Reseña: Vulvarine «Fast Line» (Napalm Records 2025)

El llamado universo de las Riot Grrrl se ha visto recientemente sacudido por el segundo largo de las vienesas Vulvarine. Ellas son Bea Heartbeat en baterías, Robin Redbreast al bajo, Sandy Dee en guitarras y Suzy Q en voces. Engel Mayr en el Studio Mäusepalast, Thomas Zwanzger en Stressstudio y Dietmar Baumgartner en Sonar Music Productions fueron los encargados de traer al mundo los once cortes de este “Fast Lane”. Las pistas resultantes serían mezcladas posteriormente por el propio Engel Mayr en el Studio Mäusepalast y finalmente masterizadas por Lukas Wiltschko de LW Sonics. Con la misma Sandy Dee aportando su arte para la portada del álbum, esta segunda entrega de las austríacas vio la luz vía Napalm Records a finales del pasado mes de marzo. Un trabajo que llevará a la Factoría avilesina el próximo 31 de octubre al ahora renovado cuarteto tras la incorporación de Lauree Blaze como nueva voz.

Un pildorazo de puro rock and roll inaugura el álbum. “The Drugs, The Love And The Pain” pronto da muestras del fino registro de Suzy Q. Hay una apañada colección de riffs, más eficaces que vistosos. También una producción en el punto justo entre pegada y discernimiento. Equilibrada y muy cuidada. Si bien siento que al estribillo no le habría venido mal una pizca más de mal café, pocas pegas caben al respecto del solo que sucede después, así como a la hábil construcción de ese tramo final. En resumidas cuentas un arranque agradable y funcional.

Ancient Soul” añade algo más de empaque por parte de las vienesas. No solo por una construcción algo más estirada sino por unas buenas estrofas y unos aún mejores estribillos. Tienen estos un deje algo más melancólico, que por alguna razón me llevan a pensar en Thin Lizzy. Sobresalen igualmente los buenos engarces entre estrofas. Las baterías que deja ahí Bea Heartbeat merecen toda la atención. También las que dan apoyo al buen solo del tramo final. Uno de esos cortes con toda la pinta de funcionar como un tiro sobre las tablas.

Heads Held High” magnifica aún más ese rock más melancólico y casi apesadumbrado. Sin que salten las alarmas, sin que esto deje de ser un disco de rock and roll con todas las letras, pero donde Sandy Dee está dando una auténtica lección de clase y feeling. Orgullosamente auto reivindicativa en lo lírico, pluscuamperfecta y clásica en cuanto a trazo y estructuras, quizá eche en falta un solo de guitarra más pronunciado durante ese buen tramo final. Con eso y con todo una de las que más ha arraigado en mi subconsciente tras el correr de las escuchas.

Uno de los cortes más extensos de este segundo trabajo es “Demons”, con Bea Heartbeat cabalgando a medio gas y la banda trazando ahora un cuidado medio tiempo. Suzy Q aúpa su registro en estrofas y se acompaña de cuidados coros en estribillos. Y aunque los distintos enganches entre estrofas no brillen como lo hacen en otros cortes dentro del disco, qué finas están las austríacas a lo largo de este rock menos brillante, más sucio, algo decadente incluso. Sandy Dee se reserva otro buen solo como anticipo del epílogo y, al cierre, todo me termina por funcionar. Un corte con una vibración muy especial dentro de este “Fast Lane” y quizá uno de los más redondos.

La base rítmica inaugura esta “Alright Tonight”, un corte que anuncia un rock más oscuro, deudor aunque sea de modo lejano, de unos The Cult de comienzos de los 80, con Suzy Q dibujando otro estribillo lleno de carisma y feeling. A ratos uno puede echar en falta el nervio que entregan otros cortes dentro del álbum. Pero la buena producción así como la muy cuidada construcción de las estrofas, precioso el tono que entrega la guitarra de Sandy Dee, sacan la cara por otra de esas composiciones distintas, marca de la casa. Diferente, que no peor.

Equal, Not The Same” recupera en parte el nervio, mostrando ahora a unas Vulverine más próximas al punk. El nombre de las infatigables The Lizards ha estado yendo y viniendo tras las sucesivas escuchas. El caso es que Dee vuelve a brillar en lo que a melodías se refiere. También en cuanto a riffs. Fue elegida como anticipo en modo de videoclip y toda vez estalla el solo de la propia Dee, cuesta nada y menos entender los motivos. De los once puede no ser el corte que mejor las represente. Pero es una entrega redonda, con gancho y buenos detalles desde el plano técnico. Win win.

Fool” sorprende con ese avanzar algo más marcial de sus estrofas, que contrasta con el más casual y rockero de los estribillos para conformar un corte sencillo, directo y sin mayores florituras. Con las baterías desnudas de Bea Heartbeat uno bien podría pensar de un modo más o menos casual en White Stripes. Con eso y con todo nadie puede negar que esto sigue siendo rock and roll sin concesiones. Con una línea de voz, perfectamente armada, que cabalga amarrada a unos riffs llenos de gancho y brillo. Estupenda.

Vulvarine insertan entonces “Polly The Trucker”, entrega más extensa de “Fast Lane” y la que viene a entregar uno de los riffs más frontales y áridos del disco. Ello sin descabalgar de su habitual rock directo y formal, pero desde luego ofreciendo ahora una mayor enjundia. Ese nervio, quizá esa mala leche, que se puede echar en falta en otras entregas. El típico que te vuela la cabeza en su traslación al directo. Hay buenos coros en estribillos aquí. Sigue brillando la buena producción que tiene el álbum. Pero si algo me agrada es tanto el solo como ese rock más pesado y contundente en que se apoya de inicio. El cambio de ritmo, tan clásico como efectivo, que acometen después. Y su cuidada resolución. Hasta el fugaz guiño a nuestro idioma. Si esto no es rock de altura, no sé qué lo será.

Explota entonces “Dark Red” y el disco, lejos de perder impulso, ofrece aquí unas de sus entregas más redondas. También más potentes. Con una selección riffera que las aproxima (a destellos) hacia los terrenos del heavy metal más casual. Sandy Dee brilla sobremanera aquí. También una base rítmica empastada como en pocos momentos a lo largo del álbum. El corte entrega nervio en estrofas, equilibra con estribillos contundentes y desemboca en un solo disfrutón por desmelenado y atrevido. La cabra tira al monte, claro, pero siento muy cómodas a las austríacas en esta encarnación más nerviosa y potente. Prueba al fin y al cabo de la cintura con la que han enfrentado la escritura de este segundo largo.

Cheri Cheri Lady”, con la colaboración de Filippa Nässil (Thundermother) en guitarras, fusila a placer el original de Modern Talking arrimándose a la cara más punk de Vulvarine. Ruge el bajo de Robin Redbreast en estrofas y vuela el doble bombo de Bea Heartbeat en estribillos para una versión libérrima y disfrutona. El cierre es para la pequeña “She’ll Come Around”, pequeño escorzo acústico, bailando entre las fronteras del grunge y el alternativo para un curiosísimo broche final.

Entre la versión de Modern Talking y el pequeño detalle acústico de “She’ll Come Around” puede que “Fast Lane” desfallezca en su tramo final. Da igual. Antes el disco ha dado razones más que suficientes para confiar. Sea con las buenas hechuras de “Polly The Trucker”, el nervio bien entendido de “Equal, Not The Same” o esa pulsión más metálica de “Dark Red”, amén de los muchos y buenos riffs que Sandy Dee dibuja a lo largo del álbum, Vulvarine han entregado un segundo disco destinado a hacer mucho, mucho ruido en años venideros. Si nada lo impide esperamos ser testigos.

Texto: David Naves

Agenda: Underground Encounters At The 4th Kind (Gijón)

Con la máxima de “la unión hace la fuerza” y el apoyo entre músicos y bandas el festival lucense Napalm Fest arranca un periplo de eventos fuera de Galicia con parada en la gijonesa Sala Ángeles y Demonios el sábado 2 de diciembre.

Bajo el epígrafe «Underground Encounters At The 4th Kind» previa parada en Buril – Sarria (Lugo), el segundo episodio del tour arribará a Gijón con las formaciones Elitium desde Portugal, Barbarian Prophecies desde Galicia y World Of Decay que toma el relevo de Brutalfly como protagonistas. Con hora de inicio las 20:45 horas, el precio único en taquilla será de 10€.

Reseña: KK’s Priest «The Sinner Rides Again» (Napalm Records 2023)

Muchas veces la música en general y el metal en particular no son más que un juego de expectativas. Las que había con el debut de KK’s Priest eran bastante altas y, debates individuales al margen, podemos concluir que el álbum nunca llegó a cumplirlas del todo. Sesenta y cuatro sobre cien tiene de nota media “Sermons Of The Sinner” en la llamada “Encyclopaedia Metallum” sin ir más lejos. Sea como fuere y ya con el veterano Les Binks fuera de la disciplina de la banda, cuyo puesto tras los parches ocupa ahora el Cage y ex-Ross The Boss Sean Elg, aquí siguen Tony Newton al bajo, A.J. Mills en guitarras, Tim “Ripper” Owens en voces y sobra decirlo K.K. Downing también en guitarras.

Con producción del propio ex-Judas Priest, “The Sinner Rides Again” ha vuelto a grabarse bajo el mismo equipo que hiciera lo propio en el anterior trabajo. A saber: el bajista Tony Newton y Anthony Wall, con la diferencia de que esta vez ha sido el Pyramaze Jacob Hansen (Anubis Gate, Xandria, Avantasia, Volbeat, Doro, Evergrey…) quien se ha encargado de mezclar primero y masterizar después las nueve pistas que contiene este segundo esfuerzo de los británicos. En la portada, más fea que el precio de los alquileres si me preguntan, repite Andy Pilkington (Flotsam and Jetsam, Tygers of Pan Tang, Fifth Angel…) para un trabajo que vio la luz a finales de septiembre a través del sello austríaco Napalm Records.

Sons Of The Sentinel”, que irrumpe solemne y poderosa, transige pronto hacia un metal vigoroso y rotundo. De revoluciones altas y donde Owens percute con sus agudos marca de la casa. El de Akron puede no epatar del modo en que lo hiciera en aquél ya lejano “Jugulator”, el tiempo pasa para todos, pero parece seguir guardando unos cuantos trucos en su particular chistera. Aún cuando suena algo forzado, que es el caso. Sorprende en cualquier caso lo frontal del estribillo y el riff tan simple, pero tan efectivo, sobre el que se apoya. El puente, que recupera para el fondo aquél deje solemne del prólogo, da obligado paso a la inevitable ración solista. Duelo éste que parece un cruce entre los ídem de “The Sentinel” y “Hellrider”. Un inicio sin grandes sorpresas ni tampoco mayores dobleces. Digno y bien dirigido. Poderoso incluso.

Strike Of The Viper”, hasta el día de hoy el corte más escueto que haya entregado la banda, deja escapar muchas buenas ideas precisamente por lo raquítico de su propia duración. Owens parece más cómodo en estos tonos más rabiosos, disfrutando como un enano mientras acomete una de las líneas de voz más perpendiculares de todo “The Sinner Rides Again”. La otra vendrá más adelante en el tema título. Hay buenas armonías aquí y allá, y entiendo que la intención era entregar la cara más rotunda de estos KK’s Priest. Pero se suceden las escuchas y siempre termina por saberme a poco.

Reap The Whirlwind” tiende un riff casi motörheadiano, permítaseme el vulgarismo, para lo que no deja de ser una pieza de metal sencilla, vivaracha, directa y al pie. Con la firme pegada del californiano Sean Elg durante estrofas y una construcción más hábil durante el reluciente despliegue solista del puente. Que no sorprenderá a quienes lleven toda una vida siguiendo los pasos del rubio guitarrista de Birmingham pero tampoco puedo decir que desagrade. Pero otro corte que palidece, aunque solo en parte, por una duración algo escueta. Son setenta y uno los años que tiene el, a día de escribirse estas líneas, todavía ex-Judas Priest, y la consigna, al menos en lo que vendría a ser la cara A del hipotético vinilo, parece clara, Al menos si uno recuerda la duración media de los cortes que integraban aquél primer álbum de 2021.

One More Shot At Glory” calma por fin las altas revoluciones por las que venía transitando “The Sinner Rides Again”. Y lo hace redirigiendo hacia un medio tiempo al que beneficia un riff pegadizo, con clase y un gancho de mil demonios, así como una producción encargada, a ratos, de otorgarle una mayor épica al conjunto. Un corte que acelera el pulso en su tronco central, acogiendo ahí unas vibraciones más asemejables al resto de cortes aquí presentes. El solo, que perderá en velocidad para ganar en melodía, reluce como pocos dentro de este tracklist. Y es que “más”, en este caso velocidad, no ha de ser siempre sinónimo de “mejor”. Owens por su parte parece más en sintonía aquí, desde luego más natural que en aquella “Sons Of The Sentinel”, lo que contribuye finalmente a componer una línea de voz a la que no le faltan ni gancho ni tampoco punch. A día de hoy una de mis favoritas de esta segunda venida de KK’s Priest.

Hymn 66” aún hará más por rebajar esas altas pulsaciones, descendiendo a territorios lindantes (que no tocantes) con el doom más primigenio y elemental. En especial durante las primeras estrofas del mismo, moviéndose así hacia un terreno apenas explorado por el guitarra de los West Midlands. El corte va y viene, propiciando buenos cambios de ritmo, bien aprovechados por Elg para tramar una línea de batería ágil hasta casi la contorsión. Y no obstante el resultado final no ha llegado a engancharme del todo. Puede que el problema resida precisamente en lo brusco de sus distintos cambios de rumbo. Cambios que alcanzan a sonar algo aleatorios. Impostados incluso. Tampoco ayuda un estribillo que, esfuerzos de Owens al margen, desbarra a la hora de buscar una mayor épica, destapando finalmente una acuciante falta de gancho. Que fuera una de las elegidas para la promoción del álbum entra para mí en lo enigmático. Lo arcano si me apuran.

Sin llegar al deslenguado descaro de Burning Witches con su World On Fire”, cierto es que las primeras estrofas del tema título “The Sinner Rides Again” siempre me recuerdan a “Judas Rising” del sacerdote. Un corte clásico del señor Downing: buena construcción, hábil juego tonal incluso y una producción hábilmente situada entre los formalismos que exige el presente y la lealtad a la que obliga el pasado. Hay algo en la línea de voz de este sexto corte que habrá de desligarlo del resto, mostrando a un Owens en tesituras más formales, si por formales entiende uno más convencionales. Todo contribuye a hacer de este otro de los cortes más distintos del tracklist, jugando en este caso a favor. Acierta, pienso, allí donde falló la anterior “Hymn 66”. Aunque como siempre digo, estoy abierto a debate.

Larguísimo prólogo el de “Keeper Of The Graves”, muy en sintonía con lo que Judas Priest vinieron a proponer en un álbum tan denostado y a la vez incomprendido como fue “Nostradamus”. Owens, otras veces tan exuberante, sobreactuado incluso, reserva para esta introducción una de las interpretaciones más subyugantes que se le recuerdan. Y todo para que luego el corte vire de forma dramática hacia un metal tan poderoso y firme como convencional y un tanto predecible. Que acierta, al menos en lo que a intenciones se refiere, porque los coros que se suceden a lo largo y ancho del corte no podrían sonar más desangelados. El epílogo, sí, recupera los sonidos del inicio y propicia la habitual construcción circular. Tan clásica. Tan efectiva. Pero siempre pienso que podría haber sido uno de los emblemas de esta segunda entrega y entre unas cosas y otras termina quedándose en tierra de nadie.

Funciona mucho mejor “Pledge Your Souls”. Quizá porque lejos de exigirse más de la cuenta, abraza un convencionalismo que a estas alturas del disco resulta, por irónico que parezca, de lo más refrescante. Todo funciona en esta receta tan sencilla como elemental, amén de que la banda parece especialmente lúcida en lo que a ejecución se refiere. Estrofas, solos, estribillos, puente. Todo está donde debe de estar y si tengo que ponerle un pero, es ese engorroso fade out final. Un corte que habría de agradar a los fans más irredentos así como entregar buenos réditos sobre las tablas.

En un universo paralelo, fue Ronnie James Dio y no Tim “Ripper” Owens quien entró en Judas Priest tras la salida de Rob Halford. En algo así pienso cada vez que alcanzo el corte final “Wash Away Your Sins”. Que el propio vocalista estadounidense integrara una banda tributo al pequeño elfo no hace sino acrecentar la idea en mi subconsciente, amén claro del propio riff que Downing propone aquí y que parece huido de algún postrero álbum del frontman nacido en Portsmouth. En definitiva un corte llamativo por lo anecdótico de su propuesta y no tanto por lo redondo de su factura, convencional y anodina pero sin las buenas hechuras de, sin ir más lejos, “Pledge Your Souls”.

La cuestión es si esto mejora no ya a “Firepower”, quizá el definitivo canto de cisne del sacerdote, sino a aquél “Sermons Of The Sinner” de 2021. Y lo cierto es que pienso que sí. Este pierde diez minutos de metraje con respecto a aquél al que sucede y KK’s Priest dan la impresión de estar ahora más concentrados, de ser más sabios. Cortes como “One More Shot At Glory” o el tema título me parecen entregas que superan tanto en escritura como en ejecución, incluso en feeling, a cualquier corte del debut. No diría lo mismo de otras como “Strike Of The Viper” o en especial “Hymn 66” pero es que nadie dijo que sacarse de la manga una obra maestra pasados los setenta fuese sencillo. En ningún caso. De todas formas quienes busquen aromas clásicos, cortes bien producidos (salvo los pequeños detalles apuntados) y un vocalista de esos que ya no quedan, bien harían en dejarse caer por esta segunda venida de la banda.

Texto: David Naves

Reseña: Burning Witches «The Dark Tower» (Napalm Records 2023)

Quinto trabajo ya para la banda de Brugg, en Suiza, Burning Witches, que forman a día de hoy Jeanine Grob al bajo, Lala Frischknecht en baterías, Courtney Cox y Larissa Ernst en guitarras y Laura Guldemond en voces. Este “The Dark Tower” que hoy nos presentan contó con producción del Destruction Schmier y V.O. Pulver, colaborador habitual del combo centroeuropeo. Adornado por el arte de Gyula Havancsák (Accept, Wintersun, Annihilator, Grave Digger, Stratovarius…) vio la luz el pasado mayo vía Napalm Records.

Rise Of Darkness” es apenas un minuto de introducción al vasto ideario que las suizas han dispuesto a lo largo y ancho de su última obra de estudio. Es un corte casi eclesial por momentos y que vendrá a derivar en una de las varias cartas de presentación, esta “Unleash The Beast” con todos los cilindros en funcionamiento y un pulso, particularmente en estrofas, que bien podría recordar a los Judas Priest más vibrantes. Que sufre de un estribillo un tanto atropellado, si bien acaba por arreglárselas para trazar un más que digno comienzo de tracklist.

Renegade” no se desliga de esa querencia por la banda de Glenn Tipton, si bien las de Brugg aprovechan ahora para descender aquél pulso más vibrante de la apertura y deslizar un hard/heavy ochentero, deslenguado y chulesco. Guldemond está especialmente certera a la hora de trazar las distintas líneas de voz. Todas ellas situadas sobre unos riffs a ratos un tanto planos, que convergerán, ahora sí, en un estribillo sobrado de gancho. Lo particular del solo, con esa sonoridad más oscura a comienzo, desata una pequeña disonancia con el tono general del corte en sí, que desaparecerá más tarde, quedando apenas como curioso guiño a los momentos más oscuros del álbum. Que los habrá.

Evil Witch” recrudece la propuesta de las Witches. Riffs ágiles, Frischknecht firme con el doble bombo y un pulso casi marcial en una de las estrofas más inteligentes y mejor trazadas de todo “The Dark Tower”. Corte que no niego desprecié en las primeras escuchas al disco y que me ha ido ganando desde entonces. En gran medida gracias a las mencionadas estrofas, también a un estribillo puede que simple y lacónico, pero que se las arregla para amarrar en el subconsciente, y terminando por ese solo en crescendo y las guitarras dobladas en que culmina. Mientras escribo esto una de mis favoritas de las trece y más que merecida su traslación al mundo del videoclip.

World On Fire” parece por momentos la hermana suiza de “Judas Rising”, tema apertura de aquél “Angel Of Retribution” de Judas Priest. Su riff, sus estrofas de versos breves y lacónicos. Burning Witches insertan no obstante un estribillo lo suficientemente disociado del mencionado corte del Sacerdote para marcar las debidas distancias. Pero sea como fuere lo cierto es que el parecido resulta más que obvio. Y de todos modos es apreciable el mayor dramatismo que Guldemond implementa a su registro aquí. También su sección solista por cómo funde épica, técnica y elegancia. En resumen me parece un buen corte al que su excesivo parecido le resta algún punto que otro.

Dará un respiro la distinguida “Tomorrow”. Balada en toda regla, elegante y diáfana, apoyada en guitarras cristalinas y con el poderoso registro de Guldemond aportando las debidas notas de color y también de dramatismo a un trazo no por convencional menos disfrutable.

En clave más cinemática, “House Of Blood” resulta en una pequeña introducción que habrá de llevarnos hasta el corte que da nombre al álbum, ésta “The Dark Tower” en cuyos riffs creo divisar una fuerte influencia de la banda del ahora denostado, no sin razón, Jon Schaffer. Es un corte algo a la contra de los grandes pulsos del álbum. Construido a mayor gloria de su faceta más pesada y arrastrada, si funciona es más por el uso de contrapuntos que por su trazo a ratos algo redundante. En cualquier caso ni mucho menos la más redonda de este quinto trabajo.

Heart Of Ice” recupera a las Burning Witches más vibrantes, si bien lo hará a fuerza de traer al frente una serie de riffs un tanto distraída. Tampoco la voluntariosa línea de voz de Guldemond pasa por extraordinaria. Y es una pena porque toda la sección solista es estupenda, fácilmente entre las más redondas de todo el trabajo. Corte tan desigual como el propio álbum que lo aloja.

Arrow Of Time” irrumpe con un tono más comedido. Es un medio tiempo que deja fluir la buena técnica que alberga el dúo Ernst & Frischknecht, si bien y en líneas generales, noto una composición poco cohesiva. Que no acierta con un tono claro e incorpora, con acierto desigual, todo un abanico de influencias que casan solo a ratos. Desde Riot a Queensrÿche pasando por el hard más apaciguado y a término tintes más metálicos y pesados. Buenos destellos aquí y allá pero echo en falta una mayor cohesión entre todas sus partes.

Qué duda cabe que la banda parece más cómoda en cortes como este “Doomed To Die”. Que recupera aquellos pulsos más oscuros apenas intuidos en la anterior “Renegade” y entrega a las Burning Witches más intensas y vigorosas de todo “The Dark Tower”. Armadas con un estribillo que parece tener el directo como fin único, por ahí se dejan oír voces más graves, buenos riffs, mejores melodías y una tan incendiaria como juguetona sección solista.

Into The Unknown” que vuelve a posiciones más tranquilas, albergará el que es fácilmente mi riff favorito de todo el álbum. De nuevo con algo de Iced Earth insertado en su ADN pero lo suficientemente inteligente como para terminar sonando en gran medida a Burning Witches. Seis minutos largos de metal a ratos machacón, que conforme transita hacia su tronco central me evocará a bandas como Sanctuary, Nevermore, Savatage… a la escuela americana en definitiva. Hay cierta épica, drama incluso, en su tronco central, que culmina enfrascado en una oscuridad casi teatral que, a ratos, evoca al bueno de King Diamond. Corren las escuchas y siento que en su amalgama de influencias acierta allí donde falló “Arrow Of Time”.

The Lost Souls” funde a las Burning Witches más vivarachas de comienzos del álbum con las más oscuras de finales del mismo y el resultado es un corte bifocal y nunca sobresaliente. Con buenos contrapuntos en sus distintas líneas de voz pero un estribillo nada brillante. Buenos riffs en estrofas y más acomodados en estribillos. Una más que decente ración de solos en su tronco central pero un trazo, a estas alturas, ya poco sorprendente.

Para el final en ciertas ediciones del álbum quedan un par de versiones. Del “Shot In The Dark” de Ozzy la primera. Del “I Wanna Be Somebody” de W.A.S.P. la segunda. Todo lo leales que cabría esperar de ellas, si bien pienso que la del príncipe de las tinieblas pedía una línea de voz algo más limpia.

Altos y bajos en el nuevo álbum de las suizas. Que me agrada por el buen nivel técnico que despliega y un ramillete de temas verdaderamente logrados, con “Evil Witch” o “Into The Unknown” a la cabeza. Entre medias hay cosas que me descolocan (“World On Fire”), otras con las que directamente no he llegado a congeniar (“Arrow Of Time”) e incluso alguna que me parece muy por debajo del resto en todos los aspectos (“The Lost Souls”). Mis sensaciones, por tanto, no podrían ser más desiguales. Queda ahora asistir al próximo Rock Nalón y ver de qué son capaces sobre las tablas. Os emplazamos a todos allí.

Texto: David Naves