Reseña: Totengott «Beyond The Veil» (Hammerheart Records 2024)

Empecemos con los hechos. La reseña de “The Abyss”, a la sazón segundo disco de estudio del trío asturiano Totengott, fue el primer texto que servidor entregó para HMB. Por eso cualquier cosa que tenga que ver con el trío que forman José Mora (batería y coros), Nacho Bernaldo (bajo y coros) y Chou Saavedra (guitarra y voz) siempre tendrá un significante muy especial para quien escribe.

Los chicos, que como muchos ya sabréis comenzaran su andadura como banda de versiones de Celtic Frost, regresan ahora bajo el paraguas de la histórica Hammerheart Records. Y lo hace con un tercer largo al que han dado en llamar “Beyond The Veil” y que ha sido mezclado por el Balmog Javier Félez (Altarage, Teitanblood, Conjureth, Onirophagus…) en los Moontower Studios. Posteriormente masterizado por Jaime Gómez Arellano (Angel Witch, Ulver, Ghost, Moonspell, Fen…) y adornado por el estupendo artwork de Khaos Diktator Design (Gaerea, Wyrd, Heresiarch, Saor…), verá la luz el próximo 12 de julio.

Es gracias a ese prólogo brumoso y oscuro de “Inner Flame” que uno capta, por las buenas o las malas, el tono alrededor del cual se va a desarrollar esta tercera entrega de los asturianos. Es un corte en la más pura tradición de las entregas más vibrantes de la banda, que viene a resultar todo un canto al thrash metal más sucio y elemental. En comparación a anteriores trabajos, sorprende ese bajo tan alto en la mezcla. En ningún caso predominante pero qué duda cabe dando un mayor empaque a ese trotar tan habitual en ellos. El epílogo sí que destapará una mayor pesadez y la buena labor de Félez en las mezclas dará sus frutos a lo largo de ese tramo final más angosto y oscuro. Notable arranque.

Es “Sons Of The Serpent” la que de pronto destapa un aura más oscura y ominosa a través de un prólogo que rozará incluso lo funerario. Hay un juego de voces aquí capaz de disociar a esta tercera entrega de sus dos anteriores, al tiempo que acerca al trío a Triptykon, la continuación natural de los Celtic Frost más postreros. El registro de Saavedra resulta especialmente roto en estas estrofas y ejerce un poderoso contraste con esas tesituras más cristalinas, también enigmáticas, que emanan de los coros. Contrapuntos que asemejan a un juego de espejos mientras la banda transiciona hacia su cara más aletargada y oscura. La mayor presencia de teclas remata a un epílogo alimentado por su cara más sinfónica y, en cierto modo, grandilocuente.

Marrow Of The Soul” vuelve a territorios similares (que no iguales) a los de la inicial “Inner Flame” para de nuevo entregar encarnación más nerviosa y dibujar de paso alguno de mis riffs favoritos de todo el largo. La guitarra de Saavedra, con esa afinación tan característica, brilla en toda su gloria aquí. Un corte que puede pecar de lineal en un primer tercio que apenas cogerá aire durante esos estribillos más lángidos y pesados. Interesante solo de guitarra el que ocupa su tronco central y retorcido a más no poder un epílogo donde tienen cabida muchas de las caras que representan a una banda como esta. Totengott confrontan brío con pesadez, crudeza con nervio, resultando en un tramo final verdaderamente llamativo. Sobre el papel otra de mis favoritas.

The Architect”, que tuvo su correspondiente traslación a videoclip, me atrapó desde las primeras escuchas. La poderosa y también enigmática voz de Marija Krstevska y el tratamiento que de ella hace la producción durante el prólogo. Ese pulso arrastrado, que tanto y tan bien ha desarrollado la banda en el pasado, esas voces igualmente enigmáticas así como ese avanzar por momentos casi agónico. Un corte que propulsa a la banda hacia el futuro sin que ello implique negar el pasado. Tan atmosférica como enigmática. Composición que apunta a fija en sus setlists durante largo tiempo.

Esta primera “Beyond The Veil Part I: Mirrors Of Doom” entregará una cara casi cinemática de la banda. Un prólogo que parte de lo atmosférico para luego alcanzar una épica a ratos desgastada donde vuelven a brillar esas cuidadas voces de Krstevska. Ejerce como angosto preludio de una segunda parte, “Beyond The Veil Part II: Necromancer”, donde el trío cuenta con la colaboración del E-Force y ex-Voivod Eric Forrest. Un corte que en su primer tercio transita sobre un metal vibrante y descosido. Ese riff de las partes más nerviosas quizá no me resulte el más redondo de todo el álbum. Mora está incansable tras baterías y especialmente fino en los pequeños pero marcados cambios de ritmo. Es cuando las revoluciones bajan y el corte adquiere una mayor pesadez que la banda parece sonar mejor que nunca, con Forrest dejándose el alma en algunas voces realmente agrias. El mayor peso que adquiere el bajo de Bernaldo en este tercer trabajo ayuda a apuntalar esas partes tan nerviosas, también la pesadez del pequeño epílogo. Estupenda.

El final, en la más pura tradición Totengott, corresponde a la composición más extensa del álbum, en este caso “The Golden Crest”, si bien esta queda lejos de los altos minutajes que desarrollaban cortes como aquél “Doppelgänger” que daba nombre al debut. Es precisamente a aquél primer trabajo al que parece hacer referencia este broche final. En especial por la gama de arreglos de la que han echado mano. Diría incluso que por el riff que dibuja Saavedra a lo largo del prólogo. La banda adopta más adelante esos coros prístinos que han ido apareciendo a lo largo del tracklist, dejando finalmente su lugar a un bien acomodado solo de guitarra. Su tronco central, sin embargo, contrapone voces limpias a un trazo pesado, casi arrastrado, preñado de voces que parecen desafiar a cualquier tipo de cordura, dibujando así durante el epílogo un metal tan monolítico como grave y desesperanzado. Un cierre descomunal y arrebatador, en rima con trabajos anteriores, que abrocha a estos al tiempo que responde a los propios pulsos sobre los que se desarrolla buena parte de este “Beyond The Veil”…

… donde creo que la banda ha sabido conjugar su propio legado al tiempo que parece mostrar una mayor intención por encontrar un sonido mucho más propio e identificable. Por supuesto que hay riffs e ideas aquí dentro que en buena medida recuerdan al bueno de Thomas Fischer. Pero mentiría si dijera que cortes como la misma “The Architect” discurren por terrenos hasta ahora y, en cierto modo, desconocidos para ellos. Otro detalle a tener en cuenta es la disposición de los temas, o cómo la banda ha ido abandonando los eternos desarrollos de sus dos primeras obras en pos de creaciones más concretas y concisas. Por lo demás aquí están sus flirteos con el thrash sus descensos hacia el doom más descarnado y ciertos coqueteos con lo atmosférico e incluso lo cinemático. Todo ello dentro de una misma raíz y sin complejo alguno, trazando un tercer trabajo con todos los argumentos para suponer su confirmación definitiva.

Texto: David Naves

Crónica: S.O.C.S. + MalaTesta en Infiesto (29/6/2024)

Inmersos como estamos ya en la temporada de festivales, raro es sin embargo el fin de semana en que no hay sarao pertinente dentro de lo que podríamos llamar nuestro radio de acción. La cita en esta ocasión tenía lugar en Infiesto, concretamente en la Cervecería La Traviesa, y tenía a State of Crime & Science (S.O.C.S.) y MalaTesta como protagonistas.

Huelga decir que le debíamos una visita a los segundos. Atropellados por la actualidad como por otro lado viene siendo habitual, su debut de 2022 “El Instante Perfecto” se nos escapó en su día. También sus distintas evoluciones en directo que, por mil razones, nos habían llevado a no coincidir aún con ellos.

Pero pongamos algo de orden en esta crónica. Los encargados de abrir la noche fueron los chicos de S.O.C.S., que estaban aún con las pruebas de sonido cuando el equipo de Heavy Metal Brigade, tan tempranero como siempre, atraviesa las puertas de La Traviesa. Y lo que ven nuestros ojos es un local bien cuidado, con un escenario amplio para lo que acostumbran recintos de este tipo y un equipo lo suficientemente decente como para desarrollar un directo con todas las garantías.

Faltan poco más de veinte para las diez cuando el quinteto, formación inalterada, procede a dar inicio a la velada con el tema que les da nombre, un “S.O.C.S.” donde, ya digo, el sonido era tirando a bastante bueno. Era una fecha complicada, con uno de los mayores festivales de metal de la península en su máximo apogeo, pero mentiría si dijera que no hubo parroquianos pendientes de las evoluciones de la banda.

Una banda a la que prácticamente hemos visto nacer, crecer y evolucionar, que sigue buscando su camino mientras se deja caer por escenarios de todo pelaje a nada que tiene ocasión. Lo hablábamos ayer: son ya muchas las veces que les hemos visto y lo cierto es que siempre dan una buena cara. Osana K., en esta ocasión, tampoco defraudó. Su registro y la manera de afrontar los temas son ya indisociables del peculiar modo en que entienden el rock alternativo.

Lost” se ve muy beneficiada del buen sonido que emana de La Traviesa. Las cosas, cuando se hacen con la suficiente dedicación, terminan por dar buenos réditos. Lo bien hecho bien parece que decía aquél. Al público pareció agradarle su reconocible propuesta. Y decimos reconocible porque muchas de sus composiciones abrazan un léxico común, una manera de componer, que las hace muy identificativas, aún cuando a día de hoy nos suenan más alternativos y menos progresivos que en nuestro primer encontronazo con ellos.

Precisamente mientras pensaba esto, arremeten con un tema nuevo, “Paranoia”, que quizá venga a quitarme algo de razón. Y es que de pronto la banda suena más pesada y angosta, transitando hacia registros hasta ahora un tanto desconocidos para ellos y en los que queda claro que siguen buscando su propio camino. Víctor dejaría aquí uno de los solos más hábiles de la noche, y a servidor con la necesidad, imperiosa ya, de escuchar nuevo material de la banda.

Con la bien conocida “Under The Rain” vuelven a sus fueros habituales, aprovechando para deslizar un tono más melódico, también melancólico, de lo más reconocible. Sorprendieron con una versión del “Come As You Are” de los ya ineludibles Nirvana, convenientemente traducida al lenguaje S.O.C.S., con todo lo que ello implica. Iván se multiplicó tras los parches aquí, dando su mejor versión y aportando seguridad y firmeza en cada golpe. Se habla poco de los baterías en las crónicas, no te digo ya de bajistas y asumo mi correspondiente cuota de culpa.

Tras una muy aplaudida “Through The Mirror” le llegaría el turno a otra de las novedades, cocinada en pandemia como comentaría el propio Víctor, y que retrotrae a lo mejor del rock alternativo de los noventa. La banda tiene cintura y parece sentirse cómoda en el salto entre registros. Da fe de ello el mayor nervio que emana de “The Hole”, que a su vez contrasta con la mayor calma de “Tanto Por Hacer” con esos crescendos tan ágiles. Vimos a la banda cómoda y al público disfrutar con la formación de origen gijonés.

Otra de las novedades, “Vortex”, deja uno de mis riffs favoritos de todo el set, amén de alcanzar unas cotas de intensidad hasta ahora desconocidas para ellos. Doble bombo inclusive. No sería la última sorpresa de la noche. Y es que es aquí donde descubren otra versión, o en este caso reinvención, del “Losing My Religion” de los alternativos de Athens (Georgia, Estados Unidos) R.E.M.. Al menos en lo que a mí respecta, se agradece que no se limiten a calcar las originales, deconstruyendo los temas para trasladarlos a su terreno.

Release” y sobre todo la ya ineludible “Should I?” rubrican un final lo suficientemente bueno como para que la audiencia reclamara un bis final y La Traviesa aplaudiría de buena gana al quinteto. Toca encarar ya una nueva entrega discográfica. Como ya he dejado escrito por ahí atrás, por aquí somos todo orejas.

Son alrededor de las once cuando el trío conformado por Marcos Munguía (bajo y voz), Marco Álvarez (batería y coros) y Guillermo Mariño (guitarra y coros), es decir, MalaTesta hace suya La Traviesa. Y lo hacen a través de un prólogo tranquilo, de aires casi post-rock, que sucumbe toda vez irrumpe un nervio en forma de distorsión que viene a dar la debida medida de la banda.

Escuchado su debut esta semana, lo cierto es que deriva de él un fuerte aroma a los madrileños Sôber. Y en honor a la verdad hay que decir que la encarnación en vivo de MalaTesta difiere en buena medida de esos efluvios. Visto lo visto con S.O.C.S., no sorprende el buen sonido que desplegaron pero sí la forma en que Marco y Guillermo acompañan en tareas vocales a Marcos. Funcionó el trío en voces, alimentando unas canciones con un marcado acento alternativo y que, ya digo, ganan una barbaridad en su traslación al vivo.

El pequeño y tranquilo prólogo de “Elegimos Mal” me recordó incluso a U2. Luego la banda reconduce hacia un rock más reconocible. Y aunque siempre perdure una cierta querencia por la banda de Escobedo y Bernardini, agradecí cómo el directo desdibuja la impresión que me produjo su primer álbum. Hay lugar para cortes melancólicos, ese “Falling”, o para ese interesante “Una Luz” de su debut. Incluso para alguna que otra novedad, véase el caso de “Corazón”, corte que, si todo transcurre por los cauces esperados, integrará su segundo largo.

Un segundo largo que, aseguró Munguía, están cocinando a fuego lento, un poco a la contra de lo que manda la inmediatez de estos tiempos en los que si algo reina por encima de todas las cosas es la inmediatez. Qué me vais a contar. Me agradó lo flexibles que se mostraron a través de la instrumental “A 441”, que parte el set en dos y ofrece una cara más del trío. También “La Peor Versión”, en especial gracias a un epílogo tan árido como desgarrado. Fenomenal aquí Álvarez tras baterías.

Enfundada en una melancolía que, en cierto modo, entroncó con sus compañeros de cartel, “El Instante Perfecto” amplificó su rango sónico. Desde luego ya digo que en directo resultan una banda con un sonido mucho más personal, amén de disponer de una mayor pegada. Todo sin que la guitarra de Mariño pierda brillo en ningún momento. Ayudó el cuidado que La Traviesa ha puesto en su equipo técnico. Ya podían aprender otros.

Munguía nos retaría entonces a adivinar qué clásico del punk de los 90 habían trasladado a nuestro idioma, que resultó ser no otro que el “Infected” de Bad Religion. “Vulnerables”, otra de sus composiciones de nuevo cuño, entregó uno de los riffs más sucios del set, mientras que “El Desastre”, corte que anticipara su álbum debut, configuró un estribillo de innegable gancho. Es cierto que el final con “Monstruos” les vuelve a acercar a las lindes de los mejores Sôber, pero el público pareció agradecer el guiño a la vista de la ovación final. Ya digo que nos sorprendieron. Nos quitamos una espina que teníamos clavada desde hace demasiado tiempo y la banda respondió tanto o mejor de lo esperado. Qué más podemos pedir.

Pues cosas como que el trato con la buena gente de La Traviesa sea bueno, que lo fue. Que ambas bandas nos pusieran al tanto de sus planes a futuro, que lo hicieron. Que disfrutáramos de la compañía, que lo hicimos. Se podría decir que nos fuimos con ganas de volver siempre y cuando las circunstancias nos sean propicias. Ya saben, nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: TodoMal «A Greater Good» (Ardua Music 2023)

Es el segundo disco para el dúo de doom atmosférico castellanomanchego TodoMal, formado por los multiinstrumentistas Mile (Yskelgroth, ex Nahemmah, ex The Heretic…) y Wildman (Dejadeath, Jade, Harmpit…). Los también integrantes de Nexus 6, que debutaran en 2021 con “Ultracrepidarian”, contraatacan ahora con un “A Greater Good” grabado a caballo entre Montseny Studios y Trinitat Studios bajo la tutela del propio Mile. El disco cuenta con las colaboraciones de Darío Garrido (guitarra española), Teodora Gosheva (voces), Fernando Moya (solo de guitarra en “High Time”) y la asistencia en lo relativo al sonido de todo un Greg Chandler, guitarra y voz de los fundamentales doomies ingleses Esoteric. Con artwork de Paloma Pájaro, el álbum salió a la calle vía Ardua Music en digital, CD y vinilo de 12» allá a finales de noviembre del pasado 2023.

Melancólica y grandilocuente, “Silent Mass” arranca abrazada al libro del estilo del doom más elegante y proverbial. Pero sobresale con una mezcla equilibrada y a la vez potente. Donde el fuerte protagonismo de sus arreglos no opaca el crujir de sus guitarras o la pegada de su apaciguada base rítmica. Con nombres como Krux o Candlemass adjuntados como influencia directa en la nota que nos ha hecho llegar el sello, quizá no sorprendan esas voces igualmente elegantes y la forma en que se elevan toda vez alcanzamos estribillos. Todo adquiere un mayor peso conforme transitamos camino del epílogo, con buenas líneas de guitarra y teclas acompañando ese caminar tan clásico como apesadumbrado. El solo final se me antoja la guinda ideal de un buen arranque al que si le tengo que poner alguna pega sería ese último y engorroso fade out.

High Time” se abre paso tras un halo misterioso, comandado por la cierta extrañeza que provocan sus arreglos en un disco de estas características. Posee de hecho un cierto regusto el rock sinfónico de los setenta, tímidamente impregnado sobre una mixtura entre el doom más acostumbrado del corte precedente y un leve post-punk donde destacan la propia diversidad gramática del corte, estupendas esas líneas de voz, y el buen solo de guitarra que dibuja Fernando Moya. Todo el corte resulta una atrevidísima amalgama de distintas influencias y donde me resulta casi fascinante la forma tan natural en que Mile y Wildman juegan a introducirlas sin que nada suene nunca de forma mecánica o forzada. Todo tiene peso, todo respira, nada sobra. Un corte que ha estado dando vueltas por mi cabeza desde la primera escucha de “A Greater Good” y no parece que vaya a huir pronto de ahí. De lo más redondo que he escuchado este año.

Infero Tristi” y sin romper del todo las costuras del género, sí es cierto que transige hacia territorios de mayor calado e intensidad. Se endurecen sus guitarras y dan la bienvenida a una serie de arreglos que me hacen pensar, casi de inmediato, en los ineludibles Candlemass. El tratamiento de las distintas voces y coros vuelve a resultar fantástico, trazando el que puede ser sin mucho esfuerzo el estribillo más memorable de todo este segundo trabajo. De tan directa y clásica que resulta su estructura, por momentos parece rebelarse contra el corte anterior, elevándose orgullosa como una sólida pieza de doom elegante por clásico.

La pequeña “Ultima Lucerna” apenas trasluce una leve línea de piano sobre la voz de una etérea y por momentos casi espectral Teodora Gosheva para dar paso a una “Dust And Nothingness” que pronto recupera las pulsiones más doom del álbum. Aquí pienso en los My Dying Bride menos tensos abrazando un entramado de arreglos que habrá de recordarme a los primerísimos Ghost, aquellos del “Opus Eponymous” que muchos tanto añoran. Apreciable ese cambio de ritmo que conduce al epílogo y la buena línea de bajo que se deja notar en este cierre. Y es que como viene siendo tónica habitual, el sonido del disco no podría ser más redondo ni gozar de mejor equilibrio. Por ponerle un pero, el solo de esa parte final bien merecía algo más de desarrollo.

Antichrist Of Love” persiste en un doom quizá algo monocromático pero tejido con maestría y suma atención al detalle, revestido de cuidados arreglos y donde sobresale con fuerza la cara más atmosférica del dúo. Una carga que ahonda en la grandilocuencia de su cara más dark metal y en la que sobresale otro estribillo por momentos memorable. La forma en que armonizan todos los elementos camino del epílogo no podría resultar más deliciosa ni estar mejor resuelta. A pesar de todo no mi favorito dentro de “A Greater Good” pero a buen seguro un corte nada desdeñable.

A través de “LossTodoMal se adentran en el terreno de la balada. Huelga decir que si bien por estructura sí pudiera serlo, desde luego por tonalidades o ambientes resulta mucho menos obvia de lo que pudiera intuirse. Confluyen aquí la voz de Teodora Gosheva y la guitarra española de Darío Garrido para un corte que juega de forma inteligente con los sintetizadores sin abandonar una cadencia a ratos casi desértica, rota finalmente por ese piano que habrá de tomar el mando en el epílogo.

A Greater Good” de inicio parece abrazar esa misma quietud. Abraza el latín para su primera estrofa y por ahí vuelvo a pensar en la ahora gigantesca banda de Tobias Forge. Ídem cuando irrumpe ese Hammond deliciosamente clásico y quizá no tanto por las a ratos omnipotentes líneas de voz y coros. Muy cuidada construcción la que conduce hacia la quietud de su tronco central, contrapunto a los TodoMal más orgullosamente grandilocuentes que habrán de irrumpir camino del cierre. Una buena carta de presentación y a la vez una estupenda forma de cerrar este segundo álbum.

Dicen que lo bueno si breve. Apenas treinta y ocho minutos para la riada de ideas que irrumpen a lo largo del disco se me antoja una cifra algo escasa. Por contra, el disco logra brillar de principio a fin, dejando poco lugar al abatimiento y sí muchos asideros de los que echar mano. Empezando por la a ratos exquisita producción de la que dispone. Siguiendo por el trazo atrevido que exhibe alguno de los cortes, pienso especialmente en la fenomenal “High Time”, así como el descarado clasicismo que muestra orgullosa “Infero Tristi”. Al final un trabajo sin grandes dobleces, a la par atrevido y clásico, arreglado con sumo gusto y donde las colaboraciones redundan más allá de la mera anécdota. Agradabilísima sorpresa.

Texto: David Naves

Reseña: Acid Blizzard «Sleepless» (Autoproducción 2024)

La escena rock astur sigue ampliando sus márgenes. Acid Blizzard son los últimos en sumarse a un género en alza en el Principado, como demuestran el buen momento que atraviesan formaciones como Malverde, Green Desert Water o The Magus entre tantas otras. Ellos son Jim Connelly en voces, Pablo Regueiro a la batería, la dupla Javi Prado y Nacho Arteaga en guitarras y el bajo de Berto González más la ayuda de Victor Münster con los sintes. Este pequeño “Sleepless” que hoy nos traen consta de tres cortes grabados en el gijonés Kathedrale Estudio con producción de Alex Gato y Gonza Whiplash y mezcla y máster de Martín Van Keulen. El sencillo vio la luz el pasado doce de mayo.

Sugar Cane” pronto convierte la ligereza de su pequeño prólogo en puro fuzz. Pero una distorsión que dará paso a unas estrofas construidas con sumo cuidado, plagadas de detalles y en las que la banda ya deja bien claras sus intenciones. Jim Connelly muestra de hecho un registro que se amolda como un guante a la propuesta del quinteto. Puedo echar en falta algo más de gancho en sus estribillos. Por otro lado, el vértigo de su tramo final y como éste se enfrenta a la algo alucinada línea de voz de Connelly me resultan más que convincentes.

Prólogo puramente ferroviario para la más alegre “Outta My Brain”, donde el nombre de sus paisanos Malverde suele atacar mi subconsciente con cada nuevo paso por ese arranque encendido y vibrante. Los Blizzard reconducen entonces hacia su versión más pantanosa, que alimenta tonos más llamativos por espaciales. Hay ciertos engarces entre estrofas que me recuerdan a unos Alice In Chains en su versión más primaria, mientras que ese trotar camino del cierre bien lo podría haber firmado unos Amon Ra del “Incarnatio”. Estupenda y fácilmente la que más ha crecido con el correr de las distintas escuchas a este “Sleepless”.

El cierre de este pequeño artefacto sonoro es para la propuesta más ambiciosa del mismo, esta “A.I Baba”, donde Acid Blizzard muestran un prólogo tranquilo, que no amanerado, con Connelly en su encarnación más amable, convertida su voz en poco más que un susurro. Clásico, a la par que agradable, el modo en que la banda va adentrándose en páramos que habrán de rozar la psicodelia más leve. Hay un estupendo trabajo de Regueiro tanto en las partes más rabiosas como en las más alucinadas, algo que habla muy bien del cuidado con el que la banda ha trazado (y ejecutado) esta tercera entrega. El epílogo, con el quinteto en su versión más acendrada, tiene algo que me recuerda a Acid Mothers Temple. Un buen remate para este pequeño primer paso de los astures.

Al fin y al cabo no hay gran viaje que no comience con un pequeño primer paso. El de los Acid Blizzard nos descubre a una banda que parece tener las cosas muy claras a la hora de encarar sus temas. Es cierto, tres temas, con una duración total por debajo de los quince minutos no dan como para trazar una composición de lugar sobre sus puntos fuertes así como sus posibles debilidades. En cualquier caso me resulta un trabajo lo suficientemente atractivo como para mantener la vista fija en la última oferta surgida de entre el vasto panorama que propone el actual underground asturiano. Bienvenidos sean.

Texto: David Naves

Crónica: Drunken Buddha «Made In Lanio» (Salas 7/6/2024)

Hacía apenas un mes que habíamos visto por última vez a la buena gente de Drunken Buddha, fue en la última edición del Vidiago Rock, pero como somos unos enfermos de esto, qué se le va a hacer, tocó echarse otra vez a la carretera. Esta vez rumbo a Lanio donde unos enamorados del rock como los hermanos Jorge y Fer retomaban la actividad en directo en su coqueto y recogido local. Con apenas un escueto plano como ubicación del concierto y nuestro recuerdo del paso de Beast Inside hace algo más de un año por allí arrancamos hacia la localidad salense para dar buena cuenta de un bolo más de Diego Riesgo, Michael Arthur Long, Kay Fernández, Mario Herrero y Fran Fidalgo.

Tirando de tópicos, “Sea Of Madness” desata pronto la locura en Lanio. Tanto, que una cuerda de la preciosa Les Paul de Diego no aguanta semejante envite. Y dio igual porque uno de los parroquianos se ofreció amablemente a cambiarla allí mismo. Anécdota inicial para un show en el que nos las prometíamos muy felices.

Y es que esta gente parece que siempre funciona. Da igual que estemos en un festival (el tristemente desaparecido Rock Nalón) que en un recinto reducido, cortes como “Devil’s Breath” siempre sacan lo mejor del hard / heavy y lo embuten en unas interpretaciones siempre a la altura. Drunken Buddha dan siempre la impresión de ser la típica banda que se lo pasa en grande haciendo lo que hacen. La química que se observa entre ellos es contagiosa, desde luego.

Para “Purple Skin”, ya con la Les Paul negra de vuelta, Arthur Long pone a prueba los bancos del local, improvisada pasarela, y solo sonrisas pueblan nuestros rostros. Que además el sonido, sin ser el de los grandes recintos, solo faltaba, alcanzó para disfrutar de los asturianos sin mayores contrariedades. “Can’t Hold Your Gaze” sonó tan fulgurante como acostumbra. Aquí aprovecharían para deslizar algún tema nuevo, “Sweet Huntress”, y comentar que “está todo en manos de Juan Martínez” según palabras del propio frontman del Buddha.

Las bromas, el buen rollo, la camaradería fueron la norma una vez más. Sirva como ejemplo, los pequeños destellos de “Carolina” (M-Clan) o “Soldadito Marinero” (Fito y Fitipaldis) con que nos distrajo Diego desde su Gibson. Todo como anticipo de uno de los cortes más intensos de la noche, no otro que “Hang ‘Em High”, con Arthur Long ya descamisado y paseando el micro sobre nuestras cabezas.

Su habitual “Mr Big”, original de unos tales Free, calmó un poco los ánimos, exaltados y enfebrecidos ya, justo antes de que “Monster” pusiera de relieve, una noche más, el lado más musculoso y grave del quinteto. Y si en la primera fue Diego quien se destapó con un gran solo, en esta sería Mario quien dejaría destellos de su gran clase tras las teclas. Y es que, más allá de los gustos de cada cual, y con la actual base rítmica de Kay y Fran ejerciendo de perfecto parapeto, son una banda de muchos quilates.

Y tienen cintura. Porque tras la crudeza monstruosa, llega el turno de uno de sus cortes más pegadizos e incluso radio friendly. Al menos de un tiempo en que la radio no era coto cerrado y casi exclusivo del atúnconpan. Estoy hablando, claro, del “Dance Of The Serpent Queen” que ya apunta a fijo en su setlist durante largo tiempo. Llegó no sin que antes Arthur Long quisiera tener un pequeño recuerdo para con “la prensa”. Lo decía al principio: somos unos enfermos. Es lo que hay.

Encarando ya la parte final del set, no falló “Walking In The Shadow Of The Blues” a la hora de extraer la cara más sensual de la banda. Y no solo por el pecho descubierto de su vocalista. “Hay que hacer aquí un festival de tonada”. Aunque si hubo un corte que realmente me enganchó a estas alturas fue “Lady Stardust”, en especial con ese crescendo final que traman entre Fran y Kay, al alimón con otro solazo de Diego.

Puede que fuera una plaza pequeña y ni así quiso el vocalista olvidarse del habitual baño en champán de “Medicine Man”. Tampoco de guardar lo mejor de su garganta para la más atemperada “Strangers & Fools”, o dedicarnos un par de versiones que no estaban en mi guión particular. A saber: “Smoke On The Water” de Deep Purple y “Paranoid” de Black Sabbath. El final, una noche más, vino a corresponder a su habitual revisión del “Highway Star”, es cierto que ya con el sonido algo enmarañado pero sin perder un ápice de fuerza ni ganas. Muy grandes. Esperando ese tercer álbum como agua de mayo.

Atraviesan un momento dulce y se nota. Sea en festivales, sea en salas, parece que siempre cumplen. Nos preguntaba el propio Michael Arthur Long por las veces que les hemos visto y yo, francamente, creo haber perdido la cuenta ya. Solo sé que la del pasado viernes, a buen seguro, no fue la última. Así me parta un rayo. Vaya un abrazo para ellos, también para la buena compañía y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Montaraz «Defendiendo Tu Voz» (Demons Records 2024)

Es el tercer trabajo discográfico para Montaraz, quinteto de Narón (Galicia), a la sazón ganadores del Perversiones 2023. Ellos son Simón Pereira en baterías, Juan Muiños y Ger García en guitarras, Diego Pena al bajo y José Santos en voces. “Defendiendo Tu Voz”, que así se llama este nuevo álbum, contó con producción, mezcla y master del Adventus o Delalma Manuel Ramil (Eco, Death & Legacy, Edén, Infamia…) y arte de José Antonio Vives (Ankhara, Saedín, Deimler, Herética…) para siete temas que han visto la luz bajo el paraguas de Demons Records.

Hay algo en la forma en que Santos se desempeña en “Al Final” que me recuerda al mejor Manuel Martínez (Medina Azahara) en lo que constituye un primer corte de lo más castizo. Puro hard / heavy en la mejor tradición del género en nuestro país, vaya. Por ahí se suceden buenos adornos melódicos en apoyo de las estrofas. Aun más pronunciados tras los estribillos. Pero, sobre todo, la sensación de que la banda no pretende otra cosa que divertir. Y divertirse en el proceso. Ha sido la carta de presentación del álbum y por ahí se entiende la cierta simpleza que muestra su trazo. Aún así me resulta de lo más disfrutona conforme alcanza su tramo final y gana en intensidad y pegada. Aunque sea de manera leve. Un buen arranque.

Quiero Vivir” acentúa a esos Montaraz más crudos y viscerales que se intuían en el epílogo del tema previo. Su riff principal suele recordarme a unos Judas Priest del presente siglo, si bien la forma en que la producción filtra la voz de Santos en determinadas estrofas no podría resultar más lejana a la banda de Birmingham. Se suceden aquí hábiles cambios de ritmo, muy firme siempre Pereira a los parches. Y una extensión en la forma de llevar adelanto sus desarrollos que me recuerda sobremanera a mis paisanos de Bestia Negra. Vuelven a irrumpir buenas melodías en apoyo de los cumplidores estribillos para una letra en la más pura (y de nuevo castiza) tradición del género.

Desgarrador grito de Santos para dar la bienvenida en “Vuelve”, que sale adelante sobre uno de los riffs con más gancho del álbum, pero sorprende con la desnudez que muestran sus primeras estrofas. Nombres como Ankhara o Lujuria acuden a mi mente mientras el corte va ganando en intensidad camino de estribillos. Irrumpen ahí los mejores Montaraz, esos que se instalan a medio camino entre el heavy metal más clásico y el hard rock más vibrante. Hay una mayor presencia de la base rítmica aquí, en particular del bajo de Peña, que termina por otorgar el debido empaque a un corte, por momentos, más arrastrado pero también pegadizo. Redondean el buen solo que nos conduce hasta el epílogo y el trazo tan clásico de este.

Pero lo que más me agrada es lo orgánicos que suenan. Habrá trucos de salón propios del estudio como los del prólogo de esta “Fuera Del Rebaño”, pero la banda en ningún caso alcanza a resultar artificial. Ni mucho menos. Hay una letra más punzante y mucho más crítica alimentando esta cuarta entrega. Conjugan, y pienso que de manera hábil, la cara más nervuda con la más tranquila, surgiendo por ahí uno de los cortes más diversos de todo el tracklist. Y aunque no me termina de agradar Santos en esas partes más tranquilas, podría decir justo lo contrario a través de las más nervudas. Es el corte más rácano por duración del álbum pero no siento que ninguna de las ideas propuestas se quede a medias por falta de desarrollo. Al contrario.

Aludía antes a Bestia Negra por aquello de la duración de los temas y es precisamente el nombre que acude de nuevo a mi subconsciente con “Montaraz”. En gran parte por lo extenso del prólogo, trazado sobre alguno de los riffs más curiosos (y cuidados) de todo este segundo trabajo. Y es que la banda, en especial la dupla Muiños & García parece haber puesto todo de su parte cara a construir otro de los cortes principales del álbum. Que para algo es una composición que lleva el propio nombre de la banda. Tiene un sabor muy clásico donde detecto dejes que me recuerdan a gente como Lujuria, Obús, Angeles Del Infierno y, como no, Iron Maiden, por ese puente central calmo y reposado que dará pie a unos Montaraz pesados, casi monocordes, anticipo de la habitual ensalada solista.

Mi Vieja Guitarra” y su calmo prólogo entregan a un Santos en una clave más limpia, que desaparece toda vez irrumpe la faceta más obligadamente metálica del quinteto. Manuel Ramil aporta teclas en este penúltimo corte de cara a acentuar ese lado más melancólico de Montaraz. Un trazo agradable y bien arreglado, por tanto, para lo que no deja de ser otro corte leal a una forma, ya digo muy castiza, de entender el heavy metal. De los siete cortes que componen este segundo trabajo, fácilmente el que más parece pensado con el directo en mente, rematado por un solo, eso sí, de duración algo rácana.

La banda parece exhibir un mayor dramatismo a través del largo prólogo de “A Donde Vas”, cierre de este “Defendiendo Tu Voz” con Montaraz fundiendo su habitual metal de posiciones eminentemente clásicas con el hard más acomodado de los estribillos. Un corte que despide el álbum con otra gran labor de García y Muiños, pero donde Santos construye unas estrofas algo atropelladas. Por ahí un corte que me agrada solo a ratos, desdibujando un final que me resultaba más prometedor sobre el papel. Y es que ahí están los buenos detalles (de nuevo muy Maiden) de Peña introduciendo el epílogo, y los buenos solos de guitarra que se dibujan sobre él. Un cierre algo descafeinado.

Un álbum muy cumplidor, que alude de manera directa y orgullosa a un determinado nicho de oyentes y propone siete cortes construidos con gusto clásico y ejecutados, las más de las veces con acierto y buen gusto. Con un Santos que da en todo momento la sensación de habérselo pasado en grande construyendo sus respectivas líneas de voz y su entonada pareja de guitarristas, el disco podrá hacer las delicias de los fans de los muchos nombres que han surgido a lo largo del texto. El detalle de la participación de Ramil en “Mi Vieja Guitarra” suma sin resultar protagonista y en general resultan siete cortes sin otra pretensión que mantener viva la llama. Bienvenidos sean.

Texto: David Naves

Reseña: Eternal Storm «A Giant Bound To Fall» (Transcending Obscurity Records 2024)

Pues ya tenemos de vuelta a los chicos de Eternal Storm, la banda formada por Daniel Maganto (bajo, guitarras, voces), Daniel R. Flys (bajo, teclados, guitarras, voz principal) y Jaime Torres (bajo, guitarras, teclados, voces). No están solos en este envite pues se han rodeado para la ocasión de gente como Eloi Boucherie (Vidres a la Sang), Gabriel Valcázar (Wormed, Cancer, ex-Aposento), Rober Bustabad (Ovakner, Ruinas…) o un tal Dan Swanö, quien por cierto, carga con las debidas tareas de mezcla y master. Con el Aversio Humanitatis Simón Da Silva y el Terroristars Carlos Santos al mando de las grabaciones, sumado al artwork de Leoncio Harmr (Seth, Ars Moriendi, Lumen ad Mortem…), “A Giant Bound To Fall” fue puesto en circulación por el pujante sello indio Transcending Obscurity Records el pasado dieciséis de febrero.

La primera patada que da el álbum no podría resultar más determinante. “An Abyss Of Unreason”, que emerge de entre las profundidades, con un cierto aura misterioso inundando cada acorde, hasta llegado el momento en que la batería comienza a tomar cartas en el asunto. Es ahí donde nace la cara más melódica de la banda ahora radicada en Edimburgo. Pasan algo más de dos minutos cuando Eternal Storm, por fin, se hacen carne, promulgando su bien conocido melodeath sobre un nítido y potente blast beat. Aquí me agrada cómo la banda plantea las estrofas. La variedad tonal que muestran, la forma en que la producción carga con las distintas líneas incluso. No cuesta nada diferenciar los elementos presentes y equilibrio es la palabra que más acude a mi mente. Los estribillos, más acomodados, exudan melancolía. Y si me agradan las distintas contraposiciones que muestran aquí, no menos esos contornos más técnicos que irrumpen en el corazón mismo de la composición. No le faltará razón a quien piense que el arranque del disco peca de cierta pretenciosidad. Lo cierto es que como reza el tópico, estamos ante un corte de esos que ganan una barbaridad con las distintas escuchas. Repleto de capas, pequeños grandes detalles y decenas de aciertos.

Con todo un Sven de Caluwé (Aborted) colaborando por ahí, “A Dim Illusion”, que fuera una de las cartas de presentación de este nuevo largo, acomete firme un metal a medio gas, discurriendo ahora bajo una fuerte presencia sinfónica, que no hace por más que agigantar el deje más melancólico de este segundo corte. Interesante en cuanto a voces, ese rugir clásico del estilo, pero en las cuales creo adivinar flirteos de trazas más próximas al black más melódico. Aledañas a esas voces más agrias y ásperas surgen, claro, hábiles engarces entre estrofas. También pequeñas islas de calma tensa y que por alguna extraña razón tanto me recuerdan a los germano islandeses Árstíðir Lífsins. Desde luego no nos encontramos ante el clásico corte facilón y “radiable” sino ante una muestra más tanto de su buen nivel técnico como gramático. El fenomenal tronco central que apuntala la composición y el doble juego vocal que preceden al largo epílogo se sueldan al subconsciente con una fuerza y sentimiento inusitados. Estupendo trabajo.

Así las cosas, “There Was A Wall” arranca en tonos calmos y elegantes, dibujando un pequeño oasis antes de que la tormenta desate toda su furia superados los dos minutos de reloj. Y lo hace derivando hacia el lado más pesado y rocoso del trío antes radicado en la capital. También melódico. Hay voces limpias que bien podrían recordar a Alcest y propuestas adyacentes. Es un corte no tan ambicioso en cuanto a duración se refiere, pero eficaz en cualquier caso a la hora de ampliar el rango influencial de este segundo disco.

Last Refuge”, con el ex-miembro Kheryon echando un cable en voces, contrasta con su inmediata predecesora de tanto en cuanto vuelve a desatar a los Eternal Storm más nerviosos en la que es por lo pronto una de las líneas de batería más decididamente ágiles de todo el largo. Aquí me gustan los contrastes que producen las voces limpias contra los blast beats. Y el negativo de estos, esas voces rocosas y oscuras en contraposición a unas baterías más juguetonas y diversas. Toda la composición parece avanzar a base de contrapuntos, lo que hace por convertir a este en uno de los cortes más peculiares, también interesantes, de este nuevo tracklist. Que abraza el black melódico en mayor medida y lo colisiona con estrofas de un muy marcado tono épico. Todo el trabajo en cuanto a guitarras que los chicos despliegan aquí me resulta más que digno. Tanto en las partes más nervudas como en aquellas donde reina una extraña calma y que por momentos parecen lindar con el post-rock más al uso. El solo que atraviesa el corazón mismo de la composición tiene un gancho de mil demonios. Es cierto que el epílogo se me atraganta a veces, quizá demasiado discursivo, pero en cualquier caso aprecio el juego entre capas que propone cerca ya del final.

La instrumental “Eclipse”, corte más rácano en cuanto a duración de todo el largo, supone otro pequeño oasis entre las largas diatribas que Eternal Storm han propuesto para esta nueva obra. Opera desde unos acomodados sintes a los que se irán sumando guitarras tibias y afinaciones leves que, de nuevo, me llevan a pensar en bandas cercanas al post-rock. La pausa antes de la tormenta, que casi parece invitar a la reflexión sobre el disco mismo. Sobre lo oído antes y lo que resta de aquí al final. Mi mayor pega al respecto es sentir que ese crescendo final bien merecía un mayor desarrollo, si bien teniendo en cuenta que la duración total del álbum supera con creces los sesenta minutos tampoco seré quien eleve a mayores la queja.

Superada la calma, “Lone Tree Domain” vuelve para poner las cosas en su sitio, Eternal Storm retornan aquí a una visión clásica del género, embutida en un medio tiempo que deja traslucir, creo que de forma equilibrada, la fuerte raíz progresiva que emana de algunas de sus composiciones. Con eso y con todo el riff que alimenta alguna de las estrofas aquí no podría ser más simple ni tampoco poseer más gancho. Pero es una vez más en la creación de los distintos contrapuntos donde la banda parece hacerse más fuerte. Se ensanchece* que diría Jebediah Springfield. El calmo tronco central derrocha tanta elegancia como melancolía, estupendos coros de Eloi Boucherie aquí. El viraje hacia una mayor intensidad que propicia el epílogo puede resultar algo brusco, al igual que ese retorno a la calma en el cual creo divisar ecos de los Cynic más recientes. En todo caso otra composición ágil y atrevida, resuelta con pericia desde el plano técnico y que viene a hablar y no precisamente mal del momento creativo en que se encuentran.

* https://www.culturaocio.com/tv/noticia-palabra-inventada-simpson-llega-diccionario-20180306173007.html

The Sleepers” carga con el prólogo más extraño de todo el tracklist. Esas curiosa línea de batería serpenteando entre entornos tranquilos, a los que da pie posteriormente dibujando un metal paciente, de retazos casi shoegaze, que al virar hacia una mayor gravedad, acercan a Eternal Storm a territorios más propios del post-black más atmosférico. Juega un papel crucial aquí la colaboración de Dan Swanö, que termina por convertir a este en otro de los cortes más diferentes de todo el tracklist, con nombres como Heretoir o Ghost Bath acudiendo a mi subconsciente tras cada escucha. Cierto que sobre el papel y en términos puramente gramáticos no llame mi atención en la medida en que lo hacen otras entregas dentro del disco. Cierto también que aún así, su divergencia con el resto de cortes no hace sino aumentar su valor dentro del mismo.

Es entonces cuando llega “The Void” y desata la versión más descarnada, enfebrecida y casi diría furibunda del trío, que transiciona ahora hacia un death melódico cargado de fuerza y nervio. Baterías que vuelan, riffs que sacrifican complejidad en pos de una mayor pegada y voces maledicentes. Es desde luego un corte mucho más autoconsciente que aquella “A Dim Illusion”, lo que no quita para que en su tronco central anide un más que interesante y cuidado contrapunto entre las líneas de guitarra y voz. También un epílogo donde asoman los Eternal Storm más atmosféricos.

El cierre es para el tema título “A Giant Bound To Fall”, que me agrada por esa textura en crescendo desde lo reposado del prólogo hasta un entorno cercano al doom metal, inédito a lo largo de todo el álbum. Eternal Storm parecen fiarlo todo aquí a su propia pericia, trazando hábiles melodías de guitarra a modo de engarces entre estrofas, más asimilables a los grandes tropos que atraviesan este gigante destinado a caer. La pieza final del engranaje, el final de un viaje de casi setenta minutos, se dice pronto, donde sin embargo la atención apenas se distrae un instante…

… lo cual resulta en cierto modo fascinante. A través de las diversas escuchas a los nueve cortes que conforman este nuevo álbum de la tormenta eterna, pocas o muy pocas son las veces que mi atención se ha podido desviar del mismo. El paso que la banda ha dado desde su primer álbum, siento mientras escribo esto con “Last Refuge” sonando de fondo por enésima vez, es gigantesco. Y lo digo a sabiendas de que “Come The Tide” ya fue uno de los trabajos más apreciados de todo dos mil diecinueve. Pero esta nueva obra tiene casi de todo. Desde lo elegante y preciso de la producción pasando por la titánica labor gramática y terminando por la forma en que es capaz de picotear entre géneros sin perder jamás un único tronco común. Fiereza, gancho y elegancia conjugadas con precisión cirujana. Si buscaban su propia confirmación desde luego han dado en el clavo.

Texto: David Naves

Reseña: Ciclón «Magia» (Autoproducción 2023)

Ciclón estarán el próximo primero de junio en la remozada Sala Estilo de Oviedo junto con Ravenblood y Tatami, lo que me parecía una excusa tan buena como cualquier otra para recuperar su “Magia” del pasado año. Un álbum que congrega a Javi Endara al bajo, Pablo Yagüe en guitarras y Kike en guitarra y voces, amén de las baterías de Matías de Vallejo y la colaboración del Hitten Dani Meseguer en “Lágrimas Negras”. Con producción de los Arwen Daniel Melián y José Garrido (Angelus Apatrida, Saratoga, Muro, Obús…), master de Tony Lindgren (Angra, Wolf, Cobra Spell, Blind Guardian, Powerwolf, Paradise Lost…), arte de José Antonio Vives (Ankhara, Saedín, Herética, Omission…) y diseño de Javier Pastor (Frenzy, Iron Curtain, Slowburn…), el álbum vio la luz allá por el mes de octubre.

Intro” dibuja un arranque entre lo tormentoso y lo ochentero, esos sintes tan marcados del comienzo, para desembocar en una “Ave De Fuego” que pronto se adhiere a muchas de las máximas del hard heavy facturado de nuestras fronteras para dentro. Salta al oído ya desde el riff inicial. También en la construcción de las estrofas. Entiende uno rápidamente las diversas referencias de la portada. Hay un sonido de la caja que no me termina de agradar pero en definitiva no deja de ser un arranque óptimo, servicial, donde me agradan los riffs que trazan a lo largo de las estrofas. El estribillo, por contra, me resulta un tanto atropellado. El buen despliegue solista queda para un epílogo en el que saldrán a relucir unos Ciclón más técnicos a la par que intensos…

… trazando una senda que parece seguir la siguiente “Una Vez Más”. La banda gana enteros aquí, acercándose a unos Judas Priest pre “Turbo”, con Kike moviéndose ahora en registros más sucios, que no rotos. De construcción igualmente clásica, me agradan los detalles con que adornan los estribillos, así como esos pequeños riffs a lo Kai Hansen que preceden al tronco central. En él aprecio un buen solo de guitarra, que desemboca en un tramo final tan predecible como eficaz, con Kike atreviéndose con algún tono alto que otro. En su aparente simpleza, huele a fija en sus directos.

Ése Es El Juego” se atreve ahora con un riff más juguetón. Sensiblemente más apaciguada, también más chulesca, despliega una línea de voz, también un aspecto lírico, que me recuerda sobremanera al bueno de José Carlos Molina y sus incombustibles Ñu. Aquí, a falta de flautas y violines, lo que hay son buenos guitarrazos de hard rock del de siempre. También un solo de guitarra al que siento un tanto constreñido. Soy consciente de que cada vez me quejo más de esto, también de que voy camino de parecer un abuelo cebolleta al respecto. Ruego comprensión.

El caso es que el disco alcanza esta “Desertor” a la par que recupera su versión más agitada, cercana al heavy/power metal de unos Tierra Santa del “Indomable” para regocijo de los muchos seguidores de los riojanos. A falta de un riff más redondo durante las estrofas, bien está la forma en que Kike encara estas líneas de voz. También la firmeza del Ankhara Matías De Vallejo tras baterías. El solo, a buen seguro uno de los más llamativos de todo el álbum, redonda una buena entrega de puro, auténtico y castizo heavy metal.

Lo mejor que se puede decir de la pequeña “Ciudad Perdida” es la forma en que rompe la tónica que venía desarrollando este “Magia” hasta la irrupción de esta andanada de puro hard rock amable, vivaracho y sencillo. Toda la composición está impregnada de un aire de lo más vitalista. Kike dibuja para ello una estupenda línea de voz y la banda sacrifica una escritura más intrincada en pos de la búsqueda de ese tono más optimista. Lírica inclusive.

El tema título “Magia” no descabalga de esos tonos más amables. Pero a la contra de su predecesora, ofrece un mayor cuidado en el dibujo de riffs. También en la construcción de melodías en apoyo de Kike durante estrofas. Al final constituye una buena andanada de hard rock igualmente luminosa, que gana en pegada sin olvidar el buen solo de su parte central. Tras él surge un puente tranquilo primero, orgánico después, con la producción y mezcla del álbum ofreciendo su mejor cara. Qué duda cabe una de las entregas más redondas del trabajo al que da nombre.

Vencerás”, amén de un estupendo prólogo, vuelve a dejar un cierto aire a Ñu. También a los primerísimos Mägo de Oz. Kike no es José Andrëa ni falta que le hace. El madrileño traza aquí una estupenda línea de voz. Firme en estrofas y luminoso en esos buenos estribillos. Y ciertamente se desprende de ella una cierta épica, entendida al modo clásico, que bien la podría emparentar con ciertos momentos de los Rainbow con Dio al frente. Otra de las muchas referencias que adornan el propio artwork del álbum, por cierto.

Lágrimas Negras” ofrece otro de mis riffs favoritos de “Magia”. También unas primeras estrofas confeccionadas con gusto. Esos crescendos tan clásicos. Son unos Ciclón que regresan a esa vena más heavy, más poderosa, pero que no olvidan el tono vitalista que el disco parece querer dibujar a lo largo de esta hipotética cara B. La colaboración del Hitten Dani Meseguer deja un explosivo solo camino del epílogo y todo fluye de cara a ofrecer otra de las ofertas más interesantes de este nuevo trabajo.

Un trabajo que cierra la calma del “Último Tren”. Balada de inicio clásico y agradable tránsito, en elegantísimo crescendo, hasta su redondo y emotivo estribillo. Soldada con firmeza al libro de estilo y por ahí tan firme como predecible. En su letra y a lo largo de las distintas escuchas, no dejo de recordar la figura del que fuera líder de Los Suaves Yosi Domínguez. Esa melancolía inherente a las composiciones del orensano. Dicho sea de paso, salvando todas las distancias.

Magia” supone una opción más que interesante para todo el que busque un buen disco de heavy / hard en nuestro idioma. Recipiente de influencias que picotean entre lo más granado de nuestra escena y lo más selecto de allende nuestras fronteras. Basta echar un vistazo a la propia portada. Por ahí, y aunque como dije al comienzo el sonido de la caja no me termina de cuajar, el álbum ofrece una mezcla bien equilibrada entre claridad y pegada. En el debe va una duración algo escasa, apenas treinta y cinco minutos, que revierte en algunos temas un tanto escuetos. Con eso y con todo un álbum más que meritorio. Nos vemos en Estilo.

Texto: David Naves