Crónica: Långfinger en Avilés (Factoría Cultural 18/5/2024)

Recuperándonos aún mental y físicamente del viaje relámpago a tierras leonesas de la jornada anterior, tocó echarse de nuevo a la carretera y poner rumbo a Avilés. El motivo era no otro que la nueva venida de los suecos Långfinger a Asturias. El trío que forman el bajo y voz Victor Crusner (Eclipse), Jesper Pihl en batería y Kalle Lilja en guitarra. La gira, en apoyo de su último álbum “Pendulum”, volvió a congregar a un buen número de fieles en nuestra querida Factoría. Por sonido y escenario una de las mejores salas de la región.

Y es que precisamente el sonido que emana del trío no puede ser mejor mientras atacan la inicial “A Day At The Races” parapetados tras el semblante tan concentrado como risueño de Crusner. Mostró el sueco un gran estado de voz. No ya en estos compases iniciales sino durante toda la descarga, algo que vino a dar cumplida cuenta del buen momento de forma que atraviesa el trío. Un trío que suena profundamente orgánico, apoyado en una puesta en escena que no podría ser más básica y elemental.

Un trío bien ensamblado y mejor engrasado que vino a dar un show de menos a más. Ese carácter tan diésel de la velada deslució tal vez algún que otro corte inicial. Así las cosas, el mayor grosor de “Arctic” fue recibida nunca con indiferencia pero sí con un público que parecía aún a la expectativa. Crusner tenía pequeñas anotaciones en nuestro idioma junto al setlist y ciertamente puso todo de su parte cara a que la comunión fuera total. Hasta los más pequeños detalles suman y decantan la balanza. Desde luego el sueco lo sabe y obra en consecuencia.

Diría que no es hasta “Orbiter” que el público sale de su letargo y el trío ofrece su mejor versión. El solo que dibuja Lilja aquí puede ser fácilmente uno de los mejores de la jornada. Él y Crusner acaban de rodillas y en lo personal aprecio en gran medida esa versión más alucinada y lisérgica del combo radicado en Gotemburgo. Le llegó el turno entonces a una “very old song”, que no era otra que “Fantasy Ridge”, de aquél “Skygrounds” de 2010, donde sobresalieron los coros del batería Pihl.

Pero aunque Långfinger hagan gala de un carácter homogéneo donde las influencias se multiplican y divergen de cara a construir un set sumamente atractivo por su propia diversidad, qué duda cabe que es el riff juguetón e incluso bailable de “Dead Cult” el que se lleva el gato al agua. Coreamos, bailamos y sudamos con ellos, a lo que el trío respondió poniendo todo su empeño. El set serpenteaba por alguno de sus temas más accesibles y la concurrencia terminó por entrar en el juego propuesto por el trío nórdico.

Y es que “Skygrounds”, aún cuando pierde el Hammond del original, entrega otro de los riffs con más gancho de la noche. De nuevo excepcional aquí Lilja con su roja SG, qué me gustan estas guitarras, y aún mejor la respuesta de un público ya totalmente entregado. La aparente sencillez de “Fox Confessor” destapó al mejor Crusner como vocalista. Ya digo que su voz aguantó el envite sin mayores inconvenientes. Siempre risueño y poniendo todo de su parte por hacernos partícipes de su característico rock and roll.

Curioso el diálogo entre Pihl y Crusner que propició “Herbs In My Garden”, seguido de otro gran solo de Lilja. El trío en su mejor versión, disfrutando y haciendo disfrutar, encaró los bises con la satisfacción del trabajo bien hecho. Y bendito trabajo. Crusner anuncia “this one is really fast” y el trío se vacía con “Eclectic Boogieland”. Ni una gota en el tintero. Vítores inclusive. “You make me feel like I was at home” (me hacéis sentir como si estuviera en casa). Se le puede acusar de tribunero al sueco pero qué duda cabe que el y su banda brillaron a gran nivel. Quede la final “Ragnar” como sólido testimonio del gran nivel que atesoran.

Factoría Sound y bandas de origen sueco. No recuerdo binomio más sólido desde Clyde Drexler y Hakeem Olajuwon. Siena Root, Greenleaf y ahora Långfinger son solo tres pinceladas del mucho y buen rock and roll que el país nórdico tiene para ofrecer. Afortunados somos de poder ver a bandas de este calibre al lado de casa. Que además vengan y cumplan con las expectativas creadas. Que disfruten y nos hagan disfrutar. De que no todo sea heavy metal en esta vida. Que ya no pique cuando toca aguantar el incesante latiguillo de que “hoy en día todo son bandas de enfadaos y tías con el pelo de colores”. Supongo que todos tenemos derecho a estar equivocados.

En cualquier caso y como siempre, agradecer una vez más a la organización todas las facilidades dispuestas para la realización de esta crónica y mandar un cariñoso saludo a los habituales de siempre. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Grima + Ultar en Oviedo (10/5/2024)

Frío siberiano como antídoto a los rigores primaverales. Volvían a la región los rusos Grima, acompañados esta vez de su banda hermana (literalmente hablando) Ultar y, por aquello de las coincidencias con otro evento de no poca importancia, la vuelta de Koma a nuestros escenarios, quien más quien menos no las tenía todas consigo en lo que a venta de tickets se refiere. Para nuestra satisfacción, nada más lejos. Los exteriores del Gong presentan un gran aspecto poco antes de la apertura de puertas y no cabe sino congratularse por ello.

Y es que había ganas de ver a los chicos de Ultar. Su “At The Gates Of Dusk” de finales de 2022 era un estupendo trabajo de black metal en su versión más contemporánea y fuimos muchos quienes no quisimos perdernos las evoluciones de los hermanos Susarev y cía.

No tan teatrales, ya habría tiempo después para eso, Ultar aparecen por el Gong apenas con un telón de fondo, paneles verticales en cada extremo del escenario, ropajes uniformes y corpse paint blanquecino. Llama la atención su quietud en escena, en contraste con ese headbang al unísono que en ocasiones realizan.

Antiques”, con ese inicio tranquilo y calmo, no muy lejano de según qué momentos de los franceses Alcest, fue fácilmente uno de mis momentos favoritos del set. Gleb Sysoev rasgó su garganta sin demasiados excesos. No debe ser fácil acometer no uno sino dos shows por noche y, a buen seguro, vimos una versión templada y más comedida del ruso, aunque igualmente disfrutable.

Apoyados por un gran sonido, cada vez más fina esta sala en este aspecto capital de la música en directo, deslizaron temas de aquél álbum de hace un par de años ante un público más expectante que animado, contagiado tal vez de la propia frialdad de la banda con base en Krasnoyarsk. Fue un set muy corto, poco más de media hora, que dadas las circunstancias, diversos problemas de salud que arrastraban varios de los chicos (y que de hecho llevaron al aplazamiento de la fecha vallisoletana) ofreció sin embargo una versión más que aceptable del quinteto siberiano.

Casi cuarenta minutos tardan los chicos en volver a escena. Insisto, las circunstancias eran las que eran, ni mucho menos me quiero cebar. Aunque diferente, la escenografía de Grima no deja de tener puntos en común con la de su banda gemela. El telón de fondo, los paneles verticales. Añade, eso sí, un par de calaveras frente al bombo de la batería y los dos espectros que acompañan a Vlad Yungman tras los parches.

Así pues, cuando pasan pocos minutos de las diez y veinte, “Winter Morning Tower” marca el inicio del set para una banda que aparece ahora en escena sin bajista. El sonido, como sucediera con Ultar, no podía ser más diáfano. Llama la atención la quietud de Gleb “Vilhelm” Sysoev sobre las tablas. Sus ropas, también las ramas que rematan sus brazos. Sin pestañear, fue declamando con pasión y desgarro, sin olvidar esa teatralidad inherente al combo siberiano.

Precisamente en “Siberian SorrowGrima rompen su habitual frialdad y pasean los mástiles de sus LTD sobre el público de las primeras filas. No obstante, durante buena parte del set, su quietud es tan indisoluble de su propuesta como las máscaras o las túnicas. Para “Devotion To Lord” algún que otro acople quiso aguar la fiesta precisamente en el momento más tranquilo y reposado, sin que tampoco la cosa fuera a mayores. De hecho aquí Vilhelm sedujo con su registro más bronco y oscuro, ofreciendo así uno de los contrapuntos más llamativos del set.

Se iría al backstage la voz de Grima para regresar Flying V-300 en mano y ofrecer así la versión más recargada y poderosa de los rusos, esa que “Moonspell And Grief” mediante, ofrece la cara más heterogénea del combo de origen ruso. No apreciamos el mismo movimiento por parte del público que con otras bandas extremas que han pasado por nuestros escenarios. Por contra, sus interpretaciones resultan sólidas, rocosas, a ratos intachables. “Cedar And Owls” y su paso por momentos casi marcial puede ser una gran muestra de ello. Fríos pero extrañamente ampulosos, apoyados en un Vilhelm que para entonces mostraba un registro ya algo quebradizo. Y es que el esfuerzo, aún con su bien conocida parsimonia, desde luego era mayúsculo. Como debía de serlo el calor que estaban pasando bajo los ropajes y las máscaras.

Aquí no puede uno hacer otra cosa que pensar en el batería Vlad Yungman. Auténtico héroe en la sombra de ambas formaciones y que cargó con sendos sets sin negociar un solo esfuerzo. Enorme mérito el suyo, especialmente cuando el setlist alcanza una de las favoritas de quien escribe, no otra que la estupenda “Giant’s Eternal Sleep” y, aun a pesar de los muchos inconvenientes, tanto externos como los derivados de su propia idiosincrasia, Grima ofrecen su mejor versión. El cierre, “Rotten Garden”, vino en cierto modo a confirmar su condición de banda en franca progresión ascendente. Recompensa justa a un trabajo bien hecho por parte de los chicos. Y es que algo me dice que salas de mayor aforo serán requeridas en futuras visitas de los hermanos a nuestros escenarios. Mientras tanto no queda más que alegrarse de haber podido disfrutar en nuestros escenarios y por dos veces de una banda como esta.

El black metal sigue ganando adeptos en la capital asturiana. He insistido mucho en esto en distintas crónicas pero es cierto. La racha, de hecho iniciada por los propios Grima en su anterior visita a la Gong, confirma a través de propuestas como Defacing God, Azaghal o más recientemente Downfall Of Gaia la buena salud del género negro en sus muchas encarnaciones. Nos hace muy felices.

Por nuestra parte nada más. Agradecer a la promotora del evento por todas las facilidades dispuestas de cara a la realización de esta crónica, saludar a los muchos y buenos amigos con quienes departí antes, durante y después del show y el firme deseo de vernos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: Jaime García

Reseña: The Wizards «The Exit Garden» (High Roller Records 2024)

Tras debutar con un álbum homónimo hace ahora casi diez años, proseguir con “Full Moon In Scorpio” dos años más tarde y lanzar “Rise Of The Serpent” en 2018, ya tenemos aquí lo nuevo de los heavy / doom / stoner vascos The Wizards. La base rítmica de Baraka Boy al bajo y Dave O. Spare en baterías, las guitarras de George Dee y Phil The Pain y la voz de Ian Mason se encuentran detrás de los ocho temas de este “The Exit Garden” publicado por High Roller Records allá por el mes de marzo. Mezclado por Mario Gutiérrez y Alberto Macías en Slippery Studio para posteriormente pasar por las manos de Víctor García (Aathma, Toundra, Wormed…) en Ultramarinos Mastering y recibir el fino arte del Smoke Signals Studio para la portada.

The Exit Garden” cumple con el doble propósito de dar nombre e inaugurar el cuarto de los bilbaínos. Y lo hace sin dejar una sola gota de inspiración en el tintero. Apoyada en un gran riff al que da lustre la fina y equilibrada mezcla de Macías y Gutiérrez, nos traslada inmediatamente a un tiempo donde el rock era la música orgánica por excelencia. No exenta de alardes, las teclas que adornan su prólogo sin ir más lejos, me recuerda a ratos a los mejores Electric Wizard. También a mis queridos Blood Ceremony, aunque sin ese cierto poso tendente a la psicodelia de los canadienses. Un primer corte trufado de largos desarrollos instrumentales, ideales para quienes disfruten del rock and roll en su vertiente más setentera y vibrante. ¿Pero cumple el álbum con las promesas que hace este primer corte?

Porque desde luego parece que la banda ha echado el resto en ese primer corte. Lo que no quita para que “Full Moon In Scorpio” se destape como la versión más negruzca y aguerrida de los vascos. El pesado riff del prólogo impone su ley y la banda acomete ahora un rock más apesadumbrado, que vira hacia el doom sin mayores complejos. El alucinado solo que adorna ese prólogo tiene una pegada innegable. Y mientras que Ian Mason declama ahora en tonos que le asemejan a un Danzig de sus primeros álbumes en solitario, el corte adolece quizá de un estribillo más redondo. De mayor gancho. Pero esta vuelve a ser otra pieza bien calibrada entre composición y puro derroche instrumental. Estupendo el solo que acomodan camino del epílogo. Por tópico que pueda llegar a sonar, la banda demuestra aquí un nivel en cuanto a ejecución que poco o nada tiene que envidiar a cualquier foráneo.

Pero que me aspen si “Oniros” no recuerda a unos Ghost de sus dos primeros álbumes. Es verdad, Mason no canta tan “para dentro” como acostumbraba entonces el bueno de Tobias Forge, pero realmente siente uno cierto influjo, en particular durante el prólogo y las distintas estrofas. En parte porque las influencias son, desde luego, comunes entre uno y otros. The Wizards marcan distancias, y pienso que hacen bien, en unos estribillos más cercanos a su sonido y no tanto a la banda sueca. El corte emerge finalmente para bien con el paso fangoso y marcado de su cuidado epílogo. Ni tan mal para tratarse de un single adelanto.

Lo que son las cosas, ”Holy Mountain Mind” me sigue pareciendo una elección más lógica para tal fin. Atravesada por el estribillo que más ha arraigado en mi subconsciente tras las sucesivas escuchas, representa una vuelta hacia la vertiente más trotona y directa del quinteto radicado en Bilbao. Qué duda cabe, mucho más facilona y previsible que el trío de ases con el que da inicio el disco, lo que no quita para que sea un tema con el que disfruto en buena medida. Con sus buenos cambios de ritmo, su equilibrada producción y algún que otro solo de mérito.

Equinox Of Fire” no difiere en exceso de su inmediata predecesora, pero en cierto modo da la impresión de ser una oferta mucho más cerebral. Que da rienda suelta ya durante el cuidado prólogo a la cara solista más deslenguada del quinteto. De hecho la banda parece sintonizar ondas más chulescas ahora, plantando sus reales a medio camino entre el hard y el doom rock, con Mason en algunos de los tonos más altos de todo el redondo. Crepita el bajo de Baraka Boy durante las metódicas estrofas. Y aunque la banda da con un estribillo al que quizá eche en falta una pizca más de garra, bien está el solo de guitarra que ocupa el tronco central, así como el cambio de ritmo del epílogo.

Questions” dará un pequeño respiro con ese prólogo con anclaje en tonos baladeros que viene a calmar los altos biorritmos en que se había movido el disco hasta ahora. Huelga decir, cuidado hasta el más mínimo detalle, con esas guitarras casi prístinas y el registro más liviano de Mason. Superada la barrera de los dos minutos, el corte redirige hacia un rock en franca rima con los momentos más vibrantes de “The Exit Garden” para, por puro contraste, generar alguno de mis momentos favoritos del disco. Por lo disfrutón que está Dave O. Spare en esas partes más intensas. Por el buen nivel técnico que vuelven a mostrar George & Phil. Y, finalmente, porque la banda encuentra, ahora sí, un estribillo redondo y memorable, con un leve deje melancólico nada impostado, que entra a la primera. El duelo solista previo al descosido epílogo viene a redondean otro de los grandes hallazgos de este cuarto disco. Estupenda.

Crawling Knights” vuelve a poner calma en mitad de la tormenta. Inicio sosegado pero hábil, con esas guitarras en una clave que roza la psicodélica. Es el corte más extenso del álbum y se podría decir que la impresión es la de que la banda echa el resto. La progresión de sus estrofas camino de estribillos no podría estar más cuidada. La nostalgia que emana de su línea vocal, los buenos coros que acompañan a Mason, solidarios a los contrapuntos que emergen de las distintas líneas de guitarra. Y todo para confluir en un tronco central que lleva a The Wizards a ofrecer su cara más ardiente y disfrutona. Quienes se quejan, no sin motivos, de la falta de buenos solos de guitarra en el rock y metal actuales, gozarán del festín acometido aquí por George Dee y Phil The Pain, enfrascados en una serie de duelos de los que ya no se estilan. El epílogo, con vuelta a los sonidos tan tendidos del prólogo, finiquita el particular uróboro de los vascos. Magnífica.

Dawn Of Another Life” y sus contornos tranquilos, apenas la tenue voz de Mason sobre un marcado colchón de teclas, al que más adelante se sumarán, aunque sea de manera tímida, ambas guitarras, finiquita lo nuevo de The Wizards con una cierta sensación de distinción. Elegante calma después de la tormenta. Después de todo, “It´s time for the dawn of another life” (Es la hora del amanecer de otra vida).

Los chicos tienen razones de sobra para estar satisfechos. Y quienes gusten del hard / heavy con trazas doom de inconfundible aroma clásico, motivos para celebrar. En un tiempo donde el metal camina de la mano del puro artificio, “The Exit Garden” propone una vuelta a los orígenes trazada con sumo cuidado pero ejecutada con la mayor de las libertades. Pocas cortapisas parece haberse puesto la banda a la hora de ejecutar los ocho cortes. Líneas de voz sentidas y con gancho y unos cuantos solos para el recuerdo. Riffs de mérito y una base rítmica que crepita y galopa desde el buen gusto, sin excesos ni manierismos. Un disco que me tiene enganchado desde hace semanas y al que bien haríais en pegar un par de escuchas. No salgáis luego con que nadie os avisó.

Texto: David Naves

Reseña: Secta «Panzer» (CD Music 2024)

Segundo round para lo chicos de Secta tras debutar en 2022 con su anterior “Nada Nos Va A Parar”. Apenas dos años después, como queriendo hacer bueno el lema de aquél debut, vuelven ahora con este “PanzerMichael Arthur Long en voces, Juan Pablo Cotera en guitarra rítmica, Ger Gilsanz en la solista, Pelayo Vázquez al bajo y Pablo Pravia en baterías. Nueve temas grabados en directo en Tutu Estudios con producción del propio Sergio Rodríguez “Tutu”, posteriormente masterizados por Dani Sevillano y a los que adorna el arte de BwanaDevilArt.

C’mon” pronto da la impresión de estar hecha con la intención de continuar allí donde lo dejara su debut de hace un par de años. Sencilla, directa, imbuida de ese rock and roll de aroma irresistiblemente clásico. Me agrada lo tendido de las estrofas y la forma tan natural en que derivan en unos estribillos a un tiempo sensuales y al otro directos. Una mezcla que distingue de entre cada línea, sin que la voz acapare excesivo protagonismo ni las guitarras ahoguen al bajo de Vázquez. El buen solo de Gilsanz, sin abandonar esas pulsiones tan clásicas, remata un buen inicio.

Panzer” es, qué duda cabe, el gran emblema de este trabajo. No solo le da nombre sino que además fue además uno de los adelantos en forma de videoclip. Es, de hecho, la única letra presente en el escueto libreto del CD. Y si bien reproduce ese rock tan AC/DC que les define, se atreve con una letra un tanto diferente a todas cuantas hayan escrito hasta la fecha. Todo funciona. Desde el desgarrado grito de Arthur Long en el prólogo hasta la fina construcción de las estrofas. Los pequeños adornos que implementa Gilsanz aquí y, como ya ocurriera en el debut, la sensación de que sin duda les beneficia el hecho de haber dado a luz en puro directo a estas canciones.

Dulce Dinamita” es otro de esos cortes que olvidan cualquier tipo de metáfora y van directamente al grano. Desprovista al igual que “Panzer” o “El Herrero” del factor sorpresa, estos temas ya vieron la luz durante la gira del “Nada Nos Va A Parar”, entrega uno de los riffs que más me enganchan de todo el tracklist. Por ahí también me agrada el buen prólogo y los cuidados contrapuntos entre Cotera y Gilsanz. Arthur Long desliza una línea de voz más vacilona aquí para un estribillo redondo por pegadizo. Memorable incluso. De los que asaltan tu subconsciente en el momento menos pensado. Ger Gilsanz parece igualmente inspirado durante el solo y, al final, el corte emerge como uno de los más y mejor compensados de este segundo álbum.

De todos cuantos transcurren en este “Panzer”, puede ser el prólogo de “Todo o Nada” el que más me recuerda a Winchester, la otra banda del guitarra Ger Gilsanz. Medio tiempo a mayor gloria de la cara más clásica y elemental de Secta. Acomodado en muchos de sus tics habituales, sobresale aquí la buena labor de mezcla de la que goza el álbum. “No hace falta ser un sabio” ni tampoco reinventar la rueda, pero es verdad que tiene unos estribillos con los que me ha costado llegar a conectar. No decepciona el solo de Gilsanz pero, al final, conecto en mayor medida con casi cualquier otro corte del tracklist.

El Herrero”, por ejemplo. Empezando por el riff en que apoyan las estrofas. Ese aire tan desenfadado con que imbuye a otra letra marca de la casa pero, sobre todo, por un estribillo tan sencillo como pegadizo. La forma en que ambas guitarras juegan a encontrarse casi en todo momento, la firme base rítmica de Vázquez y Pravia. Es el corte más extenso del álbum, tiempo bien aprovechado por Gilsanz para deslizar uno otro de mis solos favoritos de este segundo trabajo. El final, sensiblemente más descosido, redondea otro de los grandes cortes de “Panzer”. Al menos en opinión del abajo firmante.

Mucho más sencilla, al menos en apariencia, “Fuera De Control” da un pequeño giro de timón al disco. Apoyada en una cuidada línea de batería de Pablo Pravia, construida con algo más de libertad y más que eficaz a la hora de amplificar el rango de influencias que había manejado la banda hasta el día de hoy. Ironiza la letra con el 4/4 y todo sale adelante tras el ya clásico desgarro de Michael Arthur Long al micro. Tiene ideas que, intuyo, daban quizá para un tema más extenso. En cualquier cosa la banda parece no querer conformarse con lo ya ofrecido en su primer álbum en lo que pienso, sin duda, es el camino a seguir.

Tampoco es que Secta hayan mutado en Royal Blood así de buenas a primeras. Ni mucho menos. Pero si a alguien le cabían dudas, qué mejor que una “Caliente” donde se reproducen todos sus tics más habituales. Desde lo socarrón de la letra al aroma puramente Young que exhalan las partes menos tranquilas y la mayor amplitud que aportan los coros aquí. Muy presentes de hecho en el buen epílogo que la banda ha dibujado aquí.

El Sueño Americano” destapa la que es seguramente su letra más ácida hasta el día de hoy. Y de hecho la interpretación de Arthur Long al micro la disocia en cierto modo del resto del tracklist. “Es el sueño americano, encefalograma plano”. Pravia vuelve a poner de su parte para lustrar a este penúltimo corte y a bordo de ese final más vibrante todo casa para otro corte directo, con mala leche, ágil y bien construido. Sin duda una de las grandes sorpresas de este segundo álbum.

El cierre es para la no menos interesante “La Casa Del Blues”, con alguna de las estrofas más sensuales de todo “Panzer”, solidarias a unos coros tan clásicos como efectivos. Me agrada por trazo. Por ese solo algo tempranero de Gilsanz. También por su letra, que transmite la socarronería habitual del quinteto pero con algo más de inteligencia. Un cierre que, pienso, daba para algo más de recorrido. De hecho las guitarras retornan en solitario una vez finalizado el corte. En cualquier caso una de las ofertas más redondas del tracklist.

Han dado un paso adelante. Se intuye en algunas de las líricas que pueblan el álbum. También en la construcción de alguno de los temas. Lo positivo, además, es que lo han hecho sin sacrificar ni una sola de sus señas de identidad. El fuerte influjo a AC/DC que dominó “Nada Nos Va A Parar” resulta algo más escondido ahora pero sigue igualmente presente. A nadie se le escapará que el disco se beneficia de esa mayor amplitud de miras. Algo que se deja notar igualmente en el apartado lírico por el que apuestan en según qué cortes. Véanse “Panzer” o muy especialmente las dos ofertas finales. No sé muy bien hasta donde llegará la andadura de esta particular Secta pero desde luego van por el camino correcto. Ocurra lo que ocurra, tened claro que seremos testigos.

Texto: David Naves

Reseña: Malverde «II» (Furia Discos 2024)

Ep para las buenas gentes de Malverde bajo el lacónico nombre de “II”. La banda, recordemos, viene formada por Bronco en baterías, Tamo en la guitarra solista, Laria en la rítmica y en voces y Hermes al bajo. Los seis temas que componen el trabajo vinieron al mundo en los estudios OVNI de Bonielles, Llanera, con todo un Dani Sevillano a los controles. Adornado por el precioso arte de Godless Design y fabricado con su buen hacer habitual por Furia Discos, se encuentra ya en la calle.

Nosotros nos vinimos con nuestras respectivas copias para casa y os podemos asegurar que todo el diseño del digipack es digno de cualquier colección afín al rock and roll que se precie. Detalles que siempre suman, como el hecho de que estas canciones hayan sido plasmadas en formato directo. Se nota ya desde que echas a rodar la inicial “Golem” y su realmente totémico riff inicial. Uno, que siempre anda buscando rimas con bandas de la región, encuentra paralelismos aquí con los muy queridos Amon Ra. En particular cuando la producción filtra la voz de Laria. Me agrada ese solo alucinado que puebla el puente, así como esos Malverde más nerviosos del tramo final. Un buen arranque.

Engañan los primeros acordes de “Find My Way” con esa repentina falta de distorsión. Apenas un guiño inicial para introducir otro corte de rock arrastrado y deudor a un tiempo del doom rock y el mejor stoner. Tamo parece especialmente inspirado aquí. Tanto a la hora de incrustar solos entre estrofas como en apoyo de las líneas vocales del propio Laria. Precisamente en las estrofas más desnudas se deja sentir en mayor grado la presencia de Hermes en la mezcla. Aquella fugaz calma del prólogo regresa, o mejor dicho irrumpe, antes de dar pie al solo del tronco central. Los chicos desde luego saben como trazar buenas piezas de rock vibrante y aguerrido. Bronco está muy presente en este tramo final y por ahí todo termina cuadrando para construir una de mis favoritas de todo el Ep.

Santa Muerte” viene a destapar a los Malverde más intensos. Casi coléricos. Altas vibraciones y un riff de esos que entran a la primera para la oferta más descosida del tracklist. Cierto que el riff en que apoyan las estrofas puede pecar de una cierta simpleza. Por contra, qué bien está el mayor grosor que desprende y el modo en que acerca al cuarteto a las lindes del metal. Desde luego que se le puede achacar su brevedad, apenas dos minutos y medio, pero no la forma en que destapa la cara más intensa de los asturianos.

Más breve aún si cabe es una “Now I Know” que viene a reincidir en esa versión nervuda e intensa de la banda radicada en Oviedo. Tamo y Laria juegan de nuevo a encontrarse sobre el ritmo, directo y vivaracho, que marca Bronco tras los parches. Buenos coros en estribillos y desde luego una pieza agradable pero algo coja por lo escaso de su desarrollo.

Más ambiciosa, al menos sobre el papel, “Mexica” se sustenta sobre otro de mis riffs favoritos de este “II”. Y puede que por trazo, sea también la que más llame la atención. Aquí sale a relucir la buena producción que porta el disco, centelleando en cada cambio de ritmo, numerosos en esta penúltima entrega. Cómo combinan las distintas líneas de guitarra entre estrofas o ese tronco central más desnudo resultan desde luego atractivos. Pero si algo termina de decantar la balanza es ese largo epílogo y el poso más intenso que de él deriva. Estupenda.

Sisyphus”, por el fundador y rey de Éfira en la mitología griega, supone la irrupción de los Malverde más pesados primero, ese prólogo rocoso y arrastrado, en nada sutil contraste con los más vibrantes, que llegarán antes de las primeras estrofas. Es el corte más extenso de los seis y realmente parece que la banda ha echado el resto aquí, por tópico que pueda sonar. Tamo está especialmente acertado a la hora de adornar las distintas estrofas con solos lúcidos y vibrantes. También a la hora de doblarse con el propio Laria. Precisamente ahí es donde me agrada este cierre por cómo deja traslucir la propia naturaleza de la grabación. Sinceridad sobre precisión. Un gran cierre.

En un ecosistema donde las ventas en formato físico se han reducido hasta lo meramente testimonial, el Ep resulta el camino indicado para un montón de bandas de nuestro underground. Ejemplos a decenas. El último en llegarnos es este “II” donde el cuarteto ovetense Malverde viene a sumar una muesca más al cada vez más amplio panorama hard rockero astur. Precisamente ahí, entre el hard, el stoner y pequeñas pizcas de doom y metal se sitúan seis temas a su manera diversos y en gran medida atractivos. Suma además, pienso yo, el hecho de que lo hayan grabado en directo. El Ep no desmerece ni mucho menos a una encarnación en directo de la que disfrutamos (y dimos buena cuenta) hace escasas fechas, por lo que la decisión se me antoja todo un acierto. No les perdáis la pista.

Texto: David Naves

Reseña: The Magus «Shinin'» (Discos Furia 2023)

Largamente esperado debut de los hard rockeros asturianos The Magus, banda a la que hemos tenido el placer de cubrir en varias ocasiones y que presenta ahora una ópera primera que lleva por nombre “Shinin’”, fraguada con todo mimo en el OVNI Estudio con Dani Sevillano a los mandos. Recordemos que forman la banda Bronco (batería), Tamo y Ernest (guitarras), Laria (bajo) y Ouleia (voces). Adorna la portada el arte de Paulo Fernández.

Rock sin grandes complicaciones el que viene a dar la bienvenida en “Rock’s For Pussies”. Introducida por la ágil batería de Bronco y deudora de un hard de aires setenteros, entregando una producción bien equilibrada, no iba a fallar el OVNI en esto y donde, claro, sobresale la poderosa voz de Ouleia. En especial a la hora de trazar unas estrofas ágiles que entran a la primera. El solo camina con clase, sin alardes fuera del tiesto, y si algo me agrada aquí es el pequeño puente que conduce al epílogo. Un arranque tan clásico como efectivo.

Shinin’” vendrá a añadir algo más de nervio a la mezcla. Bronco vuelve a comandar la mayor carga energética de un tema título donde centellean el rock más clásico en estribillos y pequeños devaneos con el punk en estrofas. En los engarces entre estas observa uno buenos riffs de Ernest y Tamo. Breve, algo más de tres minutos, dueña por tanto de uno de los solos más fulgurantes de todo el largo. Otro pequeño puente, marca de la casa, vendrá a anteceder al epílogo, y los Magus se enredarán en su clave más encendida y vibrante.

Pero si hay un riff que me agrada sobremanera en este primer largo de los asturianos es el que da la bienvenida en “Type 2”. Del mismo modo, la forma en que Tamo y Ernest se doblan aquí, imprescindible el uso de auriculares para apreciar el juego entre canales, así como el aire más vacilón y chulesco de este medio tiempo hábil y sugerente. El disco va así conformando una rica paleta rítmica, que pasa del hard más clásico a juguetear con el punk y desembocar finalmente en una composición tan ágil como orgánica. Cierto que el epílogo quizá reclamaba un desarrollo algo más ambicioso, pero no es menos cierto que pasa por ser una de las que más terreno ha ido ganando con el correr de las escuchas.

Pills” entrega uno de los prólogos más llamativos de todo el redondo. Tamo y Ernest juegan a encontrarse antes de que irrumpan las primeras estrofas, construyendo por ahí otro de los cortes más llamativos de este “Shinin’”. Con la base rítmica de Laria y Bronco muy presente en la mezcla, el corte resulta de nuevo vacilón al particular modo The Magus, con una estupenda Ouleia en estribillos primero y bajo voz filtrada después. El epílogo siempre me recuerda a Guns N’ Roses del ineludible “Appetite For Destruction”. A buen seguro otra de mis favoritas.

Bother” es otra de esas grandes ofertas que pueblan el álbum. Más tendida, bordeando la balada en un prólogo para después mutar en un medio tiempo de aires melancólicos, comandado por una gran Ouleia al micro. La forma en que va adquiriendo mayor intensidad camino del epílogo no podría resultar más clásica ni tampoco estar mejor resuelta. El álbum sigue ampliando su rango tonal y si he de poner alguna pega, esa sería lo “breve” de algunas de las composiciones que lo integran.

Véase por ejemplo “Like A Hammer”, por debajo de los tres minutos, y donde los asturianos recuperan parte de aquél nervio que abría el disco. Una pena ese desarrollo algo rácano pues vuelve a ser recipiente de otro de los riffs más redondos de “Shinin’”. Ouleia estira su registro en estrofas y se muestra tan o más ágil en esos estribillos repetitivos y machacones. Llamativa esa repentina desnudez del puente central, así como bien ejecutado epílogo final. Sigo pensando que daba para algo más de esos ni siquiera tres minutos.

Dead Eyes” viene a rimar con la anterior “Bother” a la hora de ofrecer esa cara más calma y reposada del quinteto asturiano. De nuevo entre la balada y el medio tiempo, donde siento que nada sobra ni falta, con una estupenda línea de voz trazada sobre un crescendo clásico y a la vez bien resuelto. Me agradan esas guitarras dobladas de Tamo y Ernest durante el tronco central. La pausa que acude después y ese epílogo desatado, enfebrecido incluso, que destapa la mejor cara de los asturianos. Estupenda.

Reclamaba antes composiciones más atrevidas en lo que a duración se refiere. Pues bien, “Weirdo” acude presta a poner remedio. Oferta más extensa de las diez. De todas la que arrastra un poso más sureño. Ese clásico slide deslizándose por el mástil. Con ese tronco central, tan cuidado como desnudo, emergen los The Magus más próximos al soul, en claro contraste con ese epílogo más vibrante. Sobresale una vez más aquí la buena producción del OVNI. Otra de mis grandes favoritas.

Casi por contraste irrumpe “Woman”, por duración el corte más rácano del disco, y también uno de los más crujientes, con Ouleia jugando a alternar nervio y sensibilidad para unas líneas de voz repletas de carisma. Se puede achacar al combo asturiano el no arriesgar algo más en lo que a trazo se refiere, manejándose siempre fieles al libro de estilo. Por contra, buena parte de sus temas resultan sólidos, poco dados a dobleces. Siempre funcionales.

Es algo se observa mientras suena la final “Punished By God”. Todo parece estar donde debe. Si acaso, uno aprecia ahora una mayor presencia del bajo del bajo de Laria en la mezcla. Por lo demás, es una pieza de rock and roll clásica y enérgica, con Ouleia reservándose alguno de sus tonos más altos cara a construir un último corte realmente vibrante y con gancho. Bien está lo que bien acaba.

Uno, que ha visto ya estas canciones varias veces en vivo, ha ido retrasando esta reseña por aquello de poder juzgar al disco por sí mismo, sin la contaminación propia del directo. Y reescuchado en estos días, pienso que el oyente que no conozca aún a The Magus debería encontrar asideros suficientes de los que echar mano. Empezando por la fina producción de Dani Sevillano, siguiendo por el gusto tan clásico a la hora de componer y terminando por el buen nivel ejecutivo que desprende el disco. Un “Shinin’” que ni inventa la rueda ni lo pretende, divirtiendo sobremanera en el proceso. Ni tan mal para tratarse de un debut.

Texto: David Naves

Reseña: Nicotine Bubblegum «Twilight Sleep» (Autoproducción 2024)

Primer largo para los alternativos avilesinos Nicotine Bubblegum. El cuarteto que forman Marco Valera en baterías, Pablo Fernández al bajo, Noé Grigera en guitarras y el Colmena y Leather Boys Luismi Rose en voces, nos entrega nueve temas producidos, grabados, mezclados y masterizados en los Breakdown Studios del Sound Of Silence Nefta Vázquez, adornados por el arte del propio Grigera y con la colaboración de Gin Barbería (Absalem) en “123”. El disco será presentado en la sexta edición del Factoría Rock Fest junto a Estramonio y Blast Open.

El bajo de Pablo Fernández y la guitarra de Grigera forman un tranquilo contrapunto para dar la bienvenida en la inicial “Fire In The Hole”, que pronto me podría recordar a otra banda también asturiana y de inspiración post grunge como es Automatic Kafka. Aquí surge, claro, un Rose en una clave distinta a la que nos tiene acostumbrados. La voz del Leather Boys ensucia su registro en estrofas en crescendo, que desembocan en estribillos marca de la casa. Me agrada ahí el buen trato coral del que gozan. El desarrollo se adhiere a los grandes tropos del género y por ahí caben pocas sorpresas. La producción del Escuela de Odio Nefta Vázquez acierta a la hora de distinguir cada línea presenta en la mezcla y guía a Nicotine Bubblegum hasta el pesado tramo final. Primer corte, en definitiva, arrastrado, arenoso y en cierto modo convincente.

Pequeño caos controlado el que desata el prólogo de “Brinell Hardness”. Pero si algo me gusta de este segundo corte es la forma en que la banda ha trazado estas estrofas. El crescendo tan clásico que dibujan. El pequeño lugar para el esparcimiento del que goza el bajo de Fernández. Y cómo desemboca en uno de los estribillos más poderosos, metálicos se podría decir incluso, de todo el largo. Rose insiste en ese registro variable, alternando voces limpias con tonos más rotos con total naturalidad. Puede que eche en falta un solo que aporte algo de vistosidad a su epílogo pero en cualquier caso una de mis favoritas de entre las nueve.

El prólogo de “M.U.I.L.” se apoya en un riff de pulsos casi groove que me sorprendió en una primera escucha y me ha ido enganchando en las sucesivas. El que surge después de ese prólogo pasa de hecho por ser uno de los más retorcidos de todo “Twilight Sleep”. La voz de Rose aparece filtrada ahora y uno recuerda inmediatamente a según qué momentos de los seminales Nirvana. Me agrada por cómo la construcción de este tercer corte difiere del par de entregas previas, así como por la extraña vibración que se extrae de la guitarra de Grigera. Ojo a cómo el epílogo desata la cara más ardiente del cuarteto con base en Avilés.

123”, con la Absalem y Gemtonics Gin Barbería a bordo trae consigo un riff de aires casi medio orientales para una propuesta que sería, a su vez, carta de presentación de este debut. Sus estrofas no podrían destilar un mayor aroma a lo mejor del rock alternativo de la década de los noventa. La banda las construye con sumo cuidado, de nuevo ese crescendo tan clásico, para desembocar en unos estribillos donde se mezclarán ambas voces primero y quedará Barbería en solitario posteriormente. Hay algo casi intuitivo en la forma en que ambas voces casan aquí. Jugando a buscarse y encontrarse a lo largo de otro corte trazado con sumo cuidado. Dice mucho en favor de la banda el haber optado por un tema como este a modo de anticipo de “Twilight Sleep”, verdadero negativo del tipo de single facilón y al pie por el que acostumbra a optar la mayoría. Uno de los estandartes de este tracklist en opinión del abajo firmante.

Y no es que “Gimme A Blend” me desagrade. Para nada. Luismi sorprende con alguna de las voces más rotas y oscuras que le hayamos escuchado. Es solo que el álbum viene de uno de sus temas más grandes y, al menos en lo que a mí respecta, me cuesta conectar con algunos de los pasajes más tranquilos y algo extraños de esta quinta entrega. Quienes busquen más intensidad, la hallarán en un tronco central tan desgarrado como breve. Todo se apoya en una estupenda línea de bajo de Pablo Fernández pero, en líneas generales, un corte con el que me cuesta llegar a conectar.

Palindrome” tiene quizá el inicio más metálico de los nueve. Ahí marca el paso una vistosa línea de batería de Marco Valera, soporte de un corte que acierta a la hora de acercar a los Bubblegum a las lindes del hard rock más nervudo y contemporáneo. Rose desliza de un modo llamativo su registro por unas estrofas llenas de una luz que pronto tornarán en una curiosa oscuridad. Por lo que sea, me agrada la forma en que la composición se va tiznando de esa negrura. Siempre dentro de las lindes del género y del disco en sí, pero lo suficiente como para disociar a este meditado palíndromo del resto de entregas. La manera en que su tronco central serpentea entre la cara más aguerrida del cuarteto y la más alternativa constituye otro de mis momentos favoritos del debut.

Focus In” nos devuelve a Nicotine Bubblegum en su encarnación más arrastrada y fangosa. A ella contraponen la más lindante con el pop alternativo y de resultas de ello se desencadena un corte fuertemente bicéfalo, con Rose tan cómodo en la calma como en la tormenta. De nuevo la producción en los Breakdown Studios parece haber entendido al dedillo al tipo de banda que tenía entre manos. Reconozco que por trazo hay ofertas dentro del disco con las que conecto en mejor medida. De todos modos, bien está el puro desgarro de su tramo final.

No muy lejos de su predecesora vendrá a situarse una “Youth Leisure” que, reloj mediante, parece poner sus miras mucho más allá. Contornos tranquilos enfrentados a la cara más nerviosa de su bien conocido rock alternativo. Nada que sorprenda a estas alturas del disco pero lo suficientemente cuidado para que el corte diste de caer en el olvido. Porque la buena línea de batería de Valera merece todos los parabienes. También la forma en que el registro de Rose se enturbia con el correr de las estrofas. En otro álbum, el solo de Grigera habría gozado de más espacio para su propio esparcimiento. Aquí se adhiere orgulloso a los propios pulsos de este particular sueño crepuscular, por lo que viene a ganar en coherencia aquello que pueda perder en brillo. Estupenda.

Cierre para la extensa “War”. Que me agrada por la forma en que traza un prólogo de entornos tranquilos y, riff mediante, reconduce hacia la consabida mezcla de grunge y alternativo de los asturianos. Siento a Rose no tan a gusto como en otras entregas del álbum cuando llegan esos riffs más gruesos. Sí, en cambio, en la cuidada calma de ese prólogo. Es otro corte a mayor gloria de la cara más bipolar de la banda, que no opta por el habitual cierre resumen y se decanta en cambio por una construcción más sencilla de lo que aparenta. En ella Grigera parece más que inspirado. Tanto en la sucesión de riffs como en las melodías que adornan los pasajes más tranquilos. Un cierre en cierto modo ágil, de esos que han ido creciendo una barbaridad con las escuchas.

Siendo como es un disco de género, lo cierto es que la banda se las ha arreglado para dibujar a lo largo de sus nueve cortes una amplia paleta de colores. El rock más tranquilo, lindante con el pop incluso en ciertos momentos, confronta al alternativo más descarnado y llega a lindar incluso con un metal a ratos sucio. Y ya digo que la producción de Nefta parece haber comprendido el tipo de banda que tenía entre manos, entregando una mezcla tan clara como invisible. Algo más de tres cuartos de hora para regocijo de los fans del alternativo más al uso. Bienvenido sea.

Texto: David Naves

Crónica: Malverde + Caballo Moldavo (Oviedo 26/4/2024)

La Salvaje y sus mejores galas se prepararon para recibir la presentación de “II”, flamante nuevo Ep de los chicos de Malverde, acompañados esta vez de los ínclitos Caballo Moldavo para una noche que prometía riffs gruesos y mucho voltaje. En un ecosistema donde la venta anticipada adquiere tintes casi mitológicos y lo muy desapacible de la jornada, quien más quien menos se esperaba una venta de tickets tirando a raquítica. No fue el caso. El público ovetense demostró tener ganas de rock and roll. Si algunos sacan pecho de cada fracaso, por qué no hacer lo propio de cada suceso.

Faltan veinte para las diez cuando toca reencontrarse con el establo. Caballo Moldavo, enfrascados en la grabación de su nuevo álbum, Breakdown Studios mediante, decidieron hacer un alto en sus obligaciones y dejarse caer por una Salvaje que, ya decimos, presentaba una gran aspecto para cuando deslizaron la inicial “El Cadáver”.

Y lo hicieron con uno de los mejores sonidos que les hemos disfrutado, y fíjate que, a día de hoy, no son precisamente pocas las veces que nos los hemos cruzado. El coqueto escenario de la sala, por tamaño, no ha lugar a muchos aspavientos. Pero la banda, pese a hallarse como digo en mitad de la grabación de nuevo material, hizo disfrutar de lo lindo en la fría noche ovetense.

Lionel Hooves dejó un gran solo en “El Demente” y la certeza de lo mucho que ha crecido como músico desde nuestro primer encuentro con ellos. Disfruté en buena medida de “El Cuervo”, con la frondosa base rítmica de Héctor Lynott y Jhonny Liver marcando el paso a uno de los temas más rotundos del cuarteto. También de “Réprobos”, que ha terminado por convertirse en una de mis favoritas del Ep al que daba nombre. Y mientras que “El Blues del Innombrable” descubre al mejor Reverendo G. Throat al micro, todo casa para que Caballo Moldavo nos aleje de cualquier estado cercano al letargo.

Ayudó en ello, siempre lo hace, “El Pantano”. También su habitual revisión del “Dirty Black Summer” de Danzig. Un tema “para arrimar cebolleta” que diría la voz moldava. De esas sesiones de grabación a las que aludía antes emergió “El Sueño”, corte de nueva confección y que apunta a fijo en futuros setlits, dueño como es de muchos de los tics que han ido configurando a la peculiar banda asturiana. Tanto o más se podría decir de “El Valle”. Desde luego que si pretendían meternos el gusanillo por su nuevo trabajo, cumplieron con creces.

No faltó a la cita su habitual “Misa Negra”, acompañada de un final “a serruchar”, que vuelve a corresponder al “Green Machine” de los estadounidenses Kyuss. El establo se escapaba por una noche de sus obligaciones y se presentaba en gran forma…

… pero esta era la fiesta de Malverde. O lo que es lo mismo: los The Magus Bronco en baterías y Tamo en guitarra solista, el ex The Punishers Hermes al bajo y Laria en voz y segunda guitarra. Presentaban su reciente Ep “II”, que se vino ayer para casa y del que pronto tendréis cumplida reseña por aquí.

Mientras llega ese momento, toca hablar del show del pasado sábado. Un set que arranca “Find My Way”. Porque qué mejor forma de presentar “II” que con el segundo tema de dicho trabajo. Al menos en la parte más cercana al escenario donde nos encontrábamos, el sonido no habría podido ser mejor. Parece mentira lo mucho que han crecido según qué salas de la región en un aspecto este tan fundamental como tantas veces ignorado.

La banda enlaza con “13” y es que, como dijo el propio Laria, “qué mejor forma de presentar el nuevo Ep que con temas viejos”. Se mueven entre el hard rock y el stoner y, por ahí, la rima con sus compañeros de cartel no va del todo mal tirada. En especial cuando “Pigs” deja uno de los mejores solos de la noche, a la par que extrae la versión más nervuda del cuarteto.

Lo decía antes, el escenario de La Salvaje puede no dar pie a mucho movimiento, pero realmente la banda sonó tan intensa y potente como esperábamos. Y el público lo pasó de lo lindo. Inclusive David Fernández e Godless Design, encargado del artwork del Ep y que, aun a pesar de las muletas, no quiso faltar a la cita. Las bromas entre banda y público fueron una constante, que es lo bonito de tocar para buenos amigos, pero nunca al punto de desvirtuar lo que no dejaba de ser un concierto de rock and roll con todas las letras.

Así las cosas, mientras “Santa Muerte” extrae de hecho la cara más intensa y ágil de los asturianos, “Mexica” hace lo propio con la más alucinada. No quisiera decir psicodélica, pero ciertamente uno de los cortes más exógenos del setlist. “The End Is Nigh”, con Laria reconociendo que es uno de los temas que más disfrutan tocando, nos encaramó en la parte final del set. La banda apenas dio descanso más allá de las habituales pausas para afinar entre tema y tema. Sonando tan sólidos como lo estaban haciendo, no había tiempo que perder.

Llegó el turno entonces de “Golem”, con Laria dando gracias por venir, comentando la grabación en OVNI Estudio con Dani Sevillano y saludando a David de Godless Design. Todo para confluir en una “Now I Know” que extrajo a los Malverde más veloces. Hechas las debidas presentaciones, también los agradecimientos a Caballo Moldavo, llegó el turno de encarar la dupla final: nada menos que una revisión malverdiana del “21st Century Schizoid Man” de los seminales King Crimson y una “Sisyphus” que viene a concentrar muchos de los vértices sobre los que pivota la propuesta de los asturianos. Estupendas guitarras dobladas en el solo para un gran final.

Y es que la oferta de grupos asturianos en las amplias lindes del hard rock no deja de crecer. Talento, buenas bandas y mejores conciertos. El del viernes lo fue y nos alegra que la gente respondiera en consecuencia, aún cuando las circunstancias no eran para nada propicias. Desde aquí nada más que mandar un gran abrazo a las buenas gentes de Caballo Moldavo y Malverde, también a los habituales que no fallan nunca y ya sabéis: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Yskelgroth «Bleeding Of The Hideous» (Xtreem Music 2023)

Nada menos que trece años ha tardado el trío de black metal madrileñobalear Yskelgroth en entregar la continuación de aquél “Unholy Primitive Nihilism” de 2010. Recordemos que ellos son Dave Rotten (Avulsed, Holycide, Putrevore…) en voces, su compañero en Decrapted Vicente Payá a la guitarra y Nexus 6 (ex-Nahemah, ex-The Heretic, TodoMal) en sintetizadores, guitarra y baterías. Con arte del venezolano John Quevedo Janssens (Paganizer, Ribspreader, Vile Hex, Disrupted…) “Bleeding Of The Hideous” ha visto la luz a través de Xtreem Music en CD y digital.

La inicial “The Morbid Earth” ahorra en introducciones y otras zarandajas para destapar, ya desde el primer instante, el consabido black death del trío. Con Rotten doblando unas voces en las que alternará registros, dibujando así un desempeño que le desliga de sus habituales tonos cavernarios. Es un corte bien armado, diverso pese a lo escaso de su desarrollo, poblado de detalles melódicos extraños y poco recurrentes y en el que la banda apenas dará descanso. Feroz incluso en la extraña y laberíntica ración solista de su tercio final. Ni un segundo que perder.

Prone To Gobble Life” se desliga de esos acentos más death para profundizar en un black de tintes sinfónicos sobre los que Dave descerraja sus tonos más altos con total naturalidad. De construcción alterna, sus estrofas son un ir y venir de ritmos altos, rodeados por pequeñas islas de pura pesadez y maledicencia. La faceta solista resulta ahora más convencional, convergiendo de forma algo extraña con el corte que las integra y otorgándole una más que llamativa dualidad.

Tras la virulenta dupla inicial, “Omnicidal Ends” vendrá para reducir las altas pulsaciones este segundo álbum. Medio tiempo fuertemente sintetizado donde oigo ecos de bandas tan alejadas como Khonsu o incluso Progenie Terrestre Pura. Ello es en gran parte por el peso otorgado aquí a los sintes de Nexus 6 durante toda la grabación. Tema en gran medida pesado, asentado de manera firme sobre una casi casi monocromática gama riffera a la que atraviesan los Yskelgroth más furibundos.

Así las cosas, no sorprende que “Aeons Empty”, uno de los cortes más rácanos en lo que a duración se refiere, nos devuelva al trío en su faceta más agria y trotona. Corte que vendrá a beneficiarse de un bajo más presente en la mezcla final, dando cumplido sustento a una gama de riffs y melodías que me llevan a pensar, aunque sea a lo lejos, en los primeros Dissection. Marcadamente fría, acierta la banda a desprender una melancolía más acusada aquí, siempre con Rotten en su encarnación más aguda. Lo bueno si breve…

Otro corte igualmente fugaz en el reloj es este “Plagueridder” donde no obstante el trío construye una de las ofertas más laberínticas y retorcidas de todo este segundo disco. Como si la banda hubiese pretendido enlatar en menos de tres minutos todo su ideario, la composición irá desde su artificial arranque hasta una serie de caóticas idas y venidas que viven de hibridar, pienso que más bien que mal, black espasmódico con death arrastrado y serpenteante. De resultas de ello surge un trazo en ocasiones algo atropellado, descompensado incluso, pero de alguna manera nunca aburrido.

Spasmic Extinction” elevará el tono mientras muestra una gama riffera que bien podría pasar por la más lograda de todas las presentes en este nuevo álbum. A la contra, una construcción más dinámica, tal vez más predecible, donde se cuelan algunos detalles ornamentales un tanto distraídos. Puente central al margen, corte eficaz a la hora de exhibir a los Yskelgroth más aguerridos y vitriólicos pero al que, tengo la impresión, se le podría haber exprimido algo más de jugo.

Primal Expulsion”, que fuera la carta de presentación allá por el mes de febrero, tampoco ofrece muchas sorpresas. Sea como fuere acierta al recuperar aquél poso un tanto más melódico que la banda ofrecía en cortes como “Aeons Empty” y enfrentarlo al Rotten más bicéfalo de todo el álbum. Dos caras parece tener también el solo que adorna su tronco central. Que fuera el anticipo de este segundo trabajo me resulta una decisión acertada en cualquier caso.

Riddance Of The Graves” parece arrimarse a proposiciones mucho más anquilosadas, secas y descarnadas. Nombres como Endstille, Antaeus o incluso Katharsis acuden a mi subconsciente mientras se suceden las escuchas de un penúltimo corte consagrado, en gran medida, a la cara más enfebrecida del trío, apenas rebajada en su perpendicular epílogo.

Y sin descabalgar de esa encarnación velocípeda y cruda, lo cierto es que la final “Path To Devourment” acierta a la hora de entregar un sonido más personal. En parte por los riffs que conforman sus estrofas pero también por los curiosos arreglos, su tan pesado como curioso tronco central y acabando por esa construcción rica por diversa. Un buen cierre.

Mucha diversidad para un álbum que apenas supera la media hora. Aglutinar influencias que van desde el black más descarnado hasta rozar (sin tocar) el más adornado y espacial, no parece empresa fácil. Que a pesar de ello el disco suene cohesivo, dinámico e incluso llamativo creo que habla muy bien del empeño que el trío ha puesto en estos nueve cortes. Que aunque aquí y allá encuentre ideas o trazos con los que no llegue a conectar del todo, en el fondo resultan anecdóticos dentro de un trabajo más que satisfactorio. Que no haya que esperar otros trece años por el tercero.

Texto: David Naves