El rock and roll y la solidaridad volvieron a cruzar sus caminos. La Sala Acapulco acogía una edición más del Raposu Rock. Un evento que ya es, más que una tradición, un verdadero emblema de nuestra escena. Con epicentro en Gijón y a beneficio de la cocina económica de Oviedo, el evento juntó esta vez a las bandas Pripyat, Jeremías El Babuino, Sacavera y Drunken Buddha.

Cada una de las formaciones iba a disponer de un tiempo aproximado de cuarenta y cinco minutos, siendo los locales Pripyat los encargados de romper el hielo. El trío, practicantes de un punk de la vieja escuela, con un punto entre reivindicativo y socarrón en sus líricas, emprendió el set con una llamada de atención sobre la sociedad que hemos construido entre todos. La gente, que aún llegaba a la sala acarretando sus bolsas de comida, y mostrando su lado más solidario, quizá pueda contradecirles. Desgraciadamente, somos solo una pequeña gota en el océano.

Aquello de “la policía del punk” es la cara más auto consciente, y como digo socarrona, de los gijoneses, y con “1945” nos recuerdan que sí, está feo ser un nazi, pero también ser amigo de uno. Se preocuparon de dedicarle un corte a un buen amigo, y de entregar una “Radiactividad” con un deje desde luego más arrastrado y melancólico. Pero cuando irrumpe “Déja Vù”, corte de nuevo cuño, estamos viendo a los Pripyat más enérgicos. Incluso un solo de guitarra más que apañao. “Laberintos”, otra de las nuevas, incluso parece atreverse con dejes más alternativos.

Por supuesto cupo el recuerdo a Rheme, impulsora y principal responsable de todo esto. Y es que de “pacones” y “pisa praos” iba la cosa. Son una banda punk en esencia, pura y dura, pero picotean de otros géneros con la inteligencia suficiente para trazar una senda a la que poder denominar propia, y por ahí me agradaron. Pero “Clickbait” fue puro nervio punk de toda la vida. Ellos no quisieron olvidarse de Brutalfly, banda a la que reemplazaban el cartel. A fin de cuentas, tal y como apostillaron, “el rock o ye solidario o no ye rock”. Razón no les falta. Supieron dejar su cara más irónica para el cierre y fueron, pienso, un buen arranque para el festival.

Jeremías El Babuino iban a poner entonces la nota hardcore al Raposu. El quinteto, era mi primer encuentro con ellos, me sorprende con ese groove que emana de “Asfixiado”. Es una banda que parece picotear de un buen puñado de influencias. S.A. puede ser una de las rimas fáciles, pero también gente como Habeas Corpus, los inevitables Escuela De Odio, Kop… el hardcore como principio, que no como final.

Tienen riffs concisos y líneas de bajo realmente demenciales. Y mucho discurso. Sin pelos en la lengua, sin perderse en metáforas. Crudos, directos y tremendamente orgánicos. Hay tiempo de tramar un wall of death. También de presentar temas nuevos y comentar que el directo estaba siendo grabado de cara a una futura edición. Buen solo al wah aquí, por cierto. Tal vez “Redención” pasó como una de sus composiciones más abiertas y redondas. La banda, pienso que mejorando bastantes enteros con respecto a su versión de estudio, parecía estar dejando su mejor cara en Acapulco.

Guti, voz del quinteto, tendría a bien bajar a mezclarse con la gente y dejar así de sentirse en “Clandestinidad”, mientras que en “Indomable” quien brilla de nuevo es Just con unas líneas de bajo casi demenciales. El momento emotivo del set iba a llegar con el recuerdo a Les Candases, grupo de 8 mujeres asturianas que el 2 de junio de 1938 fueron fusiladas y posteriormente arrojadas al mar. Entre ellas se encontraba Rosaura Muñiz González, bisabuela del propio Guti. Fue precisamente él quien enfrentó (es un decir) los pulmones femeninos contra masculinos de entre la audiencia. Se despidieron finalmente con el canto anti belicista “Sangre y Dinero”, y sin hacer el tipo de música que más acostumbro a escuchar, lo cierto es que me agradaron.

Le iba a llegar entonces el turno a Sacavera, el trío que forman Javier Garrido al bajo, Arturo “Turo” Fernández en baterías y Michell Ardura en guitarra y voz. Venían presentando un Ep de reciente edición y de nuevo acertaron a moverse a medio camino entre el rock urbano, el punk y el metal. Una amalgama que ya da buenos réditos al comienzo del set. Toda vez se extingue la sintonía de “El Hombre y La Tierra”, la celebre docuserie del tristemente desaparecido Félix Rodríguez De La Fuente, (curiosamente, los gigantes Leize la eligieron también en su último paso por la región) las tablas de Acapulco se preparan para una buena dosis de rock and roll y mucha reivindicación.

Letras más contestatarias que (pienso) huyen de lo panfletario y canciones construidas sobre riffs hábiles. Hay muchos momentos en que el alma de Barricada sobrevuela la sala. En otros en cambio, y doble pedal de Turo mediante, Sacavera se acercan a un ideario puramente motörheadiano. Ardura dedicó entonces “Mentiras” a un “personaje al que odiamos profundamente. Un tipo muy despreciable. Un genocida” y quien más, quien menos, se hizo sus cábalas al respecto. Ciertamente, y si uno se atiene a lo que vomitan los informativos, esta parece una civilización cercana al colapso. “Extinción” resulta en un fino aunque duro retrato de una realidad que nos ahoga y atenaza.

De cara al final sorprende un aire casi cercano a Black Sabbath que atraviesa, casi cercena, uno de sus cortes. Por ahí aún cupo algún guiño al asturianu. Recordaron el corte que cierra el reciente Ep (“El Hombre Del Saco”) y supieron abrochar el set a pachas entre su cara más metálica y potente. La manera en que hibridan géneros e ideas puede ser, a día de hoy, su mayor valor. Por cierto que el mencionado Ep se vino con servidor para casa y pronto tendréis cumplida reseña del mismo.

Hay un detalle que resume a la perfección el set de Drunken Buddha, y es el recibimiento que la sala brinda a Mario Herrero toda vez aparece por el escenario. El set ni siquiera había comenzado, él había salido nada más que a preparar los bártulos de cara al set, pero la gente sabía de la importancia de la cita para el cerebro detrás de la banda.
Pero antes de la descarga del Buddha, iba a tener lugar un pequeño sorteo. Rheme, principal impulsora detrás de este maravilloso tinglado, tomaba el escenario acompañada de un pequeño a modo de mano inocente. Aprovechó para los debidos agradecimientos y también para comunicar que, a lo largo de la tarde noche, se habían recogido alrededor de 2.300 kilos de comida. No está pero que nada mal. La cara más solidaria de la tantas veces denostada escena asturiana, que siempre sabe estar donde hay que estar, volvió a ser protagonista un año más. Si esto no es motivo de orgullo, no sé qué lo será.

Pero volviendo a lo musical, Drunken Buddha estaban en el edificio para darle una despedida de altura al Raposu. Atruena la intro “March To Dementia” y la banda se prepara para brindar otra lección de hard rock y actitud. Esta vez, era una noche especial para ellos, no enlazan con “Sea Of Madness” sino con su más reciente “The Battle Within”, a buen seguro una de sus composiciones más redondas hasta la fecha, con la banda sonando como un verdadero cañón, arrasando Acapulco a su paso. Vitales esos coros del bajista Fran Fidalgo aquí. Con un Mario Herrero, sentado esta vez frente a las teclas y ocultos sus ojos tras las gafas de sol, todo engranó para encontrar una gran versión del quinteto. Oh sí, se venía un cierre de altura.

En “Can’t Hold Your Gaze” veríamos los clásicos juegos de Michael Arthur Long con el micro, o cómo termina subido a la valla después. Aquí sucede un solo, de Mario Herrero, que la gente ovaciona con fulgor. Estábamos entregados a ellos y aquello apenas había hecho que comenzar. De otro tema nuevo que presentaron me llama la atención el ritmo tan vivo que mantienen. La labor de Kay Fernández a los parches, puede que no acapare tantos focos, pero se revela en efecto fundamental. Y es que “Hang ‘Em High” iba a ser uno de los pelotazos de la noche. La intro de Diego Riesgo primero, Arthur Long siendo llevado a lomos de la cuadra moldava después y el mencionado guitarrista soleando junto a la valla al final. Todo iba cuadrando a la perfección.

Porque a esa intensidad vinieron a anteponer el poso más elegante y tranquilo de “Back Where I Belong”. Que después de todo, como había reconocido irónico el propio frontman, “igual estamos muy flipados hoy”. Elegancia, feeling, de seguro uno de sus temas definitorios. 14 de enero de 2012 es la fecha en la que el Buddha dio su primer concierto. El del sábado, comentó Arthur Long, cerraba un círculo en cierto modo. Pero como no había tiempo que perder, ellos recuperaron el brío con la siempre demencial “Sea Of Madness”. La gente como loca y Diego Riesgo de rodillas ante el solo de teclado de Mario Herrero. Pero es que sin un solo momento que perder, enlazan con “Monster”, hasta la fecha su corte más pesado y rotundo, que siempre disfruto como niño con juguetes nuevos. El vocalista fue llevado de nuevo en volandas y en los rostros de la gente no vislumbré más que sonrisas.

“Dance Of The Serpent Queen” tiene un gancho facilón y siempre resulta de lo más disfrutona. Público muy entregado aquí. No esperaba menos. Tras ella llegan los debidos agradecimientos. Y otro de los rituales habituales en los sets de la banda: el baño en champán de Arthur Long durante “Medicine Man”. Antes, Riesgo había tenido oportunidad de mezclarse con decenas de raposos durante el solo. Es una banda que se divierte con lo que hace. Pero, sobre todo, que se esfuerza por hacer partícipe a la gente de esa misma diversión. Ninguna duda de por qué son tan apreciados entre el público asturiano. El cierre fue entonces para “Strangers & Fools” y su vibrante acelerón final. El solazo que dibujó Mario Herrero le proporcionó no pocos aplausos. Vítores incluso.

No obstante, previa pregunta a jefatura, aún hubo tiempo de una bola extra, que no fue otra que su ya clásica rendición del “Highway Star” de Deep Purple. Colofón redondo a otra gran edición de nuestro festival solidario por excelencia. Un evento para cerrarle la boca a ciertos pacones televisivos, Robert Plants del Temu, Coverdales wannabe (y podría seguir).

Nuestra denostada escena, esa que algunos solo utilizan como coletilla hiriente cara a lograr Dio sabrá qué fin, volvió a mostrar su mejor cara. En lo musical y gustos personales al margen, pasamos buenos ratos. Pero en lo verdaderamente importante, que es la parte solidaria del Raposu, se cumplieron un año más todas las expectativas. Es para estar orgullosos, joda a quien joda.
Por último y como siempre, agradecer la distinguida compañía antes, durante y después del festival. Siempre es un gusto. También a la organización por todas las facilidades, a las bandas por su compromiso y a la gente por acudir. El año que viene más, pero de momento ya saben: nos vemos en el siguiente.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz
































































