Crónica: Soziedad Alkoholika + Blast Open + Me Fritos And The Gimme Cheetos (Mieres 20/6/2025)

El sueño de una noche de verano que por poco no acaba en pesadilla. Buen chaparrón el que empapó a Mieres la tarde del pasado viernes. El equipo de Heavy Metal Brigade se encontraba allí y suerte que encontramos resguardo. También que aquello no fuera más que una pasajera tormenta de verano. Un entorno tan indicado como el pozo Barredo acogía las descargas de Me Fritos And the Gimme Cheetos, Blast Open y Soziedad Alkoholika y tocaba enfrentar a los elementos.

Pero como digo y, por suerte, la lluvia (o mejor dicho, la falta de ella) permitió que el evento se desarrollara con total normalidad. Los siempre divertidos Me Fritos And The Gimme Cheetos, qué raro se me hace ver a esta gente a plena luz del día, serían los encargados de romper el hielo. Su alegre punk de versiones imposibles cayó de pie en la localidad minera. Mucha gente joven que bailó y se divirtió con un ramillete de fugaces covers a puro skate punk.

Y es que desde que disparan el “Ecuador” de Sash! y se arrancan luego con el “Yo Quiero Bailar” de Sonia y Selena, todo apunta al baile y el goce. Si además el sonido acompaña, qué mejor para ir entrando en calor. Los más estrictos, que los habrá, achacarán la falta absoluta de seriedad. Sea como fuere, ya digo que la gente lo pasó en grande ya desde los primeros compases. La ristra de temas es casi inabordable. “Johnny Techno Ska” de Paco Pil, “Se Me Enamora El Alma” de Isabel Pantoja, “Tenía Tanto Que Darte” de Nena Daconte, nadie escapa a la lupa escrutadora de los Cheetos.

Tiby, voz del cuarteto, no perdería ocasión de bajar a reunirse con los suyos. Ofreció su inalámbrico a la audiencia y siguió con el torrente de revisiones: “¡Chas! Y Aparezco A Tu Lado” de Álex & Christina, “Un Beso y Una Flor” de Nino Bravo o “Duro De Pelar”, de Rebeca. Tras esta tuvo tiempo de mandar los debidos agradecimientos y encauzar un tramo final que les confirmó como el combo alegre y dicharachero que son. Un apacible y divertido arranque de fiesta después de habernos temido lo peor.

Blast Open, a nadie se le escapa, son un animal bien diferente. Paladines del thrash metal más lacerante, tendrían en Mieres una buena reválida a la gira que les llevó a compartir tablas con las leyendas Vio-lence por media España. Los rescoldos de aquél tour les trajeron a la cuenca del Caudal para alegría de un buen puñado de fans.

El pozo Barredo recibía al cuarteto con formación inalterada desde nuestro anterior encuentro con ellos: Andrés Álvarez en guitarras, Nefta Vázquez en guitarra y voz, Marco Álvarez en baterías y Ton Jerez al bajo. Y desde que cercenan “Riding On A Dead Horse” queda claro que la banda se encuentra en un buen momento. Puede que el sonido no fuera del todo redondo. Iba y venía como sujeto a merced del viento. “Fallen Angel” extrae después a los B.O. más marciales. Y aunque el sonido se aclaró en parte, me quedó la sensación de que nunca llegó a ser redondo del todo (si bien cambiaba según cual fuera tu ubicación frente al escenario). Y da igual porque los rayos y truenos que nos asolaron a media tarde fueron un juego de niños al lado de la furia que entregan en “Invisible Lines”, corte que integrará su próximo álbum de estudio.

Vuela Marco tras los parches en “Pool Of Blood”, que se cuenta entre los cortes más violentos de aquél álbum de 2022. Nefta recordaría aquí la mencionada gira junto a Vio-lence, al tiempo que bromearía sobre el alivio que supone regresar a Asturias y poder volver a usar el “ye”. Las bromas de la también voz de Sound Of Silence, no obstante, no restan un ápice de gravedad a la descarga. Otro corte de nueva creación, “Resurrected” pienso gana en su traslación al vivo, mientras que “Cross Hate”, con los Blast Open más reivindicativos y violentos de la tarde / noche mierense.

Hay un buen solo de Andrés en “Pray Without Fear”. Ton Jerez, siempre discreto, se amoldó a las distintas intensidades manejadas por la banda. Y junto con Marco Álvarez dio lo mejor de sí para una “A Light Behind The Darkness” en la que se desataría un circle pit frente al escenario. Un riff que es puro fuego solidario a un breakdown directo a nuestros cuellos. “Venga, a matarse de hostias” nos arengó Nefta antes de la final “Trying To Escape”. Y eso hizo un importante número de asistentes. En lo personal habría preferido un cierre con “Immortals”, pero ante el vicio de pedir, ya se sabe. Fue bueno volver a verles y esperando su nuevo trabajo como agua de mayo.

La expectación era máxima para la venida de una leyenda como Soziedad Alkoholika. El tiempo que llevaban sin pisar esta tierra y el ajustado precio de las entradas (18 €) hacían presagiar lo mejor. La organización encantada con una convocatoria que corroboró ampliamente las expectativas. Al final, y por aquello del tirón de última hora, el recinto junto al pozo Barredo presentó un aspecto digno de noche para el recuerdo.

La banda correspondió a ese calor entregando un set a degüello. Su fama les precede. Atrás, en comando de la batería y tras la polémica salida de Alfred Berengena, encontrábamos a Mikel Gómez (Childrain, Lampr3a), quien demostró ir más que sobrado de facultades para el puesto. Con eso y con todo, lo primero que llama nuestra atención es la propia puesta en escena. Las paredes de amplis, luces que cegaban, fuego que quemaba. El propio kit de Gómez. Todo confluye en el “Ace Of Spades” de Motörhead disparado por PA y que ya puso a más de uno a gritar y agitar melena.

La inicial “Alienado” nos retrotrajo al “Sistema Antisocial” de 2017 para un curioso arranque. Después de todo, este era el tour de su último álbum “Confrontación”. De él extraen “Falsos Dioses” y Juan (voz), más de tres décadas en esto, parece como si aún tuviera veinte años. “Control De Masas”, que acentuó su cara más groove, destapó a un gran Mikel Gómez a las baquetas. Daba mucho juego el electrónico del fondo. Pero no tanto como encontrarse ya en esta ronda inicial del set un clásico como “Polvo En Los Ojos” y ese aire a los Sepultura post “Chaos A.D.”. El primero de los muchos pogos que desataron los vascos se dejó ver aquí. En las cercanías de la mesa de sonido, Soziedad Alkoholika sonaban como la banda grande que son. Pocas o ninguna pega que poner a este respecto.

La banda atacó “Infiltrado”, sobre cómo llevamos un espía en nuestros bolsillo, y que me pilló cogiendo apuntes en el móvil de cara a esta crónica. La vida y sus ironías. Pero anécdotas al margen, mucha la cera que reparten en cortes más vivarachos como este. Y buenos los solos que, aquí y allá, dispone Jimmy, guitarra de toda la vida de la banda. El que deja en “Política Del Miedo” puede ser fácilmente mi favorito de todos. Luego hay cortes como “Colapso Final” que en su versión de estudio no me dicen gran cosa, pero en su traslación al directo adquiere un peso y una presencia difícilmente rebatibles. Volaba Mikel Gómez aquí y Mieres con él. La paz era una paloma. Y, al lado… el público se dejó la voz en “Palomas y Buitres”. No era para menos. Y es que, mal que nos pese, hay letras que nunca perderán ni una pizca de relevancia.

La Aventura Del Saber” nos retrotrajo treinta años en el tiempo y, de paso, dejó cierta sensación de que, de aquí, ha mamado todo Dios. El juego con la gente, esa vena más abiertamente punk. S.A. disfrutando y haciendo disfrutar. A gran nivel. Y mientras que “Enemigo A Las Puertas” retorna al thrash más flamígero, Juan echa mano de una armónica (que acabaría regalando al público) para entonar el célebre “Alcohol, Alcohol, Alcohol…” Soziedad Alkoholika enfrentan (y no es un decir) entonces “Ciencia Asesina”, con mucho uno de los cortes más violentos y despiadados del set. Inmersos ya en el tramo final, cabrían pocas sorpresas. “Ratas”, “S.H.A.K.T.A.L.E.” (y tanto que sí), “Piedra Contra Tijera” (de las más celebradas), la más tranquila “Traición” o “Peces Mutantes” y su inequívoco sabor al metal de los noventa o una “No Kiero Participar” con la que quedaría cerrado el set…

… antes de unos bises, muy a favor de obra y en los que comenzó a caer un tímido orbayu sobre el pozo Barredo. “Mientras no granice, vamos bien” exclamó irónico al respecto Juan. “Cuando Nada Vale Nada” exaltó aún más los ánimos de la gente, que gritó y se desgañitó hasta las últimas consecuencias. Feliz visita al foniatra. También al fisio (que diría Alex Bace de Morphium). Sarna con gusto, ya saben. “Pauso Bat” supuso la única concesión al euskera de la jornada, “Motxalo” arremetió una vez más contra la tauromaquia y la final “Nos Vimos En Berlín” ejerció de recordatorio al terrorífico genocidio del pueblo palestino. El corte aparecía ya en su demo de 1990 “Intoxikazión Etílika” y la situación no solo no ha cambiado un ápice si no que parece haberse agravado en los últimos tiempos. Qué mundo este.

Fue una gran noche. No las teníamos todas con nosotros en lo que a climatología respecta pero, al final, todo se dio mejor que bien. S.A. cumplieron con su papel de verdaderas leyendas de esto. Blast Open dieron una lección de cómo enfrentar las circunstancias con thrash metal conciso e hiriente y Me Fritos And The Gimme Cheetos dejaron unas cuantas píldoras de su lúdico y festivo punk rock. Vaya un saludo para todos ellos. También un agradecimiento a la organización por haberlo hecho posible y por las muchas facilidades dispuestas en favor de esta crónica. Y, como siempre, un saludo a las muchas caras conocidas con las que departimos antes, durante y después. Así da gusto sentarse frente a un teclado y redactar crónicas como esta. Por lo demás, ya saben: Stop genocidio y nos vemos en el siguiente sarao.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Jolly Joker «Jolly Joker» (On Fire Records 2025)

Entrega homónima para los hard rockeros valencianos de Jolly Joker, de seguro una de las grandes realidades del género en nuestro territorio. Ellos son Daniele Panucci en baterías, Andreas Siegl “Andy” al bajo, Yannick Bonora en guitarras y Lazy Lane en voces. Compuesto por una decena de temas, adornado por el arte de Kako Navarro y puesto en circulación por la gente de On Fire Records.

La pequeña, vivaracha y pegadiza “World Collapse” se encarga de inaugurar las hostilidades. Siempre bajo el reconocible timbre de Lane, la banda pone todos sus cilindros a funcionar en un corte con todos los visos de funcionar como un tiro en sus directos. La producción se las compone para discernir entre todas las líneas presentes, atención especial al bajo de Andy y su buen hacer a lo largo de todo el álbum, y todo alcanza a un estribillo clásico, de los de puño en alto, con Lane en su versión más explosiva. Con él rivaliza, es un decir, el buen solo dispuesto por Bonora. Más que eficaz opener al homónimo de los Joker.

Me gusta la chulería que desprende “Shotgun” ya desde su mismo arranque. Un prólogo apoyado en un riff cuyo gancho parece residir en su propia sencillez. Aquello de “es solo rock and roll pero me gusta” que habré escrito en decenas de reseñas. El corte, claro, adquiere una mayor pegada toda vez alcanza las primeras estrofas e irrumpen alguno de los guitarrazos más contundentes de todo el álbum. Buenos detalles, adornos si lo prefierís, los que dibuja aquí y allá el propio Bonora y un estribillo que, a ratos, me recuerda a mis paisanos de Leather Boys. Formaciones ambas más que afines. Hay un estupendo duelo solista aquí. También cierta sensación de que la banda está más a gusto que nunca.

I Just Wanna (Kiss You)” abandona ese mayor nervio para virar hacia territorios más ligeros y acomodados. Un tema bien cargado de feeling, algo a lo que contribuyen las buenas líneas de guitarra que ha dibujado Bonora. También esa interpretación un tanto más leve por parte de Lane. Uno del trío de temas por encima de los cuatro minutos dentro de este “Jolly Joker”, porta un buen solo de guitarra como anticipo del mayor nervio final. Un epílogo que vendrá a añadir algo más de picante a la mezcla, conformando un cierre tan clásico como eficaz.

Jolly Joker sorprenden no obstante con la más pesada “What The Hell”, un corte donde los valencianos se permiten el lujo de arrastrar su habitual hard rock, amplificando así el rango sónico del tracklist. Y sin que, a estas alturas, me parezca el corte más redondo del álbum, Lane parece más que cómodo a lo largo de su particular línea de voz. El solo de Bonora, nada comedido, casa a la perfección con ese aura más oscuro de la composición. Otro tanto podría decir de una producción que desde luego entiende la clase de tema que tiene entre las manos. Sin desagradar, ni mucho menos, lo cierto es que hay días en que me cuesta llegar a conectar del todo.

Caso contrario de la más tranquila y muy sentida “Broken Glass”. Jolly Joker en su faceta más tierna, sin caer en lo meloso o autocomplaciente, componiendo un corte en el que todo me funciona: la construcción de las estrofas, que van desde una cierta desnudez hacia el mayor nervio de los estribillos de la forma más cuidada y natural posible. Es el corte más extenso de la decena y, por ahí, se vislumbra el cariño con el que el cuarteto ha cuidado cada detalle. El solo de Bonora se adhiere con sumo cuidado al propio espíritu de la composición y fluye sin traicionar ni faltar ese alma tan marcada. Nada de manifestaciones egocéntricas o fuera de lugar. Estupendo desempeño de toda la banda aquí. Allá donde estén, Rob Turner y John Coleman, a cuya memoria dedican esta quinta entrega, tienen motivos de sobra para sentirse más que orgullosos.

Demons Dance”, que puede tal vez engañar con un prólogo un tanto disociado del resto del álbum, hace por regresar hacia la cara más chulesca, hedonista incluso, de los hard rockeros valencianos. La banda recupera un mayor nervio aquí. Y lo hace sin excesos, tramando buenas estrofas primero y procurando una mayor pegada en estribillos después. Después hay llamativos coros, también un tono algo disociado de la propia composición. Un brevísimo puente y un Bonora que aprovecha para trazar uno de mis solos favoritos del álbum. Aún siendo como es uno de los temas más extensos de este “Jolly Joker”, pienso a veces que el epílogo bien merecía algo más de desarrollo. Otra de mis preferidas en cualquier caso.

Ruge la guitarra de Bonora en “Enough”. También Lane, que vendrá a situar aquí su registro más árido y gritón. Todo ello contribuye a que asome la cabeza la cara más metálica del cuarteto. En estribillos y aunque sea de forma tímida, hay detalles que les acercan incluso al rock alternativo más casual. Por ahí una de las composiciones con más personalidad de este “Jolly Joker” y una muestra más de la propia versatilidad de la banda.

My Little Cadillac” ahonda en esa misma idea. El disco pega otro volantazo y la banda profundiza en sonidos cercanos ahora al rockabilly más seminal. Aquí no obstante lo que me sorprende es el cambio de ritmo que se produce en el puente central y el llamativo solo que Bonora dispone sobre él. Tan curiosa como escueta.

Otro corte que sucede en poco más que un suspiro es “Sweet Pleasure Pie”, donde la banda recupera un tono más habitual para entregar un rock nunca carente de feeling. Particularmente en estribillos. El tono por el que Lane opta ahí, así como los hábiles riffs de Bonora vendrán a contrastar con el mayor nervio hacia el que se conducen más adelante… y a una pequeña sección solista que, siento con cada escucha, me deja con ganas de más. Con mucho el corte del álbum que más acusa lo escueto de su duración.

En cualquier caso “Sweet Addiction” supone un corte final en el que los valencianos parecen dar su mejor versión. Lane está fantástico tras el micro, la producción acierta con esos coros que revisten los estribillos y Bonora parece habérselo pasado en grande componiendo y a falta de un solo más protagonista, bien está ese mayor nervio que el corte acoge en su tramo final. Trazo clásico y por ahí de lo más eficaz.

No diré que me decepciona la que vendría a ser la cara B del álbum pero cierto es que, al menos a día de hoy, cortes de comienzo del disco me agradan (o me enganchan) en mayor medida. “World Collapse” es un gran tema apertura y “What The Hell” sorprende con ese tono árido y contundente. “Broken Glass” es uno de los grandes hallazgos de este nuevo trabajo, reluce todo el cariño que parecen haber puesto en esa composición, y “Demons Dance”, aunque se me quede algo coja al final, me parece otra de las más redondas. Luego hay cosas como “Enough” o “My Little Cadillac” , que me gustan más por lo que tienen de refractario al resto del álbum pero algo menos en cuanto a composición. “Sweet Pleasure Pie” de hecho creo que daba para un desarrollo algo mayor (al fin y al cabo, el disco apenas supera la media hora) y “Sweet Addiction” cierra abrazando orgullosa el libro de estilo del género. Y todo esto, al final, da un poco igual pues estamos ante un animal de directo como habrá pocos en nuestro país. Así nos lo han hecho saber en alguna ocasión y del mismo modo esperamos ser testigos en la próxima edición del Luarca Metal Days. Os citamos a todos allí.

Texto: David Naves

Reseña: Ethiva «Beaten Track» (Clostridium Records 2025)

Se hacen llamar Ethiva, vienen de Asturias y son Javi Lorenzo en guitarras, Camil Cinnamon en voces, Ramón Fernández en baterías e Iván Muñoz al bajo. La música de este “Beaten Track” que hoy nos presentan vino al mundo los OVNI Estudio con Sergio Díaz (Firu) a los mandos, mientras que las voces serían registradas por Sergio Rodríguez, quien se encargó igualmente de mezcla y master, en los Tutu Estudios. El arte de la portada recayó en el Ossobüko Studio y todo el conjunto sería editado por Clostridium Records el pasado 13 de mayo.

El prólogo de “Rolling Freeze” pone de relieve a los Ethiva más entusiastas. Y, desde ahí, construye un ida y vuelta entre ese mayor vigor y una tensión más apaciguada y psicodélica. El trabajo en cuanto a mezcla y producción es excelente, algo que se deja notar aún con auriculares y cuando esta reseña se está realizando a través del propio bandcamp de la banda y no sobre una copia física del álbum. Todo llegará. Camil traza estrofas precisas, bien apoyadas en su registro hábil y juguetón. Luego hay ecos floydianos en los solos de guitarra y siempre un bajo en constante movimiento, trazando siempre líneas interesantes y pegadizas. Un corte extenso, por apenas un segundo el que más de entre los seis, y que ya da muestras de por dónde van los tiros en esta nueva obra de los asturianos.

Camil Cinnamon comanda tras el micrófono una “Cut The Top” que sirvió como anticipo de este “Beaten Track”. Aquí las guitarras recorren contornos más ligeros, envueltos siempre en esa bruma casi onírica que propician las afinaciones por un lado, la propia producción por el otro. Me agrada cómo se conducen a lo largo de las estrofas. Cómo todo desemboca en inteligentes escorzos técnicos. Estos van medidos con suma precisión. Engrasados con el propio tono de la composición, dispuestos en favor de ésta y no del ego de cada cual. Me gusta la pesadez más alucinada del puente central, así como el solo que desarrolla Javi Lorenzo. A caballo siempre entre el prog y la psicodelia, Camil Cinnamon mediante, la banda deriva entonces hacia su vertiente más amable y soñadora. Ecos de la Grace Slick de Jefferson Airplane antes del epílogo. Algo que considero es siempre buena señal. Para el cierre queda esa encarnación más ruidosa y directa. Con un gancho de mil demonios, por cierto. Estupenda, y fíjate que en primeras escuchas me parecía algo enrevesada de más. Ahora y en cambio, no puedo dejar de escucharla. Cuestión de darle a las cosas la importancia y el tiempo que realmente merecen.

Run Far Away” parece acogerse a esa vertiente más ruidosa y vivaracha. Ramón Fernández está trazando una cuidadísima línea de batería en estos primeros compases. Para cuando irrumpen las primeras estrofas y regresa la calma, Kayo Dot (y alguno que otro de los proyectos de Toby Driver) no tardan en acudir a mi subconsciente. Es un corte más comprimido en cuanto a tiempo. Algo que se deja notar en una construcción que, aún con sus idas y venidas, resulta un tanto menos ambiciosa en comparación con sus compañeras de disco. Pero Camil Cinnamon está fantástica al micro. Derrochando por igual rango y carisma. Pese al mordisco en cuanto a duración no pienso que caiga en saco roto. Al contrario.

De una belleza profunda y arrebatada, el tranquilo prólogo de “Mountain Claim” es todo lo que está bien. Ethiva lo rompen en bloque para que, un poco a trompicones, Camil Cinnamon vuelva a ejercer de maestra de ceremonias. Su registro se dobla con la guitarra de Javi Lorenzo y, por pura colisión, surge uno de mis momentos favoritos de todo el largo. De guitarras reverberantes en el solo primero, y de tonos más misteriosos después, la composición va atravesando recodos y contornos siempre llamativos y atractivos. Y es que Ethiva vuelven a otra de esas escrituras diversas por retorcidas, que confluyen ahora en un tronco central descosido y ruidoso. Y no quisiera decir que todo el largo epílogo podría caber bajo el paraguas del rock experimental, pero ciertamente se deja sentir un leve aire a jam improvisada que le sienta como anillo al dedo. El juego entre Cinnamon y Lorenzo aquí es, sin pensarlo mucho, otro de mis (varios) momentos favoritos de este “Beaten Track”.

Red Lights” propone ya de entrada un prólogo atrevido y lleno de personalidad. En él, Cinnamon está desarrollando notas realmente altas. Los riffs que entrega después Lorenzo pueden no resultar tan atrevidos, pero vienen apoyados por una base rítmica tan desatada como concisa, por contradictorio que ésto pueda sonar. Brilla Iván Muñoz al bajo en el brío pero también en la calma. Que la hay. Otra escritura en montaña rusa, plagada de cambios de ritmo y donde el juego entre las distintas intensidades que proponen nunca suena artificial o deslabazado. Muchas líneas confluyen aquí. Y, sin embargo, la mezcla no se resiente ni lo más mínimo. Prueba una vez más del cuidado con el que la banda y técnicos han tratado a estas canciones. Estupendo ese epílogo y los tonos, de nuevo altísimos, que Cinnamon imprime en ese tramo final. Estupenda.

Libre y de nuevo entusiasta Lorenzo durante el prólogo de esta “Summertime”. Aquí surgen unos Ethiva un tanto más bailables y pegadizos. Siempre sin perder la conexión con su habitual rock psicodélico pero aportando una pizca más de personalidad a este corte final. Hay cambios de ritmo que me recuerdan a ciertos momentos de King Crimson. También a los ahora desaparecidos Acid Mess, quizá la banda de la región con la que más puntos tengan en común. Largos solos de guitarra primero y una Cinnamon erigida en total protagonista después. La mezcla introduce luego un curioso juego entre canales, desplazando la voz a izquierda y la guitarra a derecha, integrando la base rítmica con toda precisión y procurando todo el espacio posible al buen desarrollo técnico de los asturianos. Oníricos y elegantes. Un cierre de disco de una marcada espacialidad, a caballo entre lo alucinatorio y lo improvisado, para un curioso y personal abroche final.

No es el tipo de música que más acostumbramos a tratar por aquí y, sin embargo, qué agradable sorpresa la vuelta de Ethiva. Rock psicodélico de primero orden, acompañado de una voz llena de fuerza y carisma, unos trazos cuidados con todo cariño y unas producción y mezcla a la altura de cualquier banda foránea. Que es lo que tiene fundir dos de los mejores estudios de la región en un solo álbum. El resultado salta al oído. Un disco más que adecuado para sobrellevar los rigores del verano en ciernes. De esos que, reza el tópico, ganan una barbaridad con las escuchas, cocinado en el punto justo entre la ambición y la elegancia. Sin sobresalir del género ni romper fronteras pero mimado cada detalle hasta las últimas consecuencias. Agradable y estupenda sorpresa.

Texto: David Naves

Reseña: Alto Volto «Luna Negra» (Discos Furia/Ataque! 2025)

Decía Bob Dylan que los tiempos están cambiando y desde luego lo han hecho para el trío asturiano Alto Volto. Toni Tamargo (batería), Sergio Tutu (bajo) y Borja García (guitarra y voz), trasladaron en el estudio la propuesta lírica de la banda al idioma de Cervantes. “Luna Negra” vino al mundo en los Tutu Estudios con Sergio Tutu (Deltonos, The Electric Buffalo) como productor. Los once cortes que ahora nos presentan cuentan además con las inestimables colaboraciones de Sandra Álvarez en coros y Sam Rodríguez en teclas. Alineación de lujo que completan Dani Sevillano, encargado de la masterización en Ovni Estudio, y el arte del Ossobüko Studio para la portada.

Habitaciones Frías” supuso el adelanto de este “Luna Nueva” y, más allá del cambio en cuanto a letras, resume y afianza la idea que un tiene de una banda como esta. Rock conciso y sin artificios. Elegante más que amable y producido con un mimo y cuidado exquisitos. Unas estrofas que a ratos me recuerdan a Corazones Eléctricos, aquella escisión de Uzzhuaïa con Pau Monteagudo al frente. El uso del wah al comienzo, la firme batería de Tamargo, el pegadizo estribillo de García y su buena ristra de solos. Un arranque eficaz y disfrutón.

En “Baila” el trío suena algo más sucio y arrastrado. Me gusta esa construcción alterna de las estrofas. Tan clásica. Tan funcional. También la forma en que las guitarras acompañan al fino estribillo de Borja. Como digo es rock sin estridencias, sin desmanes, pero rebosante de buen gusto en la confección de solos. En los finos engarces entre estrofas brilla igualmente la base rítmica de Tutu y Tamargo. La mezcla acierta a otorgar a cada línea su debida cuota de protagonismo y por ahí caben pocas pegas. Hay un solo rebosante de carácter en su tronco central y Borja García no podría parecer más cómodo con su línea de voz. Más clase que una universidad.

Hey, Hey!!” son los Alto Volto más libres y dinámicos. Un rock de nuevo más vibrante, siempre dentro de su habitual rango de acción, pero revestido ahora por el piano de Sam Rodríguez. Acompaña en estrofas y estribillos, otorgando una dimensión mayor a la acendrada propuesta del trío. En consonancia con ese ritmo más vivo, Borja dibujará solos más efusivos aquí. La banda acomete después un puente calmo y elegante, cortado por ese clásico crescendo final. Uno de los cortes de más pronta digestión de todo “Luna Nueva”, de esos que entran a la primera y que, pienso, no debería faltar en sus directos.

Se percibe una mayor gravedad en “Veneno”. En efecto las guitarras se envenenan en el prólogo, pero la banda reconduce hacia una mayor desnudez en las primeras estrofas. Así las cosas, estos son los Alto Volto más sucios y compactos. Construyendo de nuevo buenos estribillos pero también una de las secciones solistas más llamativas de todo el tracklist. Si bien pienso que su epílogo tal vez merecía una pizca más de desarrollo, que no de picante, otra de las que entran como cuchillo en mantequilla.

Maldita Mi Suerte” supone entonces un marcado cambio de tercio. Composición a caballo entre la balada y el medio tiempo, sobresale aquí la buena producción de Sergio Tutu. En especial durante los tonos más amables de esas primeras estrofas. También en el tratamiento que le otorga a la propia voz de Borja. El trabajo en cuanto a guitarras es de una clase y una finura incontestables. Todo se enfanga y endurece en un tronco central que sorprende por lo abrupto de sus guitarras. Me gusta el solo que irrumpe a continuación. También el modo en que el epílogo retorna de nuevo hacia aguas tranquilas. En opinión del abajo firmante una de las propuestas más llamativas ya la vez sólidas de todo “Luna Nueva”.

La Celebración” nos devuelve entonces a los Alto Volto más vivarachos. Hay un gran riff aquí, bien secundado por el bajo de Tutu. Puro y añejo rock and roll en un corte hedonista y alegre. Las distintas secciones solistas, que adquieren una mayor suciedad ahora, me recuerdan a los también asturianos Amon Ra. Supone uno por que, al final, las influencias de unos y otros no son tan distantes. Sin disgustarme, cierto es que no me engancha en la medida en que lo hacen otros cortes del estilo dentro del álbum.

En una onda aún más vivaracha, “Atontado” ofrece a unos Alto Volto de nuevo vibrantes y alegres. De tan elemental, el riff tiene un gancho de mil demonios. La letra, ataque frontal al universo de las redes sociales, viene acompañada de alguno de los tonos más altos de Borja. Y si bien su duración (3:25) pueda saber a poco, bien está el solo de guitarra con el que rematan en su tramo final, así como el modo en que acompaña la firme base rítmica. Agradable.

El disco sigue cogiendo altura gracias a cortes como este “Insomnio”. Ritmos vivos, buenos riffs y un bajo que ruge ahora como si le fuera la vida en el empeño. Me gusta especialmente esta línea de voz para otra de esas canciones que huelen a directo ya desde sus primeros compases. Su estribillo, sencillo pero eficaz y los buenos solos de su tramo final conforman otra de las grandes ofertas, pienso yo, de este “Luna Nueva”.

Ojo Chaval” vuelve a la senda de los Alto Volto más sucios. Una rotundidad más acusada que no va en menoscabo de sus buenas estrofas, sus riffs pegajosos y los buenos detalles de Tamargo a los parches. Cabe casi de todo aquí. Incluso pequeño solo de bajo por parte de Tutu. Muchas son las ideas que el trío introduce en estos tres minutos largos. Que aún con ello, la composición no suene descompensada o mecánica creo que habla muy bien del cuidado con el que han tratado a esta novena entrega.

Hablando de Tutu, vuelve a brillar el bajista a lo largo de “Ella”. Al alimón con Tamargo compondrá una cuidada base rítmica para un corte que me agrada primero por construcción y después por cómo juega entre muchas de las influencias que dominan la propuesta del trío. Y si bien no encuentro un estribillo del todo redondo, todo el aspecto puramente instrumental de esta penúltima entrega brilla con inusitada fuerza. También la producción de Tutu, el juego entre canales que propone a ratos, o la forma en que juega con las voces de Borja. Estupenda.

La instrumental “India”, a la sazón corte más extenso de los once, cerrará este “Luna Nueva” desde una óptica radicalmente distinta al resto del álbum. Entrega semiacústica entre lo tenue y lo desértico. Llamativa seguro y una insospechada sorpresa durante la primera escucha de este nuevo trabajo.

Un trabajo en el que Alto Volto parecen haber echado el resto. Caben muchas influencias, ritmos y colores a lo largo de estos once cortes. Todos elegantemente producidos y, los más, llenos de buenas ideas. También de manos hábiles a la hora de trazar buenos riffs y solos. El cambio de idioma supone un giro brusco. Pero Borja García, salvo momentos muy puntuales, ha sabido trazar unas líneas de voz ajustadas y con gancho. La base rítmica de Tutu y Tamargo no se limita a acompañar a la guitarra y de resultas de todo ello encuentro uno de esos discos que terminan enganchando por su propia diversidad. Hay calma, suciedad, brío y elegancia. Y aunque alguno de estos temas ya los hayamos oído en vivo, bien estará el reencontrarse con el trío el próximo viernes 6 de junio en el Gong Galaxy Club. Salvo catástrofe, allí estaremos.

Texto: David Naves

Reseña: Mano De Piedra «Tales From The Burnt House» (Coproducción 2025)

Tales From The Burnt House” se trata del segundo largo de los vigueses Mano De Piedra, banda conformada por Fran Álvarez al bajo, David Durán en baterías y voz principal, Nano Galez en guitarra y voces y Adrián P. Blunier en guitarra y coros. Iago Lorenzo se encargó de producir, grabar y mezclar el álbum, contando con la asistencia de Pancho Suárez De Lis para la grabación de las baterías. Las pistas resultantes serían debidamente masterizadas por Robin Schmidt de 24-96 Mastering para que el trabajo viera finalmente la luz a finales del mes de abril a través de los sellos Hombre Montaña, Quebranta Records, Muerte Matar Records, Noizeland Records y DoomAwaitS.

Me gusta la naturalidad con que da inicio “At The End Of The Hole”. Ese crescendo tan firme y a la vez orgánico. Por ahí incluso se deja notar el fuerte pulso atmosférico que esconden estas composiciones, que se agrandará aún más conforme irrumpan las primeras estrofas. Se produce en ellas el clásico contrapunto melódico y que tan fácilmente puede recordar a los omnipresentes Cult Of Luna como a mis paisanos de Honara. Hay una producción y mezcla muy equilibradas, que otorga el debido peso a cada línea sin desequilibrios ni errores de bulto. En los momentos de mayor entrega técnica, la banda obvia cualquier tipo de floritura fuera de guión y, por ahí, este primer corte hace gala de una solidez tonal muy funcional a la hora de abrir el álbum.

Young Prometheus”, entrega más corta de las siete, ofrece ahora a unos Mano de Piedra más tensos y vibrantes en un avanzar que, muy especialmente en las primeras estrofas, me suele recordar a los Mastodon más nerviosos. Un corte breve en el que los vigueses no olvidan buenos detalles en cuanto a riffs o melodías y aún mejores cambios de ritmo. Muy firme Durán comandando este metal más acelerado. Mano De Piedra, no obstante, no olvidan luego ese tono más atmosférico que ya entregaba el tema inicial. Pero si algo me agrada sobremanera aquí es el epílogo. Lo diversa que se torna aquí la línea de batería. El desgarro que ofrecen las voces sobre esa mayor pesadez final. Más pequeña, que no por ello peor.

Con “The Beast Inside A Man” irrumpe la más pura calma. Voces prístinas sobre levísimos rasgueos de guitarra para un prólogo tendido y elegante en donde la producción de este “Tales From The Burnt House” brillará en consecuencia. Mano De Piedra sorprenden luego al ofrecer su cara más rota y agresiva. Las voces se tensan y desgarran, las guitarras ofrecen riffs retorcidos y rotundos. Durán cabalga primero y engarza después siempre con buena mano. El de Isis es un nombre que me sobrevuela siempre que la composición alcanza esta mitad más cabrona. Camino del epílogo surge un hábil contrapunto entre voces y melodías de guitarra, previos ambos al buen solo doblado del epílogo. Fácilmente una de las entregas más significativas y a la vez personales de todo el largo.

The Burnt House” ahorra de nuevo en florituras para desempeñarse sobre la cara más intensa de los gallegos. El trazo quizá algo predecible de esas primeras estrofas contrasta con el pulso atmosférico que habrá de suceder a continuación. Por ahí me agrada el juego entre intensidades que ofrecen. En parte porque la mezcla sigue rayando a gran altura, pero también porque las voces que se cuentan entre las más interesantes de todo el largo. En su tronco central, “The Burnt House” acoge una mayor gravedad, acompañada a su vez de gritos rotundos, casi desesperados. Todo culmina en un pequeño puente al piano. Oasis de calma para el oyente, que esconde para el largo epílogo a los Mano De Piedra más rabiosos y descosidos. Estupenda resolución, llena de guitarras graves, voces tensas y un bajo que ruge como si en ello le fuera la vida. Estupenda.

Soul Dancing” surge entonces para traer de vuelta a los Mano De Piedra más directos. Sin olvidar el fuerte pulso atmosférico que domina al resto de composiciones pero amarrado a otra estupenda línea de batería por parte de David Durán. La composición va divagando entre la tensión y la calma con total naturalidad. Es algo en lo que la banda parece haber puesto no poco empeño y un terreno en el que parecen moverse más que cómodos. Alguna de estas pequeñas islas de calma despliegan un aire algo alucinado, apenas desconocido dentro del álbum. Cierto que el puente central de esta quinta entrega no me atrapa tal y como lo hacen otros tantos dentro del disco. Ello no quita para que después surjan estupendas líneas de voz y su bien conocido post-metal se magnifique hasta las últimas consecuencias. Siempre sin que la producción se resienta lo más mínimo y dejando claro la banda cargada de personalidad que son.

Otro arranque que parece heredar cierto espíritu Mastodon es el de “Against The Ruins”. Pero Mano De Piedra le insuflan un carácter algo más punk y, por ahí, la que fuera carta de presentación del álbum termina ganando en cuanto a personalidad y fuerza. Fluye nuevamente con naturalidad, sin grandes artificios, atravesado por inteligentes cambios de ritmo y acompañado por una más que notable gama riffera. El tronco central tiene algo que siempre me recuerda a los Tool del “Lateralus”. Vuelve a brillar Durán tras los parches, dando acomodo al que puede ser otro de mis momentos favoritos de todo el largo. Luego la composición acoge una mayor pesadez, incluso diría que la producción otorga de pronto un mayor empaque, y todo confluye en un epílogo roto y desesperanzado. Que un corte tan en cierto modo laberíntico fuese el elegido para adelantar al disco resulta toda una declaración de intenciones.

Para el final queda el corte más extenso, una “Blue Demon” con los Mano De Piedra más atmosféricos confrontando a los más rotundos. Hay guitarras muy graves aquí, contrapuestas a unas llamativas voces limpias, en un cuidado ejercicio de equilibrismo. Estos primeros riffs pueden pecar de cierta sencillez. Y no pasa nada porque van sobrados de gancho. La producción los amplifica y, por ahí, parece colarse la versión más grandilcuente de los gallegos. Me agrada la construcción de su tronco central. Los pequeños detalles melódicos que acoge, la (ahora sí) estupenda gama riffera que lo conforma. Camino del epílogo todo vuelve a magnificarse. Surge de nuevo la cara más atmosférica del cuarteto, acompañada ahora por el mayor poso melódico de las guitarras, conformando un último epílogo elegante y conciso.

Fans de bandas como Isis, Pelican, Cult Of Luna, incluso Neurosis o Tool podrían tener en los gallegos Mano De Piedra una compañía más que agradable. En unas escenas donde las etiquetas resultan cada vez más líquidas, los gallegos emergen como firme y orgullosa banda de género. Por ahí el álbum puede resultar algo predecible a ratos, lo que no quita para que buena parte de estas composiciones resulten de lo más atractivas. Den la impresión, de hecho, de haber sido pensadas y repensadas. Con treinta y ocho minutos de reloj no es desde luego un trabajo extenso, y sin embargo son muchas las influencias que se dejan notar a lo largo del tracklist, dispuestas eso sí lejos de la barrera del plagio o la copia descarada. Un disco que me funciona, en el que encuentro muchas y muy buenas ideas, con una producción a la altura y en donde se vislumbra a un cuarteto con un futuro prometedor. Una agradable sorpresa.

Texto: David Naves

Crónica: Mystereo + Automatic Kafka (Gijón 9/5/2025)

Concierto organizado por la plataforma Tono Joven, comunidad nacida el pasado 2024 para dar visibilidad a artistas emergentes de habla hispana y que actualmente engloba más de 130 artistas en España y países como México o Colombia y que contaba en esta ocasión con los locales Mystereo y Automatic Kafka como punta de lanza.

Primera visita para una servidora a la gijonense Sala Buddha. Agradable estancia de orgánicas líneas, cálidos tonos y voluptuosas formas que invitan a relajarse y mimetizarse con el ambiente. No obstante algo pequeña para lo que se acabó congregando allí. Escenario al fondo, al abrigo de la escalera, no muy alto, facilitando la labor fotográfica, y coqueto para la sala. A medida que iba congregándose la gente, se iba formando un barullo agradable alrededor de la sinuosa curva-contracurva de la barra. Iker Lamuño, fundador y presidente de Tono Joven, sin dejar de sonreir, tímidamente, hizo las presentaciones de las bandas y los correspondientes agradecimientos a los patrocinadores del evento. Gran trabajo de los responsables del sonido, su pericia nos ofreció un sonido transparente incluso en primera fila.

Abren la velada Mystereo, banda de rock alternativo y poliédrico difícilmente etiquetable compuesto por Adrián Muñiz a la voz, Alex Camargo (ausente en ésta ocasión) y Bruno Suárez en guitarras, Sixto Santamaría al bajo y Alex Fernández a la batería. La última vez que coincidimos fue en enero con motivo de su 20º Aniversario celebrado en la Sala Acapulco (crónica) donde habían expuesto artillería de sus cuatro discos de estudio editados hasta la fecha. En ésta ocasión, gran parte del setlist lo dedican a «Panic«, su último trabajo, editado en 2022.

Arranca la intro, Alex a la batería flanqueado por Bruno y Sixto esperando la llegada, cual advenimiento, de Adrián que se incorpora de un salto al centro del escenario dando paso a «Helicopter Blues«, con el frontman subido a uno de los bafles, simulando un helicóptero volteando cable y micro sobre su cabeza. Guitarra y bajo se mantuvieron tan estáticos como la batería, esquinados al máximo para que Adrián se pudiera revolver a placer.

Las agradables luces rojas del primer tema, enseguida dieron paso a una iluminación neutra y directa, que si bien restaba magia y disipaba una letárgica atmósfera, mostraba los volúmenes en su contundencia, lo que facilitaba las capturas a los fotógrafos, como servidora, menos avezados. Turno para «Pupeteers«, tras la cual la voz hizo las presentaciones y la bienhallada y tras un problemilla con su monitor, enseguida solventado, se arrancaron con «Numbers» donde se deshizo de la camisa de cortes hawaianos para seguir con su habitual atuendo de negro con contrastados tirantes. Demasiado grande para ese espacio, como Alicia tras beberse la pócima (¿o era comer la galleta?), sin ser óbice de continuas y sinuosas cadencias de movimientos desmayados y vacilones. “Hay muchas enfermedades mentales por ahí, por favor, liberadlas” sugería Adrián, con tono persuasivo.

En algún momento del set, tras un ligero percance, Bruno bromeó: “Sonábamos como Metallica en Ride The Lightning” Tras «Panic Attack«, una de mis favoritas, pequeña pausa para hidratarse, aprovechando para mencionar el merchan y sugerir, con una sonrisilla de niño que pide otro trozo de tarta, que miremos su mucho material en Youtube sin olvidar darle a la campanita de notificaciones. Tras «Play First», alargaron la intro de «Digital Holocaust», para presentar a la banda pidiendo, con fingida sorna, un fuerte aplauso para cada uno. Con esta última Adrián se terminó de desmelenar (literalmente) mezclándose con una asistencia que practicaba suaves pero alegres y animados pogos. Ese disfrute del público me evocó una especie de post visualización del disfrute genuino y analógico en esas horas de liberación e incertidumbre que provocó el reciente e inquietante lunes de apagón eléctrico.

Durante los bises, “estaba todo previsto”, con la bella «Polaris«, Bruno hizo un extenso solo que transportaba al éter. Tras la actuación, hubo una pausa en la que los representantes de Tono Joven procedieron al sorteo de merchandising, bien acogida iniciativa que sumaba color a la velada.

Tiempo para Automatic Kafka, la banda afincada en la cuenca del caudal sigue inmersa en la gira promocional de su último disco «Immortal» (reseña) tras su presentación en el Mieres Centru Cultural el pasado 29 de marzo (crónica). Actualmente son Dolfo Alligator (Black Coffee, Electric Alligators, Half Black…) a la voz, nuevo efectivo incorporado junto al baterista Leo Duarte (Alquimia, Last Days Of Eden…) y Jota (Daédrica, Oxidixe) a la segunda guitarra y los veteranos Dann Margo al bajo y Broonko Lee a la guitarra solista, con Jesús Rebor (coproductor del álbum junto a Julio Camba) a los coros.

Con ellos acaba de colmarse la sala y revolvernos como sardinas en lata, lo que no mermó un ápice las ganas de disfrute de los allí reunidos. Una vez la nutrida formación repartida por el escenario y aledaños está lista para empezar una cerveza rueda por las tablas a modo de botadura de un barco. Buen augurio mientras añade Jota despreocupadamente “Ah! no era la mía”. Con el escenario recién bautizado, arrancan máquinas con «Audio Garden«, su homenaje al malogrado Chris Cornell.

Bronco presenta el tema siguiente «Burn«, aleccionando a la asistencia “¿quemamos un poco esto o qué?”, “fuego metafórico” matiza Dolfo, mientras aprovecha para dedicar la canción y todo el concierto a Javier Hidalgo, artista y gran amigo, difunto esa misma semana.

Para «The Red» cuentan con la colaboración de una amiga en los coros, mientras se preparaba, Dolfo se deshace de su ya característico chaleco vaquero para atacar con garra la canción. Sigue la energía con «Resistance» inspirada en la figura de Randle McMurphy, personaje interpretado por Jack Nickolson en la película “Alguien Voló Sobre El Nido Del Cuco”. ¡A vuestros pies buen público! exclama Alligator mientras se calza la emblemática chaqueta amarilla de Beatrix Kiddo para interpretar «Immortal (Kiddo)«. La contundencia de las cuerdas aquí me recuerda el icónico momento en que Beatrix sigue en moto a O-Ren Ishii hasta su sangriento final en la Casa de las Hojas Azules.

Tocaba el turno a una accidentada «Metamorphosis», dedicada a alguien del público a quien Bronco había golpeado accidentalmente con el mástil durante otra actuación. En plena ejecución súbitamente se silencia todo, un asistente había tropezado en la escalera con los cables dispersos arrancando uno de ellos. Tras interesarse toda la banda por su estado, Bronco le llevó hasta el centro del escenario, mientras le aplaudíamos todos, sentándole en lugar privilegiado y rodeado por la banda que tocó el resto del tema arropándole, hasta que, una vez repuesto, se lanzó a bailar junto a ellos. Tras pedir una ovación para Luis, el técnico de sonido y agradecer a Tono Joven, Bronco nos invitó a ulular, “hacemos un poco el indio”, para recibir el último tema de la velada y primero del disco, «Crazy Horse», inspirado en el inmortal jefe tribal Tasunka Witko «Caballo Loco».

Con ganas de volver a pisar el Buddha. Solo me resta agradecer la amabilidad de los chicos de Tono Joven, a ambas bandas, en concreto a Dann Margo por su gentileza, y al personal de la sala por las facilidades dadas. Y, como dice un amigo, nos vemos en la siguiente.

Texto y Fotos: Susana Alberich

Reseña: Aposento «No Safe Haven» (Xtreem Music 2024)

Es el cuarto disco para las huestes death metaleras riojanas Aposento. La banda, que ya pasara por Heavy Metal Brigade con aquél “Conjuring The New Apocalypse” de 2020, vuelve ahora con un “No Safe Haven” bajo el brazo en el que encontramos a Manolo Sáez y Manu Reyes en guitarras, Pablo Vázquez al bajo, Raúl Ceballos en baterías y Carlos García en voces. Diez temas grabados en los Rock Lab Studios con el Tierra Santa Dan Díez a los controles y posteriormente mezclados y masterizados por el Vomit The Soul Davide Billia (Aphotic, Putridity, Holycide…) en los MK2 Studios de Ivrea (Italia). Con fotos de Unai Endemaño y arte de Naroa Etxebarria (Centinela, Sönambula, Nakkiga…) el disco vio la luz vía Xtreem Music.

El arranque de “No Safe Haven” no podría ser más abrupto. Tampoco más leal al propio legado de la banda logroñesa. Death metal descosido y vibrante, con unas primeras estrofas realmente encolerizadas y violentas. Para cuando la composición toma un rumbo algo más próximo a la pesadez de unos Incantation, sale a relucir la mejor cara de estos Aposento, que insuflan de puro death de corte clásico una entrega de apertura en la que todos sus cilindros parecen en funcionamiento. Percute el doble bombo un incansable Ceballos. Si acaso, echo en falta una presencia más continuada del bajo de Pablo Vázquez, discernible en la mezcla sólo a ratos. Sea como fuere un más que buen arranque:

Para cuando llega “Tortured And Abused” ahí sigue Ceballos con el doble bombo a pleno rendimiento. Me agrada ese riff de las primeras estrofas. También la forma en que Carlos García despliega sobre él unas estrofas oscuras y rabiosas. En especial durante las partes más violentas y rápidas, hay riffs que me llevan a pensar en la primera época de Cannibal Corpse. También en Hate Eternal (lo que si uno ha seguido la trayectoria profesional de Erik Rutan no deja de tener su gracia). La producción otorga quizá un peso excesivo al doble bombo pero sin duda la banda ha sabido cómo conjugar aquí las distintas caras que alimentan su modo de entender el death metal.

Pero agradezco la forma en que “Uncertain Death” le cambia el paso al disco. No es que su trazo abandone los rasgos que configuran buena parte de los temas, pero sí que la pesadez desde la que parte y los mil y un cambios de ritmo que alberga en su desarrollo la convierten en una de las entregas más técnicas de este cuarto álbum. Se deja sentir por ahí el influjo de los mejores Suffocation, solidario a un puente central más trotón y que bien podría recordar a bandas como Possessed, primeros Sepultura, Malevolent Creation… Composición híbrida en todo caso y una de las que más peso ha ido ganando con el correr de las escuchas.

Por contra, la más breve “A Texas Funeral” arremete de primeras con un death metal furibundo y descarnado para el que no deja de ser uno de los trazos más nerviosos de todo el largo. El de Autopsy es un nombre que revolotea por mi subconsciente con cada nueva escucha. Ceballos apenas tiene descanso a lo largo de unas primeras estrofas que Carlos García, inasequible al desaliento, descerraja a placer. El puente central opta por una bajada en la intensidad donde surgen una serie de riffs algo más recurrentes. Sí me agrada el trazo que conforma el epílogo y la forma en que construyen ese viraje hacia ritmos más ágiles primero y decididamente violentos después. Sin que me desagrade, a ratos siento algo descompensada la suma de sus partes.

The Bad Seed” conjuga su death metal más feroz con aquellas pequeñas andanadas casi lindantes con el thrash que dibujaba “Uncertain Death”. Lo que surge finalmente es un corte bien construido, equilibrado, con Ceballos dando una clase de velocidad pero sobre todo de técnica y la pareja Reyes & Sáez entregando riffs eficaces, memorables incluso. Ese que surge en las partes más pesadas tiene un gancho de mil demonios. Al final un corte que viene a dar la razón a quien fuera que optó por él como una de las cartas de presentación de este “No Safe Haven”.

Where Darkness Reigns”, entrega más rácana de este nuevo trabajo, ofrece de primeras un riff algo exógeno para un disco como este. Tras él, Aposento construye otra buena andanada de ese old school death metal sobre el que tan bien se manejan pero que sucede en apenas un suspiro. El buen nivel técnico que manejan se deja apenas intuir durante un tramo central que recupera aquél paso casi marcial del inicio. No descarto genere más división de opiniones que ningún otra canción de la decena.

Quien sabe si a modo de antídoto, los riojanos colocan aquí “Let It Bleed”, composición más extensa de “No Safe Haven”, y que da inicio con un riff que siempre me recuerda a “Seasons In The Abyss” de unos tales Slayer. Lo que sucede después, sin embargo, tiene poco o nada que ver con los estadounidenses. Es un death metal cerril y directo, dominado ahora sí por una estupenda serie de riffs y donde Ceballos vuelve a lucir tras los parches. Por velocidad, sí, pero también por la forma en que su línea de batería acierta a amalgamar sus muchos ritmos sin mayores problemas. Su tronco central me recuerda sobremanera a unos Avulsed de sus primeros álbumes. Quizá eche en falta un solo que termine de redondear la oferta pero aún así otra de mis favoritas.

The Devil’s Bargain” opta por otro prólogo machacón, casi marcial, mientras Reyes & Sáez dibujan en comandita otro estupendo riff de guitarra. Echo en falta un bajo más alto en la mezcla que termine de apuntalar la base rítmica. Especialmente en las partes más pesadas. En aquellas veloces, mientras la batería de Ceballos vuela, Carlos García entrega una interpretación todo lo agria y oscura que requiere un tema como este. Sin ser la entrega que más me enganche de las diez, sí que reconozco como aciertos su trazo ágil o varios de los riffs que la forman.

As Your Life Ends” entrega ahora a unos Aposento en una clave mucho más pesada. También técnica. Por ahí la mezcla recupera para la acción el bajo de Pablo Vázquez y el ex Valdûr aprovecha para revestir con detalle otra de esas composiciones un poco a la contra del resto. Buenos riffs los que dejan Reyes y Sáez, hábiles a la hora de conjugarse para una entrega, ya digo, alejada de los ritmos tan violentos que dominan otras ofertas de este nuevo decálogo. Con ese epílogo en fade out, a buen seguro habría optado por ella como último corte del álbum…

… y no una “Parásitos” que vuelve a recuperar a los Aposento más nerviosos. Un corte con García en tonos verdaderamente oscuros y que me recuerda a los Incantation más ennegrecidos. Pura oscuridad riojana para un cierre sin apenas concesiones. A ratos pienso en bandas como Father Befouled, Undergang, Dead Congregation… Me agrada, sí, pero me queda la sensación de que “As Your Life Ends” habría funcionado mejor como cierre.

La maquinaria sigue bien engrasada y a poco que gustes de death metal a la vieja usanza raro será salgas decepcionado de este “No Safe Haven”. Es además un disco más ágil y diverso de lo que puede parecer a simple vista (o escucha), con un ramillete de influencias que abarcar desde nombres clásicos y elementales como Incantantion o Possessed a rasgos más contemporáneos pero no por ello desleales a la tradición. Buena caza.

Texto: David Naves

Crónica: Caballo Moldavo + Sun Of The Dying + The Magus (Oviedo 16/5/2025)

Curiosa triada la que se planteó el pasado viernes en la ovetense Lata De Zinc con los locales Caballo Moldavo y The Magus acompañando a los madrileños de Sun Of The Dying. Hard rock y metal dándose la mano para alegrar (o no) nuestros sufridos corazones. No era el único evento de la jornada. Otra fecha rebosando oferta. Pero el debut en nuestra tierra del combo doom terminó por desequilibrar la balanza.

Así pues rumbo de nuevo a la capital para encontrarnos con la llamada del establo. El de Caballo Moldavo iba a ser un show algo especial, como demostró ya el hecho de que mutaran momentáneamente en quinteto para la intro. Kalari Geest aportó teclados primero y dio pie después a “Réprobos”, un corte que se ha convertido ya en pura idiosincrasia moldava. Arrancando siempre “de frente” y con las pilas bien cargadas. En el “Blues Del Innombrable” hay un buen solo por parte de Lionel Hooves. Reverendo G. Throat incluso se paseó por entre la gente. Muchos y buenos amigos abajo del escenario, la ocasión lo merecía.

El Pantano” enfanga consecuentemente a la Lata. El equino desciende su pegada y magnifica el arrastre. Al final los sets de Caballo Moldavo resultan interesantes por diversos. Comandados siempre por el inquieto Reverendo, apoyados por la fiable base rítmica de Jhonny Liver (batería) y el Hermano Lynnot (bajo). Que no mordían, aseguró el propio Reverendo. No al menos con mala intención, pensó alguien entre el público. “El Cuervo” emprendió entonces el vuelo para que el Caballo se arrastrase por el fango. Buenos coros de Hooves aquí y una banda que apareció por la capital en buena forma.

Aún tuvieron tiempo de introducir una novedad, “El Valle”, de nuevo con Geest arriba del escenario. La voz moldava había aprovechado para agradecerle que les salvara en su visita a tierras gallegas, haciéndose cargo del bajo con apenas dos ensayos. El tema nuevo, por cierto, parece seguir donde lo dejara aquél Ep “Réprobos” de 2021, si bien sorprendió con un puente que se cuenta ya entre lo más elegante que les hayamos escuchado. Volviendo al mencionado Ep, “Misa Negra” pudo ser fácilmente una de mis favoritas por su parte. Muy redondos aquí. Para el cierre quedaron los debidos agradecimientos y esa “Green Machine” de Kyuss sobre la que han trotado en tantas ocasiones. Expectantes ante el nuevo material.

La oscuridad se iba a cernir entonces sobre la Lata De Zinc. El elegante doom / death de los madrileños Sun Of The Dying pisaba la capital asturiana con la pretensión de escudriñar nuestras almas y purgar nuestros pecados. Formación al completo, seis músicos arriba de las tablas, pero la seguridad que otorga el contar con Ovana a los mandos de la nave. Termina la intro y “The Tide” ya da muestras de esa pesada elegancia en la que se manejan. Eduardo Guilló se agarró al micro para dar una verdadera lección de cómo afrontar estas líricas sin perder un ápice de emotividad ni tampoco de fuerza. Tan furioso en los tonos más rotos y descosidos como seguro en los más limpios. A destacar igualmente los buenos coros que dejó ya aquí el guitarra Daniel Fernández. Entiende uno que su propuesta puede no ser del gusto de una mayoría. Pero nadie puede negar hoy que la afrontaron cohesionados y con total convicción.

El inicio bronco de “The House Of Asterion” pone a prueba los cimientos de la Lata. Diego Weser percute tras baterías y proyecta la banda hacia su versión más compacta. Sorprende, eso sí, cuán inmersivos se tornan más adelante, transitando su conocido doom metal hasta las fronteras del gothic. Sin imposturas ni ataduras. De forma natural y con la confianza por las nubes. “A Cold Unnamed Fear” puede ser una de mis favoritas de su (aún escasa) discografía. Guilló brilla de nuevo aquí, al tiempo que Daniel Fernández y Roberto Rayo dejaban riffs hábiles a lo largo de una de sus composiciones más interesantes. Parcos en palabras, la música fue la verdadera protagonista. Así pues en “Monolith” acertaron a conjugar el doom más pesado con una carga ahora más atmosférica. Surgen entonces los Sun Of The Dying más emocionales. Valga la redundancia. Su directo magnifica las sensaciones que su música produce. Cualquiera que estuviera en la Lata el pasado viernes podrá dar fe.

Guilló se deshizo entonces del pie de micro. Y una vez con el llamativo micrófono en sus manos, encaró la que sería la recta final del set. Las de “Black Birds Beneath Your Sky” pueden ser las estrofas más desgarradas (desgarradoras) de todo el set. Partiendo desde la elegantísima introducción al piano, “White Skies And Grey Lands” puede pasar por uno de sus cortes más distinguidos. También más melancólicos. Y ya es decir. El propio Guilló da de rodillas en el suelo mediado el corte, sumando un pequeño plus de teatralidad a la descarga. Para el final quedaría “From The Dead Stars”, de su debut de 2017 “The Roar Of the Furious Sea”, y en el que la banda lograría un equilibrio entre teclas y guitarras casi perfecto. “Vaya gordura” exclamó alguien tras de mí en un momento dado. No seré yo quien le contradiga. Mucha ruidera en ese epílogo, abandono del escenario inclusive, y una banda que convenció en su primera venida a Asturias. Ojalá no sea también la última.

De la fuerza melancólica de Sun Of The Dying a la diversión de The Magus, la noche iba a dar un giro de ciento ochenta grados. Ouleia, punta en blanco esta vez, (“fumata blanca, chavales”, exclamaría) comandó una noche más a los hard rockeros asturianos. Y así, “Rock’s For Pussies” ya demostró que el sonido iba a estar a la altura del par de bolos precedentes. Redondeada por el buen solo del también Malverde Tamo, la sensación ya de inicio fue la de estar ante una buena versión del quinteto. Ellos enlazaron un tema tras de otro. El reloj imponía su habitual tiranía y no había segundos que perder. Aún así no se olvida Ouleia de las maracas para “Type 2”. Tampoco de buscar la implicación con quien tiene delante.

El guitarra rítmico Ernesto, que en su día fuera miembro de The Punishers, parece uno de esos tipos que realmente disfruta con lo que hace. En “Fester”, tanto él como quienes le acompañan arriba de las tablas están entregando la versión más potente, cruda incluso, de su habitual rock and roll. Un rock orgullosamente orgánico y old school. Ya digo que hubo pocas pausas. En una de ellas aprovechó Ouleia para dejar los habituales agradecimientos. En “Like A Hammer” suenan muy rotundos. Aquí destacó el solo, pie al wah, que dejó Tamo. La base rítmica de un Laria (que dejaba coros de tanto en cuanto) y el batería Bronco resultó tan fiable como siempre. La propia Ouleia brilla en “Pills”, que deja de paso otro de sus estribillos más reconocibles y gancheros.

Así las cosas, a buen seguro agradecieron el cierto descanso que supone “Dead Eyes”. “Woman” fue una noche más pura auto reivindicación. La Lata se arrancó por palmas y llevó en volandas al quinteto. Si un show se mide por el grado de implicación de la gente, desde luego que el combo hard rock aprobó a su nuevo paso por la capital. La voz de The Magus bromeó entonces con que “Weirdo” había dejado de ser su tema favorito de la banda. Según sus propias palabras, ha cedido el puesto a “Hair”, su obra más reciente, que rebusca en las esencias del rock más clásico, sólo faltaba, para que el futuro se les abra de par en par sin olvidar el pasado. A término, Ernesto echó mano del micro de Laria. “Sabéis que no hablo nunca”, exclamó, aprovechando a continuación para acordarse de su ex compañero en The Punishers Charlie Günner. Porque todo recuerdo a su figura es poco.

Quedaban pocos minutos para la medianoche y un par de cortes en el set. “Punished By God”, con Tamo dejando un solo a puro tapping y Ouleia de rodillas al final. “No por nada pero esto ye heavy metal” dejaría dicho Laria. Encararon entonces “Shinin’”, con la frontwoman del quinteto buscando una vez más el engarce con la gente y cerrando la que fue otra buena jornada para ellos. Siempre tan fiables como divertidos. Mientras queden The Magus habrá motivos para abandonar el nido y abrazar el rock and roll.

A nadie se le escapa que fue una noche de contrastes. La Lata, semana a semana, sigue reivindicando su lugar dentro del panorama de salas asturianas. Una noche más buen sonido y mejor trato. Es un gusto para nosotros aparecer por allí siempre que los idus lo permiten. Por nuestra parte nada más que mandar un saludo a las tres bandas, también a los buenos amigos con quienes departimos antes, durante y después y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Zålomon Grass (Gijón 9/5/2025)

Servidor, aquejado durante la semana de un proceso estomacal, acompañado incluso por leves mareos, no las tenía todas consigo de cara al fin de semana. Pero Zålomon Grass venían a la ciudad y había que hacer el esfuerzo. El show, previsto inicialmente para el Tizón, recaló finalmente en un Bola 8 que acogería la parada asturiana del trío vigués. Venían en representación del estupendo “Trouble In Time” (reseña) y no dejaron títere con cabeza.

Lo primero porque el arranque, a puro gong, de “Ruins Of The Moderna Past” ya deja a las claras que el sonido va a estar a la altura de una banda como esta. Vibrantes ya en estos primeros compases, con un Gabriel Mckenzie cuya voz parecía más que en forma, y la base rítmica del bajo David Rodd y el batería Mauro Comesaña moldeando su acostumbrado rock and roll de hechuras clásicas. Valga la redundancia. “Heard It On The News” ofrece a unos Zålomon Grass más tendidos en lo que sería casi una máxima a lo largo del set: la alternancia entre cortes más nerviosos y otros más a medio gas. Aquí Rodd tendría un mínimo, casi fugaz percance con su cuatro cuerdas. Que esta nimiedad fuera el único borrón de toda la descarga creo habla a las claras del buen momento en que llegaron a tierras gijonesas. Y es que Mckenzie arranca el solo con el pie al wah y la banda parece entregar su mejor versión.

Tras los agradecimientos del propio vocalista a Silver, encaran “12 Labors”, que con el correr de las escuchas ha terminado por convertirse en una favorita de su último álbum. Con Rodd y Mckenzie encontrándose al frente del pequeño escenario primero y procurando una pequeña jam después. Apuntaló Comesaña en coros y el Bola 8 vibró con ellos. Enfrentaron entonces “Bad Combination”, que fuera segundo single tal y como comentó Mckenzie, quien nos había pedido que nos acercáramos lo más posible a su banda. Mucho gancho el que desplegó este riff, buenos coros de Rodd y Comesaña y, finalmente, uno de los solos con más feeling de todo el set.

“Somos Zålomon Grass y venimos desde Vigo”, comentó entonces el espigado vocalista, si bien alguien del público les recordó que en realidad desde Zamora, pues habían tocado allí en la jornada anterior. Era el turno del tema que da título a su último álbum, esa “Trouble In Time” y su inicio tendido y clásico, que contrastó con la mayor enjundia que desarrollaron después. Uno de los cambios de ritmo más marcados, también más hábiles, de toda la noche. Hubo un brindis por los amigos y el rock and roll. “El próximo tema se toca sin púa. Es más tranquilo y sexy”. Era el turno de “Private Show”, que ofreció su cara más blues rock y extrajo la mejor versión de un muy seguro Gabriel Mckenzie. Tenia un guión en mi cabeza con respecto al show y la pequeña paradiña en “Harder To Rise” o la versión más acelerada de “Too Late Now” fueron dos de las pocas salidas del mismo que se permitieron. La jam que procuraron aquí, la tremenda pegada de Comesaña en el tramo final. Por momentos daban la impresión de ser una banda llamada a hacer grandes cosas y a la que recintos como el Bola 8 se le quedarán pequeños más pronto que tarde.

El relativo descanso de “Contradictions” les vino bien a los chicos. Pasábamos ya de la hora y veinte de set y todavía tuvieron fuelle para entregar una rotunda “Groove To Prove”, que da con Rodd y Mckenzie de rodillas durante otra pequeña jam. La calma de ese pequeño escorzo vino a contrastar con el mayor fuelle que desarrollaron después. Buenos solos de un certero Mckenzie aquí, una máxima que se mantuvo durante toda la descarga. Quedaba la traca final, esto es, una “The Drill” donde Mckenzie y Rodd bajan mezclarse entre la gente. Un cierre frenético y adrenalítico, con el trío vaciándose a conciencia, y que fue el mejor testimonio del buen momento que atraviesan. De la tremenda proyección que tienen si es que aún queda algo de justicia en ese viejo invento que es el rock and roll. Feeling a raudales, grandes canciones y un directo a la altura.

A fe mía que mereció la pena hacer el esfuerzo. Heavy Metal Brigade estuvo en el anterior paso de por la región de Zålomon Grass (crónica) y esta nueva venida nos confirmó que estamos ante una verdadera banda de culto. Con apenas un par de discos en el zurrón pero un directo y una seguridad en lo que hacen que, ojalá, no caigan en saco roto. La pelota está en nuestro tejado. Mientras tanto ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz