Reseña: KK’s Priest «The Sinner Rides Again» (Napalm Records 2023)

Muchas veces la música en general y el metal en particular no son más que un juego de expectativas. Las que había con el debut de KK’s Priest eran bastante altas y, debates individuales al margen, podemos concluir que el álbum nunca llegó a cumplirlas del todo. Sesenta y cuatro sobre cien tiene de nota media “Sermons Of The Sinner” en la llamada “Encyclopaedia Metallum” sin ir más lejos. Sea como fuere y ya con el veterano Les Binks fuera de la disciplina de la banda, cuyo puesto tras los parches ocupa ahora el Cage y ex-Ross The Boss Sean Elg, aquí siguen Tony Newton al bajo, A.J. Mills en guitarras, Tim “Ripper” Owens en voces y sobra decirlo K.K. Downing también en guitarras.

Con producción del propio ex-Judas Priest, “The Sinner Rides Again” ha vuelto a grabarse bajo el mismo equipo que hiciera lo propio en el anterior trabajo. A saber: el bajista Tony Newton y Anthony Wall, con la diferencia de que esta vez ha sido el Pyramaze Jacob Hansen (Anubis Gate, Xandria, Avantasia, Volbeat, Doro, Evergrey…) quien se ha encargado de mezclar primero y masterizar después las nueve pistas que contiene este segundo esfuerzo de los británicos. En la portada, más fea que el precio de los alquileres si me preguntan, repite Andy Pilkington (Flotsam and Jetsam, Tygers of Pan Tang, Fifth Angel…) para un trabajo que vio la luz a finales de septiembre a través del sello austríaco Napalm Records.

Sons Of The Sentinel”, que irrumpe solemne y poderosa, transige pronto hacia un metal vigoroso y rotundo. De revoluciones altas y donde Owens percute con sus agudos marca de la casa. El de Akron puede no epatar del modo en que lo hiciera en aquél ya lejano “Jugulator”, el tiempo pasa para todos, pero parece seguir guardando unos cuantos trucos en su particular chistera. Aún cuando suena algo forzado, que es el caso. Sorprende en cualquier caso lo frontal del estribillo y el riff tan simple, pero tan efectivo, sobre el que se apoya. El puente, que recupera para el fondo aquél deje solemne del prólogo, da obligado paso a la inevitable ración solista. Duelo éste que parece un cruce entre los ídem de “The Sentinel” y “Hellrider”. Un inicio sin grandes sorpresas ni tampoco mayores dobleces. Digno y bien dirigido. Poderoso incluso.

Strike Of The Viper”, hasta el día de hoy el corte más escueto que haya entregado la banda, deja escapar muchas buenas ideas precisamente por lo raquítico de su propia duración. Owens parece más cómodo en estos tonos más rabiosos, disfrutando como un enano mientras acomete una de las líneas de voz más perpendiculares de todo “The Sinner Rides Again”. La otra vendrá más adelante en el tema título. Hay buenas armonías aquí y allá, y entiendo que la intención era entregar la cara más rotunda de estos KK’s Priest. Pero se suceden las escuchas y siempre termina por saberme a poco.

Reap The Whirlwind” tiende un riff casi motörheadiano, permítaseme el vulgarismo, para lo que no deja de ser una pieza de metal sencilla, vivaracha, directa y al pie. Con la firme pegada del californiano Sean Elg durante estrofas y una construcción más hábil durante el reluciente despliegue solista del puente. Que no sorprenderá a quienes lleven toda una vida siguiendo los pasos del rubio guitarrista de Birmingham pero tampoco puedo decir que desagrade. Pero otro corte que palidece, aunque solo en parte, por una duración algo escueta. Son setenta y uno los años que tiene el, a día de escribirse estas líneas, todavía ex-Judas Priest, y la consigna, al menos en lo que vendría a ser la cara A del hipotético vinilo, parece clara, Al menos si uno recuerda la duración media de los cortes que integraban aquél primer álbum de 2021.

One More Shot At Glory” calma por fin las altas revoluciones por las que venía transitando “The Sinner Rides Again”. Y lo hace redirigiendo hacia un medio tiempo al que beneficia un riff pegadizo, con clase y un gancho de mil demonios, así como una producción encargada, a ratos, de otorgarle una mayor épica al conjunto. Un corte que acelera el pulso en su tronco central, acogiendo ahí unas vibraciones más asemejables al resto de cortes aquí presentes. El solo, que perderá en velocidad para ganar en melodía, reluce como pocos dentro de este tracklist. Y es que “más”, en este caso velocidad, no ha de ser siempre sinónimo de “mejor”. Owens por su parte parece más en sintonía aquí, desde luego más natural que en aquella “Sons Of The Sentinel”, lo que contribuye finalmente a componer una línea de voz a la que no le faltan ni gancho ni tampoco punch. A día de hoy una de mis favoritas de esta segunda venida de KK’s Priest.

Hymn 66” aún hará más por rebajar esas altas pulsaciones, descendiendo a territorios lindantes (que no tocantes) con el doom más primigenio y elemental. En especial durante las primeras estrofas del mismo, moviéndose así hacia un terreno apenas explorado por el guitarra de los West Midlands. El corte va y viene, propiciando buenos cambios de ritmo, bien aprovechados por Elg para tramar una línea de batería ágil hasta casi la contorsión. Y no obstante el resultado final no ha llegado a engancharme del todo. Puede que el problema resida precisamente en lo brusco de sus distintos cambios de rumbo. Cambios que alcanzan a sonar algo aleatorios. Impostados incluso. Tampoco ayuda un estribillo que, esfuerzos de Owens al margen, desbarra a la hora de buscar una mayor épica, destapando finalmente una acuciante falta de gancho. Que fuera una de las elegidas para la promoción del álbum entra para mí en lo enigmático. Lo arcano si me apuran.

Sin llegar al deslenguado descaro de Burning Witches con su World On Fire”, cierto es que las primeras estrofas del tema título “The Sinner Rides Again” siempre me recuerdan a “Judas Rising” del sacerdote. Un corte clásico del señor Downing: buena construcción, hábil juego tonal incluso y una producción hábilmente situada entre los formalismos que exige el presente y la lealtad a la que obliga el pasado. Hay algo en la línea de voz de este sexto corte que habrá de desligarlo del resto, mostrando a un Owens en tesituras más formales, si por formales entiende uno más convencionales. Todo contribuye a hacer de este otro de los cortes más distintos del tracklist, jugando en este caso a favor. Acierta, pienso, allí donde falló la anterior “Hymn 66”. Aunque como siempre digo, estoy abierto a debate.

Larguísimo prólogo el de “Keeper Of The Graves”, muy en sintonía con lo que Judas Priest vinieron a proponer en un álbum tan denostado y a la vez incomprendido como fue “Nostradamus”. Owens, otras veces tan exuberante, sobreactuado incluso, reserva para esta introducción una de las interpretaciones más subyugantes que se le recuerdan. Y todo para que luego el corte vire de forma dramática hacia un metal tan poderoso y firme como convencional y un tanto predecible. Que acierta, al menos en lo que a intenciones se refiere, porque los coros que se suceden a lo largo y ancho del corte no podrían sonar más desangelados. El epílogo, sí, recupera los sonidos del inicio y propicia la habitual construcción circular. Tan clásica. Tan efectiva. Pero siempre pienso que podría haber sido uno de los emblemas de esta segunda entrega y entre unas cosas y otras termina quedándose en tierra de nadie.

Funciona mucho mejor “Pledge Your Souls”. Quizá porque lejos de exigirse más de la cuenta, abraza un convencionalismo que a estas alturas del disco resulta, por irónico que parezca, de lo más refrescante. Todo funciona en esta receta tan sencilla como elemental, amén de que la banda parece especialmente lúcida en lo que a ejecución se refiere. Estrofas, solos, estribillos, puente. Todo está donde debe de estar y si tengo que ponerle un pero, es ese engorroso fade out final. Un corte que habría de agradar a los fans más irredentos así como entregar buenos réditos sobre las tablas.

En un universo paralelo, fue Ronnie James Dio y no Tim “Ripper” Owens quien entró en Judas Priest tras la salida de Rob Halford. En algo así pienso cada vez que alcanzo el corte final “Wash Away Your Sins”. Que el propio vocalista estadounidense integrara una banda tributo al pequeño elfo no hace sino acrecentar la idea en mi subconsciente, amén claro del propio riff que Downing propone aquí y que parece huido de algún postrero álbum del frontman nacido en Portsmouth. En definitiva un corte llamativo por lo anecdótico de su propuesta y no tanto por lo redondo de su factura, convencional y anodina pero sin las buenas hechuras de, sin ir más lejos, “Pledge Your Souls”.

La cuestión es si esto mejora no ya a “Firepower”, quizá el definitivo canto de cisne del sacerdote, sino a aquél “Sermons Of The Sinner” de 2021. Y lo cierto es que pienso que sí. Este pierde diez minutos de metraje con respecto a aquél al que sucede y KK’s Priest dan la impresión de estar ahora más concentrados, de ser más sabios. Cortes como “One More Shot At Glory” o el tema título me parecen entregas que superan tanto en escritura como en ejecución, incluso en feeling, a cualquier corte del debut. No diría lo mismo de otras como “Strike Of The Viper” o en especial “Hymn 66” pero es que nadie dijo que sacarse de la manga una obra maestra pasados los setenta fuese sencillo. En ningún caso. De todas formas quienes busquen aromas clásicos, cortes bien producidos (salvo los pequeños detalles apuntados) y un vocalista de esos que ya no quedan, bien harían en dejarse caer por esta segunda venida de la banda.

Texto: David Naves

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