Reseña: State Of Crime & Science «S.O.C.S.» (Tunguska Media Factory 2025)

Nueva entrega en formato Ep para la buena gente de State Of Crime & Science. Bautizado como la propia banda, lo componen cinco temas mezclados y masterizados por Diego Teksuo y que ven la luz vía Tunguska Media Factory. Asiduos de este medio se sabrán la formación de carrerilla. Refresco la memoria al resto: Osana K. en voces, Víctor Pérez Torres y Marc Segond en guitarras, José R. Ibáñez al bajo e Iván Fernández en baterías.

SOCS” ahorra en introducciones banales y va directamente al grano. De entrada me agrada el riff que Torres y Segond traman aquí. También la curiosa línea de batería de Iván Fernández. Esa rotundidad inicial desaparece toda vez irrumpen las estrofas. Calmas, en la más pura tradición de la banda. Si es que se puede usar el término en una formación de (aún) tan corta trayectoria. El formal pero efectivo build-up hacia estribillos procura la irrupción de la mejor Osana, que brilla aquí con una de las mejores líneas de voz que le recuerdo. Encuentro detalles reseñables en ambas guitarras camino del solo. Y de éste me agrada que, cuando llega, lo haga sin florituras de cara a la galería. No negaré que he estado dándole vueltas desde que estrenaran el videoclip allá por el mes de octubre y que, a día de hoy, me parece uno de sus temas más redondos.

Cursed Gift”, corte más extenso de los cinco, redirige ahora hacia tonos de una marcada melancolía. En la desnudez de sus primeras estrofas brilla la base rítmica de Ibáñez y Fernández, si bien el bajo del primero resulta algo enterrado en las partes más nervudas. Por cosas de la mezcla o quizá del (tantas veces odioso) Spotify. Hay algo en el estribillo que entrega Osana K. aquí que me trae efluvios del mejor post-grunge. La vocalista de S.O.C.S. brilla camino del epílogo, manejándose con gracia tanto en los tonos altos del tronco central como en los más sosegados del final. Tal vez eche en falta un solo de guitarra algo más ambicioso. En cualquier caso uno de los cortes con mayor personalidad del Ep.

Difícil no subirse a una “Vortex” con el gancho que poseen esos riffs del prólogo. La banda abandona el idioma de Shakespeare aquí para hibridar su habitual rock alternativo con un groove (apenas) desconocido para ellos. La producción filtra aquí y allá la voz de Osana y siento que acierta al hacerlo. Cuidadas guitarras limpias bajo las estrofas más tranquilas y un corte de esos que se agarra al subconsciente sin remedio. Tan híbrido como en ellos es habitual pero, ya digo, armado con una carga riffera pegadiza como pocas, de los cinco puede ser el que más brillo obtiene de la meticulosa mezcla de Diego Teksuo.

Self-Delusion”, que disfrutamos en primicia en nuestro desplazamiento hasta Ribadeo (crónica), vuelve a abrazar un cierto groove, algo de la melancolía de la anterior “Cursed Gift” y por ahí construye otro de los cortes con mayor cuerpo del Ep. Rugen las guitarras aquí. De hecho diría que estas son las más broncas que les recuerdo. Al menos en lo que al estudio se refiere. Emerge de nuevo un cierto aire post-grunge en las estrofas más tranquilas. Redondea Osana con un estribillo hábil y con clase. Me agradan los detalles que entregan las guitarras camino del epílogo. También los buenos coros que irrumpen aquí. Eficaz.

Last Days”, cierre y a la vez entrega más escueta del Ep, puede ser el corte que más recuerda al rock alternativo de los noventa. Lastrado en parte por lo escueto de su desarrollo, que no alcanza los tres minutos y medio, agrupa en cierto modo muchos de los vértices sobre los que acostumbran a pivotar sus composiciones: estrofas limpias, más intensidad en estribillos y brillo desde las guitarras en esas partes más nerviosas. También una base rítmica que no falla a la hora de bailar entre ambos registros. Una quinta entrega no fallida pero sí que tal vez algo discreta.

La edición física aún no ha visto la luz en el momento en que redacto esta reseña. Lo de dentro, esto es, la música, vuelve a pintar bastante bien. La banda sigue cómodamente instalada en ese cada vez más particular rock alternativo. Acertando en los juegos tonales y demostrando que saben moverse tanto en los registros amables como en los más iracundos. Siempre con clase y nunca con excesos, moderados pero firmes, distinguidos del resto de bandas de la vieja Asturias y en clara línea ascendente.

Texto: David Naves

Crónica: Kruddö + Nicotine Bubblegum + Ms. Missery (Avilés 15/2/2025)

Velada con reminiscencias a los sonidos metaleros que se forjaron en los años noventa y a los estilos musicales que de ellos nacieron es lo que nos esperaba el pasado 15 de febrero en la Sala Malecón de Avilés con la actuación de tres bandas que tienen el stoner, el grunge, el metal alternativo e incluso el nu metal por bandera. Estilos alejados de mis gustos personales, a los que quise darles la oportunidad sorprenderme. Desde Bermeo llegaban Kruddö, desde Portugalete Ms. Misery, y ambos eran bien acogidos por los locales Nicotine Bubblegum.

El evento no parecía haber suscitado mucha expectación y a la hora prevista para la apertura de la sala pocos éramos los allí congregados. No hubo impedimento para que accediéramos al local en torno a las 20:05 horas y poder contemplar las tribulaciones de los músicos preparando el show, además de tener la oportunidad de disfrutar de precios especiales en cerveza en lo que vinieron a denominar «happy hour«, propuesta que, en cualquier caso, me parece una gran iniciativa.

Con algo de retraso sobre el programa previsto debido a las dificultades técnicas inherentes a la propia sala para lograr un buen sonido, difícil tarea incluso para Nefta Vázquez que estaba a los mandos, pasando veinte de las 21 horas salen al escenario de la Malecón el dúo Kruddö, formado por Jon Ander Santamaria tras los parches y Txaber Miravalles a cargo de guitarra y voces.

Tenía gran curiosidad por ver cómo se defendían en directo con tan solo dos instrumentos y ciertamente me pareció que la potencia que Ander imprime a su batería, la afilada guitarra, a la que doblaba el sonido en tonos más graves mediante su pedalera consiguiendo ofrecer líneas de bajo cuando eran necesarias, y la potente voz de Txaber llenaron el escenario sin mayor complicación para presentar se segundo EP “Nintzen” del 2023.

Empezaron con “Kill Bill /Kill Me” siendo el sonido general poco más que mediocre. Tras saludar a los presentes encaran “Artax” con una guitarra abrasiva, de sonido grueso, como si de un bajo se tratara, en una demostración de la versatilidad de Txaber para exprimir al máximo su instrumento.

Para el tercer tema de la noche, “Lorraine”, el sonido presenta, además, unos molestos acoples que resuelven desconectando uno de los monitores. Con todo y con eso la pegada de Ander hace retumbar la sala. Por algo son Kruddö.

Con un sonido algo mejorado presentan “Deadpool”, (“hablamos de pelis pero dándoles un punto social”, asevera Txaber). La canción fue muy disfrutada por el escaso público presente. Siguen desgranado los temas que componen sus dos EP intercalados con speeches reivindicativos incluso en defensa de la lengua asturiana y su oficialidad que, como mencionó, se consigue con su uso. Y lo dicen unos abanderados del euskera, pues todas sus composiciones versan en ese idioma.

Piden apoyo en redes para que los presentes suban sus fotos y les mencionen en sus publicaciones, desde aquí nuestro granito de arena, con el objeto de poder llegar a más oyentes en este complicado mundo musical, y pasan a presentar “Hammer Boy”. Incluso se atreven con un concurso ofreciendo un disco y una camiseta al que sepa la película en la que aparece el personaje de su siguiente tema, “Dr Shultz”, con un riff de guitarra en solitario antes de explosionar y conseguir uno de los temas más pesados del repertorio. Por cierto, el concurso quedo desierto pues ninguno de los presentes sabia o quiso decir la película en cuestión, no otra que la obra de Tarantino “Django Desencadenado”.

Aunque su carta de presentación afirma que practican stoner rock, lo de Kruddö es mucho más, se mueven con facilidad desde metal potente y con gran pegada al stoner con riffs machacones o al grunge en momentos más ásperos. Una lástima que su actuación se viera empañada por un sonido que no estuvo a la altura.

A las 22:25 horas suben al escenario los avilesinos Nicotine Bubblegum, cuarteto que forman Marco Valera en baterías, Pablo Fernández al bajo, Noé Grigera en guitarras y el hiperactivo Luismi Rose (Colmena y Leather Boys) en voces. Lo hacen para presentar «Twlight Sleep«, su propuesta de rock alternativo con corte grunge. Para su actuación la sala presentaba un mejor aspecto en cuanto a público, haciendo palpable el tirón que suscita incluir una banda local en el cartel.

Empiezan con “Fire In The Hole”, mi curiosidad por ver esa nueva faceta de Luismi quedó satisfecha tras las primeras estrofas en las que Mr. Rose ensucia su registro para ofrecer una voz más rasgada y grave de la que nos tiene acostumbrados en sus otras formaciones.

La calidad del sonido siguió sin permitirnos apreciar con claridad el potencial de la banda en “Space Eyes”, única visita a su EP de debut, o en “Youth Leisure”, con Valera ofreciendo una de las mejores líneas de batería de todo el set.

Con un riff inicial de pulsos cercanos al groove metal comienzan “M.U.I.L.”, que evoluciona a sonidos más grunge en los que la voz de Rose parece recordar al desaparecido Kurt Cobain. Continúan con el tema “123”, uno de los favoritos de este «Twlight Sleep«. En el tiempo necesario para el cambio de afinación, Luismi aprovechó para invitarnos a acompañarle en las labores vocales cantando el estribillo y agradecer la labor de Nefta, que se esforzaba por conseguir sacar lo mejor de los parcos medios con los que cuenta la sala.

Finalizan la descarga con la reivindicativa “War”, recordando la necesidad de paralizar todas las guerras tanto personales, familiares o globales y criticando a esos tecnócratas que quieren acabar con el mundo.

Una actuación que no dejó a nadie indiferente en la que eché en falta algo más de interacción entre los músicos que, sin abandonar su función principal, parecieron descargar todo el peso del espectáculo sobre su frontman.

Tras el oportuno cambio de escenario a las 23:35 horas salen a escena Ms. Misery presentando su último trabajo, «The Suicide Of Butterflies«, un EP, segundo en su discografía, en el que se mueven por los terrenos del grunge aderezado con metal alternativo e incluso nu metal, al que añaden una ambientación en la que los samplers y la electrónica juegan un papel muy importante.

El grupo que se subió a las tablas de la Malecón lo formaron Jon Ander Nane López (guitarra y programación), Jonatan “Toci” Rodríguez Pérez (guitarra), José Antonio “Mogo” Mogollón (batería), Asier Castro (bajo) e Ibon Saez (voz). La formación está en un momento dulce de su breve trayectoria pues recientemente formarán parte de la semifinal norte de la W.O.A. Metal Battle España, que les traerá de nuevo a los escenarios asturianos. Desde aquí les deseamos la mejor de las suertes.

Comienzan con su single “Hey Men, Amen”, tema tranquilo cuyas líneas vocales recuerdan a Pearl Jam, sensación esta que se repetiría durante gran parte de su repertorio. Visitan a continuación su primer EP con el tema “The Life You Live”, pasando a “The Navel Of The World”. El grupo no gozó de mejor sonido que los precedentes. Las limitaciones de la sala son evidentes y no consiguen mostrar todo el potencial de esta banda que suena, en general, algo embarullada, con predominancia del bajo y la batería eclipsando, en parte, la labor de las guitarras.

Retoman, a continuación, su «The Suicide of Butterflies» con los cortes “Get Out Alive” y “Vain Praid”. Esa voz con tintes grunge procesada por diferentes efectos y artilugios como megáfono, teléfono, trémolo, entre otros, consiguen que la banda no deje de sorprender. Todos sus temas cuentan con una introducción de samplers pregrabados que aportan seña de identidad a cada uno de ellos.

Pequeño contratiempo en el escenario donde una bebida derramada obligó a Ibon a parar un momento y limpiar el néctar que se acumulaba bajo los cables de su equipo, “más que nada por no electrocutarme”, aseveró, sirvió de interludio para seguir intercalando temas nuevos ”Do Extintion” con otros registrados en su reciente EP como “Alley-Cop”, corte que va ganando en intensidad con el transcurrir de los acordes. Intensidad que aportan sobre manera “Mogo”, que hace temblar los cimientos de la sala en cada pegada y Asier, que no deja de moverse aportando unas contundentes líneas de bajo.

Retornan a su primer trabajo con “The Urge”, de contundente riff inicial, para pasar, en mi opinión, a una de las mejores composiciones de su último trabajo, “Things That Worth The Pain”, tema de grandes arreglos a mayor gloria de Ibon que impregna toda la melodía de puro sentimiento, recordando, como en otras composiciones del set, a la voz de Eddie Vedder con ese toque melancólico.

Encaran la recta final del concierto con “Never Be Wrong”, “Holy Sinners, Wicked Saints” con voces nuevamente filtradas y estribillos con gancho para cerrar con “My Own Private Hell”, de su primer EP, agradeciendo a los presentes la respuesta recibida.

En su actuación Ms. Misery deja presente que creen firmemente en lo que hacen, y logran, mediante esa amalgama de estilos tan elegantemente combinados, que su propuesta tenga una identidad propia. Desde mi particular perspectiva echo en falta algún solo para mayor lucimiento de los guitarras y alguna pincelada de metal más tradicional, pero no cabe duda que ofrecen un buen espectáculo para los amantes de experiencias alternativas. Tendremos ocasión de verlos de nuevo el próximo 15 de marzo en el Teatro El Llar de Corvera dentro de la semifinal norte de la W.O.A. Metal Battle.

Me gustaría agradecer desde aquí a los grupos por la cercanía mostrada, y en especial a Kruddö por el detalle en forma de EP que nos entregaron, a la organización y a Luismi por acercarnos estas propuestas y por las facilidades para cubrir este evento y saludar a los colegas que nunca fallan. Nos vemos en la siguiente, hasta entonces, salud y rock and roll.

Texto y Fotos: Miguel Rubio

Crónica: Karolina Reaper + Söax (Langreo 22/2/2025)

Cuesta renunciar a planes que se plantean a tiro de piedra de casa. La Sala Telva congregaba en La Felguera a Karolina Reaper y Söax, con los que además teníamos una cuenta pendiente, y así la cita tornó en ineludible.

De irónico título para un tema apertura, “Me Voy De Aquí” inaugura la descarga de Karolina Reaper cuando faltan quince para las nueve. Poca gente de inicio, aunque la sala iría recibiendo correligionarios de manera paulatina, ávidos del rock and roll clásico del cuarteto. Un rock que parece ganar enteros en su encarnación en vivo con respecto a sus grabaciones de estudio. Sensación que se certifica conforme José Morán, voz de la banda, se cuelga la Telecaster para “Lado Oscuro”. “Postureo” viene alimentada por un riff del que cuesta despegarse. Además Mike Rodríguez, SG roja mediante, dejaba un buen solo de guitarra aquí. Lo cierto es que se veía a una formación muy cómoda sobre las tablas, jugando en casa como lo estaban haciendo, y por ahí supieron ganarse su espacio.

La Chica De La Curva” me recordó a lo mejor del rock español de los ochenta. La nota de color aquí la pondría Morán con su armónica. También el bajista Guillermo Díaz, ayudando en coros. Un medio tiempo de corte algo más melancólico pero que deja un cuidado cambio de ritmo en su parte final. “Noche De Verano” enganchó con la Telva, que se puso de pronto a dar palmas mientras que, riff mediante, me dejaba una vibración un tanto más sureña. Sutil, pero suficiente para diferenciar a este corte del resto. Como algunos ya sabréis si seguís a la banda en redes, este iba a ser el último show con ellos de su batería Chencho Glenniac, por lo que esta era una noche un tanto especial. Como especial es el arranque y todo lo demás en “Walden”, composición reposada y a la vez distinta al resto de temas que nos brindaron.

Por ahí la banda fue construyendo un set diverso, cayendo a veces en una calma sin mojigaterías y, ya digo, adquiriendo un mayor peso en su traslación al directo. “Clase Obrera” de hecho nos devuelve a los Karolina Reaper más vibrantes. El riff aquí ni podría ser más elemental ni tampoco tener más gancho. Mike, pie al wah, dejó otro buen solo de guitarra. Entonces y de boca de José Morán, supimos que llegaba “la hora del recreo”, que se tradujo un pequeño set de versiones, adaptadas al particular sonido Reaper, siempre con Guillermo llevando la voz cantante, y por el que transitan porciones de “Iron Man” (Black Sabbath), “Whole Lotta Love” (Led Zeppelin), “Blitzkrieg Bop” (Ramones) y “Killing In The Name(R.A.T.M.). Casualidades de la vida, Fer Espina & The Riders ya interpretaron esta última cuando pisaron esta misma sala con el equipo de Heavy Metal Brigade dando fe allá por 2023 (crónica).

Pero volviendo a lo que nos ocupa, “Adrenalina” puede ser uno de lo temas más redondos de todo el set. Pertenece a su primer disco y da un poco la medida de la banda que pueden llegar a ser. Feeling y sentimiento amalgaman el que podría ser mi corte favorito por su parte. Y mientras que la armónica vuelve para “Colegas”, con la banda de nuevo derrochando sentimiento, Chencho se atreve con un pequeño speech en una noche desde luego especial para él, permitiéndose incluso el detalle de felicitar el cumpleaños a su pareja. Para el final solo quedaba ya disfrutar de “Karma”, con Karolina Reaper en una encarnación vivaracha y disfrutona. Nos gustaron.

Llevábamos tiempo persiguiendo a la buena gente de Söax pero la agenda impone sus rigores y no fue hasta el pasado sábado que se dieron todas las circunstancias posibles para darnos de bruces con su rock contemporáneo y ecléctico.

Bailongo incluso, si se me permite la patada al diccionario. Y fíjate que el inicio del set con “Histeria” no puede ser más tranquilo y tendido. Un corte engañoso, que va mutando esa calma inicial en un rock con una marcada vocación de himno. Puede que a Adrián Muñiz le costara entrar al set. Todo lo contrario que un Juan Bertrand al que vimos disfrutar de lo lindo ya desde los primeros compases, subiéndose incluso al subwoofer para ejecutar desde allí el primero de los sus solos de guitarra. “When Light Is Put Away”, por rimar con otra banda del Principado, me recordó a la buena gente de Testaferros. Sin abandonar esa cualidad hasta cierto punto bailable de su rock alternativo, la banda desde luego sabe cómo armar cortes atractivos por diversos.

Ramón Prada, bajista de la banda, es en cierto modo el héroe en la sombra de Söax. Junto con el batería Ignacio «Witu» Cadenaba trama infecciosas bases rítmicas, amén de ocuparse de las programaciones e incluso de pequeñas líneas de teclado. Corazón de la particular propuesta del cuarteto. Cada vez más en su salsa, Adrián Muñiz entrega una estupenda línea de voz en “43 Sunsets”. Bertrand no quiso ser menos que su compañero aquí y dibujó otro buen solo desde su SG roja. Era la noche de mi favorita de la familia Gibson. Me agradó “Béla Tar”, de tanto en cuanto entrega una versión ahora más oscura, misteriosa incluso, del ecléctico cuarteto asturiano. “Come Together”, versión de The Beatles, puede ser lo más cerca que Söax están de sus compañeros de cartel (“telonero” me parece una palabra cada vez más fea).

Agradecidos”, que según nos contaron nació como un homenaje al rock patrio, a quien me recordó sin embargo fue a Muse. En las partes más limpias de Bertrand a ciertos momentos de U2 incluso. “Bueno ahora vamos a hacer un poco el payasete” anunció Muñiz. Y lo que ocurrió fue que comenzó a sonar “Gasolina”, el tema de Daddy Yankee que vino a propiciar el desembargo del reggaetón en nuestro país hace ahora más de veinte años. Toda vez sucede la pequeña broma inicial, lo cierto es que la banda ofrece su versión más bailable aquí. Tirando de tópicos, realmente dieron la sensación de estar disfrutando de lo lindo a estas alturas del set. “Frente A Frente”, composición original de Manuel Alejandro y que ya interpretaran Jeanette, Rocío Jurado o incluso Bunbury, ofrece una versión más apaciguada de la banda. Más seria incluso.

Pequeño respiro antes de entregarnos “Atalaya”, quizá uno de sus cortes más efervescentes, montado sobre otro de esos armazones híbridos tan idiosincráticos en ellos. “Bubbles”, original de una de mis grandes cuentas pendientes (Biffy Clyro) acaba con Adrián Muñiz bailando entre el público. Aún hubo tiempo de un doble recuerdo a los AMAS. Primero con “Mentís”, ganadora en 2023, que dejó las estrofas más pesadas de la noche. Segundo con “Cuento”, nominada para la edición de este año, y que llegó no sin que antes cupiera una petición de aplauso para los chicos de Karolina Reaper. Me atrevería a decir tiene uno de los estribillos más llamativos del set. Al final volvió a sonar Daddy Yankee y de nuevo pensé si no se nos estará yendo de las manos lo de disparar una canción (más o menos) chorra al final de los conciertos.

En cualquier caso dos opciones bien distintas para una noche de sábado de lo más agradable. El clasicismo de Karolina Reaper frente a la visión más contemporánea de Söax. Un público que disfrutó de lo lindo y una sala que supo extraer un sonido más que óptimo de ambas formaciones. Darles las gracias por las muchas facilidades dispuestas en favor de esta crónica y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Nukore «The Blackout» (Revolution Records 2024)

The Blackout” es el nombre con el que los metaleros vitorianos Nukore han bautizado a su más reciente obra de estudio. Un total de ocho temas grabados en los SilverStar Studios de Iker Bengoa, viejo conocido de la banda. Ellos son Rafa Bataglia (batería), Ander Martínez-Olaskoaga (guitarra y coros), Álvaro Foronda (bajo y coros) y Aitor Asso (voz). El álbum vio la luz vía Revolution Records el quince de noviembre del pasado año.

Hunger Games” ofrece un inicio más enrevesado y atrevido de lo que uno podría esperarse. Un hardcore / metal de pulso tenso, diversidad en líneas de voz y un riff, pesado y arenoso, con un gancho de mil demonios. La de Biohazard podría ser una rima recurrente aquí. La banda aprovecha para contraponer su cara más atmosférica y uno va poco a poco atisbando la fortísima personalidad que desprenden estas composiciones.

Hate Is A Burden” prosigue esa senda de hardcore metal pesado y groovie, destacando otro buen riff aquí a cargo de Martínez-Olaskoaga. Desgarro y mucha variedad vocal para alimentar ahora una faceta un tanto más alternativa en estribillos. Efectos varios acuden a las guitarras de Ander y el coro, repetido de forma incesante, acaba por instalarse en el subconsciente sin mayores esfuerzos. El puente viene finalmente a alimentar a esos Nukore aún más oscos y pesados del epílogo. Otro buen corte de metal retorcido y fronterizo.

Tendrá que ser “Pay & Obey” la que venga a añadir algo más de nervio y picante a la mezcla, con una banda ahora en una encarnación más cercana al crossover thrash. Suicidal Tendencies, S.O.D. o ciertos momentos de Anthrax podrían ser rimas recurrentes aquí. El corte de todos modos ve rebajado ese brío inicial para acometer un pulso algo más sureño (ese riff no engaña) y Nukore van así alimentando la amplia gama de registros que manejan para este nuevo trabajo.

Planet B” viene soportada por dos grandes pilares. Uno es el estupendo riff de las estrofas. De nuevo sin escatimar en gancho ni pegada. El otro es la hábil línea de batería y la forma en que se amolda a los muchos registros que la banda maneja aquí. Tantos, que uno siente la composición algo encorsetada dentro de sus tres minutos y medio (no llega). Sea como fuere y cuando las revoluciones suben, el cuarteto acierta a hibridar thrash y hardcore sin mayores esfuerzos. A buen seguro una que será ineludible en sus directos.

Lost”, que pasa por ser el corte más extenso de este “The Blackout”, retorna a aquellos Nukore más atmosféricos del comienzo para traer al frente un metal de voces casi rapeadas, atravesadas por un tono ahora más apagado y melancólico. Medio tiempo tejido con todo el cuidado, que no obstante procura no obviar las fuertes señas de identidad del cuarteto vitoriano. Me gustan estos estribillos. También esas voces más rotas y desesperanzadas que irrumpen en el puente. Junto a “This Light Of Mine” el corte más diferente de los ocho y testimonio clave de lo versátil de su propia versatilidad como banda.

Con “Ward Dog” regresan unos Nukore más elementales. Puede que el riff que Martínez-Olaskoaga introduce aquí no me atraiga tanto como otros dentro del disco. Todo lo contrario que unas voces limpias para estribillos que no me podrían recordar más al mejor Christian Olde Wolbers (Vio-Lence, ex-Fear Factory). Del mismo modo pienso que el puente central bien merecía algo más de brillo en lo que a técnica se refiere. Un solo que terminase de rematar lo atractivo de su trazo. Por ahí un corte al que encuentro algo desigual.

De las ocho puede ser “This Light Of Mine” la que más brilla en cuanto a sonido y producción se refiere. Desde su caminar apaciguado, en cierta rima con la anterior “Lost”, se deshace no obstante del tono melancólico de aquella, dejando en el aire un cierto aire de revancha. Hay buenos cambios de ritmo, comandados con pulso firme por Bataglia, cara a construir alguna de las estrofas más redondas de todo el largo, con Martínez-Olaskoaga, ahora sí, entregando una interesantísima gama riffera. ¿Lo peor? Esos poco más de tres minutos que marca en el reloj.

Claro que si hablamos de duraciones rácanas, qué decir de la final “Don’t Do It!”. Si parpadeas te la pierdes, que decía aquél. Y no obstante Nukore se las arreglan para componer un corte atractivo por diverso. Bien arreglado y rebosante de personalidad. Un final tan fugaz como el álbum mismo.

… que por duración casi parece un Ep, pero que en cualquier caso entrega ocho temas de fuerte personalidad, bien producidos y en los que cabe casi de todo. La banda parece querer obviar cualquier tipo de relleno y por ahí el disco transita sin grandes errores, si bien pienso que alguno de los temas bien merecía un desarrollo algo más ambicioso. Si llegados a este punto os pica la curiosidad, la banda estará junto con el combo hardcore asturiano Jeremías El Babuino en el Tizón gijonés este próximo viernes 28 de febrero.

Texto: David Naves

Crónica: Susan Santos (Avilés 14/2/2025)

Parada asturiana del tour de Susan Santos en defensa de “Sonora”, último álbum de la guitarra y voz de origen extremeño. Acompañada de José Vera al bajo y Javi Planelles en baterías y con el cartel de todo vendido en la puerta, nos acercamos a La Factoría con intención de comprobar, de primera mano, cuanto hay de verdad en el título de “la mejor blueswoman de España” que muchos le otorgan.

Pasan siete de las nueve cuando el trío irrumpe en el escenario de La Factoría. Su puesta en escena se resume a lo elemental, más allá del diminuto peluche que adorna el bombo de Planelles o el pequeño cactus que ilumina el ampli de Santos. De hecho el arranque mismo del set no podría ser más tendido, con el trío tomándole el pulso al público astur. El suyo sería el ya clásico concierto de menos a más, pero con Santos sentando cátedra con su Telecaster verde ya desde los primeros compases. Muy segura en sus evoluciones al tiempo que atacaba, sin púa, buenos solos como el que dibuja en “Have Mercy”. Vera y Planelles llevaban el peso de la base rítmica y ayudaban con los coros, si bien en esta primera parte del set costaba oír sus voces con claridad.

No así a Susan Santos. La extremeña demostró un más que óptimo estado de forma en lo que a voz se refiere. La banda se permitió el lujo incluso de enlazar temas en un comienzo que pintaba a fulgurante. De resultas de ello, el público demostró estar ya muy por la labor en un corte como “What I Want”, arranque de clase por parte del trío, no falto tampoco de gancho. Para “Rattlesnake” abandona su Telecaster verde y echa mano del slide. Blues rock seminal y pegadizo. Bailable incluso, con Vera disfrutando y de qué manera desde su bajo de cinco cuerdas. Del mismo modo, riffs como el de “In Trouble” son capaces de llevar en volandas a cualquiera, mientras que la banda acierta a conjugar el mayor brío de “Hot Rod Lady”, uno de los cortes con más gancho de ese estupendo “Sonora” del pasado año.

Pero si tuviera que elegir una favorita dentro de su última obra de estudio, esa podría ser “So Long”, un prodigio de feeling, atravesada en su versión en vivo por una de las mejores interpretaciones de Susan Santos en lo que a voz se refiere. Una gran versión del trío en esta parte central del set, que rematan con “Call Me Tonight”. Aquí la pacense había preguntado cómo estábamos de palmas. Lo remarcable de todos modos es cómo el trío sabe conjugar el blues rock de toda la vida, entregando cortes a rezumar de clase pero también de gancho e incluso carisma.

Santos regresaría a su Telecaster verde para enfrentar el mayor brío de “Voodoo Wheels”, uno de los cortes más vivarachos de todo el set. Brilló aquí la pacense en el solo de guitarra. También Vera desde su cinco cuerdas en apoyo de este. La banda se permitiría incluso su particular baño de masas, bajando a interpretar entre la gente, rodillas en tierra, una pequeña jam. Amplias sonrisas en banda y público aquí. Llegarían después los habituales agradecimientos por parte de Santos y un bis, que no fue otro que “Let It Ride”, el corte que cierra ese “Sonora” de 2024.

Alrededor de hora y veinte del mejor blues rock. Un trío en gran forma y si bien un sonido que no fue del todo redondo, una verdadera avalancha de feeling y buen gusto. Hay quien ya otorga a Susan Santos el título de “mejor blueswoman de España” y, a tenor de lo visto el viernes, no seré yo quien les quite razones. Un gusto como siempre ver el cartel de todo vendido y un placer la buena compañía de la que se disfrutó antes, durante y después del show. Esos habituales que nunca fallan. Mandar por tanto un abrazo a todos ellos, también un agradecimiento a la buena gente de La Factoría por todas las facilidades y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Aneuma + S.O.C.S. (Ribadeo 15/2/2025)

En Heavy Metal Brigade abogamos siempre por poner tierra de por medio con la rutina. Echarnos a la carretera. Y atestiguar qué dan de sí las bandas que nos gustan. Juntaba la Asociación Catro Caños a State Of Crime & Science con  Aneuma y la del sábado, de pronto, se nos antojó una de esas citas de lo más apetecibles. Así las cosas, carretera y manta que diría un clásico, para ver qué se contaban ambas formaciones en tierras lucenses, dentro del ciclo musical del Vendaval Fest.

Y es que cine teatro, sí, pero la organización se pegó la paliza de remover parte de los asientos, por lo que aquello, por suerte piensa uno, no tuvo nada que ver con aquellos shows post confinamiento con las nalgas soldadas a la butaca. Un enorme telón de fondo dominaba el escenario. State of Crime & Science, o S.O.C.S., lo hacen suyo cuando son alrededor de las 22:38 de la noche. Y lo hacen mediante una de sus composiciones más postreras, aquella que viene a darles nombre, y en la que su elegante forma de entender el rock, en especial el rock alternativo, conjuga con el primer solo de un muy seguro Marc Segond.

Teníamos muy reciente al combo gijonés, si bien aquella noche servidor estaba a otros menesteres. Dichosos solapes. Pero “Lost”, con una línea de bajo por parte de José R. Ibáñez que es puro gancho, entregó esa cara algo más vivaracha del quinteto. Osana K., verdadero punto focal de la formación asturiana, mostró un óptimo estado de forma. Rara vez falla la vocalista y la cita ribadense vino a confirmar las habituales buenas sensaciones.

“Somos State of Crime & Science y venimos de Gijón” anuncia previa a dejarnos con “Last Days”, composición nacida al albur de la pandemia, “cuando creíamos que el mundo se iba a acabar”, y que destapa ahora a unos S.O.C.S. más cercanos si cabe al rock alternativo. Algún coro pregrabado acompaña a Osana K. durante estribillos y, en líneas generales, la banda arremete sólida y compacta. Al igual que sus compañeros de cartel la noche del sábado, esta es una de esas formaciones que prácticamente hemos visto nacer y muy pocas veces fallar. Y no lo hacen porque tienen cortes como “Cursed Gift”, capaces de alimentar la cara más melancólica, también más desgarrada, del combo gijonés. Y es que el tipo de rock que realizan podrá gustar más o menos, pero su versatilidad es indiscutible.

Agradecimientos mediante, “Through The Mirror” vuelve a dejar destellos de esos S.O.C.S. elegantes y terriblemente gancheros. Osana K. brillando al micro aquí e Iván Fernández dando una lección de cómo amoldar sus baterías a los distintos registros de la banda. A menudo en la sombra pero siempre fundamental a la hora de cargar con el peso del quinteto. “Release”, con esa construcción tan ambivalente, resulta idiosincrática de la banda. El quinteto sonando muy bien aquí, de hecho. Con Gus Bocanegra a los mandos desde luego no esperábamos menos. S.O.C.S. tuvieron tiempo de dejarnos una primicia, “Self-Delusion”, que abrazó un cierto groove algo desconocido para ellos al tiempo que Osana K. se mostraba más torrencial que nunca. “Under” dibuja uno de sus mejores estribillos, puro derroche de cadencia y elegancia, y un poco al alimón con la más rotunda “The Hole” pueden suponer sus temas con más gancho a día de hoy.

Vortex” vira ahora al idioma de Cervantes y “Losing My Religion” reinterpreta al modo S.O.C.S. el gran clásico de los próceres alternativos de Athens (Estados Unidos) R.E.M.. Versiones así, sí. La final “Should I” llega no sin que antes Osana K. mandase un pequeño recuerdo al “Venom” de Aneuma, del cual dijo la vocalista que era el “disco del año” del pasado 2024. Fue el primer tema que interpretaron en vivo, nos dijo, y el sábado fue también el último. Buenos solos de Víctor Torres primero y Marc Segond después para cerrar otra buena noche para ellos. Siguen a la suya, amalgamando un ramillete de canciones con un toque personal y distinguible. Muy atentos a sus próximos pasos. Huelga decirlo.

Tirando otro de mis habituales latiguillos, qué duda cabe que Aneuma son un animal muy diferente. Su metal extremo, o en cierto modo su metal clásico junto con la característica voz rota de Laura Alfonso, pronto pondría a prueba los firmes cimientos del cine teatro. Y es que “Your Doom”, con esos coros ineludibles de Abel, pone sobre alerta a cualquiera. Arranque descosido con Jorge Rodríguez comandando las operaciones tras baterías. Sonando muy bien ya desde el comienzo, sí es cierto que vimos a la propia Laura algo más justa que otras veces en este comienzo. Se llevaba constantemente la mano a la petaca y uno pronto intuye que sería algo pasajero.

O que de hecho la frontwoman iría entrando en calor conforme transcurría el set. En lo gestual no cambia, desde luego, mostrándose una noche más tan indómita e impetuosa como acostumbra. Lo mismo que un Borja, leyenda viva del metal astur, que volvió a dar una lección solista del más alto nivel en “Fall Apart”. Para “Castaway Of Chance” es el bajo de Pau el que aporta el debido gordor a este trazo ahora más intrincado. Su compañero en base rítmica, el imparable Jorge Rodríguez, se mostró muy firme con el doble bombo en “Never Again”. Y si bien el público recibió al quinteto con una mayor frialdad que en pasadas ocasiones, me viene a la cabeza aquella arrolladora presentación de “Venom” en la Gong Galaxy Club (crónica), lo cierto es que pocas dudas caben al respecto de la propia banda.

Creatures” siempre sorprende de tanto en cuanto ofrece la cara más elegante de estos Aneuma, que conjuga con la más briosa que ofrece en su segunda mitad, con la banda moviéndose más que hábil en ambos registros. Tablas y galones desde luego les sobran. Vimos algún tímido circle pit aquí, si bien poca cosa para cómo Abel se desgañitaba acompañando a Laura en voces. “Breakout From Hell” es puro groove entendido a la manera clásica, mientras que “Yell To The Sky” inunda de luces estroboscópicas el cine teatro ribadense. Brilló de nuevo Borja bajo el parpadeo cegador. Siempre da la sensación de disfrutar con lo que hace y se nota.

Otro que siempre parece pasárselo en grande es Javier de Coupaud, bajista de Mad Rovers, que tomaría el puesto de Pau para “Guide Them To The Light”, que deja quizá uno de los solos de guitarra con más gancho de todo el set. Un gancho del que no va precisamente falto “Chain Reaction”, uno de esos temas que, pienso, podría ser capaz de propulsar a esta formación al siguiente escalón. Volvió Pau al bajo y quien cedió su puesto esta vez fue Abel para lo que iba poco a poco confirmándose como un show especial para el quinteto. Desde luego no uno más de todos cuantos les hemos visto. De vueltas ya a la formación estándar, “Circles Of Fire” detona otro de los riffs con más gancho del set. Un corte sin el nervio de otros pero lo suficientemente hábil como para llevar en volandas a cualquiera con un mínimo de sangre en las venas.

Stand Tall”, me permiten otro tópico, exhibe ese tono tan habitual en las guitarras de Borja. Ya sea con Legacy Of Brutality o con estos Aneuma, sus riffs y solos siempre resultan reconocibles, verdadera seña de identidad del guitarra asturiano. La banda se tomaría un breve descanso aquí. El justo para que Laura cambiase de atuendo y emergiera, punta en blanco, hasta una pequeña plataforma situada en el epicentro mismo del cine teatro. Desde allí, y bañada en sangre, afrontó “Frozen” para aportar una nueva nota de distinción al set. Con Pau delegando de nuevo el bajo, en esta ocasión a Sandra (Rise Of Fury) la banda acertó a sorprender aquí. Benditos inalámbricos.

El cierre vino a ser el habitual, con sendas versiones de Carcass y Death, incluida colaboración, esta vez a la guitarra con otro gran amigo de la formación como es Carlos C. Gavilán (Exkalibur) así como la certeza absoluta de que están en un momento más que dulce. Si además se rodean de buenos amigos, arriba y abajo del escenario, qué mejor forma de pasar una noche de sábado. A nosotros nos quedaba un largo camino de vuelta, así como la certeza de que el esfuerzo mereció la pena.

Por nuestra parte nada más que mandar un saludo a los habituales de siempre, ni siquiera en Ribadeo nos libramos de vosotros, así como enviar un agradecimiento a la buena gente de la Asociación Catro Caños por todas las facilidades dispuestas de cara a la confección de esta crónica. Ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Soundcrush «The Hunt» (Autoproducción 2025)

Nueva autoproducción para los chicos de Soundcrush, la banda que lidera en guitarra y voces Ales Sánchez, a quien rodean esta vez Luis Sánchez al bajo, Iván García en baterías y Víctor Diedena a la otra guitarra. “The Hunt” se grabó en los estudios EGM y se adorna con un arte nacido en el seno de la propia formación asturiana.

Llama la atención esta “Consequences PT2” y esa sensación a llamada a las armas que entrega. Y que dura lo que tardan en irrumpir las primeras líneas de voz y guitarra. Desprende cierto aire misterioso con esas voces en susurro. Curiosa introducción a un álbum al que da nombre esta “The Hunt” en la que Soundcrush juegan, pienso que de forma hábil, a conjugar su cara más trotona, con la más técnica y groovie. Hay una estupenda línea de batería soportando y enlazando los distintos ritmos. Buenos detalles en los engarces entre estrofas. “The Hunt” tiene gancho en un estribillo al que no cuesta esfuerzo adherirse. El puente, que echa mano de una pequeña narración, acomoda igualmente un vistoso y agradable solo de guitarra. La composición regresa después a la pesadez inicial y por ahí el disco arranca con un dúo más que interesante.

Exemplary Punishment” acentúa la pesadez del cuarteto, basando ahora su avance en un riff que bien podría parecer heredado de los seminales metaleros franceses Gojira. Soundcrush suenan más rocosos aquí. Más desesperados incluso. Pero me gusta la forma en que han construido estas estrofas. Las voces que sitúa Ales sobre ellas. Caben coqueteos con el metal sureño. También feroces y rabiosos blast beats, cercenados sin descanso por Iván García. El solo, que llegará camino del epílogo, podría pasar por mi favorito de todo el largo. Por sí mismo pero también por el cuidado riff en que se apoya. Cuidada es también la escritura de su tramo final, que lo mismo acoge trazos casi marciales, que se inunda de doble bombo o recupera aquellos blast beats más violentos. Una coctelera de apenas cuatro minutos en la que caben muchas de las caras de la banda.

I, The Beyonder” vuelve a dar ejemplo de la buena técnica que manejan. Si bien ahora el cuarteto se permite el lujo de entregar un metal más atmosférico y espacial, así como un mayor juego entre registros vocales. En las partes más vivarachas surge un riff pleno de gancho y efectividad. Es en las partes más groovies que el nombre de Caedis, a quienes vimos por aquí a finales del pasado año (crónica), sobrevuela con cierto peso. Bandas, asumo, con más de un par de referentes comunes. Composición poliédrica, como lo son muchas del cuarteto, y que en cierto modo viene a poner la nota de distinción dentro de este “The Hunt”.

Me cuesta más conectar con “Unprocessed”. Quizá porque el riff en que apoyan estas primeras estrofas no tenga el brillo que sí ofrecen otros tantos dentro del álbum. Son unos Soundcrush ahora más pétreos y marciales, más directos y por ahí casi refractarios al discurso más ambicioso (por diverso) que suele alimentar a sus composiciones. Con eso y con todo, aprecio de igual forma el buen solo de su tronco central o ese metal más trotón que irrumpe a continuación. Pero en suma me agrada menos que otras ofertas dentro de este nuevo álbum.

La pequeña “Of Pain And Fear” viene para poner la nota de color con ritmos apaciguados y un fuerte poso melancólico en sus melodías. Un pequeño y elegante oasis en mitad del desierto que bien merecía un desarrollo un tanto más ambicioso. Sea como fuere conduce hasta una “Hands Of The Emperor” de inicio igualmente tranquilo, donde creo distinguir cierto gusto por los Machine Head más elegantes, pero que viene a mudar en un medio tiempo de fuerte poso atmosférico y aires cercanos al post-grunge más casual. Hay grandes voces limpias aquí, rodeadas de eficaces solos de guitarra y, sobre todo, la sensación de que la banda ha querido mimar con sumo cuidado una composición tan diferente como esta. Se dejará notar en la forma en que todo confluye en el solo de guitarra final y el desgarro mismo del epílogo. Estupenda doble entrega.

Ascending” retorna a cauces más habituales para ellos. Pesadez y desgarro, intensidad y técnica. Tal vez eche en falta un bajo con más peso aquí, en particular allí donde los riffs manifiestan esa vena más pesada y rocosa. Pero de nuevo me agrada la forma en que la banda conjuga esa mayor pesadez con ramalazos más abiertamente atmosféricos. Que si bien algo esporádicos, suponen un contrapunto, de nuevo muy Gojira, de lo más eficaz. Fácilmente otra de mis favoritas dentro de este nuevo trabajo.

Así las cosas, la final “No Mercy” vuelve a traer a esos Soundcrush más monolíticos y pesados. Algo que se evidencia además en el uso de voces realmente oscuras y agrias en estrofas, que vienen a contrastar con las más limpias (que no del todo amables) que se dejan oír en estribillos. Un riff de esos que invita a agitar cuello se acompasa sobre una más que eficaz línea de batería. Groove metal quintaesencial que no olvida ni acentos más atmosféricos ni tampoco el buen nivel técnico inherente al cuarteto. Inteligente cierre.

Es un álbum breve, sí. Apenas dos minutos por encima de la media hora. Rigores de la auto producción, supone uno. Un tanto a la contra en un tiempo donde los álbumes kilométricos parecen estar a la orden del día. Soundcrush han echado mano del libro de estilo para construir nueve temas donde cabe casi de todo. Pesadez, atmósfera, buena técnica y una diversidad más amplia de la que intuí en un primer momento. Disco de género como es, resulta apreciable cómo la banda se atreve con una dupla central, la que forma “Of Pain And Fear” en comandita con “Hands Of The Emperor”, que viene a dejar clara la medida de sus ambiciones. Otro dúo, el que forman los dos primeros temas del álbum, así como la estupenda “Ascending”, suponen a mi modo de ver motivos más que de sobra para acercarse a lo nuevo de los asturianos. Razones más que de sobra para seguir confiando.

Texto: David Naves

Reseña: Nurcry «Renacer» (Art Gates Records 2024)

Tercera entrega del proyecto que lidera el músico Ángel Gutiérrez y al que acompañan esta vez Kike Fuentes al micro, Manu Acilu y Juanjo Alcaraz en guitarras, Pedro Díaz “Peri” al bajo y Jason Simmons en baterías. “Renacer” fue grabado, mezclado y masterizado en los V3STUDIOS por el compañero de Kike en Nocturnia Manuel García de Acilu Ojanguren y está en la calle desde el pasado noviembre vía Art Gates Records.

Indómito” ahorra en todo tipo de artificios para atacar ya desde el primer instante con un heavy / power de raíz clásica, trufado de melodía. Un trabajo en cuanto a guitarras que llama la atención cuando el reloj ni siquiera alcanza el minuto y que da muestras de por dónde pueden ir los tiros en este “Renacer”. Fuentes parece más que cómodo en estas estrofas. Clásicas y acomodadas, en la más pura tradición del rock estatal. Hay inflexiones, versos incluso, que me traen el recuerdo de los Ñu más potentes. Remata un buen estribillo, esas voces dobladas que lo conforman no podrían estar mejor rematadas, si bien echo en falta unos coros con algo más de presencia. El solo, apoyado por el doble bombo que dibuja ahora Simmons, dista del conformismo sin rozar lo ególatra y termina de poner el lacito a un buen arranque.

Niño Invisible” rebaja en parte la intensidad para deslizarse hacia el hard rock y, sobre un riff no falto de gancho, tramar uno de los cortes más extensos del trabajo. Me agradan los adornos que lucen estas primeras estrofas. Como decía antes, el trabajo que lleva el disco en lo referente a guitarras da signos de haber sido cuidada con esmero. Quizá el disco no disponga ante el oyente una producción estelar. Sea como fuere, Fuentes dibuja un buen estribillo aquí. Pegado a ese hard lleno de clase y feeling, que no desentonaría en un álbum de 91 Suite. Puede que al solo, más en un tema que se va más allá de los cinco minutos, le viniera bien algo más de recorrido. Aún así, aprecio la forma en que transforma en calma su vigor inicial. A buen seguro uno de los más curiosos y llamativos de todo “Renacer”.

De letra protestona y hasta cierto punto irreverente, ataque directo a comportamientos superficiales tan presentes y habituales en redes sociales, “Megalomanía” traza sobre un riff a lo Judas Priest un corte que, a ratos, me recuerda a mis paisanos de Monasthyr. Aporta, solidario a ese espíritu algo más transgresor y gamberro, uno de los solos más vitriólicos de todo el largo. Atractivo y bien trazado para completar esta composición chulesca y pegadiza. Vibrante incluso. No descarto que tanto al insufrible de Llados como a sus pobres acólitos les piten los oídos.

Bella Luna” es puro heavy metal a la antigua usanza. La producción apoya ese clasicismo con una presencia sinfónica un tanto tibia. Todo lo contrario que una base rítmica que gana peso y comanda con pulso firme esta cuarta entrega. Muy elegante Fuentes aquí y cierto deje a los bilbaínos Valkyria esparcido por las distintas estrofas. Rápida, ni tan siquiera tres minutos y medio, pero dueña de efectivo solo doblado en su parte final.

Salto Al Vacío” recupera en parte aquél aire más macarra de “Niño Invisible”, lo reformula con un heavy metal que me recuerda a los primerísimos Mägo de Oz y lo cierra con un solo a la Iron Maiden. Uno de esos cortes que parecen haber nacido con el directo como principio y que, desde luego, suena mucho más pasional que cerebral. De resultas de todo esto, este salto al vacío se ha convertido en uno de los cortes que más fuerte han arraigado tras las sucesivas escuchas del álbum. Ni inventa nada ni lo pretende pero vaya si funciona.

Salvajes”, ahora sí corte más rácano de todo el largo, tiene un deje más urbano, a medio camino entre el hard de toda la vida, ciertos momentos bien podrían recordar a los (siempre) infravalorados Leize. Fuentes entrega otro estribillo pegadizo y con gancho, mientras que las buenas guitarras de Gutiérrez y el Lethargus Juanjo Alcaraz dejan dibujos rebosantes de clase. Llaman la atención esas voces filtradas del epílogo. Al final otra de esas en las que Nurcry parecen haber dado con la tecla, entregando así la mejor versión del proyecto.

Fénix” regresa a su lado más heavy, linda con el power con esos coros del inicio, también en esa desnudez de las primeras estrofas, con Fuentes cantando ahora en tonos más graves. El nombre de mis paisanos WarCry sobrevuela a ratos. También el de Dünedain o incluso el de Tierra Santa durante ciertos versos. El solo que ocupa buena parte del puente central me resulta uno de los más redondos y acertados de todo el trabajo. Nurcry en una clave muy orgánica aquí, sin efectos ni trucos de salón, trazando heavy metal del de toda la vida sin excesos ni dobleces.

Grita Al Cielo” pone la nota de color al ofrecer ahora un medio tiempo que me agrada más por sus intenciones que por la factura y los resultados que ofrece. Quizá, y esto es algo puramente subjetivo, porque no llego a conectar del todo con su aspecto lírico. Sea como fuere, Fuentes está fantástico, en especial a la hora de alcanzar los tonos más altos, y el solo que irrumpe camino del epílogo no abusa en ningún caso de florituras innecesarias, redundantes o ególatras. Pero es cierto que echo en falta una producción algo más ambiciosa que termine de apuntalar ese tramo final.

Ciego Errante” sorprende con un prólogo algo más oscuro y que no desentonaría en según qué disco de post-grunge. Fuentes, de hecho, traza inicialmente una línea de voz en cierto modo disociada del resto del álbum mientras el corte se afana por lindar con el rock alternativo en no pocos momentos. Hay riffs que me recuerdan, sí, a aquellos The Cranberries de la tristemente desaparecida Dolores O’Riordan. Aquí lo interesante viene de la forma en que Nurcry trasladan esa raíz más alternativa hacia un terreno más afín a la raíz del disco a través de un más que interesante crescendo. No dudo será uno de los cortes más divisores de todo “Renacer” pero, pienso, la banda sale más que airosa del envite.

Galileo”, que ya pudimos disfrutar en la primera edición del Luarca Metal Days (crónica aquí), me recuerda ahora a aquella “Wheels Of Fire” del álbum que retornaba a Rob Halford a su banda de toda la vida. Llamativas esas guitarras más broncas que acompañan a las estrofas para uno de los cortes más rácanos, también más directos, de todo el tracklist. En cualquier caso sobresalen esas armonías de Fuentes en estribillos, las más graves que irrumpen a término de los mismos o los solos doblados previos al epílogo. Curiosa cuanto menos.

7 Brujas” sí que trae consigo esa producción más ambiciosa que eché en falta anteriormente. Sirve ésta para acomodar la cara más épica de Nurcry, que a su vez es también la más heavy, con Simmons entregando una potente pero también diversa línea de batería. Me agradan las melodías con las que engarzan estribillos y estrofas. La forma en que Fuentes ensucia su registro para acompañar ese tono más vibrante de la composición y, enlazando con lo que dije al principio, el cuidado trabajo en cuanto a guitarras que ofrecen Manu y Juanjo aquí. Aún cuando su aspecto lírico no me conquista del todo, otra de mis favoritas.

Eterna Oscuridad” de nuevo rebaja esas altas pulsaciones para ofrecer un medio tiempo que me agrada menos por trazo, algo recurrente, y más por las diversas ejecuciones que entregan los chicos. De nuevo muy orgánicos Nurcry aquí mientras Fuentes alcanza a ratos tonos realmente agudos aquí y vibrante ese solo del puente. Correcta, ni me desagrada ni me engancha.

Para el final queda el bonus “Cuestión de Rock ‘n’ Roll” de inicio tendido pero cuyo desarrollo habrá de ofrecer a los Nurcry más heavies y enfebrecidos. Sorprende ese bajo tan alto en la mezcla, en contraste con su presencia más discreta a lo largo de todo el álbum. Un corte desenfadado como más que agradable broche a este nuevo álbum.

Notable tercer disco de los madrileños. Mucho más orgánico de lo que preveía antes de las primeras escuchas, a ratos la producción es casi invisible, lo que no obstante permite a la banda entregar su mejor cara como intérpretes. Las influencias, con la excepción que supone “Ciego Errante”, son en gran medida clásicas y, por ahí, la banda parece más que cómoda. “Salto Al Vacío” no me podría resultar más pegadiza, “Indómito” me resulta el mejor de los arranques y luego cortes como “7 Brujas” o el bonus final entregan una cara más descarada y heavy de Nurcry con la que conecto en cierta medida. Notable trabajo.

Texto: David Naves

Reseña: Adrift «Dry Soil» (Monolito Records 2025)

Bajo la denominación “Dry Soil” se esconde el cuarto trabajo de los madrileños Adrift. Un total de seis temas producidos al alimón entre la propia banda y Santi García, quien se encargó de grabar y mezclar estas pistas en el Ultramarinos Costa Brava entre enero y febrero del pasado 2024. La formación actual se compone de Jaime García en baterías, Daniel Chavero al bajo, David López en guitarras y Jorge García en guitarra y voces. Con masterización de Víctor García (Aathma, Toundra, Ikarie, Bloodhunter…) y diseño y fotos de Jorge García (Ból! Estudio), el disco vio la luz vía Monolito Records el pasado 31 de enero.

Irrumpe denso “Overload” para sentar así las bases (o algunas de ellas) sobre las que se desarrollará el álbum. Hay cierta tensión en esos primeros riffs, en el juego que proponen ambas guitarras durante el prólogo. También una cuidada línea de batería de Jaime García. Me agrada la construcción de las estrofas, que vienen a contrastar con el desgarrado, indómito y definitivamente árido registro de Jorge García. Etiquetados a veces como “death metal experimental”, es esta una formación que no se doblega al blast beat incesante, que surca caminos más próximos al sludge más atmosférico. La producción, o cómo la mezcla acierta a equilibrar todos los elementos presentes, pone a estos Adrift, perdonen el tópico, a la altura de cualquier banda foránea. Sirva el poso más espacial que precede al epílogo como muestra.

Todo resulta de lo más orgánico. Sin maniqueos trucos de salón capaces de pervertir su manera de entender el metal extremo. Y “Concrete” es la mejor prueba de ello. Adrift arremeten más vivarachos ahora, con un bajo que percute con insistencia en ambos canales. Jaime García vuelve a dejar otra inquieta línea de batería, que acompaña a unas guitarras que ganan peso y crudeza aquí. Es el corte más rácano, en cuanto a duración, de todo el álbum, lo que no quita para que la banda lo recubra de buenos cambios de ritmo, apostados siempre en ese post metal crudo y arenoso. Lo mejor es el modo en que la banda parece terriblemente cómoda en este registro algo más vivaracho, entregando por igual atmósfera, músculo y desgarro.

Edge” toma el testigo a base de reincidir en esos biorritmos más altos. En un riff que, tras cada escucha, no deja de recordarme a los (tristemente) desaparecidos Moho, Adrift proponen un viaje inclemente en el que cruzan guitarras de un poso casi psicodélico con riffs heredados directamente del black metal. Contorsionando géneros, tejiendo cuidados cambios de ritmo sin olvidar su cara más descosida y visceral. Sorprende, aún en un álbum como este, la tensa calma de su extenso tronco central, con Adrift transitando por un páramo inhóspito y desolado. Desesperado festín riffero, que Jorge García recorre en su habitual registro ominoso y descosido. Toda esa amalgama sónica viene a contrastar con la más acusada calma que irrumpe más adelante, con el bajo de Chavero superpuesto ahora a ambas guitarras. Guitarras algo efectistas aquí, que toman en este tramo final sonoridades más próximas al stoner, sin que ello venga a traicionar el espíritu mismo del tema que las acoge. Que pese al amplio abanico de influencias que manejan sean capaces de mantener un nexo común entre todas ellas creo que habla muy bien tanto de la producción de la que gozan estos seis temas como de su buen hacer como compositores.

Restart” puede ser la que inicia de forma más amable de todo el tracklist. Es metal algo trotón, que despliega un nivel técnico sin florituras ni excesos. Operante siempre en favor de la propia composición que las aloja. Lo que sorprende aquí sin embargo son esas voces limpias, de aire casi ritualista, y la forma en que conjugan con el siempre árido y roto registro de Jorge García. Un corte que viene a romper con muchas de las ideas preconcebidas del álbum a estas alturas, siendo lo suficientemente hábil para mantenerse dentro de las propias fronteras del género. Hay riffs que tranquilamente pueden recordar a King Crimson, engarzados por unas baterías de Jaime García ahora un tanto más lineales. El tramo final se empecina en devolvernos a esos Adrift más atrevidos y atmosféricos sobre unas baterías casi marciales, desembocando finalmente en un curioso epílogo. Estupenda.

Agradecida calma la que propone el prólogo de “Blood Kills The Soil” con esas guitarras ahora algo tímidas, que vendrán de nuevo a contrastar con el iracundo registro de Jorge. Un penúltimo corte que afianza la cara más atmosférica de los madrileños, apoyada en una producción que parece entender a la perfección el material que tiene entre manos. Hay un poso algo más psicodélico aquí, que imbuye unas estrofas por momentos atrevidas e incluso desafiantes. Hay una mayor linealidad aquí y sin embargo puede que se trate del corte más excéntrico y diferente de los seis.

La final “Bonfire” parte desde un prólogo de fuerte poso atmosférico, aupado por una serie de arreglos de un cariz casi cinemático. Adrift se toman su tiempo ahora, de hecho composición más ambiciosa del álbum, y pronto dibuja guitarras que, sin ir más lejos, podrían recordar a los Tool más recientes. La voz de Jorge aparece ahora algo más hundida en la mezcla, generando una cierta extrañeza conforme transcurren las primeras estrofas. Las baterías de Jaime García recuperan aquél brillo de comienzos del álbum, ayudando a que la banda teja pequeños pero hábiles crescendos. Todo confluye en un puente central cercano a la ensoñación onírica. No diré que me recuerda a Alcest pero sí que intuyo un lejano guiño al shoegaze en estas atmósferas ahora apaciguadas. El cuarteto trama un largo epílogo en el que brillan sobremanera los riffs de Jorge y David, que terminarán por confluir en el cierre más abrupto que recuerdo en mucho tiempo. Un final estupendo en cualquier caso.

Uno de esos discos que solo entrará a una primera escucha a los muy duchos en el metal más desesperado y sofocante. Un viaje atmosférico por contornos a veces nada amables, que desafía al oyente casi a cada paso pero que, aún ahí, sabe tejer pequeños remansos de calma y sosiego. Con una gama riffera capaz de tender puentes entre el progresivo más clásico, el death a veces aberrante y el black más avezado, (casi) siempre bajo la angustiosa voz de Jorge García, Adrift han trazado un álbum que les debería confirmar como punta de lanza del post metal dentro de nuestras fronteras. Si tanto “Dry Soil” como estas palabras os llaman la atención, el próximo jueves día 6 de febrero tenéis una cita con ellos en el chigre cultural ovetense La Lata de Zinc.

Texto: David Naves