El festival andaluz Sun&Thunder que tendrá su estreno en el mes de julio en Fuengirola cierra el cartel de una primera entrega que contará con Argion y Soldier como representantes de la escena asturiana.
La últimas incorporaciones de Uriah Heep, Paradise Lost, Wheel, Batushka y Mind Driller cierran un plantel de nombres destacados como W.A.S.P., Opeth, Kreator o Accept. Del 17 al 19 de julio el espectacular Marenostrum Fuengirola será el epicentro de un evento que pretende convertir Andalucía en punto de referencia del metal en el sur de Europa.
Abonos de tres días: 140€ + gastos de gestión Entradas de día: 90€ + gastos de gestión
“In Cauda Venenum” es ya el decimotercer disco en la carrera del faro progresivo sueco Opeth. Un álbum del que se editarán versiones en inglés y en sueco vía Moderbolaget Records y que, como gusta de decir el propio Åkerfeldt, conforma la última “observación” de una de las bandas más queridas y, a la par odiadas, del panorama actual. Queridas por lo que grabaron hasta 2008. Y odiadas por lo que han editado de 2011 hasta hoy, sí, pero también por ese carácter a veces indómito, casi siempre burlesco y en ocasiones incluso faltón del propio Åkerfeldt, que le ha granjeado una buena legión de seguidores pero también otra no pequeña de iracundos detractores que no toleran la más mínima impertinencia venida de la boca de este prócer del rock/metal progresivo nórdico.
En cualquier caso, estamos aquí reunidos que diría aquél para reseñar un artefacto sonoro que no para juzgar al personaje escondido detrás de él. La banda, empecemos por ahí, sigue siendo la de los últimos tiempos. A saber: Mikael Åkerfeldt voz y guitarras, Martín Méndez al bajo, Martin Axenrot en baterías y percusión, Fredrik Åkesson guitarra y coros y finalmente, Joakim Svalberg al teclado. A ello hay que añadir que las orquestaciones del disco vienen de la mano de Dave Stewart, quien ya trabajara con los ingleses Anathema. Ha sido producido a pachas entre Stefan Boman y el propio Mikael Åkerfeldt mientras que la portada corre a cargo del omnipresente Travis Smith.
Tras una ciertamente enigmática introducción de título “Garden of Earthly Delights” se nos aparece “Dignity” como un torrente imparable de prog ampuloso, colmado de colchones orquestales que darán paso a una pequeña narración primero y al primer solo de guitarra del álbum después. Tras el cambio de ritmo (muy marca de la casa y reconocible a la primera), en que aparecerá la voz de Mikael en su registro más dulce, todo transita hacia un medio tiempo con esas voces a un pasito de romperse, tan habituales en sus últimos discos. Seis minutos y medio de mucho color y una riquísima amalgama de texturas. Después viene uno de los cortes más largos de este decimotercero disco de los suecos, “Heart in Hand”, donde las guitarras ganan terreno a los arreglos orquestales, al tiempo que la batería de Axenrot va y viene sin dar descanso hasta esa llamada a la calma de la nostálgica parte final.
“Next of Kin” deja adormecidas partes calmadas, de voces susurrantes y bonitas guitarras acústicas, en contraste con otras más despiertas y abiertamente rockeras donde la voz de Åkerfeldt juguetea con el falsete, la base rítmica de Méndez y Axenrot empasta al milímetro y las orquestaciones cubren cada hueco imaginable. Todo ello bajo una letra, un tanto naíf, cierto es, capaz de inspirar un episodio de tu serie distópica favorita: “Finding friends in algorithms, forgot the sound of my daughter’s voice”. “Lovelorn Crime” tiene órganos, esqueleto y piel de balada de las de toda la vida. Deja por el camino la mejor interpretación vocal de Åkerfeldt en todo el disco, siendo como es quizá el corte menos complicado del tracklist. Un más que decente solo de guitarra culmina uno de esos temas que te los sabes antes siquiera de terminados porque la fórmula es la de toda la vida. De ese convencionalismo el disco evoluciona hacia “Charlatan”, otra enérgica algarabía proggie con más saltos que la trama de una novela de Murakami, las guitarras más broncas de todo “In Cauda Venenum” y un interesante duelo técnico precediendo al final.
Engaña “Universal Truth” con ese inicio tan calmado, roto de tanto en cuanto por guitarras y que irá ganando en intensidad hasta desembocar en una acústica parte central que bordea terrenos pop sin ningún complejo. Ecos flamencos en la guitarra inicial de “The Garroter” que desaparecen en pos de las teclas de Svalberg y terminan desapareciendo para dejarnos quizá el tema más extraño de todo el disco prácticamente rallando en el jazz más intimista. “Continuum” vuelve a ofrecer un inicio calmado que estalla en mil pedazos y sí, es la misma fórmula de otras tantas canciones del disco. Las alteraciones en los determinados tiempos pueden ser algo más abruptas que en cortes como “Next of Kin”, pero creo que no alcanza las cotas de esta. El cierre es para el corte más extenso de todo el álbum. Uno de los más largos de “Heritage” a esta parte, de hecho. Curiosos ecos en la caja de la batería, Åkerfeldt susurrando, Åkerfeldt alzando la voz, teclas evocadoras, bonitas guitarras acústicas y todo, o casi todo, lo que puedes esperar de esta banda en este momento de su carrera.
Un completo y bonito final a más de una hora de música para un disco que dista de ser perfecto, que abusa de ciertas fórmulas ya muy gastadas y que no pasa por ser el mejor de los suecos desde aquél giro dramático que supuso “Heritage”. Sustentado, claro, en la calidad musical que atesora su line-up actual, que no es poca, pero donde más que los guturales del amado/odiado líder, echo en falta la frescura y el gancho que poseía “Pale Communion”, disco que odié y deploré en su día pero que con el pasar de los años (y las escuchas) se me acabó revelando como lo mejor que la banda sueca grabara en esta década a punto de expirar. Quién sabe si con este sucederá lo mismo a largo plazo. Lluvias eternas vendrán. Y entonces veremos.