El que a priori parece ser el primer evento para Heavy Metal Brigadeen el 2026 reunirá el viernes 9 de enero en la ovetense Lata De Zinc al combo doom gallegoCruzeiro, los stoner cántabros Wet Cactus y la formación psicodélica local Sombra.
Los de A Coruña encabezados por la vocalista Beatriz Onyx presentarán su nuevo disco «Hic Sunt Dracones» editado en el mes de mayo a través de la asociación de sellos formada por La Rubia Producciones, Interstellar Smoke Records, Vertebrae y Doomshire Tapes. Por su parte Wet Cactus regresan a la Lata y a compartir tablas con Sombra tras su paso en el mes de abril por la sala ovetense. Su último trabajo es el EP «Live At Ovni Estudio» grabado en el estudio asturiano y editado en formato digital en el mes de marzo. Sombra, proyecto paralelo de dos de los 3 componentes de Acid Mess, apuestan por la psicodelia con un punto más experimental y jazzero, rozando por momentos el post rock. Su único trabajo discográfico «Visiones» data ya del lejano 2017. Con apertura de puertas a las 21 horas, el precio de la entrada en taquilla es de 15€.
El combo doom / stoner argentino Mephistofeles asalta al fin Europa. Nacidos allá por el 2023 cuentan con una trayectoria prolífica compuesta por 5 álbumes y varios EP’s, siendo uno de los referentes del estilo en su país.
Con el corazón lleno de polvo, niebla y dolor, aún recuerdo despertarme cada uno de los días que duró esta edición pensando si todo se sucedería de forma tan especial. Y es que este SonicBlast 2025, nos golpeó fuerte pero bonito dejándonos jornadas que llevaremos siempre en la memoria.
Si el cartel ya prometía y el contexto, entorno y emplazamiento nos enamoran cada año, os puedo garantizar que cerramos esta edición superando por mucho las expectativas. La semana en Vila Praia de Âncora nunca se hizo tan corta como esta. Playa de arena blanca, noches frescas y una vecindad del todo acogedora, hacen que este festival deje uno de los mayores bajones postvacacionales que he sentido en mi vida. Estaréis de acuerdo en esto conmigo, pues el domingo cuesta mucho decir adiós.
Desde que se anunció la traca final del cartel, deseábamos que llegase ese miércoles 6 de agosto para reencontrarnos con la arena y la oscuridad propias de tamaño evento. Aunque fuimos previsores y madrugamos para tener los deberes hechos, acudimos al recinto como si necesitásemos hacer cola, víctimas de lo ansioso. Lo primero que nos encontramos fue un mural en honor a Black Sabbath que nos encogió un poco el pecho, a pocos días del fallecimiento de su eterno líder Ozzy Osbourne. Allí se terminaba el peregrinaje, comenzaban las fotos y la recta final hasta pisar de nuevo el suelo desértico y la duna de piedra donde patinarían, surfearían y descansarían (a ojo) casi cinco mil personas, aunque nos parecieron muchas más.
Miércoles 6 de agosto
En la pre-party, como el pasado año, ya notamos demasiada gente y nos temíamos lo peor para los días que venían. Colas interminables para pulserar, las barras abiertas a la mitad, tapones entre la entrada/salida y los baños… ¡Y solo era la previa al festival!
Se nos hizo prácticamente imposible pasar de la zona de foodtrucks para acercarnos al Stage 3. Aún así, vamos a tratar de comentar lo que podamos de este día. Inauguraban la noche los locales Overcrooks con un punk rock muy divertido. Sonaba a principios de los 2000 y eso siempre nos gusta. Si me dicen que alguna canción salía en el Tony Hawk me lo hubiese creído. Un rollito salido de fusionar a Suicidal Tendencies con Millencolin. La banda encargada de recoger el testigo de las once de la noche era Daily Thompson, aunque más bien Yearly Thompson puesto que repetían en día y escenario del pasado año. Un sonido muy Fu Manchu con esos cencerros y esa voz tan característica de banda que articula cada canción en torno a un par de riffs. Funcionar les funciona. Hicieron que toda persona allí agrupada moviese la cabeza y repitiese cada estribillo. La banda alemana cumplió con lo que se le pedía. Con la noche ya cerrada llegó el turno de Nerve Agent, banda de Birmingham que en disco me recordaba a Biohazard o Terror y en directo se me hicieron mucho más thrashers. Me divirtieron mucho aunque quizás la voz estaba algo alta. No sé si les hubiese beneficiado un poco estar en un escenario más grande para sonar con un poquito más de definición. Por último, al menos para este señor mayor que escribe, pude disfrutar de la propuesta de Castle Rat. No estaba familiarizado con la fantasía medieval más allá de los libros, por lo que me llevé una grata sorpresa con la performance de la banda neoyorquina. Un doom a caballo (y esta vez es de verdad) entre un castillo y un aquelarre. No sé si fue la banda que más me gustó de la noche, pero al menos fue la que más cosas divertidas llevaba en la cabeza.
Jueves 7 de agosto
El jueves y primer día oficial del festival, se presentaba como uno de los principales pilares de esta edición. Contar con Amenra y Fu Manchu en dos slots seguidos era algo complicado de gestionar emocionalmente. Por si fuera poco, la niebla quiso sumarse y cubrió Âncora, generando un clima perfecto, tapando el sol y llenando todo de misterio.
Comenzamos el día con Bøw, banda local que dio el salto del Stage 3 el pasado año a un Main en este. Era muy pronto para que descargásemos la energía que íbamos a necesitar hasta el final de la noche, así que optamos por ver a la banda desde una posición discreta pero con buena línea de visión. Un punk por momentos grunge y por momentos hardcore que consiguió despertar a la gente aletargada y hacer sudar a quien ya venía con unos cuantos cafés en el cuerpo. No mentiré y diré que alguno me tomé dentro del recinto. Mientras Hoover III, comenzaban la sobremesa ofreciéndonos una mezcla de psych y prog. Lo poco que sabía de esta banda es que entró como sustituta de Jjuujjuu y después me enteré de que están como support de The Black Angels. Me gustaron lo justo para ver todo el concierto pero no fue lo que más me llenó de la tarde. Tras la banda angelina, pudimos disfrutar de una de las bandas que mejor cartel traen, y no es que lo haya visto en ningún lado, pero por algún motivo, todas las personas con las que hablé, venían con muchísimas ganas de Slomosa. Una propuesta sin salirse del marco jurídico del stoner, con pocas cosas nuevas pero con un sonido bastante notable. Venían de sacar disco a finales del pasado año y de estar en Âncora en 2022, así que entiendo el hype. Un directo bastante sólido donde se nota la experiencia y las influencias de la fría Noruega. Se hicieron con el trofeo de antes del anochecer para el público más conservador.
Pero para mí, si alguien tiene ese trofeo es Ditz. La banda de Brighton y su estilo irreverente y macarra me dieron lo que necesitaba cuando lo necesitaba. Con una actitud de llevar décadas llenando salas, la joven banda que nos sorprendió en 2022 con The Great Regression, se hizo con la parte más ecléctica del recinto y supo agitar conciencias y vasos, derramó fluidos y no fue cuidadosa con nada. Un post-punk de calle, con la puntualidad británica de no llegar tarde nunca pero tampoco temprano, una mezcla de los primeros Shame y los últimos Idles, un cocktail en The Joker y un vestido veraniego fue lo que pudimos presenciar a las puertas del ocaso. Comenzó a caer el sol, y llegó el turno para Earthless, que si ya nos hemos visto por ahí sabréis que me aburren un poco. No es culpa suya, es mía. Pero os voy a contar un secreto: me fui a casa a merendar y a por una chaqueta para la noche, y cuando volví, seguían tocando la misma canción. Y esa es la magia o el problema de la banda de San Diego. Si te gustan en disco te encantarán en directo, porque van a maximizar la experiencia como buenos artistas y virtuosos que son. Ahora bien, como solo hayas escuchado un par de temas, perdiste, porque las probabilidades de que suenen son muy bajas.
Con la chaqueta ya puesta, no quería perderme a King Woman, que es el proyecto que consolidó Kristina Esfandiari tras abandonar Whirr, una de las grandes potencias del shoegaze. King Woman tiene otro tipo de ingredientes pero conserva mucho de la esencia de la vocalista de Sacramento. Se mueve por un camino de stoner oscuro y por momentos melancólico. La voz oscila de la mesura del shoegaze al scream, pero con muchas paradas entre medias. Las armonías son fúnebres como si pusieses un single de los Misfits a 33 rpm y el maquillaje es parecido. Nos quedaba ahora la parte fuerte de la noche y para eso debíamos estar muy en silencio. Como si de una brisa de verano por la noche en la playa se tratara, desde Bélgica llegó el lamento prolongado de una de las bandas más grandes del post-metal.
Amenra volvió a robarnos el corazón y también el alma en una actuación de proporciones dinosáuricas. Pese a no confiar en el entorno y en las condiciones, pues se nos hace siempre mucho más obligatorio un ambiente íntimo con esta banda, lograron hacerse con todo el público desde los primeros delays de guitarra limpia. Por primera vez en el día supimos lo que era que nos vibrase el pecho de verdad. Me quedo con la interesantísima incorporación de Amy Tung al bajo. Lo importante de manejar las dinámicas en estos géneros, de saber explotar y volver a tocar con mesura, unos coros espectaculares que recordaban a un teclado lanzando ambient. Una de las mejores puestas en escena que le he visto a la banda de Cortrique. Ya con las olas tapándonos los pies, el olor a salitre nos invadió como si un big muff estuviese calentándose poco a poco. Era el turno de Fu Manchu. Los del condado de Orange entraron con una prisa sobre rodamiento quemando dos de sus mejores cartuchos en los primeros veinte minutos. Evil Eye y California Crossing nos dejaron sin aire. Los californianos llegaron presentando The Return Of Tomorrow, un disco que sabe a noventas y que deja claro que los grandes siguen siendo grandes manteniendo su esencia. Temas como Loch Ness Wrecking Machine nos teletransportan de forma instantánea a King Of The Road o The Action Is Go. La ola pasó pero pudimos surfearla. Un placer, Fu Manchu.
Y aquí no acababa la cosa, aún nos faltaba la fiesta de la noche, y que teníamos claro quiénes iban a oficiarla. Los MДQUIИД, se subieron al escenario casi de un salto, pues estuvieron disfrutando del festival como público todo el jueves. Comenzó a sonar la pista de efectos y la línea de bajo infinita sobre la que se articularían los 45 minutos siguientes. Lo que consigue esta banda con guitarra, bajo y batería, y casi sin máquinas, es una absoluta barbaridad. Sonar a electrónica a base de paciencia y perseverancia es una tarea sobradamente difícil. Si tocasen una vez al día todos los años, compraría mi abono vitalicio.
Viernes 8 de agosto
El viernes prometía ser mucho más tranquilo por el cartel, pero con ciertos alicientes que nos dejaban una rendija de la puerta abierta. Empezamos la tarde con Gnome, tratando de tomarnos en serio los cincuenta y siete gorros rojos de gnomo que vimos en el bosque de camino al festival. Os juro que es de las cosas más graciosas que he visto en mi vida en un concierto. Debería ser obligatorio a partir de ahora el gorrito y aspirar helio para acceder a cualquier sitio. No los había escuchado demasiado, y bueno, divertidos. Para empezar el día con un café en la mano, me parecieron bastante adecuados. Lo mejor: las setas.
Ahora sí, me atavié, me cogí los pañuelos y traté de poner mi mejor cara para intentar que Emma Ruth Rundle, a punto de salir al escenario, me viese y se enamorase perdidamente de mí. Fallé estrepitosamente porque a los cuarenta segundos yo ya estaba llorando con la cara hinchada y roja, las lentillas queriendo escapar y la voz como la de un fan de One Direction cuando Harry y Louis se miran a los ojos. Emma salió, sola, con su guitarra acústica y se sentó. Un silencio sepulcral solamente roto por la sexta cuerda de su guitarra dando comienzo a Living With The Black Dog. Nunca he visto una sola cuerda de guitarra llenar tanto un recinto. Ojos cerrados, corazones latiendo al ritmo de sus susurros rasgados y su armonioso llanto. Una tarde mágica que terminó de gestarse cuando Emma, se despidió mientras yo trataba de que no se me cayeran más lágrimas en la cerveza. Aún entre aplausos, volvió a salir porque tenía un poco más de tiempo para seguir rompiéndonos el corazón. No creo que pueda recuperarme jamás. No entendí a la gente que pudo quejarse de que esta reina estuviese en el cartel. Seguro que fue el cuñado de algún fan de Orange Goblin.
Y como me gustan los duendes, pero los de Irlanda, no los malos, estaba muy expectante con la siguiente banda en subirse a la tarima. Ellos eran Chalk, y desde Belfast, prometían hacernos bailar y humedecer conciencias con un post-punk que bebía más de la electrónica que de la Guinness. Vamos a partir de la base de que esta banda jovencísima estaba teloneando a Fontaines DC junto a Kneecap en su tierra natal. Creo que esto ya es indicativo de que pueden interesarle a cualquiera. Una vez más, SonicBlast y el post-punk. What A Time To Be Alive. Con la noche encima, parecía que la electrónica iba a entrar increíble, y así fue. Empezó a sonar el beat de Afraid, empezando el show mucho más arriba de lo que me esperaba. Sin tiempo para pensar en qué vendría después, todo el SonicBlast estaba saltando sin darse cuenta. Miradas de perplejidad, quizás por no saber lo que iba a aparecer tras la cortina en muchos casos, y en otros, porque era lo que prometían los de Belfast pero estaba sonando como si fueran las cinco de la mañana. Lo mejor de la tarde para mí fue encontrarme con esta joya en directo. Lo peor, que compartiesen día con Emma y yo ya no tuviese corazón para repartir.
Después de los irlandeses, llegaba el turno de unos viejos conocidos del festival y de la gente amante del post-rock, psych, space y derivados. My Sleeping Karma volvían al festival portugués intentando superar la pérdida de su anterior bajista. Fue un golpe duro para ellos y no había muchas esperanzas de que volviesen pronto a los escenarios. La música cura y la de esta banda alemana, mucho más. Empezaron con uno de sus temas y de sus riffs más icónicos. Brahama fue la encargada de despertar un coro multitudinario que es lo único que puede despertar a nivel vocal un grupo sin vocalista. Cantando la melodía de su entrada al caos durante dos largos minutos, supe que una vez más estaba delante de una de las mejores bandas del género. El concierto se sintió formando parte de un único discurso. La banda conceptual, ya experta en esto, sonó con una cohesión extrema y generando un clima de seguridad y emotividad que pocas veces notas frente a un escenario. Son paz, son cercanía, son familia. Justo todo lo contrario me pasa con Witchcraft, banda que recogía el testigo de los alemanes para regalarnos más de una hora de la nada más absoluta. De verdad, lo digo sin acritud, pero es que no me dijeron nada. Aburrieron y no hicieron sentir a nadie dentro del concierto. Pareció el grupo de la ruleta de la suerte tocando por obligación entre sketches. Los suecos venían con un cartelón de cabezas de cartel que a priori convenció a mucha gente pero que también generaba dudas. No les hizo ningún favor tocar después de My Sleeping Karma, y la gente no terminó de entrar en el mood ni se enganchó a las canciones. Coros tímidos en Chylde Of Fire, y creo que más bien por su parecido con Black Sabbath que por otra cosa.
Menos mal que quedaba algo muy muy potente después y que sí supo conectar con la gente. Repitiendo en el festival, pero esta vez cambiando de escenario, el dúo afincado en BarcelonaDame Area fue el encargado de prender fuego al SonicBlast. Con la chapita de Humo Internacional ya les llega para llamar la atención de toda aquella persona que no supiese de su existencia. La pasión, la locura, la rabia y la diversión se metieron en los cuerpos de quienes allí nos agolpábamos para bailar a ritmo del industrial más salvaje e irreverente. Es de estos grupos que me prohíbo escuchar en casa porque me resultan tan adictivos en directo. Tras la carrera de fondo más larga y divertida del verano, huimos para estar presentables en lo que sería el último día del festival.
Sábado 9 de agosto
El sábado era uno de los días que más nos apetecía, ya no solo por Molchat Doma como cabezas de cartel, sino porque había mucho mix de estilos y todo apuntaba a variado y entretenido. Tuvimos que madrugar bastante para poder ver a una de las bandas que más hype nos había despertado en los últimos años, y más aún después de su último disco. Messa, era la banda encargada de abrir el portón del último día de festival. La formación italiana se mueve por una cordillera donde el doom es la cima, pero tontea con muchos estilos hasta alcanzarla. He de decir que me dejó un poco tibio el directo, quizás por mi poca predisposición con tanto calor a la hora de la sobremessa. El sonido no me convenció mucho. Demasiado solo de guitarra por encima de lo esperado. Quizás el último disco me había dejado un poso más oscurito y en directo no percibí lo mismo. Aún así, es una banda con mucho futuro y a la que no le quitaré el ojo de encima. De Messa a Monolord, se me hacía un poco cuesta arriba, quizás porque eran bandas que ya había visto sin muchas ganas anteriormente y porque ya solo los nombres me invitan a irme a merendar algo.
Turno para The Atomic Bitchwax, que atesoran seguramente las portadas más feas del stoner. Power trío americano con gente de Monster Magnet que es capaz de hacer una canción sobre un solo de guitarra con mucho wah y humo de tubo de escape. Todo el repertorio moviéndose en pentatónicas y mucho dadbending. No fallaron ni una, eso sí. Súper sólidos en el escenario, todo en su sitio y una performance como se espera. Me faltó fuego y dos Ford Ranger haciendo trompos en el pit. Con un sospechoso olor a gasolina en el ambiente, aún teníamos que enfrentarnos a King Buffalo, que dependiendo de la elección de setlist, pueden tocar 4 temas o catorce. En este caso, los de Rochester comenzaron el concierto con un par de temas de su último álbum, que tiran más al space y a mí personalmente se me hacen más divertidos. En Mercury la batería te conduce durante todo el tema a base de arreglos de platos muy trabajados y termina en una especie de evocación a Elder verdaderamente interesante. El resto del concierto ya fue más cercano al stoner más típico pero con unos timbres diferenciales. Me gusta mucho cómo juegan con los efectos tanto en voz como en instrumento y se les nota totalmente en sintonía.
Después de los neoyorquinos, subieron al escenario Dead Ghosts, que por poco necesitan tocar en los dos main para caber, porque parecían los de la tuna por Salamanca. Qué propuesta más chula de los de Canadá. Los había visto hace más de diez años pero la película era distinta. Ahora, siguen bebiendo del garage pero enarbolan una serie de partes que provienen del surf, el western, el lo-fi, o el folk haciendo que cada canción suene a peli de Tarantino. Su secreto está en saber cuándo apretar el botón. Van muy prudentes y no pecan de introducir todos sus elementos a la vez, sino que saben añadir los ingredientes a la receta para gustar sin empalagar.
Después de esta actuación tan satisfactoriamente inesperada, venía una de mis no-puedo-faltar-a-esta-cita. Monolord volvían a cruzarse otra vez en mi camino desde 2021. Uno de los mejores directos que recuerdo ver en sala post-pandemia. Hacía mucho que no les seguía la pista en foto/vídeo y me enteré de que el line-up contaba con un miembro más como guitarra de apoyo. Supongo que será más un tema de directos que algo definitivo. El caso es que me sonó todo igual de bien que siempre. Comenzaron con mi favorita y eso ya me dejó tranquilo. I’ll Be Damned abriendo para toda Âncora, uno de los atardeceres más lentos y bonitos que recuerdo. Una Empress Rising coreada al unísono sirvió como cierre el perfecto de un concierto perfecto, no sin antes regalarnos un bis a la carta, que gritado desde el público, fue The Last Leaf. Monolord se llevaron el aplauso de la tarde y se fueron igual de cercanos que siempre, transmitiendo el 100% de lo que tienen dentro. Estoy convencido de que pronto podremos volver a disfrutar de esta banda en próximas ediciones.
Sin casi poder darnos cuenta, venía otro de los platos fuertes del sábado en el Main Stage 2. La electrónica volvía a apoderarse de nuevo del recinto, esta vez gracias a Patriarchy, la banda que nace de la artista multidisciplinar Actually Huizenga. No es casualidad que este proyecto venga de la mano de alguien que escribe, produce y dirige para cine. Su discurso y performance son puramente cinematográficos, sabiendo caminar por cada canción construyendo inicio, nudo y desenlace, llegando a este de forma muy climática. Lo que propone la banda de Los Angeles, se acerca mucho al dark wave más claro y tranquilito en la onda Boy Harsher o Poliça. Sus canciones podrían ser banda sonora de cualquier película de Winding Refn tranquilamente. Después de dejarnos en un profundo trance, tuvimos que preparar rápidamente el cuerpo para el slot más legendario que íbamos a ver en esta edición. Circle Jerks, la mítica superbanda procedente de Hermosa Beach, California, con Keith Morris de Black Flag, Greg Hetson de Redd Kross y Joey Castillo, el batería que grabó Era Vulgaris y Lullabies To Paralyze para QOTSAvenía para entregarnos una hora y media de pura adrenalina que solo pudieron soportar ellos mismos, porque mi cuerpo ya no daba para mucho más. La gente vivió con mucho entusiasmo el circle pit que se desencadenó y se vació hasta más no poder, pues para muchas personas ya era el último grande del día.
Personalmente, yo tuve que aprovisionarme un poco, porque lo bueno bueno, venía justo después. Una de mis bandas favoritas, y desde muy lejos, había llegado para presentar uno de los mejores discos del pasado año. Molchat Doma y su Belaya Polosa, irrumpieron en el escenario para regalarnos un largo repertorio donde no faltó nada. Tocaron sus grandes nuevos y viejos éxitos con una actitud memorable. En la gélida Minsk no se entiende de frío, y todo lo que hicieron fue transmitir calidez y cercanía a través de sus pasos endiabladamente prohibidos. El power trío, ataviado con sus dos puestos de teclados donde lanzan toda la fantasía ochentera, se colgó la guitarra y el bajo para deslizarse por las tablas y convertir el SonicBlast en una pista de baile brutalistamente soviética. Con las caras llenas de purpurina y el rubor típico de no dejar de bailar, sin silencio entre canciones, sabíamos que estábamos cerrando una edición para la historia. Los pies hechos polvo y la espalda pidiendo un relevo, fueron clara consecuencia de lo bien que disfrutamos durante este broche épico.
Tras la banda bielorrusa, aún pudimos disfrutar de otros dos slots golfos ya metidos en puro domingo. Primero fueron Castle Rat, banda que ya habíamos escuchado el miércoles en la pre-party y que les benefició mucho subirse al escenario grande. Aunque solo fuera para que la gente pudiese ver su puesta en escena y lo divertido de su propuesta. Y por último nos acercamos a Dopethrone, por llenar expediente y ver a otra banda mítica de nicho que tanto hemos escuchado en disco. Pude mover el cuello lo justo para que no se desprendiese de mi cuerpo y espero que nadie tenga vídeos míos a esas alturas de la noche. La banda de Montreal hizo lo que se esperaba que hiciera. Sonar muy alto y con mucha distorsión. Un 10. Experimentados en tocar tarde y reventarlo. Estoy seguro de que merecían más atención de la que pude darles de forma consciente pero en mi cabeza ya se había echado el pestillo.
Terminábamos así, como antes decía, una edición para la historia, para el recuerdo. Una edición que demuestra que la diversidad sigue siendo el camino, y que cerrarse en banda, funciona solo un rato. A medida que vamos creciendo nos damos cuenta de todo eso, tanto en privado, como en público. Se gana mucho más de lo que se pierde.
Ahora bien, llega el momento de meter palos, no todo puede ser bueno y siempre hay ejes de mejora. Algo que no me gustó ni este año ni el anterior es que el recinto se queda muy corto. No es normal que haya tanta gente en tan poco espacio. Es casi imposible cenar algo y poder sentarte. No hablo ya de ver algo en el Stage 3, que mejor se podía eliminar y montar ahí otra zona de baños. Casi imposible no entrar al festival sin hacer una hora de cola para recoger la pulsera. Este año había menos baños, más mesas (pocas), pero que hacían el paso a los escenarios más estrecho y se hacía bola en la entrada. Y ya por último, montar una caseta de tokens con una cola en perpendicular con el paso a los escenarios y frente al merchandising, no me pareció la mejor idea, pues todavía se congestionaba todo mucho más.
Es el momento de darse cuenta que un festival de esta envergadura necesita soluciones de envergadura. Quizás el recinto no está preparado para tanta gente, pero comienza a ser incómodo y esto me da mucho miedo por todo el cariño que le tengo a un festival tan perfecto.
Por todo lo demás, las bandas, el ambiente, el trato recibido, el entorno, el pueblo, la niebla, el bosque, la playa… SonicBlast, eres un must. No te vayas nunca.
De la mano de Northern Blaze Prods y Sombra Psych Dealers la gira «End Of Summer Tour» de la banda psicodélica portuguesa Astrodome recalará en Asturias el próximo viernes 3 de octubre. Con epicentro en la ovetense Lata De Zinc el cuarteto presentará su nueva obra de estudio «Seascapes» editada en noviembre del pasado 2024.
Compartirán escenario con el power trio instrumental vasco Piedra, donde convergen punk, hardcore, rock y metal en explosivas capas sonoras y el combo doom prog langreano Phoenix Cvlt que tan buenas sensaciones nos dejaron en el pasado Stonefest. Entrada 10€ únicamente en taquilla.
Dentro de la programación musical de Xagó Surf Company destaca para los amantes de los sonidos densos el paso por sus instalaciones del binomio formado por el combo stoner Acid Blizzard y el prog/rock de Ethiva.
Dos formaciones con trabajos editados recientemente y que han pasado por nuestra sección de reseñas con buena nota, «Sleepless» ópera prima de Acid Blizzard y «Beaten Track» el retorno tras varios años de silencio de Ethiva. La cita será el viernes 19 de septiembre a partir de las 22:30 horas con acceso libre hasta completar aforo.
Se hacen llamar Ethiva, vienen de Asturias y son Javi Lorenzo en guitarras, Camil Cinnamon en voces, Ramón Fernández en baterías e Iván Muñoz al bajo. La música de este “Beaten Track” que hoy nos presentan vino al mundo los OVNI Estudio con Sergio Díaz (Firu) a los mandos, mientras que las voces serían registradas por Sergio Rodríguez, quien se encargó igualmente de mezcla y master, en los Tutu Estudios. El arte de la portada recayó en el Ossobüko Studio y todo el conjunto sería editado por Clostridium Records el pasado 13 de mayo.
El prólogo de “Rolling Freeze” pone de relieve a los Ethiva más entusiastas. Y, desde ahí, construye un ida y vuelta entre ese mayor vigor y una tensión más apaciguada y psicodélica. El trabajo en cuanto a mezcla y producción es excelente, algo que se deja notar aún con auriculares y cuando esta reseña se está realizando a través del propio bandcamp de la banda y no sobre una copia física del álbum. Todo llegará. Camil traza estrofas precisas, bien apoyadas en su registro hábil y juguetón. Luego hay ecos floydianos en los solos de guitarra y siempre un bajo en constante movimiento, trazando siempre líneas interesantes y pegadizas. Un corte extenso, por apenas un segundo el que más de entre los seis, y que ya da muestras de por dónde van los tiros en esta nueva obra de los asturianos.
Camil Cinnamon comanda tras el micrófono una “Cut The Top” que sirvió como anticipo de este “Beaten Track”. Aquí las guitarras recorren contornos más ligeros, envueltos siempre en esa bruma casi onírica que propician las afinaciones por un lado, la propia producción por el otro. Me agrada cómo se conducen a lo largo de las estrofas. Cómo todo desemboca en inteligentes escorzos técnicos. Estos van medidos con suma precisión. Engrasados con el propio tono de la composición, dispuestos en favor de ésta y no del ego de cada cual. Me gusta la pesadez más alucinada del puente central, así como el solo que desarrolla Javi Lorenzo. A caballo siempre entre el prog y la psicodelia, Camil Cinnamon mediante, la banda deriva entonces hacia su vertiente más amable y soñadora. Ecos de la Grace Slick de Jefferson Airplane antes del epílogo. Algo que considero es siempre buena señal. Para el cierre queda esa encarnación más ruidosa y directa. Con un gancho de mil demonios, por cierto. Estupenda, y fíjate que en primeras escuchas me parecía algo enrevesada de más. Ahora y en cambio, no puedo dejar de escucharla. Cuestión de darle a las cosas la importancia y el tiempo que realmente merecen.
“Run Far Away” parece acogerse a esa vertiente más ruidosa y vivaracha. Ramón Fernández está trazando una cuidadísima línea de batería en estos primeros compases. Para cuando irrumpen las primeras estrofas y regresa la calma, Kayo Dot (y alguno que otro de los proyectos de Toby Driver) no tardan en acudir a mi subconsciente. Es un corte más comprimido en cuanto a tiempo. Algo que se deja notar en una construcción que, aún con sus idas y venidas, resulta un tanto menos ambiciosa en comparación con sus compañeras de disco. Pero Camil Cinnamon está fantástica al micro. Derrochando por igual rango y carisma. Pese al mordisco en cuanto a duración no pienso que caiga en saco roto. Al contrario.
De una belleza profunda y arrebatada, el tranquilo prólogo de “Mountain Claim” es todo lo que está bien. Ethiva lo rompen en bloque para que, un poco a trompicones, Camil Cinnamon vuelva a ejercer de maestra de ceremonias. Su registro se dobla con la guitarra de Javi Lorenzo y, por pura colisión, surge uno de mis momentos favoritos de todo el largo. De guitarras reverberantes en el solo primero, y de tonos más misteriosos después, la composición va atravesando recodos y contornos siempre llamativos y atractivos. Y es que Ethiva vuelven a otra de esas escrituras diversas por retorcidas, que confluyen ahora en un tronco central descosido y ruidoso. Y no quisiera decir que todo el largo epílogo podría caber bajo el paraguas del rock experimental, pero ciertamente se deja sentir un leve aire a jam improvisada que le sienta como anillo al dedo. El juego entre Cinnamon y Lorenzo aquí es, sin pensarlo mucho, otro de mis (varios) momentos favoritos de este “Beaten Track”.
“Red Lights” propone ya de entrada un prólogo atrevido y lleno de personalidad. En él, Cinnamon está desarrollando notas realmente altas. Los riffs que entrega después Lorenzo pueden no resultar tan atrevidos, pero vienen apoyados por una base rítmica tan desatada como concisa, por contradictorio que ésto pueda sonar. Brilla Iván Muñoz al bajo en el brío pero también en la calma. Que la hay. Otra escritura en montaña rusa, plagada de cambios de ritmo y donde el juego entre las distintas intensidades que proponen nunca suena artificial o deslabazado. Muchas líneas confluyen aquí. Y, sin embargo, la mezcla no se resiente ni lo más mínimo. Prueba una vez más del cuidado con el que la banda y técnicos han tratado a estas canciones. Estupendo ese epílogo y los tonos, de nuevo altísimos, que Cinnamon imprime en ese tramo final. Estupenda.
Libre y de nuevo entusiasta Lorenzo durante el prólogo de esta “Summertime”. Aquí surgen unos Ethiva un tanto más bailables y pegadizos. Siempre sin perder la conexión con su habitual rock psicodélico pero aportando una pizca más de personalidad a este corte final. Hay cambios de ritmo que me recuerdan a ciertos momentos de King Crimson. También a los ahora desaparecidos Acid Mess, quizá la banda de la región con la que más puntos tengan en común. Largos solos de guitarra primero y una Cinnamon erigida en total protagonista después. La mezcla introduce luego un curioso juego entre canales, desplazando la voz a izquierda y la guitarra a derecha, integrando la base rítmica con toda precisión y procurando todo el espacio posible al buen desarrollo técnico de los asturianos. Oníricos y elegantes. Un cierre de disco de una marcada espacialidad, a caballo entre lo alucinatorio y lo improvisado, para un curioso y personal abroche final.
No es el tipo de música que más acostumbramos a tratar por aquí y, sin embargo, qué agradable sorpresa la vuelta de Ethiva. Rock psicodélico de primero orden, acompañado de una voz llena de fuerza y carisma, unos trazos cuidados con todo cariño y unas producción y mezcla a la altura de cualquier banda foránea. Que es lo que tiene fundir dos de los mejores estudios de la región en un solo álbum. El resultado salta al oído. Un disco más que adecuado para sobrellevar los rigores del verano en ciernes. De esos que, reza el tópico, ganan una barbaridad con las escuchas, cocinado en el punto justo entre la ambición y la elegancia. Sin sobresalir del género ni romper fronteras pero mimado cada detalle hasta las últimas consecuencias. Agradable y estupenda sorpresa.
El cuarteto progresivo Ethiva regresa a la actualidad tras presentar los primeros detalles de su próxima obra de estudio «Beaten Track«.
01 Rolling Freeze 02 Cut The Top 03 Run Far Away 04 Mountain Claim 05 Red Lights 06 Summertime
Ocho años después la publicación de su anterior trabajo «Sublime Island» llega la continuación. Camil Cinnamon en voces, Javi Lorenzo a la guitarra, Ramón Fernández en baterías e Iván Muñoz al bajo han confeccionado un álbum que cuenta de nuevo con Héctor «Ossobüko» Castañón para el apartado gráfico. Seis temas gestados en Ovni Estudio y Tutu Estudio que verán la luz muy pronto a través del sello alemán Clostridium Records. El primer sencillo promocional lleva por título «Cut The Top» y ha sido presentado en formato videoclip el pasado 6 de enero. Un documento visual grabado y editado por Javier Leo y Javier Granda en Ovni Estudio.
El power trio psicodélico salmantino Cabeza De Gallo compuesto por Alba Sanzo como voz y guitarra, Alicia Jiménez (Filter Fauna, Campo Grande) al bajo y coros y Javier Vielba (Arizona Baby, Corizonas) a la batería, se presenta en Asturias el próximo viernes 24 de enero. La cita tendrá lugar en la ovetense Lata De Zinc acompañados de los langreanos progresivos Phoenix Cvlt.
Presentarán su álbum debut homónimo editado en el 2022 a través de Terrible Producciones Records y nuevas composiciones como «The Fools«, dando rienda suelta a unas influencias que viajan del folk americano a la vertiente más psicodélica del rock y la crudeza del grunge.
Por su parte el también trio Phoenix Cvlt continúa con la presentación en vivo de una ópera prima «La Profecía» que veía la luz a principios del 2024. Una obra compuesta por 3 temas grabada por Alex Castro en La Münster de Gijón.
Con apertura de puertas a las 20:30 horas la entrada en taquilla tiene un precio de 10€.