Crónica: Dare + FM (Vitoria-Gasteiz 21/10/2023)

Dare y FM, a día de hoy y si gustas del hard melódico, necesitan pocas presentaciones. Estandartes absolutos del género al punto de que su último tour conjunto por la península, en concreto su parada en tierras gasteiztarras, nos pareció una cita poco menos que ineludible. A nosotros y al resto de público que abarrotó la Urban Rock Concept de Vitoria-Gasteiz en una noche donde la melodía, la clase y el buen hacer de dos bandas en estado de gracia nos hicieron disfrutar de uno de los auténticos bolos del año.

Venían ambas formaciones con nuevos álbumes bajo el brazo, ambos editados el pasado 2022. A saber: “Road To Eden” en el caso de Dare, “Thirteen” en el de FM. Dos buenos trabajos que vienen a apuntalar el gran momento que atraviesan tanto unos como otros.

Claro que no fueron Dare y FM las únicas bandas que vimos el pasado sábado. Sucede casi siempre en Heavy Metal Brigade que nos gusta llegar con tiempo a los sitios. Algo que siempre permite tender lazos con músicos, técnicos, fans, etcétera, y volvió a ser el caso. Y es que en el Bar Glorioso de Vitoria nos topamos nada menos que con Crazy Keys, de cuyo álbum “Mystical” dimos buena cuenta allá por 2021. Lo que son las cosas. El mundo es un pañuelo y eso que llaman la escena aún más. Ojalá poder verles por estas tierras algún día.

Faltaban quince para las nueve cuando las huestes del ex-Thin Lizzy Darren Wharton tomaron el escenario de la Urban Rock. A muchos nos pilló aún haciendo cola y si bien apenas nos perdimos unos pocos acordes del primer corte del set, ese “Born In The Storm” que abre su último álbum, cabe desde luego preguntarse si tal arranque no podía haberse retrasado al menos un par de minutos.

En cualquier caso y toda vez accedemos a la sala, rápidamente somos conscientes tanto del gran sonido que despliega la banda como del calor de un público que parecía saberse al dedillo cada estribillo, casi cada estrofa, y que disfrutó de lo lindo con Wharton y los suyos. Risueño en todo momento y con una voz en un estado que ya quisieran muchos vocalistas de su quinta, sesenta y un años contemplan al voceras de Failsworth, la descarga de Dare tenía visos de corresponder a un estatus que la banda tiene bien merecido.

Dare insistieron con su nuevo álbum a través de “Cradle To The Grave” y el guitarra de Oldham Vinny Burns deja cumplida muestra de su clase. Oculto tras las gafas de sol y sin apenas dejar de sonreír, Wharton pareció pasárselo en grande, procurando en todo momento devolver a la audiencia el calor y el cariño que éste le brindaba. Chocó manos, grabó vídeos con diversos móviles y en definitiva dio unas píldoras del gran frontman que es.

Siguió la noche con un par de cortes de aquél “Sacred Ground” de 2016, “Home” y “Until”, para después regresar una vez más a su último trabajo y dar vida al corte homónimo. Dare parecen tenerle mucha fe a “Road To Eden” y no es para menos. Un set bien construido, a buen seguro más heterogéneo del que después desplegarían FM, pero no adelantemos acontecimientos. Y es que la banda introduce en el corazón mismo del show unas “Wings Of Fire” y “We Don’t Need A Reason” que vienen a poner en valor la cara más endurecida de Dare. Siempre dentro de las lindes del género y con un Greg Morgan intachable tras el kit de batería.

Ya en las postrimerías y como manda el libro de estilo, un buen repaso a sus grandes clásicos como pueden ser “Abandon” & “Into The Fire”, con un Wharton aguantando el tipo pese a la edad y el calor, invitándonos incluso a que siguiéramos a su banda en redes sociales. Es el signo de los tiempos. Quien más, quien menos puede que no se esperase la reciente “Thy Kingdom Come” a estas alturas de la noche. Lo cierto es que “King Of Spades” dedicada a Phil Lynott, y “Black Rose”, original de Thin Lizzy, terminaron por decantar aún más la balanza. Vinieron pero lo más importante: convencieron incluso a un neófito del género como quien escribe. Buena muestra de ello son los vítores futboleros con los que fueron despedidos. Como suele decirse: más clase que una universidad.

Cambio de enseres mediante, son alrededor de las once menos veinte cuando los de Steve Overland aparecen sobre el escenario de la Urban Rock Concept dispuestos a redondear una noche de hard melódico como pocas que recordemos.

Y es que los londinenses parecen en perfecto estado de revista desde que la inicial “Synchronized” ya deja claro que el sonido a disfrutar va a ser tan bueno o más que en el caso de sus compañeros de gira. El set tiró en su largo primer trecho de una homogeneidad que caló y de qué forma en el público vitoriano. De hecho no eran pocas las camisetas de la banda que pudimos ver, tanto del actual tour como de viejos álbumes del pasado. Gran reducto de incondicionales el que la banda tiene en la capital vasca.

Muy expresivo el guitarra Jim Kirkpatrick. El llamado “doble inglés de Joe Bonamassa”, acompañado a las seis cuerdas de manera alterna por el propio Overland, para una noche que siguió con la clásica “Tough It Out” o la más reciente “Killed By Love”, recibidas ambas con igual fervor. Y es que el público pareció recibir en igual grado tanto los cortes más elementales como las producciones más recientes. Algo que, siento insistir, habla mucho y bien del cariño que se le profesa a la banda en aquellas tierras.

La noche siguió con “Someday (You’ll Come Running)” y una banda que daba poco pie al descanso. El set se desarrollaba sin solución de continuidad, con un Overland muy consciente tanto de sus limitaciones como de sus fortalezas, derrochando infinitas cantidades de clase y, si bien un grado más frío que Wharton antes que él, igualmente solvente, carismático y risueño. Va en el libro de estilo y no falló el británico.

The Dream That Died”, “Face To Face”, el fondo de armario de los londinenses quita el hipo. También la finura e incluso la seguridad con la que la banda interpreta cada acorde, cada melodía, cada estribillo. En “American GirlsOverland recuerda la figura de su hermano Chris, recientemente fallecido. Y mientras que “Turn This Car Around” nos devuelve a su más reciente obra de estudio, el muy estimable “Thirteen”, Overland y el teclista Jem Davis se quedan a solas para una muy sentida “Story Of My Life”, que vino por fin a romper esa homogeneidad del set, conduciéndonos hacia uno de esos momentos de tal unión entre público y músicos donde la tensión por poco se puede tocar.

Pasaban las doce cuando la banda arremete la final “Other Side Of Midnight” y cierra una de las grandes noches del año en lo que a hard melódico se refiere. Un recinto rebosante y total comunión entre bandas y público. Poco más se puede pedir. Merecieron la pena las tres horas largas de carretera hasta tierras vitorianas, desde luego que sí.

Claro que no queríamos cerrar esta crónica, habría sido indigno por nuestra parte, sin agradecer a Txema todas las facilidades para realizar esta crónica, a Nacho (Keep The Flame) y Myriam la compañía, la hospitalidad y el buen rollo en general. Esta crónica no existiría de otro modo y vaya de vuelta el mayor de los agradecimientos, así como un saludo a Jony de Crazy Keys. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: XVII Festival Atalaya Rock (14/10/2023)

Decimoséptima edición del festival castellano Atalaya Rock, se dice pronto, que en el polideportivo Samuel Rodríguez de la localidad vallisoletana de Pozal De Gallinas vino a reunir a las bandas Grave Noise, Diabulus In Musica, Delalma, Tierra Santa y Bloodhunter. Cita que desde Heavy Metal Brigade no nos quisimos perder y allí que nos fuimos, carretera y manta junto a nuestro colega y amigo Nacho Asturias (Keep The Flame), para dar buena cuenta de lo que sería una gran tarde noche de heavy metal en sus más diversas variantes.

Evento ya con solera y de entrada gratuita, por lo que esperábamos una buena entrada. Que la hubo, si bien con cuentagotas mientras Grave Noise daban inicio a las hostilidades. El Samuel Rodríguez parece un buen recinto donde celebrar eventos como el del pasado día catorce. El gran escenario que se dispuso en uno de los fondos, puestos de merchandising, barras y toda la pesca habitual. Así pues, una vez acreditados y en perfecto estado de revista, pusimos lo mejor de nosotros para confección de la crónica que os traemos a continuación.

Es la propia Sonia Moraleja quien, a eso de las 20:25 de la tarde introduce a Grave Noise, que se vieron en la siempre difícil tesitura de abrir el evento cuando, ya digo, el público asistente era más bien tirando a escaso. Algo que no arredró a este cuarteto de thrash formado a caballo entre Burgos y Soria y que tiene un segundo álbum, “Roots Of Damnation”, del que dimos buena cuenta allá por 2022. El público puede no fuera muy numeroso pero no tardaron en verse los primeros circle pits de la jornada. El sonido, si bien claro y nítido, otorgaba poca presencia a la guitarra del también frontman Iker Sanz, desluciendo aunque solo en parte su descarga.

Pero la banda tiene cortes con gancho y pegada, véanse “In God We Trash” o “Terror”. También ganas de pasarlo bien, como demuestra el hecho de que Edu Sanz y el propio Iker bajaran a perderse entre la gente durante uno de los temas. Benditos inalámbricos. Arriba del escenario quedó Toño, desgañitándose a gusto mientras la gente abajo se lo pasaba a lo grande. No faltó la estupenda “Perpetual Anxiety” y la forma en que recoge el legado de los franceses Gojira y lo embute dentro del habitual y animoso thrash del cuarteto. “Pura zapatilla castellana” como les gusta decir. Con la banda ya de nuevo reunida sobre las tablas y el reloj caminando inexorable hacia el final del set, mandó Sanz que les iluminasen con los móviles y pocas fueron las luces que no se encendieron en el Samuel Rodríguez. Los disfrutamos como primer plato y esperamos hacerlo más veces en un futuro cercano.

A punto de dar las nueve y media, acudían a la cita los pamplonicas Diabulus In Musica con su bien conocido power de aires sinfónicos. La banda con la muy risueña Zuberoa Aznárez al frente, llegó a tierras vallisoletanas enfrascada todavía en la presentación de un “Euphonic Entropy” editado en los albores del dichoso confinamiento.

No, eso que llaman el timing a la hora de editar su último álbum desde luego no fue el mejor. Tampoco el sonido que desplegaron durante unos primeros temas donde la bola de sonido formada no ayudó precisamente a distinguir con claridad los elementos presentes. Tocó, pues, tirar de carisma y tablas. Que quedó demostrado que los tienen y de sobra, en especial en las dos grandes figuras focales de la banda: la mencionada Zuberoa Aznárez a la voz limpia y Gorka Elso en guturales y teclados.

Es para “In Quest Of Sense” que el sonido empieza a ser redondo y nos permite disfrutar, en buenas condiciones, de una banda con la personalidad suficiente como para destacar en el tan concurrido terreno del power sinfónico. Resultan a un tiempo originales a la hora de construir sus composiciones y al otro muy hábiles a la hora de buscarle el gancho a su peculiar estilo. No abundan las bandas capaces de aunar ambas vertientes.

La pegadiza “The Misfit’s Swing” pondría la nota más circense a su actuación mientras Ioni Kor se dejaba la piel tras su kit de batería. El cambio de tercio que supone “Invisible” o el guiño al euskera de “Otoi” fueron configurando un set sólido por diverso, con un sonido que era al fin redondo, permitiéndonos disfrutar así de la verdadera medida de una banda como esta.

Shadow Of The Throne” recordó a aquél ya lejano “The Wanderer” de 2012 y fue poniendo las últimas muescas en un set que tocaba a su fin. Con un público, cabe decirlo, un tanto diésel, quizá guardándose fuerzas para lo que aún quedaba por delante. Un show muy de menos a más, que hizo temer lo peor en sus primeros pasos pero dio fin, a eso de las 22:25, dejándonos un gran sabor de boca. Fácilmente una de las mejores ofertas que el género tiene para ofrecer dentro de la península.

Quienes sí disfrutaron de un gran sonido ya desde los primeros instantes fueron Delalma. La banda del ex-Mägo de Oz Manuel Seoane, que una década más tarde trae de vuelta a todo un Ramón Lage, convenció y de qué forma en el Samuel Rodríguez. La expectación era máxima. Las crónicas de eventos anteriores hablaban muy bien de anteriores descargas del proyecto y lo cierto es que durante la jornada no eran pocas las camisetas que pudimos entre la audiencia. Así pues, cuando faltan algo más de diez minutos para las once de la noche, Delalma irrumpen por fin sobre el escenario del Atalaya Rock.

Y lo hacen con el corte que inaugura el álbum, una “Acto De Fe” que, en directo, acrecenta y de qué forma a su encarnación de estudio, aún con la presencia de una única guitarra sobre el escenario. Muy enchufado Lage ya desde las primeras estrofas. Y un público que se sabe las letras casi al dedillo. Algo que, pensamos, tiene un mérito terrible. Dada su condición de álbum temático, no es “Delalma” un trabajo que lo ponga fácil en este aspecto. Quien más, quien menos, parecía haber hecho sus deberes a conciencia.

Con el bajista Jesús Cámara (Death&Legacy) como grave contrapunto a Lage en voces, la banda fue desgranando temas del mencionado debut como “Renegar De Ti”. Pero es la pegadiza “Mañana Vuelve A Oscurecer” la que realmente se lleva el gato al agua. El público llevaba en volandas a Seoane y los suyos, formando una comunión raras veces vista en una banda debutante como esta. Con matices, claro.

El propio Lage quiso autodedicarseY Aún Siento Estar Allí”, corte que viene a cambiarle el pie al set, poniendo la nota más nostálgica y sentida, valga la redundancia. Gran ovación la que se llevó el asturiano al término de esta. Diríamos que se le veía emocionado incluso. “Ritual” enganchó casi en la misma medida en que sorprendió “Wicked Game”, versión del californiano Chris Isaak, que a buen seguro pilló con el pie cambiado a más de uno. Tras la muy coreada “El Mirlo”, sorprende cómo Delalma optan entonces por el corte más extenso del álbum, que no es otro que “Luz Ni Tiempo”, que viene un poco a dar la verdadera medida de una banda como esta, con Ramón jugando entre registros y Dave Lande (Celtian) tramando una fantástica línea de batería.

Pero hay que hablar de Manuel Seoane. El madrileño dio en Pozal De Gallinas una lección de buen gusto y clase con la seis cuerdas. Y hay que hacerlo también de un Lage realmente pletórico. Había dudas con respecto al estado de forma que mostraría tras tanto tiempo alejado de los escenarios y la carretera y lo cierto es que lejos de parecer una sombra del frontman que fue, aún parece haber incorporado nuevos trucos y registros a su repertorio. Qué gustazo tenerle de vuelta y a semejante nivel.

Pero todo ha de tener un final, que en este caso fue para el single que anticipó al debut, la fantástica “Cárcel De Cristal” que la banda alargaría en su tramo final para uno de los puntos álgidos de todo el festival. No sabremos qué será de estos Delalma en un futuro a medio / largo plazo pero desde luego que el proyecto no podría haber empezado su andadura con mejor pie. La cita del trece de enero en la gijonesa Sala Acapulco está ya marcada a fuego en nuestro calendario.

Faltaban veinte para la una cuando los riojanos Tierra Santa tomaban el escenario del Atalaya Rock. Y lo harían no sin problemas. En concreto el amplificador de un Dan Díez queriendo erigirse en protagonista y aguando el arranque del set. Sea como fuere, aquí siguen los del guitarra y voz Ángel San Juan dando guerra. También un Roberto Gonzalo ya plenamente recuperado del infarto que sufriera hace poco más de un año durante un show en tierras mañas.

De un tiempo a esta parte parecemos abonados a los problemas. Los mencionados con el ampli de Díez vinieron a aguar la inicial “Pecado De Ángel”, no obstante la banda tiró de galones y, rápido cambio mediante, siguió adelante con el papel de headliner que la organización del evento tuvo a bien en otorgarles. En un set con un público entregado y muy por la causa, se fueron sucediendo clásico tras clásico para gozo y alegría de casi todos. Y es que se quiera o no, Tierra Santa son uno de los paradigmas de nuestro heavy metal: no serán los más técnicos ni tampoco los más rápidos pero ahí llevan un cuarto de siglo dando el callo. Desde luego algo tendrán.

Porque suena “Sangre De Reyes”, del disco homónimo, y la comunión entre público y banda es total. Con Díez aún batallando con y contra el dichoso amplificador, lo cierto es que la banda por fin acierta con el sonido y se dispone a ofrecer un show a la altura de las circunstancias. Al alimón con las clásicas “Apocalipsis” o “Tierras De Leyenda” suena la más reciente “El Dorado”, de aquél “Destino” de 2022 demostrando que la banda quiere (y debe) seguir mirando al futuro ante el riesgo de quedarse atrapados por su pasado como unos Ángeles del Infierno cualquiera.

Pero volviendo a lo que nos ocupa, Tierra Santa encontraron en Pozal De Gallinas a un público afín y muy fiel, que respondió con grandes dosis de calor y otras tantas de cariño a los grandes clásicos de su ya dilatada trayectoria. Véanse “Drácula” o “La Leyenda Del Holandés Errante”. Por todos es sabido, y si no pues lo digo ahora, que nunca he sido el mayor fan de los riojanos. Pero insisto en que algo tendrá el agua cuando la bendicen y lo cierto es que tras su paso por la última edición del Atalaya Rock y en honor a la verdad, solo caben buenas palabras.

Y es que para el cierre quedan cortes que si rondas de la treintena en adelante y has pasado tu vida pegado al heavy metal hecho aquí, es prácticamente imposible que no conozcas, aunque sea de oídas, cortes como “El Laberinto Del Minotauro”, “Alas De Fuego”, “Legendario” y, claro, “La Canción Del Pirata”. Cierto que vimos ya muy justo a Ángel en esta parte final del show. Cierto también que los presentes les dedicaron una ovación de despedida digna de banda legendaria.

El cierre del más reciente Atalaya Rock y como viene siendo cada vez más habitual en este tipo de eventos se le otorgó a la propuesta más extrema de la jornada, que no era otra que la banda de death melódico ahora radicada en Madrid Bloodhunter, a quienes hemos visto en numerosas ocasiones durante la presentación de su último “Knowledge Was The Price” y que volvió a responder a las expectativas como en ellos viene siendo habitual.

Su descarga no obstante se vería retrasada por la indisposición de un asistente al evento, que vino a provocar la entrada de los sanitarios en el recinto y la consiguiente espera e incertidumbre. Sin querer entrar en más detalles, vayan desde aquí nuestros mejores deseos en lo que esperemos sea su pronta recuperación.

Así las cosas, son casi las tres menos diez cuando Bloodhunter, siempre con Diva Satanica al frente y el inagotable carisma de Fabs Tejada al bajo, toman al asalto el escenario del Samuel Rodríguez. Y hay que decir que, cuando el sonido acompaña como vino a ser el caso, son una banda de lo más disfrutable. Guillermo Starless y Dani Arcos son una dupla de lo más fiable en guitarras. Técnicos y con clase, rara vez fallan.

Algo que queda claro a través de cortes vitriólicos como “A Twist Of Gate To Come” o la estupenda “Medea’s Guidance”, con su frontwoman bailando entre registros con una facilidad que asusta. Una que gana una barbaridad en directo es “Nothing Beyond The Realms Of Death”, mientras que en “Never Let It Rest” uno se pregunta si algún día llegará a materializarse en vivo una versión con el propio Tim Owens en comandita con la banda. En cualquier caso Diva Satanica la defendió con la fuerza de siempre, ennegreciendo un par de puntos al original presente en el álbum.

Pero fue llamar la coruñesa al wall of death y quedarnos con lo puesto como cuando salta el automático en casa. Por suerte, quiso la providencia que la cosa no fuera a mayores. Apenas unos instantes. Lo necesario para que el público recuperase fuerzas y brindase a Bloodhunter en particular y al festival en general la despedida que merecían. Esperando ya el nuevo álbum del cazador de sangre y la edición número dieciocho del festival vallisoletano.

Pero antes de que llegue la edición de 2024, cabe destacar lo bien que se dio la de este año. Buena asistencia, un sonido que salvo algunos momentos durante Diabulus in Musica y el díscolo ampli de Díez fue notable durante toda la jornada y una organización que pondría todo de su parte para que tanto nosotros como el resto de medios presentes pudiéramos realizar nuestra tarea sin mayores inconvenientes. Si acaso, la engorrosa presencia de fotógrafos arriba del escenario durante buena parte de los conciertos. En lo personal no me llegan a molestar, tengo que decirlo, pero sí que hubo más de un compañero del gremio al que la decisión le resultó de lo más engorrosa.

A fin de cuentas, si los mencionados fueron los mayores inconvenientes, podréis imaginar lo bien que se dio la jornada. Nosotros nos retiramos nada más terminar Bloodhunter, largo trecho aún hasta nuestro lugar de descanso, barruntando todo aquello que os hemos venido a contar en esta humilde crónica. Ojalá y dentro de doce meses os estemos contando una edición más del Atalaya Rock. De momento nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz