Tras su paso por el ciclo de conciertos Do Galiñeiro del Vendaval Fest la formación valdesana Aneuma confirma su fichaje por el sello Art Gates Records para el lanzamiento de su tercera obra de estudio que llevará por título «Flesh & Bone«.
Gestado de nuevo en los gijoneses Breakdown Studios con Nefta Vázquez a los controles, el álbum verá la luz el 11 de abril y tendrá su presentación oficial apenas una semana después en la Sala Acapulco con los zamoranos Death & Legacy como banda invitada.
A la espera del estreno del primer adelanto del nuevo disco recuperamos el videoclip «Guide Them To The Light» protagonizado por la banda para el programa audiovisual Acordes Rurales.
Tercera entrega del proyecto que lidera el músico Ángel Gutiérrez y al que acompañan esta vez Kike Fuentes al micro, Manu Acilu y Juanjo Alcaraz en guitarras, Pedro Díaz “Peri” al bajo y Jason Simmons en baterías. “Renacer” fue grabado, mezclado y masterizado en los V3STUDIOS por el compañero de Kike en NocturniaManuel García de Acilu Ojanguren y está en la calle desde el pasado noviembre vía Art Gates Records.
“Indómito” ahorra en todo tipo de artificios para atacar ya desde el primer instante con un heavy / power de raíz clásica, trufado de melodía. Un trabajo en cuanto a guitarras que llama la atención cuando el reloj ni siquiera alcanza el minuto y que da muestras de por dónde pueden ir los tiros en este “Renacer”. Fuentes parece más que cómodo en estas estrofas. Clásicas y acomodadas, en la más pura tradición del rock estatal. Hay inflexiones, versos incluso, que me traen el recuerdo de los Ñu más potentes. Remata un buen estribillo, esas voces dobladas que lo conforman no podrían estar mejor rematadas, si bien echo en falta unos coros con algo más de presencia. El solo, apoyado por el doble bombo que dibuja ahora Simmons, dista del conformismo sin rozar lo ególatra y termina de poner el lacito a un buen arranque.
“Niño Invisible” rebaja en parte la intensidad para deslizarse hacia el hard rock y, sobre un riff no falto de gancho, tramar uno de los cortes más extensos del trabajo. Me agradan los adornos que lucen estas primeras estrofas. Como decía antes, el trabajo que lleva el disco en lo referente a guitarras da signos de haber sido cuidada con esmero. Quizá el disco no disponga ante el oyente una producción estelar. Sea como fuere, Fuentes dibuja un buen estribillo aquí. Pegado a ese hard lleno de clase y feeling, que no desentonaría en un álbum de 91Suite. Puede que al solo, más en un tema que se va más allá de los cinco minutos, le viniera bien algo más de recorrido. Aún así, aprecio la forma en que transforma en calma su vigor inicial. A buen seguro uno de los más curiosos y llamativos de todo “Renacer”.
De letra protestona y hasta cierto punto irreverente, ataque directo a comportamientos superficiales tan presentes y habituales en redes sociales, “Megalomanía” traza sobre un riff a lo Judas Priest un corte que, a ratos, me recuerda a mis paisanos de Monasthyr. Aporta, solidario a ese espíritu algo más transgresor y gamberro, uno de los solos más vitriólicos de todo el largo. Atractivo y bien trazado para completar esta composición chulesca y pegadiza. Vibrante incluso. No descarto que tanto al insufrible de Llados como a sus pobres acólitos les piten los oídos.
“Bella Luna” es puro heavy metal a la antigua usanza. La producción apoya ese clasicismo con una presencia sinfónica un tanto tibia. Todo lo contrario que una base rítmica que gana peso y comanda con pulso firme esta cuarta entrega. Muy elegante Fuentes aquí y cierto deje a los bilbaínos Valkyria esparcido por las distintas estrofas. Rápida, ni tan siquiera tres minutos y medio, pero dueña de efectivo solo doblado en su parte final.
“Salto Al Vacío” recupera en parte aquél aire más macarra de “Niño Invisible”, lo reformula con un heavy metal que me recuerda a los primerísimos Mägo de Oz y lo cierra con un solo a la Iron Maiden. Uno de esos cortes que parecen haber nacido con el directo como principio y que, desde luego, suena mucho más pasional que cerebral. De resultas de todo esto, este salto al vacío se ha convertido en uno de los cortes que más fuerte han arraigado tras las sucesivas escuchas del álbum. Ni inventa nada ni lo pretende pero vaya si funciona.
“Salvajes”, ahora sí corte más rácano de todo el largo, tiene un deje más urbano, a medio camino entre el hard de toda la vida, ciertos momentos bien podrían recordar a los (siempre) infravalorados Leize. Fuentes entrega otro estribillo pegadizo y con gancho, mientras que las buenas guitarras de Gutiérrez y el LethargusJuanjo Alcaraz dejan dibujos rebosantes de clase. Llaman la atención esas voces filtradas del epílogo. Al final otra de esas en las que Nurcry parecen haber dado con la tecla, entregando así la mejor versión del proyecto.
“Fénix” regresa a su lado más heavy, linda con el power con esos coros del inicio, también en esa desnudez de las primeras estrofas, con Fuentes cantando ahora en tonos más graves. El nombre de mis paisanos WarCry sobrevuela a ratos. También el de Dünedain o incluso el de Tierra Santa durante ciertos versos. El solo que ocupa buena parte del puente central me resulta uno de los más redondos y acertados de todo el trabajo. Nurcry en una clave muy orgánica aquí, sin efectos ni trucos de salón, trazando heavy metal del de toda la vida sin excesos ni dobleces.
“Grita Al Cielo” pone la nota de color al ofrecer ahora un medio tiempo que me agrada más por sus intenciones que por la factura y los resultados que ofrece. Quizá, y esto es algo puramente subjetivo, porque no llego a conectar del todo con su aspecto lírico. Sea como fuere, Fuentes está fantástico, en especial a la hora de alcanzar los tonos más altos, y el solo que irrumpe camino del epílogo no abusa en ningún caso de florituras innecesarias, redundantes o ególatras. Pero es cierto que echo en falta una producción algo más ambiciosa que termine de apuntalar ese tramo final.
“Ciego Errante” sorprende con un prólogo algo más oscuro y que no desentonaría en según qué disco de post-grunge. Fuentes, de hecho, traza inicialmente una línea de voz en cierto modo disociada del resto del álbum mientras el corte se afana por lindar con el rock alternativo en no pocos momentos. Hay riffs que me recuerdan, sí, a aquellos The Cranberries de la tristemente desaparecida Dolores O’Riordan. Aquí lo interesante viene de la forma en que Nurcry trasladan esa raíz más alternativa hacia un terreno más afín a la raíz del disco a través de un más que interesante crescendo. No dudo será uno de los cortes más divisores de todo “Renacer” pero, pienso, la banda sale más que airosa del envite.
“Galileo”, que ya pudimos disfrutar en la primera edición del Luarca Metal Days (crónica aquí), me recuerda ahora a aquella “Wheels Of Fire” del álbum que retornaba a Rob Halford a su banda de toda la vida. Llamativas esas guitarras más broncas que acompañan a las estrofas para uno de los cortes más rácanos, también más directos, de todo el tracklist. En cualquier caso sobresalen esas armonías de Fuentes en estribillos, las más graves que irrumpen a término de los mismos o los solos doblados previos al epílogo. Curiosa cuanto menos.
“7 Brujas” sí que trae consigo esa producción más ambiciosa que eché en falta anteriormente. Sirve ésta para acomodar la cara más épica de Nurcry, que a su vez es también la más heavy, con Simmons entregando una potente pero también diversa línea de batería. Me agradan las melodías con las que engarzan estribillos y estrofas. La forma en que Fuentes ensucia su registro para acompañar ese tono más vibrante de la composición y, enlazando con lo que dije al principio, el cuidado trabajo en cuanto a guitarras que ofrecen Manu y Juanjo aquí. Aún cuando su aspecto lírico no me conquista del todo, otra de mis favoritas.
“Eterna Oscuridad” de nuevo rebaja esas altas pulsaciones para ofrecer un medio tiempo que me agrada menos por trazo, algo recurrente, y más por las diversas ejecuciones que entregan los chicos. De nuevo muy orgánicos Nurcry aquí mientras Fuentes alcanza a ratos tonos realmente agudos aquí y vibrante ese solo del puente. Correcta, ni me desagrada ni me engancha.
Para el final queda el bonus “Cuestión de Rock ‘n’ Roll” de inicio tendido pero cuyo desarrollo habrá de ofrecer a los Nurcry más heavies y enfebrecidos. Sorprende ese bajo tan alto en la mezcla, en contraste con su presencia más discreta a lo largo de todo el álbum. Un corte desenfadado como más que agradable broche a este nuevo álbum.
Notable tercer disco de los madrileños. Mucho más orgánico de lo que preveía antes de las primeras escuchas, a ratos la producción es casi invisible, lo que no obstante permite a la banda entregar su mejor cara como intérpretes. Las influencias, con la excepción que supone “Ciego Errante”, son en gran medida clásicas y, por ahí, la banda parece más que cómoda. “Salto Al Vacío” no me podría resultar más pegadiza, “Indómito” me resulta el mejor de los arranques y luego cortes como “7 Brujas” o el bonus final entregan una cara más descarada y heavy de Nurcry con la que conecto en cierta medida. Notable trabajo.
Bajo la denominación “Dry Soil” se esconde el cuarto trabajo de los madrileños Adrift. Un total de seis temas producidos al alimón entre la propia banda y Santi García, quien se encargó de grabar y mezclar estas pistas en el Ultramarinos Costa Brava entre enero y febrero del pasado 2024. La formación actual se compone de Jaime García en baterías, Daniel Chavero al bajo, David López en guitarras y Jorge García en guitarra y voces. Con masterización de Víctor García (Aathma, Toundra, Ikarie, Bloodhunter…) y diseño y fotos de Jorge García (Ból! Estudio), el disco vio la luz vía Monolito Records el pasado 31 de enero.
Irrumpe denso “Overload” para sentar así las bases (o algunas de ellas) sobre las que se desarrollará el álbum. Hay cierta tensión en esos primeros riffs, en el juego que proponen ambas guitarras durante el prólogo. También una cuidada línea de batería de Jaime García. Me agrada la construcción de las estrofas, que vienen a contrastar con el desgarrado, indómito y definitivamente árido registro de Jorge García. Etiquetados a veces como “death metal experimental”, es esta una formación que no se doblega al blast beat incesante, que surca caminos más próximos al sludge más atmosférico. La producción, o cómo la mezcla acierta a equilibrar todos los elementos presentes, pone a estos Adrift, perdonen el tópico, a la altura de cualquier banda foránea. Sirva el poso más espacial que precede al epílogo como muestra.
Todo resulta de lo más orgánico. Sin maniqueos trucos de salón capaces de pervertir su manera de entender el metal extremo. Y “Concrete” es la mejor prueba de ello. Adrift arremeten más vivarachos ahora, con un bajo que percute con insistencia en ambos canales. Jaime García vuelve a dejar otra inquieta línea de batería, que acompaña a unas guitarras que ganan peso y crudeza aquí. Es el corte más rácano, en cuanto a duración, de todo el álbum, lo que no quita para que la banda lo recubra de buenos cambios de ritmo, apostados siempre en ese post metal crudo y arenoso. Lo mejor es el modo en que la banda parece terriblemente cómoda en este registro algo más vivaracho, entregando por igual atmósfera, músculo y desgarro.
“Edge” toma el testigo a base de reincidir en esos biorritmos más altos. En un riff que, tras cada escucha, no deja de recordarme a los (tristemente) desaparecidos Moho, Adrift proponen un viaje inclemente en el que cruzan guitarras de un poso casi psicodélico con riffs heredados directamente del black metal. Contorsionando géneros, tejiendo cuidados cambios de ritmo sin olvidar su cara más descosida y visceral. Sorprende, aún en un álbum como este, la tensa calma de su extenso tronco central, con Adrift transitando por un páramo inhóspito y desolado. Desesperado festín riffero, que Jorge García recorre en su habitual registro ominoso y descosido. Toda esa amalgama sónica viene a contrastar con la más acusada calma que irrumpe más adelante, con el bajo de Chavero superpuesto ahora a ambas guitarras. Guitarras algo efectistas aquí, que toman en este tramo final sonoridades más próximas al stoner, sin que ello venga a traicionar el espíritu mismo del tema que las acoge. Que pese al amplio abanico de influencias que manejan sean capaces de mantener un nexo común entre todas ellas creo que habla muy bien tanto de la producción de la que gozan estos seis temas como de su buen hacer como compositores.
“Restart” puede ser la que inicia de forma más amable de todo el tracklist. Es metal algo trotón, que despliega un nivel técnico sin florituras ni excesos. Operante siempre en favor de la propia composición que las aloja. Lo que sorprende aquí sin embargo son esas voces limpias, de aire casi ritualista, y la forma en que conjugan con el siempre árido y roto registro de Jorge García. Un corte que viene a romper con muchas de las ideas preconcebidas del álbum a estas alturas, siendo lo suficientemente hábil para mantenerse dentro de las propias fronteras del género. Hay riffs que tranquilamente pueden recordar a King Crimson, engarzados por unas baterías de Jaime García ahora un tanto más lineales. El tramo final se empecina en devolvernos a esos Adrift más atrevidos y atmosféricos sobre unas baterías casi marciales, desembocando finalmente en un curioso epílogo. Estupenda.
Agradecida calma la que propone el prólogo de “Blood Kills The Soil” con esas guitarras ahora algo tímidas, que vendrán de nuevo a contrastar con el iracundo registro de Jorge. Un penúltimo corte que afianza la cara más atmosférica de los madrileños, apoyada en una producción que parece entender a la perfección el material que tiene entre manos. Hay un poso algo más psicodélico aquí, que imbuye unas estrofas por momentos atrevidas e incluso desafiantes. Hay una mayor linealidad aquí y sin embargo puede que se trate del corte más excéntrico y diferente de los seis.
La final “Bonfire” parte desde un prólogo de fuerte poso atmosférico, aupado por una serie de arreglos de un cariz casi cinemático. Adrift se toman su tiempo ahora, de hecho composición más ambiciosa del álbum, y pronto dibuja guitarras que, sin ir más lejos, podrían recordar a los Tool más recientes. La voz de Jorge aparece ahora algo más hundida en la mezcla, generando una cierta extrañeza conforme transcurren las primeras estrofas. Las baterías de Jaime García recuperan aquél brillo de comienzos del álbum, ayudando a que la banda teja pequeños pero hábiles crescendos. Todo confluye en un puente central cercano a la ensoñación onírica. No diré que me recuerda a Alcest pero sí que intuyo un lejano guiño al shoegaze en estas atmósferas ahora apaciguadas. El cuarteto trama un largo epílogo en el que brillan sobremanera los riffs de Jorge y David, que terminarán por confluir en el cierre más abrupto que recuerdo en mucho tiempo. Un final estupendo en cualquier caso.
Uno de esos discos que solo entrará a una primera escucha a los muy duchos en el metal más desesperado y sofocante. Un viaje atmosférico por contornos a veces nada amables, que desafía al oyente casi a cada paso pero que, aún ahí, sabe tejer pequeños remansos de calma y sosiego. Con una gama riffera capaz de tender puentes entre el progresivo más clásico, el death a veces aberrante y el black más avezado, (casi) siempre bajo la angustiosa voz de Jorge García, Adrift han trazado un álbum que les debería confirmar como punta de lanza del post metal dentro de nuestras fronteras. Si tanto “Dry Soil” como estas palabras os llaman la atención, el próximo jueves día 6 de febrero tenéis una cita con ellos en el chigre cultural ovetense La Lata de Zinc.
Los thrashers ibicencos Apotropaico, que este verano se pasarán por el Luarca Metal Days, estrenan videoclip para la canción «Anger Slice» incluida en su último lanzamiento discográfico «Reborning» del que os dejamos en su momento cumplida reseña aquí.
Escrito y dirigido por Pablo Kiaro el documento gráfico no escatima en espectacularidad, intentando plasmar la potencia y dinamismo que Apotropaico desprende en directo.
Nuevos rumbos para la gente de Tierra Santa apenas un par de años después de su anterior “Destino” de 2022. Aquí siguen Roberto Gonzalo (bajo y voz), Francisco Gonzalo (batería), Juan Antonio San Martín (teclados), Dan Díez (guitarra) y Ángel San Juan (guitarra y voz). Este “Un Viaje Épico” que hoy nos traen, estrenado el pasado mes de noviembre vía Maldito Records, cuenta una vez más con Javi San Martín para las distintas labores de grabación, mezcla y masterización, llevadas a cabo en los Estudios Sonido XXI de Esparza de Galar (Navarra).
“Un Viaje Épico” que comienza con un prólogo de corte sinfónico que subvierte el habitual arranque vibrante y nervioso por una primera estrofa calmada y elegante. Muy a medida del registro de Ángel, cada vez más consciente de sus debilidades, también de sus fortalezas. Toda vez la composición supera su larga introducción, tenemos ante nosotros a los Tierra Santa de siempre. Esto es, heavy metal sencillo, con gancho, de cuidadas estrofas y ritmo ágil. Buenas melodías de guitarra bajo estribillos y mejores solos después. La formación riojana rimando aquí con sus primeros discos en contraposición al rumbo más cercano al hard que venían desarrollando en sus anteriores trabajos. Como nota al pie, estupendos esos dibujos del vídeoclip a lo “Take On Me” de A-Ha:
Los riffs en que apoyan “Mañana” pronto remiten a la conocida querencia de la banda por los Iron Maiden de primera mitad de los ochenta. La sensación que queda es la de que será una fija en sus directos. Despreocupada pero con gancho, de nuevo tiende buenos dibujos de guitarra como fiel acompañamiento a Ángel durante estribillos. Pero es que el solo que trazan aquí puede ser fácilmente el más ágil de todo el disco. Sin salirse un centímetro de su libro de estilo pero nuevamente remitiendo a sus primeros trabajos. Por poner una pega, el final bien merecía algo más de desarrollo y no ese entristecido fade out.
Tierra Santa añaden una pizca más de picante en una “Inmortal”, que se beneficia de la buena labor de Francisco Gonzalo a los parches. También de ese bajo tan Harris de Roberto. Y no, Ángel no es Bruce Dickinson. De hecho parece algo exigido en según qué momentos del estribillo. Sea como fuere, brilla la banda aquí en los aspectos técnicos como (quizá) no lo hacía en un par o tres de discos. Funcional.
Tiene nervio ese arranque de “Excalibur”, esas guitarras más broncas y esa batería ágil y sin complicaciones. Pero si algo me agrada aquí es la forma en que han construido las distintas estrofas. También el apoyo que brinda San Martín desde los teclados. Quizá el corte con más gancho de los diez, lastrado si acaso por lo rácano de su duración. La producción de “Un Viaje Épico” no podría ser más natural. Casi invisible de hecho, en el sentido de que no trata de desvirtuar a esta banda ni transformarla en aquello que no es y, por ahí, siento que no podría ser más acertada. Desde luego técnico y músicos se conocen de sobra.
“Ícaro” parece nacer con la intención de ser el gran emblema del álbum, con permiso de la propia “Un Viaje Épico”. Al igual que aquella parte desde un arranque tranquilo y calmado, con un esforzado Ángel dejando una buena primera estrofa. El riff y las melodías que surgen después no van faltas de gancho. Tierra Santa trazan de nuevo un heavy metal que viene a recuperar aquél mayor nervio de sus primeros días. Y lo hacen, de nuevo, a través de cuidadas melodías y medidas estrofas. En lo personal puede que le hubiera otorgado algo más de peso a las teclas de San Martín. Por contra, conecto en gran medida con ese pequeño puente previo al epílogo. Desde luego una de las que más han crecido tras las sucesivas escuchas del disco.
Siempre que arranca esta “El Regreso De Un Héroe” no puedo evitar pensar en un pequeño abanico de nombres: Medina Azahara por este colchón de teclas. Judas Priest, particularmente la era Faulkner, por el riff que acompaña a esas primeras estrofas. Y quizá también Freedom Call por ese tono algo más alegre que arrastra la composición. Un tema construido muy a favor del siempre peculiar a la par que reconocible registro de Ángel. La segunda de las estrofas viene acompañada por buenos dibujos de guitarra, también por un (discreto) juego entre canales. Retrotrae a los mejores tiempos de los riojanos con un estribillo marca de la casa. Sin inventar nada, seguramente nunca lo hayan pretendido, puede ser este otro de los cortes donde más alto brilla el quinteto dentro de este épico viaje.
“Solo Hay Un Camino” persiste en esa búsqueda de la cara más heavy de la banda. Lindante con el power incluso, aunque sea de forma tímida. De entre todos los riffs que adornan las estrofas de este nuevo trabajo, pueden ser éstas mis favoritas. El disco, ya en su tramo final, va confirmando cierto abandono de aquél hard rock que alimentó trabajos anteriores, echando mano de su bien conocido libro de estilo y dejando, aquí al menos, una interesante sección solista. Composición lastrada, si acaso, por lo rácano de su duración.
“Renacer” parte de un riff algo más sucio, lo que termina de dar otro aire a esta octava entrega. Sencilla, directa, se eleva camino de estribillos gracias a esos buenos detalles de guitarras tras las voces de Ángel. Apenas tres minutos y es una pena, pues anidan algunas buenas ideas aquí dentro. De hecho diría que éste es el Ángel más poderoso en tareas vocales de todo el trabajo. Pero ese metraje algo pírrico viene a jugar en contra del solo de guitarra, fugaz y algo encorsetado.
Será finalmente “Abre Tu Corazón” la que venga a entroncar con aquellos aires más hard de discos anteriores. La rima con Van Halen, teclados mediante, resulta casi evidente aquí. Fue uno de los adelantos y, por ahí, uno entiende esa propuesta más amable y optimista, si bien está muy lejos de representar al disco que la contiene. De hecho y junto a la final “Gracias” diría que son las dos grandes excepciones.
Porque si “Abre Tu Corazón” representaba el salto al hard rock, “Gracias” resulta en una balada de trazo clásico y cuidados arreglos donde vuelven a brillar las teclas de San Martín. Muy ochentera, no cabía esperar otra cosa de una banda como esta, para un final cuidado y elegante.
Entiendo “Un Viaje Épico” como una vuelta a sus raíces. Sin lugar excesos ni grandes complicaciones, más heavy en la hipotética cara A y dejando los cortes más diversos para el final, intuyo que tratando por ahí que la escucha resulte lo más agradable posible. “Ícaro” o muy especialmente “El Regreso De Un Héroe” me parecen buenos temas. “Inmortal” tiene detalles interesantes y “Abre Tu Corazón” demuestra una vez más su añoranza por el hard de finales de los ochenta. En definitiva y es de lo que se trata, sus fans estarán más que contentos de que esta banda vaya a seguir unos cuantos más en la carretera.
“Secretos De Amor y Muerte” supone el cuarto trabajo para los folkies de Alcalá de Henares Celtian. La banda, que hubo de cancelar su último paso por tierras asturianas la misma mañana del show, ha entregado un álbum con Txus di Fellatio y Alberto Seara como productores, encargándose este último además de las obligadas tareas de grabación y mezcla. David Landeroin en baterías y Raúl Plaza al bajo forman la base rítmica de los madrileños, con Diego Palacio en flautas, Txus Borao al violín, Sergio Culebras en guitarras y Xana Lavey al micro. Colaboraciones de Jorge Salán, Rafa Blas, Rafael Carpena, F. Antonelli y Javier Díez, masterización de Dave Donnelly (Dokken, Debler Eternia, Mägo de Oz, Hammerfall…) y arte de Ela Benítez, el trabajo ha sido puesto en circulación por la gente de Maldito Records.
“La Lira Encantada” abre los cincuenta y dos minutos de esta nueva obra con un marcado gusto por la épica. Pero una épica tranquila, que a ratos me recuerda al mejor Howard Shore, y que conduce con elegancia hasta una “La Profecía” donde la banda desliza ya todo su arsenal. Una cuidada producción acompaña a las buenas melodías vocales de Lavey. Me agrada el tono en que se desarrollan las distintas líneas de guitarra. La mezcla, un prodigio de equilibrio, permite a la banda respirar en los momentos más amables y atacar en los más rotundos. Su redondo estribillo me parece uno de los muchos hallazgos de esta nueva obra. Un arranque que parece entregar a una banda en plenitud.
“Adalina” vendrá a entregar la cara más amable de la banda. Esa que permite a Lavey extraer sus registros más dulces, para desde ahí construir un corte rico en matices y cambios de ritmo, atravesado por otro estribillo pleno de gancho y finalmente abrazar alguno de los riffs más graves y rotundos que les recuerdo. Sin olvidar ni el piano que acompaña a la vocalista durante estrofas ni tampoco la extensa sección solista que irrumpe camino del epílogo, el corte resulta finalmente una de las composiciones más ágiles y atrevidas de este “Secretos De Amor y Muerte”.
Más directa, divertida incluso, “Serena” entrega a unos Celtian mucho más evidentes. Que no obstante ofrece un cuidadísimo trabajo en cuanto a arreglos, una estupenda línea de bajo por parte de Plaza y a la Lavey más heavy. Habrá quien eche en falta algo más de picante, en especial a lo largo de sus estrofas. Por contra, el estribillo resulta del todo ganador. Marca de la casa, rara vez fallan en esto los alcalaínos.
«Maleficio de sangre» sí agradará a quienes busquen algo más de mordiente. Partiendo del riff tan marcado y grave del prólogo, la banda entrega una composición que, a ratos, me recuerda a unos Mägo de Oz del “Finisterra”. Acompaña una Lavey pletórica, alcanzando los tonos altos del estribillo con total fiabilidad. Y aunque el peso de la parte puramente sinfónica es notable, me agrada la forma en que su cara más metálica predomina en la mezcla aquí. De manera evidente durante estrofas y pasando casi de puntillas durante los solos de guitarra, flauta y violín. El equilibrio casi perfecto.
“Hasta El Final” linda ahora con el power metal, firmemente apoyada en el doble bombo del DelalmaDavid Landeroin. Contrasta ese mayor brío con una línea de voz más cercana a las lindes del folk metal. Del contraste entre ambas influencias surge otro corte con gancho y bien construido donde, si acaso, echo en falta un aporte solista más ambicioso.
“Camino En La Tempestad” parte con todo lo oído hasta ahora dentro del álbum para mecerse por sonidos más cálidos, por los que se cuelan al mismo tiempo sonoridades medio orientales y un cierto parecido a aquella “Astaroth” de la banda de Txus di Fellatio. Sea como fuere, medio tiempo con empaque, que contrasta con el mayor brío de ese estribillo a puro doble bombo. Composición bifocal, de nuevo repleta de matices y también de contrastes, que viene finalmente a dar testimonio de su buen nivel como compositores. Rematada por la cuidada y equilibrada mezcla de Seara y con uno de los solos más redondos de todo el largo, ha terminado por convertirse en una de mis favoritas de entre las trece.
Más sencilla, también más juguetona, “No Vuelvas a Llorar” nos devuelve a los Celtian más festivos y amables. Brilla de nuevo Plaza al bajo mientras la producción opta por revestir a esta octava entrega de toques más contemporáneos, en contraste con el pulso más folk que comanda a buena parte de las composiciones. Finalmente la banda en su clave más vital y optimista.
“Caricia Mordaz” es otro de los grandes aciertos (y van) de este nuevo trabajo. Primero por la forma en que está construida. Mucho menos lineal de lo que aparenta. Después por una Xana Lavey que traza aquí una de las líneas de voz más exigentes que le recuerdo. También por una de las bases rítmicas más sólidas de todo el tracklist. Y finalmente por un aporte solista de lo más atractivo, ambicioso sin rozar lo masturbatorio. Francamente estupenda.
“Renacer”, con el bueno de Jorge Salán a bordo, sorprende por cómo plantea un heavy metal de sabor añejo y lo insufla de los habituales matices folk del sexteto. Con unas estrofas construidas con sumo cuidado, irrumpen luego unos estribillos no fallidos, pero a los que encuentro algo por debajo de la media del disco. Salán, por si alguien dudaba está fantástico en el solo.
Conecto en mayor medida con “Sueños de Cristal”. Y fíjate que tampoco es que se salga de los vértices sobre los que acostumbra a pivotar la propuesta de los madrileños. Pero entrega guitarras más rotundas y, en general, ofrece a unos Celtian más heavies. Ofrece además el solo con más feeling de todo el largo. Tanto en guitarra como en flauta, estupendos Culebras y Palacio aquí. Ha ido ganando con cada una de las escuchas y tiene pinta de que seguirá haciéndolo en el futuro.
“Oh, Catarina”, apenas un escorzo sinfónico con la voz de Lavey muy en primer plano, deja la pequeña nota de color antes de que “Tras El Letargo” recupere el nervio más power y ponga fin al disco. Con Rafa Blas ofreciendo ágil réplica a la vocalista granadina, la banda parce haber echado el resto aquí. Hay química entre ambas voces. También riffs que sacrifican un mayor brillo en pos de alimentar ese pulso más trotón. Sorprende sin embargo el derroche sinfónico del que echan mano en el puente. Contrapunto a ese mayor nervio y un detalle que, pienso, suma y redondea la composición. Gran cierre.
Celtian cada vez más Celtian. La influencia de Mägo de Oz sigue siendo muy palpable a lo largo del disco pero esta es una banda cada día más identificable. El álbum, doy fe, gana una barbaridad con cada escucha. Lo atraviesa una producción de lujo, estupenda labor de Alberto Seara, que lustra cada uno de los temas con precisión de orfebre. En ellos caben influencias de todo tipo. Desde andanadas puramente sinfónicas, flirteos con el power metal o incluso pequeños detalles de corte retrofuturista. Y por supuesto grandes melodías y mejores estribillos. Su pujante y creciente legión de fans tiene, desde luego, motivos más que de sobra para sonreír.
Los austriacos Harakiri For The Sky se encuentran en ese momento de su carrera en el que cada nuevo álbum sacude a la escena post-black con inusitada fuerza. Controvertidos por naturaleza, la suya es una obra que acostumbra a no dejar indiferente a nadie. J.J. en voces y M.S. a cargo de toda la parte instrumental, profundizan en este “Scorched Earth” en toda su gama de registros habitual. Con la ayuda de Kerim “Krimh” Lechner (Dååth, Act of Denial, Septicflesh…) en baterías y de Jorge Cisternas (Humanotone), Tim Yatras (Austere, Autumn’s Dawn, Germ) y Serena Cherry (Noctule) pergeñan ocho cortes a los que adorna el arte de Brvno Gonzalez y que ha de ver la luz el próximo dieciséis de enero vía AOP Records.
“Heal Me”, con colaboración de todo un Tim Yatras, entronca con la vertiente más elegante del dúo austríaco. Una tímida y simple línea de piano se abre camino por un cuidado prólogo hasta la irrupción de las primeras estrofas. J.J., siempre roto y desgarrado, traza una línea de voz en la más pura tradición harakiriana. Pero por si algo me gusta este primer corte es por los bellos adornos de las guitarras, así como por esos violentos cambios de ritmo por donde se colará su bien conocido post-black metal. Asegura la nota de prensa que nos han hecho llegar desde el sello que esta es una banda que sigue evolucionando con cada disco y el poso más alternativo de este puente central puede ser un ejemplo de ello. Que me agrada por cómo enlaza y funde esa tradición más vibrante de la banda con alguna línea de guitarra que bien podrían haber firmado unos Anathema del “Judgement”. Un más que prometedor arranque de álbum:
Larga introducción de nuevo con el piano como protagonista. “Keep Me Longing” pone de relieve a los HFTS más elegantes para después, y de forma brusca, dar salida a un arrebatado blast beat por parte de Lechner. Aún en esas partes más violentas, nunca desaparece el marcado carácter atmosférico que circunda su modo de entender el black metal. Así, el corte va desarrollándose sobre una maraña de cambios de ritmo, no tanto de tono, donde brilla el gran trabajo de M.S. en todo lo concerniente a guitarras. Buenos riffs y mejores melodías que enlazan estrofas siempre tristes y desesperanzadas. Para satisfacción de sus fans de siempre, el dúo ni mucho menos arriesga aquí. Me agrada el equilibrio que muestra la mezcla cuando la parte final funde voces, base rítmica, piano y arreglos sin que ninguna línea opaque a las demás. Y siento como una punzada en el corazón que el sello no haya tenido a bien comunicarnos quiénes han sido los responsables de grabación, mezcla y demás. Sea como fuere, cuando el piano sí que adquiere un mayor protagonismo durante el epílogo, no han sido pocas las veces que se me ha puesto la piel de gallina. Un clásico ya en lo que a sus discos se refiere, una fuerza emocional que no ha perdido un ápice de fuerza en estos años.
Sorprende la mayor luz que trasmite ”Without You I’m Just A Sad Song” durante su prólogo. No tanto la forma en que este se funde con la voz de J.J. conforme irrumpen las primeras estrofas. El contraste conseguido, de hecho, resulta en uno de mis momentos favoritos de todo el largo. Después, cual pequeño riachuelo, surge el lado más post-rock de la banda. HFTS van trazando así uno de los cortes con mayor personalidad del álbum. Esa misma personalidad que tanto enfrenta a los fans del género, siendo esta siempre una de esas agrupaciones ante las que parecen no caber medias tintas. Pero incluso su detractor más furibundo podrá reconocer la valía de las buenas melodías que M.S. enfrenta a la (siempre) desgarrada voz de su compañero de fatigas. En los marcados cambios de rumbo, cuando las guitarras adquieren una mayor gravedad, vuelve a ponerse de relieve la equilibrada mezcla que porta el disco. Buenos solos emergen además conforme la se acerca el epílogo. Y de nuevo la forma en que estos se funden con la voz no podría ser más acertada. Nada nuevo en su libro de estilo pero ejecutado con la seguridad y la firmeza que acostumbran. El final no solo es elegante sino que, además, porta alguna guitarra de gancho indudable. Quizá mi favorita de las ocho.
“No Graves But The Sea” sorprende con un prólogo que acerca a los austríacos a las fronteras del doom de formaciones como los primeros Katatonia. Apenas un guiño antes de que la banda nos devuelva hacia un post-black lleno de baterías vibrantes y al que M.S. adorna con solos ágiles y eficaces. Un corte que me genera opiniones encontradas. Y es que su composición, ese clásico juego entre tonos, no podría ser más clásico. Por ende, tampoco resultar más eficaz. Tiene momentos de calma, también de furia, pero echo en falta algo más de riesgo. Ambos músicos están más que acertados en sus distintas parcelas y el invitado Lechner pergeña una más que interesante línea de batería. Pero se suceden las escuchas y no puedo evitar pensar que pasa algo inadvertida al lado de otros cortes de este “Scorched Earth”.
“With Autumn I’ll Surrender”, que estrenaran allá por octubre de 2024, arremete ahora con una versión más contenida de su consabido black atmosférico. Nada de contorsiones ni experimentos con gaseosa. Desconozco si el tema nació ya con visos a anticipar al álbum pero no cuesta trabajo reconocer dónde traman una oferta más conservadora en comparación al mayor riesgo de, sin ir más lejos, “Without You I’m Just A Sad Song”. Lo que no quita para que coexistan buenos cambios de ritmo con melodías eficaces y todas su desesperanza y agonía habituales. Es la producción quien trata, aún de forma tímida, de sacar a la banda de ese cierto conformismo, de ese pequeño aletargamiento, con varios detalles en lo que al sonido de las guitarras rítmicas se refiere. Particularmente en las partes más calmadas. Esas donde, curiosamente, brilla el buen hacer de Lechner a los parches. Un cierto cúmulo de clichés, en definitiva, que no por ello un corte que sobre en ningún caso.
En “I Was Just Another Promise You Couldn’t Keep” sí que aprecio un mayor riesgo, aún cuando el prólogo no podría ser más leal a los postulados sobre los que se ha desarrollado la carrera del dúo. Hay buenos riffs en estos primeros compases. También unas voces que ganan en detalles con respecto al resto de entregas. Las partes más calmas se arriman más que nunca al precipicio del post-rock y HFTS colisionan hábilmente con su desgarro habitual. Buen juego vocal el que se trama aquí. Especialmente en las partes más violentas. En las más acompasadas M.S. pone todo de su parte para que las guitarras aporten todo el color posible a la composición. Podría decirse incluso que este es el corte más brillante de los ocho en lo que a trabajo de guitarras se refiere. Una banda que se aferra a sus tradiciones sin que ello implique anquilosarse en una única manera de entender el black metal.
“Too Late For Goodbyes” con Lechner a puro blast beat en un inicio descosido, que pronto atemperan con la irrupción de las primeras estrofas. Es el último corte en varias de las ediciones del álbum, y lejos de condensar en una única composición muchas de las ideas que porta el álbum, HFTS retornan a sus orígenes con otro de esos cortes bifocales en los que tanto y tan bien se manejan. En una de sus habituales y pequeñas islas de tranquilidad surge la cristalina voz de Serena Cherry, verdadero contrapunto al registro desgarrado y melancólico tan habitual en J.J.. Un más que digno y funcional cierre a un (pienso) muy buen disco de los austríacos…
… salvo en las ediciones cuyo honor corresponde a “Street Spirit (Fade Out)”, versión de las luminarias alternativas británicas Radiohead, que la banda transfiere a su terreno con el tino con el que ya remozaran cortes ajenos en el pasado. “Mad World” de Tears For Fears sin ir más lejos. Voces limpias y un (hasta cierto punto) respeto por el original para alivio de los fans de la banda de Thom Yorke.
“Una instantánea del mundo en que vivimos” proclama la nota de prensa. Harakiri For The Sky amplían sus registros para seguir donde lo dejara el interesante “Mære” de 2021. Un compendio de muchas de las ideas que les han hecho cabeza visible de un género y, como apunté por ahí atrás, les han granjeado tantas filias como fobias. No solo por el tipo de propuesta que realizan como por la manera en que han sido capaces de edificar un sonido al que poder llamar propio partiendo de unas premisas básicas tan marcadas. En un género que a veces puede pecar de cierto anquilosamiento, el dúo emerge como ese faro que nos desvía del desastre. Aunque sea en un mundo en ruinas.
Es el quinto trabajo de los mallorquines Eveth, la banda que forman David Kamstedt en guitarra y voz, Alberto Barrientos en baterías, Biel Recio al bajo, David Dalmau en voces y RafaSocias en guitarras. “Sellando El Destino” se compone de doce cortes producidos y grabados por Miquel Àngel Riutort “Mega” (Æolian, Angelus Apatrida, Trallery, Perpetual Night…) en el Psychosomatic Recording Studio de Inca y masterizados finalmente por el Pyramaze Jacob Hansen (Anubis Gate, Xandria, Rob Rock, Sinner, Crystal Gates…) en sus propios Hansen Studios de Dinamarca. Adornado por el arte de Fernando Ricciardulli (Chromatic Chaos), se encuentra en la calle desde el tres de abril vía Maldito Records.
“Un Nuevo Mundo” ahorra en introducciones artificiales y nos conduce casi de inmediato hacia un power de ritmos medios al que soportan una serie de riffs recurrentes pero muy eficaces. Por contra, hay algo en la forma en que Dalmau afronta estas estrofas que, a ratos, logra sacarme de la composición. Eveth se elevan, no obstante, en unos estribillos directos y con gancho. También por la buena ración solista que proponen y ejecutan Recio y Kamstedt. Un arranque con altibajos. Con luces y sombras que diría aquél.
“Despiértame” sí que dispone de un riff de garantías para adornar un prólogo de puro power enaltecido y triunfante. Dalmau parece ahora mucho más cómodo y el empaque de la base rítmica, si bien desprovisto de artificios de ningún tipo, parece acertar a la hora de comandar un corte ágil por escritura y también por ejecución. Me agrada de igual forma el solo que acude en el tronco central y ese pulso más tranquilo que subyace. Quizá porque me recuerda a los chicos de Tálesien. Clase y pegada bien conjugadas en segundo corte algo rácano con el reloj.
“Aunque Me Cueste La Piel” sorprende ahora con ese extraño arranque pero más con la oscuridad que muestran ahora sus primeros riffs. El juego que proponen sus estrofas, primero desnudas, luego poderosas, ni es nuevo ni puedo afirmar que esté mal construido o ejecutado. El estribillo acude pronto a la cita para redondear uno de esos cortes que parecen haber nacido con el directo como principio y fin. Ciertas armonías vocales podrán recordar a la forma en que Rob Halford construye sus líneas en estudio para Judas Priest, con Dalmau eso sí moviéndose en tesituras mucho más terrenales que las del británico. Ni tan siquiera cuatro minutos de duración pero unos Eveth que parecen la mar de cómodos aquí.
Más minutaje y también más nervio el que ofrece “Hijos De Las Estrellas”, con los baleares derivando ahora hacia un power metal a ratos poderoso, a ratos elegante, apoyado en una suerte de riffs aquí y allá algo manidos, pero que en su mezcla de músculo y sentimiento logra trazar uno de los cortes más atractivos de este quinto álbum. Hay una idiosincrasia muy cañí en la forma en que la banda traza estos estribillos y los conjuga con esa letra optimista y alentadora. El tipo de canción que el power patrio lleva facturando desde hace décadas, lo que no quita para que la banda gane la batalla gracias a un buen trabajo a nivel técnico y también de producción.
“Mi Verdad” rompe con la tónica imperante en esta primera mitad del álbum al construir una balada / medio tiempo con no pocos guiños a los Iron Maiden más tranquilos y reposados. La banda vira más adelante hacia un metal más nervudo, que me recuerdan sobremanera a la buena gente de Argion. Noto más cómodo a Dalmau conforme el corte adquiere una mayor intensidad mientras transita hacia su tronco central, donde se dan cita unos solos un tanto discretos. Extraña elección como adelanto, desde luego.
Porque quien sabe si “Dueña Del Amanecer”, con esos ritmos más vivos y ese heavy / power más energizado y vibrante, no engancharía en mayor medida con el público más casual del género. Hay un estupendo trabajo de guitarras aquí, en los riffs que soportan las estrofas, las melodías con que las engarzan y finalmente con la obligada explosión solista del tronco central. Por trazo nada que sorprenda pero un corte que cumple con sus objetivos al fin y al cabo.
“Aprendiendo A Partir”, con Marc Riera (Azrael, Dark Elf) a bordo, continúa en esa senda más vibrante, adornada por otra buena labor de Kamstedt y Recio, donde más que a Iron Maiden, a quien encuentro cierto parecido es a los riojanos Tierra Santa. Me agrada el riff más musculoso que anticipa al solo de guitarra, y desde luego le habría otorgado algo más de presencia o desarrollo. Sea como fuere un corte que acabará por sobresalir más por el aire fresco que proporciona la voz invitada que por los propios méritos de la composición en sí.
“Lazos Rotos” calma de nuevo las aguas, arranca en balada desnuda y sin artificios para después trascender hacia un medio tiempo de mayor carga emocional en la mejor tradición del género. Un buen Dalmau y el buen trazo que muestra su solo de guitarra no logran, sin embargo, desposeerla de un cierto aire a déjà vu.
“Espejo De Luna”, con la producción otorgando ahora gran protagonismo al bajo de Biel Recio, funciona a la hora de ofrecer la cara más chulesca y ochentera del combo balear. Hay un deje muy marcado a los mejores Accept en los riffs en que apoyan las distintas estrofas y, desde luego que Dalmau traza sobre ellas alguna de las mejores líneas de voz de todo el trabajo. Bien es cierto que la sección solista palidece, pienso yo, en relación a muchas otras dentro del CD, pero con eso y con todo una de mis favoritas de “Sellando El Destino”.
Y ejerciendo casi como negativo de esa cara más despreocupada, “El Mandato” opta en cambio por ofrecer a Eveth en su encarnación más veloz y poderosa. Power metal del de toda la vida. Del que ahorra en sutilezas y no necesita de producciones rimbombantes ni arreglos recargados para cumplir sus propósitos. Del mismo modo Dalmau traza unas líneas de voz desprovistas de excesos innecesarios ni alardes imposibles. Firmes y vibrantes.
De nuevo muy Maiden el prólogo de “Versos Al Diablo”, con el bajo de Biel Recio convertido en debido émulo de Steve Harris. Y aunque luego el corte acoge una viveza de heavy metal de toda la vida, todo deriva de nuevo hacia una idiosincrasia más castiza. Aquí me agradan sobremanera las armonías vocales del estribillo y la mayor pesadez sobre la que se desarrolla. Clásica en construcción pero eficaz en cualquier caso.
“Viento y Fuego” viene a sellar el álbum desde un prólogo en clave de balada clásica que, más pronto que tarde, deriva hacia el habitual metal vivaracho de los mallorquines. Sita a medio camino entre los primeros Tierra Santa y Avalanch, Vhäldemar… agradará, o más bien debería, que uno nunca sabe, a todo fan del género con su profusión de riffs cabalgantes, sus hábiles cambios de ritmo y la manera en que Dalmau afronta sus diferentes líneas de voz. Un cierre a lo grande.
Casi cincuenta minutos de un heavy metal de guiños power que viene un poco a resumir lo mejor, a veces también lo peor, del metal facturado dentro de nuestras fronteras. Hay muchos riffs aquí que no deberían coger de nuevas al oyente habitual del estilo. La buena noticia es que, de tanto en cuanto, contribuyen a crear buenos temas. Pienso en cosas como “Aunque Me Cueste La Piel” , “Espejo De La Luna”, “Despiértame”, “Hijos De Las Estrellas” o la final y muy resultona “Viento y Fuego”. Orgulloso y a ratos eficaz disco de género.
Seis años han transcurrido desde que los valencianos de Lándevir editaran aquél “Desde El Silencio” de 2018. Los de Elda vuelven ahora con un nuevo álbum compuesto por nada menos que trece cortes producidos, grabados y editados en su propio estudio y donde encontramos a José F. Amat en baterías, Iván Martínez en bajo y coros, Pablo Guerra Martínez con la flauta, José Mancheño en voces, y la dupla José María Jerez & Francisco Gonzálvez Esteve en guitarra y coros. Les acompañan además Guillermo Mondéjar al piano, Paco Serra en la viola y Miguel Ángel Navarro al violín. Mezclado y masterizado por el Saurom Javier Rondán (Guadaña, Lemuria, Kevlar Skin) en el Audiorama Estudio de Puerto Real (Cádiz), coproducido por el Therion Thomas Vikström y adornado por el artwork del propio Jerez, ha sido puesto en circulación por el sello también valenciano Maldito Records.
“Un Viaje En El Tiempo” nos introduce en la nueva obra del sexteto en forma de agradable nana que pronto acoge un pulso sinfónico marcada y gozosamente cinemático. Como de película de piratas con un Johnny Depp pintoresco y amanerado. El caso es que nos conduce hacia “Creencias Del Ayer” no sin que exista una cierta desconexión entre este corte introductorio y los ritmos tranquilos del prólogo que lo suceden. En cualquier caso aquí están producción y mezcla mostrando un agradable equilibrio entre los no pocos arreglos y la faceta más puramente rockera. Es un rock ligero, con ciertos dejes a los tunecinos Myrath, a los israelitas Orphaned Land, con Mancheño en un desempeño igualmente tranquilo y reposado, sin excesos. Jerez dibuja un cuidado solo en su tronco central y la composición fluye sin mayores sorpresas hasta el epílogo. Un arranque algo discreto.
“Tu Voz”, primero de los cortes con Anna Murphy entre sus filas, transita ahora sobre unos pulsos más folkies. En especial a la hora de enlazar las distintas estrofas. Composición que irá ganando en peso y presencia conforme transita hacia su tronco central vislumbrando parte de la cara más metálica de la amplia agrupación con base en Elda. Vuelve a destacar la buena producción de la que goza el álbum, en particular cuando las líneas se multiplican sobre el firme doble bombo de Amat. El clásico pero eficaz crescendo que traman aquí terminará convertido en uno de mis momentos favoritos de todo el tracklist.
“El Canto De Morrigan” es un pequeño, tranquilo y algo lánguido interludio al piano y flauta que habrá de conducirnos hasta la más hard rockera “Nunca Dejes De Soñar”, donde las capas más folkies del sexteto se funden con un hard rock muy nórdico y elegante, el de bandas como puedan ser Europe, Treat, Eclipse o incluso los mismos H.E.A.T. Composición como digo elegante y con gancho, apoyada en un estupendo Mancheño y donde Jerez dibuja desde su seis cuerdas un epílogo por todo lo alto. Estupenda, sorprende que no haya sido uno de los anticipos de este “Un viaje en el tiempo”…
… en favor de otras como la más festiva “El Mañana Ya Vendrá”. Por letra, construcción de estrofas y diría que hasta por afinación de guitarras, no es otro que el de Mägo de Oz el nombre que más acude a mi subconsciente con el correr de las escuchas. Alegre, risueña e incluso algo naif, goza al menos de un puente central equilibrado y bien planteado. Con eso y con todo no logro evitar pensar que le sobra una cierta autoconsciencia en determinados momentos. Un poco por las propias peculiaridades del género y otro tanto por mis propias rarezas y manías como oyente.
“El Conjuro De Belenos”, con el Therion Thomas Vikström ejerciendo como narrador en su sueco natal, consigue conformar uno de los cortes más diferentes, también llamativos, de todo el trabajo. Una andanada de marcado aire celta (Belenos no deja de ser el dios del sol dentro de dicha mitología) y donde vuelve a brillar la estupenda producción de la que gozan estas canciones. Lejos quedan ya aquellos tiempos en que grabar un álbum de un género como este implicaba poco menos que jugar a la ruleta rusa. La libertad que da el grabar en tu propio estudio, supongo.
Muy interesante resulta “Reina Alhama”. Por los aires más orientales que ofrece la banda aquí pero también por la hábil construcción de sus estrofas y finalmente por sus cuidados estribillos, con el Mancheño más agudo y esforzado de todo el álbum. Entremedias cohabitan riffs de mérito enlazando las distintas estrofas, inteligentes cambios de ritmo y un hábil solo en su tronco central. Aquí y allá puedo echar en falta algo más de nervio, de músculo, pero con eso y con todo otro de mis favoritos del tracklist.
“La Historia Se Repite”, composición más extensa de “Un Viaje En El Tiempo”, emerge desde su muy calmado prólogo y, por escritura, viene a resultar de lo más llamativa. Y es que porta buenos cambios de ritmo, cuidados crescendos en estrofas y una contención en estribillos digna de mención. Mancheño brilla aquí y, ahora sí, los Lándevir más poderosos se reafirman conforme el corte transita hacia su tronco central. Puede que algunos riffs pequen por su extremada sencillez, pero el gran trabajo que la banda ha hecho tanto en coros como muy especialmente en arreglos termina por decantar la balanza. Otro de sus grandes triunfos.
“El Hechizo De Freya”, donde pone voces nada menos que Rosalía Sairem (Therion), es otro interludio que viene a devolver a la banda en su encarnación más cinemática. De hecho creo adivinar cierta rima con determinados momentos de la banda sonora de Howard Shore para la trilogía “El Señor De Los Anillos” de Peter Jackson. En cualquier caso conduce hasta “Ahora”, de igualmente calmo inicio al piano, con Mancheño en sus tesituras más amables. Balada con todas las de la ley, donde sin embargo, observo alguna estrofa de construcción algo torpe por atropellada.
“Leyendas Del Medievo”, con Rosalía Sairem, Rocío Arenas, la ex Eluveitie Anna Murphy y el Celtian Diego Palacio a bordo, qué duda cabe nace con la intención de convertirse en el estandarte de este nuevo álbum. Los de Elda han tirado la casa por la ventana en lo que a colaboraciones se refiere para después tramar un corte en la más pura tradición del género. A saber: los contrapuntos entre voz y arreglos, lo pegadizo del riff de Jerez y Gonzálvez, el marcado aire melancólico que desprende y el gancho de sus estribillos. Y si bien hay ofertas dentro del álbum con las que conecto en mayor medida, esas propias rarezas a las que aludía antes, tampoco puedo afirmar que hayan errado con su propósito aquí.
“El Fin Del Viaje” es un cierre instrumental, tranquilo y remansado que viene un poco a resumir muchas de las influencias que confluyen a lo largo de este quinto trabajo. Un broche de cierta distinción que cabreará a quienes gusten de finales poderosos y grandilocuentes.
Saurom, Celtiberian, Lépoka, Salduie, los propios Celtian, son nombres que acuden raudos al subconsciente a lo largo de los doce más un cortes que componen este “Un Viaje En El Tiempo”. Trabajo conceptual donde puedo echar en falta algo más de nervio pero nunca de clase. Y es que la banda parece haber pensado y repensado durante largo tiempo esta nueva obra. Hay de todo en cuanto a influencias, abriendo el espectro desde el folk nórdico, el árabe e incluso el celta, como bien apuntaba la nota de prensa. La banda, pues, tiene motivos de sobra para estar satisfecha. Habrá por otro lado quien eche en falta algo más de nervio y punch, no obstante sus fans de siempre tienen sobradas razones para estar más que satisfechos.