Reseña: Patxi Luque «Love & Hate» (Autoproducción 2025)

Debut en el largo para el guitarrista guipuzcoano Patxi Luque, quien condensa todo su ideario musical en estas diez composiciones con el heavy metal como punto de partida. En comandita con Pedro J. Monje (guitarras rítmicas, baterías, bajos, sintes y arreglos), Alejandro Espinosa (teclados en “Welcome To The Real World”) y Eneko Sagastume, Iban Herzog, Iñaki Munita, Óscar Rodríguez y Mikel Feijoo (coros), este “Love & Hate” que el propio guitarrista se encargó de producir, ha contado con grabación, mezcla y masterización del propio Monge junto a Aitor Ruiz en los Chromacity Studios. Con diseño gráfico de Jan Yrlund (Dark Grove Design), está siendo distribuido a nivel nacional e internacional por SteelOnSteel Distro, distribuidora de Pako Mate.

Atruena la tormenta a modo de bienvenida. “Welcome To The Real World” propone una tranquila intro sintética que la guitarra de Luque se encarga de quebrar en pedazos. Su habilidad con las seis cuerdas inunda un cuidado prólogo y, por ahí, el disco no podría irrumpir con mayor elegancia. Tras esa calma inicial surge todo el espectro metálico de Luque, envuelto en un medio tiempo que, no pocas veces, me recuerda a mis paisanos de Bestia Negra. Larga instrumental para dar la bienvenida un poco a la contra de lo usual en este tipo de álbumes. El bajo crepita bajo una cuidada selección de riffs y Luque rompe camino del final con un llamativo duelo solista para después finiquitar allí donde empezó. Una más que curiosa primera entrega.

Otro riff con gancho, y esta será una tónica durante todo el álbum, es el de “Dejadme Respirar”. Surge aquí el Luque más heavy. Por la velocidad de las baterías primero y la irrupción de su registro después. El músico guipuzcoano aporta una voz aquí que, a ratos, me recuerda al Mille Petrozza de la última etapa de Kreator. Y pienso que ese registro casa muy bien con el tipo de metal vibrante que propone aquí. Algo rácana en lo que al reloj se refiere, tres minutos y medio, se guarda el solo para un epílogo donde éste se funde con los coros. Un tramo final que, siento, bien merecía algo más de desarrollo…

… pero para ello ya están cortes como este “Rollercoaster” que habrá de irse más allá de los seis minutos. Construida desde otro buen riff en su prólogo y adornada por buenos guitarrazos de Luque en el camino hacia las estrofas, puede pasar por una de las composiciones más redondas de todo “Love & Hate”. Patxi pasa aquí al inglés y, particularmente en estrofas, resulta difícil no recordar a los Vhäldemar del propio Monge. Me gustan esas melodías que sitúa bajo el estribillo, también el buen solo que introduce en el corazón mismo de la canción. Se gusta el músico vasco, y hace bien, en una sección final que irrumpe calma para después adquirir un mayor peso. Mucha clase de Luque aquí.

Siempre Estaré Aquí”, encargada de presentar el disco en sociedad, parte de un metal ahora un tanto más amable y melódico. Un riff sin mayores complicaciones para un corte que parece buscar en todo momento la conexión con el oyente. Luque varía su registro ahora hacia tesituras más limpias, procurando una línea de voz más tendida. Hay algo en estas estrofas que me recuerda a (los siempre infravalorados) Leize. Esta versión ahora mas melódica no quita para que Luque introduzca otro cuidado y eficaz solo de guitarra. Si bien hay alguna estrofa cuya propia construcción me chirría a ratos, un corte más que digno a la hora de amplificar el rango tonal del álbum.

De nuevo instrumental, esta “Love & Hate” que da nombre al debut sirve ahora a un Luque más ampuloso y adornado. Buenos detalles de la producción de Monge aquí, quien de todos modos procura no opacar al guipuzcoano con ese gran andamiaje arreglístico. Patxi Luque por su parte se desquita con algunos solos bien pensados y mejor ejecutados. Nunca demasiado complacientes o fuera de su propio discurso. Entendiendo perfectamente el corte que tiene entre manos y sabiendo operar en favor de éste y no al revés. Será en su tronco central cuando las baterías se aceleren y Luque obre en consecuencia. Pero incluso ahí pienso que el músico vasco ha sabido medir muy bien sus esfuerzos. Estupenda.

Ya de primeras “Hey Crew” parece resultar algo más aventurada y atrevida. Sobre un heavy metal muy 80’s ensambla curiosos coros y un solear que, en este tramo inicial, no me podría recordar más al bueno de Joe Satriani. La sombra de discos como “Surfing With The Alien” o “Flying In A Blue Dream” parece alargada en el músico y compositor vasco. Es camino del puente central que Luque enfrenta alguno de los solos más flamígeros de todo “Love & Hate”, destapando el tarro de las esencias, que diría un clásico, so riesgo de aburrir a los oyentes menos habituados a este tipo de demostraciones (un tanto) ególatras. No conecto del todo, y casi parece un oxímoron, con el aliento que Luque introduce mediado el corte. Estas llamadas a alzar los puños y similares, cuando se producen en grabaciones de estudio, siempre me resultan algo mecánicas y artificiales. Con eso y con todo otro corte que viene a hablar y no precisamente mal de las habilidades solistas de Luque.

Mi Veneno”, composición más extensa del álbum, inicia desde la más pura calma y vira de nuevo hacia territorios más amables. Luque, claro, exhibe ahora un mayor músculo melódico para un corte que podría aparecer sin tampoco desentonar en un próximo Lion Rock Fest. No me resulta el riff más redondo de todos cuantos se dan cita aquí. Apenas una excusa para que el guipuzcoano seduzca con la candidez inicial de sus solos y sorprenda con el mayor fulgor que esta adquiere conforme discurre por su largo tercio final. El solo final, obra ahora de Monge, se adhiere a ese mismo discurso sin desentonar ni tampoco apabullar. Entendiendo perfectamente el guión y dejando que sus dedos fluyan por el mástil sin mayores excesos. Diría que es la canción que más peso ha ido ganado con el correr de las escuchas.

Con “My Way (Reimagined)” parece regresar el Luque más heavy y vibrante. Que en cierto modo sí, por mucho que un buen número de los solos que el músico plantea en esta enésima instrumental vuelvan a recordar al insigne guitarrista de Westbury. Y aunque siento que hay buenas ideas aquí dentro, plasmadas por Luque con todo rigor y eficacia, tras varias pasadas al tracklist no logro deshacerme de la idea de que es la más discreta de las cinco instrumentales.

Regresa la voz de Luque para la tranquila y sosegada “Mi Sangre (Reimagined)”, de la que destacaría la tendida voz del guitarrista y esos buenos detalles melódicos con los que adorna las primeras estrofas. Escrita al gusto clásico, esto es, con una mayor carga alimentando la primera llegada del estribillo, y subida después a ese mayor peso, Patxi Luque trama en este doble juego otro de los cortes que más ha llamado mi atención. Incluso me atrevería a decir que en ninguna otra canción del disco canta tan bien como aquí. Otra de mis favoritas.

El cierre es para la igualmente tranquila “No Estoy Ahí”. Balada en gran medida acústica con Luque en un formato casi de cantautor, que no dudo exaspere a más de uno. En cualquier caso un pequeño escorzo a modo de reposado y elegante cierre.

El cara a cara entre ambos seres que puede verse en el propio artwork del álbum casi parece representar la lucha entre las instrumentales del disco contra las canciones con voz de este “Love & Hate”. En las primeras Luque demuestra un gran nivel ejecutivo. Hay solos realmente eficaces aquí, brillantes incluso, y una serie de riffs (casi) nunca faltos de gancho. En los temas cantados hay pulsos muy heavies. Sale por ahí el nombre de Vhäldemar, que con Monge a bordo supongo que era algo inevitable. Pero también hay momentos que me recuerdan a nombres ineludibles como Iron Maiden o Judas Priest. También y de manera recurrente Joe Satriani, músico por el que Luque parece profesar indisimulada admiración. Y quién no. En cualquier caso no podemos olvidar que se trata de un debut y, por ahí, uno puede detectar y hasta perdonar ciertos errores de bulto. Estrofas algo forzadas aquí. Alguna canción que se vuelve algo redundante allá. Pero francamente pienso que son los menos, algo que viene a hablar bien del cariño y el cuidado que el guipuzcoano ha puesto en estas diez composiciones. Háganse el favor de escucharlas.

Texto: David Naves

Reseña: In-Sanity «Searching» (El Subko Producciones 2025)

Largo tiempo ha transcurrido desde que los thrashers asturianos In-Sanity debutaran en esto con la demo “Searching” allá por 1994. Compuesta por cuatro temas que la banda recupera y actualiza ahora con una formación en la que encontramos a Salvador “El Poyo” García (batería), Chus (bajo), Diego (guitarra y voz) y Víctor Casado (guitarra). Este álbum debut que hoy nos traen, y que lleva el mismo título que aquella demo de mediados de los noventa, ha sido grabado por la propia banda en su estudio, Diego a los mandos, para ser posteriormente mezclado y masterizado por Dani Sevillano (Unexpectance, Azure, Malverde…). El artwork corresponde a Tony Nekrosia y las fotos vienen firmadas por Eva Bustamante.

Toda vez supera esa introducción de tintes operísticos, “Wounded” va directamente al grano con un thrash metal de tintes heavies de lo más funcional. Directo, sin grandes florituras, con Diego moviéndose cómodo por tonos altos, que no imposibles. Me gustan esos engarces entre estrofas y los riffs que la banda dispone en ellos. Equilibrada una mezcla donde, si acaso, echo en falta un bajo con algo más de presencia que termine de apuntalar esa buena base rítmica. En cualquier caso In-Sanity dibujan aquí una vistosa y bien trazada sección solista. Un arranque directo y sin grandes complicaciones.

El tranquilo prólogo de “End of Wait” anticipa un metal más pesado y rugoso, con Diego moviéndose ahora en tonos ahora más amables. Medio tiempo donde el bajo de Chus gana ahora el peso y la presencia que eché en falta en el tema inicial. El cuarteto reivindica aquí su vena más heavy, acertando a sonar más americanos, con riffs que me recuerdan a según qué momentos de Metal Church en las partes más vibrantes. Me agrada la sección solista por el trazo tan diverso en que se apoya. También por ese deje tan maidenesco que dejan las guitarras dobladas camino del epílogo y la firme pegada de Salvador. Ágil por diversa.

Suffocated”, que ya se encontraba en aquella vieja demo de 1994 y parece querer recobrar ese pulso más thrash de “Wounded”, acierta a fundir ese nervio con las influencias más heavies del cuarteto. De resultas de ello surge uno de los cortes con más gancho de todo el largo. Parte de la culpa reside en la fina elección de riffs. También en unos cambios de ritmo ágiles por donde asoman trazos no muy distantes del power metal más iniciático. Fácilmente el tema que más brilla de los nueve en lo que a producción y mezcla se refiere, rematado por una sección solista de las que ya no se estilan.

De la más breve “Insanity” podría esperarse unas revoluciones más altas. La banda aprovecha para dibujar un prólogo que siempre me recuerda a la primera etapa de los alemanes Rage. Apenas un guiño pues los asturianos optan aquí por una instrumental donde funden su amor por el thrash más incipiente al tiempo que lo inundan de solos que, a ratos, me traen de nuevo a la memoria a la banda de Steve Harris. Un corte en el que la banda parece disfrutar pero con el que conecto solo a ratos.

Gloomy” se desliga del resto de temas del tracklist al ofrecer ahora un metal más pesado y en cierto modo oscuro por donde parecen colarse las influencias más alternativas de la banda, esos adornos que acompañan a Diego en las estrofas, construyendo otro de los cortes con más personalidad de “Searching”. Casi a modo de contrapunto, la sección solista se apoya sobre ritmos más vivos, enseñando finalmente un trazo de lo más clásico. Aún con lo diferente del tono. Estupendo Chus aquí, dibujando finas líneas de bajo tanto en esas partes más pesadas como en las más veloces del puente central. Quizá la que más ha llamado mi atención de las nueve.

Before” resulta mucho más predecible, lo que no tiene por qué ser necesariamente algo malo. In-Sanity retornan al thrash / heavy más al uso, mostrando sin embargo alguna de las guitarras más rotundas y potentes de todo “Searching”. Acompaña Poyo con el doble bombo. Pero por si algo me gusta este sexto corte es por ese puente tranquilo, en la más pura tradición de los mejores Metallica. La forma en que implementan un mayor nervio ahí, el pequeño solo de bajo primero y el más ambicioso de guitarras después consolidan otro de los grandes hallazgos de este debut.

Searching & Victimized” sorprende ahora con un nervio casi punk. Curiosamente, la forma en que Diego construye estas primeras estrofas y el riff en que se apoyan suele recordarme al clásico de la Reina “Stone Cold Crazy”. Más allá de peculiaridades, es un corte de trazo sencillo, casi elemental, que hace todo y más por derivar hacia la vertiente más despreocupada y thrash de los asturianos. Si bien pienso que el solo final merecía algo más de desarrollo, un corte que ya venía en aquella demo de 1994 y con toda la pinta de funcionar en directo.

The Balance”, que por prólogo y primeras estrofas parece escapada de una sesión de grabación del mismísimo Ronnie James Dio, nos inunda ahora de un hard / heavy por el que se colará lo más granado de la escuela ochentera. Me agrada la línea de batería que trama Poyo aquí. Las guitarras no dudan en entregar dejes que me recuerdan a Europe, Dokken, primeros Def Leppard y compañía. Noto a Diego más exigido aquí, en especial durante el tranquilo puente. Por contra, me agrada la forma en que construyen todo el tramo final. Junto con “Gloomy” lo más diferente de todo el tracklist.

De ahí tal vez que hayan querido cerrar con la mucho más nerviosa y thrash “Living In Fever”, también de aquella iniciática demo de 1994. Un corte que no sorprenderá en cuanto a construcción pero que sirve a In-Sanity para sacar todo el pecho posible en cuanto a técnica. La última sección solista del álbum resulta tan extensa que el corte casi parece una excusa para su propio esparcimiento. Divertido broche final.

Qué son treinta años. La banda asturiana, resucitada en 2020 tras dos décadas en dique seco, entrega un debut que ejerce de pinza entre aquella primera demo y un puñado de nuevas composiciones donde se dan cita no pocas influencias. “Searching” abraza primeramente el thrash más clásico y formal para después picotear entre el heavy y el hard sin olvidarse de la cierta oscuridad de “Gloomy” o el nervio casi cercano al punk de “Searching & Victimized”. Imperfecto pero funcional debut.

Texto: David Naves

Reseña: Ravenblood «Absence» (Autoproducción 2025)

Tras un lacónico “Absence” se esconde el nuevo trabajo de los catalanes Ravenblood, primero desde la entrada de Darío García en baterías. A su alrededor completan la formación Arnau Vallvé Gispert y Jose Luis Gil Hidalgo en guitarras, Raúl Romero al bajo y Daniel Pérez en voces. La banda no ha tenido a bien facilitarnos quién se encuentra detrás de las distintas labores de grabación, mezcla y masterización, así como del artwork. Sí que el álbum salió, en rigurosa edición limitada, allá por el quince de enero.

La pequeña “Intro” que abre la puerta a lo nuevo de los catalanes tiene un nosequé que me recuerda a alguna de las muchas bandas sonoras que ha compuesto el bueno de Danny Elfman, conjugado con tonos más épicos (y esperables) de una banda como esta. El caso es que da pie al tema título, un “Abscence” donde Ravenblood pronto se adhieren a esa corriente del melodeath más épico y fulgurante. Despachada con velocidad, también con buen gusto, hay estrofas realmente trabajadas aquí. Las baterías tienen un papel, quizá, a ratos algo predominante sobre la mezcla, que viene a oscurecer alguna de las buenas melodías que trazan Jose y Arnau. En cualquier caso, muy eficaz ese tono más melancólico de los estribillos y el doble bombo que los soporta. Agradable construcción del tronco central, que desemboca en ese cuidado solo final. Una interesante dupla inicial.

“Fracture” no se aleja de esa misma senda pero parece confluir hacia contornos que me recuerdan, particularmente en el prólogo, a los primeros trabajos de gente como Children Of Bodom, Norther, Kalmah… Ravenblood añaden algo más de groove y picante a la composición, atenúa las comparaciones y camina así por una senda más reconocible. La mezcla equilibra bien entre arreglos sinfónicos y los elementos puramente metálicos y la banda emerge con personalidad y fuerza. Hay buenos dibujos de Raúl al bajo en la partes más tranquilas. Un buen solo de guitarra antecede al epílogo. Y aunque echo en falta una línea de batería más rica en detalles, huelga decir que ésta no ahorra ni en blast beats ni tampoco en el uso del doble bombo, mostrándose más servicial que efectista. Otro buen añadido al tracklist.

In Our Veins” resulta en un artilugio que trae al frente el lado más técnico de los catalanes. Colisiona un power alemán con su habitual death melódico y el resultado es, pienso yo, uno de los más lúcidos del álbum en lo que a amalgama de ritmos se refiere. Y es que la banda acierta al hilvanar ese trote más directo con entornos más crudos y desolados, con Dani exhibiendo tonos realmente oscuros. Tanto el trazo sobre el que se apoya el solo, como el solo en sí mismo, son estupendos. Uno de esos cortes diversos y bifocales pero que gana peso con cada escucha.

Marked By Madness” se adhiere en mayor medida al libro de estilo del género. Por ahí puede haber quien eche en falta algo más de riesgo. De picante. Composición puede que algo previsible, salvada si acaso por el buen nivel técnico de la banda. También por el cuidado uso de arreglos. Un poco a la contra del corte anterior y aquél trazo más intrincado, “Marked By Madness” representa una adhesión casi total a los primeros días del género, destapándose finalmente como una apuesta tan disfrutable como predecible.

Notable el cambio de sonido que entrega la caja de batería en esta “Ravenblood” que viene a dar nombre a la banda. Otra andanada de death melódico en la más pura tradición del género, con la producción otorgando gran peso ahora a la voz de Dani. Buenos cambios de ritmo, con la base rítmica empastando al centímetro. Un trazo, a modo de montaña rusa, de lo más certero y eficaz. Tanto la construcción del puente, como el fuerte peso que adquieren los arreglos aquí, potencian la cara más sinfónica de la banda, que acierta a trazar un tramo final con un gancho de mil demonios. Fácilmente uno de mis momentos favoritos de todo el largo. Estupenda.

Devourer Of Tales”, que “Intro” al margen pasa por ser el corte más rácano de todo el álbum, mantiene altas las pulsaciones a lo largo de un prólogo vibrante y descosido, rematado por unas más que vistosas líneas de guitarra. Composición que de nuevo vuelve a echar mano de un death melódico veloz y directo con la (fuerte) carga sinfónica como gran contrapunto. Hay momentos casi marciales junto con baterías realmente ágiles y veloces. El epílogo, con ese doble juego entre voz y guitarras, es estupendo. Por ponerle algún pero, bien merecía un final no tan abrupto. Un corte que disfruto en cualquier caso.

Arreglos mediante, “Throne Of Fire” ofrece el prólogo más épico del álbum. Sorprende sin embargo que la banda lo abandone después en favor de un metal más cercano a los distintos vértices sobre los que pivota este “Abscence”. Hay tonos realmente oscuros de Dani durante estribillos. Son estos de un cariz que sorprende por rocoso y pesado. También por el hábil contrapunto que suponen las distintas melodías que los acompañan. Llamativo uso de coros durante el puente pero, en resumidas cuentas, otro de los cortes que se queda a la cola del vagón de cabeza.

Trapped In Silence” arranca desde un prólogo que rezuma elegancia entre el fuerte poso sinfónico que dejan los arreglos. Es precisamente esa carga sinfónica la que acompaña a Dani durante estrofas para luego dejar paso a los buenos engarces que realizan Arnau y Jose. Es un corte por donde se traslucen algunos momentos de calma. Nunca una calma tensa, sino más bien un anticipo de esos momentos más vibrantes y enfebrecidos. Me gusta el equilibrio que consigue la banda aquí. También como la mezcla acierta a equilibrar la voz de Dani con respecto al resto de líneas. Todo parece estar donde debe y la nota final se beneficia de ese esmero en las distintas labores de grabación y mezcla. Otra de mis favoritas de entre las once.

De lo más juguetón y pegadizo ese arranque de “Reborn In Darkness”, quizá uno de los momentos más amables de todo el largo. Que me agrada por la forma tan elegante en que la banda va circulando hacia unas estrofas con poca (diría que ninguna) rima con todas cuantas pueblan estas once nuevas composiciones. Representan el momento más cercano al goth que les recuerdo, oxigenando una cara B del álbum que corría cierto riesgo de reiteración. No dudo será uno de los cortes que más diversidad de opinión genere entre sus habituales. Algo a lo que quizá contribuya la fuerza sinfónica del puente central. El clímax final, enfangado por la suma de todas las líneas, supone uno de los pocos debes en cuanto a producción de este nuevo trabajo. Con eso y con todo un corte a buen seguro diferente a casi todo cuanto hayan hecho y fácilmente el que mayor personalidad posee de esta nueva cosecha.

La final “Leaving In Sanity”, con la caja volviendo a aquél sonido más plano de la propia “Ravenblood”, ofrece de primeras a los Ravenblood más amables, también los más atmosféricos, para lo que termina siendo un interesante juego entre los Ravenblood más furibundos y los más elegantes y casi podría decir pomposos. Un cierre bien equilibrado, que si bien no resume al disco, sí que ofrece pinceladas de algunas de las ideas que lo preñan. La buena ración solista que entregan en su parte final, el buen trato de los arreglos durante esa demostración técnica y el calmado fade out final suponen el toque final a otro interesante trabajo de los barceloneses.

No he comentado nada al respecto durante toda la reseña pero es cierto que el apartado lírico del álbum puede pecar de una cierta acumulación de lugares comunes. Orgulloso disco de género al fin y al cabo. En cuanto a composición se refiere, sus fans de siempre tienen razones más que sobradas para estar contentos. La banda vuelve a contener y resumir lo más granado de la escena nórdica, alcanzando incluso una cierta brillantez en cortes como la inicial “Abscence”, “In Our Veins” o la propia “Ravenblood”, sin olvidar el cierto atrevimiento de “Reborn In Darkness” o la distinción final que procura “Leaving In Sanity”. Sin que me conquiste en su totalidad, una más que interesante y cuidada adición a su cada vez más interesante catálogo.

Texto: David Naves

Reseña: State Of Crime & Science «S.O.C.S.» (Tunguska Media Factory 2025)

Nueva entrega en formato Ep para la buena gente de State Of Crime & Science. Bautizado como la propia banda, lo componen cinco temas mezclados y masterizados por Diego Teksuo y que ven la luz vía Tunguska Media Factory. Asiduos de este medio se sabrán la formación de carrerilla. Refresco la memoria al resto: Osana K. en voces, Víctor Pérez Torres y Marc Segond en guitarras, José R. Ibáñez al bajo e Iván Fernández en baterías.

SOCS” ahorra en introducciones banales y va directamente al grano. De entrada me agrada el riff que Torres y Segond traman aquí. También la curiosa línea de batería de Iván Fernández. Esa rotundidad inicial desaparece toda vez irrumpen las estrofas. Calmas, en la más pura tradición de la banda. Si es que se puede usar el término en una formación de (aún) tan corta trayectoria. El formal pero efectivo build-up hacia estribillos procura la irrupción de la mejor Osana, que brilla aquí con una de las mejores líneas de voz que le recuerdo. Encuentro detalles reseñables en ambas guitarras camino del solo. Y de éste me agrada que, cuando llega, lo haga sin florituras de cara a la galería. No negaré que he estado dándole vueltas desde que estrenaran el videoclip allá por el mes de octubre y que, a día de hoy, me parece uno de sus temas más redondos.

Cursed Gift”, corte más extenso de los cinco, redirige ahora hacia tonos de una marcada melancolía. En la desnudez de sus primeras estrofas brilla la base rítmica de Ibáñez y Fernández, si bien el bajo del primero resulta algo enterrado en las partes más nervudas. Por cosas de la mezcla o quizá del (tantas veces odioso) Spotify. Hay algo en el estribillo que entrega Osana K. aquí que me trae efluvios del mejor post-grunge. La vocalista de S.O.C.S. brilla camino del epílogo, manejándose con gracia tanto en los tonos altos del tronco central como en los más sosegados del final. Tal vez eche en falta un solo de guitarra algo más ambicioso. En cualquier caso uno de los cortes con mayor personalidad del Ep.

Difícil no subirse a una “Vortex” con el gancho que poseen esos riffs del prólogo. La banda abandona el idioma de Shakespeare aquí para hibridar su habitual rock alternativo con un groove (apenas) desconocido para ellos. La producción filtra aquí y allá la voz de Osana y siento que acierta al hacerlo. Cuidadas guitarras limpias bajo las estrofas más tranquilas y un corte de esos que se agarra al subconsciente sin remedio. Tan híbrido como en ellos es habitual pero, ya digo, armado con una carga riffera pegadiza como pocas, de los cinco puede ser el que más brillo obtiene de la meticulosa mezcla de Diego Teksuo.

Self-Delusion”, que disfrutamos en primicia en nuestro desplazamiento hasta Ribadeo (crónica), vuelve a abrazar un cierto groove, algo de la melancolía de la anterior “Cursed Gift” y por ahí construye otro de los cortes con mayor cuerpo del Ep. Rugen las guitarras aquí. De hecho diría que estas son las más broncas que les recuerdo. Al menos en lo que al estudio se refiere. Emerge de nuevo un cierto aire post-grunge en las estrofas más tranquilas. Redondea Osana con un estribillo hábil y con clase. Me agradan los detalles que entregan las guitarras camino del epílogo. También los buenos coros que irrumpen aquí. Eficaz.

Last Days”, cierre y a la vez entrega más escueta del Ep, puede ser el corte que más recuerda al rock alternativo de los noventa. Lastrado en parte por lo escueto de su desarrollo, que no alcanza los tres minutos y medio, agrupa en cierto modo muchos de los vértices sobre los que acostumbran a pivotar sus composiciones: estrofas limpias, más intensidad en estribillos y brillo desde las guitarras en esas partes más nerviosas. También una base rítmica que no falla a la hora de bailar entre ambos registros. Una quinta entrega no fallida pero sí que tal vez algo discreta.

La edición física aún no ha visto la luz en el momento en que redacto esta reseña. Lo de dentro, esto es, la música, vuelve a pintar bastante bien. La banda sigue cómodamente instalada en ese cada vez más particular rock alternativo. Acertando en los juegos tonales y demostrando que saben moverse tanto en los registros amables como en los más iracundos. Siempre con clase y nunca con excesos, moderados pero firmes, distinguidos del resto de bandas de la vieja Asturias y en clara línea ascendente.

Texto: David Naves

Reseña: Nukore «The Blackout» (Revolution Records 2024)

The Blackout” es el nombre con el que los metaleros vitorianos Nukore han bautizado a su más reciente obra de estudio. Un total de ocho temas grabados en los SilverStar Studios de Iker Bengoa, viejo conocido de la banda. Ellos son Rafa Bataglia (batería), Ander Martínez-Olaskoaga (guitarra y coros), Álvaro Foronda (bajo y coros) y Aitor Asso (voz). El álbum vio la luz vía Revolution Records el quince de noviembre del pasado año.

Hunger Games” ofrece un inicio más enrevesado y atrevido de lo que uno podría esperarse. Un hardcore / metal de pulso tenso, diversidad en líneas de voz y un riff, pesado y arenoso, con un gancho de mil demonios. La de Biohazard podría ser una rima recurrente aquí. La banda aprovecha para contraponer su cara más atmosférica y uno va poco a poco atisbando la fortísima personalidad que desprenden estas composiciones.

Hate Is A Burden” prosigue esa senda de hardcore metal pesado y groovie, destacando otro buen riff aquí a cargo de Martínez-Olaskoaga. Desgarro y mucha variedad vocal para alimentar ahora una faceta un tanto más alternativa en estribillos. Efectos varios acuden a las guitarras de Ander y el coro, repetido de forma incesante, acaba por instalarse en el subconsciente sin mayores esfuerzos. El puente viene finalmente a alimentar a esos Nukore aún más oscos y pesados del epílogo. Otro buen corte de metal retorcido y fronterizo.

Tendrá que ser “Pay & Obey” la que venga a añadir algo más de nervio y picante a la mezcla, con una banda ahora en una encarnación más cercana al crossover thrash. Suicidal Tendencies, S.O.D. o ciertos momentos de Anthrax podrían ser rimas recurrentes aquí. El corte de todos modos ve rebajado ese brío inicial para acometer un pulso algo más sureño (ese riff no engaña) y Nukore van así alimentando la amplia gama de registros que manejan para este nuevo trabajo.

Planet B” viene soportada por dos grandes pilares. Uno es el estupendo riff de las estrofas. De nuevo sin escatimar en gancho ni pegada. El otro es la hábil línea de batería y la forma en que se amolda a los muchos registros que la banda maneja aquí. Tantos, que uno siente la composición algo encorsetada dentro de sus tres minutos y medio (no llega). Sea como fuere y cuando las revoluciones suben, el cuarteto acierta a hibridar thrash y hardcore sin mayores esfuerzos. A buen seguro una que será ineludible en sus directos.

Lost”, que pasa por ser el corte más extenso de este “The Blackout”, retorna a aquellos Nukore más atmosféricos del comienzo para traer al frente un metal de voces casi rapeadas, atravesadas por un tono ahora más apagado y melancólico. Medio tiempo tejido con todo el cuidado, que no obstante procura no obviar las fuertes señas de identidad del cuarteto vitoriano. Me gustan estos estribillos. También esas voces más rotas y desesperanzadas que irrumpen en el puente. Junto a “This Light Of Mine” el corte más diferente de los ocho y testimonio clave de lo versátil de su propia versatilidad como banda.

Con “Ward Dog” regresan unos Nukore más elementales. Puede que el riff que Martínez-Olaskoaga introduce aquí no me atraiga tanto como otros dentro del disco. Todo lo contrario que unas voces limpias para estribillos que no me podrían recordar más al mejor Christian Olde Wolbers (Vio-Lence, ex-Fear Factory). Del mismo modo pienso que el puente central bien merecía algo más de brillo en lo que a técnica se refiere. Un solo que terminase de rematar lo atractivo de su trazo. Por ahí un corte al que encuentro algo desigual.

De las ocho puede ser “This Light Of Mine” la que más brilla en cuanto a sonido y producción se refiere. Desde su caminar apaciguado, en cierta rima con la anterior “Lost”, se deshace no obstante del tono melancólico de aquella, dejando en el aire un cierto aire de revancha. Hay buenos cambios de ritmo, comandados con pulso firme por Bataglia, cara a construir alguna de las estrofas más redondas de todo el largo, con Martínez-Olaskoaga, ahora sí, entregando una interesantísima gama riffera. ¿Lo peor? Esos poco más de tres minutos que marca en el reloj.

Claro que si hablamos de duraciones rácanas, qué decir de la final “Don’t Do It!”. Si parpadeas te la pierdes, que decía aquél. Y no obstante Nukore se las arreglan para componer un corte atractivo por diverso. Bien arreglado y rebosante de personalidad. Un final tan fugaz como el álbum mismo.

… que por duración casi parece un Ep, pero que en cualquier caso entrega ocho temas de fuerte personalidad, bien producidos y en los que cabe casi de todo. La banda parece querer obviar cualquier tipo de relleno y por ahí el disco transita sin grandes errores, si bien pienso que alguno de los temas bien merecía un desarrollo algo más ambicioso. Si llegados a este punto os pica la curiosidad, la banda estará junto con el combo hardcore asturiano Jeremías El Babuino en el Tizón gijonés este próximo viernes 28 de febrero.

Texto: David Naves

Reseña: Nurcry «Renacer» (Art Gates Records 2024)

Tercera entrega del proyecto que lidera el músico Ángel Gutiérrez y al que acompañan esta vez Kike Fuentes al micro, Manu Acilu y Juanjo Alcaraz en guitarras, Pedro Díaz “Peri” al bajo y Jason Simmons en baterías. “Renacer” fue grabado, mezclado y masterizado en los V3STUDIOS por el compañero de Kike en Nocturnia Manuel García de Acilu Ojanguren y está en la calle desde el pasado noviembre vía Art Gates Records.

Indómito” ahorra en todo tipo de artificios para atacar ya desde el primer instante con un heavy / power de raíz clásica, trufado de melodía. Un trabajo en cuanto a guitarras que llama la atención cuando el reloj ni siquiera alcanza el minuto y que da muestras de por dónde pueden ir los tiros en este “Renacer”. Fuentes parece más que cómodo en estas estrofas. Clásicas y acomodadas, en la más pura tradición del rock estatal. Hay inflexiones, versos incluso, que me traen el recuerdo de los Ñu más potentes. Remata un buen estribillo, esas voces dobladas que lo conforman no podrían estar mejor rematadas, si bien echo en falta unos coros con algo más de presencia. El solo, apoyado por el doble bombo que dibuja ahora Simmons, dista del conformismo sin rozar lo ególatra y termina de poner el lacito a un buen arranque.

Niño Invisible” rebaja en parte la intensidad para deslizarse hacia el hard rock y, sobre un riff no falto de gancho, tramar uno de los cortes más extensos del trabajo. Me agradan los adornos que lucen estas primeras estrofas. Como decía antes, el trabajo que lleva el disco en lo referente a guitarras da signos de haber sido cuidada con esmero. Quizá el disco no disponga ante el oyente una producción estelar. Sea como fuere, Fuentes dibuja un buen estribillo aquí. Pegado a ese hard lleno de clase y feeling, que no desentonaría en un álbum de 91 Suite. Puede que al solo, más en un tema que se va más allá de los cinco minutos, le viniera bien algo más de recorrido. Aún así, aprecio la forma en que transforma en calma su vigor inicial. A buen seguro uno de los más curiosos y llamativos de todo “Renacer”.

De letra protestona y hasta cierto punto irreverente, ataque directo a comportamientos superficiales tan presentes y habituales en redes sociales, “Megalomanía” traza sobre un riff a lo Judas Priest un corte que, a ratos, me recuerda a mis paisanos de Monasthyr. Aporta, solidario a ese espíritu algo más transgresor y gamberro, uno de los solos más vitriólicos de todo el largo. Atractivo y bien trazado para completar esta composición chulesca y pegadiza. Vibrante incluso. No descarto que tanto al insufrible de Llados como a sus pobres acólitos les piten los oídos.

Bella Luna” es puro heavy metal a la antigua usanza. La producción apoya ese clasicismo con una presencia sinfónica un tanto tibia. Todo lo contrario que una base rítmica que gana peso y comanda con pulso firme esta cuarta entrega. Muy elegante Fuentes aquí y cierto deje a los bilbaínos Valkyria esparcido por las distintas estrofas. Rápida, ni tan siquiera tres minutos y medio, pero dueña de efectivo solo doblado en su parte final.

Salto Al Vacío” recupera en parte aquél aire más macarra de “Niño Invisible”, lo reformula con un heavy metal que me recuerda a los primerísimos Mägo de Oz y lo cierra con un solo a la Iron Maiden. Uno de esos cortes que parecen haber nacido con el directo como principio y que, desde luego, suena mucho más pasional que cerebral. De resultas de todo esto, este salto al vacío se ha convertido en uno de los cortes que más fuerte han arraigado tras las sucesivas escuchas del álbum. Ni inventa nada ni lo pretende pero vaya si funciona.

Salvajes”, ahora sí corte más rácano de todo el largo, tiene un deje más urbano, a medio camino entre el hard de toda la vida, ciertos momentos bien podrían recordar a los (siempre) infravalorados Leize. Fuentes entrega otro estribillo pegadizo y con gancho, mientras que las buenas guitarras de Gutiérrez y el Lethargus Juanjo Alcaraz dejan dibujos rebosantes de clase. Llaman la atención esas voces filtradas del epílogo. Al final otra de esas en las que Nurcry parecen haber dado con la tecla, entregando así la mejor versión del proyecto.

Fénix” regresa a su lado más heavy, linda con el power con esos coros del inicio, también en esa desnudez de las primeras estrofas, con Fuentes cantando ahora en tonos más graves. El nombre de mis paisanos WarCry sobrevuela a ratos. También el de Dünedain o incluso el de Tierra Santa durante ciertos versos. El solo que ocupa buena parte del puente central me resulta uno de los más redondos y acertados de todo el trabajo. Nurcry en una clave muy orgánica aquí, sin efectos ni trucos de salón, trazando heavy metal del de toda la vida sin excesos ni dobleces.

Grita Al Cielo” pone la nota de color al ofrecer ahora un medio tiempo que me agrada más por sus intenciones que por la factura y los resultados que ofrece. Quizá, y esto es algo puramente subjetivo, porque no llego a conectar del todo con su aspecto lírico. Sea como fuere, Fuentes está fantástico, en especial a la hora de alcanzar los tonos más altos, y el solo que irrumpe camino del epílogo no abusa en ningún caso de florituras innecesarias, redundantes o ególatras. Pero es cierto que echo en falta una producción algo más ambiciosa que termine de apuntalar ese tramo final.

Ciego Errante” sorprende con un prólogo algo más oscuro y que no desentonaría en según qué disco de post-grunge. Fuentes, de hecho, traza inicialmente una línea de voz en cierto modo disociada del resto del álbum mientras el corte se afana por lindar con el rock alternativo en no pocos momentos. Hay riffs que me recuerdan, sí, a aquellos The Cranberries de la tristemente desaparecida Dolores O’Riordan. Aquí lo interesante viene de la forma en que Nurcry trasladan esa raíz más alternativa hacia un terreno más afín a la raíz del disco a través de un más que interesante crescendo. No dudo será uno de los cortes más divisores de todo “Renacer” pero, pienso, la banda sale más que airosa del envite.

Galileo”, que ya pudimos disfrutar en la primera edición del Luarca Metal Days (crónica aquí), me recuerda ahora a aquella “Wheels Of Fire” del álbum que retornaba a Rob Halford a su banda de toda la vida. Llamativas esas guitarras más broncas que acompañan a las estrofas para uno de los cortes más rácanos, también más directos, de todo el tracklist. En cualquier caso sobresalen esas armonías de Fuentes en estribillos, las más graves que irrumpen a término de los mismos o los solos doblados previos al epílogo. Curiosa cuanto menos.

7 Brujas” sí que trae consigo esa producción más ambiciosa que eché en falta anteriormente. Sirve ésta para acomodar la cara más épica de Nurcry, que a su vez es también la más heavy, con Simmons entregando una potente pero también diversa línea de batería. Me agradan las melodías con las que engarzan estribillos y estrofas. La forma en que Fuentes ensucia su registro para acompañar ese tono más vibrante de la composición y, enlazando con lo que dije al principio, el cuidado trabajo en cuanto a guitarras que ofrecen Manu y Juanjo aquí. Aún cuando su aspecto lírico no me conquista del todo, otra de mis favoritas.

Eterna Oscuridad” de nuevo rebaja esas altas pulsaciones para ofrecer un medio tiempo que me agrada menos por trazo, algo recurrente, y más por las diversas ejecuciones que entregan los chicos. De nuevo muy orgánicos Nurcry aquí mientras Fuentes alcanza a ratos tonos realmente agudos aquí y vibrante ese solo del puente. Correcta, ni me desagrada ni me engancha.

Para el final queda el bonus “Cuestión de Rock ‘n’ Roll” de inicio tendido pero cuyo desarrollo habrá de ofrecer a los Nurcry más heavies y enfebrecidos. Sorprende ese bajo tan alto en la mezcla, en contraste con su presencia más discreta a lo largo de todo el álbum. Un corte desenfadado como más que agradable broche a este nuevo álbum.

Notable tercer disco de los madrileños. Mucho más orgánico de lo que preveía antes de las primeras escuchas, a ratos la producción es casi invisible, lo que no obstante permite a la banda entregar su mejor cara como intérpretes. Las influencias, con la excepción que supone “Ciego Errante”, son en gran medida clásicas y, por ahí, la banda parece más que cómoda. “Salto Al Vacío” no me podría resultar más pegadiza, “Indómito” me resulta el mejor de los arranques y luego cortes como “7 Brujas” o el bonus final entregan una cara más descarada y heavy de Nurcry con la que conecto en cierta medida. Notable trabajo.

Texto: David Naves

Reseña: Adrift «Dry Soil» (Monolito Records 2025)

Bajo la denominación “Dry Soil” se esconde el cuarto trabajo de los madrileños Adrift. Un total de seis temas producidos al alimón entre la propia banda y Santi García, quien se encargó de grabar y mezclar estas pistas en el Ultramarinos Costa Brava entre enero y febrero del pasado 2024. La formación actual se compone de Jaime García en baterías, Daniel Chavero al bajo, David López en guitarras y Jorge García en guitarra y voces. Con masterización de Víctor García (Aathma, Toundra, Ikarie, Bloodhunter…) y diseño y fotos de Jorge García (Ból! Estudio), el disco vio la luz vía Monolito Records el pasado 31 de enero.

Irrumpe denso “Overload” para sentar así las bases (o algunas de ellas) sobre las que se desarrollará el álbum. Hay cierta tensión en esos primeros riffs, en el juego que proponen ambas guitarras durante el prólogo. También una cuidada línea de batería de Jaime García. Me agrada la construcción de las estrofas, que vienen a contrastar con el desgarrado, indómito y definitivamente árido registro de Jorge García. Etiquetados a veces como “death metal experimental”, es esta una formación que no se doblega al blast beat incesante, que surca caminos más próximos al sludge más atmosférico. La producción, o cómo la mezcla acierta a equilibrar todos los elementos presentes, pone a estos Adrift, perdonen el tópico, a la altura de cualquier banda foránea. Sirva el poso más espacial que precede al epílogo como muestra.

Todo resulta de lo más orgánico. Sin maniqueos trucos de salón capaces de pervertir su manera de entender el metal extremo. Y “Concrete” es la mejor prueba de ello. Adrift arremeten más vivarachos ahora, con un bajo que percute con insistencia en ambos canales. Jaime García vuelve a dejar otra inquieta línea de batería, que acompaña a unas guitarras que ganan peso y crudeza aquí. Es el corte más rácano, en cuanto a duración, de todo el álbum, lo que no quita para que la banda lo recubra de buenos cambios de ritmo, apostados siempre en ese post metal crudo y arenoso. Lo mejor es el modo en que la banda parece terriblemente cómoda en este registro algo más vivaracho, entregando por igual atmósfera, músculo y desgarro.

Edge” toma el testigo a base de reincidir en esos biorritmos más altos. En un riff que, tras cada escucha, no deja de recordarme a los (tristemente) desaparecidos Moho, Adrift proponen un viaje inclemente en el que cruzan guitarras de un poso casi psicodélico con riffs heredados directamente del black metal. Contorsionando géneros, tejiendo cuidados cambios de ritmo sin olvidar su cara más descosida y visceral. Sorprende, aún en un álbum como este, la tensa calma de su extenso tronco central, con Adrift transitando por un páramo inhóspito y desolado. Desesperado festín riffero, que Jorge García recorre en su habitual registro ominoso y descosido. Toda esa amalgama sónica viene a contrastar con la más acusada calma que irrumpe más adelante, con el bajo de Chavero superpuesto ahora a ambas guitarras. Guitarras algo efectistas aquí, que toman en este tramo final sonoridades más próximas al stoner, sin que ello venga a traicionar el espíritu mismo del tema que las acoge. Que pese al amplio abanico de influencias que manejan sean capaces de mantener un nexo común entre todas ellas creo que habla muy bien tanto de la producción de la que gozan estos seis temas como de su buen hacer como compositores.

Restart” puede ser la que inicia de forma más amable de todo el tracklist. Es metal algo trotón, que despliega un nivel técnico sin florituras ni excesos. Operante siempre en favor de la propia composición que las aloja. Lo que sorprende aquí sin embargo son esas voces limpias, de aire casi ritualista, y la forma en que conjugan con el siempre árido y roto registro de Jorge García. Un corte que viene a romper con muchas de las ideas preconcebidas del álbum a estas alturas, siendo lo suficientemente hábil para mantenerse dentro de las propias fronteras del género. Hay riffs que tranquilamente pueden recordar a King Crimson, engarzados por unas baterías de Jaime García ahora un tanto más lineales. El tramo final se empecina en devolvernos a esos Adrift más atrevidos y atmosféricos sobre unas baterías casi marciales, desembocando finalmente en un curioso epílogo. Estupenda.

Agradecida calma la que propone el prólogo de “Blood Kills The Soil” con esas guitarras ahora algo tímidas, que vendrán de nuevo a contrastar con el iracundo registro de Jorge. Un penúltimo corte que afianza la cara más atmosférica de los madrileños, apoyada en una producción que parece entender a la perfección el material que tiene entre manos. Hay un poso algo más psicodélico aquí, que imbuye unas estrofas por momentos atrevidas e incluso desafiantes. Hay una mayor linealidad aquí y sin embargo puede que se trate del corte más excéntrico y diferente de los seis.

La final “Bonfire” parte desde un prólogo de fuerte poso atmosférico, aupado por una serie de arreglos de un cariz casi cinemático. Adrift se toman su tiempo ahora, de hecho composición más ambiciosa del álbum, y pronto dibuja guitarras que, sin ir más lejos, podrían recordar a los Tool más recientes. La voz de Jorge aparece ahora algo más hundida en la mezcla, generando una cierta extrañeza conforme transcurren las primeras estrofas. Las baterías de Jaime García recuperan aquél brillo de comienzos del álbum, ayudando a que la banda teja pequeños pero hábiles crescendos. Todo confluye en un puente central cercano a la ensoñación onírica. No diré que me recuerda a Alcest pero sí que intuyo un lejano guiño al shoegaze en estas atmósferas ahora apaciguadas. El cuarteto trama un largo epílogo en el que brillan sobremanera los riffs de Jorge y David, que terminarán por confluir en el cierre más abrupto que recuerdo en mucho tiempo. Un final estupendo en cualquier caso.

Uno de esos discos que solo entrará a una primera escucha a los muy duchos en el metal más desesperado y sofocante. Un viaje atmosférico por contornos a veces nada amables, que desafía al oyente casi a cada paso pero que, aún ahí, sabe tejer pequeños remansos de calma y sosiego. Con una gama riffera capaz de tender puentes entre el progresivo más clásico, el death a veces aberrante y el black más avezado, (casi) siempre bajo la angustiosa voz de Jorge García, Adrift han trazado un álbum que les debería confirmar como punta de lanza del post metal dentro de nuestras fronteras. Si tanto “Dry Soil” como estas palabras os llaman la atención, el próximo jueves día 6 de febrero tenéis una cita con ellos en el chigre cultural ovetense La Lata de Zinc.

Texto: David Naves

Crónica: Celtian + Xeria (Oviedo 31/1/2025)

Expectación máxima ante la nueva venida de los folkies Celtian a tierras asturianas. La cita, planteada originalmente para el pasado noviembre y que hubo de ser cancelada por un percance de ultimísima hora, encontró acomodo finalmente el pasado viernes. En compañía de los vallisoletanos Xeria, había ganas de tomar el pulso a una de las bandas más pujantes de nuestro territorio.

Pero antes Xeria iban a hacer suyo el escenario del Gong para poner a prueba su reconocible metal sinfónico. Venían presentando “Fuego”, un segundo trabajo que pasó con buena nota por la web (reseña) y con la firme intención de meterse al público asturiano en el bolsillo. Sonaba una intro en la que se podía oír el tristemente célebre speech de J. Robert Oppenheimer, aquello de “Now I Am Become Death, The Destroyer Of Worlds” que hemos escuchado en una infinidad de álbumes de todo signo y condición. El caso es que conduce hasta “Una Lágrima Más” donde, entre grandes humaredas, se deja sentir una versión no tan sinfónica del cuarteto, que deja traslucir así unos engranajes mucho más mucho más orgánicos.

Enlazando temas y sin un segundo que perder, Xeria regresan a su debut de 2019 para una “Mi Reina” donde Marina Sweet demuestra encontrarse en un gran estado de forma. Dirigió a la banda con mano firme y supo conectar con una Gong muy por la labor. Todo el set de la banda se movió bajo una marcada premura. Incluso los agradecimientos de la propia vocalista. Sonando sin embargo potentes durante “La Luna Siempre Brilla”, con la frontwoman sentada en uno de los podios durante el puente y Carlos Z dejando un gran solo de guitarra. Marina Sweet introdujo “Fuego” buscando ese engarce con el público, uno de los cortes más amables del set.

Un set que tendría su sorpresa en forma de Lady Ani, vocalista de Last Days Of Eden, que acompañó a los de Valladolid durante “Morir En Tu Boca”. Para no estar previsto, según dijeron, la conjunción no se les dio nada mal a ambas intérpretes. Carlos Z dejaría otro gran solo en “Contra Las Estrellas”, ya con la carga sinfónica más presente y, por ahí, encontrando una versión más cercana a su encarnación de estudio. Y finalmente “Tienes Miedo”, llevada por la misma presteza que el propio set en sí, termina poniendo una buena nota a su desempeño, quedando eso sí la espina de ver una descarga completa por su parte.

A nadie se le escapa que Celtian están ahora mismo en proyección de convertirse en uno de los grandes nombres del metal en castellano. Es algo que salta a la vista cuando uno ve una sala tan repleta en una fecha, coincidente en el tiempo con unos tales Tierra Santa, nada fácil. Pero la Gong se llenó de un público más heterogéneo de lo habitual que supo responder casi a cada imput que llegaba desde el escenario. La amplia formación radicada en Alcalá de Henares desarrolla un gran sonido ya desde los primeros momentos. Era esta la mayor de mis preocupaciones. Anteriores venidas del sexteto a tierras asturianas ya habían dejado claro que se encuentran en un gran estado de forma.

Así pues y para cuando superamos la intro y encaran “La Profecía”, las sensaciones no podrían ser mejores. Si además la voz de Xana Lavey se encuentra en buen estado de revista, como era el caso, no queda otra que dejarse llevar por su alegre folk metal. Brilló aquí ya Sergio Culebras en guitarras, con uno de mis solos favoritos de la noche. Celtian acertando a fundir buena técnica con aires folk portadores de un gancho terrible. “Sueños De Cristal” destapa, de hecho, a una Xana Lavey aún más torrencial. Y aunque la banda no escape a la dictadura de las pregrabaciones, desde luego sabe cómo poner a una sala a dar saltos durante una cuidada interpretación de “El Solsticio De Driade”. Fundamental en particular aquí y en general durante toda la noche los coros del propio Culebras y del flautista (y ocasional gaitero) Diego Palacio, alma mater del proyecto.

Lavey examinó las gargantas del frío público astur en “Hasta El Final”, que luego destapó esa cara más cercana al power de la efervescente banda madrileña. “Renacer” dibuja uno de los grandes riffs de la noche y acierta a ofrecer ahora esa cara más amable y optimista en la que tan bien se manejan. Pasó lista la frontwoman granadina de cara a recuperar “Nueva Era”, que fuera opener en la gira anterior, y que ofreció ahora una versión más nervuda y musculosa de estos Celtian. Brilló ahí David Lande en baterías, auténtico motor de la formación, y que supo destacar tanto en pegada como en agilidad. “Sendas De Leyenda”, de aquél álbum homónimo de 2021, sirve como ninguna otra como testimonio del buen rollo que se respira en el seno de la banda. Llama además la atención la versatilidad de los propios Txus Borao y Diego Palacio. Alternando entre violín y bouzouki el primero, las flautas y la gaita el segundo, en mitad de los propios temas incluso. Tienen su lección bien aprendida y se nota.

Y si bien es verdad que algún molesto acople vino a enturbiar “Tu Hechizo”, la Gong respondió llevando en volandas al sexteto, que termina formando un corro en torno a Lande y su (breve) solo de batería final. Lavey tendría aquí un merecido descanso mientras sus compañeros acometen la instrumental “Molly Bawn”. Descanso bien aprovechado pues la vocalista regresa para encarar una no poco exigente “Maleficio De Sangre” en la que conjugará su habitual registro limpio con voces más rotas y desgarradas. Al final una banda con una amplia gama de registros pero que nunca pierde un nexo común firme e identificable. Algo que se hace patente conforme vuelven a los entornos más amables de “Lágrimas De Cera”. Palacio tomaría entonces el micro de Lavey para comentar sobre el percance ocurrido el pasado noviembre y la consiguiente espera. “Mereció la pena” apuntó alguien desde el público. Y tanto que sí. Tiempo también para presentaciones o para que la banda volviera a contornos más próximos al power. O para la más pura calma de la delicada “Oh, Catarina”.

Aunque si hay un corte que de verdad engancha con el público en este tramo final, ese es sin duda “El Hijo Del Ayer”, que sería a la postre uno de los estribillos más celebrados del set mientras que “Serena”, del aún reciente “Secretos De Amor y Muerte” (reseña), ya apunta a que se va a quedar en sus bises durante largo tiempo. Una gran, gran versión de Celtian, con Xana Lavey aguantando las no pocas exigencias del setlist y la banda acertando a sonar como una única unidad sólida e indivisible.

Un gusto que diría aquél. La sensación que queda, y sin que ello vaya en menoscabo de nuestra muy querido Gong Galaxy Club, es la de que futuras venidas del combo alcalaíno requerirán muy probablemente de recintos mayores. Ya digo mueven a un público muy heterogéneo y su encarnación en vivo poco o nada tiene que envidiar a la que muestran sus álbumes de estudio. Si mantienen esa chispa y esa solidez, quién sabe dónde está el límite para una formación como esta.

Vaya por tanto el agradecimiento a North Coast Management quienes han hecho posible esta nueva parada de Celtian en nuestro territorio, un saludo afectuoso a ambas formaciones y un abrazo grande a la agradable compañía. Ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: David Naves / José Ángel Muñiz

Reseña: Xeria «Fuego» (CD Music 2024)

Acompañando a la buena gente de Celtian en el Gong Galaxy Club de Oviedo este próximo 31 de enero estarán los chicos de Xeria, lo que nos parecía una razón tan buena como cualquier otra para detenernos un momento en su segundo largo “Fuego”, editado en marzo del año pasado a través de CD Music. Participaron en la grabación de este trabajo el teclista Víctor Herrera, el guitarra Carlos Z, el bajista Félix Gacho, el batería César Manjarrés y la voz Marina Sweet. Nueve temas grabados en Estudios Dynamita con el Last Days Of Eden Dani G. (Arenia, Rage, Monica Naranjo…) encargado igualmente de las distintas labores de mezcla y masterización.

Esta “Fuego” que dará nombre al disco abre con toda la pompa y boato propios del mejor metal sinfónico actual. Marca de la casa en la factoría Dani G., el combo vallisoletano se adentra en una composición atractiva por diversa. Resulta llamativa ya la construcción de las propias estrofas. Esos crescendos delicados y bien cuidados. Arrimados al metal melódico más cadencioso con medido equilibrio en la mezcla. Es cierto que en estribillos las guitarras pierden algo de presencia bajo esos coros tan predominantes. Por contra, me agrada cómo Marina parece en todo momento ser consciente tanto de sus virtudes como de sus flaquezas, trazando líneas interesantes durante estribillos. Como interesante es ese solo previo al epílogo. Un comienzo elegante y con gancho.

Siempre Amanecer”, que pasa por ser el corte más rácano en cuanto a duración se refiere, inicia de nuevo tenue, adoptando no obstante un cariz casi cinemático, que la producción quiebra de cara a la irrupción de la faceta más puramente metálica de la banda. Por ahí emerge un riff no muy lejano de los que el propio Dani G. implementa en sus Last Days Of Eden. Pero quien brilla en ese inicio es Manjarrés tramando una atractiva línea de batería. Un protagonismo que desvanece en estribillos para que sea Marina Sweet quien brille con luz propia. Estos tienen gancho y aunque haya quien eche en falta algo más de picante, lo cierto es que la banda equilibra con algunas guitarras realmente rotundas aquí. Y aunque el solo que Carlos Z puede pecar de escueto, bien está un corte que parece mostrar a unos Xeria cómodos y en plena forma.

Una Lágrima Más” prosigue en mostrar sin asomo ninguno de disimulo el fuerte poso sinfónico de la banda. Originales estrofas las que dibujan los vallisoletanos aquí para un corte donde el combo realmente da la sensación de disfrutar con lo que hace. Bajo la voz de Marina durante estrofas surgen del mismo modo llamativos arreglos y cuidados detalles de Carlos Z a las seis cuerdas. Entregando uno de esos estribillos que entran ya desde la primera escucha, no sorprende que éste fuera finalmente uno de los elegidos para su traslación al terreno del videoclip. El disfrutón solo que irrumpe en ese tramo final redondea una de las ofertas más equilibradas, certeras y eficaces de todo el largo.

Sangre Fría”, corte más ambicioso en cuanto a duración de los nueve, parte desde la más absoluta bruma para después deslizarse hacia la cara más melódica de los pucelanos. Medio tiempo de cadencia amable, con una Marina Sweet muy cómoda en esas primeras estrofas. La producción multiplica su voz más adelante y el corte, en líneas generales, parece discurrir por la vertiente más elegante de la banda. Sin excesos, con el bajo de Gacho dibujando buenos detalles bajo todo el andamiaje puramente sinfónico que le rodea. Pero si algo eleva a esta cuarta entrega es un puente central que vendrá a abrazar tanto una buena gama riffera como un inteligente uso de los arreglos. El propio solo de guitarra, el uso de sintes retrofuturistas y la forma en que la composición retorna a estribillos. De los nueve, el que más hace valer el buen ojo compositivo que, a día de hoy, anida en el seno de Xeria. Estupenda.

Sintes asoman también en el prólogo de “Contra Las Estrellas”, que después cabalga a lomos de una sencilla pero eficaz línea de piano. Los primerísimos Within Temptation sobrevolando mi subconsciente tras cada escucha. El caso es que la banda adopta después un metal melódico que viene a recordar a trabajos más recientes de la propia banda neerlandesa. Sea como fuere, Marina Sweet vuelve a moverse como pez en el agua durante estas estrofas. Algo más exigida en estribillos, pueden no ser estos los más redondos de todo el largo. Y da igual porque Xeria derivan luego hacia una versión más iracunda y, pienso, salen más que airosos del envite. Hay un buen solo de guitarra de Carlos Z aquí. Quizá porque tiene detalles que me recuerdan al mejor Alberto Rionda. También un cierre cuyo trazo me resulta de lo más atractivo. Otra a contar entre mis favoritas.

Al Pasar De Largo” rebaja las revoluciones, deriva sin excusas al terreno de la balada distinguida y elegante, implementa tímidos arreglos de cuerda y, claro, muestra a una Marina Sweet en su encarnación más amable. Mucha pompa en estribillos, tan cuidados como grandilocuentes. Carlos Z se descuelga con un solo torrencial, en una vena puramente clásica, que antecede a los Xeria más sinfónicos y recargados del final. Dani G. maneja con precisión de orfebre el encaje entre todas las líneas que se dan cita en el epílogo, constituyendo uno de los puntos álgidos del álbum en este sentido. A la altura de la mejor producción foránea, francamente.

Tras la calma, bien está el mayor brío de “La Luna Siempre Brilla”. Un corte donde la banda cuenta con la colaboración al micro de Kenzy (Megara) para, entre ambas voces, construir un metal sinfónico eficaz en estrofas, ganchero en estribillos, y finalmente hábil en el despliegue puramente técnico. Fantástico solo de Carlos Z aquí. Impecable en lo que a producción se refiere, no obstante un corte con ciertos altibajos.

Sin salirse un ápice de los férreos límites del género, me agrada la forma en que “Cerraste El Show” acierta a ofrecer un mayor nervio durante estrofas. No diré que la banda suena marcial aquí, pero sí que se dejan sentir esas gotas más de picante. Se agradecen incluso. Por contra, cierto es que su aspecto lírico no me entusiasma, particularmente en estribillos, pero la banda vuelve a mostrarse cómoda y concentrada en lo puramente musical. Hay buenos riffs de Carlos Z bajo estrofas, llamativos arreglos y voces rotas bajo el registro más amable de Marina. A pesar de todo, el corte con el que más me ha costado conectar de los nueve.

Edén”, con Rafa Blas (Mägo De Oz) a bordo, entrega un consistente duelo vocal sobre un metal sinfónico enraizado en la versión más leal posible al género. Me poderosamente la atención los riffs con los que Carlos Z va engarzando las estrofas. También los distintos arreglos y adornos que acompañan a estas. La propia Marina está más que hábil a la hora de construir sus líneas vocales. Delicada a un tiempo, torrencial al otro, confronta (es un decir) al albaceteño con clase y saber hacer. Echo en falta un solo de guitarra más ambicioso en este tramo final y, de paso, asumo mi culpa por ser tan insistente al respecto a lo largo de las diferentes reseñas. En cualquier caso, un más que eficaz cierre a este “Fuego”.

Este es uno de esos álbumes que, reza el tópico, gana peso con cada nueva escucha. Cierto que en su tramo final, el correspondiente a los cortes “La Luna Siempre Brilla” y “Cerraste El Show” estoy cerca de desconectar del mismo. Pero es que antes, temas como “Una Lágrima Más” o “Sangre Fría” habían dejado las expectativas por las nubes. Una gran producción, que no sorprende viendo la figura que se encuentra detrás de la misma, y una Marina Sweet que (me da la impresión) ha crecido una barbaridad desde aquél “Tierra” de 2019. Carlos Z está muy fino a la hora de elaborar buenos riffs de guitarra. Y aunque ya digo que a ratos eche de menos un aporte solista algo más ambicioso y efervescente, poca duda más cabe al respecto de su desempeño. Así pues, solo queda ver qué tal luce en directo este segundo trabajo el próximo viernes junto a Celtian.

Texto: David Naves