
“Dimensión V” pero no es el quinto sino el noveno largo ya para la agrupación granadina Azrael, primero tras la espantada de Manuel Arquellada “Maolo”, integrando la banda a día de escribirse estas líneas Tino Torres en batería, Zoraida Vidal a los teclados, J.M. Salas en bajo y coros, Oscar Espín y Enrique Rosales en guitarras y finalmente Marc Riera a la voz. Fue el propio Rosales quien se encargó de grabar, producir y mezclar el álbum en los Z Estudios de Granada, además de prestar su voz para el corte “Noche Infiel”. Con arte de Fernando Nanderas (Ankhara, Opera Magna, Centinela, Dünedain…) el álbum vio la luz el pasado año vía Demons Records.
“Ad Aeternum” se traduce en elegante intro al piano que, sobre una pátina envolvente, evolucionará hasta desembocar en “Vivir-Morir”, corte más rácano del largo y donde el doble bombo de Torres comanda un heavy metal clásico y sin dobleces. Clásica línea de voz, sencillo colchón de teclados, riffs a la alemana y un trazo sencillo y directo. Zoraida dejará aquí y allá pequeños pero hábiles destellos. Pero si por algo destaca esta bocanada de heavy metal vital y añejo, es por el buen solo que habrá de anticipar el epílogo. Aún siendo escueto como es. Un corte que, eso sí, merecía un cierre mejor que ese siempre engorroso fade out final.
“Sueños Rotos” se revela contra su predecesora a base de acoger un medio tiempo que, primero en riffs y después en estrofas me recuerda sobremanera a mis paisanos de WarCry. Hay aquí un trabajo más que interesante en lo que a voces se refiere. Limpios y graves jugando a contraponerse, al tiempo que Espín y Rosales dejan unos cuantos destellos de clase y buen hacer. Es un corte que termina por engancharme gracias a sus múltiples cambios de ritmo, en especial el que se produce durante sus estribillos. Así todo, echo en falta un bajo más alto en la mezcla que termine de dar el debido fuste y empaque a esas partes más enérgicas. La ración solista sí que disfruta ahora del debido espacio, brillando en consecuencia. De mis favoritas dentro del trabajo.
“Trece Rosas”, sin olvidarse del habitual heavy metal de la banda granadina, deja tras de sí un deje más melancólico, temática obliga claro, en el cual siento muy cómodo a Marc Riera al micro. Firme del mismo modo Tino Torres en el doble bombo y un corte que, a ratos, me recuerda sobremanera a los alemanes Helloween. Por ahí se sucede alguna que otra decisión no diré que desacertada en cuanto a planteamiento pero desde luego que sí en cuanto a ejecución, pienso en esa voz semi gutural que sucede a uno de los estribillos. Sí funciona, de nuevo, la buena dupla que forman Espín y Rosales. En cualquier caso una de esas historias que conviene tener siempre presentes.
“Noche Infiel”, con Rosales llevando la voz cantante, habrá de traducirse en el corte más extenso del álbum, que recoge el guante de unos Black Sabbath (“Heaven And Hell”), lo tamiza con arreglos propios del power metal europeo más elegante y termina confluyendo en un estribillo tan solo correcto. Pero me agrada esa escritura en crescendo y los buenos riffs en que Azrael se apoyan aquí. Puede que la letra que disponen aquí no me haga el mismo tilín que otras ofertas dentro del álbum, pero la duración más extensa de esta quinta entrega consigue que la banda brille más alto en lo que a ejecución se refiere. Rosales exhibe alguna carencia en el tramo final, particularmente a la hora de alcanzar los tonos más altos, pero “Noche Infiel”, a ratos también un remedo de los mejores Rata Blanca, termina erigido en uno de los cortes más curiosos y llamativos de este “Dimensión V”.
“Ni Un Paso Atrás” recuperará aquél tono más vivaracho que abría el álbum cara a entregar un heavy metal igualmente clásico, sencillo y directo. Destila de él un marcado aroma a directo, quizá a abrir sus directos, especialmente en lo tocante a estribillos. Ayuda una letra propia a ratos más propia de los Obús más desvergonzadamente ochenteros, sustentada cómo no sobre otra buena ración de doble bombo por parte de Torres. Con la ayuda de Iván Moreno en voces y de Mario Gutiérrez, en la parte final del solo guitarra, terminaría por convertirse en uno de los anticipos del trabajo. Algo tendrá.
“Tormenta” ahondará aún más si cabe en la vena más power de los granadinos. Y lo hará apoyándose en los teclados más prominentes de todo el álbum. Por contra, también con el Riera más desdibujado de todo el álbum. En especial a la hora de alcanzar los tonos más altos durante las primeras estrofas. Se suceden de nuevo buenos contrapuntos en voces, si bien los riffs pueden resultar un tanto planos en según qué parcelas de la composición. Buenos destellos de Zoraida tras las teclas en todo caso. También de la dupla Espín & Rosales, que dibujará aquí una sección solista a la vez exuberante, distinguida y elegante. Se han sucedido las escuchas y no dejo de pensar que el embalaje final resulta un tanto descompensado.
“Renacer” sorprende ahora con una producción más grave, oscurecida incluso, en lo que no deja de ser otra andanada de heavy / power metal germanizado y sencillo, revestido por buenos detalles de seis cuerdas y donde las teclas de Zoraida, aunque igualmente presentes, vuelven a hundirse en la mezcla, quedando como mero soporte de los aspectos más puramente metálicos de la composición. Vuelvo a sentir algo justo a Riera aquí, si bien no al punto en que lo hiciera en “Tormenta”. La sección solista, de un más que agradable clasicismo, debería hacer las delicias de todo buen fan del género. Poco o nada sorprendente por trazo, Azrael no tratan de descubrir la rueda aquí, y por lo tanto un corte de lo más funcional.
“Llorando Por Granada”, versión de la banda almeriense Los Puntos, que alcanzara gran popularidad allá por los setenta del pasado siglo, moderniza y endurece la original cara a finiquitar el álbum con un heavy metal de factura marcadamente clásica.
Buen regreso de la agrupación granadina tras la traumática salida del miembro fundador Maolo Arquellada. “Dimensión V” puede no ofrecer grandes sorpresas en cuanto a la construcción de los temas que lo integran, “Noche Infiel” al margen, lo que se traduce en cortes de construcción sólida que dejan traslucir pocas dobleces. Que las hay, en lo tocante a ciertos desequilibrios en términos de producción y también a alguna que otra ejecución por debajo de la propia media del disco. Pero cuando la banda brilla, pienso en un corte como “Sueños Rotos”, resulta de lo más disfrutable. También “Ni Un Paso Atrás”, dedicada a la figura del músico y mánager mexicano de origen andaluz Adán Moreno, tristemente desaparecido en julio de 2021, y que fuera figura clave para las bandas de nuestro país que buscaban hacerse un hueco en Latinoamérica. Vaya también nuestro recuerdo para él a modo de cierre de esta reseña.
Texto: David Naves