Crónica: Tarja & Marko Hietala «Living The Dream Together Tour» (Gijón 30/1/2026)

El Living The Dream Together Tour 2026 traía a los ex Nightwish Tarja Turunen y Marko Hietala al Gijón Arena. Una buena oportunidad para repasar la amplia trayectoria de uno y otra, amén de reencontrarse con buenos amigos y pasar una, por otro lado, muy desapacible noche de viernes.

En lo que al abajo firmante respecta, aún no conocía el recinto gijonés en esta nueva iteración. Y nada más hacer acto de presencia, lo primero que ven mis ojos es la despedida de la primera banda de la noche, los británicos Serpentyne, con quienes espero saldar mi deuda en un futuro. Por suerte el compañero Miguel Rubio nos cubría las espaldas y aporta la siguiente reflexión:

Media hora tuvieron los londinenses Serpentyne, habituales acompañantes de Tarja por sus giras en Europa para calentar el ambiente. Su estilo, totalmente alineado con el espíritu del evento, se mueve ente el metal sinfónico y el folk metal. Presentaron, no exentos de varios problemas técnicos, temas fundamentalmente de su último trabajo «Tales From The Dark» de 2025.

Al rato nos topamos con los rockeros estadounidenses Rok Ali And The Addiction. Los de Nashville ofrecieron un set de un rock denso, parapetado entre lo clásico y lo alternativo, que tuvo difícil encaje en una noche como esta. Densos a ratos, Chris Nix dejaba algún que otro destello de calidad desde su guitarra mientras Alison Krebs divagaba con su voz por el escenario. Le pusieron empeño y ganas, pero desde luego no era ni el momento ni el lugar.

Marko Hietala y su banda saltan a escena cuando faltan diez para las ocho, procurando con “Frankenstein’s Wife” un apaciguado arranque de set, a la contra de aquello que dicta el libro de estilo. Aún con media entrada, siendo generosos, en el coso gijonés, el finlandés mostró tanto una imagen algo descuidada, esa raída sudadera, como una voz en perfecto estado de revista. Todo carisma y sonrisas, “Rebel Of The North” resulta algo más vacilona. Tuomas Väinölä con la guitarra y Bob Engstrand tras las teclas dejaron buenos solos aquí. Los cambios de instrumento del propio Väinölä serían una constante a lo largo de la noche. Y es que para la más rotunda “Proud Whore” es una Explorer la que cuelga de sus hombros. Con ella dibuja otro gran solo. Ni que decir tiene que el carismático bajista finlandés sabe rodearse bien.

Hablando de guitarras, a pachas entre la acústica y una Telecaster (o eso me pareció desde abajo) es que enfrenta Väinölä una “Isäni Ääni” que pondría la calma, el sosiego y también la elegancia. “Impatient Zero”, a todo esto con Hietala dando un buen nivel en cuanto a voz, recuperó parte del nervio perdido. Aquí la banda brilla también a nivel técnico, con buenos solos de guitarra primero y de teclado después. A término, hubo gritos de “Marko, Marko” desde el público, síntoma inequívoco de lo bien que se lo estaban pasando. Así las cosas, diría que “The Dragon Must Die” fue lo más completo del show. Por ese aire medio oriental pero también por el modo en que ellos acertaron a conjugar técnica y músculo. Fácilmente mi favorita de Hietala el pasado viernes…

… aunque la gente pareció recibir de mucho mejor grado la más festiva “Juoksen Rautateitä”. Amén de un Hietala que ya tenía a la audiencia en el bolsillo, aquí brilló sobremanera Bob Engstrand a las teclas. Estupendo arreón final, por cierto. Las tres voces al frente armonizan al tiempo que ofrecen una pequeña pausa en “Roses From The Deep”, cuando quizá el set pedía algo más de brío. Y da igual porque cuando Marko, en perfecto inglés, anuncia que conoce a una amiga que “canta bien”, el Gijón Arena poco menos que se viene abajo para recibir a la leyenda finlandesa del power sinfónico Tarja Turunen. Juntos entregan “Left On Mars” mientras un mar de móviles buscaban inmortalizar el momento. La química entre ambos, huelga decirlo, era total. Ella se fue, prometiendo volver pronto, y Hietala se despidió con aquella “Stones” de su “Pyre Of The Black Heart” de 2020. Una hora prácticamente clavada de set y la sensación de que éste fue claramente de menos a más.

Pasan veinte de las nueve cuando Tarja regresa sobre las tablas del Gijón Arena. Lo hace después de una pequeña (y preciosa) introducción para irrumpir con los aires de tango, después de todo su marido es argentino, de “Eye Of The Storm”. Doug Wimbish, músico que ha tocado para gente del calibre de Living Colour, Jeff Beck, Mick Jagger, Madonna o Joe Satriani entre otros muchos, tendría algún problema con el bajo aquí. Resuelto, para agrado de todos, a la mayor brevedad. A término y en perfecto español, Tarja reconocería estar “muy contenta”. También nosotros de verla tan risueña, tan comunicativa. Y lo que es más importante: con su característico registro aparentemente intacto. El escenario, pienso que muy apropiadamente, se inunda de luz roja para “In For A Kill”, a buen seguro uno de los cortes más oscuros (dentro de lo que cabe) del set.

Por contra, “Undertaker” deja un riff principal que es puro gancho. Buena labor a las guitarras de Julian Barrett y Alex Scholpp. La puesta en escena se reducía a poco más que un videowall ofreciendo algún que otro videoclip, como fue el caso aquí. Así las cosas, pienso que lo mejor de esta primera parte. Tarja nos contó entonces que se venían dos cortes que no habían tocado en mucho tiempo (salvo por la noche anterior en Lisboa), siendo el primero de ellos “500 Letters”. Esta, que agigantó la cara más sinfónica de la banda, pudo pasar algo desapercibida. Y es una pena porque Scholpp dejó un estupendo solo de guitarra en su parte final. “Crimson Deep”, en cambio sí que acertó a conectar con la gente. Desde la fina introducción de Wimbish, pasando por ese tono a ratos casi amable y terminando por una Tarja, parapetada tras el pie micro, intachable en desempeño vocal.

En “Demons In You” se iba a dar uno de los momentos especiales de la noche, que se inicia cuando Tarja echa mano de un smartphone de alguien del público y culmina cuando aúpa a un pequeño a las tablas. La gente poco menos que se volvió loca aquí. Pequeños grandes detalles que siempre suman. No hace falta más que recordar la torrencial ovación que se le brindó. “Victim Of Ritual”, de nuevo con un vídeo proyectado al fondo, muestra a una Tarja en constante búsqueda del contacto con el público. También algún que otro problema con la microfonía de la batería, de nuevo solventado sobre la marcha.

Iba a llegar entonces un dramático giro de guión. Marko Hietala volvía a escena para un pequeño impás acústico. De entre otras me pareció reconocer “Feel For You”, de aquél “Century Child” de 2002, “Eagle Eye” del aún más lejano “The Shadow Self” de la propia Tarja y, volviendo a Nightwish, “Higher Than Hope”. Tras la calma, tras haber guiñado el ojo a la anterior banda de ambos, vuelta al eléctrico para “Slaying The Dreamer”, que en cierto modo anticipaba la que estaba por venir. Tarja, no obstante, contraatacó (es un decir) con material propio. La elegante, distinguida y bien rematada “Silent Masquerade” mostró la mejor cara de la banda en lo que a ejecución se refiere.

Digo esto porque quizá el clásico inevitable (uno de tantos) “Wishmaster” no alcanzó a sonar tan redondo como me esperaba, lo que no quita para que el público se volviera loco cantando y bailando. Con Hietala yéndose de nuevo a camerinos, le llegó el turno a la propia frontwoman de agradecer todo el apoyo que se le ha brindado en estos treinta años de carrera. Se dice pronto. El Gijón Arena respondió arrullando con sus voces a la finlandesa. Ella cerró en solitario demostrando cuánto de bien cuidada está esa particular voz suya.

Para los bises quedaron “Dead Promises”, de aquél “In The Raw” de 2019, y con un estupendo (y me quedo corto) Scholpp en coros, con Hietala de vuelta la siempre machacona “Wish I Had An Angel”, que puso a botar a todo el mundo, y el cierre con las presentaciones primero y la muy apropiada “Until My Last Breath” después. Pienso que un gran rush final. En lo personal habría cambiado alguna de las versiones por “Nemo”, pero con eso y con todo, una jornada bien agradable.

Qué bueno por un lado tener un recinto en Asturias capaz de acoger citas como la del viernes y por otro que la gente respondiera del modo en que lo hizo. En lo que a esta región concierne, llevamos años (décadas) añorando y rememorando aquellos inolvidables conciertos en la célebre, mítica (y ahora resurgida) Quattro de Avilés y, de la nada, el Gijón Arena ha venido a acoger la venida de toda una Tarja Turunen, que no es poco, a juzgar por la buena entrada que registró el renovado coso gijonés. Aprovechemos mientras nos dure, pues fue esta una cita de lo más entretenida y agradable. Que (Rok Ali And The Addiction al margen) se desarrolló con un sonido más que óptimo (era mi mayor temor al entrar por la puerta) y que a servidor, optimista recalcitrante, me hace albergar grandes esperanzas de cara al futuro. Veremos lo que tardan los de siempre en echarlas por tierra.

Sin duda que fue una buena jornada. Gracias infinitas a la nutrida compañía por hacerla aún más llevadera si cabe, a la promotora por las facilidades dispuestas en favor de esta crónica y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: Miguel Rubio / José Ángel Muñiz

Reseña: Adventus «De Mi Corazón Y Otras Miserias» (Maldito Records 2025)

Cuarto largo para la agrupación Adventus y primero con Ramón Lage en voces. Junto al ex Avalanch encontramos a Nacho Arriaga (Arwen) en baterías, Dani Arcos (Bloodhunter) en guitarras, Fernando Mainer (Mägo de Oz, ex Ankhara) al bajo y, por supuesto, el alma mater del proyecto, Manuel Ramil (Avalanch, ex WarCry) en producción, grabación, mezcla y masterización. “De Mi Corazón y Otras Miserias” cuenta además con la colaboración de Diego Valdez, quien llevara la voz cantante en el anterior “Lo Que Trajo El Viento” (reseña). Grabado en los Tercera Planta Estudios, de Ares (A Coruña) y puesto en circulación por la gente de Maldito Records.

Bienvenido Sea” envuelve la pequeña narración de Maribel Ribera para dar la bienvenida al álbum con la mayor de las tranquilidades. Un poso tranquilo y relajado que conduce hasta esta “Muerte En Espiral”, cuyo arranque, con ese bajo tan protagonista, me recuerda y no poco a los suecos Soen. Unas primeras estrofas, envueltas aún en esa calma, son (casi) declamadas por el inconfundible registro de Ramón Lage. Lo que me agrada es el buen sonido que emana del conjunto toda vez este adquiere un mayor peso. Siempre con ese tono melancólico tan reconocible en la banda. Lage estira y enfurece luego su registro, trazando una gran primera línea de voz. Y Dani Arcos está dejando, además, riffs con mucho gancho en esas partes más nervudas. Además el solo que dibuja después desprende clase y buen gusto. Nada que sorprenda a todo aquél atento a la trayectoria del coruñés. Un buen arranque.

En Lo Peor” apuesta de entrada por un metal más pesado, bien adornado en todo caso por las teclas de Manuel Ramil, y que parece buscar inspiración, de nuevo, en loas fronteras del metal progresivo más leve. Hay estrofas bien construidas, tanto en lo referente a voces como en el toque melódico que añade Dani Arcos. Un corte que bien podría recordar a ciertos momentos de Delalma, donde Adventus no temen a revestir su acostumbrado metal melódico de una producción profunda y grandilocuente. Siento que el juego entre esa pompa y el aire más melancólico de la composición está bien trazado. También el protagonismo de unos inspirado Fernando Mainer primero y Manuel Ramil después. Me agrada.

Inspiración” enfanga en parte el sonido de la banda. Parte de un prólogo realmente potente para después construir unas estrofas muy ágiles, con Ramón Lage bailando hábil mientras baila entre registros. Puede no ser el estribillo con más gancho del álbum. Por contra, es un corte que se crece en lo que a ejecución se refiere. Desde la precisa batería de Nacho Arriaga a esos buenos riffs de Dani Arcos y terminando con ese buen solo de Manuel Ramil. Con eso y con todo, un corte con el que me ha costado llegar a conectar.

De Mi Corazón y Otras Miserias”, cuyo videoclip se descubre como un sentido alegato en favor de una sanidad de calidad, pública y universal, consiste en un metal melódico a través del cual se cuela la mejor versión de estos Adventus. Desde la buena producción de la que hace gala, al modo en que Ramón Lage transita por la línea de voz, con esos dejes tan característicos, a los buenos riffs de Dani Arcos y los discretos, y a la vez fundamentales detalles de Ramil tras las teclas. Siento que pasa por ser uno de los cortes verdaderamente ganadores de este nuevo álbum, cerrado por otro gran solo de guitarra.

No muy lejos de ahí camina “Nada A Favor”. De su prólogo brioso transita hacia unas estrofas tranquilas, reposadas, con Diego Valdez y Ramón Lage turnándose al micro, y que son pura esencia Adventus. Me agrada por ese crescendo que va dibujando. Bien planteado y mejor interpretado, todo camina a lomos de un fino Nacho Arriaga tras los parches. Es otro corte triste en lo que cuenta, que sin embargo no se disculpa a la hora de buscar un mensaje más positivo en su tramo final. Dani Arcos, cuyos riffs aquí son más serviciales que brillantes, se destapa con un más que digno solo de guitarra. Un corte con el que conecto solo a veces.

Todo lo contrario que con “Esencia”, quizá por el mayor picante que la banda ha entregado aquí, y que se distribuye desde las voces de Ramón Lage a los ritmos vivos que le confiere Nacho Arriaga tras baterías. Son unos Adventus alternando entre ese mayor brío de los estribillos y caminando sobre un llamativo riff de guitarra durante estrofas. Por ahí una composición que, si bien ofrece un trazo de lo más clásico, posee una marcada personalidad dentro del tracklist, algo a lo que ayuda los detalles que la producción va dejando durante todo el corte. De las que entran a la primera y dan la impresión de que podrían funcionar como un tiro en directo.

¿Cuántas Lágrimas?” recupera una versión más reconocible de los chicos. Es el corte más extenso de los diez, con una gran presencia de teclas en el prólogo. Después llegan unas estrofas prácticamente desnudas, con un Ramón Lage casi en susurros. Derrocha clase ahí el asturiano, conduciendo con acierto este octavo corte. Dani Arcos está dejando buenos detalles melódicos bajo esas voces. Doblando melodías y ejecutando riffs más que funcionales. El puente central, ese que arranca con Manuel Ramil al piano, es estupendo. También el modo en que Ramón Lage despliega su voz aquí. Grandilocuente y muy afín al espíritu de un proyecto como este. Otra de mis favoritas.

Introducción al margen, “Ser Yo” pasa por ser el corte más rácano de todo el álbum. Pero es también el que ofrece otro de los riffs más llamativos de entre todos cuantos Dani Arcos ha introducido en este “De Mi Corazón y Otras Miserias”. Una composición que, sin abandonar el habitual tono melancólico que les caracteriza, hace por buscar una personalidad que le distinga del resto. Ruge el bajo de Fernando Mainer bajo un Ramón Lage que, da la impresión, se encuentra de lo más cómodo en este registro. Me agrada el solo de guitarra final. También el mayor mordiente que abrazan durante el epílogo. Puede ser la que más ha crecido con el paso de las escuchas.

En Paz” es una balada clásica, toda pompa y grandilocuencia, con un fantástico Ramón Lage. Bien construida, adornada por un inspirado Dani Arcos y que supone un cierre no exento de clase y buen gusto. No niego que la letra tiene momentos capaces de ponerme la piel de gallina. Si ese era el propósito de los chicos, desde luego han ganado esta “partida”.

No me termina de conquistar en su totalidad pero sí que encuentro mucho asidero donde agarrarme en esta cuarta entrega de la banda. Producción de lujo mediante, cortes como el que da título al álbum, siguiendo por el gancho de “Esencia” o la atractiva diversidad de “En Lo Peor”, la consistencia de “¿Cuántas Lágrimas?” o el cierto atrevimiento de “Ser Yo”. Luego cierto es que hay ideas, momentos aquí y allá, con los que ya me ha costado más conectar. Con eso y con todo, un álbum que, pienso, agradará a todo fan de la banda.

Texto: David Naves

Reseña: Sun Of The Dying «A Throne Of Ashes» (AOP Records 2025)

Tercer trabajo para los doom death metaleros con base en Madrid Sun Of The Dying, la banda que forman Daniel Fernández Casuso y Roberto Rayo en guitarras, David Muñoz en teclados, Diego Weser en baterías, Jose Yuste al bajo y Eduardo Guilló en voces. Únicos representantes estatales dentro del siempre interesante sello alemán AOP Records, “A Throne Of Ashes” fue grabado por el Aversio Humanitatis Simón Da Silva (At The Altar Of The Horned God, Voidescent, Mara, Defacement…) y posteriormente masterizado por el Teitanblood Javi Félez (Altarage, Vidres a la Sang, Totengott, Avulsed…). A ello hay que sumarle la colaboración de Antinoë, el artwork de Manuel Cantero (Santo Rostro, Ósserp, Zeenon…) y la foto de Sara Juanes. Todo para un disco que vio la luz el pasado 21 de noviembre en digital, CD y vinilo de 12″.

Martyrs” se eleva desde las profundidades para luego arremeter con el habitual doom death ordenado y rebosante de clase que les caracteriza. Un disco como este, en este momento de su trayectoria, no sería el que es sin la buena producción que se intuye ya desde las primeras estrofas. Un sonido bien calculado, equilibrado al milímetro, y que luce igual tanto en las partes más tranquilas y atmosféricas como en las más rotundas y desgarradas. Dice mucho de ellos, en mi opinión, optar por abrir el álbum con el corte más extenso de tracklist. Estas partes calmadas, en particular por las voces limpias que las domina, tienen algo que me recuerda a los Antimatter del gran Mick Moss. Las más graves, portan un sello que me lleva a pensar en gente como Evoken, Saturnus, Officium Triste… nombres todos ellos con los que, intuyo, les compararán a menudo. En definitiva es un opener conciso, diverso, bien construido y mejor arreglado, que confluye en un puente de una violencia no muy lejana a la de algunos de sus compañeros de sello. Este “trono de cenizas” no podría haber dispuesto mejor arranque.

Es tan acusada la majestuosidad de “Martyrs”, que Sun Of The Dying entregan ahora un corte que poco o nada tiene que ver con él. “Black Birds Beneath Your Sky” parte del que puede ser el riff más monocorde y rocoso que les recuerdo. A él confrontan estrofas donde la agónica voz de Guilló resulta casi el único asidero. Ahí me gusta el contraste que ejercen unos estribillos por los cuales, voces limpias mediante, se filtrará algo más de luz. Un corte menos ambicioso en lo que a reloj se refiere, pero que le confiere una gran personalidad a este tercer trabajo.

With Wings Aflame”, con Antinoë colaborando en voces, entrega a unos Sun Of The Dying más reconocibles. De inicio una balada / medio tiempo elegante, distinguido, cuyas partes más desgarradas me recuerdan, fácilmente, a unos Novembers Doom de álbumes como “Aphotic” o “Into Night’s Requiem Infernal”. Me agrada el modo en que empasta y progresa el doble juego vocal. También la carga atmosférica que entrega el Arwen David Muñoz tras las teclas. Hay buenos cambios de ritmo acompañados de cuidadas melodías de guitarra. Y si bien quizá eche en falta una pizca más de nervio en su arreón final, me resulta un corte nada desdeñable en cualquier caso.

The Greatest Of Winters”, que porta la que quizá sea mi letra favorita de todo el álbum, arranca con Weser enseñando un brío que habrá de difuminarse cuando acudan las primeras estrofas. Ahí emerge la banda en su registro más grandilocuente. Buena parte de razón la tienen de nuevo las teclas de Muñoz, pero también esos riffs que proponen Rayo y Casuso. La banda recupera aquí aquella escritura más diversa que alimentaba “Martyrs”, enfrentándola a ese doom death (un tanto) más pomposo para consolidar así otro corte de eficacia más que sobrada. Entre tanta pompa, puede que el bajo de Jose Yuste quede algo enterrado en la mezcla. Sea como fuere, aprecio esa cierta tensión que desprende su puente central. Pero sobre todo el crescendo que introducen después. Guilló se desgañita a fondo aquí y Sun Of The Dying abrazan un registro en el que parecen la mar de cómodos. Estupenda tanto desde el papel como en lo que a ejecución se refiere.

House Of Asterion” arranca desde posiciones muy académicas, muy cercanas a todo lo que dicta el libro de estilo, para después ofrecer una escritura que me agrada por la diversidad que atesora. Porque parece un corte trazado a base de contrastes. De la acusada grandilocuencia del prólogo a la candidez de esas primeras estrofas. Y de ahí a unos estribillos en una clave un tanto más épica, con los colchones de teclas de Muñoz acaparando buena parte del protagonismo. Hay grandes voces limpias, una mezcla dotada de gran equilibrio y un epílogo vibrante y redondo. Otro logro.

Son precisamente las teclas de Muñoz las que dan la bienvenida en la final “Of Absence”. Una cuidada línea de piano que cederá luego el protagonismo a un doom, de nuevo muy académico, en una onda que bien podría rimar con los mejores My Dying Bride. Eduardo Guilló traza aquí otra de mis líneas de voz favoritas de este tercer largo. Todo el corte dispone de una gran labor melódica del dúo Rayo & Casuso. Algo que termina otorgando una cierta distinción a este broche final. Triste, melancólica y desgarrada. Al fin y al cabo doom death metal quintaesencial, tal vez eche en falta ese riesgo que abrazan en cortes anteriores. Con eso y con todo, un cierre más que digno.

La banda, a la que tuvimos el placer de ver sobre los escenarios el pasado año (crónica), parece saber muy bien lo que se hace. Un doom death pensado desde su escritura como un juego entre contrastes, algo que le otorga una frescura muchas veces desconocida en álbumes de género como este. Buenos arreglos, el detalle de la fina colaboración de Antinoë, buenos riffs y melodías, tristeza, melancolía… todo sin perder el característico sello del grupo, pero creo, y esto es lo más importante, que componiendo el álbum más personal de todos cuantos han entregado hasta la fecha. Ese, y no otro, pienso que es el camino a seguir.

Texto: David Naves

Crónica: The 69 Eyes + D-A-D «Cowpunks & Glampires» (Madrid 18/1/2026)

Tengo que confesar que no soy de esas personas que sacan la entrada nada más ponerla a la venta. En el caso de esta gira fue diferente. A las dos bandas ya las había visto en directo y ya sabía qué esperar, así que no dudé ni un segundo en apuntarme. La parte complicada fueron las fechas que tocaron para España: empezando un domingo en Madrid y continuando durante la semana en Barcelona y Bilbao. La gira de los sueños de un currante que tiene que pedir días libres a su jefe si no vive en una de esas ciudades. Pues así comenzó mi primer día de vacaciones de 2026.

Coger el AVE desde Asturias y, poco después de llegar a Madrid, enterarme del trágico accidente que sucedió en Adamuz me dio un golpe de realidad: que los planes no siempre se cumplen y que hay que vivir, y vivir bien.

Cuando vi que The 69 Eyes y D‑A‑D iban de gira juntos, mi primer pensamiento fue: “Pero ¿qué tiene que ver uno con el otro aparte del aire nórdico que llevan y que van a traer?”. Es que el nombre de la gira lo dice todo: Cowpunks And Glampires. A los Glampires (The 69 Eyes) los había visto hace 5–6 años en Alemania y, para sorpresa de nadie, la sala estaba petada de gente que suele llevar mucho encaje, polipiel, pintalabios negro, entre otras cosas. La estética de los Cowpunks (D‑A‑D) la establece el bajista Stig Pedersen. Si no me creéis (y si no lo conocéis), buscad por favor fotos suyas.

D‑A‑D: La potencia de un directo sin artificios

La noche del 18 de enero en la Mon Live empezó con D‑A‑D. Cuando los vi hace unos años en el Barcelona Rock Fest quedé impactada por su control del escenario. Cierto es que llevan muchos años tocando en directo y grabando discos, pero por alguna razón nunca llegaron a ser una de esas bandas “mainstream”.

Abrieron la noche con “Jihad”, una canción que data de 1989, del disco «No Fuel Left For The Pilgrims«, que contiene varios de los temazos más conocidos de los daneses y que también tocaron esa noche para el público madrileño (y alrededores).

Para mí, los momentos más esperados de esta parte de la noche fueron ver los bajos que trajo Stig y cuando tocaron “Grow Or Pay”, que durante un buen tiempo la llevaba escuchando en bucle. El arreglo que hicieron para esta canción en directo consistió en subir el tempo un pelín, algo que creo que sirvió para animar aún más a la gente.

Hablando de los bajos… Stig es famoso por sus peculiares bajos de dos cuerdas. Para esta ocasión llevó varios de su colección de bajos customizados, como el Iron Cross, el Rocket o el Reverse (probablemente el más peculiar de todos). Aunque para el público es un pasatiempo del concierto esperar, después de cada canción, qué bajo escogerá Stig para la siguiente, logísticamente debe de ser una pesadilla transportar esos instrumentos gigantes durante la gira. ¿Tendrá una funda especial cada bajo según su forma? ¿Es un bajo menos un bajo con solo dos cuerdas? ¿Habrá vida en Marte? Son algunas preguntas que ni el mismísimo David Bowie pudo contestar.

Entre los intentos del cantante Jesper por comunicarse en español y los “bailecitos” de Stig con sus pantalones cortos de piel, pudimos escuchar en directo temas como “Laugh ’N’ A ½”, “Sleeping My Day Away” y más hits.

The 69 Eyes: los Glampires toman Madrid

Tras un cambio casi total del equipamiento en el escenario, llegó el turno de los Glampires: The 69 Eyes. El grupo, que lleva con los mismos miembros desde hace más de 30 años, se mostró en plena forma.

Bajo su “cool look” de siempre, el cantante Jyrki mostró su lado casi sentimental diciendo que es más feliz encima de un escenario que en cualquier otro sitio, y estuvo todo el tiempo interactuando con el público de la forma más gótica posible.

Entre los clásicos como “The Chair”, “Betty Blue”, “Brandon Lee” y “Wasting The Dawn”, también tocaron “I Survive”, el single que sacaron hace apenas dos semanas y que también recibió una gran acogida del público. Uno de los secretos del éxito de los finlandeses, en mi humilde opinión, está en las letras y la estructura de sus canciones, tan cantables que después de dos vueltas ya se puede empezar a tararear el disco entero.

Los murciélagos terminaron su show con los hits “Framed In Blood” y, por último “Lost Boys”. Por cierto, la noche anterior en Lisboa fueron acompañados por Fernando Ribeiro de Moonspell en esta canción. Esperaba también una pequeña sorpresa para la parte española de la gira, pensando quizás que invitarían a un músico español… pero tristemente no ocurrió.

Hacia el final del concierto, el cantante Jyrki invitó a todo el público al Bar Lemmy y poco después le avisaron de que estaba cerrado. Entonces nos preguntó: “¿En este caso dónde nos vemos después del concierto? ¡Vamos a tomar algo juntos!”. Al final no sé si realmente salieron a tomar algo con los fans, pero incluso el gesto de mencionarlo fue simpático.

Después del concierto hablé con varias personas preguntando su opinión y, sorprendentemente (para bien), no hubo una opinión unánime: a algunos les encantó D‑A‑D y otros pensaron que The 69 Eyes estuvo mucho mejor. ¿Qué nos dice esto? ¡Que ambas bandas dieron un espectáculo de puta madre!

Texto: Tumay Irgas
Fotos: Tumay Irgas, Archivo H.M.B.

Reseña: Black Bomber «Heading To Hell» (Coedición 2025)

Heading To Hell” es el nuevo álbum de Black Bomber. Fue grabado, mezclado y masterizado a caballo entre mayo y septiembre del ya extinto 2025 en los estudios Infosound (Toral de Merayo, El Bierzo). Con un diseño gráfico de Gabriel Gallego y fotos de Marta Viña, el trabajo fue editado por Demons Records, Discos Macarras, Quebranta Records, Vinilako y Violence In The Veins. Forman la alineación berciana Javi LesPaul y Pedro Megatherion en guitarras, Isi Gallego en baterías, Julio Blackening al bajo y Migui Albatross tras el micro.

El tema título “Heading To Hell” ya deja clara la premisa. Un ritmo casi marcial, un riff sencillo pero con gancho, esa voz aguardentosa de Migui Albatross y mucho mal café. Un primer corte directo, pegadizo, con el bajo de Julio Blackening crepitando en todo momento y un solo hábil y efectivo. Al igual que con muchos cortes aquí presentes, no puedo decir que me sorprenda en lo que a composición se refiere. Tampoco que me desagrade o aburra el resultado. Al contrario.

Además porque la producción que entrega este nuevo trabajo está a la altura de las circunstancias, con la dosis justa de suciedad. Es algo que salta ala vista en esta más pesada “Lords Of War”, con la banda adoptando un avanzar más a medio gas y donde Migui Albatross parece más que cómodo. Sí que llama ahora mi atención la sarta de riffs que entregan Javi LesPaul y Pedro Megatherion. Es un corte, no obstante, algo constreñido por lo rácano de su duración. Sea como fuere, actitud no les falta y, por ahí, a uno no le queda otra que rendirse.

En “Whisky Priest” retornan esos ritmos más vivarachos. El riff, ahora sí, tiene un gancho de mil demonios. Y me gusta el modo en que Migui Albatross ha trazado estos estribillos. También lo altísimo que se encuentra ahora el bajo de Julio Blackening. Hay giros interesantes, también buenos coros o un punch más melódico camino del solo. Atractiva y bien construida, no obstante el corte más extenso de los once, son los Black Bomber más interesantes. Llevando su clásico sonido motörheadiano un par de pasos más allá y, pienso, saliendo airosos del envite.

De la más festiva “Rock´n´roll Today, Hangover Tomorrow” emanan no obstante unas guitarras más gruesas, que vienen a crear un curioso contraste con ese tono más desenfadado que deriva de la composición, en particular de su inequívoco estribillo. Es un corte de esos que entran a la primera y parecen creados con el directo como fin último. Aún pareciendo ese su propósito, aprecio los buenos riffs que dibuja. También el interesante solo que antecede al epílogo. Y aunque no sea esta una banda que destaque por liarse la manta a la hora de jugar con las estructuras, al menos aprecio cuando son capaces de construir cortes de tanto gancho como este. Fue uno de los adelantos y no cuesta entender los motivos.

Pero sin abandonar ese sonido clásico, sí que sorprende el prólogo de “The Hollow Soul” por la cierta épica que emana de él. Más cuando entra el riff de las estrofas, no muy lejano de unos Status Quo pasados por la coctelera Kilmister. Es por ahí que surge otro de los cortes más llamativos del álbum. Siempre entre dos aguas, entretenido y cargado de buenos solos. Donde parece que nada sobra ni tampoco falta. Otra de mis favoritas.

Y “You´re Wrong” no va a la zaga. De nuevo en la versión más trotona de la banda, me agrada la construcción de sus estrofas. También lo sencillo, directo, incluso lacónico de sus estribillos. Apenas tres minutos y medio de un rock bien construido, con el grado justo de mal café y donde anida un solo vistoso, quizá el más cuidado de todo “Heading To Hell”, amén de un epílogo descosido y de lo más juguetón. Puede que tú estés equivocado. Black Bomber desde luego no.

Rot In Jail” puede ser la más orgullosamente Lemmy de las once. Migui Albatross está especialmente grave tras el micro ahora, mientras que las guitarras trazan otro riff de no poco gancho, que parece posar sus miras en los Motörhead más primigenios, pero que se eleva en un tramo central con otro solo a la vez vistoso y lúcido. Un corte atractivo, si bien algo constreñido por los apenas tres minutos que marca en el reloj.

En “Politicians” primero juego a reconocer a los políticos, valga la redundancia, que suenan durante el prólogo. Los Aznar, Rajoy (es el vecino…), Zapatero, Trump… En lo estrictamente musical es otro riff ágil, solidario a una base rítmica bien empastada (atención al mayor brío en estribillos) y que en su crítica acerada y directa no oculta buenos detalles melódicos, amén de una (doble) ración solista de lo más vistosa. Otra de esas entregas directas y a la yugular tan habituales en los bercianos.

From The Ashes” casi parece más cerca del thrash más primigenio con ese avanzar casi marcial que despliega. Corte de revoluciones altas (¿Alguien dijo Rat-zinger?) y que, sin abandonar ese impulso tan Motörhead, ofrece un color algo distinto dentro del álbum. Y aunque no puedo decir que alcance a impresionarme, sí que aprecio de muy buena gana el solo de su tronco central. Mal café marca de la casa en cualquier caso.

Mad Dog” no le anda lejos a su inmediata predecesora. Me gusta la línea de batería que Isi Gallego propone aquí. También el duelo solista, tan Judas Priest, que ocupa su tronco central. Un corte breve, apenas dos minutos y medio, con la banda en un registro en el que parece de lo más cómoda.

Para el cierre queda esta “Debajo Del Bar”, con Migui Albatross virando ahora a la lengua de Cervantes para un último corte apoyado en el que puede ser el riff más diferente de todos cuantos caben en este nuevo trabajo. Un cierre cuya escritura se adhiere casi punto por punto a su canon habitual, con el añadido de su indisimulado guiño bien a Saxon (“Princess Of The Night”), bien a Metallica (“Seek And Destroy”) en la sección solista. Buen broche…

… para un álbum que no hace por esconder sus influencias más directas. Al contrario. Por ahí trabajos como éste no siempre resultarán del gusto de la mayoría. Orgulloso disco de género, me agradan esos (contados) virajes más thrash que asoman en varios cortes. La selección de riffs me resulta interesante, también la solista. Javi LesPaul y Pedro Megatherion brillan con luz propia en muchos momentos a lo largo del tracklist. Hay rock and roll, mala leche y poco lugar al sosiego. Derrochan actitud mientras construyen un discurso con tan pocas concesiones como preciso y directo. Que sea así por muchos años.

Texto: David Naves

Reseña: Ancient Settlers «Autumnus (Revisited)» (Scarlet Records 2025)

Poner pie en el pasado para afrontar el futuro. Ancient Settlers, cambios de formación mediante, fijan la vista en su primer Ep, aquél “Autumnus” con el que los conocimos allá por 2021 (reseña), aprovechando para presentar en sociedad una formación en la que la dupla Noelia Fernández Jiménez y Nia Creak lleva la voz cantante. Junto a ellas encontramos a Enric Juan al bajo, Rex Chiesa y Agustín Martínez en guitarras y finalmente Hermán Riera a los parches. Adornado por el arte de Khalipse, el Ep vio la luz a finales del pasado año vía Scarlet Records.

Al igual que aquél primer trabajo, la banda se ha tomado la molestia de colocar una pequeña “Intro” a modo de preludio. Aumenta ésta, en cierto modo, el impacto de “A Monument Restored”, que luce con nuevos bríos gracias a una producción más lustrosa y el buen apoyo vocal que ahora ofrecen Nia y Noelia. Colecciona riffs interesantes en estrofas, unos arreglos que buscan una cierta grandilocuencia y unos estribillos bien construidos y con gancho. Me sigue llamando la atención la buena sección solista, ese metal vivaracho y directo en que se apoya, y pienso aún hoy que puede pasar por uno de sus temas más redondos.

Die Around Me” resulta en cierto modo más agria y potente. Sin perder nunca el fuerte poso melódico de A.S., pero conduciendo su propuesta por caminos no del todo semejantes. La batería de Riera gana peso, los riffs se recrudecen y, contra ello, surge el buen juego vocal entre Nia y Noelia. Puede que en cuanto a riffs no llame tanto mi atención. Incluso que, a ratos, toda la faceta orquestal le gane la batalla a los componentes puramente metálicos de la mezcla. Pero cuando entran esos llamativos solos del epílogo, solo echo en falta un final que no fuera ese desangelado fade out.

Diamond Eyes” le cambia el paso al Ep. Sigue siendo aquél medio tiempo repleto de buenos detalles en el plano técnico que llamara mi atención hace ahora cinco años. El tiempo vuela, pero este corte se mantiene en ritmos pausados, con buenos riffs engarzando estrofas y unas voces en (casi) constante diálogo la una con la otra. Buenas alternancias surgen precisamente en esas estrofas. Y la banda da la sensación de estar más que cómoda a poco que las revoluciones suben. Si bien, como digo, esto no deja de ser en gran medida un medio tiempo. Bien construido, arreglado con gusto y ejecutado con el brillo técnico habitual de la banda. Despiden con una outro relajada, cadenciosa y no poco elegante.

Siguen en sus trece. Buenos recuerdos traen estas canciones de aquél primigenio Ep de una banda por la que, no voy a mentir, sentimos cierta predilección en esta casa. Siempre hemos seguido de muy cerca sus pasos (crónica) y pasar por este “Autumnus (Revisited)” era poco menos que obligado. Un Ep que reconduce aquellas canciones en lo que casi parece un reinicio para una formación a la que, parece, le cuesta dar con un line up estable. Sea como fuere, bien están pequeños trabajos como este para poner en alerta a los más despistados.

Texto: David Naves

Reseña: Sacavera «Sacavera» (Autoproducción 2026)

Sacavera son Michell Ardura en guitarra y voces, Arturo “Turo” Fernández en baterías y Javier Garrido al bajo. Ahora nos presentan un Ep homónimo, de cinco temas grabados en los Tutu Estudios y al que adornan el logo de Javier Iván Villa Vilches en portada y las fotos de Max Estrella y esta casa. Todo ello maquetado bajo la dirección de Juan Carlos Macías Cienfuegos.

Extinción”, que estrenaron fechas atrás vía videoclip, es un rock and roll ágil y compacto, donde me gusta el tratamiento que la producción da a las voces de Ardura, así como los riffs que éste plantea durante las estrofas. Hay un feeling aquí que me lleva a pensar en gente como Leize, amén de una letra que viene a ahorrar en metáforas. Es rock urbano, de toda la vida, comprometido, directo y sin aspavientos. Al puente lo atraviesa un más que digno solo de guitarra, también una precisa base rítmica (esos buenos dibujos de Garrido durante el solo) y que concluye en un epílogo muy por el libro de estilo. Me agrada.

Invisible” resulta en la oferta más breve de las cinco. También aquella a la que atraviesa un nervio más punk. Quizá por ahí, manías de oyente, el hecho de que me enganche menos. En cualquier caso me gustan esas melodías que acompañan a Ardura durante estrofas. El estribillo resulta finalmente el mejor arma de esta segunda entrega, rematada por el correcto solo del propio Ardura en la parte central. No me desagrada pero reconozco que tampoco me engancha.

La Chica De La Curva” puede ser la que mejor partido saca de los Tutu Estudios. Entroncando con ese rock urbano entre Leize y Barricada, me engancha por el riff que plantea Ardura aquí, también por la certera base rítmica que la propulsa. Alberga un curioso guiño a Black Sabbath en el puente, resultando en cierto modo una curiosa coctelera de géneros. Bien planteada, siento que fluye de manera natural, de nuevo sin excesos ni alardes. De mis favoritas del Ep.

Mentiras”, en cierto modo la más hiriente de las cinco, con un Turo muy firme tras los parches y Garrido, una vez más, dejando buenos dibujos desde las cuatro cuerdas. Un canto apesadumbrado en lo lírico (“la muerte no tiene ojos, ha vencido a la esperanza”), donde quizá eche en falta unos coros con algo más de presencia y punch. En cualquier caso me resulta atractiva por trazo. También por un solo que puede ser fácilmente mi favorito de todos cuantos atraviesan el Ep. Los ¿desaparecidos? rockeros valencianos Transfer pueden ser otra de las rimas aquí. Me agrada.

La final “El Hombre Del Saco” extrae del trío una cara algo más chulesca. Si bien en cuanto a riffs me engancha menos que otros cortes del Ep, me gusta el modo en que Ardura enfrenta sus líneas de voz aquí. También el solo que inserta antes del puente. Creo que les funciona un aspecto lírico, ahora sí, que sabe tirar de metáforas, facilitando que sea el oyente quien haga las cábalas pertinentes. Un buen cierre…

… a un trabajo que sucede en un suspiro. Ni diecinueve minutos para un Ep puede que algo tímido en lo que a sonido propio se refiere, pero que llega a término, al menos, habiendo dibujado un buen compendio de influencias. Mucho rock urbano, algún tinte más punk o aquél guiño a Black Sabbath de “La Chica De La Curva” buscan precisamente esa diversidad en la que, siento, deberían poner el punto de mira. Puede que Sacavera peque de una cierta timidez, pero ya sabéis lo que dicen: todo gran viaje comienza con un pequeño primer paso. Estaremos atentos.

Texto: David Naves

Reseña: Incordian «De-Mente» (Autoproducción 2025)

Vuelta al redil para los thrash death metaleros de Pedro Muñoz (Castilla-La Mancha), Incordian: Sergio en baterías, Loren y Jota en guitarras, Paco a la voz y Adri al bajo. El álbum fue grabado entre banda y JFT, con posterior mezcla y master de JFT Producciones. Del arte se encargó Chapu y finalmente el diseño corrió a cargo de Rubén. «De-Mente» vio la luz a comienzos de octubre.

Es apenas inmediato el modo en que “Su ley y Su Dios” me recuerda a unos Soziedad Alkoholika, en especial por el modo en que Paco ataca sus primeras estrofas. Un riff con más miga de la que aprecié en las primeras escuchas. Me gusta la construcción de esas estrofas, también la firmeza de esa base rítmica. El aspecto lírico, como es previsible, borra todo aspecto metafórico y transmite, sin un solo pelo en la lengua, el combativo mensaje. El tronco central deriva hacia un trazo más intrincado. Técnico incluso, donde la letra se vuelve algo más desesperanzada y oscura e irrumpe el primer (y muy llamativo) primer solo del álbum. Un gran arranque.

Es precisamente la base rítmica quien marca da la salida a “Gasolina y Llamas”. Aquí Incordian adoptan un metal más cargado de groove. Sin perder un ápice de acidez ni gravedad en cuanto a líricas, la escritura acierta a la hora de amalgamar riffs de metal pesado con otros donde vuelan a bordo de la batería de Sergio. El Frakture Iván pone la segunda voz y no otro que Jimmy de Soziedad Alkoholika el solo en otro arranque de metal incendiario que no deja títere con cabeza. De hecho me atrevería a decir que el verso “y aunque hoy fracasemos, cada día manteniendo la lucha es una victoria” no les podría definir mejor.

De Una Jodida Vez” propone a unos Incordian más hirientes aún si cabe. Pero lo hace, de nuevo, buscándole las cosquillas al género en lo que a construcción de riffs se refiere. Por ahí, el trabajo de Loren y Jota no podría ser más redondo. Sin florituras, directo, frontal, me funciona. El aspecto lírico es inevitablemente visceral, sin complejos ni metáforas. Directo al grano y con un marcado espíritu punk supurando casi en cada verso. Por ahí habrá quien eche en falta un mensaje algo menos panfletario. Sea como fuere, estupendo duelo solista el que dibujan ambas guitarras aquí. Los Incordian en su versión más cruda y desacomplejada.

“La Bestia Ya Despierta”, con Diva Satanica colaborando en voces, parte de un prólogo que, en cierto modo, me recuerda a los dos, tres primeros álbumes de Machine Head. Luego en las estrofas, y toda vez ambas voces juegan a alternar versos, se produce un contraste de lo más resultón. Me gusta la producción aquí. Tanto en esas partes más violentas como en las más pesadas y groovies. Preludio de ese puente descosido y vibrante, acomodo a su vez de uno de los solos, pienso yo, más inteligentes de todo el largo. Un corte que, finalmente, hará honor a su título.

Entre “Pestes” y “Cerdo”, pareciera que este “De-Mente” se tomase un pequeño respiro. Ni tan siquiera un minuto entre las dos, resultando en un curioso híbrido entre baile y grind la primera, un fugaz trámite a lo Serrabulho la segunda.

Con el tema título “De-Mente”, parece que todo vuelve a su lugar. Un corte que me retrotrae a la inicial “Su ley y Su Dios” gracias a esas estrofas violentas, rapidísimas, con Sergio dando lo mejor de sí tras baterías. Puede que en cuanto a riffs no capte tanto mi atención como otros cortes del álbum. Por contra, esta ofrece un trazo atractivo, diverso, amén del habitual despliegue de mal café tras el micro. Un Paco tan hiriente como acostumbra. Y una sección solista algo más que resultona.

Siniestro Lugar” sí que llama mi atención en lo que a riffs se refiere. Quizá por ese pulso tan death que desarrollan en estrofas, ofreciendo un color casi inédito a lo largo de todo “De-Mente”. Me llama la atención la forma en que Paco ataca sus versos aquí. Una letra que, por algún motivo, me recuerda a los alcalaínos A Palo Seko y donde la banda muestra un trazo retorcido, atrevido incluso, resultando así otro de los cortes más atractivos de este segundo largo de los pedroteños.

Muerte x Churro” son los Incordian más violentos. También los más divertidos. Otra andanada grind con una letra a lo Def Con Dos, desarrollada eso sí, sin perder un ápice de nervio o gravedad. Apenas minuto y medio para que Sergio se desfogue a gusto tras los parches.

Casi como antídoto a esa brevedad, “Abono Infecto” pone en liza a los Incordian más avezados desde el plano puramente técnico. Pesadez y groove en prólogo bien trabajado, ritmos directos (por momentos casi pegadizos) durante estrofas y otra fina sección solista. Sin inventar nada pero acertando a sonar frescos y, a la vez, crudos y potentes. Un corte que parece invitar al agite de cuellos, que me deja la sensación de que funcionará como un tiro en directo.

El cierre es para esta “Destino” y su llamativo prólogo. Una calma que me cogió por sorpresa en la primera pasada al disco, y que viene a contrastar con la pura rabia que desarrollarán más adelante. Instrumental donde vienen a darse cita tanto pasajes retorcidos como violentos arranques de death metal furibundo y vibrante. Llamativo final…

… para un álbum que pasa en un suspiro. Por su corta duración pero también por cómo Incordian han sabido buscarle los resquicios al género a la hora de construir los temas. La sombra de Soziedad Alkoholika es alargada (máxime cuando tienes a Jimmy himself colaborando por ahí) pero no son pocos los momentos en que la banda busca encontrar su propio sonido. Por ahí le encuentro más asideros a este “De-Mente” de los que intuí antes de darle al play por primera vez. Un buen trabajo. Quizá no del todo redondo, esas pequeñas bromas que introducen mediado el álbum, pero que pienso satisfará a cualquier fan del thrash / death escuela S.A..

Texto: David Naves

Reseña: Syberia “Quan Tot S’Apagui” (Silent Pendulum Records / Moment Of Collapse Records 2026)

Oscar (guitarra), JordiOnly (guitarra y sintes), Quim (bajo) y Manel Woodcvtter (batería) integran Syberia. Agrupación instrumental con origen en Barcelona y que nos presenta un “Quan Tot S’Apagui” pensado íntegramente en su catalán natal, y donde se acompañan de la colaboración del actor Lluís Soler , recitando unos versos en el epílogo del álbum. Trabajo que verá la luz el próximo 16 de enero vía Silent Pendulum Records (Estados Unidos) y Moment Of Collapse Records (Alemania).

En La Foscor Una Llum Que Brilla” guarda un cierto misterio en su prólogo. Un arranque roto por unas teclas igualmente tensas, casi minimalistas, que a ratos me recuerdan al bueno de Hans Zimmer. Pero cuando las guitarras toman el mando, estos parecen los Syberia que todos conocemos. Si acaso algo más densos, algo más oscuros, pero con el mismo buen nivel técnico de anteriores entregas. Esa construcción por capas, casi inherente al género, esas estructuras en crescendo, están soportadas por riffs hábiles. Con gancho incluso. Vibra aquí, toda vez la batería de Manel adquiere un mayor brío, un cierto acercamiento a territorios más extremos. Perfectamente integrado en el andamiaje de la composición. A principio y a término. Me agrada el grosor que emana de las partes más pesadas. Ahí la producción, tengo la impresión que algo más “sucia” que en trabajos anteriores, casa a la perfección con los nuevos horizontes que buscan. Estupendo primer corte.

Es precisamente la batería de Manel la que marca el inicio de “Llampecs D’Oblit D’Uns Records En Vida”. A él se suma el crepitante bajo de Quim y, solidarias las guitarras, Syberia traman un prólogo directo y ágil. Quizá el impacto global que me produce esta segunda entrega sea menor que aquella que inauguraba el álbum. Aún así, encuentro una buena creación de atmósferas. Campo este que la banda ha ido macerando con el paso del tiempo, llevando a Syberia a contornos mucho más metálicos, arrastrando consigo una cierta melancolía en las melodías y transmitiendo una mayor desesperación cuando irrumpen, casi cual elefante en cacharrería, las partes más angostas y pesadas. Camino del cierre, la composición adquiere un paso más vivo primero, un mayor nervio después, y los chicos le andan cerca al black metal más leve. Detalle este, de hecho, explicitado en la propia nota de prensa, y que uno intuye del todo premeditado.

Puede ser el de “Naixença D’Una Mort Tranquil·La” el prólogo que más me recuerda a los Syberia de álbumes como (el estupendo) “Resiliency”. De primeras es un corte del que, en comparación con predecesores, emana una mayor cantidad de luz. Hay buenos riffs y melodías de Oscar y JordiOnly. También ciertos arreglos que no vienen sino a acentuar esa mayor luminosidad de la composición. Incluso pequeños remansos de paz donde, de nuevo perfectamente integrados y que fluyen con total naturalidad. Toda vez el corte supera su ecuador y las guitarras se vuelven inevitablemente más graves y crudas, un disco como “Requiem From Hell” de los japoneses Mono acude inmediatamente a mi subconsciente. Lo que me agrada de este caminar hacia el tramo final es la cierta épica que brota de repente, ayudada por las guitarras pero también por los sintes, y que otorgan un marcado poso grandilocuente a su conocido post-metal.

Desde luego que si el prólogo de “Naixença D’Una Mort Tranquil·La” era luz, el de “Dins La Meva Ánima La Sang Em Bull…” destila un carácter mucho más tenue y oscuro. Y sin embargo, de entre esa oscuridad va surgiendo un post-rock entre tenue y sombrío, elevado crescendo mediante, con melodías atravesadas por una cierta tristeza. Una encrucijada rota de pronto por guitarras de una melancolía, también de una fuerza, que por pura colisión construyen alguno de mis momentos favoritos de todo el álbum. Ese momento puede que salte en mil pedazos antes de lo que me gustaría. Sea como fuere, todo va redirigiendo hacia un post-metal que, de nuevo, parece jugar a hibridar a los Syberia pasados con los actuales (quien sabe si futuros) con una buena amalgama de riffs hábiles y base rítmica de precisión casi milimétrica. La composición se arquea y contorsiona sin por ello perder un ápice de gancho. Más bien al contrario. Puede que sean los Syberia más orgánicos, más telúricos, pero el recuerdo a bandas como Isis o Amenra se resuelve como (casi) inevitable. En otras palabras: puede que mi favorita de las cinco.

El arranque de “Quan Me’n Vagi No Em Tanqueu Els Ulls” porta un cierto clasicismo. Un post-rock postrado en las raíces mismas del género. Elegante, tendido, bien dibujado y del que se desprenden una delicadeza y (casi diría) un refinamiento roto, de manera abrupta, por una estupenda línea de batería de Manel y una gama riffera de nuevo igualmente clásica. El trazo dibuja un cierto vértigo. Partes más acomodadas que colisionan con otras más violentas, no lejanas de un post-black que a ratos podría llegar a rimar con el shoegaze de gente como An Autumn. En lo que a mí respecta, ha sido el corte que más escuchas ha requerido de cara a la redacción de esta reseña. No quisiera decir que su escritura resulte laberíntica, pero sí que esta resulta estar llena de virajes y recodos ante los que no cabe pérdida de atención. Con todos los sentidos puestos en este último corte, la recompensa son unos Syberia, aparentemente, en un momento más que dulce. Acompañados de esa mayor oscuridad sin perder conexión con sus propios orígenes. Un ejercicio de funambulismo sonoro a la altura de los compositores más avezados. A tres minutos del final se aviene la calma. El cuarteto rebaja los biorritmos para introducir la comentada narración del actor Lluís Soler y tramar su poético final. Estupendo broche.

La nota de prensa que adjuntan avisa y “Quan Tot S’Apagui” lo confirma: estos son los Syberia de siempre pero el poso más oscuro que se deja sentir a lo largo y ancho de muchos cortes otorga una marcada personalidad a este nuevo trabajo. La jugada, pienso, funciona, aunque como siempre, en esto habrá opiniones para todos los gustos. En cuanto a composición le encuentro pocas pegas. Menos aún en lo relativo a ejecución. La producción, como digo algo más “sucia” ahora, casa con ese espíritu más sombrío y Syberia huyen de su pasado sin olvidarse de él. Habiendo comprobado en el pasado lo mucho que esta banda gana cuando traslada sus obras al directo, solo queda, pues, disfrutar de estas nuevas composiciones en vivo lo antes posible. Guiño, guiño.

Texto: David Naves