Reseña: Golgotha «Spreading The Wings Of Hope» (Ardua Music 2024)

Sexto trabajo para los baleares Golgotha dentro de una trayectoria que arrancara allá por la década de los noventa con el largo “Melancholy”. Activos hasta 1998, reactivados momentáneamente en 2005 y ya de nuevo en 2014, conforman la banda a día de hoy Vicente J. Paya (guitarra y voz), Tomeu Crespí (baterías), Andrew Espinosa (bajo) Dan García (guitarra) y María J. Lladó (voz). La banda cuenta además con el Nexus 6 y TodoMal Javier Fernández a las teclas, encargado además de producir, mezclar y masterizar las grabaciones de los propios Paya y Crespí. En la calle vía Ardua Music desde el pasado mes de junio.

Predomina la parsimonia y la elegancia propias del género en “For Every Tear”. Doom melódico de cuidados arreglos y buenas melodías de guitarra que, duelo vocal al margen, bien podría recordar a muchos momentos de los americanos Novembers Doom. A su vez, el cierto goticismo que emana de las teclas que adornan esos engarces entre estrofas no deja de tener sus semejanzas con los seminales My Dying Bride. Lladó, a quien ya escucháramos en el anterior álbum de la banda, también al frente de otro de los múltiples proyectos de Paya, los stoner Bis•nte, entrega una interpretación contenida, constreñida incluso, amparada en el contraste que su voz produce con el registro roto del también integrante de los thrashers Holycide. Arranque en la más pura tradición del género, en cierto modo orgánico y desde luego de lo más funcional.

Gilded Cage”, que fuera una de las cartas de presentación de este sexto largo, entrega unas mayores pulsaciones que de inmediato siempre me recuerdan a los temas menos áridos de Saturnus. Conforme se sucede ese animoso prólogo, Golgotha desnudan su habitual doom para que Lladó sitúe su cadencioso registro sobre apenas una tímida batería y un igualmente timorato piano. Por ahí me agrada la forma en que estas reconducen hacia estribillos, así como el brusco contraste que los gruñidos de Paya provocan aquí. Es un corte agradablemente engañoso, que tira del manual del estilo pero se permite una serie de guiños en cuanto a estructuras que la convierten al mismo tiempo en una entrega con gancho y, a la vez, vistosa y ágil. Acertadísima su traslación al terreno del videoclip, aunque fuera en forma de vídeo lírico.

A Solitary Soul” ofrece en cambio un inicio mucho más pesado. Rotundo incluso. Ese riff inicial, tan sencillo como machacón, ofrece toda una gama de contrastes con la voz de Lladó. La banda ofrece sin embargo tonos más livianos que acompañan con sus habituales voces rotas. Una dualidad que la banda acierta a alimentar con alguno de los arreglos más llamativos de todo el redondo. Siempre de manera más casual que tímida, alimentando por ahí el rango sonoro del disco, convirtiendo a esta tercera entrega en una de las más personales de la banda. Firme Crespí al doble bombo y elegante Javier Fernández en teclas. Pero si algo me engancha sobremanera aquí es el solo de guitarra que precede al potente epílogo, lleno de clase y feeling. Estupenda.

Hear Their Cries” nos transfiere de pronto a la cara más nervuda de los baleares. Son estos unos Golgotha que, sin salirse de las a veces estrictas lindes del género, se adentran en un juego de intensidades que viene a construir otro de los cortes más llamativos del tracklist. Pequeña porción de blast beats inclusive. Quizá eche en falta algo más de nervio por parte de Lladó, si bien los tonos más altos que despliega aquí no me desagradan en absoluto. Todo se apacigua camino del epílogo, momento en el que irrumpe uno de esos solos de guitarra que siempre me dejan con ganas de más. Un corte finalmente con altos y bajos, interesante por el juego de contrastes pero a ratos irregular.

Human Vultures” propone de entrada un doom crudo y orquestado que me recuerda a bandas del ramo como Mourning Beloveth o incluso propuestas más funerarias como pudieran ser Mournful Congregation o Evoken. Apenas un pequeño guiño de la banda pues toda vez Lladó irrumpe en las primeras estrofas, Golgotha reconducen hacia un doom melódico mucho más amable y convencional. Sin abandonar en ningún caso el clasicismo, apostando de nuevo por el doble juego vocal y entregando una gama riffera que me engancha solo a ratos. Todo lo contrario que esas estupendas melodías del tronco central, así como el cuidado solo posterior:

Closed Heart”, corte más rácano del álbum, engancha desde el primer momento gracias al gran trabajo de Paya y García, especialmente inspirados a la hora de construir un prólogo tan elegante y vistoso como clásico. Ejerce este gran contraste con las estrofas que proponen después. Angostas, acompañadas de un riff seco, casi marcial. Golgotha entregan así la que es, con mucho, la composición más diferente de todo el tracklist. Hábil a la hora de proponer una particular relectura del género sin que ello signifique perder del todo su propia identidad. Todo un ejercicio de equilibrio que la banda aprovecha para reconducir en un epílogo que, de nuevo, vuelve a recordarme a la banda de Paul Kuhr.

Sobre parecida raíz construyen una “Spreading The Wings Of Hope” que de nuevo entrega a unos Golgotha en su faceta más melódica, apostándolo todo a otro ejercicio de contrastes donde destacará Crespí tras baterías. Es la suya una labor de lo más eficiente aquí a la hora de amalgamar las distintas intensidades por las que transita la composición. Paya, por su parte, está particularmente oscuro en su interpretación vocal. Y mientras que Fernández viene a aportar las teclas más cinemáticas de todo el álbum, todo termina encajando cara a construir uno de mis cortes favoritos del trabajo al que da nombre.

Es el propio Fernández quien sugiere desde el piano “Hope As Guide”. El cierre del álbum parece querer reconducir de nuevo hacia un doom mucho más canónico, que ejemplifica la crudeza de sus primeras estrofas. Su contraste con Lladó no va a coger por sorpresa a estas alturas del álbum, lo que no quita para que la mallorquina entregue una gran interpretación. El crescendo que conduce hacia el epílogo funciona por sutil, mientras que las voces filtradas de la propia Lladó aquí me llevan de nuevo a pensar en Bis•nte. Interesante broche final.

El doom metal como principio y final. No obstante la banda, formación asentada mediante, se permite ciertos picoteos fuera del género que llenan de matices lo que, a grandes rasgos, no deja de ser un disco de género hecho y derecho. No negaré que siento el registro de Lladó más apropiado para su otra banda, Bis•nte, lo que no quita para que la mallorquina entregue aquí unas cuantas interpretaciones de nivel. Al final un disco ameno, quién dijo que el doom era algo aburrido, y que muestra a una banda, casi treintañera ya, en gran estado de forma. Ya podían aprender algunos.

Texto: David Naves

Reseña: Bis·nte «Broken» (Xtreem Music 2023)

Pues ya tenemos con nosotros el segundo álbum del dúo mallorquín Bis•nte, Vicente Payá en guitarra y bajo junto a María J. Lladó en voces. La banda, que ya pasara por este medio con su debut de 2020 “Ancestral Punishment” (reseña aquí), vuelve ahora con un “Broken” donde cuentan con la inestimable ayuda de Daniela Dahlien en la voz gutural y Javier Fernández en batería, teclados y producción. Este nuevo trabajo del dúo fue grabado en Black Night Studios y salió a la luz el pasado enero en formatos CD y digital vía Xtreem Music.

Si bien el disco alberga en su interior alguna sorpresa que otra, lo cierto es que “Army Of Faith” se acomoda de forma casi inmediata a la idea preconcebida que uno tiene del proyecto. El doom alucinado que ya rondara su primer álbum se magnifica ahora con la presencia de unas teclas, cierto es, algo escondidas en la mezcla de este arranque. La lealtad al género que muestran los riffs de Payá contribuye a formar el buen esqueleto que muestra este primer corte. En cuanto a producción echo en falta una caja con algo más de prestancia, o una voz más equilibrada en cuanto a volumen en ciertas estrofas. El puente central, y la forma en que lo revisten esas teclas tan juguetonas, me funciona. En definitiva, pienso que un más que notable primer corte.

Algo más apesadumbrada, “Can You Save Me” entrega un buen primer riff, situado a la cabeza de mis favoritos de este nuevo álbum, a la par que después da paso a un corte que, aún asemejándose a su predecesor, no deja de poseer un alma y carácter propios. Lladó percute de nuevo con su particular y aletargado registro. Más correcto por producción, va desplazándose por su doom apaciguado de manera firme, sin estridencias ni dobleces, imbuyéndose más adelante de teclas, casi omnipresentes, como principio y fin. A su manera más épico y grandilocuente, el tronco central viene a poner de manifiesto la cara más ampulosa del dúo mallorquín. Por ahí que encaje tan bien ese tono algo más onírico, si cabe, que emerge más adelante. Llamativa y poderosa.

In The Other Side”, particularmente en lo que a producción y arreglos se refiere, parece querer tomar la senda de unos Candlemass del siempre reivindicable “Nightfall”. Bis•nte no obstante el dúo marca distancias aquí con la adición del grave registro de Daniela Dahlien y la mayor pesadez que su presencia le confiere a la composición. De resultas de todo ello emerge un corte un tanto descompensado, que no fallido, con el que conecto sólo a ratos.

Mother Nature”, primero del par de adelantos y al mismo tiempo corte más rácano del álbum en cuanto a duración, reconduce hacia territorios más cercanos a su primer álbum. La voz filtrada de Lladó funciona en unas primeras estrofas donde percibo, eso sí, algún arreglo un tanto naif. Y da igual porque el dúo logra aquí el equilibrio perfecto entre su obra anterior y la presente. El toque más stoner de aquella con las cadencias más oscuras (¿góticas?) de éste. Que lejos de sufrir por su notable dualidad, se sirve de ella para alimentar el que posiblemente sea el corte más colorista, por diverso, de todo este segundo álbum. Curioso tratándose, como digo, de la oferta más reducida del mismo.

Of Love Undone” no descabalga de esa concepción algo alucinada del doom metal que la banda dispone, con cuentagotas, en este segundo álbum. Percibo, eso sí, una construcción más retorcida y diversa. Desde el modo en que engarzan las estrofas hasta llegar a un estribillo con Lladó en tonos tan altos como inhabituales. Hay aquí una cierta sensación de desolación tan poco original (a estas alturas del cuento) como bien resuelta. Y mientras la gravedad de los riffs de Payá mantiene el tipo sin mayores esfuerzos, me resulta llamativo su calmo puente central y el solo agudo y reverberante que lo corona más adelante. Y al que desde luego habría dado más espacio. Otra de mis favoritas de este flamante “Broken”.

The Evil Inside” introducirá a los Bis•nte más graves y menos complacientes. La rotunda voz de Dahlien campa a sus anchas en un prólogo ciertamente ominoso y oscuro para una banda como esta. El contraste de su voz con la Lladó más leve funciona y constituye el arma principal de un corte, por otro lado tan aseado en riffs como diverso en cuanto a escritura. Lleno de cambios de ritmo lo suficientemente interesantes como para justificar los casi siete minutos que alcanza esta composición poliédrica y diversa. Que podría tener un trazo más cohesivo pero entonces diríamos que no ofrece nada nuevo y se conforma con “lo de siempre”. La eterna disyuntiva entre seguir el libro de estilo o forzarlo en pos de un ideario propio. Nunca llueve a gusto de todos y demás ristra de frases hechas al respecto.

Sea como fuere, de la final “Venom In The Blood” emerge un prólogo que funcionará en su acercamiento a posiciones más melódicas. Particularmente en lo que al desempeño de Payá se refiere y los buenos dibujos que deja con su guitarra aquí y allá. Más adelante me llamará la atención cómo colisionan la Lladó más cadenciosa y alguno de los riffs más rocosos y frontales de todo el álbum. Estupendo contrapunto que vendrá a dar pie a un tronco central que, coros mediante, resuena de nuevo grandilocuente y poderoso. Mejores formas de cerrar que con ese fade-out final seguro que había. Aún así, un corte final que no me desagrada en absoluto.

Lladó y Payá han planteado un álbum que coge el testigo de su debut y, al mismo tiempo, posee una vida y un pulso más propios. Sin romperle las costuras al género, han sido lo suficientemente listos como para buscarle las cosquillas de cara a que todo resulte menos elemental y disciplinado. Más personal. Por ahí traslucen buenas ideas. Sobremanera en el par de cortes que inauguran este “Broken”. También algunos errores, producción mediante, o trazos más evidentes y predeterminados. La conocida tiranía del corte de adelanto. Un trabajo más personal y que, pienso, mejora en varios enteros a aquél debut de 2020. A seguir la progresión ascendente.

Texto: David Naves