Crónica: Greenleaf (Avilés 4/4/2024)

Resulta cuanto menos llamativo y en lo que a servidor concierne la manera en que hemos asumido como normal los llenos en la Factoría ya venga una banda de hard rock, de blues o, como era el caso, de stoner. Aunque fuera con matices. Y es que la música de los suecos Greenleaf va mucho más allá del riff grueso y la lírica alucinada. Venían Sebastian Olsson (batería), Hans Fröhlich (bajo), Arvid Hällagård (voz) y Tommi Holappa (guitarras) a las puertas de un nuevo trabajo discográfico y parece que nadie quiso perderse la cita.

Y pese al «sold out«, lo cierto es que nos temimos lo peor al llegar y ver la furgoneta de la banda camino del taller. La vieja Ford Transit había dicho basta y en nuestro primer paseo por la Factoría pudimos oír cómo los suecos probaban sonido a una hora en la que ya debería estar todo atado y bien atado que diría aquél. Así las cosas y para cuando comienza la fiesta pasan ya diez minutos sobre el horario marcado por la promotora del evento. Da igual. La banda sale a pleno pulmón con “Trails And Passes” y del sonido, al menos en la parte central frente al escenario, no cabe mayor queja.

La química que desbordan no podría ser más contagiosa. De puertas para adentro uno nunca llega a conocer las verdaderas dinámicas detrás de cada banda pero lo cierto es que el jueves en Avilés y a pesar del evidente infortunio con el transporte, se mostraron enérgicos, risueños y muy agradecidos para con un público, como siempre en la Factoría, fiel y muy por la labor.

Holappa desborda carisma de manera casi torrencial. Y riffea como el mismo demonio, no para quieto ni un segundo y, en la medida en que los temas se lo permiten, pasa el concierto buscando la conexión para con el público que tiene frente a él. “Sweet Is The Sound” resultó incluso pegadiza, con un Sebastian Olsson dejándose la piel y no pocas gotas de sudor en cada golpe. Pero qué duda cabe es Hällagård quien acapara buena parte de los focos y las atenciones del respetable. Mostró al mismo tiempo un gran estado vocal y una amplia ración de delays y efectos varios desde su pedalera. Y si bien no fue el frontman más comunicativo que hemos visto últimamente, no creo que nadie tenga hoy mayor queja sobre su desempeño en tierras asturianas.

La noche siguió con la más vibrante “Ocean Deep” y poco a poco fuimos siendo testigos de los muchos registros que dominan. Mucha clase la que mostró Holappa aquí, un guitarra que desde luego supo meterse a los suyos en el bolsillo con sus arengas, sus riffs y, por qué no decirlo, también sus bailoteos. Sería aquí cuando por fin Hällagård se permitiera un pequeño descanso y aprovechara para ponernos al tanto del percance que sufrieron con la furgo. Desde luego ha tenido que ser un palo pero es algo que revierte quizá en la potencia que desarrolla el cuarteto durante “Our Mother Ash”, uno de los cortes más enérgicos, potentes y adrenalíticos de todo el set, con un Olsson desbocado sobre el kit de batería.

En cierto modo sería un pequeño punto de inflexión en el set. Porque para cuando le llega el turno a la más tranquila “Bury Me My Son” y la banda se permite una pequeña jam en su parte final, Greenleaf transcienden a horizontes nuevos y hasta ahora desconocidos. Se está perdiendo un poco esto de las improvisaciones y por ahí que uno agradezca la que deslizaron el jueves. Por timorata que esta fuera. “On Wings Of Gold” puso de relieve la pegada y también la cintura de Olsson tras los parches, en especial toda vez el corte alcanza ese final ardiente y descosido. Rompió varias baquetas en el transcurso del set y, viéndole, nos extrañó lo más mínimo.

Aquí aprovechó Hällagård para referirse precisamente al gusto de su batería por el coleccionismo y los reptiles como curiosa y llamativa introducción a, claro, “The Drum”, de aquél “Trails & Passes” pronto a cumplir diez años. Una discografía que se verá pronto aumentada con una nueva obra de estudio de la cual vinieron a presentar su más reciente single, una “Breathe, Breathe Out” que en directo vino a sonar desde luego mucho más intensa y rotunda que en su versión en estudio. Y pese al poco tiempo que lleva el single entre nosotros, lo cierto es que se produjo uno de los momentos de mayor comunión entre banda y público de toda la velada. Si aún no habéis echado un vistazo a su simpático videoclip desde luego estáis tardando.

Hablando de videoclips, otro que viene a hablar de la peculiar idiosincrasia de la banda nórdica es el de una “Good Ol’ Goat” de la que no quisieron olvidarse y que nos introduciría de lleno en la parte final del set. Con “Bound To Be Machines” y la fuerza inusitada con la que atacan Greenleaf más de uno se pensó que ya estaba todo el pescado vendido. Máxime cuando respondemos a los coros demandados por el afable Hällagård desde las tablas. Y es que ¿Cuántas veces habéis visto corear un tema en un concierto de stoner rock? “Gracias, perfecto” exclamaría el vocalista. Fue sin duda alguna otro de los momentos cumbre de la noche.

Una noche a la que sin embargo aún le quedaba alguna que otra bala en la recámara. En “Tides” serían las palmas y no las voces las protagonistas, que terminarían por conducir a una final “Let It Out” donde, desde luego, la banda se vació hasta las últimas consecuencias, firmando un final de set realmente vibrante y por todo lo alto. Ovación cerrada, algunos vítores y la absoluta certeza de haber presenciado otro de los grandes shows del presente año.

O no. Porque es tal el clamor del público avilesino que, pasados unos instantes, Greenleaf regresan al escenario y, ahora en formato trío, despliegan otra pequeña jam que plantó sonrisas, elevó puños al aire y provocó exclamaciones de asombro entre buena parte del respetable. Volvería finalmente Hällagård para ya al completo redondear la velada con “Going Down”, original si mis datos son correctos, de The Alabama State Troupers, y cerrar, ahora sí de forma definitiva, una de las grandes citas de este 2024.

Hay que estar muy agradecidos a Factoría Sound su apuesta por bandas que, de otra manera, difícilmente pisarían por territorio astur. También a ese público fiel que responde con un lleno tras otro así vengan Siena Root desde Suecia o The Electric Buffalo desde Oviedo. Un placer siempre para nosotros el dejarnos caer por allí y contároslo después aquí con el mayor lujo de detalles posible. Agradecer por tanto y una vez más a la organización todas las facilidades dispuestas así como mandar un afectuoso saludo a los habituales de siempre. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Malverde estrena «Golem» como primer adelanto de «II»

El cuarteto fuzz rock ovetense Malverde estrena «Golem» como presentación de su segundo lanzamiento discográfico «II» que verá la luz el 22 de marzo.

La formación compuesta por Bronco a la batería, Tamo a la guitarra, Hermes al bajo y Laria como voz y guitarra ha grabado este nuevo trabajo en los Ovni Estudios con Dani Sevillano en labores de producción. «II» consta de 6 temas que marcan la inevitable evolución de la banda pasados 5 años de la publicación de su ópera prima. El diseño ha corrido a cargo del estudio gráfico Godless Desing (Absalem, Sound Of Silence, Dumange…).

Greenleaf: Gira estatal con parada en Asturias

El cuarteto stoner sueco Greenleaf recalará en nuestros escenarios en el mes de abril. De la mano de Factoría Sound tendremos parada en Asturias, con epicentro en la avilesina Factoría Cultural como parte de su segundo ciclo de conciertos del año.

Martes 2 de abril – Sala Upload (Barcelona)
Miércoles 3 de abril – Groove (Portugalete)
Jueves 4 de abril – Factoría Cultural (Avilés)
Sábado 6 de abril – Wurlitzer Ballroom (Madrid)

Presentarán los temas que formarán su próximo disco de estudio «The Head & The Habit» que verá la luz el 21 de junio a través del sello norteamericano Magnetic Eye Records y del que acaban de estrenar su primer sencillo promocional «Breathe, Breathe Out«.

Entradas anticipadas online disponibles a través del siguiente enlace:

https://www.taquilla.com/entradas/greenleaf

Agenda: Concierto Inauguración «El Castru Gargantá»

El próximo sábado 20 de enero tendrá la lugar la inauguración de un nuevo espacio musical en la región. Gargantá, pequeña localidad langreana perteneciente a la parroquia de Tuilla ofrecerá el primer concierto de esta andadura que estará protagonizado por Phoenix Cvlt, los gijoneses presentarán su ópera prima «La Profecía» recién editada, el combo hardcore punk local Güestia, la banda instrumental leonesa Sageness y la formación stoner ovetense Acid Blizzard.

Con apertura de puertas a las 18 horas, el acceso libre que no gratuito, posiblemente se abra una taquilla inversa para que en un ejercicio de responsabilidad del espectador este decida cuanto pagar.

Reseña: Aathma «Dust From A Dark Sun» (Ardua Music 2023)

Cuarto trabajo ya para la agrupación stoner doom madrileña Aathma, que recordemos forman Alejandro Porras en baterías, Chamani al bajo y Juan Viguera en voces, guitarra y sintetizadores. Seis años tras aquél “Avesta” de 2017, el trío contraataca ahora con un “Dust From A Dark Sun” para cuyo artwork vuelven a contar con Robert Hernández y que vino al mundo en los Sadman Studios de Verín (Ourense) de la mano de Carlos Santos (Bloodhunter, Toundra, Cuernos de Chivo, Hamlet…). Con mezcla final de Víctor García (Moksha, Wormed, Ikarie…) en Ultramarinos Mastering, el álbum vio la luz el pasado treinta de junio vía Ardua Music en digital, CD y vinilo de 12».

Espacial, lejano y reverberante, “Cosmos” prorrumpe casi de inmediato para acomodar la consecuente descarga de doom alucinado a rebosar de distorsión. La línea de voz arrastra un deje muy ochentero, que apenas desentonaría en el “Love” de The Cult, y que atrapa casi en la misma medida que sorprende. Bien es cierto que esas mismas voces atropellan a ratos al resto de elementos en la mezcla. Huelga decir que nunca de manera catastrófica pero sí un tanto molesta. Quizá eche en falta una faceta solista más predominante pero disfruto en cualquier caso de ese tercio final apasionado y aplastante.

Impending Fate” emerge desde las profundidades cual abisal Cthulhu y viene a manifestarse ante el oyente en términos más livianos que su predecesora. Viguera percute con una serie de riffs firmes, quizá un tanto monocromáticos, que conducen a un estribillo redondo y bien armado. La banda destila atmósfera en este corte elegante, distinguido y de nuevo reverberante. Del pulso alucinatorio que destapa a los Aathma más atmosféricos tiene gran parte de culpa una producción que, ahora si, equilibra todos los elementos presentes con agudeza y pulso de orfebre. De ello dará fe la poderosa eclosión final, clímax arrebatado y uno de mis momentos favoritos de todo el largo.

Burned Garden”, corte más perezoso en lo que a duración se refiere de todo “Dust From A Dark Sun”, no altera los ritmos pausados, doomies y alucinados que el álbum arrastra en dupla inicial. Pero la banda se enfunda ahora en guitarras mucho más graves, amén de parapetarse tras un estribillo donde no cuesta encontrar el rastro de los Black Sabbath más primarios. Puede que sea precisamente ese chorus el que le haya granjeado su condición de adelanto. Lo cierto es que en primeras escuchas me generaba cierta indiferencia y sin embargo, a día de hoy, no logro sacármelo de la cabeza. Conviene siempre no fiarse de primeras impresiones, máxime tratándose de una banda que maneja tal multitud de capas y colores como la que hoy nos atañe.

Podría intuirse por su curioso prólogo que “Bloodhands” viene a abrir la veda de los Aathma más alternativos. En realidad aquí se manifiesta una espacialidad nada casual, apuntalada en todo momento por unos sintes casi omnipresentes. Revestida de ese brillo técnico que “Cosmos” reclamaba anteriormente, con una base rítmica que otorga un sustento sin florituras ni tampoco errores, a ratos me parece la oferta más sólida de este cuarto álbum de los madrileños. Bien es verdad que los Monster Magnet del sensacional “Dopes To Infinity” sobrevuelan a ratos, si bien tengo la impresión, hay días que también la certeza, de que Aathma han sido lo suficientemente inteligentes como para mantenerse dentro de las férreas fronteras tanto del álbum como del género.

A Black Star” sí que se desliga de los grandes tropos del trabajo. Especialmente en lo que a ritmos se refiere. Porras se desvive con la línea de batería más ardiente de las siete que conforman el disco. No solo en las partes más envenenadas y rápidas, que las hay, sino también en aquellas más livianas y que vendrán a dar soporte al estribillo, que será donde dibuje un groove del todo irresisitible. A la larga el corte más distinto de la septena, algo a lo que contribuye en gran medida ese curioso y tranquilo epílogo.

Hay algo en las líneas de voz de “Embrace The Ocean” que me hace pensar en el bueno de Mick Moss, de los siempre reivindicables Antimatter. Banda que, a priori, uno no asociaría a un nombre como Aathma. No es que el trío se dirija ahora hacia el progresivo atmosférico del combo británico, pero se suceden las escuchas y mi subconsciente no puede por más que asociar a ambas agrupaciones. Viguera ofrece aquí una serie de riffs más contemporáneos, con los que quizá no alcanzo a conectar del todo pero que vienen a dar forma a otro de los cortes más personales del álbum.

La distorsión tan marcada que arrastra la guitarra en la final “The End Of My World” bien podría recordar a esos Muse más musculosos que Matt Bellamy nos regala más a cuentagotas cada vez. Lo cierto es que toda vez supera ese prólogo angosto y rocoso, Aathma reconducen hacia terrenos más cómodos para ellos. Las voces reverberantes, la poderosa atmósfera que dibujan los sintes y esa base rítmica de Porras y Chamani tan firme y sólida como siempre. Viguera además adorna el tronco central con un discreto pero funcional solo de guitarra y alcanzamos un final en un crescendo que viene siempre a dejar con ganas de más.

Porque si mis cuentas son correctas es el álbum más corto de su trayectoria y a estas alturas uno está más que malacostumbrado a trabajos que flirtean, o en muchos casos superan, la barrera de los sesenta minutos. Por contra, “Dust From A Dark Sun” ofrece muy pocas dobleces. Sereno pero firme, funde doom con sludge y stoner con una facilidad que a ratos apabulla. A los nombres que han salido durante la reseña, bien podría añadir los de Cult Of Luna, Year Of No Light, Neurosis… y sin embargo el álbum no abandona nunca una senda muy marcada, un tronco común de lo más personal e identificable. Estilo y precisión en todo momento. También personalidad y carácter. Muy bien se tiene que dar este 2023 para que este cuarto de los madrileños no sea uno de los trabajos del año.
Texto: David Naves

Crónica: Fer Espina & The Riders + Dr. Nekro (La Felguera 25/11/2023)

La cita en la Sala Telva de La Felguera que vino a congregar a Fer Espina & The Riders y Dr. Nekro parecía una buena manera de pasar la noche del sábado. Heavy Metal Brigade nos quitábamos así la espinita con el trío de Fer Espina y aprovechábamos para testear la evolución de Dr. Nekro, a quienes no veíamos desde el pasado mes de julio.

Los relojes marcan las 21:20 cuando Fer Espina al bajo, Dany León en guitarras y Alejandro Blanco tras la batería irrumpen en el coqueto pero elegante escenario de la Telva. Con una puesta en escena reducida a lo básico y una preciosa batería blanquinegra, pujando en belleza con la propia Les Paul de León, augurábamos una noche de auténtico rock and roll.

Que lo fue ya desde la inicial “Sálvame De Abril” para disfrute de la audiencia presente. Puede que no fuéramos muchos, pero sí que había fieles en la Telva. Fríos, eso sí, en esto el público asturiano no cambia.

Atesoran clase por arrobas mientras Espina se revela como un vocalista engañoso, de unas capacidades más amplias de lo que parece a simple golpe de oreja. Algo de lo que daría buena cuenta en gran medida en la recta final del set. Pero no adelantemos acontecimientos, que no son pocos los detalles que quedan por desentrañar.

Porque León baila sobre el mástil de su Gibson en “Exilio” mientras ciertos problemas con el micrófono de Espina deslucen ciertas estrofas. Problema este, por desgracia, que se repetiría a lo largo de toda la velada. Inconvenientes de audio que no importaron en “Gong”, renombrada para la ocasión, o cuando el trío se atreve a llevarse a su terreno “Son Como Hormigas” de unos tales Barón Rojo. Pequeño solo y Espina anuncia que ha llegado el momento de “bajar el pistón”. La banda vira entonces hacia el blues con “Señor Murphy” y deja señales del amplio rango de influencias que manejan.

“Vaya silencio, paez esto Oviedo” exclama León antes de “El Ojo Que Todo Lo Ve”. Y es que como dije antes, la tantas veces comentada frialdad del público asturiano tampoco quiso faltar a la cita. Sea como fuere, hasta para celebrar cumpleaños hubo tiempo. Nuestras felicitaciones desde aquí también, Guerrero, aunque sea con unos días de retraso.

Problemas con el micro al margen, lo cierto es que disfrutamos de un gran sonido en la Telva. Lució sobremanera en cortes como “Shake Your Money Maker”, original de Elmore James si mis datos no son erróneos, y que obtuvo un gran recibimiento por parte de eso que llaman “el respetable”.

Abundaron las sorpresas en este tramo final. Porque desde luego que “Psycho”, original de Muse y situada casi en las antípodas de su particular rock and roll resulta una elección cuanto menos aventurada. Tanto o más puede decirse de “Killing In The Name” de Rage Against The Machine, con el Espina más agrio de la noche sorprendiendo a propios y extraños. El cierre, no obstante, correspondió a “Volteretas”. No podía ser de otra forma. Pese a los inconvenientes, buena, entretenida y diversa la hora y media de rock and roll la que nos regalaron.

A eso de las 23:05 le llegó el turno a los locales Dr. Nekro, recordemos, con Sandra Fernández al frente como relevo de Celia Plata para liderar a una formación que mira ya al futuro y, ahora mismo, parece dispuesta a todo menos a tirar la toalla. Arrancaron con su introducción habitual, que conduce a su vez a “Delirios” y aunque resulte evidente, no es menos cierto que Sandra parece mucho más integrada en la disciplina de la banda que en nuestro anterior encuentro allá por el mes de julio.

No quiso la actual frontwoman de Dr. Nekro olvidarse de agradecer a Fer Espina el haber contado con ellos para una cita como esta, a tiempo que continuarían con “Fieras Salvajes” o “Monstruo Negro”, sonando potentes y desde luego bien engrasados. Puede que el micro se emperrase en seguir aguando la noche. Ni siquiera cuando Celia Plata, vocalista original de la formación, irrumpe en escena para “El Diablo En Mí”. Llamadme avispado pero algo me dice que su salida del ahora quinteto fue de todo menos traumática para ambas partes. Se vio mucho buen rollo sobre el escenario y se transmitió a un público escaso pero fiel.

En el tramo central del set aprovecharían para deslizar varios temas que integrarán su nueva obra de estudio. En particular un “Cenizas” que parece continuar donde lo dejara el álbum debut y a la vez ser lo suficientemente diferente para mirar al futuro con nuevos bríos. Volvió Celia para “Mezkal”, con los micrófonos de nuevo haciendo de las suyas pero la gente disfrutando de un buen fin de fiesta. Se nos hizo algo corto el set, cierto es, pero ya habrá tiempo toda vez su nuevo álbum pise las calles. De momento nos quedamos con el buen sabor de boca del pasado sábado.

Sí, se dio bien el que puede haber sido fácilmente el fin de semana más apegado al rock and roll desde que empecé a escribir para Heavy Metal Brigade. Y como soy un hombre de costumbres, vayan saludos a ambas bandas, Celia Plata, Michael Arthur Long (Drunken Buddha, Secta) y Fernando Casas.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz