Y “Marcados” fue presentado por todo lo alto. Caballo Moldavo, en una noche de lo más concurrida (Pûlsar To Floyd en Gijón, Mephistofeles también en Oviedo) lograron registrar una buena entrada en nuestra querido Gong Galaxy Club. Nada mal para una banda local que, a base trabajo y esfuerzo, de currar y currar, ha sabido ir labrándose su hueco dentro de la escena asturiana. En el envite no estaban solos. Junto a ellos, los vikingos de Puerto de Vega Sküld, se sumarían a la fiesta. Cita que teníamos marcada a fuego en la agenda desde meses atrás.
Teníamos muy reciente a la buena gente de Sküld, aquél paso por el Seronda Rock (crónica), por lo que, quien más quien menos, esperaba alguna sorpresa. Sea como fuere, esta es una de esas bandas que siempre resultan amenas y divertidas. Atruena la intro y la Gong se inunda de un cierto aire épico. Y de hecho “My Mother Told Me” parece engranar ya la mejor cara del quinteto. Su heavy metal recoge un buen puñado de influencias, siempre con un acento clásico y muchas ganas de agradar y divertir.
“Blood Eagle”, de hecho, desplegó esa cara más heavy y clásica, con Robert dejando un buen solo de guitarra y la banda enlazando con “Lágrimas De Freya”. Y fuese por la presencia de Lorena al micro, o por ciertos riffs que dibujaron, el nombre de los siempre recordados Darna sobrevoló mi subconsciente aquí. En líneas generales, y con una frontwoman de lo más activa, me pareció que estábamos viendo una gran versión de los de Puerto de Vega.
La gente, claro, se enganchó cuando enfrentaron “Last In Line”, del legendario Ronnie James Dio. Qué buen tino tienen siempre para las versiones. “Esta os la sabéis, cabrones” había apostillado José Carlos, bajista de los asturianos. Y tanto que sí. Otro buen solo de Robert aquí y una Lorena que salió más que airosa de la difícil empresa, reemplazar a un irremplazable. En “Odín”, otra de las que nunca les fallan, se produce un buen duelo solista entre Chinky y Robert. Y mientras que “La Xana Del Caballar” pone a trotar a Roberto Peláez tras baterías, caben también buenos coros de Robert y José Carlos. La gente se animó en este tramo final.
Hubo hueco para los habituales agradecimientos. También para presentar algún tema nuevo (en proceso de grabación con Pablo Viña a los mandos, anunciaron) y enfrentar un tramo final con producción propia (“The Rumor”) y ajena (“Flight Of Icarus”), con Lorena perdiéndose entre la gente mientras la banda recorría las legendarias estrofas de Iron Maiden. La siempre disfrutona “Long Distance Reader” pondría el punto final a otro set divertido y dicharachero del quinteto del noroccidente. Siempre agradables.
Máxima expectación ante la llamada del establo. No ha sido poco el trabajo que ha llevado a Caballo Moldavo hasta la edición física de su primer largo de estudio. “Marcados” son años de trabajo, el que se ve y el que no, y a tenor de lo visto, la gente supo reconocerles el esfuerzo. No era, como digo, una noche fácil. Mephistofeles, en la contigua Lata De Zinc, habían colgado el cartel de no hay billetes. Y, aún así, el cuarteto ovetense aglutinó a un buen número de fieles en la noche del viernes. A algún invitado ilustre, incluso.
Kalari ejerce de anfitriona tras las teclas. Los “Ecos Del Pantano” sirvieron de puerta de entrada al set. También de señal de alerta a quienes habían salido a por el piti de rigor. La banda arremete entonces con “El Blues Del Innombrable”, donde envueltos en un sonido aún algo errático, Hooves descerraja un buen primer solo de guitarra. Es un buen arranque. Pero con el sonido ya bien equilibrado, es una gran versión la que ofrecen en “Alimentándose En Secreto”, una de las andanadas más rotundas y vibrantes de la jornada. Vendimos nuestras almas al Reverendo. No quedaba otra. Buenos coros de Hooves aquí y una base rítmica, la del Hermano Lynott al bajo y Jhonny Liver en baterías, apuntalando la versión más trotona del establo. Tal y como dejó dicho el Reverendo, “el caballo había vuelto a Otero”. Y de qué forma.
Tuvo que ser uno de sus cortes más clásicos quien apaciguara un tanto los ánimos: “El Cuervo” puso una mayor calma, una cierta aridez incluso, mientras la voz de Caballo Moldavotrotaba de lado a lado del escenario. Son muchas las veces que nos hemos visto las caras. Pero me atrevería a decir que nunca con un Reverendo G. Throat tan activo como la noche del viernes. Agradecimientos a la buena gente de Sküld y turno para el corte que daba título a aquél Ep de 2021, “Réprobos”, siempre de frente, con el frontman bajando al piso y Hooves dejando otra buena ristra de solos.
Siempre me ha costado trabajo encasillar a Caballo Moldavo en una etiqueta concreta pero es verdad que la de Danzig aparece como una figura (quiero pensar que sólo en lo musical) de vital importancia para ellos. Al de Nueva Jersey rindieron pleitesía, una noche más, con su revisión del “Dirty Black Summer”. Si no arrimábamos cebolleta así, desde luego iba a ser imposible. Hay que ver cómo llenaban Liver & Lynott aquí desde sus respectivas tareas. Quizá de ahí que “Marcados”, que da nombre al álbum, ganase tantos enteros en su traslación al directo. Al menos esa impresión tuve. Lo cierto es los chicos llegaron a la Gong con la lección pero que bien aprendida. Tantos años de rodaje, al final, se notan. No queda otra. “Mi muerte centinela”, que el Reverendo abre con una cita de Octavio Paz, había sido proclamada por la voz moldava como una de sus favoritas. Un corte cuyos contrastes en estudio se magnifican con el grosor (“vaya gordor”) del directo.
En “Misa Negra”, especialmente durante el puente más calmado, tuve la sensación de que nunca había contemplado tal comunión entre banda y público en un show de este particular establo. Pero pese a que era la presentación del nuevo disco, ellos andan ya mirando al futuro. Tema nuevo, que no traiciona sus esencias, y donde Hooves dejó algún que otro riff ganchero y pegajoso como pocos. La noche continuaba. Y lo iba a hacer con la presencia arriba del escenario de un tal Pablo García, a quien los elementos quisieron jugarle una (pequeña) mala pasada. Caballo Moldavo mutaban así en quinteto y, por ahí, “El Pantano” procuraba al cierre su cara más abiertamente alucinada.
De nuevo en su formato original, tocaba enfrentar la recta final, donde “Bienvenidos Al Valle Del Cielo” demuestra que puede ser una canción grande para ellos. Sin ni mucho menos abandonar sus señas de identidad, conecta con la gente, tiene gancho por los cuatro costados y redondea con la precisa outro de Kalari a las teclas. Otra de las que, pienso, ganaron una barbaridad con respecto al estudio. El Reverendo echó mano del megáfono y “Al Otro Lado Del Viento” rivalizó con el corte anterior en cuanto a enganche con la audiencia. Dos cortes que, presumo, va a costar horrores sacar de los cierres de sus shows. Como ese “Green Machine” (Kyuss) al que reverenciaron una noche más. Indómitos, áridos, crudos, orgánicos y de lo más disfrutables. We ride at dawn.
La cuadra vikinga. Una buena dupla para una tarde noche de lo más prestosa. Creemos sinceramente que se cumplieron las expectativas. Muchos nos volvimos marcados para casa y esta nueva era moldava se abrió, pensamos, de forma inmejorable. Es por ello que no quisiera cerrar sin agradecer a ambas bandas por el trato que nos dispensaron, ni tampoco sin mandar un saludo a la mucha buena gente con la que departimos antes, durante y después. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
El 10 de noviembre fue mi cumpleaños y Madness Live me dio el mejor regalo del mundo, dos pases «Meet And Greet» para conocer a Halestorm. Antes de contar mi experiencia quería explicar lo que siento por esta banda para que podáis entender mejor como fue vivirlo a través de mí. Halestorm es una banda que amo muchísimo, desde que escuché por primera vez ¨Love Bites (So Do I)” fue un amor eterno y Lzzy con esa voz que tiene, que puede ser suave como puede ser ruda me encanta. Lzzy es mi diosa, es una de mis mayores ídolas y la adoro.
El viernes 14 de noviembre nos presentamos en la Sala Totem de Villava (Pamplona) a las 16:30 ya que esa era la hora del meet and greet. Cuando salieron los hombres del staff nos explicaron que como solo éramos tres personas podíamos vivir la experiencia de una manera diferente y más íntima. Tengo que admitir que no domino el inglés y todos hablaban el idioma, me sentí un poco como una estúpida. Por suerte la tercera persona aunque era de fuera de España sabía un poco español e italiano y nos pudimos entender con ella y nos traducía lo que nos decía el staff. Nos regalaron a cada una una riñonera con las letras de Halestorm y un collar con el pase VIP y aunque me anticipo a decir que me llevé varias cosas ese día sin duda lo que más me gustó y me ilusionó fue el pase.
A los quince minutos entramos a la sala y nos llevaron al lado de los camerinos. El primero en salir fue Arejay y después salieron de seguido Josh, Lzzy y Joe. Todos los miembros nos saludaron individualmente, el primero en saludarme fue Joe que me dio la mano, luego fue Lzzy que me dió un abrazo ¡pellízcame!, y después me saludó más tímidamente Josh que me dio también la mano. Si hubiera sido otra banda tal vez hubiera actuado de manera totalmente diferente pero al ser ellos me paralicé. Quería haberles dicho un millón de cosas, lo mucho que amo su música, lo especial que es para mí, que es un sueño conocerlos,… pero no me salían apenas las palabras, de hecho habló mi madre mucho más con ellos y eso que ella sabe menos ingles que yo. Fueron muy gentiles y cercanos, conversaron con nosotras aunque yo entendía muy poco y nos regaló cada miembro una púa. Me firmaron el poster del concierto y no pude resistir la oportunidad y le pedí a Lzzy que me dibujara mi próximo tatuaje que espero hacerme antes de que termine el año. Joe ama la fotografía y cuando saqué mi cámara se interesó por ella, se la presté y me hizo una foto a mí (que salgo horrible con mi cara de tonta-felicidad) y luego hizo otra a Lzzy, un poco desenfocada pero muy tierna la foto. Para terminar nos hicimos una foto con la banda y nos despedimos. Sin duda fue un momento mágico, no se cuanto tiempo estuvimos con ellos pero fue todo perfecto.
Como solo eramos tres personas nos dejaron ya dentro de la sala así que aprovechamos para comprar en el merchandising. Yo me compré el último disco y una camiseta que tenía un precio bastante elevado pero era preciosa y necesitaba una camiseta de ellos. En el puesto también tenían un QR para participar en un sorteo para ganar el setlist del concierto firmado por los miembros y púas, y por supuesto participamos. Nos dijeron que no podíamos hacer ningún tipo de grabación ni fotografía y no pueden decir que éramos unas malas fans ya que nos quedamos las tres al fondo de la sala sentadas sin molestar a nadie, no porque nos riñeran o nos dijeran que teníamos que estar ahí sino porque estábamos cogiendo fuerzas para la gran noche.
A las 18:30 abrieron las puertas y a las 19:30 horas salieron al escenario Bloodywood. No conocía esta banda pero fue toda una sorpresa para bien. Esta banda hindú es una combinación de varios géneros como folk, rap, y por supuesto metal. Sin duda fue una muy buena opción para abrir el concierto ya que son pura energía, tienen un ritmo contundente, una fusión de estilos llamativo y una puesta en escena excelente.
Raoul Kerr rapeaba mientras que Jayant Bhadula hacia guturales, dos cantantes diferentes que juntos eran asombrosos. Con el retumbar de Vishesh Singh a la batería y de Sarthak Pahwa al dhol (tambor) pensé que en cualquier momento echarían abajo el escenario. Ver a toda la formación en línea haciendo headbanging al unísono fue espectacular. Hubo un momento en una canción que Sarthak Pahwa bajó al foso para tocar y hacer headbanging más cerca del público. La sala, que estaba llena, se rindió a sus pies cuando Jayant Bhadula pidió que todo el mundo se agachara y cuando contó tres todo el mundo saltó y disfruto con el ritmo ametrallador de la banda. Bloodywood tocó siete canciones aproximadamente y puedo asegurar que con la primera ya nos llevaron a su bolsillo. Me dejaron con la boca abierta, sin duda van a mi lista de bandas para volver a ver.
A las 20:45 salen en escena Halestorm con “Fallen Star” primera canción de su nuevo álbum “Everest” y lo primero que llama la atención es que todos los miembros llevan pañuelos rojos homenajeando la ciudad. Lzzy con un grito feroz empieza “Miss The Misery” y sigue con “Love Bites (So Do I)” con las que el público enloquece y cantan con ellos. Lzzy se movía por el escenario con esa presencia que tiene de femme fatale, con poder y sensualidad. Seguimos con caña y con otra canción del nuevo disco, “Watch Out!”, y “Back From The Dead” única canción que cantaron de su anterior álbum (eso me dolió, es mi disco favorito).
Es hora de bajar las revoluciones y sacar los teclados con “Like A Woman Can” y “How Will You Remember Me?” canción que dedicó a Ozzy y que a mí personalmente me tocó muy hondo. Retiran el piano y volvemos poco a poco a subir las revoluciones cantando todos al unísono “I Am The Fire” y “I Get Off”. Me encanta ver durante todo el concierto la unión tan especial que tiene Lzzy y Joe, tocando los dos la guitarra juntos, son un dúo fantástico. Lzzy sale con una copa de vino y empiezan a cantar el estribillo de “Familiar Taste Of Poison” pero cuando termina de cantarlo bebe de la copa, la tira al público y canta “Rain Your Blood”.
Se retiró toda la banda del escenario para dejar a Arejay con su solo de batería y como el tamaño importa, en mitad del solo dejo sus baquetas «normales» para sacar unas enormes que podrían medir un metro fácilmente y aunque por su tamaño podría dificultar la velocidad y potencia para tocar la batería demostró que es un maestro y toco igual de ágil como si fueran las normales.
Volvieron el resto de miembros y se prepararon para darlo todo con “Freak Like Me” y el público no se quedó atrás ya que cantaban y saltaban con ellos. Continuaron con “Mz. Hyde” y “Perry Mason”. Debo decir que me quedé asombrada con la cantidad de guitarras y bajos que tiene la banda ya que estuvieron constantemente cambiando de instrumentos, lo máximo que podía durar una guitarra en el escenario eran dos canciones luego se cambiaba por otra. Siguieron con “I Gave You Everything” y se retiraron del escenario pero no por mucho tiempo ya que el público les llamó y ellos regresaron brindando con un chupito y cantaron “Here’s To Us”. Volvieron a sacar el teclado y se despidieron con “Darkness Always Wins” y “Everest”. Cuando finalizó el concierto la banda tiró al público púas, baquetas, setlist (yo pude conseguir uno), parches de la batería y Lzzy tiró una carta.
La banda lo dio todo en un concierto que duró más de una hora y media. Hizo un setlist bastante variado, predominando el último álbum ya que es el que estaban presentando. Personalmente me hubiera gustado que hubieran cantado más del álbum “Back From The Dead” y alguna balada que me encanta pero no me voy a quejar ya que estuvieron geniales. Es la segunda vez que les veo en directo y espero volver a verlos pronto porque me encantan.
¡ESPERAD! ¿Qué pasó con el sorteo del setlist y las púas? Casualidades de la vida me tocó a mí. No es broma, hasta el hombre del merchandising se sorprendió. No se que me ha pasado que nunca me toca nada (solo una vez me tocó algo… estar en la mesa electoral… yuju…) pero ese día fue mi día, tuve muchísima suerte.
Quiero terminar dando las gracias a Madness Live por darme el pase «meet & geet», a mi querida madre por regalarme la entrada y a Heavy Metal Brigade por dejar compartir mi experiencia.
o de cuando El Gran Café se convirtió por una noche en el Whiskey a Go Go
Día de perros en la capital del viejo reino. La noche estaba más para manta y peli que para tirarse a la calle. Pero llevamos el gusanillo del rock ahí dentro, que le vamos a hacer. Eh! Y que nunca nos falte…
Los angelinos The Mercury Riots recorren Europa de norte a sur en una gira de casi tres meses a la que ya solo le quedan unas pocas fechas por completar. Ya habían visitado nuestra ciudad hace unos años con su anterior formación dejando buen sabor de boca y no podíamos faltar a la cita.
Las circunstancias no presagiaban buena entrada. Llegamos a una sala prácticamente vacía a unos minutos de la hora anunciada de inicio. Se retrasaba el arranque y poco a poco se iba animando la cosa. Finalmente se rondó una media entrada, escasa para lo que se merecía este concierto, pero suficiente para que el ambiente fuera agradable. Aunque cierto es que después de lo visto, daba igual la entrada. El ambiente lo iba a poner la banda llevándolo a unos niveles espectaculares.
A eso de las 10:05 horas Jonny Udell se sienta en su batería y de inmediato se empieza a oír una guitarra sin saber de dónde viene. Aparecen entre el público los otros tres integrantes. La guitarra que suena es la de Felipe Rodrigo atacando el precioso y ambiental inicio de “Make It”. La batería arranca a continuación sonando atronadora. Aquello pintaba muy bien. Cuando revienta la canción empezamos a darnos cuenta de la locura que nos esperaba. Sonido perfecto, actitud, una presencia escénica imponente con Justin Paul Walker, su vocalista, como perfecto maestro de ceremonias, sin parar un momento y mostrando un nivel de voz brutal.
Y se empieza a suceder temazo tras temazo desgranando su hasta ahora único álbum. La base rítmica es demoledora, super compenetrada. No se echó en falta a su bajista titular, Fede Delfino, sustituido en esta gira por el propietario de un precioso Rickenbacker que nos perdonará por no quedarnos con su nombre. El único pero que se le puede achacar fue su presencia escénica. No lo hizo mal en absoluto, pero es que Fede es mucho Fede.
Llamaba la atención la ausencia de amplificadores en el escenario, algo llamativo en estos estilos más “clásicos”, pero que no afectó para nada en que todo sonara muy orgánico, muy auténtico (Lo siento señores “puristas” pero con lo digital también se pueden conseguir ya tonos espectaculares).
La Telecaster del guitarrista uruguayo, que sonaba a gloria, mostraba un desgaste que, o tenía un “relic” muy bien hecho o llevaba más horas de vuelo que el barón Von Richthofen. Preciosa.
Por nuestra cabeza, en modo flash, iban surgiendo los grandes nombres del estilo. Led Zeppelin, por supuesto. Slash y sus Snakepit por aquí, Bad Company por allá, incluso en algún momento rememoré a White Lion o Tesla. Y no pude evitar cantar el estribillo del “Rock Bottom” de UFO sobre el riff principal de “Take Me When You Go”. Explosiva mezcla. Todo ello bien machacado en el almirez de Las Orgías de Mercurio, por supuesto. El nivel de “gozadura” era estratosférico.
Cayeron también dos temas nuevos de lo que será su próximo trabajo que se publicará el próximo mes de marzo. Nos encantaron. Como el resto del disco vaya en esa línea van a dar otro buen salto hacia adelante. Un salto de esos que te alegran por una parte, pero te entristecen por otra porque posiblemente provocará que ya no les disfrutemos tan cerquita de casa.
A destacar también los buenos coros que toda la banda, en mayor o menor medida, aportaba en los pegadizos estribillos que se gastan. Coros de verdad, nada de lata, abundando en lo orgánico del sonido durante todo el concierto. Todo era de verdad, estaba ahí delante. E incluso nosotros mismos éramos parte de ello, sobre todo cuando llegamos al “Save Me A Drink” donde, a petición de Justin, lo dimos todo con nuestras gargantas mientras Felipe se paseaba por la sala con una sonrisa de oreja a oreja. Él y todo El Gran Café.
Ahondar aquí en la puesta en escena de Felipe Rodrigo. Estilazo del más puro rock star. Pero de los de verdad, de los humildes, auténtico, cercano. Hasta el punto de que lo primero que hizo al acabar el concierto fue bajarse del escenario a saludarnos y a charlar con las primeras filas agradeciéndonos estar allí. Insisto, auténtico. Lo lleva muy adentro. Como anécdota, por problemas de aduanas, no disponían de parte del merchan y el tío, ni corto ni perezoso, se puso a pintar camisetas a mano. Por supuesto nos llevamos una a casa, que será de las de no poner, de las de guardar de recuerdo, firmada por los cuatro integrantes. Aprendices de rock star, aquí tenéis alguien de quien tomar ejemplo. Aunque creo que estas cosas no se aprenden. Tienen que venir de serie.
Y ya en la recta final, entrábamos en lo que serían los bises que acometieron sin siquiera bajarse del escenario. Aquí cayeron un par de versiones. La sorprendente “I Saw Her Standing There” de los Beatles, hardroqueada a más no poder y cerrando la noche, un “La Grange” hipervitaminado incluyendo lucimiento individual de los cuatro componentes.
No llegó a hora y media. No hacía falta más. Revivimos lo que, al menos en mi caso, sólo hemos podido disfrutar a través de una pantalla. La calle Cervantes de León se convirtió por un momento en Sunset Strip y El Gran Café bien podría haber sido un Whiskey a Go Go o un Rainbow de hace casi medio siglo. Eso sí, en 2025. Los viejos tiempos ya quedaron atrás, para lo bueno y para lo malo. Lo importante es que la rueda siga girando. Con bandas como The Mercury Riots de momento está garantizado.
“Marcados” constituye el primer largo para el cuarteto de origen asturiano Caballo Moldavo, la banda que forman Reverendo G. Throat (voz), Lionel Hooves (guitarra), Jhonny Liver (batería) y HermanoLynott (bajo). Diez cortes, alguno ya presente en aquél Ep de 2021, que han venido a la vida bajo la producción del Sound of SilenceNefta Vázquez (Absalem, Beast Inside, Bestia Negra, Blast Open…) en los Breakdown Studios y que se presentarán el próximo viernes 14 en el ovetense Gong Galaxy Club junto a Sküld.
“Alimentándose En Secreto”, que ya ha sonado en algún que otro directo de los asturianos, confiere una cierta alucinación sobre su habitual propuesta arrastrada y cenagosa. Ritmos vivos, casi marciales, y la característica voz del Reverendo. El sonido, en comparación con otras producciones extraídas de los Breakdown Studios, resulta deliberadamente sucio. Cruje el bajo de Lynott camino de estribillos. Un trallazo directo, sin grandes alardes ni ataduras, con riffs pegadizos y un buen solo de Hooves camino del epílogo. Un arranque que, doy fe, les funciona y de qué forma en vivo.
“Al Otro Lado Del Viento”, si bien porta parte de ese brío del tema inicial, por la conjunción entre sus riffs y la propia voz de G. Throat resulta menos agresiva, algo más liviana. Caballo Moldavo amplificando sus registros. Fácilmente una de mis letras favoritas de todo el álbum, llama poderosamente la atención en lo que a estribillos se refiere. Hay detalles en esta línea vocal que me llevan a pensar en un tal Danzig. Un puente que abraza contornos más alucinados y un epílogo marca de la casa moldava. Hooves remata la función con otro buen solo primero, armonizando con la propia voz del Reverendo después. Una de las entregas más lúcidas de entre las diez.
“El Cuervo”, a estas alturas ya todo un clásico de los asturianos, viene para aportar la cara más oscura de estos Caballo Moldavo. Basada, claro, en el poema del mismo nombre de Edgar Allan Poe, trae en estrofas un riffs llamativo por lo seco y directo que resulta. Contrapunto a esos estribillos más turbios y oscuros, con algunas voces realmente graves. Éstas darán paso a un metal pesado, no agónico pero sí arrastrado y rocoso, con esos riffs tan crudos y voluminosos de Hooves. La producción y mezcla me agrada. Resulta tan orgánica como lo son las propias descargas de la banda y, por ahí, no podría encajar mejor con la propia idiosincrasia del cuarteto.
Presente ya en aquél Ep de 2021, “El blues Del Innombrable”, construida sobre otro riff con no poco gancho, adopta un rock poderoso y con pegada. Siempre dentro del particular universo sonoro de los asturianos, y donde Reverendo pone en solfa otra línea de voz no poco característica. Su timbre podrá gustar más o menos, pero desde luego que personalidad no le falta. Me agrada el solo de Hooves, también el (leve) crescendo sobre el que se apoya. El nombre de Danzig vuelve a sobrevolar aquí, sí, pero de todos modos, una de las que más se repiten en mi cabeza tras sus directos.
“Mi muerte Centinela”, tras su prólogo desnudo y poético, trae al frente a los Caballo Moldavo más ruidosos. Construye por ahí un corte de grandes contrastes. El más evidente, claro, la forma en que el riff de Hooves se contrapone al ahora calmo Reverendo. Muy llamativas estas primeras estrofas y la forma en que se van ennegreciendo camino de estribillos. Hay momentos de pesadez, bien apuntalados por la base rítmica de Liver y Lynott, y una construcción que entrega su debida cuota de protagonismo a cada elemento presente en la mezcla. Hooves y Reverendo de nuevo armonizando en el epílogo, firman un estupendo cierre. Otra de mis favoritas.
“Réprobos”, que daba nombre al mencionado Ep de 2021, es a estas alturas una de sus entregas más idiosincráticas. A este punto, clásico inevitable de sus directos, sigue siendo aquí ese corte malencarado, sucio y vibrante que ya era entonces. Se reviste ahora, eso sí, de la colaboración del propio Nefta Vázquez, acentuando con su reconocido registro rasgado, el corte más cabrón de todo “Marcados”. Siempre “de frente” y sin excusas ni complejos. Puro metal sucio, hosco y vibrante en la más pura tradición del cuarteto. Corte fundamental para ellos.
La pequeña “Ecos Del Pantano”, con Kalari poniendo sus hábiles manos al teclado, supone una pequeña introducción previa al tema título, una “Marcados” que viene a recuperar a esos Caballo Moldavo más pesados y cenagosos. Me gusta la línea de batería sobre la que se construye este octavo corte. También el riff que Hooves dispone aquí o esa construcción algo más abierta. Y es que encuentro riffs que me enganchan desde su pesadez. También solos siempre contenidos y en favor de la propia composición, sin afán masturbatorio de ningún tipo. Potente, poderosa y muy moldava.
“Misa Negra”, otra de las que ya aparecía en aquél “Réprobos” de hace cuatro años, sigue siendo ese metal sucio y crudo que ya era entonces. Corte más extenso del álbum, sigue conservando ese aire malsano y fangoso, tan característico en ellos. Me agradan los riffs sobre los que se sitúan sus estribillos, también la mayor gravedad que adquiere Reverendo camino de estribillos. También lo alucinado del puente que antecede al epílogo o lo malencarado, casi diría malsano, de su negruzco epílogo. Fácilmente otra de mis favoritas.
“Bienvenidos Al Valle Del Cielo” es stoner sucio y desgastado. Sublimado por unas voces especialmente áridas ahora, al tiempo que Hooves acompaña con otro riff de no poco gancho. Del mismo modo, me llama la atención la línea de batería que Liver trama aquí. Apuntala esa base rítmica un cierre de ritmos vivos, que no obstante no hace por abandonar esas guitarras siempre graves y rotundas. Es cierto que la sección solista está algo constreñida aquí, pero una buena colección de riffs para un cierre eficaz y disfrutón.
La cosa tiene truco pues varias de estas nuevas composiciones, en realidad, no son tan nuevas, y llevan tiempo sonando en sus directos. Por ahí uno pierde parte del elemento sorpresa que depara todo nuevo álbum. Pero quienes acudan vírgenes a este primer largo del cuarteto, se congratularán del grosor de los riffs y la pesadez de sus ritmos. Siempre a medio camino entre el sludge, el stoner y cualquier otra cosa que se les pase por la cabeza, sus señas de identidad siguen aquí más presentes que nunca. Una maraña de riffs cabrones, ritmos entre lo pesado y lo vibrante y la característica voz del Reverendo apuntalando su universo particular. Solo queda esperar que la ya inmediata presentación en vivo de este “Marcados” se dé igual de bien.
En la más pura tradición del evento, el Lion Rock Fest se reserva un nombre potente para abrir la tarde. Chez Kane, desde las mismas tripas de Gales, ofrece su mejor versión para un gran inicio de jornada. El escenario Mahou recibe a la única presencia femenina del cartel con los brazos abiertos. Antes, y como viene siendo habitual, Jason Cenador había ejercido de maestro de ceremonias. Y “Too Late For Love” marcó así el inicio del que, pienso, fue un buen set para la banda.
Kane mostró un buen estado de voz. Y acertó a la hora de añadir una pizca más de vacile en “All Of It”, yendo de lado a lado del escenario, interactuando con sus compañeros de tablas y buscando la inevitable conexión con la gente. El Palacio de Exposiciones y Congresos de la capital leonesa presentaba ya un buen aspecto desde primera hora, dándole así la razón a la organización. Tras la acusada melancolía de “I Just Want You” llegarían los debidos agradecimientos para que después, “Nationwide” mediante, irrumpiera la cara más vibrante. Por ahí fueron agradando con un set ágil y bien construido, lleno de buenas interpretaciones y mucha conexión con la audiencia.
Era el primer show del nuevo teclista Oscar Charlton con ellos. Y es precisamente él quien ofrece buenos coros en “Ball n’ Chain”, que dejó un cierto aroma a Bon Jovi en el ambiente. En “Better Than Us” es la propia Kane quien brilla con la que pudo ser, fácilmente, su interpretación más torrencial. Hubo tiempo para un estreno, “Reckless”, en la que la galesa se vino a calzar la (desgastada) guitarra. El público fue entrando en calor, dando palmas en una muy disfrutona “Get It On”. El final correspondió a “Powerzone”, con la banda en su encarnación más heavy. Se me hizo corto, los festivales y sus reglas, pero me parecieron un gran primer plato.
Con un seguimiento a rajatabla de los horarios, le llegaba el turno a Care Of Night. En lo que a mí respecta, la gran incógnita del día. Los suecos acudían a León prestos a encajar en una cita que les venía como anillo al dedo. Y es que su sonido se vino a desarrollar conforme a las sólidas pautas que marca el libro del género. “Love Is War” me agrada. Es un opener eficaz, colmado de riffs agradables y la conocida sabiduría nórdica en lo que a melodías se refiere.
No encuentra uno grandes sorpresas en su desempeño, lo que no quita para que Calle Schönberg, voz de la banda, se desviviera en todo momento por animar a propios y extraños. Era su primera vez en España y, desde luego, se notaron esas ganas por agradar. Incluso su bajista Niklas Svensson dejó algunos pinitos en nuestro idioma. En “Street Runner” quien brilla es su compañero Viktor Öström con uno de los solos más llamativos del set. Y, entre todos, aciertan a añadir algo más de picante a la mezcla en “Hit”.
Sea como fuere, en la segunda parte del set no logré deshacerme de la sensación de que se hacían algo planos y lineales. El repertorio, o por ser más precisos, sus canciones, tal vez carecen de ese algo que los distinga de tantas otras propuestas del género. Con eso y con todo, de justos es reconocer que la gente se enganchó en el tramo final del set, ahí donde “Cassandra” emergió como una de sus grandes bazas. Correctos, sin más.
Alrededor de las 20:30 llegaba el turno de uno de los grandes nombres de la jornada. Treinta y cinco años han tardado Steelheart en pisar este país, pero no estoy del todo seguro, ahora mismo, de si la espera mereció la pena. Y fíjate que Michael Matijevic, sesenta años en el carnet de identidad, mostró un buen estado de forma en León…
… pero arranca “Blood Pollution”, de la banda sonora del film “Rockstar”, y la guitarra de Joe Pessia se niega a sonar. Y entre parar y solucionar el percance, o seguir contra viento y marea, la banda elige la segunda opción y, por ahí, el arranque no podría resultar más desangelado. Sin alcanzar tampoco un nivel óptimo, cierto es que la cosa mejora para cuando suena “Livin’ The Life”, también de Steel Dragon, aquella banda ficticia creada para el mencionado largometraje de Stephen Herek. Para “Stand Up”, tercer corte y aún no había sonado nada de Steelheart propiamente dicho, vemos ya a un gran Matijevic, explotando sus conocidos falsetes antes del emblemático cambio de ritmo. Sensacional Pessia en el solo.
Tuvo que ser con “My Dirty Girl” que, por fin, oyéramos algo de producción propia. Aunque, quien más quien menos, hubiera aceptado de mejor grado alguna composición más clásica. Sea como fuere, muy buenos coros de Joe Pessia y el bajista James Ward aquí. No fue hasta la quinta entrega que llegara material de sus primeros álbumes. Una “Gimme Gimme” que, tuve la impresión, ganaba en grosor y pesadez con respecto al original de 1990. Una pesadez que se magnifica en “Cabernet”, donde incluso caben pequeños solos de Ward y Pessia. Estaba algo frío el Lion Rock Fest y tuvo que ser curiosamente una balada quien lo re conectara al set de los americanos. “She’s Gone”, con un gran Matijevic, puso a coro.
El vocalista de origen zagrebí se calzó entonces la acústica para “Everybody Loves Eileen”, otra de las más celebradas del set. Me atrevería a decir que de todo el festival. Muy adherida al espíritu de un evento como este y en donde consiguen la mayor interacción banda – público de todo el set. Tanto es así que tras “I’ll Never Let You Go” no son pocos los vítores que reciben. Y si bien el final con “We All Die Young”, Matijevic con sombrero ahora, nos dejó satisfechos, la sensación en términos globales fue de una cierta frialdad.
Teníamos frescos aún a los chicos de Be For You, aquél show como teloneros de Europe en Oviedo, pero aún así, en la disyuntiva entre aprovechar para otros menesteres o dar cumplida cuenta de sus evoluciones, esta casa eligió la opción correcta. Porque al final, como reza el corte con el que abren el set, “Nothing Lasts Forever”. Y es que no hay como un gran estribillo para romper el hielo. Repetían los locales, ya formaron parte de aquella primera edición de 2023 (crónica) y volvían para hacerse fuertes ante los suyos.
El siempre elegante Ángel A. Díez optó esta vez por una camiseta de los siempre recomendables metaleros estadounidenses Nevermore, y mostró un buen estado de forma en cortes como “The Lesson” o “Those Sundays Are Gone”. Un riff con un gancho de mil demonios en la primera, un medio tiempo, idiosincrático de un certamen como este la segunda, fueron construyendo un buen set para ellos. Mucho juego con el que es, ante todo, su público, que se magnifica cuando Díez introduce “Heart Turns To Stone”, original de unos tales Foreigner. En “Light” tengo la impresión de estar viendo una muy buena versión de los leoneses, con David Aira y Alfredo Arold sacando no poco brillo a sus respectivas seis cuerdas. Hay que ver cómo sonaba aquella preciosa Ibanez blanca.
La banda iba a encadenar entonces tres cortes que habrán de integrar su próximo álbum de estudio. Tres cortes llenos de buenas melodías, construidos sobre buenos riffs y donde los chicos no parecen haber traicionado sus esencias. Una vez más “The Things I Never Told You” les funcionó como cierre y, en líneas generales, me atrevería a decir que cumplieron con su papel. Atentos desde ya a ese futuro álbum de estudio.
Si se me permite el apunte personal, más de veinte años llevaba sin cruzarme con Pretty Maids (Metalmania Session), que ya está bien. Cabeza de cartel del festival y una banda que vino a ratificar su condición de figura legendaria del hard heavy europeo. Los daneses, más de cuarenta años en la carretera, llegaron a León en perfecto estado de revista.
Y supieron hacer frente a los diversos problemas que les fueron surgiendo. Pero el gigante Ronnie Atkins, plenamente recuperado ya de sus problemas de salud, no parecía dispuesto a doblar la rodilla tan fácilmente. De hecho se le ve bastante bien ya desde la inicial “Mother Of All Lies”. Junto al frontman de Vejle, Ken Hammer, guitarra de toda la vida de la banda, está derrochando tanta clase como acostumbra. La gente se subió pronto al carro. Ya para el segundo corte, “Kingmaker”, parece haber una gran conexión entre público y banda. Y ellos, desde luego, se saben todos los trucos. O cómo salir airosos de diversos percances, como el de Chris Laney con la tarima del teclado.
Que da igual, porque “Hell On High Heels”, donde desborda su cara más melódica, ejerce de perfecto ancla con la particular idiosincrasia de un festival como este. Emanaba no poco feeling de la guitarra de Hammer, Uno de esos especímenes de guitarrista que parecen todo un seguro de vida. A ese hard más almibarado enfrentarían la clásica “Back To Back”, con Laney abandonando el teclado para aportar más mordiente desde la guitarra. Buen doble papel el que ejerce el de Helsingborg, verdadero pegamento del característico sonido de los daneses. Atkins, pese a la edad y los achaques, mostró una gran cara aquí. Al punto de que la banda enlaza un tema detrás de otro, nada menos que “Red, Hot And Heavy”, y León vibra como no lo ha hecho en todo el día.
Siete años llevaban sin tocar en España, como se encargó de recordarnos el propio Atkins. Demasiado tiempo para una banda como esta y, desde luego, todo un acierto de la organización el haberse decidido por ellos. Tras el doble recuerdo a su “Pandemonium” de 2010, encararon la segunda parte del set mientras el escenario Mahou ofrecía la mejor calidad de sonido de todo el día. En esas estaba cuando, de pronto, en “Serpentine” costaba oír al propio Atkins durante las estrofas. Percance que, por suerte, no iría a mayores. Durante “Please Don’t Leave Me”, el recuerdo de Pretty Maids al tristemente fallecido John Sykes, los técnicos se afanan en cambiar uno de los toms de la batería de Allan Tschicaja. Todo sin que su interpretación se resintiera. Tablas les sobran.
Encaraban así una recta final de órdago: “Rodeo”, con la gente siguiendo el juego que propuso Atkins, frontman carismático como pocos, y que a término provocó una ovación poco menos que ensordecedora, la más tierna “Little Drops Of Heaven” y, claro, “Future World”, con Tschicaja golpeando con saña su (restituido) kit de batería y Hammer afanado en repartir un buen puñado de púas desde el escenario. Cierre con “Love Games”, y una banda que mostró un gran estado de forma. Más de cuarenta años desde aquella primera demo de 1982. Y los que les quedan.
Vuelta al escenario León para contemplar la que, a la larga, sería una de las grandes revelaciones de esta edición: los fineses Shiraz Lane. Pasada ya la medianoche, los de Vantaa parecen tenerlo todo para constituirse como uno de los grandes nombres de hard melódico presente y futuro: imagen, actitud, carisma y un buen puñado de grandes melodías. Hannes Kett, vocalista de tonos agudísimos, sale a comerse con patatas el Lion Rock Fest en “Plastic Heart”. No fue poca la gente que se quedó a verles, algo que habla muy bien de la proyección que tienen estos chicos.
En “Stone Cold Lover”, pegadiza como pocas, me sobrevuela el nombre de otros que vinieron y triunfaron aquí, los suecos H.E.A.T, que ya saben lo que es poner este festival patas arriba (crónica). Y “Broken Into Pieces” demuestra al quinteto que, desde luego, la gente había hecho bien los deberes. Ellos, en un gesto que me resultó quizá un tanto sobreactuado, se vuelven hacia la batería de Ana Willman. Lo cierto es que resultó una banda de lo más disfrutona. Sin inventar nada, componen cortes de fácil digestión, con un Hannes Kett disfrutando mientras se metía al público en el bolsillo. Precisamente atendiendo a la reacción de la audiencia, uno intuye que “Come Alive” ha venido para quedarse durante largo tiempo en sus setlists. Tremendo solo final, por cierto.
Durante “Tidal Wave”, construida sobre un riff con un gancho de mil demonios, pensaba si no fueron ellos quienes mejor sonido tuvieron en el escenario “pequeño” a lo largo del sábado. Durante la más tendida “Live A Little More” y gracias a sus tonos medios, no podía evitar pensar en lo mucho que la voz de Kett me recuerda a la de Claudio Sánchez, vocalista de un animal tan diferente a Shiraz Lane como es Coheed And Cambria. Sería el propio vocalista, introduciendo “Do You” quien preguntara si queríamos bailar. Y vaya si lo hicimos. Uno adolece del hipnótico movimiento de caderas que mostró el bajista Joel Alex, pero se hizo lo que se pudo.
Kett, móvil en mano, grabó a la audiencia. Hubo vítores para ellos. Y es que al final, “This Is What Is All About”. Y tanto que sí. Ese hit auténtico e impepinable que es “Dangerous” recompensó a quienes se quedaron. Y los que ocuparon las primeras filas, incluso pudieron tener bien cerca a Kett cuando éste descendió a la valla en la final “To The Moon & Back”. Gran show. Muy por el libro del estilo, sin traicionar una sola de sus reglas, pero con la sensación de que, como había anunciado el bueno de Jason Cenador en la introducción, se van a comer el mundo. Si pueden, no se los pierdan.
Para el final quedaban los chicos de Remedy. Con el cansancio ya haciendo algo de mella pero con la curiosidad intacta. Con un par de buenos álbumes en el zurrón, “Something That Your Eyes Won’t See” de 2022, “Pleasure Beats The Pain” de 2024, llegaban a León para procurar el mejor de los cierres. Y en lo que el vocalista Robert Van Der Zwan tarda en colgarse la guitarra, el nombre de Eclipse acude de manera inmediata a mi subconsciente. No creo que nadie pueda discutir que “Living On The Edge” es un gran opener. La banda se muestra muy activa sobre las tablas. Ahí llama la atención el pie de micro del frontman. También su querencia por irse de rodillas al suelo durante no pocos momentos del show.
De pronto, en “Sin For Me”, la banda está sonando especialmente grave. Un grosor de guitarras solo comparable a ciertos momentos de Steelheart varias horas antes. Todo se atempera cuando le llega el turno a “Sundays At Nine”, con el espíritu de David Coverdale sobrevolando por el recinto. Palabras mayores, lo sé, pero Remedy desplegaron no poca clase aquí. “I Wanna Have It All” devolvió su cara más aguerrida, confirmando lo mucho que sus canciones ganan en su traslación al directo. Algo que habla bien a las claras de lo bien empastados que llegaron a tierras leonesas. “Scream In Silence” incluso porta un aire algo más oscuro, inédito a lo largo de la jornada. El suyo es un set construido a base de contrastes, como demuestra luego “Angelina”, donde reluce su lado más radio friendly. O no, a tenor de lo que suena en radiofórmulas a día de hoy. Buen solo de Roland “Rolli” Forsman aquí, quien termina llevándose la guitarra tras la cabeza.
En “Thunder In The Dark”, pura elegancia nórdica en lo sonoro, hay bailes muy a lo Judas Priest sobre las tablas. “Crying Heart” es, sin forzar, uno de los mejores estribillos del día. Es cierto que en “Moon As The Night”, con un cierto aire a otros viejos conocidos del festival como The Night Flight Orchestra, puede que viéramos ya un poco justo de voz al bueno de Van Der Zwan. En cualquier caso me agradaron. Un hard entre la elegancia y la contundencia, una buena puesta en escena y otra formación a seguir bien de cerca.
Otra gran edición del Lion Rock Fest, que convirtió un año más a León en la indiscutible meca del hard melódico (y algo más) dentro de nuestra geografía. Siete bandas, buenos directos (con sus más y sus menos como corresponde a toda cita de estas características) y un público que, no había dudas, supo responder a la llamada de la organización. Ahora llega el momento de hacer quinielas. Y es que sí, que nadie dude que el festival volverá en 2026. ¿Con presencia asturiana en el cartel? Quién sabe.
Un placer, un año más y van tres, gozar de las facilidades que la organización dispone a un medio modesto como el nuestro en favor de esta crónica. Vaya un sincero agradecimiento para ellos. También un abrazo fuerte a la numerosa compañía de la que disfrutamos a lo largo del día. Nuestro Lion Rock Fest no sería el mismo sin vosotros. Por nuestra parte nada más. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
El pasado 26 de octubre, The Darkness finalizó en Bilbao la gira nacional de presentación de su octavo disco de estudio “Dreams On Toast”, tras su paso por Barcelona y Madrid. No quise desaprovechar la ocasión y me dirigí hacia tierras vascas para ver en vivo a esta gran banda, de la que soy admiradora desde sus inicios en 2003, con su disco debut “Permission To Land”, liderada por los hermanos Justin (guitarra solista y voz) y Dan Hawkins (guitarra melódica), junto con Frankie Poullain (bajo) y Rufus Tiger Taylor (batería).
Pocos minutos después de la hora de apertura accedemos a la salaSantana 27, en la que empezamos a encontrar numerosos rostros conocidos de la escena asturiana y me sorprendió gratamente comprobar que estaba bastante concurrida, para tratarse de un domingo. Como banda invitada pudimos disfrutar de Dea Matrona, formación integrada por Orláith Forsythe (voz y guitarra) y Mollie McGinn (voz y bajo), acompañadas por un guitarrista y un batería.
Con “puntualidad británica” la banda irlandesa arranca a las ocho en punto con sus temas: “Hate That I Care” y “Stuck On You”, siguen con “Magic Spell”, su versión de la canción de Fleetwood Mac “Oh Well”, la más conocida y coreada por el público presente, “Black Rain” y “So Damn Dangerous”, cerrando su corta actuación de apenas media hora con “Glory, Glory (I Am Free)”, interpretada en acústico por Orláith Forsythe y Mollie McGinn solas en el escenario. El broche final lo pondrían con “Red Button”. Las de Belfast nos sorprendieron con su elegante rock melódico con tintes folk. Aunque personalmente opino que eran una propuesta demasiado diferente al sonido de The Darkness.
Tras una breve pero ansiosa espera sobre las nueve hace su aparición en el escenario la banda británica The Darkness. Arrancan con “Rock&Roll Party Cowboy”, y con su frontman Justin Hawkins ataviado con un sombrero de cowboy muy apropiado para la ocasión. Siguen con “Growing On Me”, y a pesar de un inicio de pequeñas incidencias técnicas, rápidamente solventadas, pudimos disfrutar de su habitual fuerza en el escenario, de un sonido impecable y un show muy divertido, lleno de anécdotas y acrobacias.
En el tercer tema “Get Your Hands Off My Woman”, Justin Hawkins empezó a mostrarnos su faceta más atlética y humorística al hacer el pino a los pies de la batería. Algo que si bien vienen haciendo en muchos de sus conciertos, no dejó de sorprender a gran parte del público presente. Siguen con “Motor Dread”, tema de su último álbum “Dreams On Toast” y con “Motorheart”, canción de su álbum homónimo “Motorheart” de 2021. A partir de ésta última, Justin Hawkins empieza con una serie de improvisaciones y monólogos muy divertidos, rompiendo así el ritmo y guion habitual del show y sorprendiendo a todos los asistentes con versiones y cortes de temas como “I Should Have Known Better”, original de Jim Diamond, o “Summer Of 69” de Bryan Adams.
Con “Walking Through Fire» nos muestran el sonido contundente de sus nuevas canciones, para finalmente dejar paso a otros dos clásicos de su álbum debut “Permission To Land”, como son la emotiva balada “Love Is Only A Feeling” y la enérgica “Barbarian”. A continuación ocurriría uno de los momentos más inesperados de la noche, cuando el batería, Rufus Tiger Taylor (hijo de Roger Taylor de Queen), abandona su puesto y se planta delante del micrófono para interpretar con gran solvencia “My Only”; su lugar en la batería lo ocuparía Dan Hawkins, dejando así constancia de su maestría y dominio musical. Luego interpretarían “Heart Explodes” del álbum “Easter Is Cancelled” de 2019 y seguidamente Justin Hawkins volvería a sorprendernos con su teatral versión de “The Power Of Love” de Jennifer Rush.
Continúan el show con “The Longest Kiss”, otra más de su último álbum, en la que queda patente la influencia ejercida por Queen en The Darkness y en la que Justin se marcaría un solo a lo Brian May. Con “Friday Night” retoman otro corte de los más alegres y fiesteros de su primer álbum y con “Japanese Prisoner Of Love” nos muestran su sonido más contundente.
Finalmente, llega la hora de la canción que les catapultó al estrellato “I Believe In A Thing Called Love”, con la que la sala vibra y todo el público empieza a saltar, aplaudir y corear. En este momento, somos testigos de una curiosa anécdota, ya que Justin coge el móvil de uno de sus fans de las primeras filas, lo pega con cinta americana a su guitarra, y graba al público saltando y emocionado durante la interpretación de este tema, para posteriormente devolvérselo a su dueño.
Al término la banda se despide y retira del escenario dejándonos unos minutos a la espera, para finalmente regresar y terminar el espectáculo con “One Way Ticket” y “I Hate Myself”, en la que incorporan el riff de “Heartbreaker” de Led Zeppelin.
Al encenderse las luces, a nuestro alrededor contemplamos las caras de euforia y satisfacción de los asistentes, aunque también es cierto que la sala se despejó muy rápido, porque el show duró una hora y casi cincuenta minutos y el último metro, medio de transporte escogido por la mayoría, estaba a punto de partir.
En resumen, la impresión que me ha dejado The Darkness es de que son una banda con mucha fuerza, un directo sorprendente y con la que es imposible aburrirse.
Por último, agradecer a Heavy Metal Brigade por todo el apoyo que brindan a la música y músicos, tanto regionales como de fuera, y por supuesto por confiar en mí para esta crónica. También a todas las personas que apoyan a la escena en sus múltiples vertientes y a los compañeros de viaje a Bilbao. Nos vemos próximamente, hasta entonces que el rock & roll no deje de sonar!!!
Blues & Decker nos presentan su faceta más rockera en formato Ep digital. “II: Return” consta de cinco temas que, a su vez, formarán parte de un vinilo con edición a finales de año vista. Recordemos que ellos son Diego Reyes (batería), Kike Cuetos (bajo), Gustavo Pérez (voz y guitarra) y Guzmán Lanza (guitarra). Las canciones vinieron al mundo bajo la atenta mirada de Daniel Sevillano en “el templo del sonido asturiano Ovni estudio”.
“The Omen” ya deja claras las posiciones sobre las que se manejará la banda en este pequeño Ep. Es un blues rock crudo y pesado. A la vez elegante y distinguido. Pergeñado sobre buenos riffs y donde lo orgánico del conjunto supone la base sobre la que se edifica el sonido Blues & Decker. Gustavo está trazando hábiles líneas de voz. Me agradan esos pequeños solos con los que engarzan estrofas. Ovni, desde luego, responde a su bien adquirida fama. El sonido que emana de estas canciones no podría ser más limpio y cristalino. No desentona ni siquiera cuando la voz estalla con esos tonos más agrios del tercio final. Blues desgarrado primero y un cambio de ritmo cosido al fulgurante epílogo. Un gran arranque el de este retorno.
“Never Happened To Me” es vivaracha. La que fuera carta de presentación del Ep da la impresión de haber sido pensada y repensada con el directo como fin último. Los riffs que la construyen tienen gancho. Junto a ellos, Gustavo traza una línea de voz a la vez hábil y pegadiza. Los buenos detalles de Reyes tras baterías, especialmente en estrofas, el solo que antecede al puente o ese final de nuevo más vivaracho. Todo me funciona aquí. Y si bien ahora apenas rozen aquella gravedad tan acusada del primer corte, bien está lo que bien acaba.
Entones “Odyssey” juega a combinar a esos Blues & Decker más vivos con los más sucios. De resultas de ese doble juego emerge un corte entre dos aguas, que me agrada por ese juego entre guitarra y voces. También por la de nuevo hábil labor de Reyes a los parches. Y aunque siento que quizá pueda pesarle esos poco más de tres minutos y medio que marca en el reloj, no deja de ser un corte atravesado por buenos solos de guitarra y que parece dejar su mejor cara en cuanto a unas ejecuciones cuidadas con sumo detalle. El solo final, que me atrae por la mayor suciedad que arrastra, puede ser fácilmente mi favorito de todo el Ep.
Su prólogo deja poco lugar dudas. “Back To The Roots” suena inevitablemente clásica. Carga con la responsabilidad de ser el corte más extenso de los cinco. Y Blues & Decker, valga el tópico, realmente parecen haber echado el resto aquí. Quizá de los cinco, el que mejor lustre saca del magno estudio donde estas canciones vinieron al mundo. Emanan toneladas de clase de este blues desnudo y sureño, inundado de sonidos con olor a carretera y desierto. En su corazón mismo anida un solo, que aún cuando me agrada, no me hubiera importado si tuviera una duración aún mayor. Con eso y con todo, otro corte lleno de personalidad, con un cierre por todo lo alto y que puede ser fácilmente aquél con el que más conecto de este “II: Return”.
“Where We Belong” sorprende entonces con ese tono algo más alucinado. Algo que ejemplifica esa voz con efectos de Gustavo Pérez en las primeras estrofas. Otro corte bisagra, que mantiene un constante doble juego entre los Blues & Decker más (no sé si decir) psicodélicos con los más graves y rotundos. Un cierre que maneja una más que interesante paleta de tonos y colores, y que viene a dar cumplida cuenta del cuidado con el que la banda ha construido este pequeño trabajo. Ojo si no al despliegue solista final.
Derrochan clase a raudales. Evidentemente, sería de necios negar que a servidor le faltan referentes a la hora de juzgar un trabajo de estas características. Ello no quita para que disfrute, ya lo creo que lo hago, con unas canciones bien construidas, unas ejecuciones sin mácula y un discurso sonoro que, sin abandonar las fronteras del blues rock, sabe ser lo suficientemente diverso como para otorgar a cada composición una personalidad y entidad propias. Me agradaron como cierre del último Unirock (crónica) y lo han vuelto a hacer con este más que interesante regreso.
Una puesta en escena de lo más diáfana recibió a la banda pasadas las nueve y media de la noche. Y, con todo dispuesto, arremeten con “Bad Boys” en la que ya vemos a un pletórico Mats Levén. El ex Yngwie Malmsteen, sesenta y un años le contemplan, no dejó de saltar y moverse en todo momento. ¿Lo mejor? Que fuera capaz de hacerlo sin apenas desfallecer en cuanto a voz se refiere. Entre el propio Vandenberg y el teclista Len Van De Laak traman un estupendo primer duelo solista y todo parece ir sobre ruedas. Ese arranque tan directo vino a contrastar con el toque mucho más vacilón de “Slide It In”, con el rubio guitarrista dejando buenos coros, Levén buscando los límites del escenario y Joey Marin De Boer vaciándose a placer tras el kit de batería. Estupenda dupla inicial para un arranque, cuanto menos, prometedor.
Pero es que luego siguen con “Fool For Your Loving” y la sala poco menos que se viene abajo. Como Levén, que recibe el corte acuclillado sobre las tablas de la Acapulco. Su registro puede resultar algo más rocoso que aquél al que replicaba, el inequívocamente sensual David Coverdale. Pero su esfuerzo y su gran estado de forma, ejemplificados en el grito final que dio aquí, despejaron cualquier duda aparente. Comentaron luego que venían directos de Amsterdan y que, en el trajín, alguien extravió parte de su equipaje. Poco importó. Porque la gente se subió al carro aún cuando lo que sucedió fue un corte del propio Vandenberg, una muy aplaudida “Your Love Is In Vain”.
Claro que una cosa es cosechar aplausos y otra muy distinta que la sala al unísono coree aquello de “Love Ain’t No Stranger”. Me pareció que el sonido, aún en primeras filas, era más que óptimo, si bien en algún momento costaba oír con claridad según qué riffs del guitarrista de La Haya. Fue aquí que llegó el momento de poner algo de calma. La banda dedicó la siguiente a un fan de entre el público, tocayo de servidor si mis notas no me engañan, y que resultó no otra que “Is This Love”. Levén atemperó su registro, Vandenberg trazó uno de sus solos con más feeling y, por ahí, la banda cogió algo de resuello. Hubo vítores primero, y mucho movimiento después mientras la banda despejaba toda incógnita con “Give Me All Your Love”, del superventas (y me quedo corto) “1987”. Tremenda la fuerza con la que, una vez más, Joey Marin De Boer azotó su kit de batería aquí. Len Van De Laak volvió a dar la talla tras las teclas y Vandenberg, tras arrojar la púa al público, enfrentó el solo sin más ayuda que sus dedos. Clase para dar y regalar.
Joey Marin De Boer se quedaría entonces en solitario sobre el escenario, procurándose algo de protagonismo con un más que correcto solo de batería y ofreciendo una bien merecida pausa a los ya veteranos (visto lo visto, solo en el carnet de identidad) Vandenberg y Levén. El vocalista de Mölndal pareció aprovechar bien el pequeño resuello, pues en “Judgement Day”, con la banda desarrollando esa vena tan Zeppelin, tan “Kashmir”, ofreció uno de sus desempeños más brillantes de toda la noche. Teclista y guitarra se quedarían entonces a solas. Y tras el juego entre ambos, dieron paso a una inolvidable rendición del “Crying In The Rain”. Colosal solo de Vandenberg, calzándose los zapatos del tristemente desaparecido John Sykes. Se cumplía la hora de concierto cuando llegó el turno de otra que no podía faltar: “Here I Go Again”. Ni que decir tiene que el público de la Acapulco no quiso defraudar a la banda que tenía enfrente y se dejó la garganta en consecuencia. Un gran final…
… salvo porque, claro, restaban los inevitables bises. Estos dan inicio con Vandenberg y Levén, éste último sentado en la tarima de la batería, para entre los dos enfrentar “Sailing Ships” de aquél “Slip Of The Tongue” de 1989. Alianza sueco – neerlandesa para mantener vivo el legado de una de las mayores leyendas del hard británico. O para volver sobre la carrera del propio guitarrista y traer al presente “Burning Heart”. Cuestionable la doble ración de baladas a estas alturas del set, pensarán algunos. Y puede que tuvieran razón. Pero cuando cierran con “Still Of The Night”, con una sala entregada como pocas veces habrá visto y oído éste que escribe, hasta los menos duchos en Whitesnake como servidor no pueden hacer otra cosa que aplaudir a los chicos por el bocado de nostalgia que nos ofrecieron.
“Las miticadas siempre triunfan” era una coletilla que se repetía insistentemente el pasado viernes. Y es que el legado de Whitesnake sigue (y seguirá) teniendo mucho tirón en la vieja Asturias. Después de todo, si fueron capaces de convencer a un profano como servidor, qué tan bien lo pasarían los verdaderos amantes del ya inmortal legado de David Coverdale. Una noche para el recuerdo. Y van…
Nuevo Ep para el trío extremo asturiano Burnt To Death: Javi Pity (Legacy Of Brutality) en baterías, Kai al bajo y Solarfall en guitarra y voces. Cinco temas en total grabados, mezclados y finalmente masterizados en Kollapse Studio por Iván Ferro y adornados por el arte de Ikosidio. La banda cuenta además con las colaboraciones de Richard Shaw (ex Cradle Of Filth) y David G. Álvarez “Davish” (Angelus Apatrida).
“Confined” pronto busca establecer el tono imperante dentro del Ep. Un inicio arrastrado y crudo, que rápido dará paso al black / death orgánico y nervioso del trío. Pienso en los Morbid Angel más musculosos durante ese prólogo. Luego la banda transfiere toda su rabia y fiereza a través de una llamativa labor de Pity tras los parches. Me agradan esos riffs que adornan las estrofas, ese mayor brillo que portan. Para el epílogo, y sobre un avanzar de nuevo rocoso, casi monolítico, irrumpe un buen solo de guitarra. Marca de la casa Solarfall, donde creo oír ecos de los mejores Slayer, sin olvidar el deje más melódico que muestra al cierre.
“The Devil’s Blood” es de inicio la cara más abiertamente black de los asturianos. Belphegor podría ser uno de los nombres que acuden a mi subconsciente. Javi Pity trota como si en el empeño le fuera la vida, tanto con los blast beats primero, como con el doble bombo después y esas partes más acompasadas que siguen. Vibraciones altas para un corte directo, muy funcional, roto por esas islas de metal arrastrado y rocoso. Un trazo bien construido y mejor ejecutado. Es cierto que algunos riffs en las partes más a medio gas me pueden resultar algo recurrentes. En cualquier caso Solarfall dispone un solo falto de cualquier tipo de complejos y Burnt To Death construyen otro corte cuanto menos llamativo.
“Inhuman”, con el Plague Of Angels y ex Cradle of FilthRichard Shaw a bordo, es otra buena andanada de metal hiriente y descosido. La banda en pulsos muy altos, con una base rítmica de Pity y Kai propulsando un trazo directo y sin muchas florituras. Me engancha ese riff de las estrofas, también el cariz más abiertamente black que la composición adquiere después, así como ese solo del mencionado Shaw que atraviesa el corazón mismo de esta tercera entrega. Toda vez sucede éste, “Inhuman” muta para transitar por un metal más tendido, siempre bajo esa característica voz de Solarfall. Quizá eche en falta una mayor presencia del bajo en este cierre más apaciguado (es un decir) pero en cualquier caso, un corte ágil a la hora de navegar entre dos aguas.
En “Against You” Burnt To Death ofrecen un corte más juguetón, atreviéndose a colisionar tanto voces como ritmos para la que me resulta la composición más llamativa de las cinco. La más en cierto modo caótica, donde el Angelus ApatridaDavish deja un solo auténtica marca registrada del albaceteño. Tras el solo de mi tocayo irrumpe un metal de nuevo frontal y monolítico, y el eventual cuarteto abrocha ese trazo menos obvio y más atrevido de esta cuarta entrega.
Para el cierre queda “Black Dragon”, tema más extenso del Ep, y donde los asturianos parecen haber echado el resto. Hay un gran trabajo riffero ya en el mismo prólogo. Después sucede un violento cambio de ritmo e irrumpen los BTD más feroces y despiadados. Un black que tiende a recordarme a la escuela nórdica, con Solarfall ejecutando unas voces que no me podrían recordar más a ciertos álbumes de los noruegos Mayhem, firmemente apoyado por el conciso avanzar de Pity tras baterías. La composición juega entonces a hibridar ese black tan reconocible con momentos más cercanos al death metal más clásico. Es justo ahí donde cabe un más que correcto solo de guitarra, antes de que encaremos un largo cierre que sorprenderá por el toque más pesado y a la vez grandilocuente que propone. Y que me agrada de tanto en cuanto está conseguido de una manera puramente orgánica, sin trucos de salón, directo a las mismas tripas. Estupendo epílogo.
Porque si una cosa tienen estos Burnt To Death es la cualidad tan pura y real que emerge de su metal extremo. En unos tiempos en que nadie parece escapar de adornos y triquiñuelas diversas, el trío propone un viaje a las mismas esencias del género para extraer de él cinco cortes brutales por sinceros. Sus influencias, que las hay y se filtran a lo largo de todo el Ep, pienso que están dispuestas con inteligencia sobre las canciones. Algo a lo que ayuda, como digo, esa cualidad a veces tan híbrida de sus composiciones. Metal extremo sin ningún tipo de excusas ni complejos.