Reseña: SomeWhereOut «Providence» (Autoproducción 2024)

Providence” es la nueva observación del compositor de origen malagueño Raúl Lupiáñez, aka  SomeWhereOut. Siete temas inspirados por relatos que ya sirvieran de inspiración al padre del horror cósmico H. P. Lovecraft así como las composiciones de Maurice Ravel, Erik Satie o Franz Liszt. El álbum vino al mundo a caballo entre The Forest Studio y Big Sound Corp, cuenta con imágenes de Suzy hazelwood y vio la luz el 19 de septiembre de 2024.

Under The Black Stars” introdujo al álbum hace escasas fechas y se encarga igualmente de dar el pistoletazo de salida a esta nueva obra del proyecto con base en la ciudad de Málaga. Una tímida entrada al piano dónde pronto toman forma las voces de Alba Bermejo (Memorias de Sefarad) y Carlos Strachan (Tale of Wöe) . También el violín de Begoña Ramos. Y que más pronto vira de forma repentina hacia un rock de tintes atmosféricos, con gran protagonismo de los arreglos, donde sobresale el interesante doble juego vocal. También la forma en que las guitarras de Lupiáñez rugen durante las estrofas más pesadas. Me agrada el mayor nervio del tronco central y el par de solos que lo adornan. El riff que Raúl ha dibujado aquí tampoco tiene desperdicio. Las partes más calmas del epílogo, por más vueltas que les dé, no dejan de recordarme a un Steven Wilson del estupendo “The Raven That Refused To Sing (And Other Stories)”, lo cual no deja de ser una buena señal. Un primer corte con el que conecto en gran medida.

The Sword”, con la cálida voz de Abraham Linares (41 Ravens), resulta mucho más sencilla en su planteamiento, con esa construcción “subibaja” tan clásica. Lupiáñez la sustenta sobre una base rítmica de baterías programadas a la que adorna una lucida línea de bajo. La banda, el proyecto o como cada cual se quiera referir a SomeWhereOut desarrolla aquí tendencias que encuentro más cercanas a unos Leprous, Haken o incluso Pain of Salvation. El tronco central quizá daba para una sección solista más extensa. Por otro lado, la sensación que deja este segundo corte es la de que todo parece dispuesto en favor de la canción misma y no del ego del propio músico malagueño. Algo que agradezco.

Gone”, con el propio Lupiáñez a cargo de las voces, transita por ambientes tranquilos y reposados, bellamente arreglados y en los que recomiendo encarecidamente el uso de auriculares. Desprovista del nervio de otras entregas, se adentra en la faceta más atmosférica de SomeWhereOut donde la voz de Rubén resulta más que adecuada. El puente central tiene algo de onírico. Sin separarse de las lindes del progresivo y con cierto regusto a los momentos más tranquilos de unos King Crimson, camino del epílogo la mezcla ofrece uno de los mejores ejercicios de equilibrio de todo el largo. Algo acomodaticia, podrían acusar algunos, lo cierto es que la encuentro más que efectiva a la hora de extraer la cara más elegante de su compositor.

Jesús Martínez (The Ivory Hawks) pone voces a esta “The Green Book” donde todo vuelve hacia terrenos más vivarachos, de un prog que, a ratos, bien podría recordar a los primerísimos Dream Theater, contrapuestos a unos riffs de un talante mucho más duro y rocoso. Lupiáñez dibuja un cuidado solo de teclas durante el tronco central, al que responderá Israel Lupi (41 Ravens) desde la guitarra en el casi vertiginoso epílogo. Fácilmente la que más peso ha ido ganando con el correr de las escuchas, testimonio de lo mucho que Raúl ha cuidado estas canciones.

Buried” sorprende con ese prólogo tan vibrante y más aún con la forma en que todo se detiene ante la pronta llegada de las primeras estrofas. Andrés Gabarrón (WETHELAST) pone tonos razonablemente altos en estribillos y Lupiáñez vuelve a construir otra de esas composiciones bifocales, revestidas de riffs más sencillos que otras entregas del álbum pero igualmente efectivos. Del bajo, al que siento ahora más crujiente, se encarga Félix Morales. Me agrada sobremanera el solo de guitarra que irrumpe en el tronco central. Sin más florituras que las necesarias, equilibrado y lejos de cualquier desmesura ególatra. El final vibra para entregar alguno de los momentos más nerviosos de todo “Providence”. Con cada escucha pienso que el final pedía cerrar ahí y no con ese pequeño fade out pero esta ya es más que nada una cuestión de gustos.

John Serrano pondrá su registro más leve al servicio de la muy tranquila “The Willows”, basada en en la obra “Los Sauces” de Algernon Blackwood, apenas una pequeña línea de piano acompañando al vocalista, que aupará su voz al compás de los oscuros arreglos del epílogo. Emerge ahí una faceta más sinfónica, cinemática incluso, para un cierre algo brusco, en consonancia con lo extraño, lo enigmático diría incluso de la propia composición.

Para el cierre queda la desmesura del tema título “Providence”. Nada menos que dieciocho minutos abarca una canción que se abre camino desde el elegante piano del prólogo para trazar una de esas entregas que conviene escuchar (y re-escuchar) con toda la atención posible. Lupiáñez se acompaña aquí de Dante Martín (Neptunia) en voces, Begoña Ramos en cuerdas y David Santana (Sharp Dressed Men), quien dibuja un hábil solo de guitarra. Sus tres primeros minutos ya dan muestras del cariño que unos y otros han puesto aquí. El trazo ofrece un ágil crescendo que desembocará en la más pura calma que acoge a las primeras estrofas. Lupiáñez dobla su solo de guitarra con las cuerdas de Ramos y en el contraste sucede otro de mis momentos favoritos de todo el largo. Después la composición irá adquiriendo una vibración mayor, que vendrá a desembocar en una sección solista, ahora sí, donde parecen mandar la desmesura y el desenfreno. Con “La Caída de la Casa Usher” de E. A. Poe como trasfondo lírico, el corte viene a dar la auténtica medida del proyecto en lo que a ejecución se refiere. Lupiáñez inserta una pequeña isla de tranquilidad desde la sobriedad de su pequeño solo acústico, al tiempo que nos introduce en el tercio final de la propia canción, broche final de un estupendo trabajo.

Lo pienso así y las reiteradas escuchas no vienen más que a refrendar la idea. Reza el tópico que este puede no ser un disco del gusto de una gran mayoría. Por otro lado, quienes disfruten del mejor rock progresivo en la lengua de Shakespeare bien harían en perderse entre los mil y un rincones que Raúl Lupiáñez ha dispuesto a lo largo y ancho de estos cuidados siete cortes. Con una producción a ratos exquisita, una mezcla bien equilibrada y la inestimable colaboración de un puñado de buenos amigos del compositor y músico malagueño, el resultado colma todas las expectativas que servidor tenía antes de darle al play. Estupendo.

Texto: David Naves