Volvían Avalanch a la capital asturiana y lo hacían como invitados en la XXVII edición del Concurso de Rock Ciudad de Oviedo Alejandro Blanco “Espina”. Una banda que llevaba sin pisar la ciudad asturiana desde su paso en acústico en 2019. Junto a Alberto Rionda y sus chicos competían dentro del certamen los hard / heavies Undertaker y los punks Mayday.

Sería la propia Ruth Suárez (Darna, Kirlo), miembro del jurado, la encargada de presentar a los distintos participantes. Siendo apenas veinte los minutos de los que disponen las bandas aspirantes, no gran cosa podemos decir. Undertaker, quinteto de heavy clásico con voz femenina, (descendiente de un tal Fer Espina) mostraron buenas hechuras en lo compositivo pero quizá una cierta lozanía en el directo. Nada que el tiempo no cure. Ejemplos desde el nacimiento de esta hemos visto unos cuantos. Estaremos atentos.

Mayday por su parte parecían tener la lección bien aprendida. El suyo es un punk contemporáneo, que me recordaba por momentos a aquellos Servet que vimos en Valliniello, pero por donde se colaban algunos riffs más rotundos, casi en las proximidades del metal. Con un tema n’asturianu y detalles que llegaron a bordear el post rock, no creo que dejaran indiferente a nadie. Desde aquí solo cabe desearles la mejor de las suertes a Undertaker, Mayday y al resto de participantes.

Teníamos muy reciente al combo de Alberto Rionda, aquél paso por el Luarca Metal Days del pasado julio, pero había ganas de ver qué tal funcionaba la enésima iteración de la banda en territorio ovetense y en el marco de las fiestas patronales de la ciudad. Marco donde, sin ir más lejos, la banda grabara su primer DVD “Cien Veces” hace ahora ya más de dos décadas.
Lo sabido de antemano es que esta no iba a ser una fecha fácil para ellos. Nunca lo es cuando uno pierde a una pieza fundamental del engranaje como es el teclista Manuel Ramil, a quien deseamos pronta recuperación. Su falta, sumada a la ya habitual de un segundo guitarra, daba un aspecto algo desolado cuando el (momentáneo) cuarteto la emprende con “El Oráculo”. La puesta en escena, con el logo proyectado en el video wall y un par de telones a cada lado, ofrecía una estampa de lo más cuidada.

Habíamos visto al Death&Legacy y Delalma Jesús Cámara afanarse con el bajo de Nando Campos, por lo que quizá no teníamos ninguna certeza de cómo de bien iban a sonar esta versión downsize de la emblemática banda asturiana. Pero lo cierto es que para cuando llega “Horizonte Eterno” no pueden estar sonando mejor. Ello pese a lo siempre engorroso de las pistas pregrabadas. Atrás del escenario, entre los mencionados telones, el bueno de Bjørn Mendizábal (Quaoar, ex-Azken Garrasia) se afanaba en propulsar a la banda. Su desempeño, la forma en que dispone el propio kit de batería, no podría recordar más al tal Mike Terrana a quien sucede en el puesto.
Muy bien recibida “El Dilema De Los Dioses” entre el público que se arrimó a la plaza de Feijoo. Pardial había reconocido que era una de las canciones especiales para ellos y lo cierto es que, de entre el material más reciente, fue de las que mejor funcionó. Los chicos arremeten entonces con la más pop “Alas De Cristal” y toneladas de recuerdos vuelven a agolparse en mi subconsciente. Una de esas que rara vez fallan. Pardial le dedicó “Pies De Barro” a quienes estuvieran “pasando un pequeño bache”. Brilló Rionda aquí. También el cudillerense, que junto con el bajista Nando Campos se las apañó para darle un aire más hard al epílogo. El circunstancial cuarteto enlazó con “Mil Motivos” y quedó patente el buen estado de forma que atraviesan. Aún con los inconvenientes.

Rionda cambiaría de guitarra y el set sufriría entonces la gran inflexión que supone siempre “Niño”. Ineludible y, al menos para quien escribe, uno de los tres, cuatro mejores cortes de su ya dilatada trayectoria. Me gusta que José Pardial no intente parecerse a ninguno de sus predecesores. Tiene su propia personalidad y sobre el escenario se desarrolla conforme a sus muchas virtudes. Si es la pieza adecuada solo el tiempo lo dirá. Rionda, por su parte, adornó como siempre ese puente tranquilo y contribuyó a anticipar ese build up que tanto y tan bien acostumbra a funcionar. Quien más quien menos anticipó entonces una deriva hacia temas de su primera etapa…
… y acertó, si bien la escogida fue “Antojo De Un Dios”, no sin que antes Pardial le pidiese a la gente que le iluminásemos con las linternas de nuestros móviles. Brilló Rionda en el solo aquí, como no podía ser de otra forma. La estupenda “El Peregrino” nos retrotrajo a “El Secreto”, con el vocalista de Cudillero en su salsa. Aquí el pixueto anunciaría un último tema, no otro que “Lucero”, para dar por finiquitado el set. El rechazo que generó en su día, la banda venía de donde venía, y el calor que recibe esta canción hoy día. Pocas cosas más sabias que el paso del tiempo.

Rionda inauguró los bises en solitario. Primero con el solo de “Alborada”. Después con “Santa Bárbara”, con la Feijoo a coro. Y ya con toda la banda sobre el escenario, “La Flor En El Hielo”, que a estas alturas del set puso de relieve cuánto creen estos Avalanch en su (hasta la fecha) penúltimo álbum de estudio. Es sin embargo la nostalgia de “Pelayo” (que Pardial dedica a su “primín” del mismo nombre) la que pone San Mateo patas arriba, con Bjørn y el propio vocalista buscando la interacción con la gente al final. Y aún a riesgo de repetirme, fantástico Rionda en el solo aquí.
La labor de Nando Campos puede ser algo más oscura. Lo cierto es que sin una segunda guitarra en escena uno echa en falta un bajo con algo más de pegada. Lo que no fallan son sus coros en apoyo de su vocalista en “Xana”, donde Avalanch procuran un arranque a capela que enganche con la audiencia. Fue aquí donde más eché en falta esa segunda guitarra. También donde Pardial ofreció el agudo más rasgado de la velada. El de Cudillero se vació de lo lindo sobre el escenario en este tramo final y, poco a poco, va labrando su particular leyenda.

Agradecimientos al equipo técnico mediante, a la organización y al equipo de Duque Producciones, el vocalista quiso tener un pequeño detalle para con Manuel Ramil en la introducción de, cómo no, “Torquemada”, que Feijoo acompañó voz en grito para poner el punto el final. Una buena versión de la banda a pesar de las circunstancias y cierta sensación con respecto a nuestro anterior encuentro de que se encuentran cada vez más a gusto. Por nuestra parte solo queda desearle lo mejor al coruñés y contarlo aquí, en Heavy Metal Brigade.
Un buen jueves a caballo entre la incertidumbre del futuro y el siempre fiable valor de la nostalgia. Sigue sin agradarme el actual emplazamiento del Oviedo Rock. Mira que no habrá plazas en Oviedo sin una estatua en medio. A veces da la impresión de que ciertas decisiones consistoriales se basan en criterios cuanto menos aleatorios. En cualquier caso felices de haber visto una pequeña migaja del Oviedo Rock y una buena versión de Avalanch.

Nada más ya que dar las gracias a la organización por las facilidades dispuestas de cara a la realización de esta crónica, mandar un saludo a los habituales de siempre y ya saben: nos vemos en el siguiente.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz
