Crónica: Geoff Tate + Josh Watts + Sunset Blvd. (León 6/3/2025)

No todos los días ocurre que una auténtica leyenda de este mundillo como Geoff Tate se presenta a apenas una hora de casa. La que fuera voz de nada menos que Queensrÿche, banda clave en el desarrollo y posterior implantación del metal progresivo, se presentaba en León con un repertorio integrado por los grandes clásicos de la banda de Seattle. Nuestra presencia allí, aún a pesar de que el siguiente era “día de escuela”, tornaba en poco menos que ineludible. Carretera y manta, que diría aquél y en comandita con Nacho Asturias (Keep The Flame), qué podría salir mal.

Como es costumbre en esta casa, llegamos pronto. Trámites para los que (en ocasiones) uno ha de emplear más tiempo del esperado. Gajes del oficio, diría un clásico, pero que sin mayor demora en este caso nos permitieron finalmente desbloquear un escenario más: el Espacio Vías de la ciudad leonesa. Un recinto que, si se dan una serie de circunstancias favorables y el público responde, lo tiene todo para convertirse en punto de referencia en el noroeste peninsular.

Como día laborable que era, uno puede excusar que el público llegara tan con cuentagotas al recinto. La formación local Sunset Blvd, con quienes teníamos una cuenta pendiente desde el Lion Rock Fest de 2023 (crónica), fueron los encargados de inaugurar la velada. Quinteto con voz femenina al frente que dispuso un heavy hard al gusto de los más clasicómanos. Firmes en la inicial “Revenge”, que enlazan con “Heartbreaker”, el clásico de Pat Benatar, donde José Triskel tiene un percance durante el solo. Resuelto eso sí con prontitud, el típico cable que se suelta sin que uno acierte a encontrar los motivos.

Me gustó la diversidad que le insuflaron al set. Porque mientras el medio tiempo “Sea Of Clouds” transita entornos más oscuros, “Jim Beam” desciende hasta los setenta con buen tino. “Una lenta”, anunció entonces su vocalista Luz García, y la banda procedió efectivamente con la tranquila “Summer Memories”, de la que me agradó su trazo en crescendo y que, pienso, descubrió a los mejores Sunset Blvd. Era una ocasión de oro para ellos, con buenos amigos abajo del escenario, y supieron aprovechar el rato del que dispusieron. Por ahí quedaron buenos duelos solistas, Luz mandando a la gente al suelo y las presentaciones de rigor. Supieron sudar (también sangrar, literalmente hablando, en la figura del batería Héctor G. Mayorga) y cumplir con un papel nunca fácil.

Le llegaba el turno entonces a Ivory Lake. O más bien, a su integrante principal Josh Watts, quien acústica en mano y en solitario irrumpía por el Espacio Vías para anunciarnos, en un más que decente castellano, que su banda no podía estar hoy (por el jueves) en León. “So fuck it”, comentó irónico, y procedió con un set que a buen seguro pilló con el pie cambiado a la mayoría.

Y es una pena porque al chico se le ven buenas hechuras. De carisma y buena voz parece ir sobrado. Un timbre de lo más agradable al oído. Y a tenor de lo visto redaños para enfrentar una situación como esta tampoco le faltan. El de Sheffield, de hecho ex batería de la propia banda de Geoff Tate, entregó una tranquila “Pillows” mientras uno se preguntaba cómo sonaría un corte como este en su versión eléctrica. La música en vivo ni es una biblioteca ni debería serlo nunca. Pero aún así, uno no termina de entender a la gente que va a los conciertos… a charlar. Sea como fuere y volviendo a Ivory Lake, desde luego no fue este el show más animado que hemos cubierto en esta casa, pero aún en su orgánica desnudez nos picó lo suficiente el gusanillo como para seguir bien de cerca al joven músico.

Son las 21:50 cuando suena la intro y llega el plato fuerte de la noche. De la puesta en escena, desnuda de toda clase de monitores, llaman la atención el gran telón de fondo y esa batería de platos eléctricos. También una formación que, a falta de teclista, cuenta con tres guitarras de manera simultánea sobre el escenario. Se va la intro y el sexteto enfrenta “Empire” para gozo absoluto de los presentes. Tate, camisa abierta, gorro y gafas, pareció bastante cómodo ya desde el comienzo, risueño incluso, sabiendo modular su voz sin excesos, que ya habría tiempo más adelante, pero sacando brillo de ese timbre tan particular y característico.

El sonido, aun en primeras filas, era estupendo. Equilibrado pese a lo nutrido de la formación y con pegada. Geoff Tate se desvivió animando a la gente en “Desert Dance” y sus chicos, sobrados de talento, dieron la impresión de estar pasándolo en grande ya desde estos primeros envites. El primer cambio de tercio llega con “I Am I”, que desata alguna de las guitarras más crujientes de la noche. En “Sacred Ground” quien ruge, o mejor dicho, desciende hasta tonos más oscuros es el propio Tate, dejando a las claras el gran momento de forma que atraviesa. Los coros de dos de sus guitarras, también del bajo, sumaron y de qué forma aquí.

Es entonces cuando el de Seattle echa mano del saxo y nos entrega “Thin Line”. La imagen con el saxo en las manos, el gorro, las gafas, las cadenas y el pañuelo poco o nada tenía que ver con la de aquél Tate que apabullara allá por los ochenta y noventa. Su voz, en cambio, parece no haber perdido un ápice de brillo y carisma de los años dorados de Queensrÿche. Huelga decir que el público de León respondió aquí y la banda supo devolver ese cariño con unas interpretaciones de gran nivel. Pequeño speech de Geoff porque había que coger algo de aire antes del gran clásico: “Operation: Mindcrime”. Oés del público aquí, que visto el nivel de eficacia técnica de la banda de Tate no era para menos. Se puede argüir que parece mentira que hagan falta hasta tres guitarristas para suplir a todo un Chris DeGarmo pero pocas dudas caben del desempeño de los chicos.

Sobre todo porque ya digo que dieron la impresión de disfrutar con lo que hacían. Pues llega “Breaking The Silence” y las sonrisas que uno observa arriba del escenario compiten con la fuerza con la que grita el Espacio Vías, entregado ya sin remisión al músico estadounidense y su banda. Buenos adornos aquí del batería y un duelo solista de gran nivel. Esto concierne más a la parte gráfica, pero qué juego dieron los tres guitarras de la banda. Ejecutando riffs y solos a gran nivel y buscando siempre la interacción con la gente. Desde luego buen ojo el de Tate a la hora de elegir compañeros de viaje. Claro que en esas llega “I Don’t Believe In Love” y el recinto poco menos que se viene abajo. “NM 156”, de aquél “The Warning” de 1984 sin duda pasa más inadvertida. Sirve en cualquier caso para destapar la cara más cruda de la banda, alimentando así la diversidad del set. Batería enmascarado ahora y otra sección solista para el recuerdo.

Esa vena un tanto más oscura prosigue a lo largo de “Screaming In Digital”, con la voz ahora filtrada de Geoff Tate al comienzo. Tanto él como su banda se movieron, con total suficiencia, en todos los registros planteados. Pero el de Seattle se reserva un pequeño speech sobre su amor por la tecnología. También sobre lo de crecer en los ya lejanos años ochenta. Y ya fuera por el pequeño parón, o por el propio ímpetu del frontman, lo cierto es que el mejor Tate emerge aquí para una deslumbrante rendición de “Walk In The Shadows”, con el vocalista dando ya muestras de esa voz torrencial que le convirtió en un verdadero icono del icono del género. El público coreó el riff inicial de “Another Rainy Night” y se entregó ya sin medida al sexteto. Cabe decir que el comportamiento de la gente y salvo algún exaltado, que casi siempre hay, fue estupendo. En “Jet City Woman”, de hecho, supo llevar en volandas a la propia banda, creando uno de los mayores momentos de comunión de toda la jornada.

Tate se permitió otra pequeña charla aquí. Esta vez sobre el hecho de que, el pasado año, apenas estuvo once días en casa. Sesenta y tres países visitados, se dice pronto, y bromeó con que mucha gente “se ha casado con esta canción, ha nacido con ella, ha sido enterrada o incluso concebida con ella” (acompañando de un elocuente gesto con ambos brazos). Era el turno, claro, de “Silent Lucidity”. Se hizo entonces una calma en la cual las pregrabaciones vinieron a adquirir un mayor peso y Tate optó por llevarla adelante sin mayores excesos ni otro derroche que no fuera el de la enorme clase que atesora.

Se fueron entonces para después volver y enfrentar unos bises que comienzan con una particular re interpretación del “Welcome To The Machine” de unos tales Pink Floyd. La tourné solista aquí, iniciada por James Brown y su llamativo sombrero, fue de las más vibrantes de todas cuantas ejecutaron. León (y una buena representación asturiana) bramó con “Take Hold Of The Flame” y Geoff hizo lo propio durante una “Queen Of The Rich” para la que el norteamericano dejó alguno de sus agudos más imposibles. Un cierre por todo lo alto para un show muy milimetrado y sin apenas sorpresas, pero en el que tanto banda como vocalista rayaron a un nivel altísimo. La gran ovación final así lo atestigua. Es cierto, puede que echara en falta un tema como “Eyes Of A Stranger”, pero siendo esa la mayor pega, os podéis hacer una idea del nivel que ofrecieron. Repetiría en cualquiera de las dos citas restantes del tour sin dudarlo un ápice. Sensacionales.

Nos recogimos en lo que tardamos en guardar nuestros bártulos, quedaba carretera por delante y de ahí que abandonáramos el recinto a la mayor brevedad. Por ello quería reservarme este párrafo para saludar a la marabunta de amigos, de León y también de Asturias, que se dio cita en el Espacio Vías. Sin duda fue una noche que tardaremos en olvidar. Ojalá que a InterTour Music Agency y etinproduccions les hayan salido los números porque de verdad que poco más se le puede pedir al recinto. Si las circunstancias nos son propicias, tened bien claro que volveremos por allí. Agradecidos como siempre por las facilidades que se dispusieron en favor de la confección de esta crónica, ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Lion Rock Fest (León 4/11/2023)

Nuevos festivales significan nuevas salidas a la carretera para el equipo de Heavy Metal Brigade. León se convirtió esta vez centro neurálgico de la primera y de seguro multitudinaria edición del Lion Rock Fest, evento que vino a congregar a lo más granado del hard rock local, estatal e internacional en las figuras de Crazy LixxEclipseBe For YouGotthard91 Suite y H.E.A.T.

Sito el festival en el Palacio de Exposiciones y Congresos de la egregia capital vecina, recinto que se demostró ideal para la celebración de un festival de estas proporciones, enorme en tamaño y capaz de desplegar dos escenarios, dispuestos uno frente al otro, y de disponer de un sonido siempre dentro de lo mínimamente exigible. Una construcción que resultó incluso cálida pese al frío propio del mes de noviembre que azotaba en el exterior. Zona de fumadores, servicio de guardarropa, barra, puestos de merch, comida etcétera. En definitiva todo lo que una cita como la del pasado sábado requería. Toda vez recogidas las acreditaciones entramos con la sana intención de pasar una gran tarde noche y contárosla lo mejor posible. Claro que para nosotros el festival había arrancado ya unas horas antes…

… pues lo hizo con una de las llamadas actividades complementarias del evento: la descarga de los locales Sunset Blvd en la sala Babylon. Así pues pudimos desbloquear no un escenario sino dos en nuestro interminable periplo peninsular, encontrándonos una sala coqueta pero un público respondón. Incluso varios músicos y sin embargo amigos de este medio entre la audiencia. Y es que como he dejado escrito otras veces, el mundo es un pañuelo y eso que llaman “la escena” más aún.

El rato que pudimos disfrutar de la banda y que os aseguramos nos dejó con ganas de más, tristemente teníamos otra serie de obligaciones durante la jornada, nos pareció que se trataba de una interesante propuesta de hard/heavy, con voz femenina al frente y las cosas bien claras. Mucho amigo de la banda entre la audiencia, solo faltaba y sobradas ganas de pasarlo bien pese a lo pronto de la hora, alrededor de la una y media de la tarde. El rock no conoce horarios. En lo que al quinteto respecta, temas como “Revenge” o la versión del “Maniac” de Michael Sembello nos picaron lo suficiente el gusanillo como para pujar por una futura visita a nuestros escenarios.

Grande el papelón con el que se encontraron los suecos Crazy Lixx, no ya por la siempre desagradable labor de tener que abrir el evento sino por ser, quizás, la propuesta más perpendicular festival con su bien conocido hard de fuertes raíces glam. Pero faltaban minutos para las siete cuando irrumpieron sobre las tablas y de un plumazo borraron todo atisbo de duda. Nervios, si los tenían, a buen seguro no dejaron traslucir ninguna clase de intranquilidad.

No eran pocas las ganas con las que desgranaron su bien cosido repertorio. Pero por si al público, ya numeroso y muy por la labor, le sabía a poco, pronto su frontman Danny Rexon echó mano de una gran bandera en “Anthem For America”, debidamente adaptada para incorporar el logo de la banda. También de una máscara al más puro estilo Jason Voorhees de la saga “Viernes 13” y una especie de puñal-micrófono con el que no dudó en amenazar, es un decir, a sus compañeros de banda.

En lo que a rango se refiere, puede que Rexon no fuera el vocalista más capaz de la jornada. Lo que no quita para que demuestre ser un frontman de garantías, con buena conexión con la gente y que parece disfrutar a lo grande con lo que hace. Algo que queda patente durante “Silent Thunder”, corte que arrancaría la primera gran ovación de la jornada.

Mención aparte merece el inmenso batería Joel Cirera, enfundado en una llamativa camiseta en la que podía leerse “I Fucking Hate Drummers” y que otro tanto podría decirse de la forma en que se aplicaba para con su kit. Mucha saña en sus brazos sobre el sufrido instrumento. Todo pasión y ganas. Tres cuartos de hora de una banda tan poco original como orgullosamente eficaz, que supo abrir la primera edición del Lion Rock Fest con el mejor pie posible.

Pese a los denodados esfuerzos de Rexon y Cirera, mentiríamos si dijéramos que la expectación no fue mayor para sus paisanos de Eclipse. La banda que, preciosa Explorer en mano, lidera Erik Mårtensson, salió y convenció en tierras leonesas ya desde un inicio donde se les vio enchufadísimos, concentrados, disfrutando y haciendo disfrutar.

Que claro, con una dupla como “Roses On Your Grave” y en especial la muy gancheraGot it!” es fácil que todo vaya sobre ruedas desde los albores del show. Y no es que el sonido en líneas generales fuera esquivo a sus predecesores en el cartel, pero sí sentimos que el segundo de los escenarios, aquél que acogía a las bandas grandes del evento, mejoraba en varias décimas a su vecino de en frente.

Vimos muy risueño a Mårtensson y muy participativo al público congregado frente a él. Mientras, Magnus Henriksson destapaba el tarro de las esencias durante una tremenda “Run For Cover”, “The Hardest Part Is Losing You” finalmente logró que banda y público fueran un único ente indivisible. Uno de los múltiples cortes de su último álbum “Megalomanium” y que parece haber caído de pie dentro de su ya bien nutrido repertorio. Con “Anthem” siguió ese idilio de la banda con los suyos para que después Mårtensson abandonase su preciosa seis cuerdas y encarase una muy certera “The Storm”.

El propio frontman tendría su merecido descanso en la figura del bajista Victor Crusner, quien tomaría el mando en tareas vocales para una sentida “High Road”. A pedido de Erik, cientos de móviles iluminarían el Palacio de Exposiciones y Congresos durante una “Battlegrounds” donde, sorpresa, la banda introduce un guiño en forma de una pequeña porción de “Heaven And Hell”, el inmortal clásico de Black Sabbath.

Surgiría entonces “Black Rain” para poner de relieve la cara más heavy del combo nórdico y encarar así un final que culmina, no podía ser de otra forma, con “Viva La Victoria”. Triunfante final y un show que, al menos en lo que a mí respecta, sí que me convenció. Hago hincapié porque me consta que hubo división de opiniones al respecto. Como siempre, estoy abierto a un debate tan vehemente como ordenado.

Los leoneses B4U tenían ante sí una verdadera espada de doble filo. Por un lado la gran oportunidad que suponía tocar en un festival tan afín a su sonido como este. Por otro, que dadas las horas no fuese poco público que decidiese ir a por algo de cena o incluso tomar posiciones en el Stage A cara a la descarga de los suizos Gotthard.

Pero los locales salieron a disfrutar y se notó. Ayudó, y puede resultar hasta tópico decirlo, el gran número de amigos del combo que se encontraban frente al escenario. Ellos y los demás fuimos recompensados con el buen hacer de una banda madura, se formaron allá por 2006, y que tiene en Ángel a un frontman de garantías.

Temas propios como “April Rain” o “One With The World” les funcionaron a los leoneses. Su hard melódico quedó así encuadrado dentro de las propuestas menos festivas de la jornada. Algo de lo que vino a dar de la versión del “Heart Turns To Stone” de Foreigner que deslizaron. Con “Light” fueron finiquitando un set algo escueto, no sin que antes Ángel afirmase que para ellos era un sueño estar allí, a lo que el público leonés respondió vitoreando a sus paisanos.

Como decimos tenían una oportunidad y supieron aprovecharla. He de decir que en lo que a mí respecta no les conocía y me sorprendieron para bien. Algo tendrán. Ojalá una cita por tierras asturianas más pronto que tarde.

Y llegó el turno de uno de los grandes nombres de la jornada, nada menos que los suizos Gotthard, banda de reconocida trayectoria y que a pesar de la terrible pérdida del que fuera su frontman Steve Lee en un desgraciado accidente hace la friolera ya de trece años, cómo corre el reloj, ha sabido seguir adelante con toneladas de buen gusto y grandes canciones.

Suyas y propias. Porque si bien arrancan con su “Every Time I Die”, pronto deslizan un “Hush”, original de Joe South, que también inmortalizaran unos tales Deep Purple. La escenografía no podía ser más sobria con ese telón de fondo que acompañaba a la banda. Puede que el sonido, al menos donde me encontraba frente al escenario y pese a tratarse del Stage A, no fuese todo lo redondo que cabría esperar. No menos cierto es que a la gente congregada frente a los suizos pareció no importarle demasiado. Enchufados banda y público prácticamente desde el minuto uno.

Da fe de ello una “Feel What I Feel”, de aquél “Bang!” de 2014, que puso centenares de brazos en alto y provocó una algarabía tal que, a término, se pudieron oír los primeros vítores de una audiencia rendida y entregada a la causa. Puede que en “Top Of The World” la sombra de Lee sea alargada. Lo cierto es que Nic Maeder ofreció en León una muestra de todo su talento, que no es poco. Puede no tener el especial carisma de aquél a quien reemplaza. Pero calidad como para defender el puesto como punto focal de esta banda lo tiene de sobra.

Es el propio Maeder quien nos avisa de que se viene la parte importante del show. Y lo que viene son pequeños solos que procuraron merecido descanso al de Lausana. Un pequeño set acústico calmó las aguas. Pusieron la nota calma “One Life, One Soul” o “Remember Me” para después reconducir con “Starlight”, convenientemente alargada frente a su versión de estudio. Los coros pegadizos es lo que tienen.

Muy celebrada en este momento de la velada “Mountain Mama” y no tanto el pequeño solo de batería de Hena Habegger. No tanto por el desempeño en sí como por el sitio que vino a ocupar dentro del show. Porque quién quiere solos de batería cuando tienes un corte que funciona en la manera en que lo hace “Lift U Up”. Si es que al final…

Muy grandes Gotthard, con un Freddy Scherer que repartió incontables dosis de clase y saber hacer durante la más de hora y media que duró el set de su banda. Pero en honor a la verdad cabe decir también que se fueron un poco de madre con el horario marcado, provocando que algunos tuviéramos que desplazarnos al Stage B antes incluso del término de su actuación cara a no perder ripio de la buena gente de 91 Suite.

Como mentir se me da tirando a regular y, por ende, me gusta ir con la verdad por delante, debo reconocer que 91 Suite son una de mis grandes asignaturas pendientes en lo que a hard/AOR nacional se refiere. Los murcianos llevan largo tiempo peleando pero siguen sin perder su esencia. Algo que les honra en un panorama donde la técnica del ensayo error hasta que das con la tecla parece ser la tónica dominante.

Porque lo fácil habría sido deslizarse hacia corrientes más en boga dentro de nuestro territorio y, sin embargo, ahí siguen con su estilo de toda la vida. Y en buena forma, además. Enlazando temas a comienzos del show como si les fuera en ello la vida. Y desde luego que el público del Lion Rock Fest supo responder en consecuencia.

No es menos verdad que en ciertos momentos del set, algunas charlas de Jesús Espín entre canciones se hicieron pelín largas. Pero la banda arrastra tal nivel técnico que, toda vez la máquina vuelve a funcionar, todo son sonrisas frente al escenario.

Los regalos, incluso, pues no dudó el propio frontman en bajar al foso CD’s en mano para regalarlos a la audiencia. Para los que nacimos en los años ochenta o más atrás, resulta triste ver la forma en que el digital ha clavado con no poca saña los clavos en el ataúd del formato físico. Gran detalle por parte de la banda en cualquier caso.

PD: ¡Prometo hacer los deberes!

No creo que sean muchas las bandas a las que habremos visto atravesar un momento de forma tan óptimo como en el que parecen instalados los suecos H.E.A.T, que en la segunda estancia de Leckremo en la banda parecen han terminado por convertirse en una de las experiencias en vivo más poderosas que hayamos visto.

A tumba abierta y sin un segundo que perder. La irrupción en tromba de la banda sobre el escenario pilla desprevenidos incluso a los técnicos del festival. Y es que, al menos donde servidor se encontraba dentro del recinto, el sonido distorsionaba que daba gusto durante los primeros acordes. “Demon Eyes” creo, y digo creo, fue la que arrancó el set. Porque lo cierto es que no fue hasta “Hollywood”, qué gancho tienes maldita, que todo recondujo hacia cauces normales.

En realidad la lista de temas que interpretaron viene a dar un poco igual. Quizá haya quien eche en falta el toque más AOR de sus inicios. Aquello que comenté antes de la fidelidad a uno mismo que demuestran 91 Suite. Pero en honor a la verdad cabe decir que el set de H.E.A.T ofrece muy pocas dobleces. Porque Leckremo se come el escenario como si en ello le fuera la vida, sí, pero porque está rodeado de la inmensa clase de Dave Dalone en guitarras y cuenta con el apoyo discreto pero fundamental, por contradictorio que pueda sonar, de Jona Tee en teclas.

Leckremo, incluso, no duda en hacer sus pinitos en nuestro idioma. Frontman que gracias a diversos proyectos anteriores desde luego conoce bien nuestro territorio. Nuestros puntos fuertes y también nuestras debilidades. Porque esa es la cosa durante la segunda etapa de Kenny en la banda. El sueco es ahora un showman en toda la extensión de la palabra. Volcánico e infatigable, no negocia un solo tono alto mientras no duda en entregarse en cuerpo, alma y sudor a su gente. Se habla mucho de las bandas que habrán de tomar el relevo de los grandes nombres del pasado y he aquí un candidato más que firme al puesto.

Porque la fiesta en cortes como “Beg Beg Beg” es como pocas que hayamos visto. Tres mil o más personas botando y gritando al unísono y una banda que apenas da descanso. Por no hablar de una “Back To The Rhythm” con hechuras ya de clásico imborrable. El final con “A Shot At Redemption” les confirmó como uno de los exponentes más incendiarios y efervescentes del hard mundial y puso el punto final a una velada que adornarían, a modo de despedida, con el tema principal y homónimo de la peli “Ghostbusters”. Si llegado el día os surge la posibilidad, no lo penséis e ir a verles.

En líneas generales y pese al retraso acumulado, de hecho H.E.A.T terminarían pasadas ya las dos, fue una gran primera edición del Lion Rock Fest. Multitudinaria y sita en un recinto a la altura de las circunstancias. Gente de todos los rincones del país y, nos consta, no pocos que se pegaron el viaje desde otras latitudes. Estados Unidos incluso. Tal fue el éxito de la convocatoria.

Como apuntes a mejorar podemos hablar de las largas colas que muchos asistentes hubieron de sufrir, los dichosos tokens o el alto precio de la bebida si bien este último parece tener más que ver con el signo de los tiempos que con el propio evento en sí. No lo sé. En cualquier caso y si el año que viene la cosa sigue por los mismos derroteros, repiten ubicación y el cartel iguala en calidad al de esta primera edición, cosa harto difícil si me preguntan, será un auténtico placer volver a dejarse caer por tierras leonesas.

Como siempre, no queríamos cerrar esta crónica sin dedicar nuestro agradecimiento a Artisti-k Producciones por todas las facilidades, ni tampoco sin mandar un gran saludo a los muchos músicos, amigos, fotógrafos y fans con los que nos cruzamos a lo largo de la jornada. Sois multitud y me es imposible nombraros a todos. Ya sabéis: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Lion Rock Fest: Actividades Complementarias

León será este fin de semana epicentro del rock melódico y el hard rock en España gracias a la ambiciosa propuesta del Lion Rock Fest que además firmar un gran cartel con Crazy Lixx, Eclipse, Be 4 You, Gotthard, 91 Suite y H.E.A.T. como primeros espadas ofrecerá distintas actividades por la ciudad de viernes a domingo, todas de carácter gratuito.

El viernes 3 de octubre tendrá lugar en la Sala Studio 54 a partir de las 21:30 horas el concierto de la formación local Torque y los melódicos madrileños Strangers. Pasada la media noche, concretamente desde las 00:30 horas en la Black Bourbon, otra sala emblemática de la ciudad, el periodista musical y locutor de radio Jason Cenador será el protagonista de una pinchada hasta altas horas de la noche. El sábado arrancará de la mejor manera posible a las 13:00 horas con la sala Babylon como escenario, en esta ocasión con protagonismo para la formación local Sunset Blvd. El cierre a la jornada y el festival estará protagonizado por la pinchada que Rafa Basa ejecutará en la omnipresente sala Black Bourbon a partir de la 1:30 horas de la madrugada. Sin duda Lion Rock Fest es una gran apuesta destinada a consolidarse en el plantel de festivales estatales gracias a su formidable programación y elección de un estilo musical a veces denostado como el rock melódico y el hard rock. Entradas aún disponibles a través del siguiente enlace:

https://www.ticketmaster.es/event/35725