Sound Of Silence nos presentan «Life After Magma» nuevo adelanto de su nueva obra de estudio «A New Level Of Suffering» que verá la luz el próximo mes de marzo.
Grabado, mezclado y masterizado por Nefta Vázquez en Breakdown Studios «A New Level Of Suffering» será el segundo capítulo de una obra dividida en 4 actos continuación directa de «Primvs Capite«.
En el mes de mayo encabezarán la segunda entrega del Breakdown Fest que tendrá lugar en Oviedo y Torrelavega los días 8 y 9 respectivamente. La parada asturiana tendrá lugar en la Sala Estilo y contará con la participación de Incordian, The Zeronaut y Titano. Entrada anticipada online 15€ a través del siguiente enlace: https://ticketandroll.com/evento/breakdown-fest-oviedo
Sound Of Silence nos presentan nuevos detalles de «A New Level Of Suffering» su próxima obra de estudio que verá la luz en febrero del 2026.
01 Empty Abyss 02 Life After Magma 03 A New Level Of Suffering 04 Agonized Souls 05 Sorrowful Above The Earth 06 Ritual Massacre 07 The Cosmos Devourer 08 Uncertainty 09 Path To Hope
Grabado, mezclado y masterizado por Nefta Vázquez en Breakdown Studios «A New Level Of Suffering» será el segundo capítulo de una obra dividida en 4 actos continuación directa de «Primvs Capite«. Allá por el mes de junio veía la luz el tema homónimo como primer adelanto.
El combo black/death Sound Of Silence nos presenta «A New Level Of Suffering» como primer adelanto de su próxima obra de estudio.
Grabada, mezclada y masterizada por Nefta Vázquez en Breakdown Studios la canción anticipa su próximo disco «A New Level Of Suffering» Chapter II» que verá la luz a finales de 2025 como continuación directa de su anterior EP «Primvs Capite«. Con esta composición la formación asturiana da un giro a su propuesta musical al abrazar por primera vez el inglés para el apartado letrístico.
La apertura iba a recaer en los chicos de Sound Of Silence y, por una vez, di gracias a los retrasos (en el reloj, el otro lo llevo de serie) que me permitieron llegar justo a tiempo para “Tensa Calma”. Este arranque ya deja claro que ni el entorno ni lo diverso del paisanaje iba a hacer mella alguna en su habitual sonido. La banda, que venía de proclamarse vencedora en la semifinal de la W.O.A. Metal Battle Spain celebrada en Corvera, se desfogó como acostumbra. Muy buen sonido, aún en el pequeño escenario Roces, y los habituales chascarrillos de Nefta: “se acabó la hora de la siesta”. Igualmente rotunda, “Nunca Seré Feliz” deja ver sin embargo a un siempre risueño Viti Redondo al bajo. Pero quizá fue “Felices Bajo Tierra” mi favorita de esta parte inicial del set. La incansable pegada de Jorge Rodríguez (Aneuma, Escuela De Odio) tras los parches, Nefta animándonos a apreciar el solo de Rubo o pidiendo que respondiéramos a sus “¡Eh!” mientras echaba en cara a los del fondo que no se sumaran: “me faltan los de atrás, me faltan subgraves”.
Puede parecer que insisto mucho en las anécdotas de Nefta pero ello no va en detrimento del nivel que despliega la actual formación. Al contrario. Sea cual sea el escenario y las circunstancias que les rodean, parece que esta gente siempre cumple. Máxime cuando se atreven a tirar de nostalgia y recuperan (si no me equivoco) “Sacrificio De Una Vida Atormentada” de aquél álbum de 2009 “El Funeral De Las 10 Almas”. El doble bombo de Jorge Rodríguez volvía a marcar el camino y lo cierto es que la gente se implicó de lo lindo aquí. Llegó entonces el turno para una de mis favoritas (no me escondo) como es “Océano De Traición”, que vio como Rubo acometía de rodillas el primer puente y se destapaba con un solo, a puro tapping, más adelante. La sensación que fue quedando es la de que venían con los deberes bien hechos.
No quiso Nefta olvidarse de los debidos agradecimientos. Y, de paso, coger un poco de aliento. Que si queríamos “otro poco de heavy metal”, preguntó, para después acometer las primeras estrofas de “Un Nuevo Ano… checer” (sic) en tonos agudísimos para sorpresa nuestra y disfrute de un Viti Redondo que se deshacía en carcajadas a su lado. El caso es que, juegos con el registro de Nefta al margen, Nague y Rubo brillan aquí. Primero doblándose con habilidad y después siendo Rubo quien deje otro estupendo solo de guitarra. En “Viendo Al Cielo Llorar”, que bien podría ser un resumen de las dos jornadas vividas en La Felguera, su cara más melódica empastó con la más rotunda y grave. Hubo una llamada al circle pit. “Esas melenas al viento, esas tachuelas en el corazón” exclamaba de nuevo irónico Nefta. Los tres hachas de la banda se reunieron en curioso círculo (¿o triángulo?) aquí y el inquieto vocalista no perdió la ocasión de volver a pasar entre las piernas de Redondo ni tampoco de bajar a mezclarse con la gente.
“Densa Niebla” puso fin al tormento de los herejes, también llamados vecinos y casuals, que con o contra su voluntad vieron cómo el ciclón asturiano de nuevo hizo honor a su leyenda. Dice mucho de ellos, además, que dejaran para este cierre un corte de arranque tan violento e inmisericorde como este, lo que permitió a Jorge Rodríguez dar otra lección de pegada y en especial de resistencia. Sensacionales.
Los Bárcenas, qué duda cabe, son un animal bien diferente a Sound of Silence. Banda de versiones que, bajo el paraguas del punk más americano (con matices), hace las delicias de cualquier fan del género. A priori no pensé que me engancharía a su propuesta. Pero cuando de pronto disparan el “Ecuador” de Sash! (el latazo que diste aquél año, niño, ni olvido ni perdón) uno de pronto entiende que se viene tremenda fiesta. Héctor García, voz del combo, le agradecería a Nefta el haberles dejado la “Tarima Of Silence”. Chascarrillo que repetiría unas cuantas veces a lo largo del show. Como el de llamar al festival de distintas maneras (“fican, ficas, ficaa…”). Jugando con el inglés, a mí se me ocurría “Fican’t”.
Pero volviendo a lo estrictamente musical, Nacho Martínez, que fuera integrante de Maverick, rompió una de las cuerdas de su guitarra muy al comienzo del set. Ante la tesitura, la banda optó por tirar para adelante con una sola guitarra. A fuerza de ser sinceros, reconozco que algunas de sus versiones me eran completamente ajenas. Pero cuando Nacho soluciona el percance con la cuerda e irrumpen clásicos como “Should I Stay or Should I Go” (The Clash), el cerebro hace clic y me cuesta nada y menos subirme al carro. “Os juro por dios que no ensayamos nunca. Pero pa’ esti nos juntamos… y salió mal” ironizaba entonces Héctor García. “Ahora va una pa’ Donald Trump”, que no fue otra que “American Idiot” de Green Day. Con mucho una de las mejor recibidas. El vocalista le dedicaría entonces “She”, también del trío de Rodeo, a Rebe (si mis notas no me engañan) porque “hace un año empezó algo muy bonito” .
Que si habíamos jugado al Fifa 98, preguntó entonces García. Y acometió “Song 2”, aquella broma que Damon Albarn compuso en apenas quince minutos a modo de mofa del movimiento grunge y que, casualmente, acabaría convertida en uno de sus mayores hitazos. Lo que es este negocio, chico, no te lo acabas nunca de creer. Para “God Save The Queen” hubo incluso un espontáneo muy Kinki. También mucha fiesta, que iría a más toda vez Los Bárcenas disparan una curiosa versión del “The Kids Aren’t Alright” de Offspring y proceden a interpretarla después con Héctor perdido entre la gente. Aún con todas las reservas que a uno le puedan producir las bandas tributo, o las bandas de versiones como es el caso, tremendo fiestón el que montaron.
Como quiera que tenía muy recientes a los chicos de Söax, tocó hacer su poco de turisteo y socialización por las calles de La Felguera. El rock and roll también es esto, aunque sea de vez en cuando. A nuestro regreso al recinto lo primero que llama mi atención es ver a Iris deIndocentes al comando de la batería. Con una tablet donde (deduzco) podía leer las distintas partituras, soportó el peso de la banda con la seguridad que dan los buenos músicos. Y ella lo es, desde luego. Para cuando nos cobijamos bajo la amplia carpa del Escenariu Revibeer, Adrián Muñiz enfrentaba “Béla Tar” con su habitual efusividad en lo gestual. Aquí dejaban patente su cara más alternativa, cerrada por el propio vocalista a puro desgarro. Al igual que aquella noche en la Telva, no faltó el recuerdo a The Beatles (“Come Together”) ni tampoco una de sus composiciones más recientes como es “Agradecidos”. Estupendos detalles de Juan Bertrand a la guitarra aquí.
En honor a la verdad hay que decir que los parroquianos del festival siguieron las evoluciones de Söax con cierta distancia. Lo que no quita para que servidor disfrutase con esa cara más socarrona, también más reivindicativa (a su manera) de “Gasolina”, con el alma mater del proyecto Ramón Prada alternando bajo y teclas. Volverían de nuevo a jugar con lo tonal y ofrecer una cara más seria gracias a la revisión de “Frente A Frente”, composición original de Manuel Alejandro. Un fino y acomodado solo de Bertrand adornó una parte final en la que Muñiz, inalámbrico mediante, bajó a mezclarse con la gente. Aún tuvieron tiempo de entregar algún corte de nuevo cuño, agradecer a Iris Martínez el haberles salvado el bolo, reinventar “Bubbles” de Biffy Clyro con Muñiz de nuevo abajo o cerrar con la siempre eficaz “Cuento”. Pocas sorpresas más allá del reemplazo en baterías. Como dije al comienzo los tenía muy recientes, pero me agradaron igualmente.
Para Onza, claro, la expectación era máxima. Mucha gente, en su gran mayoría muy joven se arrimó al Escenario Revibeer presta a disfrutar de Pepo Martínez y su nueva banda. En honor a la verdad hay que decir que el suyo no es el tipo de música que acostumbro a escuchar. También que en este segundo encuentro con ellos, siendo el primero aquél en tierras corveranas (crónica) parecí entender mejor su propuesta.
La gente llevó en volandas al quinteto desde el minuto uno, algo a lo que ayudó el fantástico sonido del que disfrutaron. El arranque es demoledor. O, al menos, testimonio de la cara más nerviosa del proyecto. Algo que atempera el mayor poso melódico de “Lo Que Arde”. Pepo, la gorra y la camiseta por dentro del pantalón, dio una lección de cómo comunicar con la gente. También de como alternar entre registros sin ataduras ni dobleces. De su desempeño el sábado caben pocas dudas. En plena forma. Con “Sin Miedo” quedó claro que la gente había hecho bien sus deberes. Efusividad a la que hay que sumar la infatigable labor coral de Javi y Faisán, batería y bajista respectivamente.
En “Destierro” Pepo aprovecha para comentar una pequeña anécdota sobre su último paso por la capital del reino, cuando preguntó cuántos tenían abuelos en el pueblo y en la sala poco menos que se hizo el silencio. Huelga decir que en La Felguera no fue el caso ni con la pregunta ni tampoco con esos Onza de nuevo más rotundos que aparecieron. A mitad de “Limpajumar” nos quedaríamos sin sonido por PA, siendo éste junto con los problemas de Pepo con los in ears (“para un día que no cargo yo la furgo me dejo los míos en casa) serían los únicos percances reseñables del set. Pepo tendrá su propia interpretación de “El Duelo”, que para eso es su creación. Pero uno no puede por más que interpretar esta letra como una puerta abierta a una futura e hipotética reunión de Desakato. Lo cierto es que abajo generó una sensación muy bonita y también muy intensa. La gente se lo estaba pasando de lo lindo.
El propio vocalista no perdió la oportunidad de saludar a una fan con un tatuaje de la banda en su brazo. Fue antes de una “Lucha Interior” donde me fue quedando la sensación de que este segundo encuentro con ellos entendí en mejor medida su propuesta. Tuvieron además el detalle de recordar al País Punk Rock del día anterior previo paso a revisionar a sus compañeros de Misiva y despedirse mientras certificaban su gran momento de forma.
El de Porretas iba a ser el mayor chute de nostalgia del fin de semana. Su descarga, máxime en la localización en que se llevaría a cabo, tan cerca del estadio municipal Ganzábal, sabía a Derrame Rock. De hecho y salvo que mis periodos de alto consumo etílico me jueguen una mala pasada, juraría que mi anterior y último encuentro con ellos fue en otro estadio, en este caso el desaparecido Carlos Tartiere de Oviedo junto a Siniestro Total. Año 2002.
Lo primero que uno se da cuenta con respecto a la descarga de Onza es cómo la edad media de los presentes ha aumentado de manera más que notable. Y para que luego digan de los mayores, lo que se vio incrementado en igual medida fue el movimiento en primeras filas ya desde las postrimerías del set. “Si Lo Sé Me Meo” sirve como resumen perfecto del modo en que siempre han conjugado crítica social con ese humor tan característico. De toda la vida una de las propuestas más abiertamente lúdicas de nuestro rock and roll. Si además para cuando desgranan “Joder Qué Cruz” el sonido del escenario Revibeer es redondo incluso en primera línea, qué más se puede pedir.
Bode lleva la voz cantante en estos Porretas, secundado desde el bajo de Pajarillo. Y así, perfectamente engrasados y con el ímpetu de unos jovenzuelos, irían desgranando un clásico detrás de otro. No negaré que tomé cierta distancia con el set. Tampoco que casi cada acorde traía recuerdos a mi subconsciente de manera inmediata. Para cuando despliegan “Hortaleza”, las primeras filas son un bullir de pogos, bailes, sonrisas y mucho movimiento. Un movimiento que aún iría a más en “Última Generación”, diría que la mejor celebrada de esta primera mitad del set.
Cómo no, había que recordar la figura del tristemente desaparecido Roberto Mira “Rober”, a su memoria dedicó Bode una muy sentida “Y Aún Arde Madrid”. A término y de manera súbita, un par o tres de voces comenzaron a cantar “¡Puxa Asturies Dixebrá”, cántico al que pronto se sumaron una buena cantidad de parroquianos. Porretas respondieron con una “La Hemos Cagao” que tal vez pasara algo desapercibida. Porque la gente recibió de mejor modo una “Resistiré” que, a estas alturas ya parece más propia del cuarteto que de sus intérpretes originales. Y el garruleo, si es que se le puede llamar así, aún iría a más en “La Del Fúrbol”, en buena medida por el juego que la banda provoca con cada estribillo. Pueden haber pasado más de dos décadas desde el anterior encuentro y aún así uno ve venir desde lejos el tramo final. Inaugura su ya clásico “Popurrí” (“Pongamos Que Hablo De Madrid”, “Diga Qué Le Debo”, “Peligrosa María”, “Insurrección”, “En Blanco y Negro”…), sigue la ineludible “Marihuana” y finiquita la propia “Porretas”. Qué rato más bueno.
Para el final y con el cansancio de ambas jornadas haciendo mella, llegaba el turno de Rat-Zinger. La puesta en escena, esas ratas retroiluminadas a cada lado del escenario, me recordaron inmediatamente al divino crocotauro los chicos de Caedis. Sería ese el único paralelismo con la formación madrileña. Rat-Zinger pusieron el pie a tabla y en el rato que disfrutamos de sus evoluciones no se despegarían de esos ritmos siempre vibrantes y encolerizados. Con todo un Dann Hoyos en guitarras, su punk metalizado (o viceversa) apostamos no dejó indiferente a nadie. Su mezcla de actitud, técnica y velocidad desde luego no cayó en saco roto. Al igual que nos ocurrió con la buena gente de Frakture tras el último Karma Fest, esperamos encontrarnos con Rat-Zinger en condiciones algo más propicias para nosotros.
Y estas serían, a grandes rasgos, nuestras impresiones de cuanto aconteció en las dos jornadas del Festival Internacional de la Cerveza Artesano d’ Asturies. Punk, hardcore, metal, rock alternativo… lo cierto es que fue una oferta lo suficientemente amplia como para permitirnos salir un tanto de nuestra zona de confort. Algo que siempre agradecemos. Confiemos en la vuelta del festival en 2026 y que la lluvia dé una tregua para entonces. Mandar un cariñoso saludo a las buenas gentes con las que nos cruzamos en ambas jornadas y nuestro agradecimiento a la organización del evento por haberlo hecho posible pese a las dificultades.
Por último, fue en las últimas horas del sábado cuando nos enteramos del fallecimiento del gran Alberto Toyos, verdadero emblema de la escena asturiana y figura capital en el amor que mucha gente tiene por la música en esta vieja Asturias. Vaya un sentido recuerdo para él y el mayor de los abrazos a familiares y amigos.
Nueva edición de la WackenMetal Battle en suelo asturiano, evento que siempre supone una buena manera de tomar el puso a las bandas emergentes, amén de constituir un punto de encuentro con la gente que de verdad ama esta música. Diez eran las bandas que formaban parte de esta edición, sita en el Teatro El Llar de Corvera, hogar de muchos y muy gratos recuerdos para esta casa.
Toda vez hechas las presentaciones de rigor por parte de la organización le llegó el turno a los ferrolanos de Hour-Glass, quienes se vieron ante la siempre ardua, complicada e incluso desagradecida tesitura de romper el hielo (en este caso, nunca mejor dicho) en el Llar. Y lo hicieron a lomos de un metal de nuevo cuño que acierta a la hora de hibridar melodía y contundencia en la que, por otra parte, sería una de las constantes a lo largo de la jornada. Lo cierto es que sonaron realmente redondos en “Tonight We Hunt” y, como suele ocurrir en certámenes de esta naturaleza, me dejaron con ganas de más.
Turno entonces para los thrashers de Legazpi (País Vasco) Anker, que demostraron que la llama del mejor metal euskaldún, esos dejes tan marcados a nuestros muy queridos Su Ta Gar, sigue más viva que nunca. Bien es cierto que tardaron algo en salir. No es una batalla de estas características sin que los puñeteros duendes del directo hagan de las suyas, pero en líneas generales nos gustó su modo de enfrentar los temas. Clásicos y sin excesos ni florituras innecesarias. “Somos Anker”, dijo su frontman Joanes, “cantamos en euskera. Igual no se entiende mucho pero lo damos todo”. A fe nuestra que sí.
El heavy metal de los cántabros Bifrost no puede resultar más orgánico, aún cuando éste sucede después de la intro pregrabada con la que arrancó el set. Hubo riffs con un cierto deje a unos Megadeth de finales de los ochenta, como bien me apuntó cierto e indómito vocalista, y en general mostraron un nivel técnico más que aceptable. También la sapiencia suficiente como para tejer temas intuitivos y con gancho. Fueron de menos a más y en lo que a nosotros respecta trataremos de seguir sus pasos con atención.
A quienes seguimos desde hace tiempo es a la buena gente de Electrikeel, paladines del thrash más flamígero y trotón, que venían de abrir para Freedom Call, Doro y Manowar en la primera edición del Kingdom of Rock (crónica). A lomos de un metal que parece beber de nombres como Slayer, Dark Angel o los primeros Sodom el trío pondría patas arriba al Llar. Xabier Rekalde (bajo) y Asier Bendoiro (guitarras) cargan a dúo con las tareas vocales e impulsan a una banda que, es nuestra sensación, ha crecido una barbaridad desde anteriores visitas. Jon Laguna se desvivió tras los parches y gracias a cortes como “Kingslayers” o “Till We Die” probaron ser uno de los secretos mejor guardados de nuestro inagotable thrash metal.
Un nombre que no necesita presentaciones, al menos para los habituales de Heavy Metal Brigade, es el de Sound Of Silence. Veteranos del death melódico y una verdadera institución dentro de nuestro metal extremo. Con mucho la banda que más gente congregó cerca del escenario, ventajas de jugar en casa, el quinteto arrasó a poco que el sonido se adecuó a su propuesta. Inciso aquí para agradecer al bueno de Gus Bocanegra su infatigable labor durante toda la jornada. Manejar los entresijos de diez bandas, una detrás de otra, no debe ser tarea fácil ni agradecida y más cuando la salud no acompaña. Pero volviendo a Nefta y sus chicos, cuando atruenan temas (clásicos ya) como “Nunca Seré Feliz” o “Felices Bajo Tierra” cuesta no rendirse a ellos. Con Viti Redondo y Nague González ya plenamente instalados en la disciplina de la banda, pusieron la Metal Battle a sus pies. Circle pit incluido. Tremendos.
Así las cosas, Blaze The Trail no lo iban a tener nada fácil. Menos aún cuando el inalámbrico de Diego se niega a trabajar. Nos quedamos sin voz en lo que el frontman tardó en echar mano de otro de los micros del escenario y, desde ahí, procurar su habitual juego de registros. Metalcore quintaesencial que ya pudimos disfrutar en el pasado Karma Fest (crónica). Una banda que interpreta el hardcore a su manera sin que ello vaya nunca en detrimento de un buen nivel técnico. Diego, que se las vio con el cable del micro en más de una ocasión, se desvivió por animar al Llar y Charles, como ya hiciera en Laviana, no perdió la ocasión de perderse entre el público. Un must para todo fan del género que se precie.
When Evil Comes tomarían entonces el escenario del Llar prestos a profundizar en la onda core de sus predecesores. Cuarteto que irrumpe con dos guitarras y sin bajista, tuvieron algún que otro percance con las pistas pregrabadas al comienzo del set. Propusieron un hardcore que, como la cabra siempre acaba tirando al monte, disfruté en mayor medida a lo largo de las partes más aceleradas y vibrantes. Sea como fuere, es la propia diversidad que acogen sus composiciones la que opera en favor de la banda, acertando a manejar un amplio rango de influencias aún dentro de los márgenes del género. Interesantes.
Ms. Missery, viejos conocidos también de este medio, supusieron un cambio de rumbo, en lo genérico que, sin minusvalorar el trabajo de nadie, agradecí en buena medida. El suyo es un metal que bebe de las fuentes del alternativo. Y si bien puede abusar del uso de pistas pregrabadas, tuvo en el peculiar timbre de Ibon Saez a una de las voces más personales de la jornada. Es cierto que se les puede exigir un mayor despliegue técnico. O también que uno ya va peinando canas y tiene los gustos que tiene. En cualquier caso me engancharon con su particular propuesta, que no teme coqueteos con la electrónica, y que a la larga supondría una de las más eclécticas de la fría noche corverana.
Sin tampoco querer cargar las tintas en este aspecto, resulta cuanto menos llamativo que la de Anne, voz en Itinerum, fuera la única presencia femenina de toda la semifinal. Los vascos presentaron en el Llar su metal sinfónico dejando una sensación algo desangelada. Y ya fuera por las altas horas que eran o por el frío imperante, lo cierto es que, al menos en primeras filas, nunca llegaron a sonar del todo redondos. Confiamos en verles en mejores circunstancias.
Rise Of The Shadows serían los últimos en disputa. Y si ingrato es abrir, tanto o más ser los últimos en subirse al escenario cuando rondan ya las cuatro de la madrugada. Su más que curiosa mezcla de géneros fue sin embargo el mejor aliciente. De hecho el set arranca bordeando los límites del doom para, desde ahí, transitar hacia un death melódico que bebe tanto de las fuentes clásicas como de las más contemporáneas. Un esforzado Samuel Justicia al micro dibujó cuidadas líneas de voz sobre una más que interesante paleta de influencias. Si nada nos lo impide nos vemos en la XIX edición delAtalaya Rock.
Llegaba el turno para las deliberaciones del jurado. El gran poder, que como sabéis conllevaba una gran responsabilidad, recayó esta vez en las figuras de Jorge López Novales (Diario de un Metalhead), Lady Ani (Last Days Of Eden), Fernando Argüelles (Eden) y Oiane Díaz (Metal Hammer), quienes tuvieron a bien otorgar sendos triunfos a Electrickeel y Sound Of Silence. A nuestro juicio y sin querer hacer de menos a nadie, solo faltaba, decisiones ambas más que acertadas.
Tarde, tardísimo cuando recogimos nuestros enseres y abandonamos nuestro querido Llar de Corvera. Sarna con gusto. Pero nos gustaría eso sí agradecer a la organización por las facilidades dispuestas en favor de esta crónica, así como mandar un saludo a los habituales que nunca fallan y el mayor de los abrazos al bueno de Miguel Luarca. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
La XX edición de los PremiosAMAS, los galardones de la música asturiana, presenta la lista de nominados y da inicio al plazo de votaciones a través de la web premiosamas.com. A continuación repasamos las categorías que incluyen candidatos relacionados con el hard rock y el metal, estilos que vuelven a copar espacios importantes en esta nueva entrega.
La ceremonia de entrega de premios tendrá lugar el viernes 7 de marzo en el Teatro Filarmónica de Oviedo. Nosotros ya hemos elegido nuestros favoritos, no dejes de votar a los tuyos!!!
No hay gran viaje que no comience con un pequeño primer paso y el del Luarca Metal Days, inmune a ciertas críticas malintencionadas vertidas con auténtico veneno en los últimos meses, desde luego ha sido firme y decidido. Dos días, un cartel que picoteó dentro de las lindes del metal con la intención de ofrecer un plantel de lo más heterogéneo, sumado a lo idílico del entorno y la sensación, a lo largo de ambas fechas, de que se hicieron muchas cosas bien. Para nosotros era una cita ineludible, máxime después de que el deceso del Rock Nalón dejase al occidente huérfano de buen metal en vivo.
Una fecha, la del viernes, que finalmente tornó en problemática. Tiempo algo desapacible, que tampoco sería mayor excusa en esta Asturias nuestra, pero desafortunadas coincidencias con eventos grandes en la región (Robe Iniesta) o mayúsculos fuera de ella (la enésima visita de los cuatro jinetes a la capital del reino). La oferta es inasible mientras tiene uno la sensación de que la demanda mengua con cada latido de nuestros esforzados corazones.
H.M.B., como viene siendo costumbre, llegamos pronto a las puertas del Luarca Metal Days. Nos gusta hacer nuestra composición de lugar sin prisas ni apreturas. Recoger nuestras acreditaciones, inspeccionar el recinto, echarle un ojo al foso… todo ese tipo de acciones que poco a poco han tornando casi en ritual. Más allá de lo habitual (+1 en carisma para quien entienda la referencia) esto es, los puestos de merch, las barras o la pequeña terraza, nos gustó la idea del stand para las firmas. A servidor, sea por la timidez o la introversión inherentes a mi carácter, cierto es que me dan un poco igual. Pero ver a críos con una sonrisa de oreja a oreja junto a Laura de Aneuma (por poner un ejemplo) no tiene precio. Al final, todo cuanto se haga para que el rock arraigue en el corazón de los más pequeños será siempre bienvenido en esta casa.
Pero habrá que entrar en harina, digo yo. BudaSam, a la sazón ganadores de la batalla de bandas del festival, serían los encargados de dar inicio a la fiesta. Y lo hicieron en toda la acepción de la palabra. Y lo hicieron gracias a “Aquella Canción” demostrando aquello tan viejo de que algo tendrá el agua cuando la bendicen. Poca gente, al fin y al cabo eran las cinco de la tarde de un día laborable, pero quienes nos animamos disfrutamos de una sonora y entretenida ración de hard rock.
Breve, no ha tiempo a muchos alardes en algo más de media hora, pero los bilbaínos parecen dueños de toneladas de clase. Un hard que lo mismo picotea de la cara más melódica del género que de pequeños influjos de raíz más urbana como en “Perdidos En Septiembre”. Dejaron además buenos detalles en lo técnico, ese duelo de guitarras que precedió a “Gritando En Silencio”. Nos agradaron. Nunca es plato de buen gusto abrir un evento de estas características con el mar de inconvenientes que se derivan pero los chicos supieron agradar al público más tempranero. Deseando ya poder ver un set completo por su parte.
No hace falta ser un experto en la materia para entender que los asturianos Where The Waves Are Born son un animal muy diferente. Su metalcore a dos voces volvió a resultar tan orgánico como siempre, sin tanto apoyo en lo tecnológico como otras bandas afines. Cierto es también que para cuando deja de sonar la intro y el sexteto acomete “Evenchanger”, el sonido es algo desequilibrado y cuesta seguir sus evoluciones.
Con eso y con todo lo cierto es que teníamos ganas de verles en un escenario como este, lejos de las apreturas que imponen las salas a una formación tan nutrida. Y por ahí que cuando los técnicos hacen su trabajo y el sonido reconduce y mejora sus balances, lo que tenemos ante nosotros es la mejor versión de W.T.W.A.B.. Que aunque sea verdad que a los más talludos nos cueste conectar con su forma de entender el metalcore, lo cierto es que son una de esas bandas que están poniendo de su parte para inyectarle el veneno del rock a la gente más joven.
En esas estaba cuando atacan “Colourless” y de pronto esos aires más atmosféricos me resultan de lo más atractivos. La banda no quiso en ningún caso olvidarse de mandar un agradecimiento a la organización del evento. Que aunque la asistencia fuese escasa aún a aquellas horas tan tempranas, a buen seguro el hecho de pisar el escenario de un festival como este sirve como acicate de cara a su futuro como banda.
Brilló una jornada más Victor Barrero, encargado de acentuar la cara más melódica, también la más técnica, mientras Guille Rodríguez con el registro grave y Luigi López con el limpio jugaron a encontrarse durante prácticamente todo el set. Más allá de los gustos de cada cual, una banda que sigue progresando y creciendo. Si estás leyendo esto y andas buscando buen metalcore, quizá Where The Waves Are Born sean tu próxima banda favorita.
Un gran telón de fondo con el logo de la banda da la bienvenida a los zamoranos Death&Legacy. Banda a la que seguimos de cerca desde hace tiempo, sus últimos dos discos ya pasaron por el apartado de reseñas, y una espinita que tenía ganas de quitarme. Porque lo cierto es que es casi tan grande la oferta de bandas con chica al frente como el rechazo que éstas producen en un muy determinado tipo de aficionados al metal. El público es soberano, dicen que reza el viejo dicho, pero hay cosas que nunca terminaré muy bien de entender.
Porque lo cierto es que arrancan y, aun a pleno sol, su metal elegante y diverso confronta a una voz, la de Hynphernia, que apenas dejó de moverse y retar a la audiencia. Mérito tiene de igual manera el desempeño de un Jesús Cámara a la guitarra quien tendría que hacer doblete en la jornada del viernes. Pese a ello, el también bajista de Delalma, y al alimón con el resto del combo, no duda en enlazar un tema detrás de otro y ofrecer, por ahí, una versión más que aceptable de estos Death&Legacy.
Me resultaron agradables, además, por la forma en que montaron un setlist que dio muestras de la propia idiosincrasia de la banda, alternando cortes más ágiles con otros más rotundos y pesados. Y aunque en “Damned” uno echase en falta al bueno de Björn “Speed” Strid (Soilwork, The Night Flight Orchestra), lo cierto es que Hynphernia y los suyos sacaron el set adelante sin mayores inconvenientes, aprovechando además para presentar un tema que formará parte de su próximo álbum de estudio. Contando los días hasta escucharlo.
Qué duda cabe, la de Argion no era una cita cualquiera. Pany, vocalista de toda la vida de la banda, anunciaba en el transcurso de la semana su abandono del barco que él mismo había ayudado a construir. Así las cosas, no fueron pocas las camisetas de ellos que vimos el viernes. Decenas de las distintas remeras de la banda asturiana tiñeron Luarca de un color muy especial. Desde luego Pany no iba a estar solo en este adiós.
Más por contextualizar que por echarnos flores, quiso la curiosidad que este medio haya estado presente en la primera cita del vocalista y también en la última. Lo que son las cosas. Es lo que tiene estar siempre por ahí. Desde luego se dejaba palpar el ambiente no enrarecido pero sí especial de la cita. Ellos arrancan con “El Juicio Final” con el confeti a modo de pistoletazo de salida y de pronto los versos:
“Redoblan campanas, las tañen con furia. El tiempo ha dictado que llega el final. Aguarda con fe, nada has de temer”
… adquieren un mayor significado. Sin que ello redundase en interpretaciones distraídas o poco sólidas, lo cierto es que algunas de las caras de los chicos sí que eran más largas y serias de lo habitual. En inversa proporción, su público pareció disfrutar de cortes ya ineludibles para la idiosincrasia Argion como “La Ciudad Eterna”, siempre con ese particular toque épico-histórico soldado a sus acordes. Pany quiso acordarse de la organización del L.M.D., para la que pidió un sonoro aplauso, y anticipó que era el momento de hablar de tiempos oscuros. Tiempo, claro, para “El Hijo Del Diablo” de ese “Lux Umbra” del que ya diéramos buena cuenta por aquí. Buenos solos doblados de Pablo y Sergio aquí, mucho humo y la sensación de estar viendo una muy buena versión del quinteto asturiano.
Pero como no todo iba a ser un lecho de rosas, “La Orden” desencadena un infortunio que quiso cebarse, precisamente, con el gran protagonista de la jornada. Y es que el micro inalámbrico de Pany comenzaría a dar problemas al punto de terminar por echar mano del que Pablo empleaba en sus coros. Pero en cierta rima con el propio espíritu de la formación, nada pareció arredrar a los chicos, que, por otro lado, estaban sonando como se esperaba de una banda con su proyección.
Tras el casi obligado recuerdo al resto de bandas que integraban el cartel, turno para la primera de las sorpresas. Mer, actual voz de los resucitados Santa, acudía a escena para hacer las veces de Patricia Tapia en la animosa “Anne Bonny”. El dúo vocal se las vio y deseó de nuevo con los micrófonos, los duendes del directo son así de puñeteros, pero aún por ahí supieron navegar las adversidades hasta llegar a buen puerto. Disfrutando pese a los inconvenientes y ya no tan tensos como a comienzos del set. O al menos esa fue nuestra sensación frente al escenario.
Con “Corazón De León” la cosa pareció reconducir hacia cauces más adecuados. Aquí se produciría un hecho realmente inédito. El baile de miembros en las bandas es algo bastante habitual en estos tiempos que corren. Al fin y al cabo, el rock está sujeto a una incontable serie de inconvenientes al punto de que Pany se ve obligado, como decimos, a abandonar el barco. Pero que fuera él mismo quien anunciara su relevo al frente de Argion, amén de compartir con él los últimos trazos del set, nos pareció un detalle de inmensa clase. Porque qué mejor lugar que el Metal Days para presentar a un luarqués de pura cepa como Richard De La Uz como nuevo frontman de la banda.
La banda encadena “Águila De Sangre” con “Sobre El Mar” y uno no puede sino elucubrar qué les deparará el destino tras el cambio en voces. El propio De La Uz manda los debidos agradecimientos y los ya remozados Argion se despiden, claro, con “Fuerza y Honor”. También con confeti. Como entre mis pocas virtudes no entra la de futurólogo, no sé qué depara el futuro para la joven banda asturiana. Si tengo en cambio la certeza de que os lo contaremos con todo detalle desde Heavy Metal Brigade.
Novedades traían también los chicos de Sound Of Silence, que venían con nuevos bajista y guitarra en las figuras de Viti Redondo y Nague González. Cambios que han venido a apuntalar a una de las bandas más en forma de la región. No mentimos cuando afirmamos que S.O.S. pasaron por Luarca con la intención de seguir agrandando su particular leyenda…
… aunque me engañaran de primeras. Las viejas costumbres, me esperaba “Tensa Calma” tras la intro y, sin embargo, el quinteto sorprende al afrontar la más vetusta “Viendo Al Cielo Llorar” para poner el recinto patas arriba. O no. Lo cierto es que Sound Of Silence se toparon de bruces con un público poco receptivo, al punto de que Nefta dejó uno de sus habituales chascarrillos en forma de “venga, todos para delante, que es la última, nos vamos” cuando el corte iba tocando a su fin. Más tablas que el almacén de Ikea.
Sí que llegó entonces el turno para “Primvs Capite” en forma de todo un “Océano De Traición” que confirmó a esta nueva versión de la banda como una auténtica bola de demolición. Con un tremendo Jorge Rodríguez en baterías, no se cansa de crecer este chico semana tras semana, lo cierto es que poco a poco, desgarro a desgarro, la gente fue alcanzando las coordenadas de la banda. Enorme solo de Rubo aquí, por cierto.
El festival lo inauguraron BudaSam pero el primer «wall of death» tuvo sabor asturiano. Después de la salvajada atroz del Resurrection (no me tiren de la lengua con respecto a cierto vocalista) el del Luarca Metal Days fue mucho más modesto. Qué duda cabe. Aquí al menos conocías a la persona con la que te estabas chocando. Quieras que no. “Más Allá De Mí” y muy especialmente “Felices Bajo Tierra”, con Nefta comentando que el videoclip estaba rodado “aquí al lao, en la finca del que organiza esto”, entregaron un nivel altísimo del combo.
“Hostia vaya delay más guapo que me metiste Gus”. Porque hay que hablar de Gus Bocanegra, técnico al mando del sonido durante todo el fin de semana y que, salvo pequeños detalles muy puntuales, le brindó a las bandas presentes un sonido a la altura de las circunstancias. Aprovechamos para mandarle un saludo tanto a a él como al resto de técnicos del Luarca Metal Days.
“Densa Niebla” desata una petición por parte de Nefta: “quiero veros mataros a hosties ahora mismo” y, quien más quien menos, le tomó la palabra. Están en un momento de forma envidiable y, hoy por hoy, son una auténtica apisonadora. Si usted tiene algún problema y se los encuentra bien haría en dejarse llevar por el sonido del silencio.
Despedimos a Sound Of Silence y mientras los técnicos realizan sus esforzadas labores sobre el escenario, vuelve a sonar el “Tierra y Fe” de Mart, detalle que viene repitiendo Hamlet en sus últimas visitas a la región. Que nos encanta y que siempre me pone “gallina de piel” que diría el astro neerlandés Johan Cruyff.
Toda vez el escenario está debidamente acondicionado, llega el turno del “Misirlou” de Dick Dale, clásico anticipo a su descarga y que ha terminado en convertirse en lo que el “The Ecstasy Of Gold” de Ennio Morricone para Metallica. Durante el set de la banda hay dos certezas ineludibles, siendo la primera que estoy lejos de ser el mayor fan de la banda y que los chicos se vacían a conciencia en cada bolo, que no sería noticia de no ser por las edades que cuentan ya Molly (59) o el propio Tárraga (56) si Google no miente. Ya digo que más allá de gustos individuales, cuesta creer estas cifras cuando uno ve sobre el escenario la intensidad que son capaces de desplegar…
… y que salta a la vista ya desde la inicial “El Mejor Amigo De Nadie”. Y como todo suma, que la noche fuera cayendo sobre Luarca amplificó la vistosidad del set, que aunque dificulte la esforzada tarea de los distintos fotógrafos, de cara a quienes estamos más allá del foso siempre va a ser un plus. La eterna disputa. El caso es que en “Denuncio A Dios” suenan rocosos y áridos, con alguno de los riffs mejor cortados de todo el viernes.
En lo que a fotos refiere, nos gusta que despejen de monitores el escenario. También el podio sobre el que Tárraga y Molly brincan, bailan o se apoyan. Aunque no es menos verdad que le daría un buen susto al infatigable frontman de la capital. Al final nada que no solucionase un poco de cinta americana. El set siguió entre los habituales rugidos del vocalista en cortes como “Tortura-Visión” o “Dementes Cobardes”, con Tárraga haciéndole la réplica a su compañero de toda la vida.
Más discreta es la labor de Álvaro Tenorio al bajo. A bordo de la banda desde 2005, el tiempo se nos escurre entre los dedos, conforma junto con Paco Sánchez una base rítmica tan sólida como discreta, con pocos alardes y muchos menos errores. El pegamento necesario junto a la fiable labor de Ken HC a la otra guitarra para que esta banda funcione del modo en que lo hace.
Sobra decir que la gente, que acudió en buena cifra al recinto, recibió de muy buena gana la descarga de los madrileños. La banda le tiene cogida la medida al público asturiano a juzgar por cómo se recibieron (diría que) todos y cada uno de los temas. Coreando, alzando puños, bailando y divirtiéndose en definitiva. Ya en el tramo final destaca el hábil crescendo de “El Color De Los Pañuelos”, perfectamente situada en el set, también una por momentos enfebrecida rendición de “Habitación 106”, que nos conduciría hasta la habitual “Egoísmo” con unos Hamlet realmente desatados.
Bises y turno para “Antes y Después”, “Tu Medicina” y muy especialmente, claro, “J.F.”, o “Jodido Facha”, eso ya a gusto del lector. El calendario sigue corriendo y esta banda sigue en plena forma. Contentando a sus fieles y, muy probablemente, sumando a algún que otro nuevo correligionario antes de que disparen el “While My Guitar Gently Weeps” de los Beatles a modo de despedida. Siguen a un nivel tal que muchas formaciones de su misma quinta no son capaces ni siquiera de intuir.
La responsabilidad de cerrar la jornada del viernes del primer Luarca Metal Days de la historia iba a recaer en los pujantes Delalma. Iba a ser nuestro tercer encuentro con ellos en su gira de presentación, Atalaya Rock en octubre de 2023 y Gijón en enero de este mismo año, por lo que el factor sorpresa se había esfumado. Lo cierto es que el escenario del festival dio para que la banda dispusiera la acogedora puesta en escena que arrastran a lo largo del tour. El telón de fondo, también los pequeños faroles, los leds del bombo…
A lo largo del día no terminaba de tenerlas todas conmigo con respecto de la gente que se quedaría para verles. El tirón que siguen teniendo Hamlet y el trecho que separa Luarca de los grandes núcleos de población asturianos. Al final, nada más lejos. Porque pasan veinticinco de las doce y el recinto, nutrido y expectante, aguarda por su particular “Acto De Fe”. A juzgar por lo bien que sonaron ya desde el primer momento, con un Lage de vuelta en su tierra, nos prometíamos un final por todo lo alto.
Ayudó y de qué forma Jesús Cámara a lustrar una “Renegar De Ti” con su habitual registro roto y oscuro. Si iba ya con las fuerzas justas, después de todo era su segundo concierto de la jornada, desde luego no se notó. Seoane dibujó un solazo lleno de clase y Ramón cerró tirando de asturianía: “Buenas noches, guajes, cómo se nota que estamos en casa”. Desde luego que sí. Como es obvio, no sabe uno qué aguarda el futuro para una banda como esta. Lo que sí tengo es la sensación, quizá también la certeza, de que “Mañana Vuelve A Oscurecer” se va a quedar en sus setlists durante bastante tiempo. Un corte con pegada, gancho y clase, que extrae al Lage más Lage de toda la jornada. Un lujo. Jamás agradeceremos lo suficiente a Manuel Seoane el haber sacado del retiro al de la cuenca.
El que fuera voz de Human se auto-dedicó la más calmada “Y Aún Siento Estar Allí”, que apacigua los ánimos y nos conduce por un set que, ya digo, nos reservaba tan pocas sorpresas como dobleces. Me agradó sobremanera “Ritual”, de nuevo con un Seoane estelar, siempre apoyado por las teclas de su tocayo Manuel Ramil. El del gallego es desempeño tan callado como fundamental para una banda como esta. Siempre elegante, alejado de florituras innecesarias o trucos de salón, el de Ares tiene bien ganada su fama.
Pero qué duda cabe, son Lage y Seoane quienes atraen gran parte de las miradas. Y es que al desempeño de ambos a través de “¿Y Ahora Qué?” desde luego no le faltan quilates. Extraordinario el primero al micro, finísimo el segundo en el solo de guitarra. Una gran versión de unos Delalma a los que se le puede achacar una parte central del set demasiado reposada. Sensación que se ve acrecentada cuando la banda introduce una “La Última Noche”, de nuevo dedicada a Julia. El crescendo que la banda dibuja aquí volvió a ser uno de mis momentos favoritos del show.
No faltó su habitual revisión del “Wicked Game” de Chris Isaak. Tampoco una “El Mirlo” con un Lage que bailó entre registros al punto que me recordó sus años en Avalanch, especialmente la gira del fenomenal “El Hijo Pródigo”. Espero sepan disculpar el arranque de nostalgia. Prometo que en la crónica del sábado volverá a ocurrir.
Pero volviendo al pasado viernes, de nuevo me gustó que “Luz Ni tiempo” permaneciera en el set. Y es que hay bandas que trazan temas largos para después obviarlos en vivo u ofrecer una versión mutilada de los mismos. No es el caso con Delalma. De hecho diría que el quinteto brilla más que nunca aquí. Perfectamente armados y cohesionados. “A pesar del miedo. A pesar de la incertidumbre”, este proyecto parece haber venido para quedarse. Como se va a quedar durante mucho tiempo en mis retinas una “Cárcel De Cristal” con el público, ávido aún de fiesta, coreando su ya inolvidable estribillo para un buen final.
Fue el cierre a un gran viernes de metal en muy diversas formas. Con un gran sonido en líneas generales y un cumplimiento a rajatabla de los horarios. Nada mal en definitiva el bautismo de fuego del Luarca Metal Days. Si lo que bien empieza, bien acaba, al festival le queda mucha guerra por dar en años venideros. Pero antes de que todo eso llegue, queda dar cumplida cuenta de la jornada sabatina…