Crónica: Scorpions en Gijón (Tsunami Xixón 21/7/2024)

Segunda visita a los escenarios asturianos para Scorpions. La legendaria banda alemana cerraba el pasado domingo 21 de julio la nueva entrega del festival Tsunami Xixón 27 años después de su anterior vista a Gijón. Si allá por 1997 llegaban a la ciudad para presentar su décimo tercer disco de estudio “Pure Instinct”, crónica aquí, en esta ocasión la excusa sería la celebración de sus 60 años de trayectoria y rendir pleitesía a “Love At The First Sting”, uno de sus álbumes más aclamados en el 40ª aniversario de su lanzamiento.

La cita congregaría a más de 15.000 deseosos de escuchar los himnos atemporales del combo teutón en la que sería la jornada más concurrida del festival. Una calurosa tarde de domingo que arrancaría con la actuación del trio liderado por el guitarrista gijonés Rafa Kas. El miembro de bandas como Ilegales, O’Funkillo o Fe De Ratas, estaba acompañado por Drest G. Arias a la batería y el espigado Antón Ceballos al bajo. Basaron su escasa media hora sobre el escenario en la interpretación de versiones de Led Zeppelin, Deep Purple, Thin Lizzy y AC/DC además de un enérgico e improvisado solo de batería mientras se procedía a la sustitución de una cuerda rota en la Hamer del músico local. Un gran arranque de fiesta que logró caldear aún más el ambiente y preparó a la audiencia para el segundo plato de la velada.

Pocas sorpresas deparó el show del galés Phil Campbell y sus hijos bastardos. La peineta con la que habitualmente el otrora guitarra de Motörhead saluda al respetable al inicio de cada concierto se ha convertido en santo y seña, así como arrancar con “We’re The Bastards” como primer tema de presentación. En esta nueva etapa se acompaña de su hijos Todd (guitarra), Dane (batería) y Tyla (bajo) además de un solvente y carismático Joel Peters a la voz.

No podía faltar en el setlist recordar su paso por la banda liderada por Lemmy Kilmister a través de temas como “Going To Brazil”, “Born To Raise Hell” y como no, “Ace Of Spaces” para ganarse a una parroquia muy receptiva a la propuesta sonora de la formación. Escasos 45 minutos sobre las tablas de los 60 marcados originalmente y que acentuaron aún más la sensación de brevedad de su show. Sin duda se merecían más minutos.

Anochece en Gijón cuando Mikkey Dee toma lugar en su batería. Suenan las primeras estrofas de “Coming Home” y Klaus Meine hace irrupción en el escenario. Con paso lento se va acercando al centro del mismo y tras el unos vigorosos Rudolf Schenker y Matthias Jabs se sitúan a sus extremos. El contraste toma forma sobre las tablas, la sensación de fragilidad física del vocalista inicialmente eclipsa la energía que exhiben sus compañeros.

No se resiente en gran medida la voz de Meine en la interpretación casi completa del álbum homenajeado salvo una “The Same Thrill” que desnuda sus limitaciones. Dan oxígeno al veterano cantante, 76 años lo contemplan, la estratégica colocación en el repertorio de la instrumental “Coast To Coast” y el gran solo de batería de Mikkey Dee, que no hay duda insuflan aire y pausa a Meine para realizar un concierto más que solvente.

Por su parte un infatigable Rudolf Schenker hizo uso de varias guitarras modelo Flying V, tuneada una con las banderas alemana y americana, la clásica bicolor negra y blanca incluso otra en forma de tubo de escape humeante. Mientras el siempre sonriente Matthias Jabs lleva el peso solista, dando otro respiro a Meine a través de un extenso solo de guitarra en “New Vision”.

Un amplio espectro de edad el que se podía comprobar entre la audiencia. Varias generaciones acudieron a la llamada a filas de la banda y disfrutaron coreando por igual “Bad Boys Running Wild” como la imprescindible “Wind Of Changes”. El himno anti belicista afianzo aún más su mensaje con la aparición del símbolo de la paz en las pantallas de video colocadas en los laterales del escenario. Poco más de 90 minutos para un total de 18 canciones con paradas tanto en obras clásicas como “Animal Magnetism” y “Blackout” como en su último disco de estudio “Rock Believer” gracias a un tema como “Gas In The Tank” que parece se afianza definitivamente en el setlist.

Un buen concierto de los alemanes que lograba mantener la conexión con un público rendido a una banda inmersa posiblemente en su última gira por nuestros escenarios. Las dudas provienen del estado físico de un Klaus Meine, afortunadamente aún solvente en el apartado vocal. El de Hannover es pieza clave en la continuidad de una banda en la que el resto de componentes demuestra tener cuerda para rato. El “Rock n’ Roll Forever” que rezaba en la espalda de la cazadora de Maine, cobra sentido como mantra para unos Scorpions enfrascados en su sexta década de existencia. Aquellos ídolos que adornaban las paredes en la habitación de muchos adolescentes en los años 80 se han vuelto mayores y su retiro definitivo se acerca, pero seguro que si tenemos oportunidad de disfrutarlos una vez más volveremos a repetir cita. Rendidos de nuevo a esa nostalgia que deja una sonrisa en la cara y placer en el corazón, como su primer picotazo.

Texto y Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Corazones Eléctricos «De Amor Y Rabia» (Etiam Records 2023)

Once nuevos latidos para los Corazones Eléctricos, el trío que forman Pau Monteagudo (guitarra y voces), Quique Cuquerella (batería) y Pete Sala (bajo) y que tiene parada el próximo viernes en el Tizón gijonés junto a los chicos de Maverick.

Fue el propio Monteagudo quien se encargó de producir este nuevo “De Amor y Rabia”, asistido en la parcela técnica por Manuel Tomás, Sergio Peiró, Genevieve Bennetts y Carlos Gómez. El álbum se grabó entre los estudios La Casa De Ninguna Parte, Valzhalla St., Milenia y Pentasonic. Las pistas resultantes de esas grabaciones serían posteriormente masterizadas por Enrique Soriano. En la calle desde octubre del pasado año.

Canción Urgente” da pronto la medida de la cara más hard del trío. Rock facilón, con pegada y que arrastra un deje casi grunge en sus estrofas. No descubre nada pero destapa, para despistados, el carisma casi torrencial de Monteagudo al micro. La línea “ahora toca ver en mi todo lo que nunca me atreví” suena realmente a pura declaración de intenciones. Qué hay si no más a “contracorriente” que un álbum de rock and roll a estas alturas del cuento.

Pero ahí está la más templada “Aullar Contigo” para ir ampliando las muchas miras que contiene este “De Amor y Rabia”. Un rock más templado, que no aburrido. Para nada. Hay una estupenda línea de bajo aquí, sensacional Pete Sala, mientras las guitarras adoptan afinaciones más amables. Todo desemboca en otro estribillo de esos que se pegan a la primera. Quizá eche en falta un solo que termine de apuntalar la propuesta, pero esto sigue siendo rock de muchos quilates. Que nadie lo dude.

Cimarrón” regresa a aquél pulso más hard del tema apertura, amén de soterrar un piano bajo el cascarón puramente rockero de la banda. Me llama la atención la forma en que Monteagudo afronta estas estrofas, un poco a la contra de la propia vibración de la base rítmica. Un corte sencillo en su trazo, directo, llamativo por esa extraña conjunción y que destapa la vertiente más flamígera de la banda.

El tenue arranque de “Sueño De Una Noche De Verano”, así como sus primeras estrofas, siempre traen a mi subconsciente a unos The Cult del “Love”. Afinaciones leves en estos primeros compases, solidarias al Monteagudo más susurrante. Cuando la intensidad sube y el corte alcanza estribillos, esta cuarta entrega termina por convertirse en una de mis favoritas de todo el redondo. Algo a lo que contribuye el reverberante solo que antecede al epílogo. Lo dicho, estupenda.

Renglones Torcidos De Dios” le pega otro giro de timón al tracklist. Una balada en formato clásico, muy cuidada en cuanto a producción y con una de las letras más intimistas que le hayamos oído al bueno de Pau Monteagudo. La sencilla pero fundamental línea de piano que acompaña a las estrofas, el propio Pau controlando con sumo cuidado su registro. Sin excesos ni alardes. Cuando todo se atempera en el tronco central, emergen los Corazones Eléctricos más alucinados de todo el redondo. Antesala del desgarro que eclosionará camino del epílogo. Fácilmente una de las baladas más cuidadas y elegantes que servidor haya escuchado en los últimos meses

La Destilería” vuelve por los fueros más rockeros del trío. Quizá de las once la que más me recuerda a aquellos Uzzhuaïa que tantas alegrías nos dieron hasta su deceso en 2014. Rock proverbial, apoyado en una letra menos tonta de lo que parece a simple vista, y que arrastra toda la pinta de funcionar como un tiro en directo.

” ejerce casi de conjunción entre la propia vena rockera del trío y ambientes no tan lejanos de un pop de radio fórmula de quince, veinte años atrás, previo a la eclosión de la música urbana que domina los diales en nuestros días. Monteagudo la interpreta con suficiente pasión para no desaprovechar el tiro. Y aunque haya unas cuantas ofertas dentro de este “De Amor y Rabia” que considero más redondas, qué hábil resulta ese pequeño parón antes de epílogo.

Para “Todo Por El Aire” regresa el Pau más sensual, apoyado de nuevo en otra inteligente línea de bajo de Sala. Llamativa por las afinaciones tan leves de sus estrofas en contraste con eso estribillos más ruidosos y noventeros. Por ambientaciones uno de los cortes más llamativos de todo el tracklist pero con el que, curiosamente, conecto sólo a ratos.

Los Dos Lados De La Misma Cara” amenaza con torcer hacia terrenos más endurecidos. Y sin embargo, ahí está el desvío que toman sus estrofas y que los acerca, de nuevo, al rock alternativo de los noventa. En especial cuando uno oye la forma en que Monteagudo encara sus estribillos. Hay buenos solos aquí. También una cuidada línea de batería por parte de Cuquerella. Al final una de las entregas que más ha ido ganando con el correr de las escuchas.

Es el propio Cuquerella quien lustra el arranque de la desgarrada “Érase Una y Otra Vez”, testimonio de la cara más rockera y vibrante del trío, que atruena ahora con una intensidad pocas veces oída a lo largo del álbum. Ojo a las melodías en que se apoyan los estribillos, con Monteagudo tirando de clase y también de galones. El ruidoso tramo final, y los riffs que la banda desarrolla aquí, no distan tanto de unos Muse del “Origin Of Symmetry”. Otra de mis favoritas.

El cierre es para la “Balada Del Difunto Vivo” y esos ambientes casi desérticos, con Pau en tesituras casi desgarradas. Cuidada y bien construida, rezuma clase y buen gusto. Una despedida distinguida, que abrocha, trompeta mediante, este nuevo trabajo con la cara más melancólica, triste incluso, del trío valenciano.

Un disco que rezuma buenas ideas. El tracklist abraza una amplia gama de influencias y las imbrica con la suficiente clase para que el resultado común nunca deje de mantener un nexo común. Es cierto que aquí y allá echo en falta algún solo que otro. Pero con eso y con todo un disco que resulta de lo más cuidado en cuanto a producción, que nos devuelve a Pau Monteagudo en plenas facultades y deja un ramillete de temas para el recuerdo. Desde la inmediatez de la inicial “Canción Urgente” a la no poca clase de “Renglones Torcidos De Dios” o el desgarro de la efectiva “Érase Una y Otra Vez”, un trabajo que merece la atención de todo buen fan del rock and roll que se precie.

Texto: David Naves

Sex Museum + Baja California: Cambio de Recinto

Programado originalmente como parte del ciclo musical de El Patioh de La Laboral, el concierto de los madrileños Sex Museum y los ovetenses Baja California se traslada a la Sala Acapulco manteniendo la fecha, es decir, el próximo domingo 28 de julio.

Cambios en la logística y la producción del evento llevan al cambio de sede. Con apertura de puertas a partir de las 19 horas, Sex Museum regresa a Asturias a punto de cumplir 40 años de trayectoria musical. Por su parte Baja California continúan inmersos en la presentación en vivo de su última obra de estudio «Electricidad«, reseña aquí, publicada a comienzos del 2024 a través de El Dromedario Records. Las entradas adquiridas son válidas para el nuevo recinto, para los que hayan adquirido el bono del festival Ye-Yé Gijón obtienen un precio especial para el concierto de 19€. Entrada anticipada online disponible vía Enterticket:
https://www.enterticket.es/eventos/sex-museumbaja-california-en-el-patioh-la-laboral-578847

Reseña: Adventus «Lo Que Trajo El Viento» (Maldito Records 2024)

Aguas turbulentas las que ha tenido que navegar el músico, compositor y productor gallego Manuel Ramil. Adventus saltaban por los aires allá por 2022 y de la formación original ya solo persiste el también integrante de los pujantes Delalma. El ex WarCry se rodea ahora del Bloodhunter Dani Arcos en guitarras, el Dream Child Diego Valdez en voces, el Mägo de Oz Fernando Mainer al bajo y el Arwen Nacho Arriaga tras baterías. Todo ello para un “Lo Que Trajo El Viento” compuesto por diez cortes producidos, mezclados y masterizados por el teclista coruñés en sus Tercera Planta Studios y que ha puesto en circulación la gente de Maldito Records.

Tenue y elegante, la pequeña narración que atraviesa “Nordés”, ejerce como introducción al propio tono muchas veces apesadumbrado del disco. Apenas un parpadeo arreglado con mimo que conduce hasta una “Si Nada Es Cierto” donde pronto destacan esas guitarras dobladas de Arcos, los curiosos arreglos de Ramil y ese brusco giro de guión que conduce a las primeras estrofas. Hay un aliento aquí a medio camino entre el progresivo más tenue y el metal más sinfónico que, a ratos, me recuerda a ciertos momentos del debut de Delalma. Buena labor de Valdez en estrofas, elevando su peculiar registro por encima de la mezcla mientras se consolida como un vocalista de no pocos quilates. Quienes ya conocíamos al argentino, estupenda su labor con los muy clásicos Dream Child, no contamos con el beneficio del factor sorpresa. No me resulta para nada un mal arranque, si bien es cierto que al solo de Arcos le habría otorgado algo más de espacio.

Estalla la “Magia” y claro, la producción del disco no podría resultar más redonda. Equilibrio y pegada para la que fuera una de las distintas cartas de presentación de este “Lo Que Trajo El Viento”. Adventus amplifican la faceta más puramente sinfónica de su habitual heavy / power melódico y esta tercera entrega brilla con un pulso más contemporáneo. Lo que no cambian son esas estrofas primero desnudas y después recargadas. Trazadas ahora con unos crescendos más lineales, no tan bruscos. Una cierta melancolía atraviesa no solo la letra sino también la propia interpretación de Valdez, dándole de hecho un cariz muy llamativo en estribillos. Hábil el bonaerense al pasar de sus registros más livianos a los más rugientes. Las comparaciones con Víctor García, claro, serán inevitables. Pocos vocalistas han sido capaces de sobreponerse a su sombra pero qué duda cabe que el también voceras de Adamantia ha volcado aquí todo su empeño. El amplio y estupendo solo de Arcos remata un tercer corte con el que conecto solo a ratos.

Ramil y Valdez construyen en solitario el tenue prólogo del medio tiempo “Aire”. Adventus trazan tras ese prólogo un corte donde la base rítmica gana peso y da mayor fuste al propio avance a medio gas de la composición. A fuerza de buscar parecidos, me recuerda en gran medida a unos Avalanch de sus discos más recientes. Pausada, elegante y bien arreglada pero donde echo en falta algo más de gancho. El solo de Arcos tampoco me resulta de los más lúcidos del tracklist.

Volver a Empezar” nos devuelve a los Adventus de comienzos del álbum. Más heavies, más pesados. Más arriesgados incluso, esas voces filtradas de Valdez en las primeras estrofas. La banda, y el argentino también, parece más cómoda en esta encarnación más musculosa. La mezcla de Ramil vuelve a mostrar una buena labor en cuanto a equilibrio se refiere. La mayor gravedad de las guitarras contrapesa la fuerte presencia de las teclas del gallego. Todo encauza hacia un estribillo con Valdez entregando una línea vocal igualmente tensa y poderosa. Mucho color en su interpretación, músico veterano ya, que brilla con luz propia aquí. El solo, de teclas esta vez, porta un deje más progresivo con el que conecto en buena medida. Es una composición que se me atragantó de primeras pero que ha ido ganando peso con el correr de las escuchas.

Todo se atenúa de nuevo con el tranquilo prólogo de “Abrazando Mi Dolor”. De nuevo Valdez y Ramil en solitario nos conducen por el terreno de la balada más clásica para después reconducir hacia otro medio tiempo marca de la casa. El tema transcurre en un largo crescendo y por ahí surge de nuevo la cuidada labor en cuanto a arreglos que portan estas canciones. Puede que no me termine de conquistar su apartado lírico, lo que no quita para que aprecie la pasión con la que Valdez encara los respectivos versos, así como la correcta labor solista que irrumpe camino del epílogo.

Lo Que Trajo El Viento” recupera a esos Adventus más sinfónicos para dar la bienvenida a uno de los temas grandes del disco. Sin ofrecer grandes sorpresas en cuanto a escritura, goza de un arranque opulento, unas estrofas bien construidas y una línea de voz que transcurre de modo natural, sin grandes artificios ni mayores trucos de salón. En su casi infinita corrección resulta sin embargo sólida, efectiva al tiempo que extrae lo mejor de los distintos músicos implicados. Ramil remata con otro buen solo en su tramo final. Pese al papel tan secundario de Arcos aquí, a buen seguro una de mis favoritas del disco al que da nombre.

De algo llamado “Todavía Sigo En Pie” quizá espera uno un corte guerrero a lo WarCry de sus dos primeros álbumes. Metal aguerrido y combatiente. Lo que surge, sin embargo, son unos Adventus en una clave que linda sin problemas con el A.O.R. más acomodado. Ligera, particularmente en estrofas, con Valdez en esos tonos muy amables, viene a alimentar el rango de influencias del disco, acertando a la hora de encontrar el gancho que echo en falta en otras composiciones. Distinta a la par que efectiva.

Por alguna razón, “Caigo En Este Suelo” trae siempre a mi memoria a “Si Amaneciera”, aquella balada que Jero Ramiro trazara para los Saratoga del infravalorado “El Clan De La Lucha”. Un buen muestrario del registro más delicado de Valdez. También de las habilidades de Mainer al bajo, supone una buena toma de contacto con la cara más cristalina de la banda.

Para el cierre queda una de las entregas más heavies de todo el álbum, esta “Todo Da Igual” que de igual manera recupera esas voces filtradas de Valdez, que traza otra llamativa línea de voz para un corte tan directo como bien adornado. No sorprenden Adventus aquí pero bien es cierto que Arriaga entrega una tan interesante como potente línea de batería al tiempo que el disco echa el cerrojo inmerso en tonos que he echado en falta en ciertos momentos del mismo. Brilla del mismo modo en cuanto a ejecuciones, esos solos doblados del puente, y todo cuadra para devolvernos a los Adventus más encolerizados. Un buen final…

… para un disco con el que conecto solo a ratos. Centrándome en lo positivo, producción y mezcla resultan ágiles. Van de la versión más encorajinada de la banda a la más liviana sin mayores inconvenientes. Otro tanto se podría decir del ya veterano Diego Valdez, que carga con la nada desdeñable labor de suplir a un tal Víctor García concentrándose en unas líneas vocales llenas de pasión y fuerza. Por contra, a ratos echo en falta una mayor diversidad en lo compositivo. Unas escrituras que den aliento a unas estructuras más diversas. Sea como fuere, a buen seguro un álbum interesante para todo buen degustador de metal melódico en nuestro idioma que se precie.

Texto: David Naves

Crónica: Hellfest Open Air (Domingo 30/6/2024)

Última jornada de festival y estaba claro que, aunque físicamente ya lleváramos la carga y el cansancio acumulado de tres días de música en directo, íbamos a exprimirnos hasta el último momento para seguir disfrutando de la experiencia Hellfest. Mientras que Simple Plan ofrecían un show de nostalgia pop punk “early 2000’s” en el main stage, nosotros preferimos comenzar el día con los griegos Yoth Iria. Nos esperaba un directo de black metal crudo, muy potente a nivel musical pero totalmente deslucido por el estado de embriaguez y sobreexcitación de su vocalista y frontman, que desde el primer momento estuvo mas pendiente de celebrar entre el público y ofrecer show que de sus labores musicales. Pasamos página.

En el main stage, los suecos Blues Pills demostraron que ningún escenario se les queda grande a estas alturas. Si bien en disco no tengo la sensación de que nos dejen material memorable, en directo es innegable que sus canciones funcionan muy bien, y su aparición en el cartel a última hora para reemplazar a Heart por problemas de salud fue sin duda muy positiva para ellos. Siguiendo con el main stage, el ex líder de Gallows, Frank Carter junto a sus “Rattlesnakes” también sabe a la perfección qué hacer para tener a la audiencia enganchada. Mucha interacción, buenos temas de rock alternativo con esencia punk hardcore, y un concierto muy visceral que le situó como uno de los vencedores morales de la jornada.

A su vez, los belgas Wiegedood, con su intensísimo black metal, demostraron que no hace falta tener bajista para sonar gruesos y agresivos. Son una de las bandas de referencia de la nueva hornada del género y con merecimientos propios. Toda la pasión que nos habían generados los belgas contrastaba con la sensación general de “desapego” que nos ha generado la marca Batushka tras tanta confusión, demandas, cruces de comunicados y líos relacionados a la propiedad de la banda y el nombre de la misma. El suyo fue un directo muy pulcro a nivel musical, estéticamente muy llamativo y sin nada realmente negativo que comentar, pero con la sensación de que “no es lo mismo” comparado con cuando los vimos hace unos años en el mismo escenario.

Mas interesante nos resultaba la posibilidad de ver a Josh Homme y a sus Queens Of The Stone Age en el escenario principal, en el que a la postre sería uno de los mejores conciertos de todo el festival. Desde el principio, contentando a los seguidores de su primera etapa con “Regular John” y “The Lost Art Of Keeping A Secret” de su primer y segundo trabajo respectivamente, y posteriormente a los que empezaron a disfrutar de la banda al dar el salto masivo con su “Songs For The Deaf”. Si bien a nivel de estudio los últimos álbumes, siendo bastante notables, habían perdido algo de la chispa y capacidad de sorpresa de sus primeros lanzamientos, esta claro que en directo la banda funciona a la perfección y suena de miedo. Una formación madura, en su plenitud musical, tal vez sin la intensidad juvenil de sus primeros años pero con el poso y el saber hacer de una banda que entiende el directo como una forma de arte. “Make It Wit Chu”, “Burn The Witch”, “No One Knows”, “Go With The Flow”… El repertorio fue difícilmente criticable. Un lujo tenerlos en el festival por primera vez.

Por el contrario, una de las decepciones por excelencia de esta edición del festival ocurría al mismo tiempo en el escenario Valley. Crosses †††, el proyecto electrónico / dark wave de Chino Moreno (Deftones) vio su set limitado a unos 15 o 20 minutos debido a problemas técnicos con la PA e instalación sonora del escenario. Había mucha anticipación por disfrutarlos y fue un chasco para miles de “festivaliers”. Un contratiempo que no tuvo solución a estas alturas de festival, ya en la recta final del mismo, y del cual la organización entonó posteriormente en cierto modo el “mea culpa”, comprometiéndose a traerlos de vuelta lo antes posible.

Para acabar nuestro recorrido musical por Hellfest 2024, uno de los shows mas esperados por la audiencia del festival. Foo Fighters no tienden a prodigarse tanto por Europa como su estatus de banda mainstream hiciera esperar, y realmente se notaba que había muchas de ver como Dave Grohl y su equipo se levantaban del golpe que supuso la pérdida de su batería Taylor Hawkins hace un par de años. Con la edición del catártico “But Here We Are”, la adición del infalible Josh Freese a los tambores para sustituir a Taylor, y la necesidad de seguir predicando su amor por la música sobre todos los escenarios del mundo, Foo Fighters cumplieron todas las expectativas generadas para este concierto. Si una palabra puede definir a Dave Grohl en escena, esa es “hambre”. Lo dejó claro desde el principio, comenzando su slot cinco minutos antes de lo planeado: “Somos una banda con muchos discos así que hoy tocaremos tantas canciones como nos sea posible”. Así, fueron cayendo todos los temas necesarios para convertir Hellfest en una celebración a la música y la vida. “All My Life”, “The Pretender”, “Walk”, una tremendamente emotiva versión del “Times Like These”, “My Hero”, “Learn To Fly”, “Best Of You”, “The Teacher”… El repertorio se mantiene solo a base de temazos. Dave Grohl se deja la voz y se vacía en cada acorde. El alma y pasión de alguien que no necesita hacer esto por negocio y que lo hace simple y llanamente porque le encanta hacerlo y lo necesita para sentirse vivo. Para algunos serán muy comerciales, los considerarán poco auténticos o lo que sea, pero no tengo dudas de que en sus dos horas de set no tocaron ni una canción “del montón”. Pocas bandas pueden presumir de lo mismo. Memorable.

Y así terminó un año más nuestro paso por Hellfest Open Air. Este año, para sorpresa de muchos no hubo fuegos artificiales al acabar el festival, y la organización se limitó a anunciar las fechas de la próxima edición por las pantallas gigantes. No habíamos venido explícitamente por los fuegos, pero era un detalle vistoso para poner el broche a cada edición del evento que este año echamos de menos. Sea como sea, llegaba el momento de despedirnos de Hellfest, físicamente derrotados tras cuatro jornadas de música en vivo, pero tremendamente satisfechos por haber disfrutado una vez más de la experiencia por excelencia de la música rock en Europa. Habrá que seguir viviéndola en primera persona el año que viene. See you in hell!!!

Texto: José Mora
Fotos: Jaime García / Archivo Hellfest