Reseña: Avlak «Portal» (Autoproducción 2023)

Debut para estos thrash/death madrileños de Avlak. Ellos son Álvaro Idrogo (bajo), Caín Sánchez (batería), Jorge Fernández (guitarra) y Aston Wirz (voz) y se formaron allá por 2021. Lanzando ya aquél mismo año el single “Get Out”, el cuarteto estrena ahora este primer largo de nombre “Portal”, grabado en El Horno Studios, donde también se llevarían a término las debidas labores de mezcla y masterización. La portada del álbum es obra del propio Wirz, quien contó con la ayuda de Nacho Delgado y Kairon Vinicius. “Portal” se encuentra en la calle desde el pasado febrero.

Es la propia “Portal” la encargada de abrir el disco. Que me agrada por su huida de la habitual entrada pomposa y recargada para ofrecer un trazo, hasta cierto punto enrevesado, y que funciona como un reloj a la hora de introducirte en el mood del álbum. Aquí toman vital importancia los buenos riffs de Jorge pero, sobre todo, la ágil línea de batería que dibuja Caín Sánchez. Es un primer corte hábil, que desde luego juega a hibridar un thrash iracundo con pequeños acentos de corte más técnico que terminan por redondear la oferta.

La más breve “Krampus” apuesta ahora por tonos más heavies en un corte que por momentos parece diseñado con el directo en mente. El hecho de que fuera uno de los adelantos de este debut no hace otra cosa que afianzar esa idea. Tampoco se trata de un tema facilón. Tiene los suficientes cambios de ritmo como para resultar llamativo. También un buen solo atravesando su tronco central. Pero con ello y con todo lo cierto es que no me engancha como lo hacen “Portal” y otras ofertas dentro del disco.

Get Out”, tema que presumo posee gran peso sentimental para ellos, parece tejido a mayor gloria del maldito headbang. Gran parte de culpa es de los riffs de Jorge Fernández pero también de esa batería de avance acompasado, por momentos casi marcial. No puedo decir en ningún caso que me sorprenda y sin embargo sí que me engancha por la pesadez de sus estrofas y la forma en que flirtea con el death metal aquí y allá:

Otro corte que juega a hibridar ambos géneros de forma más que inteligente es este “Shooting Platform”, que confrontará el poso más oscuro de sus estrofas contra unos estribilllos que sin mayores problemas podrían recordar a Anthrax. El bajo de Álvaro aparece ahora más alto en la mezcla, lo que viene a dar una mayor enjundia al empaquetado final, rematado por un más que decente solo de Jorge durante el puente.

Eye Of Belial” trae aparejado uno de los prólogos más interesantes de todo “Portal”, roto de forma brusca para acometer un thrash tan iracundo como embrionario. El nombre de mis paisanos Beast Inside sobrevuela en estas estrofas, si bien en los riffs de Jorge hay intenciones algo más extremas y oscuras. En particular durante ese tronco central nervioso y acelerado. Aquí me gusta la forma en que la mezcla amalgama y armoniza las distintas líneas de voz y no tanto un epílogo algo descompensado. Con eso y con todo fácilmente una de mis favoritas del debut.

Uruk-Hai” enlazará con aquellos dejes más extremos de su predecesora cara a entregar otro corte vibrante y nervioso, que en primeras escuchas reconozco pasé algo por alto pero que con las distintas vueltas al disco he comenzado a apreciar. En especial por ese trazo más retorcido pero también por la forma en que rompe la tónica general del tracklist.

Algo que “Massive Destruction” intenta igualmente, si bien pienso que con aire desigual. Avlak se inundan ahora de un poso más groovie que, pienso, funciona solo a ratos. Los poco más de tres minutos que marca en el reloj tampoco ayudan. Sí que es un corte más diverso en cuanto a líneas de voz, lo que termina por aportarle algo más de color. Por contra, su estribillo no llega a funcionar del todo. Se suceden las escuchas y no puedo evitar pensar que el empaquetado final no alcanza a ser del todo redondo.

La banda sigue buscando la pesadez en una “Lord Of The Pit” que sin resultar rupturista ni original, se las apaña para amplificar el rango influencial del disco al tiempo que aporta un trazo lo suficientemente inteligente como para no caer en el mero refrito. A la cola del bando ganador de este “Portal”.

Anthrax acuden de nuevo a mi subconsciente cada vez que alcanzo “Gremlins (In The Pool)”, cierre de este debut y corte más que interesante en cuanto a trazo. También en lo referente a construcción de voces y coros y, finalmente, en lo que a riffs concierne. Bien pareciera que Jorge se ha guardado lo mejor de su repertorio para este final atinado y más que notable. Y es que Avlak muestran ahora unas hechuras técnicas (casi) desconocidas en los ocho temas precedentes, saliendo más que airosos del envite y quién sabe si mostrando el camino a seguir en futuras evoluciones.

Desde luego no es el disco de thrash (o más bien thrash/death) más redondo que haya pasado por estas páginas pero tiene bastantes detalles de interés. Además se trata de un debut y, para más inri, de una banda que lleva junta apenas dos años, por lo que no convendría cargar las tintas en demasía. Mucho menos cuando tienes ante ti buenos cortes como “Portal” o “Eye Of Belial”, la cierta extrañeza de “Uruk-Hai” o ese final prometedor con “Gremlins (In The Pool)”. Un primer disco por encima del aprobado. Ahora a seguir creciendo.

Texto: David Naves

Crónica: Bestia Negra + No One Alive (Oviedo 7/10/2023)

Va avanzando el otoño y con él no la bajada de temperaturas pero sí una vuelta a las salas ya sin retorno. Y es que tocaba volver al Gong Galaxy Club, en este caso para dar cumplida cuenta de la descarga de los vigueses No One Alive y los locales Bestia Negra, presentando al fin en casa un “Animal Domination” del que ya os hablamos allá por el mes de junio. Con una entrada más que aceptable, aunque no era el único bolo interesante del día y echamos en falta a más de un habitual, la cosa se dio más o menos como sigue.

Aquellos primeros tiempos en que esta sala era una ruleta de la fortuna en lo que a horarios respecta parecen hoy cosa del pasado. Y es que faltan dos minutos para las nueve cuando No One Alive arriban a escena prestos a presentar su álbum debut “Don’t Leave Your Child Alone”. Otro tanto se podría decir del sonido. Isaac Prieto una noche más llevando a los músicos en volandas.

Los vigueses por lo pronto nos parecieron una más que acertada compañía para Bestia Negra. Su heavy metal, si bien no igual en superficie, sí que guarda muchos paralelismos en fondo con el de los asturianos. Mucha clase en unos riffs de escuela clásica que hicieron todo por calentar al aún menguado público presente. Ayudó como digo el buen sonido del que disfrutaron. También que el chico nuevo en la oficina, Álex Otero (Lethal Vice, Blast Off) en guitarra rítmica, se mostrase tanto y tan bien integrado en la disciplina del quinteto.

Quien acapara focos, como no podía ser de otra forma, es Valentín Fernández. No One Alive tiene en él a un frontman de hechuras clásicas y con carisma suficiente como para sacar adelante un show ante un público tan “diesel” como el asturiano. Entre temas propios como “The Boogeyman” se sacarían de la manga una inesperada versión del “House Of The Rising Sun” de The Animals para sorpresa de todos o casi todos los presentes.

En la figura de Gonzalo Campanella No One Alive parecen haber encontrado un solista de garantías. Pudimos verlo a través de una “Till Death Do Us Part” que Fernández dedicaría “a todas las que ya no están” y que supuso uno de los puntos fuertes de su paso por tierras asturianas. Y mientras que tras “A Trip To Your Life” dibujan un pequeño guiño al inmortal “Stairway To Heaven” de Led Zeppelin, la voz de Bestia Negra acompaña a la banda arriba del escenario para una efectiva “Come To My Rise”.

A Reason Why?” o el recuerdo a su primer Ep que supuso “Devil’s Right Hand” interpretados con fe y ganas, que era lo mínimo que se les pedía, al final todo fue cuadrando para dejarnos con un gran sabor de boca. Sesenta minutos exactos para dejar claro que con ellos el heavy metal sigue a buen recaudo.

Otro tanto se podría decir de Bestia Negra. Son las diez y veintidós minutos cuando Gil y los suyos irrumpen en el escenario. Y al igual que sus compañeros de velada, lo harían con una novedad en la figura de Carlos Reboredo (Selfaware), batería que viene así a reemplazar en el puesto a Rafa. Introducción mediante, nos dispusimos a disfrutar de un ramillete de temas que, aun leales con la tradición más clásica, no dejan de tener el toque personal e inconfundible del combo ovetense.

En un repertorio que tanto la banda como quienes nos encontrábamos frente al escenario tenemos más que aprendido, bien está ese arranque con “Winds Of War”. Bestia Negra practican un heavy metal terrenal, muy apegado a las raíces, que busca las esencias elementales con sinceridad y orgullo. Intro al margen, no ha lugar a pregrabaciones, coreografías o improbables juegos de luces. Sí en cambio al humo. Cantidades industriales. Por momentos la Gong parecía la Londres de Charles Dickens.

Humo que, evidentemente, magnificó el impacto de “Fear”, quizá el corte más oscuro del que dispone la banda hasta el día de hoy. Gil como siempre erigido en punta de lanza de un quinteto cada vez más seguro y afianzado. La propuesta que plantean podrá tener dobleces, particularmente en lo que a originalidad se refiere. Pero nadie puede negar tanto que disfrutan con lo que hacen como que hacen disfrutar a quien está abajo. Que desde luego es algo que no pueden decir otros.

Así las cosas, le llegó el turno a “Faster Than A Bullet”, primer corte que alumbraron como banda y en el que Gil exuda carisma y gravedad a partes iguales. “The Harbinger”, que con el correr de los meses se ha ido convirtiendo en favorita de quien escribe, mostró por igual lo llamativo de su trazo así como lo lacónico pero efectivo de su estribillo. Servidor la disfrutó de muy buena gana, si bien fue “Angel Of Death” la que por fin logró hacer clic en el siempre difícil público astur.

Gift From Gods” sirvió a su vez como recuerdo al gran Randy Rhoads y también cuña para que Gil presentase a la banda, con especial atención a la figura del nuevo rompeparches. Tras ella llegaría la primera de las colaboraciones de la noche, en este caso en la figura de Michael Arthur Long, a la sazón voz de Secta y Drunken Buddha, para la siempre disfrutona “Hell Over Me”. Ni siquiera importó que el clavo que sujetaba la correa de la Les Paul de José Antonio dijera basta. Rápido recambio por una preciosa Flying V y a seguir.

Como siguió el baile de invitados, siendo esta vez Valentín Fernández de No One Alive quien aparece en las tablas para uno de los cortes más rotundos de Bestia Negra, que no es otro que “Hate”, con la banda en general y Román en particular dando el do de pecho que diría un clásico. El solista de Bestia Negra encaja como un guante aquí. Huye de florituras ególatras y/o masturbatorias, opera a favor de obra y siempre cumple. Y es que como siempre digo: no siempre “más” va a ser sinónimo de “mejor”.

Y digo que no siempre porque la banda tuvo entonces a bien rodearse de un trío de voces digno de verse y oírse. A saber: Txeffy (Kraken A Feira, Actvs Mortis), Jorge (Caballo Moldavo) y Didi Stone (Brutalfly), incluso cierta figura mitológica ocuparía su porción de escenario. Todo para interpretar el inmortal “Killed By Death” de Motörhead, cerrar la noche por todo lo alto y dejar la satisfacción del trabajo bien hecho. Si Lemmy no resucita de esta, yo ya no sé.

Mucha cara conocida entre el público y una banda que se tiene bien ganado el cariño de la gente. Como ya digo ni inventan nada ni lo pretenden tampoco. Pero tienen corazón y derrochan carisma, que es algo que se tiene o no se tiene. Y Bestia Negra lo tienen. Si además se rodean de grandes amigos, como fue el caso, la fiesta está más que asegurada. Les deseamos lo mejor.

Vayan desde aquí saludos a ambas bandas al completo, también al grupo de invitados, al equipo de Diario De Un Metalhead, los hermanos Veloz, Santiago Alentorn, Dolfo, Joel Petersen, Susana Crespo, Isaac Prieto (sonidazo una noche más), Diañu y todos aquellos que mi cabeza ahora no recuerda. Sepan disculparme. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Chabacanos (Gijón 27/9/2023)

Y meses después de nuestra última visita, regresamos a la Ángeles y Demonios, esta vez con motivo de la presentación de “Gruñidos”, primer álbum de la banda de rock Chabacanos. Con una más que buena entrada, pocas veces habremos visto tan concurrida la sala gijonesa y en solitario, echándole morro al asunto, que de eso va también el rock and roll, la joven agrupación asturiana salió a escena dispuesta a buscarse su hueco en la concurrida escena regional.

Faltaban cinco para las diez cuando Ghe (batería, coros), Berti (bajo), Jorge Tello y Edu (guitarras, coros) y Álex Mallada (voces) irrumpen en la coqueta sala gijonesa de cara a brindarnos casi hora y media de auténtico rock urbano.

Porque los efluvios de bandas como Marea, Extremoduro, Sínkope incluso Platero y Tú (estos un tanto menos) son sensibles desde que el quinteto arranca con “Piel de Humo” y se dejan sentir las primeras estrofas. Chabacanos parece ser la típica banda que no engaña en cuanto a pretensiones y por ahí la solidez de sus composiciones termina por salir a la luz.

Además su propuesta parece haber caído de pie. Al menos en la ciudad de Melchor de Jovellanos. Como decimos no era poca la gente que se agolpaba el viernes en la Ángeles, una buena muestra del interés suscitado ya por el joven quinteto de rock and roll. Más allá de las obligadas pausas para afinar, se suceden temas como “A Pleno Pulmón” o “La Ruinera” mientras dejan en todo momento la sensación de estar cómodos en escena. Si había nervios en el seno de la banda, que con toda probabilidad sí, desde luego no se dejaron notar. Los chicos parecieron disfrutar en todo momento del show y así nos lo harían saber.

Suena “Boni” en recuerdo del tristemente desaparecido guitarra de Barricada, referente que parece más que claro en el imaginario de los asturianos. Comprometidos sin llegar a lo panfletario, el papel de Mallada como frontman es sincero. Seguro también. Su registro no engaña y el chico tiene carisma para lidiar con el público. Fácil, claro, cuando tienes a tanto buen amigo delante del escenario. O incluso dentro de él, con la ocasional colaboración de David a la guitarra y coros.

Pero también cuando el mentado vocalista se lía la manta a la cabeza (o en este caso, el pañuelo) y se queda solo para una pequeña intermisión en el set. Nos pareció feo el detalle de que muchos aprovecharan para salir a echar un cigarro. O lo que fuere. Dentro de la sala siguieron el rock y las buenas vibraciones toda vez la banda regresó en completo a escena para encarar ya una segunda mitad del show que arranca “Les Rexes”, donde musican un poema, cuentan, lanzado por un recluso a través de las rejas de la antigua cárcel de Oviedo.

Retornó pues la distorsión y con él la gente que se había ido fuera. Con una buena amiga del quinteto como Sandra (Dr. Nekro) echando un cable en tareas vocales y una audiencia cada vez más enchufada, no las prometíamos muy felices en este tramo final. La banda supo responder al calor recibido. El sonido, si bien a veces costaba seguir la voz de Mallada, no podemos decir que fuera malo. Contaban con un siempre seguro Nefta a los controles. Fue el encargado de grabar “Gruñidos” y desde luego les conoce bien.

Del Cielo al Suelo” fue una de las más celebradas de este tramo final. Y “Que la Tierra…”, original de Mala Reputación, fue sabiamente llevada al terreno algo más callejero del quinteto. No era poco el calor reinante en la Ángeles y Demonios en este tramo final donde la banda aborda los acostumbrados bises y se deja oír el ineludible “otres tres” por parte de una audiencia entregada y muy por la labor. La banda desliza para el cierre “Falsos Profetas” y “Animal Peligroso”, finiquitado casi hora y media de buen rock and roll.

Hay un cierto tipo de sensaciones que solo bandas como esta saben generar y se nota. Un tanto perpendiculares al tipo de música que solemos traeros a estas líneas, intentamos ser flexibles y a pesar de ello los días siguen teniendo solo veinticuatro horas, lo cierto es que como dije más arriba la banda parece haber caído de pie en nuestra escena. No hemos cubierto muchas presentaciones de un primer álbum en donde la audiencia resultase tan amplia en número y tan entregada en causa. La más cercana que se nos ocurre fue la de Aneuma, precisamente en la misma sala hace ahora casi un año.

Chabacanos, en definitiva, no engañan ni tampoco defraudan. Algo muy importante en proyectos de nuevo cuño como es el caso. Ya habrá tiempo de buscar un sonido más personal e identificable. O no, mientras nos sigan dando buenas raciones de rock urbano y sincero como hicieron la noche del viernes.

Como viene siendo habitual, no queríamos despedir esta crónica sin mandar nuestro agradecimiento a Rheme Peláez por todas las facilidades así como un saludo a Nefta, Gin, Turo y Lili. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Kinkis Gruñones «#1» (Autoproducción 2023)

Ep kinki el que hoy nos llega de la mano del bajista Gus Suárez, el guitarra Quilo Zapico, el batería Rodrigo «Moy» Jiménez y la voz Pablo Zapico. Cuatro temas grabados en Turiellos, locales de la Asociación de Músicos del Nalón en abril de 2022 y posteriormente masterizados por el propio vocalista de la banda. Diseñado y dibujado por Quilo Zapico, todo queda en casa, el trabajo suena más o menos como sigue.

Es el bajo de Gus quien inaugura en “Frecuencia” este pequeño paso para los Kinkis. Arranque de sonido sucio, que economiza en riffs mientras desarrolla estrofas vivas y ágiles. Puede que no sea el estribillo que más me enganche de los cuatro. Cierto es también que el primer encontronazo con estos temas fue el directo y por ahí que su traslación al estudio llegue a perderse algo en lo que a energía se refiere.

Sea como fuere, “Sacrificios” se agazapa tras su extraño prólogo para derivar hacia unas tensiones más punk, si bien el corte acostumbra a fluctuar entre géneros casi a cada paso. Por ahí me agrada la gama de riffs que ha tramado Quilo, así como los bien disimulados cambios de ritmo. Cierto que la línea de voz avanza un tanto a trompicones. Y sin embargo, no son pocas las veces que me he sorprendido a mí mismo repitiendo ese “y quitarse de los vi-vi-vi-cios” cuando estrenaron el videoclip correspondiente meses atrás. Qué cosas.

Es “Nordeste” sin embargo la que más llama mi atención de las cuatro. Algo que no sorprende pues, en la mayor pesadez que despliega, pasa por ser la más cercana al metal de todo el Ep. La cabra, para no variar, vuelve a tirar al monte. Pablo está convenientemente más agrio y el resultado global, a ratos, me recuerda a sus casi vecinos de Dr. Nekro. Esa mayor aspereza alcanzará incluso al propio aspecto lírico, más oscuro, retorcido incluso, en esta tercera entrega.

Quizá como compensación tras ese pulso más pesado, oscuro incluso, “Puzzles” abraza sin medida un nervio decididamente más punk. Siempre sin perder el nexo de unión con el resto de cortes, pero a su vez descubriendo a unos Kinkis más vivarachos y también directos. Composición a ratos bipolar, que me agrada por la construcción de sus estrofas y cierra el Ep dejando al oyente más gruñón con ganas de más.

Es necesario vibrar en la misma frecuencia que la banda y quizá hacer algún sacrificio que otro para encontrarte en el punto cardinal exacto donde todas las piezas del puzzle terminan por encajar. Entre el punk, el rock y el metal, con una idiosincrasia muy asturiana, que bien puede recordar en fondo, que no en forma, a otro disco que pasara recientemente por estas líneas, “Perdón X El Retraso” de Ofensivos, lo cierto es que los Kinkis parecen proseguir aquella estela de los Destilería, Paco Jones y demás bandas de rock anclado entre la irreverencia y un punto de mala leche que nunca sobra. Ya contaban con nuestra curiosidad. Ahora tienen nuestra atención.

Texto: David Naves

Crónica: IX Karma Fest (Laviana 23/9/2023) 2ª Parte

Toda una faena salir entre los dos hipotéticos cabezas de cartel, Sôber y Angelus Apatrida, máxime cuando es la hora de la cena y mucha gente ha aprovechado para arrimarse a los distintos food trucks y reponer fuerzas de cara a la recta final de la noche. Así las cosas, cuando los ciudarealenses Celtibeerian se suben a escena, se topan de bruces con la ya consabiida frialdad del público asturiano en su máximo esplendor.

¿Hizo la banda algún esfuerzo por sacar al mencionado público del letargo? Pensamos que sí. Lo que no tenemos tan claro es que lo lograran. Que si bien por momentos hubo bailes y puños en alto, no fueron pocas las veces que el frontman Gus llamó al orden a la audiencia vista la pasividad de ésta.

Mientas deslizaban temas como la inicial “Spread The Fire” o la más apropiada, a tenor del entorno, “The Harvest Song”, lo cierto es que entre zanfoña, gaitas, flautas y elementos puramente metálicos, los manchegos rara vez alcanzaron a sonar todo lo nítidos que su propuesta requiere. Una pena porque ya digo que el empeño de la banda sobre las tablas a buen seguro merecía algo más de calor por parte del respetable. Pero por más que sonasen “Praise To The Vineyard” o “Fear My Beard” no hubo manera de levantar el vuelo. O la birra.

No fue hasta la dupla final, “The Booze Song” y, sobre todo “Looking For Beer” que la gente pareció salir del letargo, arrimada a un sonido que terminó por ser redondo al final del set y acompañó en volandas, por fin, a los folkies manchegos. Desde luego que no fue la noche más fácil para ellos y que los cambios en su alineación necesiten un mayor rodaje, pero desde luego les honra las ganas que le pusieron al asunto.

Con el público de vuelta y con el buche lleno, los albaceteños Angelus Apatrida salieron a insuflarle nueva vida a un festival que, durante el show de Celtibeerian, parecía abandonado al letargo. José J. Izquierdo al bajo, Víctor Valera en baterías, David G. Álvarez en guitarras y Guillermo Izquierdo en guitarra y voces vinieron a añadir una victoria más en su ya larga lista de visitas a la región para sorpresa de nadie.

Y es que mientras que el tiempo no demuestre lo contrario, Angelus Apatrida llevan tiempo instalados en una balsa de aceite desde la que ofrecen shows incomensurables como si la cosa resultase sencilla. Como si no costasen trabajo toda ese energía. La precisión con que ejecutan ese thrash vigoroso e incendiario. En un mundillo donde nadie regala nada, los manchegos se han labrado con honores un nombre en la escena thrash estatal y a cada verano que pasa, también en la internacional.

No ha lugar al parpadeo. Desde “Bleed The Crown” y con el que seguramente fuera el sonido más redondo de toda la jornada, casi increíble cómo se distinguían todos los elementos presentes en la mezcla en lo que pareció poco menos que un ejercicio de funambulismo sonoro. Todo apoyado por un Víctor Valera que vendría a dar poco menos que una lección magistral sobre como aporrear una batería con clase pero también con contundencia.

Así fueron cayendo temas. Entre ellos un “Indoctrinate”, favorito absoluto de los manchegos, entre otros como “Vomitive” o “Childhood’s End”. El setlist, en realidad, da un poco igual. La gente se lo pasó en grande y montó circle pits y pogos casi a cada tema que sonó por los altavoces. Entregados en cuerpo y alma a la que, hoy por hoy, es de largo una de nuestras bandas de metal más relevantes tanto aquí como fuera. Algo que se han ganado a base de trabajo y que desde luego nadie salvo ellos mismos les podrá arrebatar.

Mediado el show, “We Stand Alone” tiene mucho de declaración de intenciones:

“We Stand/ All Alone/ We Stand/ Forevermore”

… porque ese parece ser el leitmotiv que impulsa al cuarteto desde siempre, por más que el corte pertenezca a su último trabajo de estudio. Penúltimo cuando vea la luz “Aftermath” dentro de poco menos de un mes. Algo que el propio Guillermo se encargó de recordarnos varias veces durante la noche, así como la próxima cita en suelo asturiano, la que habrá de tener lugar en la Sala Acapulco el dos de diciembre. La máquina no se detiene más que para coger impulso.

Give ‘Em War”, “Sharpen The Guillotine” van finiquitando un show que, prácticamente, no ha tenido dobleces. Apenas un guiño de David al próximo álbum de la banda y las inevitables pausas para afinar guitarras. Más allá de eso, la imparable apisonadora a la que nos tienen acostumbrados. “You Are Next” supondría el inevitable final de otra gran noche para ellos. A día de hoy una apuesta segura, un rodillo que te pasa por encima con una fuerza apabullante. Se nos agotan los calificativos. Desde aquí desearles lo mejor cara al gigantesco tour por suelo europeo que tienen por delante.

Si ya de por sí no era empresa fácil salir a escena tras el bolazo de la apisonadora albaceteña, menos cuando la tecnología te da la espalda y no permite llevar a cabo tu descarga con normalidad. Vino a ser el caso, precisamente, con la banda que lidera el propio organizador del evento. El destino, a veces cabrón y desagradecido, quiso de esta manera recompensar las incontables horas de trabajo de Mikel al frente de una nueva edición del Karma Fest.

Casi la una cuando la banda de metalcore irrumpe al fin sobre las tablas. Tales eran los problemas que lo harían inicialmente sin bajista, más tarde haría irrupción en el escenario un infatigable Willy Rodríguez (Where The Waves Are Born, Ariadne) para sorpresa de gran parte de la audiencia. Y es que cuando las cosas se tuercen no hay nada que hacer. Podría deducirse de mis palabras que el bolo resultó decepcionante. Si acaso en duración, apenas veinte minutos, pero desde luego no en fuerza y ganas.

Porque As Life Burns supieron impregnar del debido mal café una “We Are Animals” que, tras la larga espera, nos supo a gloria. Además la banda jugaba en casa y se notó en cuanto a reacción de un público, no vamos a mentir, mermado en número tras la descarga de Angelus Apatrida.

Mikel y los suyos terminarían por reducir el set que tenían previsto como deferencia al par de bandas que restaban por salir. Algo que tratándose de, como decimos, la banda del organizador del sarao, no deja de parecernos un detallazo. En amistosa charla con el bueno de Fran Rubio, ambos vinimos a coincidir en que pocos organizadores habrían tenido el detalle. Vaya por tanto desde aquí nuestro aprecio por el gesto y la mejor de las suerte en futuras citas. Desde luego la merecen.

Así las cosas, había cierto runrún previo a la salida de Bonecarver a escena. Los madrileños, anteriormente conocidos como Cannibal Grandpa, vendrían a poner la nota más extrema de la jornada con su deathcore de guiños sinfónicos. Con dos discos en el mercado, aquél “Evil” de 2021 y el más reciente “Carnage Funeral”, ambos editados por el macrosello estadounidense Unique Leader Records, algo tendrá el agua cuando la bendicen, nadie esperaba ningún tipo de sutilezas por su parte.

Fernando Del Villar, a la sazón voz de un cuarteto que a día de hoy opera sin bajista, y que si nuestros datos son correctos completan Rubén Contreras en baterías junto a Alex Tena y Alberto Bravo en guitarras, vino a mostrar en Pola de Laviana una gama interminable de guturales, chirridos y pig squeals que a buen seguro hicieron las delicias de más de un vecino de la localidad asturiana a las altas horas en que se desarrolló su descarga.

Pero gustos del público al margen, no todo el mundo tiene por qué gustar de las andanadas extremas de los madrileños, lo cierto es que fueron una incesante trituradora de cuellos desde que la inicial “Revolver” se hizo carne y habitó en nuestros ya fatigados cuerpos. Eran más de doce horas las que algunos llevábamos al pie del cañón y desde luego se notó. Si la edición de 2024 sigue por estos derroteros habrá que considerar seriamente la ingesta de bebida energética por vía intravenosa.

Pero hablamos por nosotros, claro. Lo cierto y verdad es que mientras descargaban blast beats incesante y riffs capaces de derribar edificios enteros cual aeroplano en septiembre, no fue poca la gente que se quedó a altas horas decidida a hacer frente al cansancio y disfrutar de los habituales pogos y circle pits. “Overtorture” reza uno de sus cortes. Y tanto que sí.

Como reza el dicho: “no habrán inventado el pan, pero desde luego saben como hacer buenas tostadas”. En lo personal fueron otro de los grandes aciertos de esta edición, si bien entiendo que su propuesta le resultase intragable a más de uno.

Si nada agradable fue doce horas atrás (se dice pronto) la tarea de abrir, menos lo es la de echar el cierre. Papeleta que, por pura agenda, vino a recaer en la banda de Puerto de Vega Aneuma, a quienes habíamos visto apenas cinco días antes dentro del marco del Oviedo Rock.

Como ya sabréis, al quinteto que lidera Laura Alfonso le tenemos declarado aprecio. Su primer álbum pasó por estas líneas e incluso estuvimos presentes en aquella primera descarga en la gijonesa Ángeles y Demonios. Desde entonces que hemos venido siguiendo y relatando cada paso dado por la agrupación melodeath asturiana, su paulatino ascenso y esa sensación de promesa con visos de realidad dentro de la escena regional.

Borja, Abel, Jorge y Pau acompañaron a Laura desde un arranque, ya clásico en ellos como es “Fall Apart”, en el que las guitarras no llegarían a sonar con la claridad que muchos esperábamos. Con la claridad con la que, sin ir más lejos, habían sonado el pasado lunes en la capital. Y dio lo mismo porque a pesar de un día de lo más ajetreado para ellos, de las altas horas que eran (pasadas las 2:30) supieron suplir con ganas cualquier deficiencia en cuanto a mezcla o ecualización.

Con el sonido ganando ciertos enteros y aunque nunca llegase a ser todo lo óptimo que nos hubiera gustado, “Creatures” pondría la nota más oscura mientras Laura se desvivía por animar a una audiencia que bien parecía inasequible al desaliento y al cansancio. Bien es sabido, porque lo conté en la mencionada reseña del álbum, que la segunda mitad del mismo se me hace un tanto cuesta arriba. Y sin embargo, no niego que disfruté de la encarnación en vivo de una “Stand Tall” con Abel acompañando a Laura en tareas vocales.

Creatures” sí que pienso funciona tanto en su versión del álbum como en una traslación al directo que sabe sacar no poco jugo de su ágil cambio de ritmo, con Jorge haciéndose grande tras su batería y Angelus Apatrida sin perder detalle de la descarga de la banda. “Ashes Of Your Fears” y ese pulso más melódico es otra que nunca falla.

Pero el Karma había que despedirlo a lo grande y qué mejor que dos rendiciones de un par de bandas seminales para el metal extremo: Carcass y Death, un “Evil Dead” con el que pondrían fin a la, hasta ahora, edición más ambiciosa del evento. En manos de los organizadores está el mejorar lo de este año. Tarea harto difícil si nos preguntan.

Sarna con gusto no pica, dicen. Lo cierto es que fueron muchas las horas que demandó la más reciente edición del festival lavianés. Más de trece desde que entramos por la puerta hasta que salimos por ella rumbo al merecido descanso. Con un montón de nuevas experiencias bajo el brazo, amén del habitual repaso fotográfico y esta crónica por capítulos que, esperamos hayáis leído, compartido y disfrutado.

Igualmente, no nos gustaría cerrar sin agradecer a la organización del evento todas las facilidades, ni tampoco mandar un saludo a los muchos músicos, amigos y fotógrafos con los que departimos en algún momento a lo largo de la jornada. Sois muchos para mencionaros a todos y ya sabéis lo que opinamos de las listas interminables. Nuestros mejores deseos para la edición del año próximo y el deseo, como siempre, de que nos volvamos a ver pronto.

Texto: David Naves

fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Rage + Dark Embrace + Tri State Corner (Gijón 22/9/2023)

En una semana atareada como pocas en el seno de Heavy Metal Brigade, tocaba recoger los bártulos y dirigirnos a tierras gijonesas con motivo de la enésima venida a Asturias del combo de heavy metal radicado en Herne, Rage, acompañados para la ocasión por la banda de su batería Vassilios “Lucky” Maniatopoulos, Tri State Corner amén de los gallegos Dark Embrace.

Era temprano cuando el curioso combo griego se subía a las tablas de la Sala Acapulco y quizás fruto de ello, la entrada no fuera del todo buena. Con Maniatopoulos en voces y el antiguo batería de Rage Chris Efthimiadis junto al guitarra Christoph Tkocz y el bouzouki Ioannis «Janni« Maniatopoulos, plasmaron su curioso hard rock con un sonido algo enmarañado pero deslizando buenos temas y mejores sensaciones.

Lucky” se nos reveló como un frontman ágil, que no adivinarías antes o después de verle defender los parches de la emblemática y mutante banda alemana. Desde el arranque con “Faster” su sonido resulta novedoso si bien su hard rock no podría por más que resultar eminentemente clásico. Por ahí cabe destacar que el público presente pareció recibir de buen grado la llamativa propuesta. Aún sin un bajista sobre las tablas, caso idéntico se daría después con sus compañeros de cartel, “Nothing At All” o “Free Prison” resultaron un tanto convencionales.

Sería sin embargo “Schemer” la que sacaría verdadero partido a las habilidades de Janni. Con un sonido ya un tanto más limpio, lo cierto es que a lo largo de la noche y donde nos encontrábamos nosotros jamás fue óptimo, el corte realmente supo capturar esa esencia más oriental y disponerla en pos de una de las piezas más importantes de su descarga.

Efthimiadis, de hecho, comentaría que fue esa y no otra la canción que les abrió las puertas, llevándoles hasta día de hoy a dar más de quinientos conciertos a lo largo y ancho del globo. Que se dice pronto. Llegarían los habituales agradecimientos tras “Hypocrisia” y tras “Daydreamer” se irían dejándonos sin uno de los temas que anunciaba el setlist. La tiranía con respecto a los horarios de las salas sigue haciéndo de las suyas.

Los gallegos Dark Embrace, a fuerza de dejarse caer por la comunidad vecina, han ido poco a poco, pico y pala, labrándose un nombre en nuestra región. Da fe de ello la acogida que ya tuvieron la última vez que les vimos, aquella en la que acompañaron a Argion y Battle Beast en la misma Sala Acapulco. Y aunque sigan rodando sin la figura de un bajista, dos de dos en la noche del viernes, siguen a la suya con su particular Dark Heavy Metal.

La banda la conocéis de sobra: Julio G. Valladares en baterías, Markos Villar y Mou Trashno en guitarras y Oscar Rilo al micro. Faltan diez para las nueve cuando atraviesan la puerta que conduce al escenario de la Acapulco, adornado para la ocasión con sendos paneles en los laterales del mismo, con un foso ya más concurrido y que supo brindar su calor y cariño al combo radicado en A Coruña.

Time Will Tell”, “Never Seen The Sun”, no podemos decir que tengan malos temas. De hecho su set pasa de aires más death melódicos a pulsos más góticos con una agilidad que nunca deja de ser llamativa. Lejos de sonar desnortados o incongruentes, lo cierto es que los gallegos demuestran un nivel tanto técnico como compositivo digno de mención.

Ahí es fundamental el carisma como frontman de un Oscar Rilo impecable en cuanto a ímpetu y ganas. No tanto a la voz y no por falta de la misma sino porque, como decía antes, el sonido no llegó a ser redondo a lo largo de la jornada y quiso, en el caso de los gallegos, cebarse con la figura de su enorme vocalista.

El deje más gótico que antes comentaba vendrían a manifestarse a través de la interesante “Life And Legacy”, un pequeño impás antes de que el tramo final del set destape a los Dark Embrace más decididamente metálicos. En lo personal fue la parte que más disfruté de su descarga. También el público presente en la Acapulco toda vez Markos y Mou abandonan el escenario e, inalámbricos mediante, irrumpen entre el público y propician un nutrido circle pit. Lo dicho, cada vez más queridos en esta tierra y bien ganado se lo tienen.

Al igual que sus compañeros de ruta, el cabeza de cartel de la jornada se tiene bien ganado el nombre en esta tierra. No pocas son las veces que las huestes de Peavy Wagner se han dejado caer por la región, así como tampoco es escaso el cariño que siempre se les brinda. Acompañado esta vez como decía de Vassilios “Lucky” Maniatopoulos en baterías y Jean Bormann en guitarra y coros, el trío acometió otra buena ración de ese peculiar heavy / power al que nos tienen acostumbrados.

Resurrection Day” marcaría el inicio de las hostilidades, si es que se puede hablar de hostilidad cuando uno ve aprecia el gesto siempre risueño del esforzado líder de la banda germana. Difícil montar un setlist que agrade a todo el público cuando uno tiene tantísimos discos y por ende, tantísimos temas, con los que jugar. En lo personal aprecié enormemente ese “Great Old Ones” de mi querído “Soundchaser”, del que el mes que viene se cumplen veinte años. Qué son veinte años…

… cuando la siguiente en sonar es “Solitary Man” del maravilloso “Trapped!” de nuestro año olímpico. Ni siquiera los problemas de Bormann con el inalámbrico aguaron la fiesta. Si un poco el sonido, una bola a ratos indescifrable, que acabaría por empañar algunos de los temas. Ya digo, al menos en la parte más próxima al escenario en la que nos encontrábamos tanto nosotros como el resto de fotógrafos y medios.

Son cincuenta y ocho los años de un Peavy Wagner que, problemas de sonido al margen, mostró un gran estado de forma en lo que a voz se refiere. En especial porque el de Renania del Norte-Westfalia parece ser en todo momento consciente tanto de sus fortalezas, ese registro cada vez más bronco, como de sus limitaciones, aquellos tonos más agudos de su juventud. El tiempo pasa para todos y conviene ser consciente de ello.

Y mientras que Maniatopoulos se revela como un batería potente y seguro imaginativo incluso, la juventud de Bormann ha venido a aportar un mayor punto de gravedad al trío. Sus coros rasgados aportan una dimensión diferente a la banda. Algo que quedó patente en cortes ya más graves de por sí como ese “Let Them Rest In Peace” de su último largo de estudio.

Puede que el sonido no mejorase del todo pero el público recibió de buena gana, no era para menos, viejos clásicos del combo alemán como “Refuge”. En mitad del aroma a revival que inundaba esta parte del set, quiso Wagner invitar al antiguo batería de la banda al escenario Chris Efthimiadis, quien no solo se llevaría una calurosa ovación sino que tuvo además la ocasión de ocupar su puesto tras los parches durante un par de cortes. Guiño que, podemos asegurar, la audiencia recibió de buen grado.

Al igual que, ya de nuevo con “Lucky” a los mandos, encararían un final que muchos se saben al dedillo, acorde por acorde, y que conforman clásicos absolutos como “Don’t Fear The Winter” y “Higher Than The Sky”, piezas finales de otra buena noche de heavy metal, emborronada por un sonido que nunca alcanzó las cotas óptimas a las que estamos tan (mal)acostumbrados. Y sin más nos fuimos a casa que había que coger fuerzas para la que se nos venía encima la jornada siguiente. Pero esa es otra historia que será contada a a su debido tiempo.

Como siempre, no queríamos cerrar esta crónica, más de urgencia que nunca, sin mandar saludos a Sara Suárez (Noche De Lobos), Sergio Blanco y Jorge López Novales, así como a la pandilla de habituales que acostumbran a no fallar nunca. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Burnt To Death «Doomed By Reality» (Autoproducción 2023)

Debut en formato corto para el trío asturiano de blackened death metal Burnt To Death, en el que encontramos a Zesatti en baterías, Kotard al bajo y coros y Solarfall en guitarra y voces. Grabado por Iván Ferro del Kollapse Stvdio, mezclado y masterizado en Satanic Audio por Haldor Grunberg (Behemoth, Dominance, Azarath, Vulture Lord…) y adornado por Chris Kiesling del Misanthropic Art (Deicide, Asphyx, Urn, Cloak, The Spirit…), “Doomed By Reality” vio la luz el pasado veinte de septiembre.

Desde luego que las guitarras que dan la bienvenida en “The Real Horror (Begins)” tienen mucho del sabor añejo del black más primario y elemental. Es toda vez acuden las primeras estrofas que el trío se zambulle en un curioso juego tonal donde la batería de Zesatti casi parece un muestrario de todas sus habilidades. Entre medias encuentro buenos riffs de guitarra, así como una ganancia en lo que a intensidad se refiere que otorgará una fuerza inusitada a su tronco central. La tensa calma que dibuja el epílogo viene a confirmar el buen sonido de todo el conjunto, con un bajo presente y bien empastado.

Dust” sorprende con esos aires casi marciales que irrumpen tras el prólogo. Muy marcados por la firme línea de batería, con Solarfall en voces lindantes con el black más primario. Buen solo el que acomodan en su tronco central, apoyado sobre una serie de riffs que me llevan a pensar en bandas como Possessed, primeros Death, Necrophagia… Tan directa como clásica, con el trío demostrando que sabe cómo conjugar distintas escuelas sin perder cohesión ni intensidad.

Just A Carcass” parece en principio un traje a medida de las pautas más death del trío. Incesante el martilleo, de nuevo casi marcial, en el que se desarrollan las primeras estrofas. Es toda vez el corte se dirige hacia su tronco central que éste acoge riffs y pulsos más próximos a un black del todo canónico para una de las ofertas más lúcidas y mejor rematadas del Ep. De nuevo un bajo muy marcado ocupa un epílogo entregado en cuerpo y alma a esa pulsión más pesada que alimentó al prólogo. Quizá mi favorita de las seis.

Unleashed”, llevada al terreno del videoclip por el bueno de Titi Muñoz, transige hacia posiciones más oscuras. También más disonantes, véanse las curiosas líneas de bajo que dibuja Kotard a través de las estrofas más apaciguadas. La banda no obvia aquí su el caos controlado con el que suelen alimentar sus composiciones. En especial y como digo a la hora de fundir una diversidad en cuanto a géneros que no obstante jamás hace mella en unos trazos sólidos y bien definidos. Estupenda.

Germinating The Seed Of Doubt”, donde el trío cuenta con la inestimable colaboración de Alicia, a la sazón frontwoman de los extremos lucenses Barbarian Prophecies, redirige hacia una mayor intensidad, extrae el debido jugo de su agreste dupla vocal y termina por acoger, camino del tronco central, un deje más atmosférico y frío, con Alicia haciéndose fuerte tras el micro. La encarnación más black de la banda irrumpe aquí con toda la fuerza. Magnificándose sobre unos riffs de marcado y orgulloso clasicismo. Un corte que bien merecía algo más que esos poco más de dos minutos y medio que marca en el reloj.

En términos puramente estructurales, “Deepest Sea Of Nightmares” puede ser el que más llame mi atención de los seis. También porque Solarfall opta aquí por una gama de riffs, también de solos, un tanto más inusuales, y desde luego distantes a muchos de los grandes leimotivs del Ep. De resultas de ello surge un corte que, sin obviar velocidades de infarto ni trazos más pesados y rocosos, sitúa las miras del trío mucho más allá de lo que otros cortes hacían intuir.

Qué difícil es hacerse sitio y destacar en una escena cada vez más poblada por bandas de todo signo y condición. La apuesta de estos Burnt To Death no podría resultar más clásica en sus propósitos, esa confrontación directa entre black raudo y death intenso que, a ratos, llega a dar buenos frutos. Hay por ahí alguna oferta algo más distraída y riffs con cierto aroma a déjà vu, pero el resultado global dista mucho de ser catastrófico. Máxime teniendo en cuenta la juventud del proyecto. “Doomed By Reality” resulta finalmente una buena primera piedra sobre la que comenzar a edificar su trayectoria. Permaneceremos ojo avizor.

Texto: David Naves

Crónica: Electric Mary (Avilés 21/9/2023)

Arrancó un ciclo otoñal más del Factoría Sound con la llegada a tierras avilesinas del quinteto de las antípodas Electric Mary, la banda formada por Spyda en baterías, Alex Raunjak en bajo y harmónica, Pete Robinson y Brett Wood en guitarras y Rusty Brown al micro. Con el cartel de «sold out» colgado en la puerta, nos consta de hecho que hubo gente que se quedó fuera, y conformando la que sería segunda parada de su tourné 20º aniversario por la península con paradas en Madrid, Vitoria-Gasteiz y Barcelona.

El lleno que presentaba la Factoría recibió de muy buena gana a los australianos, desterrando por una noche la bien conocida y sufrida frialdad del público astur por un recibimiento pleno de calor y cariño por el quinteto. Con una puesta en escena reducida a lo más elemental, los del país de Andrew Bogut vinieron a demostrar que veinte años en la carretera no son nada.

Abrazados al buen sonido del que acostumbra a disponer la Factoría Cultural avilesina y desde que arrancan con la algo distraída, pero de acertado título “Let Me Out”, con la fuerza de un león enjaulado, público y músicos somos uno. La siempre procelosa búsqueda de los grandes significados del rock and roll más primario vino a dar sus frutos el pasado jueves. Embutidos de lleno en una era de pregrabaciones, pistas disparadas y shows cada vez más mecánicos, los de la isla continente vinieron a reivindicar el hard en su estado más primario y elemental. Todo fe y corazón.

Y grandes canciones, claro. Porque “Gasoline And Guns” haría honor a su título, una verdadera muestra de rock de alto octanaje en la que Brett Wood, que más tarde sería de nuevo protagonista, dibujaría uno de los grandes solos de la noche.

Pero quien acapara en gran medida los focos es Rusty Brown. Su voz puede no tener el rango ni las posibilidades de muchos de sus homólogos en el cargo. Lo que sí tiene el líder de la banda australiana es una mochila cargada de tablas y un carisma arrollador. Desde el escenario de la Factoría no dudó en hacernos partícipes del show. Tanto echando el micro al público para acompañarle en tareas vocales como incluso fundiéndose en sendos abrazos con aguerridos y entregados fans de las primeras filas.

Electric Mary vinieron a sonar todo lo sólidos que se les pedía. Firmes y bien conjuntados, aupados por el ímpetu y la fuerza de un Spyda que se desvivió tras su batería. Sin grandes alardes pero con la seguridad que da la experiencia, comandó a los suyos en solidaridad a un Raunjak cuya llamativa y curiosa chaqueta propició algún que otro comentario en el foso.

Sorry Baby” le cambiaría un tanto el pie al show, demostrando que Electric Mary saben cómo manejarse en las densas aguas del blues rock. Con Raunjak echando mano de la armónica se dibujaría otro de los puntos álgidos del set. Y mientras que Rusty aprovecha para recordar su anterior parada en la ciudad, arrancando una gran ovación de la gente, con “It’s All Right” vuelven a poner los pies en su sitio. Era grande el pulso que mantenía Wood con su guitarra, al punto de que una de las seis cuerdas se quebró y falto de un instrumento de reemplazo, hubo el de las antípodas de cambiarla sobre la marcha. Algo que no amilanó a Rusty y los suyos, que aún en formato cuarteto, demostraron que saben apañárselas de sobra.

Ya con las seis cuerdas de Wood restituidas y afinadas, grandes aplausos toda vez su preciosa guitarra regresó a la vida, la banda encaró un tramo final del set en el que terminarían por echar el resto. En especial un Rusty Brown al micro que, a pesar de las adversidades, pareció dar su mejor versión en este tramo final. Ayudó, claro, el pequeño respiro dado por el solo de batería de Spyda, que si bien cortó en cierta medida el buen desarrollo del set, fue bien empleado por sus compañeros para atacar un final en el que se sucederían las debidas presentaciones primero y una pequeña serie de jams después que habría de culminar en la final “O.I.C.” para una de las noches de hard rock más épicas de todas cuantas hemos cubierto desde este medio.

Y es que cualquier fan del género que se precie debería tener a la Factoría en sus pensamientos a la hora de ordenar su agenda. Rara vez falla el recinto avilesino y es de agradecer. El hecho de que hubiera quien se quedó fuera creemos habla muy bien de la salud del proyecto. Esperemos que dure muchos años más.

Por último no queríamos cerrar esta crónica sin agradecer a Omar Fernández por las facilidades, así como también a Sergio Blanco por el apoyo logístico. De igual forma, mandar saludos a Carlos Suárez y Javier de Coupaud (Mad Rovers), Luismi Rose (Leather Boys) y José Antonio FD. Nos vemos en el siguiente.

Texto / Fotos Móvil: David Naves