Crónica: Festival Vidiago Rock (Sábado 3/5/2025)

Segundo round del Vidiago Rock, éste con las descargas de  Grippers,  Weak,  The Wizards,  The Movement y  Aneuma. Jornada sabatina que incrementó el número de fieles y vino a desarrollarse sin grandes percances excepto por el hecho de que, por una vez y sin que sirva de precedente, llegamos tarde al recinto. Para cuando atravesamos la puerta, arriba del escenario encontramos al cuarteto punk madrileño Grippers. Un punk el suyo muy a la británica, o quizá me sugestione la camiseta de GBH que lucía la bajista y voz Rachel, que pareció hacer las delicias de eso que antes llamaban “el respetable”.

En el poco rato que les pudimos ver me gustó esa actitud, tan inherente al género, pero también la energía que derrocharon. Qué mejor manera de arrancar la tarde del sábado, aún cuando la suya es una propuesta bastante alejada de la música que tengo por costumbre escuchar. Me agradaron lo suficiente como para esperar un encuentro en mejores condiciones en un futuro. ¡Prometo hacer los deberes!

De la capital del estado venían también los chicos de Weak. El suyo resultó un punk más a la americana, teñido por una cierta melancolía en sus líneas de voz, y que en cierto modo vino a contrastar con el sus convecinos. Las propias Grippers disfrutaban del set en primera fila. Lo cierto es que en lo que a mí respecta, me costó conectar con la banda. No así a un Vidiago que dispensó movimiento y buenos bailes al cuarteto. Pero al final no es el suyo el estilo al que más acostumbrado tengo el oído y se notó.

Hay cortes con una pizca más de nervio. El sonido, enlazando con la jornada del viernes, no pudo ser mejor. Lo cierto es que la banda irrumpió bien engrasada por la localidad llanisca. Y a falta de convencer a los miembros de esta casa, ya digo que una buena porción del público disfrutó de lo lindo con ellos. Supieron mantener mi atención pero, sin que ello vaya en menoscabo de sus esfuerzos, es cierto que fueron poco a poco perdiendo parte de mi interés.

Si lo que importa es la costumbre, es cierto que el oído está más habituado al particular heavy metal de los vascos The Wizards y su fantástico “The Exit Garden” del pasado año (reseña). Era nuestro tercer encuentro con ellos desde la edición del álbum en cuestión y los bilbaínos desde luego no decepcionaron.

Y fíjate que en las primeras estrofas de la inicial “The Exit Garden” vi algo justo de voz a Ian Mason. La banda que comanda, no obstante, estaba tan engrasada como se esperaba. Las SG de George Dee y Phil The Pain, el Rickenbaker de Count Baraka, todo viene a casar con la impronta retro (vintage que se dice ahora) del quinteto. Y ellos, a bordo de uno de los mejores sonidos de todo el fin de semana, supieron saciar nuestra sed. “Full Moon In Scorpio”, de hecho, extrae su mejor versión en lo técnico. Su inequívoco cambio de ritmo cayó de pie en Vidiago. Hubo moderado movimiento entre la gente. A algunos les costó entrar en calor.

No así un Mason que fue mejorando prestaciones con el correr de los temas. De hecho para “Oniros” diría que está dando una versión más que óptima de sí mismo. Su figura siempre inquieta sobre el escenario contrasta con la cierta quietud de sus compañeros. Una quietud que no logra esconder el pedazo de músicos que son. El excelente momento que atraviesan. Aquí tanto el solo primero como el puente más alucinado después brillaron de lo lindo. La banda tuvo tiempo igualmente de recuperar “Curse Of Hecate” de su álbum homónimo de 2015. Y nuestras cabezas se agitaron a placer con la siempre eficaz “Holy Mountain Mind”. Antes Mason había ironizado sobre cual era el mejor equipo de la región (“¡El Caudal!”) y demostrado que no hay audiencia que se le resista.

Pero si hubo un corte que me agradó sobremanera el sábado, ese fue “Crawling Knights”. El inicio tranquilo. El gran trabajo de guitarras que George Dee y Phil The Pain ofrecen después. Todo a bordo de un sonido tan cristalino como potente, cómo crujía el bendito Rickenbaker aquí, donde fue quedando la sensación de que estamos ante una banda llamada a hacer grandes cosas. Lo cierto es que la gente se arrancó por palmas en “Halftones To Eternity”. Y la pareja guitarrera de The Wizards respondió doblándose con una seguridad y un feeling por poco inconmensurables. Era el tramo final del set y Mason, ya descamisado, se vaciaría en consecuencia.

No faltó el ya clásico chascarrillo del propio frontman sobre el merchan y las sustancias de dudosa legalidad, pero tampoco el recuerdo a la organización del Vidiago por haber contado con ellos. Tras la estupenda y siempre vibrante “Equinox Of Fire” pediría el propio vocalista que nos acercáramos, que se venía la última canción del set. Hubo aún un buen solo con el pie al wah en “Calliope (Cosmic Revelations)”. Precisamente en el solo correspondiente a la más pesada “Stardust”, Mason acaba de rodillas ante la pantalla de George Dee. Baja después a ofrecer alcohol a las primeras filas. Sesenta minutos justos de set y una formación que no hizo prisioneros a su paso por Vidiago. Tremendos.

Muchos, puede que una gran mayoría, no éramos conscientes de la que se nos venía encima con el trío danés The Movement. Su estética mod contrasta con el fuerte alma punk de sus canciones. Banda comprometida como pocas, pasó por Vidiago sin dejar a nadie indiferente. Ángel Cueli ya había avisado en la presentación de lo que eran capaces y los chicos, desde luego, no defraudaron.

Lukas Sherfey, guitarra y voces, Alexander Page en baterías y Sebastian Page al bajo forman la inquieta, también comprometida, alineación de los daneses. Y desde el primer momento no dan respiro. Sebastian acompaña en coros, se arrastra por el escenario (las rodilleras eran por algo), salta desde el bombo de la batería, reta al público… fue el punto focal del trío y desde luego que en Vidiago se vació de lo lindo. Por allí se colaron pequeños speechs de Fidel Castro, de Charles Chaplin en “El Gran Dictador”…

Lo efervescencia tanto en lo físico como en lo gestual de Sebastian puede distraer a veces. Lo cierto es que cuando llegó el turno de sacar algo de músculo en cuanto a técnica, Sherfey se destapó con algún que otro solo de mérito. Sudó de lo lindo la voz de The Movement, que no abandonó su look inicial así el sudor cayese en cascada. A buen seguro se les puede acusar de que casi todas su canciones se parezcan, ahí radica su secreto que dirían Los Petersellers, pero en ningún caso de que dejaran hasta su último aliento en Vidiago. Los oés a su país de origen que les dispensó el público al final del set pueden ser el perfecto resumen de lo vivido durante el tiempo que estuvieron sobre el escenario. Una más que grata sorpresa.

Es cierto que les teníamos muy recientes. Pero sola la promesa de algún tema nuevo en su setlist nos convencía de sobra para aguantar en Vidiago hasta las últimas consecuencias. Segundo show con Jane a cargo de las cuatro cuerdas (cinco, a fuerza de ser precisos) y una banda que sigue con la flechita para arriba.

Y que como viene siendo habitual arranca desde la intro para enlazar con “Your Doom”. Esos coros iniciales de Abel, tan esquivos otras veces, sonaron claros y diáfanos en Vidiago. Una vez más el sonido iba a ser redondo, si bien pequeños acoples enturbiaron el correcto desarrollo de los asturianos. Laura, su micrófono esta vez con cable y ya es raro, volvió a mostrar ese carácter verdaderamente volcánico que la caracteriza. Luciendo el mismo emblema con el que terminara hace unas semanas en Gijón (cuánta razón), comandó al quinteto con pulso de veterana. Abel nos mandaría al suelo. Que tiene sentido pues la banda enfrentó luego “Break Out From Hell”.

Tengo la impresión de que “Flesh & Bone” se quedará en sus setlists durante largo tiempo. Su riff se pega como pocos de entre su catálogo. Si además Laura extrae ofrece una interpretación tan dinámica en lo físico, como rotunda en lo vocal, pocos peros caben. La propia frontwoman de origen luarqués pediría entonces luces rojas para “Guide Them To The Light”, de aquél “Venom” que en marzo cumplía su primer año de edad. Y aunque algún acople vino a hacer de las suyas aquí, Borja dibujó otro solo marca de la casa. Dedicada por Laura a Jaime de Burial Records, que había alcanzado la cincuentena durante la semana, “Never Again” extrajo la versión más completa del aparentemente infatigable batería Jorge Rodríguez.

Fall Apart” deja entonces uno de los gritos más desgarrados que le haya oído a Laura Alfonso. Y fíjate que, a día de hoy, han sido unos cuantos. Desde que inaugurara aquél debut de 2022 uno de los cortes que mejor les funciona en directo. Otro tema apertura, en este caso “Yell To The Sky”, y Jane ya parece como si llevase desde el primer día dentro de la disciplina de Aneuma. En muchas fases del show arrimada a la batería de Jorge, pero siempre segura, risueña incluso, pese al poco tiempo transcurrido desde su entrada en la banda. Y sé que insisto mucho en esto, corriendo el riesgo de ser pesado, pero en una escena cada vez más artificial (o artificiosa), siempre es un gusto encontrar formaciones tan orgánicas como esta.

En “Tear Down The Walls” incluso se permiten el lujo de sacar algo más de pecho en lo que a puro despliegue técnico se refiere. En esto no fallan Abel y Borja. “Chain Reaction” produce efectivamente una reacción, un corte tan sobrado de gancho como efervescente en cuanto a solos. El propio Borja había doblado en coros a Abel aquí. Y hablando de solos, sobrevino entonces el del batería Jorge Rodríguez, quien a solas buscó equilibrar velocidad con un cierto enganche con el público. Regresó la banda al completo para “Circles Of Fire”, otra de esas que parece siempre cae de pie, de nuevo con Borja doblando en coros. Entrado ya el tramo final del set, no se resentía la voz de Laura, aún cuando no era poco el esfuerzo acumulado hasta aquél entonces.

Faltaba un tema apertura, en este caso “Light The Torch Of Strength”, y de nuevo me sorprende el hecho de dejar el que es (hasta la fecha) su corte más violento para el tramo final. Jorge se vació de nuevo y el quinteto ofreció así su cara más letal. Los setlists de Aneuma han ido ganando en diversidad con el paso de los discos y se nota. El final, “Creatures”, incluso produjo algún (tímido) circle pit. Fue el colofón a dos días de buen ambiente y mejor música…

… de nuevo con el equipo de Heavy Metal Brigade presente. A una hora de casa pero como en familia. Muchas caras conocidas, arriba y abajo del escenario, y unos cuantos nuevos recuerdos en la memoria. Un festival con un ambiente casi familiar, que tiene muy claro que en la variedad está el gusto y que supo escoger propuestas que abarcaron desde el punk al heavy metal pasando por el stoner o cualquiera que sea la etiqueta que os parezca correcta para una banda como Aneuma. Salvo tragedia, volveremos en 2026.

Por nuestra parte nada más. Agradecer a la buena gente del Vidiago Rock el trato dispensado a lo largo de ambas jornadas, las facilidades dispuestas en favor de la elaboración de esta crónica y la compañía a la mucha buena gente con la que departimos a lo largo del fin de semana. Ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Festival Vidiago Rock (Viernes 2/5/2025)

Veinte más una edición del Vidiago Rock con nutrida representación Brigadier. Es una hora por carretera la que nos separa pero mucha la cercanía que nos une con un evento como este. El trato que siempre nos dispensan y el modo en que la localidad llanisca acoge a gentes venidas de diversos puntos de la geografía siempre invitan a regresar. El cartel del viernes, además, se presentaba de lo más jugoso con las descargas de Malverde, The Lizards, Niña Coyote eta Chico Tornado y Totengott. Una macedonia sónica en la más pura tradición del festival.

Como viene siendo habitual en esta casa, llegamos con el tiempo sobrado para socializar y hacer algo de eso que ahora llaman turisteo. Aunque fuese del coche al bar. Pero nos acercamos al recinto a recoger las correspondientes acreditaciones y el festival es el de siempre. Su carpa, su barra, el coqueto puesto de merch y un escenario lo suficientemente amplio para que las bandas se desenvolvieran sin mayores ataduras.

Ataduras que no tuvieron los chicos de Malverde a la hora de romper el hielo. Menos cuando suenan los primeros acordes de “The End Is Nigh” y el sonido, aún en primeras filas, es tirando a sobresaliente. Muy cómoda la banda y muy frio el público, peajes que apareja el abrir un evento de estas características, pero desde luego volví a disfrutar con los buenos solos de Tamo. También el modo en que plantearon el setlist, llevando su rock de aires stoner desde la pura calma a un mayor nervio camino del final. En esa escalada funciona como un reloj suizo “Golem”, de aquél Ep “II” (reseña) de 2024.

Laria ejerció una vez más de maestro de ceremonias. Y aunque Malverde no pasen por ser la banda más activa de nuestros escenarios, hay una sensación de aplomo y seguridad en sus gestos que no creo nadie les pueda negar. La voz de Malverde tuvo además el detalle de dedicarle el show al tristemente desaparecido Charlie Günner, a la sazón ex compañero del propio bajista Hermes en los siempre reivindicables hard rockeros asturianos The Punishers. “Santa Muerte” viene a afianzar la línea ascendente del show y el Vidiago Rock fue entrando en calor. Ellos no obstante no se olvidan del rock más alucinado y hay un puente en “Mexica” que sirve perfectamente a este propósito, dejando volar su lado más próximo a la psicodelia.

Laria aprovechó para saludar a su vástago desde el escenario y la banda aún tuvo tiempo de presentar un tema nuevo, “Believe” si no me engaña el setlist, que vino a destapar a los Malverde más intensos y vibrantes. Se animó la parroquia con “Now I Know”, buenos coros del batería Bronco aquí, casi en la misma medida en que se sorprendió con su versión del inmortal “21st Century Schizoid Man” de King Crimson. Despedirían con la adrenalina de “Sisyphus” el que, pensamos, fue otro buen show para ellos.

Pasaban doce de las diez cuando suena la intro de The Lizards. El trío, siempre infatigable, arrancan desde “Burning City” el que vendría a ser, fácilmente, uno de los mejores shows del fin de semana. Por lo activas que estuvieron Carla Santacreu (voz, guitarra) y Judith Jordan (bajo) delante, también por la pegada de Edgar Beltri (batería) detrás. Pero sobre todo porque el sonido, con la buena gente de la Casa Furia a cargo, que dese luego estuvo a la altura. “Somos The Lizards, venimos de Barcelona y estamos muy contentas de volver por aquí” aseguró entonces Santacreu. Después arremetieron con “Beware” y ya aquí se pudo ver cierta algarabía y movimiento en primeras filas.

Y sí, se habían hecho ochocientos kilómetros. “Pero en avión”, ironizó Beltri. The Lizards, y puede sonar a tópico, es una de esas bandas que sabe transmitir su buen ambiente al público que tiene delante. Y la cita en Vidiago no sería la excepción, si bien el set iría encadenando una serie de percances que amenazaron con quebrar el buen desarrollo del mismo. Nada que no solventaran con tablas e incluso ciertas ironía y retranca. Lo primero en dar problemas sería la batería del propio Beltri. Solucionado ya digo a la mayor brevedad, tocó enfrentar una vez más “Dead City”. Santacreu comentó lo difícil que se está volviendo para bandas como esta tocar en su ciudad natal. Recuerdo de hecho que cuando pasaron por el (a día de hoy) difunto Rock Nalón ya comentó algo similar. La situación parece no haber cambiado por la ciudad condal.

Hay un cierto aura en el Rickenbaker que porta Jordan. Su compañera exprime un gran riff en “Give Me All You Got” y, pese a los pequeños percances, parece estamos viendo una más que óptima versión del trío. En lo personal quizá son estas las Lizards con las que más conecté a lo largo del set. Y fíjate que Beltri está fantástico en “I Told You So”. Se sucedían los cortes casi sin descanso. Ese hard rock de alma punk. O viceversa. “Fake Reality”, que comentaron nació en pandemia, muestra sin embargo un mayor músculo, obviando esa vena más punk para insuflar algo de aire al set. El trío aún tuvo tiempo de rendir tributo a Johnny Cash (“Folson Prison Blues”) o de inundar Vidiago de pura adrenalina sin cortar (“Freak Show”), demostrando estar en un gran momento de forma.

Santacreu dedicó “Everybody Sucks” al ingrato que hackeó su perfil de Instagram, llevándose por delante un buen montón de fotos y recuerdos. Encarando ya la parte final del set y siendo esta la segunda vez que las veía, lo cierto es que quedó la sensación de que, en este preciso momento de su trayectoria son un engranaje prácticamente perfecto. Si las ninguneas aún cuando nunca las has visto en vivo, pues allá tú.

No me duelen prendas en reconocer que iba un poco a la expectativa con Niña Coyote Eta Chico Tornado. El dúo donostiarra que forman Úrsula Strong (bateria) y Koldo Soret (guitarra y voz) llegaba a Vidiago con las pilas cargadas y la intención de poner al festival patas arriba. Ángel Cueli, al igual que haría con todas y cada una de las formaciones del cartel, introduce al dúo y pronto queda claro que la expectación es máxima. La batería, ladeada ahora al borde del escenario, iguala en importancia ambos músicos y promete un show un tanto fuera de lo habitual.

Así es que ya para la inicial “Atea” es mucha la gente que se agolpa en primeras filas. Y que baila al son del dúo casi desde los primeros acordes. Los riffs infecciosos de Koldo, las sencillas y sin embargo juguetonas líneas de batería de Úrsula. Era apenas el segundo concierto de la gira, en palabras del vocalista, pero en honor a la verdad hay que decir que aparentaron estar ya perfectamente engrasados. Y por más que sus líricas en orgulloso euskera planteen barreras en lo tocante al entendimiento, o más allá de los gustos de cada cual, para nosotros siempre supone un gozo contemplar derroches de adrenalina semejantes.

Porque se suceden los temas y Koldo apenas tiene tiempo para unos escuetos agradecimientos, afinar su guitarra y continuar con esos pildorazos de rock pegadizo y bailable. El suyo es un rock que alterna cortes con lírica con otros en formato puramente instrumental. En ellos, Koldo quita razones a quienes piensen que es poco más que un mero surtidor de riffs. La banda se permite pequeños escarceos de una técnica más depurada que ayudan a lustrar, también a oxigenar, el que a la sazón sería otro de los sets más atractivos del fin de semana.

Tuvieron tiempo de dedicarle un tema a unos amigos que habían hecho antes del concierto, con los que estuvieron hablando de la historia de Motörhead, contó Koldo. Hubo ocasión igualmente de revisitar el “I Wanna Be Your Dog” de The Stooges. Y mientras que en los momentos más abiertamente punk estuve cerca de desconectar, lo cierto es que Vidiago se rindió ante el dúo. Máxime cuando ambos se sitúan al frente del escenario y retan a la audiencia para luego encarar los bises. Agradaron a los suyos y de seguro se llevaron algún incondicional más en la buchaca.

Se cernía la oscuridad en Vidiago y no porque los relojes pasaran de la una de la madrugada. El trío arribaba a la localidad llanisca con intención de seguir presentando su última obra de estudio. Un “Beyond The Veil” (reseña) que viera la luz vía Hammerheart Records allá por julio del pasado año y que, pienso, viene a confirmar la trayectoria ascendente de la banda. Un par de telones adornan los laterales del escenario y todo parece listo para cerrar la primera jornada del Vidiago Rock a lo grande.

Ellos irrumpen bañados en luz roja y, tras la debida intro, acometen la vibrante “Inner Flame” con todos sus cilindros en funcionamiento. En especial un José Mora muy aplicado tras el kit de batería. Delante suyo, Chou Saavedra parecía tener algún pequeño percance con el monitor. En cualquier caso, deja ya aquí un buen primer solo y pienso, de pronto, que mucho ha mejorado el frontman de la banda en este sentido. Su aspecto, la ya ineludible capa tras la que se esconde, estuvo rodeado de su hieratismo habitual.

Marija Krstevska, espigada efigie envuelta en un manto azabache, irrumpe para “Sons Of The Serpent” y Totengott, eventual cuarteto con ella en el centro, ofrecen ahora su cara más rocosa y arrastrada. Nacho, en otra imagen ya clásica, da con sus rodillas en el suelo durante el puente. En él abrazan una encarnación más alucinada y doom. A día de hoy son ya muchos los registros que manejan y uno puede argüir en su contra que su sonido, a ratos, tiene algo de inasible. Pero cuando de nuevo vuelven los Totengott más trotones de “Marrow Of The Soul”, queda claro que se manejan igual de bien sea cual sea el registro. De hecho Chou Saavedra deja aquí otro de los solos más redondos del set.

Regresa entonces Marija para la más enigmática “The Architect” y entre sus voces y su gama gestual es esta una encarnación nunca vista de la banda. Místicos, oscuros y con Nacho dejándose el alma en coros. Coincidimos con él cuando volvíamos a por el coche y nos reconoció estar atravesando por un proceso gripal. Sorprende tras lo antes visto arriba del escenario. Se suceden entonces las dos partes de “Beyond The Veil”, siendo la primera esa “Mirrors Of Doom” donde Marija Krstevska pone su presencia y su voz a la cara más ocultista de Totengott

… y la segunda esa “Necromancer” siempre fulgurante y descosida, de nuevo con Mora firme en el doble bombo y el particular registro de Saavedra retumbando en Vidiago. Con Marija de vuelta, Totengott encaran “The Golden Crest”, finiquitando así el repaso íntegro a su tercer obra de estudio. El set sería de este modo un testimonio en firme sobre lo mucho que confían en un disco como este. De los salmos del prólogo a la pura pesadez. Del éxtasis al desasosiego y la intranquilidad. Y aunque a lo largo de la noche se dejaran sentir algunas pistas pregrabadas aquí y allá, lo cierto es que la banda sonó tan orgánica como acostumbra.

Pudiera parecer para entonces que ya estaba todo el pescado vendido. Que, si acaso, echarían mano de algún tema rápido y se irían a descansar. Pero entonces José Mora preguntó que si queríamos un tema largo, respondimos que sí y ellos volvieron a su anterior álbum de estudio para recuperar el extenso cierre “Doppelgänger II: The Abyss”. ¿No queríais caldo? El corte puede ser en cierto modo un compendio de todo lo que el trío, mutado a ratos en cuarteto, tiene para ofrecer. Dedicada a la buena gente de Noche de Lobos, con Juanjo presente por allí, fue el perfecto broche a una estupenda primera jornada.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

XXI Vidiago Rock: Horarios Oficiales

La Asociación Cultural Vidiago Rock desvela los horarios de la XXI edición del festival Vidiago Rock. El evento que tendrá lugar los próximos 2 y 3 de mayo en la localidad llanisca de Vidiago reparte así el tiempo entre las bandas participantes:

Viernes 2 de Mayo
Apertura De Puertas: 20:30 horas
–  Malverde 21 horas
The Lizards 22 horas
Niña Coyote Eta Chico Tornado 23:30 horas
Totengott 1:00 horas

Sábado 3 de Mayo
Apertura De Puertas: 19:30 horas
Grippers 20 horas
Weak 21:20 horas
The Wizards 22:40 horas
The Movement 00:00 horas
–  Aneuma 1:40 horas

Punk rock, metal y stoner serán los sonidos de referencia que harán vibrar Vidiago durante dos jornadas espectaculares. Abono aun disponible a través del siguiente enlace a Entradium:
https://entradium.com/es/events/vidiago-rock-festival-vidiago

XXI Vidiago Rock: Inicio de gira para Niña Coyote Eta Chico Tornado

Nuevo aliciente para acudir a la 21ª entrega del festival Vidiago Rock. Úrsula Strong (batería) y Koldo Soret (guitarra y voz), o lo que es lo mismo Niña Coyote Eta Chico Tornado darán inicio en el festival llanisco a la gira promocional de «Atea«, su quinto lanzamiento discográfico que verá la luz el 29 de abril.

Grabado en los Estudios Elkar por Víctor Sánchez, el disco marca el regreso a sus señas de identidad, al rock árido y pesado, ampliando la paleta melódica, de la psicodelia, a los ramalazos punk. Temas con ritmos y melodías no exploradas anteriormente. La cita con el dúo afincado en Donosti será en la jornada del viernes 2 de mayo.

Abonos disponibles a través del siguiente enlace a Entradium:
https://entradium.com/es/events/vidiago-rock-festival-vidiago

XXI Vidiago Rock: Cartel Final y Reparto por Días

La 21ª entrega del festival Vidiago Rock ya tiene cartel oficial. Los días 2 y 3 de mayo La Bolera acogerá la apuesta de la organización por las propuestas más interesantes de la escena nacional e internacional en una edición protagonizada por las bandas The MovementThe LizardsTotengottWeakNiña Coyote Eta Chico Tornado, The Wizards, Grippers, Malverde y Aneuma.

Viernes 2 de Mayo
– Niña Coyote Eta Chico Tornado
– The Lizards
– Totengott
– Malverde

Sábado 3 de Mayo
– The Movement
– The Wizards
– Grippers
– Aneuma
– Weak

Punk rock, metal y stoner serán los sonidos de referencia que harán vibrar Vidiago durante dos jornadas espectaculares. Abono 35€ + gastos disponible a través del siguiente enlace a Entradium:
https://entradium.com/es/events/vidiago-rock-festival-vidiago

Crónica: Vidiago Rock Festival (Sábado 4/5/2024)

Y el Vidiago Rock Festival renació de sus cenizas. Dos jornadas, siendo la del viernes más orientada al punk y la del sábado más afín al tipo de música que solemos tratar por aquí, nuestra presencia allí tras cubrir un día antes el Factoría Rock Fest VI era poco menos que ineludible. Un cartel que en su cita sabatina que vino a congregar a las bandas Soulbane, Alto Volto, Drunken Buddha, Black Rainbows, Disaster Jacks y Chamako Wey!. Bandas de aquí y de allá para un plantel lo suficientemente diverso y atractivo como para echarnos una vez más a la carretera.

Con nuestra calma habitual, ya está Fernando Alonso para correr, llegamos a Vidiago con tiempo suficiente de hacer un mínimo de turismo. De tomar algo y socializar. También de hacer grupo y piña. Al final te pegas una hora de carretera y terminas viendo a mucha cara conocida. Rediós, que carajo será del rock and roll el día que faltéis.

Soulbane serían los encargados de dar la salida. Tarea ingrata donde las haya. Lidias a la vez con un público aún escaso, que en gran parte no te conoce y tienes todas las papeletas para comerte todos los errores a subsanar en cuanto a sonido durante la jornada. Ante semejante panorama, los de Torrelavega supieron lidiar con los previsibles inconvenientes a través de unas interpretaciones llenas de carisma y clase, así como un set atractivo por su propia diversidad.

Y es que arrancaron y en primera instancia nos sonaron casi setenteros. En gran parte por el registro del que echó mano en un principio el frontman Iván Valle. Siempre es difícil encarar una crónica de una banda a la que desconoces, pero en honor a la verdad diremos que conforme avanzó el setlist se fueron confirmando como una propuesta de lo más ágil y atrevida a la hora de amalgamar géneros.

Porque ya digo que empezaron con esa raíz fuertemente setentera, para después rozar incluso el soul y, conforme avanzó el set, dibujaron cortes que circulaban ya dentro de las lindes del progresivo. “Firewalker” puede ser un buen ejemplo de ello. Largos desarrollos, hábiles cambios de ritmo. Intentaremos, en la medida de lo posible estar atentos a sus evoluciones.

Pero toca seguir relatando el set de los cántabros. Y es que aún aguardaban sorpresas. Porque para “White Raven” cuentan con un trompetista en escena y, de pronto, su propuesta vuelve a mutar. El registro de Valle vira hacia tesituras a medio camino entre Elvis y Danzig y el corte adhiere fórmulas no demasiado distantes de un tardío Ennio Morricone. Hábiles, en cierto modo impredecibles y, sin embargo, extrañamente homogéneos.

Para otro de los cortes incluso contaron con toda una sección de metales (de la charanga El Compango) en escena. Todo con un muy buen sonido gracias al habitual buen hacer de la gente de la Casa Furia. Ya de nuevo en formato cuarteto atacaron un final de set donde no faltaron los habituales agradecimientos. “Hace diez años de nuestra anterior visita” comentaría Valle. Amenazamos con seguir la pista de los torrelaveguenses.

A quienes seguimos la pista desde hace ya tiempo es a la buena gente de Alto Volto. Y es que la cara de Borja cuando nos vio al pie del escenario en los instantes previos al comienzo de su descarga lo dice todo. Un tío con clase, como demuestra la camiseta verde con el logo de los MC5 que lucía. O ese solo con pie al wah con el que dio la bienvenida en Vidiago. Son una banda que ahora alterna letras en nuestro idioma con otras en la lengua de Shakespeare y en el fondo son la típica banda que, podrá gustar más o menos, pero muy buenos en lo suyo.

“Noches sin dormir… esto es insomnio” comunica el propio Borja. Y el trío, que completan Juan Villamil (batería), Diego Motta (bajo), profundizó en su peculiar mezcolanza de hard, blues y rock and roll del de toda la vida. Pero es “Veneno” la que capta mi atención en esta parte inicial del set. Quizá por ese mayor acercamiento al viejo hard rock. La cabra tira al monte (prometo dejar obsoleto este latiguillo de una vez). “Es un placer para nosotros estar aquí”, asegura el propio Borja, y a juzgar por lo redondos que estaban sonando, no nos cabe la menor duda.

El recuerdo al primer álbum que trae consigo “Before You Came” extrae de hecho la cara más aguardentosa del frontman asturiano. Y por si quedaba alguien aún con legañas a modo de resaca de la jornada anterior, qué mejor que algo como “Wake Up”. Ni grandes excesos ni tampoco mayores complicaciones. De ahí que siempre cumplan en la forma en que lo hacen.

Cambio de Fender a Les Paul mediante, aprovechó entonces Borja para dedicar “Habitaciones Frías” a “Marisol, que nos ha dejado hace pocas horas”, levantando una sentida ovación por parte del público del Vidiago. “Baila”, que estará en su próximo álbum de estudio, desata a los Alto Volto más blueseros. También al mejor Motta en las cuatro cuerdas. Y mientras que “Atontado” centra sus miras en el mal uso de las redes sociales, “Now You Know” entrega, piensa uno, la mejor cara del cuarteto.

Quiso también Borja tener un momento para recordar a Wayne Kramer, guitarrista de MC5 que nos dejara el pasado dos de febrero a la edad de 75 años. También advertirnos de que Drunken Buddha nos iban a poner a “bailar el pericote”. Esta gente tiene más clase que una universidad.

A nadie se le escapa que Drunken Buddha son un animal bien diferente. Y de hecho sería un ejercicio de cinismo por nuestra parte negar el afecto que sentimos por el quinteto radicado en Gijón. Son ya muchas las ocasiones que nuestros caminos se han cruzado y las más de las veces hemos sido testigos de shows muchas veces impepinables. Y es que, tirando una vez más de tópicos, esta es una de esas bandas que rara vez empata, pero que desde luego nunca pierde.

Y no pierde porque ese arranque con la intro “March Of Dementia” encauzando con “Sea Of Madness” pronto pone Vidiago a sus pies. Es así, máxime si logran sonar como lo hicieron en la jornada del sábado. Es cierto que, al menos desde mi posición, a veces costaba oír los solos de Diego Riesgo. Pero no es menos verdad, y perdón por la insistencia, sé que lo hemos dicho ya muchas veces, que la nueva base rítmica de la banda, Kay en baterías y Fran Fidalgo al bajo, les propulsa a otro nivel, sumando por igual precisión y clase.

“¿Empezar a charrar ya?” amenaza el frontman Michael Arthur Long. No hombre, no. Mejor el rock disfrutón de “Devil’s Breath” para dejar sin aliento a quienes todavía no tuvieran el gusto de conocerles. Finísimo como siempre Mario Herrero en teclas. Parte indisoluble de la añeja propuesta de los asturianos. “Can’t Hold Your Gaze” sería a la sazón una de mis favoritas del sábado. Por los coros de Diego y Mario primero y por la forma en que, uno a cada extremo del escenario, jugaron a encontrarse durante sus respectivos solos.

Algún tema nuevo, que integrará un tercer trabajo que nos morimos de ganas por escuchar, y la fiesta a la que ya nos tienen acostumbrados. No se le escapa a nadie que con nosotros tienen perdido ya el factor sorpresa. En cualquier caso puedo dar fe desde aquí de que la gente, conocidos y extraños, se lo estaba pasando en grande. “Concierto corto pero concentrado, como Ron Jeremy”. Me sonaba el chascarrillo, sí. Idiosincrasia Buddha, después de todo.

La frenética “Hang ‘Em High” daría con los huesos de Arthur Long en la valla, aupado por algún que otro sorprendido espectador, y sería anticipo de “un tema más stoner”, no otro que la siempre rocosa y desgarrada “Monster” de su debut de 2018. Solazo de Diego y el vocalista llevado en volandas por la audiencia. La fiesta se desataba en Vidiago. Uno de los cortes que siempre ayuda en el empeño es “Dance Of The Serpent Queen” y su pegadizo (no quisiera decir pegajoso) coro que la gente cantó de muy buena gana ante las exigencias del frontman: “pero cantad, cabrones”.

Ya descamisado, como de hecho viene siendo habitual en él, anunció tener dos noticias. La mala y la buena. Siendo la primera que el set iba tocando a su fin y la buena que tras ellos le llegaba el turno de los italianos Black Rainbows. Pero faltaba, claro, “Medicine Man”, y el despliegue físico/alcohólico que acostumbra a desatar, con el vocalista bajando al césped y bañándose una noche más en champán. “Ye de lo barato del Mercadona”, diría luego mientras se frotaba los ojos de vuelta en las tablas. Todo sea por la fiesta y el rock and roll.

Strangers & Fools” apacigua entonces los ánimos. Apenas un inciso antes de que el propio Arthur Long amenace con vestirse de traje y tornar en crooner en un futuro cercano. Mientras llega ese momento, quedarán en la retina los buenos ratos vividos en Vidiago el pasado sábado. Se despidieron, claro, revisitando una noche más “Highway Star”, con un gran Mario a las teclas y el propio Diego bajando al foso y entregando tan icónico solo al público de las primeras filas. Gran ovación para un tremendo fin de fiesta. Otra plaza conquistada, que diría aquél, por mucho que no estén las cosas ni mucho menos como para andar empleando terminología bélica. Acabaré por comerme las uñas hasta el codo como no llegue pronto ese tercer disco. Triunfales.

Lo bonito de ir a ciertos festivales a dejarte sorprender es que, en ciertas ocasiones, ocurre la magia. Porque no lo tenían nada fácil los italianos Black Rainbows tras el despliegue de los Buddha, pero fue salir con “Evil Snake”, de aquél “Stellar Prophecy” de 2016, y desatar (o continuar) con la mayor de las fiestas.

A puro stoner de riff tan grueso como pegadizo, y aún a pesar de algunos problemas de Gabriele Fiori con el ampli de su guitarra, supieron poner Vidiago a sus pies. Llevaba el italiano una camiseta con el emblema de Heavy Psych Sounds, sello de la banda y auténtica marca de referencia para todo buen fan del género más fumeta. Es cierto que muchos de sus temas pueden pecar de un abuso de la misma estructura. Pero al fin y al cabo esa cierta simpleza en las composiciones revierte en unos temas sólidos cual roca madre.

Mucho bailoteo en las primeras filas y es que su propuesta, con el impulso de esos riffs tan marcados, desde luego da pie a ello. Con la base rítmica de Filippo Ragazzoni (batería) y Edoardo “Mancio” Mancini (bajo) funcionando como un reloj de precisión, todo salía a pedir de Milhouse que decía aquél.

Entrado ya el set, y toda vez su música se inunda en mayor grado de distorsiones y efectos diversos, su propuesta alcanza tintes más espaciales, lindando sin tocar las fronteras de la psicodelia y propulsando a los romanos a cotas hasta ese momento desconocidas en su descarga. En cierto modo no quisieron ser menos que Alto Volto, aprovechando para insertar aquí su particular revisión del “Black To Comm” de los MC5.

Los disfrutamos. Después de todo por algo somos un medio con un tal Ozzy Osbourne como emblema, aunque fuera el de Monster Magnet el nombre que acudiría con más fuerza a mi subconsciente durante determinados momentos del show. “The Hunter” rubricaría un gran final y daría pie a un pequeño bis. “Universal Phase” si mis datos son correctos. Vinieron, descargaron un gran set y, así tal cual, se fueron con la satisfacción del deber cumplido. Banda a tener muy en cuenta. Eh, Factoría, yo no digo nada.

Al grito de “bona nit, Asturies” desencadenaron su descarga los catalanes Disaster Jacks, propuesta más lindante con el punk de toda la jornada del sábado. El trío que forman la guitarra y voz Angi, la batería Marle y el bajista Iggy, vendrían a darle un impulso más a una noche que encaraba ya su recta final y ponía a prueba las ganas de fiesta de los aún presentes. Porque fue sensible la desbandada tras Black Rainbows, lo que de todas formas no arredró al trío radicado en Sabadell.

Punk, claro, tan vivaracho como reivindicativo. Con Angi destapándose como una estupenda frontwoman en cortes como las iniciales “The Mirror” y “Upside Down”. “Faltan mujeres en los escenarios” y es verdad. Después de todo y como bien apuntó la catalana, tanto ella como Marle eran las únicas presencias femeninas de entre todas las bandas del sábado. Agradable la forma en que su punk muta desde entornos casi cercanos al pop a feroces andanadas que rozan el hardcore. Propuesta elástica y disfrutona, es verdad que no hacen el tipo de música que solemos tratar en este medio pero, al menos en lo que a mí respecta, puedo decir que en absoluto me desagradaron.

En “Everlast” quiso la propia Angi tener un detalle con “todas las mujeres, también las trans”, que por algo el verdadero punk será siempre vanguardia en oposición a los más reaccionarios. “¿A quien le gustan las baladas?”, claro, anticipó uno de los cortes más furibundos del set. Y al igual que hicieran antes Drunken Buddha, Angi no quiso perder su oportunidad de perderse entre la gente. Todo lo que el cable de su Les Paul dio de sí y con Macini de Black Rainbows en primera fila y sin perder ripio de sus evoluciones arriba (y abajo) del escenario.

Ya de vuelta a las tablas aún tendría tiempo de intercambiarse los instrumentos con Iggy, y este incluso de dibujar un tímido solo de guitarra. Firmaron un final juguetón y ya digo que para no ser enteramente “mi rollo”, disfruté de su particular punk rock. Fiesta y espíritu reivindicativo. Qué más queréis.

El quinteto con base en Langreo sería el encargado de cerrar esta nueva, y creemos exitosa, edición del Vidiago Rock Festival. Y lo harían con su habitual colisión de thrash y groove para alegría de los pocos supervivientes que aún quedábamos frente a las tablas. Lo cierto es que no era tan tarde. Para lo que nos tienen acostumbrado citas de este estilo, cinco minutos después de las dos es una hora todavía razonable.

En cualquier caso Ángel Cueli, impulsor del evento (y que se había encargado de presentar a todas y cada una de las bandas del cartel) no quiso perder la oportunidad de cantarle el cumpleaños feliz a Dani Larriet, vocalista de la banda, por más que dados los caprichos del reloj, el calendario hubiese corrido ya una fecha más. Sea como fuere suena el celebérrimo tema de Halloween de John Carpenter y Vidiago acoge la propuesta más extrema y bruta de la jornada.

Larriet, experto ya en estas lides, le recordamos cerrando con Unexpectance la multitudinaria vuelta del Unirock en 2022, desató sus registros más oscuros para dar con una “The Butcher” donde ya Adrián “Mostro” entregaría un estupendo solo de guitarra. Y sí. La gente estaba (estábamos) muy parada. Un poco por las horas, otro tanto porque quien más, quien menos, no conocía la agria propuesta de los astures. O no era de su gusto. Quilosá.

Poco han cambiado desde nuestro anterior y encuentro con ellos allá por febrero de este mismo año, por lo que en lo que a nosotros respecta cupieron pocas sorpresas. Pero la banda, técnicos de Casa Furia mediante, sonó todo lo gruesa que debía. Con un Mike Jiménez a los parches ya plenamente integrado en la disciplina del quinteto, alternaron temas propios (“Fariseos”, “Zombie Caníbal”) con otros ajenos como ese “Edgecrusher” de Fear Factory, donde quizá eché en falta los scratches que DJ Zodiac aportara en el original, pero ni mucho menos toda su pegada y rotundidad. Reconocería Larriet que esta era una cita especial para él, no por nada se trataba ya de su cuarta aparición por el festival. Se dice pronto.

Pero sí. La gente estaba ya algo dispersa. Tal es así que el propio Cueli quiso tener el detalle de irrumpir en escena para pedirle a los despistados que se acercaran a las primeras filas y arroparan a la banda. Y la banda respondió en sintonía. “Indomable”, “Pendejos Fronterizos” y su particular revisión del “Take My Scars” de Machine Head vinieron a dar la verdadera medida de la actual encarnación del combo. con “La Migra” de Brujeria, a buen seguro una de sus grandes referencias estilísticas, dirían adiós a su descarga y al propio festival.

Félix, claro, aprovechó para emplazar a la edición del año que viene. En la medida en que las circunstancias (agenda, salud, etcétera) nos lo permitan, desde luego que pueden contar con nosotros. Por lo mucho que disfrutamos allí pero muy especialmente por el cariño con que nos trataron. Da gusto llegar a una cita como esta y sentirse como en casa. Transmiten el amor por el rock and roll con el que la organización saca adelante el evento y la gente acude a disfrutar en total sintonía con ese ambiente casi fraternal. Un espíritu que bien se podría resumir la presencia en las primeras filas de Edoardo Mancini durante la descarga de Disaster Jacks.

Por nuestra parte nada más. Mandar un fuerte abrazo a los habituales de siempre, a la agradable compañía y mandar el deseo sincero de que esta temporada de festivales que ahora comienza se dé lo mejor posible. A nosotros seguro nos encontraréis por ahí. Larga vida al Vidiago Rock.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz