Reseña: Korgull The Exterminator «Built To Kill» (Xtreem Music 2023)

El exterminador está de vuelta. La banda de black thrash, que ya pasara por estas líneas con el convenientemente afilado “Sharpen Your Spikes”, regresa ahora con un largo que hace el sexto ya para ellos. Tras varios cambios en el seno del grupo, Körgull The Exterminator lo forman a la hora de escribirse estas líneas Javi Bastard (bajo), Joe Bastard (batería), Mark Wild & Ghorth (guitarras) y Lilith Necrobitch (voces). “Built To Kill” ha visto la luz en formatos físico (CD) y digital a través de Xtreem Music.

The Devil’s Sea” emerge desde profundidades abisales tras el pequeño guiño náutico de su discreta intro para conformar un primer corte pesado en su arranque y trepidante en su desarrollo. Que me agrada por el cuidado crescendo que habrá de conducir hacia las primeras (y fulgurantes) estrofas. Con Lilith a voz en grito sobre una base rítmica tan bastarda como siempre. El riff que adorna éstas, ese clásico subibaja, funciona a pesar de cierta sensación de déjà vu. Buen duelo solista en su tronco central, apoyado (ahora sí) en una serie de riffs que terminan por poner la guinda de una primera oferta en la más pura línea de la banda. Tan sucia y malencarada como cabría esperar.

Sin perder un ápice de fiereza, hay un deje en ciertos riffs de “Existential Risk” que me lleva a pensar, de manera casi inmediata, en los seminales thrashers canadienses Voivod. No es que la banda descabalgue hacia el metal enrevesado tan peculiar de los quebequeses, pero sí resulta lo suficientemente pronunciado como para disociar a este segundo corte del resto. Oferta esta más centrada, más directa, menos discursiva que su predecesora, con un Joe Bastard inasequible al desaliento. El solo sorprende aportando unos aires muy rockeros, resultando casi diría que perpendicular al tema que lo alberga. K.T.E. no parecen temer al juego entre géneros, algo que en mi opinión y siempre que se lleve adelante con pericia, es el caso, suma más que resta.

De “The Nine Circles Of Hell”, aporte más rácano de todo el álbum en lo que a duración se refiere, quizá podría esperarse una andanada de baterías desbocadas y voces agónicas. El quinteto opta sin embargo por introducir aquí su ya bien conocida querencia por las huestes del tristemente desaparecido Lemmy Kilmister, convenientemente aderezadas con una pulsión más cercana al punk que le viene como anillo al dedo. Lilith aprovecha además para deslizar una línea de voz que tiene mucho de aquél thrash primigenio que surgió a raíz del boom de cierta banda con un danés tras los parches. “The Nine Circles Of Hell”, no será el corte más avezado del álbum en lo que a composición y/o estructuras se refiere, por contra sí que resulta uno de los más memorables. Por la comentada labor de Lilith al micro pero también por una serie de riffs sobradísimos de gancho.

El tema título “Built To Kill” reconduce hacia territorios más marcadamente metálicos. Y sorprende con una estructura más ágil, no tan anquilosada, por donde se cuelan riffs que me llevan a pensar en unos Darkthrone post ”Panzerfaust”. El de Toxic Holocaust será otro nombre recurrente aquí. Especialmente en aquellas partes donde la batería de Joe Bastard alcanza velocidades más altas. Un corte hábil a la hora de descubrir las muchas facetas que caben dentro de una banda como esta. Mucho más poliédrica y diversa de lo que sugiere una escucha no lo suficientemente atenta. Por poner un pero, bien merecía algún solo más y mejor desarrollado. No obstante el trabajo melódico que la dupla Wild & Ghorth dibuja aquí y allá bien merece ser tenido en cuenta.

In The Darkest Of Times” sorprende con ese prólogo por momentos casi épico. Pero lo hará aún más al despreciar ese arranque en pos de una andanada ardiente y furibunda. Körgull The Exterminator no se andan con zarandajas ni tonterías. Y aún así, qué interesante resulta el solo que adorna su tronco central, si bien siento que la mezcla opta, erróneamente, por colocarlo demasiado alto en relación al resto de líneas. En cualquier caso tema muy funcional a la hora de enseñar la cara más extrema y firme de los catalanes.

Me resulta casi inevitable pensar en los Sodom de Tom Angelripper siempre que alcanzo una “Exterminator” donde, de nuevo, la labor de Ghorth & Wild me resulta del todo encomiable. Situada en un lugar indeterminado entre la primera ola del thrash y el proto black más incipiente, con unos riffs que lo mismo recuerdan a Kreator que a Motörhead y una serie de solos de lo más llamativo, termina por resultar junto con “The Nine Circles Of Hell” el tema con más gancho de todo el largo.

Night Of The Devil” traerá consigo un pulso más heavy. Pero es un heavy, claro, nada edulcorado. Sucio y rasposo. Aura Noir, primeros Celtic Frost, Venom, MidnightJoe Bastard percute con cadencia casi marcial mientras el corte se desarrolla en base a un riff pétreo, casi anquilosado, al que adorna una faceta melódica de cariz lisérgico y alucinado. Igualmente alucinado, casi caótico el solo que precede al epílogo, y que bien podría haber firmado un ilustre en estas lides como el añorado Jeff Hanneman.

Death To Human Race” recupera aquellas pulsiones más punkeras y proto-thrash de “Exterminator” para otra andanada sin grandes complicaciones ni tampoco mayores dobleces. Un canto a la desaparición de la raza humana destilado en infatigables dobles bombos y quizá la Lilith Necrobitch más descarnada de todo el tracklist. Aprecio cómo la mezcla sitúa el solo en un canal permitiendo que por otro la base rítmica cabalgue a placer. Un solo que ocupará ambos canales más adelante con pequeños detalles de producción que contribuyen a mejorar el envoltorio final de un corte tan escueto como redondo.

Ritual Suicide” acusa ya cierta repetición de patrones e ideas, lo que no quita para que la banda parezca echar el resto en lo que a ejecución se refiere. Extrema y decidida, sienta sus reales sobre una línea de batería si bien no original, sí ágil y diversa. Pero ya sea por lo escaso de su desarrollo, muy poco más de tres minutos, o por cierta reiteración en cuanto a construcción, lo cierto es que sobrevuela la idea de que otros cortes dentro de este “Built To Kill” rallan a mayor altura.

Sea como fuere, la final “Count Estruch” complementa al sexto de los catalanes albergando muchas de las buenas ideas que han ido yendo y viniendo a lo largo y ancho de los nueve cortes previos. Se yergue, eso sí, sobre una de las baterías más rápidas y violentas de todo el álbum, descerrajando blast beats y doble bombo como si los regalasen. Apenas toma aire en un llamativo puente que traerá la cara más atmosférica del quinteto. Pero es una atmósfera sin adornos. Nada de sintes ni trucos de salón. Solo guitarras, bajo y batería. Y sin embargo, qué diferente suena al resto del disco. Fantástico cierre.

Y es que desde que desaparece aquél pequeño guiño marítimo de su prólogo, el disco jamás se deshace del carácter orgánico de lo real. Todo resuena sincero y fiel a unas influencias que la banda y sus seguidores conocen bien. Thrash, algo de black, gotas de speed, pequeñas andanadas rockeras y los devaneos justos por otros territorios para que la escucha de estos apenas cuarenta minutos de metal agresivo y punzante jamás resulte aburrida. Cierto es que aquí y allá hay trazos o ideas con las que me cuesta más conectar. Pero en cualquier caso un álbum del que estar más que orgulloso y satisfecho. Los catalanes lo han vuelto a hacer. Ojalá tenerles por estas tierras más pronto que tarde.

Texto: David Naves

Entrevista: Mike Stamper

HMB: Mike Stamper, alter ego del multiinstrumentista asturiano Aitor G. editaba el 19 de enero “Emerge From Error” el tercer episodio de la saga del error que iniciara el año 2016 con “Ended By Error” y continuara al año siguiente con “Extended By Error”. Algo más de 5 años después ve la luz este nuevo episodio por lo que la pregunta parece obligada. ¿Es solamente un dato anecdótico o es el resultado de los plazos establecidos?

Mike: Lo primero: Hola a todos, y agradeceros a vosotros a título personal por hacerme este huequecito en vuestra siempre acogedora casa.

Os detallo sobre esto. Aquellos dos primeros discos se compusieron prácticamente en paralelo durante algunos años (empezando en 2012, más o menos), con lo que se cerraba un ciclo compositivo con ellos dos. Al cerrarse dicho ciclo, se me abría un nuevo horizonte partiendo desde cero, y es por ello que han pasado algunos años de más respecto a ese “Extended By Error” que se cerró en noviembre del 2017. Tiendo además a no forzar el proceso creativo en exceso, dejando que las ideas y las melodías fluyan cuando deben hacerlo y que la inspiración encuentre su hueco naturalmente. Aproveché asimismo este cambio de periodo para adaptar mi forma de enfocar el sonido e introducir nuevos medios y técnicas de grabación, lo que supuso un salto cualitativo en la producción desde esos dos discos hasta el actual.

Soy consciente de que habrían pasado menos años de no ser por la pandemia mundial, que supuso, aparte de lo evidente, un periodo de cierta inestabilidad en varios focos. Sin embargo, siempre estuvo claro el foco conceptual de este tercer trabajo, que venía por darle un cierre digno a esa «saga del Error» otorgándole redención al protagonista.

Es por ello que intento afrontar los plazos con total naturalidad, si bien tengo esa tendencia de componer en paralelo siempre, e intentar equilibrar los repartos de los temas entre los trabajos que paralelamente esté cocinando. Y cuando suelto el primero de esa pareja de trabajos, analizo qué ha funcionado mejor y qué no para rematar esos detalles en el siguiente. Pasó con los dos primeros, y sé que pasará con “el mellizo” de Emerge From Error, que tengo planificado para más adelante. En esta ocasión en particular, decidí otorgar a Emerge From Error una duración superior a la de anteriores trabajos con dos propósitos: compensar no haber podido sacar este trabajo antes y, a la vez, dejar más hueco para incluir en ese cuarto trabajo futuribles ideas que puedan surgir en este periodo que ahora se abre.

HMB: Siendo lo que se denomina una “one man band” es implícito el titánico trabajo que hay detrás de cada disco. Composición, grabación, diseño gráfico, edición de vídeo, quehaceres personales y laborales, tu banda actual Unexpectance o aportar las pistas de bajo al disco debut de Argion por poner un ejemplo. ¿Qué es lo más difícil a la hora de afrontar la creación de un nuevo disco?

Mike: Es un proceso gigantesco en el que te puedes llegar a sentir muy solo, y de hecho, en mi caso, lo estuve, 😊. Puede incluso desbordarte si no lo afrontas estructurándolo de forma escalonada y con las percepciones adecuadas. Y digo lo de las percepciones porque hay que vencer una serie de sesgos que suelen darse cuando afrontas estos procesos: bien un tremendo síndrome del impostor que puede autoinvalidarte totalmente y hacerte pensar que tus ideas no valen nada, o bien todo lo contrario, haciéndote creer que ese riff que tienes entre manos es el mejor riff del universo. Hay que intentar verse desde fuera, abrazar la objetividad y encontrar un equilibrio, reconociendo humildemente lo que te limita y bloquea cuanto antes, pues puede ser un muro en alguna fase del proceso. Y una vez desarrollas la costumbre de afrontar esta especie de duelo, es mucho más llevadero de lo que puede parecer.

Si bien, hay fases que son especialmente tediosas y poco atractivas, especialmente la de marketing y promoción, que, además, en estos tiempos, es terriblemente ingrata en cuanto al potencial alcance y visibilidad que puedes tener como artista underground y con un nicho musical tan específico. Tiene una parte muy buena, que es la gente a la que descubres o que te descubre gracias a ello.

La elaboración de materiales gráficos, sean imágenes o vídeos, me es realmente grata, y suelo ponerle mucho foco cuando ya tengo casi cerrada la parte estrictamente musical. Me parece muy importante este punto hoy día, y es parte del marketing anteriormente mencionado, porque actualmente define en gran parte la percepción que puede tenerse de un artista desde fuera. Si bien, debe siempre ir acorde y coherente con la música que hay detrás. Vemos a menudo desproporciones en este aspecto dejando la peor parte para la música, y eso es algo que en mi opinión no debería suceder jamás. Si en un proyecto musical se está más pendiente de selfies o de hacer constantes brindis al sol que de intentar hacer buena música, es que algo está yendo terriblemente mal. Todo debe estar al servicio de la música y nunca al revés.

La creación musical en sí es de largo lo mejor y lo más satisfactorio del proceso. Tanto composición como grabación. Muy costosa en cuanto a tiempo, que te requiere muchísimo, pero es un tiempo que agradeces dedicar y en el que te mueve la ilusión de alcanzar algún día el resultado final. Cuando llegas finalmente a ese punto experimentas una gran satisfacción de haber conseguido llevar las ideas al punto que querías. Además, desde que ves nacer una idea hasta que se ve plasmada en un tema, pueden llegar a pasar muchos años, y eso implica una evolución. Una idea puede ser una simple melodía que se te ocurrió en el momento menos oportuno, mientras hacías la compra, mientras trabajabas… y puede quedarse almacenada en un audio cantado en tu móvil hasta que un día lo desempolvas para desarrollarla. Hay ideas que recuerdas sin necesidad de almacenarlas, y te mueve el ansia de crear algo con ellas.

Por poneros un ejemplo de este tipo de ideas, hay un par de temas de Emerge From Error cuyas melodías llevaban rondándome la cabeza unos años. Surgieron en 2015/16, y supe en el instante que eran ideas que podrían destacar frente al resto. Hubo intentos de desarrollo que no terminaron de convencerme, y esa dificultad hizo que apuntasen más hacia el cuarto disco que hacia este tercero. Sin embargo, este año, en un momento bastante casual, conseguí resolver ambos puzles e incorporarlas a “Emerge From Error”. Son “Winterpark” y “Song Of Empowerment”. Así funcionan las cosas con la creatividad, y por ello digo de no forzarla en exceso. Me habría arrepentido de no haberlas metido en el disco, porque son quizá dos de los temas más importantes que compuse en mi vida.

HMB: Recordemos al lector que la trilogía de error son discos conceptuales instrumentales sobre los errores, las consecuencias, su confrontación y finalmente redención. Ante la ausencia de letras que nos sirvan de hilo conductor, ¿de qué recursos te sirves para tener al oyente enganchado al disco?

Mike: Aun siendo plenamente consciente de la dificultad de moldear una historia desde lo puramente musical ante esa ausencia de letras, hay una pretensión de que la música vaya íntimamente relacionada con la evolución conceptual del disco. En este último trabajo, “Emerge From Error”, la progresión de las emociones por las que pasa el protagonista tiene una traducción musical que se aprecia principalmente en que existe una dureza y cierta maldad en los primeros temas que va progresivamente deshaciéndose a medida que el disco avanza, en pro de abrazar cada vez más el lado melódico y esperanzador de su cierre. La música y los arreglos contribuyen importantemente a promover este entendimiento. Por su lado, los títulos de las canciones también tienen cierto juego sutil con aquello a lo que el tema pretende enfocar conceptualmente, manteniendo además ciertas analogías con terminología que proviene del mundo informático.

Sin embargo, todos sabemos que independientemente de la historia o mensaje que un álbum quiera transmitir, el oyente tiende a llevar los temas a su terreno y aplicarlos a sus circunstancias personales. Al menos, practiqué ese ejercicio toda mi vida con mis álbumes favoritos, porque, al final, las canciones nos evocan emociones y apelan a sensaciones muy específicas o recuerdos que alguna vez vivimos. Mis álbumes están enfocados también a eso, a que cada cual encuentre su interpretación personal más allá de la “línea argumental oficial”.

En respuesta también a esos recursos para mantener al oyente enganchado, podría decir que, en general, los temas pretenden mantener cierta variedad estructural desde lo musical para fomentar que la experiencia de escuchar el disco sea grata y nunca aburrida, y que al mismo tiempo se perciban como coherentes entre sí e hijos del mismo padre. Esa variedad surge de forma natural y no condiciona la composición por intentar buscarla, con lo que el orden en que se presentan los temas en el disco termina siendo el factor decisivo para garantizar esa escucha progresiva que puede engancharte. Le doy mucha vuelta al orden de las canciones con este fin, porque puede marcar muchísimo la diferencia entre un disco que te aburre o uno que te atrapa.

HMB: “Dominion Of Error” y “Winterpark” fueron los singles de adelanto. ¿Qué querías transmitir de cada uno como presentación del disco?

La intención fue la de mostrar dos de las diferentes caras que podía ofrecer este álbum. Fue una elección difícil, pues todos los temas tienen un significado detrás de interés, y a su vez, muchos podrían haber sido candidatos para single. Estos dos mantenían dos facetas interesantes, que a su vez van consecutivas en el álbum final, motivo por el que me resultó interesante elegirlos y presentarlos en dicho orden.

Dominion Of Error” refleja un aura maléfica, la que conlleva bajar allá donde el Error se extiende y confrontar sus causas en su propio terreno, donde su poderoso influjo puede volver a volcar al protagonista con más fuerza. Pero nuestro protagonista está convencido de que debe someterle de una vez por todas, y nada le parará los pies.

Winterpark” representa el recuerdo del hogar, entendiendo este como el lugar donde el protagonista tiene su corazón, donde puede volver a ser él mismo, y que le otorga esa fuerza que le mueve a seguir luchando. Todo héroe debe volver a casa cuando vence a su mal particular, con la satisfacción del éxito en su gesta y con el consecuente aprendizaje que ello conlleva. Que se titule así no es casualidad, pues hace referencia a uno de los lugares más significativos para mí, que es el Parque de Invierno de Oviedo.

HMB: Devin Townsend afirma que necesita vivir una experiencia para poder componer música sobre ella. ¿Existe alguna similitud con tu forma de crear música? ¿Has sufrido en tus propias carnes los errores en los que basas tu obra o de donde tomaste la inspiración para crearla?

Mike: Tengo que darle la razón al bueno de Devin, al que coincide que admiro profundamente como artista. El hilo conductor conceptual sobre el Error y que materializó estos discos tiene su base en una serie de sucesos que viví. Asimismo, esas historias sirvieron de inspiración para componer la gran mayoría de mi música desde que mi proyecto se volvió instrumental en estos tres álbumes. Tuve que aferrarme momentáneamente a viejas emociones para poder llevar adelante lo que pretendía expresar con algunos temas. Lo viví asimismo como un ejercicio de autoterapia con el que intentar comprenderlas mejor, y con ello lograr entenderme mejor a mí mismo y desarrollar cierta autocompasión, por lo que fue doblemente enriquecedor. Podría decirse que evolucioné junto con estos temas. ¿Por qué no hacer unos discos sobre el proceso completo de los errores mientras tú mismo te vas entendiendo y redimiendo?

HMB: Han pasado 14 años de la ópera prima como Mike Stamper, tiempo en el que además has formado parte de distintas bandas de diversos estilos musicales como Unexpectance, Gajes Del Oficio, Black Devil, Preventive Suicide, No Sense Within… Con el amplio espectro de sonidos que ofrece “Emerge From Error”. ¿Cuánto de esas bandas está presente en el disco?

Mike: Diría que muchísimo. Son bandas totalmente diferentes entre sí y, gracias a esa diversidad, cada cual me aportó un aprendizaje musical con un foco específico en diferentes formas de hacer y de ver la música. Todas ellas, entremezcladas, dieron lugar a este disco (y, de igual manera, a los anteriores). Lo aprendido con esas bandas trazó el camino que me trajo hasta este punto. Y en cierto modo, el trabajo aquí desarrollado también se reflejará en esas y otras bandas (ahora mismo, en Unexpectance y en otros proyectos venideros).

HMB: Has publicado este trabajo bajo tu propio sello discográfico Stampcore Records y grabado de nuevo en tu propio estudio. Una gran carta de presentación para editar material fuera de la marca Mike Stamper. ¿Has realizado ya o tenido alguna oferta para editar material de otros músicos o bandas?

Mike: Mi idea de retomar mi sello no solo es la de publicar mis propios trabajos de forma independiente de ahora en adelante, sino también la de otorgar apoyo a proyectos amigos en todos los aspectos en los que buenamente pueda hacerlo (promoción, diseños de cartelería, producción… etc). En el pasado, realicé trabajos de producción para varias bandas asturianas entre 2009 y 2014, como por ejemplo, la ya extinta Between The Lines, a quienes produje su primer EP, o Archaeopteryx Ultraavantgarda, a quienes también produje su primer LP y apoyé posteriormente para unas fechas en directo como bajista. Por aquel entonces, tuve que cesar esos servicios por falta de tiempo, pero mi idea es retomarlo a una escala más llevadera. Ya he iniciado algunas conversaciones para proporcionar apoyo a algunos artistas underground cercanos de proyectos bastante similares al mío.

HMB: ¿Te planteas realizar una presentación en directo de “Emerge From Error” o actualmente no lo ves viable?

Mike: No os voy a negar que me encantaría poder llevarlo a cabo algún día. Esta pregunta es recurrente con estos discos y siempre vengo a decir lo mismo. Me encantaría, pero no lo veo viable como tal porque sé que tendría una buena cantidad de dificultades logísticas que procedo a detallaros. Por un lado, utilizo guitarras en muy diferentes afinaciones para los temas, que bien es cierto que esto es simplificable a día de hoy llevando un único instrumento por músico y una pieza de hardware que transponga la afinación para cada tema (algo que, por ejemplo, hacemos Unexpectance en nuestros directos). Asimismo, habría que tirar de bastante apoyo de samples de refuerzo para no terminar montando una banda con cuatro guitarristas, al haber tantas melodías de guitarra simultáneas y complementarias (que esto también podría simplificarse). Si bien, tampoco tendría claro del todo con quién constituir la banda principal. Además, con las diferentes colaboraciones, habría que sincronizar muchas agendas, y eso si quieres ir muy por el libro.

En definitiva, un maravilloso lío. Pero sí, desde luego que fantaseo con poder llevarlo al directo alguna vez, e incluso tengo claro qué temas funcionarían mejor o serían más “llevables”. Ojalá fuera sencillo, de verdad. Sin embargo, realizar adaptaciones de mis temas para otros proyectos y con su particular punto de vista y contexto, es algo que, ya se hizo (si escucháis “Guerra Interior” de Unexpectance e “Innerwar (Out Of Bounds)” de mi álbum “Extended By Error” entenderéis a qué me refiero) y se seguirá haciendo, con lo que ese es mi consuelo.

HMB: ¿Y una edición física del álbum o la saga?

Mike: Existe edición física en CD de los dos discos anteriores. Se realizó una tirada muy limitada de la que quedan muy poquitos ejemplares. Con “Emerge From Error” será similar, y avisaré cuando estén disponibles. Siempre me gusta hacerla para aquella gente que quiera coleccionarlos o que aún usa el formato CD, que, aunque esté en decadencia por cómo funcionan las dinámicas digitales, considero que es muy importante que no desaparezca. Es la materialización tangible que demuestra que una obra musical existe.

HMB: Sería un lujazo ver esas colaboraciones en vivo. De nuevo has tirado de amigos y gente cercana como Cristian Iglesias, Dmitry Stalingrado, Nathan Cifuentes y Andrés García que repiten, lo que suponemos que hacen las cosas más fáciles. En Heavy Metal Brigade siempre nos gusta presumir del talento que alberga esta tierra nuestra y esta es una buena muestra. ¿Cómo definirías en una frase a cada uno en las colaboraciones?

Mike: Soy consciente también de que hay mucho talento en nuestra región con el que me encantaría poder contar, y con quienes me gustaría hablar para próximos trabajos. Suelo proponer colaboración a guitarristas que ya de antemano admiro, y poco a poco voy abriendo este abanico a nuevas colaboraciones.

Respecto a los colaboradores actuales, de Cristian diría que tiene un grandísimo gusto y finísima expresividad con todos los matices que tienen sus siempre melódicos solos. Estuvo muy cercano al proyecto estos años y fue conociendo y opinando sobre versiones primitivas de varios de los temas, y tuve siempre muchas ganas de que pudiera participar.

Nathan me parece ultra técnico, y con una soltura e influencias exquisitas. Se toma cada colaboración como un reto personal para probar sus maravillosas habilidades, y nunca decepciona, abordándolo con gran profesionalidad. Siempre se adapta increíblemente a los temas que le propongo y es muy gustoso trabajar con él.

Dmitry lleva varios años impresionándome por su gran velocidad y desenvoltura en diferentes contextos. Sus trabajos en Soldier y en Sound Of Silence ya me parecían increíbles y, como colofón, tuve placer de compartir escenario con él en Kirlo. Diría de él que es super veloz y frenético.

Andrés es ya un viejo amigo musical y siempre consideré que su trabajo era increíble. Al poco de conocernos intentamos formar una banda juntos con unos temas que él compuso para la que no llegamos a completar formación, y siempre lamenté no haberlo conseguido. Mi consuelo de querer trabajar junto a él se materializa en sus magníficas colaboraciones. Está presente en mis tres discos y me encantaría seguir poder contando con él en los siguientes. Diré de él que sabe darle a los temas el remate perfecto con sus épicas melodías así como con su impoluta ejecución.

HMB: Tal y como comenta David Naves en el análisis que ha realizado del disco, este alberga una variedad sonora de los más variopinta, recordando en varios pasajes a bandas como Cynic, TesseracT, Meshuggah, Vildhjarta, Leprous o los andorranos Persefone. ¿Qué escuchas actualmente y qué banda recomendarías a los que han disfrutado con “Emerge From Error”?

Mike: Últimamente, el tiempo que tuve para descubrir nueva música lo enfoqué en artistas generalmente instrumentales, tanto de rock como de metal, con influencias muy variadas. Artistas como Haunted Shores, Mendel, Shades Of Black, Polyphia, Ola Englund, Nick Johnston, Plini, Unprocessed, Andy James, Keith Merrow… por citar unos cuantos, pero hay muchos más. Fuera de ese ámbito, terrenos más progresivos con Meshuggah, TesseracT, Periphery, Devin Townsend Project, Ihsahn… Tambien tengo la cabeza también metida en bandas deathcore o groove como Jinjer, Whitechapel, Thy Art Is Murder, Shadow Of Intent o Lorna Shore, por poner más ejemplos. Ando escuchando música diversa de manera un tanto desordenada para intentar pillar influencias que me gusten desde varios frentes. De todo ese mejunje, algo de eso se queda bailando por el subconsciente al ponerme a componer. Muy recomendables todas ellas en su estilo.

HMB: Tenemos por costumbre que la despedida corra a cargo del protagonista de la entrevista. Por nuestra parte agradecerte enormemente la confianza puesta en Heavy Metal Brigade para la difusión de tu trabajo y esfuerzo, además de felicitarte por un fantástico disco. Las últimas palabras corren a tu cargo.

Mike: Me queda daros las gracias de nuevo por vuestro tiempo y por vuestro constante apoyo a proyectos como el mío, y, desde aquí, invitar a todos aquellos amantes de la música instrumental y del metal a que le den una oportunidad a “Emerge From Error”. Fue construido con mucho mimo y pensado para ofrecer épicos y muy intensos momentos musicales. Prometo que no os defraudará ni os aburrirá, 😊

Reseña: Sylvania «Purgatorium» (Art Gates Records 2023)

Pues ya tenemos de vuelta a los chicos de Sylvania. La banda, que pasara por nuestros escenarios el pasado mes de septiembre dentro del marco del Karma Fest, regresa ahora con un cuarto álbum de nombre “Purgatorium” y en el que encontramos a Álvaro Chillarón bajo, Sergio Pinar en baterías, Sergio Garay y Alberto Montoya en guitarras y Alberto Sÿmon en voces, amén de las colaboraciones del Saratoga Tete Novoa y el Opera Magna Nacho Sánchez Soler.

A excepción hecha de las baterías, que vendrían al mundo en los Novo Estudios, serían los Fireworks Estudios quienes registrarían el resto de elementos bajo supervisión y posterior mezcla de Fernando Asensi (Lethargus, Zarpa, Dragonfly…). El material resultante sería masterizado finalmente por el propio Alberto Montoya y adornado por el arte de JM Design (Amadeüs, Dünedain, Daeria…). En la calle desde el pasado veintidós de diciembre vía Art Gates Records.

Pocas sorpresas con la introducción “Entre La Vida y La Muerte” y el tono casi cinemático en el que se desarrolla, con ecos que oscilan entre Danny Elfman y James Newton Howard. Que en cualquier caso me gusta por el crescendo que plantea pero sobre todo por la forma en que se introduce en una “Purgatorium” que terminara por dar nombre al disco. Corte de power metal clásico, casi señorial, con unas más que dignas guitarras dobladas durante el prólogo. Acierta la producción a la hora de mantener el equilibrio entre la cara propiamente metálica de la banda valenciana y todo el aparataje sinfónico con el que lo acompañan. El ex Nocturnia Alberto Sÿmon traza aquí un estribillo que me recuerda, y no poco, a la buena gente de Argion. Sencilla, directa, con gancho y, da la impresión de muy pensada con el directo en mente.

El Río De Los Lamentos” baja las revoluciones para apoyarse ahora en un riff a ratos cabalgante al que acompañan ahora unos arreglos que adquieren un mayor protagonismo con respecto al corte precedente. Colabora aquí Nacho Sánchez Soler al teclado pero si por algo sorprende esta tercera entrega es por el doble juego vocal que plantea durante estrofas. No es nueva esa dualidad en cuanto a voces pero tampoco puedo decir que me parezca mal resuelta. Sylvania ofrecen aquí un tono más oscuro. Sin excesos, siempre dentro de las barreras del género, pero que termina por contribuir a dotar de una mayor versatilidad a este cuarto trabajo. Mayor brío el que entregan durante la extensa ración solista, que termina eso sí de manera un tanto naíf. En cualquier caso bien está esa calma antes del llamativo groove que anticipa al estupendo epílogo. Pequeños detalles al margen, uno de los cortes que más ha ido ganando con el correr de las escuchas.

Mucho es el gancho que posee la no obstante tímida línea de piano que introduce “Tu Calor Será Mi Voz”. Mejor aún el riff que conduce hacia las estrofas y ese trazo ambivalente en el que se desarrollan. El estribillo hace mucho por encontrar un gancho que unifique a banda y público en los directos. Por ahí surge una cierta autoconsciencia con la que conecto solo a ratos. También un bajo, el de Álvaro Chillarón, que dará vistoso apoyo durante las partes más desnudas. Muy Helloween la ración de solos que despachan aquí y juguetona la manera en que la banda transita hasta el epílogo. No caben sorpresas esta vez. Sÿmon parece de hecho más que cómodo en estos tonos medios y el corte, sin alardes gramáticos de ningún tipo, termina por funcionar.

Corría el mes de mayo del año pasado cuando la banda anticipó este nuevo álbum con el single “Aunque Mi Alma Se Desgarre”. Composición riquísima en cuanto a arreglos, trazada a un tiempo con gusto clásico y al otro con la suficiente inteligencia y agilidad para que su escucha enganche al oyente a la primera. Al menos si este es de los que disfrutan del metal más amable y melódico. Valga la redundancia. Su línea de voz, en particular durante las partes más desnudas de las estrofas, trae a mi mente a los Mägo De Oz más “populistas”, mientras que después hay ideas que me recuerdan a Freedom Call, Edguy, Axxis… Sin parecerme el corte más redondo de los diez, sí que posee una de las secciones solistas más llamativas y vibrantes de todo “Purgatorium”.

El disco encuentra ahora una nueva instrumental. En este caso una muy apaciguada “Canto De Luna” donde las guitarras acústicas toman el mando sobre un tímido colchón ornamental. Discreta por duración, aún más por trazo, donde apenas se divisa un pequeño up tempo sinfónico en su recta final, y que introduce una “Hechizo De Invierno” cuyo arranque siempre me transporta a los Avalanch de “El Ángel Caído” o “Llanto De Un Héroe”. En lo que atañe a las estrofas, diría que son estos los Sylvania más guerreros de todo el disco, trayendo de vuelta incluso aquél contrapunto vocal que ya planteaba “El Río De Los Lamentos”. Sorprende por ahí ese estribillo en tonos mucho más amables y cercanos al tono general de este cuarto disco, componiendo así un corte un tanto bipolar, que no fallido.

Mar De Agosto” es una balada de tranquilo inicio al piano donde Sÿmon, claro, ofrecerá la cara más amable de su registro. Pocas sorpresas en cuanto a trazo con ese muy clásico crescendo que conduce hasta el elegante solo de guitarra. No puede decirse que se hayan liado la manta a la cabeza, baladas así hemos escuchado ya unas cuantas, pero los valencianos al menos parecen haberse preocupado de arreglarla en condiciones. Posee además buenas ejecuciones y a un Sÿmon que ofrecerá su mejor cara en el más elevado tramo final. Lo dicho, de las de toda la vida.

El Juicio De Las Almas”, primero del par de cortes con Tete Novoa a bordo, recupera a aquellos Sylvania más oscuros de “El Río De Los Lamentos”, contrapuestos una vez más a un estribillo, con la actual voz de Saratoga tan torrencial como acostumbra. Luminoso y radiante. Sin que su trazo me resulte en exceso brillante, sí que resulta atravesada por algunos de mis riffs favoritos de todo el álbum. También por una a ratos vibrante sección solista. Desde luego parece haber muy buena química entre ambos músicos. También entre ambos vocalistas, si bien no me parece esta la letra más redonda del álbum. Opinión esta profundamente subjetiva, claro.

Hacia La Eternidad” cierra “Purgatorium” yéndose hasta los doce minutos. Y lo hace planteando de inicio un power metal a la alemana, deudor directo de los Gamma Ray más vivarachos. Ahí se produce un descenso hacia una calma que acogerá a las primeras estrofas. Vistosos arreglos de viento aquí y otra buena línea de bajo de Chillarón. Tete Novoa regresa para enfrascarse en un duelo con Sÿmon y, en cierta manera, recuerdo “Las Ruinas Del Edén” de Avalanch, si bien es más una sensación que un parecido empíricamente demostrable. El puente central, que desciende a una calma sinfónica, de nuevo casi cinemática, puede recordar al power metal de principios de este siglo. Y es que mientras que tras él surgen los Sylvania más amables, me agrada lo diverso del trazo en este tercio final aunque quizá no tanto los riffs en que se apoyan. Pero la producción acierta de nuevo a amalgamar las distintas líneas en un perfecto equilibrio entre lo que es heavy / power metal y lo que no deja de ser puro ornamento. Dejes folkies anticiparán uno de los epílogos mejor resueltos del álbum. La banda nunca ha sido ajena a los cortes largos pero este desde luego puede ser el más redondo que hayan trazado nunca. Gran cierre.

Notable trabajo el de los valencianos. Por lo sólido de muchos temas y lo diverso de otros. Al final el disco parece conversar consigo mismo en lugar de agarrarse a una única carta ganadora. Por ahí surgen composiciones con gancho, la propia “Purgatorium”, junto a cortes más extensos e igualmente eficaces como “El Río De Los Lamentos” o en especial la final “Hacia La Eternidad”. Y puede que la aportación de Nacho Sánchez en la primera peque de discreta. Todo lo contrario puede decirse no obstante de Tete Novoa en la segunda. Al final un álbum que, si bien no me resulta del todo perfecto, ha ido ganando lo suyo con el paso de los días y las escuchas. Ya me contaréis si también ha sido vuestro caso.

Texto: David Naves

Crónica: Blaze Bayley + Absolva (Gijón 26/1/2024)

Nueva venida del ex Iron Maiden Blaze Bayley a Asturias, concretamente a la gijonesa sala Acapulco, enfrascado esta vez en una gira aniversario en recuerdo de sus años al abrigo de la Doncella. Venía el de Birmingham acompañado de los heavies de Manchester Absolva, quienes a su vez presentaban su álbum de dos mil veintidós “Fire In The Sky”. Con un formidable número de entradas vendidas, anunciaba el veterano vocalista en la víspera del evento que firmaría entradas antes del comienzo del show. Grande el detalle y mayores las colas que se formaron junto a la mesa en la que se apostaba el músico con hercúlea paciencia. Mucha camiseta de Maiden en definitiva, alguna que otra bandera incluso, y el equipo de Heavy Metal Brigade bien apostado en primera fila cara a traeros una crónica a la altura de las circunstancias.

Atruena el “Hells Bells” a modo de anticipo de la descarga de unos Absolva que pronto arremeten con el tema título de su último álbum. Y más pronto que tarde se hace patente que son una de esas bandas que nos devuelven la fiebre de lo real que diría el crítico de cine Luis Martínez. Porque introducción al margen, aquí no ha lugar a pistas pregrabadas ni automatismos artificiales de ninguna clase. Solo puro y añejo y bien destilado heavy metal, con una banda entregada aunque con el freno echado, lo que es normal. Y es que, apunte para despistados, tendrían que volver a salir a escena tras su descarga pues son también la banda de apoyo del cabeza de cartel.

Aún así enlazan temas, casi sin tiempo que perder, disfrutando de buen sonido (al menos en las primeras filas donde nos encontrábamos nosotros) y planteando un cuidado repaso a toda su discografía, quedó claro ya desde el comienzo que poseen un nivel técnico nada desdeñable. Seguros pese a las florituras solistas que despliegan en el guiño a su primer álbum “Never A Good Day To Die” o sólidos mientras la intensidad sube en “Fistful Of Hate”. Tal y como dijo el propio Chris Appleton: “We Are Absolva And Play Heavy Metal”, que al fin y al cabo era de lo que se trataba. Ni que decir tiene que al público parece que le agradó su propuesta.

Chris Appleton, a quien acompañan en coros su hermano y también guitarrista Luke Y el bajista Karl Schramm, quiso dedicar a la audiencia “Side By Side” y la comunión pareció ser total. Absolva destaparían el tarro de las esencias, que diría un clásico, en un final de show ciertamente fulgurante. Ni siquiera faltó un “Scream For Me Gijón” que de pronto nos retrotrajo a más de uno a aquél show de la doncella en esta misma ciudad allá por el año dos mil tres. Se dice pronto. Los disfrutamos, ya lo creo que sí. Si iban con el freno echado, que sería obvio dadas las circunstancias, tampoco podemos decir que se notara en exceso.

Apenas veinte minutos para que los chicos de Absolva cogieran algo de aire y ya estaban de nuevo sobre las tablas con Bayley al frente. Quién sabe si quizá por ello, quiso el de Birmingham empezar el set enfrentándose, es un decir, al público cara a buscar la complicidad de este. Ni que decir tiene que la gente entendió la gracia y supo conectar con el patilludo vocalista, un tipo que al igual que cierto asturiano que pisara este mismo escenario semanas atrás, ha sabido sobreponerse a años de duras críticas y dardos envenenados a base de esfuerzo y trabajo.

Blaze Bayley, quien hubo de someterse a una operación de cuádruple bypass el mes de abril del pasado año, pareció mostrarse plenamente recuperado ya desde la inicial “Lord Of The Flies”, aupado por una audiencia que correspondía con gritos y vítores a cada gesto del británico. Y aunque en lo personal he de decir que no soy el mayor fan de su etapa en Iron Maiden, ni siquiera de la propia banda en general, en honor a la verdad he de reconocer que disfruté de algo como “Sign Of The Cross”, tema que empasta con el peculiar registro de Blaze como pocos de cuantos grabara al abrigo de Harris y compañía.

No faltaron los agradecimientos del frontman, que nos meterían de lleno en una “Judgement Of Heaven” recibida con una cierta división de opiniones, todo hay que decirlo, al contrario de una “Virus” que Bayley introduce proclamando aquello de “We Are Brothers And Sisters In Music”. Desde luego que sí. Risueño, feliz incluso, con su tan amplia como habitual galería de gestos y expresiones, quiso el vocalista dar un paseo por su última (y bastante meritoria) obra de estudio. Un repaso que comienza con una muy apropiada aunque algo recurrente “Warrior”. Y mientras que “War Within Me” pone de relieve que el inglés aún guarda ases en la manga en lo que a composición se refiere, es Chris Appleton quien sobresale con una epatante ración solista en “Pull Yourself Up”. Un corte que recoge como pocos la peculiar idiosincrasia del ex Maiden.

Si mérito tienen los Appleton, tanto o más el bueno de Martin McNee tras baterías. Aguantar ambos shows con la seguridad y la pegada con la que lo hizo es algo que ninguna crónica del evento debería obviar. Pero así las cosas y tras el recuerdo a “War Within Me”, tocaba retomar a la doncella, algo que se produce a través de “When Two Worlds Collide” y su inequívoco patrón bombo caja durante el solo y al que, sin ir más lejos, tanto deben bandas como Battle Beast y similares. No cejó el frontman en buscar el apoyo de la gente en una “Lightning Strikes Twice” en la que se le pudo ver más risueño que nunca.

Aunque si hubo un tema que de verdad cayó de pie el viernes ese fue, claro, “The Clansman”. Aquí y como reza el tópico, la comunión entre banda y público fue total, con los Appleton dando amplia muestra de la mucha clase que atesoran. Blaze parece haber encontrado la horma de su zapato en estos chicos. La comunión entre ellos, el buen rollo que desprenden y la seguridad con la que afrontan el set convence incluso a fans no tan proclives como el aquí firmante.

En “Como Estáis Amigos”, compuesta a pachas entre Blaze y su entonces compañero en Iron Maiden Janick Gers con la guerra de las Malvinas como trasfondo, el brummie recuerda el caluroso recibimiento que el tema tuvo en su primera visita a tierras argentinas con la Doncella, ejemplificando aquello tantas veces dicho de que el pueblo está por encima de los gobernantes. Tampoco se olvidó el británico de reconocerles a Absolva el esfuerzo que suponía el doblete no ya de esta noche sino de todo el tour. Que de hecho y para “Man On The Edge” aún les quedaran fuerzas para echarse sendas carreras a lo largo del escenario ejemplifica el buen momento en que se encuentran. Que cierto es la Acapulco no sea el Madison Square Garden pero su poco de juego sí que da. El cierre, anticipado por cualquiera de los presentes, correspondió a la siempre disfrutona “Futureal”, broche final y también punto álgido de una agradabilísima velada de auténtico metal a la vieja usanza.

Queda por mi parte escuchar su próximo álbum de estudio, un “Circle Of Stone” que debería ver la luz allá por finales de febrero, y asistir a un show más centrado en su propia discografía y no tanto en el par de álbumes que grabara junto a Steve Harris y los suyos. Habituales de mis crónicas sabrán que no me gusta personalizar en ellas. Que prefiero ceñirme a las cosas que ocurren y no tanto a mis propios gustos personales. Que por supuesto no dejan de ser precisamente eso, personales. Lo digo porque quiero poner énfasis en el hecho de que, aun siendo el suyo con Maiden un periplo que me es un tanto ajeno, disfruté en buena medida la pasada noche de viernes. Algo que viene a hablar para bien de lo vivido. Vaya por tanto el agradecimiento a la organización del evento por hacerlo posible, un abrazo a los habituales de siempre, no faltáis nunca y es de agradecer, y el deseo firme de que sigan los llenazos en la Acapulco (y en Gong, Lata, Tizón, Factoría…). Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Zålomon Grass «Space Opera» (RockCD Records 2023)

En colaboración con Hendrik Röver (guitarra clásica europea, Fender Rhodes y percusión), David Rodd (bajo eléctrico Fender, sintetizador y coros), Mauro Comesaña (batería, percusión y coros) y G. Mckenzie (voz principal, coros, guitarras eléctricas, guitarra de doce cuerdas y guitarra acústica) están detrás de “Space Opera”, el primer largo de la agrupación psicodélica gallega Zålomon Grass. Un compendio de ocho temas grabados en los Guitartown Recording Studios de Muriedas (Cantabria) por el propio Röver y posteriormente mezclados y masterizados por David Rodd sus Rodd Studios de Vigo (Galicia). Lo adorna un arte de María Llauger y Mauro Comesaña sobre la ilustración de Archibald IngramEl Buque De Su Majestad Real Decapitator En Persecución”. Recordar asimismo que la banda se encuentra actualmente en gira con parada en la avilesina Factoría Cultural el próximo tres de febrero.

Cosmic Relief” ataca desde el primer instante con un riff principal repleto de gancho y ese groove entendido a la manera clásica que tantos y tan buenos resultados acostumbra a dar. El orgullosamente sonido retro de la banda reverbera en un interesante y cuidado juego entre canales y mientras que la voz destila con gusto y clase los estribillos, la producción pone todo de su parte cara a discernir cada línea. Buenos cambios de ritmo aquí y allá, auténtico subibaja en lo que a trazo se refiere, si bien siento que el pequeño escorzo de calma que irrumpe a modo de puente bien merecía algo más de espacio. En cualquier caso por ahí surgen estupendas líneas de bajo, la desgastada producción y un epílogo que se atreve a bordear el funk, como si el resto del corte no fuese, ya de por sí, una verdadera maraña de sonidos. La manera en que tanta ida y venida cabe en apenas tres minutos y medio sin que nada suene forzado ni artificial no deja de tener su mérito.

Por ahí que “The Drill”, carta de presentación de esta peculiar ópera espacial, resulte mucho más acomodada. Que no fallida. Porque si “Cosmic Relief” brillaba en lo que a riffs se refiere, esta lo hará en lo tocante a solos. Concisa, directa, orgullosamente rockera, sin el pulso tan vitriólico ni aquella escritura casi dislocada de su predecesora. Pero hábil sin embargo a la hora de destapar a los Zålomon Grass más crudos y viscerales.

“I know just how you feel but I know that you know the drill”,

All Hands On Deck” emerge de la calma y para conducirse por ella mientras destapa ahora a unos Zålomon Grass a medio gas, calmos y elegantes, abandonando toda gravedad, comandados por la fina línea que marca Comesaña tras los parches. Se elevan después mientras deriva hacia un aire más blues rock que parece les viene como anillo al dedo. Y es que si por algo destaca no ya este corte en concreto sino el álbum en su conjunto es por la propia versatilidad de la banda, que siempre en el terreno del más puro clasicismo, sabe acoger ese amplio abanico de influencias y apostarlo en unas canciones que, sin embargo, nunca suenan ajenas ni forzadas. De las ocho que componen este “Space Opera”, puede pasar “All Hands On Deck” por mi favorita. Por ese trazo tan cuidado, por los buenos detalles que surgen de sus guitarras o por lo certero del estribillo.

Inicio igualmente tranquilo el de “Harder To Rise”, que sin embargo transita más adelante hacia una versión un tanto más épica de su habitual vintage rock. Se hace la calma sin embargo toda vez acuden las primeras estrofas. Aquí me agrada la construcción de estas y la forma en que se van elevando de cara a los distintos estribillos. Clásico, funcional, no es la primera vez que has oído algo así pero los Grass se las arreglan para que el recurso suene, de algún modo, fresco y vibrante. Una melancolía casi palpable recorre el cuidado estribillo. Y mientras que al puente acude aquél deje más épico, casi sinfónico incluso, apenas intuido en el prólogo, el solo que irrumpe después se amolda al corte al que adorna con precisión cirujana. En opinión de este humilde juntaletras, otra de las grandes del redondo.

Sin llegar a aquella versión descarnada de la anterior “The Drill”, lo cierto es que “Heard It On The News” hace por recuperar parte del nervio perdido. Se mantiene por ahí en un curioso equilibrio entre el innegable gancho que ofrece su riff principal y una escritura, esta vez, algo más apaciguada, que no plana. De resultas surge un corte más sencillo, que me afecta en mayor medida al corazón que a la cabeza, y con el que conecto solo a veces. El solo final es de mérito, así como esos coros casi mistéricos que lo acompañan. Pero ya digo que, en líneas generales, encuentro otros cortes aquí presentes mucho más interesantes y atractivos.

Me encanta sin embargo “Too Late Now” y el aire a antro a media luz que de él se desprende. Es esta una versión casi desnuda de Zålomon Grass, por ahí diferente al resto del tracklist, que se roza con el blues más formal mientras teje una cuidada, casi delicada línea de voz, para en la mayor tradición del género, desembocar en un solo en fade out. Disculpo ese final algo abrupto si su encarnación en directo, de haberla, nos lleva a al tan mágico como enigmático terreno de la improvisación.

Con un bajo casi predominante en la mezcla se presenta una “Groove To Prove”, que de nuevo vuelve a poner la aguja de la intensidad en zona roja. Estrofas casi desnudas, estupendos guiños de guitarra aquí y allá pero sobre todo un riff capaz de derribar montañas. Me enganchan los gallegos aquí por construcción y, consecuencia segura de lo mucho que les he estado escuchando los últimos meses, el nombre de los californianos Rival Sons sobrevuela casi a cada golpe de caja. Uno de los cortes que más hace por destapar la buena nota de estos Zålomon Grass como músicos…

… pero de todos los que componen este primer largo, “Don’t Let Me Go Down (Space Opera)” es hasta el momento el que más huella ha dejado de todos. Porta ya de entrada un riff tan simple como efectivo. La entrada de la base rítmica y como la mezcla vuelve a jugar con los canales, fundamental a veces el uso de auriculares a fin de apreciar según qué detalles, suben ya la nota con el corte apenas iniciado. Sucede después que las estrofas acampan en el territorio de la balada, con Mckenzie en su encarnación más dulce, que no sacarina, y los gallegos construyen un crescendo que divaga entre la balada clásica y un psych algo alucinado primero y más vibrante después. Es cierto que todo parece anticipar un final más grave que finalmente no llega. No menos verdad es que la alternancia entre guitarra y coros que precede a su epílogo es estupenda. Riada de buen gusto como poderoso broche final.

Psicodelia clásica de la que tanto gusta en la querida y apreciada Factoría Cultural de Avilés. Reconozco tenía fuera de mi radar a estos Zålomon Grass y que he disfrutado como un enano con este primer álbum. También con la escritura de una reseña como esta. El suyo es un género algo ajeno a quien escribe, no creo pase nada por reconocer el hecho, y sin embargo encuentro en él bastantes asideros a los que agarrarme. Empezando por el buen nivel técnico que han demostrado aquí, continuando con el abanico de influencias que aglutinan, amén del buen gusto a la hora de implementarlo a lo largo de los ocho cortes. Cierto que entremedias hay trazos e ideas con las que no he llegado a conectar del todo. Pero en suma siento que son muchos más los aciertos que los errores. Queda por tanto nada más que comprobar qué tal los defienden en vivo el tres de febrero. Si nada ni nadie lo impide por allí estaremos.

Texto: David Naves

Reseña: Cherokee «III» (Demons Records 2023)

Los hard heavies vigueses Cherokee tienen cita con el público astur el sábado nueve de marzo de 2024, por lo que echarle un vistazo a su más reciente obra “III” resultaba de lo más pertinente. Ellos son Fran Gómez y Gerardo Fernández en guitarras, Fran Vázquez a la voz, Carlos Delgado en baterías y Edu Mateos al bajo. Con José Pineda como productor, el trabajo ha sido grabado en los estudios Área 51 y ha contado con las colaboraciones de Hugo Bistolfi (Galilea, ex-Rata Blanca, ex-Alianza), Javi Oliva y Niko del Hierro (Saratoga). Con portada de F.J., “III” se encuentra en la calle vía Demons Records desde el pasado dieciséis de octubre.

Quimera” ejerció como carta de presentación de este “III”. Y un poco también como piedra de toque del mismo. Porque es un hard / heavy directo y sin ambages, con Fran Vázquez moviéndose en tonos altísimos, revelando un registro a medio camino entre Juan Gallardo (Ángeles del Infierno) y Adrián Barilari (Rata Blanca) con el que conecto solo a ratos. Para más inri, aquí las guitarras revelan un tono que no alcanza tampoco a conquistarme. Otra cosa es el uso que Gómez y Fernández hacen de ellas, que vendrá a revelarse tan clásico como eficaz durante el obligado despliegue solista del puente. Un arranque correcto.

Las Puertas Del Cielo” hace por atemperar el brío de su predecesora. Por retorcer la escritura incluso. Es más chulesca, más pretendidamente sensual. Como unos Whitesnake de finales de los ochenta puestos al día. Todo le sirve a Carlos Delgado para tramar una línea de batería llena de buenos detalles. Pero es Fran Vázquez al micro quien, a fuerza de sonar más natural y no tan excesivo, gana no pocos enteros con respecto a otros desempeños más exigentes dentro de “III”. El crescendo final, clásico hasta la médula, resulta bien resuelto. Adornado incluso. Insisto, no me conquista el tono de estas guitarras pero sí lo que los chicos están haciendo con ellas.

Siéntelo”, que cuenta con todo un Niko del Hierro al bajo, puede ser fácilmente el corte con el que más me cuesta conectar de todo el álbum. Ni con el aspecto lírico, recurrente y con cierta sensación de déjà vu, ni tampoco con los tonos más bajos y aguardentosos de Fran Vázquez en estrofas. Y es una pena porque en su tronco central habita un buen crescendo y pequeños destellos técnicos que hablan, y no precisamente mal, del nivel técnico que poseen Cherokee. Pero un poco por los detalles que comento y otro por la corta duración de la composición en sí, al final no puedo sino situarla en el vagón de cola dentro de las once que componen este “III”.

Trazada con gusto clásico, adornada con sumo cuidado y afrontada por el Fran Vázquez más neutro, centrado y sólido, “Nada Es Para Siempre” funciona a la hora de revelar el lado más elegante y ampuloso de los vigueses. Medio tiempo con la debida carga melancólica, gana enteros en producción, si bien el bajo de Mateos se sobrepone a ratos al resto de elementos. Pero culmina en un buen estribillo y cuenta con grandes detalles toda vez la composición encara su recta final y emerge la obligada sección solista. Lo dicho, clásica y nada original pero resuelta de manera impecable, no le puedo poner pegas más allá de su propia autoconsciencia.

Déjame” transige, y lo hace de manera más que orgullosa, hacia un AOR acomodado y grandilocuente. Valga la redundancia. Con Fran Vázquez más cómodo que nunca y la producción brillando en lo que a equilibrio se refiere, deriva en un estribillo sin sorpresas ni tampoco dobleces. Ni inventa la rueda ni lo pretende, pero funciona, que es lo importante, y entiendo los motivos por los que fue elegida como otro de los adelantos de este “III”. Parece casi el negativo de aquella “Quimera” y por ahí viene a colarse el amplio rango de influencias que manejan.

Quien echase de menos aquellos pulsos más heavies y musculosos, podrá darse un festín con esta “Sí o No”. Pero lejos del nervio de los temas más potentes, Vázquez arrastra un deje chulesco en sus líneas de voz que la convierten en una de las piezas más curiosas de todo “III”. Posee una idiosincrasia muy a la española, donde se traslucen varios de los grandes nombres patrios de los ochenta. Entre Bella Bestia, no obstante el propio Vázquez llegó a ocupar el cargo en la ya desaparecida banda madrileña, hasta los Obús más clásicos, todo funciona para confeccionar el que puede ser fácilmente mi corte favorito de los once. Lo que son las cosas.

No Mires Atrás” funciona mientras trae al frente un hard de finales de los ochenta al que adornan varios de los riffs más redondos y mejor definidos de todo el álbum. Con Vázquez trazando una contenida pero elegante línea de voz y una producción nítida pero potente, parece uno de esas entregas nacidas con el directo como principio y fin. Lo mejor es que ello no quita para que la banda opte por una sección solista primero llamativa y después clásica. Acomodada incluso. Quien sea habitual de mis reseñas sabrá de sobra que no acostumbro a conectar con letras tan descaradamente vitalistas como esta. Pero quién soy yo para negar el buen rendimiento que líricas de este perfil han dado a bandas de todo pelaje a lo largo de la historia de nuestro rock & roll.

Fuiste Mía”, traslación a nuestro idioma del “Angelia” de Richard Marx, continúa en los mismos tonos amables y distinguidos de la original, añadiendo claro guitarras más presentes y una línea de voz más cercana a espectros debidamente rockeros. Culminada con un notable solo de guitarra en su tronco central, conduce hasta otra versión, en este caso “El Guardián De Tu Piel”, de la ya desaparecida banda madrileña Beethoven R., donde Cherokee cuentan con Javi Oliva para el solo de guitarra. Una de esas versiones que lejos de reproducir palmo a palmo al original, sabe aportar su propio granito de arena en búsqueda (y hallazgo) de un tono que aporte la debida savia nueva sin faltar al espíritu de lo que uno está adaptando y reproduciendo.

Pero qué duda cabe que conecto en mayor medida con esta “No Hay Perdón” donde la banda cuenta con la colaboración del ex teclista de Rata Blanca Hugo Bistolfi. Y ciertamente parece un corte con hechuras de ocupar algún viejo disco de los argentinos, con esa distinción tan significativa que aporta el buen hacer del músico bonaerense. Tal vez no disponga del estribillo más lúcido de todo “III”, pero brilla sin aburrir en términos técnicos y funciona a la hora de aportar una mayor intensidad al conjunto durante su parte final.

Para el cierre queda una última versión, esta “Entender El Amor” original de la vocalista figuerense Mónica Naranjo. Difícil, no ya por los habituales tonos altos de la catalana, sino también por los muchos requiebros que tenía aquella línea de voz, amén de lo profano del propio empaque musical, sito a mil millas del conocido hard heavy de los gallegos. Cherokee realizan una aproximación que rezuma heavy metal por los cuatro costados, con el Vázquez más filtrado de todo el disco y un inteligente uso de las armonías. Quizá por el propio riesgo que conlleva la idea, no puedo decir que me desagrade. Al contrario.

En resumidas cuentas y tras las sucesivas escuchas de “III” lo más que acierto a entrever es que se trata, al menos a mis ojos, de un álbum un tanto desigual. Cortes que disfruto en gran medida (“Las Puertas Del Cielo”, “Sí o No”, “Déjame”) junto a ofertas, dicho sea con todo el cariño, que encuentro un tanto prescindibles (“Siéntelo”). Y como ya apunté por ahí atrás, puede que el tono de estas guitarras no alcance a conquistarme pero, insisto, el desempeño de la pareja Gerardo Fernández y Fran Gómez es ordenado las más de las veces, operando siempre en favor de las propias canciones y nunca en favor de sus propios egos como músicos. Luego está la figura de Fran Vázquez. El sevillano es uno de esos vocalistas excesivos, volcánicos incluso, al que disfruto en mayor medida durante sus tonos medios y no tanto cuando su voz registra tonos imposibles, si bien a lo largo y ancho del álbum se suceden varias excepciones a este hecho. En cualquier caso un álbum que debería de hacer las delicias de todo fan del buen hard / heavy estatal.

Texto: David Naves

Reseña: Fan Ray «Cuento Del Mar» (The Fish Factory 2023)

Se hacen llamar Fan Ray, vienen de Zaragoza y la suya es una andadura que se inició allá por el año 2013 aunque no sería hasta dos años más tarde que debutaran con un Ep homónimo. A aquél primer conjunto de temas le siguió su primer largo “Metalzetamol” en 2018 y finalmente este “Cuento Del Mar” que nos han hecho llegar desde The Fish Factory. Ellos son Andrés Fandos y Santi Suárez en guitarras, Álvaro Molinero en baterías, Jorge Apesteguía al bajo y Toño Monzón en voces. Producido, compuesto y grabado en Estudios Producciones Sin/Con Pasiones con Marc Pascual como técnico de sonido y Michel a cargo del diseño gráfico, el álbum vio la luz a finales de septiembre del pasado año.

Preludio En El Mar”, introducción del trabajo que, particularmente en sus primeros instantes y acordes me recuerda, y no poco, al tema principal de la saga “Piratas Del Caribe”, Dios te salve Klaus Badelt, sirve en definitiva de perfecto preludio para “Libérame”, fresca andanada entre el hard y el heavy que, hablando de recuerdos, siempre trae a mi mente a aquellos Mägo de Oz de buenos álbumes como “La Leyenda De La Mancha” o “Jesús De Chamberí”, si bien aquí no hay flautas ni violines que valgan. Solo rock orgánico y pegadizo. Un estribillo que acude pronto en la composición, esa ligera despreocupación en los riffs y una línea de voz que, ya digo, va bien cargada de gancho. Bien desarrollado el solo que sitúan como anticipo del epílogo. Rara avis en estos tiempos que corren. Una buena dupla para abrir este cuento si sabes perdonar sus más que evidentes influencias.

El riff que dibujan en “Área 333” bien podría pertenecer igualmente a unos Judas Priest de discos como “Point Of Entry” o “Killing Machine”. Sin embargo, si hay un nombre que acude a mi subconsciente con cada escucha es el de los vallecanos Obús. De nuevo a caballo entre el hard y el heavy, trufado ahora de unos dejes más chulescos, quizá me resulte algo mecánica en estrofas. Ahí viene al rescate, en todo caso, un estribillo de esos que siempre funcionan. El solo vuelve a disponer de espacio y, en su clasicismo, el corte termina por funcionar mientras abraza las costuras más ochenteras del género.

Almas libres” y por seguir con las influencias, suele evocarme a los ahora desaparecidos hard/heavies madrileños Beethoven R. mientras dibuja una de las ejecuciones más lúcidas por parte del frontman Toño Monzón. Me agradan, ahora sí, sus estrofas, si bien encuentro los riffs que las apoyan un tanto desangeladas. Por ahí se cuelan no obstante buenos detalles por parte de Apesteguía. Un pequeño solo inclusive. Fan Ray siguen sin salirse del libro de estilo pero al menos se permiten pequeños guiños aquí y allá a fin de que el corte adquiera un grado más de personalidad. De ahí que con el correr de las escuchas haya terminado por entrar en mi nómina de favoritas.

Lo mismo podría decir de la más tranquila “¿Dónde estás?”. Medio tiempo elegante, donde es cierto que llega a chirriarme el sonido de la caja durante las partes más desnudas. Entiendo la intención, llenar el hueco que dejan las guitarras en esas estrofas. Pero su sonido llega a parecerme feo incluso. Aún con eso, la forma en que Fan Ray han sabido jugar con las distintas capas, lo bien trazados (y ejecutados) que están sus distintos crescendos, la delicada labor de Monzón y el acelerón final a lo Maiden terminan por inclinar la balanza a su favor.

Allí Estaré”, que me conquista a base de recuperar el brío que mostraba el álbum en su arranque, sorprende con una letra capaz de poner en riesgo a más de un diabético. También con un tratamiento de la voz de Monzón que, particularmente en estrofas, me hace pensar en una banda tan a priori ajena a su manera de entender el hard rock como es Volbeat. Puedo no llegar a conectar con su aspecto lírico. Sí en cambio con sus diferentes ejecuciones. Siempre a favor del corte que las contiene y no de egos individuales. Bien medidas y equilibradas.

No diré que “I.A.” vira ahora hacia el groove, no es el caso, pero sí que el riff que la sostiene pasa por ser el más retorcido, también el más pesado, de todo este “Cuento Del Mar”. Sorprenden estos Fan Ray en una onda no tan lejana, por ejemplo, de aquellos Fight de Rob Halford, si bien sus estribillos resultan del todo solidarios al disco que los alberga. El solo, un tanto plano con respecto a otros dentro de este tracklist, no ayuda a mejorar la nota media. Al final un corte que luce más por cuan diferente resulta al resto que por lo certero de su planteamiento.

Buenos solos sin embargo los que alumbran el inicio de una “Todo Lo Bueno Termina” que vuelve a tesituras, creo, más convenientes para ellos. Aquél aire más hard que tan buenos resultados les dio a comienzos del álbum, mientras Monzón lidia sin mayores problemas con los tonos más altos de los estribillos. Y aunque en términos puramente gramáticos no resulte el corte más original del largo, bien está ese deje algo más melancólico que la atraviesa. A la cola del grupo de mis favoritas.

Cuento Del Mar”, donde cuentan con la colaboración de Mireia Bernal en coros, bien podría recordar a The Cult en su prólogo. Héroes Del Silencio incluso. Todo vira, no obstante hacia territorios más metálicos donde, tanto por riffs como por melodías, la sombra de Iron Maiden resulta más que alargada. Álvaro Molinero traza aquí una más interesante línea de batería. Y mientras que la banda parece más cómoda en esta encarnación más poderosa, si algo me agrada es la forma en que insertan, previo al solo, aquél deje más foráneo del prólogo. El hábil trazo del epílogo y el mayor nervio que posee terminan por darle la razón a quien fuera que tomara la decisión de convertirla en el tema título del álbum e incluso en videoclip:

Para el cierre queda el medio tiempo “Recuerdo Soy”, donde en los momentos más calmos siempre acude a mí el nombre de Guns N’ Roses. El corte no obstante se distancia de la banda angelina gracias a un casi torrencial Monzón y una enjundia, qué duda cabe, más cercana al metal. Agrada por trazo y también por ejecuciones, un cierre de buen gusto y clase.

No es un álbum que me enganche en su totalidad pero sí que hay ofertas aquí dentro capaces de alegrar el día más gris. Monzón ha trazado aquí y allá voces más que dignas. Poderosas incluso. Otro tanto podría decirse de la dupla guitarrera de Fandos y Suárez. Aprecia uno el riesgo de cortes como la noventera “I.A.”, si bien pienso que cuando juegan la carta del clasicismo más académico es cuando de verdad brillan los maños. Véase sin ir más lejos “Almas Libres”. Por contra y cuando la banda arriesga y busca nuevos horizontes, siento que la jugada termina por salir del todo redonda solo en la final “Recuerdo Soy”. Agradece uno la asunción de riesgos en todo caso. Intentarlo y fallar siempre me resultará mucho más respetable que conformarse. Bordeando el notable.
Texto: David Naves

Reseña: Mike Stamper «Emerge From Error» (Stampcore Records 2024)

Tercer episodio de la saga del error que el músico asturiano Mike Stamper iniciara allá por 2016 con “Ended By Error” y continuara al año siguiente con “Extended By Error”. El ovetense diserta sobre el error y sus consecuencias. También sobre autosuperación y cómo dejar tras de sí la nostalgia y el dolor. “Emerge From Error” fue producido, grabado y mezclado en los Stampcore Studios IV y contó más tarde con masterización de Dani Sevillano. Cuenta con las colaboraciones de Andrés García (Yuggoth), Nathan Cifuentes (Vendaval, Argion), Dmitry Stalingrado (Soldier, Sound Of Silence) y Cristian Iglesias (Eden, Lakkra, The Feat).

La intro “(E)merge” funde arreglos más propios de la electrónica más casual con guitarras graves para conducir, en hábil y lúcido crescendo, hacia una “Deliria” donde el carbayón cuenta con la colaboración de Cristian Iglesias. Es un corte de arranque sorprendentemente reposado, que parte peras con el tono más arrebatado de la introducción para conducirse después a terrenos más propios y asimilables al disco instrumental que tenemos entre manos. Me agradan esas guitarras y el modo en que se funden riffs y melodías. Solos nunca arbitrarios, en gran medida solidarios al tema que los alberga. Pequeños arreglos sinfónicos enriquecerán la mezcla como anticipo de un comedidos solo de guitarra. Hay ecos aquí que me recuerdan a los Cynic más recientes. La dupla inicial no pervierte ni mucho menos el canon habitual de este tipo de entregas, pero mantiene un equilibrio en forma y fondo realmente exquisito.

Hacker Of Nature”, especialmente durante el prólogo y también durante sus primeros riffs, por alguna razón que se me escapa, me recuerda a Unexpectance, la banda con la que Stamper editara el fenomenal “Vortex” allá por 2022. Este es un corte en cierto sentido más espacial. Algo a lo que ayuda esa mayor carga atmosférica que parecen otorgarle producción y mezcla. Algo más diversa en lo que a ritmos se refiere, le sirve al de la capital del Principado para sacar pecho en lo que a construcción de riffs se refiere, siendo estos algunos de mis favoritos de todo el redondo. El solo sí que ahora tiene algo más de nervio, vibrando en tendencias más puramente solistas, más desligado del tema que soporta si me paro a compararlo con el que ocupaba “Deliria”. En cualquier caso un corte que me agrada por su variedad rítmica y ese deje más espacial e incluso etéreo que emana de su producción.

Ovr Legacy Ov Deprecation”, con Dmitry Stalingrado a bordo, sorprende por los aires orientales que dibuja durante el prólogo. También por unos riffs que, aunque sea de manera leve, me llevan a pensar en bandas como TesseracT, Meshuggah o Vildhjarta sin que ello llegue a disociar a este corte del resto del álbum. Stalingrado deja un solo a ratos flamígero, acentuado por la mayor vibración que emerge de la base rítmica en su parte final. Llamativa la calma que surge después, el piano que la alimentará y el tono parcialmente más épico que porta la composición camino del epílogo. Distintos solos revisten este tramo final, que habrá de teñirse de una cierta melancolía en un último tramo que termina por conformar uno de los cortes más diversos, completos y atrevidos de todo el disco. Por ahí habrá unas ideas que me conquisten más que otras, la cabra tira al monte, pero ha terminado por convertirse en una de mis favoritas tras las sucesivas vueltas al álbum.

Ex Luminix (Dark Mode)” inprime desde un primer momento una mayor gravedad en lo que a riffs se refiere, con unas guitarras gordas como vena de cantaor. Muy presente la base rítmica en un corte que resulta puro retorcimiento, llevando a Stamper a lindar con tropos rayanos en el progresivo más casual y contemporáneo. Como si el álbum acogiera de pronto el ideario de unos Haken, unos Leprous, reinterpretándolo, haciéndolo suyo, confiriendo al tracklist una mayor riqueza en lo que a influencias se refiere, apoyándose en una variedad riffera que primero epata y después engancha. Bien es cierto que el solo, en comparación con otros que pueblan este “Emerge From Error”, no resulta tan llamativo ni redondo, si bien me agrada por cómo Stamper se atreve a situarlo sobre esa base rítmica a puro blast beat. Corte interesante aunque pienso que algo lastrado por esos cuatro minutos de reloj. Mal acostumbrado que está uno a temas cada vez más extensos, parece ser.

Sea como fuere el caso es que “Intercept & Handle” viene para representar la cara más árida por violenta del proyecto. El disco continúa por esa senda de baterías vibrantes del corte anterior, y la reviste de alguno de los riffs más dementes de todo el largo. Una composición de esas que pondrá a prueba la paciencia de los fans más clásicos, que me recuerda a ratos al Ihshan del fantástico “After” y que parece aferrarse a su propia demencia cara a construir uno de los cortes más atrevidos y disonantes de “Emerge From Error”. Intensidad y buen hacer en lo que a ejecución se refiere se dan la mano aquí, trasportándonos hasta rozar los páramos del metal extremo sin que ello signifique renunciar al buen gusto técnico, si bien hay alguna línea que otra demasiado predominante en la mezcla y el corte está por ahí cerca de descabalgar. No creo que sea el caso, pero sin ir más lejos siento que, por ejemplo, las melodías más ligeras del epílogo bien merecían algo más de presencia. Un corte que disfruto de todas formas.

Dominion Of Error”, primer corte que conocimos de este trabajo, ya me agradó entonces con esa reposada introducción y la forma en que Stamper la rompe con guitarras graves y pesadas. Vuelve a emanar aquí ese aire casi espectral, que enfrentado a esas afinaciones tan gordas y revestido por esos finos arreglos sinfónicos termina por dotar de una gran personalidad al que pienso es uno de los cortes emblema del álbum. Por equilibrio, por clase, por abrazar en su medida justa al metal contemporáneo sin renunciar al clasicismo que fluye en cada solo de guitarra. Cynic es de nuevo un nombre que acude a mi subconsciente, curiosamente en las partes más calmas, mientras que las más ennegrecidas y vibrantes el abanico se ampliará de forma casi dramática. He llegado a pensar en Persefone o In Mourning con las distintas escuchas. Tiene que ser buen síntoma.

Winterpark”, a la sazón corte más extenso de este tercer álbum, sorprende igualmente con un prólogo rociado de una cierta ternura, inédita a lo largo de todo “Emerge From Error”, que vira ahora hacia el territorio de la balada, clásica, sin olvidar no obstante que este es un orgulloso disco de metal instrumental. Pero es cierto que aquí Stamper y pese a los muy marcados cambios de ritmo, vibra en frecuencias más cercanas a los guitar hero de antaño. De ahí que me agrade por cómo equilibra ambas escuelas, profundizando en un uso de la técnica que nunca roza lo abusivo ni lo ególatra. Rozando a ratos el post-rock más al uso, We Lost The Sea o Explosions In The Sky son nombres en los que pienso con cada escucha, el corte va circundando las distintas escuelas al tiempo que un largo y bien calculado crescendo la lleva hasta su de nuevo reposado tronco central. De igual forma me agrada su parte final, ese largo epílogo donde vuelve a jugar con los distintos ritmos e influencias que han ido poblando la composición, poniendo sus habilidades en favor de la composición y no al revés, como si del negativo de Vinnie Vincent se tratase, y que el de Bridgeport me perdone por elegir su figura como diana siempre que pasa por mis manos el disco de un guitarrista. Estupenda.

Intro al margen, “Ninja Commit” pasa por ser la propuesta más rácana en cuanto a duración de este tercer corte. Una amalgama de aquellos riffs a la Meshuggah que ya entregase “Ovr Legacy Ov Deprecation” junto con fieras andanadas a puro blast beat que terminan por componer un corte algo desequilibrado. Con eso y con todo aprecio en ella buenos detalles. A saber: lo bien que Stamper ensambla los distintos ritmos, el porte a ratos atmosférico que entregan los arreglos y el acertado aunque tímido solo de guitarra. Con eso y con todo, fácilmente el corte con el que menos conecto tras las sucesivas escuchas del disco.

Song Of Empowerment”, otro de los cortes más estirados en lo cronológico de este “Emerge From Error”, reduce en principio la intensidad mientras transita por un metal instrumental en cierta rima con la anterior “Winterpark”. La melodía de este primer tercio, con mucho una de las más pegadizas de todas cuantas propone el asturiano, ha estado dando vueltas por mi cabeza durante días. Stamper ensambla con ella una serie de solos de lo más elegantes y equilibrados. También ágiles cambios de ritmo. Y si bien a estas alturas el disco puede acusar cierta reiteración de ideas, nada extraño dada la amplia duración del mismo (casi 63 minutos) lo cierto es que vuelve a dibujar la mejor cara de Mike como ejecutor. Estupendo el solo que habita en su tronco central y también la forma en que la composición transita hacia su parte final. Irrumpe ahí un metal del que emana un poderoso sabor clásico, que el bajista de Unexpectance hace saltar por los aires blast beat mediante. Por ponerle un pero, el engorroso fade out final, pero más allá de eso otro de los grandes triunfos de este tercer trabajo.

A Glitched Hero”, con colaboración del ex Vendaval y Argion Nathan Cifuentes, ciertamente vuelve a recordarme a la banda madre de Stamper. En particular al corte que abría “Vortex”, aquella “Guerra Interior” con la que sorprendieran a propios y extraños tres años atrás. El tiempo vuela y esta penúltima composición del álbum opera en gran parte dentro de los registros del metal contemporáneo, consolidándose como una oferta sólida pero a la que quizá le falte algo más de riesgo. Que lo tiene, en particular durante ese epílogo más nervioso y vibrante, pero en menor cantidad que otros cortes del tracklist.

Asynchronous Me”, en la que habrá de sumarse Andrés García, apuesta por la calma en un prólogo reposado y elegante, que Stamper quiebra, huelga decir de modo nada brusco, para introducirnos en el metal más groovie de todo el tracklist. Lejos de parir un corte facilón, el ovetense opta por cerrar su tercer obra introduciendo un trazo retorcido, atrevido incluso, pero dejando claro que pretenciosidad y ambición pueden parecerse pero no son la misma cosa. Aquí me agradará la forma en que se contraponen piano y guitarras. Las partes tranquilas y cómo operan para dotar a la composición de equilibrio. La forma en que estas rozan un rock atmosférico no muy lejos de unos Katatonia, Antimatter, Klone, y como ambos afluentes se funden en el arrebatado y sentido epílogo. Un gran cierre.

Mike Stamper no ha perdido el tiempo. O, viéndolo de otro modo, lo ha perdido para que nosotros podamos disfrutar de un gran disco de metal instrumental. Largo, más de una hora como ya comenté por ahí atrás, pero lo suficientemente diverso, fresco y ágil como para que su escucha, que requiere no obstante de un cierto grado de atención, jamás resulte tediosa ni farragosa. Que por supuesto no sería el primer trabajo de estas características al que le ocurre. “Emerge From Error” da la impresión de ser un trabajo tan largamente meditado como cuidadosamente ejecutado. El de Unexpectance se rodea además de buenos amigos, que dibujan buenos solos aquí y allá, teje dos o tres cortes a mi modo de ver extraordinarios, pienso especialmente en “Winterpark”, y solo pierde mi atención durante una “A Glitched Hero” con la que, ya digo, no termino de conectar. Dada la duración del álbum, perdonad que insista, me parece todo un triunfo.

Texto: David Naves

Reseña: Kinkis Gruñones «Gruñe o Muere» (Autoproducción 2023)

Es el segundo trabajo que nos ofrecen Kinkis Gruñones en lo que va de 2023 y es que pareciera que la banda está en su momento justo de cocción. El cuarteto, que recordemos forman Rodrigo Moy en baterías, Gus Suárez al bajo, Quilo Zapico en guitarras y Pablo Zapico en voces, debutó en el mundillo con un Ep del que ya diéramos buena cuenta en estas líneas allá por el pasado mes de octubre. Tal y como nos comentaban hace escasas fechas, toda la instrumentación de este “Gruñe o Muere” se grabó en riguroso directo en el ZL Estudio (Langreo) con Zeros Gutiérrez y Daniel Condado a los mandos y el propio Gutiérrez llevando a cabo las posteriores y obligadas tareas de mezcla y masterización. De igual forma, también quedan en casa los dibujos y el diseño del CD, obra del propio Quilo.

La pequeña “Intro” con la que arranca este nuevo trabajo no podría adherirse más al propio espíritu entre lo irreverente y lo socarrón que lo atraviesa. No podría, por tanto, resultar más sincero. Ni más eficaz. El caso es que conduce hacia una igualmente kinki “Solfeo”, donde si acaso se aprecia que la propuesta del cuarteto de la cuenca ha ganado en peso. También en grasa. Sin abandonar esa peculiar y particular mezcla entre punk, rock y metal, lo cierto es que Moy mediante, arrancan este “Gruñe o Muere” con todos los cilindros en funcionamiento.

Proletarios” saca a relucir a unos Kinkis si cabe más grasientos. Se aposentan los riffs de Quilo Zapico mientras la letra, al igual que todas las que componen el álbum obra de Gus Suárez, recapacita a su manera sobre la siempre esquiva y ardua tarea de la propia creación. “Nadie Regala Nada” exclama (o gruñe) Pablo tras el micro durante ese acelerón que anticipa el epílogo, bien rematado por Moy tras baterías. Y es que “si hay que caer, que sea siempre de pie”.

Intemperie” sorprende por cómo introduce un groove muy comienzos de los noventa en lo que luego no deja de ser una andanada que, por forma, recuerda en cierta manera a la anterior “Solfeo”. Esto es, los Kinkis gruñendo en su encarnación más vibrante. Me agradan los riffs de Quilo durante esas partes más pesadas, así como también la línea de bajo con las que Gus atraviesa todo el corte. Con mucho uno de los más llamativos en cuanto a construcción. Amalgama de ritmos e ideas, que lo mismo guiñan levemente al grunge más incipiente, esa línea de voz reverberante y huidiza, que a unos Poison Idea del “Pick Your King” durante las andanadas más nerviosas. Ni que decir tiene que una de mis favoritas del disco y de hecho la que más ha ido ganando con las escuchas.

Trinchera”, corte más extenso de este nuevo trabajo, despliega de inicio a los Kinkis Gruñones en su clave más árida y desgarrada. Su apartado lírico, en cierto modo su particular visión del pasado confinamiento y también un llamamiento a la libertad individual, es fácilmente mi favorita de este primer largo de los asturianos. Y mientras que el solo de Quilo pone de relieve una vez más la forma en que estas canciones vinieron al mundo, esto es, en crudo directo y sin trucos de salón, puede ser este otro de los cortes que más hacen por distanciarse del anterior Ep.

La breve “DJ. Nesfer” nos lleva de pronto a un dial poco menos que demente y desemboca en la igualmente agria “Guantazos”, que me atrae más por discurso que por composición, ese particular avance casi a tirones que tanto me recuerda a “Sacrificios” del anterior Ep. “Balas de corrupción que nunca abrieron fuego a los que cantan cara al sol”. Lo dicho, conecto más con lo que me cuenta que con la forma en que me lo cuenta.

La curiosa intro primero y la voz filtrada de Pablo después no dejan de conferirle un aire más personal y a la vez llamativo a “Máscaras”. Un corte que en lo lírico ofrecerá un discurso con poco lugar a la metáfora y cuyo espíritu siempre me recuerda a otro tema abiertamente desmitificador como es “Dogmatofobia” de Def Con Dos. Me gusta la labor de Moy aquí. La diversidad que porta su línea de batería, aunque siento a la banda algo menos espontánea que en cortes circundantes.

Félix”, rememora fugazmente a la célebre serie “El Hombre y La Tierra” del naturalista Félix Rodríguez de la Fuente mientras conduce hacia una “Lobos” donde aprecio de nuevo la curiosa línea de voz de Pablo pero con la que, en líneas generales, me cuesta horrores conectar.

Todo lo contrario puedo decir de la final “Bipolar”. Breve, apenas tres minutos, pero que desde el riff casi cercano al hardcore que ofrece hasta la llamativa letra que Gus plantea hasta los eficaces cambios de ritmo o incluso esos arranques alucinados y casi dementes de su línea vocal. Ni que decir tiene que otra de mis favoritas dentro de este primer largo de los asturianos.

En comandita con Varón y los Dandis, Damián Gutiérrez y Néstor Fernando Arias, Kinkis Gruñones amplían su particular oferta a través de once cortes de una idiosincrasia, de nuevo muy astur, que viene a continuar donde lo que dejase aquél primer Ep, al que refrenda manteniendo intacto el espíritu pero ampliando a la vez el foco para así atrapar un mayor rango de influencias. El disco, por tanto que existe en formato físico, hay quien sigue resistiendo a la tiranía del streaming, resulta así una creación más diversa y eficaz. Y aunque cortes como “Lobos” no me terminen de encajar, ahí están la final “Bipolar” o, en especial “Intemperie”, elevando la nota final. Gruñir o morir.

Texto: David Naves