Reseña: Incordian «De-Mente» (Autoproducción 2025)

Vuelta al redil para los thrash death metaleros de Pedro Muñoz (Castilla-La Mancha), Incordian: Sergio en baterías, Loren y Jota en guitarras, Paco a la voz y Adri al bajo. El álbum fue grabado entre banda y JFT, con posterior mezcla y master de JFT Producciones. Del arte se encargó Chapu y finalmente el diseño corrió a cargo de Rubén. «De-Mente» vio la luz a comienzos de octubre.

Es apenas inmediato el modo en que “Su ley y Su Dios” me recuerda a unos Soziedad Alkoholika, en especial por el modo en que Paco ataca sus primeras estrofas. Un riff con más miga de la que aprecié en las primeras escuchas. Me gusta la construcción de esas estrofas, también la firmeza de esa base rítmica. El aspecto lírico, como es previsible, borra todo aspecto metafórico y transmite, sin un solo pelo en la lengua, el combativo mensaje. El tronco central deriva hacia un trazo más intrincado. Técnico incluso, donde la letra se vuelve algo más desesperanzada y oscura e irrumpe el primer (y muy llamativo) primer solo del álbum. Un gran arranque.

Es precisamente la base rítmica quien marca da la salida a “Gasolina y Llamas”. Aquí Incordian adoptan un metal más cargado de groove. Sin perder un ápice de acidez ni gravedad en cuanto a líricas, la escritura acierta a la hora de amalgamar riffs de metal pesado con otros donde vuelan a bordo de la batería de Sergio. El Frakture Iván pone la segunda voz y no otro que Jimmy de Soziedad Alkoholika el solo en otro arranque de metal incendiario que no deja títere con cabeza. De hecho me atrevería a decir que el verso “y aunque hoy fracasemos, cada día manteniendo la lucha es una victoria” no les podría definir mejor.

De Una Jodida Vez” propone a unos Incordian más hirientes aún si cabe. Pero lo hace, de nuevo, buscándole las cosquillas al género en lo que a construcción de riffs se refiere. Por ahí, el trabajo de Loren y Jota no podría ser más redondo. Sin florituras, directo, frontal, me funciona. El aspecto lírico es inevitablemente visceral, sin complejos ni metáforas. Directo al grano y con un marcado espíritu punk supurando casi en cada verso. Por ahí habrá quien eche en falta un mensaje algo menos panfletario. Sea como fuere, estupendo duelo solista el que dibujan ambas guitarras aquí. Los Incordian en su versión más cruda y desacomplejada.

“La Bestia Ya Despierta”, con Diva Satanica colaborando en voces, parte de un prólogo que, en cierto modo, me recuerda a los dos, tres primeros álbumes de Machine Head. Luego en las estrofas, y toda vez ambas voces juegan a alternar versos, se produce un contraste de lo más resultón. Me gusta la producción aquí. Tanto en esas partes más violentas como en las más pesadas y groovies. Preludio de ese puente descosido y vibrante, acomodo a su vez de uno de los solos, pienso yo, más inteligentes de todo el largo. Un corte que, finalmente, hará honor a su título.

Entre “Pestes” y “Cerdo”, pareciera que este “De-Mente” se tomase un pequeño respiro. Ni tan siquiera un minuto entre las dos, resultando en un curioso híbrido entre baile y grind la primera, un fugaz trámite a lo Serrabulho la segunda.

Con el tema título “De-Mente”, parece que todo vuelve a su lugar. Un corte que me retrotrae a la inicial “Su ley y Su Dios” gracias a esas estrofas violentas, rapidísimas, con Sergio dando lo mejor de sí tras baterías. Puede que en cuanto a riffs no capte tanto mi atención como otros cortes del álbum. Por contra, esta ofrece un trazo atractivo, diverso, amén del habitual despliegue de mal café tras el micro. Un Paco tan hiriente como acostumbra. Y una sección solista algo más que resultona.

Siniestro Lugar” sí que llama mi atención en lo que a riffs se refiere. Quizá por ese pulso tan death que desarrollan en estrofas, ofreciendo un color casi inédito a lo largo de todo “De-Mente”. Me llama la atención la forma en que Paco ataca sus versos aquí. Una letra que, por algún motivo, me recuerda a los alcalaínos A Palo Seko y donde la banda muestra un trazo retorcido, atrevido incluso, resultando así otro de los cortes más atractivos de este segundo largo de los pedroteños.

Muerte x Churro” son los Incordian más violentos. También los más divertidos. Otra andanada grind con una letra a lo Def Con Dos, desarrollada eso sí, sin perder un ápice de nervio o gravedad. Apenas minuto y medio para que Sergio se desfogue a gusto tras los parches.

Casi como antídoto a esa brevedad, “Abono Infecto” pone en liza a los Incordian más avezados desde el plano puramente técnico. Pesadez y groove en prólogo bien trabajado, ritmos directos (por momentos casi pegadizos) durante estrofas y otra fina sección solista. Sin inventar nada pero acertando a sonar frescos y, a la vez, crudos y potentes. Un corte que parece invitar al agite de cuellos, que me deja la sensación de que funcionará como un tiro en directo.

El cierre es para esta “Destino” y su llamativo prólogo. Una calma que me cogió por sorpresa en la primera pasada al disco, y que viene a contrastar con la pura rabia que desarrollarán más adelante. Instrumental donde vienen a darse cita tanto pasajes retorcidos como violentos arranques de death metal furibundo y vibrante. Llamativo final…

… para un álbum que pasa en un suspiro. Por su corta duración pero también por cómo Incordian han sabido buscarle los resquicios al género a la hora de construir los temas. La sombra de Soziedad Alkoholika es alargada (máxime cuando tienes a Jimmy himself colaborando por ahí) pero no son pocos los momentos en que la banda busca encontrar su propio sonido. Por ahí le encuentro más asideros a este “De-Mente” de los que intuí antes de darle al play por primera vez. Un buen trabajo. Quizá no del todo redondo, esas pequeñas bromas que introducen mediado el álbum, pero que pienso satisfará a cualquier fan del thrash / death escuela S.A..

Texto: David Naves

Reseña: Syberia “Quan Tot S’Apagui” (Silent Pendulum Records / Moment Of Collapse Records 2026)

Oscar (guitarra), JordiOnly (guitarra y sintes), Quim (bajo) y Manel Woodcvtter (batería) integran Syberia. Agrupación instrumental con origen en Barcelona y que nos presenta un “Quan Tot S’Apagui” pensado íntegramente en su catalán natal, y donde se acompañan de la colaboración del actor Lluís Soler , recitando unos versos en el epílogo del álbum. Trabajo que verá la luz el próximo 16 de enero vía Silent Pendulum Records (Estados Unidos) y Moment Of Collapse Records (Alemania).

En La Foscor Una Llum Que Brilla” guarda un cierto misterio en su prólogo. Un arranque roto por unas teclas igualmente tensas, casi minimalistas, que a ratos me recuerdan al bueno de Hans Zimmer. Pero cuando las guitarras toman el mando, estos parecen los Syberia que todos conocemos. Si acaso algo más densos, algo más oscuros, pero con el mismo buen nivel técnico de anteriores entregas. Esa construcción por capas, casi inherente al género, esas estructuras en crescendo, están soportadas por riffs hábiles. Con gancho incluso. Vibra aquí, toda vez la batería de Manel adquiere un mayor brío, un cierto acercamiento a territorios más extremos. Perfectamente integrado en el andamiaje de la composición. A principio y a término. Me agrada el grosor que emana de las partes más pesadas. Ahí la producción, tengo la impresión que algo más “sucia” que en trabajos anteriores, casa a la perfección con los nuevos horizontes que buscan. Estupendo primer corte.

Es precisamente la batería de Manel la que marca el inicio de “Llampecs D’Oblit D’Uns Records En Vida”. A él se suma el crepitante bajo de Quim y, solidarias las guitarras, Syberia traman un prólogo directo y ágil. Quizá el impacto global que me produce esta segunda entrega sea menor que aquella que inauguraba el álbum. Aún así, encuentro una buena creación de atmósferas. Campo este que la banda ha ido macerando con el paso del tiempo, llevando a Syberia a contornos mucho más metálicos, arrastrando consigo una cierta melancolía en las melodías y transmitiendo una mayor desesperación cuando irrumpen, casi cual elefante en cacharrería, las partes más angostas y pesadas. Camino del cierre, la composición adquiere un paso más vivo primero, un mayor nervio después, y los chicos le andan cerca al black metal más leve. Detalle este, de hecho, explicitado en la propia nota de prensa, y que uno intuye del todo premeditado.

Puede ser el de “Naixença D’Una Mort Tranquil·La” el prólogo que más me recuerda a los Syberia de álbumes como (el estupendo) “Resiliency”. De primeras es un corte del que, en comparación con predecesores, emana una mayor cantidad de luz. Hay buenos riffs y melodías de Oscar y JordiOnly. También ciertos arreglos que no vienen sino a acentuar esa mayor luminosidad de la composición. Incluso pequeños remansos de paz donde, de nuevo perfectamente integrados y que fluyen con total naturalidad. Toda vez el corte supera su ecuador y las guitarras se vuelven inevitablemente más graves y crudas, un disco como “Requiem From Hell” de los japoneses Mono acude inmediatamente a mi subconsciente. Lo que me agrada de este caminar hacia el tramo final es la cierta épica que brota de repente, ayudada por las guitarras pero también por los sintes, y que otorgan un marcado poso grandilocuente a su conocido post-metal.

Desde luego que si el prólogo de “Naixença D’Una Mort Tranquil·La” era luz, el de “Dins La Meva Ánima La Sang Em Bull…” destila un carácter mucho más tenue y oscuro. Y sin embargo, de entre esa oscuridad va surgiendo un post-rock entre tenue y sombrío, elevado crescendo mediante, con melodías atravesadas por una cierta tristeza. Una encrucijada rota de pronto por guitarras de una melancolía, también de una fuerza, que por pura colisión construyen alguno de mis momentos favoritos de todo el álbum. Ese momento puede que salte en mil pedazos antes de lo que me gustaría. Sea como fuere, todo va redirigiendo hacia un post-metal que, de nuevo, parece jugar a hibridar a los Syberia pasados con los actuales (quien sabe si futuros) con una buena amalgama de riffs hábiles y base rítmica de precisión casi milimétrica. La composición se arquea y contorsiona sin por ello perder un ápice de gancho. Más bien al contrario. Puede que sean los Syberia más orgánicos, más telúricos, pero el recuerdo a bandas como Isis o Amenra se resuelve como (casi) inevitable. En otras palabras: puede que mi favorita de las cinco.

El arranque de “Quan Me’n Vagi No Em Tanqueu Els Ulls” porta un cierto clasicismo. Un post-rock postrado en las raíces mismas del género. Elegante, tendido, bien dibujado y del que se desprenden una delicadeza y (casi diría) un refinamiento roto, de manera abrupta, por una estupenda línea de batería de Manel y una gama riffera de nuevo igualmente clásica. El trazo dibuja un cierto vértigo. Partes más acomodadas que colisionan con otras más violentas, no lejanas de un post-black que a ratos podría llegar a rimar con el shoegaze de gente como An Autumn. En lo que a mí respecta, ha sido el corte que más escuchas ha requerido de cara a la redacción de esta reseña. No quisiera decir que su escritura resulte laberíntica, pero sí que esta resulta estar llena de virajes y recodos ante los que no cabe pérdida de atención. Con todos los sentidos puestos en este último corte, la recompensa son unos Syberia, aparentemente, en un momento más que dulce. Acompañados de esa mayor oscuridad sin perder conexión con sus propios orígenes. Un ejercicio de funambulismo sonoro a la altura de los compositores más avezados. A tres minutos del final se aviene la calma. El cuarteto rebaja los biorritmos para introducir la comentada narración del actor Lluís Soler y tramar su poético final. Estupendo broche.

La nota de prensa que adjuntan avisa y “Quan Tot S’Apagui” lo confirma: estos son los Syberia de siempre pero el poso más oscuro que se deja sentir a lo largo y ancho de muchos cortes otorga una marcada personalidad a este nuevo trabajo. La jugada, pienso, funciona, aunque como siempre, en esto habrá opiniones para todos los gustos. En cuanto a composición le encuentro pocas pegas. Menos aún en lo relativo a ejecución. La producción, como digo algo más “sucia” ahora, casa con ese espíritu más sombrío y Syberia huyen de su pasado sin olvidarse de él. Habiendo comprobado en el pasado lo mucho que esta banda gana cuando traslada sus obras al directo, solo queda, pues, disfrutar de estas nuevas composiciones en vivo lo antes posible. Guiño, guiño.

Texto: David Naves

Reseña: Easy Rider «Maniphesto» (Autoedición 2025)

Maniphesto” es el séptimo trabajo para los heavies de la capital Easy Rider, que viene a significar el primer largo, propiamente dicho, para su vocalista Dess, quien debutara con ellos en el Ep de 2021 “Metamorphosis”. La banda se completa con José A. Villanueva al bajo, Javier Villanueva y Daniel Castellanos en guitarras y José María Roldán tras baterías. Sería el propio Castellanos el encargado de producir, mezclar y masterizar estos nueve cortes, adornados por el diseño de la propia Dess y estrenados finalmente el pasado mes de septiembre.

Paralysis” se abre desde los mismos pulsos de un corazón aún latente. Concita después un heavy metal de trazo ágil, con estrofas bien dibujadas y un rasgo en estribillos con el que conecto en buena medida. La propia alternancia rítmica que ofrecen aquí, los distintos tonos, alcanzan a la voz de la propia Dess, cuya diversidad en cuanto a registros se adapta como un guante a este primer corte. En lo personal habría otorgado algo más de peso a ese solo que ocupa el puente. En cualquier caso, un opener sencillo, directo y nada desdeñable.

Felurian (spanish version)”, sí, vira al idioma de Cervantes para que Easy Rider adopten ahora una mayor mordiente en riffs. Frente a ese metal algo más agreste surgen contornos más melódicos. Y, por ahí, la banda va construyendo unos contrapuntos ágiles y bien ejecutados. Destacable la buena base rítmica que traman entre Roldán y José A. Villanueva. Y aunque alguno de los versos que Dess dibuja tras el micro me resulten algo atropellados, un corte de esos que va ganando peso con las escuchas. Estupenda sección solista, ahora sí, anticipando un epílogo de mordiente más pronunciada. Me divierte, aún con sus más y sus menos.

Welcome To My Paradise” es heavy / power metal a la europea, bien arreglado y ejecutado, donde José A. Villanueva está dejando una más que interesante y notable línea de bajo. Dess añade ahora unos tintes algo más hard a su registro. Y, de nuevo, de ese contraste surge un corte ágil, quizá algo indolente en lo que a riffs se refiere, pero desde luego nada indigno en su conjunto. Hay buenas melodías soldadas a las estrofas, y de hecho un mayor pulso melódico conforme el corte transcurre hacia el despliegue solista y, ahí, una composición más diversa y atrevida. Un corte que esconde varias capas sobre una misma piel, elegante, puede que no del todo sofisticado pero sí que muy efectivo.

Echo en falta algo más de pegada en el prólogo de esta “Hear My Voice”, donde sin embargo, Javier Villanueva está dejando su mejor cara como solista. Me gusta el pulso más tendido y atmosférico con el que han trazado estas primeras estrofas. También lo amable, casi juguetón, de su cuidado estribillo. Es la Dess más amable, dibujando junto con la banda un corte de fortísima personalidad dentro del álbum, al que enriquece y afianza. Más adelante emerge un cierto pulso prog. Nada acusado ni impostado, equilibrado y sin que desbarre en solos o requiebros ególatras y/o fuera de lugar. Otra de mis favoritas tras el correr de las escuchas.

Prey”, a la larga entrega más extensa de este particular manifiesto, da inicio desde la calma más absoluta, con Dess en tonos amables sobre apenas un delicado colchón acústico. Más tarde se sumarán arreglos de cuerda. También una ¿batería electrónica? que puede haga torcer el rictus a más de uno. En cualquier caso, una power ballad de voces bien afinadas, crescendos síldamente armados y solos a rebosar de feeling. A buen seguro poco sorprendente en lo que a composición se refiere, pero resuelta con la pericia que desde luego da la experiencia.

A esas calma y elegancia contraponen “Breaking The Chains” y el que puede ser el riff más grave de todo “Maniphesto”. Un corte que trae al frente a los Easy Rider más pesados, más groovies, que me recuerda a aquellos Dreamaker que Elisa C. Martín montara tras su tumultuosa salida de Dark Moor. Dess tiene momentos realmente agudos aquí. En realidad está trazando una línea de voz llena de matices, tanto en esos tonos altos como en los más graves. Un corte que, al final, me agrada más por su propio contraste con el resto del álbum que por sí mismo.

El tema título “Maniphesto” recupera a unos Easy Rider más alegóricos. Heavy / power trotón directo, lleno de buenos riffs (estupendos en estrofas) y detalles técnicos llamativos, que no redundantes. Trota José María Roldán tras baterías en apoyo de esos ritmos más vivos. Y a falta de una producción de mayor pegada, bien están esos acerados solos del puente central o la Dess más gritona del epílogo. A la contra de otros cortes dentro del álbum, uno que entra a la primera y arraiga fuerte en el subconsciente entre buenas cabalgadas de la base rítmica y la acertadísima gana riffera de la que hace gala.

Al menos en lo que a intensidad se refiere, por ahí circula también “The Deal”, elevando su habitual heavy de tintes power metal hasta bordear el speed. Por ahí, claro, se suceden riffs hábiles sobre una base rítmica veloz y contundente. Me agrada la clase de riffs sobre los que construyen esta penúltima andanada, también la línea de voz que ha construido Dess, muy especialmente en estribillos, que termina por llevar a buen término la cara más flamígera de los madrileños. Heavy metal directo y sin concesiones.

El cierre, para el que considero un buen disco de metal, corresponde a la versión en el idioma de Dickens de “Felurian”. Easy Rider, un poco como Azrael (sobre cuyo “Aquelarre” escribía hace escasas fechas) nunca llegaron a romper en popularidad como lo hicieron muchos homólogos suyos. Con el agravante, además, de que ellos lo hacían cantando en inglés, con todo lo que ello implica. No obstante ese estatus de culto les ha permitido, baile de voces mediante, la libertad de labrarse un sonido al que poder llamar propio. “Maniphesto” vuelve a incidir en su receta: metal a la europea con tintes de power aquí, algún groove allá, incluso algún (pequeño) escarceo con el progresivo. Esa mezcolanza, gracias al buen equilibrio que muestran en cuanto a composición, se me hace de lo más amena y disfrutable. Un disco que puede no ser sobresaliente, puede que no les granjee una nueva legión de seguidores, pero sin embargo logra aquello que pretende: mostrar a una banda ya veterana y fiel tanto a su propio legado como a quienes lo han seguido desde finales del pasado siglo. Que no es poco.

Texto: David Naves

Crónica: Medina Azahara + Be For You (León 12/12/2025)

Fue una semana aciaga, realmente terrible, para nuestro rock and roll. Jorge Ilegal y Robe Iniesta nos dejaban huérfanos de sus personalidades volcánicas y necesitábamos un acicate. Un chute de moral que regara con buenas vibraciones nuestra amargura. Y qué mejor que dejarnos caer por la comunidad vecina y dar buena cuenta de la gira despedida de los legendarios Medina Azahara. Acompañados de Be For You y con epicentro en un recinto, el Palacio de Exposiciones y Congresos de la ciudad de León, que lleva camino de convertirse en nuestra segunda casa, la excursión se dio más o menos como sigue.

De entrada se hizo raro asistir a un concierto aquí sin que el bueno de Jason Cenador introdujese a las bandas. Manías de Lionrocker. En cualquier caso, desde luego que “Nothing Lasts Forever” no fue el inicio que Be For You hubieran deseado. En particular la siempre distinguida voz de Ángel A. Díez, cuyo micro le dio algún que otro problema de inicio. Percance que, toda vez solucionan, permite un desarrollo de set en donde caben los inevitables juegos con su gente. Jugaban en casa, claro, y cuando vienen torcidas se nota. Ahí “The Lesson”, pese a transitar hacia un hard mas rotundo y pesado, no obvia la bien conocida elegancia del quinteto. Era nuestro tercer encuentro con ellos en lo que va de año y ellos, percances al margen, parecen más que asentados. David Aira, preciosa Ibanez blanca mediante, dibujó un estupendo solo aquí.

Ángel no se quiso olvidar de recordar los cuarenta (y tantos) años de Medina Azahara. A su lado Alfredo Arold, que volvió a alternar entre guitarra y teclas, introdujo la más tendida “Those Sundays Are Gone”, quizá una de las más y mejor adornadas de su setlist. Imprescindible labor de Aira aquí y un público que supo responder a las palmas requeridas por la voz de Be For You. Su relectura del “Heart Turns To Stone” de Foreigner no faltó a la cita. Es justo cuando creía estar viendo su mejor versión que otro percance vino a chafar el correcto desarrollo de la descarga. La PA se cogió unas inesperadas vacaciones, dejándonos huérfanos del bien conocido hard melódico de los leoneses. Deslució sobremanera “Light”, pero creo que al mismo tiempo les ofreció la motivación suficiente para dejarse la piel en el tramo final.

Un tramo final que recorre, del tirón, tres cortes que integrarán su futuro álbum de estudio “Waking The Fire”, siendo “This Distance Between Us” el primero de ellos, del que me agrada especialmente la escritura de su prólogo. Ángel, que se había deshecho ya de la chaqueta (bonita camiseta de Karma To Burn, por cierto), de nuevo tuvo problemas con el micrófono. La noche, desde luego, no estaba saliendo nada redonda para ellos. Pero como dije antes, espoleados por los inconvenientes, ofrecen su mejor cara aquí. A ratos el sonido iba y venía, en una sensación que me recordó a la terrible conjunción entre festival veraniego al aire libre y viento racheado. Curioso pues estábamos en un recinto cerrado a mediados de diciembre. El caso es que, sea como fuere, “Shadow Of Me” ofrece unas preciosas guitarras dobladas en el prólogo. Es un corte, oscilante entre la balada y el medio tiempo, que representa un registro en el que parecen particularmente cómodos. Cincuenta minutos exactos de una banda, nuevo disco en ciernes, que luchó de manera denodada contra los distintos problemas.

Corría el año 1979, algunos no habíamos nacido siquiera, cuando veía la luz el primer álbum de la banda, “Medina Azahara”. Y como suele decirse, el resto es historia. Obra fundacional de una formación que, con el correr de los años, acabaría por consolidarse como uno de los grandes nombres del hard / heavy de nuestro país. La buena entrada que registró el Palacio de Exposiciones y Congresos en la noche del viernes así lo atestigua.

Todo tiene su fin, pero también su comienzo. Y el de Medina Azahara resulta en una cuenta atrás que repasa la vasta discografía de los cordobeses. Se extingue esa intro y la banda aparece en escena, Paco Ventura empieza soleando con los dientes y Manuel Martínez ofrece el micrófono a la gente para que ésta introduzca “Paseando Por La Mezquita”. Porque qué mejor que empezar el show de una gira despedida por el mismísimo comienzo. A esos Medina todavía iniciáticos, que bordeaban el progresivo setentero, confrontaron “Algo Nuevo”, dando un giro de casi 180 grados para ofrecer su cara más rotunda y vibrante. Manuel Ibáñez, teclista de la banda, parecía pasarlo en grande en la parte de atrás del escenario. Y justo delante de él, Paco Ventura dibujaba, tapping mediante, un solo lleno de clase. El siempre carismático Manuel Martínez, toda vez superados los percances de salud, ofreció una más que digna versión de sí mismo considerando la edad (74 años) y los mencionados problemas de salud.

Así fue como encararon “Palabras De Libertad”, del estupendo “Dónde Está La Luz” de 1993, con todo el recinto a coro. Manuel Ibáñez se reveló fundamental aquí. En teclas pero también sumando coros. Ya para “El Vaivén Del Aire” me dio la sensación de que todo se estaba desarrollando de la manera más académica posible. Todo muy por el libro de estilo del género. Lo que no tiene por qué ser necesariamente algo malo. Paco Ventura, no perdía ocasión de acercarse a la parte delantera del escenario y ofrecernos desde allí todos y cada uno de sus solos. A su lado, el eterno Manuel Martínez, hacía suya la parte central de las tablas. Su voz, todo un emblema del rock andaluz, mostró un brillo sin excesos. Sabiendo de sus fortalezas y sus debilidades, no pienso su desempeño generase ningún comentario negativo en la noche del viernes.

Fue el propio vocalista de Posadas quien preguntó si había alguna Lucía entre el público. Era la introducción, claro, a “Junto A Lucía”, quizá uno de los estribillos más coreados de este primer tercio de set. Pero es en “Sólo Un Camino” que vemos un estupendo duelo solista entre Ibáñez y Ventura. Ambos sonrientes y risueños mientras dejaban muchos destellos de la mucha técnica que atesoran. A término, Manuel Martínez iba a tener unas palabras de agradecimiento para con la ciudad. También para preguntar si alguna fémina se animaba a bailar la danza del vientre en las tablas con ellos. Era el momento, claro, de “Danza Al Viento”, con el videoclip proyectado en el videowall y un escenario de lo más concurrido. “Al-Hakim… Otro Lugar”, que Paco Ventura y el bajista Carlos Deko reciben a saltos, puede que no enganchara tanto a estas alturas de la descarga, pero en cualquier caso dibuja otro fino duelo entre guitarra y teclas. Desde luego, y gustos al margen, nadie en su sano juicio va a negar el brillo técnico que poseen. Aunque de todo hay. A este corte enlazaron “Soldado”, que despiden pirotecnia mediante.

Ventura abandonó entonces su Les Paul para calzarse una llamativa Flying V blanquinegra con la que enfrentaría (casi) todo el tramo final. En un pequeño speech Manuel Martínez recordó cuando la banda recogió sendos premios de la música por el álbum “Aixa” y uno de sus cortes, no otro que el dedicado a su ciudad natal, “Córdoba”. Ni que decir tiene que uno de los momentos más sentidos del set. Una balada / medio tiempo que desde luego les funciona. Revelador el beso de Paco Ventura a la mencionada guitarra al final del corte. Otro momento cargado de significado iba a llegar con el recuerdo al gran Manuel Mart, hijo de Manuel Martínez, voz de Estirpe y que el maldito cáncer nos arrebató hace ahora cuatro años. Su padre, visiblemente emocionado, pidió que ilumináramos con nuestros móviles. Y entre todos, también el propio Mart, cantamos “Sólo y Sin Ti” con un nudo en la garganta. Pelos de punta, emoción desbordada y atronadora ovación final. Puro desgarro. Te recordaremos siempre, titán, no te atrevas a dudar.

Pero había que seguir. Secar las lágrimas, recomponerse y continuar. Que lo hicieron recordando, por partida doble, a unos tales Triana, casi con total seguridad el nombre más importante en la historia del rock andaluz, y al que rinden cumplido homenaje con la briosa interpretación de “El Lago” primero, la más reposada “Tu Frialdad” después. Con “Velocidad” volvían al repertorio propio, tremendo solo de Ventura aquí y firme la pegada de Fernando Prats tras baterías. En este tramo final me sorprende la buena acogida que recibe “Al Padre Santo De Roma”, que en su día grabara Camarón de la Isla, y no tanto, claro, el clamor que sucede toda vez encaran “Necesito Respirar”, la que es un gusto escuchar de mano de sus creadores originales, y no transmutada por orquestas de (a veces) muy dudoso pelaje. Manuel Ibáñez, teclado de mano mediante, se arrimó a la parte delantera del escenario y el público, huelga decir, no se dejó nada en el tintero. Ahí ya habría sido un buen final, considerando los aún recientes problemas de salud de Manuel Martínez, si bien éste había aguantado con entereza más de sesenta minutos de show.

De los bises me llama la atención la guitarra de círculos concéntricos, inevitable pensar en Zakk Wylde, que porta Paco Ventura. “A Toda Esa Gente” iban unos bises que se alargarían hasta la inevitable, y en éste contexto más aún, “Todo Tiene Su Fin”. Ventura introduce con un pequeño solo y acto seguido Manuel Martínez dirige el inevitable coro de voces. De nuevo piel de gallina. Para el final mismo quedan los agradecimientos, también las presentaciones (al completo, técnicos y roadies inclusive ) amén de un pequeño guiño a “The Final Countdown”. Un broche final, desde luego, de lo más curioso…

… para una noche que, si no fue redonda, tuvo que ver más con pequeños problemas técnicos y no con el desempeño de ambas formaciones. Be For You siguen quemando etapas de cara a su nuevo álbum, si bien quizá me esperaba alguna que otra novedad con respecto a su paso por el Lion Rock Fest, y Medina Azahara trazan los últimos coletazos de una trayectoria trufada de éxitos. Emborrachados pues de nostalgia, buenos sentimientos y mejor música, fue un gusto cruzar el Negrón y pisar de nuevo una tierra que siempre nos acoge con los brazos abiertos. Por ahí no queda otra que agradecer a Mar Fuertes y José Triskel por la acogida, a Artistik Producciones por las facilidades y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: José Rubio + Diego Sanjorge (León 29/11/2025)

El pasado sábado 29 de noviembre fui al acogedor pub Black Bourbon de León a ver el concierto de los virtuosos guitarristas Diego Sanjorge y José Rubio. Siendo sincera, esta crónica la escribo yo, que no soy precisamente una experta en técnicas, tácticas y tecnicismos de guitarras eléctricas, más allá de valorar si lo que escucho me gusta más o menos… Y me gustó, mucho, más de lo que podía imaginar. Claro, que los dos únicos participantes en el evento me lo pusieron muy fácil. Cada uno llevaba su portátil con sus bases pregrabadas, y tocaba en directo su guitarra en variados temas instrumentales. Pero lo hicieron con mucha intensidad, mucha pasión y toda su entrega.

Empezó el joven DIEGO SANJORGE, desconocido para mi hasta ese momento. Después, charlando con él amistosamente en el puesto de merchandising, e investigando un poco, supe que había sido alumno precoz del mismo José Rubio (y visto lo visto, alumno aplicado), y miembro de la banda de PACHO BREA, y después de IRON HUNTER y AD LIBITUM. En esta noche lluviosa, este gallego, treintañero pero ya veterano, venía con su proyecto en solitario, y por eso tocó temas de sus discos “Myth” (2017) y “Oneiromancy” (2022). Después de escuchar sus arpegios rapidísimos y sus variaciones melódicas, me cuesta creer que, como dijo, llevaba tres años sin tocar esos temas. Se notó enseguida su virtuosismo, su amplia formación musical, y su extensa experiencia en los escenarios.

En éste de León, él solo con su guitarra Schecter Hellraiser C7 de 7 cuerdas (no soy experta en guitarras, pero investigo) no dudó en saludarnos, presentar sus temas explicando interesantes detalles de cada uno, y se mostró empático y simpático, muy de agradecer. Supo alternar ritmos muy diferentes en cada canción, mezclando escalas más melódicas y alegres con solos más tenebrosos y oscuros, y, para rematar, nos deleitó con alguna balada de aires celtas, con violines y pianos sonando en la base pregrabada que le acompañaba.

Solo estuvo en las tablas una media hora, pero fue suficiente para convencernos de ir al puesto de merchan a comprar sus discos, y de seguirle a partir de ahora mucho más. Nos gustó y nos convenció.

Y sin mucha pausa le tocó al maestro del primero. Ya conocíamos a JOSÉ RUBIO, que a estas alturas ya no necesita presentación (WARCRY, JOSÉ ANDRËA, URÓBOROS, RONNIE ROMERO, NOVA ERA, etc.), y al que ya hemos visto por León en varias ocasiones, incluso en este mismo formato íntimo y en este mismo Black Bourbon. Esta noche nos daba el último concierto en su gira, en la que presenta su último disco instrumental, “Black Rose” (2023). Y de hecho, era su último concierto del año. Y, como es de esos músicos imparables, ya está pensando en entrar a grabar otra vez, lo cual nos alegra.

De nuevo un solo músico en el escenario, en este caso con dos guitarras: su habitual ESP blanca, con la que hizo casi todo el concierto, y una flamante guitarra naranja, según dijo, recién comprada ese mismo día (aquí me falla la investigación, lo siento). Comenzó con aires celtas, con temas de su disco «Celtic Lands» de 2019 (del que, por cierto, una servidora se llevó la última copia disponible en el merchan), llevándonos a Irlanda con «Shamain» y a Escocia con «The Rampages Of Robin Redcap«. Fue muy de agradecer que el cordobés residente en Galicia nos presentara cada tema detalladamente, diciendo de qué disco salía y qué contaba o representaba cada corte. Eso hizo al ofrecernos más adelante sus «Kelpie’s Song» y «Craigh Na Dum«, del ya mencionado disco, los cortes «Lionheart» o la trepidantemente rítmica «Land Of Terror» (la única en la que usó su guitarra recién comprada), ambas del LP «Forbidden Dreams» (2019), y «Releasing The Beast» (de su disco «Sensations» de 2016), a menudo con arranques suaves que remataban en sonidos más rápidos e intensos.

Además de tocar temas propios, nos deleitó con algunas versiones, perfectamente ejecutadas, de grandes guitarristas de fama mundial, como Michael SchenkerInto The Arena«), Joe Satriani Satch Boogie«) y el que, sin duda, es uno de sus guitarristas favoritos (y mío también), Gary Moore, de quien no solo tocó «The Loner«, sino que introdujo su tema propio «The Jacket Over The Grave» (precisamente de su último disco, «Black Rose«, el que motivaba esta interesante gira), contándonos la popular leyenda del hombre que conoce a una joven, la lleva a su casa, después la busca y solo encuentra su vieja tumba, y afirmando que el maestro norirlandés había sido su gran inspiración en este tema. Y sin duda, fue su gran maestro, porque Rubio literalmente la interpretó sin fallar una nota ni perder una pizca de pasión, una maravilla.

Hablando de maestría, nos dejó impresionados con el tremendo solo, ¿a modo de improvisación?, cargado de rapidísimas escalas, vibratos, tappings y demás técnicas de guitarra, casi imposibles de escuchar en directo, salvo que te encuentres con un artista de este calibre. Nos contó otra de sus debilidades, la novela oscura, especialmente la de Edgar Allan Poe, para introducir su tema «The Crow» (también del «Black Rose«). Supuestamente el concierto acababa ahí, pero no íbamos a dejar que se fuera tan rápido. Tras responder a la petición de un fan tarareando el estribillo de «Siempre Estás Allí» de Barón Rojo (el único momento vocal de la noche, sin micrófono), nos deleitó con todo un popurrí de solos de canciones mundialmente conocidas, repasando lo más importante de la historia del rock internacional (perdonadme que no recuerde todos, pero sonaron desde AC/DC hasta el ya inevitable final con el «Parisienne Walkways» de Gary Moore y el «Coast To Coast» de Scorpions, pasando por Iron Maiden, Judas Priest, Deep Purple y varios más). Parecía no tener fin, y nosotros estábamos disfrutando al máximo.

Pero llegó a su fin, y saludar después a ambos maestros virtuosos y compartir unos minutos de camaradería con ellos fue la guinda de este pastel que tanto nos gustó. Por eso, agradezco a ambos artistas que vinieran a León y se entregaran de esa manera, y les pido que vuelvan pronto. Y por supuesto, agradezco al pub Black Bourbon, especialmente a nuestra querida Patry, su acogedor recibimiento y todas las facilidades. Así da gusto.

Texto y Fotos: Mar Fuertes

Reseña: The Ominous Circle “Cloven Tongues Of Fire” (Osmose Productions 2025)

Cloven Tongues Of Fire” es el segundo largo de los death black metaleros de origen portugués The Ominous Circle, continuación del debut de 2017 “Appalling Ascension”. Ellos son Z.P. en bajo, M.A. en baterías, A.C. y M.S. en guitarras más S.L. en voces. Siete cortes producidos por João Ribeiro, masterizados por el Cruciamentum Dan Lowndes (Caustic Wound, Blood Incantation, Imprecation, Pallbearer…) en el True Resonance Studio y finalmente adornados por el arte de Ars Alchymiae. El álbum vio la luz vía Osmose Productions a finales del pasado mes de noviembre.

No se me ocurre mejor título que “Thus Beckons The Abyss” (“así llama el abismo”) para esta intro de apenas un minuto. No sienta las bases pero sí el tono, oscuro y verdaderamente ominoso, que domina al álbum en su totalidad. Produce una opresión que culmina en el cierto caos controlado de “Lowest Immanations”, con la banda entregando unos primeros instantes de una tensión casi inusitada. Se dibujan algunos pequeños solos. Caóticos y asfixiantes. Y cuando irrumpe la voz de S.L., en alguno de los tonos más cavernosos que le recuerdo al también frontman de Legacy Of Brutality, el quinteto apuesta por un acercamiento a ratos hiriente en su propia pesadez. Monolíticos, ciertamente disonantes, me agrada la forma en que ese registro tan hosco se enfrenta al negruzco caos de las guitarras. Pero cuando las baterías de M.A. adquieren un mayor peso y velocidad y la escritura se vuelve más intrincada y retorcida, surge un cierto acomodo. Un puente que transmite, dadas las circunstancias, una cierta calma. Un pequeño respiro al oyente antes del despiadado epílogo. Al alimón con la introducción del álbum, una dupla inicial profunda, angustiosa y vibrante.

Through Tunnels Ablaze”, que M.A. introduce desde baterías, parece continuar ahí donde lo dejara su predecesora. Pero aún en su brutal interpretación del black death, deja algún detalle melódico digno de mención. Después, y en una onda que bien me podría recordar a los pujantes Teitanblood, serán la velocidad y la intensidad quienes tomen la iniciativa. Hay riffs matadores aquí, a caballo siempre de la firme base rítmica de Z.P. y M.A.. Desnudos algunos de ellos, nota curiosa dentro de lo agrio, lo oscuro, lo negruzco de la composición. Los solos, que no llegan al rango de concesiones, sí pienso que revisten a este segundo corte de un aura muy especial. En su desmesura, parecen sin embargo muy pensados con respecto al tema que los aloja. En el puente surgen un paso más lento y desesperado, coronado con voces verdaderamente agónicas, donde no parece haber lugar alguno a la esperanza. A la luz. Introdujo al álbum en formato vídeo y puedo entender los motivos que determinaron tal decisión.

In Ira Flammae Devoratur Qui Salvatur”, algo así como “el que se salva se consume en la ira de la llama”, es poco más de minuto y medio de pasajes desolados y malsanas emanaciones procedentes de unas guitarras por las que supura toda la iniquidad de nuestra decadente civilización. Enlaza con una “Black Flesh, Sulfur, And All In Between” que abrirá de forma abrupta para luego dirigirse hacia unas primeras estrofas de poso lento y casi monolítico, de nuevo con S.L. en su registro más deliberadamente sombrío y oscuro. Un corte que parece consagrar la cara más disonante de estos The Ominous Circle, sentando las bases sobre otra más que interesante línea de batería del ex Bloodhunter M.A.. De nuevo, me agrada la manera en que esas voces cavernosas se contraponen a un cierto brillo, tenue, controlado, que fluye desde de las guitarras. El grosor de las mismas conforme el corte alcanza su ecuador. O ese metal descosido, vibrante y para nada misericorde con el que se conjuga. Un juego de intensidades muy bien resuelto desde el papel, que alcanza su cenit en uno de los solos más vitriólicos y enfermizos de todo el disco.

Writhing, Upturning, Succumbing” arranca tras el prólogo más llamativo, por diferente, de todo “Cloven Tongues Of Fire”. Y aunque quizá no sorprenda por la forma en que luego deriva en la cara más despiadada, por veloz, de la banda, sí creo que lo hace por la firmeza con la que parecen encarar ese black death metal implacable y furibundo. Aquí llama la atención además la alternancia que se produce en cuanto a voces. Dos registros, uno más profundo, otro más rasgado, confrontándose sin ningún tipo de concesión. Eficaz y muy servicial gama riffera, en especial esa con la que la composición transita hacia su tronco central, y que concita la cara más retorcida, enrevesada y casi me atrevería a decir que atrevida del quinteto. La producción, deliberadamente fría y sucia, cumple con creces su papel. Si bien pienso que el solo que anticipa al epílogo merecía un desarrollo algo mayor, bien está ese metal pesado y cabrón con el que cierran esta penúltima y nada benévola entrega.

No estamos precisamente ante un disco amable, pero la final “Utterance Of The Formless” aún se atreve a llevar un paso más allá el crudo imaginario del quinteto. Y lo hace desde un largo tercio inicial, agrio y pesado, al que rematan voces agónicas, nada sutiles, en compañía de riffs pétreos, baterías pesadas, retorcidas y una producción al servicio de ese viraje hacia territorios más doom. Lo que me agrada es la naturalidad con la que implementan los cambios de ritmo. El marcado groove de baterías primero, lo frontal que resulta el riff después. Ahí vuelven a emerger esos The Ominous Circle más disonantes. Es en gran tramo central donde descubren su cara más violenta y despiadada. Un black metal veloz, cortado de raíz con inusitada violencia. Es en ese puente que surge un metal alucinado y oscuro primero, un largo y casi demente solo de guitarra después, para de nuevo recuperar esa velocidad y finiquitar el álbum, de nuevo, entre lo pesado y lo alucinatorio. Perfecto broche.

Si queda alguna esperanza a esta decrépita humanidad nuestra, desde luego ésta no se encuentra en el segundo largo de The Ominous Circle. Densos, furibundos y sí, ominosos, concitan las fuerzas del más feroz black / death para grosar cuarenta y pocos minutos de puro metal insondable, desesperado y agónico. Una luz negra que invade y contamina todo aquello que baña, dejando tras de sí un rastro de inequívoca destrucción.

Texto: David Naves

Reseña: Azrael «Aquelarre» (Demons Records 2025)

Décimo “Aquelarre” para los chicos de Azrael, o lo que es lo mismo: Tino Torres en baterías, Marc Riera a la voz, Oscar Espín y Enrique Rosales en guitarras y Juan Manuel Salas al bajo. Con colaboraciones de Mario G.M. (que fuera miembro de la propia banda, llegando a grabar tres álbumes con ellos) y Zoraida Vidal (Saedín) ofrecen un total de diez temas producidos y grabados en los granaínos Z Studios el propio Rosales junto a Pedro Sillero. El mismo Mario G.M. se hizo cargo posteriormente de las habituales tareas de mezcla y master, Unai Endemaño disparó las fotos y, finalmente, Fernando Nanderas (Ankhara, Centinela, Opera Magna, Ñu…) se encargó del artwork. En la calle vía Demons Records desde finales de octubre.

Mientras Mi Cuerpo Aguante”, que no podría sonar más a pura declaración de intenciones, coloca el estribillo en el mismo prólogo y construye un interesante juego entre ese riff cabalgado de ese inicio y los más rocosos de las primeras estrofas. Éstas vienen bien adornadas, desarrolladas con pericia incluso por Marc Riera al micro. Regresa el trote inicial para estribillos y acomoda buenos detalles desde las seis cuerdas. El corte, uno de los más extensos del trabajo, va conformando esa naturaleza híbrida y a la vez pegadiza. Alza la nota final el gran solo que anticipa el epílogo. Certero primer corte.

Humanidad” lleva una onda que, en ciertos momentos, me recuerda a mis paisanos de WarCry. Azrael vuelven a apoyar su heavy metal sobre un marcado colchón de teclados. Pero la propuesta, en comparación con el tema inicial, se ennegrece aquí. Hay un gran trabajo en lo que a voces se refiere. Clásico y muy funcional. Bien medido con respecto a las estrofas que ocupa. Buenos enganches entre las mencionadas estrofas. Y si bien hecho en falta un bajo con algo más de peso en la mezcla final, uno de esos cortes que va ganando no poco peso con el paso de las escuchas. Ayuda ahí el buen duelo solista de su tramo central. También un epílogo bien trabajado y de lo más resultón. Otra buena oferta.

Pobre Diablo”, con Mario G. M. aportando en guitarras, es un heavy metal trotón y optimista. Deudor de los Helloween más alegres, también de los primeros Edguy, apoyado con firmeza sobre el doble bombo de Tino Torres. Dünedain, líneas de voz mediante, podría ser otra de las rimas de este tercer corte, el segundo más rácano de todo “Aquelarre” en lo que a duración se refiere, acierta a la hora de recuperar a los Azrael más directos y vibrantes. Un buen contraste al par de cortes iniciales, con otro buen solo en su parte central y coronado sin apenas perder esos ritmos alegres y vivarachos. Me agrada.

Noche De Brujas”, si bien en cuanto a la viveza de su heavy metal, parece seguir allí donde lo dejara su predecesora, cierto es que entrega a unos Azrael sensiblemente más oscuros. Algo que se transfiere incluso a las voces que dibujan a través de las primeras estrofas. Aquí y allá encuentro pequeños desequilibrios en cuanto a mezcla. No obstante esa desigualdad no esconde su metal vibrante, potente, de nuevo apoyado por unas teclas casi omnipresentes. Aquí se produce uno de los solos más interesantes de todo el largo, al que darán inicio las hábiles manos de Zoraida Vidal sobre el teclado. Un corte, que anticipó al disco, quizá algo deslucido en lo que a producción se refiere pero que, en cualquier caso, me atrae tanto desde el punto de vista gramático como el técnico.

Tierra Prisionera” se construye sobre uno de mis riffs favoritos de todo el disco. Me agrada la mayor presencia de Juan Manuel Salas en la mezcla de esta quinta apuesta. Un heavy metal clásico, con ciertas trazas de power metal y muy funcional, que de manera acertada (pienso) reserva un mayor nervio para sus estribillos. Hay cuidados engarces entre estrofas, un solo muy de la escuela Weikath / Hansen y un epílogo que, me da la sensación, les funcionará sobre manera en directo. Es cierto que, en lo que a construcción y escritura no llama tanto la atención como otros cortes de este nuevo trabajo. Pero recupera la producción tan equilibrada de comienzos del álbum para un heavy metal pegadizo, enérgico y funcional.

Dolor y Agonía”, entrega más rácana en cuanto a duración de este “Aquelarre”, es un heavy metal de trazo y gusto muy clásicos. Hay un cierto olor a Judas Priest en las estrofas, que contrasta con el poso más tendido de sus estribillos. En estos hay voces realmente agudas. Bien construida sobre otro riff hábil y con gancho, a ratos siento que las ideas aquí dispuestas daban como para un corte algo más ambicioso. En todo caso, bien están ese solo tan virguero de su tronco central o las poderosas voces del epílogo. Me deja con ganas de más.

Duele” resulta en una balada de corte entre épico y elegante, con un gran despliegue vocal y unas teclas, de Zoraida Vidal, realmente hábiles. Se eleva, guitarras y base rítmica mediante, en un crescendo igualmente clásico y muy funcional, hacia territorios más ampulosos y grandilocuentes. Clásica power ballad en la más pura tradición del género. A favor el gran despliegue vocal y la gran producción de la que hace gala. En contra, que pueda resultar algo previsible.

Un Paso Más” recupera a esos Azrael más vibrantes, próximos (cuando no lindantes) con un power metal directo y sin contemplaciones, que de nuevo me recuerda a los chicos de Dünedain, y en donde Riera se maneja en tonos realmente altos. Con un Torres incansable tras baterías, uno no puede hacer otra cosa que disculpar esa construcción algo plana. Porque la producción y mezcla aciertan a la hora de magnificar la pegada, convirtiendo a este penúltimo corte en uno de los más poderosos de este nuevo trabajo. Nervio y garra intactos, que para más de treinta años transcurridos desde aquella iniciática demo de 1993 no está pero que nada mal.

El interesante prólogo de “Ángel Desterrado” tiene algo que me recuerda a unos Avalanch de álbumes como “Muerte y Vida” de 2007. Elegante, bien construida, con Riera volviendo a esos tonos altísimos, pero donde echo en falta un estribillo con algo más de gancho. Sea como fuere, hay en ciertas estrofas un deje que, a ratos, me recuerda a los mejores momentos de Queensrÿche. Una guerra de contrastes para un corte que me atrae solo a ratos, aún cuando le reconozco los buenos detalles de Zoraida Vidal tras las teclas o el hábil solo del epílogo. Desigual, me agrada sin engancharme…

… que podría ser un poco la sensación que me dejan los propios Azrael en sí. Una banda que jamás fue capaz de romper el particular techo de cristal y alcanzar al nivel de reconocimiento que sí lograron según qué contemporáneos suyos. Algunos, de hecho, citados en la propia reseña. Por ahí que encuentre de especial mérito que, a pesar de todo, sigan contra viento y marea, ofreciendo buenos pildorazos de heavy metal a su fiel legión de seguidores. Con cortes que brillan con luz propia, véase la dupla inicial, la cierta oscuridad de “Noche De Brujas”, la grandilocuencia de “Duele” o la pegada de “Un Paso Más”. Siguen en la pelea.

Texto: David Naves

Reseña: Unexpectance «Solus Ipse» (Autoproducción 2026)

Solus Ipse” es el tercer largo en la trayectoria de los asturianos Unexpectance y trae consigo algún cambio que otro. El más notorio, el que ahora lleva a Vaan a encargarse de las tareas vocales. Junto a él están Nacho Peña y Miki Méndez en guitarras, Aitor G. Stamper al bajo y Luis Barrientos a la batería. Los asturianos debutaron en 2016 con “La Metástasis De La Desesperanza”, ofrecieron un más que notable “Vortex” en 2022 y vuelven ahora con energías renovadas y un álbum que cierra su particular mirada a la trilogía sobre la obra de Dante. El trabajo fue grabado por ellos mismos, contando eso sí con las muchas habilidades de Daniel Sevillano para la mezcla. El proceso de masterizado corrió a cargo del propio Nacho Peña. “Solus Ipse”, al que adorna el arte del artista japonés Biljee Shimpei, tiene prevista su salida al mercado el próximo quince de enero.

El concepto griego “Sophrosyne” puede que aluda a la templanza, moderación o sensatez, pero en manos de Unexpectance supone un aldabonazo de ardiente metal moderno. Vaan arremete, a puro desgarro, las primeras estrofas. Y el corte, Luis Barrientos mediante, transita por momentos realmente agrios, confrontando violentos blast beats con un metal pesado y conciso. En la más pura tradición del combo asturiano, surgen pequeñas islas de tranquilidad. Y, desde ahí, transitan hasta su cara más atmosférica. Pero lo que me agrada es la forma en que la composición respira. Compuesta en lo musical por Stamper, da comienzo al álbum conteniendo muchas de las ideas que habrán de alimentarlo desde aquí hasta el final. Pero sin que nada resulte atropellado ni tampoco artificial. Rematada con un imaginativo solo previo al epílogo, supone una más que notable toma de contacto con este “Solus Ipse”.

Momiji” representa “el acto de contemplación del cambio de color de las hojas del arce japonés”. Composición de Peña tanto en lo musical como en lo lírico, sorprende primero con la fuerza sinfónica del prólogo, después con el gran trabajo llevado a cabo en lo que a melodías se refiere y finalmente con ese juego de Vaan entre registros. Esa dualidad otorga una mayor dimensión a esta segunda entrega. La nueva voz de Unexpectance acierta a sonar más agónico aquí. Y Barrientos vuelve a alternar esas partes más vibrantes con un metal realmente pesado y contundente. Fue una de las cartas de presentación del álbum, aún cuando se trata de la entrega más extensa de este tercer disco. En toda la composición anida una cierta elegancia, la que propician esos arreglos de tono casi grandilocuente. Y que contrastan, como ya digo, con el metal más nervioso y vibrante con el que lo rodean. Un juego de intensidades marca de la casa y en el que los asturianos parecen más que cómodos.

Ataraxia”, o lo que es lo mismo, “estado de imperturbabilidad, serenidad y tranquilidad del ánimo, libre de pasiones, temores y deseos desmedidos”, entrega ahora a unos Unexpectance mucho más orgánicos. De nuevo composición total de Peña, siento que el trabajo en cuanto a riffs es encomiable. Sus primeras estrofas son tan agrias como reconocibles. Y es que no cuesta seguir el rastro de sus líneas maestras hasta cortes del anterior “Vortex” como “Hipersomnia” o “Neurapraxia”. La banda a pleno rendimiento, siendo muy consciente de todas sus fortalezas, y con un Vaan desbocado frente al micro. Las melodías que van inundado las estrofas, el groove tan adecuado que surge más adelante o esa vibración tan cercana al melodeath que surge a destellos. Si bien hay (a ratos) una cierta sobre producción que puede enfurruñar a los más clasicistas, ellos vuelven a cerrar con otro solo digno de atención. Fue la otra carta de presentación de “Solus Ipse” y no seré yo quien ponga peros a la decisión.

Gnosis”, o el “conocimiento absoluto e intuitivo, especialmente de la divinidad, que pretendían alcanzar los gnósticos”, trae consigo un llamativo prólogo primero, y un riff con un gancho de mil demonios después. También unas ambientaciones llenas de presencia y clase. Medio tiempo pesado, arrastrado, con ya digo un gran trabajo en lo que a riffs se refiere y con un Vaan del que emana una cierta desesperanza a ratos. Composición de Peña en lo musical, representa en gran medida a los Unexpectance mas crudos y arrastrados. Apenas un pequeño cambio de ritmo conducirá hasta el breakdown del epílogo. Y si bien siento que a éste se le podría haber sacado un poco más de jugo, algo me dice que la propia crudeza que desprende bien podría convertirla en próxima favorita de sus seguidores.

Regresa Stamper a las labores compositivas en “Noesis”. En filosofía, noesis es un concepto del pensamiento griego que se refiere a “la acción de pensar o actividad del pensamiento”. Nacho Peña pone en esta ocasión la letra a la que puede ser una de las composiciones más heavies de todo el álbum. Aún cuando su arranque, ese curioso prólogo, no podría ser más exógeno. Pero la forma en que adornan las primeras estrofas, cómo crepita en ellas el bajo del propio Stamper, unidas a esa vibración mayor durante estribillos ciertamente otorga otro cariz a la banda primero, al disco después. Contiene otra gran labor en lo melódico, fundiendo ese pulso más clásico con ambientaciones cercanas al metalcore más al uso. De resultas de todo ello surge finalmente un corte en constante mutación, de esas que ganan una barbaridad con las sucesivas escuchas, y que no cogerán de nuevas a quienes recuerden trabajos en solitario del bajista Aitor G. Stamper.

A “Nematomorpha”, nombre de unos parásitos inductores del suicidio, le corresponde entregar a los Unexpectance más violentos y despiadados de todo “Solus Ipse”. Nombres como Lorna Shora o Mental Cruelty acuden siempre a mi subconsciente aquí, lo que da un poco la medida del mal café que el quinteto ha vertido en esta sexta entrega. Sin que la producción se resienta lo más mínimo, todo me funciona aquí. La violencia que despliega Vaan tras el micrófono. La pesadez y también la crudeza que emana de ciertos riffs. Lo diversa que resulta esa línea de batería de Barrientos. Ese groove tan descosido. Otro corte coctelera, en el que caben un sinfín de ideas, pero que aún así resulta extrañamente cohesivo. Coherente incluso. Nacho Peña mostrando su mejor cara como compositor, tramando un corte diverso y, de todos modos, redondo.

Ethos”, o lo que es lo mismo, el “conjunto de rasgos y modos de comportamiento que conforman el carácter o la identidad de una persona o una comunidad”, pone a Barrientos a volar tras el kit de batería, mientras traza un prólogo incendiario, nervioso, casi fulgurante. Luego la producción recrea colchones sonoros durante las estrofas, mientras que solos rebosantes de técnica y clase ejercen de debido engarce entre estas. Cabe también un buen trabajo en la parcela melódica. Y si bien a estas alturas del álbum su estructura puede no resultar ya tan llamativa, lo cierto es que ellos aciertan a entregar otra composición ganadora. Diversa, como lo son casi todas las aquí presentes, bien arreglada y con un Vaan que, de nuevo, recupera esos tonos algo más desesperados. Tremenda.

Samsara”, el “ciclo de nacimiento, vida, muerte y renacimiento en las religiones de la India como el hinduismo, budismo, jainismo y sijismo”, también un magnífico documental de Ron Fricke, son unos Unexpectance un tanto refractarios al resto del álbum. Es algo que se palpa en la tranquilidad del prólogo y en ese quiebre tan violento que propician las primeras estrofas. De estas surge una banda que se arrima, ahora sin medida, a las fronteras del death melódico, con Barrientos llevando firme el pulso y los riffs de Peña y Méndez quedando como alguno de los más llamativos de todo el álbum. Agria, directa y cruda, dueña de breakdowns salvajes y grooves incendiarios, esta octava entrega viene a dar cumplida muestra de las pocas barreras que los chicos han puesto frente a la hora de sentarse a componer. Su último verso no podría resultar más definitorio: “Romperé las cadenas de esta pesadilla. Forjaré un nuevo paraíso, Y allí gobernaré”.

Hybris”, concepto griego que “puede traducirse como arrogancia, altanería, insolencia, soberbia, ultraje, desenfreno o desmesura”, nos devuelve a unos Unexpectance en cierto modo más clásicos. Muy presente, algo virguero incluso, el bajo de Stamper ahora, durante unas primeras estrofas en búsqueda de una cierta grandilocuencia. La banda entrega un penúltimo corte lleno de pulsos altos y voces agónicas. Hay buenos acentos melódicos, una batería muy poco lineal y de nuevo ideas que me retrotraen al anterior “Vortex”. Quizá porque hay voces de Vaan aquí que me recuerdan, y no poco, al que fuera anterior vocalista del combo, el actual Chamako Wey! Daniel Larriet. Mucha atención al solo final.

Empíreo”, que corresponde a “la iluminación a través del conocimiento, el final del viaje”, es fácilmente una de sus entregas más diversas y atrevidas. Un cierre en donde anidan muchas de las ideas que manejan a la hora de sentarse a escribir. Sus primeras estrofas son violentísimas, con Barrientos a puro blast beat en compañía de un Vaan ciertamente vibrante. Hay guiños más melódicos, fugaces pasajes tranquilos, plenitud de cambios de ritmo… puede que, a ratos, no resulte tan cohesiva como otros muchos cortes de este “Solus Ipse”. Por contra, esa cualidad tan impredecible, a buen seguro la convierte en uno de sus cortes más atrevidos. Esto, como siempre, irá en los gustos, los usos y las costumbres de cada uno.

Escuchado varias veces, aún siento que resta jugo por exprimir del tercer álbum de los asturianos. No sorprende la calidad de la producción. “Vortex”, maltratado como tantos otros trabajos por la dichosa pandemia, ya dejaba el listón alto en este sentido. Pero la entrada de Vaan al micro parece haber otorgado una mayor dimensión al conocido metal contemporáneo de los asturianos. Muy firmes ya desde la propia composición, el álbum es un compendio de capas, intenciones, ritmos e intensidades, desplegadas las más de las veces con altas dosis de equilibrio y mesura. Hay pequeños guiños al death melódico, casi inherentes a este tipo de álbumes, grooves matadores, algún que otro breakdown verdaderamente afilado y una gran, grandísima labor en lo que respecta a las guitarras de Peña y Méndez. En melodías, en solos pero de manera muy esencial en cuanto a riffs. Lo siento así. De resultas de ello emana un álbum donde uno atisba ya una palpable madurez en el seno de Unexpectante. Empresa harto difícil si uno tiene en cuenta lo dramáticos que suelen suponer los cambios de voz en formaciones como esta. Todo un logro.

Texto: David Naves

Crónica: Edén + Mandrágora Negra (Gijón 15/11/2025)

El pasado sábado 15 de noviembre nos desplazamos hasta Gijón para presenciar el concierto de Edén, grupo asturiano al que venimos siguiendo desde sus inicios. Nos presentaban su última obra de estudio “Alma De Libertad”, editada en 2024, acompañados para la ocasión de la banda de Irún, Mandrágora Negra, que a su vez nos mostraron temas de su último disco “Símbolo De Libertad”, publicado en 2022, junto con otros de álbumes anteriores.

No quisimos desaprovechar la oportunidad de acercarnos a la Sala Buddha, que recordábamos más como local de ocio nocturno en el que se pinchaba música de otros géneros que nada tienen que ver con el heavy y el rock y con su original decoración al estilo “templo budista”. Al llegar nos sorprendió mucho ver que no han pasado los años por ella, sigue con sus características figuras de Buddha y Shiva de antaño, pero en pocos minutos se iba a convertir en todo un “templo del metal”, cuando Mandrágora Negra y posteriormente Edén, comenzaron con su descarga de power metal y heavy ochentero. Resaltar también que aplaudimos su iniciativa de organizar de vez en cuando eventos de rock y géneros musicales ajenos a los de sus inicios.

Los primeros en aparecer sobre el escenario a las 20:10 horas fueron Mandrágora Negra, banda que actualmente, y tras varios cambios de formación, se presentaron como un sexteto compuesto por Moisés Montero “Moi” (voz), Maxi Fructuoso (bajo), Antonio J. García Ibáñez (guitarra), Mikel Pascual “Pasku” (guitarra), Garci (batería) y un teclista de reciente incorporación que confiere a la banda un sonido más próximo al metal melódico.

Abrieron fuego con “Sueños De Realidad”, perteneciente a su primer y homónimo álbum de 2012, y con el que comprobamos desde el inicio que esta banda en vivo suena cien por cien a heavy metal clásico y power metal. Siguen con un par de cortes de su último trabajo “Símbolo De Libertad”, como son: “Vencerás” y “Jamás Me Rendí”, tema éste último con un pegadizo estribillo que fue coreado por los asistentes. Continúan con “Gritaré”, tema de su primer disco. A continuación nos presentan “Sigue Adelante” y Moi nos comenta que es el nombre del cuarto disco que están grabando. Después le tocaría el turno a “Símbolo De Libertad”, perteneciente al álbum del mismo nombre lanzado en 2022.

Con “Un Largo Camino”, Moi muestra su agradecimiento a todos sus seguidores y al público presente en la sala dedicándonos este tema, que como su letra indica es todo un homenaje a la lealtad de sus fans. A continuación nos presentan “Nuestra Lucha”, tema nuevo que están grabando. Siguen con un corte de su último disco “Mi Soledad”, tema melódico que empieza lento para ir ganando fuerza y ritmo con un marcado estribillo y con “Mi Última Función”, primer corte perteneciente al mismo álbum.

Antes de la recta final, tuvieron tiempo para emocionarnos con una magnífica versión en castellano con título “El Traidor” de la banda suiza Gotthard, el conocido “Anytime Anywhere”. Seguidamente Moi presenta el tema “Fue Tu Pasión”, que según sus propias palabras dedica “a los que les gustan las motos y a los que no”. Como broche final sonaría “Imparable” de su álbum homónimo lanzado en 2015. Para terminar a las 21:15 horas con “Tocando El Cielo”, canción perteneciente a su primer disco “Sueños De Realidad” y con un público entregado completamente a su música.

A las 21:35 horas saltan al pequeño escenario de la Sala Buddha, Edén. El grupo asturiano, tras haber pasado por numerosas formaciones y con el guitarrista Javier Díaz (Notredame, Warcry) como único miembro de la formación original, actualmente está integrado por el también guitarrista Álvaro Cocina (Intermezzo, Nuevecondiez), el batería Fernando Argüelles (Vendaval, Northwind, Nuevecondiez), el bajista Juanjo Díaz y su último vocalista, el leonés Fernando González “Dini” (Decibel Race, Darkkam).

Comienzan con Dini arrodillado sobre el escenario y empieza a sonar como introducción la narración de “Cenizas”, continúan con “Ave Fénix”, momento en el que el guitarrista Álvaro Cocina salta a tocar entre el entregado público de las primeras filas y “Nunca Más”, corte de ritmos acelerados y un estribillo pegadizo con el que el respetable empieza a bailar y cantar. Todos los temas del inicio son pertenecientes a su último trabajo de estudio “Alma De Libertad”, que nos venían a presentar.

Siguen con “Desde El Aire”, de su fantástico disco “El Despertar De Los Sueños” de 2019. De este álbum y del último fueron la mayoría de los temas que interpretaron esa noche. Posteriormente le llega el turno a “Alma De Libertad”, canción titulada igual que su último disco y a “Puede Ser”, también perteneciente a este trabajo y que Dini dedica a la gente que nació con “mala suerte” y ha tenido contratiempos, este tema es todo un himno que invita a superar las dificultades de la vida.

Continúan con “Corazón”, canción melódica perteneciente al álbum “El Despertar De Los Sueños”. A continuación siguen con otros dos cortes de “Alma De Libertad”, como son “Muerte Carmesí” y “Como Un León”, tema este último compuesto por Javi Díaz y al que su compañero Dini presenta como un “ilustre del rock”. Al término de esta canción los componentes de la banda brindan por el metal con un chupito de whisky, que les traen desde la organización, junto con numerosos botellines de agua.

Rescatarían “Junto A Tí”, tema perteneciente a su tercer disco “Caminante Del Tiempo” de 2011 y que en su presentación califican como “happy metal”. Seguirían con “Sangre De Metal”, canción con mucha fuerza dedicada a los metaleros. En la recta final del show, Dini muestra su agradecimiento a Mandrágora Negra y al personal de la Sala Buddha, para seguidamente deleitarnos con la versión de “Rebel Yell” de Billy Idol y con su guitarrista, Álvaro Cocina, tocando mezclado entre el desatado público.

Terminan en torno a las 22:55 horas con “Ella”, canción de marcadas influencias del metal ochentero, que fue uno de los singles del último álbum, con un llamativo videoclip y uno de los temas más coreados en la sala. Personalmente el show se me hizo corto. Por motivos de horarios de la Buddha no pudieron tocar el setlist al completo y aunque no era la primera vez que veía a Edén en vivo, me gustó mucho cómo sonaron y lo bien que se ha integrado Dini en la banda, con una voz de registros muy apropiados para el estilo musical heavy y power metal. Nos dejaron a todos con muy buenas vibraciones y ganas de volver a verlos en el escenario.

Por último, sólo me queda agradecer a Heavy Metal Brigade su apoyo para la elaboración de esta crónica, a las bandas por su buena energía y cercanía, a la Sala Buddha en la que encontramos viejos conocidos, a los amigos y compañeros que recorren las salas y a todos los que apoyáis a la música. Nos vemos próximamente… hasta entonces, que el rock & roll no deje de sonar!!!

Texto: Aurora Menéndez
Fotos: Miguel Rubio