Reseña: Malverde «II» (Furia Discos 2024)

Ep para las buenas gentes de Malverde bajo el lacónico nombre de “II”. La banda, recordemos, viene formada por Bronco en baterías, Tamo en la guitarra solista, Laria en la rítmica y en voces y Hermes al bajo. Los seis temas que componen el trabajo vinieron al mundo en los estudios OVNI de Bonielles, Llanera, con todo un Dani Sevillano a los controles. Adornado por el precioso arte de Godless Design y fabricado con su buen hacer habitual por Furia Discos, se encuentra ya en la calle.

Nosotros nos vinimos con nuestras respectivas copias para casa y os podemos asegurar que todo el diseño del digipack es digno de cualquier colección afín al rock and roll que se precie. Detalles que siempre suman, como el hecho de que estas canciones hayan sido plasmadas en formato directo. Se nota ya desde que echas a rodar la inicial “Golem” y su realmente totémico riff inicial. Uno, que siempre anda buscando rimas con bandas de la región, encuentra paralelismos aquí con los muy queridos Amon Ra. En particular cuando la producción filtra la voz de Laria. Me agrada ese solo alucinado que puebla el puente, así como esos Malverde más nerviosos del tramo final. Un buen arranque.

Engañan los primeros acordes de “Find My Way” con esa repentina falta de distorsión. Apenas un guiño inicial para introducir otro corte de rock arrastrado y deudor a un tiempo del doom rock y el mejor stoner. Tamo parece especialmente inspirado aquí. Tanto a la hora de incrustar solos entre estrofas como en apoyo de las líneas vocales del propio Laria. Precisamente en las estrofas más desnudas se deja sentir en mayor grado la presencia de Hermes en la mezcla. Aquella fugaz calma del prólogo regresa, o mejor dicho irrumpe, antes de dar pie al solo del tronco central. Los chicos desde luego saben como trazar buenas piezas de rock vibrante y aguerrido. Bronco está muy presente en este tramo final y por ahí todo termina cuadrando para construir una de mis favoritas de todo el Ep.

Santa Muerte” viene a destapar a los Malverde más intensos. Casi coléricos. Altas vibraciones y un riff de esos que entran a la primera para la oferta más descosida del tracklist. Cierto que el riff en que apoyan las estrofas puede pecar de una cierta simpleza. Por contra, qué bien está el mayor grosor que desprende y el modo en que acerca al cuarteto a las lindes del metal. Desde luego que se le puede achacar su brevedad, apenas dos minutos y medio, pero no la forma en que destapa la cara más intensa de los asturianos.

Más breve aún si cabe es una “Now I Know” que viene a reincidir en esa versión nervuda e intensa de la banda radicada en Oviedo. Tamo y Laria juegan de nuevo a encontrarse sobre el ritmo, directo y vivaracho, que marca Bronco tras los parches. Buenos coros en estribillos y desde luego una pieza agradable pero algo coja por lo escaso de su desarrollo.

Más ambiciosa, al menos sobre el papel, “Mexica” se sustenta sobre otro de mis riffs favoritos de este “II”. Y puede que por trazo, sea también la que más llame la atención. Aquí sale a relucir la buena producción que porta el disco, centelleando en cada cambio de ritmo, numerosos en esta penúltima entrega. Cómo combinan las distintas líneas de guitarra entre estrofas o ese tronco central más desnudo resultan desde luego atractivos. Pero si algo termina de decantar la balanza es ese largo epílogo y el poso más intenso que de él deriva. Estupenda.

Sisyphus”, por el fundador y rey de Éfira en la mitología griega, supone la irrupción de los Malverde más pesados primero, ese prólogo rocoso y arrastrado, en nada sutil contraste con los más vibrantes, que llegarán antes de las primeras estrofas. Es el corte más extenso de los seis y realmente parece que la banda ha echado el resto aquí, por tópico que pueda sonar. Tamo está especialmente acertado a la hora de adornar las distintas estrofas con solos lúcidos y vibrantes. También a la hora de doblarse con el propio Laria. Precisamente ahí es donde me agrada este cierre por cómo deja traslucir la propia naturaleza de la grabación. Sinceridad sobre precisión. Un gran cierre.

En un ecosistema donde las ventas en formato físico se han reducido hasta lo meramente testimonial, el Ep resulta el camino indicado para un montón de bandas de nuestro underground. Ejemplos a decenas. El último en llegarnos es este “II” donde el cuarteto ovetense Malverde viene a sumar una muesca más al cada vez más amplio panorama hard rockero astur. Precisamente ahí, entre el hard, el stoner y pequeñas pizcas de doom y metal se sitúan seis temas a su manera diversos y en gran medida atractivos. Suma además, pienso yo, el hecho de que lo hayan grabado en directo. El Ep no desmerece ni mucho menos a una encarnación en directo de la que disfrutamos (y dimos buena cuenta) hace escasas fechas, por lo que la decisión se me antoja todo un acierto. No les perdáis la pista.

Texto: David Naves

Crónica: Barbarian Prophecies + In-Sanity + Brutalfly (Avilés 27/4/2024)

Primero de los eventos autogestionados que tendrán lugar en las próximas semanas en la avilesina Sala Malecón. Con el metal y la camaradería entre bandas por bandera el cartel del pasado sábado 27 de abril unía de nuevo a Barbarian Prophecies y Brutalfly tras su paso por Sarria (Lugo) allá por el mes de diciembre, más los locales In-Sanity en esta nueva andadura tras décadas en barbecho.

Con el omnipresente Txeffy al mando del sonido la sala presentaba un buen aspecto al inicio de las hostilidades. Una afluencia que sobrepasaba el medio centenar, muy por la labor de pasarlo bien, recibía a los thrashers Brutalfly. Parece mentira pero su último trabajo de estudio ya cuenta con más de 2 años en sus espaldas y hábilmente el trio ha incorporando temas nuevos al set como “Train To Hell”  para allanar el terreno a su próximo álbum de estudio. No habría que esperar mucho para la habitual colaboración de Txeffy con la banda, «Thrashtorm» es de nuevo el tema elegido, aunque esta vez sin su presencia en el escenario. Debido a la particular sonoridad de la sala la voz llegaría en vivo pero desde la mesa de sonido.

Pudimos comprobar como Alicia y Óscar Besteiro de Barbarian Prohecies se lo pasaban en grande en las primeras filas. Óscar celebraba su cumpleaños y tenía el gran detalle de invitar a la audiencia con 2 botellas de licor de café llegadas directamente desde Galicia, curiosamente habría que insistir varias veces para darlas un merecido final. Ver para creer jajaja. El show continuaba por los derroteros habituales de las «moscas brutales», intensidad, contundencia y apenas pausas salvo para arengar a la parroquia a aproximarse más al escenario. La traca final conformada por “What Time Is It? It’s Time To Die” y “Zerdatillium” deja patente que la actual formación de la banda es la más sólida, activa y como sus gestos y sonrisas demuestran bolo tras bolo, la más «familiar» de su trayectoria.

Inevitable cambio de enseres en el escenario para recoger el testigo, los locales In-Sanity. La veterana formación cuenta con rostros muy reconocibles de la escena asturiana con miembros que en su trayectoria han formado parte de bandas como Lycosa Tarántula, Westhia o Beast Inside, lo que habla y muy bien de su desempeño sobre las tablas. Lograron dar un punto más de intensidad al ambiente arrancando los primeros «circle pit» de la velada. Atmósfera que tuvo su respuesta sobre el escenario, ya que posiblemente haya sido el show en que hemos visto a la banda interactuar más con el público.

A la espera de la publicación de un trabajo de estudio que retrate todo lo bueno que ofrece su habitual repertorio, dieron inicio a su tiempo con la dupla «Icaros’s New Flight» y «Suffocation» para dar las primeras muestras de la calidad que atesora la formación. Muy bien recibida la versión de todo un clásico como es el «Killers» de Iron Maiden cerraron su tiempo con «Searching And Victimized» para dejar manifiesto que están de vuelta y tras lo visto el sábado, hacernos dudar que han pasado veinte años en la sombra. Minutos de mucha clase y contentos de tenerlos de nuevo entre nosotros.

Unos agradecidos Barbarian Prophecies serían los encargados de poner el colofón a la velada en la Malecón. Una autentica apisonadora sónica que devoró los apenas 45 minutos que estuvo sobre el escenario. Siguen inmersos en la presentación en vivo de su último trabajo discográfico «Horizon«, del que dimos puntual cuenta en su momento por estos lares (reseña), con unas ganas y empuje dignas de mentar. Para los despistados, regresarán a los escenarios asturianos en septiembre como parte del festival lavianés Karma Fest y no deberían dejarlos escapar.

Punto focal del combo lucense es sin duda la menuda figura de su vocalista y bajo Alicia, contraposición a su fuerza y agresividad en las tablas, navegando como pez en el agua cuando la banda recorre en su set efluvios del black melódico sueco y pasajes potentes y agresivos rozando el death metal más extremo. Perfectamente respaldada por el trabajo a las guitarras del mentado anteriormente Óscar Besteiro y Arnt Bünz, al igual que Brutalfly contaron con la colaboración en un tema de Txeffy, aportando su garganta de nuevo desde la mesa de sonido.

Todo es mejorable que duda cabe pero el primero de la serie de conciertos en la Malecón bajo el paraguas de la autogestión dejó sin duda más luces que sombras. Próxima parada el sábado 15 de mayo con Grave Noise, Soundcrush, Bestia Negra y Sküld como protagonistas y el firme deseo de ver crecer la propuesta. Mimbres y ganas no faltan.

Texto y fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: The Magus «Shinin'» (Discos Furia 2023)

Largamente esperado debut de los hard rockeros asturianos The Magus, banda a la que hemos tenido el placer de cubrir en varias ocasiones y que presenta ahora una ópera primera que lleva por nombre “Shinin’”, fraguada con todo mimo en el OVNI Estudio con Dani Sevillano a los mandos. Recordemos que forman la banda Bronco (batería), Tamo y Ernest (guitarras), Laria (bajo) y Ouleia (voces). Adorna la portada el arte de Paulo Fernández.

Rock sin grandes complicaciones el que viene a dar la bienvenida en “Rock’s For Pussies”. Introducida por la ágil batería de Bronco y deudora de un hard de aires setenteros, entregando una producción bien equilibrada, no iba a fallar el OVNI en esto y donde, claro, sobresale la poderosa voz de Ouleia. En especial a la hora de trazar unas estrofas ágiles que entran a la primera. El solo camina con clase, sin alardes fuera del tiesto, y si algo me agrada aquí es el pequeño puente que conduce al epílogo. Un arranque tan clásico como efectivo.

Shinin’” vendrá a añadir algo más de nervio a la mezcla. Bronco vuelve a comandar la mayor carga energética de un tema título donde centellean el rock más clásico en estribillos y pequeños devaneos con el punk en estrofas. En los engarces entre estas observa uno buenos riffs de Ernest y Tamo. Breve, algo más de tres minutos, dueña por tanto de uno de los solos más fulgurantes de todo el largo. Otro pequeño puente, marca de la casa, vendrá a anteceder al epílogo, y los Magus se enredarán en su clave más encendida y vibrante.

Pero si hay un riff que me agrada sobremanera en este primer largo de los asturianos es el que da la bienvenida en “Type 2”. Del mismo modo, la forma en que Tamo y Ernest se doblan aquí, imprescindible el uso de auriculares para apreciar el juego entre canales, así como el aire más vacilón y chulesco de este medio tiempo hábil y sugerente. El disco va así conformando una rica paleta rítmica, que pasa del hard más clásico a juguetear con el punk y desembocar finalmente en una composición tan ágil como orgánica. Cierto que el epílogo quizá reclamaba un desarrollo algo más ambicioso, pero no es menos cierto que pasa por ser una de las que más terreno ha ido ganando con el correr de las escuchas.

Pills” entrega uno de los prólogos más llamativos de todo el redondo. Tamo y Ernest juegan a encontrarse antes de que irrumpan las primeras estrofas, construyendo por ahí otro de los cortes más llamativos de este “Shinin’”. Con la base rítmica de Laria y Bronco muy presente en la mezcla, el corte resulta de nuevo vacilón al particular modo The Magus, con una estupenda Ouleia en estribillos primero y bajo voz filtrada después. El epílogo siempre me recuerda a Guns N’ Roses del ineludible “Appetite For Destruction”. A buen seguro otra de mis favoritas.

Bother” es otra de esas grandes ofertas que pueblan el álbum. Más tendida, bordeando la balada en un prólogo para después mutar en un medio tiempo de aires melancólicos, comandado por una gran Ouleia al micro. La forma en que va adquiriendo mayor intensidad camino del epílogo no podría resultar más clásica ni tampoco estar mejor resuelta. El álbum sigue ampliando su rango tonal y si he de poner alguna pega, esa sería lo “breve” de algunas de las composiciones que lo integran.

Véase por ejemplo “Like A Hammer”, por debajo de los tres minutos, y donde los asturianos recuperan parte de aquél nervio que abría el disco. Una pena ese desarrollo algo rácano pues vuelve a ser recipiente de otro de los riffs más redondos de “Shinin’”. Ouleia estira su registro en estrofas y se muestra tan o más ágil en esos estribillos repetitivos y machacones. Llamativa esa repentina desnudez del puente central, así como bien ejecutado epílogo final. Sigo pensando que daba para algo más de esos ni siquiera tres minutos.

Dead Eyes” viene a rimar con la anterior “Bother” a la hora de ofrecer esa cara más calma y reposada del quinteto asturiano. De nuevo entre la balada y el medio tiempo, donde siento que nada sobra ni falta, con una estupenda línea de voz trazada sobre un crescendo clásico y a la vez bien resuelto. Me agradan esas guitarras dobladas de Tamo y Ernest durante el tronco central. La pausa que acude después y ese epílogo desatado, enfebrecido incluso, que destapa la mejor cara de los asturianos. Estupenda.

Reclamaba antes composiciones más atrevidas en lo que a duración se refiere. Pues bien, “Weirdo” acude presta a poner remedio. Oferta más extensa de las diez. De todas la que arrastra un poso más sureño. Ese clásico slide deslizándose por el mástil. Con ese tronco central, tan cuidado como desnudo, emergen los The Magus más próximos al soul, en claro contraste con ese epílogo más vibrante. Sobresale una vez más aquí la buena producción del OVNI. Otra de mis grandes favoritas.

Casi por contraste irrumpe “Woman”, por duración el corte más rácano del disco, y también uno de los más crujientes, con Ouleia jugando a alternar nervio y sensibilidad para unas líneas de voz repletas de carisma. Se puede achacar al combo asturiano el no arriesgar algo más en lo que a trazo se refiere, manejándose siempre fieles al libro de estilo. Por contra, buena parte de sus temas resultan sólidos, poco dados a dobleces. Siempre funcionales.

Es algo se observa mientras suena la final “Punished By God”. Todo parece estar donde debe. Si acaso, uno aprecia ahora una mayor presencia del bajo del bajo de Laria en la mezcla. Por lo demás, es una pieza de rock and roll clásica y enérgica, con Ouleia reservándose alguno de sus tonos más altos cara a construir un último corte realmente vibrante y con gancho. Bien está lo que bien acaba.

Uno, que ha visto ya estas canciones varias veces en vivo, ha ido retrasando esta reseña por aquello de poder juzgar al disco por sí mismo, sin la contaminación propia del directo. Y reescuchado en estos días, pienso que el oyente que no conozca aún a The Magus debería encontrar asideros suficientes de los que echar mano. Empezando por la fina producción de Dani Sevillano, siguiendo por el gusto tan clásico a la hora de componer y terminando por el buen nivel ejecutivo que desprende el disco. Un “Shinin’” que ni inventa la rueda ni lo pretende, divirtiendo sobremanera en el proceso. Ni tan mal para tratarse de un debut.

Texto: David Naves

Reseña: Nicotine Bubblegum «Twilight Sleep» (Autoproducción 2024)

Primer largo para los alternativos avilesinos Nicotine Bubblegum. El cuarteto que forman Marco Valera en baterías, Pablo Fernández al bajo, Noé Grigera en guitarras y el Colmena y Leather Boys Luismi Rose en voces, nos entrega nueve temas producidos, grabados, mezclados y masterizados en los Breakdown Studios del Sound Of Silence Nefta Vázquez, adornados por el arte del propio Grigera y con la colaboración de Gin Barbería (Absalem) en “123”. El disco será presentado en la sexta edición del Factoría Rock Fest junto a Estramonio y Blast Open.

El bajo de Pablo Fernández y la guitarra de Grigera forman un tranquilo contrapunto para dar la bienvenida en la inicial “Fire In The Hole”, que pronto me podría recordar a otra banda también asturiana y de inspiración post grunge como es Automatic Kafka. Aquí surge, claro, un Rose en una clave distinta a la que nos tiene acostumbrados. La voz del Leather Boys ensucia su registro en estrofas en crescendo, que desembocan en estribillos marca de la casa. Me agrada ahí el buen trato coral del que gozan. El desarrollo se adhiere a los grandes tropos del género y por ahí caben pocas sorpresas. La producción del Escuela de Odio Nefta Vázquez acierta a la hora de distinguir cada línea presenta en la mezcla y guía a Nicotine Bubblegum hasta el pesado tramo final. Primer corte, en definitiva, arrastrado, arenoso y en cierto modo convincente.

Pequeño caos controlado el que desata el prólogo de “Brinell Hardness”. Pero si algo me gusta de este segundo corte es la forma en que la banda ha trazado estas estrofas. El crescendo tan clásico que dibujan. El pequeño lugar para el esparcimiento del que goza el bajo de Fernández. Y cómo desemboca en uno de los estribillos más poderosos, metálicos se podría decir incluso, de todo el largo. Rose insiste en ese registro variable, alternando voces limpias con tonos más rotos con total naturalidad. Puede que eche en falta un solo que aporte algo de vistosidad a su epílogo pero en cualquier caso una de mis favoritas de entre las nueve.

El prólogo de “M.U.I.L.” se apoya en un riff de pulsos casi groove que me sorprendió en una primera escucha y me ha ido enganchando en las sucesivas. El que surge después de ese prólogo pasa de hecho por ser uno de los más retorcidos de todo “Twilight Sleep”. La voz de Rose aparece filtrada ahora y uno recuerda inmediatamente a según qué momentos de los seminales Nirvana. Me agrada por cómo la construcción de este tercer corte difiere del par de entregas previas, así como por la extraña vibración que se extrae de la guitarra de Grigera. Ojo a cómo el epílogo desata la cara más ardiente del cuarteto con base en Avilés.

123”, con la Absalem y Gemtonics Gin Barbería a bordo trae consigo un riff de aires casi medio orientales para una propuesta que sería, a su vez, carta de presentación de este debut. Sus estrofas no podrían destilar un mayor aroma a lo mejor del rock alternativo de la década de los noventa. La banda las construye con sumo cuidado, de nuevo ese crescendo tan clásico, para desembocar en unos estribillos donde se mezclarán ambas voces primero y quedará Barbería en solitario posteriormente. Hay algo casi intuitivo en la forma en que ambas voces casan aquí. Jugando a buscarse y encontrarse a lo largo de otro corte trazado con sumo cuidado. Dice mucho en favor de la banda el haber optado por un tema como este a modo de anticipo de “Twilight Sleep”, verdadero negativo del tipo de single facilón y al pie por el que acostumbra a optar la mayoría. Uno de los estandartes de este tracklist en opinión del abajo firmante.

Y no es que “Gimme A Blend” me desagrade. Para nada. Luismi sorprende con alguna de las voces más rotas y oscuras que le hayamos escuchado. Es solo que el álbum viene de uno de sus temas más grandes y, al menos en lo que a mí respecta, me cuesta conectar con algunos de los pasajes más tranquilos y algo extraños de esta quinta entrega. Quienes busquen más intensidad, la hallarán en un tronco central tan desgarrado como breve. Todo se apoya en una estupenda línea de bajo de Pablo Fernández pero, en líneas generales, un corte con el que me cuesta llegar a conectar.

Palindrome” tiene quizá el inicio más metálico de los nueve. Ahí marca el paso una vistosa línea de batería de Marco Valera, soporte de un corte que acierta a la hora de acercar a los Bubblegum a las lindes del hard rock más nervudo y contemporáneo. Rose desliza de un modo llamativo su registro por unas estrofas llenas de una luz que pronto tornarán en una curiosa oscuridad. Por lo que sea, me agrada la forma en que la composición se va tiznando de esa negrura. Siempre dentro de las lindes del género y del disco en sí, pero lo suficiente como para disociar a este meditado palíndromo del resto de entregas. La manera en que su tronco central serpentea entre la cara más aguerrida del cuarteto y la más alternativa constituye otro de mis momentos favoritos del debut.

Focus In” nos devuelve a Nicotine Bubblegum en su encarnación más arrastrada y fangosa. A ella contraponen la más lindante con el pop alternativo y de resultas de ello se desencadena un corte fuertemente bicéfalo, con Rose tan cómodo en la calma como en la tormenta. De nuevo la producción en los Breakdown Studios parece haber entendido al dedillo al tipo de banda que tenía entre manos. Reconozco que por trazo hay ofertas dentro del disco con las que conecto en mejor medida. De todos modos, bien está el puro desgarro de su tramo final.

No muy lejos de su predecesora vendrá a situarse una “Youth Leisure” que, reloj mediante, parece poner sus miras mucho más allá. Contornos tranquilos enfrentados a la cara más nerviosa de su bien conocido rock alternativo. Nada que sorprenda a estas alturas del disco pero lo suficientemente cuidado para que el corte diste de caer en el olvido. Porque la buena línea de batería de Valera merece todos los parabienes. También la forma en que el registro de Rose se enturbia con el correr de las estrofas. En otro álbum, el solo de Grigera habría gozado de más espacio para su propio esparcimiento. Aquí se adhiere orgulloso a los propios pulsos de este particular sueño crepuscular, por lo que viene a ganar en coherencia aquello que pueda perder en brillo. Estupenda.

Cierre para la extensa “War”. Que me agrada por la forma en que traza un prólogo de entornos tranquilos y, riff mediante, reconduce hacia la consabida mezcla de grunge y alternativo de los asturianos. Siento a Rose no tan a gusto como en otras entregas del álbum cuando llegan esos riffs más gruesos. Sí, en cambio, en la cuidada calma de ese prólogo. Es otro corte a mayor gloria de la cara más bipolar de la banda, que no opta por el habitual cierre resumen y se decanta en cambio por una construcción más sencilla de lo que aparenta. En ella Grigera parece más que inspirado. Tanto en la sucesión de riffs como en las melodías que adornan los pasajes más tranquilos. Un cierre en cierto modo ágil, de esos que han ido creciendo una barbaridad con las escuchas.

Siendo como es un disco de género, lo cierto es que la banda se las ha arreglado para dibujar a lo largo de sus nueve cortes una amplia paleta de colores. El rock más tranquilo, lindante con el pop incluso en ciertos momentos, confronta al alternativo más descarnado y llega a lindar incluso con un metal a ratos sucio. Y ya digo que la producción de Nefta parece haber comprendido el tipo de banda que tenía entre manos, entregando una mezcla tan clara como invisible. Algo más de tres cuartos de hora para regocijo de los fans del alternativo más al uso. Bienvenido sea.

Texto: David Naves

Reseña: Yskelgroth «Bleeding Of The Hideous» (Xtreem Music 2023)

Nada menos que trece años ha tardado el trío de black metal madrileñobalear Yskelgroth en entregar la continuación de aquél “Unholy Primitive Nihilism” de 2010. Recordemos que ellos son Dave Rotten (Avulsed, Holycide, Putrevore…) en voces, su compañero en Decrapted Vicente Payá a la guitarra y Nexus 6 (ex-Nahemah, ex-The Heretic, TodoMal) en sintetizadores, guitarra y baterías. Con arte del venezolano John Quevedo Janssens (Paganizer, Ribspreader, Vile Hex, Disrupted…) “Bleeding Of The Hideous” ha visto la luz a través de Xtreem Music en CD y digital.

La inicial “The Morbid Earth” ahorra en introducciones y otras zarandajas para destapar, ya desde el primer instante, el consabido black death del trío. Con Rotten doblando unas voces en las que alternará registros, dibujando así un desempeño que le desliga de sus habituales tonos cavernarios. Es un corte bien armado, diverso pese a lo escaso de su desarrollo, poblado de detalles melódicos extraños y poco recurrentes y en el que la banda apenas dará descanso. Feroz incluso en la extraña y laberíntica ración solista de su tercio final. Ni un segundo que perder.

Prone To Gobble Life” se desliga de esos acentos más death para profundizar en un black de tintes sinfónicos sobre los que Dave descerraja sus tonos más altos con total naturalidad. De construcción alterna, sus estrofas son un ir y venir de ritmos altos, rodeados por pequeñas islas de pura pesadez y maledicencia. La faceta solista resulta ahora más convencional, convergiendo de forma algo extraña con el corte que las integra y otorgándole una más que llamativa dualidad.

Tras la virulenta dupla inicial, “Omnicidal Ends” vendrá para reducir las altas pulsaciones este segundo álbum. Medio tiempo fuertemente sintetizado donde oigo ecos de bandas tan alejadas como Khonsu o incluso Progenie Terrestre Pura. Ello es en gran parte por el peso otorgado aquí a los sintes de Nexus 6 durante toda la grabación. Tema en gran medida pesado, asentado de manera firme sobre una casi casi monocromática gama riffera a la que atraviesan los Yskelgroth más furibundos.

Así las cosas, no sorprende que “Aeons Empty”, uno de los cortes más rácanos en lo que a duración se refiere, nos devuelva al trío en su faceta más agria y trotona. Corte que vendrá a beneficiarse de un bajo más presente en la mezcla final, dando cumplido sustento a una gama de riffs y melodías que me llevan a pensar, aunque sea a lo lejos, en los primeros Dissection. Marcadamente fría, acierta la banda a desprender una melancolía más acusada aquí, siempre con Rotten en su encarnación más aguda. Lo bueno si breve…

Otro corte igualmente fugaz en el reloj es este “Plagueridder” donde no obstante el trío construye una de las ofertas más laberínticas y retorcidas de todo este segundo disco. Como si la banda hubiese pretendido enlatar en menos de tres minutos todo su ideario, la composición irá desde su artificial arranque hasta una serie de caóticas idas y venidas que viven de hibridar, pienso que más bien que mal, black espasmódico con death arrastrado y serpenteante. De resultas de ello surge un trazo en ocasiones algo atropellado, descompensado incluso, pero de alguna manera nunca aburrido.

Spasmic Extinction” elevará el tono mientras muestra una gama riffera que bien podría pasar por la más lograda de todas las presentes en este nuevo álbum. A la contra, una construcción más dinámica, tal vez más predecible, donde se cuelan algunos detalles ornamentales un tanto distraídos. Puente central al margen, corte eficaz a la hora de exhibir a los Yskelgroth más aguerridos y vitriólicos pero al que, tengo la impresión, se le podría haber exprimido algo más de jugo.

Primal Expulsion”, que fuera la carta de presentación allá por el mes de febrero, tampoco ofrece muchas sorpresas. Sea como fuere acierta al recuperar aquél poso un tanto más melódico que la banda ofrecía en cortes como “Aeons Empty” y enfrentarlo al Rotten más bicéfalo de todo el álbum. Dos caras parece tener también el solo que adorna su tronco central. Que fuera el anticipo de este segundo trabajo me resulta una decisión acertada en cualquier caso.

Riddance Of The Graves” parece arrimarse a proposiciones mucho más anquilosadas, secas y descarnadas. Nombres como Endstille, Antaeus o incluso Katharsis acuden a mi subconsciente mientras se suceden las escuchas de un penúltimo corte consagrado, en gran medida, a la cara más enfebrecida del trío, apenas rebajada en su perpendicular epílogo.

Y sin descabalgar de esa encarnación velocípeda y cruda, lo cierto es que la final “Path To Devourment” acierta a la hora de entregar un sonido más personal. En parte por los riffs que conforman sus estrofas pero también por los curiosos arreglos, su tan pesado como curioso tronco central y acabando por esa construcción rica por diversa. Un buen cierre.

Mucha diversidad para un álbum que apenas supera la media hora. Aglutinar influencias que van desde el black más descarnado hasta rozar (sin tocar) el más adornado y espacial, no parece empresa fácil. Que a pesar de ello el disco suene cohesivo, dinámico e incluso llamativo creo que habla muy bien del empeño que el trío ha puesto en estos nueve cortes. Que aunque aquí y allá encuentre ideas o trazos con los que no llegue a conectar del todo, en el fondo resultan anecdóticos dentro de un trabajo más que satisfactorio. Que no haya que esperar otros trece años por el tercero.

Texto: David Naves

Reseña: Judas Priest «InvIncible Shield» (Sony Music 2024)

No había necesidad. Quiero decir. Ni serían la primera ni desde luego la última banda que sale a la carretera sin nuevo material bajo el brazo. A muchos les vale con un alguna chufla de recopilatorio, con un directo extraído de los tiempos de gloria, con alguna reedición chafardera… y listo. Pero no. Halford y los suyos, repiten la fórmula del interesante “Firepower” y vuelven seis años más tarde con un álbum que servidor entiende como sucesor natural de aquél. Comparte de hecho los mismos créditos: la dupla Tom Allon y Andy Sneap en producción y Mark Wilkinson en artwork. Cambia eso sí el sello que edita el trabajo, pasando de Columbia a Sony, que puso este “Invincible Shield” en el mercado allá por el ocho de marzo en una auténtica miríada de ediciones en digital, casete, cd, vinilo…

Panic Attack” ataca, valga la redundancia, muchos de los rudimentos sobre los que Judas Priest han construido su medio siglo en el negocio de la música: riffs con nervio, las clásicas voces dobladas de Halford y estribillos sencillos pero con gancho. Lo que me agrada, además de la equilibrada mezcla de Allom y Sneap, es esa pequeña bola extra que el corte entrega como epílogo. Tan enérgica como sugerente en una primera escucha y de lo más satisfactoria siempre que vuelvo a darle al play.

Siguen con “The Serpent And The King” y una idea empieza a rondar mi mente: Richie Faulkner, quien asumo ha grabado todas las guitarras del álbum, está más inspirado que nunca. Al nivel del anterior “Firepower” y, desde luego y por extraño que parezca, por encima de su desempeño con Elegant Weapons. Tiempo tendrá esa otra banda de desarrollar sus propios méritos. Mientras tanto aquí está Ricardo trazando uno de mis riffs favoritos de “Invincible Shield” bajo un Halford agudísimo en estrofas y más controlado en los lacónicos estribillos. Nunca sabe uno cuanto hay de magia en el estudio y cuanto de realidad en esas voces casi imposibles del vocalista de Birmingham pero desde luego recuerda al de sus mejores años, que para ser setenta y tres los que cumplirá en agosto no está pero que nada mal.

La intro que traman entre Faulkner y Travis para el tema título “Invincible Shield” puede ser fácilmente la más llamativa desde “Redeemer Of Souls” juntara a ambos músicos hace ahora diez años. Es un corte en la más pura tradición del sacerdote, con ecos muy palpables del “Painkiller” (esos build-up hacia estribillos) y grandes detalles de Faulkner aquí y allá. Deriva de ella además una cierta épica que me recuerda a uno de los cortes más importantes del anterior álbum (“Traitors Gate”) y la certeza de que estamos ante unos Judas Priest, vejez mediante, en su mejor versión. Da nombre al disco no sin motivos.

En una clave mucho más rota y desgastada, “Devil In Disguise” me recuerda mucho al Ozzy Osbourne en solitario en un modo y formas muy parecidos a aquella “March Of The Damned” del digno pero irregular “Redeemer Of Souls”. Halford entrega unos tonos más amables aquí, con los que parece estar mucho más cómodo y todo carbura para trazar una de las ofertas más vacilonas, también pegadizas, de este decimonoveno trabajo (si mis cuentas son exactas). Sensacional Faulkner en el tramo final.

Pero qué duda cabe que “Gates Of Hell” se asemeja más a los vértices sobre los que ha fluctuado la carrera de esta banda. En particular desde comienzos de los ochenta hasta ahora. Las melodías que adornan su arranque tienen un feeling innegable. Me agrada sobremanera la forma en que han construido estas estrofas y el riff, juguetón y con una base en realidad muy rockera, con Halford en tonos medios que confluirán en otra ración de estribillos directos y pegadizos. Si he de poner un pero, quizá el acelerón final merecía algo más de desarrollo, pienso en aquella bola extra del primer tema del disco, pero supongo que bien está lo que bien acaba.

Crown Of Horns” es, en opinión del abajo firmante, uno de los grandes hallazgos de este flamante nuevo álbum. Y lo es desde una simpleza gramática que no hace otra cosa que magnificar las estupendas líneas de voz que Halford, en su clave más emotiva, ha deslizado aquí. Arrimaba el ascua a su sardina Michael Sweet (Stryper) cuando alababa el hecho de que Rob Halford escribiera “una canción sobre Jesucristo”, pero como ya se encargó de comentar el propio Ian Hill*, ellos están muy por encima de eso. De hecho creo que la letra es lo suficientemente abierta como para que cada quien le otorgue el significado que mejor le convenga. Estupendo solo de Faulkner y un epílogo donde queda el mal sabor de boca de este epílogo en fade out. Temazo en cualquier caso.

* https://www.youtube.com/watch?v=25rOBzo-DPI

As God Is My Witness”, por contra, nos devuelve a Judas Priest en la clave más poderosa que una gente que lleva cincuenta años en esto puede ofrecer. Y aunque hay ecos muy marcados del “Painkiller”, especialmente en estrofas, si hay un corte que me viene siempre al subconsciente es “Hellrider” del notable “Angel Of Retribution” que traía de vuelta a Halford allá por dos mil cinco. El Travis más vibrante de todo el disco no da descanso desde el doble bombo y todo confluye en un tronco central que parece echar aún más gasolina al fuego. La forma en que las líneas de guitarra y voz juegan a encontrarse sumado al duelo solista que irrumpe a continuación, suponen verdadero oxígeno para los fans más irredentos del quinteto. Estupenda.

Trial By Fire” reduce ese mayor nervio, qué ya tenemos una edad, y acomete un metal más a medio gas, en gran medida deudor de los mejores momentos del anterior “Firepower” y con Halford de nuevo en esos tonos medios llenos de color, santo y seña de esta etapa postrera (no quisiera decir final) de su carrera. A lomos de esa lírica oscura, con el narrador regodeándose en sus propios errores, surge un corte desde luego no principal dentro del tracklist pero en cierto modo eficaz.

Y eso que “Escape From Reality” aun hace por amplificar esa vena pesada y arrastrada. Que sin llegar a anteriores devaneos con el doom metal (“Death” del “Nostradamus” sin ir más lejos) descubre a Judas Priest en su clave más agria pesada, construyendo un llamativo equilibrio entre sus estrofas cada vez más alucinadas, pequeños efectos de voz mediante, y lo más nervudo de sus estribillos. Subyacen aquí pequeños guiños que, quiero entender, aluden directamente a la etapa primigenia de la banda pero es solo una pequeña percepción. Siendo como son una banda que se ha preocupado no pocas veces por evolucionar casi a cada disco, sin por ello perder su raíz más heavy en el proceso. Con mucho la más diferente de las once.

Y eso a pesar de que “Sons Of Thunder” llega a lindar casi con el power metal más básico. De hecho en una primera escucha creí estar oyendo estribillos dignos de los suecos Hammerfall. Es una composición cuanto menos peculiar. Y breve, a un par de segundos de los tres minutos, que a buen seguro recompensa a quienes afirman que sus temas se han vuelto demasiados discursivos desde dos mil catorce para acá.

Giants In The Sky”, bonus al margen, cierra el decimonoveno trabajo de los británicos engarzando con esa mayor pesadez que manifiesta el tramo final del álbum. Con ecos del Zakk Wylde más sucio y Halford trazando una línea de voz poco menos que correcta. Si algo me agrada de este cierre es ese tronco central más calmo, guitarra acústica mediante, coronado por la línea de voz más amable de todo el trabajo, y la manera en que la composición se eleva en el tramo final, amén del casi desgarrado grito con el que el veterano vocalista echa el cierre. Auténticos pelos de punta cada vez.

En septiembre del presente año se cumple medio siglo de la edición de “Rocka Rolla” y parece mentira que tengamos a Judas Priest aún a este nivel. Enraizando con lo mejor de su obra inmediatamente anterior, guiñando a buenos y viejos amigos en el proceso y entregando un disco por momentos casi definitorio de toda una carrera. Presumiblemente el último, aunque con Rob y compañía uno nunca sabe. Llevan ahí desde antes de que servidor viniera a este mundo y, por momentos, da la sensación de que nos van sobrevivir a todos. Como es evidente, no será el caso. Disfrutemos de ellos pues mientras se pueda.

Texto: David Naves

Reseña: Zarpa «999» (Demons Records 2023)

Si el metal es para quien lo trabaja, desde luego que a los clásicos valencianos Zarpa les corresponde una importante porción del pastel. Formados allá por finales de los setenta en Mislata, la suya ha sido una trayectoria algo a la sombra de los grandes nombres que surgirían en la siguiente década pero siempre fiel a las férreas convicciones del rock duro. Ya con el guitarra y voz Vicente Feijóo como único miembro superviviente de la formación original, completan el line up a día de escribirse estas líneas el bajista Vicente Romero, el batería Miquel Alejandro y el guitarra Marcos Sáez.

El álbum fue grabado a caballo entre los propios estudios de Feijóo y los Fireworks de Masanassa, en Valencia, con Fernado Asénsi y Quique Mompó como técnicos de sonido. Fernando Asénsi correría posteriormente con las obligadas tareas de mezcla y masterización de una decena de temas que han visto la luz, vía Demons Records, adornados por el arte de David Marqués. En la calle desde noviembre del pasado 2023.

Sea algo buscado o no, lo cierto es que “Dioses Del Metal” llama la atención con su sonido deliberadamente sucio y desgastado. Sobre él Zarpa dibujan un heavy metal de la vieja escuela que pronto toma posiciones en torno a una escritura firmemente anclada en una onda muy Judas Priest. El propio aspecto lírico de este primer corte arrambla con un espíritu orgullosamente estatal, que recuerda a lo más granado del rock duro español de los ochenta. Feijóo declama potente mientras plantea una serie de riffs que, ya digo, evidencian una fuerte querencia por la banda de Tipton y Downing. Quizá el solo de guitarra parta peras con el legado de la banda británica. Gustos individuales al margen, tiene mérito parir temas como este tras más de cuarenta años en la carretera. Por más que a ratos me chirríe la letra o se le vean las costuras en cuanto a escritura.

El tema título “999”, entrega curiosamente más rácana de las diez en lo que a duración se refiere, renueva el ideario a fuerza de entregar unas estrofas de marcado aire marcial. Incluso diría que Feijóo se encuentra mucho más cómodo sobre ellas, disponiendo aquí de su registro más rugoso y a la vez aquilatado. Sí, su escaso recorrido temporal redunda en una escritura un tanto predecible a ratos, coronada sin embargo por un solo de guitarra más que notable, protagonista final de este algo desigual segundo corte.

El Ogro” se eleva frente al par de entregas previas a base de inundarse de una atmósfera más recargada, donde cobra especial protagonismo un aspecto ornamental, nunca abusivo, que acompaña al estupendo riff que Feijóo y Sáez han dibujado para este tercer tema. Orgulloso de su raíz clásica, empastado con gusto entre las diferentes estrofas y engrandecido por la mayor presencia del bajo de Romero. Presencia, por cierto, que echo en falta en otros momentos del álbum. Por contra, y siento si soy pesado con esto, otro solo que bien merecía una porción mayor de espacio.

Ese que dibujan durante el prólogo de “A Un Millón De Años” puede ser fácilmente mi riff favorito de todo “999”. Tras él Zarpa dibujan un corte que, sin salirse de las férreas correas que sujetan al tracklist, ofrece una cara más oscura. En ella Feijóo, sesenta y cinco años le contemplan, vuelve a mostrarse ágil. Certero incluso. Sorprende además el estribillo por el que opta aquí. Resulta luminoso al punto de dar la impresión de ser el contrapunto de las diferentes estrofas, que no el acento de estas. Una dualidad sobre la que se construye un corte llamativo, eficaz, agradable.

No sería un disco de Zarpa sin algo como “El Heavy Es Mi Destino”. Corte de pura reafirmación rockera, tantas veces visto y oído dentro del género, pero que a la luz de los acontecimientos, tanto con esta banda como con otras, tanto tirón sigue teniendo dentro de la parroquia. En lo musical funciona mientras traza buenos cambios de ritmo, un nivel técnico más que apreciable, solo de guitarra a la cabeza, y esa sensación de que les dará buenos réditos sobre las tablas.

Pero, qué duda cabe, conecto en mayor medida con algo como “Reinos De Miseria”. En una onda esta vez más cercana al Dio más elegante, valga la redundancia, se aprecia aquí al Feijóo más diverso de todo “999”, elevándose desde esos tonos bajos del comienzo hasta los gorgoritos más altos con toneladas de actitud y también de clase. Medio tiempo de regusto clásico, adornado con gusto y donde se hace fuerte, más que nunca, la buena producción de la que disfruta el álbum, que gana en brillantez sin tampoco abandonar aquella mayor rugosidad que ofreciera “Dioses Del Metal”.

Y si “Reinos De Miseria” destilaba elegancia o “El Heavy Es Mi Destino” era puro heavy metal, “En Pie De Guerra” ofrece ahora a los Zarpa más gruesos y arrastrados. Su riff, por sencillo, tiene un gancho de mil demonios. Y mientras sus voces, que diría pertenecen al bajista Vicente Romero, pueden ser fácilmente las más graves de todo el álbum, no deja de sorprenderme ese solo de puro heavy metal que la banda dispone en su tercio final. Coros poderosos y otra de las entregas más reconocibles y distinguibles del tracklist.

Exterminador” retoma orgullosa el libro de estilo de Judas Priest en general y “Rapid Fire” en particular, lo combina con un estribillo chulesco y lo remata con un aspecto lírico que, diferencia idiomática al margen, sin problemas habría podido firmar el mismísimo Rob Halford. Disfrutona si logras deshacerte de sus más que obvias influencias. Puro heavy metal.

La producción de “999” se anotará otro tanto gracias a “Fieras En La Noche”. No es un corte que me enamore pero aprecio su sonido distinguido del resto de cortes, la forma más apaciguada en que Feijóo afronta según qué estrofas e incluso la cierta extrañeza que habrá de preceder al solo de guitarra. Su corto desarrollo, ni tres minutos y medio, no ayuda en absoluto y hay ideas aquí dentro que bien merecían algo más espacio y presencia.

Engaña la final “Fuego Solar” con el deje sci-fi que porta en su prólogo, pues termina por reconducir hacia un heavy metal sencillo y directo, apoyado sobre el firme doble bombo de Miquel Alejandro y confeccionado sin dar media puntada fuera de los límites del género. A ratos desangelada, su estribillo no resulta ni mucho menos el más lúcido de este tracklist. Un cierre con el que me cuesta horrores conectar.

No seré tan necio de decir que el álbum se desinfla en su tramo final, pero qué duda cabe que los temas que más captan mi atención dentro de “999” se sitúan en la que vendría a ser la cara A del hipotético vinilo. Zarpa, cuarenta y cinco años les contemplan, no están para experimentos. Y sin embargo ahí están el buen riff de “A Un Millón De Años” o la cuidada cadencia de “Reinos De Miseria”. “Exterminador” encandilará a sus fans de toda la vida y “En Pie De Guerra” dará argumentos a quienes piensen que esta banda aún tiene cosas por contar. Cuídate del zarpazo.

Texto: David Naves

Reseña: Testaferros (Autoproducción 2023)

Debut en formato Ep para el dúo asturiano Testaferros. O lo que es lo mismo: Kiki Dee en baterías y percusión y Pablo Jonte en bajo y guitarras. Seis temas compuestos, grabados y producidos por el propio Jonte para un digipack maquetado por Dee y al que adornan las fotos de Ricardo Moreno.

Round 1” y por obvio que pueda sonar, avanza a golpes tras un atropellado prólogo y mantiene viva la llama del rock instrumental más ardiente. La guitarra de Jonte nada en efectos y los cambios de ritmo, se tergiversan hasta entregar la cara más enrevesada del dúo. No hay solo pero sí riffs crujientes en su parte final, con todas las líneas colisionando en una suerte de maremágnum extrañamente bailable.

Round 2” en cambio exuda la vena más punk de nuestros particulares Testaferros. Me gusta el avanzar de la batería de Dee aquí, así como el sonido inconfundible y pegadizo de esa caja. Fugaz amalgama de rock adrenalítico y voraz, encuadernado entre riffs con un gancho de mil demonios y rematado por el nervio más marcado del epílogo. Son cortes breves, si pestañeas te los pierdes que diría Gonzalo Serrano, pero de una eficacia más que probada.

Round 3”, oferta más breve de todo el Ep, trasluce ahora la cara más indie del dúo. A la vez puede que también la más ruidosa. Riffs con aroma clásico, retorcidos en cierta rima con aquellos del tema que inauguraba el Ep y adornados por las percusiones de Dee a modo de arreglos. No puedo decir que me desagrada pero sí que siento que bien merecía algo más de espacio y recorrido, en particular ese pequeño viaje de aire más alucinado que irrumpe en su tronco central.

Si hablamos de ruido, puede ser “The Ring Girls” la que más hace por destapar la cara más estruendosa del dúo. La forma en que esta se contrapone a pequeños insertos de cariz puramente electrónico primero y el modo en que ésta se adueña de la composición después constituye otro de los momentos más llamativos del Ep. Que consigue volver a su encarnación más furibunda, por rockera, en un no poco agrio epílogo. Estupenda.

Y hablando de electrónica, la que se adueña del prólogo de “The After Party”. Toda vez irrumpe la guitarra de Jonte, abundan por aquí sonidos que me recuerdan a los Muse más experimentales. Y, en cierto modo, puede ser este el corte más diferente, también atrevido, de todo el Ep. De nuevo el dúo juega a la pura colisión entre géneros, tirando incluso de baterías programadas y entregándose a la fusión más descarada sin cortapisas de ningún tipo. Atrevida, electrónica, refrescante.

Final Round” cierra el Ep devolviendo al dúo a entornos mucho más clásicos por rockeros. Jonte entrega riffs que parecen escapados de algún viejo álbum de los años setenta y la composición, si bien parece avanzar a tirones, termina por funcionar toda vez supera su tronco central y encarrila esa visión más enérgica y tozuda.

Ni quince minutos abarca la primera oferta discográfica de Testaferros. Por ahí que quede tan poco espacio de cara al aburrimiento, sí, pero también porque la amplia paleta sonora impresa en estos seis temas termina por mantener siempre en lo alto el interés del oyente. Y aunque hay ideas que, pienso, bien merecían algo más de espacio, en general se trata de una colección de pequeños pildorazos que disfruto en gran medida.

Texto: David Naves

Reseña: Elizabeltz «Alabaren» (On Fire Records 2024)

Sorprendieron a propios y extraños a su paso por el Kuivi PopUp allá por el verano de 2022 (crónica) y vuelven ahora con nuevo trabajo bajo el brazo. Vienen del País Vasco, se hacen llamar Elizabeltz y en su seno encontramos a “Anarkangela y los señores de la plaga roja”. Ekaitz Garmendia se encargó de grabar este “Alabaren” en los Blackstormstudios, que contó con Jon Fonda para el apartado fotográfico y ha visto la luz vía On Fire Records.

Levitico 15” emerge desde las profundidades cual criatura abisal mientras recubre su enrevesada estructura de una potente carga sinfónica y atmosférica. Hay riffs muy simples aquí, colisionando con secciones más retorcidas y casi dementes. La peculiaridad que les otorga el cantar en euskera, la colisión entre géneros de la que hacen gala y una serie casi inacabable de influencias se dan cita en un primer corte que he aprendido a apreciar sólo con el correr de las distintas escuchas. Los más clásicos apreciarán la mayor elegancia que dibujan en su tronco central, así como el cuidado solo que lo remata. Un arranque que ya deja pistas de la propia y peculiar idiosincrasia del álbum.

Ghost aparecen citados de manera explícita en el kit de prensa que nos ha hecho llegar la buena gente de On Fire Records y ciertamente “Amaon” carga con influencias fácilmente asimilables a discos como “Opus Eponymous” o “Infestissumam”. Hay una cierta oscuridad, compensada no obstante por una escritura más directa, huérfana de aquél mayor retorcimiento del que hiciera gala el tema apertura, hábil a la hora de descubrir el lado más clásico de Elizabeltz. Blue Öyster Cult podría ser una rima recurrente en ciertos momentos. También Coven, toda vez el corte transita hacia una mayor intensidad en su tronco central. Estupendo el solo que colocan aquí y la forma en que termina imbuido del propio espíritu de la composición y sale, finalmente, victorioso ante la adversidad. Menor riesgo, mayor solidez. Un temazo si me preguntan.

Me gusta “Mantra Berri” con ese avanzar casi marcial que propone y los ágiles dibujos melódicos de su prólogo. Elizabeltz discurren después hacia un metal más nervudo, coronado por alguna de las voces más graves de todo “Alabaren”. Surge ahí un interesante contrapunto con unos estribillos más ligeros, aunque igualmente dramáticos. Pegadizos, no os extrañe que os asalten al subconsciente a lo largo del día. A servidor le ha pasado. En su segunda mitad, Elizabeltz acometen un rock más alucinado, no quisiera decir que rozan la psicodelia, pero que desde luego descubre su cara más lisérgica:

Por eso quizá que sorprenda tanto algo como “Gabriel Ala Deabru”, con la banda derivando sin complejo alguno hacia el hard rock más acomodaticio. Al menos en lo que a su prólogo se refiere. Tras ese arranque que, sin ir más lejos, podría haber firmado un joven y lozano Bon Jovi, surge otro corte marca de la casa: tozudamente diverso, que vuelve a recordar en cierto modo a la banda de Tobias Forge y que guarda en su seno no pocos destellos de calidad. El principal, al menos en lo que a servidor respecta, es el gran trabajo llevado a cabo en lo que a voces se refiere. Tanto en las líneas principales, duales y a la vez solidarias, como en los coros que las acompañan.

Kurtzio Udazkenean” quiebra ahora hacia tesituras más arcanas y misteriosas. Monacales incluso. Baste oír las llamativas estrofas y la levedad en que se apoyan. La mayor tensión de su tronco central, así como el alucinado arreglo de viento, siempre traen a King Crimson a mi subconsciente. Es un corte que se atreve a romper con la tónica del álbum. Si es que en “Alabaren” cabe cosa tal. La manera en que vuelve aquella primera línea de voz, apoyada ahora por tenues líneas de guitarra eléctrica, es magnífica. Un corte alejado de casi cualquier cosa que tenga que ver con el heavy metal pero que confirma a Elizabeltz como un ente despreocupado ante las barreras del género. Diferente, enfadará a unos en la misma medida en que fascine a otros tantos.

Así las cosas, “Zin” nos devuelve a la banda en su encarnación más vibrante y directa. Es el corte más rácano del tracklist, poco más de tres minutos y medio. Un híbrido entre ciertos ambientes que bien podrían recordar a Urge Overkill y el nervio proto-metálico de unos Blue Cheer. Construida, quiero pensar, con el directo en mente, deja entrever una estructura más clásica y acomodada, rota únicamente por lo alucinado, y nuevamente lisérgico, de su tronco central. El solo que disponen en el epílogo, resulta tan sorprendente y llamativo como otros tantos dentro del tracklist.

Algo más contemporánea resulta “Ergastula”, que aún sin abandonar el fuerte influjo clásico que rodea al disco, ofrece ahora un metal nervudo aunque igualmente dramático, donde oigo ecos que me recuerdan a los rockeros de Bergen Major Parkinson. Sin embargo resulta una composición más fácilmente digerible por audiencias como puedan ser la de esta misma página. Hay riffs e incluso estrofas que me recuerdan a los Borknagar más recientes. Pero si por algo destaca esta penúltima entrega es por la ardua labor en cuanto a solos y melodías de guitarra se refiere. Omnipresentes, dotan de un aura extraña tanto a estrofas como a estribillos. Una coctelera donde la banda exuda personalidad, por contradictorio que esto pueda parecer. Incluso cuando el corte supera su tronco central y acometen un mayor dramatismo, personificado en la prominente carga atmosférica, Elizabeltz siguen sonando orgullosos y personales.

Hellend” pega el último giro de timón de “Alabaren” apostando por un prólogo cristalino y tranquilo, en cierta aunque lejana rima con unos Ulver del “Shadows Of The Sun”, para después moverse por unos territorios tenues y misteriosos, en cierto modo solidarios aunque nunca iguales a los que ya dibujaran en la anterior “Kurtzio Udazkenean”. Se produce no obstante aquí un último volantazo. Un último truco, al convertir la curiosa calma inicial en un hard rock acompasado, bellamente arreglado, que vuelve a apostar por un sonido clásico mientras las guitarras dibujan una melodía redonda por pegadiza. La buena dupla vocal del puente pero, sobre todo, la mayor grandiosidad que ofrece el epílogo, termina por rematar un desbordante broche final.

Un álbum muy agradecido de reseñar. Por la diversidad de sus composiciones pero sobre todo por su deslenguada variedad, los muchos nombres que irrumpen como influencia más o menos directa y también el buen sonido que entrega la producción de Ekaitz Garmendia. Justo cuando teníamos a Elizabeltz por una banda de directo, los vascos se destapan con un disco sugerente, ambicioso incluso, que pasa en un suspiro y presenta las huestes de Anarkangela rebosantes de atrevimiento y buenas ideas. Bienvenidos sean.

Texto: David Naves