Reseña: Sojourner «Gateways» (Avantgarde Music 2026)

Gateways” representa el cuarto episodio en el viaje épico y atmosférico de la formación multinacional Sojourner. Al dúo habitual de Mike Lamb (guitarras, composición) y Emilio Crespo (voces) lo acompañan ahora Mike Wilson (bajo), Riccardo Floridia (batería) y la ex Draconian Heike Langhans (voces). Con los propios Langhans a cargo de todo el apartado artístico del álbum y Lamb coordinando las labores de producción, grabación, mezcla y masterización, el álbum ha visto la luz a través de Avantgarde Music en digital, vinilo de 12», CD y casete.

Delicada, casi como un murmullo, “Dawnrays” da la bienvenida desde tonos amables, tendida sobre un piano que pronto cederá su protagonismo a las guitarras de Lamb por un lado, a los arreglos por otro, procurando un metal profundamente nostálgico, revestido de una épica algo desgastada, como añorando un pasado glorioso, yacente ahora entre ruinas. Me gusta toda esa construcción que conduce hacia el punzante black metal de las primeras estrofas, con la banda adoptando un trazo ambivalente entre esa rabia y su cara más atmosférica, casi onírica. Magnífico ese contraste entre las voces rotas de Crespo y las limpias de Langhans. Después abrochan con un delicado puente de corte clásico, calmado y elegante, con la mencionada Langhans poniendo de relieve su registro más amable. Todo hasta desembocar en ese precioso epílogo, broche redondo de un, pienso yo, gran arranque de álbum.

El prólogo de “And The Paintings Fall” tiene algo que siempre me recuerda a la banda sonora de la trilogía “El Señor De Los Anillos”, la triple epopeya musical del gran Howard Shore y, hay quien dice, la mejor banda sonora de la historia del cine. El caso es que toda vez supera ese olor a hobbit y comarca, Sojourner están jugando a enfrentar a los primerísimos Within Temptation (escucha esa primera estrofa de Langhans y dime que no) con su habitual black atmosférico. Crespo impone su registro rasgado sobre las partes más violentas y su contraparte hace lo propio con las más acompasadas. Un doble juego muy clásico, algo evidente, pero que le funciona con precisión al combo internacional. Por eso lo que más aprecio aquí es la forma en que la composición va alternando papeles camino del tronco central, con partes más livianas por un lado, más pesadas por el otro, y que en cierto modo, aumentan lo que este segundo corte tiene de ambicioso. Camino del cierre me gusta el mayor poso melódico que imprimen las guitarras de Lamb. También los arreglos de cuerda de ese puente y no tanto algún que otro desequilibrio en la mezcla durante el tramo último. Con eso y con todo, un corte que disfruto en gran medida.

Luego “Lunar Tear”, sobre el papel, puede no resultar tan ambiciosa. Aunque tiene un prólogo de lo más elegante y buenas hechuras como ancla emocional del álbum. Me gusta cómo conjugan los registros de Crespo y una Langhans, su primer disco a bordo del proyecto, muy desenvuelta en sus versos. Hay blast beats junto a voces que rugen y un cuidadísimo trabajo en lo que a arreglos se refiere, particularmente presentes cuando bajan las revoluciones. La vocalista de Ciudad del Cabo está dando un aire casi gótico a ese puente previo al epílogo. Y la banda en su conjunto agigantando la cara más atmosférica en ese buen tramo final. Me agrada aunque no me entusiasme.

Occultation” parece querer apostar por un poso más sinfónico. De todos modos, toda vez supera la delicadeza de su arranque, estos son quizá los Sojourner más fervientemente metálicos. Melódicos incluso, con ese fino aporte de Lamb desde guitarras. Conseguido, bien conjugado el doble juego vocal aquí, con una Langhans más melancólica aún si cabe. En lo que a riffs se refiere, puede ser éste mi corte favorito de esta nueva hornada. Aquél en que Lamb va más allá de sus habituales riffs solo serviciales y aporta una pizca más de brillo desde las seis cuerdas. Por contra, a ratos siento que este es un corte al que le pesa un poco el culo en cuanto a duración. Que bien podría haberse resuelto de la misma forma sobre la barrera de los cinco minutos. Y no los más de siete que marca en el reloj. Aún así, me gusta la mayor gravedad que adopta antes del cierre, esa cara más oscura y no tan nítida, ejerciendo de contrapunto a su habitual grandilocuencia. Un corte que, ya digo, plantea buenas ideas pero que quizá emplee tiempo de más en llevarlas a cabo.

Todo lo contrario que esta “Epitaphs”, que sin ser tampoco una composición rácana (6:51), parece operar siempre desde un debido equilibrio. El prólogo no sorprende. Otra de esas tímidas entradas al piano. Pero sí ese poso más aletargado y pomposo que surge a continuación. El juego vocal que acometen Crespo y Langhans en estas primeras estrofas bien podría adornar un buen álbum de metal gótico. Funciona porque ambos están fantásticos en sus antagónicos registros. También por la rica gama de arreglos en que se apoyan o por las buenas melodías de Lamb desde las seis cuerdas (o siete o las que sean). No quisiera decir que la banda aquí vira hacia el doom, pero sí que hay partes en que su metal atmosférico se calma y aletarga. Luego llega un puente de aguas aún más tranquilas. De nuevo reposado y casi onírico, comandado por la voz de una Langhans que es puro arrullo. Por su parte, la base rítmica queda siempre un tanto escondida entre tanto arreglo, tanta voz, tanta guitarra. La sensación que queda es que tanto Wilson al bajo como Floridia en baterías ofrecen un desempeño puramente utilitario. No brillan, tampoco estorban. Le imprimen el empaque más riguroso sin alardes, lo cual, tratándose del tipo de metal que la banda tiene entre manos, no tiene por qué ser algo malo. Más bien al contrario.

Con “Vvardenfell” siempre me vienen a la cabeza los vieneses Summoning. Un corte que viene a aumentar el registro tonal del disco a base de insuflar una mayor épica al conjunto. Crespo toma el mando con su voz más agria, Lamb apuntala con buenas melodías y la producción deja un poso más encorajinado, con algo más de punch, en los momentos más paganos de todo el largo. Vvardenfell, gran isla volcánica situada en el centro de la provincia de Morrowind dentro del universo The Elder Scrolls, sirve así de trasfondo así a los Sojourner más guerreros, también más folkies, con una serie de arreglos muy útiles en su tercio final. Lástima, eso sí, el desganado fade out del cierre.

Ya desde el propio aspecto letrístico que la acompaña, “The Road Ahead” resuena mucho más terrenal. Y no será porque Langhans no esté poniendo su registro más delicado en ese tranquilo prólogo. Pero toda esta primera parte de la composición se apoya sobre los Sojourner más frágiles. Después irrumpe Lamb con riffs solo utilitarios pero con buenas melodías de guitarra. Entre él y la vocalista capense van pergeñando un final repleto por igual de melancolía y buen gusto. Un crescendo trazado con sumo cuidado, desde la escritura hasta la producción, desembocando en ese cierre grandilocuente, melancólico y profundamente funcional. Chicos, era ésta la que merecía un desarrollo algo más ambicioso.

Pero que me aspen si no estamos delante de un disco de black atmosférico elegante, cuidado, contundente y delicado a la vez, que sabe guardar un equilibrio casi perfecto entre la rabia y la tristeza, la melancolía y la épica, amalgamando su amplia gama tonal con acierto. Con esa producción algo desgastada jugando a favor, con el doble registro vocal regalando cuidados contrapuntos y una gama de arreglos pensada (o tal parece) hasta el más mínimo detalle: unas veces hacia la melancolía, otras hacia la épica, pero siempre funcionales, sin erigirse en protagonistas pero aportando a la amplia personalidad de este cuarto largo. Fácilmente el trabajo más ambicioso del combo hasta la fecha.

Texto: David Naves

Barbarian Prophecies: Nuevo Disco En Septiembre

El nuevo disco de los lucenses Barbarian Prophecies llevará por título «Echoes» y verá la luz en septiembre.

01 ∅
02 Echoes
03 Néboa
04 Timeless Journey
05 Stars And Stones
06 Prometheus
07 Cando penso que te fuches (When I Think You Are Gone)
08 Das Letzte Wort


Grabado, mezclado y masterizado por Iván Ferro en Kollapse Stvdio durante el pasado año 2025, la grabación cuenta con la colaboración de Lorena Do Val y artwork obra de María Magalláns (Ira Miserorum).

La edición física correrá a cargo de Base Records. Reserva disponible a través de mensaje directo en las redes sociales de la banda.

Reseña: Barbarian Swords «Fetid» (Base Record Production 2024)

Fetid” es el quinto largo para los black doom con base en Barcelona Barbarian Swords: Panzer en bajo, teclados y guitarras, Steamroller también en guitarras y Von Pax en voces. Con el Onirophagus Uretra a cargo de las baterías, fue Javi Bastard el encargado de llevar a buen puerto, Moontower Studios mediante, los seis cortes que componen este nuevo trabajo. Adornado por el arte de Juanjo Castellano (Æolian, VoidCeremony, Obscure Infinity, Paganizer, The Black Dahlia Murder…) lleva en circulación desde abril del pasado año vía Base Record Production.

Inaugura “Cherokee Firestorm”, que fuera además carta de presentación del largo, y pronto Barbarian Swords ofrecen un metal de pulsos lentos para un black doom muy orgánico, con una producción y mezcla que saben de sobra el tipo de material que tienen entre manos. Sorprende el fuerte pulso atmosférico que emana de ciertas melodías y la forma en que se contraponen al sólido riff de las estrofas. Uretra dibuja asimismo una redonda línea de batería a través de esas partes más ligeras. La mayor pesadez del tronco central entrega una fantástica labor en cuanto a construcción de riffs y melodías. Son estos los Barbarian Swords más sinfónicos, trazando un largo epílogo tan fangoso como alucinado para un buen arranque.

Six Feet Of Justice”, que habrá de irse hasta los ocho minutos, continúa inmersa en esos pulsos lentos, por momentos casi aletargados, donde el nombre de Skitliv acude raudo a mi subconsciente. Hay una forma de atacar sus líneas de voz tremendamente visceral por parte de Von Pax en estas estrofas. Su registro declama casi con desesperación y desde luego con crudeza. Las guitarras insisten en esos tonos casi atmosféricos para un contrapunto hábil del que emanan los mejores Barbarian Swords. Esas guitarras casi grandilocuentes habrán de consolidarse en un tronco central donde los catalanes ofrecen su mejor cara. El largo epílogo gana en nervio y, riff mediante, emerge un cierto aire a los Celtic Frost más pesados. Uretra entrega otra buena línea de batería en esta parte final, construyendo uno de mis trazos favoritos de todo el largo.

Sorprende “Tancredus, Smash!!” con la fuerte presencia de teclas en su prólogo. La de My Dying Bride es una de las influencias que vienen citadas de manera explícita en la información que nos adjunta el sello y, desde luego, es un nombre que acude a mi subconsciente con cada nueva escucha. Son estos unos Barbarian Swords, claro, en su versión más doom. Orgullosamente negativistas, emana de este arranque una luz negra que engulle todo aquello que toca. Panzer y Steamroller construyen riffs cual monolitos, firmes, pétreos, casi monocordes, mientras el corte transita hacia la más pura desesperanza. Su tramo final, igualmente desasosegante, parece construido a prueba de pusilánimes. Von Pax entrega una línea de voz de lo más visceral y solo el mayor brillo que irrumpe al final se antepone a la negrura. Pese a que pueda acusar una mayor simpleza que sus compañeras de tracklist, o quizá precisamente por ello, una de las construcciones más sólidas de este último largo.

Genocidal Theogony” arremete ahora con un prólogo elegante, casi distinguido. La banda muta de nuevo en su versión más abiertamente atmosférica y por ahí el corte lucha por encontrar su propia identidad dentro del álbum. Hay arreglos y ambientes en tonos teñidos de una cuidada épica, contrapuestos a estrofas que nada tendrían que envidiar a Skepticism, Shape Of Despair o Evoken. Pero si por algo me atrae esta cuarta entrega es por ese tronco central de ambientes enrarecidos y al que remata un solo de guitarra tan tímido como alucinado. Y huelga decirlo, estupenda mezcla del Balmog Javi Bastard. En especial durante los momentos con mayor presencia de arreglos. El suyo es un nombre que cada vez suena con más fuerza dentro de nuestro underground y no resulta difícil entender los motivos.

Esa mayor carga atmosférica vuelve a darse cita aquí. Alimenta el buen prólogo de una “Even Brave Men Fear Death” que a ratos parece construida en resumen del propio álbum que la alberga. Porque hay presencia de los Barbarian Swords más sinfónicos, teñida de su habitual desesperanza, pero también lugar para un buen trabajo en cuanto a melodías de guitarra. Las que irrumpen aquí tienen un ADN que llega a lindar con el funeral doom. La mayor ligereza de su tronco central no omite al Von Pax más gritón y cerril, construyendo diría que por pura colisión otro de los momentos más llamativos de todo el redondo. El epílogo, con esa fuerte presencia de teclas primero y buenos riffs después, es fantástico.

Tirando de tópicos, puede ser el de “Not Even Light” el riff más rompecuellos de todo el álbum. Al menos el que Panzer y Steamroller trazan durante el prólogo. Como corte más extenso de los seis y haciendo uso de un tópico más: Barbarian Swords parecen haber echado el resto aquí. La construcción de las primeras estrofas es, cuanto menos, llamativa. Enfrenta esos riffs tan marcados a un Von Pax de nuevo cerril e inmisericorde, para terminar por enlazarse en una fusión medida al milímetro. Toda vez el corte supera esas primeras estrofas, emergen buenas melodías de guitarra, solidarias a una cuidada línea de batería. A modo de anticipo del largo epílogo, emerge un desquiciado solo de guitarra. Y durante ese tramo final, igualmente enfermizo, un cierto deje a la pura improvisación rompiendo la propia tónica del álbum y rematando con un halo de extrañeza este “Fetid”.

Monumento al nihilismo y la negatividad. Barbarian Swords, junto con el batería Uretra, trazan seis cortes orgullosamente oscuros y de los que apenas emana luz a tímidos destellos. La producción y mezcla de Javi Bastard remata con sumo cuidado y mejor equilibrio mientras Von Pax se desgañita a placer para gozo de quienes disfrutan con el metal extremo en su encarnación más negativista. Se puede acusar al combo catalán de cierta repetición de esquemas en ciertos momentos pero nunca de que hayan afrontado este envite sin convicción. Al contrario. Bienaventurados pues quienes se enfrenten a este “Fetid” pues así podrán decir que han vislumbrado el universo teñido por un rayo de luz negra.

Texto: David Naves

Reseña: Striker «Ultrapower» (Record Breaking Records 2024)

Es el séptimo trabajo ya para las huestes canadienses de Striker y todo parece ir sobre ruedas para ellos. Un actual estatus de culto bien merecido y ganado, buenos discos en el zurrón y la constancia y las tablas que otorgan el encadenar un tour mundial tras otro. El de su anterior álbum “Play To Win” les trajo por tierras asturianas (crónica) y las sensaciones no pudieron ser mejores. Vuelven pues los de Edmonton con nuevo trabajo bajo el zurrón, este “Ultrapower” donde encontramos a Timothy Brown y John Simon Fallon (guitarras), Pete Klassen (bajo) y Dan Cleary (voces), amén de las colaboraciones de Jono Webster (baterías) y Randy Villars (saxo). Once cortes producidos, mezclados y masterizados por Josh Schroeder (Battlecross, Mental Cruelty, Tourniquet, Lorna Shore, Ghost Bath…) y adornados por el arte de Ramone Sketch. En la calle desde comienzos de febrero vía Record Breaking Records.

Circle Of Evil” o cómo empezar un álbum de añejo heavy metal. Tampoco nos engañemos. Que la banda haya buscado precisamente a un productor de bandas tan al hilo de los sonidos más contemporáneos como es Josh Schroeder resulta cuanto menos llamativo. Es en esa colisión entre lo moderno de la producción y lo clásico de sus pretensiones donde la banda parece hacerse grande. “Circle Of Evil” inaugura así el álbum cargando con un embalaje sinfónico que, quizá a priori, no imaginarías para Striker. Corte con sobrado gancho, en la mejor tradición de ese metal hecho ahora que no pierde su conexión con el pasado y donde los murcianos Hitten podrían ser su mejor espejo dentro de nuestro territorio. Estupenda ración solista y un epílogo a ratos algo sobreproducido pero que me agrada por el cariz casi caótico del que echa mano. Lo dicho, un gran arranque.

Best Of The Best Of The Best” concentra y aquilata la misma propuesta. Pero lo hace echando mano de una de las producciones más predominantes de todo el tracklist, una ristra de riffs pegajosos como moco de párvulo y unos coros poderosos e igualmente predominantes. Al corte le puede pesar cierta autoconsciencia, resultando finalmente algo demasiado pensada y medida. Pero Cleary está tan adictivo como siempre. Y aunque su escasa duración reste no poco empaque, malo será que este estribillo no se pegue a tu subconsciente durante días.

Give It All”, donde viene a resultar casi fundamental la labor de Randy Villars al saxo, desde luego aporta otro cariz diferente al tracklist. La banda sigue, igual que siempre, sin tomarse demasiado en serio a sí misma. Algo que dejan traslucir los distintos videoclips que han acompañado a “Ultrapower”. Pero entretanto son capaces de trazar andanadas de heavy metal del de toda la vida con una frescura, un gancho y una factura como para catapultarles al trono de eso que han dado en llamar New Wave of Traditional Heavy Metal. Uno de esos cortes que ha ido ganando más y más con cada una de las distintas escuchas del álbum.

Aires western para el arranque de una “Blood Magic” que viene a dar un paso más allá en lo que a escritura se refiere, convirtiéndose en una batidora donde caben desde los Striker más rayanos con el speed hasta los más pesados. Percute con saña el doble bombo Jono Webster a través de unas estrofas llenas de nervio e intensidad, que vendrán a desembocar en unos estribillos marca de la casa. Hay ciertos detalles en cuanto a producción que me chirrían aquí, particularmente en lo tocante a voces y de tanto en cuanto serán irreproducibles en directo. Pero llegada la hora de exhibir un mayor músculo técnico, Striker se despachan con una vigorosa y rotunda sección solista. Entiendo que tampoco se trata de seguir sonando como lo hacían Mercyful Fate, Iron Maiden o Raven a comienzos de los ochenta, pero no puedo evitar pensar que a veces Schroeder busca un protagonismo mayor que la mezcla que tiene entre manos y por ahí hay cosas que, perdón por insistir, me chirrían. Será un cañón en directo de todas formas.

Y es que al fin y al cabo “Sucks To Suck”. Aquí los canadienses vuelven a la senda del hard heavy que tanto y tan bien practican. Y no obstante se las arreglan para trazar unas llamativas estrofas, seguidas eso sí de otro de esos estribillos a coro tan habituales. Tan irresistibles. La sección solista, tan hábilmente trazada como oportunamente apoyada, ese crescendo casi perfecto, redondea una de las ofertas más fáciles, digeribles y la vez sólidas y redondas de este séptimo álbum.

Claro que si hablamos de riffs con gancho, puede ser el de “Ready For Anything” mi favorito de todos cuantos se han dado cita a lo largo de este tracklist. Unos Striker ahora más juguetones a la hora de plantear las estrofas, hábiles a la hora de plantear un cuidado y conciso crescendo, tan eminentemente clásico como bien resuelto, con el bueno de Jono Webster dejando aquí y allá destellos de gran batería. Las guitarras dobladas del solo y la forma en que el tono se atempera antes de la eclosión final destilan buen gusto. No menos clásico es el pequeño up tempo del epílogo. Y siendo un corte que me agrada en gran medida, sí que siento a ratos que las ideas que atesora bien merecían algo más de esos poco menos de cuatro minutos que marca en el reloj.

City Calling”, junto con la anterior “Give It All”, pasan por ser los temas más perpendiculares al espíritu del disco. No es que Striker pisen aquí otro terreno que no sea el del heavy metal de siempre. Pero desde luego hay detalles de producció, especialmente en lo tocante a tratamiento de voces, que lo desligan del tronco común de “Ultrapower”. De resultas que, a ratos, me lleva a pensar en una banda a día de hoy tan en boga como pueden ser los suecos H.E.A.T. Escucha la línea de voz de Cleary en estribillos, los coros que la acompañan y atrévete a decir que no.

Casi maquinal el riff que alimenta buena parte de “Turn The Lights Out”. Los de Edmonton destapan aquí no obstante su vertiente más nervuda. Heavy metal de marcado doble bombo, tan predecible por trazo como hábil en las distintas ejecuciones que lo acompañan. Cierto que el patrón bombo caja que dibuja la batería durante estrofas no podría resultar más elemental. Cierto de la misma manera que por aquí se citan algunos de los solos más lúcidos e interesantes de todo el trabajo. No siento que alcance la mayor extrañeza de cortes como “Give It All” o “City Calling” pero desde luego la senda resulta algo más personal aquí.

Así las cosas, “Thunderdome” les regresa a terrenos más asimilables para ellos, al tiempo que exhibe unas mayores dosis de chulería y descaro. Notable la mayor presencia de la base rítmica durante la mayor desnudez de las estrofas y muy clásica, ahora sí, una producción que parece entender mejor que nunca el tipo de material que tiene entre manos. Y mientras Cleary sigue a la suya, creando inconfundibles líneas de voz y coros ampulosos y grandilocuentes, todo cuadra finalmente para crear un corte en la más pura tradición del género sin perder por ello ni un ápice de frescura. El solo que anticipa el epílogo, con la cantidad justa de reverb, es magnífico. “Two Men Enter, One Man Leaves”. Estupenda.

En “Live To Fight Another Day” la banda abraza uno dejes mucho más hard rockeros, por momentos casi A.O.R., que harán por ampliar el, por otro lado, escueto rango de influencias que maneja este “Ultrapower”. Detalles formales convierten a esta penúltima entrega en la más ochentera de las once. Baste con escuchar el sonido que despliega la batería aquí. Por lo demás un corte hábil, que cambia en cierta medida el hábitat en el que se acomoda la propuesta de Striker y sale finalmente airoso en una prueba, una más, del gran momento que atraviesan.

Brawl At The Pub”, que nos devuelve a la banda en su encarnación más muscular, puede no ofrecer grandes novedades a estas alturas de la historia. Pero funciona como digo a la hora de destapar a unos Striker más nervudos. Encolerizados incluso. ¿Aquello tan viejo de cerrar con un corte largo y melancólico? Este es su negativo. Fallon y Brown están a su aire aquí. Tanto en la mayor oscuridad del riff (¿Savatage quizá?) como a la hora de adornar cada rincón con solos y melodías repletas de clase y buen gusto. Un gran final si me preguntan.

Estaban en gran forma cuando les vimos allá por 2022 y “Ultrapower” no viene más que a refrendar aquello que vimos sobre las tablas del Gong Galaxy Club. Es cierto que a lo largo y ancho del álbum hay detalles de producción que me resultan algo ajenos. Por otro lado, el heavy metal tendrá que evolucionar de alguna manera. No queda otra. Pero sea como fuere el disco va sobrado de buenas ideas y mejores canciones. Gancho a raudales, rango y diversidad suficientes como para que la escucha pase en un suspiro (bien es cierto que no es trabajo largo) y un Cleary de nuevo excepcional a la hora de tramar grandes líneas de voz, que las hay casi a cada rato. Muy pocas dobleces en definitiva y una banda que mira al frente con orgullo. No es para menos.

Texto: David Naves

«Fetid» el nuevo disco de Barbarian Swords llegará en abril

«Fetid» el que será segundo álbum de los catalanes Barbarian Swords grabado con Javi Félez en Moontower Studios verá la luz a través de Base Record Production en LP, CD y cassette el 26 de abril y traerá consigo el retorno a su propuesta inicial típicamente black/doom.

01 Cherokee Firestorm
02 Six Feet Of Justice
03 Tancredus, Smash!!
04 Genocidal Theogony
05 Even Brave Men Fear Death
06 Not Even Light

Con portada obra de Juanjo Castellano (The Black Dahlia Murder, Unleashed, Skeletal Remains, Avulsed…), Uretra (Onirophagus) a la batería, Von Päx (voz), J. Pnzr (guitarra, bajo, teclados) y Steamroller (guitarra) han creado una nueva sinfonía de la enfermedad y los pensamientos malsanos.