Crónica: Jim Jones All Stars (Avilés 24/3/2024)

Nunca las tiene uno todas consigo en lo tocante a los conciertos en domingo pero Avilés, por segundo día consecutivo, volvió a responder a la llamada del rock and roll. Lo cierto es que no era para menos. Todo un Jim Jones llegaba a la Sala Club del Centro Niemeyer con sus All Stars y, a tenor de lo visto, nadie quiso perderse tan indicada cita.

Porque es mucha la gente que aguarda la salida del combo británico a eso de las siete de la tarde, apenas nueve entradas quedaban sin vender en taquilla según nos contaron por línea interna, y el runrún era más que notable cuando “Cement Mixer”, de The Jim Jones Revue rompe el hielo e inunda de adrenalina e intensidad la privilegiada sala avilesina. La amplia formación, dos saxos, teclado, batería, bajo, guitarra y Jim Jones alternando voz, segunda guitarra y hasta maracas salieron dispuestos a meterse en el bolsillo a todo el mundo.

Es cierto que, al menos en las primeras filas, los saxos resultaron un tanto inaudibles, en especial el que ocupaba las manos de Stuart Dace. Vino a dar un poco igual porque la pegada de Chris Ellul impulsó a la banda hasta convertir la noche en una fiesta. Una amalgama de rock primario, andanadas garajeras y muchas ganas de bailar. Porque se bailó y se dieron palmas. Se jaleó y se mostraron sentidas ovaciones al septeto en las, por otro lado, pequeñas pausas que propiciaron.

Porque lo importante no dejó de ser el rock and roll. Nada de las largas peroratas que tenemos que soportar a veces. Jim Jones, perro viejo ya, sabe bien lo que su público reclama y aunque a ratos la barrera idiomática fuese más que sensible o Ellul se fuera largo, mínimo en un par de ocasiones, desde luego que a nadie le importó. Llama la atención la vitalidad del propio Jones, que cantó, nos animó, se revolcó por el suelo y no cejó en mostrar un talante entre lo chulesco y lo risueño. Derrochando el carisma y la clase que solo dan las décadas en la carretera.

Fundamental e impecable labor de Elliot Mortimer tras las teclas. Oculto tras sus oscuras gafas de sol, acompañó con igual vitalidad a una banda que se comía la velada a pequeños sorbos en cortes tan rotundos como “Run, Run, Run”, original de The Velvet Underground. Nada menos. “Satan’s Got His Heart Set On You”, o más bien “Satan Got A Hardon 4 U” como bien indicaba el setlist, extrajo al Jones más socarrón. Ese que vuelve a los Revue para rescatar “Shoot First”. Sorprenden aquí las graves afinaciones por las que discurre la descarga, con la llamativa Billy Boy del ex Thee Hypnotics haciendo temblar los cimientos del Centro Niemeyer.

En “I Want You (Any Way I Can)” la banda asemeja recuerda a un viejo vapor rodando sobre vetustos raíles de acero. Y si bien la tremenda “Rock ‘N’ Roll Psychosis” vino a hacer honor al nombre, no quiso Jones olvidarse de las obligadas presentaciones. Tampoco de dedicarle un “You’re A Beautiful Audience” al entregado público avilesino. “Shakedown” pondría así la guinda a otra gran noche de rock and roll.

O no. Porque el público, aupado por el propio Toni Ramone, impulsor del evento, sacó a los All Stars del backstage con el bien conocido grito de “otres tres”. Di que estás en un concierto en Asturias sin decirlo. Así pues la banda volvería para descerrajar, “Big Bird” de Eddie Floyd primero y “512” de los Revue después para cerrar así la velada no sin que antes Jones tuviera el detalle de agradecer a los técnicos de sonido y luces su imprescindible labor a lo largo del set. Enérgicos, torrenciales, inasequibles al desaliento, muchos harían bien en tomar nota del desempeño de los británicos.

Avilés se tiene bien ganada la coletilla de Rock City. Volviendo a demostrar que, cuando las cosas se hacen como deben, el público acaba por responder. Véanse las dos citas de este pasado fin de semana, llenas hasta la bandera. Desde Heavy Metal Brigade no podemos hacer otra cosa que no sea congratularnos por ello. Agradecer pues al departamento de comunicación del centro las facilidades para la redacción de esta crónica, a Sergio Blanco una vez más el apoyo logístico y saludos a la buena gente de Leather Boys, Fernando Casas y José Antonio Fernández. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica De Un Lunes Al Thrash Coronado Por El «Revengeance Tour» (Oviedo 11/3/2024)

Nueva ocasión de disfrutar de “Los Lunes Al Thrash” la que nos brindó la venida de los griegos Bio-Cancer en compañía de los pamplonicas Electrikeel y los locales Sound Of Silence. Y que, como siempre tratándose de un comienzo de semana, no las tiene uno todas consigo al respecto de la entrada que podría concitar una cita como esta. Lo cierto es que el tiempo acompañó y, como suele decirse, al final todo acabó saliendo a pedir de Milhouse.

Empezando por los thrashers de pura cepa Electrikeel. El trío, que llegaba al Gong Galaxy Club después de haber compartido escenario con Aneuma allá por abril de 2023 en la gijonesa Ángeles y Demonios, regresaba ahora con la firme convicción de meterse al difícil público astur en el bolsillo. Su thrash nervioso y retorcido, que recuerda a los Slayer más incendiarios, Dark Angel, primeros Sodom, a los polacos Vader en ciertos momentos incluso, enganchó no obstante con la gente ya desde la inicial “Straight Outta Depths”. No es para menos, con la sala dando muestras una vez más de lo mucho que ha crecido en cuanto a sonido en los últimos tiempos.

Tanto Asier Bendoiro, guitarra, como Xabier Rekalde, bajo, cargan con unas tareas vocales siempre agrias y malsanas. Dentro de los márgenes del género pero sin negociar un solo esfuerzo, apoyados por la infatigable labor de Jon Laguna tras los parches. En esa encarnación sin artificios de ningún tipo, de thrash tan vibrante como terrenal, afirmaron venir “llenos de cachopo y chuletas”. La gastronomía asturiana sigue ganando adeptos. Hubo circle pits, mosh y mucho movimiento a través de cortes poco amables como “Wendigo”, del Ep de 2019 “To Protect And Sever” o “Beer Fueled Machine”, de su primer largo. En general quedó la sensación de tanto ellos como el público congregado en la sala disfrutaban de lo lindo.

“Vamos a tocar una más lenta”, proclama Asier, que termina resultando “Hate Eternal” de su debut del año pasado “Straight Outta Depths”, a la que siguieron los debidos agradecimientos y un final a pleno pulmón. No es que sea algo nuevo pero no deja de resultar especialmente reseñable la intensidad que por momentos son capaces de alcanzar para tratarse de un trío. La convicción con la que afrontan “Kingslayers” y la final “Till We Die” debería augurar la mejor de las suertes para el trío pamplonés, si es que aún queda algo de justicia en este negocio.

Tras Electrikeel no fueron Sound Of Silence quienes salieron a escena sino los griegos Bio-Cancer, que para seguir con las sorpresas, Covid mediante irrumpían en formato cuarteto tras la baja de su guitarra rítmico Stavros Marinos. No podemos afirmar que le echaran en falta. La banda salió a superar toda expectativa con una puesta en escena reducida a poco más que un telón de fondo con el logo de la banda y la certeza de contar con un ramillete de temas de solidez contrastada.

Algo que queda patente desde la inicial “Ear Piercing Thrash”, que abría y daba nombre al debut de 2012, y en la que ya queda claro que Lefteris Hatziandreou, frontman de los griegos, viene para no dejar ni una gota en el tintero. Impertérrito a veces, pie en el monitor mientras desgrana su peculiar registro, sin dejar de golpearse el cráneo con el micro en una forma de acentuar determinados momentos de los temas. Para cuando llega el segundo corte del set, “Footprints On My Back”, el movimiento entre las primeras filas es ya una constante. El rictus de Andreou, que no pudo resultar más serio ni concentrado, revirtió en unas interpretaciones llenas de finura en los riffs y buen gusto en los solos, sabiendo llenar por sí mismo el hueco dejado por su compañero enfermo.

“We Are Here To Fucking Thrash” proclama muy enervado Hatziandreou para después proceder con la indómita “Backstabbed Again”, con un Tomek Solomonidis tan técnico como infatigable. Se puede acusar a la banda de cierta linealidad en sus composiciones. De coger una senda y no despegarse de ella hasta el final. Por el contrario, ello revierte en unas interpretaciones llenas de nervio y músculo, vigorosas y vibrantes y con un Giannis Lagoutaris al bajo, agigantado desde su micro para darle la réplica a Hatziandreou durante “Obligated To Incest” en particular y el show en general.

Turno entonces para los debidos agradecimientos a Electrikeel y “your local guys” Sound Of Silence, para después conducirnos hasta el tema apertura de su último álbum, ese del que dimos buena cuenta por aquí allá por diciembre del pasado año, que circunstancias médicas mediante pierde el hábil duelo solista del original, pero ni un ápice de severidad y violencia.

Así las cosas, el largo y elegante prólogo de “F(r)iends Or Fiends?” supone un pequeño alto en el camino, propicia el momento más tendido de la noche para ellos y otorga un pequeño respiro antes de que todo retorne a sus cauces habituales. De nuevo con un Lagoutaris concentradísimo en tareas vocales y con su bajo otorgando la debida gravedad al conjunto a falta de segunda guitarra. Cabe destacar una noche más la labor de Isaac Prieto tras los mandos. Sea el género que sea siempre cumple y es de agradecer, aún a riesgo de sonar pesados o reiterativos.

Segunda guitarra que no faltó, no obstante, en «Anthem Of Violence«, con Asier Bendoiro de Electrikeel ocupando el puesto del intoxicado Marinos. “Revengeance”, que daba título a su último álbum, resulta una de las ofertas más diferentes del set. Y mientras que Bendoiro y Rekalde irrumpen de nuevo en escena para cercenar la agria “Bulletproof”, “44 Days In Hell” cierra una noche de éxito para ellos. Superando inconvenientes, sacando de su letargo al habitualmente frío público astur y dejando patente el buen momento de forma que atraviesan.

Por poner un pero, y ni siquiera sé si ese debería ser el término, la camiseta que lucía Lagoutaris y que refiere a una banda sobre la que pesan diversas acusaciones de comportamientos racistas bastante desagradables. Que tampoco pienso la cosa deba ir a mayores. No tiene uno por qué estar al tanto de todo cuanto chisme circunda a las bandas que nos gustan y quiero pensar que aduce más a ignorancia y/o despiste que no a las simpatías del propio bajista. Yo mismo tengo un Ep de los susodichos, adquirido años antes de que saltara la polémica. Sea como fuere, me parecía importante comentar al respecto.

Pero volviendo a lo que nos ocupa, turno ahora sí para unos remozados Sound Of Silence en los que ha vuelto circunstancialmente Dmitry Stalingrado a la guitarra y que incorpora al otrora Rorshack Viti Redondo al bajo. El resto, Rubo en guitarras, Nefta en voces y Jorge Rodríguez en baterías, imagino ya les conoceréis. Son alrededor de las once y cuarto cuando “Tensa Calma”, de su último Ep “Primvs Capite”, se hace carne ante nosotros. Con su técnico habitual Gus Bocanegra al mando de los controles, huelga decir que sonaron tal y como de ellos se esperaba.

La irrupción de este último trabajo y esa deriva hacia territorios más cercanos al black metal redunda en unos Sound Of Silence más diversos que nunca. Algo que viene a poner de relieve el contraste con “Nunca Seré Feliz”, del ya lejano “La Casa De Los Lamentos”, perteneciente por tanto a un tiempo en que esta banda era bien diferente de la actual. Con eso y con todo, lo que no han cambiado son esos breakdowns cortados a cuchillo, inasequibles y sin los que esta banda desde luego no sería la que es. Otra seña de identidad es la facilidad, casi la suficiencia, con la que enlazan unos temas con otros. No acostumbran a dar descanso, algo que viene a otorgar una solidez al set nada desdeñable.

El Renacer”, “Felices Bajo Tierra” son misiles directos a la línea de flotación de todos cuantos nos encontramos en la Gong. Con un sobrio Stalingrado desgranando sus solos como si nunca se hubiese ido, con Jorge Rodríguez dando razones una noche más a quienes pensamos que es, de largo, uno de los mejores baterías de la región y, claro, un Nefta que se sube al podio, echa mano del andamio de las luces, busca la conexión con la gente y, en general, sigue siendo el gran frontman de siempre. “Buenas noches, venimos de… Cincinnati”. Aprovecha aquí el también Escuela de Odio y Blast Open para agradecer a Stalingrado su labor, también dar la bienvenida a Viti y saludar a “Javierín”, bajista y miembro fundador de la banda.

“La siguiente se llama po’l nombre”, proclama el vocalista, y lo que se nos viene encima es nada menos que “Océano De Traición”, lo digo siempre: una de mis favoritas del set. “Viendo Al Cielo Llorar”, que pone la sala patas arriba, la gente se lo estaba pasando en grande, sirve para encarar la recta final del show, que desemboca en una “Densa Niebla” con Nefta llevado en volandas por varios asistentes. No podía faltar. No sabemos cómo se habrán dado otras fechas de la gira pero lo cierto es que la parada en casa no pudo resultar más redonda para ellos. Una banda todavía inquieta en lo creativo y que, la experiencia nos dice, del todo infalible en directo. Qué gran noche.

Lo comenté en la crónica de Cherokee y Colmena: a veces parece que la oferta supera con creces a la demanda. Por eso ver que un lunes de marzo es capaz de reunir a un número respetable de fans ávidos de buen metal no deja de ser una gran noticia. Se nos viene encima, de hecho, un fin de semana cargado de eventos y ya veremos qué tal se dan. De momento quedan vívidos aún en la memoria los recuerdos del pasado lunes. La entrega de las tres bandas, el buen sonido del que disfrutaron, incluso las luces. Hasta servidor fue capaz de disparar alguna que otra foto decente con el móvil. Me repito, lo sé: mucho ha crecido el local desde nuestras primeras visitas y no podemos por más que congratularnos por ello. Así pues, mandar nuestro agradecimiento a la promotora del evento, saludos a la mucha gente con la que intercambiamos impresiones antes, durante y después (músicos, fans, técnicos…) y el deseo firme de volvernos a encontrar.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: The Picturebooks (Avilés 15/2/2024)

No pisábamos la Sala Club del Centro Cultural Internacional Óscar Niemeyer de Avilés desde hace casi un año por lo que la venida del dúo The Picturebooks (Fynn Claus Grabke en voz y guitarras, Philipp Mirtschink en batería y coros) a tierras asturianas bien merecía nuestra atención. Con una buena entrada pese a tratarse de un día entre semana, con caras conocidas de entre esos que no fallan nunca pero en general con un mayor eclecticismo que en eventos similares, nos dispusimos a disfrutar del show de los alemanes.

Adalides del autodidactismo, pasan cinco de las nueve cuando aparecen en escena. Con una puesta en escena muy elemental, donde destaca la amplia batería de Mirtschink, todo parte desde la inicial y proto-hímnica “PCH Diamond” con Flynn Claus empecinado en buscar la obligada conexión con la audiencia. Cabe destacar, claro, el gran sonido del que disfrutaron. La ahora remozada Sala Club aún ha sido capaz de ganar algunos enteros con respecto a su anterior disposición. Ahí se hicieron grandes los alemanes como digo ya desde los primeros compases. En especial cuando arremeten con una “I Feel You”, original de Depeche Mode, de la que se apropian en ritmo y forma. Ese riff tan pegajoso como inconfundible y Flynn cantando desde las cuerdas mismas de su guitarra.

Aprovechó aquí el risueño frontman para comentar que se trataba del primer show en 2024 para ellos. También para anticipar la salida de un próximo álbum de estudio. Y es que el dúo da la impresión de atravesar un gran momento de forma, algo de lo que dan cuenta los distintos singles que nos adelantaron. Uno de ellos, “Back To L.A.” quise entenderle a Flynn, retumbó por el Niemeyer con un verdaderamente iracundo Mirtschink, que golpeó su instrumento como si éste le debiese dinero. Y no una suma precisamente pequeña.

Aquí recordaría Flynn su anterior paso por tierras asturianas, en concreto Gijón, acompañados de unos tales Kadavar que os sonarán a más de uno. Aquello fue hace ahora casi diez años y la experiencia adquirida parece dar sus frutos. Es verdad que alguno de los monólogos del rubio guitarrista se pueden hacer pesados, al tipo le gusta hablar más que a Mikael Åkerfeldt (Opeth) pero no negaré que la historia de “I Need That Ooh” y la forma en que su propio padre casi pierde la vida en el rodaje nos tocó la patata. Pero la música siguió, serpenteando entre el rock de los setenta, el alternativo e incluso el rock de estadio, el dúo parece tener pocas cortapisas a la hora de crear. Y es que lo mismo recuerdan a Cream que a Muse o The White Stripes. Desde luego tendrán, porque la gente se lo pasó en grande.

Especialmente cuando Mirtschink se deja la piel en la marcada línea de batería de “State Trooper”, original de un tal Bruce Springsteen. No faltó el canto a la vida en la carretera, sus pros y contras, que supone “Howling Wolf”, tras la cual vendrían los agradecimientos de Flynn a Toni Ramone, promotor del evento. Presentarían aquí otro nuevo single, “Masquerade”, no sin que la guitarra de Flynn buscase su propia cuota de protagonismo, negándose a afinar en condiciones. “Well, Shit Happens”. Gajes del directo. El pequeño inconveniente pareció alimentar las ganas del vocalista, que proclamó aquello de “You Guys Are Fucking Amazing” a término de una incendiaria “The Rabbit And The Wolf” de aquél “Imaginary Horse” que allá por octubre del presente año cumplirá la década.

Pero todo tiene un final. Y aunque a Mirtschink no parecían fallarle aún las fuerzas, tremenda demostración de pegada durante toda la noche, qué duda cabe que la gente quiso una vez más “otres tres”, a lo que alguien de entre la audiencia tuvo a bien explicarle a Flynn qué significaban tan sencillas palabras. El caso es que “Your Kisses Burn Like Fire” hace honor a su nombre, mientras que “Zero Fucks Given” no pudo resultar más idiosincrática de un dúo como este. Íbamos quizá con las expectativas justas y ni que decir tiene que el dúo las sobrepasó con creces. Se fueron prometiendo volver y no podemos por más que esperar a que cumplan con su palabra.

Por nuestra parte nada más. Agradecer tanto a Toni Ramone como al propio personal del Centro Niemeyer por todas las facilidades y mandar un caluroso saludo a Sergio Blanco, José Antonio FD, Hector Lynott, Toni Bustamante y el resto de habituales que mi cabeza ahora no acierta a recordar. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Blaze Bayley + Absolva (Gijón 26/1/2024)

Nueva venida del ex Iron Maiden Blaze Bayley a Asturias, concretamente a la gijonesa sala Acapulco, enfrascado esta vez en una gira aniversario en recuerdo de sus años al abrigo de la Doncella. Venía el de Birmingham acompañado de los heavies de Manchester Absolva, quienes a su vez presentaban su álbum de dos mil veintidós “Fire In The Sky”. Con un formidable número de entradas vendidas, anunciaba el veterano vocalista en la víspera del evento que firmaría entradas antes del comienzo del show. Grande el detalle y mayores las colas que se formaron junto a la mesa en la que se apostaba el músico con hercúlea paciencia. Mucha camiseta de Maiden en definitiva, alguna que otra bandera incluso, y el equipo de Heavy Metal Brigade bien apostado en primera fila cara a traeros una crónica a la altura de las circunstancias.

Atruena el “Hells Bells” a modo de anticipo de la descarga de unos Absolva que pronto arremeten con el tema título de su último álbum. Y más pronto que tarde se hace patente que son una de esas bandas que nos devuelven la fiebre de lo real que diría el crítico de cine Luis Martínez. Porque introducción al margen, aquí no ha lugar a pistas pregrabadas ni automatismos artificiales de ninguna clase. Solo puro y añejo y bien destilado heavy metal, con una banda entregada aunque con el freno echado, lo que es normal. Y es que, apunte para despistados, tendrían que volver a salir a escena tras su descarga pues son también la banda de apoyo del cabeza de cartel.

Aún así enlazan temas, casi sin tiempo que perder, disfrutando de buen sonido (al menos en las primeras filas donde nos encontrábamos nosotros) y planteando un cuidado repaso a toda su discografía, quedó claro ya desde el comienzo que poseen un nivel técnico nada desdeñable. Seguros pese a las florituras solistas que despliegan en el guiño a su primer álbum “Never A Good Day To Die” o sólidos mientras la intensidad sube en “Fistful Of Hate”. Tal y como dijo el propio Chris Appleton: “We Are Absolva And Play Heavy Metal”, que al fin y al cabo era de lo que se trataba. Ni que decir tiene que al público parece que le agradó su propuesta.

Chris Appleton, a quien acompañan en coros su hermano y también guitarrista Luke Y el bajista Karl Schramm, quiso dedicar a la audiencia “Side By Side” y la comunión pareció ser total. Absolva destaparían el tarro de las esencias, que diría un clásico, en un final de show ciertamente fulgurante. Ni siquiera faltó un “Scream For Me Gijón” que de pronto nos retrotrajo a más de uno a aquél show de la doncella en esta misma ciudad allá por el año dos mil tres. Se dice pronto. Los disfrutamos, ya lo creo que sí. Si iban con el freno echado, que sería obvio dadas las circunstancias, tampoco podemos decir que se notara en exceso.

Apenas veinte minutos para que los chicos de Absolva cogieran algo de aire y ya estaban de nuevo sobre las tablas con Bayley al frente. Quién sabe si quizá por ello, quiso el de Birmingham empezar el set enfrentándose, es un decir, al público cara a buscar la complicidad de este. Ni que decir tiene que la gente entendió la gracia y supo conectar con el patilludo vocalista, un tipo que al igual que cierto asturiano que pisara este mismo escenario semanas atrás, ha sabido sobreponerse a años de duras críticas y dardos envenenados a base de esfuerzo y trabajo.

Blaze Bayley, quien hubo de someterse a una operación de cuádruple bypass el mes de abril del pasado año, pareció mostrarse plenamente recuperado ya desde la inicial “Lord Of The Flies”, aupado por una audiencia que correspondía con gritos y vítores a cada gesto del británico. Y aunque en lo personal he de decir que no soy el mayor fan de su etapa en Iron Maiden, ni siquiera de la propia banda en general, en honor a la verdad he de reconocer que disfruté de algo como “Sign Of The Cross”, tema que empasta con el peculiar registro de Blaze como pocos de cuantos grabara al abrigo de Harris y compañía.

No faltaron los agradecimientos del frontman, que nos meterían de lleno en una “Judgement Of Heaven” recibida con una cierta división de opiniones, todo hay que decirlo, al contrario de una “Virus” que Bayley introduce proclamando aquello de “We Are Brothers And Sisters In Music”. Desde luego que sí. Risueño, feliz incluso, con su tan amplia como habitual galería de gestos y expresiones, quiso el vocalista dar un paseo por su última (y bastante meritoria) obra de estudio. Un repaso que comienza con una muy apropiada aunque algo recurrente “Warrior”. Y mientras que “War Within Me” pone de relieve que el inglés aún guarda ases en la manga en lo que a composición se refiere, es Chris Appleton quien sobresale con una epatante ración solista en “Pull Yourself Up”. Un corte que recoge como pocos la peculiar idiosincrasia del ex Maiden.

Si mérito tienen los Appleton, tanto o más el bueno de Martin McNee tras baterías. Aguantar ambos shows con la seguridad y la pegada con la que lo hizo es algo que ninguna crónica del evento debería obviar. Pero así las cosas y tras el recuerdo a “War Within Me”, tocaba retomar a la doncella, algo que se produce a través de “When Two Worlds Collide” y su inequívoco patrón bombo caja durante el solo y al que, sin ir más lejos, tanto deben bandas como Battle Beast y similares. No cejó el frontman en buscar el apoyo de la gente en una “Lightning Strikes Twice” en la que se le pudo ver más risueño que nunca.

Aunque si hubo un tema que de verdad cayó de pie el viernes ese fue, claro, “The Clansman”. Aquí y como reza el tópico, la comunión entre banda y público fue total, con los Appleton dando amplia muestra de la mucha clase que atesoran. Blaze parece haber encontrado la horma de su zapato en estos chicos. La comunión entre ellos, el buen rollo que desprenden y la seguridad con la que afrontan el set convence incluso a fans no tan proclives como el aquí firmante.

En “Como Estáis Amigos”, compuesta a pachas entre Blaze y su entonces compañero en Iron Maiden Janick Gers con la guerra de las Malvinas como trasfondo, el brummie recuerda el caluroso recibimiento que el tema tuvo en su primera visita a tierras argentinas con la Doncella, ejemplificando aquello tantas veces dicho de que el pueblo está por encima de los gobernantes. Tampoco se olvidó el británico de reconocerles a Absolva el esfuerzo que suponía el doblete no ya de esta noche sino de todo el tour. Que de hecho y para “Man On The Edge” aún les quedaran fuerzas para echarse sendas carreras a lo largo del escenario ejemplifica el buen momento en que se encuentran. Que cierto es la Acapulco no sea el Madison Square Garden pero su poco de juego sí que da. El cierre, anticipado por cualquiera de los presentes, correspondió a la siempre disfrutona “Futureal”, broche final y también punto álgido de una agradabilísima velada de auténtico metal a la vieja usanza.

Queda por mi parte escuchar su próximo álbum de estudio, un “Circle Of Stone” que debería ver la luz allá por finales de febrero, y asistir a un show más centrado en su propia discografía y no tanto en el par de álbumes que grabara junto a Steve Harris y los suyos. Habituales de mis crónicas sabrán que no me gusta personalizar en ellas. Que prefiero ceñirme a las cosas que ocurren y no tanto a mis propios gustos personales. Que por supuesto no dejan de ser precisamente eso, personales. Lo digo porque quiero poner énfasis en el hecho de que, aun siendo el suyo con Maiden un periplo que me es un tanto ajeno, disfruté en buena medida la pasada noche de viernes. Algo que viene a hablar para bien de lo vivido. Vaya por tanto el agradecimiento a la organización del evento por hacerlo posible, un abrazo a los habituales de siempre, no faltáis nunca y es de agradecer, y el deseo firme de que sigan los llenazos en la Acapulco (y en Gong, Lata, Tizón, Factoría…). Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz