El trio estadounidense The Supersuckers autodenominado «la banda más grande de rock ‘n’ roll del mundo» regresará a nuestros escenarios en otoño. Un gira de 10 fechas con parada en el ovetense Gong Galaxy Clubpara presentar su próxima obra de estudio «The Rock ‘N’ Roll Record» que verá la luz en el mes de septiembre.
Con paradas en Zaragoza, Logroño, Santander, León, Jerez De La Frontera, Estepona, Granada, Castellón y Tarragona el sábado 31 de octubre el combo liderado por el carismático cantante y bajista Eddie Spaghetti regresará al Principado deAsturias.
Fue el pasado 28 de noviembre del 2025 cuando los legendarios GBHactuaban por primera vez en Asturias, en los Locales Mercurio de Mieres. Un concierto rememorando la esencia punk y underground de los 80. Tocaron solo ante un centenar de personas que abarrotaron el pequeño recinto y que debió de dejarles a los británicos un muy buen sabor de boca, ya que, casi siete meses después deciden completar su pequeña gira por España, recalando de nuevo en escenarios asturianos, en este caso, en la ovetense sala Gong.
No repiten, eso sí, con sus compañeros españoles de gira, los valencianos Deaf Devils (como ya lo hicieran en Mieres, en su primera cita asturiana). En esta ocasión, los acompañarían los locales Infección. Era jueves y, como comentaba, no había pasado mucho tiempo desde su anterior visita, sin embargo, los incondicionales no fallaron, registrándose una entrada, digamos, que aceptable, teniendo en cuenta estas circunstancias.
Y es que contar con la presencia de una de las leyendas pioneras del hardcore punk británico, volvió a ser motivador para los amantes del género. Algunos, provistos de sus vinilos, consiguieron que fuesen firmados por la banda. Con una afluencia de público aún floja, comienzan los Infección, a las nueve y media de la noche. Nos preguntan de mano si no vamos a trabajar mañana, se presentan y al lío. La formación luarquesa celebraba su quinceavo aniversario sobre las tablas, dando un repaso a su, no obstante, escueta discografía.
Arrancan con “No Nos Callarán” de su homónimo álbum del 2017, seguida de “No Te Dejes Atrapar” de su último trabajo “Desdichados”. La dupla Deiviz (bajo y voz) y Geni (guitarra, voz) funcionaba a la perfección, confiriendo un mayor dinamismo a los temas, turnándose en las voces, acompañados de Jose, a la otra guitarra, y Manu a la batería. Para “Hipocresía” el ambiente ya estaba empezando a caldearse. Los ventiladores de la sala se agradecieron bastante. El hardcore punk directo, divertido y reivindicativo de Infección se concreta en el siguiente tema, que arranca movimiento entre la gente.
Para presentar “Mi propio Dios” recuerdan la visita del Papa de estos días y también mencionan a Pirri, de Escuela de Odio, deseando compartir escenario con ellos, antes de “Otro Fascista”. Nos preguntan después si en Oviedo tenemos vecinos repunantes y suenan, entonces, unas líneas de bajo saturadas y crudas marcando el inicio de “Mata A Tu Vecino”, dejando patente su peculiar humor. Y empiezan a despedirse, aunque aún sonarían tres temas más. Cuando creíamos que cerraban definitivamente con “Desdichados”, rematan con una versión de Parálisis Permanente, “Un Día En Texas”. Tres cuartos de hora que cundieron mucho.
Unos diez minutos después, Colin Abrahall, voz y miembro fundador de GBH, toma el micro para iniciar la actuación de la banda, pillando desprevenido al público e incluso a Ross Lomas, el bajista, que no se había colocado aún en su espacio. Un comienzo ya sin miramientos para desgranar más de una veintena de temas sacados de sus discos más míticos: “City Baby Attacked By Rats”, “City Baby’s Revenge” y “Leather, Bristles, Studs And Acne”, fundamentalmente, vamos, todo un revival de la época de los 80. Sorprendente fue también la ausencia del otro miembro fundador, Colin “Jock” Blyth, quien tuvo que ser sustituido por otro guitarrista para la ocasión, por encontrarse enfermo. Como decía, inicio contundente y rapidísimo con “Diplomatic Immunity” y “Drugs Party In 526”, seguidas de la inconfundible “Sick Boy”, celebrada por la concurrencia que, ya estaba más centrada y disfrutando de lo lindo. Retrocedemos a 1981 con “Slit Your Own Throat” y “Am I Dead Yet?”, piezas potentes que marcan el sello personal de GBH en su forma de interpretar el punk.
Aquí Abrahall se detiene para saludar y para presentar una versión muy original del “War Pigs” de Black Sabbath, en honor a su paisano Ozzy. Con “Maniac” de su disco debut, comienzan los primeros movimientos entre el respetable. Pieza pegadiza y movida, al igual que las siguientes “Gunned Down”, y “I Am The Hunted”. Otra breve parada para preguntar cómo estamos. Colin se desprende de su habitual chupa de cuero y continúa la descarga que nos transporta a la época dorada del punk británico. Dos espontáneos no dudan en subir la escalerilla que lleva al escenario de la Gong, para abrazar a un resignado Ross Lomas y acercarse, luego, al fabuloso batería Scott Preece, con el que se hacen varias fotos en plena actuación. Nadie se inmutó. Después de más de 40 años sobre los escenarios, los de Birmingham a buen seguro que han tenido que lidiar con situaciones más comprometidas. Sin parar caen “Heavy Discipline”, otra versión, la de los Slaughter And The Dogs: “Boston Babies”, provocando movimiento en las primeras filas y “Bellend Bop”, tocada a gran velocidad. Aprovechan para interpretar un tema de más reciente factura, “I Never Asked For Any Of This”, de su último disco y con el que demostraron que no han perdido un ápice de frescura.
Buen trabajo a la guitarra y aún más destacable el de la batería, en cortes como “Generals”. Pequeña pausa para saludar a los Infección y traca final que bordan con dos temas míticos: “Give Me Fire” y “City Baby’s Revenge”. Aunque se despidieron, nos preguntaron si queríamos escuchar alguna más, con la lógica respuesta positiva de los asistentes, siendo el momento de “Time Bomb”, la canción que abría su primer disco, con ese sonido cañero de la guitarra y que sonó de manera muy intensa, para despedirse con su versión del “Bomber”, de los Motörhead, para la que el manager de los GBH, se colgó el bajo de Ross y así interpretar ese conocido tema, poniendo el punto final a una colección de clásicos inmortales dentro de la música punk de todos los tiempos.
Gran velada nos ofrecieron ambas bandas. Ambas gozaron, también, de un buen sonido, aunque el ambiente distó un tanto de aquel más underground de su primera visita. GBH, dejaron patente que aún tienen cuerda para rato y que son una institución en el género y les agradecemos que hubiesen decidido repetir visita. Por muchas más así. Un saludo a todos y hasta la siguiente.
Con casi tres décadas de trayectoria a sus espaldas los thrashers uruguayos Reytoro recalarán en la ovetense Lata de Zinc el miércoles 26 de junio inmersos en su primera gira por España. La cita asturiana contará con Brutalfly como banda invitada. Con apertura de puertas a las 20 horas , la entrada en taquilla tiene un coste de 10€.
Considerados por crítica y público como uno de los máximos exponentes del metal en su país, desde el próximo 11 de junio compartirán tour por nuestros escenarios, paradas en Madrid, Zaragoza, Barcelona, Valencia, Murcia, Málaga, Sevilla, Valladolid y Vigo, con los argentinos Lörihen en una gira denominada «Metal del Plata España Tour 2026«.
Al termino del tour la formación se presentará en solitario en Galicia y Asturias a través de conciertos en Oviedo, Lugo, Ferrol, Sargadelos y Ortigueira para continuar con la defensa en vivo de nuevo material que formará parte de su próximo disco de estudio «Guerra Por EL Agua«.
Pocas citas van quedando ya en salas pero el fin de gira de Argion llevaba tiempo marcado a fuego en nuestras agendas. A los chicos, que acudieron en compañía de los vallisoletanos Xeria, los recibió una calurosa y abarrotada Sala Gong, recinto que empieza a quedarse pequeño para una banda como esta. Algo estarán haciendo bien.
Algunos minutos antes de la hora prefijada, no había un segundo que perder, un baño de luces led recibe al cuarteto vallisoletano Xeria. Metal sinfónico, cierto que sobre mucha pista pregrabada, pero que supo conectar con la gente en primeras filas. “Una Lágrima Más”, de hecho, deja un buen aporte solista por parte de Carlos Z. Es él quien traza el buen riff en que se apoya “Mi Reina”, al tiempo que Marina Sweet sacó algo más de garra en el epílogo.
Ya digo que implementaron una buena tanda de pistas pregrabadas, pero diría que, en líneas generales su sonido tendió a bueno. No costaba distinguir cada elemento y entendíamos perfectamente a Marina mientras cantaba. Tras asegurar que tenían ganas de volver, ya les vimos aquí mismo acompañando a Celtian en enero del pasado año (crónica), al tiempo que aprovecharon a mandar un agradecimiento a Argion por pensar en ellos para tan especial cita. Lo que me gustó fue el mayor brío que desplegaron en “Edén”, uno de esos temas que se magnificó en su traslación al directo.
Con un último disco de 2024, “Fuego” (reseña), esta es una banda que ya mira al futuro. “Arena Entre Los Dedos”, que confronta su cara más leve con buenos detalles en lo técnico, culmina en otro buen solo de Carlos Z. Era estreno, aseguró Marina Sweet, y lo cierto es que les funcionó. Ella supo recoger esa conexión con el público (de todas las edades, pero con mucha cara joven) y usarlo para aupar una buena interpretación de “Fuego”, llevada por el calor del público, y donde confrontan su cara más heavy con la más melódica. El tipo de metal que hacen puede gustar más o menos, incluso el modo de llevarlo al directo, pero saben muy bien cómo jugar con los contrastes, cómo construir canciones que enganchan al público. Y la del sábado fue una descarga que habló bien en este sentido.
Y es que “por muy oscura que sea la vida”, afirma Marina, “La luna siempre brilla”. Pudo ser este el estribillo que mejor les funcionó de todo el set. Ella, sentada en uno de los podios al final, quiso ser partícipe de ese calor. “Que a la música no se le puede poner ninguna mordaza”, exclamó. Y tenía razón. Es una banda de mensajes siempre positivistas, como lo es la letra de “Contra Las Estrellas”, donde quien brilla es un seguro César Manjarrés tras baterías. “Tienes Miedo” echaría finalmente el cierre, con una Marina Sweet de lo más convincente al micro y Carlos Z soleando a puro tapping. Agradaron a un público muy por la labor…
… y que recibe de muy buena gana a los chicos de Argion. El quinteto, ya con Richard de la Uz plenamente integrado dentro de su disciplina, despedía su actual tour con la seguridad que da todo el camino recorrido por Pablo Suárez y compañía desde aquella tarde de 2024 (crónica). Diversos estandartes adornan los pies de micro. Un gran telón adorna el fondo. Y tres podios dominan la parte frontal del escenario. En cada uno de ellos, una palabra: Sois Nuestro Pilar. El arranque de set no podría resumir mejor al tipo de banda que son: power metal muy trotón, con Miguel Pérez volando tras los parches y Pablo ayudando en coros primero, doblando solos con Sergio Bernardo después. “Un Largo Viaje” muestra de entrada unas melodías llenas de gancho. Estaban sonando redondos, ya en estos primeros envites, y la sala supo responder a esa entrega, algo que ejemplifica el grito final que acomete Richard de la Uz. “En Argion contamos historias”, aseguró el vocalista, “como esta de la ciudad eterna”. Aquí alternan su habitual power histórico con dejes más pesados. Un reino de contrastes en el que se hacen fuertes. Un público entregado, Richard brillando en voces y Miguel dejándose la piel al final. El rodaje de todos estos años se nota. Vaya si se nota.
“El Juicio Final”, con esa intro a lo “Torquemada”, propulsa a los asturianos sobre otro buen estribillo y la seguridad de saber que todo estaba saliendo a favor de obra. Estupendo solo de Sergio aquí, por cierto. La vida son etapas, aseguró Richard. Para abrir una, hay que cerrar otra. “Por eso quiero dedicar esta canción a los animales que siempre están junto a mí”. Corte editado allá por noviembre de 2025 pero que, de parte del público, recibe tratamiento de verdadero clásico. Una de esas que parece haber llegado para quedarse.
Fue aquí que llegó el turno para el primer invitado de la noche. Y es que allá que se subió Manu Roz (“grande en todos los sentidos”) de Baja California para ayudar a recuperar “Melina” de Camilo Sesto y, sin abandonar del todo su cara más heavy, insuflarle una mayor melodía al set. El nervio regresaría, clavicordio mediante, con “La Orden”. Un registro este en el que parecen del todo cómodos y que, además, sirve para exhibir algo más de músculo en lo que a técnica se refiere. Como ese pequeño escorzo del bajista Iván Canedo durante el puente. Con “Anne Bonny” le llegaría el turno a Marina Sweet, quien volvió sobre las tablas para uno de esos temas que siempre caen de pie en los shows de Argion. Buen solo de Pablo al tiempo que Richard ondeaba la bandera de su pie de micro sobre nuestras cabezas. Fue antes de mandarnos al suelo, poner a prueba las articulaciones de los más talludos (culpable, señoría) y plantar unas cuantas sonrisas otros tantos rostros.
Luego Pablo tomaría el micro para dedicarle la siguiente a todos cuantos le ayudaron en sus momentos más difíciles. Su banda, los primeros, y una buena ristra de nombres después. A todos, agradecerles que cuidaran de él y así, egoístamente, poder echar un buen rato con su banda como lo echamos el sábado. La sala respondió vitoreando su nombre. Algo tiene el chaval para haber caído de pie en una escena, la asturiana, tantas veces llevada por celos y envidias de todo pelaje. “Prisionero Del Tiempo” sirve, además, para cambiarle el paso al set y darle un pequeño respiro a la banda. El propio Pablo dibujó un buen solo aquí y el público acompañó a palmas en la parte final. Había que estar en la sala el pasado sábado para ver lo mucho que han crecido de la pandemia para acá. Palabra.
Así las cosas, “Soldado Errante” nos devuelve una banda más clásica y funcional, donde Sergio volvería a hacer de las suyas desde su Ibanez roja. Después Iván tomaría el micro para anunciar una sorpresa. Quienes habían apostado a la venida de Víctor García a la Gong resultaron finalmente ganadores. El público vitoreó a la voz de WarCry mientras él, tablas le sobran, pidió que dichos vítores se dirigieran a los propios Argion. Así, a dos voces, enfrentaron “Águila De Sangre”, a estas alturas uno de los cortes definitivos de los asturianos. Para cuando llevamos una hora exacta de set y atacan con “Mi Héroe”, Richard está aguantando más que bien el tipo.
Pero ellos no podían irse sin que fuéramos nosotros quienes cantáramos. Ni sin que oyéramos el violín de otro de los invitados, Txus Borao de Celtian, que acompañó a los chicos en “Sobre El Mar”, quizá una de sus canciones más indiosincráticas. El cierre, no podía ser de otra forma, fue para “Fuerza y Honor”, con Richard de la Uz llevado en volandas, literalmente hablando, por buena parte de la sala Gong, Broche definitorio a la buena noche de metal que nuestras retinas acababan de registrar. Son Argion. Y cuentan historias.
Lo cierto es que se dio bastante bien. Xeria cumplieron perfectamente su papel y Argion dejaron muestras de lo mucho que han crecido en los últimos tiempos. El futuro, a tenor del ambiente que se respiraba el sábado, parece muy dulce para ellos. Que tengan seguros, vallisoletanos y asturianos, que en la medida en que las circunstancias nos lo permitan, estaremos ahí para dar fe de sus andanzas.
Por nuestra parte nada más. Mandar un saludo a sala y bandas por las facilidades dispuestas en favor de esta crónica y otro tanto a los habituales de siempre. Nos vemos en el jueves en Zamora.
Nueva visita de la banda de celtic punk The Rumjacks a la península, presentando los temas de su último trabajo discográfico «Dead Anthems«, con parada en la ovetense sala Gong que, pese a estar en las lindes de los estilos musicales cubiertos por esta casa, no nos quisimos perder.
Formados en Sídney (Australia), en 2008, The Rumjacks se han consolidado como una formación puramente internacional en la que militan músicos australianos, italianos o estadounidenses. Sus enérgicos directos, caracterizados por fusionar ska, punk y folk con música tradicional irlandesa, folclore australiano e himnos de taberna, los han llevado a recorrer Europa con frecuencia. De hecho, apenas ha transcurrido un año desde su última visita en este mismo escenario, y ya han pasado casi diez años desde que pisaron por primera vez la capital del Principado, actuando en aquella ocasión en La Lata De Zinc.
Con algo de retraso sobre la hora prevista, a las 21:15 horas suena la intro mientras la banda asaltaba las tablas. Ante un imponente telón de fondo con el logotipo del grupo, tomaron posiciones: Mike Rivkees (voz, tin whistle, guitarra acústica), Gabriel Whitborne (guitarra, coros), Pietro Della Sala (batería), Adam Kenny (mandolina, bouzouki, banjo, coros), Johnny McKelvey (bajo, coros) y Kyle Goyette (acordeón, coros), respaldados por su propio técnico de sonido desde el lateral. Mi primera inquietud fue cómo lograrían desplegar semejante arsenal humano e instrumental en el reducido espacio de la sala Gong. Sin embargo, cualquier duda se disipó tras los primeros acordes: el sexteto funcionó como una maquinaria perfectamente engrasada, donde cada músico defendía su espacio y permutaba posiciones con dinamismo.
El arranque fue demoledor con “Come Hell Or High Water”, guiada por un riff veloz y un ritmo casi marcial dictado por la batería de Pietro. Acto seguido enlazaron con “Kirkintilloch”, cuyo estribillo comenzó a calentar las gargantas del respetable; ambas cartas de presentación de su nuevo disco. Tras estos primeros envites quedó claro que, al margen del calor ambiental, la velada exigiría sudor: los primeros y tímidos pogos no tardaron en estallar en el centro de la pista. Al frente, Mike Rivkees derrochaba actitud y magnetismo, alternando su labor vocal con el uso de diversos instrumentos de viento de forma ágil y contundente.
Antes de dar paso a la ya clásica “A Fistful O’ Roses”, Johnny McKelvey espoleó a la concurrencia: «Es sábado por la noche y estamos en una jodida fiesta; ¡quiero veros bailar y correr!». La sugerencia se acató como una orden. La intensidad de los bailes se multiplicó de inmediato y la locura colectiva continuó con “Smash Them Bottles”, corte donde el banjo de Adam Kenny asumió el protagonismo con un ritmo frenético que invitaba al descontrol.
La exaltación era aún más palpable en las primeras filas, con algún espontáneo queriendo abrazar a los músicos e incluso ofreciéndole de fumar a Adam Kenny, quien, con algo de reparo en un primer momento pero agradeciéndolo más tarde, aceptó. Mientras, los pogos y los bailes eran constantes en el centro de la pista. El sonido quiso jugarles alguna mala pasada y, en numerosas ocasiones, sufrían microcortes que silenciaban las PA; aun así, gozaron de una más que notable calidad.
Continuaron con “Bullhead”, “Through These Iron Sights” y “Sainted Millions”, tres piezas clave de «Hestia» (2021), del que darían un buen repaso: hasta ocho temas interpretarían del mencionado disco. Estas composiciones más antiguas competían en igualdad de intensidad con novedades como “Father’s Fight”, momento en el que Mike exigió un «jodido circle pit» que convirtió la pista en un torbellino
Rivkees gobernaba el escenario combinando con destreza vocal e instrumentación, saltando de las flautas a la guitarra acústica en transiciones impecables, secundado por las cuerdas tradicionales de Adam Kenny. Las canciones de taberna se sucedían sin tregua, provocando que el público coreara cada estrofa. El clímax llegó con el que probablemente sea su himno más célebre: “An Irish Pub Song”. El adictivo riff de flauta irlandesa desató los bailes y pogos aún más salvajes.
Sin levantar el pie del acelerador, mantuvieron el ritmo endiablado con otra de sus composiciones recientes, “Lizzie Borden”, una pieza de corte narrativo sobre una joven que asesina a su familia con un hacha. Aquí, el banjo y la mandolina sostienen el peso melódico, dotando al tema de una atmósfera de balada criminal acelerada.
La tregua llegó de la mano de “Rhythm Of Her Name”, el pasaje más templado del setlist. Rivkees aparcó las flautas para empuñar la guitarra acústica y regalarnos una interpretación sumamente emotiva, impulsada de fondo por el latido incesante de la batería de Pietro. Esa línea melancólica pero vigorosa continuó con “An Irish Goodbye On St Valentine’s Day”, un corte que, a pesar de relatar un desamor, mantiene las pulsaciones altas gracias a su vibrante barniz de fiesta folk. En este ecosistema, el acordeón de Kyle Goyette es un pilar fundamental: engalana las canciones con elegancia y refuerza el genuino aroma tabernero.
Johnny volvió a tomar la palabra para evocar aquella primera visita a Oviedo en una pequeña sala a la vuelta de la esquina. Aseguró que la razón por la que siempre regresan es la notable respuesta de su público y agradeció la fidelidad mostrada a lo largo de esta década. Acto seguido, la banda encaró un vibrante medley que arrancó con “Uncle Tommy”, encadenando sin pausa hasta cuatro temas donde las armonías vocales se convirtieron en las absolutas protagonistas.
El tiempo volaba a una velocidad de vértigo. La recta final se divisaba en el horizonte cuando el vocalista presentó a los miembros de la banda y arrancaron los primeros compases de “Across The Water”, impregnada del inconfundible aire marinero que aporta el acordeón. En ese instante, un asistente no quiso dejar pasar la oportunidad de coronar la noche: se subió al escenario para abrazar uno a uno a los músicos y se lanzó de espaldas al público para marcarse un épico crowd surfing por toda la platea.
Mike seguía reclamando circle pits y la audiencia respondió con creces: corriendo, chocando y bailando sin tregua. La descarga continuó con la combativa e imprescindible “Hestia”, donde la mandolina volvió a reclamar su sitio en primera línea. A esas alturas el sudor empapaba el recinto e inundaba las tablas del escenario, provocando algún amago de resbalón que obligó al técnico de sonido a abandonar la mesa unos segundos para secar el suelo.
Johnny preguntó si teníamos ganas de más, consiguiendo una clamorosa respuesta antes de enfilar la muy celebrada “Light In My Shadow”. El público parecía no querer quedarse con una gota de sudor en su cuerpo y los acompañó con pogos cada vez más intensos jaleándolos, cuando se retiraron del escenario, pidiendo más.
The Rumjacks no se hicieron de rogar. Tras un breve respiro, regresaron a las tablas para interpretar “Goodnight & Make Mends” una pieza de tinte nostálgico con sabor a despedida. Fue entonces cuando aconteció uno de esos imprevistos que engrandecen el directo: Gabriel rompió una cuerda de su guitarra. Lejos de detenerse, continuó la ejecución con cinco cuerdas para enlazar con la festiva y tradicional “I’ll Tell Me Ma!”, coreada a pleno pulmón, que sirvió de broche de oro a una actuación breve —poco más de una hora— pero intensa y llena de energía. Se despidieron invitándonos a pasar por el puesto de merch, donde dieron muestras de su cercanía y cariño al público astur.
En definitiva, una gran noche de fiesta en la que perfectamente te sentías transportado a esas tabernas irlandesas donde las pintas de Guinness corren a raudales y la música invita al baile y la celebración. Solo queda agradecer a la promotora HFMN Crew y a la sala Gong por las facilidades brindadas, además de enviar un saludo especial a mis acompañantes que nunca fallan. Que nunca nos falten noches como esta. Nos vemos en la siguiente; hasta entonces, salud y rock and roll.
Buena triada extrema la que Northern Blaze Prods propuso para la noche del viernes con los gallegos Balmog, los catalanes Jade y los asturianos Nazgash. Con epicentro en la siempre acogedora Lata De Zinc, público y elementos parecieron ponerse de acuerdo por una vez. Buena entrada la que registró la sala ovetense, a lo que quizá ayudara una jornada algo desapacible. O simplemente el metal extremo sigue gozando de buena salud la capital de la vieja Asturias. Quién sabe.
El caso es que los renovados Nazgash no perdieron oportunidad de mostrar su black metal de corte clásico. Una formación que parece haber crecido una barbaridad desde nuestro primer encuentro con ellos, y que en esta actual alineación como cuarteto, supo poner a prueba los cimientos de la sala. Aún no he tenido oportunidad de escuchar su nuevo disco «Eternal Cycle Of Death«, la actualidad nos atropella y os aseguro que cuesta seguir el ritmo, pero de entrada me sorprende el arranque a medio gas que proponen. Más que irrumpir de forma violenta ante nosotros, se puede decir que fueron poco a poco haciéndonos partícipes de su intenso black metal.
Ataque a dos voces, mucho corpse paint y dos guitarras plenamente engrasadas. Es cuando engranan una mayor velocidad que aciertan a sonar más clásicos, sin por ello dejar de sonar cohesivos. La banda, o tal parecía, se arrimó a la Lata con los deberes bien hechos. Tras la intro de corte pagano “Funeral March Of Empires”, “Twilight Of Tyrants” acierta a hilvanar dejes más melódicos. La banda tiene discurso suficiente con el que construir buenos temas. Y sabe llevarlos al directo con solvencia. “Where Black Flames Rise”, tras su curiosa intro, deja riffs verdaderamente rompecuellos.
Por momentos acertaron incluso a buscar una cierta épica, nada pagada de sí misma, y que por algún motivo me recordaba a aquellos Windir de discos como “Arntor” o “1184”. Para el cierre quedan una cierta búsqueda de un black más atmosférico y, ya con una sola guitarra, esa outro cerril y furibunda. Me agradaron.
Jade venían presentando su largo de 2025 “Mysteries Of A Flowery Dream” y se dejaron la piel en el empeño. Lo que me agradó fue ese inicio acompasado, algo alucinado incluso, calma antes de la tempestad que desatarían después. Dos paneles flanquean la batería de Lord Bud. También son dos los micrófonos que tiene ante sí el bajista Joan Fr y dos son los guitarras a cada lado del escenario. Todo sea por la simetría.
“Buenas noches, Oviedo”, exclama Joan. “Somos Jade” y procede a descerrajar una “Light’s Blood” en la que nervio y atmósfera juegan a encontrarse, al tiempo que los solos de guitarra se reconocen alucinados, algo a contrapié de esos ritmos tan vivos, generando unos contrapuntos de lo más llamativos. Contraste este que se repetiría no pocas veces a lo largo del set. Al cierre hubo agradecimientos para la buena gente de Northern Blaze Prods. Era su primera vez en la región y no iban a perder la oportunidad de agradar. “Shores Of Otherness” añade una pizca más de melodía. Y lo hace sin sacrificar nada de nervio e intensidad. Bailaba Joan Fr entre registros mientras la banda acometía cada riff, cada pasaje, cada cambio de ritmo con total solvencia. A ratos más disonantes, al otro más melódicos pero siempre sin perder el foco. Fantásticos.
Con un nombre como el de Albert Martí involucrado en el proyecto, raro era que, más tarde o más temprano, no sobrevolase el nombre de Vidres a la Sang. Y tuvo que ser “Cascade” la que de pronto me recordase a la banda egarense. Percutía sin cesar Lord Bud tras baterías a tiempo que impulsaba otra de esas creaciones intrincadas, musculosas, oscuras… El sonido era impecable. Algo que denota cómo la batería era capaz de taladrar el pecho sin llevarse por delante al resto de elementos. Fue a lomos de ese gran sonido que Joan Fr anunció que volvían al debut para rescatar “una de las más rápidas”, que resultó ser no otra que “Ghastly Eyes”.
Hubo “compatriotas” que se acercaron hasta la Lata para verles. Puede que no fueran la banda más activa sobre las tablas. Tampoco el (remozado) escenario de la sala da para grandes alegrías. Pero era tal la precisión y el nervio con el que hilvanaban sus intrincadas composiciones que poco importó. Un death metal de fortísimo poso atmosférico que se amplificó aún más (si cabe) en el tramo final. Ese que acoge “Darkness In Movement”, donde a veces merodea una calma de lo más tensa, y la final “A Flowery Dream” con ese poso tan marcial y sus solos casi omnipresentes. Su primera visita a esta tierra, con la buena gente de Totengott sin perder ripio en primera fila (ambas bandas han girado juntas en el pasado) no pudo resultar más propicia. Esperemos que no sea la última.
Entonces Balmog desatarían la mayor de las oscuridades en la Lata. La formación gallega, que llegaba como trío a tierras ovetenses, vino a mostrarse todo lo sólida e hiriente que cabía esperar. Casi harapientos, rostros oscurecidos y una forma de entender el black metal que los sitúa como una de las banda de referencia dentro de nuestras fronteras.
Como no queriendo ser menos que sus compañeros de cartel (¿se pusieron todos de acuerdo?), el arranque del set no puede ser más acompasado ni alucinado. Todo oscuridad, humo y ruido después, resulta llamativa la escandalera que montan para tratarse de solo tres piezas sobre el escenario. Batería, bajo, guitarra y los distintos pedales de distorsión a los pies de Balc. Precisamente haciendo uso de ellos fue que se iría permeando en su sonido esa cara más psicodélica, imbricada en su metal negro y a ratos asfixiante. La banda venía presentando “Laio”, disco particularísimo donde los haya, y la gente se entregó, con cierta moderación eso sí, a su lacerante ritual.
Balc estuvo ágil a la hora de bailar entre registros. Su voz reverberó por toda la Lata con fuerza, penetrando cada poro, hiriendo cada tímpano, acertando a sonar agónico, por momentos casi desesperado, al tiempo que trazaba riffs y solos desde su desgastada SG. El sonido fue sucio pero acorde a la propia idiosincrasia de la banda. La sala, si bien nos lo puso difícil en el apartado fotográfico, ha crecido una barbaridad en este sentido. El trabajo duro y (sobre todo) continuado acaba por dar sus frutos.
Atrás, Virus acometía cada cambio de ritmo con solvencia. Batería de toda la vida de los gallegos, propulsó a los suyos al tiempo que se peleó con un kit no muy por la labor. Disonancias frente a puros blast beats. Voces agónicas y una banda que parece entender a la perfección su papel dentro de nuestra escena extrema. No sé si “la mejor banda de black de España”, como me dijo cierto amiguete durante los últimos compases, pero una de las más relevantes sin ningún género de dudas. Que nos dure.
Creo estar repitiéndome cuando afirmo que el underground sigue gozando de aparente buena salud en la capital ovetense. El viernes, con una entrada más que digna, quedó claro una vez más. Y ya son unas cuantas desde que cubro eventos para esta casa. Nos alegramos por la buena gente de Northern Blaze Prods, a quienes tenemos que agradecer las facilidades que pusieron cara a la realización de esta crónica. Del mismo modo, tampoco quiero cerrar sin mandar un saludo a los habituales de siempre. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
Argion desvela la portada de su próxima obra de estudio y fecha de lanzamiento. El que será su tercer trabajo, primero con Richard De La Uz a la voz, llevará por título «VLTREIA» y cuenta con diseño obra de su habitual colaborador Joel Marco.
Tras «Mi Héroe» y «Junto A Mi» el tercer adelanto llegará el próximo 2 de junio bajo el título «Renacer Del Héroe» que contará con la colaboracíon de Isra Ramos. Mientras tanto el último concierto de la gira «Sois Nuestro Pilar» que tendrá lugar el próximo sábado 6 de junio en el ovetense Gong Galaxy Club y en el que acompañados por la formación melódica pucelana Xeria sigue sumando invitados. Los últimos nombres en sumarse a la lista son Manu Roz (Baja California) y Txus Borao (Celtian).
En esta casa no sabemos qué es el descanso dominical. Redacción de una crónicas, procesado de fotos, actualización de agendas… siempre hay alguna tarea pendiente. Por eso la posibilidad de alterar esa rutina y dar cumplida cuenta de la venida de Jelusick a nuestros escenarios, cayó de pie en las filas de Heavy Metal Brigade. No estaba sola la formación de origen croata. A modo de escuderos, los zamoranos Klanghör y los madrileños Nurcry pasearían sus directos por una abarrotada Gong Galaxy Club.
Como suele ocurrir en estos casos, estábamos un poco a la expectativa con los chicos de Klanghör. Su metal bebe de muchas fuentes, lo que en principio pudo despistar a más de uno, pero ya de entrada se aprecia el buen nivel técnico que poseen. El cuarteto, con el Death&LegacyManu en guitarra y voz, hizo por tratar de meterse a la gente en el bolsillo. La que se animó a entrar, que este sigue siendo uno de los males de este negocio, pero este es tema para otro día.
Lo que toca hoy es contar que entre temas como “Cárcel de Mente” o “Tentación” fueron dejando claro que no se conforman con una única manera de entender esta música. Un heavy metal que a ratos busca la inspiración en los terrenos del progresivo, y que si bien no gozó del sonido más redondo de la noche, a veces costaba oír las voces del mencionado Manu, creo que les funcionó a los zamoranos. La banda tiene un par de Ep’s: “Ante” de 2010 y “Nunc” de 2013. Aún así deslizaron algún tema nuevo (“Terra Romanorum”) que, en caliente, me recordó a mis paisanos de Argion. En “Curia Regia” dejaron, además de las debidas presentaciones, su cara más trotona como banda. Aquella que pareció conectar en mayor medida con quienes se animaron a verles. Como digo no fue mucho el tiempo del que dispusieron. Esperamos verles pronto en mejores circunstancias.
Para cuando los chicos de Nurcry toman la sala, telón de fondo con su nombre y el KlanghörManu haciendo doblete, hay cierto runrún en la sala. En lo que yo me preguntaba cómo una formación tan amplia se haría al escenario de la Gong. Dos voces, tres guitarras, bajo, batería… de entrada el sonido me parece que es óptimo pese al largo número de elementos presentes. “Perros del Infierno”, amén de ese metal trotón, clásico de entrada, deja una buena sección solista. La banda parecía no tener un segundo que perder. Kike Fuentes al micro comandó a los suyos, apoyado en buena medida por Eva García (Dulce Harleey Rock Band) desde un extremo del escenario. “La Enfermedad” entrega una cara más melódica de los madrileños. Kike Fuentes se desvivió por integrar al público, mientras que entre un siempre expresivo Juanjo Alcaraz (Lethargus) y el propio Manu trazaron un buen duelo solista.
El mismo Fuentes nos recordó que el de Oviedo era el fin de gira para ellos. Y la banda, detalles de Alcaraz mediante, regresó a esa cara más veloz, aguerrida incluso, con el también voz de Dramah o Epicurea aparentemente cómodo en este registro más vivo. Y me gustó cómo engranaron su cara más melódica con un cierto colmillo en “Enseñame a Sentir”, corte del primero del par de álbumes que la banda ha editado en el presente año. Les funcionó, a juzgar por cómo el público sumó palmas aquí. Después hubo tiempo para las debidas presentaciones, numerosas, en el caso que nos ocupa, y que desembocan en una “Nuclear Goodbye” que, de nuevo en un heavy metal muy vibrante, deja un buen manejo de Jasón Mark Simmons tras baterías.
Que si éramos un “público de gritar o no”, preguntó Fuentes. Que a juzgar por la reacción de los presentes, aunque fuera a la segunda intentona, se podría decir que sí. Ellos engranaron una versión más hard de su sonido, rota por el tono rasgado de Eva García tras el primer estribillo. Se notaba a una banda muy activa sobre las tablas y el que fuera voz de Nocturnia sobrellevó más bien que mal las altas temperaturas del domingo. Para el cierre fueron quedando “El Muro”, con ese inconfundible aroma al hard / heavy de los 80, y Fuentes ayudando a Mark Simmons, o “Cuestión de Rock n’ Roll”. Sin dioses ni fe, claro que sí. Se despidieron con “Latidos” dejando, diría, una más que grata impresión.
Llegaba el turno de Jelusick, la banda del vocalista croata Dino Jelusick, integrante de la verdadera aristocracia vocal de este negocio, y un privilegio, veremos si es que se repite en el futuro, el de poder gozar de su presencia a la vuelta de la esquina. En esta andadura le acompañan Ivan Keller en guitarras, Luka Brodaric al bajo y Nick Nikolaev en baterías. Una formación más que bien engrasada, quinta fecha del tour ibérico, y que dejó al público ovetense más que satisfecho ¿no? Pues veamos.
Buena entrada en la Gong. A la tarde se barruntaba la cifra de 150 entradas anticipadas. Lo cual, tratándose de un domingo, me parece bastante respetable. Todo arranca, fíjate qué curioso, con la intro de “What The Hell Is Goin’ On”, de su “Apolitical Ecstasy” de 2025. Tras ella una concisa cuenta atrás y, finalmente, la potente “Jaws of Life” para que, ya de entrada, el cuarteto se arrimase al borde del heavy metal más vibrante. Ivan Keller, amén de riffs con no poco gancho, sirvió un buen solo aquí, al que seguiría el propio Dino Jelusick con sus dedos sobre el teclado. La banda se presentó en Oviedo con una puesta en escena de lo más orgánica, con el teclado de cara a la pared en el lateral derecho del escenario. El público, huelga decirlo, conectó al instante con la banda. Y ellos nos entregaron “Power to the People” en la que sería una de las máximas del set: la alternancia entre cortes más vivarachos y otros más rocosos y groovies como éste. Y un Dino Jelusick cantando como si no llevase cinco noches, una tras otra, cantando a un nivel sobrehumano, inconcebible para el común de los mortales. Risueño a pesar de sufrir los rigores del calor, no serían pocas las veces que le veríamos echarse agua por encima. Creedme, no era para menos.
Mientras que el frontman de Požega jugaba tanto con el micrófono como con su voz, la conexión para con sus compañeros parecía total. Era, efectivamente y como nos dijo, su primera vez aquí. No sería la última, anunció. Ojalá el tiempo le dé la razón. “Healer” extrajo los mejores coros del público ovetense. Estábamos disfrutando, se podría decir. Tras este corte llegaría un solo por parte de Ivan Keller. Primero con el pie al wah, luego y desde el centro del escenario a puro tapping y finalmente en una encarnación algo más terrenal. Con “Died” sentí que el espíritu de David Coverdale, sudoroso y sensual, se colaba por los poros del vocalista croata. Su registro, tan elegante, pero es que incluso alguna que otra de las poses resultaban harto reconocibles. El chico no esconde sus influencias y hace bien. Keller volvió a poner pie sobre el pedal del wah para el solo y, en general, me pareció estar viendo a una banda en plena forma. Inasequible al desgaste.
Por aquello del calor, ironizó el ex Whitesnake con que si podrían abrir la puerta, que ya en Burgos lo pasó tirando a mal. Se arrimó luego al teclado para ir “full Stevie Wonder” e interpretar desde allí “Follow The Blind Man”. Baladón éste de los de toda la vida. Desde luego Dino no falló aquí ni tampoco Ivan Keller con otro de los solos de la noche. “Hangman” funciona como vuelta de tuerca a su faceta más rugosa. Si hasta se soltó de nuevo una melena que se había atado para el corte previo. Cantando, efectivamente, “higher and higher” como rezaba la letra. Le llegó entonces el turno de brillar en solitario a Luka Brodaric. Muy formal al comienzo, a puro slap después y finalmente con Nikolaev acercándole uno de los ventiladores. “Groove Central”, desde luego, hace honor a su nombre. Ellos dejan otra estupenda sección solista y ese horno que es ya la sala, arde en gozo con Jelusick. Sufriendo y gozando que decía aquél. Aquí Dino replicaría a Kike Fuentes, asistiendo a Nikolaev baqueta en mano.
Un Nikolaev que también dispondría de solo correspondiente ante el público astur. Disfrutón en lo técnico, también en lo estético, y que, cosa no siempre sencilla, acertó a conectar con la gente. Un solo como una moto. Con eso y con todo, cierto es que se me hizo un poco largo de más. Y es que el reloj siempre es quien termina por imponer su ley. Así las cosas, Dino volvió a tiempo para ironizar sobre lo pequeño del backstage. Bromas al margen y bien aprovechado el descanso, pues en “What I Want” nos entregan la que es su cara más potente. Más vibrante. Keller y el propio Jelusick doblaron solos desde guitarra y teclas respectivamente, derrochando técnica y clase en comandita.
El tramo final acoge el medio tiempo “The Great Divide”, con Dino aguantando con su voz impoluta todo el esfuerzo acumulado (el del domingo más el acumulado de las citas previas) y una “Fly High Again” que dibuja uno de los riffs con más gancho de todo el set. Entremedias las obligadas presentaciones y para el cierre un groove muy marcado al que nos arrojamos sin medida. Dino vino, sudó y venció. De seguir por esta línea brillante futuro el que aguarda al de Požega, si es que aún queda algo de justicia en este negocio.
El sudor perlaba nuestras frentes y las sonrisas marcaban nuestros rostros al encenderse las luces y hacer (apresurado) balance de la jornada dominical. Fue un gusto encontrarse la sala tan repleta en un día de la semana siempre tan complicado. Lo dije antes: no todos los días tiene uno la ocasión de ver, a escasos minutos de casa, a una banda de este calibre. Fue su primera vez aquí. Que con un poco de suerte tampoco sea la última.
Por nuestra parte nada más. Mandar un saludo a las buenas gentes de Klanghör, Nurcry y Jelusick, abrazos para los habituales que nunca fallan, un agradecimiento por todas las facilidades dispuestas en favor de esta crónica y ya saben: nos vemos en el siguiente.