El guitarrista neerlandés Adrian Vandenberg reconocido tras su paso por Whitesnake, Manic Eden y proyectos propios como Vandenberg y Vandenberg’s Moonkings recalará en nuestros escenarios inmerso en la gira «My Whitesnake Years» en la que ofrecerá 7 conciertos, incluida parada en Asturias, basados en los grandes éxitos de su etapa en la formación liderada por David Coverdale.
La fecha asturiana que inaugurará el tour tendrá lugar el viernes 31 de octubre en la gijonesa Sala Acapulco. Acompañado por Mats Levén (Candlemass, At Vance, Malmsteen…) a la voz, Joey de Boer como batería, Sem Christoffel al bajo y Len Van De Laak a los teclados. Ofrecerá un show en el que además tendrá cabida la presentación de su última obra de estudio «Sin» publicada en agosto del 2023 y temas de su extenso ciclo como solista.
Unas fechas imperdibles con epicentro en las pistas exteriores del Polideportivo Pedro Llera Losada de Luarca, rodeados de un precioso entorno natural. A 10 minutos a pie de la playa con el aliciente además de acampada gratuita y acceso libre a los menores de 12 años. Abonos y entradas disponibles a través del siguiente enlace: https://luarcametaldays.com/paginas/entradas.html
El trio japonés Guitar Wolfrecalará en el ovetense Gong Galaxy Club el viernes 27 de junio inmersos en la gira estatal que les llevará a Barcelona, Madrid, A Coruña, León y Santander.
Reconocidos por su enérgico directo, la formación liderada por el guitarrista y cantante Seiji junto a Toru a la batería y U.G. al bajo ha labrado en su extensa trayectoria una propuesta musical que auna punk, rock y garage.
Tercera y definitiva jornada del décimo Z!LiveRock Fest con la participación de Opensight, Ankhara, Dynazty, Rhapsody Of Fire, Gotthard, Lita Ford, Sepultura, Dark Funeral y Nanowar Of Steel. Un último envite con un leve descenso de la temperatura y en este sentido, el más apacible de todo el festival.
Opensight iban a ser los encargados de iniciar los fastos de la jornada sabatina. Se definen como “cinematic metal”, vienen del Reino Unido y representaron una de las ofertas más curiosas del día. Porque de entrada llaman la atención los atuendos que visten. También lo tendido, a veces elegante, de su propuesta. Un rock / metal alternativo a veces tranquilo, que llamó la atención de un buen puñado de zlivers. Algunos incluso venidos desde allende los mares para verles. Curiosos.
Pero qué duda cabe que los gallegos Ankhara parecieron suscitar un mayor interés entre el público. Si además echan mano de un repertorio eminentemente clásico, como fue el caso, todo parece indicar que supieron entender su lugar dentro del cartel. Vimos muy animado a Pacho Brea, incombustible voz del quinteto. También a un Alberto Marín cuya frugalidad gestual contrastó con la mayor quietud de Cecilio. Entre ambos traman buenos riffs y solos ya desde la inicial “3:40” pero bajo un sonido no del todo óptimo en el Copper Stage.
Un sonido que se iría aclarando casi a la vez que la propia garganta de Pacho Brea. Un set por tanto de menos a más, donde no olvidaron clásicos como “Demasiado Tarde” o “Un Paso Más”. Siempre dentro de su habitual heavy metal de corte clásico y recibiendo no poco calor por parte del público. De manera más que notoria, de hecho, cuando llegó el turno de uno de sus cortes insignia, ese “No Mires Atrás” que les ayudó a establecerse como nombre a tener en cuenta a finales del pasado siglo. Pese a pequeños problemas, Alberto Marín rompería una cuerda de su guitarra, buen arreón de nostalgia a plena tarde.
Le llegaba el turno entonces al combo sueco Dynazty. La banda, liderada en voces por el AmarantheNils Molin, acudía a Zamora en defensa de su último largo “Game Of Faces” y las expectativas estaban por las nubes. Ellos se adhieren a esa nueva onda de metal pegadizo y facilón que tantos y tan buenos réditos otorga a bandas como Battle Beast o su derivada Beast In Black.
El sonido que consiguieron fue bueno y el estado de forma de Molin aún mejor. La inicial “Game Of Faces”, del mencionado nuevo álbum, ya deja a las claras que estamos ante una banda muy segura de sí misma. También que esta es otra de esas formaciones que no parece dejar nada al azar. Todo cuanto acontece sobre las tablas resulta pensado al milímetro y, por tanto, un tanto mecánico a ratos, lo que no quita para que el público del Z!Live se divirtiera con ellos. Sea como fuere, “Natural Born Killer” parece añadir algo más de enjundia al quinteto.
Amén de un amplio repaso por toda su discografía, hubo espacio para un pequeño solo de batería. También para descargar la no poco pegadiza (pegajosa incluso) “Heartless Madness”. Es cierto que el juego con el público que Molin llevó a cabo al final del set se nos hizo más largo de la cuenta. Pero con eso y con todo Dynazty parecen una banda destinada a dar muchas alegrías. Ver veremos que decía aquél.
Unos que tocaron la gloria ya desde el inicio de su carrera fueron Rhapsody Of Fire, justo antes de que la formación clásica saltara por los aires al punto de que el teclista Alex Staropoli sea ya el único remanente de esa época dorada.
Los italianos irrumpieron por Zamora con el aura de aquellos primeros álbumes merodeando por el Copper Stage. Sensación que se consolida toda vez arremeten con “Unholy Warcry” para gozo de sus más acérrimos. Que los había y en buen número. El set, no obstante, iba a obedecer en mayor medida a cortes más cercanos en el tiempo. Véase un “Rain Of Fury” de aquél “The Eighth Mountain” de 2019. Giacomo Voli, siempre risueño, ejerció como perfecto maestro de ceremonias. La sombra de Fabio Lione es alargada, pero el de Correggio mostró un registro que le viene como anillo al dedo a la formación transalpina.
Servidor, qué sorpresa, les disfrutó más en los momentos más trotones. También cuando el público se animó con ellos en cortes como “I’ll Be Your Hero” o Voli nos puso a saltar en la más veterana “The March Of The Swordmaster”. Es cierto que las voces pregrabadas en “Challenge The Wind” restan cierta organicidad al set. Nunca ha sido esta la banda más natural del panorama europeo de todas formas. Pero cuando atruena todo un Christopher Lee para “The Magic Of The Wizard’s Dream” no queda otra que transigir. Y mientras que en “Chains Of Destiny” demuestran que aún pueden ser una de las mejores bandas de power metal si se lo proponen, quien más quien menos se preparaba para una (no por esperada menos divertida) dupla final compuesta por, cómo no, “Dawn Of Victory” y “Emeral Sword”. Buques insignia de los italianos y también vehículo para el lucimiento de un muy seguro Roberto De Michelia las seis cuerdas.
El inevitable “gloria, gloria perpetua” que gritamos en la primera, el modo en que Zamora coreó la segunda, incluso el pequeño wall of death que Voli propuso aquí, quedarán para siempre en nuestro subconsciente. Aún cuando me divertí con ellos, sí que es verdad que eché en falta algún corte más de sus primeros álbumes. Nunca llueve a gusto de todos.
Turno entonces para el siempre elegante hard rock de los suizos de Lugano, Gotthard. Otros que venían defendiendo nuevo álbum, un notable “Stereo Crush” con el que, de hecho, da inicio la descarga.
“AI & I” es un buen arranque para ellos. Nic Maeder, la sombra de todo un Steve Lee nunca será pequeña, parece cada vez más mimetizado con la banda. Son casi tres lustros los que lleva al comando de la banda y en Zamora mostró un estado de voz realmente envidiable. “Thunder & Lightning”, que puede ser una de las composiciones más redondas del mencionado nuevo álbum, no faltó en el set. Tampoco el recuerdo al fenomenal “LipService” de la mano de “All We Are”. Ni siquiera su habitual versión del “Hush” de Joe South e inmortalizada por Deep Purple. Un arranque de set que puso nuestras expectativas por las nubes.
Y no quiero decir que aburrieran de ahí al final. No fue el caso. Pero sí tuve la impresión de que el set pasó por ciertas lagunas en las que el público del Z!Live pareció reaccionar solo a ratos. Sea como fuere, la clase y el inmenso carisma que derrochan, puede con todo. Nadie va a descubrir al gran Leo Leoni (guitarra) a estas alturas del cuento y mucho menos yo. “Mountain Mama”, café para los muy cafeteros, nos retrotrae treinta años en el tiempo. Pura nostalgia en forma de hard rock.
No desfallecía Maeder en el tramo final mientras el sonido en el Silver Stage era el de las grandes ocasiones. Para cuando llega el ineludible final con “Lift U Up” hemos visto una muy buena versión de Gotthard en cuanto a técnica y feeling. En su línea siempre elegante y distinguida, que no es poco.
De vuelta al Copper Stage, la legendaria Lita Ford no lo iba a tener tan fácil. De entrada porque el sonido al comienzo del set está muy lejos de ser el óptimo. Tal es así que, por un instante, llegué a pensar que habría paradinha y reinicio. No fue el caso y, finalmente, la nacida en Londres tiró para adelante al tiempo que los técnicos se afanaban en reconducir la situación.
Toda vez el sonido alcanza un cierto equilibrio, lo cierto es que vemos a una gran Ford. Sesenta y seis años contemplan a la nacionalizada estadounidense, que mostró en Zamora un rock orgánico y lleno de actitud. Con todo un Bobby Rock en baterías (como se encargó de recordarnos más de una vez), la versión de Elton John “The Bitch Is Back” llegó precedida por la pregunta de Lita sobre cuantas “bitches” había en el recinto. Fue uno de los puntos álgidos pero mentiría si dijera que no fue un setlist algo extraño. Alguna balada que fue recibida con una cierta frialdad en Zamora. Los solos, como el que arrancó el propio Rock, y al que siguieron los propios de Patrick Kennison (guitarra) y Marten Andersson (bajo), quizá se alargaron más de lo que me gustaría. Máxime teniendo en cuenta cómo de ajustado es el tema de los horarios en los festivales.
Pero cuando ella reconduce con nada menos que “Cherry Bomb” (The Runaways), los zlivers vibran en consecuencia. Se descubre entonces a la mejor Lita Ford. Diría que también el tramo más sólido del set con esa revisión del “Black Leather” de los Sex Pistols. Lita, con una llamativa guitarra de doble mástil ahora, pidió que alumbráramos con nuestros móviles e introdujo entonces “Close My Eyes Forever”, aquél dueto de 1988 con un tal Ozzy Osbourne, para finalmente echar el cierre con “Kiss Me Deadly”. Aquí y entre ella y Kennison dejaron uno de los duelos solistas más llamativos de todo este Z!Live. Una descarga con ciertos problemas de inicio, a ratos falta de ritmo pero cerrada con una gran dosis de clase.
El cabeza de cartel de la última jornada, los brasileños Sepultura, no padecerían los mismos problemas de vuelta en el Silver Stage. No solo eso sino que aparecerían por Zamora en un estado de forma tal que cuesta creer que este vaya a ser, de verdad, su último baile.
El arranque con “Beneath The Remains”, desde luego, despeja cualquier posible duda. Atrás, el jovencísimo Greyson Nekrutman (que había cumplido los justo 23 el día antes) comandó con mano firme al cuarteto. Delante, Derrick Green emergía pletórico tanto vocal como físicamente. No habíamos alcanzado el segundo tema del setlist (“Inner Self”) y la gente ya coreaba al combo brasileño. Tal es el cariño que esta tierra les profesa y la furia con la que irrumpieron en el Silver Stage. Pero quedaba aún mucha cera que repartir. Ellos procuraron un repaso lo más extenso posible a su discografía y un Andreas Kisser, por el que parecen no pasar los años, cercenó riffs y solos con precisión de veterano pero ímpetu de colegial. Brilla Nekrutman a las baquetas en la clásica “Desperate Cry” mientras todo Z!Live corea tan lacónico estribillo.
Pero como digo este set iba a hacer un exhaustivo repaso por (casi) toda su trayectoria. Da fe de ello esa “Phantom Self” que vino a destapar su cara más groove y pesada. Algo que afianza una “Attitude” que pone a dar palmas al festival. En este punto, “Means To An End”, del interesante “Quadra” de 2020, quizá pase algo inadvertida. Todo lo contrario que “Kairos”, del álbum homónimo, con un más que esforzado Derrick Green. A su lado, siempre discreto, el bajista Paulo Xisto cimentaba su leyenda de tipo tranquilo y afable. A estas alturas del show, casi me atrevería a decir que el suyo fue el mejor sonido de todas cuantas bandas pasaron por Zamora a lo largo de las tres jornadas. “Propaganda”, por desgracia, sigue tan vigente o más que cuando apareciera en el polémico “Chaos A.D.” allá por 1993.
Kisser tomó entonces el micro para, en perfecto castellano, mandar los debidos agradecimientos primero, enfrentar la clásica, añeja y furibunda “Escape To The Void” después. Dar cera, pulir cera. Sin hacer prisioneros y con Nekrutman volando a los parches. Es increíble tal grado de vitalidad pero sobre todo de entrega en una banda que está como digo a fechas de rubricar su epitafio. Como también lo es el gordor que emana del escenario en los cortes más graves y pesados. “Choke”, con un Green que mantenía alto el pistón, puede ser el mejor de los ejemplos. Así las cosas, “Kaiowas” mediante, la banda se tomaría un pequeño respiro. Y se rodearía de varios invitados. En lejanía pudimos distinguir entre otros a Alberto Marín y Redd Reddington de Opensight aporreando baquetas arriba del escenario.
En lo personal y con “Dead Embryonic Cells” iba a llegar otro de mis momentos favoritos del set en particular y del festival en general. Su breakdown se magnificó en la traslación al directo. Ver a centenares de cabezas agitarse al son que marcaba Kisser con su guitarra fue realmente toda una experiencia. A ellos aún les quedaba cera por dar. Incluso cupo el recuerdo a Lemmy Kilmister que procuró su conocida revisión del “Orgasmatron”. El clásico de Motörhead fue la primera piedra de un tramo final realmente avasallador: “Troops Of Doom”, “Territory”, “Refuse / Resist” (con todo el Z!Live brincando) y nada menos que la brutal “Arise”. Que Nekrutman aquí aún tuviera tiempo de un pequeño solo de batería creo habla y bien de cómo de cargadas tenía las pilas a su paso por Zamora. Un solo que precedió a “Ratamahatta” y esta, a su vez, al obligado final con “Roots Bloody Roots”, donde más de uno se desgañitó hasta las últimas consecuencias. Imparables. De largo uno de los shows más sólidos y potentes de todo el fin de semana. Sepultura do Brasil, porra!
Del thrash mestizo de Sepultura al black metal de Dark Funeral, el cartel iba a dar un giro poco menos que dramático. Como dramática es esa puesta en escena entre fondos y telones. Ellos emergen enfundados en sus habituales armaduras y corpse paint, en un horario mucho más propicio que en mi anterior encuentro con ellos (¡hace veinte años!) en el que algún desalmado decidió colocarles a plena tarde y bajo un sol de justicia. Con una quietud muy llamativa, aparecen en escena y pronto desenfundan su libro de estilo “Unchain My Soul”. Y sin que la cosa deviniese en catastrófica, sí que noté una cierta falta de pegada en su sonido.
Sepultura y el Silver Stage nos malacostumbraron durante cien minutos y al Copper le costó aguantar el ritmo. Especialmente sensible fue toda vez la banda redujo hacia ritmos más a medio gas en “My Funeral”. A Heljarmadr, que desde 2014 pone voz a los suecos, se mostró como un frontman activo y sin mayor tacha. Incluso se atrevió a lanzar un “amigos y amigas” a los muchos zlivers que aún aguantaban el tirón. Después de la pequeña interacción llegó “Nosferatu” y, con ella, la versión más nerviosa y furibunda del combo nórdico.
Tras el cansancio acumulado de los tres días, este fue un show no apto para pusilánimes. Una espinita que tenía ganas de sacarme después de tanto tiempo y una banda que confirmó su estatus ya casi legendario pese a los problemas. Que no pasen otras dos décadas hasta la siguiente.
Qué mejor cierre para un festival como este que los siempre afables y dicharacheros Nanowar Of Steel. Otra de esas formaciones que generan tantas filias como fobias pero que despidió el décimo Z!Live como mejor sabe: montando la madre de todas las bacanales (sonoras).
Nosotros nos retiramos. No teníamos cuerpo para más pero sí una buena tirada por carretera hasta nuestro lugar de descanso. Con eso y con todo fueron tres grandes jornadas con el hard rock y el metal como protagonistas. Un montón de nuevos recuerdos en la memoria, nuevas amistades, mejores momentos y todo bajo una climatología que, al fin, supo y quiso respetar al Z!Live.
Y fue grande porque la organización puso de su parte para que así fuera. La puntualidad de los horarios. El buen sonido del que, en líneas generales y salvo pequeñas excepciones, disfrutaron las bandas presentes. El festival crece pero parece hacerlo con los pies en el suelo. Por ahí que no quiera olvidarme de agradecer a Iuri Carlos, contacto entre organización y medios, su infatigable labor durante los tres días. Trato exquisito y cercano. Así da gusto trabajar, si es que a lo que hacemos desde Heavy Metal Brigade se le puede llamar trabajo.
Del mismo modo, sería torpe por mi parte dejarme a Lago (Piratas De Liberalia). La compañía y las confidencias también hacen festival. Finalmente, enviar un saludo también a las muchas caras conocidas con las que nos cruzamos del jueves al sábado y tocar madera para que, si todo acontece como esperamos, estar ocupado dentro de un año con la crónica de 2026. Nos vemos en Zamora.
La larga disputa legal por los derechos del nombre de Alcatrazz con su ex vocalista Graham Bonnet ha llegado a su fin. La Junta de Apelaciones y Juicios de Marcas de los Estados Unidos ha fallado a favor de los miembros fundadores originales de la banda, Jimmy Waldo y Gary Shea cerrando definitivamente el pleito con Graham Bonnet. Finalmente solo tendrá cabida una sola banda bajo el nombre de Alcatrazz.
La banda y Bonnet estaban enfrascados en esta disputa legal desde 2021. Durante el pleito se reveló el consumo excesivo de alcohol de Graham y el uso habitual de playback en las actuaciones en vivo afirmando una notable afectación a la marca y reputación de la banda. Tras dejar atrás este negro episodio las 2 partes parecen firmar la paz deseando lo mejor para cada uno. La banda formada actualmente por Giles Lavery a la voz, Joe Stump como guitarra, Jimmy Waldo a los teclados, Gary Shea al bajo y Mark Benquechea en baterías continúa su andadura con la reedición a través de Bravewords Records del álbum «Island In The Sun (Re-Opened 2025)» y la publicación del primer sencillo promocional:
En los meses de noviembre y diciembre se enfrascarán en una extensa gira europea junto a Girlschool y David Reeceque en estos momentos carece de fechas en España.
El próximo jueves 19 y el viernes 20 de junio el avilesino Santa Cecilia y la ovetense Sala TribecaLive serán el epicentro de los dos conciertos con los que se rendirá merecido homenaje al histórico locutor y periodista musical Alberto Toyos, fallecido el pasado 12 de abril.
Dos docenas de bandas y más de treinta músicos protagonizarán las 2 jornadas que contarán con acceso libre hasta completar aforo. Stormy Mondays, José Manuel Tejedor, Alexandra In Grey, AC Soul, Pico & Kike Lusquiños, Tete Bonilla, Toni «Marvel» Bustamante, Luis Núñez, Javi Savoy, Boby Pronorte, Felipe Del Campo, Rafa Laviada y Carlos Martagón se pasarán por el escenario avilesino. El viernes en Oviedo actuarán Jorge Martínez (Ilegales) , Los Berrones, Alberto & García, Vaudí, The Electric Buffalo, Muñeco Vudú, Los Ruidos, El Bueno, El Feo y El Malo, Johnny Penicilina y Los Frixuelos Eléctricos, Alto Volto, Luís Dada y La M de Matilde.
La celebración de los 35 años del icónico «Painkiller» de Judas Priest recalará en el Bilbao Arena el próximo lunes 30 de junio. Una fecha exclusiva dentro la la gira «Shield Of Pain» como único concierto en solitario de la banda en nuestros escenarios.
De la mano de Route Resurrection y Get In la leyenda británica con más de 50 años de trayectoria estará acompañada por Phil Campbell And The Bastard Sons, banda liderada por el otrora guitarra de Motörhead y sus hijos. La fecha inmersa en la segunda parte de su gira europea tras el periplo americano ofrecerá novedades en el repertorio como la inclusión de los temas «Solar Angels» , «The Serpent And The King» y «Giants In The Sky» que hace tiempo no formaban parte del setlist como nuevo aliciente para acudir a la cita con los de Birmingham. Entradas aún disponibles a través del siguiente enlace:
Se hacen llamar Ethiva, vienen de Asturias y son Javi Lorenzo en guitarras, Camil Cinnamon en voces, Ramón Fernández en baterías e Iván Muñoz al bajo. La música de este “Beaten Track” que hoy nos presentan vino al mundo los OVNI Estudio con Sergio Díaz (Firu) a los mandos, mientras que las voces serían registradas por Sergio Rodríguez, quien se encargó igualmente de mezcla y master, en los Tutu Estudios. El arte de la portada recayó en el Ossobüko Studio y todo el conjunto sería editado por Clostridium Records el pasado 13 de mayo.
El prólogo de “Rolling Freeze” pone de relieve a los Ethiva más entusiastas. Y, desde ahí, construye un ida y vuelta entre ese mayor vigor y una tensión más apaciguada y psicodélica. El trabajo en cuanto a mezcla y producción es excelente, algo que se deja notar aún con auriculares y cuando esta reseña se está realizando a través del propio bandcamp de la banda y no sobre una copia física del álbum. Todo llegará. Camil traza estrofas precisas, bien apoyadas en su registro hábil y juguetón. Luego hay ecos floydianos en los solos de guitarra y siempre un bajo en constante movimiento, trazando siempre líneas interesantes y pegadizas. Un corte extenso, por apenas un segundo el que más de entre los seis, y que ya da muestras de por dónde van los tiros en esta nueva obra de los asturianos.
Camil Cinnamon comanda tras el micrófono una “Cut The Top” que sirvió como anticipo de este “Beaten Track”. Aquí las guitarras recorren contornos más ligeros, envueltos siempre en esa bruma casi onírica que propician las afinaciones por un lado, la propia producción por el otro. Me agrada cómo se conducen a lo largo de las estrofas. Cómo todo desemboca en inteligentes escorzos técnicos. Estos van medidos con suma precisión. Engrasados con el propio tono de la composición, dispuestos en favor de ésta y no del ego de cada cual. Me gusta la pesadez más alucinada del puente central, así como el solo que desarrolla Javi Lorenzo. A caballo siempre entre el prog y la psicodelia, Camil Cinnamon mediante, la banda deriva entonces hacia su vertiente más amable y soñadora. Ecos de la Grace Slick de Jefferson Airplane antes del epílogo. Algo que considero es siempre buena señal. Para el cierre queda esa encarnación más ruidosa y directa. Con un gancho de mil demonios, por cierto. Estupenda, y fíjate que en primeras escuchas me parecía algo enrevesada de más. Ahora y en cambio, no puedo dejar de escucharla. Cuestión de darle a las cosas la importancia y el tiempo que realmente merecen.
“Run Far Away” parece acogerse a esa vertiente más ruidosa y vivaracha. Ramón Fernández está trazando una cuidadísima línea de batería en estos primeros compases. Para cuando irrumpen las primeras estrofas y regresa la calma, Kayo Dot (y alguno que otro de los proyectos de Toby Driver) no tardan en acudir a mi subconsciente. Es un corte más comprimido en cuanto a tiempo. Algo que se deja notar en una construcción que, aún con sus idas y venidas, resulta un tanto menos ambiciosa en comparación con sus compañeras de disco. Pero Camil Cinnamon está fantástica al micro. Derrochando por igual rango y carisma. Pese al mordisco en cuanto a duración no pienso que caiga en saco roto. Al contrario.
De una belleza profunda y arrebatada, el tranquilo prólogo de “Mountain Claim” es todo lo que está bien. Ethiva lo rompen en bloque para que, un poco a trompicones, Camil Cinnamon vuelva a ejercer de maestra de ceremonias. Su registro se dobla con la guitarra de Javi Lorenzo y, por pura colisión, surge uno de mis momentos favoritos de todo el largo. De guitarras reverberantes en el solo primero, y de tonos más misteriosos después, la composición va atravesando recodos y contornos siempre llamativos y atractivos. Y es que Ethiva vuelven a otra de esas escrituras diversas por retorcidas, que confluyen ahora en un tronco central descosido y ruidoso. Y no quisiera decir que todo el largo epílogo podría caber bajo el paraguas del rock experimental, pero ciertamente se deja sentir un leve aire a jam improvisada que le sienta como anillo al dedo. El juego entre Cinnamon y Lorenzo aquí es, sin pensarlo mucho, otro de mis (varios) momentos favoritos de este “Beaten Track”.
“Red Lights” propone ya de entrada un prólogo atrevido y lleno de personalidad. En él, Cinnamon está desarrollando notas realmente altas. Los riffs que entrega después Lorenzo pueden no resultar tan atrevidos, pero vienen apoyados por una base rítmica tan desatada como concisa, por contradictorio que ésto pueda sonar. Brilla Iván Muñoz al bajo en el brío pero también en la calma. Que la hay. Otra escritura en montaña rusa, plagada de cambios de ritmo y donde el juego entre las distintas intensidades que proponen nunca suena artificial o deslabazado. Muchas líneas confluyen aquí. Y, sin embargo, la mezcla no se resiente ni lo más mínimo. Prueba una vez más del cuidado con el que la banda y técnicos han tratado a estas canciones. Estupendo ese epílogo y los tonos, de nuevo altísimos, que Cinnamon imprime en ese tramo final. Estupenda.
Libre y de nuevo entusiasta Lorenzo durante el prólogo de esta “Summertime”. Aquí surgen unos Ethiva un tanto más bailables y pegadizos. Siempre sin perder la conexión con su habitual rock psicodélico pero aportando una pizca más de personalidad a este corte final. Hay cambios de ritmo que me recuerdan a ciertos momentos de King Crimson. También a los ahora desaparecidos Acid Mess, quizá la banda de la región con la que más puntos tengan en común. Largos solos de guitarra primero y una Cinnamon erigida en total protagonista después. La mezcla introduce luego un curioso juego entre canales, desplazando la voz a izquierda y la guitarra a derecha, integrando la base rítmica con toda precisión y procurando todo el espacio posible al buen desarrollo técnico de los asturianos. Oníricos y elegantes. Un cierre de disco de una marcada espacialidad, a caballo entre lo alucinatorio y lo improvisado, para un curioso y personal abroche final.
No es el tipo de música que más acostumbramos a tratar por aquí y, sin embargo, qué agradable sorpresa la vuelta de Ethiva. Rock psicodélico de primero orden, acompañado de una voz llena de fuerza y carisma, unos trazos cuidados con todo cariño y unas producción y mezcla a la altura de cualquier banda foránea. Que es lo que tiene fundir dos de los mejores estudios de la región en un solo álbum. El resultado salta al oído. Un disco más que adecuado para sobrellevar los rigores del verano en ciernes. De esos que, reza el tópico, ganan una barbaridad con las escuchas, cocinado en el punto justo entre la ambición y la elegancia. Sin sobresalir del género ni romper fronteras pero mimado cada detalle hasta las últimas consecuencias. Agradable y estupenda sorpresa.