Tercera y última jornada del Z! Live 2026, que amenazaba calor sofocante y buenas descargas con nombres pesados como los de Epica, Krisiun, Soziedad Alkoholika o Tesseract.
El del sábado era un cartel de lo más heterogéneo. Todos lo son a su manera ¿no? Los metaleros de Oñati Latzen están repartiendo buena leña cuando irrumpimos por el recinto. Venía el cuarteto presentando su “Denboraren Orbainak”, que ha supuesto su vuelta tras más de 25 años, y lo hicieron con un buen número de fieles en primera fila que incluso llegó a corear alguno de los temas. La jornada empezaba con buen pie.

Los barceloneses Romanthica vendrían entonces a poner la nota gótica al cartel. Otra de las bandas que acudió a Zamora huérfana de bajista y que en su amalgama sónica dejaba rastros entre H.I.M. y Depeche Mode, todo bajo esa voz a la Carlos Escobedo de David Gohe. Puede que la suya sea una propuesta que reclamase una mayor oscuridad, y no el sol de la media tarde. En cualquier caso, y juegos con ropa íntima al margen, me resultaron agradables.

Con Dominum llegaba el turno de los no muertos. Los de Nuremberg, máscaras mortuorias mediante, supieron hacer las delicias del público más joven. Banda desenfadada donde las haya, disfrutona incluso, lo cierto es que contemplé su descarga con cierto agrado, pero siempre desde fuera. Muchas de sus melodías me dejaban un regusto al bueno de Danny Elfman, compositor de buena parte de las bandas sonoras de las pelis de Tim Burton.

Dr. Dead se mostró como un frontman de lo más voluntarioso, buscando conectar con la gente en todo momento. Venían con un disco recién editado debajo del brazo, ese “Night Is Calling” que Napalm Records ha puesto en la calle, siguiendo en lo musical la estela de los Battle Beast y compañía. Metal en su versión más lúdica. Tomándole la palabra a Lago, mi pirata compañero de andanzas, son “un grupo de festival”. Ni más ni menos. Y si no, que me expliquen esa versión del “Thriller” de Michael Jackson.

Algo que viene a contrastar con el rapidísimo death metal de los brasileños Krisiun. Los de Ijuí desatarían una tormenta de blast beats incesantes, descerrajando riffs flamígeros con toda naturalidad. Sorprende la intensidad que son capaces de desplegar y muy apreciable lo orgánico que resulta su modo de entender el metal extremo. No hay detalles de cara a la galería y tanto Alex Camargo (bajo) como Moyses Kolesne (guitarra) están todo lo graves que se esperaba. Hace tiempo ya de su último álbum de estudio, aquél “Mortem Solis” de 2022, pero a bordo del Copper Stage no cupieron excusas.

Desde que arramplan con “Kings Of Killing”, estamos ante lo mejor de cuanto el death metal brasileño tiene para ofrecer. En ese caos sin medida, Moyses Kolesne dejó solos de toda clase. A veces caóticos a lo Slayer, otras veloces a lo Angelcorpse, y junto con sus compañeros saciaron a todo aquél ávido de sensaciones fuertes. Que tras todo un set de aporrear parches sin descanso, Max Kolesne aún tuviese tiempo de entregarse a un igualmente intenso solo de batería, creo que habla muy bien de él. De la forma en que arribó en Zamora. Indómitos.

Después del death metal de los brasileños Krisiun le iba a llegar el turno a los djent progresivos (o viceversa) Tesseract. Los británicos resultaron una de las bandas más esperadas de la última jornada, a tenor de cuanta gente se reunió en torno al Silver Stage. Desde la cuidada escenografía hasta esa voz de mil registros de Daniel Tompkins, funcionaron con la precisión que se esperaba de ellos.

A ratos más atmosféricos, al otro hundidos de pleno en las procelosas aguas del metalcore, la suya estaba siendo una descarga de lo más precisa y contundente. Nosotros aprovechamos para hacer una visita rápida al merch, huérfano de nuestra curiosidad en el par de jornadas previas. Para cuando regresamos al recinto están casando clase y músculo con mano maestra, convenciendo a propios y extraños.

Soziedad Alkoholika no necesitan presentaciones. Los vitorianos llegaron a Zamora con todo su compromiso intacto, prestos a dar una lección de thrashcore intenso y flamígero, literalmente hablando. Ya avisaba Juan que “rezar no nos iba salvar”. Y tenía razón.

Él y su voz puede que hayan perdido algo de gravedad con el paso de los años. Pero lo que es su banda, sigue igual de encabronada que siempre. Y están tocando a un volumen verdaderamente alto a su paso por el Copper Stage. Llamaradas y riffs directos a nuestras yugulares. Una jornada más, no iban a hacer prisioneros. “Colapso Final”, y en especial el verso “El mundo es una bomba apunto de estallar…” llevan resonando en mi cabeza desde el sábado. Es de una violencia que viene a contrastar con el punch más groove de “Palomas y Buitres”, uno de sus temas insignia. Otro tanto “Cienzia Asesina” y la ya clásica introducción de Juan con la armónica.

El set es, por momentos, todo un desfile de clásicos. “Ratas”, “Piedra Contra Tijera”, “Peces mutantes”… y aunque siempre haya alguien que te amargue la existencia, qué bueno ver que siguen tan ingobernables como siempre. Dando toda su mala leche en “Motxalo” y sin dejarse nada dentro en “Nos Vimos En Berlín”. El tema vio la luz allá por 1990 y la situación no ha cambiado ni un ápice. Perra vida.

Epica llegaban a Zamora con la mosca detrás de la oreja de muchos zlivers. La suya en el festival era una presencia motivada por la caída de Twisted Sister y el cambio, a mil millas en lo musical, enfadó a más de un poseedor de ticket. Pero como cronistas de la verdad que somos, lo cierto es que me atrevería a decir que el suyo fue uno de los shows no solo del sábado sino del evento en su totalidad.

Ya de entrada cuentan con una potente puesta en escena, con la gran plataforma para teclista (Coen Jansen) y batería (Ariën Van Weesenbeek), amén de su electrónico correspondiente. Todo arranca desde esa intro que da pie a “Cross The Divide”, de su más reciente “Aspiral” de 2025, y que sería, a la postre, uno de los pocos cortes sencillos de todo el set. Porque quien piense que esta es una banda de singles sencillos a la Battle Beast, desde luego no conoce bien a Mark Jansen. Él está dejando buenas voces graves en la clásica “Sensorium”. Y me gustó que los pies de micro ocuparan el escenario cuando fueran únicamente necesarios. Todo revierte así en una escenografía cuidada al milímetro, que va desde la explosión de confeti inicial al uso de todo tipo de fuegos pirotécnicos.

Al frente está una Simone Simons tan segura como siempre, pero que maneja ahora muchos más registros que en aquél otro encuentro con la banda allá por 2008. Imprescindibles las teclas de Coen, si bien a veces los coros disparados restaban cierta organicidad al conjunto. Ellos acertaron a conmutar su cara más power con la más amable. Composiciones largas, en varios momentos, que ya digo hablan muy bien de Mark como compositor. Su hermano bajaba a veces al piso, teclado de mano mediante, y se mezclaba con los Isaac Delahaye (guitarra) y Rob Van Der Loo (bajo). Una banda que se muestra muy activa sobre las tablas. Y aunque todo resulte, a ratos, pensado hasta el último detalle, la sensación es la de estar ante una banda realmente grande.

“Apparition” pueden ser los Epica más pesados y oscuros, mientras que en “Storm The Sorrow” Zamora la emprende a palmas. La propia Simone se aupaba a veces a la parte central de la tarima, compartiendo espacio con Coen y Ariën. Gran voz la suya y doblete de guturales el que ofrecieron Mark e Isaac aquí. Es cierto que “Never Enough” puede pecar de facilona. Pero pienso que luego “Arcana” está dando la verdadera medida de una banda como esta. Por no hablar del modo en que la emoción desborda durante una sentida rendición de “Tides Of Time”. Sensacional Simone aquí.

Pero es a lomos del estribillo quasi perfecto de “The Grand Saga Of Existence – A New Age Dawns Part IX” que la banda está componiendo otro de mis momentos favoritos de esta edición. Por el gran sonido que fueron capaces de desarrollar pero también por el modo en que enganchó con la gente. Me atrevería a decir que uno de los momentos de mayor comunión banda / público de todo el fin de semana. Tanto o más cuando enlazan con la más clásica “Cry For The Moon”, que llegó tras un pequeño speech de la propia Simone, y que me retrotrajo a aquél show en Bergara. Como pasa el tiempo. Al igual que pensara durante el bolo de H.E.A.T, están llamados a coger el testigo de las grandes bandas del pasado y liderar festivales allá donde vayan. Si lo hacen sin traicionar sus esencias, no podré ser más feliz.

Así las cosas, la papeleta para la buena gente de Brothers Of Metal no se la deseo ni al peor de mis enemigos. Pero, un poco como Dominum unas horas antes, los de Malung (Suecia) supieron tirar de una propuesta divertida y eficaz imbricada en su power metal a dos voces, las de Ylva Eriksson y Joakim Lindbäck. Entre melodías épicas, ciertos riffs de aire muy pirata (cómo no pensar en Running Wild) y alguna melodía a la Blind Guardian colmaron a los más fiesteros.

Imaginería muy nórdica y que deriva incluso en su puesta en escena, resultaron otra de esas bandas que parecen haber nacido con el directo como principio y final. El público del Z! Live, que les acompañó en buen número, así pareció entenderlo. Y entre esas líricas de mitología nórdica y un power más vivaracho que contundente, supieron continuar la fiesta hasta la llegada de Lèpoka.

Los folk metaleros de Castellón de la Plana serían los encargados de cerrar la presente edición del Z! Live. Y lo iban a hacer como corresponde: por todo lo alto. Un par de grandes barriles de cerveza adornan la escena. Y ellos, enfundados en su siempre lúdica manera de entender esta música, pondrían a botar a quienes aún retenían fuerzas tras las tres jornadas de calor, arena y sudor.

“Seguimos En Pie”, después de todo. Puede que, como dijo el propio Dani Nogués, muchos les consideren “la disco móvil del metal”. Pero cuando, a pesar de lo nutrido de su line up, están gozando de un sonido claro y contundente, a quién le importa tal o cual consideración. Es, como tantos otros nombres de esta crónica, una banda para el directo. Y en él, en el entusiasmo que despliegan ante la audiencia, está su gran baza. Una estupenda elección como cierre a la presente edición, si me preguntan.

Edición de la que, en líneas generales, hemos salido más que satisfechos. Son muchas horas y hay momentos en los que el cansancio pesa. Y lo hace por encima de otras muchas consideraciones. Pero en honor a la verdad hay que decir que el cumplimiento de los horarios fue exquisito durante los tres días. Que el calor acompañó en casi idéntica medida al buen sonido (salvo momentos puntuales) del que gozaron todas las bandas del cartel y que, una vez más, la convivencia entre nuestra parte (los medios) y la contratante (la organización) tuvo en la figura de Iuri Carlos al perfecto enlace.
Siempre habrá detalles por mejorar. Como la decisión de situar al merch (digamos) no oficial fuera del recinto y no en su interior, como sin ir más lejos, estaba situado en la edición de 2025. Habrá razones para tal movimiento. Pero mentiría si no dijera (o directamente omitiese) que el gesto generó no pocas quejas. Reel viral inclusive.
Por nuestra parte nada más. Mandar un abrazo grande a José Miguel “Lago” de Piratas de Libertalia por las muchas horas aguantando mi cuestionable sentido del humor, un saludo a las muchas y diversas caras conocidas que saludamos (o no) a lo largo de los tres días y un agradecimiento final a la organización por confiar en este humilde medio un año más. Que todo se dé bien y nos volvamos a ver las caras dentro de doce meses. De momento, ya saben: nos vemos en el siguiente.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz