Crónica: Wacken Open Air 2023 (Parte 1)

Aunque las predicciones climatológicas avanzaban que este año la lluvia estaría presente y el lema “Rain Or Shine” volvería a cobrar vigencia, nadie podía imaginarse que la nueva edición del Wacken Open Air sería la más convulsa y caótica de su historia. Aunque el grueso del festival arrancara oficialmente el miércoles 2 de agosto había trámites ineludibles que realizar pero las tormentas dinamitaron cualquier plan establecido.

Nuestra bienvenida en la jornada del martes serían kilómetros de retenciones, rutas alternativas que no llegaban a ningún sitio, accesos a camping y aparcamientos impracticables, tractores arrastrando vehículos atrapados en el lodo, controles policiales que amablemente te invitaban a dar media vuelta y el panorama cada vez más oscuro por momentos. Hubo que tirar de la típica picaresca española para conseguir la ansiada acreditación y respirar, si había alguna posibilidad que el festival siguiese adelante, estaríamos presentes.

El miércoles sería otro día pasado por agua, con el aforo reducido un 25%, acotado por la imposibilidad de acceder a las zonas de acampada y la prohibición de estacionamiento en el pueblo adyacente y que da nombre al festival. Aún así 50.000 metalheads llegados de todas partes del globo terráqueo serían los primeros privilegiados en arrastrarse por el barro de la “holy land”, muchos de estos damnificados ahora alojados en los propios jardines de los vecinos de Wacken, granjas y parcelas cercanas al festival. Que gran lección de civismo e implicación nos ofrecieron sus gentes y cuanto nos queda por aprender en estos lares. A nivel organizativo están a años luz, sin duda, en España un festival con todas las dificultades acaecidas aquí no habría salido adelante.

Aunque muchos recordaran ediciones duras como las del 2015 y 2016, pasadas por agua de principio a fin, la del 2023 ha sido bastante peor. Recintos anegados, reordenación de espacios, aparcamientos convertidos en improvisados campings y cambios de horarios que convirtieron las primeras horas del festival en un caos. Los primeros afectados los participantes de la Metal Battle, algunas bandas ni llegaron a tiempo al festival. Abrirían la competición los asturianos Aneuma, que por desgracia nuestra inexperiencia nos privó de disfrutar mientras bailaban de horarios y escenarios bandas como Skindred, Holy Moses o nuestros compatriotas Ankor, de los que fuimos testigos de su buen poder de convocatoria en el escenario “Louder” y la gran acogida que tuvo el anuncio de su próxima gira europea. No terminarían ahí las buenas noticias para ellos en Wacken, confirmados en la última jornada como parte del plantel de la próxima edición del festival.

Con una pequeña mejora en lo climático anteriormente a su actuación Thomas Jensen, fundador del festival, acompañado por Udo Dirkschneider y Joey Belladonna rendían homenaje a Lemmy, del que parte de sus cenizas reposarán para siempre en Wacken.

Plato fuerte de esta jornada, Doro celebró sus 40º años de trayectoria recibiendo a través de las pantallas que adornan el escenario principal las felicitaciones de Rob Halford, Dee Snider o Gene Simmons entre otros. Contó con la colaboración de amigos en el escenario como Michael Robert Rhein de In Extremo y nos puso la piel de gallina al rendir homenaje a su gran amigo Lemmy acompañada de Mikkey Dee y Phil Campbell en una emotiva versión del icónico “Ace Of Space” mientras 400 drones dibujaban en la noche alemana la figura del icónico bajista.

En la otra punta del recinto también era tiempo de celebración, Pentagram leyenda y pioneros del doom metal celebraban su medio siglo de vida. Y es que la banda liderada por el siempre controvertido Bobby Liebling despachó un concierto sobrio bajo una atmósfera oscura y apenas comunicación con la audiencia. Fiel a su propuesta por la provocación, un Bobby al que los excesos pasados no parecieron afectar esa noche ofrecería una performance marca de la casa, enfundado en un luto riguroso desnudaba con su amenazante mirada a la buena legión de seguidores que seguían absortos su homilía.

Sorprendentemente el día se cerró sin más sobresaltos y los augurios para el jueves no podían tener mejor aspecto. La climatología parecía dar tregua, el plantel de bandas se antojaba imbatible así que la tensión sufrida durante el día ya invitaba a descansar.

Texto / Foto: José Ángel Muñiz