Reseña: Chaos Before Gea «Tiamat» (Autoproducción 2023)

Grabado y mezclado durante el verano de 2022, “Tiamat” supone el regreso de los metaleros malagueños Chaos Before Gea. Banda que a día de escribirse estas líneas forman David Arroyo (batería, coros, guitarras adicionales), Hernán Jensen (bajo, guitarras), Raúl Muñoz (guitarras) e Ismael Pérez (voces). Este Ep que hoy nos presentan forma parte de un conjunto de cortes que habrán de ver la luz a lo largo del presente año. Los cuatro temas que componen el trabajo cuentan con voces adicionales de Adrián López, arreglos de José María Tornay y vinieron al mundo de la mano de José María Tornay en los Wave Nation Studios de doblado

. Finalmente, serían masterizados por Mika Jussila en los Finnvox Studios. Con artwork de Víctor Doblado, se pueden encontrar en su perfil de bandcamp.

Muy grandilocuente ese prólogo de una “Blue Skies (The Arrival)” que viene a potenciar el poso más melódico de Chaos Before Gea. Tras ese cuidado arranque emerge un corte cuidado en cuanto a técnica y llamativo en cuanto a estructuras. Aquí cobra vital importancia la diversa linea de batería que plantea Muñoz. Es un primer corte que flirtea con atmósferas e incluso cambios de ritmo que no desentonarían en un álbum de metal progresivo. Tampoco en uno de post-metal a lo Cult Of Luna, obviando eso sí el fuerte poso sludge de los suecos. Hay buenos solos y armonías repantigados en su tronco central y un cierre más pesado y rocoso. Corte más extenso de los cuatro y en muchos sentidos el más ambicioso y diverso.

En la más escueta “B.O.M.B.” explotan voces limpias y riffs más groovies para darle otra cara al Ep. El corte plantea un tan clásico como efectivo juego entre registros vocales, contraponiendo limpios y graves con total naturalidad. Hay breakdowns bien acentuados por una producción que les acerca al deathcore más descarnado y en líneas generales un poso más agrio que desprecia el mayor tecnicismo del tema previo en pos de un metal sensiblemente más rugoso. La forma en que confrontan su mayor gravedad con ciertas líneas de voz que casi parecen guiñar a Mastodon constituye uno de los fuertes de esta segunda entrega.

Eden’s Gamble” porta un prólogo elegante, acústico y literalmente tormentoso que cede el testigo más adelante a unos Chaos Before Gea que recuperan aquél pulso más técnico del tema de inicio. Trufado de buenos cambios tanto rítmicos como tonales, el corte viene en todo momento a apoyarse en la estupenda producción de Tornay, quien da la impresión ha entendido a las mil maravillas el tipo de propuesta que tenía ante sí. El tema resulta técnico sin apabullar, extremo sin rozar la impostura. Y mientras se suceden las voces más agrias, el buen trabajo en cuanto a melodías emerge como perfecto contrapunto. Hay cortes que crecen una barbaridad con las escuchas y creedme cuando os digo que este es uno de ellos.

Degradation” cierra este nuevo capítulo en la trayectoria de los costasoleños colisionando metalcore y death melódico sin olvidar el trazo ágil y el juego entre atmósferas. Porque me agrada cómo arranca vibrante para más tarde adoptar una oscuridad tan acentuada que casi se puede palpar. Ayuda de nuevo el inteligente uso de arreglos. Y mientras que los riffs en que apoyan las partes más vibrantes pueden resultar algo planos, de nuevo el buen trabajo melódico del combo sale a relucir de cara a lustrar esas partes más ennegrecidas, generando por puro contraste, alguna de mis partes favoritas de todo el Ep. Sirvió como carta de presentación del mismo y no me extraña.

Muchas y buenas ideas las que bullen dentro de los cuatro cortes que componen este más que interesante “Tiamat”. Amalgama de tendencias contemporáneas, sonido a la altura y un nivel técnico que convendría ser tenido en cuenta. Atentos ya a su continuación.
Texto: David Naves

Reseña: Azaghal «Alttarimme On Luista Tehty» (Immortal Frost Productions 2023)

Décimo segundo trabajo ya para las huestes finesas Azaghal, el trío que a día de hoy forman Thirteen (voz) y los Wyrd Lima (baterías) y Narqath (guitarra, bajo, teclados y voz limpia). Tanto las voces como las baterías de este “Alttarimme On Luista Tehty” se grabaron en 82 Productions bajo las órdenes de J.Pitkänen, mientras que guitarras y bajos se materializaron en DT-Audio. Las pistas resultantes serían finalmente masterizadas en los Wolfthrone Studios. Con artwork del Ars Veneficium Ronarg (Antzaat, Ondfødt, Gurthang…), el disco vio la luz vía Immortal Frost Productions el pasado mes de febrero.

Puede que el sonido tan sucio del tema título “Alttarini On Luista Tehty” pille por sorpresa a más de uno, si bien no es menos verdad que el trío finés parece saber muy bien lo que hace a lo largo de los cuatro minutos que ocupan este black nervioso y cerril, comandado por una base rítmica tan presente como eficaz. Crepita como alma que lleva el diablo ese bajo de Narqath mientras se suceden hábiles cambios de ritmo y licks de batería a lo primeros Mayhem, orgullosamente clásicos. Thirteen se desgañita a placer y el corte termina por dar la razón a quienes lo eligieron como estandarte de este nuevo álbum.

No muy lejos del tema título se sitúa una “Kuolemanmarssi” que arranca con pie firme para después acoger una serie de estrofas de pulso casi d-beat donde, a ratos, emerge la cara más atmosférica de la banda nórdica. Breve, apenas un parpadeo de ni siquiera tres minutos, pero tan feroz y rabiosa cuando se lo propone como distinguida y personal. Lástima que las curiosas disonancias que dan pie al epílogo no gocen de una mayor cuota de espacio.

Aquella presencia más atmosférica que se revelaba en el corte inmediatamente anterior viene a dominar una “Kultti” que pronto emerge como otro de las ofertas más distinguibles de todo el largo. Hay ritmos a ratos casi marciales confrontados a un black que casi parece virar hacia terrenos melódicos. Alguna decisión curiosa en cuanto a arreglos durante estribillos y la sensación de que debería ser una fija en una gira de presentación que tendrá parada en el ovetense Gong Galaxy Club el jueves siete de diciembre junto a los maños Empty.

Paholaisen Musta Kieli” casi parece rebelarse contra la cierta extrañeza de su predecesora a fuerza de percutir con la cara más abiertamente agria y cabrona del trío. Black cerril al que contraponen pulsos lindantes con un black thrash más al uso. Narqath está más que lúcido en la creación de unos riffs que encajan al dedillo con la no poco interesante línea de batería de Lima. Sorprenden, si acaso, la pesadez y la atmósfera que desprende, a chorro, su curioso puente central. Pequeña isla de calma tensa que precederá al breve pero arrebatado epílogo.

Myrkkyä” vuelve a derivar hacia la vertiente más melódica de los fineses, valga la redundancia, al tiempo que hace acopio de alguno de los riffs con más gancho y empaque de todo el disco. Su pulsión más melódica vendrá asimismo a manifestarse durante el puente central en forma de eficaz solo de guitarra pero también a lo largo de un epílogo que, arreglos mediante, parece rimar con la mencionada banda hermana de Lima y Narqath.

Como propuesta más rácana de las nueve y bajo un título como “Kaaos” casi no cabe esperar otra cosa que no sea black ardiente y pocas complicaciones. Azaghal en general y Lima en particular muestran aquí su cara menos amable, si bien el corte resulta finalmente menos predecible de lo que se pudiera intuir. Fugaz aunque poderosa rabia nórdica.

Syöpäläinen”, que inaugura la cara B de las distintas ediciones en vinilo, pasa fácilmente por ser la oferta más hábil de esta parte final del álbum. Acoge su habitual black irredento mientras Thirteen despliega todo el mal café habitual. Hay buenos engarces entre estrofas por parte de Narqath, que transige hacia un riff servicial toda vez regresa el no poco agrio registro del también frontman de los thrash punk Scarecrow. Sólida y muy eficaz.

Me engancha “Syvyydestä Liekkien Takaa” por ese marcado tono melancólico que arrastra casi en la misma medida en que me deja con ganas de más a causa de ese desarrollo tan poco ambicioso en lo que a tiempo se refiere. Bien trabajada a nivel melódico, del todo frontal en cuanto a su línea de batería y absolutamente única dentro del disco. Lástima como digo esos ni siquiera tres minutos que marca en el reloj.

No mucho más allá en términos cronológicos se sitúa “Verivirta”, si bien esta desarrolla una pulsión mucho más genérica. A base de hilvanar black old school y breves andanadas de sucio punk metal a la Motörhead, Azaghal construyen un corte poco sorprendente pero sin dobleces, con Lima atacando el kit con pulso casi marcial y la sucia producción del álbum otorgando el inequívoco aura de autenticidad del más descarnado black finés.

Ei Valoa Tuonelassa” recupera esos dejes más atmosféricos que han ido yendo y viniendo dentro del disco para conformar un black quizá un tanto descompensado, hay riffs que por clásicos no dejan de sonar un tanto convencionales, pero que parece no ahorrar un solo esfuerzo. Ni siquiera desfallece Thirteen dejando para este corte postrero alguno de los gritos más agónicos y desesperados de todo “Alttarini On Luista Tehty”, pero no puedo evitar pensar que dentro del mismo conviven ofertas mucho mejor resueltas.

Seitsemän Ihmisen Irvikuvaa” sin ir más lejos. Entrega más extensa de las nueve, desarrollada desde unos ritmos medios donde se sitúa otro de mis riffs favoritos de este décimo segundo trabajo del combo radicado en Hyvinkää. Me agrada en gran medida la forma en que conjugan blast beats con ese pulso más melódico. O la forma en que luego emerge de nuevo un black de cierto aroma thrash o redirige hacia ritmos más pesados y arenosos. Fluyendo en todo momento de forma natural y sin dar lugar a cualquier tipo de impostura. Azaghal parecen saber muy bien qué se traen entre manos.

Empecé tarde a escuchar a estos Azaghal y ya es raro de tanto en cuanto sí que conocía desde hace ya tiempo a la otra banda de Lima y Narqath, los más folkies Wyrd, culpables de discos tan reivindicables como “Heathen”, “Rota” o “Huldrafolk”. “Alttarini On Luista Tehty” transmite en gran medida un black sucio y enervante, en el buen sentido, donde lo feo de la producción abraza una serie de intenciones que poco tienen que ver con las propuestas más civilizadas y, quizá también, menos comprometidas, de muchas de las bandas que hoy por hoy son enseña del género. Pero y he aquí el gran triunfo del álbum, sin abandonar las exigencias del género, pocas veces estos cortes resultan unidimensionales o siquiera aburridos. Si acaso sí lastrados por desarrollos algo rácanos, pero en ningún caso desangelados o sin vida. Ni mucho menos. Siguen planteando batalla.

Texto: David Naves

Reseña: Back to R’lyeh «The Break» (Autoproducción 2023)

Por sorpresa, casi diría por asalto, pero ya tenemos aquí lo nuevo del combo progresivo de temática lovecraftiana Back To R’lyeh. O lo que es lo mismo: Alberto Martín Pérez (batería de sesión), Pablo Sánchez (bajo), Manuel Novoa, Adrián Hernández y Juan Manuel Fernández (guitarras), Jesús Lanzarote (voces y teclados) y Víctor Duro (voz). “The Break”, que así se llama el Ep de cuatro temas que hoy nos traen, fue grabado, mezclado y finalmente masterizado por Víctor Saiz de California Studios. Con diseño de @naran.arte, se puede encontrar en su bandcamp así como en las distintas plataformas de streaming desde el veinte de marzo.

El primer contacto con este nuevo Ep se produce a través del piano que habrá de introducir “The Dream”. Composición multiacapa, muy propia de la banda, y que en su aire casi teatral vendrá a recordarme a lo más nuevo de los castellonenses Dry River. Destaca sobremanera la buena labor de Víctor Saiz y la forma en que ha sabido amalgamar todas las capas presentes en una mezcla final digna del más fino de los orfebres. Teclas mediante, la banda no abandona esa pulsión casi escénica de su prog/avantgarde, inundándose de tonos que se mezclan sin agitarse hasta confluir en el iracundo epílogo. Que aún en su mayor gravedad y por pura asociación fácil me lleva a pensar en King Crimson pero también en Frank Zappa e incluso en el Captain Beefheart. Ni siquiera ahí la banda pierde el foco y me parece admirable.

The Voices”, a la sazón encargada de presentar este Ep en sociedad, prosigue con las mismas líneas maestras del arranque, imbricadas ahora de unas líneas de voz que aquí y allá me vendrán a recordar a los siempre interesantes noruegos Major Parkinson. Sea como fuere, Back To R’lyeh no abandonan aquí esa senda más tocona, si bien emergen ahora imbuidos de un espíritu más oscuro y retorcido. Con detalles camino del puente que bien podrían retraer hasta los Opeth más postreros, al final las raíces de unos y otros tampoco son tan distantes, termina por conglomerar un corte llamativo, poderoso y eficaz.

Si apenas hay líneas de voz dentro de “The Break” que se atengan a grandes convencionalismos, puede que sean las del tema que titula al Ep las más atrevidas de todo el Ep. No ya por el llamativo juego armónico entre tonos sino también por las curiosísimas estrofas que la banda ha construido para este tercer corte. Su trabajo melódico, en cambio, resulta un tanto más convencional. Dentro de lo que cabe tratándose de una banda como ésta, claro está. Es precisamente en ese cuidado contraste donde emerge una de las grandes ofertas de este nuevo Ep, escenificado de la mejor forma posible en ese casi demente epílogo.

The Ritual”, particularmente en lo que concierte a su prólogo, quizá no resulte tan avanzada. O el oído se ha ido acostumbrado a su particular demencia. En cualquier caso vuelve a llamar la atención el estupendo sonido que Saiz le ha sacado a estos temas. Que de nuevo percute con ese doble juego vocal, apoyado no obstante en toda una amalgama de teclas que no podrían resultar más clásicas. O vintage como dicen ahora. De igual forma me engancha el poso más melancólico que portan los estribillos, a la par que me pasman en cada escucha esos coros en crescendo invocando a Chtulhu o me sorprenden los riffs más terrenales del puente central. Un puente central del que emana un palpito tenso, acechante, que evoca como nadie a la criatura. Raise your voice for our God!

The Break”, que la banda pretende sea el primero de una serie de próximos Ep’s, parece en constante diálogo consigo mismo, construyendo una curiosa tetralogía de cortes capaces de fundir el progresivo más clásico y seminal con unos trazos en constante movimiento y unas líneas de voz, también unas líricas, de ningún modo conformistas o descuidadas. Atiborrado de detalles, responde a aquél viejo tópico que asegura serán necesarias varias y concienzudas escuchas para ser capaz de desentrañar todos sus misterios. La primera piedra está puesta, ahora somos todo orejas con respecto a lo que esté por venir de parte de una banda tan peculiar y a la vez tan necesaria como lo es Back To R’lyeh.

Texto: David Naves

Reseña: Empire Of Disease «Shadows In The Abyss» (Xtreem Music 2023)

Segundo largo para la infatigable banda vasca Empire Of Disease tras debutar con el Ep “Silence Is Violence” en 2019 y entregar dos años más tarde un primer largo de nombre “With All My Hate”. Tras firmar contrato con Xtreem Music, Gorka Díez (guitarra y voz), Xabier H. Zarraga (bajo), Iban Hernando (batería) y Pintxo Wayewta (voces) regresan ahora con “Shadows In The Abyss”, un segundo largo producido, grabado, mezclado y masterizado por el Vhäldemar Pedro J. Monge (Dormanth, Rise To Fall, In Thousand Lakes, Incursed…) en su Chromaticity Studio y adornado por arte de Miryamad. En la calle desde el 7 de noviembre.

Rasgos de ciencia ficción contemporánea en la intro que lleva aparejada la inicial “The Valley”, que transigirá pronto hacia el habitual metal pesado y contundente de la banda vasca. Encontrarás aquí un riff algo cerrado, una equilibradísima producción, no falla en esto el señor Monge, alimentado por el agrio registro de Wayewta. Que si bien no descubrirá nada en cuanto a trazo, tiene el gancho suficiente como para poner al gremio en alerta. Casi llega a crepitar el bajo de Zarraga durante estos estribillos oscos y malencarados. El pulso, casi marcial por momentos, sacude cada rincón de las estrofas, revelando finalmente un inicio de álbum más que eficaz.

Time For A New Era” se deshace de esa pulsión más marcial para conducirse hacia un metal en esencia más trotón e intenso. Mejora en lo tocante a riffs y se reviste de un mayor tecnicismo. El juego entre líneas de voz resulta hábil y mientras acude a un primer término un estribillo que roza lo atmosférico, Empire Of Disease contraponen cualquier atisbo de ligereza con una versión que resulta más cruda por rocosa. Es sin embargo el trazo más laberíntico del tercio final quien termina por llevarse el gato al agua. EoD suenan aquí más imaginativos, menos lineales, elevando finalmente la hipotética nota final.

Claro que si lo que buscas es metal moderno, o contemporáneo, inyectado de puro death melódico, “Ghost Of The Past” es una buena opción. Ritmos más vivos conviven con unas guitarras, valga la redundancia, más melódicas, si bien conducen hacia un estribillo donde la sombra de Robb Flynn parece más bien alargada. El riff que enlaza las distintas estrofas puede no me diga gran cosa. Pero en suma es un corte que disfruto, que recuerdo incluso, con un Iban Hernando sobrado de pegada. Es el corte más raquítico en cuanto a duración de todo el álbum y por ahí puedes echar en falta algo más del discurso que alimenta otras ofertas de este segundo trabajo. No obstante deja la sensación de que puede ser un auténtico torbellino en directo.

En esos ritmos más vivos se mantiene esta “Digging Our Graves”, ahondando en ese fuerte calado melódico a través del cual Gorka Díez da sobrada muestra de clase y estilo. Diversa que no imprevisible por trazo, es verdad que deja un bajo más ahogado en la mezcla que en cortes precedentes. También que su faceta vocal resulta tan arisca y descarnada como se espera. Hernando completa una fantástica línea de batería en la que cabe todo un abanico de ritmos y cambios de ídem. Se percibe cierta desolación en ese trazo más pesado que conduce al puente central. Allí habrán de emerger de nuevo los EoD más ágiles y trotones, testamento vívido de la cara más melodeath del quinteto. Y si bien echo en falta un solo que apuntale su embalaje final, bien está lo que bien acaba.

Casi como colofón a ese mayor vértigo que atraviesa el tronco central del álbum, el prólogo de esta ”The Game” confluye con ese impulso más vitalista, si bien pronto transige hacia un avanzar casi marcial que recuerda, sobremanera, a la anterior “The Valley”, aun cuando EoD se revisten ahora de un groove más acentuado, lo que terminará por dotar a este quinto corte de una fortísima personalidad en contraposición a otras entregas. Bulle cierta desesperanza en su tronco central, acentuada por las nada amables voces que en él se dan cita. Tampoco amable es el breakdown que anticipará el epílogo, si bien no dejo de pensar que merecía algo más de espacio.

Tras el un tanto recurrente título de “Dark Side Of The Soul”, la sexta entrega viene de nuevo a destapar al mejor Gorka Díez. El vasco está estupendo tanto en la creación de riffs como a la hora de enlazarlos a través de una de las composiciones más complejas, y también contundentes, de todo el tracklist. Acompañado por una línea de batería igualmente diversa, contundente en las partes más vivas y certera, original incluso, en aquellas más apaciguadas y/o melancólicas, consiguen elevar al corte al bando ganador del disco. Al menos en opinión de quien aquí escribe.

From The Depths”, que conocimos semanas antes de que llegara a nuestras manos el disco completo, vive de reproducir la cara más melodeath de la banda, que se traduce en un corte tan previsible como falto de dobleces. Especialmente en sus dos primeros tercios. En el tercero proliferarán acentos más groovies aquí y allá, descarnados y contundentes, que terminarán por atemperar en ritmos y ennegrecer en tono lo que, en un principio parecía un death melódico proverbial y canónico. Bien jugado:

Sorprende “Scum” no por mantener viva esa llama tan melodeath sino por esos coros que implementa la producción de Monge, inéditos en el resto de cortes. Otro tema para alabar la buena labor de Gorka Díez. También para recuperar en la mezcla el ineludible bajo de Zarraga. En muchos detalles viene a resultar la composición más clásica de las nueve y parece venir a poner negro sobre blanco las influencias más noventeras del quinteto. Aquellos que gocen de los primeros In Flames sin por ello renegar de los más recientes, bien harían en darse un festín con esto.

Muy firme Hernando en la final “Shadows In The Abyss”. De nuevo hábil a la hora de enlazar las diferentes capas sobre las que transcurre un corte empecinado en confrontar las muchas caras que alimentan el metal de los euskaldunes. Blast beats, partes más arrastradas y alguna de las voces más agrestes y malencaradas de todo el álbum. También un deje de nuevo más atmosférico en ciertos solos de Díez. En especial ese que corona su tronco central, uno de los más acertados de todo el álbum desde el punto de vista puramente melódico. Al epílogo se le podría reprochar cierta falta de tensión. Si acaso un mayor riesgo en cuanto a composición. Por otro lado no es menos verdad que cierra “Shadows In The Abyss” con sobrada elegancia.

El disco mejora y con creces las sensaciones que me provocaron durante aquél ratito en la semifinal de la W.O.A. Metal Battle Spain 2023 celebrada en Puerto De Vega (Asturias). La tiranía del reloj que imponen los concursos. Lo cierto es que dadas varias vueltas al segundo de los vascos, resultan una banda tan capaz en sus intenciones como hábil a la hora de plasmarlas en sus composiciones. Y porque un poco a la contra de lo que imponen las tendencias y salvo aquellos pequeños detalles corales en “Scum”, este resulta un álbum de lo más orgánico. En una escena trufada de pistas pregrabadas y mil ayudas externas, Empire Of Disease recuperan las esencias primordiales sin por ello cerrarse a contorsiones más propias del metal más contemporáneo. Siempre desde un acercamiento muy natural. Sincero incluso. Que aunque no me resulte un álbum de diez y entremedias encuentre detalles con los que me cuesta llegar a conectar, enseña a una banda en clara línea ascendente. A seguir por ahí.

Texto: David Naves

Reseña: SoundCrush «Beyond Olympus Pt.1» (Autoproducción 2023)

Al borde de su décimo aniversario como banda nos llega nuevo material de los asturianos SoundCrush. A saber: David Vega (Teksuo), Ales Sánchez (Brutalfly, Narwhale), Iván y Luis Sánchez (Ariadne, Arson, Ochobre … ). “Beyond Olympus Pt.1”, el Ep que hoy nos presentan, ha venido al mundo en los estudios de Diego Teksuo en Laviana y habrá de verse completado con una segunda entrega ya con vistas a 2024.

En sus propias palabras, el trabajo plantea “un recorrido profundo y filosófico sobre la idea del ser humano y su papel en el universo, teniendo como eje central la dualidad entre el pasado (visto desde la perspectiva de la mitología griega) y el estado actual de la sociedad”.

Ni introducciones pomposas ni zarandajas artificiales de ningún tipo. “Alpha” arremete desde un primer instante con un metal cortado a cuchillo, pesado aunque directo, ágil y a la vez rocoso, contemporáneo y a la vez con cierto pulso clásico. Un arranque que a chispazos parece celebrar a Pantera, con el doble bombo haciéndose fuerte mientras conduce hacia el mayor reposo que reproduce su estribillo. Sabiendo del lugar donde se grabó el Ep, no sorprende que sea precisamente a Teksuo a quien recuerda el citado coro. Hay buenos detalles melódicos aquí y allá. Y aunque no sea cien por cien el tipo de metal que suelo escuchar, la verdad siempre por delante, me agrada, por curiosa, la apaciguada sección solista que ocupa el puente central y la forma en que se contorsiona en su parte final. Un gran arranque.

Beyond Olympus” arrastra un pulso más directo. Su línea vocal adquiere ahora una gravedad más pronunciada, también una mayor diversidad. Distintos tonos agrios y el obligado contraste con los registros más limpios juegan a entenderse sobre alguno de mis riffs favoritos de todo el Ep. Sean o no intencionados, hay ciertos giros en cuanto a la construcción de voces que me recuerdan al Devin Townsend más postrero. Y si bien echo en falta un solo que termine por redondear la composición a la manera de “Alpha”, bien está ese poderoso breakdown que precede al nervioso epílogo.

Manifest” parece querer encapsular el legado de los Gojira más calmos y atmosféricos a través de un prólogo, cuanto menos, llamativo. Es el corte más estirado de los cuatro y por ahí SoundCrush parecen haberse tomado el debido tiempo a la hora de construir cada riff, trazar cada línea de voz, pensar cada golpe de caja, cara a construir su buque insignia. Son apenas cinco minutos, después de todo, pero aquí se cita mucho del ideario que la banda maneja a día de hoy. Cuidada línea de bajo en esas partes más densas y atmosféricas, firme doble bombo en las más trotonas y estupendos riffs enlazando ambas vertientes de este manifiesto.

Primal Flame” es el corte más escueto de todo el Ep y por ahí uno entiende enseguida ese pulso más vibrante que arrastra. SoundCrush lo confrontan a un trazo ambivalente, especialmente en lo tocante a voces, trazadas con mimo y buen gusto. Arrastra buenos riffs y mejores melodías sobre ellos. También uno de esos solos que saben funcionar a favor de la composición a la que acompañan y no en beneficio del ego de cada cual. Más que correcta, se me queda algo coja por duración.

SoundCrush está de vuelta y en la primera parte de su “Beyond Olympus…” parecen tener bien claras sus intenciones. Metal de nuevo cuño que vive de picotear, sin plagiar, un amplio ideario que igual acoge una gran diversidad vocal o riffs más que notables sobre un trazo siempre llamativo por cuidado. Apenas diecisiete minutos de música pero un buen recordatorio de que la banda sigue viva y coleando. A la espera ya de la segunda parte que ratifique los aciertos de esta primera.

Texto: David Naves

Reseña: Unchosen Ones «Sorrow Turns To Dust» (Blood Fire Death 2023)

Sorrow Turns To Dust” es el debut para Blood Fire Death de los melódicos vigueses Unchosen Ones. La banda, formada por Robert Martínez (bajo y arreglos), Christian Marco (teclados, sintetizadores), José Fernández (batería), Javier Calderón (voz) y Fran Romero (guitarra). Con Koldo Rivas encargándose de la grabación en los SMHQ Studios y José F. Tercero haciendo lo propio con la mezcla y el master, el álbum salió a la luz el pasado veintiuno de abril adornado por el arte de Abigail Fernández.

Far Beyond The Thunderdome” evoca un páramo desolado que bien podría recordar al de la saga Mad Max. Y lo hace desde un metal melódico al que Unchosen Ones revisten con unas guitarras erigidas en émulo del Interceptor de Rockatansky. La línea de voz que traza Calderón aquí, con esa ligera melancolía impresa en estrofas, encaja como un guante. Y el solo, clásico por situación aunque algo justo por extensión, viene a redondear un inicio un tanto breve pero ideal a la hora de introducirnos en el tono de este “Sorrow Turns To Dust”.

Igualmente breve es una “The World Is Ours To Take” donde estallan los Unchosen Ones más decididamente melódicos. Queda claro con esa tenue desnudez de sus estrofas. Calderón está más vigoroso ahora y el estribillo, cuidadosamente armonizado con las guitarras de Romero, le funciona a los gallegos. La escasa duración del corte repercute en un solo un tanto timorato, lo que no quita para que el trabajo de Romero sea más que notable a lo largo y ancho de toda la composición. A buen seguro una fija en sus setlists.

Infinite Gear” sorprende con un prólogo de corte marcial, al que acompañan unas afinaciones con un empaque más metálico, amén de un bajo con más presencia en la mezcla, y que vendrán a mostrar a la banda en su encarnación más endurecida. Muy ochenteros sin embargo los colchones de teclados que acompañan a Calderón, especialmente en estrofas, al tiempo que elegante y señorial el estribillo que la banda dibuja aquí. Destacan de igual forma la gama de arreglos que el quinteto introduce aquí, esos sintes de corte retrofuturista, tan en boga. Y finalmente el estupendo solo, ahora sí, de Romero. Estupenda.

Pese a su remansado prólogo al piano, en esa senda más poderosa una “Sorrow Turns To Dust”.En realidad el corte cabalga entre dos tierras: la más remansada de unas estrofas casi desnudas de guitarras y los estribillos más poderosos y recargados. Y entre medias, arreglos y orquestaciones con un poso más oscuro. Romero amenaza con un solo durante el puente, no obstante es Christian Marco tras el teclado quien acaba por tomar el mando de las operaciones. Breve, sencilla y muy funcional.

The Accursed Moon”, intro de apenas minuto y medio y de corte tan épico como cinemático, nos conduce hasta una “Kill The Night” que pone en liza a los Unchosen Ones más pomposos y recargados. Fuerte carga arreglística la que adorna este sexto corte del álbum, con un riff de los que anidan en el subconsciente durante días. Tras un estribillo con todo el sabor del mejor metal melódico alemán, pienso especialmente en aquellos Edguy previos a que Tobias Sammet descubriera la gallina de los huevos de oro con Avantasia, todo opera a favor de obra para los vigueses. Y es que la banda parece echar el resto aquí. Cierto es que su andamiaje puede no ser para nada revolucionario pero las piezas dispuestas engranan a la perfección.

Sorprende “Too Late” con ese prólogo de pronto tan heavy, por momentos casi marcial, que trae al frente la cara más abiertamente metálica de los gallegos. En afinaciones, en el registro tan agudo de Calderón, en el doble bombo de Fernández en estribillos y con el broche que supone el reducido pero eficaz solo de Romero.

Así las cosas, “Shadow Dancer” habrá de retornar a terrenos más cercanos al hard. Sorprende, por tanto, la fuerte presencia de la que goza ahora el bajo de Robert Martínez. En cualquier caso, estos son los Unchosen Ones más amables. Armados con toda una serie de acomodos en cuanto a arreglos, riffs de sabor inequívocamente clásico y ese marcado aire a Dokken impregnando cada acorde.

Lejos de proseguir esa senda más melódica, “Ashen Wasteland” se acerca irremisiblemente al power a través de un fulgurante prólogo a puro riff cabalgante y doble bombo. Corte adrenalítico en el que no obstante los chicos parecen sentirse igualmente cómodos. De construcción más libre que el resto de entregas, que la hayas escuchado infinidad de veces antes no significa que no les funcione. En especial por la forma en que saca a relucir lo mejor de Unchosen Ones en lo que a ejecución se refiere.

En “The Call Of The Rain” sobreviven esas pulsiones más metálicas, entre medias de su acostumbrado hard/heavy clásico y melódico. Que a estas alturas del álbum quizá no me enganche como lo hacían los primeros cortes del álbum pero que con eso y con todo sigue contando con detalles de interés. En especial por parte de un Fran Romero que sabe extraer lo mejor de sus seis cuerdas. Tanto en solos como en las distintas melodías con las que acompaña la siempre armoniosa voz de Calderón.

La final “True Warrior” abraza una onda cercana a Axel Rudi Pell, navegando entre la balada y el medio tiempo, con un elegante crescendo en su parte central y que desemboca en un epílogo elegante, a ratos casi ceremonioso, que vendrá a ejercer de perfecto broche a este buen “Sorrow Turns To Dust”.

Unchosen Ones tienen motivos más que de sobra para estar contentos. Su primer álbum brilla desde un su indisimulado gusto por el metal de corte más melódico, para después elevarse y picotear de territorios más metálicos. No por nada bandas como Dream Evil o Beast In Black aparecen citadas entre sus influencias. Cierto que hay cortes a los que se les podría haber sacado algo más de jugo. Pienso especialmente en “Far Beyond The Thunderdome” pero en cualquier caso el disco sabe brillar cuando se lo propone. A la hora de escribir buenos temas, ahí están “Infinite Gear” o la estupenda dupla que componen “The Accursed Moon” y “Kill The Night” o el distinguido cierre con “True Warrior”. Tal y como reza cierto meme de internet: “bien trabayao”.

Texto: David Naves

Reseña: KK’s Priest «The Sinner Rides Again» (Napalm Records 2023)

Muchas veces la música en general y el metal en particular no son más que un juego de expectativas. Las que había con el debut de KK’s Priest eran bastante altas y, debates individuales al margen, podemos concluir que el álbum nunca llegó a cumplirlas del todo. Sesenta y cuatro sobre cien tiene de nota media “Sermons Of The Sinner” en la llamada “Encyclopaedia Metallum” sin ir más lejos. Sea como fuere y ya con el veterano Les Binks fuera de la disciplina de la banda, cuyo puesto tras los parches ocupa ahora el Cage y ex-Ross The Boss Sean Elg, aquí siguen Tony Newton al bajo, A.J. Mills en guitarras, Tim “Ripper” Owens en voces y sobra decirlo K.K. Downing también en guitarras.

Con producción del propio ex-Judas Priest, “The Sinner Rides Again” ha vuelto a grabarse bajo el mismo equipo que hiciera lo propio en el anterior trabajo. A saber: el bajista Tony Newton y Anthony Wall, con la diferencia de que esta vez ha sido el Pyramaze Jacob Hansen (Anubis Gate, Xandria, Avantasia, Volbeat, Doro, Evergrey…) quien se ha encargado de mezclar primero y masterizar después las nueve pistas que contiene este segundo esfuerzo de los británicos. En la portada, más fea que el precio de los alquileres si me preguntan, repite Andy Pilkington (Flotsam and Jetsam, Tygers of Pan Tang, Fifth Angel…) para un trabajo que vio la luz a finales de septiembre a través del sello austríaco Napalm Records.

Sons Of The Sentinel”, que irrumpe solemne y poderosa, transige pronto hacia un metal vigoroso y rotundo. De revoluciones altas y donde Owens percute con sus agudos marca de la casa. El de Akron puede no epatar del modo en que lo hiciera en aquél ya lejano “Jugulator”, el tiempo pasa para todos, pero parece seguir guardando unos cuantos trucos en su particular chistera. Aún cuando suena algo forzado, que es el caso. Sorprende en cualquier caso lo frontal del estribillo y el riff tan simple, pero tan efectivo, sobre el que se apoya. El puente, que recupera para el fondo aquél deje solemne del prólogo, da obligado paso a la inevitable ración solista. Duelo éste que parece un cruce entre los ídem de “The Sentinel” y “Hellrider”. Un inicio sin grandes sorpresas ni tampoco mayores dobleces. Digno y bien dirigido. Poderoso incluso.

Strike Of The Viper”, hasta el día de hoy el corte más escueto que haya entregado la banda, deja escapar muchas buenas ideas precisamente por lo raquítico de su propia duración. Owens parece más cómodo en estos tonos más rabiosos, disfrutando como un enano mientras acomete una de las líneas de voz más perpendiculares de todo “The Sinner Rides Again”. La otra vendrá más adelante en el tema título. Hay buenas armonías aquí y allá, y entiendo que la intención era entregar la cara más rotunda de estos KK’s Priest. Pero se suceden las escuchas y siempre termina por saberme a poco.

Reap The Whirlwind” tiende un riff casi motörheadiano, permítaseme el vulgarismo, para lo que no deja de ser una pieza de metal sencilla, vivaracha, directa y al pie. Con la firme pegada del californiano Sean Elg durante estrofas y una construcción más hábil durante el reluciente despliegue solista del puente. Que no sorprenderá a quienes lleven toda una vida siguiendo los pasos del rubio guitarrista de Birmingham pero tampoco puedo decir que desagrade. Pero otro corte que palidece, aunque solo en parte, por una duración algo escueta. Son setenta y uno los años que tiene el, a día de escribirse estas líneas, todavía ex-Judas Priest, y la consigna, al menos en lo que vendría a ser la cara A del hipotético vinilo, parece clara, Al menos si uno recuerda la duración media de los cortes que integraban aquél primer álbum de 2021.

One More Shot At Glory” calma por fin las altas revoluciones por las que venía transitando “The Sinner Rides Again”. Y lo hace redirigiendo hacia un medio tiempo al que beneficia un riff pegadizo, con clase y un gancho de mil demonios, así como una producción encargada, a ratos, de otorgarle una mayor épica al conjunto. Un corte que acelera el pulso en su tronco central, acogiendo ahí unas vibraciones más asemejables al resto de cortes aquí presentes. El solo, que perderá en velocidad para ganar en melodía, reluce como pocos dentro de este tracklist. Y es que “más”, en este caso velocidad, no ha de ser siempre sinónimo de “mejor”. Owens por su parte parece más en sintonía aquí, desde luego más natural que en aquella “Sons Of The Sentinel”, lo que contribuye finalmente a componer una línea de voz a la que no le faltan ni gancho ni tampoco punch. A día de hoy una de mis favoritas de esta segunda venida de KK’s Priest.

Hymn 66” aún hará más por rebajar esas altas pulsaciones, descendiendo a territorios lindantes (que no tocantes) con el doom más primigenio y elemental. En especial durante las primeras estrofas del mismo, moviéndose así hacia un terreno apenas explorado por el guitarra de los West Midlands. El corte va y viene, propiciando buenos cambios de ritmo, bien aprovechados por Elg para tramar una línea de batería ágil hasta casi la contorsión. Y no obstante el resultado final no ha llegado a engancharme del todo. Puede que el problema resida precisamente en lo brusco de sus distintos cambios de rumbo. Cambios que alcanzan a sonar algo aleatorios. Impostados incluso. Tampoco ayuda un estribillo que, esfuerzos de Owens al margen, desbarra a la hora de buscar una mayor épica, destapando finalmente una acuciante falta de gancho. Que fuera una de las elegidas para la promoción del álbum entra para mí en lo enigmático. Lo arcano si me apuran.

Sin llegar al deslenguado descaro de Burning Witches con su World On Fire”, cierto es que las primeras estrofas del tema título “The Sinner Rides Again” siempre me recuerdan a “Judas Rising” del sacerdote. Un corte clásico del señor Downing: buena construcción, hábil juego tonal incluso y una producción hábilmente situada entre los formalismos que exige el presente y la lealtad a la que obliga el pasado. Hay algo en la línea de voz de este sexto corte que habrá de desligarlo del resto, mostrando a un Owens en tesituras más formales, si por formales entiende uno más convencionales. Todo contribuye a hacer de este otro de los cortes más distintos del tracklist, jugando en este caso a favor. Acierta, pienso, allí donde falló la anterior “Hymn 66”. Aunque como siempre digo, estoy abierto a debate.

Larguísimo prólogo el de “Keeper Of The Graves”, muy en sintonía con lo que Judas Priest vinieron a proponer en un álbum tan denostado y a la vez incomprendido como fue “Nostradamus”. Owens, otras veces tan exuberante, sobreactuado incluso, reserva para esta introducción una de las interpretaciones más subyugantes que se le recuerdan. Y todo para que luego el corte vire de forma dramática hacia un metal tan poderoso y firme como convencional y un tanto predecible. Que acierta, al menos en lo que a intenciones se refiere, porque los coros que se suceden a lo largo y ancho del corte no podrían sonar más desangelados. El epílogo, sí, recupera los sonidos del inicio y propicia la habitual construcción circular. Tan clásica. Tan efectiva. Pero siempre pienso que podría haber sido uno de los emblemas de esta segunda entrega y entre unas cosas y otras termina quedándose en tierra de nadie.

Funciona mucho mejor “Pledge Your Souls”. Quizá porque lejos de exigirse más de la cuenta, abraza un convencionalismo que a estas alturas del disco resulta, por irónico que parezca, de lo más refrescante. Todo funciona en esta receta tan sencilla como elemental, amén de que la banda parece especialmente lúcida en lo que a ejecución se refiere. Estrofas, solos, estribillos, puente. Todo está donde debe de estar y si tengo que ponerle un pero, es ese engorroso fade out final. Un corte que habría de agradar a los fans más irredentos así como entregar buenos réditos sobre las tablas.

En un universo paralelo, fue Ronnie James Dio y no Tim “Ripper” Owens quien entró en Judas Priest tras la salida de Rob Halford. En algo así pienso cada vez que alcanzo el corte final “Wash Away Your Sins”. Que el propio vocalista estadounidense integrara una banda tributo al pequeño elfo no hace sino acrecentar la idea en mi subconsciente, amén claro del propio riff que Downing propone aquí y que parece huido de algún postrero álbum del frontman nacido en Portsmouth. En definitiva un corte llamativo por lo anecdótico de su propuesta y no tanto por lo redondo de su factura, convencional y anodina pero sin las buenas hechuras de, sin ir más lejos, “Pledge Your Souls”.

La cuestión es si esto mejora no ya a “Firepower”, quizá el definitivo canto de cisne del sacerdote, sino a aquél “Sermons Of The Sinner” de 2021. Y lo cierto es que pienso que sí. Este pierde diez minutos de metraje con respecto a aquél al que sucede y KK’s Priest dan la impresión de estar ahora más concentrados, de ser más sabios. Cortes como “One More Shot At Glory” o el tema título me parecen entregas que superan tanto en escritura como en ejecución, incluso en feeling, a cualquier corte del debut. No diría lo mismo de otras como “Strike Of The Viper” o en especial “Hymn 66” pero es que nadie dijo que sacarse de la manga una obra maestra pasados los setenta fuese sencillo. En ningún caso. De todas formas quienes busquen aromas clásicos, cortes bien producidos (salvo los pequeños detalles apuntados) y un vocalista de esos que ya no quedan, bien harían en dejarse caer por esta segunda venida de la banda.

Texto: David Naves

Reseña: Litost «Pathos» (Blood Fire Death 2023)

Litost vienen de Valencia y en la info que nos adjuntan desde el sello catalán Blood Fire Death dicen practicar una mezcla de black, death y crust. Credenciales que uno tal vez no adivinaría viendo según qué fotos promocionales del cuarteto formado por Daniel (batería), Pedro (bajo y voz), Joaquín (guitarra y voz) y Manri (guitarra y voz). Este “Pathos”, que viene a suceder al debut “Ethos” de 2019, contó con Luis Varó para la grabación de baterías en BlackStage Studio mientras que el resto de voces e instrumentos vinieron al mundo de la mano de Manri, a la sazón fundador de la formación mediterránea. Las pistas resultantes serían convenientemente mezcladas y masterizadas por el Balmog Javi Félez (Altarage, Spectrum Mortis, Blazemth,Ouija, Foscor…) en los Moontower Studios. Con artwork de Pablo Ruiz Valls, el álbum se encuentra en la calle desde el 17 de marzo.

Literalmente tormentoso el prólogo de una “Tromba” que pronto transige hacia un metal extremo de fortísimo poso melódico. A través de un cuidado trabajo de guitarras y mientras Daniel descerraja la caja de su batería como si ésta le debiese dinero, la banda construye un arranque de álbum destinado a enganchar lo antes posible al oyente. Pero es toda vez alcanzamos las primeras estrofas que la composición muestra el verdadero músculo que se esconde tras este nuevo álbum. El equilibrio que logran entre ese fuerte influjo melódico y lo agónico de sus líneas de voz puede no resultar novedoso a estas alturas pero tampoco puedo decir que le falte pericia. Al contrario.

Espectro” recrudece las esencias de Litost mientras prosiguen los blast beats incesantes y las voces agónicas. Todo rodeado de cuidados engarces entre estrofas, la banda saca músculo y de qué forma, para después perderse por toda una serie de cambios de ritmo que van desde lo más espacial y atmosférico hasta incluso la introspección semiacústica. Litost amalgama toda su maraña gramática con la solvencia que da una mezcla que distingue, sin mezclar, cada una de las líneas. Cada uno de los instrumentos. Irreprochable “Pathos” en este sentido. Agónico y tremebundo epílogo. Estupenda.

Sorprende la instrumental “Vigilante Del abismo”. Orquestal cinemática, de una épica desgastada, quizá no del todo acorde al leitmotiv del álbum, y que en cualquier caso nos transporta hasta una “Emboscada” que rezuma urgencia desde el primer acorde. Black, crust y viceversa fusionados para dar origen al corte más desquiciado de los ocho. Guitarras que dibujan melodías casi psicóticas, voces que más que gritar, aúllan, y una más que enrevesada línea de batería para dar forma a un corte que a falta de una duración mayor, condensa en ni tan siquiera cuatro minutos lo más demente de Manri y los suyos.

Simún”, “temporal fuerte, cálido y seco de viento y arena, que sopla en el Sahara, Palestina, Jordania, Siria y los desiertos de Arabia. Su temperatura puede sobrepasar los 54 °C, con una humedad por debajo del 10%” en palabras de doña wikipedia, bien podría asemejarse a la tricefalia de una hidra. El paso más acompasado de su primer tercio, el más descosido que domina su tronco central y, finalmente, el más atmosférico que emergerá cerca del epílogo. Trazo poderoso, lleno de recovecos, que la banda resuelve sin sacrificar un ápice de intensidad. Otra de las grandes ofertas de este segundo trabajo.

Barján De Céfiro”, también instrumental, se conduce esta vez hacia tonos más orientales, dejando entre medias un fuerte regusto que, tal vez por mi estrechez de miras en estos casos, me recuerda a los trabajos en solitario del Nile Karl Sanders. A término irrumpe “Vendaval”, de nuevo instrumental y en la que Litost dan rienda suelta a su faceta más melódica mientras allana el camino para la ensalada de solos que se desatará más adelante. Todo bajo una firme y por momentos casi marcial batería de Daniel, que apenas pierde ripio a lo largo de estos cuatro minutos de técnica fulgurante. Curiosa cuanto menos.

Para el cierre queda el corte más extenso de este nuevo álbum, los cinco minutos largos de una “Galerna” que, para sorpresa de casi nadie, aglutina muchos de los grandes rasgos que identifican la particular forma de componer de los valencianos. Que de todos modos no resultará nada reiterativa o redundante pues está dispuesta a través de tonos, hasta cierto punto divergentes conforme a los dispuestos con anterioridad dentro de “Pathos”. Un gran cierre.

Litost “término acuñado por el filósofo checo Milan Kundera y relacionado con la introspección y la miseria humana” les viene que ni pintado. El disco puede tener como lastre lo exiguo de su duración. Ocho cortes, varios de ellos instrumentales, para treinta minutos de música, puede pensarse son poca munición en unos tiempos donde los álbumes de cincuenta, sesenta o incluso setenta minutos están a la orden del día. La otra cara de la moneda es que, por ahí, “Pathos” apenas ofrece fisuras. Bien pensado desde el papel y mejor ejecutado, la banda da la sensación en todo momento de estar muy segura de lo que ha hecho. Y se nota.

Texto: David Naves