Nueva cita en la Lata de Zinc de la capital asturiana en un fin de semana repleto otra vez de una cargadísima oferta musical. Esta vez la cita sería con el metal industrial de Killus, banda referente del género dentro del panorama estatal, que viene celebrando sus 25 años al pie del cañón y presentando su fantástico «Grøtesk» de la que dimos en su momento buena cuenta por estos lares (reseña).
A esta cita no acudían solos, les acompañaba la banda barcelonesa Astray Valley, que le tocó vivir el lado ingrato de que se solapen dos eventos el mismo día y hora en menos de cien metros de distancia. Una hora más tarde de lo anunciado saltaron al escenario ante poco más de 10 personas, con la peculiaridad de encontrarse Sonia Anubis, líder y guitarrista de Cobra Spell, cámara en mano inmortalizando a los catalanes. Eso no fue óbice para demostrar su buen hacer presentando temas de su último trabajo «Midnight Sun«, publicado a finales de 2023.
Iniciaron con «Darkest Times» dejando ya claro que lo suyo es un metal moderno con matices, apoyado por la versatilidad de su vocalista Clau Violette, que entremezcla potentes guturales con partes más melódicas sumado a una enérgica actitud que hace que por momentos el escenario de la Lata se le quede pequeño. Y es que los de Barcelona se muestran como un grupo muy compacto y con mucha calidad, a pesar de las circunstancias y de que para esta ocasión vinieron sin bajista.
Nos ofrecieron su lado más metalcore con cortes como «Northlights» y «Hollow» de su primer disco «Unneth«, por lo que no es extraño que este próximo verano estén presentes en festivales como el Resu o Rock Imperium. Nota aparte, también estarán presentes en el lavianés Karma Fest, donde esperamos tengan una audiencia mayor que en esta jornada y los que ya los hemos conocido volver a disfrutar de cortes como «Pray For The Devil» y de la gran dupla de guitarras a cargo de Joan Vena y Adriá Funerailles intercambiando solos con grandes armonías. Todo ello escoltado por Unai Splinters tras una contundente batería dieron los pertinentes agradecimientos para despedirse con «Negra Noche«, tema con letra en inglés y castellano dejando muy buenas sensaciones de banda de futuro.
Pasados unos minutos de las once turno para Killus, telón de fondo, un imponente set de batería de Anhell Stixx y sus atrezos habituales para iniciar su descarga con la misma trilogía con la que comienza su último gran trabajo, «Grøtesk». Intro, la homónima, «Man-Made Tragedy» y «H.E.L.L.» custodiados por un gran sonido y una buena puesta en escena. Derrochando energía y actitud provocadora e incluso por momentos irreverente por parte de Premutoxx al bajo, llegando a perder los papeles con quien menos culpa tiene, el pie de micro. En este momento el ambiente estuvo bastante mejor, al menos en número, fueron pocos los que decidieron sumarse tras terminar el bolo paralelo.
Situaciones así no son fáciles de sobrellevar, pero los de Vila-real hicieron derroche de energía. Ruk y Premutoxx intercambiando posiciones a cada rato e interactuando con el personal presente fueron repasando sus 25 años de carrera, con temas como «Nemesis«, «Ascending Deeds» o «El Pendulo«, de los pocos temas cantados en castellano por un brillante Javi Saggitar en la tarea vocal, sobresaliente.
Hubo momento para bajar un poco las revoluciones con uno de sus hits, «Paralyzed» y encarar la recta final de su poderosa y corta actuación, culminada con su cover de ABBA, «Gimme! Gimme! Gimme!» sin olvidarse antes de agradecer a los presentes, a los que hicieron posible que aquello no fuera un solar, Susana Crespo, algo tuvo que ver en ello. A su ingeniero de sonido, un 10 para él, y a los responsables de la Lata de Zinc por permitir que empezara más tarde el concierto.
No fue una noche fácil, sinsabores del negocio como dirían algunos, pero lo que quedó claro que vimos unos Astray Valley con un gran futuro y unos Killus consagrados con uno de los mejores directos de la escena estatal. Solo espero volver a verlos pronto y en mejores condiciones. Dar mi agradecimiento a Clau Violette y Javi Saggitar por su amabilidad al termino del concierto. Nos vemos en el siguiente.
Expectación máxima, y fíjate que no era el único bolo de la noche, para la presentación de “Venom”, segundo disco (reseña) de los metaleros con base en Puerto de Vega, Aneuma. Acompañados de los también asturianos Where The Waves Are Born, con quienes casualidades de la vida, ya compartieran escenario en la presentación de “Climax” allá por octubre de 2022 (crónica). Con una Gong llena de gente de un amplio rango de edades, cuánto nos gusta que sea así, la jornada vino a darse más o menos como sigue.
Where The Waves Are Born aunque practican un género que, a ratos, me resulta un tanto ajeno, manías que uno trata de cambiar, lo cierto es que son una banda importante dentro del actual circuito asturiano. Por lo cuidado de su propuesta pero, muy especialmente, por cómo ésta ha arraigado entre la gente más joven, arrancándola de las garras del «mass media» con su, por otro lado, llamativa mezcolanza de hardcore, metal y buenas melodías.
Hay un sonido algo embarullado toda vez el sexteto (dos guitarras, dos voces y base rítmica) acomete una “Everchanger” donde lo único que transmiten es una bola indescifrable de golpes y acordes. Por suerte, para ellos y nosotros, todo recondujo a un lugar óptimo de forma ágil y breve. De resultas de ello, quizá, que hubiera mucho más movimiento arriba que abajo del escenario. Luigi López a la voz limpia, Guille Rodríguez con el registro grave, no cejaron en el empeño de meterse a la audiencia en el bolsillo. Una audiencia que encajó de buena gana cortes como la pequeña “Coward”, del Ep de 2023 “Sundered”.
Pero si hay alguien que capta mi atención ese es Victor Barrero, a cargo de buena parte de los solos con que adornan y revisten sus temas. Fino además a la hora de crear buenos riffs y con buen gusto para apoyar la cara más melódica de la nutrida formación astur. Y nos gustó que Luigi López se acordara de quienes votaron por uno de sus temas de cara a la última ceremonia de los Premios AMAS. Era el turno, claro, de “Burden”, una de las mejor recibidas de la jornada, y que inundó de humo al sexteto al tiempo que mostró la cara más abiertamente atmosférica de la banda.
Como debe de su actuación y más allá del barullo del arranque, alguna pausa entre cortes se nos hizo un tanto extensa. Pero en el haber lo bien que funcionan a través de cortes como “Scandinavian” o aquella “Fake Self” de su Ep de 2019 “Engraved”. Fue en este tramo final cuando el propio López no quiso dejar el escenario del Gong Galaxy Club sin mandar sendos agradecimientos a Aneuma, a Isaac Prieto, el mago tras los controles sonoros de nuestra querida sala asturiana y ya por último al otro Guille, Menéndez, batería de la formación que acudió a la cita aquejado de una fuerte fiebre.
Quedaban “dos para el final, son cañeras, queremos ver movimiento” avisó Rodríguez, y la gente terminó por conectar con ellos. Lo dicho, puede que su propuesta resulte hasta cierto punto algo perpendicular a mis propios gustos, pero el sábado desde luego trabajaron y convencieron.
Eran justo las diez cuando llegó el turno de comprobar qué tal suenan los nuevos temas de Aneuma sobre las tablas de un escenario. La banda, mucho ha llovido desde aquél “Climax” de hace un par de años, se ha hartado de recoger premios, aquí y fuera, creciendo de manera exponencial en el proceso, y generando una expectación tal que es capaz de poblar una sala como la Gong haciendo como hacen metal extremo, si bien aquí caben ciertos matices.
Termina la introducción y doble bombo mediante, Jorge Rodríguez comanda una “Your Doom” que viene a poner en alerta a todos los presentes. El sonido ya desde los primeros instantes no puede ser más nítido. Tampoco más potente. Y si bien desde uno de los lados del escenario costaba oír con claridad los solos de Borja, el ímpetu de Laura arrastró tras de sí a los presentes. La frontwoman de Aneuma es a día de hoy un animal escénico que se come las tablas con una fuerza y un carisma arrolladores.
Y es que era la noche marcada a fuego en el calendario para darlo todo. Y lo dieron. “Fall Apart” o “Castaway Of Chance” nos recordaron a los mejores momentos del debut. La forma tan hábil en la que hibridan metal clásico con buenos detalles técnicos y el roto registro de Laura convierten la sala en un auténtico hervidero. La mayor pesadez de “Guide Them To The Light” amplifica la pegada del bajo de Pau y de repente todo encaja con la leyenda que muestra su camiseta: “Al Cisneros (OM, Sleep, Shrinebuilder…) is my cult leader”. Pero si hay un corte de nuevo cuño que me agrada en esta primera parte del set ese es “Never Again”, con unos brillantes Abel y Borja a las seis cuerdas.
Se produciría entonces un pequeño impás. La banda, a excepción hecha de su batería Jorge Rodríguez, abandona el escenario y éste lleva adelante un pequeño solo de batería. Y, cabe decirlo, a buena parte de la audiencia le costó entrar en su juego. Para cuando lo hace y ya con el quinteto de vuelta a las tablas, cambio de imagen en Laura mediante, atacan el que fuera adelanto de “Venom” y afrontan la parte central del set. Pequeños circle pit e incluso algo de crowd surfing vinieron a poner de relieve que la gente se lo estaba pasando en grande. Tal es así que Laura no quiso perder la oportunidad y, virtudes del inalámbrico, se dio un buen paseo entre la gente mientras los dos Suárez seguían con su el derroche de clase sobre las tablas.
“Quiero ver a todo el mundo saltando” exige la vocalista como introducción a “Break Out From Hell” aunque es curiosamente “Ashes Of Your Fears” la que pone a saltar a la Gong con su apuesta por el heavy metal de corte más clásico. Conforme ha ido pasando el tiempo otra de mis favoritas de su primer disco. En lo concerniente a “Chain Reaction”, ya cuando escribí la obligatoria reseña comenté que se trataba de uno de los temas con más gancho del tracklist y pienso ahora que su encarnación en vivo vino un poco a darme la razón. Sigo en mis trece de que si ha de haber segundo videoclip del álbum, esta tiene todas las de ganar.
Otra del nuevo álbum que parece haber caído de pie en su traslación al directo es “Circles Of Fire” y el aire más cercano al hard que emana de su riff principal pero que suma a Borja en coros y entrega a Laura en su encarnación más decididamente agria y rotunda. Un contraste que funcionó y de qué forma el pasado sábado. Como viene siendo habitual no perdieron ocasión de introducir un par de versiones en esta parte final. Pero me agradó que, entre ellas, colaran una “Stand Tall” que en este epílogo tiene mucho de autoreivindicación. Obligados agradecimientos mediante, cerrarían con su ya habitual revisión del “Evil Dead” para regocijo de todo fan de Chuck Schuldiner pero fastidio del sufrido kit de batería de Jorge. Como cierre nada más que el deseo de que todos los shows en defensa de “Venom” se den así de bien.
Porque siguen creciendo. Su segundo trabajo, pienso, mejora al primero y sobre las tablas la línea parece ser igualmente ascendente. No cabe otra que alegrarse. Pronósticos de cara al futuro no me gusta hacer pero ahora mismo una banda de lo más disfrutable.
Por nuestra parte nada más que agradecer a la organización del evento por todas las facilidades dispuestas de cara a la realización de esta crónica, mandar un cariñoso saludo a la amplia legión de habituales y el deseo firme de que nos veamos en el siguiente.
La extensa agenda del sábado también cuenta con cita en el Gong Galaxy Club. En esta ocasión por la omnipresente sala ovetense pasarán Teksuo, los alternativos granadinos Inyourface y los catalanes The Bering.
Los asturianos continúan así con la presentación de nuevas composiciones tras su política en los últimos tiempos de lanzamiento de varios sencillos en plataformas digitales al año. Por su parte Inyourface estrenará en Asturias su nuevo EP «Seasons» editado en el inicio del 2024. Con una marcada temática conservacionista y ecologista que se refleja tanto en letras como en música, los andaluces se manejan como pez en el agua por el hardcore, el metal y los sonidos electrónicos. The Bering también llegan con novedades en el zurrón en forma de EP. «What Could Be The Trut?» publicado el pasado año. Entrada anticipada 9€ a través del siguiente enlace: https://www.wegow.com/es/conciertos/teksuo-inyourface-the-bering
Presentado por todo lo alto en Gijón mediado el mes de marzo (crónica), “Electricidad” trae de vuelta a los chicos de Baja California seis años más tarde de aquél “Horizontes” de 2018. Han intervenido en este nuevo trabajo Manu Roz en voces, Javi Monge y Aarón Galindo en guitarras, Javi Hernández “Cete” en bajo, Pablo Viña en baterías y Marco A. Guardado en percusiones. Producido por el propio Viña en conjunción con Dani Sevillano, los nueve cortes que componen este tercer largo de los asturianos fueron grabados a caballo entre Piedramuñiz y el Ovni Estudio para ser posteriormente masterizados por Brad Backwood de Euphonic Masters. Con fotos y diseño de Tigre Limón y Laura Estrada, ha sido editado por El Dromedario Records.
Arranca “Caída Libre” haciendo honores a su propio nombre. Baja California despliegan un hard plagado de buenas maneras y mejores ideas. Las más en lo tocante al fino trabajo de producción, pero también a unas líneas de guitarra repletas de detalles. Por contra, he de admitir que no me conquista el sonido de la caja durante este primer corte. Pero Manu Roz vuelve a descolgarse como un frontman de gran clase. Sin grandes excesos ni mayores alardes, sabiendo mostrarse ágil dentro de la cierta contención con la que afronta las distintas estrofas. Una escritura menos plana de lo esperado y el buen solo de su tronco central rematan un arranque breve, de hecho el más rácano de todo “Electricidad«, pero de lo más eficaz.
“Tiempo Suicida”, por su parte, se mueve en ritmos más pesados y también chulescos. “No hay más vida que enseñarme a morir” declama Roz sobre alguno de mis riffs favoritos de todo el álbum, acompañado con gusto por unos coros cristalinos a la par que potentes. Aquí sale a relucir, claro, la buena producción que portan estas canciones. El empaque que da ahora “Cete” desde las cuatro cuerdas, el deje más alucinado que aportan las voces filtradas de Roz o la inteligente construcción del solo y lo muy juguetón del epílogo terminan por conformar una de las ofertas más redondas de todo el largo.
El tema título “Electricidad” lo hace todo por devolvernos a Baja California en su encarnación más febril en una composición que me recuerda a los Uzzhuaïa más vibrantes. Aquellos de cortes como el poderoso “Desde Septiembre” del eternamente reivindicable “Destino Perdición” de 2008. Aquí, claro, sobresale Viña tras los parches, mientras que las guitarras de Monge y Galindo juegan a encontrarse sobre unos riffs lo suficientemente hábiles como para no palidecer ante la mayor vibración que desprende la banda aquí. Hábiles desde luego a la hora de alimentar a estos Baja en su versión más adrenalítica. Fenomenal sección solista, por cierto.
Así las cosas, “Dueños De La Noche” nos regresa a la banda en una piel mucho más apaciguada que termina por revertir en uno de los cortes con más gancho de todo “Electricidad”. El talk box le da a la línea de guitarra un inequívoco sabor a Richie Sambora y, desde luego, los coros que acompañan al estribillo no podrían recordar más al hard de los ochenta en general y a los mejores Bon Jovi en particular. En el debe lo predecible que resulta a ratos. Single adelanto para lo bueno y también para lo malo.
Sobresale “El Mago” por el exquisito cuidado con el que Monge y Galindo han trazado sus correspondientes líneas de guitarra, por el tratamiento que la producción otorga a la voz de Roz y diría incluso que por el aspecto lírico de la misma. Sus contrapuntos entre estrofas y estribillos no podrían estar más conseguidos ni el cierto aroma a The Cult que desprende a veces resultar más irresistible. La estupenda línea de batería remata otra de las composiciones que, al menos en lo que a servidor concierne, más han ido ganando con las sucesivas re escuchas del álbum.
“Indomable” opta por un avanzar más arrastrado en estrofas, que culmina en otro de esos estribillos a coro tan pegadizos, tan marca de la casa. Me agrada la desnudez que muestran algunas estrofas, la mayor vehemencia de Roz tras el micro y, si bien vuelve a resultar uno de esos trazos fácilmente predecibles, lo cierto es no deja de ser un corte con gancho y pegada, rematado por otra estupenda sección solista en anticipo del epílogo. Más pasional que cerebral.
“A66”, quiero pensar que en referencia a la autovía que cubre el trayecto entre las ciudades de Gijón y Sevilla, le sirve a Baja California para entregar ahora su cara más equilibrada. Sus riffs dibujan un deje más sureño. Leve, sí, pero lo suficiente como para, por ahí, disociar a este corte del resto de composiciones dentro del disco. Su letra, sí, puede resultar algo recurrente y/o dejar cierta sensación de déjà vu. Incluso siento los solos algo por debajo de la media de casi todos los que pueblan el álbum. Sí me agrada, por contra, el mayor nervio que el corte adquiere camino del epílogo. A la contra de “El Mago”, una canción que se me ha ido desinflado con las distintas vueltas al CD.
Todo lo contrario que “Grita”, quizá porque en el fondo resulta una composición algo diferente para ellos. Por lo ágil y diverso de su construcción. También por esas guitarras más potentes y por el fino, finísimo trabajo de producción que ésta ofrece, particularmente en estribillos. El crescendo que conduce hasta los solos de guitarra está tejido con las dosis justas de gusto y precisión. Y finalmente, el aseado epílogo termina por redondear otro corte de esos que levantan el ánimo de cualquiera. Fíjate que este tipo de letras me suelen dar urticaria y, por alguna razón, no llega a ser el caso aquí. Algo tendrá.
El cierre es para “20 Monedas”, composición más extensa del álbum y un corte con un inicio sin rima alguna con cualquier homólogo dentro del tracklist. Ahí aparece Roz casi desde las profundidades para acompañar otro trazo que viene a mostrar la cara más chulesca de los asturianos. La estrofa….
Dónde se esconden los locos
que hilan canciones para ocultar
que ayer el asfalto venció a Superman
el hombre de acero ha olvidado como pelear
puede ser fácilmente mi favorita de las muchas que pueblan este “Electricidad”. Vitalista a su manera, bien trenzada, con Roz, ahora sí, en tonos muy altos y desde luego eficaz a la hora de cerrar este tercer trabajo con un cierto toque de distinción y elegancia sin por ello abandonar el pulso más decididamente hard rockero. Gran broche.
Los chicos tienen motivos más que de sobra para estar satisfechos. Hay canciones aquí dentro que apuntan a fijas en sus setlists durante largo tiempo. De algunas ya pudimos comprobar su efectividad sobre las tablas de la Acapulco el pasado dieciséis de marzo. Por contra, cierto es que el álbum no alcanza siquiera los cuarenta minutos, algo extraño en estos tiempos de trabajos maratonianos o directamente interminables. Echo en falta de igual modo un corte con la profundidad y casi diría el corazón de la fenomenal “Años Atrás”, pero con eso y con todo, cortes como “Caída Libre”, “El Mago” o “Tiempo Suicida” me parecen de lo más disfrutables. A seguir por esa senda.
Primera venida de los alicantinos Cain’s Dinasty a Oviedo en una fecha algo insidiosa, pues coincidía con la descarga de los brasileños Angra en Gijón. Acompañados del trío local Brutalfly, vinieron a reunir a unas treinta personas entorno al Gong Galaxy Club, que dicho así puede sonar algo rácano, y de hecho lo es, pero para como están las cosas no me resulta del todo desdeñable. Desde luego les honra el echarse a la carretera, más de ochocientos kilómetros, para traer su peculiar power metal en una fecha como la del pasado viernes.
Brutalfly fueron como digo los encargados de abrir la velada cuando pasaban pocos minutos de las nueve. Y lo hicieron con el tema que daba nombre a aquél debut de 2022 “I Was An Experiment”. Siempre sólidos, ayudados por un sonido que quizá no brilló tanto como otras noches en la sala ovetense pero que, desde luego, no empañó sus evoluciones sobre las tablas. Didi, guitarra y voz, de nuevo bajo el sombrero y las gafas, acompañado por la base rítmica de Lagarto y Mochy. No hacía mucho de nuestro anterior encuentro con ellos, aquél en tierras cántabras allá por diciembre del pasado año, y viene al caso porque anda inmerso el trío en una cierta encrucijada, mirando ya de cara a un próximo trabajo que venga a amplificar los muchos rasgos del debut.
Pero volviendo al show que nos ocupa, y como viene siendo ya tradición en la Gong, Txeffy no quiso perderse esta fiesta, irrumpiendo en escena para una “Thrashstorm” tan cruda y retorcida como siempre. El set miraría entonces al futuro con un par de cortes del próximo álbum, siendo “The Moon Hasn’t Blood” el primero y que ya escucháramos aquella fría noche en Los Bancos de Atrás en Unquera. “Train To Hell” fue el otro, que sorprende por una gama de riffs más clásicos, dentro de lo que cabe, para una banda como esta.
Pudimos disfrutar de “Brutalfly”, arranque en falso mediante. “¡Era broma eh!”. Esta banda tampoco sería la que es sin estos pequeños troleos entre ellos y que de alguna forma vienen a hablarnos de la química y el buen rollo que se respira dentro del trío. El trío recupera ahora “Shaman”, que ya aparecía en el Ep de 2015. Didi arroja al suelo sus gafas de sol y Gil (Bestia Negra) aparece sobre las tablas para acompañarle durante “Evil Room”. El propio frontman del trío nos habla de la importancia en el cuidado de la salud mental en la introducción de “The Oniric WhatsApp of High Bird” (si he transcrito correctamente desde el tracklist) y se dibuja aquella sensación de anticipación que comenté al principio. Esa encrucijada entre la banda que son y la que pretenden ser en un futuro.
Hubo tiempo hasta para pedir diversos brindis. “Por Txeffy, por Gil, por Leonidas” y todos los presentes en una fecha tan difícil como esta. “What Time Is It? It’s Time To Die” acercó por fin a público y escenario mientras que “Zerdatillium” sirve como cierre y también muestra de lo bien que empastan los hermanos Veloz en bajo y baterías. Huelga decir que Brutalfly tampoco serían lo que son de no ser por ellos.
Pasan de las diez cuando los alicantinos Cain’s Dinasty irrumpen en el escenario del Gong Galaxy Club. Su puesta en escena, telones laterales, máscaras de la peste negra del sigo XVII, maquillaje y, en definitiva, toda la imaginería que se le presupone a una banda como esta. El propio Rubén Picazo aparece en escena portando un lucero en su mano izquierda y oculto tras una máscara cornuta para sorpresa de algunos. Su power metal vira en ocasiones hacia territorios más extremos, voces mediante, con el propio Picazo acometiendo un hábil y meritorio baile entre registros. Es ahí donde los coros de los guitarras Joaquín Leal y Alejandro Ramírez se revelan poco menos que fundamentales.
Me reconozco recién llegado al peculiar modo de entender el power metal de la banda y por ahí me sorprendieron las letras en castellano, en contraste al inglés de sus discos. Sea como fuere la banda muestra un nivel técnico digno de mención a lo largo de cortes vibrantes como “Breaking The Bloodlines”, con Picazo aprovechando para perderse entre el público. “Cuando no quede sitio en el infierno, los muertos caminarán por la tierra” proclama el frontman, anticipando “March Of The Dead”, a la larga una de mis favoritas de la jornada, con Ramírez y Leal dando muestras de la mucha clase y la no poca química que existe entre ellos.
“Tears Of Pain” nos teletransporta a su debut de 2008 con alguna que otra melodía de raíz muy Maiden y la banda parece estar pasándoselo en grande. Todo pese a pequeños percances de Picazo con el micrófono. Es el propio vocalista quien vuelve del backstage bandera en mano, la pasea por encima de nuestras cabezas y pide el apoyo del público tras sus llamativas lentillas azules. Fue quizá el momento de mayor enganche con la gente, a excepción hecha del corte con el que despedirían el set.
“Screaming Lungs” o “Pulmones Que Sangran”, si entendí bien a Picazo, extrajo lo mejor de Ramón Valero (bajo) y Emilio Benavent (batería). Tras ella llegarían los agradecimientos para Brutalfly y el hecho de que se pegaran más de ochocientos kilómetros de furgo para estar con todos nosotros el pasado viernes. A veces da la impresión de que el metal todo lo puede. Y si no, un buen trago de “sangre” como el que se dio el vocalista antes de atacar “Legacy Of Blood”, a buen seguro el corte más excesivo por incendiario de todo el set.
El cierre al que antes aludía correspondería a su particular revisión del “Silent Night, Bodom Night” de, claro, Children Of Bodom, banda que se nos revela como influencia no capital pero qué duda cabe que sí muy importante para Cain’s Dinasty. Final con Leal y Ramírez a gran nivel y el público más entregado de la jornada.
Puede que la puesta en escena de los valencianos pida escenarios mayores. Lo cierto es que hay que agradecerles que se liaran la manta a la cabeza para presentarnos su peculiar performance en una fecha, perdón por la insistencia, tan complicada como la del viernes. Toca por tanto mandar un agradecimiento enorme a ambas bandas por facilitar esta crónica, saludar a Manuel Hernando, Angie, Leonidas, Diañu y Pelayo, Sandra y en especial a todos aquellos que mi cabeza ahora no recuerda. Nos vemos en el siguiente.
Nueva ocasión de disfrutar de “Los Lunes Al Thrash” la que nos brindó la venida de los griegos Bio-Cancer en compañía de los pamplonicas Electrikeel y los locales Sound Of Silence. Y que, como siempre tratándose de un comienzo de semana, no las tiene uno todas consigo al respecto de la entrada que podría concitar una cita como esta. Lo cierto es que el tiempo acompañó y, como suele decirse, al final todo acabó saliendo a pedir de Milhouse.
Empezando por los thrashers de pura cepa Electrikeel. El trío, que llegaba al Gong Galaxy Club después de haber compartido escenario con Aneuma allá por abril de 2023 en la gijonesa Ángeles y Demonios, regresaba ahora con la firme convicción de meterse al difícil público astur en el bolsillo. Su thrash nervioso y retorcido, que recuerda a los Slayer más incendiarios, Dark Angel, primeros Sodom, a los polacos Vader en ciertos momentos incluso, enganchó no obstante con la gente ya desde la inicial “Straight Outta Depths”. No es para menos, con la sala dando muestras una vez más de lo mucho que ha crecido en cuanto a sonido en los últimos tiempos.
Tanto Asier Bendoiro, guitarra, como Xabier Rekalde, bajo, cargan con unas tareas vocales siempre agrias y malsanas. Dentro de los márgenes del género pero sin negociar un solo esfuerzo, apoyados por la infatigable labor de Jon Laguna tras los parches. En esa encarnación sin artificios de ningún tipo, de thrash tan vibrante como terrenal, afirmaron venir “llenos de cachopo y chuletas”. La gastronomía asturiana sigue ganando adeptos. Hubo circle pits, mosh y mucho movimiento a través de cortes poco amables como “Wendigo”, del Ep de 2019 “To Protect And Sever” o “Beer Fueled Machine”, de su primer largo. En general quedó la sensación de tanto ellos como el público congregado en la sala disfrutaban de lo lindo.
“Vamos a tocar una más lenta”, proclama Asier, que termina resultando “Hate Eternal” de su debut del año pasado “Straight Outta Depths”, a la que siguieron los debidos agradecimientos y un final a pleno pulmón. No es que sea algo nuevo pero no deja de resultar especialmente reseñable la intensidad que por momentos son capaces de alcanzar para tratarse de un trío. La convicción con la que afrontan “Kingslayers” y la final “Till We Die” debería augurar la mejor de las suertes para el trío pamplonés, si es que aún queda algo de justicia en este negocio.
Tras Electrikeel no fueron Sound Of Silence quienes salieron a escena sino los griegos Bio-Cancer, que para seguir con las sorpresas, Covid mediante irrumpían en formato cuarteto tras la baja de su guitarra rítmico Stavros Marinos. No podemos afirmar que le echaran en falta. La banda salió a superar toda expectativa con una puesta en escena reducida a poco más que un telón de fondo con el logo de la banda y la certeza de contar con un ramillete de temas de solidez contrastada.
Algo que queda patente desde la inicial “Ear Piercing Thrash”, que abría y daba nombre al debut de 2012, y en la que ya queda claro que Lefteris Hatziandreou, frontman de los griegos, viene para no dejar ni una gota en el tintero. Impertérrito a veces, pie en el monitor mientras desgrana su peculiar registro, sin dejar de golpearse el cráneo con el micro en una forma de acentuar determinados momentos de los temas. Para cuando llega el segundo corte del set, “Footprints On My Back”, el movimiento entre las primeras filas es ya una constante. El rictus de Andreou, que no pudo resultar más serio ni concentrado, revirtió en unas interpretaciones llenas de finura en los riffs y buen gusto en los solos, sabiendo llenar por sí mismo el hueco dejado por su compañero enfermo.
“We Are Here To Fucking Thrash” proclama muy enervado Hatziandreou para después proceder con la indómita “Backstabbed Again”, con un Tomek Solomonidis tan técnico como infatigable. Se puede acusar a la banda de cierta linealidad en sus composiciones. De coger una senda y no despegarse de ella hasta el final. Por el contrario, ello revierte en unas interpretaciones llenas de nervio y músculo, vigorosas y vibrantes y con un Giannis Lagoutaris al bajo, agigantado desde su micro para darle la réplica a Hatziandreou durante “Obligated To Incest” en particular y el show en general.
Turno entonces para los debidos agradecimientos a Electrikeel y “your local guys” Sound Of Silence, para después conducirnos hasta el tema apertura de su último álbum, ese del que dimos buena cuenta por aquí allá por diciembre del pasado año, que circunstancias médicas mediante pierde el hábil duelo solista del original, pero ni un ápice de severidad y violencia.
Así las cosas, el largo y elegante prólogo de “F(r)iends Or Fiends?” supone un pequeño alto en el camino, propicia el momento más tendido de la noche para ellos y otorga un pequeño respiro antes de que todo retorne a sus cauces habituales. De nuevo con un Lagoutaris concentradísimo en tareas vocales y con su bajo otorgando la debida gravedad al conjunto a falta de segunda guitarra. Cabe destacar una noche más la labor de Isaac Prieto tras los mandos. Sea el género que sea siempre cumple y es de agradecer, aún a riesgo de sonar pesados o reiterativos.
Segunda guitarra que no faltó, no obstante, en «Anthem Of Violence«, con Asier Bendoiro de Electrikeel ocupando el puesto del intoxicado Marinos. “Revengeance”, que daba título a su último álbum, resulta una de las ofertas más diferentes del set. Y mientras que Bendoiro y Rekalde irrumpen de nuevo en escena para cercenar la agria “Bulletproof”, “44 Days In Hell” cierra una noche de éxito para ellos. Superando inconvenientes, sacando de su letargo al habitualmente frío público astur y dejando patente el buen momento de forma que atraviesan.
Por poner un pero, y ni siquiera sé si ese debería ser el término, la camiseta que lucía Lagoutaris y que refiere a una banda sobre la que pesan diversas acusaciones de comportamientos racistas bastante desagradables. Que tampoco pienso la cosa deba ir a mayores. No tiene uno por qué estar al tanto de todo cuanto chisme circunda a las bandas que nos gustan y quiero pensar que aduce más a ignorancia y/o despiste que no a las simpatías del propio bajista. Yo mismo tengo un Ep de los susodichos, adquirido años antes de que saltara la polémica. Sea como fuere, me parecía importante comentar al respecto.
Pero volviendo a lo que nos ocupa, turno ahora sí para unos remozados Sound Of Silence en los que ha vuelto circunstancialmente Dmitry Stalingrado a la guitarra y que incorpora al otrora RorshackViti Redondo al bajo. El resto, Rubo en guitarras, Nefta en voces y Jorge Rodríguez en baterías, imagino ya les conoceréis. Son alrededor de las once y cuarto cuando “Tensa Calma”, de su último Ep “Primvs Capite”, se hace carne ante nosotros. Con su técnico habitual Gus Bocanegra al mando de los controles, huelga decir que sonaron tal y como de ellos se esperaba.
La irrupción de este último trabajo y esa deriva hacia territorios más cercanos al black metal redunda en unos Sound Of Silence más diversos que nunca. Algo que viene a poner de relieve el contraste con “Nunca Seré Feliz”, del ya lejano “La Casa De Los Lamentos”, perteneciente por tanto a un tiempo en que esta banda era bien diferente de la actual. Con eso y con todo, lo que no han cambiado son esos breakdowns cortados a cuchillo, inasequibles y sin los que esta banda desde luego no sería la que es. Otra seña de identidad es la facilidad, casi la suficiencia, con la que enlazan unos temas con otros. No acostumbran a dar descanso, algo que viene a otorgar una solidez al set nada desdeñable.
“El Renacer”, “Felices Bajo Tierra” son misiles directos a la línea de flotación de todos cuantos nos encontramos en la Gong. Con un sobrio Stalingrado desgranando sus solos como si nunca se hubiese ido, con Jorge Rodríguez dando razones una noche más a quienes pensamos que es, de largo, uno de los mejores baterías de la región y, claro, un Nefta que se sube al podio, echa mano del andamio de las luces, busca la conexión con la gente y, en general, sigue siendo el gran frontman de siempre. “Buenas noches, venimos de… Cincinnati”. Aprovecha aquí el también Escuela de Odio y Blast Open para agradecer a Stalingrado su labor, también dar la bienvenida a Viti y saludar a “Javierín”, bajista y miembro fundador de la banda.
“La siguiente se llama po’l nombre”, proclama el vocalista, y lo que se nos viene encima es nada menos que “Océano De Traición”, lo digo siempre: una de mis favoritas del set. “Viendo Al Cielo Llorar”, que pone la sala patas arriba, la gente se lo estaba pasando en grande, sirve para encarar la recta final del show, que desemboca en una “Densa Niebla” con Nefta llevado en volandas por varios asistentes. No podía faltar. No sabemos cómo se habrán dado otras fechas de la gira pero lo cierto es que la parada en casa no pudo resultar más redonda para ellos. Una banda todavía inquieta en lo creativo y que, la experiencia nos dice, del todo infalible en directo. Qué gran noche.
Lo comenté en la crónica de Cherokee y Colmena: a veces parece que la oferta supera con creces a la demanda. Por eso ver que un lunes de marzo es capaz de reunir a un número respetable de fans ávidos de buen metal no deja de ser una gran noticia. Se nos viene encima, de hecho, un fin de semana cargado de eventos y ya veremos qué tal se dan. De momento quedan vívidos aún en la memoria los recuerdos del pasado lunes. La entrega de las tres bandas, el buen sonido del que disfrutaron, incluso las luces. Hasta servidor fue capaz de disparar alguna que otra foto decente con el móvil. Me repito, lo sé: mucho ha crecido el local desde nuestras primeras visitas y no podemos por más que congratularnos por ello. Así pues, mandar nuestro agradecimiento a la promotora del evento, saludos a la mucha gente con la que intercambiamos impresiones antes, durante y después (músicos, fans, técnicos…) y el deseo firme de volvernos a encontrar.