Crónica: Jelusick + Nurcry + Klanghör (Oviedo 24/5/2026)

En esta casa no sabemos qué es el descanso dominical. Redacción de una crónicas, procesado de fotos, actualización de agendas… siempre hay alguna tarea pendiente. Por eso la posibilidad de alterar esa rutina y dar cumplida cuenta de la venida de Jelusick a nuestros escenarios, cayó de pie en las filas de Heavy Metal Brigade. No estaba sola la formación de origen croata. A modo de escuderos, los zamoranos Klanghör y los madrileños Nurcry pasearían sus directos por una abarrotada Gong Galaxy Club.

Como suele ocurrir en estos casos, estábamos un poco a la expectativa con los chicos de Klanghör. Su metal bebe de muchas fuentes, lo que en principio pudo despistar a más de uno, pero ya de entrada se aprecia el buen nivel técnico que poseen. El cuarteto, con el Death&Legacy Manu en guitarra y voz, hizo por tratar de meterse a la gente en el bolsillo. La que se animó a entrar, que este sigue siendo uno de los males de este negocio, pero este es tema para otro día.

Lo que toca hoy es contar que entre temas como “Cárcel de Mente” o “Tentación” fueron dejando claro que no se conforman con una única manera de entender esta música. Un heavy metal que a ratos busca la inspiración en los terrenos del progresivo, y que si bien no gozó del sonido más redondo de la noche, a veces costaba oír las voces del mencionado Manu, creo que les funcionó a los zamoranos. La banda tiene un par de Ep’s: “Ante” de 2010 y “Nunc” de 2013. Aún así deslizaron algún tema nuevo (“Terra Romanorum”) que, en caliente, me recordó a mis paisanos de Argion. En “Curia Regia” dejaron, además de las debidas presentaciones, su cara más trotona como banda. Aquella que pareció conectar en mayor medida con quienes se animaron a verles. Como digo no fue mucho el tiempo del que dispusieron. Esperamos verles pronto en mejores circunstancias.

Para cuando los chicos de Nurcry toman la sala, telón de fondo con su nombre y el Klanghör Manu haciendo doblete, hay cierto runrún en la sala. En lo que yo me preguntaba cómo una formación tan amplia se haría al escenario de la Gong. Dos voces, tres guitarras, bajo, batería… de entrada el sonido me parece que es óptimo pese al largo número de elementos presentes. “Perros del Infierno”, amén de ese metal trotón, clásico de entrada, deja una buena sección solista. La banda parecía no tener un segundo que perder. Kike Fuentes al micro comandó a los suyos, apoyado en buena medida por Eva García (Dulce Harleey Rock Band) desde un extremo del escenario. “La Enfermedad” entrega una cara más melódica de los madrileños. Kike Fuentes se desvivió por integrar al público, mientras que entre un siempre expresivo Juanjo Alcaraz (Lethargus) y el propio Manu trazaron un buen duelo solista.

El mismo Fuentes nos recordó que el de Oviedo era el fin de gira para ellos. Y la banda, detalles de Alcaraz mediante, regresó a esa cara más veloz, aguerrida incluso, con el también voz de Dramah o Epicurea aparentemente cómodo en este registro más vivo. Y me gustó cómo engranaron su cara más melódica con un cierto colmillo en “Enseñame a Sentir”, corte del primero del par de álbumes que la banda ha editado en el presente año. Les funcionó, a juzgar por cómo el público sumó palmas aquí. Después hubo tiempo para las debidas presentaciones, numerosas, en el caso que nos ocupa, y que desembocan en una “Nuclear Goodbye” que, de nuevo en un heavy metal muy vibrante, deja un buen manejo de Jasón Mark Simmons tras baterías.

Que si éramos un “público de gritar o no”, preguntó Fuentes. Que a juzgar por la reacción de los presentes, aunque fuera a la segunda intentona, se podría decir que sí. Ellos engranaron una versión más hard de su sonido, rota por el tono rasgado de Eva García tras el primer estribillo. Se notaba a una banda muy activa sobre las tablas y el que fuera voz de Nocturnia sobrellevó más bien que mal las altas temperaturas del domingo. Para el cierre fueron quedando “El Muro”, con ese inconfundible aroma al hard / heavy de los 80, y Fuentes ayudando a Mark Simmons, o “Cuestión de Rock n’ Roll”. Sin dioses ni fe, claro que sí. Se despidieron con “Latidos” dejando, diría, una más que grata impresión.

Llegaba el turno de Jelusick, la banda del vocalista croata Dino Jelusick, integrante de la verdadera aristocracia vocal de este negocio, y un privilegio, veremos si es que se repite en el futuro, el de poder gozar de su presencia a la vuelta de la esquina. En esta andadura le acompañan Ivan Keller en guitarras, Luka Brodaric al bajo y Nick Nikolaev en baterías. Una formación más que bien engrasada, quinta fecha del tour ibérico, y que dejó al público ovetense más que satisfecho ¿no? Pues veamos.

Buena entrada en la Gong. A la tarde se barruntaba la cifra de 150 entradas anticipadas. Lo cual, tratándose de un domingo, me parece bastante respetable. Todo arranca, fíjate qué curioso, con la intro de “What The Hell Is Goin’ On”, de su “Apolitical Ecstasy” de 2025. Tras ella una concisa cuenta atrás y, finalmente, la potente “Jaws of Life” para que, ya de entrada, el cuarteto se arrimase al borde del heavy metal más vibrante. Ivan Keller, amén de riffs con no poco gancho, sirvió un buen solo aquí, al que seguiría el propio Dino Jelusick con sus dedos sobre el teclado. La banda se presentó en Oviedo con una puesta en escena de lo más orgánica, con el teclado de cara a la pared en el lateral derecho del escenario. El público, huelga decirlo, conectó al instante con la banda. Y ellos nos entregaron “Power to the People” en la que sería una de las máximas del set: la alternancia entre cortes más vivarachos y otros más rocosos y groovies como éste. Y un Dino Jelusick cantando como si no llevase cinco noches, una tras otra, cantando a un nivel sobrehumano, inconcebible para el común de los mortales. Risueño a pesar de sufrir los rigores del calor, no serían pocas las veces que le veríamos echarse agua por encima. Creedme, no era para menos.

Mientras que el frontman de Požega jugaba tanto con el micrófono como con su voz, la conexión para con sus compañeros parecía total. Era, efectivamente y como nos dijo, su primera vez aquí. No sería la última, anunció. Ojalá el tiempo le dé la razón. “Healer” extrajo los mejores coros del público ovetense. Estábamos disfrutando, se podría decir. Tras este corte llegaría un solo por parte de Ivan Keller. Primero con el pie al wah, luego y desde el centro del escenario a puro tapping y finalmente en una encarnación algo más terrenal. Con “Died” sentí que el espíritu de David Coverdale, sudoroso y sensual, se colaba por los poros del vocalista croata. Su registro, tan elegante, pero es que incluso alguna que otra de las poses resultaban harto reconocibles. El chico no esconde sus influencias y hace bien. Keller volvió a poner pie sobre el pedal del wah para el solo y, en general, me pareció estar viendo a una banda en plena forma. Inasequible al desgaste.

Por aquello del calor, ironizó el ex Whitesnake con que si podrían abrir la puerta, que ya en Burgos lo pasó tirando a mal. Se arrimó luego al teclado para ir “full Stevie Wonder” e interpretar desde allí “Follow The Blind Man”. Baladón éste de los de toda la vida. Desde luego Dino no falló aquí ni tampoco Ivan Keller con otro de los solos de la noche. “Hangman” funciona como vuelta de tuerca a su faceta más rugosa. Si hasta se soltó de nuevo una melena que se había atado para el corte previo. Cantando, efectivamente, “higher and higher” como rezaba la letra. Le llegó entonces el turno de brillar en solitario a Luka Brodaric. Muy formal al comienzo, a puro slap después y finalmente con Nikolaev acercándole uno de los ventiladores. “Groove Central”, desde luego, hace honor a su nombre. Ellos dejan otra estupenda sección solista y ese horno que es ya la sala, arde en gozo con Jelusick. Sufriendo y gozando que decía aquél. Aquí Dino replicaría a Kike Fuentes, asistiendo a Nikolaev baqueta en mano.

Un Nikolaev que también dispondría de su solo correspondiente ante el público astur. Disfrutón en lo técnico, también en lo estético, y que, cosa no siempre sencilla, acertó a conectar con la gente. Un solo como una moto. Con eso y con todo, cierto es que se me hizo un poco largo de más. Y es que el reloj siempre es quien termina por imponer su ley. Así las cosas, Dino volvió a tiempo para ironizar sobre lo pequeño del backstage. Bromas al margen y bien aprovechado el descanso, pues en “What I Want” nos entregan la que es su cara más potente. Más vibrante. Keller y el propio Jelusick doblaron solos desde guitarra y teclas respectivamente, derrochando técnica y clase en comandita.

El tramo final acoge el medio tiempo “The Great Divide”, con Dino aguantando con su voz impoluta todo el esfuerzo acumulado (el del domingo más el acumulado de las citas previas) y una “Fly High Again” que dibuja uno de los riffs con más gancho de todo el set. Entremedias las obligadas presentaciones y para el cierre un groove muy marcado al que nos arrojamos sin medida. Dino vino, sudó y venció. De seguir por esta línea brillante futuro el que aguarda al de Požega, si es que aún queda algo de justicia en este negocio.

El sudor perlaba nuestras frentes y las sonrisas marcaban nuestros rostros al encenderse las luces y hacer (apresurado) balance de la jornada dominical. Fue un gusto encontrarse la sala tan repleta en un día de la semana siempre tan complicado. Lo dije antes: no todos los días tiene uno la ocasión de ver, a escasos minutos de casa, a una banda de este calibre. Fue su primera vez aquí. Que con un poco de suerte tampoco sea la última.

Por nuestra parte nada más. Mandar un saludo a las buenas gentes de Klanghör, Nurcry y Jelusick, abrazos para los habituales que nunca fallan, un agradecimiento por todas las facilidades dispuestas en favor de esta crónica y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz