«mEtAnOIA», la nueva obra de estudio de Crudo veía la luz allá por el mes de junio en plataformas digitales. No sería hasta el pasado sábado 29 de noviembre que llegaría su presentación en vivo en nuestro querido Gong Galaxy Club y el estreno del álbum en formato físico. Una fecha en casa que H.M.B. no se iba a perder contando además que el cuarteto llegaba a Oviedo con Abraham Díaz como nuevo guitarra.
Para la ocasión prepararon un repertorio especial, 24 temas repartidos en la interpretación integra de «mEtAnOIA» intercalando temas destacados de sus 16 años de trayectoria. Dos horas de show que no defraudaron a los incondicionales congregados para la ocasión. Rostros tan reconocibles de nuestra escena como son Víctor García, Alberto Ardines, Fernando Mon, Jorge Moldavo o Isaac Prietono quisieron perderse las evoluciones de un cuarteto que se mostró enérgico y fiable toda la velada.
El sonido de las grandes citas no dejó de acompañar las evoluciones del combo sobre el escenario. Sin apenas pausas, una escueta bienvenida tras los primeros 4 temas, marcaron el primer tercio de concierto. No había tiempo que perder ni tregua que dar al personal. «Movidas«, uno de los primeros adelantos de la nueva obra daba el pistoletazo de salida a la noche para repasar a continuación sus inicios con temas tan reconocibles como «Leyendas Urbanas«, «Héroes» o «Bocazas«. Se hizo de rogar el siguiente tema de «mEtAnOIA» pero la espera mereció la pena, vaya que si. El alegato contra la inmediatez de los tiempos actuales en la música y las redes sociales de «Zapatillas de Cuadros» pone la alfombra roja a la colaboración de los Mala ReputaciónDaviz Rodríguez y Juan Santamaría en «Escenario de Guerra» y la Gong se aproxima a la ebullición con el momento.
No podía faltar una noche como esta la ganadora del Premio AMAS a mejor canción rock en el 2022, “Otro Ladrillo En La Pared”. Y es que hay temas que son santo y seña del cuarteto. La dupla Vivar/Melero se va repartiendo la faceta vocal mientras van cayendo composiciones tan reconocibles como «Mirando Hacia Arriba» o «Miedo A Caer«. La formación parece cómoda en el escenario en todo momento, Abraham Díaz se muestra totalmente integrado en la dinámica de la banda y Adrián «Petu» Simón sigue azotando la batería como si la vida le fuera en el empeño. Nada nuevo bajo el sol, Crudo siempre fiables en cualquier circunstancia.
Si hubo un momento de respiro llego bien avanzada la noche y es que Crudo no dio pie a tomar aliento hasta «Tiempo Perdido«, reminiscencia del paso de Luis Melero por Los Débileshace la friolera de 25 años. No esconden sus influencias, las amplifican de manera que «Tras Tus Pasos«, su homenaje al tristemente desaparecido Boniy de cuyo estreno en vivo fuimos testigos en el Pravia RockFest celebrado allá por octubre de 2023, tiene pinta que será una de las canciones fijas en su repertorio en directo.
El ya habitual cierre con “El Avestruz” selló una presentación donde no escatimaron esfuerzos, Melero incluso se pegó una excursión entre el público. La propuesta es innegociable para ellos, se dejaron todo sobre las tablas (también debajo) como es habitual y el público lo agradeció efusivamente. Quizás se echó de menos algún tema, a estas alturas es imposible acertar pero lo importante es que no sobró ninguno. Presentación cumplida, colaboración de amigos y una sala que si bien merecía mejor aspecto aportó el calor y el empuje necesario para que la velada dejara sonrisas en los rostros y la satisfacción del deber cumplido en el zurrón.
Dos citas se iban a disputar el favor del público ovetense en la noche del sábado: por un lado, Crudo presentando su flamante nuevo álbum “mEtAnOIA” y por otro, la enésima vuelta a su tierra de los heavy metaleros Avalanch, en plenos fastos de su XXX aniversario. La Sala Tribeca sería el epicentro de una nueva descarga de los asturianos, quienes iban a sufrir la baja del hijo pródigo Ramón Lage en los días previos, quedando reducidos así a la formación ya de sobra conocida: Alberto Rionda en guitarras, Bjørn Mendizábal en baterías, José Pardial en voces, Manuel Ramil a las teclas y Nando Campos al bajo.
Lo cierto es que hacía un día de perros. De aquellos tan invernales que solo invitan a tomarse un té caliente como la piel del sol, arrebujarse bajo la mantita y poner alguna de tus películas favoritas. Pero Avalanch venían a la ciudad y era una cita que no nos podíamos perder. Tercer encuentro del abajo firmante con la actual iteración de una banda a la que mis ojos han visto en salas, festivales o campos de fútbol, en eléctrico y en acústico, en Vigo, Madrid… tantas veces que, atribulada cabeza mediante, hace tiempo que perdí la cuenta.
Nada más ocupar posiciones en primeras filas, nos llama la atención la silla que ocupa el lugar de Alberto Rionda sobre el escenario. Se inicia la cuenta atrás, los miembros de la banda toman las tablas y, en efecto, vemos al alma mater del quinteto iniciar el show sentado. Hecho que, más adelante, tendría su debida explicación. La cuenta llega a cero y el electrónico de fondo dispara el videoclip de “Horizonte Eterno”. Y Avalanch dan cumplido inicio con un José Pardial fino en voces primero, y unos Campos y Ramil prestando una buena ayuda en coros después. Y sin ser ni mucho menos uno de sus cortes más potentes, que de todo habría a lo largo de la noche, me llamó la atención la pegada de Mendizábal en “El Dilema De Los Dioses”.
A término, Riondahimself explicaría los motivos por los cuales estaba dando el concierto sentado. Y que no eran otros que, al parecer, una serie de vértigos y mareos que venía sufriendo desde la víspera. Al igual que con Lage, vayan nuestros deseos de pronta recuperación para ambos. “Lilith”, de aquél “Malefic Time: Apocalypse” de 2011, vira en su nueva versión al idioma de Cervantes. Y demuestra que, al menos en primeras filas, la gente había hecho sus deberes. Alberto Rionda, rictus de máxima concentración, da lo mejor de sí, dadas las circunstancias, para introducir la ya legendaria “Delirios De Grandeza”. Quizá el corte que viene a contener uno de los solos con más feeling de su ya dilatada trayectoria. La disfruté como niño con juguetes nuevos una noche más, no voy a mentir.
También de aquél álbum de 2001 (¡cómo pasa el tiempo!), “El Ángel Caído”, es una “Xana” que Pardial introduce jugando con la gente. Ésta, huelga decirlo, respondió en consecuencia a uno de los grandes clásicos de la banda. Diría, porque así fue como lo sentí, que este fue uno de los momentos de mayor conexión entre audiencia y músicos de toda la jornada. Irónico Pardial, comentaría entonces que se le había olvidado la letra porque tenía a su muy querida madre haciéndole “ojitos” desde la platea. Y es que como diría alguien que yo me sé: “a quién no le ha pasao”. Anécdotas al margen, el coruñés Manuel Ramil se revela fundamental en “La Flor En El Hielo”. Rionda se destapó con otro gran solo aquí que, dadas las circunstancias, pienso tuvo doble mérito.
Aquí José Pardial quiso tener un detalle para con el otro convaleciente, Ramón Lage, a quien quiso dedicar “Lucero”. “Por él va todo esto”. Uno, que ya peina más canas de las que acierta a contar, aún recuerda los agrios, encarnizados debates que surgieron con aquél dramático cambio de formación y el subsiguiente estreno de un corte que, más de veinte años después, rinde Tribeca a sus pies. Lo que son las cosas. La actual voz de Avalanch, quien aún genera debate entre los fans, se la lleva a su terreno y desde luego hace bien. También de aquél “Los Poetas Han Muerto” es “Niño”, auténtica favorita de quien escribe y por la que siento algo más que abierta y pura devoción. Público realmente entregado aquí. Solo faltaba.
Los chicos no le iban a dar la satisfacción al fan que requería de forma más que insistente “Cambaral”, pero sí en cambio, y de boca del propio Pardial: “uno, dos, tres y mil motivos para estar allí” con todos nosotros. Con el videoclip proyectado en el electrónico de fondo, Avalanch están dando una buena versión de sí mismos aquí. Muchos han ido y venido al seno de la formación asturiana. Pero no creo que nadie pueda dudar de la calidad técnica que atesora su actual alineación. Una formación que, “aún respira”, y su público con ella. Otra de las que siempre recibo de muy buena gana.
Llegaría entonces un pequeño respiro para los chicos con el solo de Bjørn Mendizábal. Conciso, vibrante y de esos que acaban por conectar con el público. Me agradó. Maese Rionda volvió a tomar el micrófono. Y lo hizo para mandar un recuerdo a Lage primero, y para instar a que cantáramos la siguiente con él. “Santa Bárbara”, que con una mina que sigue sesgando vidas de honrados mineros, resultó más perentoria que nunca. Nuestras gargantas acompañaron pues a la guitarra del líder de Avalanch, por si cabía alguna duda. Este pequeño impás en el set se cerraría con “Vientos Del Sur”, que arranca con Ramil y Pardial solos sobre el escenario y que culmina con un tremendo agudo del pixueto. Buen acompañamiento de la gente aquí y gran ovación final.
Encarábamos ya la recta final. Y lo haríamos con uno de mis riffs predilectos del vasto catálogo avalanchero, ese sobre el que se construye “Otra Vida”, donde creo estar viendo al mejor Pardial de toda la noche. Videoclip de fondo mediante, echaríamos de menos al bueno de Ramón Lage, citándole para la futura venida de Adventus a su tierra. De vuelta al “Malefic Time: Apocalypse”, la traslación al viejo castellano de “Baal” me sorprende a estas alturas de set. Pero, en cualquier caso, me gusta la forma en que Pardial alterna sus tonos más leves con los más agrios aquí. También el soporte que ofrece Ramil tras las teclas. El mejor Rionda resurgiría entonces para otra de las ya infalibles, “Pies De Barro”, que junto con “Alas De Cristal” parece una buena traca final. Al menos, si uno atiende a la reacción que provocan dentro de Tribeca. Quedaba una, que sucede tras la marcha de la banda a camerinos, y que como viene sucediendo en esta última etapa de la banda, resulta ser “Torquemada”, con Bjørn Mendizábal desatado tras los parches pero donde, a buen seguro, más echo en falta una segunda guitarra que dé un mayor poso a este mítico y descosido power metal.
Ovación final e incluso vítores al cerebro de estos Avalanch. Una sala que registró una muy buena entrada (a pesar de la ausencia de Lage y el auténtico día de perros que vivimos el sábado) y unas sensaciones, por lo que pude constatar, que fueron más que buenas. Es un repaso amplio a toda su discografía. Obvio, que con una trayectoria tan larga a sus espaldas, siempre habrá quien eche en falta tal o cual canción. Es inevitable. Ellos, principalmente su guitarra y líder Alberto Rionda, pelearon contra las circunstancias y se superpusieron a ellas. Mientras escribo este texto, lo siento así. Y de hecho algunas de las reacciones en caliente que recogí al término del show así lo atestiguaban.
Por mi parte nada más. Mandar un abrazo grande a la agradable compañía de antes, durante y después del concierto, así como también un agradecimiento a Duque Producciones y FNR Promotora por las muchas facilidades dispuestas en favor de esta crónica. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
Y que da inicio, tras las presentaciones por parte de Alain Johannes, con “Shaking For The Snakes”, y un aire casi medio oriental imbuyendo cada verso. Finalmente no gozamos de las proyecciones del cineasta Tad Fettig, pero la amplísima gama sonora que desarrollaron, acabó por cautivarnos igualmente. Duke Garwood, figura tranquila donde las haya, toma el micro en estos primeros compases. El de Kent nos ofreció, desde su afectada parsimonia, su característico y profundo registro. Aquí Barrett Martin se reservó un momento para comentar varios entresijos del debut. Luego ellos enfrentaron “Saturn Calling”, con el igualmente tranquilo Peter Buck inundándonos de aires floydianos desde su preciosa Rickenbacker.
Había sido un buen inicio de set. Buen sonido con el que se desarrolla la descarga, con Johannes echando mano del slide en “Outside Again”. Entre el marcado registro de Garwood y los ecos más country que dibujaban, a ratos, si se me permite el sacrilegio, me venían a la mente los Swans de Michael Gira. En cualquier caso, su sonido es un gran concentrado de influencias y matices. La amplia formación ayuda. En especial con los detalles leves, y a la vez ineludibles, que dejaba la mexicana Lisette Garcia tras el vibráfono. Garwood abandonaría entonces la guitarra para, clarinete mediante, ofrecer otro prisma más a la velada. Toda una panoplia sonora, un universo vasto y a la vez tranquilo, sin mayores sobresaltos, fluyendo de una manera muy especial, muy personal.
Y es que de pronto, en “Bembe For Two” parecen estar conversando con los mismísimos King Crimson, imbuyéndose también de una cierta psicodelia, trazando contornos alucinados en el interior del Kuivi. En “Embers”, Buck abandona la eléctrica por la acústica, Abbey Blackwell el bajo eléctrico por el contrabajo y Drink The Sea se conducen a uno de los momentos más calmos de la jornada. La tensión, cuenta el tópico, se podía cortar con un cuchillo. Hubo momentos en que pensé en Eddie Vedder, pero no tanto en Pearl Jam sino en algunos de sus trabajos en solitario. En especial aquél para el film de Sean Penn “Into The Wild”. Alain Johannes chileno estadounidense él, ejercía de maestro de ceremonias. También de nexo entre un público hispanohablante y una banda mayoritariamente anglófona. Y Buck, siempre tan hierático, tuvo a bien regalarle una púa a una niña de las primeras filas, que es desde luego el rango de público al que más hemos de cuidar y proteger.
De aquí en adelante cabe un rock algo más vivaracho, “Spirit Away”, con el bueno de Johannes en voces. Y con el batería Barrett Martin ahora tras el vibráfono, o una “Mouth Of The Whale” con Drink The Sea en su encarnación más misteriosa y a la vez lisérgica. Desde luego, a ratos, impresiona el gran abanico de influencias que manejan. Y cómo se las arreglan para que, aún así, la descarga resulte extrañamente homogénea, en todo momento coherente. Incluso cuando los aires más desérticos de “Paredes” (en memoria del compositor portugués Carlos Paredes) desbordan en la Sala. Peter Buck echaría mano de nuevo de su eléctrica. Y la banda encararía entonces la recta final. Un largo epílogo donde cupo casi de todo. Desde el cariz ciertamente alucinatorio de “Butterfly” al bajo que rezuma distorsión en la más grave “Sweet As A Nut”.
Johannes nos anuncia entonces que restan tres cortes para el final. El primero resulta “Making A Cross”, que el chileno estadounidense compuso para Mark Lanegan, y que el viernes ofreció un deje casi grunge. La segunda sería no otra que “The One I Love”, única concesión del set (salvo despiste del abajo firmante) a los R.E.M. de Peter Buck, muy celebrada, no cabía esperar otra cosa, y el cierre con “Hanging Tree”, original de unos tales Queens Of The Stone Age en su mayor pico de popularidad hasta la fecha. Más dos horas de set. Un universo en gran medida tranquilo, pero de una vastedad sónica tal que no quedó otra que rendirse.
Fue primero una sorpresa, cuando saltó la noticia el pasado día 17, y después un privilegio el haber sido testigos de un show tan especial. Viene bien, además, salir de la zona de confort (musical) de vez en cuando, máxime si es para enfrentar (es un decir) a músicos de calibre semejante. El futuro que depara a la formación multinacional, no lo acierto a vislumbrar, pero quizá haya sido la primera y también última vez que podemos disfrutar de sus evoluciones, como quien dice, al lado de casa. Agradecer por tanto a la buena gente del Kuivi el trato y las facilidades, mandar un saludo a los habituales de siempre y ya saben: nos vemos en el siguiente.
Tarde desapacible la del pasado viernes 7 de noviembre en la que el polifacético artista Morti hizo una parada en el Gong Galaxy Club de Oviedo para presentar su show con motivo de su gira “Intemporal Bifronte”, en el que homenajea especialmente al primer álbum de Skizoo, que cumple 20 años desde su lanzamiento. Además reinterpreta los temas más populares de su carrera musical con Skizoo, InMune, Bushido y El Fantástico Hombre Bala.
Pese al tiempo frío y lluvioso, nos acercamos a la capital para disfrutar de este artista y recordar los temas que tanto hemos escuchado en nuestra juventud. En mi caso particular Skizoo ha sido uno de los grupos españoles que más he seguido.
Al llegar al Gong, nos encontramos con una sala gélida y muy poco concurrida. Cierto es que quizá accedimos demasiado temprano. Aunque posteriormente, si bien fueron llegando asistentes a la sala, la afluencia fue escasa. Cabe reseñar que la causa más probable haya sido la coincidencia con otros bolos en Asturias ese mismo día y también en la vecina León, donde tenía lugar el Lion Rock Fest, cuyo día principal sería el sábado 8, pero que muchos asistentes a este evento ya acudieron ese mismo viernes, porque ya había programados conciertos y actividades previas al “día grande” del festival en la ciudad.
Sobre las 21 horas y de manera puntual, comenzó la descarga de los murcianos House Of Dawn, artistas invitados y acompañantes oficiales en todas las fechas de esta gira de Morti. Esta banda fue fundada en 2014 y liderada por Jacob Cámara (Vendetta FM y Southern, donde rinden tributo a Pantera). Se presentan con un sonido rock alternativo y noventero, con tintes grunge, metal y de rock sureño, cantando todos sus temas en inglés. Si bien es cierto que tuvieron alguna pequeña incidencia técnica, que solventaron rápidamente, enseguida fueron capaces de ganarse al escaso público asistente y conectar con su simpatía y buen hacer. En todo momento interactuaron con el respetable, como por ejemplo, con un niño que había en las primeras filas, al que se acercaron cuando saltaron a tocar al centro de la sala, o con un asistente de Barcelona, como el propio Morti, que llevaba puesta una camiseta suya, al que también saludaron desde el escenario y que se notó que a Jacob sorprendió muy gratamente encontrarse a alguien portando dicha prenda de su grupo.
Su actuación tuvo una duración total de tres cuartos de hora e interpretaron casi todos sus temas propios y también dejaron caer alguna versión. Arrancaron con “Be Immortal”, y siguieron con “Learn The Lesson”, “Triumph Of The Day”, “Grow”, su último sencillo “Freedom” y una fantástica versión en acústico de “Simple Man” de Lynyrd Skynyrd, momento en el que Jacob se quedó interpretándola solo en el escenario. Sigueron con su single “Chase Your Goals”, con influencias setenteras y cerraron con “Seduced By The Lies” y con un público que a pesar de ser reducido se mostró en todo momento muy satisfecho con la actuación de los murcianos. Personalmente me quedaron ganas de repetir y volver a verlos cuando se presente la ocasión.
Tras un parón de pocos minutos y como estaba previsto, a las 22 horas, sale al escenario Morti acompañado de sus músicos, vestido completamente de negro y portando un gorro de lana como es habitual en él. Arrancan con “Soy”, tema de El Fantástico Hombre Bala, una de las múltiples bandas de las que Morti ha formado parte a lo largo de su carrera musical. Siguen con “No Todo Está Perdido”, canción de Skizoo, de su fantástico álbum homónimo lanzado en 2005 e interpretado en esta ocasión magistralmente por Morti, a mi juicio una de las mejores voces del panorama musical nacional.
Continúan con “El Tiempo No Existe”, tema éste perteneciente al álbum “Ilumíname”, lanzado en 2013 por InMune. Cuando se disponen a tocar “Sueño Contigo”, canción de Morti perteneciente a “Exmundus” alguien del público, a modo de broma, corea la canción de Camela del mismo título provocando las sonrisas del público y del propio artista.
Regresan de nuevo a su homenajeado álbum debut “Skizoo” y nos transportan al 2005, con una interpretación magnífica de “Arriésgate”. Después le llegaría el turno a “Sirenas”, tema perteneciente al álbum “Universal” de InMune. Vuelven otra vez con “Sólo Estás Tú” y “Grita El Corazón” del primer álbum de Skizoo, el que más canciones interpretaron Morti y su banda, al cumplirse 20 años desde su lanzamiento.
A continuación, le llegaría el turno a “Desmejorado” de Bushido, proyecto de Morti junto con Enrique Bunbury, Carlos Ann y Shuarma. Este tema pertenece al álbum compuesto y grabado en 2003 llamado también “Bushido” y en su presentación Morti nos recuerda con orgullo que Raphael también la ha grabado e interpretado. Hacia la mitad de esta canción escrita por Bunbury, Morti se baja del escenario y empieza a cantar y moverse mezclándose entre el público y acercándose a bailar con un niño llamado Eloy, fan incondicional suyo, que se encontraba en las primeras filas atento a cada uno de sus movimientos y al que Morti saluda y le dedica su música y unas palabras de agradecimiento.
Continúa el show con “Habrá Que Olvidar” del álbum homónimo de Skizoo y “Estatua De Sal” de su etapa en solitario y perteneciente a su álbum “Exmundus” de 2010. Entre canción y canción, el artista no pierde la oportunidad de hacer crítica social y en su discurso reivindicativo nos muestra su desconfianza ante el panorama que se presenta en el futuro para la música y su preocupación por cómo la inteligencia artificial podría llegar a interferir en la creación e industria musical. También nos habla de la música que está en auge, sin nombrar ningún estilo musical en concreto, pero haciendo una clara alusión a la más demandada hoy en día por la juventud. Sin embargo, nos muestra un atisbo de esperanza al contar entre su público con un niño pequeño, con una sonrisa enorme de admiración y pendiente en todo momento de su espectáculo.
No deja atrás tampoco las críticas a los políticos de nuestro país y en el siguiente tema: “Caes, Caes, Caes”, del álbum “Ilumíname” de Inmune, el propio Morti comenta que esta canción bien podría ser la banda sonora de la historia de Mazón. Seguidamente le toca el turno a “Algún Día”, perteneciente al álbum “Incerteza” de Skizoo. Para finalizar así, con dos temas del primer álbum de Skizoo, como son “933 Revoluciones” y la canción más conocida y coreada por todos, una de mis favoritas por qué no decirlo “Renuncia Al Sol”.
Cierto es que ese viernes 7 de septiembre, como dice la canción “renunciamos al sol” y a pesar de una oscuridad y lluvia que invitaban poco a salir de casa, nos embarcamos en un viaje hasta la Sala Gong que nos transportó veinte años atrás, a la música de nuestra juventud… una opción infalible para un día sin sol!
Sólo me queda más que agradecer como siempre al equipo de Heavy Metal Brigade por su confianza y permitirme publicar estas líneas, y a los buenos amigos y personas que apoyan a la música en vivo. Nos vemos próximamente…hasta entonces que el rock & roll no deje de sonar!!!
Y “Marcados” fue presentado por todo lo alto. Caballo Moldavo, en una noche de lo más concurrida (Pûlsar To Floyd en Gijón, Mephistofeles también en Oviedo) lograron registrar una buena entrada en nuestra querido Gong Galaxy Club. Nada mal para una banda local que, a base trabajo y esfuerzo, de currar y currar, ha sabido ir labrándose su hueco dentro de la escena asturiana. En el envite no estaban solos. Junto a ellos, los vikingos de Puerto de Vega Sküld, se sumarían a la fiesta. Cita que teníamos marcada a fuego en la agenda desde meses atrás.
Teníamos muy reciente a la buena gente de Sküld, aquél paso por el Seronda Rock (crónica), por lo que, quien más quien menos, esperaba alguna sorpresa. Sea como fuere, esta es una de esas bandas que siempre resultan amenas y divertidas. Atruena la intro y la Gong se inunda de un cierto aire épico. Y de hecho “My Mother Told Me” parece engranar ya la mejor cara del quinteto. Su heavy metal recoge un buen puñado de influencias, siempre con un acento clásico y muchas ganas de agradar y divertir.
“Blood Eagle”, de hecho, desplegó esa cara más heavy y clásica, con Robert dejando un buen solo de guitarra y la banda enlazando con “Lágrimas De Freya”. Y fuese por la presencia de Lorena al micro, o por ciertos riffs que dibujaron, el nombre de los siempre recordados Darna sobrevoló mi subconsciente aquí. En líneas generales, y con una frontwoman de lo más activa, me pareció que estábamos viendo una gran versión de los de Puerto de Vega.
La gente, claro, se enganchó cuando enfrentaron “Last In Line”, del legendario Ronnie James Dio. Qué buen tino tienen siempre para las versiones. “Esta os la sabéis, cabrones” había apostillado José Carlos, bajista de los asturianos. Y tanto que sí. Otro buen solo de Robert aquí y una Lorena que salió más que airosa de la difícil empresa, reemplazar a un irremplazable. En “Odín”, otra de las que nunca les fallan, se produce un buen duelo solista entre Chinky y Robert. Y mientras que “La Xana Del Caballar” pone a trotar a Roberto Peláez tras baterías, caben también buenos coros de Robert y José Carlos. La gente se animó en este tramo final.
Hubo hueco para los habituales agradecimientos. También para presentar algún tema nuevo (en proceso de grabación con Pablo Viña a los mandos, anunciaron) y enfrentar un tramo final con producción propia (“The Rumor”) y ajena (“Flight Of Icarus”), con Lorena perdiéndose entre la gente mientras la banda recorría las legendarias estrofas de Iron Maiden. La siempre disfrutona “Long Distance Reader” pondría el punto final a otro set divertido y dicharachero del quinteto del noroccidente. Siempre agradables.
Máxima expectación ante la llamada del establo. No ha sido poco el trabajo que ha llevado a Caballo Moldavo hasta la edición física de su primer largo de estudio. “Marcados” son años de trabajo, el que se ve y el que no, y a tenor de lo visto, la gente supo reconocerles el esfuerzo. No era, como digo, una noche fácil. Mephistofeles, en la contigua Lata De Zinc, habían colgado el cartel de no hay billetes. Y, aún así, el cuarteto ovetense aglutinó a un buen número de fieles en la noche del viernes. A algún invitado ilustre, incluso.
Kalari ejerce de anfitriona tras las teclas. Los “Ecos Del Pantano” sirvieron de puerta de entrada al set. También de señal de alerta a quienes habían salido a por el piti de rigor. La banda arremete entonces con “El Blues Del Innombrable”, donde envueltos en un sonido aún algo errático, Hooves descerraja un buen primer solo de guitarra. Es un buen arranque. Pero con el sonido ya bien equilibrado, es una gran versión la que ofrecen en “Alimentándose En Secreto”, una de las andanadas más rotundas y vibrantes de la jornada. Vendimos nuestras almas al Reverendo. No quedaba otra. Buenos coros de Hooves aquí y una base rítmica, la del Hermano Lynott al bajo y Jhonny Liver en baterías, apuntalando la versión más trotona del establo. Tal y como dejó dicho el Reverendo, “el caballo había vuelto a Otero”. Y de qué forma.
Tuvo que ser uno de sus cortes más clásicos quien apaciguara un tanto los ánimos: “El Cuervo” puso una mayor calma, una cierta aridez incluso, mientras la voz de Caballo Moldavotrotaba de lado a lado del escenario. Son muchas las veces que nos hemos visto las caras. Pero me atrevería a decir que nunca con un Reverendo G. Throat tan activo como la noche del viernes. Agradecimientos a la buena gente de Sküld y turno para el corte que daba título a aquél Ep de 2021, “Réprobos”, siempre de frente, con el frontman bajando al piso y Hooves dejando otra buena ristra de solos.
Siempre me ha costado trabajo encasillar a Caballo Moldavo en una etiqueta concreta pero es verdad que la de Danzig aparece como una figura (quiero pensar que sólo en lo musical) de vital importancia para ellos. Al de Nueva Jersey rindieron pleitesía, una noche más, con su revisión del “Dirty Black Summer”. Si no arrimábamos cebolleta así, desde luego iba a ser imposible. Hay que ver cómo llenaban Liver & Lynott aquí desde sus respectivas tareas. Quizá de ahí que “Marcados”, que da nombre al álbum, ganase tantos enteros en su traslación al directo. Al menos esa impresión tuve. Lo cierto es los chicos llegaron a la Gong con la lección pero que bien aprendida. Tantos años de rodaje, al final, se notan. No queda otra. “Mi muerte centinela”, que el Reverendo abre con una cita de Octavio Paz, había sido proclamada por la voz moldava como una de sus favoritas. Un corte cuyos contrastes en estudio se magnifican con el grosor (“vaya gordor”) del directo.
En “Misa Negra”, especialmente durante el puente más calmado, tuve la sensación de que nunca había contemplado tal comunión entre banda y público en un show de este particular establo. Pero pese a que era la presentación del nuevo disco, ellos andan ya mirando al futuro. Tema nuevo, que no traiciona sus esencias, y donde Hooves dejó algún que otro riff ganchero y pegajoso como pocos. La noche continuaba. Y lo iba a hacer con la presencia arriba del escenario de un tal Pablo García, a quien los elementos quisieron jugarle una (pequeña) mala pasada. Caballo Moldavo mutaban así en quinteto y, por ahí, “El Pantano” procuraba al cierre su cara más abiertamente alucinada.
De nuevo en su formato original, tocaba enfrentar la recta final, donde “Bienvenidos Al Valle Del Cielo” demuestra que puede ser una canción grande para ellos. Sin ni mucho menos abandonar sus señas de identidad, conecta con la gente, tiene gancho por los cuatro costados y redondea con la precisa outro de Kalari a las teclas. Otra de las que, pienso, ganaron una barbaridad con respecto al estudio. El Reverendo echó mano del megáfono y “Al Otro Lado Del Viento” rivalizó con el corte anterior en cuanto a enganche con la audiencia. Dos cortes que, presumo, va a costar horrores sacar de los cierres de sus shows. Como ese “Green Machine” (Kyuss) al que reverenciaron una noche más. Indómitos, áridos, crudos, orgánicos y de lo más disfrutables. We ride at dawn.
La cuadra vikinga. Una buena dupla para una tarde noche de lo más prestosa. Creemos sinceramente que se cumplieron las expectativas. Muchos nos volvimos marcados para casa y esta nueva era moldava se abrió, pensamos, de forma inmejorable. Es por ello que no quisiera cerrar sin agradecer a ambas bandas por el trato que nos dispensaron, ni tampoco sin mandar un saludo a la mucha buena gente con la que departimos antes, durante y después. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
Nacido en el 2022 el proyecto Drink The Sea ofrece una marcada influencia de músicas del mundo. Con una configuración tradicional de guitarra, bajo y batería, aparecen en su propuesta sonora el laúd árabe, el sitar indio, los gamelanes indonesios, el surdo brasileño, el tambor de marco, el vibráfono, la marimba o la kalimba. Con el doble debut ya en la calle desde el mes de octubre en su interpretación en vivo se apoyarán en proyecciones creadas por el reputado cineasta Tad Fettig.
El combo doom / stoner argentino Mephistofeles asalta al fin Europa. Nacidos allá por el 2023 cuentan con una trayectoria prolífica compuesta por 5 álbumes y varios EP’s, siendo uno de los referentes del estilo en su país.
Los renovados Adventus harán su debut en los escenarios asturianos este 2026. La formación liderada por el teclista Manuel Ramil recalará en la Sala TribecaLive de Oviedo el sábado 25 de abril.
La banda compuesta actualmente por Ramón Lage (Avalanch, Delalma) a la voz, Dani Arcos (Bloodhunter, Debler Eternia) a la guitarra, Fernando Mainer (Mago de Oz , Tako) al bajo y Nacho Arriaga (Arwen) en baterías presentará su nueva obra de estudio «De Mi Corazón Y Otras Miserias» editada el pasado mes de noviembre a través de Maldito Records.
Entradas disponibles muy pronto a través del siguiente enlace: https://epticket.com/
Nueva visita de los rockeros madrileños de culto Sex Museum a nuestros escenarios, en este caso a la sala de Kuivi Almacenes, en compañía de los locales Automatic Kafka. Una dupla que aseguraba varias horas trufadas de actitud y diversión en la capital asturiana. Con el equipo de Heavy Metal Brigade aún con la resaca y el cansancio de la jornada anterior, la cosa vino a darse más o menos como sigue.
Faltan alrededor de veinte para las diez cuando Automatic Kafka, una noche más en formato sexteto, toma el Kuivi. Y lo hace con esa “Audio Garden” de su más reciente obra de estudio “Immortal”. El sonido apuntaba a que iba a ser el de las grandes ocasiones, fino y conciso, casi tanto como ese primer despliegue solista que tramaron Broonko y Jota. Sería el propio BroonkoLee quien recordaría cómo él y Sex Museum cruzaron sus caminos hace unos dieciocho años. El tiempo vuela que ni te lo crees. Y el set también. “Burn”, siempre en recuerdo del gran Jimi Hendrix, parece concitar una mayor atención por parte de la audiencia. Eran unos Kafka mostrando algo más de músculo. Pero éramos “Aliens”, después de todo, y por ahí cupo un recordatorio al debut de 2020. Vimos bien a Dolfo en voces. Su habitual figura con el chaleco vaquero mostró una noche más haber encajado bien en la particular idiosincrasia de la banda asturiana.
Y mientras Broonko bromea con que no compremos CD’s en su puesto de merchan, Leo Duarte comanda con pulso firme desde baterías. Su labor viene a otorgar una mayor dimensión a la nutrida formación asturiana. Dolfo explicaría la conexión entre “Alguien Voló Sobre El Nido Del Cuco”, el clásico del ya desaparecido director checoestadounidense Milos Forman, y “Resistance”. Buenos coros de Rebor y Margo para unos Kafka a buen nivel. “Wanted Fame”, compuesta por Broonko en Las Vegas, no quedó claro si en Corvera o Nevada, confirma el buen estado de salud de la banda, amén de dejar por el camino uno de mis riffs favoritos de todo su catálogo. Aún hubo tiempo de recordar cómo “The Taster”, su particular homenaje a la figura de Bon Scott, les llevará por primera vez a tierras escocesas. Sería el último corte de Dolfo con su característico chaleco, que abandona para una “Doc” donde ellos disponen una de sus mejores secciones solistas.
Sin implicar que no disfrute de la descarga, es cierto que aún me cuesta disociar “Streets Of Universe” del característico registro de Fab Martorano. El reproche, si es que se le puede llamar así, es puramente subjetivo. Porque la banda está redonda en cualquier caso. Sigue siendo uno de sus cortes con más gancho. Y Dolfo sabe llevarla a su terreno de todas formas. El vocalista se pondría entonces la chaqueta amarilla para “Immortal (Kiddo)”, un corte que siempre amplifica el discurso sonoro de la formación astur. Broonko pediría entonces un aplauso para Sex Museum. Y comentaría que, en realidad, todo lo que tocan son “versiones… ¡de Automatic Kafka!”. Turno aquí para volver al tema que daba nombre al debut, “Metamorphosis”, con Dolfo sacando adelante una línea de voz no poco exigente. Jesús Rebor se animó a juntarse con él al frente del escenario y Broonko aprovechó las virtudes del inalámbrico para perderse entre la gente. Quedaba “Crazy Horse”, donde la banda de nuevo contó con las habilidades de Pablo Canalís y, en general, nos pareció ver otro buen set por su parte. A seguir dando pasos en la dirección correcta.
Le llegaba el turno a una de las grandes instituciones de nuestro rock and roll, los madrileños Sex Museum, que vendrían a dejar claro su estatus de banda de culto con otro set rayano en lo memorable. Puede que tengan los pelos más blancos, las frentes más arrugadas, pero la actitud que muestran y la pasión que desbordan siguen siendo las mismas de siempre.
Es algo que queda patente toda vez la introducción da paso a “Breaking The Robot”, con un muy activo Miguel Pardo tras el micrófono. Potentes, bailables, infecciosos y sin dejarse nada dentro. Enlazan con “Two Sisters”, en la que el hermano de Miguel, Fernando, entrega ya uno de sus mejores solos de la jornada. Que Marta tras teclas tiene una importancia capital en el sonido de la banda es algo que nos queda claro en “I’ve Lost My Faith (In You)”. Con Diego Reyes a los mandos sonidazo tremendo el que entregaban, sin trampa ni cartón, y un público que se divertía de lo lindo con los de la capital.
Una audiencia que se vendría aún más arriba con su ya habitual colisión entre el riff de “Smoke On The Water” de Deep Purple y la letra de “Fight For Your Right” de los Beastie Boys. Rock flamígero y festivo aquí. Pegadizo y disfrutón. Con ese inequívoco patrón bombo – caja – bombo de la batería de Loza invitando al movimiento de melenas, caderas y lo que se terciara. “Microdosis”, ahora en nuestro idioma, persiste en esa encarnación tan hedonista, que viene a contrastar con un puente que divaga entre lo elegante y lo alucinado. No faltaron los pequeños speeches de Fernando. Como ese que comenta, a grandes rasgos, los ya lejanos orígenes de la banda. Fue antes de entregar “Lucky Man”, de su más reciente obra de estudio, el de todas formas lejano “Musseexum” de 2018. Marta se magnificó aquí. Mucho el carisma que atesora y aún más la clase que despliega sobre las teclas. Sería la propia Marta quien introdujera la que, a la larga, sería una de las mejor recibidas por el público, no otra que esa “I Enjoy The Forbidden” donde, no creo que fuera el único que lo pensara, nos sobrevoló el espíritu del legendario Phil Lynott. Sea como fuere, el mejor Miguel de toda la noche.
Fernando tuvo tuvo tiempo de mandar un saludo a la buena gente de Automatic Kafka. Y de afirmar que les gustaba la comunidad. Que había que estar unidos. Le había llegado el turno, claro, a su habitual revisión del “Unidos” de una de nuestras grandes bandas de culto, Parálisis Permanente. Muy celebrada y bailada aún más si cabe por un Kuivi rendido a los madrileños. “Menos mal que tenemos una con cencerro”, bromearon. “Junto con el opio, lo mejor para sobrellevar la vida”. “Horizons” son unos Sex Museum tremendamente vacilones. De hecho en “Breakout”, y como ya sucediera en 2024 (crónica) mi cabeza no podía hacer otra cosa que no fuera que recordar el paso por la capital de otros ilustres, los japoneses Acid Mothers Temple, allá por 2016.
Pero volviendo a lo que nos ocupa, el final de set es flamígero. Loza impulsa a los suyos y el Kuivi, sediento de fiesta, responde con manos al viento y la mayor de las algarabías. Llama la atención la vitalidad que muestran en todo momento. Si es verdad aquello de que el rock le mantiene joven a uno, en pocos casos resultará más cierto el tópico que en el de estos Sex Museum. Pero aun entre toda la fiesta y el jolgorio, me gustó que tuvieran un detalle para con el bueno de Jorge Ilegal. Sobra decir que nuestros pensamientos están también con él. El cierre de tamaña fiesta, a modo de pequeño bis, correspondió a “Flying High”, que colmó las ansias de muchos y dejó satisfechos, quiero creer, a todos los presentes. A tenor de lo visto, y espero no gafar a nadie, queda museo del sexo para rato.
Buena dupla para un agradable sábado noche. Unos Automatic Kafka que siguen creciendo primero, unos Sex Museum que confirmaron su estatus de culto después. Todo para redondear otro buen fin de semana en Heavy Metal Brigade junto a la escapada del viernes para el show de Gus G y Ronnie Romero. Por eso quería mandar un sincero agradecimiento desde aquí a todos quienes siguen apostando por la música en directo, especialmente en estos tiempos cada vez más oscuros. Una de las pocas luces que brillan bajo una realidad cada vez más sombría. Mandar también un saludo a los habituales de siempre y ya saben: nos vemos en el siguiente.