La segunda edición del festival Rock The Sun tendrá lugar los días 18 y 19 de septiembre de 2026 en La Carpa del Poble Espanyol en Barcelona. De nuevo con el hard rock, el sleaze y el rock melódico por bandera contará con Eclipse y Michael Monroe como cabezas de cartel.
En la más pura tradición del evento, el Lion Rock Fest se reserva un nombre potente para abrir la tarde. Chez Kane, desde las mismas tripas de Gales, ofrece su mejor versión para un gran inicio de jornada. El escenario Mahou recibe a la única presencia femenina del cartel con los brazos abiertos. Antes, y como viene siendo habitual, Jason Cenador había ejercido de maestro de ceremonias. Y “Too Late For Love” marcó así el inicio del que, pienso, fue un buen set para la banda.
Kane mostró un buen estado de voz. Y acertó a la hora de añadir una pizca más de vacile en “All Of It”, yendo de lado a lado del escenario, interactuando con sus compañeros de tablas y buscando la inevitable conexión con la gente. El Palacio de Exposiciones y Congresos de la capital leonesa presentaba ya un buen aspecto desde primera hora, dándole así la razón a la organización. Tras la acusada melancolía de “I Just Want You” llegarían los debidos agradecimientos para que después, “Nationwide” mediante, irrumpiera la cara más vibrante. Por ahí fueron agradando con un set ágil y bien construido, lleno de buenas interpretaciones y mucha conexión con la audiencia.
Era el primer show del nuevo teclista Oscar Charlton con ellos. Y es precisamente él quien ofrece buenos coros en “Ball n’ Chain”, que dejó un cierto aroma a Bon Jovi en el ambiente. En “Better Than Us” es la propia Kane quien brilla con la que pudo ser, fácilmente, su interpretación más torrencial. Hubo tiempo para un estreno, “Reckless”, en la que la galesa se vino a calzar la (desgastada) guitarra. El público fue entrando en calor, dando palmas en una muy disfrutona “Get It On”. El final correspondió a “Powerzone”, con la banda en su encarnación más heavy. Se me hizo corto, los festivales y sus reglas, pero me parecieron un gran primer plato.
Con un seguimiento a rajatabla de los horarios, le llegaba el turno a Care Of Night. En lo que a mí respecta, la gran incógnita del día. Los suecos acudían a León prestos a encajar en una cita que les venía como anillo al dedo. Y es que su sonido se vino a desarrollar conforme a las sólidas pautas que marca el libro del género. “Love Is War” me agrada. Es un opener eficaz, colmado de riffs agradables y la conocida sabiduría nórdica en lo que a melodías se refiere.
No encuentra uno grandes sorpresas en su desempeño, lo que no quita para que Calle Schönberg, voz de la banda, se desviviera en todo momento por animar a propios y extraños. Era su primera vez en España y, desde luego, se notaron esas ganas por agradar. Incluso su bajista Niklas Svensson dejó algunos pinitos en nuestro idioma. En “Street Runner” quien brilla es su compañero Viktor Öström con uno de los solos más llamativos del set. Y, entre todos, aciertan a añadir algo más de picante a la mezcla en “Hit”.
Sea como fuere, en la segunda parte del set no logré deshacerme de la sensación de que se hacían algo planos y lineales. El repertorio, o por ser más precisos, sus canciones, tal vez carecen de ese algo que los distinga de tantas otras propuestas del género. Con eso y con todo, de justos es reconocer que la gente se enganchó en el tramo final del set, ahí donde “Cassandra” emergió como una de sus grandes bazas. Correctos, sin más.
Alrededor de las 20:30 llegaba el turno de uno de los grandes nombres de la jornada. Treinta y cinco años han tardado Steelheart en pisar este país, pero no estoy del todo seguro, ahora mismo, de si la espera mereció la pena. Y fíjate que Michael Matijevic, sesenta años en el carnet de identidad, mostró un buen estado de forma en León…
… pero arranca “Blood Pollution”, de la banda sonora del film “Rockstar”, y la guitarra de Joe Pessia se niega a sonar. Y entre parar y solucionar el percance, o seguir contra viento y marea, la banda elige la segunda opción y, por ahí, el arranque no podría resultar más desangelado. Sin alcanzar tampoco un nivel óptimo, cierto es que la cosa mejora para cuando suena “Livin’ The Life”, también de Steel Dragon, aquella banda ficticia creada para el mencionado largometraje de Stephen Herek. Para “Stand Up”, tercer corte y aún no había sonado nada de Steelheart propiamente dicho, vemos ya a un gran Matijevic, explotando sus conocidos falsetes antes del emblemático cambio de ritmo. Sensacional Pessia en el solo.
Tuvo que ser con “My Dirty Girl” que, por fin, oyéramos algo de producción propia. Aunque, quien más quien menos, hubiera aceptado de mejor grado alguna composición más clásica. Sea como fuere, muy buenos coros de Joe Pessia y el bajista James Ward aquí. No fue hasta la quinta entrega que llegara material de sus primeros álbumes. Una “Gimme Gimme” que, tuve la impresión, ganaba en grosor y pesadez con respecto al original de 1990. Una pesadez que se magnifica en “Cabernet”, donde incluso caben pequeños solos de Ward y Pessia. Estaba algo frío el Lion Rock Fest y tuvo que ser curiosamente una balada quien lo re conectara al set de los americanos. “She’s Gone”, con un gran Matijevic, puso a coro.
El vocalista de origen zagrebí se calzó entonces la acústica para “Everybody Loves Eileen”, otra de las más celebradas del set. Me atrevería a decir que de todo el festival. Muy adherida al espíritu de un evento como este y en donde consiguen la mayor interacción banda – público de todo el set. Tanto es así que tras “I’ll Never Let You Go” no son pocos los vítores que reciben. Y si bien el final con “We All Die Young”, Matijevic con sombrero ahora, nos dejó satisfechos, la sensación en términos globales fue de una cierta frialdad.
Teníamos frescos aún a los chicos de Be For You, aquél show como teloneros de Europe en Oviedo, pero aún así, en la disyuntiva entre aprovechar para otros menesteres o dar cumplida cuenta de sus evoluciones, esta casa eligió la opción correcta. Porque al final, como reza el corte con el que abren el set, “Nothing Lasts Forever”. Y es que no hay como un gran estribillo para romper el hielo. Repetían los locales, ya formaron parte de aquella primera edición de 2023 (crónica) y volvían para hacerse fuertes ante los suyos.
El siempre elegante Ángel A. Díez optó esta vez por una camiseta de los siempre recomendables metaleros estadounidenses Nevermore, y mostró un buen estado de forma en cortes como “The Lesson” o “Those Sundays Are Gone”. Un riff con un gancho de mil demonios en la primera, un medio tiempo, idiosincrático de un certamen como este la segunda, fueron construyendo un buen set para ellos. Mucho juego con el que es, ante todo, su público, que se magnifica cuando Díez introduce “Heart Turns To Stone”, original de unos tales Foreigner. En “Light” tengo la impresión de estar viendo una muy buena versión de los leoneses, con David Aira y Alfredo Arold sacando no poco brillo a sus respectivas seis cuerdas. Hay que ver cómo sonaba aquella preciosa Ibanez blanca.
La banda iba a encadenar entonces tres cortes que habrán de integrar su próximo álbum de estudio. Tres cortes llenos de buenas melodías, construidos sobre buenos riffs y donde los chicos no parecen haber traicionado sus esencias. Una vez más “The Things I Never Told You” les funcionó como cierre y, en líneas generales, me atrevería a decir que cumplieron con su papel. Atentos desde ya a ese futuro álbum de estudio.
Si se me permite el apunte personal, más de veinte años llevaba sin cruzarme con Pretty Maids (Metalmania Session), que ya está bien. Cabeza de cartel del festival y una banda que vino a ratificar su condición de figura legendaria del hard heavy europeo. Los daneses, más de cuarenta años en la carretera, llegaron a León en perfecto estado de revista.
Y supieron hacer frente a los diversos problemas que les fueron surgiendo. Pero el gigante Ronnie Atkins, plenamente recuperado ya de sus problemas de salud, no parecía dispuesto a doblar la rodilla tan fácilmente. De hecho se le ve bastante bien ya desde la inicial “Mother Of All Lies”. Junto al frontman de Vejle, Ken Hammer, guitarra de toda la vida de la banda, está derrochando tanta clase como acostumbra. La gente se subió pronto al carro. Ya para el segundo corte, “Kingmaker”, parece haber una gran conexión entre público y banda. Y ellos, desde luego, se saben todos los trucos. O cómo salir airosos de diversos percances, como el de Chris Laney con la tarima del teclado.
Que da igual, porque “Hell On High Heels”, donde desborda su cara más melódica, ejerce de perfecto ancla con la particular idiosincrasia de un festival como este. Emanaba no poco feeling de la guitarra de Hammer, Uno de esos especímenes de guitarrista que parecen todo un seguro de vida. A ese hard más almibarado enfrentarían la clásica “Back To Back”, con Laney abandonando el teclado para aportar más mordiente desde la guitarra. Buen doble papel el que ejerce el de Helsingborg, verdadero pegamento del característico sonido de los daneses. Atkins, pese a la edad y los achaques, mostró una gran cara aquí. Al punto de que la banda enlaza un tema detrás de otro, nada menos que “Red, Hot And Heavy”, y León vibra como no lo ha hecho en todo el día.
Siete años llevaban sin tocar en España, como se encargó de recordarnos el propio Atkins. Demasiado tiempo para una banda como esta y, desde luego, todo un acierto de la organización el haberse decidido por ellos. Tras el doble recuerdo a su “Pandemonium” de 2010, encararon la segunda parte del set mientras el escenario Mahou ofrecía la mejor calidad de sonido de todo el día. En esas estaba cuando, de pronto, en “Serpentine” costaba oír al propio Atkins durante las estrofas. Percance que, por suerte, no iría a mayores. Durante “Please Don’t Leave Me”, el recuerdo de Pretty Maids al tristemente fallecido John Sykes, los técnicos se afanan en cambiar uno de los toms de la batería de Allan Tschicaja. Todo sin que su interpretación se resintiera. Tablas les sobran.
Encaraban así una recta final de órdago: “Rodeo”, con la gente siguiendo el juego que propuso Atkins, frontman carismático como pocos, y que a término provocó una ovación poco menos que ensordecedora, la más tierna “Little Drops Of Heaven” y, claro, “Future World”, con Tschicaja golpeando con saña su (restituido) kit de batería y Hammer afanado en repartir un buen puñado de púas desde el escenario. Cierre con “Love Games”, y una banda que mostró un gran estado de forma. Más de cuarenta años desde aquella primera demo de 1982. Y los que les quedan.
Vuelta al escenario León para contemplar la que, a la larga, sería una de las grandes revelaciones de esta edición: los fineses Shiraz Lane. Pasada ya la medianoche, los de Vantaa parecen tenerlo todo para constituirse como uno de los grandes nombres de hard melódico presente y futuro: imagen, actitud, carisma y un buen puñado de grandes melodías. Hannes Kett, vocalista de tonos agudísimos, sale a comerse con patatas el Lion Rock Fest en “Plastic Heart”. No fue poca la gente que se quedó a verles, algo que habla muy bien de la proyección que tienen estos chicos.
En “Stone Cold Lover”, pegadiza como pocas, me sobrevuela el nombre de otros que vinieron y triunfaron aquí, los suecos H.E.A.T, que ya saben lo que es poner este festival patas arriba (crónica). Y “Broken Into Pieces” demuestra al quinteto que, desde luego, la gente había hecho bien los deberes. Ellos, en un gesto que me resultó quizá un tanto sobreactuado, se vuelven hacia la batería de Ana Willman. Lo cierto es que resultó una banda de lo más disfrutona. Sin inventar nada, componen cortes de fácil digestión, con un Hannes Kett disfrutando mientras se metía al público en el bolsillo. Precisamente atendiendo a la reacción de la audiencia, uno intuye que “Come Alive” ha venido para quedarse durante largo tiempo en sus setlists. Tremendo solo final, por cierto.
Durante “Tidal Wave”, construida sobre un riff con un gancho de mil demonios, pensaba si no fueron ellos quienes mejor sonido tuvieron en el escenario “pequeño” a lo largo del sábado. Durante la más tendida “Live A Little More” y gracias a sus tonos medios, no podía evitar pensar en lo mucho que la voz de Kett me recuerda a la de Claudio Sánchez, vocalista de un animal tan diferente a Shiraz Lane como es Coheed And Cambria. Sería el propio vocalista, introduciendo “Do You” quien preguntara si queríamos bailar. Y vaya si lo hicimos. Uno adolece del hipnótico movimiento de caderas que mostró el bajista Joel Alex, pero se hizo lo que se pudo.
Kett, móvil en mano, grabó a la audiencia. Hubo vítores para ellos. Y es que al final, “This Is What Is All About”. Y tanto que sí. Ese hit auténtico e impepinable que es “Dangerous” recompensó a quienes se quedaron. Y los que ocuparon las primeras filas, incluso pudieron tener bien cerca a Kett cuando éste descendió a la valla en la final “To The Moon & Back”. Gran show. Muy por el libro del estilo, sin traicionar una sola de sus reglas, pero con la sensación de que, como había anunciado el bueno de Jason Cenador en la introducción, se van a comer el mundo. Si pueden, no se los pierdan.
Para el final quedaban los chicos de Remedy. Con el cansancio ya haciendo algo de mella pero con la curiosidad intacta. Con un par de buenos álbumes en el zurrón, “Something That Your Eyes Won’t See” de 2022, “Pleasure Beats The Pain” de 2024, llegaban a León para procurar el mejor de los cierres. Y en lo que el vocalista Robert Van Der Zwan tarda en colgarse la guitarra, el nombre de Eclipse acude de manera inmediata a mi subconsciente. No creo que nadie pueda discutir que “Living On The Edge” es un gran opener. La banda se muestra muy activa sobre las tablas. Ahí llama la atención el pie de micro del frontman. También su querencia por irse de rodillas al suelo durante no pocos momentos del show.
De pronto, en “Sin For Me”, la banda está sonando especialmente grave. Un grosor de guitarras solo comparable a ciertos momentos de Steelheart varias horas antes. Todo se atempera cuando le llega el turno a “Sundays At Nine”, con el espíritu de David Coverdale sobrevolando por el recinto. Palabras mayores, lo sé, pero Remedy desplegaron no poca clase aquí. “I Wanna Have It All” devolvió su cara más aguerrida, confirmando lo mucho que sus canciones ganan en su traslación al directo. Algo que habla bien a las claras de lo bien empastados que llegaron a tierras leonesas. “Scream In Silence” incluso porta un aire algo más oscuro, inédito a lo largo de la jornada. El suyo es un set construido a base de contrastes, como demuestra luego “Angelina”, donde reluce su lado más radio friendly. O no, a tenor de lo que suena en radiofórmulas a día de hoy. Buen solo de Roland “Rolli” Forsman aquí, quien termina llevándose la guitarra tras la cabeza.
En “Thunder In The Dark”, pura elegancia nórdica en lo sonoro, hay bailes muy a lo Judas Priest sobre las tablas. “Crying Heart” es, sin forzar, uno de los mejores estribillos del día. Es cierto que en “Moon As The Night”, con un cierto aire a otros viejos conocidos del festival como The Night Flight Orchestra, puede que viéramos ya un poco justo de voz al bueno de Van Der Zwan. En cualquier caso me agradaron. Un hard entre la elegancia y la contundencia, una buena puesta en escena y otra formación a seguir bien de cerca.
Otra gran edición del Lion Rock Fest, que convirtió un año más a León en la indiscutible meca del hard melódico (y algo más) dentro de nuestra geografía. Siete bandas, buenos directos (con sus más y sus menos como corresponde a toda cita de estas características) y un público que, no había dudas, supo responder a la llamada de la organización. Ahora llega el momento de hacer quinielas. Y es que sí, que nadie dude que el festival volverá en 2026. ¿Con presencia asturiana en el cartel? Quién sabe.
Un placer, un año más y van tres, gozar de las facilidades que la organización dispone a un medio modesto como el nuestro en favor de esta crónica. Vaya un sincero agradecimiento para ellos. También un abrazo fuerte a la numerosa compañía de la que disfrutamos a lo largo del día. Nuestro Lion Rock Fest no sería el mismo sin vosotros. Por nuestra parte nada más. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
Apenas 10 días para la tercera edición del Lion Rock Fest es momento de repasar las actividades complementarias que tendrán lugar los días 7 y 8 de noviembre el León.
La programación arrancará el viernes 1 de noviembre tendrán lugar en el Espacio Vías a partir de las 21 horas con los conciertos de Jolly Jokery los salmantinos1945. La velada tendrá como colofón con la sesión de Jason Cenador en Studio 54 a partir de la medianoche.
La jornada del sábado 9 de noviembre arrancará con el concierto de los madrileños Wildhärda las 13:30 horas en la Sala Babylon. El punto final a la tercera entrega del festival la pondrá la habitual sesión de Rafa Basa a partir de las 2 de la madrugada en el Black Bourbon. Todas las actividades son de acceso libre hasta completar aforo.
Nacidos allá por 2009 debutaron con un EP homónimo en 2013. Cuatro temas que irrumpieron con fuerza en la escena AOR internacional. Tras firmar por AOR Heaven y lanzan su primer largo «Connected» en 2015 con excelentes críticas. Su segundo disco «Love Equals War» llegaba en el 2018 de nuevo muy bien recibido por fans y crítica. A comienzos del 2023 firman por Frontiers Music con los que editan su tercer álbum «Reconnected«, tras una gira promocional con su paso por el Sweden Rock Festival publican el concierto como álbum en directo con el que actualmente giran por todo el mundo.
El festival no abandona la apuesta por el talento estatal ya que en breves anunciará la batería de grupos que formarán parte del evento a través de las habituales actividades complementarias. Una de las bandas estará presente en el propio festival. Entrada anticipada 55€ gastos incluidos a través del siguiente enlace: https://www.ticketmaster.es/event/560113837
Apenas 130 días para la tercera edición del LION ROCK FEST. El 8 de noviembre la capital leonesa volverá a acoger el llamado paraíso del hard rock melódico en nuestro país, protagonizado este año por STEELHEART, SHIRAZ LANE, CHEZ KANE, REMEDY y PRETTY MAIDS como elenco internacional a falta de confirmación de la habitual banda nacional para completar el cartel.
La cita con el hard rock del más alto nivel tendrá lugar el 8 de noviembre de nuevo en el Palacio de Congresos y Exposiciones de León. El próximo lunes 23 de junio termina el plazo para adquirir entradas a 45 € + gastos a través de lionrockfest.comy Ticketmaster.
Tras recuperar fuerzas con una visita a la cofradía de pescadores y degustar la exquisita gastronomía local, tocaba poner rumbo de nuevo al Parque El Batel para afrontar una segunda jornada de marcado acento melódico y hard rockero. El combo serbio The Big Deal era el encargado de abrir fuego, muy apropiada la acepción si tenemos en cuenta el calor reinante en Cartagena ese sábado. Con una merma importante de público en comparación con la jornada anterior a esa misma hora, defendieron con soltura su álbum debut presentando a Ana Nikolic y Nevena Brankovic como punto focal de una formación que contó con la participación del pluriempleado Alessandro Del Vecchio al bajo.
Buen aperitivo antes de disfrutar de uno de los conciertos destacados del día, y es que la británica Chez Kane, con una imagen claramente inspirada en los años 80, se ganó muy pronto a la audiencia con su simpatía, carisma y entrega sobre el escenario. Bajo un sol de justicia una buena legión de fieles disfrutó del espectáculo ofrecido por una artista destinada a ser próxima referencia dentro del estilo melódico. Se despidió con el anuncio de su regreso a los escenarios estatales para principios del 2024.
La decepción de la jornada estaría protagonizada por la formación sueca Metalite. Muchas pistas pregrabadas que no entraban a tiempo, un sonido intermitente por momentos y una más que evidente similitud con bandas como Within Temptation o Amaranthe lastraron su actuación a pesar del empeño de la banda por agradar. Una de las sorpresas de esta entrega del Rock Imperium fueron sin duda The Night Flight Orchestra, proyecto paralelo de Björn Strid y David Andersson de la formación sueca de death metal Soilwork. En las antípodas de la banda madre, se mueven como pez en el agua por el aor, el rock progresivo incluso el pop desfilando durante su actuación por nuestra subconsciente nombres como Abba, Supertramp o Journey. Una gran puesta en escena, tanto en su vestimenta como tripulación de vuelo, la importante aportación de las azafatas a los coros y constante conexión con la audiencia, sorprendieron a un público muy receptivo a su original propuesta. H.E.A.T. salieron a escena dispuestos a no guardarse nada. Liderados por un infatigable Kenny Leckremo aguantaron las embestidas de un sol implacable sin dar tregua un tema tras otro. Arengando a los congregados en un más que correcto castellano fruto estancia en España como parte del espectáculo musical History Of Rock, Leckremo se coronó como uno de los mejores frontman del festival, corriendo, saltando o agitando su melena para disfrute de los cazadores de instantáneas apostados a pie de escenario. Sentaron sus credenciales como futura banda grande y relevo para nombres ilustres del género.
Europe repetía participación en el festival y volvieron a dejar patente la gran clase que atesoran. Una auténtica masterclass la protagonizada por la madurez de un Joey Tempest aferrado a su pie de micrófono blanco. Sabe meterse al público en el bolsillo con píldoras directas al corazón a través de imprescindibles clásicos de su discografía y para los más exigentes, con gestos y guiños hacia su gran amigo David Coverdale, impagable ese pedazo de “Here I Go Again” intercalado en “Superstitious”. Cerrar con “The Final Countdown” volvía un año después a poner a sus pies Cartagena.
Con un recinto al borde de su aforo llegaba el turno de Deep Purple, la formación más esperada del día. La primera banda confirmada en esta segunda entrega del Rock Imperium es por derecho propio referencia de la música universal y pilar sobre el que han crecido y evolucionado estilos desde hace más de 50 años. Si bien su actuación creó controversia al no acercarse a las 2 horas de duración programadas, su desempeño e interpretación convalida cualquier tara. Ian Gillan, Ian Paice, Roger Glover y Don Airey superan los setenta años y es de agradecer su envidiable estado de revista con interpretaciones aún dignas de temas tan exigentes como “Highway Star”, “Space Truckin” o “Black Night”. Maestros de maestros dejaron para el recuerdo un viaje sonoro por la trayectoria de una de las bandas más grandes de la historia.
De nuevo una banda progresiva volvía a cerrar el programa del día, en esta ocasión los suecos Soen, liderados por Martín López, otrora batería de Opeth. Llamados a ser una de las bandas estandarte del estilo, demostraron ser ya una realidad gracias a una ejecución perfecta, melódica y envolvente. Acortaron varios minutos su set cerrando la noche antes de lo que esperaban el buen número de fans que aguantaban de pie en una jornada de nuevo marcada por el calor.
Como puntos destacados en el tercer escenario dos bandas nacionales Bloodhunter y sobre todo Crisix congregaron a una más que respetable cantidad de acólitos dejando sus credenciales como futuros inquilinos de escenarios de mayor calado.