Año y medio después tocaba regresar al avilesino Palacio de Santa Santa Cecilia y catar por primera vez en vivo los temas que forman «Panzer«, el segundo trabajo de estudio de los hard rockeros Secta.
Con los deberes al día, el disco estaba disponible en Spotify desde la medianoche y había sido mi banda sonora del día, pude comprobar que tras los 2 adelantos «Dulce Dinamita» y «Panzer» el disco continúa prácticamente la senda marcada por su predecesor, es decir, buscarle las cosquillas al hard rock de acento Young, con pequeños guiños al blues rock y la escuela nórdica. No tardando, la labor de desglosarlo en condiciones llegará del puño del compañero David Naves, mientras tanto vamos a meternos de lleno en lo acontecido en el Santa Cecilia. Muy buen ambiente, prácticamente llena la sala y mucha cara conocida entre el público, con saludos a Fer Espina, Luismi Rose, Fon Fernández, Txenry y Fernando Casas a bote pronto. Al igual que en la presentación de «Nada Nos Va A Parar» a los mandos de la nave se encontraba Miguel Herrero, dando así por asegurado el buen sonido que disfrutaría la velada.
Puede sorprender que para arrancar el concierto la formación se decida por «C’Mon» y «Todo o Nada» incluidas en la nueva obra y no por la propia «Panzer» como en anteriores conciertos. No pareció importar en absoluto a un público muy dispuesto desde los primeros compases del show. Secta sabe como conectar con los suyos, dosificando inteligentemente la presentación completa del nuevo álbum con temas de su ópera prima. Así dejaban caer «Dame Tu Miel» o «Plan B» para subir la temperatura de la coqueta sala y dejar patente que el quinteto se encuentra en perfecto estado de revista para encarar su próximo paso por Madrid.
Juan Pablo Cotera bordando el papel de Malcom, desgranando unas rítmicas de las que no puedes huir y aportando junto a Pelayo Vázquez y Pablo Pravia unos coros marca de la casa, ceden el protagonismo a la dupla Michael Arthur Long / Ger Gilsanz. El también voceras de Drunken Buddha volvió a demostrar que habrá vocalistas más técnicos pero no más entregados a la tarea y carismáticos. No quedaría barra del bar, tarima, escenario ni espacio aéreo sin su presencia. Muy activo en todo momento, sorpresivamente durante varias fases del concierto elevó el tono vocal con agudos que aportaron un plus de agresividad a su interpretación.
«La Casa Del Blues«, posiblemente mi favorita del nuevo trabajo, marcaba el ecuador y nos permite tomar aire junto a «No Quiero Llorar«, dos temas diferenciales en el acervo de la banda y que son recibidos con la misma pasión que desprende Gilsanz aferrado a su inseparable Gibson SG. El también Winchester dejaría para el tramo final de la presentación una memorable escena arrastrado por un Michael desatado. Es solo rock n’ roll pero nos gusta, vaya como nos gusta.
«Herrero«, «Panzer» y «Dulce Dinamita» pese a pertenecer a la nueva obra no son extrañas al oído si has seguido a la banda en los conciertos de Mieres, Oviedo y citas anteriores en Avilés. Y si bien eche en falta un himno como «No Se Acaba El Show«, hay que admitir que cerraron por todo lo alto con «Nada Nos va A Parar«, dejando a la parroquia satisfecha y la sensación de que el tiempo había pasado demasiado rápido. La sonrisas y el buen aspecto del puesto de «merchan» daban fe que la jornada había sido propicia. Como siempre agradecer a la banda y responsables de la sala las facilidades para realizar esta crónica y mandar nuestros mejores deseos al quinteto en la que creemos es la primera salida de Secta fuera de la región. Mientras llega el próximo sarao, larga vida al rock n’ roll.
Nueva cita en la Lata de Zinc de la capital asturiana en un fin de semana repleto otra vez de una cargadísima oferta musical. Esta vez la cita sería con el metal industrial de Killus, banda referente del género dentro del panorama estatal, que viene celebrando sus 25 años al pie del cañón y presentando su fantástico «Grøtesk» de la que dimos en su momento buena cuenta por estos lares (reseña).
A esta cita no acudían solos, les acompañaba la banda barcelonesa Astray Valley, que le tocó vivir el lado ingrato de que se solapen dos eventos el mismo día y hora en menos de cien metros de distancia. Una hora más tarde de lo anunciado saltaron al escenario ante poco más de 10 personas, con la peculiaridad de encontrarse Sonia Anubis, líder y guitarrista de Cobra Spell, cámara en mano inmortalizando a los catalanes. Eso no fue óbice para demostrar su buen hacer presentando temas de su último trabajo «Midnight Sun«, publicado a finales de 2023.
Iniciaron con «Darkest Times» dejando ya claro que lo suyo es un metal moderno con matices, apoyado por la versatilidad de su vocalista Clau Violette, que entremezcla potentes guturales con partes más melódicas sumado a una enérgica actitud que hace que por momentos el escenario de la Lata se le quede pequeño. Y es que los de Barcelona se muestran como un grupo muy compacto y con mucha calidad, a pesar de las circunstancias y de que para esta ocasión vinieron sin bajista.
Nos ofrecieron su lado más metalcore con cortes como «Northlights» y «Hollow» de su primer disco «Unneth«, por lo que no es extraño que este próximo verano estén presentes en festivales como el Resu o Rock Imperium. Nota aparte, también estarán presentes en el lavianés Karma Fest, donde esperamos tengan una audiencia mayor que en esta jornada y los que ya los hemos conocido volver a disfrutar de cortes como «Pray For The Devil» y de la gran dupla de guitarras a cargo de Joan Vena y Adriá Funerailles intercambiando solos con grandes armonías. Todo ello escoltado por Unai Splinters tras una contundente batería dieron los pertinentes agradecimientos para despedirse con «Negra Noche«, tema con letra en inglés y castellano dejando muy buenas sensaciones de banda de futuro.
Pasados unos minutos de las once turno para Killus, telón de fondo, un imponente set de batería de Anhell Stixx y sus atrezos habituales para iniciar su descarga con la misma trilogía con la que comienza su último gran trabajo, «Grøtesk». Intro, la homónima, «Man-Made Tragedy» y «H.E.L.L.» custodiados por un gran sonido y una buena puesta en escena. Derrochando energía y actitud provocadora e incluso por momentos irreverente por parte de Premutoxx al bajo, llegando a perder los papeles con quien menos culpa tiene, el pie de micro. En este momento el ambiente estuvo bastante mejor, al menos en número, fueron pocos los que decidieron sumarse tras terminar el bolo paralelo.
Situaciones así no son fáciles de sobrellevar, pero los de Vila-real hicieron derroche de energía. Ruk y Premutoxx intercambiando posiciones a cada rato e interactuando con el personal presente fueron repasando sus 25 años de carrera, con temas como «Nemesis«, «Ascending Deeds» o «El Pendulo«, de los pocos temas cantados en castellano por un brillante Javi Saggitar en la tarea vocal, sobresaliente.
Hubo momento para bajar un poco las revoluciones con uno de sus hits, «Paralyzed» y encarar la recta final de su poderosa y corta actuación, culminada con su cover de ABBA, «Gimme! Gimme! Gimme!» sin olvidarse antes de agradecer a los presentes, a los que hicieron posible que aquello no fuera un solar, Susana Crespo, algo tuvo que ver en ello. A su ingeniero de sonido, un 10 para él, y a los responsables de la Lata de Zinc por permitir que empezara más tarde el concierto.
No fue una noche fácil, sinsabores del negocio como dirían algunos, pero lo que quedó claro que vimos unos Astray Valley con un gran futuro y unos Killus consagrados con uno de los mejores directos de la escena estatal. Solo espero volver a verlos pronto y en mejores condiciones. Dar mi agradecimiento a Clau Violette y Javi Saggitar por su amabilidad al termino del concierto. Nos vemos en el siguiente.
Expectación máxima, y fíjate que no era el único bolo de la noche, para la presentación de “Venom”, segundo disco (reseña) de los metaleros con base en Puerto de Vega, Aneuma. Acompañados de los también asturianos Where The Waves Are Born, con quienes casualidades de la vida, ya compartieran escenario en la presentación de “Climax” allá por octubre de 2022 (crónica). Con una Gong llena de gente de un amplio rango de edades, cuánto nos gusta que sea así, la jornada vino a darse más o menos como sigue.
Where The Waves Are Born aunque practican un género que, a ratos, me resulta un tanto ajeno, manías que uno trata de cambiar, lo cierto es que son una banda importante dentro del actual circuito asturiano. Por lo cuidado de su propuesta pero, muy especialmente, por cómo ésta ha arraigado entre la gente más joven, arrancándola de las garras del «mass media» con su, por otro lado, llamativa mezcolanza de hardcore, metal y buenas melodías.
Hay un sonido algo embarullado toda vez el sexteto (dos guitarras, dos voces y base rítmica) acomete una “Everchanger” donde lo único que transmiten es una bola indescifrable de golpes y acordes. Por suerte, para ellos y nosotros, todo recondujo a un lugar óptimo de forma ágil y breve. De resultas de ello, quizá, que hubiera mucho más movimiento arriba que abajo del escenario. Luigi López a la voz limpia, Guille Rodríguez con el registro grave, no cejaron en el empeño de meterse a la audiencia en el bolsillo. Una audiencia que encajó de buena gana cortes como la pequeña “Coward”, del Ep de 2023 “Sundered”.
Pero si hay alguien que capta mi atención ese es Victor Barrero, a cargo de buena parte de los solos con que adornan y revisten sus temas. Fino además a la hora de crear buenos riffs y con buen gusto para apoyar la cara más melódica de la nutrida formación astur. Y nos gustó que Luigi López se acordara de quienes votaron por uno de sus temas de cara a la última ceremonia de los Premios AMAS. Era el turno, claro, de “Burden”, una de las mejor recibidas de la jornada, y que inundó de humo al sexteto al tiempo que mostró la cara más abiertamente atmosférica de la banda.
Como debe de su actuación y más allá del barullo del arranque, alguna pausa entre cortes se nos hizo un tanto extensa. Pero en el haber lo bien que funcionan a través de cortes como “Scandinavian” o aquella “Fake Self” de su Ep de 2019 “Engraved”. Fue en este tramo final cuando el propio López no quiso dejar el escenario del Gong Galaxy Club sin mandar sendos agradecimientos a Aneuma, a Isaac Prieto, el mago tras los controles sonoros de nuestra querida sala asturiana y ya por último al otro Guille, Menéndez, batería de la formación que acudió a la cita aquejado de una fuerte fiebre.
Quedaban “dos para el final, son cañeras, queremos ver movimiento” avisó Rodríguez, y la gente terminó por conectar con ellos. Lo dicho, puede que su propuesta resulte hasta cierto punto algo perpendicular a mis propios gustos, pero el sábado desde luego trabajaron y convencieron.
Eran justo las diez cuando llegó el turno de comprobar qué tal suenan los nuevos temas de Aneuma sobre las tablas de un escenario. La banda, mucho ha llovido desde aquél “Climax” de hace un par de años, se ha hartado de recoger premios, aquí y fuera, creciendo de manera exponencial en el proceso, y generando una expectación tal que es capaz de poblar una sala como la Gong haciendo como hacen metal extremo, si bien aquí caben ciertos matices.
Termina la introducción y doble bombo mediante, Jorge Rodríguez comanda una “Your Doom” que viene a poner en alerta a todos los presentes. El sonido ya desde los primeros instantes no puede ser más nítido. Tampoco más potente. Y si bien desde uno de los lados del escenario costaba oír con claridad los solos de Borja, el ímpetu de Laura arrastró tras de sí a los presentes. La frontwoman de Aneuma es a día de hoy un animal escénico que se come las tablas con una fuerza y un carisma arrolladores.
Y es que era la noche marcada a fuego en el calendario para darlo todo. Y lo dieron. “Fall Apart” o “Castaway Of Chance” nos recordaron a los mejores momentos del debut. La forma tan hábil en la que hibridan metal clásico con buenos detalles técnicos y el roto registro de Laura convierten la sala en un auténtico hervidero. La mayor pesadez de “Guide Them To The Light” amplifica la pegada del bajo de Pau y de repente todo encaja con la leyenda que muestra su camiseta: “Al Cisneros (OM, Sleep, Shrinebuilder…) is my cult leader”. Pero si hay un corte de nuevo cuño que me agrada en esta primera parte del set ese es “Never Again”, con unos brillantes Abel y Borja a las seis cuerdas.
Se produciría entonces un pequeño impás. La banda, a excepción hecha de su batería Jorge Rodríguez, abandona el escenario y éste lleva adelante un pequeño solo de batería. Y, cabe decirlo, a buena parte de la audiencia le costó entrar en su juego. Para cuando lo hace y ya con el quinteto de vuelta a las tablas, cambio de imagen en Laura mediante, atacan el que fuera adelanto de “Venom” y afrontan la parte central del set. Pequeños circle pit e incluso algo de crowd surfing vinieron a poner de relieve que la gente se lo estaba pasando en grande. Tal es así que Laura no quiso perder la oportunidad y, virtudes del inalámbrico, se dio un buen paseo entre la gente mientras los dos Suárez seguían con su el derroche de clase sobre las tablas.
“Quiero ver a todo el mundo saltando” exige la vocalista como introducción a “Break Out From Hell” aunque es curiosamente “Ashes Of Your Fears” la que pone a saltar a la Gong con su apuesta por el heavy metal de corte más clásico. Conforme ha ido pasando el tiempo otra de mis favoritas de su primer disco. En lo concerniente a “Chain Reaction”, ya cuando escribí la obligatoria reseña comenté que se trataba de uno de los temas con más gancho del tracklist y pienso ahora que su encarnación en vivo vino un poco a darme la razón. Sigo en mis trece de que si ha de haber segundo videoclip del álbum, esta tiene todas las de ganar.
Otra del nuevo álbum que parece haber caído de pie en su traslación al directo es “Circles Of Fire” y el aire más cercano al hard que emana de su riff principal pero que suma a Borja en coros y entrega a Laura en su encarnación más decididamente agria y rotunda. Un contraste que funcionó y de qué forma el pasado sábado. Como viene siendo habitual no perdieron ocasión de introducir un par de versiones en esta parte final. Pero me agradó que, entre ellas, colaran una “Stand Tall” que en este epílogo tiene mucho de autoreivindicación. Obligados agradecimientos mediante, cerrarían con su ya habitual revisión del “Evil Dead” para regocijo de todo fan de Chuck Schuldiner pero fastidio del sufrido kit de batería de Jorge. Como cierre nada más que el deseo de que todos los shows en defensa de “Venom” se den así de bien.
Porque siguen creciendo. Su segundo trabajo, pienso, mejora al primero y sobre las tablas la línea parece ser igualmente ascendente. No cabe otra que alegrarse. Pronósticos de cara al futuro no me gusta hacer pero ahora mismo una banda de lo más disfrutable.
Por nuestra parte nada más que agradecer a la organización del evento por todas las facilidades dispuestas de cara a la realización de esta crónica, mandar un cariñoso saludo a la amplia legión de habituales y el deseo firme de que nos veamos en el siguiente.
La extensa agenda del sábado también cuenta con cita en el Gong Galaxy Club. En esta ocasión por la omnipresente sala ovetense pasarán Teksuo, los alternativos granadinos Inyourface y los catalanes The Bering.
Los asturianos continúan así con la presentación de nuevas composiciones tras su política en los últimos tiempos de lanzamiento de varios sencillos en plataformas digitales al año. Por su parte Inyourface estrenará en Asturias su nuevo EP «Seasons» editado en el inicio del 2024. Con una marcada temática conservacionista y ecologista que se refleja tanto en letras como en música, los andaluces se manejan como pez en el agua por el hardcore, el metal y los sonidos electrónicos. The Bering también llegan con novedades en el zurrón en forma de EP. «What Could Be The Trut?» publicado el pasado año. Entrada anticipada 9€ a través del siguiente enlace: https://www.wegow.com/es/conciertos/teksuo-inyourface-the-bering
Resulta cuanto menos llamativo y en lo que a servidor concierne la manera en que hemos asumido como normal los llenos en la Factoría ya venga una banda de hard rock, de blues o, como era el caso, de stoner. Aunque fuera con matices. Y es que la música de los suecos Greenleaf va mucho más allá del riff grueso y la lírica alucinada. Venían Sebastian Olsson (batería), Hans Fröhlich (bajo), Arvid Hällagård (voz) y Tommi Holappa (guitarras) a las puertas de un nuevo trabajo discográfico y parece que nadie quiso perderse la cita.
Y pese al «sold out«, lo cierto es que nos temimos lo peor al llegar y ver la furgoneta de la banda camino del taller. La vieja FordTransit había dicho basta y en nuestro primer paseo por la Factoría pudimos oír cómo los suecos probaban sonido a una hora en la que ya debería estar todo atado y bien atado que diría aquél. Así las cosas y para cuando comienza la fiesta pasan ya diez minutos sobre el horario marcado por la promotora del evento. Da igual. La banda sale a pleno pulmón con “Trails And Passes” y del sonido, al menos en la parte central frente al escenario, no cabe mayor queja.
La química que desbordan no podría ser más contagiosa. De puertas para adentro uno nunca llega a conocer las verdaderas dinámicas detrás de cada banda pero lo cierto es que el jueves en Avilés y a pesar del evidente infortunio con el transporte, se mostraron enérgicos, risueños y muy agradecidos para con un público, como siempre en la Factoría, fiel y muy por la labor.
Holappa desborda carisma de manera casi torrencial. Y riffea como el mismo demonio, no para quieto ni un segundo y, en la medida en que los temas se lo permiten, pasa el concierto buscando la conexión para con el público que tiene frente a él. “Sweet Is The Sound” resultó incluso pegadiza, con un Sebastian Olsson dejándose la piel y no pocas gotas de sudor en cada golpe. Pero qué duda cabe es Hällagård quien acapara buena parte de los focos y las atenciones del respetable. Mostró al mismo tiempo un gran estado vocal y una amplia ración de delays y efectos varios desde su pedalera. Y si bien no fue el frontman más comunicativo que hemos visto últimamente, no creo que nadie tenga hoy mayor queja sobre su desempeño en tierras asturianas.
La noche siguió con la más vibrante “Ocean Deep” y poco a poco fuimos siendo testigos de los muchos registros que dominan. Mucha clase la que mostró Holappa aquí, un guitarra que desde luego supo meterse a los suyos en el bolsillo con sus arengas, sus riffs y, por qué no decirlo, también sus bailoteos. Sería aquí cuando por fin Hällagård se permitiera un pequeño descanso y aprovechara para ponernos al tanto del percance que sufrieron con la furgo. Desde luego ha tenido que ser un palo pero es algo que revierte quizá en la potencia que desarrolla el cuarteto durante “Our Mother Ash”, uno de los cortes más enérgicos, potentes y adrenalíticos de todo el set, con un Olsson desbocado sobre el kit de batería.
En cierto modo sería un pequeño punto de inflexión en el set. Porque para cuando le llega el turno a la más tranquila “Bury Me My Son” y la banda se permite una pequeña jam en su parte final, Greenleaf transcienden a horizontes nuevos y hasta ahora desconocidos. Se está perdiendo un poco esto de las improvisaciones y por ahí que uno agradezca la que deslizaron el jueves. Por timorata que esta fuera. “On Wings Of Gold” puso de relieve la pegada y también la cintura de Olsson tras los parches, en especial toda vez el corte alcanza ese final ardiente y descosido. Rompió varias baquetas en el transcurso del set y, viéndole, nos extrañó lo más mínimo.
Aquí aprovechó Hällagård para referirse precisamente al gusto de su batería por el coleccionismo y los reptiles como curiosa y llamativa introducción a, claro, “The Drum”, de aquél “Trails & Passes” pronto a cumplir diez años. Una discografía que se verá pronto aumentada con una nueva obra de estudio de la cual vinieron a presentar su más reciente single, una “Breathe, Breathe Out” que en directo vino a sonar desde luego mucho más intensa y rotunda que en su versión en estudio. Y pese al poco tiempo que lleva el single entre nosotros, lo cierto es que se produjo uno de los momentos de mayor comunión entre banda y público de toda la velada. Si aún no habéis echado un vistazo a su simpático videoclip desde luego estáis tardando.
Hablando de videoclips, otro que viene a hablar de la peculiar idiosincrasia de la banda nórdica es el de una “Good Ol’ Goat” de la que no quisieron olvidarse y que nos introduciría de lleno en la parte final del set. Con “Bound To Be Machines” y la fuerza inusitada con la que atacan Greenleaf más de uno se pensó que ya estaba todo el pescado vendido. Máxime cuando respondemos a los coros demandados por el afable Hällagård desde las tablas. Y es que ¿Cuántas veces habéis visto corear un tema en un concierto de stoner rock? “Gracias, perfecto” exclamaría el vocalista. Fue sin duda alguna otro de los momentos cumbre de la noche.
Una noche a la que sin embargo aún le quedaba alguna que otra bala en la recámara. En “Tides” serían las palmas y no las voces las protagonistas, que terminarían por conducir a una final “Let It Out” donde, desde luego, la banda se vació hasta las últimas consecuencias, firmando un final de set realmente vibrante y por todo lo alto. Ovación cerrada, algunos vítores y la absoluta certeza de haber presenciado otro de los grandes shows del presente año.
O no. Porque es tal el clamor del público avilesino que, pasados unos instantes, Greenleaf regresan al escenario y, ahora en formato trío, despliegan otra pequeña jam que plantó sonrisas, elevó puños al aire y provocó exclamaciones de asombro entre buena parte del respetable. Volvería finalmente Hällagård para ya al completo redondear la velada con “Going Down”, original si mis datos son correctos, de The Alabama State Troupers, y cerrar, ahora sí de forma definitiva, una de las grandes citas de este 2024.
Hay que estar muy agradecidos a FactoríaSound su apuesta por bandas que, de otra manera, difícilmente pisarían por territorio astur. También a ese público fiel que responde con un lleno tras otro así vengan Siena Root desde Suecia o The Electric Buffalo desde Oviedo. Un placer siempre para nosotros el dejarnos caer por allí y contároslo después aquí con el mayor lujo de detalles posible. Agradecer por tanto y una vez más a la organización todas las facilidades dispuestas así como mandar un afectuoso saludo a los habituales de siempre. Nos vemos en el siguiente.
La formación galesa nacida en el año 2015 tras el fallecimiento de Lemmy Kilmister presentará en Gijón su último trabajo de estudio hasta el momento «Kings Of The Asylum«, publicado a través de Nuclear Blast en septiembre del pasado 2023.
Primera parada del Demonic Tour que vino a juntar en la Sala Acapulco al tributo a GhostRitual junto con las huestes de Elizabeltz en una intempestiva, lluviosa y en definitiva horrible tarde de sábado. Una fecha, además, algo extraña. Nunca sabe uno a qué atenerse en la dichosa semana santa, y si bien el jueves había salido cara, nos temíamos que la cita sabatina pudiera sufrir su peculiar vía crucis en lo que a venta de entradas se refiere. Finalmente no fue el caso y si bien ha habido shows allí con audiencias mucho mayores, tampoco se puede decir que estuviéramos en familia.
Porque lo cierto es que vimos unas cuantas caras nuevas, mucha gente joven, ávida de disfrutar de la cara más teatral de este gran invento que es el rock and roll. Son alrededor de las siete y media cuando “Anarkangela y los señores de la plaga roja” hacen suyo el remozado escenario gijonés. Batería a un extremo y en el centro lugar para un gran crucifijo del que cuelga un pequeño sintetizador. Ropajes raídos y velos ocultando sus caras. El propio Anarkangela, maquillado y de punta en negro, carga con una corona de espinas en su cabeza. Es su escenografía y uno casi pudo sentir el asombro de quienes, en las primeras filas, no conocían aún al combo vasco. Nosotros sí. Aquella jornada en el Kuivi PopUp de 2022 junto a Totengott (crónica).
Y aunque uno iba ya sobre aviso, no puede más que volver a sorprenderse por su puesta en escena y su conexión con la gente, aún a pesar de la infranqueable barrera que supone el enfrentar todo un setlist en euskera fuera de las lindes de su tierra natal. Aquí es donde sale a relucir la buena presencia de la banda, algo que va más allá de la mera imagen, y es que aparentan ser músicos de gran clase. Como queda claro ya desde los primeros cortes como “Levitico 15” que, además, van a gozar de gran sonido, todo parece ir sobre ruedas.
La versatilidad para saltar entre registros de Anarkangela, los buenos riffs que desglosaron o el mayor empaque técnico de “H Arra”, de aquél Ep homónimo de 2019, terminan por decantar la balanza en su favor con esos pulsos más grandilocuentes del epílogo. El inicio tenebroso de “Bele Beltz Baten Kanta” y su marcado desarrollo ambivalente amplifica la teatralidad del conjunto.
En “Mantra Berri” Anarkangela abandona el escenario de forma repentina y, quien más quien menos, no sabe qué está pasando. Y lo que sucede finalmente es que el frontman aparece por una de las salidas de emergencia de la Acapulco calzado sobre aquellos zancos con los que sorprendiera a propios y extraños en el Kuivi de hace un par de años. Pudimos ver aquí, además de la versatilidad del resto de miembros de la banda al micro o también que se habían traído a alguno de los suyos desde su tierra, quienes micrófono mediante, no dudaron en cantar tan pegadizo estribillo.
Fue el punto álgido del show. Y si bien en la parte final quizá no fueran capaces de concitar tales niveles de atención, qué duda cabe que sigue albergando temas de gran calidad. Uno es ese “Gabriel Ala Deabrua?” que ya captó en gran medida mi atención cuando escuché el álbum (y escribí la correspondiente reseña)
Instalados ya en el tramo final del show se atrevieron a dejar un tema de aires tranquilos como es “Kurtzio Udazkenean”, también de último álbum que desde luego deberíais escuchar. Demostraron tener cintura aquí y, desde luego, saber construir un set lo suficientemente heterogéneo para que no sea sólo la imagen y la puesta en escena aquello que capture la atención, también la emoción, de quien religiosamente ha pagado su entrada. Por cierto, el detalle que la banda tuvo al final con para con su líder, quien sufrió la pérdida de su abuelo hace escasas fechas, denotó el gran compañerismo y humanidad de los chicos. Vaya para él desde aquí nuestro más sincero abrazo.
Faltan pocos minutos para la nueve cuando suena “Masked Ball”, aquél tema de Jocelyn Pook que adornaba una de las escenas centrales de “Eyes Wide Shut”, la engañosa, oscura y terriblemente infravalorada última película del maestro Stanley Kubrick. Sobre las tablas toda la escenografía de la que no pudimos gozar en nuestro último encuentro con ellos, aquél en el Spooky Fest de 2022 junto a Sandford Music Factory y Green Desert Water (crónica).
La banda, con aquellos mismos ropajes y en formato sexteto, se mimetizó con los Ghost más primigenios para un setlist que vino a ensalzar en gran medida los primeros álbumes de la banda radicada en Linköping. Así pues, “Per Aspera Ad Inferi” es la que rompe finalmente el hielo. Y nos congraciamos con ellos más allá de todas las reservas que nos producen las bandas tributo en parte por el buen sonido que despliegan ya desde los primeros acordes pero también por la cantidad de gente joven que se agolpa en las primeras filas. Es el cuento de siempre. Mucho se critica el proyecto de Tobias Forge desde muy distintos ámbitos y, a la vez, no poca es la gente de corta edad que está cayendo bajo su influjo. Los mismos que se quejan de la falta de relevo bramando contra quienes lo propician. La pescadilla sigue mordiéndose la cola. Hay cosas que no terminaré nunca de entender.
Pero ya digo que la gente se lo pasó en grande. Y desde luego vino con los deberes hechos. Porque “Con Clavi Con Dio”, de su álbum debut, es coreada a voz en grito por una audiencia, cabe decirlo también, de casi todas las edades. Como lo son las de los propios Ghost, baste ver cualquiera de sus muchos vídeos en directo. Disfruté en gran medida de “Prime Mover” en esta parte inicial del show pero muy especialmente de un corte tan juguetón como “From The Pinnacle To The Pit” de aquél “Meliora” de 2015, gran punto de inflexión en la trayectoria de los suecos.
Se puede argüir que Ritual tienen olvidado (aún) el último álbum de la banda, un “Impera” que el pasado once de marzo cumplió los dos años de edad. Pero cuando atacan un corte como “Secular Haze”, a nadie parece importarle. “I am Papa, you are not” le responde el frontman de la banda a alguien del público, imbuido también del peculiar humor del propio Forge. “Cirice” y “Zenith” propician quizá el momento de mayor parecido entre la voz de éste y la de aquél al que replica. Algo que destaca igualmente del tributo es la batería en que se apoya. Intensidad y fuerza a la par que respeto por el original en un cuidadísimo ejercicio de equilibrio. Cumpliendo expectativas, desde luego.
Quien destaca sin embargo en “Absolution” es el dúo de guitarras, que descuelga una serie de twin guitars que para sí quisieran muchos, aunque en honor a la verdad es “Elizabeth” la que termina por ganarse el favor del público, muy enchufado ya en esta parte final del set. Y no, nuestro particular Papa, siempre hierático y ceremonial, no ejecuta los mismos pasos de baile que el original en “Rats”, pero nadie puede poner en duda la forma en que cantamos, voz en grito, su facilón estribillo. Por contra, sí que reconoció que “la siguiente” era “una que nos habéis pedido mucho”, que resultó ser no otra que “Mary On A Cross” de aquella edición limitada del “Prequelle”. Y desde luego que ni estábamos ante los originales ni éramos tantos como en el fenomenal vídeo en directo en Tampa pero, os aseguro, la disfrutamos de todas maneras.
Otra que logró semejante impacto fue, claro, “Dance Macabre”. Infalible estribillo en la mejor tradición no ya del rock en sí, sino diría de la música sueca en general. Desde ABBA para acá, ejemplos a miles. Tras ella llegaría el momento de entregar los premios del sorteo. Y como quiera que los tres premiados no estaban presentes, o les entró miedo escénico, lo cierto es que se produjo un momento algo incómodo.
Así las cosas, qué mejor que “Year Zero” para salir de él. Sería además el punto final del show de no ser porque la banda vuelve, solo faltaba, para el bis final. Una fiesta donde se dan cita tres que sabemos de carrerilla: “Square Hammer”, la estupenda “Ritual” de su primer álbum y finalmente, no sin que antes cupiera un pequeño recuerdo para la buena gente de Elizabeltz, “Monstrance Clock”. Gran fin de fiesta.
Porque sí, fue una fiesta. Lo decía antes, son muchas las reservas que nos producen las bandas tributo, máxime de una banda aún joven y en activo como Ghost, con los ríos de tinta que corren, además, con solo mencionar su nombre. Pero como nosotros estamos para contar las cosas que pasan, pues lo que pasó fue que Elizabeltz se ganaron a los extraños y Ritual colmaron el apetito de quienes, por unas razones u otras, aún no han podido disfrutar en vivo de la banda de Tobias Forge.
Por nuestra parte nada más. Agradecer a la promotora todas las facilidades puestas de cara a la realización de esta crónica y mandar un abrazo a los habituales de siempre. Ya sabéis, nos vemos en el siguiente.