Reseña: Apotropaico «Reborning» (Demons Records 2023)

Tras debutar en 2018 con un primer largo de nombre “A Reason To Exist” y continuar con aquél “Under Control” del que diéramos buena cuenta allá por 2020, por fin tenemos de vuelta a los chicos de Apotropaico: Manuel Guerra (batería), Iván Tamarit (guitarra), Teo Mochen (bajo) y Pablo Kiaro (voz). “Reborning” se grabó en Ibiza a lo largo del verano de 2023 por el propio Tamarit, a excepción hecha del par de bonus que cierran el Ep, grabados en el Antiestudiopro en 2022. Con mezcla y master de Artem Efimov en el Red Ghost Studio de Kiev (Ucrania) a excepción hecha de “Scars”, el cual sería mezclado y masterizado por Omar Gisbert en los Magrana Studios, se encuentra en la calle vía Demons Records desde el pasado dieciséis de noviembre.

Anger Slice” engancha desde el retorcido prólogo hasta el brío de las primeras estrofas con un metal orgánico y funcional. De producción crujiente pero que no desestima en pegada mientras se arrima a unas líneas de voz muy a la americana. Metal con un pie en las escuelas más clásicas y otro, más disimulado, en las más contemporáneas, que transgrede expectativas gracias a un buen trabajo tanto de escritura como de ejecuciones. Buen síntoma que Apotropaico parezcan seguir donde lo dejaran con aquél interesante “Under Control”. La sección solista primero y el epílogo después arrastran un pulso casi cercano al thrash para que todo confluya en un corte inicial competente y con gancho.

Beer ´N´ Mosh” parece recoger ese guante thrash de su predecesora para reconducir hacia un metal que, si bien mantiene ese nervio más marcado, reduce tiempos y comprime estructuras cara a desplegar la cara más inquieta de los ibicencos. Fugaz como promesa de político, poco más de dos minutos y medio, pero coronada igualmente por un buen solo en su parte final dueña de no pocas razones para darles más que buenos réditos en directo. La disfruto más con el corazón que con la cabeza.

Me gusta la forma en que “My Name” va transformando los ritmos vivos del prólogo en un metal rugoso y pesado, tan deudor de Pantera como de Exodus o Testament. Y si bien a ratos echo en falta a un Kiaro más encabronado, que deslice algo más de mala baba, en cualquier caso me agrada este metal a ratos vibrante y descosido. Atractivo, sugerente incluso, el solo con el que Tamarit adorna el tronco central y eficaz esa mayor pesadez que implementan durante el epílogo. Que sin llegar a ser puro breakdown, sí arrastra cierta querencia por el crujir de cuello con pie a tierra. Solvente.

Kiaro canta altísimo en ciertos momentos de una “The Trucker” que viene en parte a recuperar aquél trazo más retorcido y laberíntico que impulsaba al tema apertura. Hay otra gran labor de Tamarit aquí. Quizá no tanto en solos pero desde luego sí en riffs. Me funciona esa base rítmica por cómo gana en presencia, acertando a la hora de coser primero y dar empaque después a las líneas de voz, como digo, más peculiares de todo “Reborning”. Fácilmente mi favorita de las siete.

Premium Vivere” da inicio arrimándose con descaro hacia posiciones más lentas y arrastradas, con un cierto deje a los Slayer del “Seasons In The Abyss”. Por ahí me agrada la forma en que se las arreglan para sonar más personales. Si bien abren un paraguas que a ratos me recuerda a lo más granado del thrash alemán, Kiaro despliega aquí el mal café que eché en falta allá por “My Name”. Tamarit aprovecha el paso tan marcado del puente para situar un solo más que correcto y, al final, el corte da cierta sensación de corrección. Sin dobleces, tampoco sin sorpresas, coronado eso sí por un estribillo nada vulgar.

Para el final quedan el par de bonus: “Trapped” es, no obstante, el corte más ambicioso de los siete. Al menos en cuanto a duración se refiere. Aquí me engancha ese bajo tan alto en la mezcla y tan crujiente en afinación. También ese trotar que parece querer rimar con los Metallica más vibrantes, si bien los distintos registros que Kiaro despliega aquí en poco o en nada te recordarán al bueno de James Hetfield.

Scars” procede de una mezcla diferente y por ahí entiendo ese poso más rabioso y llameante que pronto exudan sus estrofas. Más groovies que nunca pero tan centrados como siempre, Apotropaico trazan un metal sin grandes alardes ni tampoco mayores concesiones. Kiaro se retuerce a placer en esta línea de voz al tiempo que siento su base rítmica algo más disociada que en los seis cortes precedentes. Sin desagradarme, encuentro proposiciones más atractivas dentro de este más que interesante “Reborning”.

En lo que a bandas patrias se refiere, Endernity podría ser una rima cercana para el ahora cuarteto balear. No sabíamos de ellos desde que reseñamos su “Under Control” de 2020 y parecen haber vuelto donde lo dejaran con aquél, destilando la acostumbrada mezcla de heavy y thrash más o menos contemporáneo, guiñando con igual finura a las escuelas clásica y moderna. Ahí es donde se labran su propio sonido y resultan personales e identificables. En un panorama trufado de propuestas clónicas, resulta un gusto encontrarse con propuestas híbridas como la suya. Siguen en forma.

Texto: David Naves

Crónica: SonicBlast Fest (Sábado 10/8/2024)

Abrazando el último día de festival como quien llega a la cama después de un largo día, el sábado ya se me hizo un poco cuesta arriba, quizás porque a nivel de bandas era la jornada que menos interés me despertaba. Aún así, sorpresa grata la que me llevé con Gaye Su Akyol, cantante turca algo difícil de describir si aunamos su música, su puesta en escena y que eran las 16:30 horas con un sol de castigo. Partiendo de una base psicodélica y ataviando a su banda como acostumbra (en esta ocasión unas gafas al más puro estilo Daft Punk pero sin casco), Gaye Su Akyol se hizo con el escenario tiñéndolo de vanguardia y música tradicional turca. Entre Björk y Nick Cave se mueve esta polifacética artista que logró despertarnos de la siesta para no perdernos ni un momento de su show.

Acto seguido, The Obsessed tomó posesión de las tablas para dar una lección de cómo llevar más de 40 años de carrera y no sonar como Metallica. Venían de sacar “Gilded Sorrow” en febrero después de siete años de espera. El disco dejó muy buenas sensaciones y todo lo que esperábamos era que lo llevasen a cabo en escena. Es indudable que solamente la presencia de Wino ya llena un escenario. El histórico líder de St. Vitus y Spirit Caravan camina por el fango del stoner como si hubiera nacido para ello. Riffs a una cuerda como en “Stoned Back To The Bomb Age” que ponen la pesadez por encima de cualquier cosa. Un concierto muy pero que muy digno de los de Maryland demostrando que el doom vino para quedarse…

Viajamos a Palm Desert para encontrarnos con otro de los míticos de la escena stoner. Brant Bjork volvió al SonicBlast bajo otro nombre este año. Brant Bjork Trio como eufemismo de haber sido una estrella, ya con una edad y no querer dejar de girar. Acompañado de Ryan Gut (también integrante de Stöner) y Mario Lalli al bajo, dio un concierto alejándose de la solera que suele acompañarle y proponiendo cosas algo más novedosas. Llevo varios días escuchando el adelanto de lo que será su nuevo disco y la verdad que me convence mucho. El concierto tuvo destellos de riffs más técnicos en la onda QOTSA que me llamaron bastante la atención. Un acierto haberse juntado con Ryan a la batería, que siempre me sorprende y otro acierto venir con Mario Lalli, que parece tener un historial muchísimo más limpio que Oliveri.

En la previa del anochecer tocaba ver a Night Beats, banda de Seattle con un gusto finísimo por el garage, el psych rock y el soul. Y es complejo imaginarse todo esto junto, pero entre baile y baile, el crunch de la guitarra dejaba aparecer una voz al más puro estilo Leon Bridges que se convirtió en la delicia de mi tarde. Sorpresón el que me llevé con el directo de esta banda que empezó bien y terminó mucho mejor.

Llegamos a uno de los mejores momentos del festival. Era lo esperado, sabíamos que nos enfrentábamos a una pelea con nuestra mente para pedirle que no abandonase nuestro cuerpo durante la hora y poco que iba a tocar SLIFT. Fue la primera vez que escuchamos hablar francés entre el público. Recuerdos de Vietnam que pensamos que no íbamos a vivir en la tranquila villa de Âncora. Detrás de los numerosos gritos y faltas de decoro mientras va a tocar la banda a la que has ido a ver a tercera fila, por lo menos, empezaron a sonar las primeras notas de un huracán. Los hermanos Fossat volvieron a dejarse la piel en el escenario del SonicBlast soportados por las excelsas baterías de Canek Flores y las maravillosas proyecciones que les acompañan siempre, detalle alto importante para disfrutar de la full experience que nos propone el trío francés. Tras lanzar “ILION”, tenía muchísimas ganas de volver a verlos desplegar todo su desbordante talento y sentir en el pecho las cabalgadas entre síncopas y redobles. Un trabajo apabullante tanto en estudio como en directo que se coronó como la mejor actuación del sábado de lejos. Una psicodelia difícil de esquivar, embriagadora y adictiva que deja cosquilleos y temblores por todo el cuerpo una vez se instaura el silencio y se apagan los estrobos.

Tras SLIFT, y sin abandonar el Main 1, tenía que montar HIGH ON FIRE, que ya nos despertó por la mañana con una prueba de sonido que se tuvo que escuchar en Vigo por lo menos. Esta señal de que iba a ser el concierto con mayor carga de decibelios de la edición no fue ni de cerca comparable a lo que finalmente nos encontramos. Por todo el mundo es sabido lo que le gusta a Matt Pike el volumen y fuimos testigos de tal abrasión a nuestros tímpanos incluso alejándonos de las primeras líneas de escenario. Esto fue uno de los problemas por los que la actuación no fue disfrutable. Y habrá mucho fandom que hable del “concierto de su vida”, de “experiencia para valientes”, “apisonadora sónica” y muchas otras épicas descripciones de lo que para mí fue el mayor despropósito de la edición. Partimos de la base de que contábamos con Jeff Matz, uno de los mejores bajistas del panorama, capaz de llegar a la excelencia en directo con Mutoid Man, también un trío, pero mucho más equilibrado. Contamos además con Coady Willis, un batería excelente que le dio a HOF un punto más de nivel y de garra, placement y de imagen renovadora que tanto necesitaba la banda. No puede ser que la mesa de sonido se acuerde del bajo en “Cometh The Storm” que fue la quinta o la sexta canción. Hasta el momento solo había sonado la guitarra de Pike, altísima y muchísimo más fallona que de costumbre. La batería se quedaba escondida detrás de la bola de ruido que llenaba el recinto. Un concierto que pudo ser mucho mejor de lo que fue, se quedó eclipsado por un terrible control del sonido. Sabemos que la guitarra de Pike va a estar llena de rasgadas y armónicos que se van a colar, pero esperamos escuchar algo más que eso. Aún así, nos quedamos sin aire después de terminar ”Rumors Of War” y empezar con “Fury Whip” sin descanso. Un set bien escogido con una ejecución cuestionable por parte de Pike y un sonido de suspenso.

Menos mal que el mal sabor de boca nos duró poco gracias a Fugitive, banda que cuenta con el guitarra Blake Ibanez de Power Trip, y Lincoln Mullins de Creeping Death a la batería. Teníamos esos datos antes del concierto y habíamos escuchado el EP que sacaron allá por 2022. Lo vinimos quemando durante el viaje desde Galicia, de hecho, y era una de las bandas que más me apetecía ver en este SonicBlast. Siempre que vas a ver un concierto de thrash y el cantante sale con una camiseta de Motörhead sin mangas, sabes que es posible que salgas con secuelas. Un concierto sin concesiones, bien entrada la noche y con versión de Celtic Frost incluida. Pensábamos que el concierto no iba a dar para mucho teniendo en cuenta la discografía de la banda, pero sacaron canciones de no sé dónde para completar un slot bastante decente y pugnar por ser una de las mejores performance del sábado.

Terminamos nuestra noche con Wine Lips, casi sin energía para aguantar el concierto completo. Pero por suerte, la banda de Toronto supo animar a quienes aún permanecíamos casi a modo de holograma entre el público más nocturno. Un surf-punk rock muy desenfadado y rápido con regusto a California, fue la cura para nuestros males. La copa de vino que necesitábamos después de cuatro días a sidra y cerveza.

No sé si podemos pedirle mucho más a un festival de las características de SonicBlast. Gente maravillosa, respeto, buena onda y gran variedad de estilos que cada año parece ir en aumento. Quizás el recinto ya se esté quedando pequeño, los tres días deberían ser cuatro y el escenario tres carece de sentido visto lo visto año tras año. Quizás podría haber más opciones veganas o sin gluten en los food-trucks o mayor número de puestos para no perderte más de medio concierto si te entra el hambre, o alguna zona más de baños no tan alejada de los escenarios… Pero por el resto de cosas, sigue siendo uno de nuestros festivales favoritos, donde cada año apetece ir toque quien toque y sea cuando sea. Emplazado en un pueblo maravilloso, con un clima perfecto, zonas de relax, para hacer deporte y parajes para desconectar al máximo. Un festival que te acoge con los brazos abiertos, con el viento en la cara y el mar mojándote los pies. Gracias por todo, nos vemos el año que viene.

Texto: Hugo Calleja
Fotos: Jaime PhotoLive

Crónica: SonicBlast Fest (Viernes 9/8/2024)

El viernes no parecía que fuese a darnos tregua y llegamos para volver a ver por tercera o cuarta vez a Deathchant, una banda que se ha instalado en el festival y en el meme. Deberían de poner el típico contador en la entrada del recinto o cederles una parcela del pueblo. Bromas a parte, banda muy divertida que cada vez huele más a gasolina y whiskey. Riffs afilados a lo Valient Thorr o The Sword con una característica voz ensoñada detrás de kilos de reverb. Si nunca los has visto te diría que fueses el año que viene porque seguro que van a estar.

Tras nuestra segunda banda favorita, llegó el turno de Sacri Monti. Veníamos con aviso después de su paso por Madrid y no podíamos perdérnoslos. Bajo, batería, dos guitarras y un teclista con mucha sed. Me sorprendieron especialmente porque las canciones eran catálogos de riffs sin descanso. No se repetían partes y todo era derroche de composición. Puede ser que me recordasen un poco a Corrosion Of Conformity en algún pasaje. Los californianos dieron un concierto muy correcto y capaz de atraer a bastante gente para ser las seis y media de la tarde.

Una tarde que empezaba a pedir a gritos que anocheciera, y qué mejor manera que a lomos de una banda de stoner instrumental… Causa Sui, desde Dinamarca, serían los encargados de bajar el telón y apagar el sol poco a poco. Estuvieron bien pero se me hicieron algo largos, un sonido cuidado pero a veces repetitivo, y ojo, que no critico la fórmula, igual no estaba yo muy para esto ni para lo que venía más tarde.

Con una puntualidad clavada como un clavo a un ataúd, C.O.F.F.I.N salieron a reventar el escenario con una sola mano, pues en la otra no soltaron la pandereta. Música de road trip entre Zeke y Hellacopters que dio de sobra para echarse unos bailes y calmar la sed. Se abrió la veda del crowdsurfing y las pulsaciones subieron lo justo para pedir un poco de calma, aunque no sé si tanta como la que vino.

Seguramente se me tire medio festival encima, pero no soporté a Colour Haze. Se me hicieron tediosos al nivel de pensar que repitieron canciones. Totalmente descoloridos. Iba con ganas de verlos y solo tenía ganas de que terminasen. Es innegable su técnica, su calidad, su discografía… pero no supe disfrutarlos en directo. Los noté monótonos, sin aristas y sin muchas ganas.

Todo lo contrario a lo que me pasó con Truckfighters, creo que merecedores de llevarse la medalla del viernes, aunque solo sea por vaciar el tanque sobre el escenario. Tras pasarse probando casi todo el concierto de Colour Haze, subieron con un impulso desorbitado y empezaron con “Mind Control” desatando la locura hasta que Dango pronunció las palabras “Do you like long songs?” Y supimos que se venía “Mastodont”. Casi trece minutos de hit que pensé que nunca escucharía en directo. El público más entregado del viernes se amontonó para el final que venían cocinando desde que sonó el riff de “Desert Cruiser” en la prueba de sonido. Terminaron con su canción estrella, empapados, sonrientes, y como acostumbran, agradecidos.

El slot que venía no era fácil. Gente agotada por la hora y por el show de los suecos, pero desde Grecia, volvían 1000Mods dos años después para hacer las cosas como se debe. Nunca les pongo ni un punto ni una coma. Es la típica banda que siempre cumple pase lo que pase y su sonido es estable. A su favor, de hecho, he de decir que demostraron muchas más ganas y energía que en el Hellfest, donde les vi un poco más apagados. Aquí se les vio totalmente entregados, ruidosos y con un toque de rabia que me gustó especialmente. Quizás, como a quienes ya rozamos edades complicadas, les gustan más los festivales pequeños.

Cerramos la noche con las dos últimas bandas del día y con más cansancio del que me gustaría, pues no pude disfrutar como se merecía a Skemer. Una banda que llevaba meses quemando en disco, concretamente su último “Toasts & Sentiments” de 2023, con una propuesta que no me puede gustar más. Dark synth post punk para cerrar los ojos y sujetar la copa con fuerza. Kim Peers y Mathieu Vandekerckhove, guitarrista de Amenra, conforman este dúo entre humo, cuero y smokey eyes. Toques de Molchat Doma y Boy Harsher con una pátina más discotequera y urbana. No tuvo pinta de que gustase mucho la propuesta entre fieles y devotos, pero creo que este tipo de estilos le dan un ingrediente más al cartel para no ser continuista ni repetitivo.

Por último, Idle Hand fue la banda local elegida para cerrar el penúltimo día de festival en el Stage 3. La banda de doom/sludge supo hacerse fuerte a pesar de ser casi las tres de la mañana. Un sonido muy rocoso y con una voz capaz de tapar a los instrumentos casi en su totalidad. A estas alturas no sabíamos si las piernas y los oídos iban a aguantar mucho más.

Texto: Hugo Calleja
Fotos: Jaime PhotoLive

Reseña: Ancient Settlers «Oblivion’s Legacy» (Scarlet Records 2024)

Segundo largo para la buena gente de Ancient Settlers, la banda que integran a día de hoy Agustín Martínez y Rex Chiesa en guitarras, Miguel Herrera al bajo, Hermán Riera en baterías y Argen Death en voces. La formación, de raíces venezolanas pero afincada en nuestro país, nos ha tenido entretenidos con sendos Ep’s que vinieron a continuar donde lo dejara el debut de 2022 “Our Last Eclipse”, aún con Antony Hämäläinen en voces. Ahora vuelven con un álbum compuesto de diez cortes producidos, mezclados y masterizados en el Studio Fredman (Gotemburgo, Suecia) por el Dream Evil Fredrik Nordström (Arch Enemy, The Haunted, Crystal Eyes, Soilwork, Septicflesh…) a los que adorna el arte de Jon Toussas (Nightrage, Daylight Misery, Drama Noir…). En la calle vía Scarlet Records desde el pasado diecisiete de mayo.

The Contemporary Circle Of Misanthropy” sorprende con ese arranque puramente circense, en una onda que me recuerda inevitablemente al bueno de Devin Townsend, pero también a los noruegos de Major Parkinson. En cualquier caso, toda vez la composición supera el prólogo, lo que nos encontramos es a los Ancient Settlers en su versión más angosta. Argen Death ataca estas líneas de voz con ciertos dejes que me recuerdan a Diva Satanica (Bloodhunter), si bien la venezolana adopta más adelante unos tonos limpios que vendrán finalmente a enriquecer el empaquetado final. La mezcla de Nordström, huelga decirlo, es estupenda. Otorga presencia pero también nitidez a cada una de las líneas existentes y sabe dotar de la personalidad suficiente a ese solo de guitarra, eso sí algo escueto, que anticipa el epílogo. Melodeath más que correcto y funcional.

Oblivion’s Legacy” sigue por esa senda nervuda y encorajinada, atacando con buenos riffs una composición algo más enrevesada que la de su predecesora. Aquí resucitan aquellos tonos casi circenses que introducían al álbum, y que llevan a los Settlers a hibridar su habitual death melódico con trazas casi alternativas. Martínez y Chiesa han llevado a cabo un buen trabajo en cuanto a melodías de guitarra. Las más van en apoyo de alguna de las voces más agrias e hirientes de todo el largo. Un tema lleno de contrastes y en el que la banda parece, por momentos, partir peras con su pasado y mirar al futuro con un grado más de personalidad impregnando su habitual registro. Mención merecen de igual modo los tonos más limpios de una Argen Death que parece haber dado un par de pasos adelante desde su entrada en la banda allá por 2022.

Con el precioso título de “Stardust Odyssey” irrumpen la cara más clásica y nórdica del quinteto. Esa que parece rendir pleitesía a los primeros In Flames y nos transporta, riffs mediante, a una época seminal para el metal extremo europeo. Argen Death, en contraste con el corte anterior, irrumpe aquí con sus tonos más rotos. Sorprende, claro, la repentina calma del tronco central. El buen solo que entregan sobre esa calma y también la buena línea de bajo que ofrece ahí Miguel Herrera. Todo viene a reafirmar su buen gusto como intérpretes. Cierto es que se trata de un corte algo rácano, poco más de tres minutos, cuenta por contra con los matices suficientes como para no resultar simplemente un tema más dentro del tracklist.

Wounded Heart”, que fuera uno de los adelantos del trabajo, trae consigo unos pulsos más heavies. Muy notables sobre todo en estrofas, arregladas con el punto justo de clasicismo, para que Argen Death sitúe su roto registro y la mezcla vuelva una vez más a dar la razón a quien se decantó por volver a trabajar a las órdenes de Nordström. Me agradan los estribillos y la buena labor melódica que esconden. El epílogo destapa la cara más sinfónica del quinteto. Unos Ancient Settlers casi orquestales en fuerte contraste con esa cara más nervuda y clásica que el corte arrastraba desde sus primeros acordes. De esas que han ido ganando peso con el correr de las escuchas.

Otro de los adelantos fue este “Subversive”, que juega al despiste con la tibieza que ofrecen sus guitarras durante el prólogo. Nada más lejos. Las distintas afinaciones pronto redirigen hacia texturas más agrias y la composición camina por sendas si bien algo trilladas, para nada carentes de gancho. Es un single adelanto y, como ocurre tantas veces, puede pesarle cierta autoconsciencia. Y da igual porque el buen hacer en parcelas puramente técnicas termina por salvar de la quema a esta quinta entrega.

Hermán Riera tras baterías marca con firmeza el paso de una “Coven Garden” que nos devuelve a los Settlers en su versión más encorajinada, contrapuesta eso sí a unos estribillos más depurados, también más pesados, con Argen Death una vez más alternando entre registros para una de las líneas de voz más ágiles y llamativas de todo el largo. Pequeños destellos groove preceden a un buen solo y este al acomodado epílogo. Un corte que parece construido a la contra de aquellos que inauguraban el álbum, y que nos entrega a la banda en posiciones mucho más clásicas.

The Mechanical Threats Paradox”, con todo un Linus Klausenitzer (Alkaloid, Noneuclid, ex Obscura) a bordo, ofrece de nuevo esa versión más clásica de su bien conocido death melódico, contrapuesta a unos estribillos comandados por el registro más limpio de Argen Death pero apoyados por la rapidísima batería de Riera para un más que curioso contrapunto. Es finalmente otra composición llena de contrastes y matices, que quizá requiera de más de un par de detenidas escuchas cara a destapar todos y cada uno de sus secretos. A la contra de los temas facilones o predecibles que muchas bandas disponen para el invitado de turno, Ancient Settlers facturan una de las entregas más amplias, musicalmente hablando, de todo el nuevo álbum. Sorprende de hecho esa calma tan melancólica del epílogo. También esa voz desgarrada hasta la agonía que lo adorna. Si hubiera de ponerle algún pero, sería ese fade out final. Con eso y con todo, a buen seguro otra de mis favoritas de este “Oblivion’s Legacy”.

Pero lejos de tirar la toalla, “The Last Battle In The Earth” propone otra de las ofertas más redondas de este nuevo trabajo. Gracias en primera instancia al buen riff que adorna el prólogo, con un groove que no deja de lado el más puro clasicismo. La línea de voz es diversa sin perder un ápice de agresividad. Y es verdad que el riff que adorna alguna de las estrofas puede resultar un tanto recurrente. Pero Riera dibuja una cuidada línea de batería y la banda parece salir airosa en su marcado acercamiento al metalcore más leve. Absalem puede ser una rima no muy desencaminada aquí. Ancient Settlers reconducen en el largo epílogo hacia una encarnación mucho más evidente, sin dejar de lado ese influjo más contemporáneo. Trazo lleno de contrastes, bien adornado y mejor ejecutado.

El tranquilo inicio de “Cosmic Farewell” parece remitir a ciertos momentos de comienzo del álbum. Son las afinaciones más leves de todo el trabajo acudiendo al prólogo como antesala de unos Settlers pesados y rotundos a través de otro de mis riffs favoritos de todo el tracklist. Aquellas guitarras tímidas del comienzo volverán aquí y allá durante la composición. También el registro más limpio (y también más agudo) de Argen Death. A él contraponen Chiesa y Martínez guitarras gruesas primero y livianas después. Sintetizadores incluso. Sin tampoco liarse la manta a la cabeza, no es el caso, la banda traza un corte plagado de contrapuntos y, al mismo tiempo, extrañamente heterogéneo.

Para el cierre queda esta “Redemption”, que partiendo de un prólogo de marcado carácter atmosférico, traza unas líneas que en absoluto divergen del álbum al que finiquita. Es ese riff de las estrofas uno de los mayores aciertos de este final. También el toque melódico que aportan las guitarras durante estrofas. Y aunque después encuentro una mezcla no tan equilibrada, que entierra en parte el agrio declamar de Argen Death, bien está esa cara más técnica y retorcida que surge camino del tronco central. Buen cierre para un buen álbum…

… que pienso, sinceramente, lo es. Sin salirse en exceso del guión ni dejar que su buen nivel técnico opere en favor de egos individuales. Aquello de ponerte tú en favor de las canciones y no al revés. Por ahí la banda ha venido a ahondar en su habitual death melódico, sin olvidarse de teñir de metalcore algunas de sus composiciones (“The Last Battle in the Earth”). En el que es su primer largo con la banda, Argen Death ha puesto todo de su parte para enriquecer estas canciones. Hay voces realmente agrias aquí dentro. También tonos limpios que, muy especialmente en “Cosmic Farewell”, hablan de lo mucho que ha crecido como vocalista. Quien más, quien menos no las tenía todas consigo tras la salida de Hämäläinen y la caraqueña ha disipado dudas con una labor estupenda tras el micro. Al final me queda la sensación de que la banda está ofreciendo su mejor cara pero, como siempre, estoy abierto a debates (y aquí debajo tenéis una sección de comentarios la mar de maja). Recomendado.

Texto: David Naves

Reseña: Host «The Quake» (Autoproducción 2024)

Primer largo para los ferrolanos Host, a quienes conocimos como invitados de los locales Mortal Coil en la Sala Gong allá por el pasado mes de marzo. Ellos son la base rítmica de Iago (bajo) y Dani (batería), las guitarras de Borja y Brais y la voz de Adri (Madlame). Este “The Quake” que hoy nos traen vino al mundo en los estudios Tercera Planta con Manuel Ramil corriendo con las debidas tareas de grabación, mezcla y master. Un álbum adornado por el arte de Mario Manei (Sr Lence) y dedicado a la memoria de Moisés, miembro fundador de la banda.

Messiah” es una pequeña introducción de paso tranquilo y armazón clásico. Orgánica, sin excesos, conduce hasta la que fuera carta de presentación del debut, esta “Burning Me” donde los ferrolanos ya dejan traslucir el fuerte impulso groovie que domina buena parte de sus composiciones. Lo mejor, que al igual que la introducción, Host suenan profundamente orgánicos. Que la voz de Madlame muestra unos dejes próximos al grunge que dotan de una mayor personalidad a sus composiciones. Y finalmente que, especialmente en esta parte inicial del tracklist, optan por desarrollos sencillos y un tanto escuetos. Por ahí quedan buenos cambios de ritmo y unas hechuras, da la impresión, muy meditadas. El solo del epílogo bien podría haber tenido algo más de desarrollo. No es que me desagrade, al contrario, pero siento que merecía algo más de espacio. Una buena dupla inicial en cualquier caso.

Hablando precisamente de brevedad, “Die, Or Else” es la oferta más rácana de todo el debut y deriva de ella un marcado aroma punk, que alcanza desde el riff mismo que abraza las estrofas hasta la voz filtrada de Madlame. Fugaz, dura poco más que un pestañeo, y llamativa por el aire más atmosférico que adquiere desde su ecuador hasta el epílogo. Curiosa cuanto menos.

Atelophobia” parece retornar a donde lo dejara la anterior “Burning Me”. Al menos en parte. Porque aún sin abandonar la raíz puramente thrash del quinteto, lo cierto es que deriva de ella un fuerte aroma grunge. Particularmente en estrofas, pues se diluye en unos estribillos que bordean, sin tocar, el metalcore melódico más al uso. Surge ahí un corte atractivo en su colisión entre géneros, acompañado además de alguno de los solos más cuidados y también eficaces de todo el largo. Plantea pocas o ninguna sorpresa en lo tocante a composición. Todo parece estar donde de acuerdo con el libro de estilo, lo que no quita para que me resulte una de las propuestas más redondas de este “The Quake”.

Puro gancho el que transmite el riff de “The Lady Of Chaos”, de esos que consiguen que tu cuello adquiera vida propia cada vez que entra como apoyo de las primeras estrofas. Host no abusan de él, estamos ante otro corte fugaz (ni tres minutos), donde la banda plantea una amalgama de cambios de ritmo que no hacen sino aglutinar muchas de las influencias que manejan. Si a veces menos es más, esta mujer del caos podría ser el perfecto ejemplo. De nuevo, la forma en que conjugan ese riff tan groovie con su lado más pesado es fresca. Dinámica incluso. Breve pero de lo más eficaz.

Bullet In The Void” amplía esa senda del metal más pesado que anunciaba su predecesora. Ojo a las melodías que Borja y Brais implementan bajo las estrofas más grunge de todo el redondo. Host parecen echar el resto aquí. Apoyados en una cuidada línea de batería, fenomenal ahora Dani, caminan al tronco central adquiriendo una mayor gravedad. De forma natural, de nuevo sin artificios, pero arrastrando tras de sí una cierta suciedad en las guitarras que le sienta como un guante a la composición. La producción de Manuel Ramil sabe de la particular idiosincrasia de sus paisanos y emerge aquí con especial acierto.

El rotundo bajo de Iago introduce uno de los cortes más oscuros y violentos de todo el largo, este “To Your Worship’s Liking” con Adri doblándose en unas voces agrias y malencaradas, viscerales y enfebrecidas. Host no ofrecen mayores giros de guión aquí pero sí una ración solista primero desbocada y después más cerebral. Pequeño pildorazo de metal cenizo y cabrón.

Encarando ya la parte final del álbum, “Intention” viene un poco a aunar la cara más groove del quinteto con la más grunge. De resultas de ello surge un corte equilibrado, apoyado en otro de esos riffs machacones pero con gancho. Pétreos y a la vez ágiles. La mezcla resta algo de protagonismo a ciertas líneas solistas de guitarra para amplificar la pegada de la base rítmica de Iago y Dani. De manera más que evidente en el tramo final que conduce al epílogo. Sin desagradar, lo cierto es que es uno de los cortes que me han pasado más desapercibidos con el correr de las escuchas.

Quizá es que la cabra tira al monte y acepta de mejor grado algo como “Panties To The Third Floor” y esa mayor vitalidad que parece desprender. Son unos Host en una clave más febril, que recuerda al thrash más pesado de los States, aquél de según qué momentos de bandas como Exhorder o incluso aquellos Fight de Rob Halford y el Steel Panther (las vueltas que da la vida) Russ Parrish. Si algo destaca aquí, además de la acertada mezcla de Ramil, es ese largo epílogo de inicio más tendido y tranquilo, dominado a continuación por otra gran labor de Brais y Borja, que se fundirán con la voz de Madlame para otro de mis momentos favoritos de este “The Quake”.

Tras pasar por su curioso y alucinado prólogo, “Dégoût De Soi” nos devuelve a Host en su versión más plomiza y fangosa. Un verdadero patio de recreo para ambos guitarristas, que plantean ahora unos riffs pétreos, casi monocordes, para otra composición de avanzar agónico y atormentado. Me agrada la manera en que el tronco central, adquiere un poso más melódico. Apenas un guiño antes de que la banda redirija hacia una mayor gravedad, entregando a unos Host, voces mediante, realmente oscos y negruzcos,

A puro Megadeth de sus temas más tranquilos, el prólogo de “Mistfield” ciertamente arrastra un deje muy marcado al viejo cascarrabias de Dave Mustaine. Instrumental tejida a mayor gloria de su dupla guitarrera, Brais y Borja sacan adelante un corte que parece reverenciar a lo mejor del thrash norteamericano de los ochenta. Porque algún eco a los Metallica de “The Call Of Ktulu” también parece asomar la patita por ahí. Rompe la tónica del álbum pero he de decir que, aún con sus parecidos / homenajes no me desagrada en absoluto.

Iron Current”, a la sazón entrega más extensa del largo, finiquita “The Quake” desde un arranque de pura balada con dejes a los temas más tranquilos de Machine Head. Adri entrega una línea vocal que roza lo desesperanzado. Me atrevería incluso a decir que no parece del todo cómodo, pero como la banda transita después hasta terrenos más asimilables al resto del tracklist, todo fragua cara a despedir el álbum con la banda entregando su mejor cara. En una clave melancólica y triste pero en cierto modo funcional.

The Quake” amalgama una buena ración de influencias y construye a través de ellas un cancionero que resuena en cierto modo como propio. Que me atrae más por la forma en que conjuga su propia diversidad y no tanto por la construcción de los temas, que viene a ofrecer no demasiadas sorpresas. Los fans del thrash más machacón y sureño, aquellos que disfruten de bandas como los asturianos Soldier o propuestas emergentes como puedan ser Evil Impulse, bien harían en dejarse caer por este debut.

Texto: David Naves

Reseña: Striker «Ultrapower» (Record Breaking Records 2024)

Es el séptimo trabajo ya para las huestes canadienses de Striker y todo parece ir sobre ruedas para ellos. Un actual estatus de culto bien merecido y ganado, buenos discos en el zurrón y la constancia y las tablas que otorgan el encadenar un tour mundial tras otro. El de su anterior álbum “Play To Win” les trajo por tierras asturianas (crónica) y las sensaciones no pudieron ser mejores. Vuelven pues los de Edmonton con nuevo trabajo bajo el zurrón, este “Ultrapower” donde encontramos a Timothy Brown y John Simon Fallon (guitarras), Pete Klassen (bajo) y Dan Cleary (voces), amén de las colaboraciones de Jono Webster (baterías) y Randy Villars (saxo). Once cortes producidos, mezclados y masterizados por Josh Schroeder (Battlecross, Mental Cruelty, Tourniquet, Lorna Shore, Ghost Bath…) y adornados por el arte de Ramone Sketch. En la calle desde comienzos de febrero vía Record Breaking Records.

Circle Of Evil” o cómo empezar un álbum de añejo heavy metal. Tampoco nos engañemos. Que la banda haya buscado precisamente a un productor de bandas tan al hilo de los sonidos más contemporáneos como es Josh Schroeder resulta cuanto menos llamativo. Es en esa colisión entre lo moderno de la producción y lo clásico de sus pretensiones donde la banda parece hacerse grande. “Circle Of Evil” inaugura así el álbum cargando con un embalaje sinfónico que, quizá a priori, no imaginarías para Striker. Corte con sobrado gancho, en la mejor tradición de ese metal hecho ahora que no pierde su conexión con el pasado y donde los murcianos Hitten podrían ser su mejor espejo dentro de nuestro territorio. Estupenda ración solista y un epílogo a ratos algo sobreproducido pero que me agrada por el cariz casi caótico del que echa mano. Lo dicho, un gran arranque.

Best Of The Best Of The Best” concentra y aquilata la misma propuesta. Pero lo hace echando mano de una de las producciones más predominantes de todo el tracklist, una ristra de riffs pegajosos como moco de párvulo y unos coros poderosos e igualmente predominantes. Al corte le puede pesar cierta autoconsciencia, resultando finalmente algo demasiado pensada y medida. Pero Cleary está tan adictivo como siempre. Y aunque su escasa duración reste no poco empaque, malo será que este estribillo no se pegue a tu subconsciente durante días.

Give It All”, donde viene a resultar casi fundamental la labor de Randy Villars al saxo, desde luego aporta otro cariz diferente al tracklist. La banda sigue, igual que siempre, sin tomarse demasiado en serio a sí misma. Algo que dejan traslucir los distintos videoclips que han acompañado a “Ultrapower”. Pero entretanto son capaces de trazar andanadas de heavy metal del de toda la vida con una frescura, un gancho y una factura como para catapultarles al trono de eso que han dado en llamar New Wave of Traditional Heavy Metal. Uno de esos cortes que ha ido ganando más y más con cada una de las distintas escuchas del álbum.

Aires western para el arranque de una “Blood Magic” que viene a dar un paso más allá en lo que a escritura se refiere, convirtiéndose en una batidora donde caben desde los Striker más rayanos con el speed hasta los más pesados. Percute con saña el doble bombo Jono Webster a través de unas estrofas llenas de nervio e intensidad, que vendrán a desembocar en unos estribillos marca de la casa. Hay ciertos detalles en cuanto a producción que me chirrían aquí, particularmente en lo tocante a voces y de tanto en cuanto serán irreproducibles en directo. Pero llegada la hora de exhibir un mayor músculo técnico, Striker se despachan con una vigorosa y rotunda sección solista. Entiendo que tampoco se trata de seguir sonando como lo hacían Mercyful Fate, Iron Maiden o Raven a comienzos de los ochenta, pero no puedo evitar pensar que a veces Schroeder busca un protagonismo mayor que la mezcla que tiene entre manos y por ahí hay cosas que, perdón por insistir, me chirrían. Será un cañón en directo de todas formas.

Y es que al fin y al cabo “Sucks To Suck”. Aquí los canadienses vuelven a la senda del hard heavy que tanto y tan bien practican. Y no obstante se las arreglan para trazar unas llamativas estrofas, seguidas eso sí de otro de esos estribillos a coro tan habituales. Tan irresistibles. La sección solista, tan hábilmente trazada como oportunamente apoyada, ese crescendo casi perfecto, redondea una de las ofertas más fáciles, digeribles y la vez sólidas y redondas de este séptimo álbum.

Claro que si hablamos de riffs con gancho, puede ser el de “Ready For Anything” mi favorito de todos cuantos se han dado cita a lo largo de este tracklist. Unos Striker ahora más juguetones a la hora de plantear las estrofas, hábiles a la hora de plantear un cuidado y conciso crescendo, tan eminentemente clásico como bien resuelto, con el bueno de Jono Webster dejando aquí y allá destellos de gran batería. Las guitarras dobladas del solo y la forma en que el tono se atempera antes de la eclosión final destilan buen gusto. No menos clásico es el pequeño up tempo del epílogo. Y siendo un corte que me agrada en gran medida, sí que siento a ratos que las ideas que atesora bien merecían algo más de esos poco menos de cuatro minutos que marca en el reloj.

City Calling”, junto con la anterior “Give It All”, pasan por ser los temas más perpendiculares al espíritu del disco. No es que Striker pisen aquí otro terreno que no sea el del heavy metal de siempre. Pero desde luego hay detalles de producció, especialmente en lo tocante a tratamiento de voces, que lo desligan del tronco común de “Ultrapower”. De resultas que, a ratos, me lleva a pensar en una banda a día de hoy tan en boga como pueden ser los suecos H.E.A.T. Escucha la línea de voz de Cleary en estribillos, los coros que la acompañan y atrévete a decir que no.

Casi maquinal el riff que alimenta buena parte de “Turn The Lights Out”. Los de Edmonton destapan aquí no obstante su vertiente más nervuda. Heavy metal de marcado doble bombo, tan predecible por trazo como hábil en las distintas ejecuciones que lo acompañan. Cierto que el patrón bombo caja que dibuja la batería durante estrofas no podría resultar más elemental. Cierto de la misma manera que por aquí se citan algunos de los solos más lúcidos e interesantes de todo el trabajo. No siento que alcance la mayor extrañeza de cortes como “Give It All” o “City Calling” pero desde luego la senda resulta algo más personal aquí.

Así las cosas, “Thunderdome” les regresa a terrenos más asimilables para ellos, al tiempo que exhibe unas mayores dosis de chulería y descaro. Notable la mayor presencia de la base rítmica durante la mayor desnudez de las estrofas y muy clásica, ahora sí, una producción que parece entender mejor que nunca el tipo de material que tiene entre manos. Y mientras Cleary sigue a la suya, creando inconfundibles líneas de voz y coros ampulosos y grandilocuentes, todo cuadra finalmente para crear un corte en la más pura tradición del género sin perder por ello ni un ápice de frescura. El solo que anticipa el epílogo, con la cantidad justa de reverb, es magnífico. “Two Men Enter, One Man Leaves”. Estupenda.

En “Live To Fight Another Day” la banda abraza uno dejes mucho más hard rockeros, por momentos casi A.O.R., que harán por ampliar el, por otro lado, escueto rango de influencias que maneja este “Ultrapower”. Detalles formales convierten a esta penúltima entrega en la más ochentera de las once. Baste con escuchar el sonido que despliega la batería aquí. Por lo demás un corte hábil, que cambia en cierta medida el hábitat en el que se acomoda la propuesta de Striker y sale finalmente airoso en una prueba, una más, del gran momento que atraviesan.

Brawl At The Pub”, que nos devuelve a la banda en su encarnación más muscular, puede no ofrecer grandes novedades a estas alturas de la historia. Pero funciona como digo a la hora de destapar a unos Striker más nervudos. Encolerizados incluso. ¿Aquello tan viejo de cerrar con un corte largo y melancólico? Este es su negativo. Fallon y Brown están a su aire aquí. Tanto en la mayor oscuridad del riff (¿Savatage quizá?) como a la hora de adornar cada rincón con solos y melodías repletas de clase y buen gusto. Un gran final si me preguntan.

Estaban en gran forma cuando les vimos allá por 2022 y “Ultrapower” no viene más que a refrendar aquello que vimos sobre las tablas del Gong Galaxy Club. Es cierto que a lo largo y ancho del álbum hay detalles de producción que me resultan algo ajenos. Por otro lado, el heavy metal tendrá que evolucionar de alguna manera. No queda otra. Pero sea como fuere el disco va sobrado de buenas ideas y mejores canciones. Gancho a raudales, rango y diversidad suficientes como para que la escucha pase en un suspiro (bien es cierto que no es trabajo largo) y un Cleary de nuevo excepcional a la hora de tramar grandes líneas de voz, que las hay casi a cada rato. Muy pocas dobleces en definitiva y una banda que mira al frente con orgullo. No es para menos.

Texto: David Naves

Reseña: Free City «Ingravidez» (DDB Music 2024)

Ahora que cumplen sus primeros diez años como banda, nos llega “Ingravidez”, sexto trabajo de los pujantes vallisoletanos Free City. Un álbum grabado en el Gaztein Estudioak de Zestoa, con el guitarra de Ezpalak Eñaut Gaztañaga a los mandos y que promete entregar su tracklist más heterogéneo hasta la fecha. Ellos son Miles Blossom “Maus” en baterías, Alex Fajardo en guitarras, Pablo Marinas “Peib” en voces y guitarra acústica, Sam Blossom en bajo y voces y Álex Bocos “Cagu” a la guitarra. Adorna su portada la foto de Ibai Acevedo.

Me gusta el arranque tranquilo, también elegante, que propicia la introducción “Caballo Salvaje”. El aroma a western que desprende, también cómo anuncia la estupenda producción de la que goza el álbum. Conduce hacia una “Puntos De Sutura” donde todos los cilindros parecen estar en funcionamiento. La banda en su encarnación más vivaracha para conjugar un doble ataque inicial que debería hacer las delicias de los suyos. Mandan las buenas melodías, especialmente en estrofas, así como un inteligente tratamiento de las voces que habrán de confluir en el ágil estribillo. Como digo estupenda dupla inicial.

Hermano” añade algo más de picante a la mezcla a través de una encarnación más cercana al hardcore. De nuevo ágil a la hora de construir (y enfrentar) líneas de voz, sin descabalgar nunca del tronco común del álbum. Tremendo juego el que dan los coros aquí, cuesta poco y menos intuir que será una fija en próximos setlists. Pero me gustan también esas estrofas más desnudas que se suceden y cómo la banda construye, en ni tan siquiera dos minutos y medio, uno de los cortes más literalmente memorables de todo el redondo. Más que digno solo final, por cierto.

Pero es “Burbuja Dorada” la que viene un poco a dar la medida del actual estado de forma de los chicos. Free City redirigen ahora hacia un rock apaciguado en donde resuenan ecos urbanos, muy cuidado en cuanto a construcción, esos hábiles crescendos camino de estribillos, y donde la producción de este “Ingravidez” brilla más que nunca. La banda se hace fuerte en temas vivarachos como los previos pero también aquí. El solo que encamina hacia el epílogo puede ser fácilmente mi favorito de todo el trabajo. Por ponerle algún pero, el deje más atmosférico que surge en apenas un guiño durante esa parte final bien merecía algo más de espacio y desarrollo. Con eso y con todo una de mis favoritas de entre las doce.

Tus Armas”, que amenaza con profundizar en esos Free City más relajados, reconduce sin embargo hacia las altas vibraciones de comienzos del álbum. Y vuelve a sobresalir en base a la buena producción de la que goza el disco. La manera en que distingue cada línea en total equilibrio. El punch nada impostado o artificial que le otorga a estos estribillos. Incluso el cuidado con el que trata a la cara más melódica del combo vallisoletano. El cierre, tremendamente hábil, devanea entre el pop y el post-rock para, finalmente, desembocar en un último tramo descosido y “libre”. De entre los temas rápidos de este nuevo álbum el que más peso ha ido ganando con el correr de las escuchas.

Odio El Mundo” sorprende con su indisimulado acercamiento al grunge. También por cómo, a pesar del grave viraje en su rumbo, es capaz de mantener un nexo común con el resto de composiciones aquí presentes. Abiertamente desesperanzada, triste incluso, la banda construye aquí con algo más de clasicismo. Lo que no quita para que por el camino queden buenos detalles. Como ese hábil build-up hacia el interesante solo final. Una de las ofertas con mayor personalidad de todo el largo.

Intro al margen, “Mil Historias” es uno de los cortes más fugaces de todo el álbum. Free City de nuevo en su versión más vivaracha pero uno de los temas con los que más me ha costado conectar de todo el tracklist. Lo que no quita para que encuentre buenos detalles: ciertas rimas dentro de la letra, algún que otro riff de un mayor peso específico, el buen solo de su tronco central o la hábil línea de batería. Pero, al menos a día de juntar estas líneas, cosas como “Puntos De Sutura” o “Tus Armas” han arraigado en mayor medida dentro de mi cabeza.

A pachas con la gente de Ezpalak, “Laberinto” entrega la cara más metálica de los pucelanos, especialmente en unas estrofas que contienen alguna de las guitarras más graves de todo el álbum. El riff que acomodan ahí puede no rozar la excelencia pero sirve sobradamente a sus propósitos. El metal euskaldun y el punk multi-influencial de Free City amalgamados para otra de las ofertas más cuidadas, y creo también que conseguidas, de todo “Ingravidez”. Fue uno de los adelantos del trabajo y a buen seguro hará las delicias de los fans más metaleros del ahora quinteto.

Zenit” no sorprenderá tanto por construcción, el habitual juego entre estrofas calmas y estribillos a voz en grito. Pero resulta de lo más llamativa en cuanto a la mucha gravedad y mayor distorsión que ofrecen ahora sus guitarras. Una vez más la producción de Eñaut Gaztañaga captando con sumo acierto y cuidado las intenciones de la banda. El resultado no podría ser mejor. Es cierto que su estribillo puede adolecer de una cierta sencillez. Por contra, resulta de lo más pegadizo. Uno de esos coros que entran a la primera y merodean por tu subconsciente durante días. Otra de mis favoritas.

Otra que sorprende es “Lucharé”, que transita desde su vivaracho arranque hacia tonos más livianos que bien podrían recordar al mejor Juan Valdivia de, sí, Héroes del Silencio. Luego el corte coge rumbos más asimilables al resto del disco. Sin destacar entre la docena, sin tampoco palidecer, quedándose mansamente en una algo difusa zona media. Con eso y con todo, no descarto se trate de uno de los cortes que gane más enteros de cara al directo. En su encarnación de estudio no negaré que me deja un tanto frío.

Sí que me engancha en mayor medida “Pastillas y Gasolina”. Quizá por cómo desarrolla, aquí y allá, tonos más cercanos al metal. Y es que la cabra, al final, ya se sabe. El corte alberga buenos riffs, también un trazo muy cuidado, en especial en lo tocante a estrofas, solidario a un estribillo de aires urbanos que le sienta como un guante a esta penúltima entrega. El mayor grosor que van adquiriendo sus guitarras camino del epílogo, el hábil (y potente) puente central y el punzante solo final. Entiende uno enseguida los motivos por los que ha sido otra de las cartas de presentación de este “Ingravidez”.

La propia “Ingravidez” es un cierre a rezumar de clase y buen gusto. Un medio tiempo de aires melancólicos pero nunca gélidos. Desgarrado a ratos, siempre elegante y que brilla con luz propia. Trazado con gusto desde su calma inicial hasta esa furiosa y bien armada eclosión del epílogo. Todo carbura para configurar un fantástico cierre al álbum al que da nombre.

Una banda en un momento de su carrera en el que no solo no teme la fusión sino que, cada vez más, la abraza como principal razón de ser. Como principio y fin. Ramalazos urbanos, coqueteos con el grunge, guitarras que no desentonarían en un álbum de metal y muchas y muy buenas líneas de voz. Todo bajo la estupenda producción de Gaztañaga presto para hacer las delicias de su cada vez mayor legión de fans. Nosotros les vimos en el Rockvera de 2022 y nos llamó la atención tanto la energía que desplegaban sobre las tablas como la cantidad de gente joven que se agolpaba en las primeras filas para verles. Salvo causa de fuerza mayor, esperamos repetir el próximo 31 de agosto.

Texto: David Naves

Reseña: Reino De Hades «Siete Runas» (Maldito Records 2023)

Vía Maldito Records llega el tercer largo de los jienenses de Reino de Hades. O lo que es lo mismo: Fabio Romero (batería), Antonio Pérez (bajo), Javier Ferrón y Francisco J. Roa (guitarras), David López (teclados), Sergio Jiménez (violín), Juan Valderas (flauta) y José Fernández (voces). Un álbum grabado y masterizado en los estudios Bom Track de Úbeda (Jaén) de la mano de David F. Castro al que adorna el diseño gráfico del Daeria Joel Marco (Amadeüs, Sylvania, Dünedain, Argion, Lépoka…)

La Reina Oscura” arranca en pura pompa sinfónica para pronto transigir hacia un hard / heavy de aires contemporáneos, de guitarras muy en primer plano, esgrimiendo hábiles melodías en el proceso, y donde las primeras estrofas no podrían estar más ni mejor cuidadas. Es un corte apertura algo engañoso. Directo, cánones mandan, pero bien cuidado en lo que a escritura se refiere. Reino de Hades hacen uso, que no abuso, de elementos externos y el solo explota en su tronco central con buenas dosis de clase, si bien pienso languidece por un desarrollo un tanto comedido. Todo lo contrario que el ídem de violín que irrumpe más adelante. Por ahí uno percibe un cierto desequilibrio que, no obstante, está lejos de emborronar el empaquetado final. Las guitarras habrán de desquitarse doblándose en su cuidado epílogo. Un buen arranque en cualquier caso.

“A Través De Ti” confronta un riff exageradamente plano en estrofas, que contrasta no obstante con la cuidada línea de bajo que la soporta. Es un corte donde el violín hace suyo casi cada recoveco, aportando un aire más melancólico a una mezcla que, cabe decirlo, es un ejemplo de pegada y equilibrio. Y aunque ya digo que los riffs en que se apoya esta segunda entrega no podrían ser más sencillos, bien está el desempeño de José Fernández al micro o los buenos solos que la banda incorpora aquí. Un corte que guiña al power metal europeo, a Mägo de Oz (nos ha jodido), o al heavy más clásico sin abandonar su tronco común ni salirse de los férreos patrones gramaticales en que la banda acostumbra a manejarse.

Siete Runas”, que fuera uno de los adelantos del álbum, profundiza en la vena más folk y también festiva de la numerosa formación jienense. Y si bien a ratos le pueda pesar su propia condición de single, no es menos cierto que las guitarras exhiben riffs con gancho, ahora sí, y que Fernández vuelve a estar firme y certero al micro. Buenos desarrollos camino del tronco central, con guitarras y violines jugando a encontrarse. Se sumará a continuación Valderas y la banda terminará por sacar músculo en lo que a ejecución se refiere en un meritorio tronco central. Facilona y algo predecible pero con todos los visos de funcionar como un tiro sobre las tablas a nada que el sonido acompañe.

Si hay en este álbum un riff con el que siempre conecto a la primera es el que alimenta una “El Gran Khan” donde, a menudo, asaltan mi subconsciente mis paisanos de Argion. La banda exhibe una mayor épica aquí. También una mayor gravedad mientras Fernández declama, dramático, esa lírica de corte histórico. El trabajo de Sergio Jiménez aquí es encomiable. Por sí mismo y también por cómo armoniza con la flauta de Valderas. La eclosión solista resulta igualmente ágil y vistosa. Usando terminología boxística, libra por libra uno de mis cortes favoritos de todo el tracklist.

Árido Edén”, segundo de los adelantos del trabajo, sorprende con un tono algo alejado de los grandes tropos que acostumbra a manejar el combo andaluz. Hay melodías aquí que podrían recordar a los primeros Masterplan, mientras que las estrofas, desnudas pero elegantes, bien trazadas, me recuerdan a los primeros trabajos de los gallegos Tálesien. A ratos casi el negativo del otro single de este “Siete Runas” pero igualmente hábil y eficaz. Brilla la acostumbrada exhibición solista y el corte termina por convertirse en una de las piezas más memorables del tracklist a base de conjugar buenas ideas con mejores interpretaciones y una cierta pizca de atrevimiento. Así sí.

El propio José Fernández introduce una “No Mires Atrás” que pronto opta por destapar la cara más heavy del septeto sureño. Es una letra abiertamente optimista, en la más pura tradición del heavy estatal en general, que sin ir más lejos podrá hacer las delicias de todo buen fan de WarCry. Y aunque encuentre algo naif alguna de sus partes, no deja de ser un corte con ese “algo” que consigue anidar en tu subconsciente durante días. Apoyado en una cuidada base rítmica, resulta orgullosamente idiosincrático de un disco como este. El solo de guitarra no podría ser más clásico, ni tener más feeling, ni gustarme más.

Mucho gancho también el que tienen las muchas melodías de esta “De Tabernas y Tesoros”. También los coros más pronunciados y orgullosos de todo el álbum. Otro de esos cortes que, aun a pesar de parecer construidos con el directo en mente, se las arregla para exhibir una escritura nada lineal, trufada de ágiles cambios de ritmo e incluso de tono. Al final una amalgama agradable de folk metal despreocupado, buenos desarrollos solistas y una base rítmica de esas a la que conviene prestar toda atención.

La Isla De Los Benditos” se desnuda de toda gravedad para acercarse a las pulsiones más puramente folkies del combo andaluz. Instrumental de tonos leves, agradable, orgullosa, sencilla, un pequeño oasis en el que Valderas y Sergio Jiménez parecen en su salsa y que, no dudo, se le atragantará a más de uno. Que de todo hay.

Contrasta en gran medida con el final que proponen en “Cerbero”. No ya por la mayor duración de esta, de hecho el corte más extenso de los nueve, sino por esos tonos más graves que exhiben aquí y que, salvando las debidas distancias, tanto me recuerdan a un corte como “Astaroth” de Mägo de Oz. Los tonos más oscurecidos en que se maneja José Fernández aquí, los aires medio orientales que la banda dispone a lo largo y ancho del trazo, la desaforada pero certera gama solista, todo carbura cara a construir un corte en cierto modo ambicioso, que se atreve a ampliar el rango de influencias que maneja la banda.

Un álbum que ha ido ganando una barbaridad con las escuchas. Que puede no ser perfecto, hay cortes con los que no llego a conectar del todo. No obstante, rodeados de otros como “Árido Edén” o “El Gran Khan” donde la banda brilla a gran nivel. Por no hablar de ese magnífico cierre que supone “Cerbero”, con Reino de Hades moviéndose en unos tonos más oscuros que les sientan como anillo al dedo. Las ejecuciones que lo atraviesan siento que están dispuestas en favor de las canciones correspondientes y no de egos individuales. El disco me resulta, finalmente, una amplia suma de aciertos frente a pequeños y contados errores. Buen trabajo.

Texto: David Naves

Reseña: Immortal Guardian «Unite And Conquer» (Massacre Records 2023)

Es el tercer largo para los prog/power de Harlingen (Texas) Immortal Guardian. La banda, que concurriera a estas líneas con aquél “Psychosomatic” de 2021, contraataca ahora con un “Unite And Conquer” donde encontramos a Joshua Lopez al bajo, Justin Piedimonte en baterías, Gabriel Guardiola en teclados y guitarra y Carlos Zema al micro, amén de las colaboraciones del Primal Fear Ralf Scheepers y la ex The Agonist Vicky Psarakis. M-Theory Audio edita un álbum de diez cortes producidos por los propios Lopez y Guardiola en los Widowmaker Studios de McAllen, Texas. Precedido por una riada de adelantos, “Unite And Conquer”, contó finalmente con diseño de Jobert Mello y fotografía y arte de Masiha Fattahi (Myria, Stray Tempest, Threshold).

Ozona” ahorra en introducciones artificiosas y banales cara a ofrecer la cara más turbo progresiva de la banda americana ya desde los primeros acordes. Sorprende ahí el trazo ambivalente, a ratos discursivo y nunca lineal de un primer corte ciertamente retorcido y poliédrico. A ratos declaración de intenciones, lo mismo deja por el camino riffs cortados al milímetro que coros grandilocuentes a lo Haken. Guardiola la reviste además de un amplio rango de detalles en forma de vistosas melodías tanto de guitarra como de teclas. La diversidad de registros que muestran sus distintas líneas de voz terminan por redondear la oferta. Una primera entrega tan exuberante como detallista.

Echoes”, que arranca en pura clave europower, vive de enfrentar ese pulso más germano con unas estrofas más retorcidas e incluso pesadas que habrán de llevar hasta uno de los estribillos con más gancho de todo “Unite And Conquer”. Zema defiende con clase los tonos más altos antes de que Guardiola armonice teclas y guitarras con un acabado que, inesperadamente, solo puedo calificar de discreto. Se desquitará no obstante el de Harlingen en el, por otro lado, escueto solo que habrá de anticipar el epílogo. Un corte que pese a todo, presumo, será un fijo en sus directos.

Roots Run Deep” donde los texanos cuentan con la colaboración de todo un Ralf Scheepers, que arranca en calma durante el prólogo para después acoger un power de melodías alegres y algo facilonas. ¿alguien dijo Freedom Call? Firme en el doble bombo un Piedimonte que soporta sin mayores complicaciones un corte con alma de single y que, si bien traiciona los pulsos más progresivos del cuarteto, sale adelante gracias a su buen hacer como músicos. En especial un Guardiola en su encarnación más heroica. Scheepers cumple sin sorprender con su línea vocal y esta tercera entrega termina por llegar a buen puerto.

Perfect Person” parte peras con ese tono más alegre, si bien no del todo con un metal desde luego imbuido de ritmo e intensidad. También de una escritura que, sin llegar a lo laberíntico, hace por recuperar los pulsos más progresivos de los texanos. Aunque sea con cuentagotas. Zema vuelve a trazar una más que potable línea de voz. Y aunque me sorprendan ciertos desequilibrios en lo que a mezcla se refiere, unas guitarras a ratos demasiado preponderantes, como digo me agrada cómo la banda ha sabido encontrar un punto medio entre sus dos almas, pariendo uno de esos cortes que, sin traicionar la personalidad de Immortal Guardian, entra a la primera.

Divided We Fall”, por contra, rebaja esa mayor intensidad del cuarteto para perderse por una suerte de vericuetos a medio camino entre el hard más acomodado y el progresivo más casual. Noto algo incómodo a Zema aquí, particularmente en los puntos más álgidos de las estrofas, aunque no puedo negar que el brasileño ha hecho un trabajo más que notable en estribillos. Es el corte más extenso del álbum, que la banda aprovecha para trazar una segunda mitad donde colisionan un tono más épico, y sus inevitables coros, con otro más melancólico. Todo antes de que Guardiola dibuje un estupendo solo de guitarra. Con el alto número de adelantos que tiene el disco, sorprende aún más si cabe que este no fuera uno de los elegidos para tal fin.

Tampoco lo fue una “Lost In The Darkness”, pese a contar con la inestimable ayuda de Vicky Psarakis en voces. Su duelo con Zema resultará, de hecho, el mayor atractivo de un corte cuyo prólogo recupera un nervio más power para después acoger otro de los habituales medio tiempos de la banda. Hay melodías aquí que me recuerdan a los primeros Masterplan, contrapuestas a unas baterías altamente nerviosas, que le confieren a esta sexta entrega un aire más peculiar. Más personal, magnificado en el curioso puente que anticipa la habitual ristra de solos. Guardiola echa el resto aquí, dibujando uno de los duelos más pletóricos de todo “Unite And Conquer”. Y sé que me quejo mucho de esto pero qué desdibujado ese epílogo. Dichosos fade outs.

Southern Rain” vibra entre la balada y el medio tiempo cara a darle algo más de variedad al tracklist, convirtiéndose en uno de los cortes más reconocibles y consiguiendo todos sus propósitos. Se puede achacar no obstante lo clásico de su trazo, ese crescendo nada novedoso. También reconocerle lo acertado de sus ejecuciones y la acomodada pero sentida línea de voz que Zema ha trazado aquí. Clásica, ya casi la conoces antes de escucharla y de ahí lo bien que funciona. Por contra y dado el trazo más personal que tienen muchos cortes aquí presentes, habrá seguro quien eche en falta algo más de riesgo.

Y tampoco es que el tema título “Unite And Conquer” reinvente la rueda pero me agrada no obstante la forma en que conjuga un power amable, una vena parecida que no igual a la que se desprendía de la anterior “Roots Run Deep”, con esas partes más hard. Todo para alcanzar en estribillos un nombre que me persigue de manera constante en las últimas reseñas del género que he escrito y que no es otro que el de los alemanes Edguy. Y es que gustos individuales al margen, qué duda cabe que la sombra de Tobias Sammet es cada vez más alargada. Estupendos Guardiola y Piedimonte en el generoso y estirado despliegue solista previo al epílogo.

Un Día A La Vez” y quizá vaya a ser demasiado duro, bien merecía algo más que esos poco más de dos minutos y medio que ocupa en el reloj. Balada a piano y voz que crecerá, arreglos mediante, hasta lindar con el sinfónico más casual. Estupenda línea de voz de Zema aquí, pero se suceden las escuchas y, como digo, no puedo evitar pensar en que bien merecía ser algo más que un mero interludio. Sea como fuere y arreglos mediante, engarza con la final “Rise Of The Phoenix”, con Guardiola tomando la iniciativa durante el prólogo. Immortal Guardian recuperan aquí su vena más power, crepita el bajo de Joshua Lopez y la forma en que Zema armoniza sus diferentes registros durante estribillos bien puede recordar al Rob Halford de comienzos de los noventa. Me sorprende el mayor groove que atraviesa su tronco central, al tiempo que me agrada la ristra de solos dibujada por el texano aquí. Un buen final en cualquier caso.

Immortal Guardian parecen seguir donde lo dejaran con el más que interesante “Pyschosomatic” allá por 2021. La colisión internacional que se produce en su seno (Brasil, Estados Unidos, Canadá) vuelve a redundar en un álbum de power metal ágil, diverso y muy entretenido. Puede que algo más irregular que aquél, si bien no es menos verdad que el cuarteto asume algunos riesgos más en esta más reciente obra. Pero cuando brillan, desde luego lo hacen con intensidad. Puede que las colaboraciones tanto de Ralf Scheepers como de Masiha Fattahi pasen un tanto desapercibidas. Por contra, cortes como “Divided We Fall”, “Perfect Person” o la inicial “Ozona” bien merecen la atención de todo buen fan del género. Avisados quedáis.

Texto: David Naves