Crónica: Green Desert Water (Oviedo 26/12/2024)

Ni dos meses habían transcurrido desde nuestro anterior encuentro con las huestes de Green Desert Water. Además estas fechas entre navidades y año nuevo siempre son complicadas. Pero la posibilidad de descubrir (de desbloquear) un nuevo escenario pudo más que cualquier otra consideración. Ofrecía la tercera, esperemos que definitiva, ubicación del Kuivi la oferta más afín a este medio desde su inauguración y para allá que nos fuimos. Un evento que no pierde su característica terraza pero gana techo al fin, amén de contar ahora con una enorme sala multiespacio que, deseamos, nos procure unas cuantas alegrías.

Súmenle la pinchada de DJ Leña y qué mejor plan se les ocurre para una tarde noche de jueves. Y es que no fue poca la gente que se arrimó a Almacenes ávida de buen rock and roll. Mucha cara conocida, músicos y fauna diversa de esa que siempre presta ver. Así las cosas, cuando pasan cinco minutos de las nueve y vemos a Kike con aquella guitarra con que debutara en la ubicación original del Kuivi, el trío arremete con el inicio tendido y elegante de “Black Harvest”, sentando los pilares de otra buena noche para ellos. Tremendo el solo con el pie al wah que dibujó Sanchís aquí.

Buen sonido en líneas generales, que era una de mis preocupaciones nada más vi el alto techo del recinto, si bien a ratos la voz de Kike Sanchís se perdía en la mezcla. La banda, apoyada en firme sobre la base rítmica de Juan Arias (bajo) y Dani Bárcena (batería), enlaza entonces las habituales “Sacred Tree” y “Dead Sacred Tree” con un gran manejo de los cambios de ritmo. El público algo frío quizás. De ahí que no falten los “¡Eh!” tan habituales en el guitarra y frontman del trío. “Vamos a tocar una algo suavilla, a ver si os gusta” anunció el propio Bárcena, para proceder con “Kabul” y realizar un pequeño pero cuidado y medido acercamiento a las fronteras del blues…

… que enlazan con “Too Many Wizards” dejando por el camino su cara más ruidosa. Por ahí fueron construyendo un set de lo más ágil. Sin traicionar su sonido y siendo capaces de sorprender aún cuando, ya digo, les teníamos más que frescos. Lo que si estaba en el guión era el descamisado de Bárcena (un clásico ya), las presentaciones a cabo de éste y la cierta sorna con que introdujo el siguiente tema: “vamos a tocar un clásico del último disco. Un ballenato”, que no era otro que, claro, “The Whale”. Green Desert Water en su clave más, valga la redundancia, desértica, casi monolítica, poniendo a prueba las paredes de esta tercera ubicación del Kuivi. Estupendos riffs aquí y más que eficaces coros de Bárcena durante estribillos.

Pero es que “Shelter Of Guru” y aunque en cuanto a puesta en escena me sobrase algo de luz, demostró que si se lo propone este puede ser el trío más heavy del Principado. Vimos además aquí al Sanchís más esforzado en tareas vocales de toda la noche, sacando adelante su interpretación más visceral sin perder un ápice de clase. El cierre llega con el recuerdo al primer disco, “Solar Plexus”, también con los Arias y Bárcena más ruidosos y enfebrecidos de todo el set. Un set que se nos hizo algo corto, poco más de cuarenta y cinco minutos si mis anotaciones no me engañan, pero que sirvió para descubrir un recinto de inmensas posibilidades. Un espacio que la a veces tan aburrida Oviedo venía reclamando desde hace ya mucho tiempo.

Green Desert Water se están convirtiendo (si no lo son ya) en una de nuestras bandas fetiche por méritos propios. Única formación en tocar en las tres ubicaciones que ha tenido el evento hasta ahora (con sus correspondientes crónicas en esta página) y a la que sólo le podemos pedir un tercer trabajo que confirme y amplíe las buenas sensaciones que dejaron “Solar Plexus” y “Black Harvest”.

Por nuestra parte nada más que pedir disculpas por lo raudo de nuestra huida. Era día de colegio que diría aquél, y tocaba recogerse pronto. Mandar eso sí un abrazo a Leña, a la propia banda y a los habituales que nunca fallan. Vayan desde aquí nuestros más que sinceros deseos de que entréis con buen pie en el año de la mala rima y ya sabéis: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

In-Sanity: Primeros detalles de «Searching»

Los avilesinos In-Sanity nos presentan los primeros detalles de un álbum debut que llevará por título «Searching» y verá la luz a principios del 2025 a través de El Subko Producciones. Recordamos que la formación compuesta los ex- Westhia Chus (bajo) y Diego (guitarra y voz), Víctor Casado (Lycosa Tarantula) a la guitarra y Salvador «El Poyo» García a la batería regresó a la actividad en el 2020 tras un parón de más de 20 años.

01 WOUNDED
02 END OF WAIT
03 SUFFOCATED
04 INSANITY
05 GLOOMY
06 BEFORE
07 SEARCHING & VICTIMIZED
08 THE BALANCE
09 LIVING IN FEVER

Un total de 9 canciones de las que «SUFFOCATED«, «SEARCHING & VICTIMIZED» y «LIVING IN FEVER» formaban parte originalmente de la demo del mismo titulo editada allá por 1994. La grabación del álbum se llevó a acabo en el estudio de la propia banda con Diego, guitarra y voz, a los mandos. La mezcla y posterior masterizado ha sido realizado de Dani Sevillano. En el apartado gráfico tenemos que el artwork y la portada son obra de Tony Nekrosia mientras que las fotos interiores han corrido a cargo de Eva Bustamante. El pasado mes de noviembre el cuarteto estrenaba el vídeo lírico «Wounded» como primer anticipo del disco.

Crónica: Kike Suárez & Kike Planelles (Avilés 5/12/2024)

El pasado jueves 5 de diciembre se daba cita en Avilés el dúo curiosamente compuesto por dos Kikes; Kike Suárez (Roza, Flying Padres) a la voz y guitarra acústica y Kike Planelles (The Nap, Roza) a los coros y guitarra eléctrica. Eran casi las nueve cuando empezaron a sonar los primeros acordes de ambas guitarras en el coqueto Clapton Rock Bar. Nos iban a regalar un más que agradable viaje a través de los clásicos eternos del rock and roll.

El ambiente era bullicioso y cálido, colmado de gente reunida alrededor de las mesas conversando animadamente. A medida que sonaban las primeras notas, se iban sumando curiosos a los que ya nos habíamos posicionado en primera fila para no perder detalle. Aunque poco a poco se iban apagando las voces, no así el murmullo de fondo que deslucía los progresos de los artistas. Algo que siempre me ha parecido una falta de respeto hacia los profesionales. Amén de las continuas idas y venidas al baño que tenían situado a su izquierda y que no logró desconcentrarlos en ningún momento; se notan las tablas.

Si bien en un primer momento, ambos Kikes mantenían la cabeza baja concentrados en su tarea, no tardaron mucho en empatizar con el público gracias a las chanzas que Suárez intercalaba en las pausas, recibidas con tímidas oleadas de risas benevolentes. El ambiente, al poco totalmente distendido, fue ganando calor a ritmo de clásicos de lujo que comenzaba con Prince y Bob Dylan. Una vez hecha la conexión, ésta fue continua hasta el final, reflejada, entre otras cosas, en los intercambios de sonrisas entre ellos y con los presentes.

Un inicio suave con temas como «Purple Rain» que dio paso enseguida a «Roadhouse Blues«. Puñetazo en la mesa por si quedaba algún despistado en la sala. Personalmente, escuchar cualquier canción de The Doors, es como encontrarme con un viejo amigo. Kike Suárez remató el tema con el speech final de Jim: “Hey listen, listen…”, con lo que terminó de meterme en el bolsillo.

Se agradeció mucho una aportación no tan recurrente de los Rolling Stones como «Dead Flowers«, con el encantador toque sureño de la guitarra acústica. Para un par de temas, Kike Suárez animó a unirse a un amigo de entre el público, que se hizo un poquitín de rogar: “Vamos Pepe ho, venir a Avilés y que no cantes una, echa un cantarín oh, echa un canciu de esos…un aplauso pa Pepe, vecinu vuestru, experto en tonada vaqueira…”. Le pasó el testigo de la guitarra, cantando un primer tema a trío y quedando a continuación solos Pepe y Planelles. Se estaban preparando cuando sentí un respigo escuchar el inicio de «For What It’s Worth» de Buffalo Springfield, pocos riffs son tan profundamente evocadores como esas dos sencillas notas, y llegar al estribillo es como si tu canoa se acercara a la orilla en un plácido día soleado. Las formas del fortuito cantante parecían hechas para ese tema.

Entramos en el mundo de Pulp Fiction con «Girl, You’ll Be A Woman Soon» de Urge Ovekill, una apuesta segura cuando se quiere entonar a un público que ya estaba más que ganado… solo calentando motores para el clásico «Misirlou» de Dick Dale & His Del-Tones que no dejó a nadie quieto. Imposible evitar que el cuerpo siguiera los riffs de Planelles como ratones al flautista. Le siguió (como no podía ser de otra manera) «You Never Can Tell» de Chuck Berry con la que muchos nos arrancamos a bailar emulando a la pareja Uma Thurman / John Travolta en el escaso espacio del que disponíamos. Ya más calmados, cambiamos de registro a la profundamente emocional «Heroes» de David Bowie, transportándonos a la Berlín dividida.

No podía faltar la siempre bien recibida «Sympathy For The Devil» con los consiguientes coros de búhos del público (servidora, la primera curuxa) con la guitarra de Planelles dando réplica a Suárez que rematan con un crescendo de guitarras finiquitado con una explosión final espontánea de aplausos mientras el vocalista concluye con un “Que la paz del Señor sea siempre con vosotros”. ¡Y con tu espíritu! contestó alguien.

Disfrutona «Born To Be Wild» de Steppenwolf con una audiencia totalmente entregada a voz en grito a unos Kikes algo sorprendidos y plenamente a sus anchas. Interpretaron «Rockin’ In The Free World» del maestro Neil Young para ponernos los pies en tierra y la cabeza en las nubes. Una molona «Sweet Home Chicago» continuó con el ambiente festivo que culminó con «(I Can´t Get No) Satisfaction«, resultando imposible no desgañitarse en los coros (hay pruebas gráficas de ello).

Entre los bises, Suárez nos regaló una descarnada versión de «El Último Trago» del cantautor mexicano José Alfredo Jiménez como despedida y que no pudo dejar mejor sabor de boca. Ambos Kikes, totalmente compenetrados, forman un tándem perfecto de actitudes donde se equilibran la fuerza y desenfado de Suárez con la tranquila timidez de Planelles. Una noche inolvidable, en definitiva. Una forma de vivir y transmitir la música como lo que realmente es. Donde sales de un concierto con una sonrisa de oreja a oreja, es ahí.

Texto y Fotos: Susana Alberich

Crónica: Amon Ra + Secta + Molar (Oviedo 21/12/2024)

Es falso que haya poco rock ‘n’ roll y si no que se nos lo pregunten a quienes tuvimos la fortuna de pasar un viernes noche en compañía de Molar, Secta y Amon Ra. Cita navideña una vez más con estos últimos, predicha en cierto modo por la mitad fotógrafa de esta crónica en nuestra reciente (que no última) juntada con la buena gente de Piratas de Libertalia (enlace). Con nuestro querido Gong Galaxy Club como orgullosa sede, de buena gana nos dispusimos a combatir el frío con tres buenas raciones de distorsión sin cortar.

Sabíamos poco de los asturianos Molar. Como quiera que aún guardamos algo de inquietud dentro, siempre nos resulta agradable acudir a ciegas a según qué descargas. “Somos Molar, de Mieres, gracias por invitarnos a esta fiesta de Navidad. Vamos a tocar un poco de rock ‘n’ roll”, anuncian, y desde luego que cumplieron lo prometido.

Al menos en lo tocante a actitud. Por sonido, ya desde la inicial “Cemento” soy consciente de que ando falto de referentes para desentrañar sus influencias, que oscilan por la vertiente más ¿alternativa? del punk. Pero aún ahí puede uno apreciar el juego entre voces que proponen en “Ciudad Rota” y la energía que emana de la batería. Con una puesta en escena reducida a lo elemental, que vendría a ser una constante durante la jornada, y mucho amigo entre el público, las bromas entre unos y otros fueron bastante habituales, a buen seguro agradaron a la parte más punk rockera de la audiencia.

Dejaron algún tema más atemperado camino del final. También una pequeña broma con el merchan y, aún cuando ya digo están a mil millas del tipo de música que acostumbro a escuchar, en ningún momento resultaron pesados o aburridos. “Qué cansancio cuando el cuerpo pide abandonar”, rezaba una de sus últimas letras. Y tanto que sí.

A Secta sí podemos decir que les tenemos bien cogida la medida. Múltiples las veces que les hemos visto desde el debut “Nada Nos Va A Parar” y casi ya la certeza de que nunca fallan. “Buenas noches, somos Secta, hacemos rock ‘n’ roll y esto es “El Herrero”” proclamaba el vocalista Michael Arthur Long, y allá que se lanzaron como gato panza arriba a su particular forma de entender el género.

Esto es, canciones pegadizas y riffs de esos que siempre animan a menear el cuerpecín. Buenos detalles a la guitarra de Ger Gilsanz, una noche más gorra y gafas oscuras, ya desde el arranque y un sonido potente y equilibrado. Imposible entenderles sin los coros del bajista Pelayo Vázquez, el segundo guitarra Juan Pablo Cotera e incluso del batería Pablo Pravia en cortes como “C’mon”. Tampoco sin los paseos de su vocalista de un lado a otro del escenario en “Harto De Ti”, que enlazaron con el pulso más tendido de “Todo o Nada” y su potente final, con un Gilsanz sacando todo el jugo posible a su roja SG.

Riff mediante, “Dame Tu Miel” pudo ser una de las mejor recibidas de esta primera parte del set. Por ahí fue quedando la sensación de que la suya era una de esas descargas que irían de menos a más. La sensual y a la vez elegante “La Casa Del Blues” puede resultar uno de los temas más diferentes del set y por ahí la recibí de muy buena gana. Otro tanto se podría decir de “No Quiero Llorar”, que Arthur Long recibe con una de las voces más desgarradas de la noche. El propio vocalista terminaría por los suelos durante otro estupendo solo de Gilsanz. Más adelante, en la socarrona “Plan B”, bajaría a darse su particular baño de masas. Siempre inquieto, no le vamos a descubrir a estas alturas.

Luces mediante, es el propio público quien gana protagonismo en “Panzer”, coreando el estribillo y dejando esa sensación de total comunión con el quinteto. El propio Ger acaba por los suelos durante el solo de “Dulce Dinamita” y “Electroshock” nos demuestra hasta qué punto puede ser divertido este invento. Previo paseo de Arthur Long hasta la barra y con José Alfonso como inesperada voz espontánea llegó la hora de echar el cierre con, claro, “Nada Nos Va A Parar”. Seguramente se haya dicho en anteriores ocasiones pero si tienen suerte y se los encuentran, no duden en unirse a la Secta.

Amon Ra, qué duda cabe, son un animal bien diferente. Trío heavy / stoner / rock de auténtico estatus de culto dentro de la escena asturiana, volvían una vez más por Navidad (o en puertas de ella) para regocijo de los más sibaritas. Porque esta es una de esas formaciones que, diría un guiri, “if you know, you know”. Sin más aditamento que la fiera de portada del “Lost & Found” adornando el bombo de la batería, el trío vino a dar una lección de cómo mantener viva la llama del rock más auténtico.

Y aunque más viejos y pellejos, nosotros también, qué más se les puede pedir que ese furibundo arranque con “Anthem Of The Universe”, del mencionado disco de versiones y rarezas. Desde un primer momento llama la atención lo altísimos que están sonando. Sin moderneces y a puro ampli que diría aquél, como banda de la vieja escuela que son, y dejando claro a través de cortes como “Prometeus” que desde luego acudían a la cita con los deberes bien hechos.

Fat Snake Blues” nos retrotrae entonces (casi) veinte años atrás, a aquél “Incarnatio” de 2005, y el viaje en el tiempo no podría resultar más placentero. Sin embargo y en honor a la verdad, sería “Caucasian Rock” la mejor recibida de esta parte inicial del set. Agradecí el nervio más heavy que le imprimieron a “Blow The Pentagram”, tremendo solo de Álvaro “Daddy” Bárcena aquí, y también el chascarrillo de Manfred: “quedan unas cuantas pero no sé si podremos con los cojones” que, claro, propició el canto (legendario ya) de “Amon Ra, grandes cojones”. “Gracias por esta comunión que era necesaria” aseveró el bajista y voz del trío.

Aunque propuestas muy diferentes en fondo y forma, me atrevería a decir que el de “Zero Fighter” fue fácilmente el riff más gordo que recuerdo en esta misma sala desde que Totengott presentaran aquí su tercer trabajo “Beyond The Veil”. El bajo del propio Manfred se aupó tan alto en la mezcla durante “High Rise” que mi cabeza no lograba pensar en otra cosa que no fueran las leyendas británicas Motörhead. Tremendo Dani “Little Thunder” Bárcena aquí, para sorpresa de nadie. “Rock ‘n’ Roll I Do” porta también cierto espíritu Kilmister. Aquí el trío se tomaría un pequeño y merecido descanso con la más tendida y en cierto modo algo alucinada “Spirit Caravan”, con el siempre particular registro de Manfred encajando al dedillo.

Única entrada en falso del set, un pequeño percance con los tapones para los oídos, que la banda resolvió con su habitual buen humor, precedió a la versión del “Leavin’ Here” de Eddie Holland, que ya versionaran los propios Motörhead), que nos pilló con el pie cambiado a más de uno. No así la ineludible “Pedal To Metal” del estupendo “Slaves To The Moon” de 2007. También de aquél segundo trabajo era una “Betrayed!” de la que, evidentemente, tampoco quisieron olvidarse y su público más heavy, que lo habrá, a buen seguro agradeció. Y mientras que “Band Plays On” detona una vez más el mencionado cántico, “Power & Zumizion” vuelve a llevar las revoluciones a la zona roja con una interpretación realmente furibunda.

Come And Get It” de su (hasta ahora) última referencia discográfica mantendría viva esa llama de los Amon Ra más nerviosos y el habitual cierre con “Ace Of Spades” de cabezamotor sellaría otra gran noche para ellos. En dura pugna en lo que a público se refiere con la otra cita de la jornada, la descarga de Zigarros en la gijonesa Acapulco, el trío ovetense rubricó una vez más su bien merecido estatus de culto. Hoy en día e internet mediante, estas canciones se pueden disfrutar hasta en el rincón más inhóspito del planeta, pero de momento el privilegio de poder vivir, con cierta periodicidad, las descargas del trío, le corresponde solo a unos pocos elegidos. Esperando ya por la siguiente.

Podríamos decir que la cosa se dio más que bien. El antes, el durante y el después, con el consiguiente aluvión de anécdotas que derivan. Pero como viene siendo habitual no podríamos cerrar esta crónica sin mandar un abrazo a los habituales de siempre, agradecer a Humo Internacional, sala y músicos todas las facilidades y, ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Yermo «Yermo» (Negre PlanY 2023)

Yermo nace de la necesidad del músico vallisoletano David Muñoz de dar salida una serie de influencias que le venían rondando por la cabeza desde hace un tiempo. Así, el también Arwen o Sun Of The Dying, configura un álbum amalgama una serie de ideas que abarcan un amplísimo espectro dentro del metal extremo. O al menos eso es lo que nos comunican desde el sello. El pasado uno de diciembre y vía Negre PlanY veía la luz un álbum compuesto por seis temas donde cuenta con la ayuda inestimable de Héctor del Villar (ex José Rubio’s Nova Era) y el Crusade Of Bards Eduardo Guilló compañero en los propios Sun Of The Dying.

Un piano, no podía ser de otra forma, da inicio al álbum a través del calmado y elegante prólogo de “Cencellada”. Muñoz parece arrimado aquí al tipo de metal que desarrolla en Sun Of The Dying, arrastrando un doom satinado ahora de arreglos tan poderosos como melancólicos. Buenas melodías de guitarra engarzadas entre las distintas estrofas, coros grandilocuentes y un trazo a ratos alterno, muy dado a intercalar pequeñas islas de tono casi intimista con nerviosas arrancadas donde la batería vuela hacia terrenos más propios del death metal más al uso. Me agrada por ese desarrollo ágil, que no retorcido, si bien a ratos me resulta un tanto descompensada en lo que a sonido se refiere. Cuestión esta que he ido asimilando con el correr de las escuchas, de todos modos. Un muy buen arranque.

Cuando Éramos Esclavos”, con Héctor Del Villar en voces y entrega más rácana en lo que a duración se refiere, opera ahora más cercana a las fronteras del post-black metal. Del black atmosférico incluso, si bien la afinación de sus guitarras no alcanza los habituales tonos crujientes de bandas como An Autumn For Crippled Children, Ghost Bath, Violet Cold… Metal veloz, interesante en su doble juego vocal y donde quizá eche en falta unas baterías con un sonido más nítido y potente. Aquél carácter más sinfónico del tema inicial se da cita aquí como anticipo de su puente central. Acoge este un tímidos solo de guitarra, teñido de la misma tristeza que impregna casi cada rincón del álbum.

En pleno corazón del debut se encuentran los dos cortes más extensos del mismo, siendo el primero de ellos este “Gris” y su tranquilo arranque. Tonos casi oníricos en este prólogo y un cierto recuerdo a aquellos Anathema de álbumes como “Judgement” o “A Fine Day To Exit”. Muñoz se toma su debido tiempo a la hora de llevar la composición hacia terrenos más asimilables. Y lo hace a través de voces lejanas primero, y un cuidado cambio de ritmo después, transitando hacia una suerte de metal que, mientras junto estas líneas, no deja de recordarme a los franceses Alcest, pero también a los momentos más apaciguados de mis queridos Kauan. Muñoz echa mano de su buen hacer a las teclas para adornar con ellas el tranquilo tronco central. Surge precisamente ahí la cara quizá más cinemática de Yermo, seguida por un hábil crescendo, estupenda línea de batería mediante, que culmina con la banda, o digamos mejor el proyecto, echando mano de su lado más preciosista. Las voces más graves, al menos en la copia digital que nos han hecho llegar desde el sello, resultan un tanto lejanas en la mezcla final. Pero Yermo finiquitan esta tercera entrega con firmeza y buen gusto. Todo me resulta ordenado, sin trabas ni tampoco trucos de salón. Cada idea parece tener su espacio, nada resulta forzado ni mecánico. Francamente estupenda.

El Peso Del Sol” parece echar mano del libro de estilo de los Esoteric, Thergothon o Mournful Congregation para dibujar un prólogo de doom ampuloso y recargado, apesadumbrado y melancólico, donde ahora crepita un bajo que abandonará la mezcla más adelante para que solo y voz piano compongan uno de los entornos más desnudos de todo el debut. Esa calma la quiebra Muñoz a través de un brusco cambio de ritmo que introduce a los Yermo más desgarrados. Desesperados incluso. Fantásticas líneas de voz, apoyadas sobre otra inteligente y bien trazada composición en crescendo. Puedo no comulgar del todo con los coros que Muñoz implementa más adelante. Quizá porque me suenan algo ajenos. Lo cierto es que su largo final parece abrazar un mayor convencionalismo. Al menos en lo que a doom de corte casi funerario se refiere. De ahí que me resulte algo predecible. De ahí también que no le falte ni pizca de elegancia ni tampoco de efectividad.

Encarando la recta final de Yermo surge esta “Un Mar De Polvo” donde Muñoz musica a Miguel de Unamuno sobre una base en cierta rima con la anterior “Cuando Éramos Esclavos”. En su acercamiento a postulados más propios del post-black, el de Valladolid propone un corte en gran medida apaciguado, que tiene un pequeño acento folk antes de que su puente central traiga de vuelta a Yermo en su encarnación más vivaracha, rayana en un post-black de nuevo cuño. Me agrada la forma en que los arreglos sinfónicos ganan terreno camino del epílogo, justo antes de que Muñoz reconduzca reproduciendo aquellas mismas estrofas del arranque.

La final “Vyšehrad”, con su compañero en Sun Of The Dying Eduardo Guilló a cargo de las voces, sin sorprenderme en lo que a trazo se refiere, lo cierto es que sabe sacar partido de ese trazo efervescente, del hábil uso de los arreglos y de una producción, ahora sí, potente y equilibrada. El disco se despide en la más pura calma, no sin que antes se contrapongan lo magnánimo de sus arreglos con lo desgarrado de sus voces. Un cierre notable si me preguntan.

Muchas y buenas ideas en el debut de Yermo. A quienes conozcan de las andanzas de Muñoz en Sun Of The Dying no le cogerán por sorpresa los largos desarrollos de “Gris” y el discurrir lento y melancólico que el disco abraza a lo largo y ancho de prácticamente los seis temas que lo componen. Entre ellos hay acercamientos al post-black o incluso tímidos guiños al shoegaze. Pero “Yermo” es principalmente un álbum de doom metal en el que el también teclista de Arwen ha sido lo suficientemente inteligente como para plasmar un abanico de influencias y una diversidad gramática que, combinadas, contribuyen a elevar la nota a un debut que descabalga, si acaso, por una producción, a ratos, un tanto desigual. Bien es cierto que no tanto como para desanimar al oyente más picajoso pero desde luego lejos de otras propuestas similares que he tenido el placer de disfrutar a lo largo de 2023. Trabajo bien hecho, en definitiva, el músico vallisoletano tiene motivos más que de sobra para estar contento.

Texto: David Naves

Crónica: Sacavera (Mieres 14/12/2024)

Fin de semana de intensa actividad que tras la actuación de Aeternal Queen en la Sala Acapulco de Gijón el viernes 14 de diciembre (crónica) me llevó hasta tierras mierenses el sábado para acudir a la descarga del power trío Sacavera. La cita tuvo lugar en la Cervecería La Fontana, es todo un lujo que cada vez más locales apuesten por la música en directo. La experiencia no pudo ser más gratificante. El local se encontraba a rebosar, con gente fuera que no pudo entrar ya desde minutos antes de que los músicos comenzaran su actuación. Espero que este éxito anime a los responsables de La Fontana a repetir la experiencia en el futuro.

Pasando unos minutos de las ocho y tras las pertinentes pruebas de sonido que, a mis oídos fue impecable durante el resto de su actuación, salieron al improvisado escenario Michell Ardura (guitarra y voz), Arturo «Will» (batería) y Javier González (bajo). Este power trío de reciente formación me había dejado muy buena impresión en su paso por la pasada edición del Valliniello Sound Fest (crónica) y tenía ganas de ver cómo defendían sus temas en un set completo.

Arrancaron con “Todo Va Bien”, como comentaba con muy buen sonido desde estos primeros compases, más valorable aun teniendo en cuenta lo parco de la instalación. Siguieron con la presentación de “Invisible”, tema que dedican a los afectados de Alzhéimer con un sonido envolvente gracias a la eficaz labor de Will a la batería.

A continuación, tocarían “Decepción” con un claro aire a Motörhead, sin duda una de sus influencias que se deja sentir en gran parte de los temas, aunque Sacavera sabe darle su toque personal, causando a la vez esa sensación familiar e innovadora que pocos grupos consiguen transmitir. Siguen con una especial dedicatoria al infame Netanyahu para presentar “El Hombre del Saco” para después, regalarnos una potente línea de bajo, claramente influenciada por el maestro Steve Harris y realizada con maestría por Javi, que serviría de introducción a “Mentiras”.

Presentan a continuación “La Chica de la Curva” como una canción inspirada en Ilegales y es notorio que tiene un cierto regusto a los asturianos, aunque como decía, sin perder la personalidad que los de las cuencas le otorgan. Con la siguiente “Guaje” pasan a la interpretación en asturiano en una letra divertida, comicidad que se vio reforzada por la caída de un vaso mientras la letra decía “Quién Va a Limpiar Esti Estropiciu”. Tras “Ignorantes” tocan la primera versión del set el “Helter Skelter” de The Beatles, al que también dan un toque muy personal pero familiar. Vuelta a sus composiciones con “Te toca a ti” para seguir con una versión de, la que a buen seguro es otra de sus influencias, la banda australiana Wolfmother y su “Woman”.

Con “La Pieza del Puzzle” podrían fin a la primera parte del show pasando a agradecer a los asistentes su presencia, a los responsables de La Fontana las facilidades y presentar a los miembros del grupo. Pero no sería el final pues, las atronadoras peticiones de “otres tres” por parte de la nutrida audiencia, coreadas desde incluso antes de que hicieran la parada, obligaría a los músicos a coger de nuevo sus instrumentos para interpretar las, quizás, más extrañas versiones del set, por lo dispar con la propuesta que ofrecen “Higher Ground” de Stevie Wonder y “Fortunate Son” de Creedence Clearwater Revival. El reloj mandaba y no quedaba otra que poner fin a la actuación a pesar de las continuas peticiones de más por parte del respetable y de lo bien que parecía estar pasándolo el grupo con continuas interacciones entre ellos, chupitos de whisky incluidos, y con los presentes.

Pese a ser una de sus primeras actuaciones los Sacavera sonaron muy compenetrados, es patente la amplia experiencia que atesoran cada uno de los músicos. Disfrutamos de muy buen sonido y un ambiente impresionante, así que solo queda esperar que podamos repetir la experiencia en el futuro. Muchas gracias al grupo por la cercanía mostrada y un saludo a los no pocos amigos y conocidos que allí nos congregamos. Nos vemos en la siguiente, hasta entonces, salud y rock and roll.

Texto y Fotos: Miguel Rubio

Crónica: Aeternal Queen (Gijón 13/12/2024)

Aeternal Queen es el nombre de la potente agrupación que congregó a un nutrido público de todas las edades el pasado 13 de diciembre en la Sala Acapulco de Gijón tras su exitoso paso por Oviedo el pasado mes de mayo.

La componen cinco músicos de reconocido talento y trayectoria como son los “The TravellersAlejandro Blanco (batería), Antón F. Ceballos (bajo y coros), Sam Rodríguez (teclados, coros y efectos) y Ángel Miguel (guitarra y voces) liderados por un pletórico Richard de la Uz (voz principal) y que han unido fuerzas en un proyecto, tan apasionante como arriesgado, en el que rinden un sentido homenaje a una de las bandas más grandes, si no la más, de la historia del rock, los añorados Queen, más concretamente, centrado en la etapa en que la banda británica afrontaba la que a la postre sería su última gira mundial, “The Magic Tour” de 1986.

El repertorio, plagado de clásicos, se centró, con alguna sorpresa, en el mismo que Queen realizaba en el mencionado “The Magic Tour”, aunque con los temas algo recortados respecto a aquel. La puesta en escena, sobre todo por los frecuentes cambios de vestuario de Richard, también tenía claras influencias de esa gira. Todo ello hizo que los asistentes conectáramos con la banda desde que la introducción de “One Vision” comenzó a sonar.

Richard apareció corriendo desde el backstage ataviado con una casaca blanca, muy del estilo del tristemente fallecido Freddie Mercury, provocando la primera gran ovación de la noche. Siguieron con “Tie Your Mother Down” dando las gracias a los asistentes y preguntar si estábamos preparados para viajar hasta 1986. Ante la respuesta atronadora y afirmativa continuaron con “In The Lap Of The Gods” y “Seven Seas Of Rhye”.

El aporte en los coros de Sam Rodríguez fue notable en estos primeros temas y se mantuvo durante toda la actuación, también disparando las partes pregrabadas, siempre oportunas y llenando de colores y matices el repertorio. Llegaría a continuación uno de mis temas favoritos y, a tenor de la respuesta, también de gran parte de la audiencia, no otra que “A Kind Of Magic”. Tras mencionar que el siguiente tema sería un homenaje al grandioso David Bowie comienza a sonar la icónica línea de bajo de “Under Pressure” , que Ceballos realizó de forma magistral.

Acto seguido una nueva interacción con el público del hiperactivo Richard para dar paso a “Another One Bites The Dust”, con el bajo nuevamente destacando por encima del resto, una tarea complicada pero bien solventada, pues la labor de todos los músicos fue impecable. Llega el turno para el tema que popularizara la película “Los Inmortales”, la emotiva “Who Wants To Live Forever”, con una maravillosa y muy sentida labor de Ángel Miguel.

Cambio de vestuario por parte del frontman, que apareció ataviado con la mítica casaca amarilla, como si fuera poca la fidelidad con la que entona los temas, realiza movimientos al más puro estilo Mercury, para interpretar la grandiosa “I Want To Break Free”, muy coreada por todos los asistentes. Llegó a continuación un momento de lucimiento especial de Ángel, tras la retirada del resto de músicos del escenario, interpretando un solo magistral. Un auténtico placer para los sentidos disfrutar de la calidad de sonido que tuvimos tanto en este tema como en toda la actuación.

Vuelta de todo el grupo al escenario para interpretar “Now I’m Here” y ponerse románticos con la emotiva “Love Of My Life” que Richard dedicaría a uno de los presentes como favor personal a la esposa del anónimo protagonista y que interpretaron De La Uz y Miguel, guitarra acústica en mano sobre el escenario. Antes el propio Ángel Miguel ofrecía un emotivo speech en el que agradeció a sus compañeros la implicación con el proyecto, diciéndoles que gracias a ellos era el tipo que siempre había querido ser. Es patente la pasión y alegría que todos han puesto y su habilidad para transmitirlas al público, que no dudamos en unirnos a ellos en esta celebración.

En este momento Richard, visiblemente conmovido, mostró su lado más humano y solidario pidiendo la paralización de todas las guerras que nos inundan, en especial esas en las que matan niños como el genocidio que se está produciendo en Gaza y, alzando la mirada, empezar a interpretar, también acompañado de Ángel con su acústica «¿Is This The World We Created…?

Con la banda al completo y tras una breve presentación comienzan con el que quizás sea su tema más icónico, el impresionante “Bohemian Rhapsody”, en el que todos, músicos y público, cantábamos al unísono los inmortales estribillos hasta llegar a la parte operística del tema, que resolvieron mediante pistas pregrabadas con el grupo en pie en el centro del escenario y mirada al cielo. No pude evitar que imágenes de Freddie, Brian y compañía inundaran mi mente y llegaran incluso a emocionarme. La parte final del tema recobró la fuerza inicial con todos los presentes coreando a todo pulmón.

Le seguirían “Hammer To Fall”, “Crazy Little Thing Called Love” y “Radio Ga Ga”, con el respetable pletórico, lo que animó a Richard a implicarnos en los clásicos “Eooo” que servirían de introducción a “We Will Rock You” incitándonos a seguir con las palmas su inolvidable ritmo, que Alejandro vestía de manera impecable, mientras De La Uz presentaba a los músicos que le acompañaban.

Primera salida del guion, con respecto al setlist que Queen realizaba en 1986, con la imprescindible “I Want It All”, tras la cual los músicos se despidieron abandonando el escenario para volver poco después, no sin antes ser ovacionados y animados por el respetable, para interpretar la emotiva “The Show Must Go On”. La recta final del concierto no tuvo sorpresas y enlazaron “Friends Will Be Friends” y “We Are The Champions” para terminar con Richard ataviado con corona y capa al igual que Freddie hacía al final de sus shows.

Un tributo, o mejor un homenaje, al legado de una banda imprescindible, realizado con respeto y maestría (cerrando los ojos era fácil transportarse a 1986 y estar viviendo un concierto de los mismísimos Queen), en el que músicos y público disfrutamos de una experiencia inolvidable. Es la segunda vez que veo el espectáculo y por lo leído en sus redes parece que el proyecto tiene continuidad. Espero que así sea.

Muchas gracias al grupo y la organización por las facilidades y un saludo a los amigos y conocidos que allí nos congregamos, en especial a los miembros de Argion que quisieron apoyar a su frontman en esta aventura. Nos vemos en la siguiente, hasta entonces, salud y rock and roll.

Texto y Fotos: Miguel Rubio

Crónica: Gamma Ray (Bilbao 5/12/2024)

Con la fecha apuntada a fuego desde que se anunció el evento, «sold out» anunciado con bastante antelación, las expectativas sobre el concierto de las huestes del señor Kai Hansen eran muy altas. Pero como no podía ser de otra manera, las expectativas se cumplieron y con creces.

Por si hay algún despistado, el señor Kai Hansen, es el papá de un estilo, el power metal, que ha sido influencia para numerosas bandas, amén de ser pieza más que fundamental de los líderes del genero, unos tal Helloween. Pero Gamma Ray es su proyecto personal desde su salida de su banda madre, 11 discos de estudio, 7 en directo y decenas de giras mundiales así lo testifican. Todo esto como recordatorio por si algún supremacista de las redes sociales se le ocurre tachar 40 años de trayectoria como banda tributo a la calabaza, que los habrá.

Dicho esto, y para refrendar aún más si cabe, mis palabras, el concierto de Gamma Ray en la Sala Santana fue de cátedra, un exquisito repaso a una longeva trayectoria que empezó de manera puntual a las 21:00 con «Land Of The Free«, quizás de su obra culmen y «Last Before The Storm» rememorando los tiempos con Ralf Scheepers, para regocijo de los allí presentes.

Sonaron muy compactos y perfectos a lo largo de toda la noche, con un espectacular Michael Ehré (Metalium) a la batería, el eterno socio de Kai, Dirk Schlächter al bajo, Kasperi Heikkinen (Beast In Black) como sustituto del accidentado Henjo Richter y como segunda voz ya desde 2015, Frank Beck, que se ganó aún más al publico con sus primeras palabras, “eskerrik asko”.

Fueron tocando temas emblemáticos de su discografía como «Master Of Confussion» o «Man On A Mission» intercalando breves espacios para conectar con el público, que no paró de corear cada canción y ovacionar en cada parada. La épica intro de «Dethrone Tyranny» o la colosal «Rebellion In Dreamland» hicieron deleitar a una sala repleta y entregada a los alemanes, con un Kai Hansen ocupando la parte central del escenario, alegre y protagonista como nos tiene acostumbrados.

No faltaron la festiva «Heaven Can Wait» y «Lust For Live» de su primer disco y una extensísima «Somewhere Out In Space«, algo muy similar a lo que hacen los Helloween con su «Keeper Of The Seven Keys» en directo pero no por ello menos emotivo. Dieron paso a los bises y a uno de los momentos gloriosos del show, con «Heading For Tomorrow«, temazo donde los haya, baluarte de una trayectoria y quizás, la más coreada a lo largo de la noche.

Se despidieron con «Send Me A Sign«, single resultón para cerrar casi dos horas de espectáculo y constatar que sigue existiendo más vida fuera del entorno de la calabaza, para disfrute de una legión que añoramos los grandes momentos de un emblema de la escena metalera mundial y su rayo gamma.

Texto: José Miguel «Lago«
Fotos: Archivo Gamma Ray

Crónica: Caedis + Chamako Wey (Avilés 14/12/2024)

Cita con el metal más crudo y groovie la que nos ocupó en la noche del sábado con las descargas de los locales Chamako Wey y los madrileños Caedis. Dos bandas de sonidos dispares pero raíces comunes, algo que quedaría patente a lo largo de la velada de manera más o menos explícita. Y, cabe decirlo mal que nos pese, un fiasco en cuanto a público. Fuera el frío, o tal vez la inminencia de las fiestas navideñas, lo cierto es que la sala Paseo Malecón presentaba un aspecto casi desolador.

¿Arredró esto a las bandas? Pues diríamos que nada más lejos. Telón de fondo mediante y cuando pasa un minuto sobre las nueve y media, Chamako Wey hacen suyas las tablas con la firmeza y la solidez que les caracteriza. Una formación a la que tenemos bien cogida la medida y de la que esperamos grandes cosas. Mientras llegan, siempre es agradable encontrarse con su metal fronterizo y cabrón.

Quizá lo haya dicho ya en otras ocasiones pero Dani Larriet parece haber caído de pie en el seno del quinteto. Su registro y la manera de enfrentar los temas, pienso, casa al milímetro con el thrash entre groovie y trotón de los langreanos. Los buenos coros de Jandro en “Sublevación”. Ese final más grave y pesado. Nos metieron en calor y no era fácil. Antes de “Fariseos”, el vocalista recordó las distintas procedencias de cada uno. En eso son si cabe aún más eclécticos que en lo musical.

No faltó ni el saludo a sus compañeros de Caedis ni tampoco la versión más acelerada y nerviosa que la banda entrega en “Terror Sonámbulo”, que terminan conjugando con un trazo más pesado y angosto. Teníamos relativamente reciente a Chamako Wey. Aquél bolo a media tarde en el último Karma Fest, y por ahí puede que echáramos en falta alguna novedad. Tiempo habrá. Porque, de todos modos, “Zombie Caníbal” desplegó uno de sus mejores riffs. También un cuidado solo por parte de Adrián “Mostro” Ojeda. “Indomable” sonó casi marcial, con Miguel Jiménez marcando el paso con su precisión habitual, pero es “Pendejos Fronterizos” en la que parece vislumbrarse una mayor química en el seno del quinteto.

Fue un set más corto que otras veces, que finalizó una vez más con el recuerdo a Brujeria que supone “La Migra”. O tal parecía, porque la banda aún tuvo a bien regalarnos una bola extra en forma de “Take My Scars”, original de Machine Head, cuando Jiménez descalzo una vez más aún a pesar del frío, ya se ponía los calcetines. Tan agradables y efectivos como de costumbre.

Había ganas de encontrarse con la buena gente de Caedis. Su “Opus Calamitas” pasó con nota por nuestras reseñas y el trajín de abalorios con que revistieron el escenario, el telón de fondo, los dos pequeños paneles laterales y muy especialmente el divino Crocotauro, sumaban puntos en lo que a puesta en escena se refiere. Alrededor de veinte minutos para las once cuando suena la intro y la banda trama un arranque pesado y rocoso, desde luego en cierta rima con sus compañeros de cartel.

Y es que a nadie se le escapa que existen lugares comunes entre chamakos y caedistas. Ayudó que el sonido estuviera por encima de lo que esta sala nos tiene acostumbrados, si bien a ratos el bajo de Guillermo González prevalecía por encima de las guitarras. En su forma de conjugar velocidad y pesadez, hubo momentos en que me recordaron a Horn Of The Rhino, estupenda banda vasca a la que perdimos para la causa hace ahora casi diez años.

Pero volviendo a lo que nos ocupa, sensacional el baile entre registros que proponen en “Unleash The Crocotaur”, con un Carlos E. Serrano capaz de pasar de los tonos más oscuros a agudos imposibles con total naturalidad. El propio crocotauro abría la boca, nos bañaba en luz roja y expulsaba humo por su fauce. El nervio de temas como “Critical Hit”, que abre su primer larga duración, no faltó el sábado. Un corte que lució y de qué manera en su traslación al directo, dejando además uno de los solos más llamativos por parte del ex Holycide Miguel Bárez.

No sin cierta sorna, Serrano nos llamó a luchar por los pollaviejas, “esa especie en peligro de extinción”, a modo de introducción de una “Old Fashioned Tough Guy” que se agigantó con respecto a su encarnación de estudio. Y es que puede sonar a tópico pero esta es una de esas bandas que ganan una barbaridad sobre el escenario. Sería aquí cuando el propio vocalista, benditos inalámbricos, se daría un pequeño paseo hasta la barra. Más concretamente hasta una botella de whisky (¿se pueden decir marcas?) para ya de vuelta sobre el escenario darse un buen trago de tan preciado brebaje. Ya fueran los coros de Bárez mientras tanto o el guiño final a Félix Rodríguez de la Fuente, lo cierto es que parecíamos estar ante una más que óptima versión de la banda.

Aquí mandarían un agradecimiento a Chamako Wey por haber montado este Asturian Metal Conquest. Y, Larriet arriba de las tablas mediante, procederían con el “atraco” que supuso revisionar el “Edgecrusher” de Fear Factory, versión habitual chamaka. Vista la mucha concurrencia arriba del escenario, Bárez no dudó en perderse entre la gente. Pero sería en “Demise Of The Lord”, de aquél lejano Ep de 2015 “Rise Of The Crocotaur” donde Serrano dejaría alguna de las voces más gorrinas de la jornada. Y puede ser solo cosa mía pero desde luego que el solo de Bárez en “Retard Society” no pudo haberme recordado más al añorado Dimebag Darrell.

Curioso el speech de ESDLA adaptado a las tierras astures (“¡Hijos de Pelayo!”) y mucha la intensidad que de nuevo despliegan en “Into The Flames”. Puede que el intento de wall of death se quedase en eso, un intento, pero desde luego que los chicos supieron abonar el terreno de cara a futuras visitas. Rubricando un buen final se fueron con la satisfacción del trabajo bien hecho.

Lo dicho, dos bandas de espíritu similar pero sonidos bien diferentes para una muy fría noche de (aún) otoño. Dos mil veinticuatro agoniza. Cuando pisemos enero quizá llegue el momento de hacer balance. Mientras tanto los escenarios nos demostraron, una vez más, que el rock son los amigos que haces en el camino. Vaya un saludo desde aquí para Txeffy, a los mandos de la nave durante la jornada, así como para ambas bandas y por supuesto a los habituales de siempre. Ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz