a disponer aquí. También en cuanto a riffs. Incluso se reserva pequeñas pausas cuyo leitmotiv no parece ser otro que el directo. Y sí, su faceta más puramente guitar hero inunda un tercio final que haría las delicias de todo buen fan de Vinnie Moore. Echo en falta que aquél tono mistérico del prólogo no regrese a la composición en algún momento pero con eso y con todo un corte que disfruto en buena medida.

The Crow” presentó al disco en sociedad allá por el 31 de octubre. Es otro corte de arranque misterioso y apaciguado, que más tarde virará hacia un hard algo chulesco y que finalmente desarrolla al Rubio más versátil. Aquí cobrará vital importancia una producción que viene a acentuar la vertiente más abiertamente metálica de este “Black Rose”. O a ofrecer el debido apoyo a ese pulso más groove que va y viene a lo largo de la composición. Acierta Rubio aquí a la hora de conjugar los diversos tonos y colores. Y si bien este sigue siendo el disco de un guitarrista, es apreciable la forma en que ha entregado un corte que, aun en su naturaleza instrumental, resuena a esfuerzo colectivo. En gran parte por vivir de algo más que puros guitarrazos. De hecho hay aquí una estupenda línea de batería y un notable trabajo en cuanto a arreglos y producción. Otra de mis favoritas.

Tears”, una vez más, arrancará desde la más pura calma. De hecho el prólogo, que irá yendo y viniendo a lo largo del corte, me ha recordado a El Altar Del Holocausto, por extraño que pueda parecer. El caso es que Rubio y al contrario que en cortes precedentes, construye desde esa calma una balada puede que menos sorprendente que otros cortes de este “Black Rose”, en gran parte por una duración, tres minutos y medio, algo escueta.

Piece Of My Soul” rompe con los prólogos tranquilos y sosegados para ofrecer desde el primer segundo la cara más desenfadada y vibrante de un José Rubio que parece disfrutar como niño con juguetes nuevos al tiempo que evoca a los grandes próceres de las seis cuerdas. El riff que sitúa aquí el granadino puede ser fácilmente el más ganchero de todo el disco. Y si bien por construcción y salvo pequeños insertos del bajo Galilea Rubio, resulta menos laberíntica y algo más predecible que otras ofertas semejantes, lo cierto es que mentiría si dijese que no ha sido este el tema que más vueltas ha estado dando por mi cabeza los últimos días.

The Jacket Over The Grave” parece imbuida del espíritu del mejor Gary Moore. Algo que ya de por sí sería excusa suficiente como para acercarse a esta penúltima entrega del disco. Y si bien Rubio ni es Moore ni lo pretende tampoco, que los paralelismos están ahí resulta, pienso, innegable. Conecto aquí con ese puente desnudo de toda base rítmica y la forma en que la composición irá reconduciendo hacia ese páramo más intenso y encendido del epílogo. Siempre sin traicionar el propio espíritu melancólico y desgastado que el corte arrastra desde el prólogo y logrando por ahí erigirse como otro de los grandes triunfos de este nuevo trabajo.

Zero”, corte final de “Black Rose” y a la vez entrega más extensa del álbum, diez minutos de nada, se construye desde un prólogo a ratos laberíntico donde la influencia de un tal John Petrucci resulta más que evidente. Quizá no tanta la de los propios Dream Theater o ni siquiera Liquid Tension Experiment, sino más bien los propios discos en solitario del nacido en Kings Park. Hay una fabulosa línea de batería sobre la cual Rubio desarrollará su vertiente más abiertamente progresiva, sin olvidar ni la intensidad del metal más directo ni los arreglos del más pomposo. Más adelante el corte vendrá a recorrer por terrenos más decididamente heavies, a un tiempo derrochando solos de calidad y al otro dejando espacio para el brillo del resto de músicos implicados en la grabación. Hay algo del Vai más loco en la serie de solos que finiquita al puente, seguida por un Rubio que recupera su faceta más shred, y cerrada por las teclas más teatrales del disco. Y mientras que el epílogo nos devuelve al Rubio más a la Petrucci, no puedo evitar pensar que difícilmente te harás con un corte como este en una primera escucha. Exige, sin imponer, toda nuestra atención. Y la recompensa con un trazo ágil, unas ejecuciones a gran nivel y una factura difícilmente reprochable. Un gran cierre.

Para quienes tenemos el talento musical de un zapato, la tarea de composición de obras como esta vive rodeada de una cierta intangibilidad. De misterio incluso. Rubio ha trazado un álbum hábil a la hora de deslizar sus muchas (y pienso que evidentes) influencias sin que estas alcancen nunca a emborronar unas composiciones donde sigue muy presente la personalidad, a tenor de lo oído más diversa que nunca, del músico granadino. De hecho músicos y fans más avezados en guitarristas de todo pelaje que servidor a buen seguro descifrarán muchos nombres más allá de los recurrentes Vai, Satriani, los dos Moore o Petrucci que han acudido prestos a mi subconsciente a través de las distintas escuchas a este más que interesante “Black Rose”. Como digo diverso y a la vez coherente. Bien adornado, mejor producido y cuya mayor pega, para muchos, será su propia naturaleza instrumental. Al resto, buena caza.

Texto: David Naves

Entrevista: José Ángel Muñiz (Heavy Metal Brigade)

Nueva entrega de las entrevistas de Edu Meier a reconocidos fotógrafos de nuestra escena. En esta ocasión barre para casa pues el protagonista es José Ángel Muñiz, actual responsable de este webzine y que el viernes 2 de febrero realizará su primera exposición de fotos en el Teatro El Llar de Corvera en una de las actividades complementarias del primer festival Monorock.

Edu: Estamos aquí de nuevo con los fotógrafos que están presentando la exposición que se realizará coincidiendo con el estreno del festival Monorock, así que para empezar. ¿Cómo empezaste a hacer fotografía de conciertos y qué te inspiró a especializarte en este género?

José: Lo primero muchísimas gracias por tu impagable trabajo para H.M.B. y segundo por calificar de fotógrafo a este simple aprendiz. Y contestando a tu pregunta, comencé hace relativamente poco tiempo en esto de la fotografía musical, apenas 2 años. Originalmente yo era el encargado de grabar en vídeo durante los conciertos para nuestras habituales vídeo crónicas y tras la falta de Belén, encargada de la fotografía, la cámara se había quedado aparcada. Así que animado por Carlos Torío, compañero de trabajo y gran fotógrafo deportivo, y principalmente para evitar el deterioro por no usar el material de Belén me decidí a empezar a disparar alguna foto y así ilustrar las crónicas de David Naves para la web. Ahí empezaron mis primeros pasos en este mundillo, no soy un especialista, para nada, pero cuando cubres más de 100 conciertos al año pues algo de soltura vas pillando jajajaja.

Edu: ¿Cuáles son los mayores desafíos que enfrentáis al fotografiar conciertos, quitando los guardias de seguridad, y cómo los superáis?

José: Pues como bien comentaba Felipe en la anterior entrevista, los guardias de seguridad suelen estar a lo suyo y no he tenido problemas con ellos. Bueno si acaso cuando he intentado colarme en algún foso sin la debida acreditación, pero nada trágico, siempre muy educadamente me han puesto en mi sitio jajajaja. Desafíos, pues intentar sacar algo decente en las condiciones que ofrece cada recinto. Por el tipo de eventos en los que se mueve H.M.B. en ocasiones puntuales las cosas son muy complicadas, entonces pido permiso para flashear a los protagonistas.

Edu: ¿Hay algún concierto o artista en particular que haya dejado una marca en tu trabajo?

José: Pues un concierto muy especial para mí fue el de Iron Maiden en el festival alemán Wacken Open Air del pasado año. Era uno de los objetivos que teníamos Belén y yo, ir al menos una vez y lamentablemente no pudo ser. Gracias a un verdadero crack de la fotografía como Sergio Blanco y la revista This Is Rock pude acudir el agosto pasado y durante la actuación de la doncella pues afloraron muchos sentimientos y algunas lágrimas. No pude resistirme a sacar una foto de ese momento.

Respecto a los artistas, el poder compartir foso con gente tan cercana y con tanto talento para la fotografía como Sergio Blanco, Nacho Asturias, Jorge Novales, Juan Sanz, José Antonio Fernández, Jaime García… es todo un lujo para un aprendiz como yo. Repasas su obra y te das cuenta la calidad que alberga Asturias.

Edu: Hablando de la exposición. ¿Cómo seleccionaste las fotos para exhibir y cuál es el mensaje que esperáis transmitir a través de ellas?

José: La verdad que fue muy difícil elegir 12 fotografías de artistas o bandas asturianas, no por la mejor calidad técnica de las mismas si no por que los conciertos para mí son mucho más que tirar las fotos y trabajo listo. Normalmente siempre me paro con David Naves a charlar con los protagonistas, con gente asidua a los bolos o simplemente con el que tengo al lado, que ocurre, que a veces te vuelves a casa con muchas más cosas en el zurrón que lo estrictamente musical o gráfico.

Edu: Finalmente, ¿Qué consejo darías a aquellos que quisieran empezar a llevarse recuerdos en foto de los conciertos?

José: Pues hoy día que con un móvil corriente ya te puedes llevar esos recuerdos a casa si se quieren adentrar en el mundo de la fotografía en serio simplemente les diría que tengan paciencia, la práctica ayuda un montón a mejorar. Lo digo por experiencia, disfruta, busca el momento, un gesto, una situación y no desesperes, la foto tiene que gustarte a ti. Solo compites contigo mismo, y verás como progresivamente vas venciendo tus límites.

Edu: Gracias por compartir tu experiencia y conocimientos. ¡Estoy deseando ver esa exposición!

José: Muchísimas gracias a ti Edu por tu trabajo. Espero verte en el Llar y tomarnos algo a nuestra salud y la de tod@s los amantes del rock y el metal en Asturias.

Reseña: Calico Jack «Isla De la Muerte» (Rockshots Records 2023)

Nuevo trabajo de la banda milanesa CALICO JACK, cuyo nombre proviene del apodo del Capitán John Rackman, pirata inglés que surcaba los mares de las Bahamas y Cuba a principios del siglo XVIII. Fundados en 2011 por los hermanos Toto (guitarra rítmica) y Laps Caputo (batería) hacen un folk metal pirata mezclando sonidos actuales escandinavos con partes de heavy metal clásico.

El 30 de Junio vió a la luz «Isla de la Muerte«, a través del sello Rockshots Records. Grabado en Elnar Studio por Mattia Stancioiu, mezclado y masterizado por la propia banda, al igual que los créditos de las canciones. Portada a cargo de Sergey Vasnev y fotografía por Chiara Massetti.

Este nuevo trabajo de los transalpinos se abre con «Broadside Attack«, acordes clásicos de violín dan paso a un tema acelerado donde combinan a la perfección una base extrema y la melodía aportada por el violinista Dave Grassi, consiguiendo recordar a los alemanes Equilibrium.

Segundo tema y diez minutazos para el cuerpo con la homónima del disco. Riffs poderosos cercanos al thrash más old school, melodías del violín, un doble bombo protagonista y diversos cambios de ritmo tan previsibles como imprescindibles en un tema largo. Todo ello bien ejecutado, hace un corte más que escuchable y define claramente las intenciones del combo italiano.

«Bad Fortune» comienza de manera muy clásica con unos riffs muy Running Wild, para quedar un corte folk típico de las tierras vikingas, aportando unos buenos solos de guitarra y una imponente parte vocal a cargo de Gio Casini.

Continuamos con «Antigua«, cuarto corte con un inicio acústico muy bardo y sorpresa, estrofas entrelazadas en castellano e inglés durante todo el tema. En esta canción los de Milán sacan su lado más folkie y festivo, mezclando sonidos caribeños al más puro estilo Korpiklaani. Algo que también es más que notorio en el siguiente corte, «Three Cheers To The Shanty Man«, tema que hará las delicias a los amantes del género. «Marauder» acelera y endurece su base, pero manteniendo siempre ese ritmo folk, ayudado por un violín notorio que adorna de melodías a lo largo de toda la canción.

Seguimos con derroteros más oscuros, acorde a la historia narrada, «Queen Anne’s Revenge«, barco del famoso pirata Blackbeard. Canción acelerada donde nos cuenta como este barco legendario es visto con pavor y considerado casi una amenaza sobrenatural, después de todo, su capitán era considerado por sus oponentes, como un verdadero demonio en la tierra. De lo mejor del disco, tanto por su épica historia como por su ejecución musical, de ahí que haya sido uno de los adelantos del disco.

Octavo corte «Haul Away Joe«, el tema más corto del disco (3:31), y se nota. Rápido y directo, sin paliativos, donde sigue destacando la voz gutural de Gio. Y del tema más corto pasamos al más largo(15:47), «Sandokan«. Como buen tema largo, está lleno de diferentes matices, sonidos y cambios de ritmo, tan complejos en su ejecución como en su escucha. Como si del propio Steve Harris en el «Senjutsu» se tratara, comienzan con un extenso intro de violín acompañado de instrumentos árabes durante casi cuatro minutos, donde empiezan a dar caña pero mezclando un popurrí de muchas cosas. Tema arriesgado donde los haya, el cual hay que abrir la oreja más, comparado con el resto del disco. Y es que es la excepción a un trabajo notable y de fácil escucha, con todos los componentes que se esperan de un grupo de este estilo, bien ejecutados, con buen sonido e interesantes letras que te harán surcar las aguas de esta «Isla de la Muerte«.

Texto: José Miguel «Lago«