Reseña: Dismal Crux «The Hope Of Things To Come» (Autoproducción 2023)

Dismal Crux es una one-man band comandada por el músico granadino Óscar R. P. y que hoy nos presenta un segundo largo de nombre “The Hope Of Things To Come”. El proyecto continúa así el paso dado con su debut de 2022 “Wraiths Of The Reaper”. El trabajo vio la luz de forma independiente en agosto del 2023.

Roza los dos minutos “As Above So Below”, páramo instrumental que hará las veces de introducción en este “The Hope Of Things To Come”. Oscura y orgánica, acomodada en ambientes que fácilmente podrían recordar a los Black Sabbath más primigenios, conduce en su elegante crescendo hasta una “Fall Of The Watchers” que no abandonará esa raíz proto-doom para dar forma a un primer corte igualmente oscuro y tenebroso. Óscar lo conduce sobre un clásico juego entre tonos y registros, donde en ocasiones la voz atropella al resto de elementos. Tampoco de forma catastrófica, cabe decir. Un buen solo apoya su tronco central, que vendrá a dar paso a la cara más descarnada de Dismal Crux, donde habrán de colarse paisajes cercanos a los seminales Celtic Frost. Todo configura un arranque interesante, desligado de las habituales cabalgadas tan frenéticas como facilonas.

Shadow Bringer” no se desliga de ese metal clásico pero rugoso. Al contrario, prosigue en recrear un doom un tanto arcaico, que muy a ratos parece descubrir la fascinación del granadino por bandas como Reverend Bizarre, Witchfinder General, Pentagram… Me gustan los riffs que Óscar plantea aquí. También la forma en que construye un corte no tan lineal como aparenta. El registro más cazallero de las estrofas le sienta como un guante a las distintas rugosidades de este corte, en definitiva, arrastrado y pedregoso. Y si bien pienso que el solo que adorna su tronco central bien merecía algo más de recorrido, bien está lo que bien acaba.

Revenant” alterna cierto aire a lo viejos Cathedral, la ahora desaparecida pero siempre confiable banda de Lee Dorrian, con un doom más tristón que por momentos parece entroncar con aquél que bandas como Anathema, Paradise Lost o My Dying Bride propugnaran a principios de los noventa. Es un corte breve, apenas tres minutos y medio, ágil a la hora de alternar sus distintas influencias y a la vez interesante en lo que a riffs y melodías se refiere. Estupenda además en su epílogo por la forma en que Óscar armoniza las distintas líneas de guitarra y voz:

Mucha presencia del bajo en una “Scion Of The Lords” que primero amenaza con desviar hacia un heavy metal más vibrante para después adoptar unas oscuridades que, por el registro de Óscar aquí, casi parecen guiñar al tristemente desaparecido Peter Steele. Aquél pulso más vivaracho que se intuía en el prólogo vendrá a manifestarse en un tronco central que el músico granadino remata con un hábil cambio de ritmo que bien podría recordar a unos Iron Maiden de comienzos de los ochenta. El epílogo nos devuelve a Dismal Crux en su encarnación más doom, configurando finalmente uno de los cortes más poliédricos del álbum. Pienso también que uno de los más redondos.

Bezoar Of Hate”, a la sazón entrega más extensa de este “The Hope Of Things To Come”, acompañada de las voces más agrias de Óscar, hibrida doom con heavy tradicional. Y lo hace con tiento, entregando una construcción ágil y una serie de riffs quizá no espectaculares pero que encajan al milímetro aquí. En particular a la hora de enlazar las distintas estrofas. Precediendo a su epílogo se sitúan una serie de solos que, esta vez sí, disponen del espacio necesario para ser algo más que meras anécdotas. En lo que a mí respecta otro de los cortes ganadores de este segundo trabajo.

Mark Of The Dark” resulta más sencilla. Podría decirse incluso que menos ambiciosa. Se construye sobre una serie de riffs que bien podrían recordar a Steve Harris y los suyos. Influencia que parece ponerse de manifiesto a través de los diversos cambios de ritmo que el de Granada ha implementado aquí. El mayor elemento disruptor será finalmente un registro vocal hosco y grave, que vendrá a aportar una mayor gravedad al que, por otro lado, no deja de ser un corte algo desangelado en comparación con otras entregas.

Netzagh” regresa a las pulsiones más doom de Dismal Crux. Pero lo hace apoyándose en un colchón de teclados apenas inédito dentro del álbum. Y es curioso porque Óscar enseña no obstante un registro que parece situarse en un punto indeterminado entre Nocturno Culto (Darkthrone) y Grutle Kjellson (Enslaved). Ha lugar a un cambio de ritmo ágil, diseñado a mayor gloria de un solo de guitarra escueto pero pintón. El trazo que va desde el cierre de este solo hasta el epílogo no podría estar mejor cuidado ni resultar más elegante.

El cierre es para una “Smitin’ th’ Wicked” que vendrá a apoyar sus ritmos más vivos en un riff simple pero con un gancho de mil demonios. El de Celtic Frost podría ser un nombre recurrente en este final ágil en su encrucijada rítmica y vistoso en lo que a solos y melodías se refiere. Un buen broche a este “The Hope Of Things To Come”.

Como decía aquél: si pestañeas te lo pierdes. Es obra de un solo músico y tampoco es plan de ponerse exigentes en lo que a duración se refiere. Es más, porta una producción nada desastrosa vistos los precedentes, amén de una serie de cortes ágiles e inteligentes. Llamativos por la amplia gama tonal que desarrollan y que en algunos casos alcanzan a brillar por encima del resto. Pienso especialmente en “Scion Of The Lords” o “Bezoar Of Hate”. También “Netzagh” y ese registro algo diferente de Óscar o “Smitin’ th’ Wicked” y su indisimulado aire a lo Celtic Frost. Un álbum en definitiva llamativo y que bien merecía nuestra atención.

Texto: David Naves

Reseña: Caedis «Opus Calamitas» (Autoproducción 2024)

Tras debutar allá por 2015 con el Ep «Rise Of The Crocotaur», los groovers madrileños de Caedis regresan a la acción con su primer largo. Tras este nuevo «Opus Calamitas« encontramos a Miguel Murillo al bajo, Chema Cobas en baterías, las guitarras de Miguel Bárez y Mario Sánchez y la voz de Carlos Serrano. Con producción del Arwen José Garrido (Angelus Apatrida, Saor, Ebony Ark, Saratoga…) y de nuevo portada de Aneke M.Y. (habitual tanto de Marvel como de DC) el trabajo vio la luz allá por febrero de este mismo año.

Critical Hit” pone de inmediato las cartas sobre la mesa. La cara más descarnada del quinteto se materializa sin ahorrar en buenos destellos técnicos, para después fluctuar entre el nervio y la pesadez. Se dan cita voces desgarradas, en conjunción, casi diría en confrontación, con otras más agrias y oscuras. La composición mantiene unas vibraciones altas y las acompaña de buenas melodías e interesantes cambios de rumbo. Todo el trabajo de las guitarras de Sánchez y Bárez a lo largo de estos poco más de cuatro minutos de arranque es estupendo, rematando con un solo exigente y ambicioso, ojo a la base rítmica que lo soporta, y que confluye en un epílogo lleno de rabia. Poderoso y llamativo primer corte.

El de Gojira puede ser un nombre recurrente según se suceden las escuchas de “Winds Of Destruction”. Caedis sin embargo aporta ciertos dejes más sureños donde sobrevuelan, aunque sea tímidamente, nombres como Down, Crowbar o ya de manera más lejana Bongzilla o High On Fire. Intensidad en todo caso, riffs arrastrados y un trazo cambiante, laberíntico, en donde sobresale la labor de Cobas tras los parches. Su batería aquí es un cúmulo de virtudes. Caedis parecen sentirse muy a gusto en esta encarnación más angosta y a la vez enrevesada, entregando su mejor cara como compositores, también como intérpretes, para una de sus ofertas más certeras.

La más escueta “Collision Course” ofrece ahora a los Caedis más vibrantes en una composición mucho más directa y lineal, que no desechable. Cobas marca el ritmo y a lomos la banda abraza el thrash panteril sin ningún tipo de compromiso. Me gustan esos adornos en las partes más veloces, así como el ritmo casi marcial que imprimen a las estrofas. El puente, que de nuevo abraza la pesadez del metal sureño, con alguna de las guitarras más oscuras de todo el largo, contrasta con esas voces tan áridas y (de nuevo) desgarradas de Carlos Serrano. Puede que eche en falta algún solo más pronunciado. Por contra, es una de esas que huelen a directo ya desde las primeras escuchas.

A pura base rítmica nos recibe “Unleash The Crocotaur”, que viene de nuevo a destripar ese metal pesado de pulso sureño. Buenos riffs los que traman Bárez y Sánchez aquí para el que es, fácilmente, el corte con el estribillo más abiertamente memorable de todo el trabajo. Gracias a otro buen riff engarzaran las distintas estrofas. Con una base rítmica bien conjuntada y mejor medida y si bien no dispone de un trazo tan retorcido como otros cortes del álbum, me agrada sobremanera el deje un tanto más atmosférico en el que han apoyado el solo. La propia construcción del corte hasta él, de hecho. La banda parece así combinar su lado más elegante con el más rotundo y pesado, pariendo por puro contraste una de mis favoritas de esta “Opus Calamitas”. Mucha atención a las voces limpias que anticipan el epílogo.

Non Compatible” retorna a las raíces más thrash del quinteto para después construir un corte vitriólico y enfebrecido, con Cobas casi siempre alto de revoluciones y un Serrano más gritón que nunca. Cuando esos pulsos más vibrantes bajan, sale de nuevo a la luz el buen nivel que atesora el dúo guitarrero. En especial por el equilibrio que logran y la forma en que operan siempre en favor de la composición y no de cualquier afán masturbatorio. El solo, que llega tras un pequeño guiño del vocalista a influencias más contemporáneas, ese pequeño “pig squeal” a la manera de Caedis, puede ser fácilmente mi favorito de todos cuantos pueblan este debut de los madrileños. Estupenda la manera en que la producción lo funde con la contundente base rítmica y la voz de Serrano en ese rotundo epílogo. Estupenda.

De “Old Fashioned Tough Guy” me gustan más sus intenciones que su empaque final. Quizá porque algunos de los riffs que se dan cita aquí pueden pecar de recurrentes. La banda no se olvida de su habitual querencia por los cambios de ritmo y tono. La segunda estrofa gana en melodía y Serrano está igualmente gritón en un estribillo en el que echo en falta una pizca más de incorrección. De vértigo. Conecto en mejor medida con esa segunda mitad, apoyada sobre otra cuidadísima batería de Cobas y a la que remata un solo de guitarra tendido y de nuevo elegante.

Nombraba antes a Gojira y el de las estrofas de “Falling Forever” puede ser el riff que más me recuerde a la banda de los hermanos Duplantier. Curiosamente, es un corte que en poco o nada recuerda al cuarteto actualmente radicado en New York. Caedis mantienen un ritmo alto aquí pero deslizando ahora un deje más atmosférico, que rima con ciertas ideas del corte anterior y convierte a esta eterna caída en uno de los cortes con más personalidad de todo el largo. La sucesión de solos, con el wah humeando a ratos o el buen trazo que la banda desarrolla durante el epílogo desde luego contribuyen a ahondar en la idea.

Para el final queda “The End Of The Universe”, corte más rácano del álbum y en el que sorprenden las oscuras voces filtradas contra las que Carlos Serrano construye la suya propia. Es un corte donde Caedis juegan más que nunca con la experimentación. Quizá no tanto en el trazo, si bien en ningún caso es esta una composición lineal y predecible, como a la hora de conjugar tonos e ideas hasta ahora (casi) desconocidos en ellos. Hay extraños engarces entre estrofas, así como profusión de unas voces cavernosas que no vienen sino a ampliar la rica paleta del álbum en este aspecto. Un más que curioso cierre.

Buen contenedor de ideas este primer largo de los madrileños. Es de hecho un álbum mucho mas variopinto y atrevido de lo que intuí en primeras escuchas (quizá) algo distraídas. Si bien se adhiere a un ideario muy concreto, esa conjunción de metal pesado que no obstante flirtea con el thrash más vibrante, sin olvidar nunca el gusto por el groove ni tampoco los buenos desarrollos técnicos, lo cierto es que encuentro bastantes asideros a los que agarrarme. Por contra, sí que me deja la sensación de ser (a ratos) un disco muy de género, que tendrá difícil llamar la atención más allá de su público objetivo. Qué mejor para comprobar cuanto hay de cierto (o no) en mis impresiones cuando pisen el escenario del Paseo Malecón el próximo 14 de diciembre junto a la buena gente de Chamako Wey.

Texto: David Naves

Reseña: Golgotha «Spreading The Wings Of Hope» (Ardua Music 2024)

Sexto trabajo para los baleares Golgotha dentro de una trayectoria que arrancara allá por la década de los noventa con el largo “Melancholy”. Activos hasta 1998, reactivados momentáneamente en 2005 y ya de nuevo en 2014, conforman la banda a día de hoy Vicente J. Paya (guitarra y voz), Tomeu Crespí (baterías), Andrew Espinosa (bajo) Dan García (guitarra) y María J. Lladó (voz). La banda cuenta además con el Nexus 6 y TodoMal Javier Fernández a las teclas, encargado además de producir, mezclar y masterizar las grabaciones de los propios Paya y Crespí. En la calle vía Ardua Music desde el pasado mes de junio.

Predomina la parsimonia y la elegancia propias del género en “For Every Tear”. Doom melódico de cuidados arreglos y buenas melodías de guitarra que, duelo vocal al margen, bien podría recordar a muchos momentos de los americanos Novembers Doom. A su vez, el cierto goticismo que emana de las teclas que adornan esos engarces entre estrofas no deja de tener sus semejanzas con los seminales My Dying Bride. Lladó, a quien ya escucháramos en el anterior álbum de la banda, también al frente de otro de los múltiples proyectos de Paya, los stoner Bis•nte, entrega una interpretación contenida, constreñida incluso, amparada en el contraste que su voz produce con el registro roto del también integrante de los thrashers Holycide. Arranque en la más pura tradición del género, en cierto modo orgánico y desde luego de lo más funcional.

Gilded Cage”, que fuera una de las cartas de presentación de este sexto largo, entrega unas mayores pulsaciones que de inmediato siempre me recuerdan a los temas menos áridos de Saturnus. Conforme se sucede ese animoso prólogo, Golgotha desnudan su habitual doom para que Lladó sitúe su cadencioso registro sobre apenas una tímida batería y un igualmente timorato piano. Por ahí me agrada la forma en que estas reconducen hacia estribillos, así como el brusco contraste que los gruñidos de Paya provocan aquí. Es un corte agradablemente engañoso, que tira del manual del estilo pero se permite una serie de guiños en cuanto a estructuras que la convierten al mismo tiempo en una entrega con gancho y, a la vez, vistosa y ágil. Acertadísima su traslación al terreno del videoclip, aunque fuera en forma de vídeo lírico.

A Solitary Soul” ofrece en cambio un inicio mucho más pesado. Rotundo incluso. Ese riff inicial, tan sencillo como machacón, ofrece toda una gama de contrastes con la voz de Lladó. La banda ofrece sin embargo tonos más livianos que acompañan con sus habituales voces rotas. Una dualidad que la banda acierta a alimentar con alguno de los arreglos más llamativos de todo el redondo. Siempre de manera más casual que tímida, alimentando por ahí el rango sonoro del disco, convirtiendo a esta tercera entrega en una de las más personales de la banda. Firme Crespí al doble bombo y elegante Javier Fernández en teclas. Pero si algo me engancha sobremanera aquí es el solo de guitarra que precede al potente epílogo, lleno de clase y feeling. Estupenda.

Hear Their Cries” nos transfiere de pronto a la cara más nervuda de los baleares. Son estos unos Golgotha que, sin salirse de las a veces estrictas lindes del género, se adentran en un juego de intensidades que viene a construir otro de los cortes más llamativos del tracklist. Pequeña porción de blast beats inclusive. Quizá eche en falta algo más de nervio por parte de Lladó, si bien los tonos más altos que despliega aquí no me desagradan en absoluto. Todo se apacigua camino del epílogo, momento en el que irrumpe uno de esos solos de guitarra que siempre me dejan con ganas de más. Un corte finalmente con altos y bajos, interesante por el juego de contrastes pero a ratos irregular.

Human Vultures” propone de entrada un doom crudo y orquestado que me recuerda a bandas del ramo como Mourning Beloveth o incluso propuestas más funerarias como pudieran ser Mournful Congregation o Evoken. Apenas un pequeño guiño de la banda pues toda vez Lladó irrumpe en las primeras estrofas, Golgotha reconducen hacia un doom melódico mucho más amable y convencional. Sin abandonar en ningún caso el clasicismo, apostando de nuevo por el doble juego vocal y entregando una gama riffera que me engancha solo a ratos. Todo lo contrario que esas estupendas melodías del tronco central, así como el cuidado solo posterior:

Closed Heart”, corte más rácano del álbum, engancha desde el primer momento gracias al gran trabajo de Paya y García, especialmente inspirados a la hora de construir un prólogo tan elegante y vistoso como clásico. Ejerce este gran contraste con las estrofas que proponen después. Angostas, acompañadas de un riff seco, casi marcial. Golgotha entregan así la que es, con mucho, la composición más diferente de todo el tracklist. Hábil a la hora de proponer una particular relectura del género sin que ello signifique perder del todo su propia identidad. Todo un ejercicio de equilibrio que la banda aprovecha para reconducir en un epílogo que, de nuevo, vuelve a recordarme a la banda de Paul Kuhr.

Sobre parecida raíz construyen una “Spreading The Wings Of Hope” que de nuevo entrega a unos Golgotha en su faceta más melódica, apostándolo todo a otro ejercicio de contrastes donde destacará Crespí tras baterías. Es la suya una labor de lo más eficiente aquí a la hora de amalgamar las distintas intensidades por las que transita la composición. Paya, por su parte, está particularmente oscuro en su interpretación vocal. Y mientras que Fernández viene a aportar las teclas más cinemáticas de todo el álbum, todo termina encajando cara a construir uno de mis cortes favoritos del trabajo al que da nombre.

Es el propio Fernández quien sugiere desde el piano “Hope As Guide”. El cierre del álbum parece querer reconducir de nuevo hacia un doom mucho más canónico, que ejemplifica la crudeza de sus primeras estrofas. Su contraste con Lladó no va a coger por sorpresa a estas alturas del álbum, lo que no quita para que la mallorquina entregue una gran interpretación. El crescendo que conduce hacia el epílogo funciona por sutil, mientras que las voces filtradas de la propia Lladó aquí me llevan de nuevo a pensar en Bis•nte. Interesante broche final.

El doom metal como principio y final. No obstante la banda, formación asentada mediante, se permite ciertos picoteos fuera del género que llenan de matices lo que, a grandes rasgos, no deja de ser un disco de género hecho y derecho. No negaré que siento el registro de Lladó más apropiado para su otra banda, Bis•nte, lo que no quita para que la mallorquina entregue aquí unas cuantas interpretaciones de nivel. Al final un disco ameno, quién dijo que el doom era algo aburrido, y que muestra a una banda, casi treintañera ya, en gran estado de forma. Ya podían aprender algunos.

Texto: David Naves

Reseña: Inversus «Evil Seeks Evil» (Autoproducción 2023)

Ep de cinco temas para el combo ilerdense de death metal Inversus y que forman Javi García en baterías, David Tudela al bajo y coros, Oriol Cornet en guitarra y Hastur también en guitarra y voces. Este “Evil Seeks Evil” que hoy nos presentan se grabó y mezcló en el Nomad Studio de la mano de Xavier Esterri (Cauldron, Ouija, Blindpoint…) para después ser masterizado en Crossfade Mastering. Con artwork de Garage Caos, el trabajo vio la luz en junio del pasado 2023.

Lejos de adherirse al clásico arranque nervioso y furibundo, Inversus dibujan un prólogo de fuerte carácter melódico. “Evil Seeks Evil” se manifiesta como un pulso entre el agrio registro de Hastur y unas guitarras que expelen riffs un tanto casuales, revestidos aquí y allá de buenas melodías. Nada que sorprenda a estas alturas pero que en cualquier caso engancha con un estribillo muy bien medido. La mayor tensión del puente central, con la batería de Javi García ágil a la hora de alternar ritmos, alimenta el fondo de un primer corte al que remata el elegante solo que anticipará el epílogo. Un arranque algo previsible, que no fallido.

Nazino”, en alusión a la tragedia del mismo nombre bajo el paraguas de la Unión Soviética, y a la que también Avulsed dedicaran un corte en su disco “Nullo (The Pleasure of Self-Mutilation)” de 2009, echa mano de una mayor pesadez en sus guitarras, lo que en contraste a su mayor variedad en ritmos, deriva en un corte bifocal, de nuevo ágil, con rastros de los Sepultura pre “Chaos A.D.” apareciendo aquí y allá. También los Dark Tranquillity más clásicos y canónicos. Y entre medias espacio para que la banda desarrolle una serie de ideas que funcionan con suerte desigual. Se suceden las escuchas y no puedo evitar pensar que la narración que enmarca tronco central resulta un tanto impostada. Todo lo contrario que la buena ración de solos que despachan después o esos riffs tan machacones como pegadizos.

Bastard Of Lilith”, que se atreve a bordear el doom en un cuidado prólogo, alterna las habituales pulsiones death del combo catalán con pequeñas derivas hacia territorios más propios de bandas como Paradise Lost, Novembers Doom o Daylight Dies para terminar por trazar uno de los cortes más sólidos de todo el Ep. Muy digno en lo que a despliegue técnico se refiere, apoyado en buenos riffs y muy variado en lo que a ritmos se refiere. Pero al contrario que me sucedía en la anterior “Nazino”, siento que aquí todo empasta con mayor firmeza y solidez. Quizá porque su andamiaje, salvo detalles, rezuma clasicismo por todos sus rincones. También porque la producción del Ep sabe cómo jugar con los distintos tonos que la banda incorpora aquí. Un acierto pleno.

Lejos de reconducir hacia un death más canónico, “Dreams Of Blood” prosigue la deriva del tema anterior al tiempo que tiñe la música del cuarteto de un poso más gótico que sorprende primero y engancha después. Aquí vuelve a sobrevolar el nombre de Novembers Doom. También el de Insomnium o, barriendo para casa, el de los valencianos Evadne. De resultas de ese ambiente más tendente hacia el goth surge un corte interesante en lo tonal, que si bien vuelve a mostrar una estructura eminentemente clásica, deja la impresión de que Inversus, a quienes admito no conocía hasta que “Evil Seeks Evil” cayera en mis manos, se sienten más que cómodos en esta suerte de doom death melódico.

Sons Of Chaos” sí reconduce hacia el lado más death de su música. Aunque con matices. Y es que el corte final resulta una suerte de híbrido entre el par de cortes previos, especialmente en estribillos, y aquellas pulsiones más nerviosas del tema título o “Nazino”. Hastur vocifera como alma que lleva el diablo justo antes de que el corte derive hacia un puente central quasi atmosférico, que anticipa no obstante un epílogo más rayano en el heavy metal más clásico, lustrado por un solo de guitarra que bien merecía algo más de espacio. Otro corte pluriinfluencial pero sólido. Bien armado y sólido. Acertada carta de presentación del Ep.

Se trata de un Ep mucho más diverso de lo que adiviné en una distraída primera escucha y que viene un poco a hablar de las inquietudes y propósitos de una banda, a tenor de lo escuchado, aún intactas. Bien es verdad que la propuesta no resulta siempre todo lo sólida que debiera. Que fruto de la rica paleta de géneros que manejan, haya cortes un tanto descompensados. Pero en definitiva y cuando la banda acierta el tiro, véase “Bastard Of Lilith”, queda la sensación de que se conocen el libro de estilo al dedillo. A rematar con un hipotético tercer largo que acentúe los aciertos y destierre los errores de este meritorio “Evil Seeks Evil”.

Texto: David Naves

Reseña: Hiranya «Hiranya» (Autoproducción 2024)

A finales del mes de mayo veía la luz el nuevo material de los melodeath / metalcore madrileños Hiranya. La banda, que debutara allá por 2016 con un primer largo “Breathe In” al que seguiría “Breathe Out” tres años más tarde, está formada por Iván Méndez en baterías, Daniel Martínez (Phoenix Rising) y Johnny W (Dawn Of Tears) en guitarras, Jio al bajo y Sara Bowen en voces.

Este trabajo homónimo, que presentarán el próximo sábado en la ovetense Lata de Zinc en compañía de los renovados Unexpectance (más info aquí), cuenta con la colaboración del Hibernia Gabriel Jester, fue grabado y mezclado por Carlos Santos (Aathma, Wormed, Toundra, Saor, Barbarian Prophecies, Hamlet….) en los Sadman Studios de Verín (Ourense) y finalmente masterizado por Jens Bogren (Amorphis, The Ocean Collective, Arch Enemy, Borknagar, Haken, Soilwork…) en los Fascination Street Studios de Örebro (Suecia).

Acherontia” es la pequeña intro tras la cual se abre paso este nuevo trabajo de los madrileños. De su corto desarrollo, a la par que de sus relajados aires electrónicos, uno intuye por dónde pueden ir los tiros en esta nueva obra. Para cuando “Poison” se abre camino, el nombre de Absalem puede ser fácilmente el que primero acude a mi subconsciente. Muy elegante Bowen en estas primeras estrofas, en un tono cálido que, más tarde, habrá de dar paso a su lado más rugiente. Es un primer corte con gancho, apoyado firmemente en riffs tan recurrentes como pegadizos. Y mientras que el puente desata la cara más agria de la formación, todo vuelve a su cauce a través de un cuidado epílogo.

Bad Dream” parece querer extraer de la banda algo más de contundencia. También de retorcimiento. Sin llevarles a las lindes del progresivo pero, desde luego, entregando riffs más trabajados y diversos. Algo más producida que su predecesora, ofrece a una Sara Bowen al límite de sus posibilidades, alternando entre registros en una línea de voz que en ocasiones me recuerda a la buena gente de Ankor. Me agrada esa rotundidad del puente, también el buen solo que irrumpe a continuación. El epílogo, cuyo deje electrónico viene a lindar con la introducción del álbum, extrae ahora a los Hiranya más amables. Quizá eche en falta algo más de duración. Por contra, uno de los temas que más peso ha ido ganando con el correr de las escuchas.

Nombraba antes a Ankor y puede ser “Defeated” el corte que más acerca a estos Hiranya a la banda que lidera Jessie Williams. El quinteto madrileño propone aquí un prólogo de marcado pulso atmosférico, que dará paso a alguna de las estrofas más diferentes y llamativas de todo el trabajo. Equilibrada y con gancho, arrimada en buena medida a su cara más melódica, viene rematada por un solo tan escueto como rebosante de feeling. El crescendo final, con la producción regresando aquél deje más atmosférico del prólogo y fundiéndolo con una cuidada melodía de guitarra, amén de la magnética voz de Sara, pasa por ser otro de los momentos cumbre del álbum.

Broken Bones” ofrece de primeras a unos Hiranya en una clave más tranquila y sosegada. Medio tiempo de poso melancólico, que no triste, donde sale a relucir una estupenda línea de batería por parte de Méndez. Sin florituras ni excesos pero terriblemente eficaz. Cuidada igualmente en lo que a riffs y melodías se refiere, se eleva finalmente gracias a otra gran labor de Sara Bowen en voces. Buenas armonías las que entrega en estos estribillos y llamativo ese puente casi desnudo y la forma en que trasciende hacia el pop sin temor alguno. Poderoso contraste el que produce éste contra los Hiranya más desgarrados que descubre el epílogo. Redonda, estupenda.

Paradox” por su parte nos devuelve a los Hiranya más contundentes y vibrantes. También a los más retorcidos, mostrando uno de los trazos más atractivos de todo el tracklist. Con la producción sumando sintes de corte retrofuturista, aportando pequeños destellos alternativos incluso y Méndez dibujando ahora una laberíntica línea de batería, todo casa para entregar a la banda en su mejor versión. Caben desde breakdowns descosidos a flirteos con el melodeath más casual. Armonías que alternan los dos registros de Bowen. Es el corte más extenso de los siete y ciertamente da la sensación de que la banda ha querido echar el resto aquí. Cruzo los dedos para que no falte en su setlist del sábado.

The Greatest”, versión de la cantante y compositora australiana Sia y donde cuentan con la colaboración de Gabriel Jester, transforma el pop electrónico de la original en un metal de contrastes, con una fuerte alternancia entre registros mientras la banda traza (violentos) crescendos lo suficientemente hábiles como para reverenciar a la fuente sin olvidarse de su propia personalidad como banda.

Más un Ep que un álbum completo si nos atenemos al reloj, apenas veintidós minutos, lo cierto es que sirve a la vez como toma de contacto con el combo madrileño y testimonio de su buen momento de forma. Al menos en lo que a composición se refiere y si bien hay algún corte (“Bad Dream”) que siento merecía un recorrido algo más ambicioso. Sea como fuere encuentro buenos trazos en estos temas. También riffs hábiles y un gran trabajo de Sara Bowen al micro. A la versión de Sia no le falta agilidad y “Paradox” resume por sí sola de qué es capaz una banda como esta. Salvo causa de fuerza mayor este sábado comprobamos qué tal suena Hiranya en vivo.

Texto: David Naves

Reseña: Eveth «Sellando El Destino» (Maldito Records 2024)

Es el quinto trabajo de los mallorquines Eveth, la banda que forman David Kamstedt en guitarra y voz, Alberto Barrientos en baterías, Biel Recio al bajo, David Dalmau en voces y Rafa Socias en guitarras. “Sellando El Destino” se compone de doce cortes producidos y grabados por Miquel Àngel Riutort “Mega” (Æolian, Angelus Apatrida, Trallery, Perpetual Night…) en el Psychosomatic Recording Studio de Inca y masterizados finalmente por el Pyramaze Jacob Hansen (Anubis Gate, Xandria, Rob Rock, Sinner, Crystal Gates…) en sus propios Hansen Studios de Dinamarca. Adornado por el arte de Fernando Ricciardulli (Chromatic Chaos), se encuentra en la calle desde el tres de abril vía Maldito Records.

Un Nuevo Mundo” ahorra en introducciones artificiales y nos conduce casi de inmediato hacia un power de ritmos medios al que soportan una serie de riffs recurrentes pero muy eficaces. Por contra, hay algo en la forma en que Dalmau afronta estas estrofas que, a ratos, logra sacarme de la composición. Eveth se elevan, no obstante, en unos estribillos directos y con gancho. También por la buena ración solista que proponen y ejecutan Recio y Kamstedt. Un arranque con altibajos. Con luces y sombras que diría aquél.

Despiértame” sí que dispone de un riff de garantías para adornar un prólogo de puro power enaltecido y triunfante. Dalmau parece ahora mucho más cómodo y el empaque de la base rítmica, si bien desprovisto de artificios de ningún tipo, parece acertar a la hora de comandar un corte ágil por escritura y también por ejecución. Me agrada de igual forma el solo que acude en el tronco central y ese pulso más tranquilo que subyace. Quizá porque me recuerda a los chicos de Tálesien. Clase y pegada bien conjugadas en segundo corte algo rácano con el reloj.

Aunque Me Cueste La Piel” sorprende ahora con ese extraño arranque pero más con la oscuridad que muestran ahora sus primeros riffs. El juego que proponen sus estrofas, primero desnudas, luego poderosas, ni es nuevo ni puedo afirmar que esté mal construido o ejecutado. El estribillo acude pronto a la cita para redondear uno de esos cortes que parecen haber nacido con el directo como principio y fin. Ciertas armonías vocales podrán recordar a la forma en que Rob Halford construye sus líneas en estudio para Judas Priest, con Dalmau eso sí moviéndose en tesituras mucho más terrenales que las del británico. Ni tan siquiera cuatro minutos de duración pero unos Eveth que parecen la mar de cómodos aquí.

Más minutaje y también más nervio el que ofrece “Hijos De Las Estrellas”, con los baleares derivando ahora hacia un power metal a ratos poderoso, a ratos elegante, apoyado en una suerte de riffs aquí y allá algo manidos, pero que en su mezcla de músculo y sentimiento logra trazar uno de los cortes más atractivos de este quinto álbum. Hay una idiosincrasia muy cañí en la forma en que la banda traza estos estribillos y los conjuga con esa letra optimista y alentadora. El tipo de canción que el power patrio lleva facturando desde hace décadas, lo que no quita para que la banda gane la batalla gracias a un buen trabajo a nivel técnico y también de producción.

Mi Verdad” rompe con la tónica imperante en esta primera mitad del álbum al construir una balada / medio tiempo con no pocos guiños a los Iron Maiden más tranquilos y reposados. La banda vira más adelante hacia un metal más nervudo, que me recuerdan sobremanera a la buena gente de Argion. Noto más cómodo a Dalmau conforme el corte adquiere una mayor intensidad mientras transita hacia su tronco central, donde se dan cita unos solos un tanto discretos. Extraña elección como adelanto, desde luego.

Porque quien sabe si “Dueña Del Amanecer”, con esos ritmos más vivos y ese heavy / power más energizado y vibrante, no engancharía en mayor medida con el público más casual del género. Hay un estupendo trabajo de guitarras aquí, en los riffs que soportan las estrofas, las melodías con que las engarzan y finalmente con la obligada explosión solista del tronco central. Por trazo nada que sorprenda pero un corte que cumple con sus objetivos al fin y al cabo.

Aprendiendo A Partir”, con Marc Riera (Azrael, Dark Elf) a bordo, continúa en esa senda más vibrante, adornada por otra buena labor de Kamstedt y Recio, donde más que a Iron Maiden, a quien encuentro cierto parecido es a los riojanos Tierra Santa. Me agrada el riff más musculoso que anticipa al solo de guitarra, y desde luego le habría otorgado algo más de presencia o desarrollo. Sea como fuere un corte que acabará por sobresalir más por el aire fresco que proporciona la voz invitada que por los propios méritos de la composición en sí.

Lazos Rotos” calma de nuevo las aguas, arranca en balada desnuda y sin artificios para después trascender hacia un medio tiempo de mayor carga emocional en la mejor tradición del género. Un buen Dalmau y el buen trazo que muestra su solo de guitarra no logran, sin embargo, desposeerla de un cierto aire a déjà vu.

Espejo De Luna”, con la producción otorgando ahora gran protagonismo al bajo de Biel Recio, funciona a la hora de ofrecer la cara más chulesca y ochentera del combo balear. Hay un deje muy marcado a los mejores Accept en los riffs en que apoyan las distintas estrofas y, desde luego que Dalmau traza sobre ellas alguna de las mejores líneas de voz de todo el trabajo. Bien es cierto que la sección solista palidece, pienso yo, en relación a muchas otras dentro del CD, pero con eso y con todo una de mis favoritas de “Sellando El Destino”.

Y ejerciendo casi como negativo de esa cara más despreocupada, “El Mandato” opta en cambio por ofrecer a Eveth en su encarnación más veloz y poderosa. Power metal del de toda la vida. Del que ahorra en sutilezas y no necesita de producciones rimbombantes ni arreglos recargados para cumplir sus propósitos. Del mismo modo Dalmau traza unas líneas de voz desprovistas de excesos innecesarios ni alardes imposibles. Firmes y vibrantes.

De nuevo muy Maiden el prólogo de “Versos Al Diablo”, con el bajo de Biel Recio convertido en debido émulo de Steve Harris. Y aunque luego el corte acoge una viveza de heavy metal de toda la vida, todo deriva de nuevo hacia una idiosincrasia más castiza. Aquí me agradan sobremanera las armonías vocales del estribillo y la mayor pesadez sobre la que se desarrolla. Clásica en construcción pero eficaz en cualquier caso.

Viento y Fuego” viene a sellar el álbum desde un prólogo en clave de balada clásica que, más pronto que tarde, deriva hacia el habitual metal vivaracho de los mallorquines. Sita a medio camino entre los primeros Tierra Santa y Avalanch, Vhäldemar… agradará, o más bien debería, que uno nunca sabe, a todo fan del género con su profusión de riffs cabalgantes, sus hábiles cambios de ritmo y la manera en que Dalmau afronta sus diferentes líneas de voz. Un cierre a lo grande.

Casi cincuenta minutos de un heavy metal de guiños power que viene un poco a resumir lo mejor, a veces también lo peor, del metal facturado dentro de nuestras fronteras. Hay muchos riffs aquí que no deberían coger de nuevas al oyente habitual del estilo. La buena noticia es que, de tanto en cuanto, contribuyen a crear buenos temas. Pienso en cosas como “Aunque Me Cueste La Piel” , “Espejo De La Luna”, “Despiértame”, “Hijos De Las Estrellas” o la final y muy resultona “Viento y Fuego”. Orgulloso y a ratos eficaz disco de género.

Texto: David Naves

Reseña: Lándevir «Un Viaje En El Tiempo» (Maldito Records 2024)

Seis años han transcurrido desde que los valencianos de Lándevir editaran aquél “Desde El Silencio” de 2018. Los de Elda vuelven ahora con un nuevo álbum compuesto por nada menos que trece cortes producidos, grabados y editados en su propio estudio y donde encontramos a José F. Amat en baterías, Iván Martínez en bajo y coros, Pablo Guerra Martínez con la flauta, José Mancheño en voces, y la dupla José María Jerez & Francisco Gonzálvez Esteve en guitarra y coros. Les acompañan además Guillermo Mondéjar al piano, Paco Serra en la viola y Miguel Ángel Navarro al violín. Mezclado y masterizado por el Saurom Javier Rondán (Guadaña, Lemuria, Kevlar Skin) en el Audiorama Estudio de Puerto Real (Cádiz), coproducido por el Therion Thomas Vikström y adornado por el artwork del propio Jerez, ha sido puesto en circulación por el sello también valenciano Maldito Records.

Un Viaje En El Tiempo” nos introduce en la nueva obra del sexteto en forma de agradable nana que pronto acoge un pulso sinfónico marcada y gozosamente cinemático. Como de película de piratas con un Johnny Depp pintoresco y amanerado. El caso es que nos conduce hacia “Creencias Del Ayer” no sin que exista una cierta desconexión entre este corte introductorio y los ritmos tranquilos del prólogo que lo suceden. En cualquier caso aquí están producción y mezcla mostrando un agradable equilibrio entre los no pocos arreglos y la faceta más puramente rockera. Es un rock ligero, con ciertos dejes a los tunecinos Myrath, a los israelitas Orphaned Land, con Mancheño en un desempeño igualmente tranquilo y reposado, sin excesos. Jerez dibuja un cuidado solo en su tronco central y la composición fluye sin mayores sorpresas hasta el epílogo. Un arranque algo discreto.

Tu Voz”, primero de los cortes con Anna Murphy entre sus filas, transita ahora sobre unos pulsos más folkies. En especial a la hora de enlazar las distintas estrofas. Composición que irá ganando en peso y presencia conforme transita hacia su tronco central vislumbrando parte de la cara más metálica de la amplia agrupación con base en Elda. Vuelve a destacar la buena producción de la que goza el álbum, en particular cuando las líneas se multiplican sobre el firme doble bombo de Amat. El clásico pero eficaz crescendo que traman aquí terminará convertido en uno de mis momentos favoritos de todo el tracklist.

El Canto De Morrigan” es un pequeño, tranquilo y algo lánguido interludio al piano y flauta que habrá de conducirnos hasta la más hard rockera “Nunca Dejes De Soñar”, donde las capas más folkies del sexteto se funden con un hard rock muy nórdico y elegante, el de bandas como puedan ser Europe, Treat, Eclipse o incluso los mismos H.E.A.T. Composición como digo elegante y con gancho, apoyada en un estupendo Mancheño y donde Jerez dibuja desde su seis cuerdas un epílogo por todo lo alto. Estupenda, sorprende que no haya sido uno de los anticipos de este “Un viaje en el tiempo”…

… en favor de otras como la más festiva “El Mañana Ya Vendrá”. Por letra, construcción de estrofas y diría que hasta por afinación de guitarras, no es otro que el de Mägo de Oz el nombre que más acude a mi subconsciente con el correr de las escuchas. Alegre, risueña e incluso algo naif, goza al menos de un puente central equilibrado y bien planteado. Con eso y con todo no logro evitar pensar que le sobra una cierta autoconsciencia en determinados momentos. Un poco por las propias peculiaridades del género y otro tanto por mis propias rarezas y manías como oyente.

El Conjuro De Belenos”, con el Therion Thomas Vikström ejerciendo como narrador en su sueco natal, consigue conformar uno de los cortes más diferentes, también llamativos, de todo el trabajo. Una andanada de marcado aire celta (Belenos no deja de ser el dios del sol dentro de dicha mitología) y donde vuelve a brillar la estupenda producción de la que gozan estas canciones. Lejos quedan ya aquellos tiempos en que grabar un álbum de un género como este implicaba poco menos que jugar a la ruleta rusa. La libertad que da el grabar en tu propio estudio, supongo.

Muy interesante resulta “Reina Alhama”. Por los aires más orientales que ofrece la banda aquí pero también por la hábil construcción de sus estrofas y finalmente por sus cuidados estribillos, con el Mancheño más agudo y esforzado de todo el álbum. Entremedias cohabitan riffs de mérito enlazando las distintas estrofas, inteligentes cambios de ritmo y un hábil solo en su tronco central. Aquí y allá puedo echar en falta algo más de nervio, de músculo, pero con eso y con todo otro de mis favoritos del tracklist.

La Historia Se Repite”, composición más extensa de “Un Viaje En El Tiempo”, emerge desde su muy calmado prólogo y, por escritura, viene a resultar de lo más llamativa. Y es que porta buenos cambios de ritmo, cuidados crescendos en estrofas y una contención en estribillos digna de mención. Mancheño brilla aquí y, ahora sí, los Lándevir más poderosos se reafirman conforme el corte transita hacia su tronco central. Puede que algunos riffs pequen por su extremada sencillez, pero el gran trabajo que la banda ha hecho tanto en coros como muy especialmente en arreglos termina por decantar la balanza. Otro de sus grandes triunfos.

El Hechizo De Freya”, donde pone voces nada menos que Rosalía Sairem (Therion), es otro interludio que viene a devolver a la banda en su encarnación más cinemática. De hecho creo adivinar cierta rima con determinados momentos de la banda sonora de Howard Shore para la trilogía “El Señor De Los Anillos” de Peter Jackson. En cualquier caso conduce hasta “Ahora”, de igualmente calmo inicio al piano, con Mancheño en sus tesituras más amables. Balada con todas las de la ley, donde sin embargo, observo alguna estrofa de construcción algo torpe por atropellada.

Leyendas Del Medievo”, con Rosalía Sairem, Rocío Arenas, la ex Eluveitie Anna Murphy y el Celtian Diego Palacio a bordo, qué duda cabe nace con la intención de convertirse en el estandarte de este nuevo álbum. Los de Elda han tirado la casa por la ventana en lo que a colaboraciones se refiere para después tramar un corte en la más pura tradición del género. A saber: los contrapuntos entre voz y arreglos, lo pegadizo del riff de Jerez y Gonzálvez, el marcado aire melancólico que desprende y el gancho de sus estribillos. Y si bien hay ofertas dentro del álbum con las que conecto en mayor medida, esas propias rarezas a las que aludía antes, tampoco puedo afirmar que hayan errado con su propósito aquí.

El Fin Del Viaje” es un cierre instrumental, tranquilo y remansado que viene un poco a resumir muchas de las influencias que confluyen a lo largo de este quinto trabajo. Un broche de cierta distinción que cabreará a quienes gusten de finales poderosos y grandilocuentes.

Saurom, Celtiberian, Lépoka, Salduie, los propios Celtian, son nombres que acuden raudos al subconsciente a lo largo de los doce más un cortes que componen este “Un Viaje En El Tiempo”. Trabajo conceptual donde puedo echar en falta algo más de nervio pero nunca de clase. Y es que la banda parece haber pensado y repensado durante largo tiempo esta nueva obra. Hay de todo en cuanto a influencias, abriendo el espectro desde el folk nórdico, el árabe e incluso el celta, como bien apuntaba la nota de prensa. La banda, pues, tiene motivos de sobra para estar satisfecha. Habrá por otro lado quien eche en falta algo más de nervio y punch, no obstante sus fans de siempre tienen sobradas razones para estar más que satisfechos.

Texto: David Naves

Crónica: Dirty Sound Magnet (Oviedo 7/11/2024)

Tercera fecha para el trio suizo Dirty Sound Magnet en el extenso periplo de 11 conciertos por nuestra geografía. La parada en la ovetense Sala Estilo congregó a casi un centenar de entusiastas de la psicodelia y la experimentación sónica, nada mal para un jueves laborable, ávidos de comprobar de primera mano como se desenvuelven sobre las tablas Stavros Dzodzos (guitarra, voz), Marco Mottolini (bajo, coros) y Maxime Cosandey a la batería.

Vía Lestrato Rock los helvéticos presentaban su cuarto disco «Dreaming In Dystopia» publicado a finales de 2023 a través del sello australiano Wild Thing Records. Un trabajo en el que plasman todas las influencias que transmiten en directo. Guiños a The Doors, Led Zeppelin o Frank Zappa y bandas más cercanas en el tiempo como Queen Of The Stone Age. Casi dos horas las que despacharon en el recinto ovetense que arrancaban tras la intro «Farewell To Cheyenne» de Ennio Morricone y que no dejaron a nadie indiferente.

Largos pasajes instrumentales, quizá desde el paso de Dream Theater por Avilés el pasado año, la banda de carácter más progresivo con la que Heavy Metal Brigade se ha cruzado en los escenarios astures. Resaltar la gran labor de Stavros Dzodzos a las 6 cuerdas que sin grandes alardes en la labor vocal puso en valía el status que la banda atesora actualmente como referencia del género en Europa. Bien arropado por Marco Mottolini, gran trabajo el suyo en coros, y el golpeo firme y preciso de Maxime Cosandey contaron con la colaboración de mademoiselle Kathrin en «Utopia» cuyo fácil estribillo coreó una platea muy por la faena.

Un show con cierto aura de misticismo y energía ácida para hipnotizar al espectador y trasladarlo a una espiral de etapas de gran intensidad musical. También hubo momentos más cercanos a la psicodélica que a lo progresivo como la interpretación de la extensa «Mr. Robert» que sin duda hizo las delicias de un respetable que degustaba con gozo cada minuto del set. Un concierto orgánico, sin ornamentos estéticos, solo el fluir de las notas bajo un concepto puro, onírico, apasionado al minuto siguiente que sin duda agradeció una audiencia totalmente entregada. Gran sonido el que ofrecieron y es que cuando cuentas con Dani Dynamita a los mandos de la nave sin duda todo es más sencillo.

No hay duda que su show en Oviedo fue la sólida confirmación que la banda se encuentra en estado de gracia. Sólidos, magnéticos, capaces de sorprender y emocionar a través de su música, posiblemente pase de puntillas esta parada en Asturias pero que lujo para los que lo pudimos disfrutar. Y tu, amigo si por casualidad lees estas cuatro líneas, predica con el ejemplo y no leas la cartilla a nadie, que el trabajo no está reñido con el placer. Nos vemos en el siguiente concierto.

Texto y Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Hour Of Penance «Devotion» (Agonia Records 2024)

Giulio Moschini en guitarras, Marco Mastrobuono al bajo, Giacomo Torti en baterías y Paolo Pieri en guitarra y voces forman la efigie italiana del death metal Hour Of Penance. Nombre que alcanza su novena entrega con este “Devotion” que hoy nos ocupa. Las baterías de este nuevo trabajo se grabaron en los Bloom Recording Studios (Guidonia Montecelio, Italia), mientras que bajos, guitarras y voces vinieron al mundo en el romano Kick Recording Studio. Mezclado y posteriormente masterizado en el Hertz Studio de Białystok (Polonia), el álbum vio la luz el pasado cinco de abril vía Agonia Records.

La entrada al álbum no me podría agradar menos. Ese uso descarado de la inteligencia artificial para adornar la portada. Atrás quedan las hábiles manos del húngaro Gyula Havancsák plasmado en diseños tan espectaculares como los de “Sedition” o “Paradogma”. Sea como fuere, “Devotion For Tyranny” pronto entrega a unos Hour Of Penance del todo reconocibles. Uno piensa que incluso demasiado. Pocos riesgos toma la banda aquí. Algunos opinarán que para bien. Desde luego que la fidelidad a su propio legado no podría ser más férrea. La mezcla hace un buen trabajo a la hora de equilibrar todos los elementos y la el resultado son unos Hour Of Penance tan centrados como de costumbre.

Pero quizá falte algo de chispa. Algo que “Parasitic Chain Of Command” parece querer enmendar a base de intensidad y blast beats. Su receta de toda la vida, vaya. Es cierto que Torti, primer disco con la banda, ha tramado una estupenda línea de batería aquí. Se advierte ya desde el mismo prólogo ese mimo en trazar con sumo cuidado cada, quiebro, cada golpe. Por el camino quedan riffs de corte clásico engarzando estrofas, enfrentados a esa vertiente más arrastrada y pesada que habrá de ejercer como (casi) obligado contrapunto. Los pequeños arreglos contribuyen a dibujar la cara más atmosférica del cuarteto. Aquí pienso que esa faceta más elegante bien merecía algo más de desarrollo. Lo mismo con el solo que irrumpe más adelante. Lo que me resulta imperdonable es ese fade out final.

Birthright Abolished” puede recordar en ciertos momentos a los death metaleros de Carolina del Sur Nile. Son unos H.O.P. en su vertiente más trotona. Valga la redundancia. Pero emerge aquí una mayor atención a lo técnico, que viene a contrastar con lo reducido de un desarrollo que marca poco más de tres minutos en el reloj. De hecho uno de los cortes más rácanos del trabajo, donde destaca un fenomenal Mastrobuono al bajo. Algún solo de mérito, eficaces cambios de ritmo y un Paolo Pieri tan osco y grave como siempre. Echo en falta algo más de valentía en ese tímido breakdown que irrumpe en el epílogo. La banda ha querido mantenerse dentro de sus márgenes y hace bien. Pero se suceden los temas y sigo echando en falta un poco más de picante.

Retaliate” mejora esa fórmula. Parte de uno de los inicios más oscuros y envilecidos de este “Devotion”, con la banda en su encarnación más grave y rotunda. Por ahí no deja de darle otro aire al disco. La composición vira luego hacia el habitual death descosido e intenso de los italianos y la fórmula parece que les funciona a los romanos. Especialmente al contrastar con un tronco central que introduce de nuevo su cara más adornada y sinfónica. Sin llegar a los excesos de compatriotas suyos como Fleshgod Apocalypse pero a buen seguro otorgándole cierta personalidad a esta cuarta entrega. El fade out del epílogo desdibuja el solo de guitarra y deja, de nuevo, una sensación de lo más agridulce.

Breathe The Dust Of Their Dead”, que apenas supera la barrera de los tres minutos, me recuerda a ratos a Hate Eternal. Son estos unos H.O.P. agrios y veloces, encaramados a la vertiente más intensa del género. Me agrada que no se olviden de rematar con algún que otro buen solo de guitarra, si bien pienso que entre la maraña de riffs rápidos que pueblan este “Devotion” corre el riesgo de pasar algo inadvertida.

El diminuto prólogo de “The Morality Of Warfare” porta uno de mis riffs favoritos de todo el largo. Enseña un acento más cercano al melodeath y se difumina a continuación para que la banda transalpina proceda a su habitual cercenar de cuellos. Vuelve a brillar Torti aquí. No tanto en velocidad, que también, como a la hora de introducir toda una serie de cambios de ritmo que, en buena medida, recuerdan a los mejores Hour Of Penance. Los de álbumes como “The Vile Conception” o “Sedition”. El puente central acierta a la hora de inundar de arreglos uno de los momentos más furibundos del álbum. Vuelve a sobrevolar ahí la sombra de Fleshgod Apocalypse, quizá también la de SepticFlesh, y la banda trama finalmente uno de los cortes más redondos de esta nueva decena.

Pero no hay descanso. “Severance” prorrumpe ahora con un death metal debidamente enfebrecido, rematado por riffs hábiles y donde echo en falta, eso sí, una producción algo más limpia. Puede sonar chocante tratándose de un álbum de estas características pero percibo cierta sensación de que la banda ha querido enfangarse más por la vía del estudio que la de la composición en sí y es una lástima. Leve, pero lástima en cualquier caso. Hay ciertos riffs que llegan a bordear los mejores Cannibal Corpse y al desempeño de Pieri al micro se le pueden poner muy pocas pegas. El solo del epílogo, desangelado como ningún otro dentro de “Devotion”, se me antoja su mejor resumen.

The Ravenous Heralds” sale sin embargo triunfadora. Lo hace desde un prólogo donde de nuevo sobrevuela el nombre de Nile. Sombra cada vez más alargada la de los norteamericanos. Pero lo bueno es que la banda entrega aquí alguno de los riffs más originales y con mayor personalidad de todo el largo. Los alimenta de una certera elección de cambios de ritmo y los remata con un (ahora sí) estupendo solo de guitarra. Cuando irrumpe ese medio tiempo del puente central, cuidadosamente adornado por coros de aire eclesial, la sensación es, por fin, la de estar ante los mejores Hour Of Penance.

Así las cosas, “A Desert Called Peace” puede resultar algo más vulgar, lo que no quita para que esta siga siendo una pieza de puro death metal en la mejor tradición del género. Que me agrada en mayor medida, curiosamente, durante las partes más pesadas y rocosas que dominan su segunda mitad. En aquellas donde Torti exhibe su faceta más velocista, todo me resulta demasiado convencional. Mecánico. Conservador incluso.

De irónico título dadas las circunstancias, “Spiralling Into Decline” despide este “Devotion” con la banda enfrascada en su habitual maraña de blast beats incesantes y riffs indolentes. Por ahí agradezco el mayor tiento que le han dado a su faceta más melódica, si bien resulta en un pequeño oasis antes de que la velocidad y la tensión se adueñen de nuevo de la composición. Un cierre que amalgama toda una serie de ideas constreñidas en una duración poco (o nada) ambiciosa.

… que bien podría ser el resumen del propio disco en sí. Que no se me malinterprete, este sigue siendo un disco de death metal con todas las de la ley. Producido con esmero y donde, salvo pequeños detalles, todo suena como debe. Pero echo en falta algo más de riesgo. Echando la vista atrás, esta era una banda que, a finales de la década de los dos mil, comienzos de la siguiente, parecía destinada a coronarse como el relevo europeo de los grandes nombres del género. Sin embargo, el consenso general parece el de que por el camino han perdido aquella chispa que sí tenían trabajos que menciono a lo largo del texto. Idea que “Devotion”, aún con sus aciertos, no logra contrarrestar.

Texto: David Naves