Reseña: Host «The Quake» (Autoproducción 2024)

Primer largo para los ferrolanos Host, a quienes conocimos como invitados de los locales Mortal Coil en la Sala Gong allá por el pasado mes de marzo. Ellos son la base rítmica de Iago (bajo) y Dani (batería), las guitarras de Borja y Brais y la voz de Adri (Madlame). Este “The Quake” que hoy nos traen vino al mundo en los estudios Tercera Planta con Manuel Ramil corriendo con las debidas tareas de grabación, mezcla y master. Un álbum adornado por el arte de Mario Manei (Sr Lence) y dedicado a la memoria de Moisés, miembro fundador de la banda.

Messiah” es una pequeña introducción de paso tranquilo y armazón clásico. Orgánica, sin excesos, conduce hasta la que fuera carta de presentación del debut, esta “Burning Me” donde los ferrolanos ya dejan traslucir el fuerte impulso groovie que domina buena parte de sus composiciones. Lo mejor, que al igual que la introducción, Host suenan profundamente orgánicos. Que la voz de Madlame muestra unos dejes próximos al grunge que dotan de una mayor personalidad a sus composiciones. Y finalmente que, especialmente en esta parte inicial del tracklist, optan por desarrollos sencillos y un tanto escuetos. Por ahí quedan buenos cambios de ritmo y unas hechuras, da la impresión, muy meditadas. El solo del epílogo bien podría haber tenido algo más de desarrollo. No es que me desagrade, al contrario, pero siento que merecía algo más de espacio. Una buena dupla inicial en cualquier caso.

Hablando precisamente de brevedad, “Die, Or Else” es la oferta más rácana de todo el debut y deriva de ella un marcado aroma punk, que alcanza desde el riff mismo que abraza las estrofas hasta la voz filtrada de Madlame. Fugaz, dura poco más que un pestañeo, y llamativa por el aire más atmosférico que adquiere desde su ecuador hasta el epílogo. Curiosa cuanto menos.

Atelophobia” parece retornar a donde lo dejara la anterior “Burning Me”. Al menos en parte. Porque aún sin abandonar la raíz puramente thrash del quinteto, lo cierto es que deriva de ella un fuerte aroma grunge. Particularmente en estrofas, pues se diluye en unos estribillos que bordean, sin tocar, el metalcore melódico más al uso. Surge ahí un corte atractivo en su colisión entre géneros, acompañado además de alguno de los solos más cuidados y también eficaces de todo el largo. Plantea pocas o ninguna sorpresa en lo tocante a composición. Todo parece estar donde de acuerdo con el libro de estilo, lo que no quita para que me resulte una de las propuestas más redondas de este “The Quake”.

Puro gancho el que transmite el riff de “The Lady Of Chaos”, de esos que consiguen que tu cuello adquiera vida propia cada vez que entra como apoyo de las primeras estrofas. Host no abusan de él, estamos ante otro corte fugaz (ni tres minutos), donde la banda plantea una amalgama de cambios de ritmo que no hacen sino aglutinar muchas de las influencias que manejan. Si a veces menos es más, esta mujer del caos podría ser el perfecto ejemplo. De nuevo, la forma en que conjugan ese riff tan groovie con su lado más pesado es fresca. Dinámica incluso. Breve pero de lo más eficaz.

Bullet In The Void” amplía esa senda del metal más pesado que anunciaba su predecesora. Ojo a las melodías que Borja y Brais implementan bajo las estrofas más grunge de todo el redondo. Host parecen echar el resto aquí. Apoyados en una cuidada línea de batería, fenomenal ahora Dani, caminan al tronco central adquiriendo una mayor gravedad. De forma natural, de nuevo sin artificios, pero arrastrando tras de sí una cierta suciedad en las guitarras que le sienta como un guante a la composición. La producción de Manuel Ramil sabe de la particular idiosincrasia de sus paisanos y emerge aquí con especial acierto.

El rotundo bajo de Iago introduce uno de los cortes más oscuros y violentos de todo el largo, este “To Your Worship’s Liking” con Adri doblándose en unas voces agrias y malencaradas, viscerales y enfebrecidas. Host no ofrecen mayores giros de guión aquí pero sí una ración solista primero desbocada y después más cerebral. Pequeño pildorazo de metal cenizo y cabrón.

Encarando ya la parte final del álbum, “Intention” viene un poco a aunar la cara más groove del quinteto con la más grunge. De resultas de ello surge un corte equilibrado, apoyado en otro de esos riffs machacones pero con gancho. Pétreos y a la vez ágiles. La mezcla resta algo de protagonismo a ciertas líneas solistas de guitarra para amplificar la pegada de la base rítmica de Iago y Dani. De manera más que evidente en el tramo final que conduce al epílogo. Sin desagradar, lo cierto es que es uno de los cortes que me han pasado más desapercibidos con el correr de las escuchas.

Quizá es que la cabra tira al monte y acepta de mejor grado algo como “Panties To The Third Floor” y esa mayor vitalidad que parece desprender. Son unos Host en una clave más febril, que recuerda al thrash más pesado de los States, aquél de según qué momentos de bandas como Exhorder o incluso aquellos Fight de Rob Halford y el Steel Panther (las vueltas que da la vida) Russ Parrish. Si algo destaca aquí, además de la acertada mezcla de Ramil, es ese largo epílogo de inicio más tendido y tranquilo, dominado a continuación por otra gran labor de Brais y Borja, que se fundirán con la voz de Madlame para otro de mis momentos favoritos de este “The Quake”.

Tras pasar por su curioso y alucinado prólogo, “Dégoût De Soi” nos devuelve a Host en su versión más plomiza y fangosa. Un verdadero patio de recreo para ambos guitarristas, que plantean ahora unos riffs pétreos, casi monocordes, para otra composición de avanzar agónico y atormentado. Me agrada la manera en que el tronco central, adquiere un poso más melódico. Apenas un guiño antes de que la banda redirija hacia una mayor gravedad, entregando a unos Host, voces mediante, realmente oscos y negruzcos,

A puro Megadeth de sus temas más tranquilos, el prólogo de “Mistfield” ciertamente arrastra un deje muy marcado al viejo cascarrabias de Dave Mustaine. Instrumental tejida a mayor gloria de su dupla guitarrera, Brais y Borja sacan adelante un corte que parece reverenciar a lo mejor del thrash norteamericano de los ochenta. Porque algún eco a los Metallica de “The Call Of Ktulu” también parece asomar la patita por ahí. Rompe la tónica del álbum pero he de decir que, aún con sus parecidos / homenajes no me desagrada en absoluto.

Iron Current”, a la sazón entrega más extensa del largo, finiquita “The Quake” desde un arranque de pura balada con dejes a los temas más tranquilos de Machine Head. Adri entrega una línea vocal que roza lo desesperanzado. Me atrevería incluso a decir que no parece del todo cómodo, pero como la banda transita después hasta terrenos más asimilables al resto del tracklist, todo fragua cara a despedir el álbum con la banda entregando su mejor cara. En una clave melancólica y triste pero en cierto modo funcional.

The Quake” amalgama una buena ración de influencias y construye a través de ellas un cancionero que resuena en cierto modo como propio. Que me atrae más por la forma en que conjuga su propia diversidad y no tanto por la construcción de los temas, que viene a ofrecer no demasiadas sorpresas. Los fans del thrash más machacón y sureño, aquellos que disfruten de bandas como los asturianos Soldier o propuestas emergentes como puedan ser Evil Impulse, bien harían en dejarse caer por este debut.

Texto: David Naves

Reseña: Striker «Ultrapower» (Record Breaking Records 2024)

Es el séptimo trabajo ya para las huestes canadienses de Striker y todo parece ir sobre ruedas para ellos. Un actual estatus de culto bien merecido y ganado, buenos discos en el zurrón y la constancia y las tablas que otorgan el encadenar un tour mundial tras otro. El de su anterior álbum “Play To Win” les trajo por tierras asturianas (crónica) y las sensaciones no pudieron ser mejores. Vuelven pues los de Edmonton con nuevo trabajo bajo el zurrón, este “Ultrapower” donde encontramos a Timothy Brown y John Simon Fallon (guitarras), Pete Klassen (bajo) y Dan Cleary (voces), amén de las colaboraciones de Jono Webster (baterías) y Randy Villars (saxo). Once cortes producidos, mezclados y masterizados por Josh Schroeder (Battlecross, Mental Cruelty, Tourniquet, Lorna Shore, Ghost Bath…) y adornados por el arte de Ramone Sketch. En la calle desde comienzos de febrero vía Record Breaking Records.

Circle Of Evil” o cómo empezar un álbum de añejo heavy metal. Tampoco nos engañemos. Que la banda haya buscado precisamente a un productor de bandas tan al hilo de los sonidos más contemporáneos como es Josh Schroeder resulta cuanto menos llamativo. Es en esa colisión entre lo moderno de la producción y lo clásico de sus pretensiones donde la banda parece hacerse grande. “Circle Of Evil” inaugura así el álbum cargando con un embalaje sinfónico que, quizá a priori, no imaginarías para Striker. Corte con sobrado gancho, en la mejor tradición de ese metal hecho ahora que no pierde su conexión con el pasado y donde los murcianos Hitten podrían ser su mejor espejo dentro de nuestro territorio. Estupenda ración solista y un epílogo a ratos algo sobreproducido pero que me agrada por el cariz casi caótico del que echa mano. Lo dicho, un gran arranque.

Best Of The Best Of The Best” concentra y aquilata la misma propuesta. Pero lo hace echando mano de una de las producciones más predominantes de todo el tracklist, una ristra de riffs pegajosos como moco de párvulo y unos coros poderosos e igualmente predominantes. Al corte le puede pesar cierta autoconsciencia, resultando finalmente algo demasiado pensada y medida. Pero Cleary está tan adictivo como siempre. Y aunque su escasa duración reste no poco empaque, malo será que este estribillo no se pegue a tu subconsciente durante días.

Give It All”, donde viene a resultar casi fundamental la labor de Randy Villars al saxo, desde luego aporta otro cariz diferente al tracklist. La banda sigue, igual que siempre, sin tomarse demasiado en serio a sí misma. Algo que dejan traslucir los distintos videoclips que han acompañado a “Ultrapower”. Pero entretanto son capaces de trazar andanadas de heavy metal del de toda la vida con una frescura, un gancho y una factura como para catapultarles al trono de eso que han dado en llamar New Wave of Traditional Heavy Metal. Uno de esos cortes que ha ido ganando más y más con cada una de las distintas escuchas del álbum.

Aires western para el arranque de una “Blood Magic” que viene a dar un paso más allá en lo que a escritura se refiere, convirtiéndose en una batidora donde caben desde los Striker más rayanos con el speed hasta los más pesados. Percute con saña el doble bombo Jono Webster a través de unas estrofas llenas de nervio e intensidad, que vendrán a desembocar en unos estribillos marca de la casa. Hay ciertos detalles en cuanto a producción que me chirrían aquí, particularmente en lo tocante a voces y de tanto en cuanto serán irreproducibles en directo. Pero llegada la hora de exhibir un mayor músculo técnico, Striker se despachan con una vigorosa y rotunda sección solista. Entiendo que tampoco se trata de seguir sonando como lo hacían Mercyful Fate, Iron Maiden o Raven a comienzos de los ochenta, pero no puedo evitar pensar que a veces Schroeder busca un protagonismo mayor que la mezcla que tiene entre manos y por ahí hay cosas que, perdón por insistir, me chirrían. Será un cañón en directo de todas formas.

Y es que al fin y al cabo “Sucks To Suck”. Aquí los canadienses vuelven a la senda del hard heavy que tanto y tan bien practican. Y no obstante se las arreglan para trazar unas llamativas estrofas, seguidas eso sí de otro de esos estribillos a coro tan habituales. Tan irresistibles. La sección solista, tan hábilmente trazada como oportunamente apoyada, ese crescendo casi perfecto, redondea una de las ofertas más fáciles, digeribles y la vez sólidas y redondas de este séptimo álbum.

Claro que si hablamos de riffs con gancho, puede ser el de “Ready For Anything” mi favorito de todos cuantos se han dado cita a lo largo de este tracklist. Unos Striker ahora más juguetones a la hora de plantear las estrofas, hábiles a la hora de plantear un cuidado y conciso crescendo, tan eminentemente clásico como bien resuelto, con el bueno de Jono Webster dejando aquí y allá destellos de gran batería. Las guitarras dobladas del solo y la forma en que el tono se atempera antes de la eclosión final destilan buen gusto. No menos clásico es el pequeño up tempo del epílogo. Y siendo un corte que me agrada en gran medida, sí que siento a ratos que las ideas que atesora bien merecían algo más de esos poco menos de cuatro minutos que marca en el reloj.

City Calling”, junto con la anterior “Give It All”, pasan por ser los temas más perpendiculares al espíritu del disco. No es que Striker pisen aquí otro terreno que no sea el del heavy metal de siempre. Pero desde luego hay detalles de producció, especialmente en lo tocante a tratamiento de voces, que lo desligan del tronco común de “Ultrapower”. De resultas que, a ratos, me lleva a pensar en una banda a día de hoy tan en boga como pueden ser los suecos H.E.A.T. Escucha la línea de voz de Cleary en estribillos, los coros que la acompañan y atrévete a decir que no.

Casi maquinal el riff que alimenta buena parte de “Turn The Lights Out”. Los de Edmonton destapan aquí no obstante su vertiente más nervuda. Heavy metal de marcado doble bombo, tan predecible por trazo como hábil en las distintas ejecuciones que lo acompañan. Cierto que el patrón bombo caja que dibuja la batería durante estrofas no podría resultar más elemental. Cierto de la misma manera que por aquí se citan algunos de los solos más lúcidos e interesantes de todo el trabajo. No siento que alcance la mayor extrañeza de cortes como “Give It All” o “City Calling” pero desde luego la senda resulta algo más personal aquí.

Así las cosas, “Thunderdome” les regresa a terrenos más asimilables para ellos, al tiempo que exhibe unas mayores dosis de chulería y descaro. Notable la mayor presencia de la base rítmica durante la mayor desnudez de las estrofas y muy clásica, ahora sí, una producción que parece entender mejor que nunca el tipo de material que tiene entre manos. Y mientras Cleary sigue a la suya, creando inconfundibles líneas de voz y coros ampulosos y grandilocuentes, todo cuadra finalmente para crear un corte en la más pura tradición del género sin perder por ello ni un ápice de frescura. El solo que anticipa el epílogo, con la cantidad justa de reverb, es magnífico. “Two Men Enter, One Man Leaves”. Estupenda.

En “Live To Fight Another Day” la banda abraza uno dejes mucho más hard rockeros, por momentos casi A.O.R., que harán por ampliar el, por otro lado, escueto rango de influencias que maneja este “Ultrapower”. Detalles formales convierten a esta penúltima entrega en la más ochentera de las once. Baste con escuchar el sonido que despliega la batería aquí. Por lo demás un corte hábil, que cambia en cierta medida el hábitat en el que se acomoda la propuesta de Striker y sale finalmente airoso en una prueba, una más, del gran momento que atraviesan.

Brawl At The Pub”, que nos devuelve a la banda en su encarnación más muscular, puede no ofrecer grandes novedades a estas alturas de la historia. Pero funciona como digo a la hora de destapar a unos Striker más nervudos. Encolerizados incluso. ¿Aquello tan viejo de cerrar con un corte largo y melancólico? Este es su negativo. Fallon y Brown están a su aire aquí. Tanto en la mayor oscuridad del riff (¿Savatage quizá?) como a la hora de adornar cada rincón con solos y melodías repletas de clase y buen gusto. Un gran final si me preguntan.

Estaban en gran forma cuando les vimos allá por 2022 y “Ultrapower” no viene más que a refrendar aquello que vimos sobre las tablas del Gong Galaxy Club. Es cierto que a lo largo y ancho del álbum hay detalles de producción que me resultan algo ajenos. Por otro lado, el heavy metal tendrá que evolucionar de alguna manera. No queda otra. Pero sea como fuere el disco va sobrado de buenas ideas y mejores canciones. Gancho a raudales, rango y diversidad suficientes como para que la escucha pase en un suspiro (bien es cierto que no es trabajo largo) y un Cleary de nuevo excepcional a la hora de tramar grandes líneas de voz, que las hay casi a cada rato. Muy pocas dobleces en definitiva y una banda que mira al frente con orgullo. No es para menos.

Texto: David Naves

Reseña: Free City «Ingravidez» (DDB Music 2024)

Ahora que cumplen sus primeros diez años como banda, nos llega “Ingravidez”, sexto trabajo de los pujantes vallisoletanos Free City. Un álbum grabado en el Gaztein Estudioak de Zestoa, con el guitarra de Ezpalak Eñaut Gaztañaga a los mandos y que promete entregar su tracklist más heterogéneo hasta la fecha. Ellos son Miles Blossom “Maus” en baterías, Alex Fajardo en guitarras, Pablo Marinas “Peib” en voces y guitarra acústica, Sam Blossom en bajo y voces y Álex Bocos “Cagu” a la guitarra. Adorna su portada la foto de Ibai Acevedo.

Me gusta el arranque tranquilo, también elegante, que propicia la introducción “Caballo Salvaje”. El aroma a western que desprende, también cómo anuncia la estupenda producción de la que goza el álbum. Conduce hacia una “Puntos De Sutura” donde todos los cilindros parecen estar en funcionamiento. La banda en su encarnación más vivaracha para conjugar un doble ataque inicial que debería hacer las delicias de los suyos. Mandan las buenas melodías, especialmente en estrofas, así como un inteligente tratamiento de las voces que habrán de confluir en el ágil estribillo. Como digo estupenda dupla inicial.

Hermano” añade algo más de picante a la mezcla a través de una encarnación más cercana al hardcore. De nuevo ágil a la hora de construir (y enfrentar) líneas de voz, sin descabalgar nunca del tronco común del álbum. Tremendo juego el que dan los coros aquí, cuesta poco y menos intuir que será una fija en próximos setlists. Pero me gustan también esas estrofas más desnudas que se suceden y cómo la banda construye, en ni tan siquiera dos minutos y medio, uno de los cortes más literalmente memorables de todo el redondo. Más que digno solo final, por cierto.

Pero es “Burbuja Dorada” la que viene un poco a dar la medida del actual estado de forma de los chicos. Free City redirigen ahora hacia un rock apaciguado en donde resuenan ecos urbanos, muy cuidado en cuanto a construcción, esos hábiles crescendos camino de estribillos, y donde la producción de este “Ingravidez” brilla más que nunca. La banda se hace fuerte en temas vivarachos como los previos pero también aquí. El solo que encamina hacia el epílogo puede ser fácilmente mi favorito de todo el trabajo. Por ponerle algún pero, el deje más atmosférico que surge en apenas un guiño durante esa parte final bien merecía algo más de espacio y desarrollo. Con eso y con todo una de mis favoritas de entre las doce.

Tus Armas”, que amenaza con profundizar en esos Free City más relajados, reconduce sin embargo hacia las altas vibraciones de comienzos del álbum. Y vuelve a sobresalir en base a la buena producción de la que goza el disco. La manera en que distingue cada línea en total equilibrio. El punch nada impostado o artificial que le otorga a estos estribillos. Incluso el cuidado con el que trata a la cara más melódica del combo vallisoletano. El cierre, tremendamente hábil, devanea entre el pop y el post-rock para, finalmente, desembocar en un último tramo descosido y “libre”. De entre los temas rápidos de este nuevo álbum el que más peso ha ido ganando con el correr de las escuchas.

Odio El Mundo” sorprende con su indisimulado acercamiento al grunge. También por cómo, a pesar del grave viraje en su rumbo, es capaz de mantener un nexo común con el resto de composiciones aquí presentes. Abiertamente desesperanzada, triste incluso, la banda construye aquí con algo más de clasicismo. Lo que no quita para que por el camino queden buenos detalles. Como ese hábil build-up hacia el interesante solo final. Una de las ofertas con mayor personalidad de todo el largo.

Intro al margen, “Mil Historias” es uno de los cortes más fugaces de todo el álbum. Free City de nuevo en su versión más vivaracha pero uno de los temas con los que más me ha costado conectar de todo el tracklist. Lo que no quita para que encuentre buenos detalles: ciertas rimas dentro de la letra, algún que otro riff de un mayor peso específico, el buen solo de su tronco central o la hábil línea de batería. Pero, al menos a día de juntar estas líneas, cosas como “Puntos De Sutura” o “Tus Armas” han arraigado en mayor medida dentro de mi cabeza.

A pachas con la gente de Ezpalak, “Laberinto” entrega la cara más metálica de los pucelanos, especialmente en unas estrofas que contienen alguna de las guitarras más graves de todo el álbum. El riff que acomodan ahí puede no rozar la excelencia pero sirve sobradamente a sus propósitos. El metal euskaldun y el punk multi-influencial de Free City amalgamados para otra de las ofertas más cuidadas, y creo también que conseguidas, de todo “Ingravidez”. Fue uno de los adelantos del trabajo y a buen seguro hará las delicias de los fans más metaleros del ahora quinteto.

Zenit” no sorprenderá tanto por construcción, el habitual juego entre estrofas calmas y estribillos a voz en grito. Pero resulta de lo más llamativa en cuanto a la mucha gravedad y mayor distorsión que ofrecen ahora sus guitarras. Una vez más la producción de Eñaut Gaztañaga captando con sumo acierto y cuidado las intenciones de la banda. El resultado no podría ser mejor. Es cierto que su estribillo puede adolecer de una cierta sencillez. Por contra, resulta de lo más pegadizo. Uno de esos coros que entran a la primera y merodean por tu subconsciente durante días. Otra de mis favoritas.

Otra que sorprende es “Lucharé”, que transita desde su vivaracho arranque hacia tonos más livianos que bien podrían recordar al mejor Juan Valdivia de, sí, Héroes del Silencio. Luego el corte coge rumbos más asimilables al resto del disco. Sin destacar entre la docena, sin tampoco palidecer, quedándose mansamente en una algo difusa zona media. Con eso y con todo, no descarto se trate de uno de los cortes que gane más enteros de cara al directo. En su encarnación de estudio no negaré que me deja un tanto frío.

Sí que me engancha en mayor medida “Pastillas y Gasolina”. Quizá por cómo desarrolla, aquí y allá, tonos más cercanos al metal. Y es que la cabra, al final, ya se sabe. El corte alberga buenos riffs, también un trazo muy cuidado, en especial en lo tocante a estrofas, solidario a un estribillo de aires urbanos que le sienta como un guante a esta penúltima entrega. El mayor grosor que van adquiriendo sus guitarras camino del epílogo, el hábil (y potente) puente central y el punzante solo final. Entiende uno enseguida los motivos por los que ha sido otra de las cartas de presentación de este “Ingravidez”.

La propia “Ingravidez” es un cierre a rezumar de clase y buen gusto. Un medio tiempo de aires melancólicos pero nunca gélidos. Desgarrado a ratos, siempre elegante y que brilla con luz propia. Trazado con gusto desde su calma inicial hasta esa furiosa y bien armada eclosión del epílogo. Todo carbura para configurar un fantástico cierre al álbum al que da nombre.

Una banda en un momento de su carrera en el que no solo no teme la fusión sino que, cada vez más, la abraza como principal razón de ser. Como principio y fin. Ramalazos urbanos, coqueteos con el grunge, guitarras que no desentonarían en un álbum de metal y muchas y muy buenas líneas de voz. Todo bajo la estupenda producción de Gaztañaga presto para hacer las delicias de su cada vez mayor legión de fans. Nosotros les vimos en el Rockvera de 2022 y nos llamó la atención tanto la energía que desplegaban sobre las tablas como la cantidad de gente joven que se agolpaba en las primeras filas para verles. Salvo causa de fuerza mayor, esperamos repetir el próximo 31 de agosto.

Texto: David Naves

Reseña: Reino De Hades «Siete Runas» (Maldito Records 2023)

Vía Maldito Records llega el tercer largo de los jienenses de Reino de Hades. O lo que es lo mismo: Fabio Romero (batería), Antonio Pérez (bajo), Javier Ferrón y Francisco J. Roa (guitarras), David López (teclados), Sergio Jiménez (violín), Juan Valderas (flauta) y José Fernández (voces). Un álbum grabado y masterizado en los estudios Bom Track de Úbeda (Jaén) de la mano de David F. Castro al que adorna el diseño gráfico del Daeria Joel Marco (Amadeüs, Sylvania, Dünedain, Argion, Lépoka…)

La Reina Oscura” arranca en pura pompa sinfónica para pronto transigir hacia un hard / heavy de aires contemporáneos, de guitarras muy en primer plano, esgrimiendo hábiles melodías en el proceso, y donde las primeras estrofas no podrían estar más ni mejor cuidadas. Es un corte apertura algo engañoso. Directo, cánones mandan, pero bien cuidado en lo que a escritura se refiere. Reino de Hades hacen uso, que no abuso, de elementos externos y el solo explota en su tronco central con buenas dosis de clase, si bien pienso languidece por un desarrollo un tanto comedido. Todo lo contrario que el ídem de violín que irrumpe más adelante. Por ahí uno percibe un cierto desequilibrio que, no obstante, está lejos de emborronar el empaquetado final. Las guitarras habrán de desquitarse doblándose en su cuidado epílogo. Un buen arranque en cualquier caso.

“A Través De Ti” confronta un riff exageradamente plano en estrofas, que contrasta no obstante con la cuidada línea de bajo que la soporta. Es un corte donde el violín hace suyo casi cada recoveco, aportando un aire más melancólico a una mezcla que, cabe decirlo, es un ejemplo de pegada y equilibrio. Y aunque ya digo que los riffs en que se apoya esta segunda entrega no podrían ser más sencillos, bien está el desempeño de José Fernández al micro o los buenos solos que la banda incorpora aquí. Un corte que guiña al power metal europeo, a Mägo de Oz (nos ha jodido), o al heavy más clásico sin abandonar su tronco común ni salirse de los férreos patrones gramaticales en que la banda acostumbra a manejarse.

Siete Runas”, que fuera uno de los adelantos del álbum, profundiza en la vena más folk y también festiva de la numerosa formación jienense. Y si bien a ratos le pueda pesar su propia condición de single, no es menos cierto que las guitarras exhiben riffs con gancho, ahora sí, y que Fernández vuelve a estar firme y certero al micro. Buenos desarrollos camino del tronco central, con guitarras y violines jugando a encontrarse. Se sumará a continuación Valderas y la banda terminará por sacar músculo en lo que a ejecución se refiere en un meritorio tronco central. Facilona y algo predecible pero con todos los visos de funcionar como un tiro sobre las tablas a nada que el sonido acompañe.

Si hay en este álbum un riff con el que siempre conecto a la primera es el que alimenta una “El Gran Khan” donde, a menudo, asaltan mi subconsciente mis paisanos de Argion. La banda exhibe una mayor épica aquí. También una mayor gravedad mientras Fernández declama, dramático, esa lírica de corte histórico. El trabajo de Sergio Jiménez aquí es encomiable. Por sí mismo y también por cómo armoniza con la flauta de Valderas. La eclosión solista resulta igualmente ágil y vistosa. Usando terminología boxística, libra por libra uno de mis cortes favoritos de todo el tracklist.

Árido Edén”, segundo de los adelantos del trabajo, sorprende con un tono algo alejado de los grandes tropos que acostumbra a manejar el combo andaluz. Hay melodías aquí que podrían recordar a los primeros Masterplan, mientras que las estrofas, desnudas pero elegantes, bien trazadas, me recuerdan a los primeros trabajos de los gallegos Tálesien. A ratos casi el negativo del otro single de este “Siete Runas” pero igualmente hábil y eficaz. Brilla la acostumbrada exhibición solista y el corte termina por convertirse en una de las piezas más memorables del tracklist a base de conjugar buenas ideas con mejores interpretaciones y una cierta pizca de atrevimiento. Así sí.

El propio José Fernández introduce una “No Mires Atrás” que pronto opta por destapar la cara más heavy del septeto sureño. Es una letra abiertamente optimista, en la más pura tradición del heavy estatal en general, que sin ir más lejos podrá hacer las delicias de todo buen fan de WarCry. Y aunque encuentre algo naif alguna de sus partes, no deja de ser un corte con ese “algo” que consigue anidar en tu subconsciente durante días. Apoyado en una cuidada base rítmica, resulta orgullosamente idiosincrático de un disco como este. El solo de guitarra no podría ser más clásico, ni tener más feeling, ni gustarme más.

Mucho gancho también el que tienen las muchas melodías de esta “De Tabernas y Tesoros”. También los coros más pronunciados y orgullosos de todo el álbum. Otro de esos cortes que, aun a pesar de parecer construidos con el directo en mente, se las arregla para exhibir una escritura nada lineal, trufada de ágiles cambios de ritmo e incluso de tono. Al final una amalgama agradable de folk metal despreocupado, buenos desarrollos solistas y una base rítmica de esas a la que conviene prestar toda atención.

La Isla De Los Benditos” se desnuda de toda gravedad para acercarse a las pulsiones más puramente folkies del combo andaluz. Instrumental de tonos leves, agradable, orgullosa, sencilla, un pequeño oasis en el que Valderas y Sergio Jiménez parecen en su salsa y que, no dudo, se le atragantará a más de uno. Que de todo hay.

Contrasta en gran medida con el final que proponen en “Cerbero”. No ya por la mayor duración de esta, de hecho el corte más extenso de los nueve, sino por esos tonos más graves que exhiben aquí y que, salvando las debidas distancias, tanto me recuerdan a un corte como “Astaroth” de Mägo de Oz. Los tonos más oscurecidos en que se maneja José Fernández aquí, los aires medio orientales que la banda dispone a lo largo y ancho del trazo, la desaforada pero certera gama solista, todo carbura cara a construir un corte en cierto modo ambicioso, que se atreve a ampliar el rango de influencias que maneja la banda.

Un álbum que ha ido ganando una barbaridad con las escuchas. Que puede no ser perfecto, hay cortes con los que no llego a conectar del todo. No obstante, rodeados de otros como “Árido Edén” o “El Gran Khan” donde la banda brilla a gran nivel. Por no hablar de ese magnífico cierre que supone “Cerbero”, con Reino de Hades moviéndose en unos tonos más oscuros que les sientan como anillo al dedo. Las ejecuciones que lo atraviesan siento que están dispuestas en favor de las canciones correspondientes y no de egos individuales. El disco me resulta, finalmente, una amplia suma de aciertos frente a pequeños y contados errores. Buen trabajo.

Texto: David Naves

Reseña: Immortal Guardian «Unite And Conquer» (Massacre Records 2023)

Es el tercer largo para los prog/power de Harlingen (Texas) Immortal Guardian. La banda, que concurriera a estas líneas con aquél “Psychosomatic” de 2021, contraataca ahora con un “Unite And Conquer” donde encontramos a Joshua Lopez al bajo, Justin Piedimonte en baterías, Gabriel Guardiola en teclados y guitarra y Carlos Zema al micro, amén de las colaboraciones del Primal Fear Ralf Scheepers y la ex The Agonist Vicky Psarakis. M-Theory Audio edita un álbum de diez cortes producidos por los propios Lopez y Guardiola en los Widowmaker Studios de McAllen, Texas. Precedido por una riada de adelantos, “Unite And Conquer”, contó finalmente con diseño de Jobert Mello y fotografía y arte de Masiha Fattahi (Myria, Stray Tempest, Threshold).

Ozona” ahorra en introducciones artificiosas y banales cara a ofrecer la cara más turbo progresiva de la banda americana ya desde los primeros acordes. Sorprende ahí el trazo ambivalente, a ratos discursivo y nunca lineal de un primer corte ciertamente retorcido y poliédrico. A ratos declaración de intenciones, lo mismo deja por el camino riffs cortados al milímetro que coros grandilocuentes a lo Haken. Guardiola la reviste además de un amplio rango de detalles en forma de vistosas melodías tanto de guitarra como de teclas. La diversidad de registros que muestran sus distintas líneas de voz terminan por redondear la oferta. Una primera entrega tan exuberante como detallista.

Echoes”, que arranca en pura clave europower, vive de enfrentar ese pulso más germano con unas estrofas más retorcidas e incluso pesadas que habrán de llevar hasta uno de los estribillos con más gancho de todo “Unite And Conquer”. Zema defiende con clase los tonos más altos antes de que Guardiola armonice teclas y guitarras con un acabado que, inesperadamente, solo puedo calificar de discreto. Se desquitará no obstante el de Harlingen en el, por otro lado, escueto solo que habrá de anticipar el epílogo. Un corte que pese a todo, presumo, será un fijo en sus directos.

Roots Run Deep” donde los texanos cuentan con la colaboración de todo un Ralf Scheepers, que arranca en calma durante el prólogo para después acoger un power de melodías alegres y algo facilonas. ¿alguien dijo Freedom Call? Firme en el doble bombo un Piedimonte que soporta sin mayores complicaciones un corte con alma de single y que, si bien traiciona los pulsos más progresivos del cuarteto, sale adelante gracias a su buen hacer como músicos. En especial un Guardiola en su encarnación más heroica. Scheepers cumple sin sorprender con su línea vocal y esta tercera entrega termina por llegar a buen puerto.

Perfect Person” parte peras con ese tono más alegre, si bien no del todo con un metal desde luego imbuido de ritmo e intensidad. También de una escritura que, sin llegar a lo laberíntico, hace por recuperar los pulsos más progresivos de los texanos. Aunque sea con cuentagotas. Zema vuelve a trazar una más que potable línea de voz. Y aunque me sorprendan ciertos desequilibrios en lo que a mezcla se refiere, unas guitarras a ratos demasiado preponderantes, como digo me agrada cómo la banda ha sabido encontrar un punto medio entre sus dos almas, pariendo uno de esos cortes que, sin traicionar la personalidad de Immortal Guardian, entra a la primera.

Divided We Fall”, por contra, rebaja esa mayor intensidad del cuarteto para perderse por una suerte de vericuetos a medio camino entre el hard más acomodado y el progresivo más casual. Noto algo incómodo a Zema aquí, particularmente en los puntos más álgidos de las estrofas, aunque no puedo negar que el brasileño ha hecho un trabajo más que notable en estribillos. Es el corte más extenso del álbum, que la banda aprovecha para trazar una segunda mitad donde colisionan un tono más épico, y sus inevitables coros, con otro más melancólico. Todo antes de que Guardiola dibuje un estupendo solo de guitarra. Con el alto número de adelantos que tiene el disco, sorprende aún más si cabe que este no fuera uno de los elegidos para tal fin.

Tampoco lo fue una “Lost In The Darkness”, pese a contar con la inestimable ayuda de Vicky Psarakis en voces. Su duelo con Zema resultará, de hecho, el mayor atractivo de un corte cuyo prólogo recupera un nervio más power para después acoger otro de los habituales medio tiempos de la banda. Hay melodías aquí que me recuerdan a los primeros Masterplan, contrapuestas a unas baterías altamente nerviosas, que le confieren a esta sexta entrega un aire más peculiar. Más personal, magnificado en el curioso puente que anticipa la habitual ristra de solos. Guardiola echa el resto aquí, dibujando uno de los duelos más pletóricos de todo “Unite And Conquer”. Y sé que me quejo mucho de esto pero qué desdibujado ese epílogo. Dichosos fade outs.

Southern Rain” vibra entre la balada y el medio tiempo cara a darle algo más de variedad al tracklist, convirtiéndose en uno de los cortes más reconocibles y consiguiendo todos sus propósitos. Se puede achacar no obstante lo clásico de su trazo, ese crescendo nada novedoso. También reconocerle lo acertado de sus ejecuciones y la acomodada pero sentida línea de voz que Zema ha trazado aquí. Clásica, ya casi la conoces antes de escucharla y de ahí lo bien que funciona. Por contra y dado el trazo más personal que tienen muchos cortes aquí presentes, habrá seguro quien eche en falta algo más de riesgo.

Y tampoco es que el tema título “Unite And Conquer” reinvente la rueda pero me agrada no obstante la forma en que conjuga un power amable, una vena parecida que no igual a la que se desprendía de la anterior “Roots Run Deep”, con esas partes más hard. Todo para alcanzar en estribillos un nombre que me persigue de manera constante en las últimas reseñas del género que he escrito y que no es otro que el de los alemanes Edguy. Y es que gustos individuales al margen, qué duda cabe que la sombra de Tobias Sammet es cada vez más alargada. Estupendos Guardiola y Piedimonte en el generoso y estirado despliegue solista previo al epílogo.

Un Día A La Vez” y quizá vaya a ser demasiado duro, bien merecía algo más que esos poco más de dos minutos y medio que ocupa en el reloj. Balada a piano y voz que crecerá, arreglos mediante, hasta lindar con el sinfónico más casual. Estupenda línea de voz de Zema aquí, pero se suceden las escuchas y, como digo, no puedo evitar pensar en que bien merecía ser algo más que un mero interludio. Sea como fuere y arreglos mediante, engarza con la final “Rise Of The Phoenix”, con Guardiola tomando la iniciativa durante el prólogo. Immortal Guardian recuperan aquí su vena más power, crepita el bajo de Joshua Lopez y la forma en que Zema armoniza sus diferentes registros durante estribillos bien puede recordar al Rob Halford de comienzos de los noventa. Me sorprende el mayor groove que atraviesa su tronco central, al tiempo que me agrada la ristra de solos dibujada por el texano aquí. Un buen final en cualquier caso.

Immortal Guardian parecen seguir donde lo dejaran con el más que interesante “Pyschosomatic” allá por 2021. La colisión internacional que se produce en su seno (Brasil, Estados Unidos, Canadá) vuelve a redundar en un álbum de power metal ágil, diverso y muy entretenido. Puede que algo más irregular que aquél, si bien no es menos verdad que el cuarteto asume algunos riesgos más en esta más reciente obra. Pero cuando brillan, desde luego lo hacen con intensidad. Puede que las colaboraciones tanto de Ralf Scheepers como de Masiha Fattahi pasen un tanto desapercibidas. Por contra, cortes como “Divided We Fall”, “Perfect Person” o la inicial “Ozona” bien merecen la atención de todo buen fan del género. Avisados quedáis.

Texto: David Naves

Reseña: Vhäldemar «Sanctuary Of Death» (MDD Records 2024)

Infatigables. Cuando aún resuenan los ecos de “Straight To Hell”, el anterior álbum de la banda, en parte gracias a lo mucho que se prodigan sobre las tablas, a decir verdad parece mentira que hayan transcurrido casi cuatro años entre la edición de aquél trabajo y la redacción de esta reseña. Reseña que viene a arrojar algo de luz sobre “Sanctuary Of Death”, a la sazón séptimo largo de los barakaldarras. Aquí siguen Jonkol Terra en coros y teclas, Raúl Serrano en bajo y coros, Carlos Escudero en voces, Jandro Tukutake en baterías y Pedro J. Monge en guitarras, coros, producción, grabación, mezcla y masterización. Con invitados como Diego Zapatero (Melodius Deite, Mercury Rex), Pablo Sancha (After Lapse, ex Delyriüm) y Gavin Ledema, Vhäldemar contaron con la ayuda de Aitor Ruiz en la grabación de voces y el arte de Darkgrove Design para adornar la portada. En la calle desde el pasado nueve de mayo.

A “Devil’s Child” le puede pesar el hecho de representar fielmente lo que alguien espera de una banda como esta. Baterías que trotan bajo cuidadas melodías de guitarra, riffs trotones… Perdido pues el favor del factor sorpresa, Vhäldemar arremeten con todos sus cilindros en funcionamiento, accionando cada una de las palancas que han llevado a los baracaldeses a la cima del heavy metal facturado de nuestras fronteras para dentro. Y lo hacen, claro, apoyados en un sonido de diez. La maquinaria no podría estar mejor engrasada, me refiero a los Chromaticity Studios, y por ahí el resultado es todo lo óptimo que cabría esperar. Sonido potente pero discernible, que otorga protagonismo a cada línea presente en la mezcla sin menoscabar en agilidad ni potencia. Un arranque potente e incluso carismático.

Escudero es un voceras de gran carisma. Nadie que haya visto a esta banda en vivo, especialmente en sala, lo podrá negar. Y aunque en estudio acostumbro a notar unas décimas menos de pasión que en sus frugales representaciones en directo, lo cierto es que para “Dreambreaker” el de San Vicente de Baracaldo parece seguir en plena forma. Es un corte rapidísimo, que pasa en apenas un suspiro, alimentado por alguna de mis estrofas favoritas de todo el redondo. Tukutake arremete firme desde el doble bombo y la banda dibuja uno de esos estribillos, marca de la casa, que parecen tener el directo como principio y fin. Arreglos de corte épico anuncian el duelo solista del puente, es esta una formación de sobrada (y testada) valía técnica, que no teme en ningún caso a desarrollos vistosos y de lo más funcionales…

… pero por ahí agradezco la forma en que “Deathwalker” viene a cambiar el paso del álbum. Su elegante y tenue intro al piano, los leves arreglos que acompañan, y ese avanzar más a medio gas, destapando la cara más épica, del quinteto, también el buen sonido de los Chromaticity, y donde apenas echo en falta un riff algo menos recurrente en estrofas. Porque el resto me funciona a gran nivel. Los buenos estribillos, medidos al milímetro. Lo efervescente que resulta Escudero aquí, entregando esa pasión que eché en falta en el corte precedente, y que lleva las gramáticas de la banda un paso más allá, alimentando el rango rítmico del álbum, y otorgándole un aire que, a ratos, me recuerda a los mejores Virgin Steele. Sorprende el solo de Monge, fulgurante y en cierto modo contrapuesto a ese avanzar más tendido y arrastrado. Al menos en mi caso, de las que más han ido ganando con el correr de las escuchas.

Sanctuary Of Death”, con teclas de Pablo Sancha, recupera a esos Vhäldemar ágiles y trotones para otra andanada de heavy / power en la mejor tradición de la banda vasca. El trabajo a nivel melódico de Monge aquí raya de nuevo a gran nivel. Quizá como corte que da nombre al álbum, uno siempre espera algo más. Lo cierto es que aún siendo un tema que me agrada, me engancha incluso, echo en falta algo más de picante. De riesgo se podría decir. Es cierto que Monge descubre su lado más heroico y tanto él como Sancha parecen verdaderamente inspirados. Pero a fin de cuentas encuentro ofertas dentro de este tracklist que me atraen en mayor medida.

Una de ellas bien podría ser “Forevermore”. Arranque en cierta rima con la anterior “Deathwalker”, con Monge destapando el tarro de las esencias ya desde los primeros instantes. Con la voz de Escudero muy en primer plano, la escritura va trazando un crescendo que, a lo lejos, parece transportar ciertos ecos de los Manowar más elegantes. Salvo que los barakaldarras, por suerte, aún no se han convertido en la parodia de sí mismos que la banda del ínclito Joey DeMaio son a día de hoy. Monge acude al solo enfundado en su versión más neoclásica, rompiendo la tónica que arrastraban sus solos dentro del álbum, y dotando a su interpretación de un feeling verdaderamente especial. Y aunque no culpo a quien eche en falta aquí algo más de nervio, me resulta una de las ofertas más conseguidas y mejor trazadas de este santuario de la muerte.

Heavy Metal”, claro, resulta mucho más evidente. Desde los riffs al trazo, pasando por la letra y la misma forma en que Escudero ataca sus estrofas, ha poco lugar a la sorpresa aquí. Por eso me agradan tanto los buenos detalles que Monge se encarga de injertar aquí y allá, así como el solo que despliega camino del epílogo. Pero a la larga, y en comparación a otras canciones del disco, admito que me ha costado llegar a conectar con esta quinta entrega.

Y es que aprecio en mayor medida algo como “Old King’s Visions (Part VII)”, sin que tampoco la banda se haya liado la manta a la cabeza aquí. Poco importa. Sus estrofas están atravesadas por uno de los riffs con más gancho de todo el álbum. Escudero declama los estribillos con la debida dosis de pasión y Tukutake está todo lo firme que se espera de un batería como él. Me agradan además esas melodías con las que Monge engarza estribillos y estrofas, amén de su buen duelo con Terra en el puente central. Vhäldemar a gran nivel.

El fugaz prólogo de “Journey To The Unknown” parece acercar a la banda a los Judas Priest más nervudos, sin por ello perder la identidad ni abandonarse al plagio descarado y el trazo poco inspirado. Nada más lejos. En realidad se trata de un corte tan leal al legado de la banda radicada en Barakaldo como ágil a la hora de entregar los suficientes tics de género que satisfagan las ansias de los fans más casuales. Es verdad que su aspecto lírico puede sonar algo recurrente a estas alturas. Versos tales que “Fighting together with power and might. Standing forever we’ll conquer the night” tiene uno la impresión de haberlos escuchado un millón de veces. Por eso me agrada ese pequeño puente de voces más oscuras que precede al correcto epílogo.

Ahí sorprende el aire más retro de “Brothers”. No quisiera mentar a Randy Rhoads, pero realmente estos son unos Vhäldemar en tonos mucho más clásicos. Ayuda en gran medida que sea Raúl Serrano quien carga ahora con las labores vocales. Es el suyo un registro mucho más limpio que el de su compañero, lo que termina por otorgarle a este noveno corte un aura muy particular. Nombres como los de Dokken o Hitten acuden a mi subconsciente en cada nueva escucha. Los riffs que Monge plantea tienen un inequívoco aire clásico, no obstante es un corte dedicado a la figura de su hermano Manuel “Oso”, integrante de la banda de blues Lomoken Hoboken, y fallecido allá por 2022:

My brother may be gone but his music still lives on and on.

Tras la nota nostálgica, “The Rebel’s Law” nos devuelve a Escudero al frente de otro corte en la más pura tradición vhäldemariana. Firmes y autoreivindicativos mientras pisan las lindes del power que tanto y tan bien conocen. Puede que, al igual que sucediera con “Journey To The Unknown” y no digamos ya “Heavy Metal”, algunos versos pequen de recurrentes. Lo cierto es que el barbado vocalista los desgrana con su fuerza y pasión habituales. El frontman de Vhäldemar es uno de esos raros especímenes que serían capaces de recitar con pasión hasta un listín telefónico. De la misma manera, Monge vuelve a brillar con su habitual ración solista. Al mismo tiempo correcta y funcional.

The Last Flame”, con Diego Zapatero y Gavin Iedema a bordo, es un cierre instrumental revestido de elegantes arreglos, grandes melodías y portentosos solos de guitarra. Un cierre que aúna elegancia y potencia. Nervio y buen gusto, con Monge realizando uno de sus mejores trabajos en cuanto a ejecución de todo el largo. El clásico trazo circular no podría funcionar mejor aquí. Un cierre tan mudo como eficaz.

Vhäldemar no están para experimentos. Puede que la banda picotee fuera de su redil habitual en momentos muy puntuales del disco pero, en lineas generales, este sigue siendo su heavy / power metal de toda la vida. De resultas de ello uno puede toparse con algún que otro lugar común a lo largo del tracklist que sus fans de siempre agradecerán de muy buena gana. El resto, está por ver. A fin de cuentas, y como diría el propio Escudero, ya saben…

Texto: David Naves

Reseña: Corazones Eléctricos «De Amor Y Rabia» (Etiam Records 2023)

Once nuevos latidos para los Corazones Eléctricos, el trío que forman Pau Monteagudo (guitarra y voces), Quique Cuquerella (batería) y Pete Sala (bajo) y que tiene parada el próximo viernes en el Tizón gijonés junto a los chicos de Maverick.

Fue el propio Monteagudo quien se encargó de producir este nuevo “De Amor y Rabia”, asistido en la parcela técnica por Manuel Tomás, Sergio Peiró, Genevieve Bennetts y Carlos Gómez. El álbum se grabó entre los estudios La Casa De Ninguna Parte, Valzhalla St., Milenia y Pentasonic. Las pistas resultantes de esas grabaciones serían posteriormente masterizadas por Enrique Soriano. En la calle desde octubre del pasado año.

Canción Urgente” da pronto la medida de la cara más hard del trío. Rock facilón, con pegada y que arrastra un deje casi grunge en sus estrofas. No descubre nada pero destapa, para despistados, el carisma casi torrencial de Monteagudo al micro. La línea “ahora toca ver en mi todo lo que nunca me atreví” suena realmente a pura declaración de intenciones. Qué hay si no más a “contracorriente” que un álbum de rock and roll a estas alturas del cuento.

Pero ahí está la más templada “Aullar Contigo” para ir ampliando las muchas miras que contiene este “De Amor y Rabia”. Un rock más templado, que no aburrido. Para nada. Hay una estupenda línea de bajo aquí, sensacional Pete Sala, mientras las guitarras adoptan afinaciones más amables. Todo desemboca en otro estribillo de esos que se pegan a la primera. Quizá eche en falta un solo que termine de apuntalar la propuesta, pero esto sigue siendo rock de muchos quilates. Que nadie lo dude.

Cimarrón” regresa a aquél pulso más hard del tema apertura, amén de soterrar un piano bajo el cascarón puramente rockero de la banda. Me llama la atención la forma en que Monteagudo afronta estas estrofas, un poco a la contra de la propia vibración de la base rítmica. Un corte sencillo en su trazo, directo, llamativo por esa extraña conjunción y que destapa la vertiente más flamígera de la banda.

El tenue arranque de “Sueño De Una Noche De Verano”, así como sus primeras estrofas, siempre traen a mi subconsciente a unos The Cult del “Love”. Afinaciones leves en estos primeros compases, solidarias al Monteagudo más susurrante. Cuando la intensidad sube y el corte alcanza estribillos, esta cuarta entrega termina por convertirse en una de mis favoritas de todo el redondo. Algo a lo que contribuye el reverberante solo que antecede al epílogo. Lo dicho, estupenda.

Renglones Torcidos De Dios” le pega otro giro de timón al tracklist. Una balada en formato clásico, muy cuidada en cuanto a producción y con una de las letras más intimistas que le hayamos oído al bueno de Pau Monteagudo. La sencilla pero fundamental línea de piano que acompaña a las estrofas, el propio Pau controlando con sumo cuidado su registro. Sin excesos ni alardes. Cuando todo se atempera en el tronco central, emergen los Corazones Eléctricos más alucinados de todo el redondo. Antesala del desgarro que eclosionará camino del epílogo. Fácilmente una de las baladas más cuidadas y elegantes que servidor haya escuchado en los últimos meses

La Destilería” vuelve por los fueros más rockeros del trío. Quizá de las once la que más me recuerda a aquellos Uzzhuaïa que tantas alegrías nos dieron hasta su deceso en 2014. Rock proverbial, apoyado en una letra menos tonta de lo que parece a simple vista, y que arrastra toda la pinta de funcionar como un tiro en directo.

” ejerce casi de conjunción entre la propia vena rockera del trío y ambientes no tan lejanos de un pop de radio fórmula de quince, veinte años atrás, previo a la eclosión de la música urbana que domina los diales en nuestros días. Monteagudo la interpreta con suficiente pasión para no desaprovechar el tiro. Y aunque haya unas cuantas ofertas dentro de este “De Amor y Rabia” que considero más redondas, qué hábil resulta ese pequeño parón antes de epílogo.

Para “Todo Por El Aire” regresa el Pau más sensual, apoyado de nuevo en otra inteligente línea de bajo de Sala. Llamativa por las afinaciones tan leves de sus estrofas en contraste con eso estribillos más ruidosos y noventeros. Por ambientaciones uno de los cortes más llamativos de todo el tracklist pero con el que, curiosamente, conecto sólo a ratos.

Los Dos Lados De La Misma Cara” amenaza con torcer hacia terrenos más endurecidos. Y sin embargo, ahí está el desvío que toman sus estrofas y que los acerca, de nuevo, al rock alternativo de los noventa. En especial cuando uno oye la forma en que Monteagudo encara sus estribillos. Hay buenos solos aquí. También una cuidada línea de batería por parte de Cuquerella. Al final una de las entregas que más ha ido ganando con el correr de las escuchas.

Es el propio Cuquerella quien lustra el arranque de la desgarrada “Érase Una y Otra Vez”, testimonio de la cara más rockera y vibrante del trío, que atruena ahora con una intensidad pocas veces oída a lo largo del álbum. Ojo a las melodías en que se apoyan los estribillos, con Monteagudo tirando de clase y también de galones. El ruidoso tramo final, y los riffs que la banda desarrolla aquí, no distan tanto de unos Muse del “Origin Of Symmetry”. Otra de mis favoritas.

El cierre es para la “Balada Del Difunto Vivo” y esos ambientes casi desérticos, con Pau en tesituras casi desgarradas. Cuidada y bien construida, rezuma clase y buen gusto. Una despedida distinguida, que abrocha, trompeta mediante, este nuevo trabajo con la cara más melancólica, triste incluso, del trío valenciano.

Un disco que rezuma buenas ideas. El tracklist abraza una amplia gama de influencias y las imbrica con la suficiente clase para que el resultado común nunca deje de mantener un nexo común. Es cierto que aquí y allá echo en falta algún solo que otro. Pero con eso y con todo un disco que resulta de lo más cuidado en cuanto a producción, que nos devuelve a Pau Monteagudo en plenas facultades y deja un ramillete de temas para el recuerdo. Desde la inmediatez de la inicial “Canción Urgente” a la no poca clase de “Renglones Torcidos De Dios” o el desgarro de la efectiva “Érase Una y Otra Vez”, un trabajo que merece la atención de todo buen fan del rock and roll que se precie.

Texto: David Naves

Reseña: Adventus «Lo Que Trajo El Viento» (Maldito Records 2024)

Aguas turbulentas las que ha tenido que navegar el músico, compositor y productor gallego Manuel Ramil. Adventus saltaban por los aires allá por 2022 y de la formación original ya solo persiste el también integrante de los pujantes Delalma. El ex WarCry se rodea ahora del Bloodhunter Dani Arcos en guitarras, el Dream Child Diego Valdez en voces, el Mägo de Oz Fernando Mainer al bajo y el Arwen Nacho Arriaga tras baterías. Todo ello para un “Lo Que Trajo El Viento” compuesto por diez cortes producidos, mezclados y masterizados por el teclista coruñés en sus Tercera Planta Studios y que ha puesto en circulación la gente de Maldito Records.

Tenue y elegante, la pequeña narración que atraviesa “Nordés”, ejerce como introducción al propio tono muchas veces apesadumbrado del disco. Apenas un parpadeo arreglado con mimo que conduce hasta una “Si Nada Es Cierto” donde pronto destacan esas guitarras dobladas de Arcos, los curiosos arreglos de Ramil y ese brusco giro de guión que conduce a las primeras estrofas. Hay un aliento aquí a medio camino entre el progresivo más tenue y el metal más sinfónico que, a ratos, me recuerda a ciertos momentos del debut de Delalma. Buena labor de Valdez en estrofas, elevando su peculiar registro por encima de la mezcla mientras se consolida como un vocalista de no pocos quilates. Quienes ya conocíamos al argentino, estupenda su labor con los muy clásicos Dream Child, no contamos con el beneficio del factor sorpresa. No me resulta para nada un mal arranque, si bien es cierto que al solo de Arcos le habría otorgado algo más de espacio.

Estalla la “Magia” y claro, la producción del disco no podría resultar más redonda. Equilibrio y pegada para la que fuera una de las distintas cartas de presentación de este “Lo Que Trajo El Viento”. Adventus amplifican la faceta más puramente sinfónica de su habitual heavy / power melódico y esta tercera entrega brilla con un pulso más contemporáneo. Lo que no cambian son esas estrofas primero desnudas y después recargadas. Trazadas ahora con unos crescendos más lineales, no tan bruscos. Una cierta melancolía atraviesa no solo la letra sino también la propia interpretación de Valdez, dándole de hecho un cariz muy llamativo en estribillos. Hábil el bonaerense al pasar de sus registros más livianos a los más rugientes. Las comparaciones con Víctor García, claro, serán inevitables. Pocos vocalistas han sido capaces de sobreponerse a su sombra pero qué duda cabe que el también voceras de Adamantia ha volcado aquí todo su empeño. El amplio y estupendo solo de Arcos remata un tercer corte con el que conecto solo a ratos.

Ramil y Valdez construyen en solitario el tenue prólogo del medio tiempo “Aire”. Adventus trazan tras ese prólogo un corte donde la base rítmica gana peso y da mayor fuste al propio avance a medio gas de la composición. A fuerza de buscar parecidos, me recuerda en gran medida a unos Avalanch de sus discos más recientes. Pausada, elegante y bien arreglada pero donde echo en falta algo más de gancho. El solo de Arcos tampoco me resulta de los más lúcidos del tracklist.

Volver a Empezar” nos devuelve a los Adventus de comienzos del álbum. Más heavies, más pesados. Más arriesgados incluso, esas voces filtradas de Valdez en las primeras estrofas. La banda, y el argentino también, parece más cómoda en esta encarnación más musculosa. La mezcla de Ramil vuelve a mostrar una buena labor en cuanto a equilibrio se refiere. La mayor gravedad de las guitarras contrapesa la fuerte presencia de las teclas del gallego. Todo encauza hacia un estribillo con Valdez entregando una línea vocal igualmente tensa y poderosa. Mucho color en su interpretación, músico veterano ya, que brilla con luz propia aquí. El solo, de teclas esta vez, porta un deje más progresivo con el que conecto en buena medida. Es una composición que se me atragantó de primeras pero que ha ido ganando peso con el correr de las escuchas.

Todo se atenúa de nuevo con el tranquilo prólogo de “Abrazando Mi Dolor”. De nuevo Valdez y Ramil en solitario nos conducen por el terreno de la balada más clásica para después reconducir hacia otro medio tiempo marca de la casa. El tema transcurre en un largo crescendo y por ahí surge de nuevo la cuidada labor en cuanto a arreglos que portan estas canciones. Puede que no me termine de conquistar su apartado lírico, lo que no quita para que aprecie la pasión con la que Valdez encara los respectivos versos, así como la correcta labor solista que irrumpe camino del epílogo.

Lo Que Trajo El Viento” recupera a esos Adventus más sinfónicos para dar la bienvenida a uno de los temas grandes del disco. Sin ofrecer grandes sorpresas en cuanto a escritura, goza de un arranque opulento, unas estrofas bien construidas y una línea de voz que transcurre de modo natural, sin grandes artificios ni mayores trucos de salón. En su casi infinita corrección resulta sin embargo sólida, efectiva al tiempo que extrae lo mejor de los distintos músicos implicados. Ramil remata con otro buen solo en su tramo final. Pese al papel tan secundario de Arcos aquí, a buen seguro una de mis favoritas del disco al que da nombre.

De algo llamado “Todavía Sigo En Pie” quizá espera uno un corte guerrero a lo WarCry de sus dos primeros álbumes. Metal aguerrido y combatiente. Lo que surge, sin embargo, son unos Adventus en una clave que linda sin problemas con el A.O.R. más acomodado. Ligera, particularmente en estrofas, con Valdez en esos tonos muy amables, viene a alimentar el rango de influencias del disco, acertando a la hora de encontrar el gancho que echo en falta en otras composiciones. Distinta a la par que efectiva.

Por alguna razón, “Caigo En Este Suelo” trae siempre a mi memoria a “Si Amaneciera”, aquella balada que Jero Ramiro trazara para los Saratoga del infravalorado “El Clan De La Lucha”. Un buen muestrario del registro más delicado de Valdez. También de las habilidades de Mainer al bajo, supone una buena toma de contacto con la cara más cristalina de la banda.

Para el cierre queda una de las entregas más heavies de todo el álbum, esta “Todo Da Igual” que de igual manera recupera esas voces filtradas de Valdez, que traza otra llamativa línea de voz para un corte tan directo como bien adornado. No sorprenden Adventus aquí pero bien es cierto que Arriaga entrega una tan interesante como potente línea de batería al tiempo que el disco echa el cerrojo inmerso en tonos que he echado en falta en ciertos momentos del mismo. Brilla del mismo modo en cuanto a ejecuciones, esos solos doblados del puente, y todo cuadra para devolvernos a los Adventus más encolerizados. Un buen final…

… para un disco con el que conecto solo a ratos. Centrándome en lo positivo, producción y mezcla resultan ágiles. Van de la versión más encorajinada de la banda a la más liviana sin mayores inconvenientes. Otro tanto se podría decir del ya veterano Diego Valdez, que carga con la nada desdeñable labor de suplir a un tal Víctor García concentrándose en unas líneas vocales llenas de pasión y fuerza. Por contra, a ratos echo en falta una mayor diversidad en lo compositivo. Unas escrituras que den aliento a unas estructuras más diversas. Sea como fuere, a buen seguro un álbum interesante para todo buen degustador de metal melódico en nuestro idioma que se precie.

Texto: David Naves

Crónica: Hellfest Open Air (Domingo 30/6/2024)

Última jornada de festival y estaba claro que, aunque físicamente ya lleváramos la carga y el cansancio acumulado de tres días de música en directo, íbamos a exprimirnos hasta el último momento para seguir disfrutando de la experiencia Hellfest. Mientras que Simple Plan ofrecían un show de nostalgia pop punk “early 2000’s” en el main stage, nosotros preferimos comenzar el día con los griegos Yoth Iria. Nos esperaba un directo de black metal crudo, muy potente a nivel musical pero totalmente deslucido por el estado de embriaguez y sobreexcitación de su vocalista y frontman, que desde el primer momento estuvo mas pendiente de celebrar entre el público y ofrecer show que de sus labores musicales. Pasamos página.

En el main stage, los suecos Blues Pills demostraron que ningún escenario se les queda grande a estas alturas. Si bien en disco no tengo la sensación de que nos dejen material memorable, en directo es innegable que sus canciones funcionan muy bien, y su aparición en el cartel a última hora para reemplazar a Heart por problemas de salud fue sin duda muy positiva para ellos. Siguiendo con el main stage, el ex líder de Gallows, Frank Carter junto a sus “Rattlesnakes” también sabe a la perfección qué hacer para tener a la audiencia enganchada. Mucha interacción, buenos temas de rock alternativo con esencia punk hardcore, y un concierto muy visceral que le situó como uno de los vencedores morales de la jornada.

A su vez, los belgas Wiegedood, con su intensísimo black metal, demostraron que no hace falta tener bajista para sonar gruesos y agresivos. Son una de las bandas de referencia de la nueva hornada del género y con merecimientos propios. Toda la pasión que nos habían generados los belgas contrastaba con la sensación general de “desapego” que nos ha generado la marca Batushka tras tanta confusión, demandas, cruces de comunicados y líos relacionados a la propiedad de la banda y el nombre de la misma. El suyo fue un directo muy pulcro a nivel musical, estéticamente muy llamativo y sin nada realmente negativo que comentar, pero con la sensación de que “no es lo mismo” comparado con cuando los vimos hace unos años en el mismo escenario.

Mas interesante nos resultaba la posibilidad de ver a Josh Homme y a sus Queens Of The Stone Age en el escenario principal, en el que a la postre sería uno de los mejores conciertos de todo el festival. Desde el principio, contentando a los seguidores de su primera etapa con “Regular John” y “The Lost Art Of Keeping A Secret” de su primer y segundo trabajo respectivamente, y posteriormente a los que empezaron a disfrutar de la banda al dar el salto masivo con su “Songs For The Deaf”. Si bien a nivel de estudio los últimos álbumes, siendo bastante notables, habían perdido algo de la chispa y capacidad de sorpresa de sus primeros lanzamientos, esta claro que en directo la banda funciona a la perfección y suena de miedo. Una formación madura, en su plenitud musical, tal vez sin la intensidad juvenil de sus primeros años pero con el poso y el saber hacer de una banda que entiende el directo como una forma de arte. “Make It Wit Chu”, “Burn The Witch”, “No One Knows”, “Go With The Flow”… El repertorio fue difícilmente criticable. Un lujo tenerlos en el festival por primera vez.

Por el contrario, una de las decepciones por excelencia de esta edición del festival ocurría al mismo tiempo en el escenario Valley. Crosses †††, el proyecto electrónico / dark wave de Chino Moreno (Deftones) vio su set limitado a unos 15 o 20 minutos debido a problemas técnicos con la PA e instalación sonora del escenario. Había mucha anticipación por disfrutarlos y fue un chasco para miles de “festivaliers”. Un contratiempo que no tuvo solución a estas alturas de festival, ya en la recta final del mismo, y del cual la organización entonó posteriormente en cierto modo el “mea culpa”, comprometiéndose a traerlos de vuelta lo antes posible.

Para acabar nuestro recorrido musical por Hellfest 2024, uno de los shows mas esperados por la audiencia del festival. Foo Fighters no tienden a prodigarse tanto por Europa como su estatus de banda mainstream hiciera esperar, y realmente se notaba que había muchas de ver como Dave Grohl y su equipo se levantaban del golpe que supuso la pérdida de su batería Taylor Hawkins hace un par de años. Con la edición del catártico “But Here We Are”, la adición del infalible Josh Freese a los tambores para sustituir a Taylor, y la necesidad de seguir predicando su amor por la música sobre todos los escenarios del mundo, Foo Fighters cumplieron todas las expectativas generadas para este concierto. Si una palabra puede definir a Dave Grohl en escena, esa es “hambre”. Lo dejó claro desde el principio, comenzando su slot cinco minutos antes de lo planeado: “Somos una banda con muchos discos así que hoy tocaremos tantas canciones como nos sea posible”. Así, fueron cayendo todos los temas necesarios para convertir Hellfest en una celebración a la música y la vida. “All My Life”, “The Pretender”, “Walk”, una tremendamente emotiva versión del “Times Like These”, “My Hero”, “Learn To Fly”, “Best Of You”, “The Teacher”… El repertorio se mantiene solo a base de temazos. Dave Grohl se deja la voz y se vacía en cada acorde. El alma y pasión de alguien que no necesita hacer esto por negocio y que lo hace simple y llanamente porque le encanta hacerlo y lo necesita para sentirse vivo. Para algunos serán muy comerciales, los considerarán poco auténticos o lo que sea, pero no tengo dudas de que en sus dos horas de set no tocaron ni una canción “del montón”. Pocas bandas pueden presumir de lo mismo. Memorable.

Y así terminó un año más nuestro paso por Hellfest Open Air. Este año, para sorpresa de muchos no hubo fuegos artificiales al acabar el festival, y la organización se limitó a anunciar las fechas de la próxima edición por las pantallas gigantes. No habíamos venido explícitamente por los fuegos, pero era un detalle vistoso para poner el broche a cada edición del evento que este año echamos de menos. Sea como sea, llegaba el momento de despedirnos de Hellfest, físicamente derrotados tras cuatro jornadas de música en vivo, pero tremendamente satisfechos por haber disfrutado una vez más de la experiencia por excelencia de la música rock en Europa. Habrá que seguir viviéndola en primera persona el año que viene. See you in hell!!!

Texto: José Mora
Fotos: Jaime García / Archivo Hellfest