Reseña: Unchosen Ones «Divine Power Flowing» (Autoproducción 2026)

Segundo largo para los heavies melódicos vigueses Unchosen Ones. “Divine Power Flowing” viene a suceder a aquél “Sorrow Turns To Dust” del que diéramos buena cuenta allá por 2023 (reseña). Ellos son Christian Marco (teclado), José Fernández (batería), Pablo Álvarez (bajo), Fran Romero (guitarra) y Javier Calderón (voz), a quienes hay que sumar la colaboración de Anxo Silva (Iron Hunter) en el corte que da título al disco. Un trabajo para el que de nuevo han contado con el arte de Abigail Fernández y que fue grabado por la propia banda, amén de algunas guitarras adicionales que vinieron al mundo en los estudios SMHQ. Con mezcla y master de José Fernando Tercero en los Estudios JFT Producciones, el disco ha de ver la luz el trece de febrero.

Idols & Kings” va a la carga con un prólogo épico y grandilocuente. Toda vez la composición transita hacia las primeras estrofas, adopta un power metal ligero, muy melódico, donde Fran Romero está creando melodías pegadizas y con gancho. El álbum, desde estos primeros compases, hace gala de un sonido más que digno. Me gusta la línea de voz que Javier Calderón ofrece aquí. También los coros que le acompañan en estribillos. Se puede acusar a este primer corte de recordar a un largo etcétera de discos previos dentro del género, pero no de que las distintas ejecuciones sean más que solventes. Romero recupera protagonismo con el estupendo (y extenso) solo de la parte final y todo se conduce con un marcado orden hasta el cierre. Pienso que un más que correcto arranque de disco.

En “The Void” surge un riff algo más sucio y a la vez clásico. A él se enfrenta toda cuanta parafernalia la producción ha sido capaz de introducir. Es un corte a ratos muy recargado, pero Calderón vuelve a estar más que fino al micro. Sin alardes exhibicionistas pero sin acomodarse tampoco. Siento que su registro resulta agradable en todo momento. Del mismo modo me agradan los cambios de ritmo y el modo en que José Fernández los apuntala tras baterías. Fran Romero vuelve a dejar otro gran solo en el tramo final y todo se conduce hacia un epílogo elegante. Ahí emerge y reina la cara más melódica de la banda. Y aunque a ratos sienta que se trata de un corte al que, desde el papel, se le podría haber sacado algo más de jugo, tampoco puedo decir que me desagrade. Al contrario.

Turno entonces para el corte más extenso de los nueve. “Cursed Without A Cause” apacigua los ánimos, recubre su prólogo de una épica muy acusada y transita después hacia las primeras estrofas con un deje casi progresivo. Un guiño, apenas, pues pronto la composición adopta un power metal asequible, bien construido y mejor ejecutado. El de los estadounidenses Kamelot es un nombre que va y viene con las sucesivas escuchas. Aquí surge uno de los estribillos con más gancho de todo “Divine Power Flowing”. Todo me funciona. Además tengo la sensación de que Christian Marco está de lo más acertado tras las teclas. A destacar su labor, al alimón con Fran Romero, durante el (nuevamente) épico puente del tramo final primero, y durante el duelo solista después. Es un corte que exhibe el músculo que eché en falta en el corte previo y que, huelga decir, deja la mejor cara de los gallegos.

El de “Whirligig Saw” es un riff que bien me podría recordar a muchos momentos de Judas Priest, pero filtrado a la manera Unchosen Ones. Y de todos modos, cualquier parecido con la banda de Birmingham salta por los aires toda vez acometen las primeras estrofas. Ahí los gallegos adoptan un metal colindante con el power, una vez más revestido de una cierta épica, y donde resulta vencedor otro estribillo redondo y con gancho. El solo de Fran Romero, esta vez, tiene algo que me recuerda al bueno de Michael Romeo, lo cual nunca es mala señal. Y si bien todo el andamiaje de la composición puede resultar un tanto recurrente, no niego que la canción funciona.

Caught By The Wind”, que busca inspiración en la legendaria saga de videojuegos “Castlevania” ahonda en esa vena más power. Y lo hace, claro, sobre una base rítmica trotona y directa. La banda pone todos sus argumentos a funcionar: la pegada de José Fernández tras los parches, los escorzos de Christian Marco desde el teclado, el bajo rugiente de Pablo Álvarez. Y por supuesto el buen hacer de Fran Romero en guitarras y Javier Calderón en voces. Me agrada cómo, aún en esas revoluciones altas, la banda nunca abandona los buenos riffs, las buenas melodías. Quizás el solo final merecía algo más de espacio. El dibujado aquí por Romero aquí, si bien no me desagrada, sí que me deja con ganas de más. En todo caso un corte que disfruto.

Inspirada en el manga “El Puño De La Estrella Del Norte”, “Divine Power Flowing” apacigua ese metal trotón y redirige hacia un hard emborrachado de buenas melodías. Cuentan aquí con la colaboración del Iron Hunter Anxo Silva, quien ejerce de bronco contrapunto, con su voz rasgada, al siempre impoluto registro de Javier Calderón. Corte de puro hard rock melódico (unos Be For You podrían firmar un corte como este sin problemas), supone a la larga todo un soplo de aire fresco dentro del tracklist.

Me agrada la manera en que “Synthetic Wave Horizon” juega con las estructuras en contraste con el resto del álbum. Parte de un tranquilo prólogo para que después irrumpa su cara más contundente y Fran Romero despliegue todas sus habilidades a las seis cuerdas. El riff que dispone para las primeras estrofas, de hecho no podría funcionar mejor. Tiene un gancho de mil demonios. Y si bien los que se suceden en estribillos puede que no tengan ese brillo, da igual porque el trabajo melódico tanto suyo como de Javier Calderón es poco menos que excelente. Hay mucha calidad aquí dentro y cortes como este son testimonio de ello. Otra de mis favoritas.

Midnight Mass” le vuelve a cambiar el paso al disco. Es un metal algo más sucio, oscuro incluso, de marcado contraste con el resto del álbum. Y si bien por sus estribillos sí que se cuela algo más de luz, ahí están esas estrofas de una crudeza apenas desconocida en todo el tracklist. Javier Calderón alterna susurros con voces elegantes y armoniosas. La producción se atreve a dejar un par o tres de detalles que otorguen una mayor personalidad y en definitiva todo me funciona. Desde esa escritura que parece querer guiñar al prog más leve hasta la cuidada labor de Christian Marco tras las teclas. Fran Romero remata con otro gran solo de guitarra y, al final, Unchosen Ones trazan otra de las composiciones verdaderamente ganadoras de este “Divine Power Flowing”.

El cierre es para “Death & Deliverance”, que no le anda lejos en cuanto a ambientaciones al corte previo, esos dejes tan Symphony X, recuperando a su vez aquél deje más melódico de temas como el que da título al álbum. Y si bien me cuesta conectar con el estribillo que Javier Calderón dibuja aquí, no puedo negar que los gallegos están, de nuevo, a gran nivel en lo que a despliegue técnico se refiere. En especial un Fran Romero que se desfogará con otro lúcido solo de guitarra en este rush final. Perfecto broche.

Y es que “Sorrow Turns To Dust” ya nos había dejado un buen sabor de boca en su día. Este nuevo trabajo no viene sino a apuntalar las buenas ideas que poseía aquél. Añadiendo algo más de mordiente a la mezcla, dejando que su nivel técnico fluya de forma natural, sin excesos contra natura, otorgando personalidad a cada uno de los temas y, en definitiva, dejando la sensación de que saben muy bien lo que se hacen. Metal melódico de altura, regado con solos de gran mérito, voces que derrochan elegancia, una base rítmica más que firme y todo para un disco que bien merece una escucha o dos. Avisados estáis.

Texto: David Naves

Reseña: Alto Volto «Luna Negra» (Discos Furia/Ataque! 2025)

Decía Bob Dylan que los tiempos están cambiando y desde luego lo han hecho para el trío asturiano Alto Volto. Toni Tamargo (batería), Sergio Tutu (bajo) y Borja García (guitarra y voz), trasladaron en el estudio la propuesta lírica de la banda al idioma de Cervantes. “Luna Negra” vino al mundo en los Tutu Estudios con Sergio Tutu (Deltonos, The Electric Buffalo) como productor. Los once cortes que ahora nos presentan cuentan además con las inestimables colaboraciones de Sandra Álvarez en coros y Sam Rodríguez en teclas. Alineación de lujo que completan Dani Sevillano, encargado de la masterización en Ovni Estudio, y el arte del Ossobüko Studio para la portada.

Habitaciones Frías” supuso el adelanto de este “Luna Nueva” y, más allá del cambio en cuanto a letras, resume y afianza la idea que un tiene de una banda como esta. Rock conciso y sin artificios. Elegante más que amable y producido con un mimo y cuidado exquisitos. Unas estrofas que a ratos me recuerdan a Corazones Eléctricos, aquella escisión de Uzzhuaïa con Pau Monteagudo al frente. El uso del wah al comienzo, la firme batería de Tamargo, el pegadizo estribillo de García y su buena ristra de solos. Un arranque eficaz y disfrutón.

En “Baila” el trío suena algo más sucio y arrastrado. Me gusta esa construcción alterna de las estrofas. Tan clásica. Tan funcional. También la forma en que las guitarras acompañan al fino estribillo de Borja. Como digo es rock sin estridencias, sin desmanes, pero rebosante de buen gusto en la confección de solos. En los finos engarces entre estrofas brilla igualmente la base rítmica de Tutu y Tamargo. La mezcla acierta a otorgar a cada línea su debida cuota de protagonismo y por ahí caben pocas pegas. Hay un solo rebosante de carácter en su tronco central y Borja García no podría parecer más cómodo con su línea de voz. Más clase que una universidad.

Hey, Hey!!” son los Alto Volto más libres y dinámicos. Un rock de nuevo más vibrante, siempre dentro de su habitual rango de acción, pero revestido ahora por el piano de Sam Rodríguez. Acompaña en estrofas y estribillos, otorgando una dimensión mayor a la acendrada propuesta del trío. En consonancia con ese ritmo más vivo, Borja dibujará solos más efusivos aquí. La banda acomete después un puente calmo y elegante, cortado por ese clásico crescendo final. Uno de los cortes de más pronta digestión de todo “Luna Nueva”, de esos que entran a la primera y que, pienso, no debería faltar en sus directos.

Se percibe una mayor gravedad en “Veneno”. En efecto las guitarras se envenenan en el prólogo, pero la banda reconduce hacia una mayor desnudez en las primeras estrofas. Así las cosas, estos son los Alto Volto más sucios y compactos. Construyendo de nuevo buenos estribillos pero también una de las secciones solistas más llamativas de todo el tracklist. Si bien pienso que su epílogo tal vez merecía una pizca más de desarrollo, que no de picante, otra de las que entran como cuchillo en mantequilla.

Maldita Mi Suerte” supone entonces un marcado cambio de tercio. Composición a caballo entre la balada y el medio tiempo, sobresale aquí la buena producción de Sergio Tutu. En especial durante los tonos más amables de esas primeras estrofas. También en el tratamiento que le otorga a la propia voz de Borja. El trabajo en cuanto a guitarras es de una clase y una finura incontestables. Todo se enfanga y endurece en un tronco central que sorprende por lo abrupto de sus guitarras. Me gusta el solo que irrumpe a continuación. También el modo en que el epílogo retorna de nuevo hacia aguas tranquilas. En opinión del abajo firmante una de las propuestas más llamativas ya la vez sólidas de todo “Luna Nueva”.

La Celebración” nos devuelve entonces a los Alto Volto más vivarachos. Hay un gran riff aquí, bien secundado por el bajo de Tutu. Puro y añejo rock and roll en un corte hedonista y alegre. Las distintas secciones solistas, que adquieren una mayor suciedad ahora, me recuerdan a los también asturianos Amon Ra. Supone uno por que, al final, las influencias de unos y otros no son tan distantes. Sin disgustarme, cierto es que no me engancha en la medida en que lo hacen otros cortes del estilo dentro del álbum.

En una onda aún más vivaracha, “Atontado” ofrece a unos Alto Volto de nuevo vibrantes y alegres. De tan elemental, el riff tiene un gancho de mil demonios. La letra, ataque frontal al universo de las redes sociales, viene acompañada de alguno de los tonos más altos de Borja. Y si bien su duración (3:25) pueda saber a poco, bien está el solo de guitarra con el que rematan en su tramo final, así como el modo en que acompaña la firme base rítmica. Agradable.

El disco sigue cogiendo altura gracias a cortes como este “Insomnio”. Ritmos vivos, buenos riffs y un bajo que ruge ahora como si le fuera la vida en el empeño. Me gusta especialmente esta línea de voz para otra de esas canciones que huelen a directo ya desde sus primeros compases. Su estribillo, sencillo pero eficaz y los buenos solos de su tramo final conforman otra de las grandes ofertas, pienso yo, de este “Luna Nueva”.

Ojo Chaval” vuelve a la senda de los Alto Volto más sucios. Una rotundidad más acusada que no va en menoscabo de sus buenas estrofas, sus riffs pegajosos y los buenos detalles de Tamargo a los parches. Cabe casi de todo aquí. Incluso pequeño solo de bajo por parte de Tutu. Muchas son las ideas que el trío introduce en estos tres minutos largos. Que aún con ello, la composición no suene descompensada o mecánica creo que habla muy bien del cuidado con el que han tratado a esta novena entrega.

Hablando de Tutu, vuelve a brillar el bajista a lo largo de “Ella”. Al alimón con Tamargo compondrá una cuidada base rítmica para un corte que me agrada primero por construcción y después por cómo juega entre muchas de las influencias que dominan la propuesta del trío. Y si bien no encuentro un estribillo del todo redondo, todo el aspecto puramente instrumental de esta penúltima entrega brilla con inusitada fuerza. También la producción de Tutu, el juego entre canales que propone a ratos, o la forma en que juega con las voces de Borja. Estupenda.

La instrumental “India”, a la sazón corte más extenso de los once, cerrará este “Luna Nueva” desde una óptica radicalmente distinta al resto del álbum. Entrega semiacústica entre lo tenue y lo desértico. Llamativa seguro y una insospechada sorpresa durante la primera escucha de este nuevo trabajo.

Un trabajo en el que Alto Volto parecen haber echado el resto. Caben muchas influencias, ritmos y colores a lo largo de estos once cortes. Todos elegantemente producidos y, los más, llenos de buenas ideas. También de manos hábiles a la hora de trazar buenos riffs y solos. El cambio de idioma supone un giro brusco. Pero Borja García, salvo momentos muy puntuales, ha sabido trazar unas líneas de voz ajustadas y con gancho. La base rítmica de Tutu y Tamargo no se limita a acompañar a la guitarra y de resultas de todo ello encuentro uno de esos discos que terminan enganchando por su propia diversidad. Hay calma, suciedad, brío y elegancia. Y aunque alguno de estos temas ya los hayamos oído en vivo, bien estará el reencontrarse con el trío el próximo viernes 6 de junio en el Gong Galaxy Club. Salvo catástrofe, allí estaremos.

Texto: David Naves

Reseña: Nukore «The Blackout» (Revolution Records 2024)

The Blackout” es el nombre con el que los metaleros vitorianos Nukore han bautizado a su más reciente obra de estudio. Un total de ocho temas grabados en los SilverStar Studios de Iker Bengoa, viejo conocido de la banda. Ellos son Rafa Bataglia (batería), Ander Martínez-Olaskoaga (guitarra y coros), Álvaro Foronda (bajo y coros) y Aitor Asso (voz). El álbum vio la luz vía Revolution Records el quince de noviembre del pasado año.

Hunger Games” ofrece un inicio más enrevesado y atrevido de lo que uno podría esperarse. Un hardcore / metal de pulso tenso, diversidad en líneas de voz y un riff, pesado y arenoso, con un gancho de mil demonios. La de Biohazard podría ser una rima recurrente aquí. La banda aprovecha para contraponer su cara más atmosférica y uno va poco a poco atisbando la fortísima personalidad que desprenden estas composiciones.

Hate Is A Burden” prosigue esa senda de hardcore metal pesado y groovie, destacando otro buen riff aquí a cargo de Martínez-Olaskoaga. Desgarro y mucha variedad vocal para alimentar ahora una faceta un tanto más alternativa en estribillos. Efectos varios acuden a las guitarras de Ander y el coro, repetido de forma incesante, acaba por instalarse en el subconsciente sin mayores esfuerzos. El puente viene finalmente a alimentar a esos Nukore aún más oscos y pesados del epílogo. Otro buen corte de metal retorcido y fronterizo.

Tendrá que ser “Pay & Obey” la que venga a añadir algo más de nervio y picante a la mezcla, con una banda ahora en una encarnación más cercana al crossover thrash. Suicidal Tendencies, S.O.D. o ciertos momentos de Anthrax podrían ser rimas recurrentes aquí. El corte de todos modos ve rebajado ese brío inicial para acometer un pulso algo más sureño (ese riff no engaña) y Nukore van así alimentando la amplia gama de registros que manejan para este nuevo trabajo.

Planet B” viene soportada por dos grandes pilares. Uno es el estupendo riff de las estrofas. De nuevo sin escatimar en gancho ni pegada. El otro es la hábil línea de batería y la forma en que se amolda a los muchos registros que la banda maneja aquí. Tantos, que uno siente la composición algo encorsetada dentro de sus tres minutos y medio (no llega). Sea como fuere y cuando las revoluciones suben, el cuarteto acierta a hibridar thrash y hardcore sin mayores esfuerzos. A buen seguro una que será ineludible en sus directos.

Lost”, que pasa por ser el corte más extenso de este “The Blackout”, retorna a aquellos Nukore más atmosféricos del comienzo para traer al frente un metal de voces casi rapeadas, atravesadas por un tono ahora más apagado y melancólico. Medio tiempo tejido con todo el cuidado, que no obstante procura no obviar las fuertes señas de identidad del cuarteto vitoriano. Me gustan estos estribillos. También esas voces más rotas y desesperanzadas que irrumpen en el puente. Junto a “This Light Of Mine” el corte más diferente de los ocho y testimonio clave de lo versátil de su propia versatilidad como banda.

Con “Ward Dog” regresan unos Nukore más elementales. Puede que el riff que Martínez-Olaskoaga introduce aquí no me atraiga tanto como otros dentro del disco. Todo lo contrario que unas voces limpias para estribillos que no me podrían recordar más al mejor Christian Olde Wolbers (Vio-Lence, ex-Fear Factory). Del mismo modo pienso que el puente central bien merecía algo más de brillo en lo que a técnica se refiere. Un solo que terminase de rematar lo atractivo de su trazo. Por ahí un corte al que encuentro algo desigual.

De las ocho puede ser “This Light Of Mine” la que más brilla en cuanto a sonido y producción se refiere. Desde su caminar apaciguado, en cierta rima con la anterior “Lost”, se deshace no obstante del tono melancólico de aquella, dejando en el aire un cierto aire de revancha. Hay buenos cambios de ritmo, comandados con pulso firme por Bataglia, cara a construir alguna de las estrofas más redondas de todo el largo, con Martínez-Olaskoaga, ahora sí, entregando una interesantísima gama riffera. ¿Lo peor? Esos poco más de tres minutos que marca en el reloj.

Claro que si hablamos de duraciones rácanas, qué decir de la final “Don’t Do It!”. Si parpadeas te la pierdes, que decía aquél. Y no obstante Nukore se las arreglan para componer un corte atractivo por diverso. Bien arreglado y rebosante de personalidad. Un final tan fugaz como el álbum mismo.

… que por duración casi parece un Ep, pero que en cualquier caso entrega ocho temas de fuerte personalidad, bien producidos y en los que cabe casi de todo. La banda parece querer obviar cualquier tipo de relleno y por ahí el disco transita sin grandes errores, si bien pienso que alguno de los temas bien merecía un desarrollo algo más ambicioso. Si llegados a este punto os pica la curiosidad, la banda estará junto con el combo hardcore asturiano Jeremías El Babuino en el Tizón gijonés este próximo viernes 28 de febrero.

Texto: David Naves