Reseña: Strikeback «World In Decay» (Autoproducción 2023)

Es el primer Ep en la carrera de unos Strikeback cuya singladura arrancó allá por 2014 con el largo “Share Your Hate”, al que seguiría “The Plague” cuatro años más tarde. Ahora, cumplidos once años de trayectoria, se formaron en 2012 en A Coruña, nos traen un “World In Decay” que presentaron hace pocas fechas en el gijonés Bola 8. Forman el quinteto gallego Rafael García y Víctor Tarela en guitarras, Alex Mella al bajo, Adrián Beltrán “Liber” en voces y Sebastián Musy en baterías.

Grabado a caballo entre Ultrasound y Redbox Studios, repite Pedro Mendes en tareas de producción y grabación, ocupándose esta vez también de mezcla y masterización. Con diseño de Humberto Martínez sobre una idea de la propia banda, el Ep se encuentra disponible desde el pasado mes de mayo.

La propia “World In Decay” resulta encargada de inaugurar las hostilidades. Y lo hace dejando ya de entrada atestiguadas dos claves: el buen nivel técnico que atesoran y el nervio con el que disponen éste sobre su bien conocido thrash metal de raíz orgánica. A ratos deudores de unos Angelus Apatrida, a otros más cercanos a una escuela estadounidense que bien podría integrar gente como Overkill, Annihilator o ya en menor medida Anthrax. Hay un estupendo solo de guitarra en su tronco central. Pesadez después y sonoridades algo ajenas y extrañas camino del epílogo. Un corte que si bien no descubre grandes cartas en cuanto a estructuras, dispone de las habilidades suficientes para emerger sobre la media. Que, visto lo visto en una escena como esta, no es poca cosa.

No podía ser de otra forma. La fugaz “Over Again” despliega a los Strikeback más directos y pasionales. Thrash encolerizado, con Liber en su encarnación más visceral, arrancando una más que interesante línea de voz a su garganta sobre unos riffs no tan lúcidos pero eficaces en cualquier caso. Breve, si pestañeas te la pierdes que diría aquél, pero sustentada por una atractiva base rítmica. Poderosa aunque sin llegar a lindar con la agresividad de unos Dark Angel, primeros Sodom, primeros Kreator… y un tanto constreñida por lo reducido de su desarrollo.

Por ahí viene a destacar una “Bound By Desire” que pronto parece recoger el guante del tema título y continuar donde lo dejara aquella. Dispone, particularmente en su tercio inicial, de los que fácilmente pueden ser mis riffs favoritos de todo el Ep. García y Tarela dibujan ágiles líneas de guitarra, que enganchan a la primera aún cuando no se acogen a un libro de estilo en absoluto clásico. Hay buenos cambios de ritmo, baterías firmes y el Liber más diverso de todo el tracklist. Estupendas esas guitarras dobladas que anticipan el breve solo de guitarra. La más redonda de las cinco junto con la final “Secrets And Lies”.

Draw The Line” alternará de forma hábil técnica y fuerza, derivando hacia un lado u otro con total naturalidad mientras Liber vuelve a desplegar otra llamativa e incluso ágil línea de voz. Y si bien no la encuentre tan redonda como otras dentro del Ep. O dicho de otro modo, no me engancha en la forma en que lo pueda hacer “Bound By Desire”, tampoco voy a despreciar los buenos detalles técnicos que los coruñeses despliegan aquí, ni ese estribillo un poco a la contra del resto.

Secrets And Lies” cierra “World In Decay” a fuerza de convertirse en el corte más distinto de los cinco. Inicialmente un medio tiempo de aire melancólico y apesadumbrado, comandado por un poderoso trabajo de la dupla Tarela & García, deriva en un thrash potente a la par que ágil, que habla y no precisamente para mal de su buen nivel como compositores. Ambiciosa, que no pretenciosa, y un punto de inflexión en sus directos como pudimos comprobar el pasado sábado dieciocho de noviembre. La rabia y la pesadez de su tronco central, solidaria al Liber más agudo, podría llevar a pensar en los Pantera más elegantes. Ahí destacará el remanso de paz de su tronco central primero y el cuidado crescendo camino del epílogo después. Estupendo cierre.

Y es que Strikeback parecen seguir en plena forma. Banda muy querida por estas tierras, como quedó demostrado hace escasas fechas, y que ha entregado un Ep muy de género en fondo pero sólido y orgulloso en líneas generales. Porque siguen trazando buenos temas. Y aunque haya cortes que no me conquisten del todo, bien por duración, bien por un asunto ya más personal, lo cierto es que cuando brillan, véanse el tema homónimo o la misma “Secrets and Lies”, parecen no tener techo. A continuar por esa línea.

Texto: David Naves

Reseña: Holycide «Bazookiller» (Xtreem Music 2023)

Tres años después de su último largo “Fist To Face”, del que dimos buena cuenta en su día, vuelven Holycide con una formación que reúne esta vez a Salva Esteban (guitarra), Vicente Payá (bajo), Dave Rotten (voz) y Santi Arroyo “GoG” (batería). Y lo hacen con un pequeño Ep de tres temas nuevos más una versión de D.R.I. bajo el título “Bazookiller”. Mezclado por Nexus 6, compañero del propio Rotten en Yskelgroth, mezclado por el Beheaded Davide Billia (Aphotic, Putridity, Ural…) en el MK2 Recording Studio de Ivrea (Italia) y al que adorna el arte del ucraniano Daemorph (Abominable Putridity, Virulency, Pyrexia, Iron Fire…). Se encuentra en la calle desde el pasado doce de septiembre vía Xtreem Music.

War Broadcast Live” ahorra en introducciones y acomete desde el primer segundo el habitual thrash metal directo y orgánico del combo radicado en Madrid. Quizá eches en falta una mayor tensión durante las primeras estrofas. Lo cierto es que Holycide tiran más de melodía que de velocidad, reservando esas partes más nerviosas para los distintos engarces entre estrofas. Rotten, claro, está lejos aquí del registro seco y osco al que nos tiene acostumbrados con su banda madre Avulsed. Esteban corona el puente central con un buen solo. Y mientras el corte recupera su vigor en el epílogo, la sensación global que percibo tras varias escuchas no escapa de una corrección demasiado marcada. Intencionada, claro. Holycide huyen de formalismos más contemporáneos como alma que lleva el diablo. Pero aún así echo en falta unas pulgadas más de riesgo.

Bazookiller” confronta el vigor del tema previo derivando hacia la cara más pesada y rocosa del cuarteto, ahí donde la sombra de los Exodus menos trotones me resulta más que evidente. Me agrada por su construcción híbrida, por cómo empastan los distintos riffs de Esteban y por el buen trabajo de Rotten al micro. Por lo contundente que suena el bajo de Payá incluso. Pero sobre todo por ese mayor nervio que exuda su vibrante tronco central. Emergen ahí los Holycide más contundentes. También un lúcido Salva Esteban, trazando mi solo favorito de todo el Ep.

Pero es “Modern Day Dictator” la que ofrece el riff con más gancho del trío de nuevas obras. De hecho y pese a lo breve de su metraje, ni tan siquiera tres minutos y medio, es con mucho el corte que más y mejor recuerdo tras las distintas vueltas al Ep. Eminentemente clásica, tanto por composición como por ejecución, resulta a ratos un ejercicio de thrash marcial que lo mismo picotea de Anthrax en estribillos que de la escuela alemana en las partes más enérgicas. Esteban dibuja un solo muy a la Kirk Hammett y si algo echo en falta es un desarrollo más extenso que oxigene ciertas ideas aquí presentes.

El cierre es para “Five Year Plan”, original de los thrashers originarios de Texas D.R.I., y que viene a resultar todo lo leal al original que cabría esperar de una banda como esta. Aquí aprecio de nuevo el bajo tan rugiente de Payá. También el mayor nervio que arrastran los golpes de Arroyo. Bien está lo que bien acaba, dicen.

Tres años después de su último largo, este “Bazookiller”, con la guerra de Ucrania como transfondo, si no era evidente con un solo vistazo al artwork de Daemorph, puede saber a poco. Son apenas quince minutos pero la banda parece seguir donde lo dejase en 2020, lo cual tampoco es mala señal. Al contrario. Rotten y Payá delimitan con cuidado sus distintas colaboraciones y hay poco margen para la sorpresa. También para el error. Puro old school thrash contra la máquina.

Texto: David Naves

Reseña: Bio-Cancer «Revengeance» (Hammerheart Records 2023)

Estamos ante el tercer trabajo de los thrashers griegos Bio-Cancer, la banda que forman a día de redactarse estas líneas Thanasis Andreou y Stavros en guitarras, Tomek S. a la batería, Lefteris en voces y Giannhs al bajo y coros. “Revengeance”, que el sello neerlandés Hammerheart Records puso en circulación a primeros de septiembre de 2023, contó con el Lucifer’s Child George Emmanuel (After Dusk, Septicflesh, Rotting Christ, Lake of Tears…) en unas tareas de grabación y edición que serían llevadas a buen término en los Pentagram Studios. Más tarde, el Graveheart Pete Rutcho (Abnormality, Meliah Rage, Havok…) se haría cargo de las respectivas mezclas y master en los Damage Studios de Southbridge, Massachusetts, Estados Unidos. Con Wouter Wagemans y Giannis Nakos encargándose de la maquetación y Panos Bakogiannis de las fotos, el artwork de esta tercera obra sería delegado finalmente al buen hacer del británico Dan Goldsworthy (Accept, Xentrix, Hell, Corpsegrinder, Haken, Gloryhammer…).

Citizen… Down!” engancha con un prólogo orgánico, ligado a los grandes tropos del álbum, y que huye a mil kilómetros de cualquier introducción engolada y grandilocuente. Al contrario, Bio-Cancer disponen un thrash tan incendiario como poderoso, lindante a ratos con el death metal más casual, donde el doble juego vocal es pura gasolina. Metal hiriente, en esto tiene parte de culpa el violentísimo registro de Lefteris. También un tronco central donde la banda desgaja un groove que, en sus acentos, no alcanza a desligarse de las altas revoluciones pero resulta de lo más eficaz a la hora de amplificar el impacto del ineludible duelo solista que adorna al epílogo. Arranque vibrante y poderoso, efectiva declaración de intenciones y una de las cartas de presentación del trabajo con todo merecimiento.

44 Days In Hell” parece vibrar en sintonía con el tema previo. Sin embargo, es mayor el empeño que la banda pone aquí en unos riffs más apaciguados, a la par que más técnicos, para un corte que parece dispuesto a mayor gloria de su buen nivel como compositores. Alberga muchas de las caras del inconfundible thrash enfebrecido de los griegos, las tamiza con trazos más enrevesados y, al mismo tiempo, no deja de hibridar largos trallazos de un thrash tan clásico como hegemónico. Y todo mientras inyectan un poderoso e irresistible deje melódico a un corte inteligente, bien trazado y, desde luego, milimétricamente ejecutado. Las sonoridades más contemporáneas que preceden al solo, lejos de desviar la mira de su objetivo, alimentan la composición final de tanto en cuanto inundan, sin permear, el buen hacer de estos Bio-Cancer. Cabe mencionar, además, la gran línea de batería que traza Tomek aquí. Tan firme en el uso del doble pedal como a la hora de comandar los distintos cambios de ritmo. Temazo, si me preguntan, empañado si acaso por el engorroso fade out final.

Muy presente el bajo de Giannhs a lo largo y ancho de “Footprints On My Back”, donde vendrá a alimentar unas estrofas que Lefteris descerraja en tonos que, a ratos, llegan a lindar con un black metal al uso. Quizá este tercer corte me resulte no tan llamativo en lo que a riffs se refiere. Y sin embargo engancha con ese pulso siempre a la contra del thrash más acomodado, con una base rítmica que por momentos parece ser capaz de sostener un rascacielos. Sí sorprende esta vez su tronco central por la forma tan hábil en que acoge esas tonalidades más oscuras. El mentado registro de Lefteris quizá resulte un tanto extraño aquí. Pero la construcción que conduce hacia el epílogo no podría ser más redonda, con el pulso más melódico de Andreous y Stavros brillando a la altura de las consecuencias.

Revengeance”, lejos de calmar los ánimos y pese a lo que que se podría intuir tras su prólogo, vuelve a abrazarse a un thrash trotón y enfebrecido, sazonado aquí y allá de un groove, ahora sí, tan prominente como acentuado, asidero de un corte sencillo y clásico en su trazo ambivalente, pero de nuevo efectivo a la hora de traernos a los Bio-Cancer más nerviosos. Hay cierto aroma al metal contemporáneo, contrapunto más que firme al thrash más energético y vibrante del quinteto, que entrega aquí un puente interesante por su juego entre líneas y armonías. El epílogo, de una épica melancólica y algo desgastada, dará respiro al sufrido oyente.

Siempre que arranca la fenomenal “Dream Merchants” recuerdo “Empyrean”, aquél debut de los suecos Paranorm, lo cual no es mala cosa pues aquél era fácilmente uno de los mejores, si no el mejor, de cuantos álbumes diera el género hace ahora casi tres años. Es éste, sí, un thrash de nuevo orgullosamente híbrido, nacido de una amalgama donde su habitual metal vitriólico y fulgurante acoge unas mayores dosis tanto de tecnicismo como de atmósfera, siendo éste el corte de los ocho que más peso acoge por parte de la producción de George Emmanuel. Las guitarras dobladas del puente, el bicéfalo solo de guitarra que surge después y la forma en que transita hacia ese epílogo teñido de puro death melódico, es ya por derecho propio uno de los grandes cortes del año dentro del género. Palabra:

Que no os engañe el apaciguado, melódico incluso, prólogo de “Swiping Life Away”. Bio-Cancer aprovecha esta sexta entrega para reconducir hacia aquél thrash hiriente de comienzos del álbum. Lindando como lo hace con el death melódico en buena parte de sus estrofas, bien está el color que aportan los solos del puente, aun cuando siento a estos un tanto recurrentes a estas alturas del álbum. Es uno de esos cortes que suena a que su composición salió adelante con el directo en mente. Desde luego no posee el compromiso de otros cortes de este “Revengeance”, lo que no quita para que por ahí emerja un Lefteris ciertamente colérico. Encabronado incluso. En cualquier otro disco sería uno de los cortes estrella. Aquí se queda en cabeza del vagón de cola.

Underdog (Against The Odds)” acogerá algunos de los riffs más violentos, por rápidos, de todo este tercer álbum. Y fíjate que su prólogo no podría ser más comedido. Elegante incluso, con esas guitarras por momentos distinguidas. Es apreciable cómo la banda opta aquí por una construcción más clásica a la hora de crear un crescendo que se desliga de tantos (y tan buenos) cambios de ritmo que el disco ha acogido con anterioridad. El corte va desde esa distinción inicial hasta el puro blast beat sin que ello cercene un trazo que jamás alcanza a sonar impostado ni forzado. Quizá eche en falta una igual variedad en lo que a voces se refiere. El de Lefteris encaja aquí solo a ratos, al menos esa es mi percepción, negándole parte del alcance por otro lado redondo, casi magnífico, acusado por los pequeños desequilibrios que comento.

Cierre para “Bludgeoning Skullcrushing Mayhem” y a la banda aún le queda oxígeno para una andanada final de thrash volcánico y furibundo. Bio-Cancer no hacen prisioneros, transitando esta vez hacia una pulsión a ratos más punk que me lleva a pensar, aunque sea de forma vaga, en bandas como Ratos De Porão, primeros Napalm Death, últimos Extreme Noise Terror… Un corte que entrega, sin miramiento alguno, la vertiente más cerril del combo griego, clausurando el álbum con valiente y poderoso descaro. De ese mayor nervio se deduce una construcción menos sorprendente, más lineal incluso, entregada tanto al puro blast beat como al Lefteris más cafre. Poderosísimo final.

Hay un acercamiento a postulados más extremos dentro de este “Revengeance” que puede pillar con el pie cambiado a más de uno. Lo positivo es cómo la banda ha sabido integrarlo dentro de lo que, en el fondo, sigue siendo un disco de thrash metal al uso. Pero uno que quema más calorías de las habituales. Que hibrida géneros sin perder nunca la perspectiva, tema final al margen. Por momentos impecable en cuanto a ejecución, con la ampliamente mencionada dupla Andreou & Stavros brillando por lo general a gran altura. Entre medias habrá cortes que me parezcan no tan buenos, así como una base rítmica a ratos algo perdida en la mezcla. Con eso y con todo, uno de los álbumes más certeros que el género diera en 2023. Que no es poca cosa. Si problemas de agenda no nos lo impiden, estaremos viéndoles próximamente en el ovetense Gong Galaxy Club junto a Sound Of Silence y Electrikeel. Os esperamos allí.

Texto: David Naves

Crónica: Brutalfly + Bestia Negra (Unquera 16/12/2023)

Qué le vamos a hacer, nos gusta echarnos a la carretera y dar cumplida cuenta de las cosas que pasan. Y lo que pasó esta vez fue que Bestia Negra se dejaron caer por tierras cántabras. Concretamente en Unquera. Y por afinar más aún, en la Asociación Cultural Los Bancos de Atrás, acompañados por la buena gente de Brutalfly, con quienes por cierto, arrastrábamos una deuda desde hace un tiempo. Así pues y hora de viaje mediante, nos plantamos allí para agradable sorpresa de los músicos implicados.

Faltan alrededor de quince para las ocho cuando el trío Brutalfly hace suyo el escenario de la Asociación y proclama sin embargo que es la hora de morir. “What Time Is It? It’s Time To Die” proclama Didi, pertrechado ahora bajo llamativo sombrero y gafas oscuras, mientras prosiguen con su habitual thrash enrevesado y laberíntico. Con un par de carteles a cada lado del escenario como mayor detalle escénico y con la precisión que en ellos es habitual, sería no obstante un show con alguna que otra sorpresa.

Zerdatillium” deja otro de los muy particulares solos de Didi. Y es que, huelga decir, si sus composiciones nunca se conducen por el camino recto, mucho menos lo hacen los solos del frontman de una banda que parece en perpetua lucha contra toda idea de antemano preconcebida. No faltó un brindis por la Asociación, también por Bestia Negra, justo antes de que la banda acometiera una “I Was An Experiment” que, a estas alturas ejerce ya como auténtica declaración de intenciones.

Txeffy (Kraken A Feira, Actvs Mortis…) convierte momentáneamente en cuarteto a Brutalfly con sus voces adicionales durante “Thrashtorm”. Y mientras que la banda desliza un corte de nueva creación, “Shaman”, la base rítmica del cinco cuerdas Lagarto y su hermano Mochy en baterías engarza con precisión de joyero. Cabe destacar el buen sonido del que disfrutamos frente al escenario. Todo a pesar de que Didi reconocería apenas haberse oído durante todo el set.

Gil por donde pasa, desbroza, Gil By Death”, proclama Didi antes de que el carismático frontman de Bestia Negra acompañe a la banda para una favorita de quien escribe como “Evil Room”. El ambiente, festivo en general pese a que la afluencia de público pudo no ser la deseada, no fue óbice para que la banda cargase con su buen hacer habitual. Cabe destacar aquí a una banda que sigue mirando al futuro. Y lo hace mediante otro corte de nuevo cuño, en este caso “The Moon Hasn’t Blood”, que propicia la irrupción de los Brutalfly más nerviosos y enfebrecidos.

Until Your Breath Flows” nos devuelve al debut y “High Bird” es introducida por el frontman como “el tema más loco que hayamos compuesto”. Que, tratándose de una banda como esta, no es decir poco. En ella y más que nunca, podemos decir que Mochy tras baterías hizo honor a su apellido. Se despedirían con el tema que les da nombre dejando atrás un show de sesenta minutos prácticamente clavados. Precisos hasta en eso.

Bestia Negra, claro, son un animal muy diferente. Pero un animal al fin y al cabo. El quinteto se las arregló como pudo con el pequeño escenario y supo salir a divertir como en ellos viene siendo habitual. El show que despliegan resulta bien conocido entre los habituales de este medio, lo que no quita para que sigan siendo una de las propuestas más disfrutonas del actual panorama asturiano. Llámenlo escena si quieren.

Pero no nos confundamos. Su leitmotiv puede ser el de divertir y agradar, máxime y como era el caso en plaza ajena y lejos de casa, pero Bestia Negra suenan cada vez más sólidos y redondos. Da buena fe de ello la inicial “Winds Of War”, con Gil erigido como siempre en punto focal de la banda. Un poco a la contra de Brutalfly, y quizá por eso casen tan bien juntos, sus riffs no tienen la técnica ni el retorcimiento de aquellos. Por contra, poseen un gancho difícilmente desechable. “Hell Over Me”, con Bestia Negra sonando más gordos que nunca, da buena fe de ello.

Cabe decir también que, banda al margen, fue precisamente la familia Brutalfly la que más hizo por animar el cotarro. Justo aquí y como ya ocurriera otras veces, Gil señaló a José y explicó los inicios de la banda y, concretamente, el corte que lo inició todo. Un “Faster Than A Bullet” por el que, imaginamos, la banda siente un cariño especial. No es para menos.

Que la idea general detrás de cada show de Bestia Negra sea la de divertirse y pasar un buen rato entre acordes de clásico heavy metal, no quita para que la banda opte por todo un “The Harbinger”, hasta día de hoy corte más extenso de su cosecha, y donde tras un puente inequívocamente maidenesco, Román dibuja uno de los mejores solos de la jornada.

Carlos Reboredo en baterías parece ya plenamente asentado en el seno de una banda que ahora apenas ofrece descanso entre un tema y otro. Es así incluso mientras que Gil proclama que “ahora empieza otro bolo” al introducir la siempre pegadiza “Angel Of Death”. Y puede que algún que otro acople quisiera tener su pequeña cuota de protagonismo durante el sentido homenaje a Randy RhoadsGift From Gods”, pero la sangre nunca llegó al río.

Fear”, “Hate”, finiquitaron el obligado repaso a su debut “Animal Domination” antes de su habitual fin de fiesta en recuerdo de los inmortales Motörhead. Acompañados en el fin de fiesta por Didi, Txeffy, Lagarto y cualquiera que tuviera bien acercarse a alguno de los micrófonos, “Killed By Death” y no otra procuró la algarabía final de otra buena noche para ellos.

Lo dicho: dos propuestas bien diferentes entre sí y, quizá precisamente por ello, terriblemente complementarias. El metal a veces rayano en lo contra intuitivo de Brutalfly y el toque más clásico y académico de Bestia Negra. Dos bandas, no vamos a negar, por las que tenemos un especial cariño en esta casa y de las que siempre recibimos el mayor de los afectos. La verdad que así da gusto salir a la carretera, Vaya un abrazo para todos ellos, otro a la Asociación Los Bancos de Atrás y en particular al bueno de Toro (Opposer) por todo el tremendo curro que se pegó a lo largo de la jornada. Por nuestra parte nada más. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Entrevista: Chus Westhia (In-Sanity, Rock & Rockets)

Nuevo episodio de la serie de entrevistas que Edu Meier realiza a rostros reconocibles de nuestra escena. En esta ocasión el protagonista es Chus Westhia, bajista en bandas como Asthma, Hysteria, Westhia, In-Sanity o Rock & Rockets. Siempre agradecidos por la aportación, Edu, Chus, adelante con el interrogatorio.

Edu: Hola Chus, fíjate que aprovecho una efeméride de la web para hacer muchas cosas, desde pedirte amistad, a hacerte una entrevista jajaja, además incluso cambiamos el contenido. Comencemos; ¿Cuál es la esencia de tu música y cómo crees que te han influido otras bandas del género?

Chus: Pues creo que la esencia de mi forma de tocar es transmitir emociones o sensaciones a través del rol rítmico de mi instrumento que es el bajo. Intento adaptarme a lo que cada canción me sugiere y darle «groove» al tema o contundencia según pida la canción, o tenga en mente el compositor del tema. Me gusta ese rol de actor secundario en la música, vestir y aportar a las canciones de los demás y sobre todo hacer equipo con el batería. Cuando consigues sonar engranado con el batería es orgásmico.

¡Las bandas del género? Pues obviamente me han influido en todo. Lógicamente Iron Maiden, Metallica, Helloween, Anthrax, Pantera, Black Sabbath etc. te influyen en como ves la música desde tu instrumento y según maduras vas incorporando cosas de otros estilos ajenos al metal. Intentar aprovechar esos recursos y traerlos a tu terreno forma parte de la evolución del músico y también es un reto para mi.

Edu: Cuéntanos sobre tu proceso creativo al componer canciones. ¿De dónde sacas inspiración para tus letras y melodías?

Chus: Como compositor compongo para mi en casa, sobre todo temas instrumentales hechos con capas de bajos fundamentalmente melodías, armonías, voces, etc. Ahí me influye mucho un estilo de música más cercano a “Two Steps From Hell” y cosas así que me molan un huevo. Algún día ordenare las cosas que tengo y las grabare un poco mas seriamente…. cuando sea mayor y tenga tiempo, imagino jajaja.

Como bajista en una banda sobre todo intento explotar mas el lado rítmico o «groove» de los temas. Me gusta el reto de intentar estar a la altura de los temas e intentar hacerlos crecer desde mi instrumento.

Edu: ¿Cómo te preparas para los conciertos en vivo? ¿Tienes alguna rutina o tradición antes de subir al escenario?

Chus: Pues la semana antes de un bolo suelo tocar todos los días una vuelta al repertorio y beberse unas cervezas con la banda antes de salir a tocar es una buena rutina siempre.

Edu: En tu opinión ¿Cuáles son los desafíos más grandes que enfrenta la comunidad del metal en la actualidad y cómo crees que se pueden superar?

Chus: Pufff para mi el punto flaco es que ya no hay la escuela underground que había en los ochenta y noventa. No había los equipos, medios, ni conocimientos que hay hoy pero si muchos bolos donde poder tocar, mucha colaboración entre bandas, muchos garitos que te permitían fogearte y que la gente te conociera. También habia muchos festivales autoproducidos con mucha colaboración entre bandas para sacarlos adelante con muy buen rollo, independientemente del género que tocara cada grupo. Y eso generaba mucha afición de gente por ir a los conciertos y de ahí a querer tocar en un grupo hay un paso. Había pocos medios, pocos conocimientos pero muchas ganas. Hoy no hay esa posibilidad de rodarse ante publico frecuentemente que tuvimos nosotros por la persecución vergonzosa que se ha hecho a la música en directo en Asturias en los últimos 20 años. Yo creo que eso también hace que no haya gente que se meta en el rollo de ir a conciertos y descubrir este mundo desde guajes y por tanto no haya relevo. Para superarlo tirar abajo esta censura a la música en directo me parece lo fundamental.

Edu: Como una persona que lleva ya una larga trayectoria en el género del metal. ¿Qué mensaje te gustaría transmitir a la gente que conoces del mundillo y a aquellos que aún no lo conocen?

Chus: Pues que esto es para toda la vida, te hace crecer como persona, conocer un huevo de gente y vivir un montón de experiencias inolvidables. Una vez que te pica este veneno es muy difícil dejarlo. A la gente del mundillo le diría que somos cuatro gatos y que a ver si remamos todos en la misma dirección y dejamos de lado mongoladas. Que a veces parecemos mas el Sálvame De Luxe que una comunidad underground.

Edu: ¿Qué papel crees que juega el metal en la sociedad actual? ¿Crees que hay estereotipos negativos asociados con este género musical? Si es así ¿Cómo crees que podemos enfrentarlos?

Chus: Para mi el metal es una catarsis , te desprendes de la violencia, la ira y la frustraciones de la vida diaria gritándola a los cuatro vientos. ¿Estereotipos? Todos los que te quieran poner pero… ¿A quien le importa?

Edu: ¿Cuáles son tus metas y ambiciones para el futuro? ¿Tienes algún proyecto especial en mente?

Chus: Seguir disfrutando, aprendiendo y viviendo todas las experiencias que pueda de este mundillo.

Edu: ¿Cómo describirías tu relación con la gente que asiste a un concierto vuestro?

Chus: Siempre positiva y ampliando la familia en cada concierto que vamos conociendo gente nueva.

Edu: Cuéntanos una experiencia memorable que hayas tenido en tu carrera y aquella que no fue tan bonita. ¿Cómo te han impactado esas experiencias?

Chus: Pues creo que la mejor experiencia a sido todo lo vivido con Westhia. Desde los barrigazos que dimos por el mundo peleando contra la adversidad, toda la gente que conocimos, que nos apoyo y nos siguió, la experiencia de grabar discos, de estar en festivales muy guapos y la aventura de ir por el mundo con los colegas todos a una y viendo como crecía la banda. La peor pues creo que fue la disolución del grupo cuando más lo estaba disfrutando y el aprendizaje que saque es que la vida es dura y disfruta el momento que nada es para siempre.

Edu: Finalmente ¿Qué consejo le darías a alguien que está empezando en el mundo de la música y del metal?

Chus: Paciencia, pásalo bien, disfruta del viaje, y no te mires mucho el ombligo que no trae nada bueno. Ah y nunca seas un peso muerto en un grupo. Respeta el esfuerzo de tus compañeros de banda, que el que no estorba ya ayuda bastante. Los mejores compañeros de banda no son los que mejor tocan si no los que menos dan por culo.

Muchísimas gracias Chus por dedicarnos estos minutos y Edu por tu grandísima aportación. Felices fiestas y que el próximo año sigamos disfrutando tod@s de la música que nos apasiona.

Reseña: Angelus Apatrida «Aftermath» (Century Media Records 2023)

Plácidamente instalados a la cabeza del metal facturado aquí a base de talento y mucho curro, Angelus Apatrida contraatacan sin solución de continuidad con un octavo disco al que han venido en llamar “Aftermath” con la sana intención de seguir allá donde lo dejara el estupendo álbum homónimo de 2021. A buen seguro no queda medio afín que, a día de escribirse estas líneas, no haya invertido una determinada porción de tiempo en diseccionar la nueva obra de los albaceteños. Pero los hermanos Izquierdo, José J. (bajo) y Guillermo (guitarra y voz) junto a Víctor Valera (batería) y David G. Álvarez (guitarra) han concertado cita con el público asturiano el sábado dos de diciembre (Sala Acapulco junto a Burnt To Death y Sydius) por lo que he creído conveniente hacer los deberes.

No están solos los de la capital manchega en este envite. Jamey Jasta (Hatebreed, Kingdom of Sorrow), Pablo García (WarCry), Sho-Hai (Violadores Del Verso) y Todd La Torre (Queensrÿche, Crimson Glory) acompañan a los thrashers a lo largo de un álbum donde vuelven a contar con Juan Ángel López para la grabación en los Baboon Records de unas pistas que, más adelante, se encargaría de mezclar y masterizar Christopher “Zeuss” Harris (3 Inches of Blood, Suffocation, Crowbar, Overkill…) en el Planet-Z de Wilbraham, Massachusetts. Con arte de Gyula Havancsák (Accept, Stratovarius, Annihilator, Powerwolf, Holy Moses…) lo edita como siempre la disquera germana Century Media.

Que la banda abra con algo como “Scavenger” tiene mucho de declaración de intenciones. Angelus Apatrida encapsulan aquí no pocas de las señas de identidad que les han situado en la posición de privilegio de la que actualmente gozan. A saber: un arranque de puro thrash vigoroso y directo, estrofas malencaradas y un estribillo sencillo, casi lacónico, pero de mucho gancho. Si va a ser la encargada de iniciar las hostilidades en su nuevo tour, me parece una elección más que digna, si bien es verdad que lo escaso de ese minutaje, por debajo de los cuatro minutos, constriña a su vez al solo que precede al epílogo, reduciendo de manera sensible el impacto de este.

Cold”, una de las tres cartas de presentación del disco, descubre ahora unos pulsos que, sin abandonar ese nervio siempre vibrante e intenso de su acostumbrado thrash metal, en términos gramáticos pronto transige cara a ofrecer una composición más atractiva por diversa. Funciona el toque mas melódico del estribillo casi en la misma medida en que sorprende el tratamiento que aplican en su tronco central y la forma en que deriva hacia un groove orgánico y nada impostado. Los riffs marciales a la Strapping Young Lad funcionan pero vuelvo a echar en falta una presencia solista mucho más marcada.

Snob”, donde la banda cuenta con la participación del vocalista de Connecticut Jamey Jasta, para sorpresa de nadie, destapa la cara más intensa, potente y directa del cuarteto. Thrash incendiario rematado con pulsiones más próximas al hardcore más clásico y eminente. Guillermo trama aquí uno de los estribillos con más gancho de todo el tracklist mientras que buenos solos ocupan su tercio final con la banda ofreciendo apenas fisuras en su conjunto. La producción del álbum y como viene siendo habitual, es estupenda.

De hecho es “Fire Eyes” uno de los cortes que más y mejor uso hace de la buena labor en los Baboon Records de su Albacete natal. El quinto corte ofrece un prólogo que sorprende primero por su mayor carga atmosférica y después por cómo opta por un metal directo y sin dobleces. Habitual construcción bipolar donde la banda se defiende como gato panza arriba. Víctor Valera construye aquí una de las líneas de batería más interesantes del nuevo álbum. Y mientras en las más pura tradición Apatrida se suceden riffs de thrash rabioso y directo, surge un Pablo García algo más comedido de lo que el asturiano nos tiene acostumbrados en sus últimas colaboraciones. Sea como fuere, a buen seguro otra de mis favoritas.

Rats” traerá al frente a unos Angelus Apatrida más nerviosos y de hecho parece tener todos los mimbres para convertirse en una fija dentro del nuevo tour de la banda. Vigorosa, intensa, quizá no disponga del gancho de otras ofertas dentro del álbum pero, por contra, descubre una serie de solos de gran nivel. Aquella que sin ir más lejos eché en falta en cortes como “Scavenger” o “Cold”. Thrash gozoso por vehemente y de lo más eficaz.

Si mis datos son correctos, los albaceteños no trazaban un corte tan extenso como “To Whom It May Concern” desde aquél “Hidden Evolution” del disco homónimo de dos mil quince. Sorprende ya desde el prólogo, que rompe la tónica imperante en “Aftermath” para conducirse hacia una serie de riffs que me hacen pensar, de manera casi inmediata, en los momentos más livianos de los germanos Kreator. Todo para que, tras esa calma, surja un corte de thrash tan directo como retorcido, en la más pura tradición del género. Encomiable la labor de David y Guillermo en lo que a creación de riffs se refiere. Incluso en aquellos que se desarrollarán durante las partes más trotonas, algo que habla y no precisamente mal del cariño que la banda ha puesto en este sexto corte. Camino del tronco central irrumpirá el Guillermo más heavy y agudo, justo para después transigir de nuevo hacia aquella calma inicial. Alargada la sombra de Dimebag Darrell durante el fantástico solo de guitarra y cuidadísima línea de batería en el desbocado tercio final. A buen seguro otra de mis favoritas.

Casi como respuesta al corte más ambicioso del álbum surge “Gernika”, un thrash sencillo y sin miramientos. Tampoco mayores dobleces, si bien encuentro esos riffs cabalgantes un tanto recurrentes. Al final y a pesar del estupendo solo de su tronco central, encuentro ofertas mucho más atractivas dentro de este “Aftermath”. Un corte que me resultará más interesante por lo que cuenta que por la manera de contarlo.

I Am Hatred”, oferta más rácana en cuanto a duración de los diez, ofrece tan pocas sorpresas como correctos ejercicios de thrash clásico y enérgico. Fundamental la labor de Valera y un correcto solo previo al epílogo para un corte que arrastra no pocos déjà vu y con el que me cuesta horrores conectar.

What Kills Us All” hace bastante por recuperar el buen tono en lo que a riffs se refiere. Mantiene el tipo también en lo tocante a melodías vocales. Unas líneas de voz que enseguida me retrotraen a aquél pulso más heavy que arrastraban cortes como “Sharpen The Guillotine”. Aquí la sorpresa viene dada no obstante por la colaboración de Sho-Hai, imposible a priori y que el maño desarrolla finalmente en nuestro idioma. Mucho contraste para un resultado, al menos a mi juicio, bastante irregular.

Cierran con “Vultures And Butterflies” y la ayuda del Queensrÿche Todd La Torre en voces. Sin embargo, el corte anda más cerca de bandas de thrash estadounidense como Nevermore o Sanctuary, con un cuidado tratamiento en lo que a voces se refiere y que resulta en un buen contraste entre ambos caracteres. Rematan con un solo un tanto constreñido durante el tronco central y un epílogo en la más pura tradición del metal norteamericano. La edición digital del álbum se cierra con las versiones en directo de “Indoctrinate”, grabada en Bilbao, y “Give ‘Em War” en Barcelona.

Es otro buen trabajo de los albaceteños, si bien de “Gernika” hasta el final siento que la fluidez de ideas y el buen hacer en lo que a composición está un peldaño por debajo de lo que nos tenían acostumbrados. Porque tanto “Cabaret De La Guillotine” como el álbum homónimo de 2021 me parecen poderosas y redondas ofertas de thrash metal tan firme como incendiario. Pensando en positivo, me agrada la ambición de “To Whom It May Concern”, el nervio más próximo al hardcore de “Snob” o ese clasicismo tan eficaz de “Fire Eyes”. Pero más allá de lo que el álbum me pueda resultar en términos globales, de justos es reconocer que no negocian un esfuerzo. Siguen con el acelerador a fondo y eso les honra. Queda únicamente atestiguar cómo funcionan estos nuevos temas al lado de sus clásicos de siempre. La máquina no para.

Texto: David Naves

Crónica: Opposer + Strikeback + Tyrant (Gijón 18/11/2023)

Una auténtica hidra del thrash la que se vino a reunir el pasado sábado en el Bola 8 de Gijón bajo el epígrafe «Thrasher Night!» a los cántabros Opposer, los gallegos Strikeback y los locales Tyrant. La sola venida de lo más granado de la escena noroeste resultó excusa suficiente como para coger los bártulos una vez más y encaminarnos de nuevo a la llamada capital de la costa verde. Si en el proceso desbloqueábamos un escenario más, van quedando pocos por bautizar, pues tanto mejor.

Buen ambiente y mucho bullicio minutos antes de la apertura de puertas. El Bola 8 no es el Madison Square Garden pero lo cierto es que no fue poca la gente que se congregó para disfrutar de una institución del thrash cántabro como Opposer. Venían presentando aún aquél estupendo “R3cod3d” de 2022 (reseña aquí) y era palpable el interés que suscitó su visita a tierras asturianas.

Qué mejor que algo como “Wake Up” para sacar al respetable del letargo y ponerle en dirección a una descarga de auténtico thrash de marcados tintes death. Era la primera vez de los chicos en Gijón y a fe nuestra que los de la comunidad vecina supieron tirar de galones para sacar adelante un buen show de thrash técnico y firme. Ahí fue donde les funcionó el nervio de “Recoded Rebirth” pero también “Serpent Eyes” y ese riff para la antología.

Al bajo y también los coros estaba Jesús, que fuera anterior guitarra de la formación thrash del quince al veintiuno, y que defendió el puesto con toda la entrega y profesionalidad que se le presuponían, cumpliendo tanto con el cinco cuerdas como con los coros. Pisaba terreno conocido y se notó, claro.

Holy Lies” recordó a su álbum de 2017 mientras el ambiente en el Bola 8 se caldeaba por momentos. Vimos un público de lo más variopinto. Todos disfrutando de una banda a la que le sobran las tablas. Su thrash puede no tener el nervio de Strikeback ni flirtear con el trazo tan a veces pesado de Tyrant, pero a lomos del que fue quizá el mejor sonido de la jornada, supieron ganarse más de un adepto para su causa.

Funcionó “House Of Pain”, corte apertura de su último disco, pero mentiríamos si dijéramos que no fue “Forbidden”, de aquél “Remember The Past” de hace justo ahora diez años, la que terminó por granjearles el favor del público. No faltaron los agradecimientos a la buena gente de Tyrant y un final de thrash desbocado en forma de “Straight To Hell” que propiciaría el primer circle pit de la jornada. Cierre con “Ashes To Ashes” tras cincuenta minutos de show donde quedó la sensación de que están lejos de arrojar la toalla.

Enfrascados en la presentación del reciente Ep “World In Decay”, del que prometo dar cumplida cuenta por aquí en tanto el tiempo me lo permita, los coruñeses Strikeback llegaban a Gijón con las pilas cargadas y la misión de convertir el pequeño Bola 8 en una auténtica fiesta.

El quinteto, que se amoldó como buenamente pudo al reducido escenario, tiene en la figura de Adrián Beltrán “Liber” a un frontman con carisma y buenas hechuras, que supo conectar con la gente, implicarla en su thrash nervioso y directo, y no desfallecer ni por un instante. Tal es así que ya desde los primeros temas se pudieron ver circle pits en particular y mucho movimiento en general. Su público, muy joven, tenía ganas de fiesta y temas de su más reciente Ep, interpretado en su totalidad, parecieron caer de pie en el pequeño local gijonés.

Over Again”, fácilmente la mejor recibida de su nueva hornada de temas, puso al Bola 8 patas arriba. Y mientras que no negocian un esfuerzo ni a la hora de los agradecimientos, supimos de boca del propio Liber que Alex Mella, bajista de los coruñeses, había sido operado hacía escasas fechas. Y ni por esas quiso el también miembro de Thrashnos perderse la cita. Vaya desde aquí nuestro más sincero reconocimiento.

Mientras “B.H.S. (Boundless Human Stupidity)” inunda Gijón de puro thrash flamígero pero con gancho, “Secrets And Lies” deja a las claras que también saben moverse en el terreno del thrash técnico y pesado. Melancólico incluso. Con el tema que da título a su último Ep y la despiadada “Kill Or Be Killed” se despidieron dejando la sensación de haber crecido una barbaridad desde mi último encuentro con ellos, aquél bolo junto a Totengott y Angelus Apatrida en nuestra muy añorada sala Sir Laurens.

Tercera banda de la noche y tercera propuesta que, sin abandonar del todo la fuerte raíz thrash de la jornada, transgrede hacia su versión más rocosa y por momentos casi monolítica. Hacía poco de nuestro anterior encuentro con los gijoneses Tyrant, aquél en que telonearon a la Kiss Experience en la Sala Acapulco (crónica aquí) y donde vinieron a entregar un set plagado de versiones. De ahí que hubiera ganas de verles con un set más propio e identificable…

… que aún así albergó sorpresas. No de inicio, que la banda apoyó desde una pedregosa “Domination March” para convertir en pesadez el nervio de Strikeback o la oscuridad de Opposer. Con Pantera en el punto de mira, “(Millions Of Corpses…) In The Name Of No One” desarrolla un thrash apoyado en gran medida en los orgullosamente sucios riffs de Nico Suárez.

Y si bien puede que el sonido no alcanzase a ser tan redondo como el de sus compañeros de cartel, quizá en parte por cómo su propuesta se encamina hacia otros derroteros, cierto es que el mayor brío de “Prepare For Attack”, original de los denverianos Havok, volvió a funcionar al igual que lo hiciera en la anterior cita gijonesa.

Jugando en casa una vez más, qué menos que detenerse en “Mosh Pit” y publicitar de nuevo, y bien que hacen, su bar del mismo nombre del que se conmemoraba el tercer aniversario. Es un corte además que parece conectar con su parroquia y es que, diría un clásico, “el amor tiene razones que la razón no entiende”. Siguiendo con cortes propios, fue “From The Depths” la que daría con los huesos de Nico Suárez abajo del pequeño escenario si bien “T.A.” la que de verdad lograría implicar a un público, de todos modos, muy por la labor.

Regresando al terreno de las versiones y con un Heketor Lorenzo desatado al micro, deslizaron de nuevo “Madhouse” de Anthrax para algarabía de una audiencia que tampoco quiso dejarse nada en el tintero. Era mucha la fiesta y no poco el calor que transpiraban ya las paredes del Bola 8. Con el corte que les da nombre parecía que todo llegaba a su fin la banda aún alcanzaría interpretar un “Phobia” original de unos tal Kreator que ni siquiera aparecía en el setlist, dando ahora sí por finiquitado el show. O no, porque faltaba la particular oda del cuarteto al “néctar de dioses” que es “Beer’s Fan Song” para, ahora sí, echar el cierre a una más que calurosa, entretenida y diversa noche de thrash metal a las finas hierbas. Queda pendiente una visita al Mosh Pit. Palabra de Brigadiers.

El thrash bulle y ahí está Heavy Metal Brigade para contarlo. Tres formas muy distintas de entender el género y un público de lo más heterogéneo que se lo pasó en grande. Y si bien el Bola 8 puede ser un local con ciertas limitaciones, en particular en lo que a luces se refiere y dicho sea sin ánimo de leerle la cartilla a nadie, lo cierto es que el sonido del que pudimos gozar en la jornada del sábado jamás alcanzó a ser catastrófico. Ni mucho menos.

Vaya desde aquí y como siempre un abrazo a los buenos amigos con los que nos volvimos a cruzar. Puede que no seáis conscientes pero vosotros también hacéis Heavy Metal Brigade. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz